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Bienvenidos a Abu Dhabi, una de las capitales mundiales del lujo

Rodrigo Isasi Arce

Foto: Rodrigo Isasi

Si tienes la suerte de viajar a Abu Dhabi, una de las capitales mundiales del lujo, y si tu economía lo permite, podrás disfrutar de algunos de los edificios más grandes y ostentosos del mundo. Frente a los viajes “low cost”, AbuDhabi propone justo lo contrario, un viaje para no reparar en gastos y disfrutar del placer, de la exclusividad y del sibaritismo que caracteriza a ciertos países del Golfo Pérsico.

Abu Dhabi significa literalmente “padre de los antílopes”, refiriéndose al Orix de Arabia, el animal nacional de los EAU y que está presente en algunas de sus monedas de un dírham. Este animal está en peligro de extinción, tras haber sido casi exterminado en Arabia Saudí por la caza masiva. El animal está tan presente en la región, que hasta una de las principales aerolíneas de Qatar lo luce con orgullo como uno de sus símbolos. En esta gran ciudad de 2.784 millones de habitantes, construida sobre las arenas del desierto, hay mucho que ver.

Una de las mezquitas más grandes del mundo

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Sala de oración de la mezquita. (Foto: Rodrigo Isasi / The Objective)

La mezquita del Sheikh Zayed, cuyo nombre se puso en honor al primer presidente de Emiratos, el jeque Zayed ibn Sultán Al Nahayan, es la mezquita más grande del país y la número 15 de todo el mundo, por la cantidad de personas que puede acoger, más de 41.000. La mezquita abre sus puertas a visitantes de todas las confesiones, siempre y cuando no se coincida con el día santo del islam, el viernes.
Contiene la alfombra y las diez lámparas de araña más grandes del planeta, fabricadas estas últimas por, nada más y nada menos que Swarowski, y tienen diez metros de longitud, nueve toneladas de peso y están hechas de cobre y recubiertas de oro. Lo que demuestra que en su construcción no repararon en gastos. La alfombra, por su parte, pesa 47 toneladas, fue hecha a mano por cerca de 1.200 mujeres iraníes y tiene un valor estimado de 545 millones de dólares. Pasear entre las arcadas de esta mezquita mientras se oye de fondo el adhan -llamada al rezo-, es una experiencia única.

Emirates Palace, el hotel más caro jamás construido

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Los jardines del Emirates Palace Hotel. (Foto: Rodrigo Isasi / The Objective)

Nada más cruzar el umbral de la puerta de acceso al hotel Emirates Palace de Abu Dhabi, una fragancia a Oud -también conocido como oro negro- embriaga al visitante. Entre columnas de mármol y bóvedas decoradas con oro y plata, alojarse en este mega hotel es, sin duda, una experiencia de lujo como pocas. No en vano, la habitación más barata cuesta 400 euros por noche y la más cara, una exclusiva suite de tres habitaciones, supera los 6.000 euros por noche. A esto se suman servicios como una playa y un puerto privados, desde los que podrás navegar en algunos de los yates más exclusivos del mercado. Si por el contrario no eres de los afortunados en poder dormir en este Hotel, no te preocupes, siempre podrás pasear por sus jardines y visitar su interior de manera totalmente gratuita, e incluso, disfrutar de algún concierto de música clásica en directo en su cafetería.

Una vista desde las alturas del ‘Observation Deck at 300’

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Las cuatro torres Etihad. (Foto: Rodrigo Isasi / The Objective)

Siempre y cuando no tengas vértigo a las alturas, justo enfrente del Emirates Palace están los cinco rascacielos Etihad Towers, entre los que destaca el ‘Observation Deck at 300’, al que podrás acceder tras pagar 85 AED (unos 22 euros) y que te permitirá observar toda la ciudad de Abu Dhabi desde su cafetería situada a 300 metros de altura. Sin duda es una buena opción para poder contemplar la inmensidad de la isla que acoge esta capital del lujo.  El precio de la entrada incluye una consumición de 50 AED (unos 13 euros).

