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Bob Dylan para literatos escépticos

Ana Laya

Everybody must get stoned.

Puede que no sea el año más largo en la historia del universo, pero de vez en cuando a mí me lo parece. Tal vez sea una cosa de densidad más que de longitud. El 2106 sin duda ha estado lleno de momentos inolvidables, o por lo menos de acontecimientos de esos que les gustan a las redes sociales porque les dan para material por mucho tiempo, a veces en clave de tragedia como con las muertes de David Bowie, Alan Rickman, Prince, Johan Cryuff o Gene Wilder; la mayor parte como tragicomedia: rupturas como la de Brad y Angelina o la del Reino Unido con la UE; y otras simplemente distópicas: Trump.

 

Ahora, como para que no decaigan los ánimos a final de año, la Academia Sueca, encargada de los premios Nobel de literatura nos ha lanzado una bomba que sin duda da para hablar, filosofar y twittear por un buen rato: Bob Dylan se ha hecho con el Nobel de Literatura “por haber creado nuevas expresiones poéticas en el marco de la gran tradición musical americana”.  

Las reacciones en las redes han sido variopintas, por decir lo menos, desde gente que se alegra y siente que el Nobel de literatura ahora es “del pueblo y para el pueblo”, hasta otros que sienten que ese premio es bastante insípido y hasta cobarde, porque más allá de la maestría y el talento de Bob Dylan para la composición o su influencia en una audiencia que supera con creces la de la literatura… ¿qué viene luego, Murakami y Roth ganándose un Grammy?

 

 

En la página de los Premios Nobel se especifica que la información acerca de los nominados permanece sellada durante 50 años antes de poder ser leída por el público. Lo que significa que las probabilidades de cualquier persona en el demográfico 30-65+ tiene pocas posibilidad de llegar a saber exactamente quién nominó a Bob Dylan, para agradecerle su amplia visión y su espíritu rompedor o para echarle la culpa de esta dañina “imprecisión”. Dependiendo del lado en el que se ubique el lector.

Bob Dylan Blonde on Blonde_By Moody Man via Flickr bajo Licencia Creative Commons.
Bob Dylan Blonde on Blonde_By Moody Man via Flickr bajo Licencia Creative Commons.

Para los literatos que están dispuestos a cambiar de opinión o para los que aún no conocen la carrera de Bob Dylan lo suficiente como para formarse una opinión, Sara Danius, Profesora de Estética en la Universidad de Södertörn, de Literatura en la Universidad de Uppsala y Secretaria de la Academia Sueca a cargo del anuncio del Nobel, en sus declaraciones fue simple y directa: la decisión no fue difícil, Dylan, ha sido premiado por ser un gran poeta, en la tradición inglesa de Milton y Blake, pero de una manera original que mezcla escritura con oralidad, con performance.

“Yo me di cuenta que desde la antigua Grecia hasta hoy aún leemos a Homero y a Safo, ellos escribieron hace 2500 años (…) y sus textos fueron pensados para ser puestos en escena, generalmente acompañados de instrumentos, pero han sobrevivido, y sobrevivido de manera increíble, en la página escrita.”

Danius tiene un argumento. Tal vez nos tome 2500 años entenderlo, pero tiene un punto y una recomendación para aquellos que no quieren esperar tanto: escuchar el álbum de 1965 “Blonde on Blonde”. Este álbum en particular, casualidad o no, cumplió 50 años el 16 de mayo de este año, y ha sido descrito en la revista Billboard como el cenit de su genio musical en el que fusiona el blues, con la poesía Beat y el lirismo de Shakespeare, y del que él mismo dice ha sido el disco en el que más cerca ha llegado a recrear el “delgado sonido de mercurio salvaje” que lo habita. Es lo más Dylan de Dylan, digamos.

Mike Hogan, fan declarado de Dylan escribe en Vanity Fair que Blonde on Blonde es al tiempo una súplica, una maldición y un milagro. “El afecto, la burla, el culto y la traición unidos en una melódica y poética obra maestra seguida por otra y por otra. Cincuenta años después de su lanzamiento aún es difícil saber exactamente qué estaba comiendo Bob Dylan cuando grabó Blonde on Blonde,” y asegura que solo un veinticuatroañero en la cima del mundo podría sonar tan precoz, tan romántico, tan desgastado y tan incorregible.

Puede que a los literatos más escépticos les tome 2500 años comprender (¿respetar? ¿compartir?) la decisión de los suecos, pero si la tarea de intentar entenderla incluye escuchar a Bob Dylan, no está tan mal ¿no?

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Girl Power: las 13 mujeres que no conocías y van a arrasar en 2018

Bea Guillén Torres

Foto: Omar Vega
AP

El 2017 empezó y terminó como el año de las mujeres. El año de las mujeres que protestaron contra Trump, de aquellas que rompieron el silencio contra el acoso sexual, de las que tomaron las calles para pedir una igualdad real. Todo apunta a que el 2018 va a seguir esta misma estela. Este año no vamos a perder de vista a Emma Watson, a Oprah Winfrey o Natalie Portman, que ya protagonizaron la primera gala feminista en los Globos de Oro. Pero, además el 2018 va a traer a nuevos iconos que quizás no conocías y que van a arrasar. Te presentamos a algunas de ellas.

