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Billions. No otra serie americana, es la serie americana

Ana Laya

En un tiempo en el que en la auto-proclamada tierra de la libertad, un país forjado de valientes e inmigrantes, la ilusión del sueño americano parece entrar en conflicto con su desmedida pasión por el progreso y el éxito, Billions, la aclamada serie de Showtime emitida por Movistar + Series en España, aparece en nuestras pantallas para recordarnos que desde hace tiempo el heroísmo americano no se mide en escala de grises, sino de verdes.

El momento, no podría ser mejor, hoy más que nunca el sistema de valores de Estados Unidos ha dejado ver sus grietas, sus contradicciones, su fragilidad y América está bajo celoso escrutinio del mundo entero, que vigila atento cada paso, cada declaración, cada nombramiento, cada protesta, cada tweet. El escenario también es idóneo, obviamente Billions está ambientada en Nueva York, el cerebro financiero de Estados Unidos… y también su corazón herido y su hígado enfermo. El hilo conductor, la lucha de poder de dos antihéroes ambiciosos, imposibles de amar, pero más imposibles de odiar, porque de alguna manera logran despertar admiración culposa: Chuck Rhoades (Paul Giamatti), el fiscal del distrito sur de Nueva York, y el magnate, genio desalmado -pero genio al fin- de los fondos de inversión privados de Wall Street, Bob Axelrod (Damian Lewis).

Paul Giamatti como Chuck Rhoades y Damian Lewis como Bobby "Axe" Axelrod
Paul Giamatti como Chuck Rhoades y Damian Lewis como Bobby “Axe” Axelrod

Con una producción y guiones impecables, Andre Ross Sorkin, Brian Koppelman y David Levien, creadores de la serie, logran atraparnos desde el minuto uno, porque más allá de si entendemos o no la bolsa o el sistema de justicia de Estados Unidos, Billions logra que nos identifiquemos con sentimientos más profundos que son inherentes al hombre, independientemente de que sean millonarios narcisistas o no, como la ambición, el deseo de poder y la capacidad de cada quien de malear el concepto de justicia a placer.

Maggie Siff, la tercera arista del triángulo.
Maggie Siff, como Wendy Rhoades, la tercera arista del triángulo.

Al duelo de Rhoades y Axelrod se suma una arista que da lugar a un triángulo bastante peculiar: Wendy Rhoades, esposa de uno, psiquiatra del otro. Un poderoso personaje femenino que nivela un poco el nivel de testosterona del drama y de la oficina de Axe Capital. El papel de Wendy está interpretado por Maggie Siff, conocida por su rol de Rachel Menken en Mad Men, y de la doctora Tara Knowles en Sons of Anarchy.

Paul Giamatti y Damian Lewis, por su parte, prácticamente no necesitan presentación. El primero se dio a conocer con interpretaciones sobresalientes en numerosas películas como El Show de Truman o El Negociador y pasó a la línea de protagonista con su papel de Harvey Pekar en American Splendor y luego, al interpretar a Joe Gould en Cinderella Man, fue nominado a Mejor Actor en los Globos de Oro. Lewis por su parte es el inolvidable marine en desgracia Nicholas Brody de Homeland, papel por el que logró un Globo de Oro y un Emmy a Mejor Actor.

Los Axelrod, Malin Akerman y Damian Lewis y los Rhoades, Maggie Siff y Paul Giamatti | Foto: SHOWTIME.
Los Axelrod, Malin Akerman y Damian Lewis y los Rhoades, Maggie Siff y Paul Giamatti | Foto: SHOWTIME.

Podemos seguir hablando de premios y reconocimientos, pero es justo ahora cuando Wendy Rhoades nos recordaría que a veces la opinión pública es irrelevante, que hay aprender a ignorar a esas voces externas porque lo único que importa es lo que nos susurra esa voz alfa que todos tenemos dentro, sobre todo los ególatras confundidos de Wall Street, esa voz que sienten vibrando en su pecho cada vez que compran una acción y venden en alza, esa voz que quema cuando las ganancias del año ascienden las 7 cifras, esa voz que va hacer a América grande de nuevo y que va a hacer de Billions tu serie favorita de la temporada.