Ocio, compras y gastronomía

En lo que a la oferta de ocio se refiere, Abu Dhabi quizá se quede pequeña respecto a su hermana Dubai; no obstante, si eres amante de la música jazz, puedes acercarte cualquier noche a Pizza Express, en el World Trade Center (WTC), para disfrutar de una sesión en directo de este estilo de música. Otra opción recomendable es fumar una Shisha -pipa de agua- de los más variados sabores de frutas que te puedas imaginar en la terraza al aire libre del Rawaq Café, también en el WTC. Ir de compras por algunas de las tiendas más exclusivas del Marina Mall o divertirte en el parque de atracciones temático de Ferrari en  la Yas Island, son otros de los los planes de ocio que puedes realizar en esta enorme urbe.

Siempre y cuando el clima acompañe -sí, en Abu Dhabi llueve, poco, pero llueve, y también hay épocas con tormentas de arena- pasear por la Corniche y disfrutar de sus playas es un plan obligatorio para cualquier visitante.

El Abu Dhabi más tradicional, Al Ain y las arenas del desierto

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Panadería tradicional en el Downtown de Abu Dhabi. (Foto: Rodrigo Isasi / The Objective)

Abu Dhabi no es solo un lugar para ricos, existen también otras opciones más asequibles. Si tu economía es más reducida, y tu paladar no es tan exquisito, comer barato en esta ciudad es posible. Las tiendas tradicionales donde acuden los trabajadores bangladesíes son el lugar idóneo para disfrutar de un té negro con leche, una banana rebozada y frita, un pan recién horneado y alguno de los dulces típicos, por apenas 1 dirham (25 céntimos de euro) cada uno de ellos. Para horas más avanzadas, los Shawarmas -lo que en occidente conocemos como kebabs- y las Samosas -empanadillas rellenas de carne y verduras- se convierten en los platos estrella.

Si eres de los que el lujo les abruma, y necesitas descansar de los ‘gigantes de cristal y acero’ de Abu Dhabi, viajar a Al Ain, a apenas 180 kilómetros de la capital, es sin duda una aventura mucho más tradicional donde poder respirar algo de aire en un oasis plagado de palmeras datileras, no te olvides de probar el sirope de dátil, o donde acudir a un mercado de camellos abierto todos los días de la semana desde primera hora de la madrugada.

Si además tienes un espíritu más aventurero, debes realizar una excursión de un día al desierto, concretamente al de Rub Al Khali, que es uno de los desiertos de arena más grandes del mundo y que se extiende por los países vecinos de Arabia Saudí, Yemen y Omán. Si tienes suerte, podrás contemplar una de las tradiciones más antiguas del país, la caza con los perros de raza Saluki y la caza con Halcón.

El proyecto de la “isla de la felicidad” (Jazeera Sadiyaat)

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Diseño del futuro Guggenheim. (Foto: www.guggenheim.org)

Este no será tu único viaje a Emiratos, no al menos si quieres acudir a la isla de Saadiyat -felicidad en árabe-, un proyecto ampuloso que consiste en albergar en una isla cercana a la de Abu Dhabi cuatro grandes instituciones culturales muy importantes: el museo Guggenheim más grande del mundo -en construcción- diseñado por Frank Gehry,  el museo del Louvre diseñado por Jean Nouvel -pendiente de inauguración próxima-, el Centro de Artes Escénicas diseñado por Zaha Hadid y el museo Nacional Zayed, diseñado por Norman Foster.