Ilfenesh Hadera

Esta neoyorquina no deja de cosechar éxitos en el cine: ha sido protagonista en la película Baywatch, ha participado en la serie feminista de Netflix She’s gotta have it y está cerca de convertirse en la próxima chica Bond. Pero Hadera es mucho más que una estrella de Hollywood. Hija de un refugiado etíope, es una mujer comprometida con la integración de los inmigrantes, con los derechos animales y con la ayuda a las personas sin hogar. Colabora habitualmente con el Comité de Servicios Africanos y su Instagram está lleno de publicaciones sobre la importancia de los programas de alfabetización y asesoramiento para los refugiados.

Aunque reconoce que las redes sociales ayudan a crear conciencia, en alguna tiene 168.000 seguidores, también admite que tienen límites: “Publicaré el enlace para eventos de recaudación de fondos y espero que algunas personas donen o participen. Pero una publicación en Instagram no ayudará a mantener un movimiento. La acción no es un tuit. Pienso en mis seguidores de Instagram: si todos donaran un dólar al Comité de Servicios Africanos, financiarían cinco clínicas en Etiopía durante un año”, escribió en una ocasión.

Charly Cox

Charly Cox tiene 22 años y es insta-poeta. En el cuadrado de Instagram, Cox escribe versos sobre feminismo, sobre su vida diaria, sobre cómo lidiar con las enfermedades mentales. Los redacta a mano y luego los cuadra. Este trabajo empezó a principios de 2017, cuando Charly comenzó a compartir cada día un poema con sus más de 28.000 seguidores de Instagram. Fáciles de leer, divertidos, sinceros y honestos, sus versos se han ganado a miles de jóvenes que tratan de navegar cada día por el mundo moderno. Publica este verano su primer libro recopilatorio de poemas: She must be mad. No se le puede perder la pista.

Sigrid

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Sigrid, la sensación de pop de Noruega. | Foto: Rick Kern/AP

Sigrid tiene 21 años y es la sensación pop de Noruega. Su primer single Don’t kill my vibe, que la ha colocado en el foco internacional, ya tiene más de 30 millones de reproducciones en Spotify y YouTube. 2017 fue un año de éxitos para la cantante: puso la banda sonora a la película de Marvel La liga de la justicia, cantó en el concierto del premio Nobel de la paz y saltó a la fama. Todo sin perder un ápice de naturalidad.

@vevo has chosen me as one of their «artists to watch» for 2018thank you

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Difícil encontrar una mejor representante de la generación millenial. Feminista, luchadora por la igualdad real y creyente en el poder transformador de los jóvenes. Así, la cantante insiste en que sus preocupaciones son las mismas que las de muchas mujeres de 21 años en una época de Trump, Brexit, acoso sexual y cambio climático. “Cuando se trata de mi edad, ¿por qué no debería tener opiniones? Creo que los jóvenes tienen opiniones. Siempre lo han hecho, pero debido a las redes sociales, ahora lo veo mucho más. Porque es muy fácil salir y tuitear algo o ponerlo en Instagram, y creo que es bueno”, dijo en una entrevista con The Guardian.

Halima Aden

Girl Power: las 13 mujeres que no conocías y van a arrasar en el 2018

Halima Aden es la modelo que se ha hecho famosa por desfilar en las pasarelas de Nueva York y Milán con un hijab, pero es mucho más de eso. Forma parte de esa generación de mujeres que no se conforma, que se atreve y desafía los estándares. Aden nació en un campo de refugiados de la ONU en el noreste de Kenia, donde vivió durante 10 años con sus padres, tras huir de la guerra civil de Somalia a principios de la década de 1990. Allí, Aden aprendió algunos de los valores que le acompañan y definen ahora: “En el campamento, no había bandos. La raza no importaba, el género no importaba, la religión no importaba. Cuando la vida se reduce a sus mínimos esenciales, todos somos uno y el mismo”, señaló a Harpers Bazaar.

Nike Pro Hijab has arrived!!

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Son esas lecciones las que le han dado el valor para convertirse en la primera mujer musulmana que lleva el hijab en pasarelas y sesiones de fotos.”Tengo la oportunidad, a través de mi modelo, de cambiar la forma en que se ven las mujeres musulmanas, de darles una plataforma para que se escuchen sus voces”, dijo a la publicación norteamericana. “Soy consciente y estoy orgullosa de esa responsabilidad“. “Durante mucho tiempo, a las mujeres como yo se nos ha mantenido al margen de la conversación. Se nos habla de ellas, pero no se nos da la oportunidad de hablar por nosotras mismas”, argumentó Aden. Ahora, su sueño es ser una embajadora global de UNICEF y demostrar el valor de la diversidad en la moda.

