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Blastsounds: los nuevos zahoríes de las subculturas musicales

Beatriz García

Foto: Sonita. Rapera afgana.

Blastsounds es un colectivo de melómanos que realiza expediciones musicales a través de los géneros y artistas más desconocidos del mundo para que sea quien la escucha y no un algoritmo el que decida ‘esto mola’.

Todos hemos tenido alguna vez ese momento ‘epifanía’ en que conoces un artista o una canción que te cambia la vida o un género que pone ritmo y sentido a una etapa. Y de repente la onda expansiva, que te llegó a través de ese amigo que era un ‘sensei’ de la música, o de un primo mayor punk reconvertido en niñera improvisada de cuatro o cinco chavales con un hambre enorme de referentes, se hace tan grande que acaba contaminando a todo tu grupo de colegas.

En los noventa, ese tipo de contagios e intercambios musicales todavía se vivían casi de forma ritual. Hoy en día, en la era de Internet, es mucho más fácil descubrir nueva música pero, paradójicamente, la labor de explorador del sonido es más compleja: la dictadura del algoritmo y la ‘jungla’ del marketing musical hace que cada vez sea más difícil rastrear esos pequeños tesoros ocultos bajo las montañas de novedades y que son, o hubiesen sido, el germen de todo un movimiento cultural. Sin embargo, la onda de choque, el ‘blast’ donde se originó, sigue vivo. Y un colectivo de melómanos se propone volver a amplificar la onda.

Blastsounds: Los nuevos zahoríes de las subculturas musicales
Soundblasts quiere encontrar esas ondas de choque que crean las subculturas musicales. | Imagen: MACSD vía Flickr bajo Licencia Creative Commons

El francés Romain Clément y el mexicano Mario González se conocieron hace seis años en Barcelona, una ciudad de la que dicen “no tiene el tamaño de Paría ni el de Nueva York, pero es un punto de encuentro de culturas”. Unidos por su amistad y ese ‘puedo-quiero-hago’ que obra como un conjuro para un proyecto, por imposible que parezca, sentaron las bases de lo que hoy se ha convertido en Blastsounds, un colectivo que agrupa a melómanos de todo el mundo a través de sus expediciones musicales. 

“Siempre que hay música y un trabajo artístico de fondo se genera una onda y si no ha sido debidamente amplificada esos movimientos musicales se quedan encapsulados o no llegan a las suficientes mentes para que derive en algo interesante. Nosotros queríamos encontrar esas ondas de choque que crean las subculturas musicales y esos artistas y movimientos que no han tenido la justa exposición y descubrírselos al público”, cuenta Mario.

Las guerreras del micro

Cuando el hip hop nació en las calles del neoyorquino barrio del Bronx a mediados de los años setenta, se convirtió en la voz de una generación a la que en poco tiempo se le unieron artistas como Queen Latifah, Lil’Kim o las Salt-N-Pepa, que asfaltaron el camino a otras muchas mujeres raperas. No obstante, la industria acabó por invisibilizar el trabajo de estas guerreras que abordaban, micro en mano, los problemas sociales. A ellas, las ‘Ghetto Witches’ (‘brujas del ghetto’, en homenaje a una canción de Princess Nokia), Blastsound les dedica su primera expedición musical, que se celebrará el próximo 30 de noviembre en la sala ZumZeig de Barcelona.

Blastsound: Los nuevos zahoríes de las subculturas musicales
Princess Nokia. Brujas del ghetto.

“El hip hop es el género musical que más vende en el mundo, pero siempre se tiende a nombrar a referentes masculinos, vacas sagradas como Jay Z. Queríamos visibilizar a mujeres artistas que tienen trabajos incluso de mayor calidad que los hombres. Ellas sí están regresando a la esencia del género para hablar de cuestiones como el machismo o la raza, y ese tipo de luchas hace mucho tiempo que se han perdido en el hip hop masculino”, apunta Romain.

Reino Unido, Chile, Francia, Sudáfrica, Brasil o Polonia son algunos de los países de procedencia de las raperas que Blastsounds ha incluido en una Mixtape que puede escucharse ya y a la que esperan sumar el trabajo de otras intérpretes en un ejercicio de colaboración con melómanos de todo el mundo. “Nuestra idea es que, más allá de las expediciones, el tema siga vivo y la gente pueda seguir proponiendo artistas que vaya descubriendo. Porque hay melómanos que escriben y reseñan nuevos movimientos musicales en muchos países”, resume Mario.

