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Cabinas de ‘última generación’, con problemas inesperados

Verónica Reguillo

Mapas interactivos, pantallas táctiles, WiFi gratis… Todo la tecnología punta recogida en una cabina telefónica de ‘última generación’. Solo hay un problema: nada funciona.

Ha ocurrido en Londres, la ciudad de las cabinas y de los autobuses rojos. Una empresa de publicidad, Clear Channel, ha instalado cien cabinas ‘tecnológicas’, y de momento solo son paneles publicitarios con un diseño elaborado.

El objetivo era ser tan útiles como lo fueron en su día las tradicionales cabinas, pero adaptándolas a las nuevas exigencias de nuestro tiempo. La publicación The Memo (sobre futuro, innovación y tecnología) describe varios problemas:

– La pantalla táctil es lenta y si consigues escribir todas las letras del lugar que buscas en el mapa, el mensaje que aparecerá, (o aparecía, al menos, hasta hace unos días) será este: “¡Lo sentimos! El servicio de mapa no está disponible esta vez”.

No ofrece conexión WiFi gratis, y nadie se atreve a usar su tarjeta de crédito para llamar por teléfono por si, simplemente, no consigues la tarjeta de vuelta.

Mientras, las cabinas tradicionales de Londres son siempre un atractivo (Foto: Matt Dunham / AP)
Mientras, las cabinas tradicionales de Londres son siempre un atractivo (Foto: Matt Dunham / AP)

Según The Memo, la empresa que las ha puesto en marcha ha dado una respuesta a los problemas que se han generado: “Como con toda la nueva tecnología, habrá un período corto de tiempo para que los quioscos sean completamente operacionales”. Y piensan seguir adelante, porque el plan es instalar otras 500 cabinas negras y ‘modernas’ a lo largo y ancho de la ciudad londinense.

Éxito en Nueva York

Pero esta idea no nace en Londres: la han imitado de Nueva York, donde, al parecer, sí que funcionan. Tanto es así, que en tan solo un año (desde enero de 2016), una media de 40.000 personas a la semana se registraron por primera vez en esta red gratuita neoyorquina. También semanalmente, se iniciaron 4 millones de sesiones WiFi en los llamados quiscos LinkNYC, que han sustituido a las antiguas cabinas telefónicas.

Desde luego, en cifras está siendo todo un éxito, sin embargo, también ha habido algunas cuestiones polémicas. En septiembre de 2016, la empresa retiró el servicio de navegación web de las tabletas incluidas en el propio quiosco, por la gran cantidad de quejas que hubo al respecto. Al parecer, demasiada gente monopolizaba esta conexión usando el Internet gratuito de la máquina para ver películas, pornografía, e incluso masturbarse a plena luz del día.

Ahora no se puede navegar por la web pero los quiscos siguen ofreciendo WiFi gratis, llamadas ‘domésticas’ gratuitas, mapas interactivos, puertos de carga para USB, y un botón rojo del 911.

Aunque la iniciativa está enfocada a ser un moderno escaparate publicitario, ofrece servicios que nos pueden ser útiles si visitamos la ciudad (más en Nueva York que en Londres, al menos de momento). Sin embargo, nunca está de más llevar una guía por si ese día los mapas interactivos, simplemente, no funcionan.

Así será el interior de la nave para turistas espaciales de Blue Origin

Redaccion The Objective

Foto: Blue Origin

“Los asientos con las ventanas más grandes jamás vistas en el espacio”. Así es como Jeff Bezos, CEO de la compañía Blue Origin, describe el interior la nave con la que planea transportar pasajeros al espacio exterior en 2018.

La empresa ha dado a conocer las primeras imágenes del interior del New Shepard, el vehículo que transportará a turistas más allá de la línea Kármán para vislumbrar la Tierra desde la lejanía mientras experimentan la gravedad cero.

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Vislumbrar la Tierra desde el espacio ya no es un sueño futurista | Imagen: Blue Origin

El diseño muestra una cápsula de unos 15 m² (más que suficiente para que 6 personas floten en su interior), enormes ventanas y cómodos asientos de cuero reclinables, adornados con el logo en forma de pluma de la compañía, elegido porque es “el símbolo de un vuelo elegante y poderoso”.

En la representación, los pasajeros llevan “trajes de lanzamiento” más parecidos al vestuario de Star Trek que a la aparatosa parafernalia con la que solemos imaginar a los astronautas, y en el centro de la cápsula, con la estética de una inusual lámpara o mesa de última generación, se sitúa el extremo del motor de la nave.

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Así es el New Shepard | Foto: Blue Origin

Aunque Blue Origin no ha desvelado todavía las tarifas para un vuelo espacial de aproximadamente 10 minutos de duración, algunos medios calculan que el precio oscilará entre los 100.000 y 200.000 dólares. 

Según Bezos, el principal atractivo de este tipo de vuelos no reside únicamente en visitar el espacio, sino también en la “emoción de la aceleración en el momento del ascenso” gracias a un potentísimo motor capaz de salir de la Tierra en pocos minutos.

