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Bienvenidos a Abu Dhabi, una de las capitales mundiales del lujo

Rodrigo Isasi Arce

Foto: Rodrigo Isasi

Si tienes la suerte de viajar a Abu Dhabi, una de las capitales mundiales del lujo, y si tu economía lo permite, podrás disfrutar de algunos de los edificios más grandes y ostentosos del mundo. Frente a los viajes “low cost”, AbuDhabi propone justo lo contrario, un viaje para no reparar en gastos y disfrutar del placer, de la exclusividad y del sibaritismo que caracteriza a ciertos países del Golfo Pérsico.

Abu Dhabi significa literalmente “padre de los antílopes”, refiriéndose al Orix de Arabia, el animal nacional de los EAU y que está presente en algunas de sus monedas de un dírham. Este animal está en peligro de extinción, tras haber sido casi exterminado en Arabia Saudí por la caza masiva. El animal está tan presente en la región, que hasta una de las principales aerolíneas de Qatar lo luce con orgullo como uno de sus símbolos. En esta gran ciudad de 2.784 millones de habitantes, construida sobre las arenas del desierto, hay mucho que ver.

Una de las mezquitas más grandes del mundo

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Sala de oración de la mezquita. (Foto: Rodrigo Isasi / The Objective)

La mezquita del Sheikh Zayed, cuyo nombre se puso en honor al primer presidente de Emiratos, el jeque Zayed ibn Sultán Al Nahayan, es la mezquita más grande del país y la número 15 de todo el mundo, por la cantidad de personas que puede acoger, más de 41.000. La mezquita abre sus puertas a visitantes de todas las confesiones, siempre y cuando no se coincida con el día santo del islam, el viernes.
Contiene la alfombra y las diez lámparas de araña más grandes del planeta, fabricadas estas últimas por, nada más y nada menos que Swarowski, y tienen diez metros de longitud, nueve toneladas de peso y están hechas de cobre y recubiertas de oro. Lo que demuestra que en su construcción no repararon en gastos. La alfombra, por su parte, pesa 47 toneladas, fue hecha a mano por cerca de 1.200 mujeres iraníes y tiene un valor estimado de 545 millones de dólares. Pasear entre las arcadas de esta mezquita mientras se oye de fondo el adhan -llamada al rezo-, es una experiencia única.

Emirates Palace, el hotel más caro jamás construido

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Los jardines del Emirates Palace Hotel. (Foto: Rodrigo Isasi / The Objective)

Nada más cruzar el umbral de la puerta de acceso al hotel Emirates Palace de Abu Dhabi, una fragancia a Oud -también conocido como oro negro- embriaga al visitante. Entre columnas de mármol y bóvedas decoradas con oro y plata, alojarse en este mega hotel es, sin duda, una experiencia de lujo como pocas. No en vano, la habitación más barata cuesta 400 euros por noche y la más cara, una exclusiva suite de tres habitaciones, supera los 6.000 euros por noche. A esto se suman servicios como una playa y un puerto privados, desde los que podrás navegar en algunos de los yates más exclusivos del mercado. Si por el contrario no eres de los afortunados en poder dormir en este Hotel, no te preocupes, siempre podrás pasear por sus jardines y visitar su interior de manera totalmente gratuita, e incluso, disfrutar de algún concierto de música clásica en directo en su cafetería.

Una vista desde las alturas del ‘Observation Deck at 300’

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Las cuatro torres Etihad. (Foto: Rodrigo Isasi / The Objective)

Siempre y cuando no tengas vértigo a las alturas, justo enfrente del Emirates Palace están los cinco rascacielos Etihad Towers, entre los que destaca el ‘Observation Deck at 300’, al que podrás acceder tras pagar 85 AED (unos 22 euros) y que te permitirá observar toda la ciudad de Abu Dhabi desde su cafetería situada a 300 metros de altura. Sin duda es una buena opción para poder contemplar la inmensidad de la isla que acoge esta capital del lujo.  El precio de la entrada incluye una consumición de 50 AED (unos 13 euros).

Ocio, compras y gastronomía

En lo que a la oferta de ocio se refiere, Abu Dhabi quizá se quede pequeña respecto a su hermana Dubai; no obstante, si eres amante de la música jazz, puedes acercarte cualquier noche a Pizza Express, en el World Trade Center (WTC), para disfrutar de una sesión en directo de este estilo de música. Otra opción recomendable es fumar una Shisha -pipa de agua- de los más variados sabores de frutas que te puedas imaginar en la terraza al aire libre del Rawaq Café, también en el WTC. Ir de compras por algunas de las tiendas más exclusivas del Marina Mall o divertirte en el parque de atracciones temático de Ferrari en  la Yas Island, son otros de los los planes de ocio que puedes realizar en esta enorme urbe.