Son historias que se convierten en arma social, como la de la rapera afgana Sonita, a cuya vida su madre puso precio: 9.000 dólares a cambio de casarla con un hombre. Su dura odisea en los suburbios de Teherán, donde sobrevive como una ilegal, y el éxito que obtuvo en Internet con el videoclip de ‘Bride for Sale’ (‘Novia en Venta’) es narrada en un documental que se proyectará en ZumZeig durante la primera de muchas aventuras musicales.

“Los próximos meses seguiremos trabajando sobre rock psicodélico ruso de los años setenta y la música electrónica que se hace en Oriente Medio –concluye Romain-. Y esperamos descubrir juntos tesoros musicales , sobre todo en países donde la industria no es tan fuerte y necesitan una tarjeta de presentación y alguien que los dé a conocer”.

La música son ondas que chocan, que nos hacen vibrar y ponen ritmo a nuestras vidas; la música es también reflejo de un lugar, de un momento político y social y el mensaje de una comunidad que se amplifica o se pierde en el ruido mediático. Y estos zahoríes del sonido quieren que seamos nosotros y no un algoritmo quienes volvamos a arrojar luz sobre ‘lo que mola’.

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Moderna de Pueblo: “Somos machistas pero estamos despertando de los lenguajes machistas que hemos recibido”

Ariana Basciani

Foto: Clara Asanza

La fama de Raquel Córcoles, mejor conocida por su alter ego, Moderna de Pueblo, ha crecido en los últimos años. Con más de 600 mil seguidores en Facebook o en Instagram, mayoritariamente mujeres, sabe lo que ellas quieren: hablar de feminismo.

Córcoles acaba de publicar Idiotizadas, un cuento de empoderhadas (Zenith, 2017) el nuevo cómic en donde critica los mensajes “idiotizadores” que las mujeres han escuchado desde el inicio de los tiempos. Córcoles nos comenta que no se ve como se imaginaba que se vería a los 30, porque sigue llevando converse:¿Soy muy mayor para ir con pitillos y chupa de cuero?”, se cuestiona entre risas. Afirma: “Me encanta ponerme cremas como una bruja piruja”, pero que eso no la hace superficial; cree en la complejidad del feminismo, ya que considera el movimiento social como un viaje del que todos, tanto mujeres como hombres, debemos aprender y desaprender cosas para poder vivir en igualdad.

En Idiotizadas, un cuento para empoderhadas, Moderna de Pueblo se vale de historias de Disney que todos conocemos para destruir paradigmas. Personajes como Zorricienta, Gordinieves o La Sirenita Pescada, son fácilmente detectables en la sociedad actual y Córcoles los recrea con magistral humor y crítica.

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Portada de Idiotizadas, un cuento de empoderhadas | Foto: Clara Asanza

¿Por qué decidiste escribir este libro? ¿Crisis de los 30?

Quería explicar un poco ese punto en el que ya te tienes que empezar a plantear qué tipo de vida quieres llevar, si te quieres quedar igual que a los 20 sin demasiadas obligaciones, responsabilidades, preocupándote solo de ti misma o si ya te metes en ese berenjenal de comprarte una casa, tener hijos, etc. A mi personaje le encaja perfectamente el nombre de Moderna de Pueblo, porque siempre está entre esos dos mundos, entre la modernidad y lo tradicional, pero no se ve en el camino tradicional que es lo que ha visto en su casa, con familia y con hijos, viviendo en las afueras con un trabajo muy estable; pero tampoco se ve como los modernos y sus amigos que llevan una vida tan distroyer de salir de fiesta, de estar de evento en evento, de no preocuparse mucho por si van a cobrar o no, vivir al límite. Moderna está en el medio y ella se pregunta qué camino hay en medio. Ni mi personaje ni nuestra generación tienen referentes de parejas sin hijos que puedan contar su experiencia o de mujeres que vivan de su trabajo, que no hayan querido ser madres, pero que lleven una vida bastante estable. Entonces nos faltan esos referentes para preguntarles si les ha ido bien y así hacernos una idea de todas las posibilidades.