Las puertas que cruzaremos en la tercera temporada de 'El Ministerio del Tiempo'

Cecilia de la Serna

Foto: RTVE

Serie de aventuras, ciencia ficción, histórica… El Ministerio del Tiempo es muchas cosas pero, sobre todo, es ya todo un referente de la cultura popular en España. La producción de RTVE se convirtió, en su primera temporada, en una serie de culto, y en su segunda entrega afianzó el fervor de los ‘ministéricos‘ para, finalmente, empujar al ente público a renovarla para una tercera temporada. Esta nueva remesa está a punto de llegar a nuestros televisores, y también a nuestros ordenadores, móviles y tabletas. Porque si por algo ha destacado El Ministerio del Tiempo es por haberse convertido en la primera serie española con un amplio seguimiento en diferido y por streaming.

Todo está listo para el estreno de la nueva temporada de El Ministerio del Tiempo. | Foto: RTVE
Todo está listo para el estreno de la nueva temporada de El Ministerio del Tiempo. | Foto: RTVE

El estreno de esta tercera temporada llega con tanta polémica como su renovación. RTVE lleva semanas anunciando la vuelta de El Ministerio del Tiempo, e incluso celebró el pasado 5 de mayo una gran premiere del primer episodio de la temporada en el Liceu de Barcelona. No obstante, se resistió a confirmar una fecha de estreno. Hoy, por fin, lo ha hecho: la tercera entrega de El Ministerio del Tiempo se estrenará en pantalla el jueves 1 de junio. Hasta el propio Javier Olivares, creador de la serie, ha hecho bromas con esta circunstancia.

Para quien no la conozca -algo difícil dada su popularidad, que ha trascendido incluso las fronteras españolas-, esta serie se centra en una institución ficticia y secreta, un Ministerio -como los de Sanidad, Defensa o Interior- que tiene como meta preservar la Historia de España. Para ello, cuenta con diferentes agentes que se visten de distintas épocas y cumplen sus misiones atravesando unas puertas del tiempo. Se enfrentan a numerosos enemigos, algunos del pasado y otros del presente. Este es, grosso modo, el argumento que ha enamorado a millones de espectadores. Aunque hay mucho más, no es cuestión de desvelar las tramas a aquellos que aún no se han aventurado en su visionado.

La tercera temporada llegará con tantas o más aventuras, con tantos o más personajes históricos, con tantas o más emociones que en pasadas entregas. Destaca la incorporación de la actriz Macarena García al reparto, que interpretará a una luchadora de la resistencia durante la Segunda Guerra Mundial, y la del actor Pedro Casablanc, que tendrá el honor -y la enorme responsabilidad- de interpretar a Francisco de Goya.

Las puertas que cruzaremos en la tercera temporada de 'El Ministerio del Tiempo' 1

Las puertas que cruzaremos en la tercera temporada de 'El Ministerio del Tiempo' 2
Macarena García y Pedro Casablanc son algunas de las nuevas incorporaciones de El Ministerio del Tiempo. | Fotos: RTVE

El rodaje de esta tercera entrega ha sido más caro, pero también más viajado, por la aportación de Netflix, que ha comprado sus derechos para ofrecer la serie en streaming a 190 países de todo el mundo una vez termine su emisión en TVE. Esta temporada contará con 13 capítulos en los que los protagonistas volverán a emprender multitud de viajes a través de la historia. Aura Garrido, Nacho Fresneda y Hugo Silva continuarán siendo los actores principales, con la ausencia en esta entrega de Rodolfo Sancho.

De lo poco que han adelantado desde la productora, en sus viajes en el tiempo, la tercera entrega incluirá nuevos personajes y hechos históricos, entre los que destacan los Borgia, Pedro I el Cruel y Enrique de Trastamara, la Inquisición y las Brujas de Zugarramurdi, la gestación del desembarco de Normandía, y la vida de Simón Bolívar en Madrid, entre otros.