Siempre y cuando el clima acompañe -sí, en Abu Dhabi llueve, poco, pero llueve, y también hay épocas con tormentas de arena- pasear por la Corniche y disfrutar de sus playas es un plan obligatorio para cualquier visitante.

El Abu Dhabi más tradicional, Al Ain y las arenas del desierto

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Panadería tradicional en el Downtown de Abu Dhabi. (Foto: Rodrigo Isasi / The Objective)

Abu Dhabi no es solo un lugar para ricos, existen también otras opciones más asequibles. Si tu economía es más reducida, y tu paladar no es tan exquisito, comer barato en esta ciudad es posible. Las tiendas tradicionales donde acuden los trabajadores bangladesíes son el lugar idóneo para disfrutar de un té negro con leche, una banana rebozada y frita, un pan recién horneado y alguno de los dulces típicos, por apenas 1 dirham (25 céntimos de euro) cada uno de ellos. Para horas más avanzadas, los Shawarmas -lo que en occidente conocemos como kebabs- y las Samosas -empanadillas rellenas de carne y verduras- se convierten en los platos estrella.

Si eres de los que el lujo les abruma, y necesitas descansar de los ‘gigantes de cristal y acero’ de Abu Dhabi, viajar a Al Ain, a apenas 180 kilómetros de la capital, es sin duda una aventura mucho más tradicional donde poder respirar algo de aire en un oasis plagado de palmeras datileras, no te olvides de probar el sirope de dátil, o donde acudir a un mercado de camellos abierto todos los días de la semana desde primera hora de la madrugada.

Si además tienes un espíritu más aventurero, debes realizar una excursión de un día al desierto, concretamente al de Rub Al Khali, que es uno de los desiertos de arena más grandes del mundo y que se extiende por los países vecinos de Arabia Saudí, Yemen y Omán. Si tienes suerte, podrás contemplar una de las tradiciones más antiguas del país, la caza con los perros de raza Saluki y la caza con Halcón.

El proyecto de la “isla de la felicidad” (Jazeera Sadiyaat)

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Diseño del futuro Guggenheim. (Foto: www.guggenheim.org)

Este no será tu único viaje a Emiratos, no al menos si quieres acudir a la isla de Saadiyat -felicidad en árabe-, un proyecto ampuloso que consiste en albergar en una isla cercana a la de Abu Dhabi cuatro grandes instituciones culturales muy importantes: el museo Guggenheim más grande del mundo -en construcción- diseñado por Frank Gehry,  el museo del Louvre diseñado por Jean Nouvel -pendiente de inauguración próxima-, el Centro de Artes Escénicas diseñado por Zaha Hadid y el museo Nacional Zayed, diseñado por Norman Foster.

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Continúa leyendo: Dime de qué equipo eres y te diré cuántos kilómetros haces

Dime de qué equipo eres y te diré cuántos kilómetros haces

Redacción TO

Foto: Francisco Bonilla
Reuters

¿Te gustan los viajes y el fútbol? El buscador integral de viajes Gopili.es ha creado el ranking europeo de los aficionados de fútbol más viajeros del continente.

En España, los seguidores de Las Palmas son quienes deberán viajar un mayor número de kilómetros si quieren seguir a su equipo en los partidos fuera de casa la temporada 2017-2018: nada menos que 78.362 kilómetros. La segunda y tercera posición son ocupadas por los equipos gallegos: Celta de Vigo (32.534 km de media) y Deportivo de La Coruña (30.768 km) a bastante distancia de los seguidores insulares.

Por el contrario, al final de la clasificación encontramos a los seguidores de los equipos madrileños como los que menos kilómetros deberán desplazarse si quieren ver en directo los partidos fuera de casa. Los fans del Getafe deberían viajar poco más de 19.000 km, mientras que los seguidores del Real Madrid, Atlético y Leganés se encuentran a la cola del ranking. Colchoneros y merengues deberán viajar 18.840 km de media, mientras que los pepineros recorrerán 18.610 km.

La media de kilómetros a recorrer por los equipos españoles y sus seguidores es de 27.606 km, mientras que el desplazamiento más largo será el efectuado entre Girona y Las Palmas.

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Como término medio, los aficionados españoles deberán recorrer 27.606 kilómetros. | Fuente: Gopili.es

Los aficionados de la Premier League, los que menos kilómetros recorren

El número medio de kilómetros recorridos por los aficionados en cada país revela que los aficionados de la Premier League son los que necesitan viajar menos para apoyar a su equipo. Cinco equipos juegan sus partidos en Londres y sus alrededores, lo que repercute en desplazamientos mínimos: Arsenal, Chelsea, Crystal Palace, Tottenham y West Ham. En contraposición, los seguidores españoles son los que viajan más, con un promedio de 27.606 km frente a los equipos de la Premier League, que necesitan viajar sólo 7.156 km.

