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Cadenas de comida no tan rápida

Cecilia de la Serna

El concepto de cadena de restaurantes y de comida rápida han ido íntimamente relacionados desde hace décadas. Cuando Burger King se estableció en 1975 en la madrileña Plaza de los Cubos, España no imaginaba que asistiríamos a la expansión de un modo de vida más rápido pero menos saludable. Desde entonces, muchas son las cadenas de restauración que han llenado las calles de la capital infundiendo una filosofía de vida más rápida, una forma de comer menos sana, imponiendo en parte un modelo alejado de la típica dieta mediterránea. En los últimos años hemos asistido a un boom destacable: la slow food, que busca dar respuesta a la comida rápida desde la calidad gastronómica y la salud nutricional. En Madrid, muchos son los que se han atrevido a abrir franquicias de locales que ofrecen buena comida a buenos precios.

Éstas son las cadenas de comida no tan rápida de la capital que merecen mención:

Cocina española en cadena

El barril, más de 20 establecimientos de cocina tradicional

Los restaurantes El Barril son unos establecimientos especializados en cocina de mercado de corte tradicional español. El Grupo Oter está detrás de esta cadena desde 1972, y cuenta con 24 restaurantes, todos ellos repartidos por Madrid. Esta cadena de restauración ofrece una amplia variedad de locales. Sus restaurantes van desde marisquerías clásicas o modernas, arrocerías, restaurantes de cocina asturiana, andaluza, mediterránea e incluso (alguna) italiana.

El Barril de Goya ofrece principalmente mariscos y pescados todos cocinados tradicionalmente. (Foto: El Barril)
El Barril de Goya ofrece principalmente mariscos y pescados todos cocinados tradicionalmente. (Foto: El Barril)

Cualquiera de sus restaurantes es perfecto para grandes eventos, de empresa o en familia, para una comida de amigos o para tomar algo rápido después del trabajo. La calidad de sus platos e ingredientes, y la variedad de sus establecimientos, hacen de ésta una cadena de restaurantes fiable en el plano gastronómico. Cuando nadie había hablado aún de slow food, El Barril ya lo practicaba en medio Madrid.

José Luis, un clásico en cadena indispensable

Cuando José Luis Ruiz Solaguren abrió su primer restaurante en la calle Serrano allá por 1957, no podía imaginar que crearía un verdadero imperio de la gastronomía tradicional patria. Según reza su biografía, “José Luis ha sido un ascenso continuo fruto de la tenacidad y un compromiso total con su profesión, con su familia, con sus compañeros de trabajo y, por supuesto, con el cliente”. Y eso se demuestra con más de medio siglo de historia.

El pincho de tortilla de José Luis es un clásico en la capital. (Foto: José Luis)
El pincho de tortilla de José Luis es un clásico en la capital. (Foto: José Luis)

Actualmente,  podemos degustar sus pinchos en casi una decena de establecimientos. Indispensable es su pincho de tortilla, célebre por lo poco cuajada que está y por lo deliciosa que es siempre. José Luis es un clásico que en Madrid pocos desconocen, que nunca falla, y que no podía faltar en esta lista de cadenas de comida no tan rápida.

La Máquina (de llenar barrigas)

La cocina del Grupo La Máquina es, según éste mismo, “un homenaje a la sencillez dada la grandiosidad del producto”. Esta cadena de restauración cuenta con hasta 11 establecimientos repartidos por Madrid y alrededores, ofreciendo platos tradicionales -a veces atreviéndose a reinventarlos- e ingredientes de primera calidad traídos desde las principales lonjas españolas.

El jardín de La Máquina es la última incorporación de la familia. (Foto: La Máquina)
El jardín de La Máquina es la última incorporación de la familia. (Foto: La Máquina)

Abundan los pescados y mariscos, pero también ofrecen carnes, pinchos y tapas. La Máquina es también otro clásico -algo menos ‘viejo’- y otro seguro a la hora de degustar buena cocina tradicional española en un montón de locales.

Asiáticos que inundan deliciosamente nuestras calles

Sushita Café, sushi y bastante más

Sushita Café se ha convertido en poco más de un año en un referente de la cocina asiática fresca y saludable. Es slow food con precios asequibles, una fórmula que le ha valido el éxito y la expansión. Su oferta gastronómica es sushi y mucho más: fusión de cocina típicamente asiática y tradicionalmente mediterránea, como los usuzukuri de toro con pan tumaca y jamón ibérico, o con platos latinoamericanos como su ceviche de lubina. La variedad copa su carta, y los ingredientes son siempre de primera calidad.