La trama del primer episodio, que se emitirá el próximo jueves por La 1, se centra en el director Alfred Hitchcock que, según adelanta la sinopsis oficial, “se verá envuelto en una intriga mucho más grande que la de todas sus películas juntas durante el Festival de San Sebastián de 1958. Pacino, que todavía trabaja para el Ministerio de 1982, pedirá ayuda en secreto a Amelia y Alonso para evitar que el director inglés sea secuestrado durante el estreno mundial de su obra maestra Vértigo. Algo que a priori no atañe a la historia de España, acabaría siendo un desastre económico y social ante la próxima llegada a España de Eisenhower, presidente de los EEUU”. Esta y otras puertas serán las que abriremos con la nueva remesa de aventuras de este ya clásico de la cultura popular y televisiva en España.

#LyricMoney, 825 euros para reflexionar sobre el valor del dinero

Lidia Ramírez

Foto: Alejandro Fernández Mejías

“Money, get away

Get a good job with good pay and you’re okay

Money, it’s a gas 

Grab that cash with both hands and make a stash…”

Sonaba ‘Money‘, de Pink Floyd, cuando a Alejandro Fernández Mejías, publicista grancanario de 27 años, se le ocurrió escribir la letra de esta canción en tantos billetes como pudiera con el objetivo de hacer reflexionar a la gente sobre el valor real del dinero, ya que para Mejías éste es “un medio y no un fin”. “#LyricMoney es una crítica interna a nuestra forma de replantearnos el uso de nuestra economía monetaria. No se trata de tener cada vez más, sino de usarlo para vivir”, reflexiona, reivindicando, de esta forma, la naturaleza nómada del dinero. 

Sin duda, nuestro día a día está condicionado por la economía. Actuamos, nos relacionamos y decidimos en base a ésta. Y eso es en lo que estaba pensando Mejías mientras viajaba en el metro de Madrid: “Era 2012, estaba recién llegado a la capital, cobraba una miseria como becario en una agencia de publicidad y no paraba de preguntarme qué hacía allí, apretado entre tanta gente en una ciudad que no me gustaba lo más mínimo”, nos cuenta. Fue entonces cuando se le ocurrió crear el primer lyric vídeo escrito en dinero en curso legal usando la letra de la banda de rock británica que, según el publicista, es “la mejor descripción que he escuchado nunca sobre la relación entre el ser humano y su invento más peligroso”.

Sin embargo, no fue hasta 2016 cuando pudo llevar a cabo su proyecto. Para ello usó 825 euros en 55 billetes: 31 de 20 euros, 17 de 10 y 7 de 5, que fue poniendo en circulación sellados con el hashtag #lyricmoney para que cualquier persona que se topara con uno de ellos pudiera acceder a todas las piezas del proyecto introduciendo la etiqueta en un buscador online.

¿Por qué billetes de 20, 10 y 5 euros? 

“La elección de estos billetes no ha sido casual”, apunta el publicista, que ahora ha decidido darle un giro a su vida profesional y está estudiando Gestión Musical. Como su intención es que su proyecto llegue al mayor número de personas para invitar a la reflexión, apunta que ha utilizado los billetes de 20, 10 y 5 euros porque son los que más circulan. En este sentido, si en un principio comenzó a gastarlos en grandes superficies, posteriormente decidió emplearlos en comercios más pequeños. “Una vez, haciendo cola en el Banco de España, vi que muchos empresarios llevaban billetes desgastados y escritos para cambiarlos. Ahí me di cuenta que si seguía gastándolos en grandes almacenes la cadena se rompería”.

Ahora, con todos los billetes ya en circulación, el último lo entregó el pasado 15 de febrero a unos artistas callejeros, el creativo anima a todas aquellas personas que se topen con uno de ellos a hacerle una foto y subir la imagen a las redes sociales con la etiqueta #LyricMoney para poder seguir reflexionando al ritmo de Pink Floyd.