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Los aficionados de la Premier League, los que menos kilómetros recorren. | Fuente: Gopili.es

En el resto de Europa, en promedio, los equipos viajarán 22,603 km en Francia, 17,901 km en Italia y 13,034 km en Alemania. En toda Europa, los aficionados que más tendrán que viajar en la temporada 2017-2018 son los de Las Palmas, el Celta de Vigo y los seguidores del equipo italiano Crotone.

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Los seguidores de Las Palmas, los más viajeros. | Fuente: Gopili.es

¿La distancia recorrida para disputar partidos fuera de casa tiene un impacto en los resultados del equipo?

La distancia recorrida por los jugadores y los aficionados para los partidos fuera de casa es un dato relevante para analizar junto a los resultados de los equipos.

De hecho, Las Palmas fue el equipo que menos partidos ganó lejos de su estadio la temporada pasada (sólo uno), convirtiéndose, además, en el equipo con más derrotas fuera de su casa (15 en total), curiosamente, las mismas derrotas que otro de los conjuntos que más kilómetros realiza, el Deportivo de La Coruña. Resulta interesante comprobar también que, en contraposición, en Alemania y Francia, los equipos campeones de liga la temporada pasada, el Bayern Münich y el AS Mónaco, fueron los conjuntos que más kilómetros hicieron para desplazarse como visitantes. ¡Curioso cuanto menos!

¡La temporada ya está en marcha y las aficiones más fieles ya empiezan a marcar diferencias!

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Zumaia, mucho más que el Rocadragón de Juego de Tronos

Saioa Camarzana

Los amantes de las series conocerán este lugar pero no por su nombre, Zumaia, sino por Rocadragón, el lugar en el que desembarca Daenerys Targaryen con toda su tropa. La reina baja del barco, toca la arena y los acantilados se convierten en el lugar por el que vuelan sus tres dragones. Bien, pues en las piedras de este pueblo de la costa guipuzcoana se puede leer la Historia. La Historia de la Tierra y la nuestra. Y no es exagerar semejante afirmación, la formación rocosa que se ve en la séptima temporada de la saga que nos tiene en vilo se llama Flysch y en sus páginas se pueden leer 60 millones de años de historia.

A 36 kilómetros de Donostia se encuentra este mágico pueblo costero que hace muchos años fue una villa pescadora. Un lugar construido entorno al monasterio de Santa María, regalo del rey Don Sancho de Castilla IV al convento de Roncesvalles en el año 1292, tal y como declara el primer pergamino que lo cita. Estos monjes empezaron a ver poblarse la explanada en la que se encontraba el monasterio y, aunque no existe una conclusión unánime, parece que los habitantes del valle de Sehatz cansados de los ataques de piratería decidieron abandonar sus hogares para construir una pequeña aldea amurallada con el objetivo de protegerse. Esta es la razón por la que hoy en día se exhiben unos cañones en el paseo que lleva al faro y que hasta hace unos años no estaba a la vista más que la parte trasera del mismo. Parecían simples boyas para amarrar los barcos a su llegada. Cuando la alcaldía decidió renovar el emblemático paseo, que lleva desde el parque de Amaia hasta el faro en un recorrido repleto de casitas bajas (parte de ellas son casas de verano), se llevó la sorpresa de ver esos cañones que habían sido utilizados para la protección de las fronteras del pueblo y sus gentes.

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El Rocadragón de Juego de Tronos es en realidad el pueblo de Zumaia, a 36 km de Donostia | Imagen vía HBO

Paseando por Zumaia una se da cuenta de que es como un circuito de obstáculos. Esquivas una, dos y hasta tres sillitas de niños en un espacio reducido. Madres que ríen, jóvenes padres que llevan a sus niños al parque. Todos se saludan. Todos se conocen. Con algo más de  9.800 habitantes (está creciendo pero pronto no habrá espacio para la construcción de nuevos edificios) es fácil recorrer los rincones más interesantes del pueblo en una mañana. La temporada estival es una de las más agradables (aunque ahora que ha adquirido fama por haberse rodado en su playa varias escenas de Juego de Tronos los turistas se multiplican) para descubrir sus recovecos. Si el clima acompaña, ya se sabe que en el País Vasco no siempre hace sol aunque sea verano, el paseo puede empezar por caminar hasta el paseo del faro. Con el mar en calma se puede disfrutar de todo el recorrido, hasta el final (aunque ahora se encuentra en proceso de renovación), ya que cuando el mar está bravo se cierra la zona más alejada debido a que en 1960 ola gigante se llevó por delante a 6 personas que pasaban por allí. Ahora, como medida preventiva, cuando hay marejadas fuertes se cierra a la altura del museo de Julio Beobide.

