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Bienvenidos a Abu Dhabi, una de las capitales mundiales del lujo

Rodrigo Isasi Arce

Foto: Rodrigo Isasi

Si tienes la suerte de viajar a Abu Dhabi, una de las capitales mundiales del lujo, y si tu economía lo permite, podrás disfrutar de algunos de los edificios más grandes y ostentosos del mundo. Frente a los viajes “low cost”, nosotros te proponemos lo contrario, un viaje para no reparar en gastos y disfrutar del placer, de la exclusividad y del sibaritismo que caracteriza a ciertos países del Golfo Pérsico.

Abu Dhabi significa literalmente “padre de los antílopes”, refiriéndose al Orix de Arabia, el animal nacional de los EAU y que está presente en algunas de sus monedas de un dírham. Este animal está en peligro de extinción, tras haber sido casi exterminado en Arabia Saudí por la caza masiva. El animal está tan presente en la región, que hasta una de las principales aerolíneas de Qatar lo luce con orgullo como uno de sus símbolos. En esta gran ciudad de 2.784 millones de habitantes, construida sobre las arenas del desierto, hay mucho que ver.

Una de las mezquitas más grandes del mundo

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Sala de oración de la mezquita. (Foto: Rodrigo Isasi / The Objective)

La mezquita del Sheikh Zayed, cuyo nombre se puso en honor al primer presidente de Emiratos, el jeque Zayed ibn Sultán Al Nahayan, es la mezquita más grande del país y la número 15 de todo el mundo, por la cantidad de personas que puede acoger, más de 41.000. La mezquita abre sus puertas a visitantes de todas las confesiones, siempre y cuando no se coincida con el día santo del islam, el viernes.
Contiene la alfombra y las diez lámparas de araña más grandes del planeta, fabricadas estas últimas por, nada más y nada menos que Swarowski, y tienen diez metros de longitud, nueve toneladas de peso y están hechas de cobre y recubiertas de oro. Lo que demuestra que en su construcción no repararon en gastos. La alfombra, por su parte, pesa 47 toneladas, fue hecha a mano por cerca de 1.200 mujeres iraníes y tiene un valor estimado de 545 millones de dólares. Pasear entre las arcadas de esta mezquita mientras se oye de fondo el adhan -llamada al rezo-, es una experiencia única.

Emirates Palace, el hotel más caro jamás construido

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Los jardines del Emirates Palace Hotel. (Foto: Rodrigo Isasi / The Objective)

Nada más cruzar el umbral de la puerta de acceso al hotel Emirates Palace de Abu Dhabi, una fragancia a Oud -también conocido como oro negro- embriaga al visitante. Entre columnas de mármol y bóvedas decoradas con oro y plata, alojarse en este mega hotel es, sin duda, una experiencia de lujo como pocas. No en vano, la habitación más barata cuesta 400 euros por noche y la más cara, una exclusiva suite de tres habitaciones, supera los 6.000 euros por noche. A esto se suman servicios como una playa y un puerto privados, desde los que podrás navegar en algunos de los yates más exclusivos del mercado. Si por el contrario no eres de los afortunados en poder dormir en este Hotel, no te preocupes, siempre podrás pasear por sus jardines y visitar su interior de manera totalmente gratuita, e incluso, disfrutar de algún concierto de música clásica en directo en su cafetería.

Una vista desde las alturas del ‘Observation Deck at 300’

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Las cuatro torres Etihad. (Foto: Rodrigo Isasi / The Objective)

Siempre y cuando no tengas vértigo a las alturas, justo enfrente del Emirates Palace están los cinco rascacielos Etihad Towers, entre los que destaca el ‘Observation Deck at 300’, al que podrás acceder tras pagar 85 AED (unos 22 euros) y que te permitirá observar toda la ciudad de Abu Dhabi desde su cafetería situada a 300 metros de altura. Sin duda es una buena opción para poder contemplar la inmensidad de la isla que acoge esta capital del lujo.  El precio de la entrada incluye una consumición de 50 AED (unos 13 euros).

