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Cadenas de comida no tan rápida

Cecilia de la Serna

El concepto de cadena de restaurantes y de comida rápida han ido íntimamente relacionados desde hace décadas. Cuando Burger King se estableció en 1975 en la madrileña Plaza de los Cubos, España no imaginaba que asistiríamos a la expansión de un modo de vida más rápido pero menos saludable. Desde entonces, muchas son las cadenas de restauración que han llenado las calles de la capital infundiendo una filosofía de vida más rápida, una forma de comer menos sana, imponiendo en parte un modelo alejado de la típica dieta mediterránea. En los últimos años hemos asistido a un boom destacable: la slow food, que busca dar respuesta a la comida rápida desde la calidad gastronómica y la salud nutricional. En Madrid, muchos son los que se han atrevido a abrir franquicias de locales que ofrecen buena comida a buenos precios.

Éstas son las cadenas de comida no tan rápida de la capital que merecen mención:

Cocina española en cadena

El barril, más de 20 establecimientos de cocina tradicional

Los restaurantes El Barril son unos establecimientos especializados en cocina de mercado de corte tradicional español. El Grupo Oter está detrás de esta cadena desde 1972, y cuenta con 24 restaurantes, todos ellos repartidos por Madrid. Esta cadena de restauración ofrece una amplia variedad de locales. Sus restaurantes van desde marisquerías clásicas o modernas, arrocerías, restaurantes de cocina asturiana, andaluza, mediterránea e incluso (alguna) italiana.

El Barril de Goya ofrece principalmente mariscos y pescados todos cocinados tradicionalmente. (Foto: El Barril)
El Barril de Goya ofrece principalmente mariscos y pescados todos cocinados tradicionalmente. (Foto: El Barril)

Cualquiera de sus restaurantes es perfecto para grandes eventos, de empresa o en familia, para una comida de amigos o para tomar algo rápido después del trabajo. La calidad de sus platos e ingredientes, y la variedad de sus establecimientos, hacen de ésta una cadena de restaurantes fiable en el plano gastronómico. Cuando nadie había hablado aún de slow food, El Barril ya lo practicaba en medio Madrid.

José Luis, un clásico en cadena indispensable

Cuando José Luis Ruiz Solaguren abrió su primer restaurante en la calle Serrano allá por 1957, no podía imaginar que crearía un verdadero imperio de la gastronomía tradicional patria. Según reza su biografía, “José Luis ha sido un ascenso continuo fruto de la tenacidad y un compromiso total con su profesión, con su familia, con sus compañeros de trabajo y, por supuesto, con el cliente”. Y eso se demuestra con más de medio siglo de historia.

El pincho de tortilla de José Luis es un clásico en la capital. (Foto: José Luis)
El pincho de tortilla de José Luis es un clásico en la capital. (Foto: José Luis)

Actualmente,  podemos degustar sus pinchos en casi una decena de establecimientos. Indispensable es su pincho de tortilla, célebre por lo poco cuajada que está y por lo deliciosa que es siempre. José Luis es un clásico que en Madrid pocos desconocen, que nunca falla, y que no podía faltar en esta lista de cadenas de comida no tan rápida.

La Máquina (de llenar barrigas)

La cocina del Grupo La Máquina es, según éste mismo, “un homenaje a la sencillez dada la grandiosidad del producto”. Esta cadena de restauración cuenta con hasta 11 establecimientos repartidos por Madrid y alrededores, ofreciendo platos tradicionales -a veces atreviéndose a reinventarlos- e ingredientes de primera calidad traídos desde las principales lonjas españolas.

El jardín de La Máquina es la última incorporación de la familia. (Foto: La Máquina)
El jardín de La Máquina es la última incorporación de la familia. (Foto: La Máquina)

Abundan los pescados y mariscos, pero también ofrecen carnes, pinchos y tapas. La Máquina es también otro clásico -algo menos ‘viejo’- y otro seguro a la hora de degustar buena cocina tradicional española en un montón de locales.

Asiáticos que inundan deliciosamente nuestras calles

Sushita Café, sushi y bastante más

Sushita Café se ha convertido en poco más de un año en un referente de la cocina asiática fresca y saludable. Es slow food con precios asequibles, una fórmula que le ha valido el éxito y la expansión. Su oferta gastronómica es sushi y mucho más: fusión de cocina típicamente asiática y tradicionalmente mediterránea, como los usuzukuri de toro con pan tumaca y jamón ibérico, o con platos latinoamericanos como su ceviche de lubina. La variedad copa su carta, y los ingredientes son siempre de primera calidad.