 ¿Idiotizadas está dirigido a una generación más joven que la tuya?

Creo que no hay muchísima diferencia. Si llevas la vida de Zorricienta y Gordinieves probablemente te sientas más cercana a la generación de los 20 que de los 30; hay personas que, al contrario, tienen 25 y se sienten más cercanos a los de 40 por el estilo de vida que llevan. Ahora priva más la personalidad y lo que quieres en la vida que la presión social del entorno. Tú dices: “todos mis amigos se están casando”, pero siempre te quedan algunos que no, ya no eres la loca, la rara, la sola. Sí creo que es un libro que se puede leer a los 15 años y, aunque no vas a empatizar tanto con la trama, sí lo vas hacer con las idiotizaciones de las que se habla, porque hablo del proceso y algunas historias se remontan a cuando eres niña, otras a cuando eres adolescente y otras más ubicadas en los 30 años.

¿Por qué seleccionaste el verbo “idiotizar” para titular del libro?

Creo que la palabra feminista está un poco asociada a connotaciones negativas. Yo me hecho abanderada al intentar hacerle una operación estética, para que la gente vea que no tiene nada de malo la palabra y que es súper bueno lo que fomenta el feminismo. Pero una manera de expresar lo que el feminismo te aporta como herramienta, es des-idiotizarte de mensajes que ya tienes tan aprehendidos, cosas que te han ido contando tantas veces y que casi te las crees por las veces en que las has oído. Hay tantas películas en las que las mujeres quieren ser madres y si ves que todas las mujeres que aparecen son así, tú también puedes pensar que debes ser así, sin analizarlo. El feminismo te dice: “hay otras opciones”, “tu género no tiene que encajar en ese estereotipo”, “si te sientes diferente, sigue tu instinto y no hagas las cosas por presión social”. Entonces Idiotizadas, un cuento para empoderhadas en resumen, es afirmar que somos machistas, pero estamos despertando de los lenguajes machistas que hemos recibido.

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Una de las páginas de Idiotizadas, un cuento para empoderhadas | Imagen: Zenith

En los créditos del libro veo que el guion lo haces junto a Carlos Carrero, ¿qué tanto aportaste tú y qué tanto aportó él?

Yo creo que hay un 75% mío, lo que vendría a ser el alma del libro, la idea original y las tramas en las que está inspirado. Siempre necesito ser yo la que diga “esto lo he vivido”, “esto tengo ganas de contarlo”, y es lo que prima en el libro. Carlos le da un sentido a todo, porque yo tengo tantas cosas que contar que a veces las quiero meter todas a la vez. Cuando no comentas con nadie tus ideas, puedes dar un mensaje que se puede malinterpretar; Carlos siempre lo lee todo, hace un esquema, un orden de las tramas, te cuestiona. Tenemos reuniones creativas. A mí él me da mucho juego porque tenemos los roles de género cambiados en casa. Lo que se ha vendido como lo que quiere una mujer es con lo que él sueña y la actitud que tienen los hombres en las películas de “ay qué marrón mi novia quiere casarse y tener hijos”, soy yo quien lo aporto. Creo que hay que visibilizar que no siempre somos nosotras las que estamos persiguiendo a nuestros novios para casarnos o tener hijos, es una imagen muy anticuada, pero no hay suficientes obras que lo muestren.

Entonces es un libro autobiográfico, ¿inclusive la historia de tu madre y tus hermanas?

Sí, mi madre se divorció súper tarde. Por eso me importan tanto estos temas, porque la generación de mi madre ha tenido unas posibilidades tan limitadas comparadas a las que he tenido yo, que he pensado “suerte que no nací en su época”, siempre quieres pensar “yo lo hubiese hecho mejor, yo no hubiese caído en esas idiotizaciones”, pero marca mucho cómo es tu familia, qué te inculcan. Mi madre, sin ella saber que era feminista, siempre me ha dado mensajes que son des-idiotizadores: “no creas que un hombre va a venir a rescatarte, tú tienes que valerte por ti misma”. Son una serie de mensajes muy básicos, pero hay que expresarlos porque el entorno dice lo contrario.