Con la cápsula New Shepard, Blue Origin competirá con el SpaceX Dragon impulsado por Elon Musk, que se espera que envíe a dos turistas alrededor de la luna el próximo año,  pero no sólo eso: con New Glenn, Bezos espera llegar también allí para fabricar una base permanente en el satélite.

China y la búsqueda de los 14 millones de niños que 'nunca' nacieron

Redacción TO

Foto: China Stringer
Reuters

China tiene la capacidad estadística de darnos sorpresas. En este país inmenso de 1.370 millones de personas han aparecido de la noche a la mañana en sentido metafórico, pues ha sido entre 2012 y 2016, otros 14 millones hasta ahora desconocidos. La cantidad es asombrosa por elevada; equivale a los habitantes de ciudades como Estambul o Londres, lo cual sería difícil de explicar que sucediera en otro país que no fuera China.

China y la búsqueda de los 14 millones de ciudadanos que 'nunca' nacieron
Un niño, en la sala de espera de un aeropuerto. | Foto: Ng Han Guan/AP Photo

El fenómeno, sin embargo, tiene una explicación. Cuando en 1979 el Partido Comunista implantó la ley del hijo único, que consistía en limitar el número de nacimientos a un hijo o hija por familia, implantó al mismo tiempo un sistema injusto y tramposo para poner freno a una cantidad de nacimientos que se escapaba del control del Estado. Durante todos estos años y hasta diciembre de 2015, las familias han tenido que pagar tasas abusivas y a todas luces discriminatorias para registrar a los hijos nacidos fuera de lo permitido. Por ejemplo, en 2012, la tasa se encontraba sobre los 40.000 dólares, una cifra difícilmente asumible para una familia media. Las estadísticas oficiales presumen que esta medida ha evitado 400 millones de nacimientos adicionales, pero reducir esta posibilidad a las familias con capacidad económica ha creado problemas que ahora comienzan a atenderse.

“La cantidad de chinos sin censar equivale a los habitantes de ciudades superpobladas como Estambul o Londres”

El resultado, casi cuarenta años después, es una masa que se agolpa para registrarse en el hukou, que es un sistema similar a nuestro censo, sin el cual un ciudadano no tiene derecho a recibir atención sanitaria, ser escolarizado o cobrar una pensión. Un ciudadano que no existe para el hukou, no existe para la Administración. Los 14 millones de ciudadanos nuevos han vivido todos estos años en la sombra, como si un documento los hubiera puesto por primera vez en el mapa, y el gobierno prevé localizarlos a todos en un plazo inferior a tres años.

China y la búsqueda de los 14 millones de ciudadanos que 'nunca' nacieron 1
Un grupo de niños en un orfanato chino en 2007 | Foto: Elizabeth Dalziel/AP Photo

No hay vida posible sin hukou. Este documento no solo recoge el nombre y la fecha de nacimiento, sino también el número de familiares o el estado civil. Así que China ha decidido facilitar el acceso al documento reconociendo, después de todo este tiempo, que se trata de un derecho fundamental de sus ciudadanos. Y, entre estos, destacan los olvidados por la Historia reciente, como los que nacieron fuera de la ley del hijo único o aquellos que, por no tener padres, no han podido certificar su fecha de nacimiento.

El nuevo sector en alza: el turismo negro

Lidia Ramírez

Foto: GLEB GARANICH
Reuters

Hay personas ávidas de emociones fuertes que quieren vivir una aventura, pero sin riesgos, en caminos ya trillados que les ofrezcan la garantía de que su zona de confort sólo se verá invadida de manera controlada. Hay a quien el turismo tradicional ya no le convence: sol, playa, museos, visita al casco antiguo de una ciudad…¡Bah, pamplinas! Nada comparado con sentir lo mal que lo pasaban los presos en las cárceles soviéticas –el penal de Karosta, en Letonia, ofrece noches con todo incluido: gritos, amenazas, sólo agua fría para bañarse..– o percibir un poco lo que fue el genocidio ruandés –Ruanda ha dispuesto lugares para ello, con restos humanos y ropa ensangrentada, todo original–. Y para los que les guste vivir al límite, también pueden visitar Chernóbil y hospedarse en el hotel Pripyat, que prohibe a sus clientes abrir las ventanas, por esto de la radiactividad; o acercarse al reactor que sufrió el peor accidente nuclear de la historia y hacerse un par de selfies. Sólo permiten estar junto a él diez minutos por unos 200 dólares.

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La planta nuclear Chernóbil, de fondo. | Foto: Gleb Garanich / Reuters.