Asiático de fusión a buenos precios en los tres locales de Sushita Café. (Foto: Sushita Café)
Asiático de fusión a buenos precios en los tres locales de Sushita Café. (Foto: Sushita Café)

Hasta el momento cuenta con tres locales: uno en Alberto Aguilera, otro en el Centro Comercial Parquesur y -su última incorporación- uno en la calle Miguel Ángel. También cuentan con take away en sus tres establecimientos.

Maki, japonés a precios regalados

Comer buena comida japonesa a precios asequibles es posible. Maki abrió su primer restaurante en 2011 y pronto se convirtió en una cadena de restaurantes japoneses propios que ofrece calidad a un precio apto para cualquier bolsillo. En su carta ofrecen menús muy informales, como los Bento boxes, a través de los cuales el comensal puede configurar su menú a través de nigiris, makis, sashimis, varias brochetas, arroces y fideos y otros platos asiáticos… y todo por un precio muy muy asequible (oscila entre los 7,99 euros y los 9,99 euros).

Maki: comida asiática casi casi regalada. (Foto: Maki)
Maki: comida asiática casi casi regalada. (Foto: Maki)

Los siete establecimientos de Maki están repartidos por todo el centro de Madrid, y alguno en las afueras. Son siempre una buena opción también para el take away y el pedido online.

Tuk Tuk, asian street food

La comida callejera está de moda en la capital, y Tuk Tuk tiene gran culpa de ello -sin menospreciar a maestros en la cuestión como David Muñoz-. Los orígenes de Tuk Tuk se remontan a las aventuras del empresario británico Ricardo Alexander en las calles del continente asiático. Los sabores que allí encontró, especialmente a pie de calle, le inspiraron para crear este concepto: comida como la que puedes probar en las aceras de las grandes ciudades asiáticas directamente importada a Madrid.

Tuk Tuk, cocina traída directamente de las calles del sudeste asiático. (Foto: Tuk Tuk)
Tuk Tuk, cocina traída directamente de las calles del sudeste asiático. (Foto: Tuk Tuk)

La cocina que ofrecen en Tuk Tuk es principalmente tailandesa, pero también está muy presente de resto del sudeste asiático. Actualmente, cuenta con cuatro locales repartidos por la geografía madrileña. Los precios son asequibles para cualquier bolsillo, una opción perfecta para sorprender en una cita.

Hamburguesas para no perderse

Alfredo’s Barbacoa, el decano de la hamburguesa en Madrid

En Madrid hay muchas hamburguesas, el fenómeno de hecho va en aumento. Pero la que nunca falla, la clásica, la que deleita a los amantes de la hamburguesa desde mucho antes de que se pusiera de moda es la de Alfredo. Alfredo’s Barbacoa abrió sus puertas por primera vez en el local de Lagasca allá por 1981, de la mano de Alfredo, un neoyorquino que tiene mucho de madrileño. Al poco tiempo, en el 86, abrieron el de Juan Hurtado por la sencilla razón de que necesitaban más espacio -el éxito era inigualable-. ¿La clave de ese éxito? Dar buenas hamburguesas -y otros tantos platos típicos de la cocina norteamericana- y responder al concepto de autenticidad como nadie. Transportarte a cualquiera de los 50 estados yankees entre sus paredes y sus platos es una experiencia irrepetible.

Alfredo's lleva ofreciendo hamburguesas a los madrileños desde 1981. (Fotos: Alfredo's Barbacoa)
Alfredo’s lleva ofreciendo hamburguesas a los madrileños desde 1981. (Fotos: Alfredo’s Barbacoa)

Si vas a Alfredo’s no esperes cocina fusión, ni grandes inventos gastronómicos. Es lo que es y siendo lo que es no necesita más. Las mejores materias primas y una forma tradicional de hacer las cosas son una fórmula de éxito asegurado -sus locales siguen llenándose hasta los topes más de 30 años después-. También tienen take away. Además de los dos establecimientos mencionados, hay otro Alfredo’s en la calle Conde de Aranda. Opciones no te faltan.

Goiko Grill, fusión vasco-venezolana

Goiko Grill no lleva tantos años ofreciendo hamburguesas en la capital, pero ya ha conseguido conquistar muchos corazones madrileños. Goiko nace en casa de los Goicoechea, una familia venezolana de origen vasco. Este conjunto de factores define muy bien la filosofía detrás de Goiko Grill, que en definitiva no hace una hamburguesa igual que la otra. En poco más de dos años ya cuentan con 9 locales repartidos por la capital. ¿Su secreto? Cocinar con cariño -no deja de ser una empresa familiar-, a buenos precios, y con una gran variedad de productos innovadores.