Veo mucha crítica a ciertos valores, ¿qué crees que te dirían mujeres que sí han decidido ser amas de casa o que han querido casarse y dedicar su vida a ser madres? ¿Crees que se sentirían juzgadas al leer el libro?

Obviamente si haces un libro súper personal, vas a poner allí tu opinión y yo no quiero juzgar a nadie. Pero si mi hermana que tiene 25 años me dice: “voy a dejarlo todo porque me apetece ser ama de casa”, le diría: “eres súper joven, no te puedes permitir depender de alguien, porque he visto lo que pasa cuando dependes de alguien, luego te quedas sin posibilidades y cada año que pasa sin que seas tú quien llevas las riendas del dinero, menos puedes reclamar. Se produce una relación de desigualdad en la pareja. Es una situación de riesgo, yo entiendo que te parezca un estilo de vida bonito, yo solo digo que seas consciente del riesgo que estas asumiendo. Tienes que confiar muchísimo en esa persona y, ahora mismo, ¿quién cree en el amor para toda la vida?”. Yo creo que es un sentimiento hermoso que seguirá existiendo y día a día lucho porque mi relación dure para toda la vida, pero estando consciente de que puede ser que no, y que puedo “rescatarme” si pasa cualquier cosa.

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Las solteras en Idiotizadas, un cuento para empoderhadas | Imagen: Zenith

¿Tu enfoque tiene que ver con una independencia económica?

Sí. No significa que no me parezca importante la tarea de una ama de casa, es que si eso estuviera valorado por la sociedad, si tuviera un sueldo esa persona, quizás sería diferente el enfoque. Imagina que el sueldo de él tiene por contrato que si la mujer se queda en casa haciendo todas las tareas del hogar, tiene por derecho a un porcentaje de su sueldo porque está haciendo que el hombre pueda trabajar sin que se preocupe de nada más, haciendo que su carrera despegue. En cambio, en la actualidad ese trabajo nadie lo reconoce. Mi madre había aprendido a cocinar, a coser, a ser una buena madre, todo lo de la casa, y por ello me decía: “sal de aquí, porque no quiero que aprendas esto, quiero que aprendas otras cosas, porque esto no está valorado”. Mi madre fue una perfecta ama de casa y se puede ser feliz con esa vida, si se agradece el trabajo que estás haciendo; pero si el mensaje es “viven como reinas, no trabajan”, eso va a calar en tu autoestima, te vas a valorar menos. Entonces hasta que no esté valorado, no puedes sacrificarte y ser solo eso.

Claro, pero también sería una generalización pensar que solo existen parejas en las que el hombre no valore que la mujer se quede en casa.

Claro, yo lo que quiero es que se iguale. Por ejemplo, yo tengo una carrera a la que me costaría muchísimo renunciar y si mi pareja me dijera: “yo quiero tener hijos, pero me voy a encargar de ellos porque tú no puedes renunciar a tu trabajo”, eso sería estar en igualados. A mi no me parece mal, hay que sopesar las posibilidades y que no sea siempre la mujer quien deba renunciar a su profesión. También es importante que el hombre no se sienta desvalorizado o avergonzado porque sea ella la que vaya a trabajar y sea él quien se quede en casa. Ellos también se sienten juzgados si apuestan por ese estilo de vida o si apoyan a la mujer en su carrera.

En el libro más allá de las críticas a las viejas películas de Disney, das ejemplos de referentes feministas como Lena Dunham o el libro de Kate Bolick, Solterona. ¿Crees que en España faltan referentes o sí existen y no se han visibilizado?

 Faltan referentes, pero creo que las mujeres se están visibilizando ellas solas. Las mujeres lo hemos demostrado gracias a las redes sociales, porque interesa lo que decimos, lo que hacemos, que somos la mitad de la población y que nuestros contenidos importan. Gracias a eso, mis seguidoras me han apoyado y me han puesto ellas en esta posición; sin ese aval detrás, no me habrían dado la oportunidad de publicar. Estamos demostrando que tenemos algo que decir, lo que pasa es que los hombres no se interesan por lo que decimos y ese es el gran problema. Y me preguntan cómo podemos hacer que este mensaje llegue a los hombres y yo les digo: “leyéndose el libro”, aunque sepa lo difícil que es que ellos lo vayan a leer. En cambio nosotras, ¡a cuántos autores leemos!