Este tipo de turismo es conocido como turismo negro, oscuro o de dolor, y aunque existe desde tiempos remotos porque el morbo de la tragedia siempre ha interesado, ya sea en forma de cadáveres carbonizados en Pompeya o en forma de altar maya para los sacrificios humanos, “el matiz no es el lugar, sino la intencionalidad de quien se acerca a él”, según la grafopsicóloga, escritora y redactora del programa Cuarto Milenio, Clara Tahoces.  “Los ‘lugares de dolor’, por decirlo de alguna manera, han existido desde siempre. Los campos de exterminio nazi, por citar un ejemplo, han sido visitados desde la perspectiva de la Historia y del no olvido de lo que allí ocurrió, para evitar que vuelva a repetirse”, sin embargo, el problema, en palabra de Tahoces, “es que hay gente que acude a ellos como si de un parque de atracciones se tratara”. Ejemplo de ello son las duchas que se han colocado en el campo de concentración de Auschwitz (Cracovia, Polonia), emulando a las que usaban para el exterminio y con el fin de que se refresquen los turistas “como si fuese un ornamento turístico”.

Belchite Viejo, Zaragoza, la ‘meca’ del turismo negro en España

Belchite Viejo protagonizó en 1937 una de las mayores matanzas durante la Guerra Civil Española. Se estima que entre el 24 de agosto y el 6 de septiembre de ese mismo año murieron cerca de cinco mil personas. Totalmente en ruinas, desde 2007, el ayuntamiento realiza visitas guiadas –diurnas todos los días y nocturnas los fines de semana– donde se puede contemplar el enorme grado de destrucción que causaron los combates. Visitar las caras de Bélmez, un fenómeno considerado por muchos como paranormal, que consiste en la aparición de pigmentaciones, identificadas como rostros, en el suelo de una casa ubicada en Bélmez de la Moraleda, Jaén, es otro de los emplazamientos más interesantes para el turista de la catástrofe en España.

El nuevo sector en alza: el turismo negro
Una de las calles de Belchite en 2009. | Foto: Wikipedia.

Otros emplazamientos interesantes para el turista de la catástrofe son los espacios expositivos especializados como museos o galerías del crimen. En España tenemos, por ejemplo, la Galería de la Inquisición en Córdoba  o el Museo de la Inquisición y la Tortura en Santillana del Mar, Cantabria. Lugares que invitan a sumergirse a través del tiempo a una etapa cruel de nuestra historia y que presentan una amplia muestra de múltiples máquinas y procedimientos de tortura.

El Museo del Crimen de Scotland Yard, Londres, también conocido como Museo Negro, es por excelencia el espacio expositivo de referencia para este tipo de turismo. La sala reúne desde antifaces usados en 1905 por asesinos hasta reproducciones policiales de las mochilas de los yihadistas del 7-J. También figuran un maletín con una jeringa disimulada para inyectar veneno a la víctima y el champán con que celebraron los ladrones el robo del tren de Glasgow. Toda una colección de objetos con historias truculentas que sirven como resquicio por donde espiar la mente criminal de quienes cometieron esos actos. Sin embargo, hasta el momento, sólo tienen acceso a él los oficiales de policía, estudiantes de la academia y los investigadores que tengan la necesidad de utilizar elementos del museo en vinculación con casos del presente.

Por ahora…

Sí, habrá un robot al volante

José Carlos Rodríguez

Foto: HANDOUT
Reuters

Un conductor toma la decisión de saltarse un ‘ceda el paso’, y el Volvo que intentaba cambiar el sentido choca contra él. La noticia no habría aparecido siquiera en la prensa local si el segundo vehículo hubiese estado conducido. Pero es uno de esos drones sobre ruedas que constituyen la promesa de un mejor transporte; un coche que se gobierna de forma autónoma, sin conductor. Como la tecnología no está madura, circulan con un piloto que, llegado el momento, retoma el control. En esta ocasión, la precaución no ha sido suficiente.

El coche forma parte de la flota de coches autónomos de Uber en la ciudad de Tempe, Arizona. La compañía ha suspendido su programa de pruebas con coches autopilotados, como primera providencia. Pero volverá a retomarlo. Uber ve un futuro de coches que funcionan sin horario, y en los que todos los ingresos van para la compañía.

En nuestra ciudad habrá decenas, centenares de coches fantasma, que reaccionarán como autómatas a un par de toques en la pantalla de nuestro teléfono móvil. Alquilaremos el uso de los coches para la ciudad. Nos recogerán, y por un módico precio nos dejarán donde queramos. Más adelante, sólo habrá vehículos autónomos, que se comunicarán entre ellos. Los atascos serán menos frecuentes. Y no habrá multas, porque los vehículos no se saltarán el código. Los ayuntamientos, como venganza, nos prohibirán conducir por el centro de las ciudades. Leeremos camino del trabajo, si es que entonces todavía se estila esta milenaria costumbre. Los metros de las ciudades se cerrarán y se convertirán en museos o centros de ocio.

Es un futuro que casi podemos tocar con la punta de los dedos, pero que aún se nos hace lejano. Es normal que la transición cause accidentes. En la I Guerra Mundial, el índice de mortalidad de los aviones, en sus primeros vuelos, era de más del 70 por ciento a los tres meses. Los pasos que vamos a dar a esta nueva forma de transporte no van a ser tan traumáticos.

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