Awkwafina

Awkafina en realidad se llama Nora Lum y se hizo famosa cuando le compuso un rap a su vagina. Así tal cual. My Vag fue una respuesta a la canción que había hecho Mickey Avalon en 2006 llamada My Dick. Las rimas no tienen desperdicio en esta especie de confrontación entre genitales. La canción fue reivindicada por parte del movimiento feminista, aunque ella insiste en que solo quería hablar de sus partes íntimas. Awkafina nació en Nueva York y es cantante, comediante, rapera y actriz. Además, obtuvo una doble especialización en estudios de mujeres y periodismo. Lo tiene todo.

Tiene ascendencia china y surcoreana, por lo que para ella hacer lo que hace es ya una declaración política. “La existencia de alguien como yo, especialmente en mis videos anteriores, cuando YouTube era un escenario en el que no mucha gente veía a una mujer asiáticoamericana totalmente desvergonzada, es en sí misma provocadora”, señala a The Guardian. Awkwafina ha dado ya el salto de Youtube al cine y va a ser una de las ocho ladronas en la nueva película Ocean’s 8 junto a Rihanna, Cate Blanchet, Sandra Bullock y Anne Hathaway, entre otras. Not bad.

Devermut

Una de las faltas más grandes a las que se enfrenta el colectivo LGTBI es la ausencia de parejas, de historias de amor entre chicas o entre chicos, de transexuales e intersexuales. Eso es una de las fallas que intentan remediar Marta y Sara, la pareja de Youtubers que está detrás del canal Devermut. “Puede parecer una tontería, pero la televisión, el cine y la literatura dan la guía de la normalidad“, explicó Marta a Eldiario.es. Por esa razón, estas españolas tratan de visibilizar al colectivo LGBTI y resuelven dudas a sus suscriptores en base a sus experiencias personales.

Pero, además de esta labor de visibilización, Devermut ahora está involucrada en otro proyecto: denunciar el machismo callejero al que nos tenemos que enfrentar día a día las mujeres. Para eso, han creado una cuenta en Instragram y Twitter en la que recogen los testimonios de chicas que han sufrido estas experiencias.

Por si alguien tenía dudas #nomellamesguapa

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Yaeji

Yaeji y su familia hicieron el camino del sueño americano al contrario. Residentes en Atlanta, Estados Unidos, volvieron a Corea del Sur cuando se dieron cuenta de que su hija se estaba “americanizando” demasiado. Yaeji —cuyo nombre real es Kathy Yaeji Lee— agradeció esta decisión que le permitió profundizar más en sus raíces, pero con 19 años volvió a Brooklyn, a la escena neoyorquina de música electrónica underground en la que ahora encaja. Allí fue recibida por Discwoman, la agencia que trabaja exclusivamente con artistas mujeres para promover la inclusión y la igualdad de género en la vida nocturna. Con su apoyo consiguió convertirse en la cantante, DJ y productora musical que es ahora y que no teme romper las categorías culturales y artísticas.

Para sus canciones se inspira en su doble identidad y canta tanto en inglés como en coreano. Esto ha supuesto una verdadera revolución en muchos entornos de EEUU, y las palabras coreanas que flotan en sus canciones se han vuelto simbólicas. “Noté que para muchas chicas asiáticas, es un gran cambio. No hay nada mejor que escuchar a una chica decir después de mi show: ‘Me encanta que haya alguien que se parece a mí haciendo esto‘. Ahora, es muy importante para mí empujar en esa dirección y estar orgulloso de mi herencia”, explicó a Vogue.

Adesuwa Aighewi

Adesuwa Aighewi ha llegado al mundo de la moda con un mensaje claro: puedes ser modelo si tienes rastas y la piel negra, tanto como si no las tienes. Esta nigeriana con ascendencia china y tailandesa se opuso a cambiar su look para entrar en las pasarelas y ahora son las pasarelas las que la reciben con total normalidad. “En el pasado, a la moda le gustaba que las chicas negras tuvieran el pelo realmente lacio para emular a las mujeres blancas y encajar. Es algo que afecta a las modelos femeninas mucho más que a los hombres. Pero más recientemente, las mujeres negras han estado diciendo: ‘No, no voy a arreglar mi pelo’. Existe una creciente sensación de orgullo en los afroamericanos y está teniendo un efecto de goteo en la moda”, escribió en una columna en The Guardian. “El año que viene sospecho que habrá más chicas con rastas en la pasarela. Y eso ayudará a que otros se lancen”.

1st girl with dreads to shoot for @zara ‍♀Bless up

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Esa no es la única lucha de Aighewi que reivindica como ahora gracias a las redes sociales —ella tiene más de 28.000 seguidores en Instagram— las modelos tienen un espacio donde ser algo más que guapa. “Es genial ser tú mismo. Los agentes alientan ahora las chicas a tener más personalidad. El simple hecho de ser bonita ya no funciona“, escribió. La modelo es una habitual de las marchas por los derechos de las mujeres y su objetivo en el futuro es poder hacer documentales que cambien la forma en la que las personas ven África.