Hamburguesas para todos los gustos. (Foto: Goiko Grill)
Hamburguesas para todos los gustos. (Foto: Goiko Grill)

Además de la cadena de restaurantes Goiko Grill, puedes visitar su versión informal: Goikito. Allí mantienen la misma calidad y recetas pero con una versión algo más rápida: es directamente un take away. También podrás pedir las hamburguesas de Goiko Grill a domicilio.

New York Burger, el rincón neoyorquino de Madrid

Desde el 2009, Madrid también tiene el honor de degustar los platos de New York Burger. Tienen fundamentalmente hamburguesas, pero también ofrecen otros clásicos como las costillas de cerdo, los fingers -de pollo y de mozzarella- y otros muchos entrantes típicamente americanos.

That’s a proper burger. (Foto: New York Burger)
That’s a proper burger. (Foto: New York Burger)

Cuentan con cuatro locales: uno en General Yagüe, otro en Recoletos, otro en Castellana y otro en Miguel Ángel. La altísima calidad en un entorno neyoroquino les definen. Por supuesto, cuentan también con sus respectivos take away y delivery.

Sandwiches y más

Viena Capellanes, las meriendas de siempre

Durante los años sesenta, los de Viena Capellanes empezaron a hacer sándwiches. Ya eran una tahona, por lo que sólo tenían que poner cosas entre pan y pan. Y les quedó delicioso. Viena Capellanes es sin duda un gran clásico de las meriendas madrileñas. Ellos mismos definen en su página web que son un concepto distinto del actual fast food: comida rápida de calidad.

Hay sándwiches que no pasan de moda. (Foto: Viena Capellanes)
Hay sándwiches que no pasan de moda. (Foto: Viena Capellanes)

Destaca también su pastelería con los productos estacionales más típicos de Madrid: Roscón de Reyes, Rosquillas del Santo, Buñuelos de Viento, Coronas de la Almudena, torrijas… ¿Se te hace la boca agua? Puedes visitar alguno de sus cinco establecimientos. Es como viajar en el tiempo, pero con un mejor sabor de boca. También ofrecen un servicio de catering que puede sacarte de más de un apuro.

Magasand: incredible sandwiches, impossible magazines

Sólo a los de Magasand se les puede ocurrir tal cosa: unir sándwiches y revistas. Desde 2008 ofrecen comida sana y productos ecológicos, y todo a precios asequibles. Es el must definitivo para los amantes de los buenos sándwiches en Madrid. En su web aclaran que “Magasand no son franquicias, es un negocio familiar y el concepto ha sido elaborado por nosotros desde cero”. Es alta cocina rápida, pero sobre todo deliciosa comida sana.

Al rico sándwich hipster. (Foto: Magasand)
Al rico sándwich hipster. (Foto: Magasand)

Aparte de sándwiches, ofrecen desayunos, cremas, ensaladas, pizzas, tostas, piadinas, perritos calientes… Cuentan por ahora con tres locales: en el Retiro, en las Salesas y en Delicias. Y si además te quedas con ganas de una buena lectura, en Magasand puedes leer las mejores revistas especializadas en moda, diseño, arte y arquitectura.

Do Eat! (and eat well)

En Do Eat! están especializados en ensaladas, cremas, platos del día, sandwiches, zumos, repostería casera, y desayunos. Quieren hacer de la comida ligera algo delicioso a degustar.

En Do Eat! tienen wraps fríos y calientes. ¡Intenta no comértelos de un bocado! (Foto: Do Eat!)
En Do Eat! tienen wraps fríos y calientes. ¡Intenta no comértelos de un bocado! (Foto: Do Eat!)

Cuentan con ocho locales repartidos por Madrid, y tienen el honor de dar de comer en el mismísimo Google Campus de la capital. Como en Magasand, ofrecen un entorno agradable en el que pasar el rato comiendo o bebiendo un delicioso smoothie, y cuentan también con su propio servicio de catering. Comer rápido y bien también es posible.

Madrid es una de las capitales mundiales más vibrantes gastronómicamente hablando. Entre los Burger King y los estrellas Michelin hay cientos de opciones, muchas de ellas son cadenas de restauración que quieren aportar un extra de calidad en sus creaciones. Ésta no es la lista definitiva, porque ya se sabe: en Madrid casi todos los días abre un restaurante que -quién sabe- puede ser el germen de la próxima cadena de comida no tan rápida.