#LyricMoney, 825 euros para reflexionar sobre el valor del dinero
Gif con todos los billetes empleados para el proyecto #LyricMoney. | Gif: Alejandro Fernández Mejías

7 imprescindibles que ganaron la Palma de Oro en Cannes

Redacción TO

Foto: CHRISTIAN HARTMANN
Reuters

La industria del cine renueva su cita anual con Cannes, la ciudad de la Riviera Francesa que se viste de gala para recibir en la Croisette a lo más granado del cine internacional. Esta no es una edición cualquiera: el Festival de Cannes sopla 70 velas, con la presidencia del jurado de un español, Pedro Almodóvar. En las 69 ediciones celebradas del Festival de Cine más prestigioso del planeta las polémicas se han sucedido irremediablemente, disimulando a veces la trascendencia de las cintas presentadas. No obstante, en Cannes lo que destaca es el buen cine.

Para celebrar las 70 ediciones del Festival de Cannes presentamos 7 películas imprescindibles que ganaron la Palma de Oro, la mayor distinción del certamen, y que ayudan a dibujar cronológicamente las 7 décadas del Festival.

1. Roma, ciudad abierta (Roma, città aperta) – Roberto Rossellini

Aunque la primera edición del Festival de Cannes tuvo lugar en 1939, hubo que esperar hasta 1946, una vez concluida la Segunda Guerra Mundial, para que el proyecto del Festival internacional de cine, iniciado por Philippe Erlanger, se concretara finalmente en una primera edición que se inauguró el 20 de septiembre de aquel año, en el que muchas cintas fueron premiadas. De todas las películas que recibieron la Palma de Oro en la primera edición de facto del festival, destaca Roma, ciudad abierta, de Roberto Rossellini.

La cinta de Rossellini, que se hizo con la Palma de Oro en 1946 – que hasta 1955 se denominó Grand Prix du Festival-, es considerada la obra maestra del neorrealismo italiano. El argumento de la película, basado íntegramente en sucesos reales, se centra en la capital italiana de 1943 y 1944 y narra diferentes historias de la Resistencia anti fascista. A pesar de ser una gran obra del séptimo arte, la película fue controvertida políticamente, por lo que sucumbió a la censura. En Estados Unidos se redujo su duración en un cuarto de hora. En Argentina fue retirada de exhibición por una orden anónima del gobierno en 1947. En la Alemania Occidental fue prohibida desde 1951 hasta 1960.

2. Viridiana – Luis Buñuel

La década de los 60 fue muy prolífera en lo que a grandes clásicos del cine se refiere. Durante esa época, Cannes premió con su mayor distinción cintas célebres como La dolce vita, de Fellini, El gatopardo, de Visconti o Los paraguas de Cherburgo, de Demy. De entre tan importantes películas hemos escogido Viridiana, el primer film español -y hasta ahora el único- ganador de una Palma de Oro. La película de Luis Buñuel también llegó acompañada de una importante polémica. El reconocimiento por parte del jurado de Cannes provocó que el periódico vaticano L’Osservatore Romano criticara con dureza la “impiedad y la blasfemia” de la obra de Buñuel. El director español de Cinematografía, que había recogido el premio, fue destituido y la cinta fue prohibida en España e Italia.


La película de Buñuel, premiada en 1961, relata la historia de Don Jaime, un viejo hidalgo español, que vive retirado y solitario en su hacienda desde la muerte de su esposa, ocurrida el mismo día de la boda. Un día recibe la visita de su sobrina Viridiana, novicia en un convento, que tiene un gran parecido con su mujer. El resto del argumento es necesario descubrirlo de la mano del irreverente y único punto de vista de Luis Buñuel.