La siguiente parada, y quizá la más llamativa, es la playa (o mejor dicho, cala) de Itzurun, parada obligatoria, para seguir viendo esa costa que tan popular se está haciendo. En lo alto se ve la ermita de Arritokieta en un tira y afloja con el precipicio, como un funambulista luchando por no caer. No solo es el lugar en el que Daenerys y Jon Snow se reúnen para unir fuerzas contra Cersei Lannister, es también punto de encuentro de geólogos de todo el mundo. Sus acantilados, protegidos ahora en biotopo, nos muestran la edad de la tierra como los árboles nos ofrecen su edad mediante los aros de su corteza. Las formaciones rocosas, tan sutiles como caprichosas, han quedado al descubierto por el impacto del mar a lo largo del tiempo. 60 millones de años son los que nos muestran esta vieja y anciana costa que nunca se cansa y siempre está activa (el Flysch, así se llama desde hace unos años, se extiende a lo largo de 15 kilómetros que se pueden visitar en una excursión en barca que se reserva en el centro de información). Este enclave, en el que ahora se dan cita numerosos turistas, ha sido punto de referencia para diferentes películas y documentales. Tanto es así, que en la villa costera se abrió el Centro de interpretación Algorri para saciar la curiosidad de todo aquel que quiera saber más.

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Atardecer en el acantilado. Un paisaje conocido para los seguidores de Juego de Tronos | Imagen vía: María López

Visita a la rasa mareal

Pasear por encima del acantilado, hasta que el camino se convierte en una punta estrecha desde la que observar la inmensidad, era ir en busca de un relajante momento para los lugareños y los pocos turistas que llegaban atraídos por sus vistas, por su olor a salitre, por su quietud. Como un Ulises atraído por el canto de las sirenas. Ahora, debido al aumento de turismo que se está viviendo, la Diputación ha decidido aumentar las medidas de seguridad de un camino pedregoso y arenoso en la misma ladera del cortante. Unas vallas, dicen, se dispondrán a lo largo del mismo para evitar que la tierra pueda desprenderse a causa del impacto.

La otra playa, la de Algorri, conocida como ‘la playa de los curas’ (debido a que estos tenían un pasadizo bajo tierra desde la iglesia hasta la playa o eso es lo que se le dice) es un punto de referencia para las puestas de sol. Conocedores de la marea, su fuerza y poder, los zumaiarras saben esperar en la playa hasta pasadas las nueve de la tarde para recibir la energía de los últimos rayos de sol. El espectáculo hechiza. El sol baja por el acantilado y se esconde tras los montes de los pueblos colindantes creando un juego de colores anaranjados que se mantienen en el horizonte. El mar, la montaña y el sol que desaparece tras los rocas hacen que quieras pasar el resto de la eternidad viendo atardeceres como estos.

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Itzurun desde la playa | Imagen vía: María López

Un pueblo de calles de piedra

De vuelta en las calles del pueblo un buen alto en el camino es el bar Itzurun, justo donde arranca la cuesta que sube a la playa. Con una terraza tranquila, a pesar de que acaban de quitar los pequeños arbustos que te protegían de los transeúntes, el bar es una parada interesante para probar alguno de sus pintxos o una ración de rabas, quizá de las mejores de la localidad. De allí a otro de los puntos gastronómicos más interesantes nos separan tan solo dos minutos de paseo, con vistas al puerto el bar Idoia quizá sea una de las mejores propuestas para bolsillos lejos de los apuros económicos de la mayoría de jóvenes.

Tras este pequeño alto para reponer fuerzas se puede subir a ver la iglesia románica jalonada por pequeñas gárgolas que se encuentra rodeada de calles estrechas y casitas bajas que desembocan en la nueva biblioteca municipal. Y, bajando por sus escaleras, se llega a la calle en la que todo ocurre: Erribera. Tiendas, locales y bares se suceden unos a otros para dar cobijo en época de lluvia o se convierte en punto de encuentro cuando llegan las fiestas. Las escaleras desde el bar Zalla, en Upela Plaza, llevan a la fuente de San Juan, conocida actualmente por ser una de las localizaciones de la película Ocho apellidos vascos. Bajando las escaleras traseras de la iglesia se adentra en una callejuela estrecha de piedra, una cuesta que te lleva a la ermita de San Telmo, desde donde se puede observar la playa de Itzurun desde lo alto. De camino, hay un pequeño santo, San Telmo, que aun no siendo el patrón de Zumaia se ha convertido en el símbolo del pueblo, dando nombre a las fiestas más multitudinarias celebradas justo después de Semana Santa.