Continúa leyendo: Ser un príncipe ‘moderno’ en Arabia Saudita

Ser un príncipe ‘moderno’ en Arabia Saudita

Redacción TO

Foto: Saudi Press Agency
Reuters

El pasado 4 de noviembre más de 200 personas fueron detenidas en Arabia Saudita sin acusaciones formales ni procedimientos jurídicos. Entre ellas, príncipes, ministros e importantes hombres de negocios cayeron en una operación anticorrupción lanzada por una comisión presidida por el príncipe heredero, Mohamed bin Salmán, que ha tomado ciertas medidas para introducir cambios inéditos en el país como llevarlo de una economía dependiente del petróleo a una diversificada.

Al joven de 32 años no le titubeó la mano. Entre los nombres de los arrestados destacan el de uno de los inversores más poderosos del mundo: el príncipe Alwalid Bin Talal, quien tiene intereses en compañías como Citigroup, 21st Century Fox y Twitter, y el del príncipe Mutaib bin Abdalá, el hijo favorito del difunto rey Abdalá.  Poco antes de las detenciones, Mutaib bin Abdalá había sido retirado de su puesto como jefe de la Guardia Nacional.

Según apuntan medios locales, con esta acción el príncipe heredero y principal asesor del rey Salmán, logró poner bajo su control a los tres servicios de seguridad del país: el Ejército, los servicios de seguridad interna y la Guardia Nacional. Por décadas estos poderes se habían distribuido entre las ramas del clan de la casa de Saúd para mantener un equilibrio de poder.

Con la ‘purga’, Bin Salmán supuestamente intenta combatir uno de los principales problemas que sufre el país: la corrupción. Sin embargo, esta acción ha preocupado a observadores internacionales y a los propios ciudadanos que la han considerado como una “apuesta muy arriesgada”. Incluso algunos lo acusan de buscar “desestabilizar la región” y de pretender deshacerse de personas que no apoyan sus reformas e ideas.

En cambio, otros como el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, le han dado su apoyo. Un día después de la operación, Trump escribió en su Twitter: “Tengo mucha confianza en el rey Salmán y en el príncipe heredero que saben perfectamente lo que están haciendo”. “¡Algunos de los que son tratados duramente han exprimido a su país durante años!”, añadió.

Quebrantamiento de la línea de sucesión 

En junio de este año, el rey Salmán bin Abdulaziz designó a su hijo “preferido” Mohamed bin Salmán como príncipe heredero, relevando en el cargo y en la línea sucesoria a su sobrino y príncipe Mohamed bin Nayef, según un decreto real. Con esta medida, el rey quebró por primera vez la línea de descendencia aunque contó con el apoyo de 31 de los 34 miembros del Consejo de Lealtad, órgano creado en 2006 por el entonces monarca Abdullah Bin Abdulaziz al Saud para dirimir sobre cuestiones sucesoriales.

En aquel decreto, el rey también ordenó enmendar el segundo párrafo del régimen del Consejo de Lealtad, en el que se determina que el Gobierno debe ser ejercido por los hijos del fundador del reino, Abdelaziz bin Abdelrahman al Faisal al Saud, y agregó que pueden dirigir el país sus nietos.

Mohamed bin Salmán podría convertirse en una de las figuras más poderosas del mundo árabe. The New York Times destaca que, hasta el momento, ha bloqueado a la vecina Catar, ha acusado a Irán de actos de guerra y ha alentado la renuncia del primer ministro libanés. Y en Yemen, sus fuerzas armadas están luchando en el conflicto religioso de esa nación contra una facción de hutíes alineados con Irán. 

Al ser el principal asesor del rey, se dice que ha movido los hilos de sus drásticas decisiones, como la transformación de algunos ministerios, entre ellos el de Economía, y la destitución de algunos líderes de la vieja guardia. Como ejemplo, en mayo del año pasado, Alí al Naimi, que estuvo por dos década a la cabeza del Ministerio de Petróleo, fue relevado por el presidente de la petrolera estatal Aramco, Jalid al Falih, un estrecho aliado del príncipe.

¿Mayores posibilidades para las mujeres?

Mohamed bin Salmán antes de ser designado como heredero al trono,  ya contaba con el puesto de ministro de Defensa. Es el hombre más joven del mundo en ejercer ese cargo. Aunque pertenece a una de las corrientes musulmanas más conservadoras, el wahabismo, Bin Salmán ha elogiado un “islam moderado” en el que las mujeres tendrán mayores derechos.