Cardi B

Girl Power: las 13 mujeres que no conocías y van a arrasar en 2018

El videoclip Bodak Yellow de la rapera Cardi B tiene ya más de 429 millones de reproducciones. 429 millones con versos como este: “Honestamente, no me importa un carajo a quién yo le caiga mal. He lanzado dos temazos en seis meses, ¿qué perra trabaja tan dura como yo?”.

Bodak Yellow, además de dejar entrever de qué va Cardi B, es solo uno de los éxitos que ha conseguido la rapera en 2017. Un año en el que ha roto techos culturales y se ha erigido como la primera rapera desde Lauryn Hill que tiene un hit en el número 1. Y en 2018, esto solo ha hecho que mejorar: en estos primeros días de enero se ha convertido en la primera mujer en la historia que tiene tres canciones en el top 10 simultáneamente durante tres semanas consecutivas.

En su Instagram, donde tiene casi 17 millones de seguidores, la cantante defiende sus raíces del Bronx, la música y la moda de sus colegas neoyorquinos y el poder transformador de las mujeres contra hombres como su presidente.

Zazie Beetz

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Zazie Beetz es actriz y nueva protagonista del universo Marvel, Deadpool 2. | Foto: Chris Pizzello/Invision/AP

Zazie Beetz está en su momento de oro: este 2018 se estrena en el Universo Marvel con la película Deadpool 2 con Ryan Reynolds, donde va a interpretar a Domino. De 26 años, nacida en Berlin, Beetz ya había aparecido en la serie Atlanta y en Easy, de Netflix. Firme defensora de la belleza real y del poder de la mujer, es un asidua participante a todas las marchas por los derechos de las mujeres. Beetz lo va a petar este 2018.

Naomi Scott

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Naomi Scott. | Foto: AP

Naomi Scott es cantante, actriz… y la Power Ranger rosa. Y va a ser la princesa Jasmine en la película de Aladdin que saldrá en 2019. “Ser un personaje femenino también se trata de ser una persona real, ¿y adivina qué? La mujer puede ser fuerte y divertirse, pero también puede equivocarse y ser emocional. Es una mujer multidimensional, y no tiene por qué ser una sola cosa. Así que en esta película, la ves ir en una montaña rusa, su único objetivo no es enamorarse o casarse“, contaba Scott a Elle sobre su personaje Jasmine.

Estos dos papeles la han puesto en el foco de mujeres a quien no perder de vista. Pero lo más guay de Naomi no son sus alter egos, sino ella misma. Divertida, natural, viciada a Youtube y a la comida india, Scott comparte su día a día —y sus outfits molones— en Instagram.

Angourie Rice

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Angourie tiene casi más películas rodadas que edad. 11 a sus espaldas y dos para estrenar en 2018, el año no podía empezar mejor para esta australiana de 17 años. La representante de la Generación Z se codea ya con grandes de Hollywood como Nicole Kidman o Ryan Gosling; y ya ha sido invitada a Cannes. Aun así, mantiene los pies muy en la tierra. Sigue con sus clases para terminar los estudios y le encanta ir a la escuela y los deberes. “Tiene un componente social muy importante, me ayuda a tener los pies muy situados y está bien tener una rutina”, ha dicho en alguna ocasión.

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María Cabrera: "En nuestra sociedad están los que luchan y los que miran"

Beatriz García

Foto: Laura Guisado

La memoria es un proceso de montaje, recordar es narrar con imágenes de archivo. Lo mismo que se construye la noticia, así se construye el discurso de una vida. Sin embargo, ¿cómo testimoniar la historia de las 925 personas – ni un millar ni 900, contémoslos a todos-, que perdieron su trabajo en Telemadrid hace apenas cinco años por el endeudamiento y la mala gestión de otros? Ellos la llamaban ‘La Casa’, trabajaban informando y acabaron convertidos en material informativo. Y mucho más, en un símbolo del obrero que se resiste a ser escupido de la misma empresa que ayudó a levantar.

La escritora y realizadora María Cabrera vivió el proceso de desmantelamiento de la televisión pública, conoció las historias de quienes se fueron y quienes se quedaron y también lo sintieron, y escribió ‘Televisión’ (ed. Caballo de Troya) para que no cayera en el olvido. Más aún, creó una novela que habla de afectos, de relaciones humanas, que reflexiona sobre lenguaje y la mirada hacia un mundo, dice, que nos resulta extraño y tratamos de comprender. La suya es una mirada serena y cinematográfica, la cámara salta de un personaje a otro, enfoca diferentes mundos, hace ‘zoom’ en la vida íntima de una tele y sus personajes, e invita al lector a ser espectador privilegiado, no un mero ‘mirón pasivo’, sino alguien que recordando, edita y descubres nuevas capas de una historia que, a tenor de los tiempos que vivimos, es la de todos.


Junto a María Cabrera, rebobinamos cintas, memorias, luchas y paseamos por los pasillos de una televisión fantasma. Así es ‘Televisión’.

María Cabrera: "En nuestra sociedad están los que luchan y los que miran"
‘Televisión’, editorial Caballo de Troya.