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Vista de Zumaia desde el puerto. | Imagen vía: María López

Camino de Santiago

Zumaia cuenta con un tramo del camino de Santiago, un paseo por la playa bordeando el museo de Zuloaga y el puerto deportivo (no exento de polémica en su momento por contribuir a la destrucción de la marisma) hasta llegar a la antes mencionada ermita de Arritokieta y el cementerio; poco antes de empezar la cuesta, al lado del convento de San José se encuentra un albergue para peregrinos. Con un camino asfaltado y fácil de digerir se obtiene una panorámica de todo el litoral, aunando mar, montaña, río y una vista general de Zumaia.

Pasado ilustre

Este pueblo de pasado pescador ha sido punto de encuentro no solo de geólogos de todo el globo sino también de personalidades ilustres de las artes y las letras. Una de sus calles, Juan Belmonte, es un homenaje al torero sevillano que solía lidiar de manera gratuita en la localidad a petición de su amigo, el pintor Ignacio Zuloaga, habitante de la localidad en las temporadas veraniegas. En su casa, convertida ahora en museo, se llevaban a cabo encuentros entre intelectuales como Ortega y Gasset, Unamuno, Pío Baroja o Valle-Inclán. Pero estos no son los únicos ilustres de la villa. De aquí también salió la bailarina de ballet clásico Lucía Lacarra.

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Puerto de Zumaia | Imagen vía: María López

Otros lugares que visitar

Si se dispone de más de un día en la localidad las posibilidades se disparan. Una visita a Elorriaga, un pequeño monte o ladera desde el que se puede ver parte del litoral, es una de las excursiones perfectas para un domingo por la mañana. 9 kilómetros y dos horas y media es lo que lleva subir y bajar de allí. Una vez arriba un bar, un parque y mesas para comer esperan los visitantes. Otra escapada puede ser llegar hasta Askizu, esta vez es recomendable coger las botas de monte. Desde la primera cuesta se puede ver todo el pueblo de Zumaia; montañas, mar, el faro y el pueblo. Desde aquí es posible echar la vista atrás, hasta el primer asentamiento y ver cómo Zumaia era una explanada ahora convertida en una preciosa y acogedora villa.

En definitiva, Zumaia es un lugar de ensueño para niños y mayores, un pueblo en el que desconectar y vivir de manera tranquila, lejos del bullicio de las ciudades y con todas las comodidades. El servicio de transporte público, compuesto de tren y autobús, conecta en poco más de media hora con Donostia y, en algo más, con Bilbao. Y cuando cae el sol, se llena de una paz y armonía que me recuerda a cuando coleccionaba piedras y las escondía en el cajón.

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Vista de Zumaia con la iglesia de San Pedro | Imagen vía: María López

Algunos tips para pasear por Zumaia

Dónde dormir

Landarte: una pequeña casa rural de siete habitaciones que se encuentra al principio de la subida al monte San Miguel. Rodeada de un jardín inmenso es uno de los alojamientos más tranquilos de la zona.

Zelai: hotel con vistas a la playa, probablemente la opción más cara

Hotel Flysch: hotel de nueva construcción cerca de la ermita

Apartamentos Tomás: tres apartamentos en pleno centro

Pensión Goiko: situado justo encima del bar homónimo cuenta con siete habitaciones en la calle Erribera

Camping Zumaia: lugar para acampar compuesto también de bungalows

Dónde comer

– Idoia: pescado y pintxos

– Labarra o Itzurum: pintxos

– Gure Txokoa: raciones y bocadillos

Zalla: platos combinados, bocadillos y pintxos

– Justa: raciones y menú del día

Continúa leyendo: La gasolinera como síntoma

La gasolinera como síntoma

Antonio García Maldonado

Foto: Desmond Boylan
Reuters

Cuando llega el verano, llega el calor y, también, mi hijo, y con él nuestros viajes por la comarca de acá para allá consumiendo días largos de luz y nostalgias. Y gasolina. A sus cinco años, el cansancio aparece imperturbable apenas arrancamos tras dejarlo instalado con esfuerzo torpe en su silla trasera, entre mis sudores y lamentos callados por la aparatosidad con que manejo semiagachado el mecanismo del cinturón y mi impaciencia ante la canícula. Pongo el aire acondicionado, intento relajarme, conduzco y observo por el retrovisor sus cabezadas con indisimulable ternura. Pero hay que repostar.