De acuerdo a una medida que ya ha sido aprobada, las saudíes podrán conducir a partir de junio de 2018 en el único país en el mundo que todavía mantiene la prohibición. Otro de los cambios ‘aperturistas’ fue anunciado en octubre, cuando el Gobierno dijo que autorizará a las mujeres a asistir a estadios deportivos. De momento, el próximo año podrán ir a tres recintos pero solo junto a sus maridos.

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Arabia Saudita es el único país que aún prohibe a las mujeres conducir| Foto: Faisal Al Nasser / Reuters

¿Una ‘Visión 2030’?

En el programa de Gobierno del príncipe Bin Salamán presentado en abril de 2016, llamado ‘Visión 2030’, se menciona explícitamente la intención de “empoderar a las mujeres y hacer efectivo su potencial” con el objetivo de elevar su participación en la fuerza de trabajo y la productividad nacional.

Para el monarca esto se traduce en aumentar la participación femenina en el mercado laboral de 22% a 30%, como lo recoge el documento. Esta cifra forma parte de los índices que el Foro Económico Mundial ha usado para situar a Arabia Saudí en el puesto 138 de 145 países respecto a las oportunidades y participación económica de las mujeres, a pesar de que el 60% de los estudiantes que se gradúan de carreras universitarias son chicas, según la OECD.

A pesar de las promesas, Human Rights Watch ha denunciado que no ha sido concretada la orden real de abril de este año en la que se autorizó suavizar la tutoría del hombre a la que están sometidas las saudíes. En el reino del Golfo ellas todavía deben contar con la autorización de un tutor hombre, que generalmente es su padre, esposo o hermano, para poder viajar, estudiar, sacarse el pasaporte, contraer matrimonio o incluso salir de la cárcel tras haber cumplido alguna condena. De modo, que hasta que las cosas no cambien en la práctica, las ofertas del príncipe serán palabras al viento.

Transformaciones económicas

Otro de los principales giros que busca el príncipe y que también está plasmado en ‘Visión 2030’ es convertir a Arabia Saudita en una economía diversa, no dependiente del petróleo, como lo ha sido hasta ahora. Para ello pretende privatizar la petrolera Aramco.  “En Arabia Saudita hemos desarrollado una adicción al petróleo”, expresó Salmán en una entrevista con la televisora estatal Al Arabiya. Por su parte,  la BBC señala que lograr que el país se sobreponga a esa dependencia no será fácil ya que obtiene más de 70% de sus ingresos por la venta de crudo. Además, entre otro de sus objetivos económicos, está aumentar la aportación del sector privado al PIB a un 65% en 2030 (actualmente es de 40%).

Más novedades

El llamado ‘príncipe detrás del trono’ ha anunciado la restricción de facultades de la policía religiosa llamada ‘Comité de la propagación de la virtud y prevención del vicio’, cuerpo de encargado de aplicar la estricta versión saudí de la sharia. Además de las anteriores, otra muestra de ‘modernidad’ que llamó la atención de los medios fue cuando Mohamed visitó al fundador de Facebook, Marck Zuckerberg, con vaqueros en vez de su túnica blanca, y su reciente encuentro con el co-fundador de Microsoft, Bill Gates.

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El príncipe se reunió recientemente con el co-fundador de Microsoft, Bill Gates. | FOTO: Reuters Handout

Estas reuniones con los ‘reyes de la tecnología’ posiblemente forman parte de sus planes de modernizar la nación. El más ambicioso hasta el momento es el de construir una nueva metrópolis que se extenderá por tres países y costará 500.000 millones de dólares. El proyecto, llamado NEOM, fue anunciado en una conferencia de inversiones. 

De modo que ser un príncipe moderno en Arabia Saudita está lleno de matices. El joven abogado deberá enfrentar a algunos clérigos que no concuerdan con sus ideas ‘vanguardistas’, a una élite empresarial acostumbrada a subsidios estatales y tendrá que crear planes más concretos para la materialización de sus objetivos. Además, sus decisiones en cuanto a mejorar los derechos de la mujer aún están muy lejos de parámetros dispuestos por las organizaciones defensoras.

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7 elementos de cultura pop para conocer a Charlie Manson

Nerea Dolara

El asesino y líder de un culto se convirtió en icono pop y ha sido el sujeto de muchas creaciones culturales. Ahora que ha muerto te recomendamos desde libros hasta podcasts sobre este tenebroso personaje que tanta obsesión ha generado desde los sesenta.