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Continua leyendo: Vivir como un personaje de Star Wars en el nuevo hotel de Disney

Vivir como un personaje de Star Wars en el nuevo hotel de Disney

Redacción TO

Los fanáticos de Star Wars están de enhorabuena, y es que alojarse en una nave espacial de la saga cinematográfica y disfrutar de atracciones que recrean parte de los escenarios de las películas será posible en 2019, gracias a Disney. Bob Chapek, director de resorts de la compañía, ha anunciado esta semana, con motivo de la D23 Expo – un evento en el que la compañía explica sus próximos proyectos – que construirá un hotel en Walt Disney World, Orlando (Estados Unidos) en el que los huéspedes participarán en una aventura inmersiva personalizada única. Todo ello forma parte de la ampliación, Star Wars: Galaxy’s Edge, que la compañía llevará a cabo en sus parques de Disneyland en Anaheim, California, y Walt Disney World en Orlando, Florida.

“Es diferente a todo lo que existe hoy”, ha asegurado Chapek. Desde el momento en el que los huéspedes lleguen al hotel, se les otorgará un rol activo en la aventura y un vestuario al más puro estilo Skywalker.

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Recreación de la experiencia inmersiva que ofrecerá Disney | Foto: Walt Disney Park and Resorts

El hotel se basará en una nave espacial de la famosa saga cinematográfica y los huéspedes podrán ver el “espacio exterior” desde sus ventanas, gracias a unas pantallas colocadas para tal fin. Las habitaciones estarán configuradas en función del rol que se haya elegido al llegar (Jedi, miembros de la Primera Orden, de la Resistencia, androides…).

Durante la estancia en el hotel intergaláctico será común cruzarse con extraterrestres o cualquier personaje conocido de Star Wars, ya que los empleados también irán uniformados con los trajes de la película.

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Cruzarse con seres de otras galaxias por los pasillos del hotel, será algo común | Foto: Walt Disney Park and Resorts

Star Wars: Galaxy’s Edge

Star Wars: Galaxy’s Edge será el nombre de la nueva sección que llegará a los parques Disneyland en Anaheim, California, y Walt Disney World en Orlando, Florida. Esta expansión, será la más grande en la historia de los parques de la compañía, ya que contará con una extensión de 5,7 hectáreas. Hasta 2019, que será cuando esté operativa, Cars Land, el área dedicada a la película Cars, seguirá siendo la más grande, con 4,9 hectáreas.

La experiencia central de esta nueva área de Star Wars se basará en dos atracciones principales en las que los visitantes podrán pilotar el archiconocido Halcón Milenario y participar en una batalla entre la Primera Orden y la Resistencia a bordo de un destructor espacial.

Convertirse en Jedi

Si alguna vez has soñado con ser Jedi, estás de suerte. Disney ha anunciado que además de construir la nueva sección en sus parques, también desarrollará un juego de realidad aumentada para smartphones, en colaboración con Lenovo, que permitirá convertirse en un auténtico JediJedi Challenges, que aún no tiene fecha de salida, se basará en un casco de realidad aumentada y se complementará con una empuñadura de un sable de luz

Cuando Star Wars: Galaxy’s Edge abra sus puertas, es probable que cuente con una atracción de este tipo.

Continua leyendo: Post-turismo, pre-estupidez

Post-turismo, pre-estupidez

Teodoro León Gross

Foto: Costas Baltas
Reuters

Estos días de verano, ya en plena canícula, se está elevando el post-turismo a los altares de las tendencias. Según cuentan, consiste en hacer viajes sin el estrés de cumplir un programa implacable para completar todo-lo-que-hay-que-ver, y por supuesto fotografiarlo, sino viajar para disfrutar de la experiencia, ya sea sentarse en una terraza a probar un vino de la tierra o asistir a un espectáculo. Bien, sí, ¿pero esto es nuevo? Está bien que vaya cundiendo el gusto de viajar no por consumismo sino por placer, pero es algo tan viejo como el mundo. Ya lo predicaba Ibn Battuta. Suele suceder que descubrir nuevas tendencias sólo sea una coartada para inventar nuevas etiquetas.