¿Falta mucho, papá? No, hijo, paramos a echar gasolina y llegamos en un cuarto de hora. Cómprame algo, puede que diga. ¿Agua? No, agua ya tengo, seguramente me responda. Llegamos atraídos por los letreros de las grandes marcas, estaciono con cautela, miro a ver si alguien se dignará a venir a servirme la gasolina, y veo que no. Con escasas excepciones en la costa y grandes núcleos urbanos. Echo un último vistazo al retrovisor y veo que el niño está o dormido o mirando al infinito con ojos derrotados. Salgo. ¿Salgo? Sí, pero, ¿con él? No merece la pena despertarlo y desmontar y montar el aparataje, es apenas un momento lo que tardo en ir a pagar. Cinco, quizá ocho minutos con esta cola. Pero, ¿y si alguien me ve? Puede que piense que menudo padre. ¿Mejor dejar cerrada la puerta para que nadie se lo lleve, o dejarla abierta por si pasa algo y pueda escapar? ¿No se puede morir de calor si me entretengo dentro porque ocurre algo? Opto por bajar un poco las ventanillas (solo un poco, para que nadie pueda entrar o abrir la puerta metiendo la mano) y me dirijo a la caja. Espero mi turno y no dejo de mirar por las grandes cristaleras si todo va bien en el coche. A veces lo veo mirando entre los dos asientos delanteros, buscándome. Quizá le salude desde lejos con gestos sobreactuados.

Vuelvo con prisa, y ante su mirada cansada le digo que ya estoy aquí con alguna broma absurda (casi humillante para uno), echo la gasolina y me mancho. No me he puesto el guante de plástico porque tengo prisa por él, y porque no concibo que el mango del surtidor pueda estar lleno de gasoil. Cierro la boca del tanque con la llave del coche, que también pringo con los restos del combustible. Entro en el coche y mi hijo me pregunta que a qué huele. Le digo que no aspire fuerte, que es un olor desagradable y que el hematólogo de su tío me dijo que el benceno era una posible causa de enfermedades complicadas. Traumas de cada uno. Abro las ventanillas hasta abajo y salimos, con el aire caliente golpeándonos la cara.

Mi hijo vuelve a sus cabezadas y ahora soy yo el que se hace las preguntas: ¿por qué dejó de echarme el combustible un trabajador? ¿No es un líquido inflamable? Buscamos razones estructurales (relacionadas con la tecnología y la robotización) para explicar la desaparición de muchos empleos, pero en otros casos esto sirve como mera coartada. Este es uno de ellos. Llama la atención que cualquier playa necesite vigilante con bandera verde pero que haya gasolineras autoservicio. No hay ningún cambio tecnológico disruptivo (el surtidor es el mismo), sino una ley que permite que esto ocurra y una cultura de consumo que lo tolera.

Nos dirán que los márgenes de las gasolineras (que no son las propias petroleras) son escasos, nos dirán que en tienda nos venden más productos y así mejoran resultados. Bien, pero, ¿qué tiene que ver esto con el cambio tecnológico? ¿En cuántos sectores más ocurre lo mismo? En cuanto a la otra gran cuestión actual, la competencia asiática, ¿opera aquí de alguna manera? No. Si se obligara a las petroleras a ampliar el margen para que las concesionarias de estaciones pudieran sufragar costes de trabajadores que sirven sus productos, ¿tendrían pérdidas? ¿Dejarían de traer gasolina a España porque ha dejado de interesarles este mercado? ¿Habría desabastecimiento? ¿Perderían competitividad global? ¿Andamos faltos de trabajadores en paro con la cualificación necesaria y suficiente para las gasolineras?

Eso sí, ahora vuelvo al coche con un huevo Kínder de la Patrulla Canina (que no baja del euro) para limpiar ante mi hijo la mala conciencia que me ha causado dejarlo allí solo unos minutos.

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Los 10 destinos españoles que hay que visitar al menos una vez en la vida

Redacción TO

Hace apenas unos meses, el World Economic Forum seleccionaba España como “el mejor país del planeta para hacer turismo”. Cultura, clima, infraestructuras, gastronomía… Miles son las razones por las que España es cada día más “irresistible” tanto para foráneos como locales.

Miles de rincones explican el encanto de nuestro país y, por eso, Gopili.es, el primer y único buscador integral de viajes donde podrás comparar todos los tipos de transporte: avión, tren, autobús e incluso coche compartido, quiere ayudar al turista que decida descubrir España con la lista de los 10 lugares imprescindibles que esconde nuestro país, destinos que hay que visitar una vez al menos en la vida, lugares que jamás olvidarás y a los que viajar hoy mismo, desde algunas de las principales ciudades españolas y tomando como referencia el primer fin de semana de septiembre.

  • Granada y su Alhambra

Machado decía que todas las ciudades tienen su encanto, pero que Granada tiene el suyo y el de todas las demás. La Alhambra, la ciudadela árabe más espectacular del mundo y el símbolo de esta ciudad, te enamorará. Sus palacios, jardines y cada uno de sus rincones están envueltos de historia y arte, por lo que, cuando la visites, entenderás por qué todo el mundo desea volver.