No es un secreto que los asesinos despiertan una oscura curiosidad en la gente “normal” (véase Seven o más recientemente Mindhunter, por ejemplo). Tampoco lo es que gracias a esa pulsión la cultura les ha dedicado muchas horas y páginas a sabiendas de que siempre habrá personas interesadas en saber más. Uno de los asesinos que se ha mantenido como una enorme figura influyente, incluso tras años de cárcel, es Charles Manson. El hippie que quería ser músico y que terminó liderando varios sangrientos asesinatos murió esta semana, pero su presencia sigue siendo amplia y poderosa en la cultura. Manson y sus crímenes están en todos los géneros y aquí revisamos su presencia en la cultura y qué puedes mirar, leer o escuchar si quieres descubrir su larga influencia en la cultura.

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Un libro

Las chicas tuvo un éxito inusitado el año pasado. No es de extrañar. La primera novela de Emma Cline relata, con nombres cambiados, la experiencia de una chica de clase media que deja su casa para unirse a un grupo de casi adolescentes que viven con un gurú, una clara referencia a Manson y La Familia. La novela retrata con maestría el momento histórico y la capacidad de Manson de atraer, seducir y someter. Su cariño y su violencia, su volátil personalidad. Y retrata a las chicas, todas amantes, todas jóvenes, todas perdidas. Una novela que no romantiza un tiempo que muchas veces se ha visto como idílico, que relata una historia dura y a la vez capaz de enganchar.

7 elementos de cultura pop para conocer a Charlie Manson

Un disco

The Downward Spiral, de Nine Inch Nails (1994), no sólo recicla letras de Mechanical Man, una canción de Charles Manson, e incluye una colaboración con Marilyn Manson (cuyo apellido falso proviene claramente del nombre del asesino), sino que se grabó en 10025 Cielo Drive, la casa en que Sharon Tate y sus amigos fueron brutalmente asesinados y donde Trent Reznor construyó un estudio al que llamó Pig (en referencia a las pintadas que los asesinos dejaron en las paredes). Reznor luego reconoció que tal vez esto fue un error. The Guardian lo cita explicando que poco después se encontró con la hermana de Tate que le reclamó por explotar la muerte de Sharon. “Por primera vez pensé: ¿Y si fuese mi hermana?. Pensé: Que se joda Charlie Manson. No quiero que me vean como alguien que apoya a un asesino en serie”.

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Un ensayo

The White Album es un extenso ensayo en que Joan Didion analiza -posteriormente, se publicó en los setenta pero habla de su vida en la California de los sesenta- el fenómeno hippie y de la contracultura en California y su vida en ese tiempo. Los asesinatos perpetrados por La Familia aparecen en el libro y Didion los identifica como los responsables de la muerte de un momento, de un espíritu libre y despreocupado. California se llenó de paranoia y miedo. Y cuando Manson, el perfecto ejemplo del hippie descarrilado (el discurso dominante en los medios) fue detenido, el flower-power recibió su última estocada. Didion entrevistó a Linda Kasabian, una de las asesinas y amantes de Manson, más de una vez, de hecho le compró el vestido que llevó a su juicio. Y en el libro relata estas conversaciones.

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Una serie

Aquarius no tuvo demasiado éxito, pero claramente cuenta la historia de los comienzos de Manson y lo que va a venir después. Un policía, completamente conservador y que rechaza a los hippies, interpretado por David Duchovny, sigue la pista de una adolescente desaparecida que se une al grupo de un gurú. La serie se toma libertades, pero resulta un ejercicio interesante.

Una canción

Death Valley 69, de Sonic Youth, hace referencia directa a Manson, La Familia y los asesinatos. La canción fue llamada por Rolling Stone “la mejor fusión de punk y estética de película de terror que ha hecho la banda”.

Un podcast

You Must Remember This es un excelente podcast sobre historia de Hollywood que hace Karina Longsworth, antigua jefa de cultura del L.A. Times. ¿Qué hace la historia de Charles Manson en su podcast? La serie de 10 episodios sobre el asesino existe en sus archivos porque, como sabrá casi todo el mundo, los discípulos de Manson mataron, entre otras personas, a la actriz Sharon Tate, esposa de Roman Polanski. Las muertes afectaron no sólo al país y al verano del amor, que mucha gente considera que murió en ese instante, sino al mundo del cine. Profundamente investigada, la serie relata la completa historia de Manson y cómo pasó de ser un extraño y violento aspirante a músico a líder de un culto con tendencias asesinas. Una joya del periodismo y un excelente retrato de ese tiempo y este personaje.