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Promoción para la presentación de Idiotizadas, un cuento para empoderhadas en Barcelona | Imagen: Moderna de Pueblo

¿Qué mujeres en España y cercanas a ti están enviado un mensaje feminista?

Isa Calderón con ‘Reviews Fuertecitas’, que hace unas criticas de cine desde la visión de genero con mucho sentido del humor. Lyona, quien presentó mi libro en Barcelona y es una crack, una creativa 360. Paula Bonet, una artista de los pies a la cabeza, que se ha sentido infravalorada y juzgada, es otra crack y la admiro muchísimo, aunque yo no entienda sobre arte. También está la youtuber ‘Soy una pringada’, que representa a la nueva generación que empezó hablando de cine y luego pasó a expresar su manera de ver las cosas; se hizo muy viral con el vídeo ‘Odio a los heteros’ en el que ridiculizaba los comportamientos de los heteros, siempre tan alabados en las películas. Ella es una chica mucho más joven, que está por encima del género y es lo que me da esperanzas, porque también falta visibilizar eso. Está Ana Morgade que ha presentado mi libro en Madrid, que siempre la dejan relegada a ser la co-presentadora, la co-laboradora y es que la conoces y tiene mucho ingenio, aptitudes perfectas para que le den un late night. Y por su puesto, Eva Hache que es una crack. Quizás en ficción me faltan referentes, pero me faltan en todo.

Más allá de destruir al sistema patriarcal, Raquel Córcoles propone revisitarnos, llegar a un pensamiento más crítico, donde podamos romper moldes, estereotipos de cómo ser hombre o ser mujer. Flexibilidad es la consigna.

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Llega a Madrid el nuevo Paraíso de la música electrónica

Cecilia de la Serna

Foto: Unsplash

Tras más de dos décadas olvidada en la ruta festivalera patria, la capital parece estar al fin copando el protagonismo que muchos esperaban. A las ya consagradas citas musicales que suponen algunas, como el Mad Cool o el DCODE, se une una propuesta hasta ahora inédita en Madrid: la primera edición de Paraíso, un nuevo festival que tendrá lugar en un espacio verde muy próximo al centro de la capital. Concretamente, como el ya citado DCODE, Paraíso pisará la hierba del Campus de la Universidad Complutense, y durará dos días: el 8 y el 9 de junio de 2018.

El lema de Paraíso es “Música electrónica y otras artes”, que es -además de un eslogan prometedor- toda una declaración de intenciones. Este festival de nueva generación ha nacido, según sus organizadores, “para ofrecer al público la oportunidad de vivir una experiencia multisensorial”.

De uno de los creadores del FIB

Este proyecto tiene la solvencia que solo la experiencia de los que están detrás de él puede otorgar. Desde el festival recuerdan que “Paraíso nace de la mano de un colectivo de profesionales con más de dos décadas de trayectoria en la gestión cultural. A la cabeza del proyecto se encuentra José Morán, cofundador y codirector hasta 2009 del FIB (Festival Internacional de Benicàssim)”. Algo que cuidan especialmente desde la organización de Paraíso es la imagen gráfica, que han creado de la mano del estudio madrileño Serial Cut. El resultado final es onírico, con elementos relacionados con el sonido y la naturaleza, la música electrónica y otros conceptos del festival, unidos mediante texturas orgánicas y evocadoras.

Tres escenarios para una experiencia completa

La gran incógnita es su cartel, que próximamente anunciará la organización en un primer avance, así como el resto de contenidos y disciplinas artísticas que formarán parte de la primera edición de Paraíso. Lo que sí aseguran sus organizadores es que “Paraíso se estrenará con un cuidado cartel compuesto por artistas que exploran los nuevos territorios de la electrónica y su confluencia con otros géneros y expresiones artísticas”.

El recinto del festival contará con hasta tres escenarios diferenciados, intervenciones artísticas, un área recreativa, varias zonas de descanso y un espacio gastronómico. Siguiendo la tendencia impuesta por muchos festivales, este será sostenible, con aforo limitado a 15.000 personas diarias, en el que la comodidad y los detalles harán que los asistentes disfruten de una experiencia única.