3. Apocalypse Now – Francis Ford Coppola

Apocalypse Now, de Francis Ford Coppola, recibió la Palma de Oro en 1979, compartiendo premio con El tambor de hojalata, del alemán Volker Schlöndorff. No obstante, es Apocalypse Now la que ha quedado impregnada en la memoria colectiva, y hoy en día es estudiada y considerada como una de las grandes obras maestras del cine moderno.

La cinta de Francis Ford Coppola cuenta la historia de Willard, integrante del ejército estadounidense enviado a Vietnam para encontrar al Coronel Kurtz y asesinarlo. Kurtz, por su parte, es un ex boina verde que dispone de su propio ejército y se deja adorar por los nativos. Esta película bélica se convirtió en un hito en la historia del cine, dejando como legado la escena del bombardeo acompañada por la Cabalgata de las Valquirias de Wagner. Su trascendencia va incluso más allá de los galardones puramente cinematográficos. En el año 2000, la película fue considerada “cultural, histórica y estéticamente significativa” por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos y seleccionada para su preservación en el National Film Registry.

4. Paris, Texas – Wim Wenders

Los años 80 también fueron muy prolíficos en Cannes. All That Jazz, de Bob Fosse, o Sex, Lies, and Videotape, de Steven Soderbergh, fueron algunas de las películas encumbradas por el jurado del festival. Paris, Texas, de Wim Wenders y con guión de Sam Shepard, ganó la Palma de Oro en 1984.

Esta road movie constituyó todo un fenómeno en su época. La historia de esta cinta franco alemana tiene lugar cerca de la frontera mexicana en Texas, Estados Unidos. Allí, un hombre que padece de amnesia aparece en el desierto. Después de caminar varios días se desploma. En el centro de salud donde es ingresado se averigua su nombre, Travis, y que ha estado perdido durante cuatro años. Hasta allí se desplaza su hermano, que había denunciado su desaparición años atrás y lo lleva a su hogar en Los Ángeles. La cinta de Wenders fue estrenada en el propio Festival de Cannes, donde además de llevarse la Palma de Oro, fue galardonada con el Premio del Jurado Ecuménico y el Premio FIPRESCI de la crítica.

5. Pulp Fiction – Quentin Tarantino

De entre todas las películas premiadas en Cannes en los años 90 destaca, sin duda alguna, Pulp Fiction, de Quentin Tarantino. Es la cinta de culto de la década, y una de las mejores de todos los tiempos.

El argumento se centra en Jules y Vincent, dos asesinos a sueldo con no demasiadas luces, que trabajan para el gángster Marsellus Wallace. Vincent le confiesa a Jules que Marsellus le ha pedido que cuide de Mia, su atractiva mujer. Jules le recomienda prudencia porque es muy peligroso sobrepasarse con la novia del jefe. Cuando llega la hora de trabajar, ambos deben ponerse “manos a la obra”. Su misión: recuperar un misterioso maletín. Hoy vemos la película de Tarantino con gran admiración, sin embargo en 1994 -cuando se alzó con la Palma de Oro- no era la favorita, y de hecho el galardón supuso una sorpresa. Pulp Fiction cuenta con brillantes diálogos y una combinación irónica de violencia y humor nunca antes vista.

6. El pianista (The Pianist) – Roman Ponlanski

El siglo XXI supuso el regreso a la cumbre de Cannes de una cinta histórica: El Pianista, de Roman Polanski, que se llevó la Palma de Oro en 2002.

La película narra la historia de Szpilman, un músico judío que se dedicaba a tocar su música en un programa de radio en Varsovia y disfrutaba de una etapa dorada en su carrera cuando estalla la Segunda Guerra Mundial y las tropas nazis invaden Polonia. Su familia es llevada a un campo de concentración y él tendrá que aprender a sobrevivir al Holocausto.

7. La vida de Adèle (La vie d’Adèle) – Abdellatif Kechiche

La película que cierra nuestra lista fue premiada en 2013, y su argumento y trascedencia mediática habrían sido impensables cuando nació el festival. Ese año, Cannes otorgó la Palma de Oro a La vida de Adèle, de Abdellatif Kechiche. El galardón supuso un auténtico empujón cualitativo y mediático para el cine de temática LGTB. En una decisión sin precedentes, el jurado decidió premiar no sólo al director sino también a las dos actrices principales, Léa Seydoux y Adèle Exarchopoulos.