Tú viviste el ERE de Telemadrid en primera persona. ¿Tan mal lo pasa el que se va como el que se queda?

‘Televisión’ surge de preguntarme dónde está cada uno en el momento crucial, en el que el personaje de Henar es precisamente alguien que se queda atrapado en medio del conflicto sin tener claro qué piensa ni qué siente, con más dudas que certezas; un personaje común que —Henar mantiene su puesto, a mí se me acabó el contrato doce días antes del ERE; a los muchos meses volví, de modo intermitente— humaniza una historia más allá de buenos y malos. Me afectó más en lo personal que en lo laboral, al menos yo lo sentí así; aunque era evidente que a la larga perdíamos todos, que aquel era el último bastión de los derechos laborales de los trabajadores en nuestro país por el que había que luchar, lo cierto es que yo estaba de paso, con un contrato de tres años y a la calle, y mi vinculación con el conflicto no fue plena: no iba a perder mi puesto de trabajo porque nunca lo tuve. Lo viví desde ese lugar y fue difícil para mí estar allí, y lo fue volver después. Como sé que lo fue para los que se fueron y no han podido volver, y para los que se fueron y ahora están volviendo. Me sentía parte de todo aquello: había sido mi primera incursión profesional en un medio —¡en qué medio! — y en el tiempo que pasé allí había sentido gran apego por muchos de mis compañeros, los admiraba y estaba a gusto trabajando con ellos. Y de pronto comenzó la pesadilla. Al mismo tiempo que me escandalizada por lo grave e injusto de la situación y los apoyaba o quería apoyarlos —no sé en qué momento esto dejó de ser lo mismo—, comencé a distanciarme. Sencillamente porque podía hacerlo; ellos no podían.

El personaje de Henar es una documentalista que trabaja en el turno de noche de una televisión arruinada, casi un fantasma dedicado a revisionar viejas cintas. Si el recuerdo, como dices en el libro, está transformado por el pensamiento. ¿Es el pasado un ejercicio de montaje?

La construcción del pasado sí, y la novela está escrita de manera que sea evidente, a partir de los recuerdos, pero también de las grabaciones, que podría parecer un material más fiable pero no deja de ser una construcción del pasado desde otro presente. Y a partir de un narrador poco fiable, que duda, se expresa en palabras de otros, cambia de punto de vista, no sabemos desde dónde está narrando… ‘Televisión’ quiere reconstruir la historia de una televisión (su propia historia) a partir de las memorias de los personajes que trabajaron en ella y la habitaron (la llamaban la Casa, y ellos eran una gran familia). A este respecto, la novela plantea una reflexión cuando se trata de los recuerdos que los personajes tienen de lo que fue la mejor época de la tele, la de su juventud, cuando empezaron a trabajar allí, a hacerse amigos, a formarse parejas… Lo que no deja de ser curioso si se compara, como se hace, con el presente en esa otra televisión arruinada en la que otros pocos (muchísimos menos) son, a pesar de las pésimas condiciones laborales, jóvenes y felices, y ante esta incertidumbre laboral en la que los despidos están a flor de piel ellos llevan ahí cuatro años, se han casado y han tenido hijos. Y una se queda pensando en lo subjetivo y cambiante que es todo, lo que vemos, lo que creemos ver, lo que recordamos y lo que olvidamos.

Henar también es “la persona que se oculta”. ¿En qué medida es un personaje marcado por la culpa? ¿Y por la sensación de ‘no escapatoria’?

Se habla de la culpa, pero creo que tiene más que ver con la vergüenza. Cuando Henar se encuentra por la calle con un compañero al que han echado y tiene que reconocer que ella sigue trabajando dentro, al mirarlo a los ojos siente vergüenza. Muchos supervivientes la sienten por haber sobrevivido. Henar tiene que vivir con ello, y lo hace. En ese edificio vacío, monstruoso y gris lleno de fantasmas que es la televisión de noche, ahí están sus propios recuerdos, los viajes, los amores, el trabajo distorsionado y las cintas de vídeo que visiona una y otra vez en las que siempre encuentra algo nuevo a lo que aferrarse.

Escribes: “El trabajo condiciona la manera en que vivimos”. ¿Cuánto te ha condicionado a ti?

Es uno de los pilares de la mayoría de las personas, junto con la familia y las experiencias vitales. Hablo del trabajo como la actividad que desarrollamos a lo largo de un tercio de nuestra vida adulta, pero es que, además, el resto de nuestro tiempo libre lo determinan cuestiones salariales y otras derivadas que hacen que, por ejemplo, nos llevemos el trabajo a casa. Y a veces, incluso, este es vocacional y va más allá, o hay un padre de familia que considera que es su deber mantener a su mujer y sus hijos, o la sociedad dicta que hay que trabajar así o así para estar dentro. Creo que es bastante habitual construirse la propia identidad en torno al trabajo; yo me revuelvo contra la idea de que defina quién soy, quiero pensar que si no hubiera trabajado diez años en la tele sería la misma persona en esencia, pero lo cierto es que quien pierde su trabajo siente que se pierde un poco a sí mismo. Y lo preocupante es que esto ocurra al tiempo que las condiciones laborales merman y el trabajo se deshumaniza como lo está haciendo. Porque hace que vivamos peor.