Ocio, compras y gastronomía

En lo que a la oferta de ocio se refiere, Abu Dhabi quizá se quede pequeña respecto a su hermana Dubai; no obstante, si eres amante de la música jazz, puedes acercarte cualquier noche a Pizza Express, en el World Trade Center (WTC), para disfrutar de una sesión en directo de este estilo de música. Otra opción recomendable es fumar una Shisha -pipa de agua- de los más variados sabores de frutas que te puedas imaginar en la terraza al aire libre del Rawaq Café, también en el WTC. Ir de compras por algunas de las tiendas más exclusivas del Marina Mall o divertirte en el parque de atracciones temático de Ferrari en  la Yas Island, son otros de los los planes de ocio que puedes realizar en esta enorme urbe.

Siempre y cuando el clima acompañe -sí, en Abu Dhabi llueve, poco, pero llueve, y también hay épocas con tormentas de arena- pasear por la Corniche y disfrutar de sus playas es un plan obligatorio para cualquier visitante.

El Abu Dhabi más tradicional, Al Ain y las arenas del desierto

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Panadería tradicional en el Downtown de Abu Dhabi. (Foto: Rodrigo Isasi / The Objective)

Abu Dhabi no es solo un lugar para ricos, existen también otras opciones más asequibles. Si tu economía es más reducida, y tu paladar no es tan exquisito, comer barato en esta ciudad es posible. Las tiendas tradicionales donde acuden los trabajadores bangladesíes son el lugar idóneo para disfrutar de un té negro con leche, una banana rebozada y frita, un pan recién horneado y alguno de los dulces típicos, por apenas 1 dirham (25 céntimos de euro) cada uno de ellos. Para horas más avanzadas, los Shawarmas -lo que en occidente conocemos como kebabs- y las Samosas -empanadillas rellenas de carne y verduras- se convierten en los platos estrella.

Si eres de los que el lujo les abruma, y necesitas descansar de los ‘gigantes de cristal y acero’ de Abu Dhabi, viajar a Al Ain, a apenas 180 kilómetros de la capital, es sin duda una aventura mucho más tradicional donde poder respirar algo de aire en un oasis plagado de palmeras datileras, no te olvides de probar el sirope de dátil, o donde acudir a un mercado de camellos abierto todos los días de la semana desde primera hora de la madrugada.

Si además tienes un espíritu más aventurero, debes realizar una excursión de un día al desierto, concretamente al de Rub Al Khali, que es uno de los desiertos de arena más grandes del mundo y que se extiende por los países vecinos de Arabia Saudí, Yemen y Omán. Si tienes suerte, podrás contemplar una de las tradiciones más antiguas del país, la caza con los perros de raza Saluki y la caza con Halcón.

El proyecto de la “isla de la felicidad” (Jazeera Sadiyaat)

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Diseño del futuro Guggenheim. (Foto: www.guggenheim.org)

Este no será tu único viaje a Emiratos, no al menos si quieres acudir a la isla de Saadiyat -felicidad en árabe-, un proyecto ampuloso que consiste en albergar en una isla cercana a la de Abu Dhabi cuatro grandes instituciones culturales muy importantes: el museo Guggenheim más grande del mundo -en construcción- diseñado por Frank Gehry,  el museo del Louvre diseñado por Jean Nouvel -pendiente de inauguración próxima-, el Centro de Artes Escénicas diseñado por Zaha Hadid y el museo Nacional Zayed, diseñado por Norman Foster.

Los detalles de la aeronave más grande del mundo que construye el cofundador de Google

Redacción TO

Foto: Eric Risberg
AP Foto

Uno de los pesos pesados de Silicon Valley quiere volar, y ya está trabajando en ello. El cofundador de Google, Sergey Brin, está construyendo la aeronave más grande del mundo pero no quiere dar ni un solo detalle del proyecto, aunque ya se han filtrados algunos datos.

Varias fuentes, que prefieren no dar su nombre por los acuerdos de confidencialidad firmados con Brin, aseguran que “va a ser masiva a gran escala” y que puede que tenga alrededor de 200 metros de largo, según cita el diario británico The Guardian. Esto lo convertiría en el aparato más grande del mundo en estos momentos pero no de la historia de la aviación, ya que no superaría al épico Hindenburg Zeppelin de la década de 1930, que medía 245 metros.