Más que nunca se percibe la ansiedad por inaugurar ciclos de la historia, con un adanismo algo pueril. Desde los grandes rótulos –de la post-modernidad al post-humanismo de Sloterdijk, del post-capitalismo a la post-democracia formulada por Colin Crouch– hasta las naderías trending, como la moda post-apocalíptica o la música post-metal. La reinvención del capitalismo o la democracia es un fetiche retórico; y sobre la entidad de lo post-humano basta leer a Rosi Braidotti, autora de un ensayo con ese título a partir de “el monismo como ontología política, lo cual implica una visión autoorganizadora, pero sin embargo no naturalista, de la materia viva, porque en nuestro mundo no podemos separar la forma naturaleza de la mediación tecnológica”. Este monismo neospinozista es encantador, por más que la filósofa feminista italoaustraliana es “consciente de la coincidencia esquizoide de diversos efectos sociales diametralmente opuestos”. Después de leerla, quedan dos cosas claras: 1) lo humano sigue vigente; y 2) quizá no en el caso de la autora.

Claro que no sólo se trata de inventar tiempos, sino inventarse como sujetos protagonistas de esos tiempos.  De ahí que sea necesaria también la invención de generaciones. Después de consagrar a los Millennials o Generación Y, sucesores de la Generación X, básicamente quienes tenían menos de 18 ante el nuevo milenio –el milenarismo es propicio para la superchería– ahora se suman los Xennials, para los nacidos entre 1977 y 1983, minigeneración post-analógica pero pre-digital. Apuesten a que no tardarán los post-millennials, pre-generación Z.

Todo este baile de etiquetas no descubre nuevas realidades, claro, sólo nuevas etiquetas. Es la respuesta del marketing a la falta de ideas.Si no hay nada nuevo que decir, al menos que haya nuevos rótulos para tapar el vacío. Se trata de una tómbola inagotable, cuya obra cumbre es la posverdad, como si antes hubiera sido el tiempo de la verdad, último sucedáneo de la mentira. En cualquier caso, preventivamente, la mejor opción ante cada nueva etiqueta post-algo es sospechar que es una pre-estupidez. O sea, simple y llanamente una estupidez.

Continua leyendo: La maleta letal

La maleta letal

Lea Vélez

Foto: ELOY ALONSO
Reuters

Tiempo de viajes, de hacer maletas. De arrastrar maletas. De llenarlas con una parte de nuestro ser. A mí me parece que hacer maletas, escribir un artículo o hacer un boceto son más o menos lo mismo. Por cómo organizan su equipaje, por su maleta rígida o de ruedas, por lo que llevan, por lo que dejan, por sus mochilas o sus maletines, los conoceréis.

El otro día se hacía viral la imagen de un empleado del aeropuerto de Ibiza, que arrojaba maletas con violencia hacia el coche que las lleva a la terminal. Las tiraba con desprecio, las pateaba, las arrastraba. Algunas quedaban en mitad del asfalto, solas, destinadas a perderse, quizá. Mientras miraba espeluznada la imagen, me dije: bueno, esto no ocurrirá con mi maleta porque yo nunca facturo el equipaje. Soy de esas personas que creen que en la vida siempre hay que reducir la ecuación, por largo que sea el viaje, porque incluso la maleta más preciada puede acabar olvidada, algo que a lo largo de la historia ha provocado que se pierdan no pocos tesoros.

Francesc Boix, que tuvo que abandonar en Francia la maleta repleta de negativos los de sus propias fotos de la retaguardia y los de su padre, el sastre que le aficionó a la fotografía. Esta maleta estuvo en poder de uno de los Gendarmes del campo hasta que pasó a un heredero que la puso a la venta. Fue recuperada en subasta para España hace pocos años. Otra maleta de fotógrafo que anduvo perdida, que anduvo muy perdida, fue aquella que llaman la maleta mexicana de Robert Capa, con negativos de la guerra civil y que fue entregada en Paris a un amigo para que la llevase a la embajada de Chile. Acabó en México, en un desván de un gerifalte, más de medio siglo, y el dato curioso es que dentro de esa maleta se halló el negativo de unos refugiados españoles que caminan tras un gendarme en las playas de Francia. Se cree que el primero de la fila es Boix, que carga con la maleta de negativos que perdería tiempo después. Maletas dentro de maletas, pues. Pocas maletas más literarias que la de Irene Nemirovsky, otra pesada carga del pasado, romanticismo libresco de inéditos manuscritos. Maleta de desván, maleta de memoria. Una maleta de la que surgió el manuscrito de Suite Francesa. Durante décadas sus dueñas la tuvieron cerrada como tumba de madre, por el miedo al dolor del holocausto y ahora que la han abierto, nadie la puede cerrar.