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Una película

Manson (1973) es un documental nominado al Oscar en que el cineasta, Robert Hendrickson, tuvo total acceso al rancho que era hogar de La Familia y entrevistó a sus miembros antes, durante y tras los juicios por los asesinatos Tate-LaBianca. También habla con ex miembros de la familia y muestra segmentos de noticias y análisis del momento en televisión. El documental presenta la visión que tienen los seguidores de su líder y de lo que defiende. Interesante y aterrador.

Continúa leyendo: Benedict Wells: "Nada puede protegernos del fracaso"

Benedict Wells: "Nada puede protegernos del fracaso"

Jorge Raya Pons

Foto: Jorge Raya
The Objective

Benedict está acostumbrado a firmar sus libros con el apellido Wells, pero lo que la verdad oculta es que se apellida von Schirach y que Wells, más que un alias artístico, es un homenaje al personaje de John Irving en Las normas de la casa de la sidra. Lo escogió con un motivo poderoso: “Él es la razón por la que escribo”.

Benedict Wells (Múnich, 1984) –uno de los autores más reconocidos en Alemania– ha estado en España por la publicación en castellano de su última novela, El fin de la soledad, a cargo de la editorial Malpaso, y es un hombre de rostro tranquilo, alto y delgado, con el pelo frondoso y castaño, que esconde tras de sí una historia fascinante. En el libro queda mucho de esa esencia y desde bien pronto, apenas en el segundo capítulo, viene a decirnos cómo se rompe una familia en mil pedazos después de que tres hermanos preadolescentes –Marty, Liz y Jules– pierdan a sus padres en un accidente de tráfico, sin otra salida que continuar con sus vidas en un internado público.

Cuando Benedict escribe sobre la soledad, lo hace desde el corazón y desde el estómago. Benedict supo desde joven que quería ser escritor y con 19 años se fue de Múnich a Berlín, que en 2003 era “una ciudad barata”, “perfecta para la gente que, como yo, no tenía dinero”, tomando un camino que nadie le aconsejó. “Mi vida era miserable”, recuerda. “No fui a la universidad. Los primeros años tras el instituto los viví muy solo, en un apartamento horrible, con la ducha en la cocina. Trabajé en varios empleos temporales, y escribía por las noches. Trabajé de camarero, en la taquilla de un cine, de recepcionista en un hotel, más tarde en un show televisivo que estaba bien, pero al que tuve que renunciar porque no me dejaba tiempo para escribir. No tenía otra vida. Sentía que debía invertir todo mi tiempo en escribir”.

Y continúa: “Hay mucha gente con talento. Pero, para mí, el talento no era el campo en el que podía marcar la diferencia. Lo único que estaba dentro de mi área de control era mi voluntad y mi esfuerzo. Pensaba que nadie estaba tan loco con 19 años como para tener esa vida solitaria y extraña de escribir todo el tiempo. Pensaba que muy pocas personas podían mantener ese ritmo después de dos años. Dediqué todo lo que tenía a la escritura y, después de un par de años, vi que era mejor que cuando comencé. Aun así, seguía pensando que necesitaba dos o tres años más, quizá cuatro. Mi vida era muy solitaria. Tan solitaria que podía pasar cinco semanas sin hablar absolutamente con nadie. Allí estaba yo, solo y escribiendo”.

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Portada de ‘El fin de la soledad’, de Benedict Wells. | Imagen: Malpaso

Lo más difícil de todo aquello, cuenta, más incluso que la reclusión y el olvido, era el modo amargo en que sus amigos y familiares renegaban de su esfuerzo. “Nadie me entendía”, dice, con gesto serio. “No podía demostrar que tenía el talento necesario. Habían pasado cuatro o cinco años y seguía sin publicar. Tenía 23 y algunos amigos veían mi apartamento, veían que no estudiaba, que no tenía una red de seguridad, y me decían: ‘Vamos, tienes que buscarte algo más estable’. La presión estaba ahí y era tal que estuve pensando en salir de Alemania. En cada conversación había un recordatorio de mi fracaso. Mi gran ventaja, de algún modo, era que mis padres no tenían dinero, así que podían apoyarme emocionalmente, pero no económicamente. Era totalmente libre. Aunque me pesaba la presión de que no pudieran entenderlo. Yo mismo… estaba esperando a que alguien me animara a intentarlo”.