Reserva anticipada

A partir de ahora se puede reservar sin compromiso, y a través de la web de Paraíso, el abono a un precio especial de 35 euros y el pase premium a 95 euros. El plazo para confirmar la compra de la reserva finalizará 15 días después de la presentación del primer avance del cartel. Los asistentes de esta primera edición tendrán prioridad para acceder a las siguientes.

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15 canciones que hacen de España un país más hermoso, por The Gift

Redacción TO

Foto: The Gift

Volvemos otro viernes con nuestra playlist semanal. Esta vez los portugueses The Gift nos traen una lista que nos harán querer un poquito más a España. Esta banda de rock alternativo llega a España a presentar su sexto álbum, Altar, que ha estado precedido por tres adelantos: Clinic Hope, Love without violins y Big Fish. Grabado entre Galicia, Londres y Alcobaça, una ciudad a una hora al norte de Lisboa, donde el grupo tiene su estudio, este nuevo disco es una representación de la historia de estos cuatro amigos de la infancia.

El grupo, formado por Nuno Gonçalves, Sónia Tavares, John Gonçalves y Miguel Ribeiro, traen ritmos de synth-pop y funk en este nuevo trabajo que muestra una constante evolución y crecimiento artístico.Altar es nuestra historia vital”, explica la banda, que se formó en 1994 y se ha convertido en una de los grupos portugueses más internacionales.

Su próximo concierto en España será en el Teatro Nuevo Apolo de Madrid el 12 de diciembre. En él presentarán este nuevo disco, que considera el más cautivador de su carrera, y que ha sido producido por su propio sello discográfico, La Folie Records.

Con esta playlist, The Gift quiere mostrar su amor a España, donde han grabado una gran parte de este nuevo trabajo. Para ello, quieren compartir las canciones de algunos de sus artistas favoritos en España, con ritmos y estilos de todo tipo, entre los que se encuentran algunos como Ana Torroja, Coque Malla o Vetusta Morla.

Escucha la lista completa aquí y síguenos para acceder a cada una de las playlists.

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La invisible violencia de género que sufren las mujeres en la consulta del ginecólogo

Beatriz García

Cada 25 de noviembre, La Revolución de las Rosas lleva a los hospitales y plazas rosas y testimonios de víctimas de abusos ginecológicos.

Cuando tenía 16 años fui al ginecólogo porque sufría amenorrea –no tenía la menstruación desde hacía meses-; me tumbé en la camilla, abrí las piernas y dejé que un extraño hurgase en mi interior. Se apoyó en mis rodillas y dijo: “Si sigues adelgazando veré tu preciosa carita en una caja de pino”. No me golpeó, no salí de la consulta llena de cardenales, pero ejerció una de las formas de violencia de género más normalizadas y silenciosas en nuestra sociedad, que padecen miles de millones de mujeres cada vez que acuden a la consulta de un ginecólogo o entran en un paritorio, la violencia gineco-obstétrica.

Hace cosa de un mes, la matriactivista y defensora de los derechos reproductivos, Jesusa Ricoy, fundadora de La Revolución de las Rosas, que cada 25 de noviembre lleva a los hospitales rosas y testimonios de víctimas de violencia obstétrica, dio a conocer en sus redes el caso de una chica mexicana que había sido masturbada por el médico durante el parto. Algunas horas después, otra activista de Europa del Este le explicaba la historia de una mujer a la que el ginecólogo le practicó un cunnilingus durante la exploración. Furiosas y hermanadas, otras muchas mujeres dieron su testimonio en un hilo de comentarios sobre infantilizaciones, burlas y abusos físicos y psicológicos oficiados por la llamada autoridad de la ‘bata blanca’. Ahora las rosas alzan la voz.

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Monumento en Central Park al doctor James Marion Sims, precursor de la ginecología y verdugo de esclavas afroamericanas que utilizó para sus experimentos.

Olivia, 31 años (Valencia)

Me he encontrado muchas veces ginecólogos que no tienen ningún cuidado, que te ponen en el potro y enseguida te hablan mal: “Pero si un pene es más grande, ¿esto cómo te va a doler?” En una ocasión sufrí galactorrea y me salió leche por los pechos y cuando se lo dije al ginecólogo empezó a reírse y me contestó que eso era porque mi pareja me tocaba mucho las “tetas” cuando “follábamos”, así en plan bruto. Quieren que te calles, te echan la culpa a ti, se imponen y es muy desagradable.