 ¿Influye en tu obra esa otra faceta como realizadora de televisión? Te lo pregunto, porque algunas de las escenas de ‘Televisión’ parecen una narración filmada, hay algo muy audiovisual en ellas.

Supongo que sí, al final lo que haces define una parte de ti, y eso queda reflejado en la propia obra. No solo a la hora de describir esos oficios que se encuentran dentro de esa fábrica de trabajadores que es una televisión, sino que también a la hora de narrar aparece ese lenguaje a veces más audiovisual que escrito. Y más que cinematográfico, televisivo. Buena parte de esta historia la hemos visto a través de imágenes, especialmente esas de las manifestaciones y huelgas han salido en los medios, son parte del imaginario común de aquellos que siguieron un poco la historia. Fue muy visual. Yo misma incluso, a pesar de haberla vivido, después la he visto muchas veces grabada y, al cabo de cinco años, una no sabe muy bien qué momentos vivió y qué imágenes fueron construidas por otros y simplemente las recibió, pero se le han quedado grabadas igual que ciertos recuerdos. Se quedan unas y no otras. Ese es el montaje de la memoria.

En el libro hay tres narradores que dan tres puntos de vista diferentes sobre el desarrollo del ERE, pero me llama la atención ese “Nosotros”, que recoge el sentir y las historias de quienes fueron despedidos. Pusiste caras a un drama cuando a menudo los periodistas convertimos las historias personales en cifras de muertos y heridos. ¿Crees que la literatura es mejor medio para preservar el pasado que la imagen?

Son lenguajes complementarios. La lectura, en este caso, hace universal la historia, el argumento de un grupo de trabajadores que lucha para evitar ser despedidos. Cualquiera es capaz de reconocerse a sí mismo o a algún ser cercano que ha sufrido una situación similar.
Yo me apoyé mucho en las imágenes para construir algunas partes de lo que es la historia propiamente dicha. Necesitaba saber que esos archivos existían, aunque después no los mirase tanto ni necesitase describir como lo hace una foto, pero sí que miraba dentro de esas imágenes, me metía dentro de ellas. El libro resultante es algo distinto, no es solo esa historia, que ya la contaron ellos mismos a través de entrevistas, vídeos, acciones que emprendieron y retransmitieron periodística y humanamente, colocándose delante y detrás de las cámaras a un tiempo. El libro habla de las relaciones humanas, habla de la pérdida del trabajo y de cómo afrontamos cada uno un hecho así, habla de la cotidianidad, del lenguaje, de la lucha, de la mirada hacia un mundo que resulta extraño y tratamos de comprender como podemos. Por supuesto que una película o una obra de teatro pueden abordar desde la imagen una reflexión así más allá de contar una historia. Ojalá alguien se anime a hacer la peli, ¡me encantaría ver este libro en pantalla!

¿Hay alguna imagen de esos días de huelgas y luchas sociales que se te quedase grabada en la memoria más que ninguna otra?

Muchísimas. Fue una historia inmensa, que marcó a quienes la vivieron, miles de personas entre trabajadores, familiares, gente que se involucró en la lucha, en el contexto que se había generado un año antes con el 15-M y la población en las calles. Era una explosión de fuerza. Verlos a todos juntos levantarse, organizarse, comenzar a luchar, ser cada vez más, conocer a toda esa gente o sentir que los conocía me generó un gran orgullo y la esperanza de que se podían cambiar las cosas y hacer frente a las injusticias. Para mí fue una enseñanza. Y una sensación muy intensa y contradictoria, como de estar feliz y triste al mismo tiempo.

María Cabrera: "En nuestra sociedad están los que luchan y los que miran" 2
Trabajadores protestando por los despidos. Imagen: Salvemos Telemadrid.

Una frase del libro me atraviesa especialmente y la dice Henar: “Preferimos vivir con ciertos problemas a carecer de ellos”. Me recuerda mucho a lo que escribió Jelinek en ‘Las Amantes’: “Merecemos lo que somos capaces de soportar”. ¿Estás de acuerdo?

Creo que tiene que ver con el deseo de sentirnos vivos. Experimentar el abismo de lo real, la desesperación, el placer y el sufrimiento, todo eso forma parte de nuestra intimidad más cotidiana y más oculta también. En ese punto sí podrían compartir esa lectura. Leí Las amantes hace años, Jelinek es muy perturbadora y lúcida, lleva las fantasías, las relaciones y los deseos hacia lo más terrorífico y autodestructivo, traspasa el límite y eso le da una fuerza brutal. En ‘Televisión’, que transcurre de noche y en ambientes un tanto desoladores, la voz narradora aún tiene momentos luminosos, va y viene.

Si algo detesto de la vida de oficina es el corporativismo de los compañeros y tú lo describes muy bien en ‘Televisión’: gente que perdió sus puestos o los mantuvo en pésimas condiciones, pero seguía justificando a la empresa. ¿Cómo lo explicas? ¿Es síndrome de Estocolmo, miedo…?