Asiático de fusión a buenos precios en los tres locales de Sushita Café. (Foto: Sushita Café)
Asiático de fusión a buenos precios en los tres locales de Sushita Café. (Foto: Sushita Café)

Hasta el momento cuenta con tres locales: uno en Alberto Aguilera, otro en el Centro Comercial Parquesur y -su última incorporación- uno en la calle Miguel Ángel. También cuentan con take away en sus tres establecimientos.

Maki, japonés a precios regalados

Comer buena comida japonesa a precios asequibles es posible. Maki abrió su primer restaurante en 2011 y pronto se convirtió en una cadena de restaurantes japoneses propios que ofrece calidad a un precio apto para cualquier bolsillo. En su carta ofrecen menús muy informales, como los Bento boxes, a través de los cuales el comensal puede configurar su menú a través de nigiris, makis, sashimis, varias brochetas, arroces y fideos y otros platos asiáticos… y todo por un precio muy muy asequible (oscila entre los 7,99 euros y los 9,99 euros).

Maki: comida asiática casi casi regalada. (Foto: Maki)
Maki: comida asiática casi casi regalada. (Foto: Maki)

Los siete establecimientos de Maki están repartidos por todo el centro de Madrid, y alguno en las afueras. Son siempre una buena opción también para el take away y el pedido online.

Tuk Tuk, asian street food

La comida callejera está de moda en la capital, y Tuk Tuk tiene gran culpa de ello -sin menospreciar a maestros en la cuestión como David Muñoz-. Los orígenes de Tuk Tuk se remontan a las aventuras del empresario británico Ricardo Alexander en las calles del continente asiático. Los sabores que allí encontró, especialmente a pie de calle, le inspiraron para crear este concepto: comida como la que puedes probar en las aceras de las grandes ciudades asiáticas directamente importada a Madrid.

Tuk Tuk, cocina traída directamente de las calles del sudeste asiático. (Foto: Tuk Tuk)
Tuk Tuk, cocina traída directamente de las calles del sudeste asiático. (Foto: Tuk Tuk)

La cocina que ofrecen en Tuk Tuk es principalmente tailandesa, pero también está muy presente de resto del sudeste asiático. Actualmente, cuenta con cuatro locales repartidos por la geografía madrileña. Los precios son asequibles para cualquier bolsillo, una opción perfecta para sorprender en una cita.

Hamburguesas para no perderse

Alfredo’s Barbacoa, el decano de la hamburguesa en Madrid

En Madrid hay muchas hamburguesas, el fenómeno de hecho va en aumento. Pero la que nunca falla, la clásica, la que deleita a los amantes de la hamburguesa desde mucho antes de que se pusiera de moda es la de Alfredo. Alfredo’s Barbacoa abrió sus puertas por primera vez en el local de Lagasca allá por 1981, de la mano de Alfredo, un neoyorquino que tiene mucho de madrileño. Al poco tiempo, en el 86, abrieron el de Juan Hurtado por la sencilla razón de que necesitaban más espacio -el éxito era inigualable-. ¿La clave de ese éxito? Dar buenas hamburguesas -y otros tantos platos típicos de la cocina norteamericana- y responder al concepto de autenticidad como nadie. Transportarte a cualquiera de los 50 estados yankees entre sus paredes y sus platos es una experiencia irrepetible.

Alfredo's lleva ofreciendo hamburguesas a los madrileños desde 1981. (Fotos: Alfredo's Barbacoa)
Alfredo’s lleva ofreciendo hamburguesas a los madrileños desde 1981. (Fotos: Alfredo’s Barbacoa)

Si vas a Alfredo’s no esperes cocina fusión, ni grandes inventos gastronómicos. Es lo que es y siendo lo que es no necesita más. Las mejores materias primas y una forma tradicional de hacer las cosas son una fórmula de éxito asegurado -sus locales siguen llenándose hasta los topes más de 30 años después-. También tienen take away. Además de los dos establecimientos mencionados, hay otro Alfredo’s en la calle Conde de Aranda. Opciones no te faltan.