El cofundador de Google trabaja en el avión más grande del mundo y ya conocemos los detalles 3
Aún no se ha superado, al menos en longitud, el dirigible alemán Hindenburg. | Foto: AP Photos

Sergey Brin está construyendo esta nave, financiado por él mismo, en un aeródromo de la NASA lejos de los ojos del público. Parece que el multimillonario busca un gran medio de transporte para entregar comida y todo tipo de suministros a misiones humanitarias en lugares remotos, pero al mismo tiempo, quiere aprovechar su inversión para cruzar continentes y disfrutar en una nave de lujo. De acuerdo con una de las personas que ofrece los datos, esta aeronave le podría costar al cofundador de Google entre 100 y 150 millones de dólares.

Uno de los diseñadores que estuvo involucrado en las primeras etapas del proyecto fue Igor Pasternak quien asegura que los dirigibles podrían revolucionar el mercado global y de ahí que Sergey Brin esté trabajando en ello. “Sergey es bastante innovador y siempre está mirando hacia el futuro”. “Los camiones necesitan carreteras, los trenes necesitan vías, y los aviones, aeropuertos. Sin embargo, los dirigibles pueden entregar desde el punto A hasta el punto Z sin detenerse en el medio”.

Quienes saben de estas cosas insisten en que este tipo de aparatos tienen un problema con la flotabilidad, por eso el cofundador de Google trabaja en una alternativa: utilizará un sistema de vejigas de gas internas para controlar la flotabilidad de la nave, lo que le permitirá descargar casi en cualquier parte del mundo.

El cofundador de Google trabaja en el avión más grande del mundo y ya conocemos los detalles 2
La compañía Worldwide Aeros Corp. prevé construir 22 aeronaves de este tipo para 2020.| Foto: Jae C. Hong / AP Photo

Sergey Brin siempre ha sido un apasionado de la aviación. En 2014, se puso en contacto con Alan Weston, un ingeniero aeroespacial que ha dirigido diversos programas de la NASA, para pedirle que investigara la tecnología necesaria para construir el dirigible más grande y más rápido del mundo. “Weston investigó por todo el mundo buscando quién tenía las mejores ideas y la mejor tecnología”, dijo una fuente. “Incluso fue a Alemania y habló con la gente de Zeppelin, pero se dio cuenta de que Igor tenía las mejores ideas”.

Quizás pase un tiempo hasta que podamos saber con certeza todos los secretos del dirigible de Brin, aunque cuando se lleve a cabo la primera prueba, el cofundador de Google podrá hacer poco por ocultar el que será, si todo va bien, la mayor nave del mundo.

¿Le irá mejor que al llamado “culo volador”?

El año pasado, en agosto concretamente, el Airlander 10, la nave más grande del mundo hasta el momento (92 metros de largo), dio un paseo de 20 minutos por el cielo del Reino Unido en su presentación oficial. Pasados unos días, el “culo volador”, llamado así por lo que algunos consideran una oda a las nalgas humanas, se estrelló, aunque lentamente, contra un poste telefónico que provocó destrozos la cabina.

El portavoz de Hybrid Air Vehicles, la empresa que construyó este híbrido (mitad helicóptero, mitad avión) que costó 28 millones de euros, dijo que tuvieron problemas con el aterrizaje y que, por suerte, toda la tripulación salió ilesa.

En teoría, el Airlander 10 tiene capacidad para permanecer en el aire durante cinco días seguidos en vuelos tripulados y fue diseñado para ser utilizado en tareas de vigilancia, entrega de ayuda a lugares de difícil acceso, comunicaciones y también en el transporte de pasajeros.

El cofundador de Google trabaja en el avión más grande del mundo y ya conocemos los detalles
Este dirigible fue probado en pruebas oficiales en agosto de 2016. Foto: Darren Staples / Reuters Archivo

Hace tan solo unos días, esta aeronave pasó su última prueba y estuvo 180 minutos en el aire; todo parece indicar que ha dejado sus problemas atrás. Según anuncian sus fabricantes, el dirigible más grande del mundo (al menos hasta que llegue el de Sergey Brin) se acerca poco a poco a la posibilidad de llevar a cabo vuelos comerciales.