Desde la reforma laboral, la inseguridad en el trabajo es mayor, y hay miedo a perder el empleo. Por eso la gente no se queja del salario o de las condiciones, porque al menos tiene trabajo. Y ese es el discurso que se pronuncia y que acalla todo. Desde la empresa se fomenta la competitividad mal entendida, que premia el comportamiento servicial, y revierte en poco compañerismo y en un aumento de poder del empresario con respecto a sus empleados. Pero también el deseo del empleado de ascender rápidamente sin importar cómo. Esta novela se sitúa en un contexto histórico próximo, hace apenas cinco años, pero me parece que la situación que retrata queda muy lejana. Hoy en día no tenemos tanta fuerza para defendernos, eso es lo que nos han quitado. Y por eso me parece que tiene una importancia mayor recordarla.

Cuando aprendes cómo se construyen las noticias entras en una crisis de realidad, te das cuenta de que la verdad es algo que no interesa. ¿Cómo seguir trabajando con dignidad en época de la posverdad?

Cuando trabajas en un medio como una televisión, aunque no sea como periodista —no lo soy—, te planteas qué realidad estamos construyendo desde ahí, te invade la responsabilidad, te das cuenta del inmenso poder de persuasión que tiene, de quién lo está utilizando y cómo. El libro reflexiona sobre eso, sobre la manera de presentar esa realidad cada día, en cada programa, cada minuto y cada segundo de información tratada con una intención determinada y muy clara. Detrás de cada decisión tomada se esconden intereses políticos y económicos que se nos escapan. Supongo que cada uno valora cómo seguir. También se hace un trabajo muy digno por parte de muchos periodistas, fundamental para denunciar, analizar, contar y cuestionar aquello que nos afecta o que debería afectarnos. El manejo de la información es una herramienta muy poderosa y tiene que estar de nuestro lado. Tirar la toalla o descreer de todo el periodismo que se hace es un error.

“Uno no entra a trabajar sino a defender su puesto”, dices. Quizás nuestro gran problema es que defendemos nuestra puesto ‘contra’ los demás y no ‘con’ los demás. ¿Falta en nuestro país el sentimiento de comunidad que se generó en la época de la crisis y entre los compañeros víctimas del ERE en Telemadrid?

Partiendo de la base de que los trabajadores deberían poder llegar a su lugar de trabajo y sencillamente entrar a trabajar y no a defender su puesto, también en esta novela y en esta historia el sentimiento de comunidad se creó cuando fue necesario. Es una novela más bélica que política, en un sentido metafórico. En nuestra sociedad las guerras se producen por el trabajo, el poder, la pobreza. Y están los que luchan y los que miran. En nuestro mundo desarrollado, las guerras suelen suceder por televisión y la mayor parte del tiempo somos espectadores de las mismas. Y si la lucha se produce a nuestro lado, nos comportamos igual. Cuesta mucho esfuerzo comprometer y concienciar a la gente. El individualismo lleva tiempo instalado entre nosotros. En cuanto a la lucha, las generaciones más jóvenes están viviendo un tiempo en el que nada dura lo suficiente como para tener que luchar por ello, porque enseguida es sustituido por otra cosa. Y se han acostumbrado a que sea así porque hay estímulos y soportes para ello. De momento nos venden eso y eso compramos.

“La noticia tiene que pasar por uno para ser real”. Explícame eso.

Hasta que no te toca a ti, no te afecta, no deja de ser una noticia más que contemplamos desde el sofá (como las guerras que suceden en otros lugares). El personaje principal, sin embargo, siente, al trabajar en una televisión, que está en el lugar donde pasan todas las cosas, y llega un momento en el que no quiere estar más en ese centro, quiere dejar de mirar las imágenes de los atentados y de escuchar debates sobre violaciones a niñas, desaparecidos, enfermedades y muerte. Porque al final le afecta, le produce aprensión, paranoia. Otro personaje dice que están acostumbrados a dar todo tipo de noticias, hasta que ellos mismos se convierten en una, y la cosa cambia.

¿Cómo reaccionaron tus compañeros protagonistas, ese ‘Nosotros’ que es voz comunal salpicada de pequeñas historias, cuando publicaste el libro?

No tengo una visión general de cómo ha sido recibido el libro dentro de la tele. Sí que me han llegado impresiones particulares, todas buenas. Me alegra especialmente que a las personas que se vieron afectadas por aquel ERE les guste el libro, porque no es complaciente y mete el dedo en la llaga, pero trata de ser justo. Y ahí queda, guardando la memoria.

Háblame de futuros proyectos. (Sí, es una pregunta manida de periodista, pero al menos he evitado la de “¿por qué empezaste a escribir?”… Alguien debería contestar: “Porque me dio la gana”).

He empezado una segunda novela que continuará algunas líneas que ya introduje en esta; la ambivalencia realidad-ficción, el lenguaje audiovisual, la memoria… Me gustaría explayarme más, hacer más investigación, y que no tenga nada que ver con la televisión.