Goiko Grill, fusión vasco-venezolana

Goiko Grill no lleva tantos años ofreciendo hamburguesas en la capital, pero ya ha conseguido conquistar muchos corazones madrileños. Goiko nace en casa de los Goicoechea, una familia venezolana de origen vasco. Este conjunto de factores define muy bien la filosofía detrás de Goiko Grill, que en definitiva no hace una hamburguesa igual que la otra. En poco más de dos años ya cuentan con 9 locales repartidos por la capital. ¿Su secreto? Cocinar con cariño -no deja de ser una empresa familiar-, a buenos precios, y con una gran variedad de productos innovadores.

Hamburguesas para todos los gustos. (Foto: Goiko Grill)
Hamburguesas para todos los gustos. (Foto: Goiko Grill)

Además de la cadena de restaurantes Goiko Grill, puedes visitar su versión informal: Goikito. Allí mantienen la misma calidad y recetas pero con una versión algo más rápida: es directamente un take away. También podrás pedir las hamburguesas de Goiko Grill a domicilio.

New York Burger, el rincón neoyorquino de Madrid

Desde el 2009, Madrid también tiene el honor de degustar los platos de New York Burger. Tienen fundamentalmente hamburguesas, pero también ofrecen otros clásicos como las costillas de cerdo, los fingers -de pollo y de mozzarella- y otros muchos entrantes típicamente americanos.

That’s a proper burger. (Foto: New York Burger)
That’s a proper burger. (Foto: New York Burger)

Cuentan con cuatro locales: uno en General Yagüe, otro en Recoletos, otro en Castellana y otro en Miguel Ángel. La altísima calidad en un entorno neyoroquino les definen. Por supuesto, cuentan también con sus respectivos take away y delivery.

Sandwiches y más

Viena Capellanes, las meriendas de siempre

Durante los años sesenta, los de Viena Capellanes empezaron a hacer sándwiches. Ya eran una tahona, por lo que sólo tenían que poner cosas entre pan y pan. Y les quedó delicioso. Viena Capellanes es sin duda un gran clásico de las meriendas madrileñas. Ellos mismos definen en su página web que son un concepto distinto del actual fast food: comida rápida de calidad.

Hay sándwiches que no pasan de moda. (Foto: Viena Capellanes)
Hay sándwiches que no pasan de moda. (Foto: Viena Capellanes)

Destaca también su pastelería con los productos estacionales más típicos de Madrid: Roscón de Reyes, Rosquillas del Santo, Buñuelos de Viento, Coronas de la Almudena, torrijas… ¿Se te hace la boca agua? Puedes visitar alguno de sus cinco establecimientos. Es como viajar en el tiempo, pero con un mejor sabor de boca. También ofrecen un servicio de catering que puede sacarte de más de un apuro.

Magasand: incredible sandwiches, impossible magazines

Sólo a los de Magasand se les puede ocurrir tal cosa: unir sándwiches y revistas. Desde 2008 ofrecen comida sana y productos ecológicos, y todo a precios asequibles. Es el must definitivo para los amantes de los buenos sándwiches en Madrid. En su web aclaran que “Magasand no son franquicias, es un negocio familiar y el concepto ha sido elaborado por nosotros desde cero”. Es alta cocina rápida, pero sobre todo deliciosa comida sana.

Al rico sándwich hipster. (Foto: Magasand)
Al rico sándwich hipster. (Foto: Magasand)

Aparte de sándwiches, ofrecen desayunos, cremas, ensaladas, pizzas, tostas, piadinas, perritos calientes… Cuentan por ahora con tres locales: en el Retiro, en las Salesas y en Delicias. Y si además te quedas con ganas de una buena lectura, en Magasand puedes leer las mejores revistas especializadas en moda, diseño, arte y arquitectura.

Do Eat! (and eat well)

En Do Eat! están especializados en ensaladas, cremas, platos del día, sandwiches, zumos, repostería casera, y desayunos. Quieren hacer de la comida ligera algo delicioso a degustar.

En Do Eat! tienen wraps fríos y calientes. ¡Intenta no comértelos de un bocado! (Foto: Do Eat!)
En Do Eat! tienen wraps fríos y calientes. ¡Intenta no comértelos de un bocado! (Foto: Do Eat!)

Cuentan con ocho locales repartidos por Madrid, y tienen el honor de dar de comer en el mismísimo Google Campus de la capital. Como en Magasand, ofrecen un entorno agradable en el que pasar el rato comiendo o bebiendo un delicioso smoothie, y cuentan también con su propio servicio de catering. Comer rápido y bien también es posible.