Me quedé embarazada a los 18 años y todo el proceso fue como una película de terror. Iba a las revisiones y el médico me infantilizaba, le hablaba de mis expectativas sobre el parto y me decía que era muy joven, que qué sabía yo. Y el parto fue horrible. me lo provocaron sin ninguna razón porque el médico quería tener libre el fin de semana. Me dijo: ‘Vente mañana y te lo provocamos y si no sale, pues cesárea’, como si tal cosa. La matrona era una bestia, me metió la mano hasta el cuello del útero, yo notaba cómo tocaba la cabeza del bebé y el dolor era insoportable. Si me quejaba, me gritaba que me callara, que era una llorona. Movía su mano en mi interior como si limpiase una olla con un estropajo.

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Activistas húngaras llevando rosas a plazas públicas y hospitales. | Imagen vía: La Revolución de las Rosas

Elia, 31 años (Madrid)

A los 15 años empecé a tener relaciones sexuales con mi primer novio y acudí a mi médico de cabecera del centro de salud de La Águilas, en Madrid, porque tuve una infección por hongos vaginales. El hombre no me derivó al ginecólogo, insistió en que me tomaría muestras él mismo. Yo siempre he sido muy natural y confiada y era primeriza en esto, así que no me extrañó, hasta que me llevó a una sala con una camilla corriente y me extrajo muestras sin ponerse guantes. Le temblaban las manos, sudaba y estaba nervioso. Me hizo sentir violenta, pero cuando fui a recoger los resultados volvió a decirme que seguía teniendo hongos y necesitaba más muestras. Quería también hacerme una exploración mamaria.

No entendía lo que estaba ocurriendo y no quería decir nada por si era cosa mía y podía arruinar la vida de alguien que hacía su trabajo, pero acabé por contárselo a mis padres y ellos me preguntaron: “¿Estás segura?”. Dudé y decidí callar. Ahora me arrepiento de no haberlo denunciado. Hace poco me crucé con él y sentí tanta rabia de que hubiese abusado de mí… Sigue trabajando en el mismo centro de salud y quién sabe a cuántas chicas habrá hecho lo mismo.

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Cartel sobre La Revolución de las Rosas en apoyo al movimiento #StopViolenciaObstétrica

Una violencia silenciada

Aunque no hay datos oficiales y las denuncias escasean por vergüenza, desconocimiento o normalización de la violencia, existen muchísimos abusos ginecológicos, algunos más sutiles que otros, pero violentos en todo caso: pruebas que se realizan sin consentimiento, manipulaciones dolorosas, comentarios insultantes sobre los cuerpos de las mujeres, insinuaciones sexuales…

Y burlas.  Como las que en 2011 provocaron un escándalo que dio lugar al movimiento internacional de la Revolución de las Rosas, cuando la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO) hizo públicas unas viñetas donde se podían ver a mujeres sentadas sobre úteros enormes, vestidas con minifaldas y enfermedades de transmisión sexual, bromeando sobre su dolor y sus cuerpos. Entonces Ricoy pensó que la violencia no puede combatirse con más violencia, y que en lugar de  piedras los enfrentarían con rosas. Así sus voces serían escuchadas.

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Viñetas de la Sociedad Española de Obstetricia y Ginecología | Imagen vía: SEGO

Como el testimonio de una internauta que tras sufrir un intento de violación en la calle fue derivada a un ginecólogo que la examinó y le dijo a la enfermera: “Cómo no las van a violar, si mira cómo visten”. O el caso de otra mujer que sufrió una aborto a las doce semanas, se empeñó en que no le hicieran un legrado y expulsó el feto sola, y la ginecóloga se paseó delante de ella con el bebé en un bote pidiendo que alguien cortara un pedazo para el laboratorio porque a ella “le daba repelús”. Y la no menos triste y alarmante historia de una chica que con 14 años fue a realizarse una citología y al ser virgen todavía y no poder emplear los métodos tradicionales, el ginecólogo le soltó un “a ver si te estrenas, que vas tarde”.

“La cultura del médico salvador y la mujer ignorante es una violencia sexual que se ejerce en paritorios y consultas” –Jesusa Ricoy, matriactivista.