Cómo los millennials árabes cambiaron el Mediterráneo

Rodrigo Isasi Arce

Foto: Nasser Nasser
AP Photo, File

Los jóvenes que nacieron entre 1982 y 2004, los llamados millennials y postmillennials, serán más del 70% de la fuerza laboral del mundo desarrollado en 2025. No todos los grupos de adolescentes y veinteañeros producen movimientos históricos centrados en su identidad juvenil, pero parece que los millennials árabes lo hicieron. Hace seis años una juventud urbana irrumpió en el escenario, empujada por el malestar social y económico y por el descubrimiento de nuevas expectativas vitales, frente a unos regímenes cuyo único interés era perpetuarse en el poder.

En el el marco del Arabismos: Festival de jóvenes creadoresCasa Árabe en Madrid organizó una conferencia en la que participaron Juan Cole, intelectual público, prominente blogger y ensayista, y profesor de Historia en la Universidad de Michigan, y Nessrin el Hachlaf, licenciada en Derecho y Periodismo y miembro del Observatorio de Justicia y del Observatorio Euromediterráneo de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Ambos expusieron su particular punto de vista sobre estas revueltas.

Egipto y Túnez, revueltas con final agridulce

Cole asegura que las revoluciones en estos países fueron impulsadas por jóvenes, con apoyo de la clase trabajadora y que su principal preocupación actual es el terrorismo, pero con una concepción diferente a la de occidente, en la que prima el terror y el miedo. Las siguientes preocupaciones son el empleo, la seguridad y la política. Asimismo, considera que los periodistas han interpretado erróneamente estos movimientos y que el motivo fundamental de los revolucionarios no era conseguir una democracia al estilo occidental. Los jóvenes creían que los gobiernos corruptos estaban acabando con el empleo y las inversiones extranjeras, algo que se sabe por unas filtraciones de WikiLeaks de 2006.

“De hecho, McDonald’s intentó implantarse en Túnez, pero el gobierno de Ben Ali le pidió un soborno a la compañía, por lo que esta se negó y no llegó a entrar en el país africano, aunque quizá esto fue algo bueno para la salud de los tunecinos”, bromea Cole.

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Un manifestante durante las revueltas en Egipto de 2011 | Foto: Muhammed Muheisen/AP Photo File

Según este experto estadounidense estos movimientos no se fundaron con un fin religioso. Los laicos lideraron las revueltas en Egipto, a los que se unieron posteriormente los Hermanos Musulmanes. Las estadísticas indican que solo un 25% de los revolucionarios de Tahrir pertenecían a los Hermanos Musulmanes. A esto se le añade que “en países como Palestina o Túnez un gran porcentaje de los jóvenes no se sienten identificados con los islamistas, los consideran anquilosados, anticuados y que no avanzan”.

Las principales causas que impulsaron las revueltas de 2011-2013 de los millennials árabes fueron la corrupción y las denominadas “monarquías republicanas”, es decir los regímenes autoritarios hereditarios, como el de Bashar Al Assad. “Se puede decir que la llamada Primavera Árabe no fue perfecta, pero los jóvenes consiguieron acabar con las ‘monarquías republicanas’ hereditarias, como las de Gadafi, en Libia, o las de Ben Ali en Túnez”.

Lo que está claro es que los jóvenes no pudieron tener éxito sin apoyos. Los millennials que participaron en estas revueltas eran de clase media, pero con apoyos de los sindicatos y de los trabajadores. Un ejemplo claro es el Movimiento 6 de abril, que surgió a causa de una huelga de trabajadores de la industria textil en Egipto. La muhabarat – policía secreta – no dejó manifestarse a los trabajadores de  Al Mahalla en El Cairo, pero los jóvenes pudieron grabar vídeos de la represión y de esta situación con sus smartphones y compartirlos en internet. Más tarde, cadenas como Al Jazeera los difundieron a más de 20 millones de espectadores.

Cómo los millennials árabes cambiaron el Mediterráneo
Manifestantes pisan un cartel con la efigie de Ben Ali | Foto: Hassene Dridi/AP Photo Dile

Uno de los casos más sonados en Egipto fue el de Khaled Said, un joven egipcio con estudios en Estados Unidos, bloguero en Egipto y perseguido por la policía. Los revolucionarios afirman que le perseguían por recoger en su blog los abusos policiales que se llevaban a cabo en Egipto, mientras que las Fuerzas de Seguridad del entonces presidente Hosni Mubarak, aseguraba que lo hacía porque Said consumía drogas.