Este film intimista e inspirado en el cómic galo El azul es un color cálido narra la historia de Adèle, una adolescente que descubre su sexualidad de la mano de Emma, una mujer lesbiana y adulta. La polémica también rodeó a esta cinta, que cuenta con una tórrida escena de sexo de diez minutos de duración que sorprendió al jurado del Festival. Esa misma escena fue objeto de la controversia ya que las actrices se quejaron del trato que recibieron por parte del realizador franco tunecino que, según las protagonistas, las obligó a repetir las tomas de las escena hasta en 100 ocasiones.

5 razones por las que ver "Queridos blancos"

Nerea Dolara

Foto: Netflix
Netflix

Puede que en España la directa pero a veces sutil discusión en que se sumerge Queridos blancos de Netflix no sea algo que suene familiar o incluso digno de tomar en cuenta. El racismo, y específicamente el racismo en Estados Unidos, tiene orígenes diversos y arraigados y, en muchas ocasiones, no es ni siquiera reconocido como un problema. Pero en Queridos blancos no sólo el problema existe sino que se discute, con humor y con seriedad, desde todos los puntos de vista y sin dejar nada en claro, salvo, obviamente, que el racismo es un horror. Queridos blancos no se distrae, no se arrepiente, no va diciendo, como Crash, la película ganadora de un Óscar, que discute en profundidad el racismo cuando no lo hace.

Esta serie, basada en la película del mismo nombre que triunfó en Sundance en 2014, es compleja y abierta, no resuelve nada porque resolverlo sería simplificar algo que sus personajes y su universo saben muy bien que es todo menos simple. La premisa es simple: en una universidad de la Ivy League -las mejores del país- los estudiantes negros deben lidiar con el racismo tanto abierto como tácito de la institución y sus compañeros blancos. Hablando así parece que Queridos blancos es una historia aleccionadora y hay mucho espectador que le huirá a eso. Pero no. La serie tiene un agradable e irónico sentido el humor -es una comedia ante todo- que la convierte en un gran experimento de sátira moderna. ¿Necesitan más razones para verla?

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Imagen promocional de “Queridos Blancos” | Imagen vía Netflix

Razón 1: Los personajes

Queridos blancos tiene varios personajes principales, que normalmente son el centro de uno o más episodios: Sam (Logan Browning), la chica negra activista que tiene un novio blanco; Reggie (Marque Richardson), el chico negro activista que la ama y no es correspondido; Troy (Brandon Bell), el chico negro “adaptado” que cumple con lo que se le pide; Coco (Antoinette Robertson), la chica negra brillante pero insegura que ha vivido tanto desprecio que sobrevive “blanquificándose”; Lionel (DeRon Horton), el chico negro recién salido el armario que trabaja para el periódico de la universidad y Gabe (John Patrick Amedori), el chico blanco concientizado que está enamorado de Sam. Hay más personajes memorables, Joelle (Ashley Blaine Featherson) es uno de ellos, pero los episodios se centran en estos chicos y sus vidas en el campus, tanto las políticas como las personales. Y es que ninguno de ellos es un estereotipo o es dicotómico, todos son tridimensionales y contradictorios y ninguno, como es de esperar de cualquier veinteañero, sabe muy bien quién es o qué quiere. Esto da pie, buen pie no como en otros casos -sí, 13 razones es contigo-, para muchas más temporadas en que ver no sólo la trama externa a ellos desarrollarse sino verles a ellos mismos crecer y conocerse, formarse como personas que es al final lo que pasa en los años universitarios.