Madrid es una de las capitales mundiales más vibrantes gastronómicamente hablando. Entre los Burger King y los estrellas Michelin hay cientos de opciones, muchas de ellas son cadenas de restauración que quieren aportar un extra de calidad en sus creaciones. Ésta no es la lista definitiva, porque ya se sabe: en Madrid casi todos los días abre un restaurante que -quién sabe- puede ser el germen de la próxima cadena de comida no tan rápida.

Continua leyendo: Glaciares sorpresa

Glaciares sorpresa

Jesús Nieto Jurado

Foto: POLICE CANTONALE VALAISANNE
AFP

Si en España se nos agrietara un pobre glaciar aparecerían, si es por el Aneto, una ristra de facturas impagadas de los ‘pujoles’. O quizá el cadáver momificado de un autónomo que fue a probar suerte como heladero vegano donde el cielo besa al picacho nevado. En España no quedan glaciares que merezcan la pena, sino una nieve sucia que queda pisada por el polvo sahariano en las zonas umbrías del Veleta cuando voy de senderismo con mi amigo Pulido en un ejercicio de tolerancia sufí y piedras. En Suiza han encontrado, a la sombra derretida de un glaciar, a un matrimonio de pastores que llevaba desaparecido setenta años – lo menos- en la alta montaña. Lo que en España es un ‘guerracivileo’ de cunetas por abrir, en Suiza es un obsequio de los glaciares a las familias grisonas por tantos años de callada neutralidad con vacas y oro. Y esto no es ni bueno ni malo, sino una observación del talante helvėtico, del talante hispano, del cambio climático ese que niegan hasta cuando los osos polares, hoy, se marcan un guaguancó cubano. La montaña tiene a veces estas sorpresas que reconcilian a las familias con sus abuelos, o que abocan al Hombre al canibalismo ultracongelado como pasó en Los Andes y como recordó Risto Mejide con sofá, mala leche y frente de publicista malencarado. Pero es que la imagen que acompaña a esta columna justifica una serranilla suiza, un canto alpino a la justicia poėtica de los glaciares en retroceso. Nunca fueron tendencia las nieves del Kilimanjaro. Pobre Ernest, pobre planeta, pobres suizos y pobre glaciar. Yo ya me voy a un glaciar patagónico a ‘jartarme’ de orfidales y congelarme de lirismo y quedarme pajarillo. Porque después del feminazismo llega el proglaciarismo y ahí sí que me encontrarán en la causa. Frost, claro.

Continua leyendo: Locos por la maría

Locos por la maría

Melchor Miralles

Foto: Matilde Campodonico
AP

Fue abrir las farmacias de Montevideo y arrasar. Se agotaron las existencias de las 16 farmacias de Montevideo en nada. Era el primer día que se podía vender legalmente marihuana en las boticas, y fue una cuerda locura. Ahora lo que no saben es cuando podrán reponer existencias. Uruguay ha sido el primer país del mundo en experimentar la venta legal del cannabis para uso recreativo, y no parece que haya sucedido nada, más allá del furor de los compradores, consumidores habituales que prefieren comprarla legalmente a hacerlo en el mercado negro.

Es un gran asunto, de fondo. Hay debate. De hecho, solo 16 de más de 1.000 farmacias de Montevideo se apuntaron al asunto. Las demás consideran que no es atinada la venta con fines recreativos, aunque si cuando se trata de aplicación terapéutica. Y aquí está la clave, y se me ocurren argumentos en ambas direcciones. Pero me puede el creer que siempre será mejor la venta legal y controlada que el fomento del mercado negro, que posibilita además la puesta en circulación de porquería más dañina y que enriquece a las mafias.

No tiene discusión a estas alturas que la marihuana tiene una aplicación terapéutica beneficiosa en muchos casos. Como no la tiene que su consumo habitual, en exceso, es dañino, como sucede con el consumo de cualquier sustancia, como el alcohol o el tabaco, que se venden legalmente. Y ahí está la clave. El prohibicionismo se ha impuesto durante muchos años y todo apunta que favorece el enriquecimiento de los cárteles, destroza la vida de muchos intermediarios de medio pelo y perjudica a quien tiene decidido el consumo sea legal o ilegal. Veremos cómo avanza la prueba uruguaya, pero quizá hayan sido pioneros en una salida a un problema social de envergadura. Y después, como siempre, está la educación, la formación, la información y el sentido común de cada cual. Porque el que quiere consumir, consume. Por eso la locura de Montevideo, la locura por hacer normal lo que es habitual. Con rigor, sensatez, seriedad y control. La vida misma.