Para Jesusa Ricoy, este tipo de situaciones son la prueba de una violencia de género solapada por la ignorancia colectiva. “Una gran parte de la sociedad acepta estas agresiones como necesarias, entre otras cosas porque hay una cultura del médico salvador y la mujer ignorante que se deja hacer y que es claramente una violencia sexual que se ejerce en paritorios y consultas médicas. Hablamos de un sistema que se cimenta sobre las demás violencias machistas y la construcción social te lleva a pensar que tu cuerpo no funciona o es patológico desde la primera menstruación”, explica. Y señala que esta violencia gineco-obstétrica se agrava cuando la víctima pertenece a otra etnia. “A las mujeres gitanas se les suma el tópico de la hipersexualización, pensar que van a tener muchos hijos o creerse con derecho a esterilizarlas”.

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Jesusa Ricoy, matriactivista y ‘childbirth’. Fundadora de La Revolución de las Rosas

Conocer el propio cuerpo y cuestionar todo lo que se ha construido como ‘normalidad’, denunciando públicamente a quienes abusan de su poder es la forma de evidenciar y atajar, a la larga, estos abusos. “Tenemos las jerarquías muy interiorizadas, pero es hora de que las mujeres empiecen a delimitar sus confines físicos y que no lleguen, se abran de piernas y le digan al médico: ‘doctor, lo que usted crea’. Cuando trabajaba en el Observatorio de Violencia Obstétrica vi niveles de abuso enormes, como tirar de un bebé y romper el cordón umbilical o decirle a una mujer que se callase, que estaba demasiado gorda y pedirle al marido que le tapase la boca. Y estamos hablando de España”, concluye la matriactivista.

Buenas y malas prácticas

La ginecóloga Montse Catalán coincide en que el sexismo en las consultas se ejerce porque la paciente es mujer, independientemente de que el profesional sea un hombre u otra mujer. “Nuestro trabajo debe basarse en un escrupuloso respeto por integridad física y moral de las mujeres. Las actitudes de desprecio, o de paternalismo deben ser sustituidas por empatía, sea cual sea la opción de vida sexual de la paciente”, resume.

Vivimos en un sistema patriarcal repleto de falsas creencias, como que las exploraciones ginecológicas deben ser necesariamente dolorosas, igual que los ciclos menstruales o los partos. Y uno de los problemas principales, señala Catalán, es el desconocimiento que tienen muchas mujeres de su propio cuerpo.

“En mis consultas siempre tengo un espejo a mano para que las mujeres puedan observarse y preguntar”, Montse Catalán, ginecóloga

“He participado en numerosos círculos de mujeres que confiesan que nunca han visto su himen o su cuello de útero, o que vivieron en silencio sus primeras menstruaciones porque sus madres no encontraron las palabras para nombrar las vivencias que también callaron. Por eso en mis consultas siempre tengo a mano un espejo para que la mujer pueda observar y preguntar”.

Pero, ¿cómo podemos diferenciar a un buen ginecólogo de aquel que no es trigo limpio? ¿Cuándo una exploración molesta o un comentario duro se convierte en abuso? “Lo primero es que la mujer debe dar su consentimiento antes de cualquier prueba, como introducir un espéculo en la vagina, hacer un tacto o una ecografía. Y, sobre todo, debe expresar aquello que violente sus sentimientos.  Si no ha reaccionado a tiempo, porque se ha ofuscado y el profesional la ha ofendido o no ha sido suficientemente correcto, debe pedir el libro de reclamaciones del hospital o centro de salud y explicar cómo se ha sentido. Esa es la forma de que, poco a poco, entiendan qué queremos decir las mujeres cuando nos sentimos maltratadas o infantilizadas, aunque sea de forma sutil. No hace falta que se ejerzan grandes violencias sobre nosotras para hablar de ellas y avanzar en su reconocimiento”, asegura la ginecóloga.

Tengo 34 años, sigo aquí y no en una caja de pino, mirando con mi preciosa carita a mi antiguo ginecólogo. A todos los médicos y matronas que desde posiciones de poder creen que pueden cosificar, desprecian y legislar sobre los cuerpos de las mujeres, les envío una rosa.

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