El 6 de junio de 2010, Said se encontraba en un cibercafé de Alejandría cuando llegó la policía y le obligó a salir a la calle, lo llevaron a un callejón, y acabaron matándolo a golpes. Cuando su familia tuvo que ir a la morgue a identificar el cadáver, su hermano no dudó ni un momento en sacar una foto, que no tardó en hacerse viral en las redes y generó protestas que derivaron en la revolución egipcia que acabaría derrocando el 11 de febrero de 2011 a Mubarak.

En cuanto a Túnez ,el caso más sonado y que también fue la mecha que prendió fuego a la revolución en el país fue el de Mohamed Bouazizi, un joven vendedor ambulante tunecino que se inmoló -se plantó delante del Ayuntamiento y se quemó vivo– el 17 de diciembre de 2010; esta fue su forma de protestar por la confiscación de su puesto de frutas y la humillación que dijo haber recibido de los oficiales municipales cuando fue a presentar una queja por este hecho. Fue un caso muy mediático y desencadenó en protestas que llevaron a las revueltas en el país y a la huida del dictador Zine El Abidine Ben Ali a Arabia Saudí.

Una de las principales tácticas de las revueltas en ambos países fue usar los flashmob como herramienta política, con quedadas en la Plaza de Tahrir de El Cairo o la avenida Habib Bourguiba de Túnez.

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Una manifestante durante las protestas de 2011 en El Cairo | Foto: Amr Nabil/AP Photo File

En Túnez, según asegura Cole, al principio tan solo un 25% de los jóvenes conocía las quedadas y manifestaciones por redes sociales, el resto lo hacía a través de llamadas, del puerta a puerta o de panfletos. Este uso de las nuevas tecnologías y de las maneras tradicionales hizo que triunfaran las revueltas.

Si bien es cierto que con estas revueltas se consiguieron algunas mejoras, según Cole, los jóvenes fueron un poco ingenuos, tras haber cumplido bien la primera parte de las protestas, pero despreocupándose de la segunda parte, las elecciones políticas, pasando el testigo a generaciones mayores. Incluso algunos jóvenes no tenían la edad necesaria para votar.  Esto derivó en el triunfo en las urnas de los partidos de derechas y los islamistas.

Para combatir estos nuevos gobiernos islamistas (Enahda en Túnez y los Hermanos Musulmanes en Egipto), los jóvenes volvieron a salir a las calles a protestar. El final en Egipto fue una regresión al antiguo régimen y un Gobierno militarizado y represor, sin haber avanzado en derechos. En Túnez, “el final fue más feliz”, con la reforma de la Constitución.

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Carros de combate en las inmediaciones de la Plaza Tahrir de El Cairo | Foto: Rodrigo Isasi

15M, la “primavera española”

“Crecimos con la caída del muro de Berlín, con la muerte de Kurt Cobain, con las olimpiadas de 1992. Nuestros padres no nos dejaron usar el móvil hasta que teníamos 16 años, pero somos adictos a él, a las redes sociales. No somos una generación dormida, como dicen de nosotros”. Así se expresa Nessrin el Hachlaf sobre los millennials españoles, y no duda en hacer una comparación de estos movimientos revolucionarios árabes con los que ocurrieron en España.

“En España nacimos en una sociedad distinta a la de nuestros padres, más estable, pero de repente chocamos con la crisis económica”. El Hachlaf también asegura que la diferencia con la generación anterior es que ellos trabajaban para sobrevivir, pero que los millennials trabajan para “vivir bien”.

El 53% de los millennials españoles, según datos de la conferenciante, tiene formación universitaria, y muchos de ellos se han visto obligados a emigrar al extranjero para “acabar trabajando en los empleos que hacían los inmigrantes en España durante la década de los 90”.