Las buenas maletas hablan de sus dueños, de su prisa o su pausa, de lo largo del viaje, o lo arriesgado, de expectativas de amor o destape. Cuentan el mundo y su oficio. Son almas de objetos que pueden contener diez veces su tamaño en amor, destrucción o literatura. Hay maletas del horror, de crímenes nauseabundos, con víctimas de violencia machista -recientemente ha pasado de nuevo-, muertes y cuerpos forzados en maletas que nunca han viajado ni pretenden viajar. Las pesadas maletas de los peores criminales son un género-realidad que hay que desterrar. Hay también una negra maleta, pequeña pero densa, que durante décadas no ha sido utilizada, pero que en sí misma es causa de no pocas películas, pesadillas y temblores. Comenzó a dar tumbos por el mundo en la era Kennedy, con aquello de los misiles cubanos. Es una maleta a la que los americanos, genios absolutos para acrónimos y nombres en clave, llaman “Football” (balón). La cosa viene de que, en tiempos, el nombre clave del plan secreto de defensa nuclear fue “Dropkick”, que es algo así como chutar a gol. Allá donde va Trump, lo acompaña su “balón”. La maleta la acarrea un soldadito bien ataviado para la metáfora. En ella hay instrucciones y códigos de aniquilación. Es la maleta del poder y del día del juicio final.

Continua leyendo: Irlanda del Norte, un viaje a la "tierra" de Juego de Tronos

Irlanda del Norte, un viaje a la "tierra" de Juego de Tronos

Marta Ruiz-Castillo

Foto: Leticia Retortillo

Winter is coming. El invierno ha llegado en pleno verano. Coincidiendo con las vacaciones y con la emisión de la séptima temporada de Juego de Tronos, la popular serie de HBO, nuestra propuesta es viajar a Irlanda del Norte y adentrarse en algunas de las localizaciones donde se han rodado escenas memorables. El viaje no es sólo para fans de los personajes de Winterfell (Invernalia) sino para cualquiera que quiera disfrutar de paisajes espectaculares en una de las zonas del Reino Unido menos conocidas hasta ahora. Para los seguidores de Juego de Tronos, la excursión supone un añadido, al poder recrear en cada uno de los escenarios naturales algún momento de la serie.

Rodada en los Estudios Titanic de Belfast, muchas de las locaciones exteriores de Juego de Tronos se encuentran muy cerca de la capital de Irlanda del Norte, donde los paisajes son, sin duda, de gran belleza.

Existen varias excursiones organizadas desde Belfast o desde Dublín (Irlanda) y todas ellas hacen un recorrido similar, que se realiza en autobús con un guía que, durante el trayecto, nos acerca también a la historia de Irlanda del Norte; tan pronto nos habla de las leyendas como nos acerca a ‘The Troubles’, como se refieren allí al conflicto entre unionistas y nacionalistas que tantos muertos y sufrimientos causó durante décadas hasta el Acuerdo de Viernes Santo de 1998.

Hablar de Irlanda de Norte es hablar de campos, de ovejas, de prados verdes, de acantilados, de cerveza y de destilerías de whisky. Es hablar de historia pero también de leyendas y lugares únicos como Giant’s Causeway o Calzada del Gigante, considerada la octava maravilla del mundo, o del Museo del Titanic en Belfast, cuyos estudios se utilizan para grabar la famosa serie de HBO, o la ciudad amurallada de Londonderry. Entre las atracciones de esta parte del Reino Unido a la que se llega, bien en avión desde Londres o por carretera desde Dublín, capital de Irlanda, se encuentra el conocido Territorio Juego de Tronos. Paisajes y lugares como Invernalia, pero también otros escenarios naturales de la costa norirlandesa.