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Fuente del León en el Palacio de la Alhambra de Granada. | Foto: Pepe Marin/Reuters

Para llegar, por ejemplo, desde Barcelona a Granada puedes utilizar distintas opciones como el coche compartido, la más económica (41€) o el avión, la más rápida, por 67€. Si tu punto de partida es Madrid las opciones podrían ser el coche compartido, de nuevo la alternativa más económica con un precio que parte en los 14,5€, el autobús, desde 20€ o el avión, la opción más rápida, por 183€. Por su parte, llegar a Granada, desde Zaragoza nos saldría por unos 40€ en autobús y por cerca de 350€ en avión.

  • El Parque Nacional del Teide, en Tenerife

Es un paisaje único formado por cráteres, volcanes y ríos de lava petrificada, que rodea la impresionante silueta del Volcán Teide, que con una altitud de 3.718​ metros sobre el nivel del mar, es el pico más alto de todo el país. Este tesoro geológico es un lugar lleno de vida cuyo entorno es toda una belleza natural. El avión será nuestra única opción para visitar este paraíso con un coste de 98€ desde Barcelona; partiendo desde Madrid, por aproximadamente 60€; o por unos 357€ si nuestra ciudad de salida es Zaragoza.

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El volcán Teide al atardecer en Tenerife, Islas Canarias. | Foto: Santiago Ferrero/Reuters

  • Sevilla y su Giralda

No nos cansamos de escuchar eso de que “Sevilla tiene un color especial”, y es que es verdad. Su luz es incomparable, y acariciando su cielo está la Giralda, el campanario de la Catedral de Santa María de la Sede de Sevilla. Construida en el siglo XII, es el símbolo de su ciudad, y no solo es admirable desde abajo: tras subir sus 35 rampas, te aseguramos que las vistas desde lo más alto del campanario son espectaculares.

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Torre de la Giralda en la capital andaluza. | Marcelo del Pozo / Reuters

Si sales desde Madrid, y buscas relación tiempo-precio el tren (59€) es una alternativa, seguido por el bus (24€). Desde Barcelona, la mejor opción tiempo-precio es el avión (65€) junto a alternativas como el tren (60€) o el autobús (92€). Por su parte, viajar a Sevilla desde Zaragoza nos costará 75€ en autobús y 348€ en avión.

  • El casco histórico de Cáceres

Declarada Ciudad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1986, Cáceres alberga en su casco antiguo uno de los conjuntos urbanos de la Edad Media y del Renacimiento más completos del mundo. Nada más cruzar el Arco de la Estrella, te adentras en una ciudad histórica con los edificios más representativos de esta ciudad, como pueden ser la Concatedral de Santa María, el Palacio de las Veletas o la Casa del Sol.

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Casco histórico de Cáceres. | Foto: turismoextremadura.com

Dos alternativas para llegar a Cáceres. Por ejemplo, desde Madrid son el coche compartido (desde 20€) o el tren, desde 33€. Desde Barcelona la mejor opción es tomar un avión a Badajoz por 98€, coste al que tendremos que sumar o bien 6€ del coche compartido o 20€ del autobús para llegar a Cáceres.

  • Córdoba y la única mezquita-catedral del mundo

 La mezquita-catedral de Córdoba se comenzó a construir como mezquita en el año 785, y en 1238, tras la Reconquista cristiana de la ciudad, se llevó a cabo su consagración como catedral de la diócesis. Hoy todo el conjunto constituye el monumento más emblemático del arte omeya hispanomusulmán, y también de toda la arquitectura andalusí junto con la Alhambra.

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Turistas visitan la Gran Mezquita de Córdoba. | Foto: Manu Fernández / Reuters

Para llegar a esta ciudad desde Madrid, la opción más rápida y cómoda es el tren (53 €), seguida del bus (19€) y el coche compartido (21€). Por su parte, desde Barcelona, viajar a Córdoba en tren nos saldría por 57€ o por unos 46,5€ si seleccionamos la opción del coche compartido. Desplazarnos a Córdoba desde Zaragoza en este caso tiene un coste de 70€ en tren y de 35,5€ en coche compartido.

  • Toledo, la capital de Castilla-La Mancha

Toledo es conocida como “La Ciudad Imperial” por haber sido la sede principal de la corte de Carlos I, y también conocida como “la ciudad de las tres culturas” por haber estado poblada durante siglos por cristianos, judíos y musulmanes. Situada en la margen derecha del Tajo, es Patrimonio de la Humanidad desde 1986 y alberga diferentes monumentos espectaculares, como sus puentes, su Catedral Primada en el núcleo de la ciudad, la Mezquita del Cristo de la Luz y el Monasterio de San Juan de los Reyes.