“Es una generación narcisista que quiere vivir por encima de sus posibilidades”

Según Nessrin, los millennials españoles crecieron con el 15M pero “defraudados por la democracia y la política, algo que tampoco han conseguido arreglar nuevos partidos  como Podemos o Ciudadanos”. Ante esto, los jóvenes españoles no sienten pereza por la política, pero sí por “sus políticos y por la corrupción”.

Antes se decía que no había esperanza en la política pero sí en la Justicia, en la actualidad, esto ha cambiado. “Como jurista estoy perdiendo la fe en la Fiscalía”, dice Nessrin. “Los fiscales ya no están libres de pecado”, añade.

Es verdad que las redes sociales han permitido cambiar las cosas, realizar mayores llamamientos colectivos de protestas pero, “detrás de una pantalla no se puede luchar contra la brecha salarial, la guerra en Siria, la violencia de género…”. Para Nessrin tanto el 15M como la Primavera Árabe han sido “oportunidades fallidas” y, en el caso de los países árabes, “han acabado dando mayor visibilidad a los islamistas”. “Por muchos tweets que realicemos y acampadas en Tahrir o en Sol que hagamos, no vamos a conseguir nada. Las revueltas han sido un fracaso”.

España es también un país que no cumple con las cuotas de refugiados. “Ojalá (la alcaldesa de Madrid) Carmena quitara la pancarta de ‘Refugees Welcome‘ y la pusiera cuando se cumplan las cuotas y no se niegue el asilo a miles de refugiados y no se les deje morir en las fronteras”, asegura Nessrin.

El árabe del futuro no pinta bien

Cristian Campos

Ando leyendo El árabe del futuro de Riad Sattouf, la novela gráfica que ganó en 2015 el premio a la mejor obra del año en el festival de Angulema (el equivalente del festival de Cannes en el terreno del cómic). El libro narra la infancia del autor, hijo de sirio y francesa, a caballo de Francia, la Libia de Gadafi y la Siria de Hafez el-Asad entre 1978 y 1984.
Si no lo había leído hasta ahora era porque me tiraba para atrás su etiqueta de autobiográfico, que suele ser la excusa para que individuos con vidas anodinas y perfectamente intrascendentes se masturben frente al espejo hablando de ellos, de su mismidad y de su siempre desganada, victimista, resentida, rutinaria, derrotista y apática visión de la vida. La era del ego está matando la diversión y también nuestra capacidad de proyectarnos hacia objetivos ligeramente más elevados que nuestro siempre deslumbrante ombligo. Aunque ese es otro tema y ya han hablado de él aquí.
Pero el retrato que Sattouf hace de su padre y del mundo árabe no es precisamente anodino. De hecho, es fácil adivinar que la única razón por la que el libro no ha sido añadido a esa lista oficiosa de “libros incorrectos” a la que ya han sido condenados Tintín en el Congo, Lolita o Las aventuras de Huckleberry Finn es porque el autor tiene sangre sunita y eso le salva de la acusación de islamofobia.
Porque el Oriente Medio que describe el autor se parece más a un retablo deforme del Bosco que a la visión idealizada que se suele enseñar en las facultades españolas de Estudios Árabes. En la Libia socialista de Gadafi las casas, destartaladas y con goteras, son gratis porque pertenecen al “pueblo” pero las puertas no tienen cerradura y si sales a dar un paseo y a la vuelta te la encuentras ocupada por unos extraños lo único que puedes hacer es buscarte otra vacía o esperar a que los ocupantes de una que no lo esté salgan un minuto para instalarte tú en la suya. Los libios son conminados a leer el Libro Verde de Gadafi, un delirio analfabeto con el que los ciudadanos aprenden que “según los ginecólogos, las mujeres, a diferencia de los hombres, tienen la regla todos los meses”. En los mercados de Siria la fruta se vende podrida y de mala gana, las ratas y la basura campan a sus anchas y las revistas francesas llegan censuradas burdamente con rotulador (un trabajo de chinos pues debe hacerse a mano y ejemplar a ejemplar).
Los musulmanes, tanto sunitas como chiitas, son retratados por Sattouf como seres al borde de la deficiencia mental o de la demencia y de comportamientos simiescos. Son atrozmente violentos, intolerantes, rústicos por no decir asilvestrados, profundamente ignorantes y mentirosos. Huelen a sudor, a mierda y a orín, defecan en la calle y son crueles hasta la barbarie con los animales (alguna página del libro resulta insoportable, como cuando un sirio decapita con una pala a un cachorro de perro que se ha separado de su madre después de que un grupo de niños lo haya empalado en una horca, apedreado, chutado como si fuera una pelota y lanzado al aire para ver cómo se estampaba contra el suelo). Las traiciones entre familiares están a la orden del día y su conocimiento del mundo exterior a sus sociedades endogámicas y oscurantistas es simplemente nulo.
El padre del autor, un “intelectual” inicialmente ateo pero progresivamente más y más beato, toma todas las decisiones de la familia y es racista, autoritario, antisemita y simpatizante del totalitarismo socialista panarabista a pesar de haber sido educado en Francia. Dibuja las ruedas de los coches cuadradas y monta en cólera cuando su hijo las dibuja redondas. Cuando la abuela del autor le visita se acurruca en su regazo y se chupa el dedo como si fuera un bebé. La madre de Sattouf es un elemento decorativo sin voluntad propia que sigue a su marido allí donde a este se le antoja (él suele mentirle a ella sobre sus verdaderas intenciones). Los insultos entre niños, probablemente los seres más repulsivos de un libro abarrotado de seres repulsivos, suelen ser variantes más o menos afortunadas del “me follo al padre de la madre de la puta de la madre de tu padre”.
Desconozco si el mundo árabe a pie de calle es tal y como lo retrata Sattouf y no sé hasta qué punto la visión del autor es representativa de la realidad actual de Oriente Medio. Lo que sí sé es que he leído muchas de las críticas y de las entrevistas que se le han hecho a Sattouf en España y en ninguna se menciona nada de lo que yo he descrito aquí. Es decir el verdadero contenido del libro.
Recomiendo que se hagan con una copia y le dediquen una lectura reposada. Nadie que lo lea puede salir indiferente de este aquelarre con forma de libro.