Dark Hedges

Uno de los fenómenos naturales más fotografiados de Irlanda del Norte es Dark Hedges, en Stranocum, considerado como una de las cinco avenidas de árboles más impresionantes y bonitas del mundo, según asegura el cartel que recibe a los visitantes.

El lugar está protegido desde 2009 para preservar los hayedos centenarios plantados en el siglo XVIII por James Stuart, cuando hizo construir Gracehill House, una mansión que se encuentra al final de la carretera. Los árboles se plantaron muy próximos los unos de los otros y en un estrecho camino por el que entonces pasaban los carruajes y caballos que daba a la mansión; con el paso del tiempo los árboles han creado este espectacular ‘puente‘ de ramas entrelazadas. Ahora es un tramo de la carretera de Bregagh situado muy cerca de la localidad de Armoy.

Irlanda del Norte, un viaje a "tierras" de Juego de Tronos
Dark Hedges, un pasaje de árboles centenarios. | Foto: Leticia Retortillo

En este espectacular lugar, cuenta la leyenda que se pasea ‘La Dama de Gris‘, un fantasma que vaga por las noches desde tiempo inmemorial y que, según algunos, es el alma en pena de una criada de Gracehill cuya muerte sigue siendo un misterio.

En Juego de Tronos, este imponente y sobrecogedor camino de árboles se usó durante la huida de Arya por el conocido como Camino del Rey en la segunda temporada.

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La escena de la huída de Arya se rodó en Dark Hedges. | Foto: HBO

Castillo de Dunluce

Tras atravesar Dark Hedges, la excursión continúa por el condado de Antrim.  Entre las poblaciones de Portballintrae and Portrush junto a un imponente acantilado está el Castillo de Dunluce que, según los historiadores, fue uno de los más impresionantes del Reino Unido.

Desde la carretera se ven las ruinas de esta fortaleza levantada originalmente en el siglo XIII por Richard Óg de Burgh, segundo conde de Ulster y uno de los nobles más poderosos de Irlanda de los siglos XIII y XIV, amigo del rey Eduardo I de Inglaterra. Las excavaciones realizadas en el lugar prueban que hasta aquí llegaron los vikingos y también los cristianos.

Situado junto a un espectacular acantilado, el castillo ofrece una magnífica panorámica de la costa norte del país. De difícil acceso, ya que esta enclavado en medio de piedras, es posible llegar hasta él por un estrecho y pequeño puente. Considerado patrimonio nacional del país, en la actualidad pertenece al Gobierno de Irlanda del Norte.

Una leyenda local cuenta que parte de la cocina se desprendió y cayó por los acantilados al mar con todos los sirvientes dentro, excepto un muchacho que estaba sentado en una esquina y logró salvarse. Después del accidente, continúa la leyenda, la señora del castillo se negó a continuar viviendo en él. Lo cierto es que la cocina sigue intacta junto a la zona principal. En algún momento del siglo XVIII, la pared norte del castillo se desplomó y cayó al mar. En la actualidad se mantienen las paredes sur y oeste.

En Juego de Tronos, esta fortaleza se convierte en el castillo de Pyke  en las Islas del Hierro.

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Las ruinas de Castillo al borde de un acantilado, vistas desde la carretera. | Foto: Leticia Retortillo

Cantera de Larrybane

Esta antigua cantera abandonada y enclavada entre acantilados, como casi toda la costa de Irlanda del Norte, en la actualidad se usa como aparcamiento para los turistas que visitan la zona. Con sus acantilados, senderos y playas, es un lugar desde el que es fácil abstraerse y disfrutar de un mar raramente en calma.