Los 10 destinos españoles que hay que visitar al menos una vez en la vida 5
Panorama de la ciudad con el Alcázar al fondo. | Foto: Greta SchÖlderte / Unsplash

Llegar desde Madrid a Toledo sin duda es lo más económico por la cercanía de ambas ciudades: nos costará en coche compartido desde 5€, 7 euros si lo hacemos en autobús o 13 euros si elegimos el tren. Desde Barcelona, las opciones son 41€ en coche compartido o 94€ en tren. Por su parte, desde Zaragoza, podremos llegar a Toledo por aproximadamente 30€ en coche compartido.

  • Galicia y la Ribeira Sacra

Si te encanta rodearte de naturaleza, la zona de la Ribeira Sacra es perfecta para ti. Su paisaje repleto de monasterios es característico por los impresionantes cañones del Sil y del Miño, los que podrás recorrer en catamarán para, finalmente, conocer las vides de sus laderas, la cuna del legendario “Amandi”, un vino tan apreciado por los romanos que lo consideraban el verdadero “oro del Sil”.

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Vista del Cañón del Río Sil desde el mirador de Cabezoas en el municipio de Parada de Sil, en la provincia de Orense. | Foto: Wikipedia

Algunas de las alternativas para llegar desde Madrid a Ourense son el tren (39€), el coche compartido (35€) y el bus (44€). Desde Barcelona, las opciones de viaje directas son el tren (74,8€) o el coche compartido (75€) y, en el caso de viajar desde Zaragoza, vemos que en tren nos costará aproximadamente 61€ y en coche compartido una media de 53€.

  • Bilbao y el Guggenheim

 Inaugurado en 1997, el Guggenheim es un museo diseñado por Frank Gehry que se ubica a orillas de la ría de Bilbao, en una zona denominada Abandoibarra junto al puente de La Salve. Además de su espectacular estética, su interior no se queda atrás: alberga frecuentes exposiciones con obras procedentes de la sede Guggenheim de Nueva York, así como otras muestras de piezas prestadas por uno o múltiples museos internacionales.

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Un visitante observa las obras del artista británico David Hockney durante la presentación de “David Hockney, un cuadro más grande”, en el Museo Guggenheim de Bilbao . | Foto: Vincent West/Reuters

De nuevo tomando la capital de España como origen, es posible viajar a Bilbao en coche compartido por unos 22€ el trayecto, en tren por 44€ o en bus, por 34€. Si el viaje lo iniciamos en Barcelona, en autobús nos costará una media de 39€ frente a los 30€ que nos costaría el viaje en coche compartido o los 74€ del avión. Desde Zaragoza, las opciones más económicas son el autobús (23,35 €) o el coche compartido (21,5€).

  • Barcelona y el arte de Gaudí

Una de las ciudades más conocidas mundialmente de nuestro país, te permite disfrutar del arte paseando por sus calles. Antoni Gaudí, arquitecto español y máximo representante del modernismo catalán, fue dejando joyas por la ciudad, con monumentos como la Sagrada Familia, la Casa Batlló o, incluso, el paraíso de Gaudí por excelencia, el Parc Güell, una de las obras arquitectónicas más grandes del sur de Europa.

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La Sagrada Familia de Antoni Gaudí una noche de eclipse lunar en Barcelona. | Foto: Gustau Nacarino/Reuters

Utilizando es, ir de Madrid a Barcelona en autobús nos costará unos 36€, en coche compartido unos 30€, en tren podremos viajar desde 48€ y, la opción más rápida, el avión, que nos saldrá por unos 76€. Si partimos desde Zaragoza la opción más económica sin duda es el coche compartido (15€) seguida del autobús (20€).

  • Madrid y su magia

 Como no podía ser de otra forma, tenemos que incluir en esta lista la capital del país. La Puerta de Alcalá, la Cibeles, el Museo del Prado, el Palacio Real… Sin duda, en Madrid podrás disfrutar de monumentos y lugares emblemáticos, como la famosa Plaza Mayor, lugar que es punto de encuentro para todos los madrileños y visitantes de la ciudad en la época de Navidad. Como dejó escrito Luis Quiñones de Benavente, “desde Madrid al cielo”, y es que Madrid es mágica y podrás sentirlo nada más camines por ella, desde la Gran Vía hasta el más escondido de sus rincones.

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Turistas se hacen un selfie en la Puerta de Alcala en Madrid. | Foto: Sergio Pérez/Reuters

Viajar a Madrid desde Barcelona en autobús tiene un precio de unos 34€, más o menos como un coche compartido; el viaje en tren nos costará 48€ y en avión podremos viajar a la ciudad condal desde los 76€. Por su parte, si el origen de nuestro viaje es Zaragoza, la opción más económica de nuevo es el coche compartido (11€).

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