Viajar sin cámara es posible… si sabes dibujar. Cuatro artistas españoles te lo demuestran

Álvaro R. de la Rubia

Foto: Aleix Gordo
Aleix Gordo

Fotografiamos nuestras experiencias, elegimos el motivo, el encuadre, la luz y nos llevamos un trocito de los lugares por los que pasamos. Es la forma que la mayoría tenemos de conservar el recuerdo de nuestras vivencias, pero no es la única. Algunos artistas en lugar de tomar fotografías (o además) durante sus viajes, aventuras o paseos hacen dibujos para conservarlos filtrándose a través una de las cosas más personales que se puede poseer: un estilo propio. No hacen fotos para descubrir en casa aquello que se perdieron durante su viaje sino que analizan los detalles de lo que les rodea para plasmarlos allí mismo sobre el papel. Desde urban sketchers a observadores de nubes, el dibujo puede ser una forma única de recordar y probablemente una manera más fiel de mostrar lo que se ha vivido. Estos artistas españoles lo demuestran.

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Ilustraciones de Aleix Gordo en Hong Kong

Aleix Gordo

Aleix Gordo, ilustrador, diseñador y muralista de Barcelona, conserva tras algunos de sus viajes libretas en las que, a modo de diario gráfico personal, se entremezclan personas con las que se cruzó, escenarios a medio camino entre la realidad y su imaginación y acontecimientos que es difícil determinar si sucedieron de aquella forma o no más allá de sus páginas. “En Japón empecé a hacer una cosa diferente”, cuenta Aleix. “Dibujaba a la gente que veía por las calles, los interpretaba a mi manera e incluía bocadillos sin texto. Luego a mis amigos japoneses les pedía que rellenasen esos bocadillos. Es un ejercicio muy divertido y es muy curioso ver sus reacciones. Yo los dibujaba y ellos les daban vida con sus textos”.

Desde 2001 llena libretas en las que refleja sus vivencias tanto exteriores como interiores (siempre el mismo modelo, de la misma marca con el mismo papel) aprovechando los trayectos y momentos de soledad durante sus viajes para dibujar: aviones, trenes, madrugadas de hotel…  “En Hong Kong es difícil encontrar un sitio tranquilo donde pararse, así que aprovechaba en el metro, se veían personajes muy curiosos que era un placer dibujar. En Tokio, sin embargo, tuve la suerte de vivir en una casa antigua en un barrio tranquilo y dedicaba las mañanas a dibujar”.