Continua leyendo: Errejón y cierra España

Errejón y cierra España

Gonzalo Gragera

Foto: PIERRE-PHILIPPE MARCOU
AFP PHOTO

Aunque la RAE, ejercicio de mérito notable, haya provocado un debate –mediático, ¡mediático!- entre filólogos, y en pleno verano, la noticia política de esta semana es el acuerdo que firmaron en el Congreso las cúpulas del PSOE y de Podemos. Un acuerdo que busca afinidad ideológica, puntos en común, entre dos partidos no tan semejantes como pudiera parecer, vista primera, al ciudadano medio. Las medidas con las que ambos partidos mostraron su colaboración son, como se puede imaginar, de carácter social; es decir, mayor prestación de becas, aumento del gasto público para contribuir al empleo entre los jóvenes, medidas de emancipación, etc. Lo que cualquier dirigente de aspiración socialdemócrata desea. Pero no todo fue concordia. La distancia llegó en cuanto se habló de Cataluña. Mejor: del referéndum que los nacionalistas e independentistas catalanes plantean para el 1 de octubre. Las discrepancias, siempre presentes entre ambos partidos en cuanto el derecho a decidir decide aparecer, son, por ahora, insalvables. Ante estas diferencias respecto del nacionalismo catalán, optan por el silencio: lenguaje que en la política, al igual que en la literatura, es clave para entender una parte del todo.

El coqueteo de Podemos con las formaciones nacionalistas, y sus intereses, es de sobra conocido. Jamás se han pronunciado sobre las dos preferencias que permite el asunto, aunque seamos fan de la casuística y de la alternativa: o se está por el cumplimiento de los preceptos constitucionales o se está por el referéndum, que es la vulneración de la legalidad vigente y la apuesta por el juego del arbitrio de un partido, de hago esto porque me da la gana, sin respeto ni consideración a los límites de la norma. De esa tímida postura, ellos, tan vehementes y convencidos en otras, estos lodos. O estos desacuerdos. La oposición conjunta con el PSOE, un camino que bien podría traer votos y escaños, y lo más importante, progreso, se torna un imposible.

Sobre nacionalismo, patriotismo y sus formas ha hablado Errejón, quien sigue a la sombra del pensamiento de su partido, acaso el papel más interesante en el poder. ¿Alguien dudaba de que su figura iba a ser sustituida o desplazada? Errejón ha propuesto un patriotismo fuerte y desacomplejado desde ideas progresistas y democráticas. Lo que se percibe de estas inclinaciones, dada la trayectoria, es una llamada al patriotismo como un elemento de cohesión populista. Como lo fue en el peronismo. Como en aquellas marchas de la dignidad, perfectamente orquestadas en tiempo y forma. Un valor, dignidad, al que le atribuimos un referente, nuestras siglas. Por tanto, quien no apoye esa manifestación no estará a favor de un valor como la dignidad, valor que representa, en el ideario de Podemos, su partido. Aunque sea, evidente, universal y ajeno a una determinada política. Con la idea de patriotismo de Errejón sucedería algo similar: ellos representarían el valor de España, del pueblo –el apelativo cursi e idealista de sociedad-, enfrentado con otros que han ensuciado, corrupción y paro mediante, su nombre.

Raro es el populismo que convence sin un elemento nacionalista o de patriotismo emocional. La patria como propiedad de un pueblo que se encuentra en un eje opuesto al de una casta de dirigentes que han llevado a su nación al abismo. Errejón lo sabe. Y va a empezar, se masca la estrategia, por ahí. Más aún cuando necesitan despojar su prejuicio patriótico en relación con un PSOE que le pide una vuelta de tuerka, con K. Errejón es un inamovible, una santidad de su cúpula. Ahora que se acercan las fiestas de Santiago, habrá que cambiar la popular consigna medieval: Errejón y cierra España. O cierta España.