Razón 2: La estructura

Queridos blancos funciona como un libro, una buena novela satírica. Cada episodio es un capítulo y tiende a cambiar de perspectiva a personajes diferentes. No es sólo esto. Hay un narrador, muy parecido al excelente narrador de Jane The Virgin incluso en el tono del humor, y puede que no haya monólogos internos, pero hay saltos a pensamientos e imaginaciones de los personajes (que en caso de Gabe que es estudiante de cine, por ejemplo, son todas parodias de clásicos cinematográficos). Y tiene otro elemento recurrente que podría considerarse literario. Al final del episodio, casi siempre en momentos muy íntimos, los personajes miran a la cámara, como si el espectador estuviese inmiscuyéndose, pero también como si fuese su cómplice.

Es una estructura inteligente y proclive al humor, además de ser capaz de volver a repasar eventos desde diversas perspectivas.

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Fotogramas de “Queridos Blancos” | Imagen vía Netflix

Razón 3: Su sentido del humor

La sátira bien hecha no se consigue en todas partes. Tampoco una serie que haga reír con humor inteligente. Queridos blancos tiene un pozo de personajes de los que elegir para soltar frases ingeniosas y geniales. Y no pasa como en la mayoría de las series hoy en día, en que la genialidad de los personajes cuando hablan no tiene ninguna justificación y los hace sentir ajenos al mundo. En Queridos blancos todos los personajes fueron admitidos en una de las mejores universidades del país, por lo que no es difícil imaginar que tienen cultura y referencias. Eso no quita que también tengan citen cultura pop. El humor es inteligente y siempre está presente.

Razón 4: La parodia de Scandal

Hay un evento frívolo que es el centro de la vida de los estudiantes negros en esta universidad, como dice en un momento Lionel: las noches de Defamation. En esas noches los estudiantes se sientan frente al televisor y ven el nuevo episodio de la parodia de la serie Scandal. Y es que Defamation es algo que merece la pena ver. Exagerada, absurda, melodramática es la versión elevada a la 10 de lo que es la ya exagerada, absurda y melodramática Scandal. ¿Un ejemplo de una escena? Es mejor verla.

Razón 5: El manejo de la brutalidad policial

SPOILER ALERT.

Cuando la serie ha avanzado algunos episodios sucede algo que marca la vida de todos los personajes y da un giro, o por lo menos aumenta la tensión, a las relaciones interraciales en la universidad (este episodio lo dirige Barry Jenkins, director de Moonlight, ganadora del Óscar 2016). Durante una discusión en una fiesta entre Reggie y un estudiante blanco llega la policía. Cuando los separan al único que le preguntan si es estudiante es a Reggie, que molesto se niega a mostrar su carnet si sólo se lo piden a él. Y de repente pasa, con tanta rapidez y casi normalidad (para el policía) que es pasmoso por lo real. El policía saca un arma y lo apunta. Y todo cambia. Todos gritan que estudia allí, que no ha hecho nada. Todos graban, lloran, temen. Todos saben lo que puede pasar en un segundo porque pasa con demasiada frecuencia. La secuencia olvida por un momento la rabia, porque el terror es demasiado. Pero la rabia está, la rabia y el miedo y la indignación.

La televisión ha intentado tratar el tema de los asesinatos perpetrados por policías contra ciudadanos afroamericanos en Estados Unidos en varias ocasiones, pero en casi todas ha fallado. En algunos casos porque ha tomado la perspectiva de un personaje blanco ante el asunto –UnREAL, en otros porque lo ha resuelto muy fácilmente (Scandal) o en otros porque ha absuelto técnicamente al asesino debido a la circunstancia –Orange is the New Black. En Queridos blancos no pasa nada de eso. La reacción y las acciones posteriores son diversas y complicadas, algunas apostando por el camino institucional para no generar más conflictos (porque los conflictos pueden terminar con que te maten) otras apostando por pelear contra una cultura de violencia tan asumida que sucede sin provocación y no tiene consecuencias para el atacante. Lo que sí queda claro es que la rabia y el miedo están ahí, siempre, y que nadie que no los sienta cotidianamente puede realmente entenderlos, solo puede tratar de ayudar.

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