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El tour incluye una cantera abandonada, lugar de varias escenas de la serie. | Foto: Leticia Retortillo

En Juego de Tronos se rodaron varias escenas memorables, además de ser el lugar elegido por el Rey para establecer la residencia de los Baratheon en la segunda temporada de la serie. Aquí también se desarrolló el torneo en el que participó Brienne de Tarth.

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La guía muestra el lugar donde se rodó una escena en la cantera de Larrybane. | Foto: Leticia Retortillo

Muy cerca de la antigua cantera, y para los turistas a los que Juego de Tronos no les diga gran cosa, las excursiones suelen incluir la opción de conocer el famoso puente de cuerda que une Irlanda del Norte con Sheep Island donde hay otras canteras abandonadas. El Carrick-a-Ride fue “borrado” del mapa para poder hacer algunas escenas de Juego de Tronos.

Ballintoy Harbour

Este puerto pesquero es uno de los más bonitos de Irlanda. Acogedor y con una pequeña playa, es un lugar de descanso donde pasar el rato disfrutando del paisaje. Se encuentra enclavado en la histórica baronía de Cary. El pueblo está a un kilómetro de distancia y en la iglesia que hay en el puerto, el Domingo de Pascua se celebra cada año un servicio religioso a la caída de sol.

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Ballintoy Harbour está en una bajada, rodeado de prados. | Foto: Leticia Retortillo

Quizá lo más destacado de esta pequeña localidad que no llega a los 200 habitantes es que en 2011 sus vecinos se negaron a que las señalizaciones de las calles estuvieran en inglés e irlandés.

El lugar apenas tuvo que ser modificado por los realizadores de Juego de Tronos para transformarlo en el Puerto Pyke en la segunda temporada. Una de las principales escenas rodadas en este lugar fue el regreso de Theon Greyjoy a las Tierras de Hierro, y el lugar donde fue bautizado. Aquí también conoció a su hermana Yara.

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Un cartel informa de las escenas de Juego de Tronos rodadas en este pequeño puerto de pescadores. | Foto: Leticia Retortillo

Cuevas de Cushendun

El viaje continúa por la costa hasta llegar a la localidad de Cushendon, una pintoresca villa de pescadores situada a orillas del río Glen con un paisaje de cuento, un hotel y una curiosa estatua de una cabra. Se trata de un homenaje a Johann una cabra que se convirtió en el último animal sacrificado por la fiebre aftosa en 2001. La estatua fue esculpida por Deborah Brown y presentada a los vecinos de Cushendun en agosto de 2002. Ahora, junto a la estatua hay otra cabra, una especie de mascota de este entrañable pueblecito con verdes paisajes y una estupenda playa de arena fina.

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La cabra se ha convertido en una especie de mascota de la localidad. | Foto: Leticia Retortillo

Cushendun fue en el pasado punto de salida de los barcos que cruzaban a Escocia. Los viejos cottages recuerdan a las casas de Cornwall, en el suroeste de Inglaterra, porque así lo decidió Ronald McNeill, político que pasó a ser conocido como Lord Cushendun y que quiso así rendir un particular homenaje a su mujer, vecina de dicha localidad inglesa.

A pocos metros de la villa, por un camino que va paralelo al mar hay unas cuevas. En una de ellas se rodó una de las escenas más siniestras de la sexta temporada, en la que la Sacerdotisa Roja Melisandre da a luz una sombra. La cueva tiene al fondo una verja que el equipo de Juego de Tronos no logró que las autoridades retiraran.

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Las autoridades no permitieron retirar la verja para rodar el parto de Melisandre. | Foto: Leticia Retoritillo

EXCURSIONES PARA VISITAR LOS ESCENARIOS NATURALES DE JUEGO DE TRONOS: Hay numerosas excursiones organizadas para visitar estos espacios naturales donde disfrutar de la belleza y espectacularidad del paisaje de Irlanda del Norte, al tiempo que nos trasladamos a los reinos de Juego de Tronos. Algunos de estos viajes que suelen duran un día, salen de Belfast, aunque también se pueden contratar en Dublín.

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