Continua leyendo: La novela siciliana de Miguel Blesa

La novela siciliana de Miguel Blesa

Antonio García Maldonado

Foto: SERGIO PEREZ
Reuters

Es mítica la visita que en El Padrino II hace el abogado de la familia Corleone, Tom Hagen, a un pentito Frank Pentangelli apunto de hablar ante el tribunal que investiga a la Mafia siciliana en Estados Unidos. Pentangelli es un hombre protegido por las autoridades, por lo que sólo cabe apelar a su (mala) conciencia.

–Siempre te ha interesado la política, la historia. Ya hablábamos de la trascendencia de Hitler en el 33 –arranca Hagen.

–Sí, sigo leyendo, tengo un montón de libros.

–Tú fuiste de los pioneros… De los que soñaban con que la familia debería organizarse. Y copiasteis mucho las antiguas legiones romanas, jefes y soldados… Aquello funcionó.

–Sí, desde luego que funcionó, eran días gloriosos aquellos, y nosotros el Imperio Romano, la familia Corleone era un Imperio Romano…

–Sí… Lo fue… Frankie, si fallaba un complot contra el emperador, los conspiradores tenían una oportunidad para que sus familias conservaran sus bienes.

–Sí, pero sólo los ricos, Tom. Los pobres lo perdían todo, se lo quedaba el emperador… a no ser que fueran a su casa y se suicidaran, así no ocurría nada y sus familias… sus familias tenían resuelta su vida.

–Sí, una solución buena… Única.

Mi hermano Rafa me ha recordado esta escena al calor del suicidio de Miguel Blesa. Algunos hechos no muy distintos han sucedido en Majer, el territorio imaginario de sus novelas. El hermano del expresidente de Caja Madrid fue notario en nuestro pueblo, donde se le recuerda como un hombre íntegro, cabal, cercano. Firmó muchas de las hipotecas que concedían los bancos –entre ellos Caja Madrid– durante la obnubiladora burbuja inmobiliaria que late de fondo en la muerte de su hermano. Uno no puede dejar de pensar en el sufrimiento que el comportamiento de Blesa causó en su familia, y en el postrero intento del vilipendiado banquero por expiar inútilmente sus culpas. No hay juez más severo que la propia conciencia, y Blesa gritó con su suicidio que un tal Hagen iba a visitarlo cada día, y que si iba y le zarandeaba, es que aún era un ser humano digno de pena. Su desesperación y el ocultamiento de su hundimiento –como confirma la familia– nos hacen pensar en el arrepentimiento, y esa es quizá la última muestra de humanidad de hombre que no dio demasiadas muestras de ellas durante muchos años.

Las circunstancias de su suicidio también hablan: vuelve de noche a la tierra que le vio nacer, sin equipaje, desayuna con los amigos y, antes de desaparecer de la escena con una mala excusa relacionada con su coche, le da el número de móvil de su mujer a uno de los amigos congregados en el coto de la sierra. “Por si tienes que llamarla”, le explica. Ha contado un psiquiatra en la radio que la vuelta a un lugar querido es un patrón de conducta habitual en los suicidas. Recuerda a algunos pasajes y a la atmósfera de ciertas novelas de Leonardo Sciascia. Un lugar apartado, personas poderosas y búsqueda de un sentido, como en Todo Modo, una de las novelas más conocidas del siciliano, llevada al cine en 1976 por Elio Petri, con Marcelo Mastroianni en el papel protagonista.

Y, cómo no, también parece un caso del comisario Montalbano, el policía siciliano creado por Andrea Camilleri, nacido en Porto Empèdocle, cerca de Agrigento, el pueblo de Sciascia y de Luigi Pirandello. Los lectores de su saga –y los seguidores de la estupenda serie de la RAI que la adaptó para la televisión– sabemos del gusto del policía de Vigàta por los casos que trascienden el propio hecho de la muerte violenta, por los sucesos que retratan un momento histórico convulso o un estado del alma. Este sería uno de esos casos que le atraparían hasta la insania. Montalbano ha visto a más de un retornado a Sicilia para vivir sus últimos días, a más de un corrupto o un mafioso con mala conciencia, a más de un suicida inesperado. El comisario, hombre duro y hosco, es incapaz de evitar un último gesto de pena y lamento por ellos. Es el personaje de ficción que más se me parece al ideal del “ironista melancólico” que reclama Manuel Arias en La democracia sentimental.

Una condena judicial con obligaciones pecuniarias, multa y cárcel habría reparado a muchos, a demasiados. Pero su mala conciencia –que no su consecuencia extrema, el suicidio– nos repara, aunque sea mínimamente, a todos.

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