Viajar sin cámara es posible… si sabes dibujar. Cuatro artistas españoles te lo demuestran 3
Detalles de un paisaje de Pau Rodríguez

Pau Rodríguez

El caso de Pau es diferente. El dibujante mallorquín, autor de las aventuras de la saga de Atlas y Axis, es un gran aficionado a la montaña y aprovecha sus salidas para encontrar los paisajes en los que se desarrollarán sus cómics. Sus dibujos son apuntes al natural que sirven más tarde como base para elaborar la ambientación de sus viñetas.  “A veces yendo de excursión me topo con composiciones, ambientes o colores que me gustaría reproducir en alguna viñeta. Si llevo la cámara no me fijo tanto: saco la foto para verla más tarde y después en casa ya no es lo mismo” explica Pau.

Cuando el dibujante mallorquín quiere retener algunos de los detalles de un paisaje toma notas a papel y boli pero, en otras ocasiones, cuando quiere recoger un efecto que ha visto cuenta con material extra para plasmarlo.

“Aquí, por ejemplo, quería hacer una primera página para La Saga de Atlas & Axis y me fui a un rincón desde donde pudiera ver ponerse el sol sobre alguna peña. Me llevé la libreta y una caja de lápices de colores. No se trata de hacer un dibujo bonito, sino informativo, al que añado notas para reforzar lo que no soy capaz de plasmar con los lápices. Después, en casa, entre lo que recuerdo y lo que apunto, hago el dibujo final”.

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Sketch de Paco Lobón

Paco Lobón

Este artista gaditano no sale de viaje sin su libreta en la que, como cuaderno de bitácora, vuelca sus vivencias, ya sea en forma de tiques de tren, anotaciones del momento o ideas para nuevos proyectos.

Cuando viajo intento encontrar un momento en el que me vengan las ganas de dibujar, no intento forzar esas sensaciones. A veces es ese momento en el que te vuelves observador, algo más contemplativo que de costumbre. Dibujar un lugar requiere una implicación con el entorno. Analizas las formas, las siluetas, la luz, la sombra… vas reconociendo el espacio. En Chiclana, de donde yo soy, siempre me siento en el mismo punto del paseo marítimo a dibujar cada vez que vuelvo de visita”.

Paco Lobón encuentra motivos interesantes que dibujar en casi todo lo que se le pone por delante. Pero, si no los encuentra, solo tiene que observar un poco más arriba, ya que entre los dibujos de este artista también pueden verse representadas infinidad de nubes cuyas formas inspiran a Paco Lobón algunos de sus personajes: “Además de los sketch de paisajes que colecciono en mi libreta, me gusta dibujar las siluetas de las nubes  de los sitios que visito. Tengo nubes de Cádiz, Granada, Sevilla, Madrid, Bilbao… Siempre me he sentido atraído por las formas de las nubes, ellas sí que son unas auténticas viajeras”.

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Ilustración de Jonatan Alcina

Jonatan Alcina

Jonatan Alcina es un “urban sketcher” que encuentra en el dibujo uno de los mayores alicientes para viajar. En su colección de lugares retratados podemos encontrar desde la elegancia de las ciudades de la vieja Europa hasta la luz de varias localidades andaluzas. Friburgo, Praga, Venecia y, por supuesto, su Cádiz natal son solo algunos de los escenarios que aparecen en sus cuadernos de dibujo.

Aunque pueda parecer una actividad solitaria, Jonatan cuenta que no siempre es así: “Al dibujar en la calle te encuentras con todo tipo de personas que se acercan para interactuar contigo independientemente de que les interese el dibujo o no. Me he encontrado con una persona que se puso a hacerme trucos de magia cuando estaba sentado haciendo un dibujo, una vez me hicieron una entrevista para un reportaje sobre cultura andaluza para la televisión turca mientras dibujaba por las calles de Ronda, hay gente que me ha traído zumos y refrescos, pero sobre todo se conoce a muchas personas interesantes de todo tipo y de las que se aprenden muchas cosas”.

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