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Así es el gracioso 'reboot' de Friends para millennials que responde a sus críticas a la serie

Redacción TO

Foto: YouTube

A los millennials no les gusta Friends, o al menos a los millennials más jóvenes. La exitosa sitcom de mediados de los noventa ha sido acusada de homófoba y machista, según recoge una encuesta del diario británico The Independent. Las generaciones más jóvenes rechazan la forma de hacer comedia de la recordada serie de la NBC.

La ficción, disponible para su visionado en streaming a través de Netflix, no ha logrado calar en estos jóvenes ya que están “impactados” por el tratamiento que se hace de determinadas situaciones relacionadas con temas de género e identidad sexual.

Por poner un ejemplo de momentos que molestan, los millennials critican la escena en la que Ross le quita una muñeca Barbie a su hijo, que está jugando con ella, y la cambia por un muñeco de G.I. Joe. Este momento es descrito como un claro ejemplo de perpetuar los roles de género de manera equivocada, y un pensamiento totalmente lejano a la sensibilidad actual sobre la identidad de las personas.

Uno de los momentos descritos como homófobos es de la paranoia de Chandler ante la opción de que el resto lo crea homosexual y los recurrentes chistes en relación a la condición de travesti de su padre, algo que es rechazado por estos jóvenes.

En respuesta a toda esta controversia, un grupo de millennials ha difundido unos títulos de Friends destinados a ellos. En un video que ha se ha hecho viral en las redes sociales se puede ver a los seis amigos haciéndose selfis y utilizando sus móviles, como locos, mostrando esa particular forma de actuar de los millennials.

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#NoSeasAnimal, la campaña de la Junta de Andalucía contra los piropos indeseados

Redacción TO

Foto: Instituto Andaluz de la Mujer
Twitter

#NoSeasAnimal es la última campaña del Instituto Andaluz de la Mujer y el Instituto Andaluz de la Juventud contra el acoso callejero, y su objetivo es prevenir una forma de violencia de género que consideran que está “socialmente aceptada” y que normaliza el papel de la mujer como objeto sexual.

Para visibilizar este fenómeno, la campaña compara a los acosadores con una ‘fauna callejera’ formada por búhos, buitres, cerdos, gallitos, gorriones y pulpos.

Así, los búhos son aquellos que “no te quitan el ojo de encima”, los buitres “están siempre al acecho”, los cerdos “gritan barbaridades”, el gallito “dice piropos a unos metros de distancia”, el gorrión “reclama tu atención silbándote” y el pulpo “se pega cada vez que puede”.

Con estas comparaciones, la campaña quiere hacer ver que “estos comportamientos no son propios de personas”. Para acabar finalmente con esta “fauna callejera”, un vídeo muestra situaciones cotidianas en las que se repiten constantemente acciones de acoso callejero que en ocasiones son percibidas como algo normal, pero que en realidad son una práctica machista que favorece la vulnerabilidad de las mujeres. Piropos no deseados, roces en el transporte público, fotografías sin permiso… todo ellos son comportamientos que suponen un acto de machismo y que, con esta campaña, la Junta de Andalucía quiere erradicar de las calles.

El acoso callejero es la práctica “machista y sexual más comúnmente aceptada”, ha dicho el director del Instituto Andaluz de la Juventud, Francisco Pizarro. “Se trata de comportamientos sexuales explícitos o implícitos que los hombres hacen cotidianamente a las mujeres en las calles, sin ver en ello violencia”, ha añadido.

Reacciones a la campaña

Como era de esperar, esta campaña ha generado reacciones de todo tipo. Desde los que la aplauden y creen que su objetivo es necesario, hasta los que consideran que es una exageración considerar los piropos como acoso callejero, las redes sociales han tardado poco en reaccionar a esta sorprendente campaña.

Entre los que la defienden, hay quien incluso considera que los hombres retratados en estas imágenes son indignos de ser comparados con los animales.

Ampliación del programa contra las agresiones sexuales

Con esta campaña, el Instituto Andaluz de la Mujer (IAM) ha anunciado que este año se ampliará la atención psicológica a las víctimas de agresiones sexuales a través del Teléfono de Información de la Mujer (900 200 999).

El IAM ha asistido a 4.420 víctimas de violencia sexual, un “reflejo escalofriante de un problema social de intolerancia y permisividad ante uno de los mayores delitos contra las personas”, ha dicho Elena Ruiz, la directora de esta institución, que ha animado a llamar a todas las mujeres que sufran una agresión o abuso sexual.

Hasta ahora, el Teléfono de Información de la Mujer derivaba los casos de agresiones al Servicio de Información Jurídica, Asistencia Legal y Atención Psicológica, pero ahora se reforzará esta atención poniendo a disposición de las usuarias una asistencia telefónia urgente por parte de un equipo de psicólogas que atenderá las primeras necesidades de estas mujeres. El servicio funcionará de jueves a domingo y días festivos, cuando se concentra mayor número de agresiones y abusos en torno a las fiestas locales.

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