Dice, con la memoria puesta en sus años en Berlín, que tuvo que luchar contra la soledad y el rechazo, pero también contra sus momentos de ansiedad y vacilación. “Me pasaba el día entero pensando que era un fracasado, que no valía lo suficiente”, dice. “Pero me sentaba frente al escritorio y pensaba que no había nada mejor que pudiera hacer. Vivía todo el tiempo entre dos extremos: excitado por escribir y contar una historia o deprimido porque pensaba que no tenía talento. Lo que me hizo seguir es la voluntad de contar historias. Pensaba que quizá no fuera tan bueno, pero quería terminar lo que había comenzado”.

Conforme Benedict se expresa, los recuerdos se van haciendo sólidos. Casi dibuja imágenes. Dice: “Recuerdo el día que descubrí a Michael Chabon. Simplemente leyendo Chicos prodigiosos y Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay, viendo cómo escribía, cómo jugaba con el lenguaje, sentía que tenía que volver a escribir. Sabía que la literatura era mi vida y estaba dispuesto a fracasar. Prefería fracasar que arrepentirme por no haberlo intentado. Temía más al arrepentimiento que al fracaso”.

Dice que fue en el último instante que apareció un agente, justo cuando tenía planeado su viaje a Escocia. Después de tantos años, la editorial en alemán Diogenes –muy prestigiosa y conocida por publicar un único libro al año– se interesó por él y terminó por publicarle su primera novela, El último verano de Beck. Su nombre fue, definitivamente, cobrando más y más fuerza. Publicó tres novelas más con este sello.

“Uno tiene que encontrar el equilibrio. Cada segundo que estás en la historia, dejas de estarlo en la vida real”

Probablemente su entereza y vocación exclusiva, su capacidad para no torcer el brazo, habrían sido imposibles de no haber soportado un duro entrenamiento previo –vivió de los 6 a los 19 años en un internado público por una grave situación familiar, como Marty, Liz y Jules–. Le pregunto por esta circunstancia, y habla de ello con naturalidad y sin resignación. “Creo que la independencia fue lo primero que aprendí en el internado”, dice, con la mirada puesta en una taza de café que apenas ha probado. “Pero entre los niños que estábamos allí, yo era un afortunado. Allí había niños que habían sufrido abusos, había refugiados… Al menos yo tenía unos padres que me querían. Los otros niños de mi clase iban con padres adoptivos, y yo me iba con los míos. Era extraño. Quizá para mis amigos, que han sido amados y han tenido una infancia protegida, habría sido más difícil”.

La vida de Benedict Wells es fascinante, decía, y en parte lo es por todo a lo que tuvo que renunciar. Le pregunto por las cosas que quedaron en el camino, si las echa de menos. Benedict responde que sí, sin reservas, y explica que es la razón por la que se mudó a Barcelona. “Tenía 26 años, había publicado mi primer libro y sentía que me había perdido muchas cosas”, dice. “Me di cuenta de que uno tiene que encontrar el equilibrio. Cada segundo que estás en la historia, dejas de estarlo en la vida real. Echo cosas de menos, sí. Pero todo tenía un propósito. Me habría gustado disfrutar de lo que llaman la vida del estudiante, pero luego estuve tres años y medio en Barcelona, y más tarde traté de imitar la vida del Erasmus en Montpellier. Me esforcé por hacer lo que no había hecho, y claro que no era lo mismo. Pero nunca dudé del camino que había tomado: amo la escritura y volvería a hacer lo mismo”.

Ahora Benedict es un autor respetado en Europa, sus libros se venden por cientos de miles, y en su país concede raramente entrevistas: es, la mayor parte del tiempo, un hombre solitario. Con todo, más allá de las ventas y de los premios y de ese reconocimiento intangible que es la admiración de sus lectores, todavía experimenta, de vez en cuando, la amargura del rechazo. “Recientemente escribí un artículo sobre el tren transiberiano y traté de venderlo a los periódicos”, cuenta, divertido. “Una vez más: rechazado-rechazado-rechazado. Me di cuenta de que todavía era posible. No hay garantías. Todavía puede ocurrirme”.

Benedict Wells: "Nada puede protegernos del fracaso" 2
Benedict Wells, fotografiado en Madrid. | Foto: Jorge Raya Pons/The Objective

“Después de todos estos años”, le pregunto, “¿qué significa para ti el fracaso?”.

Benedict se toma ocho, nueve segundos, busca una respuesta: “A veces es difícil asimilar que es inherente al ser humano, simplemente inevitable”. Hace una nueva pausa: “Vamos a fracasar y vamos a tener que lidiar con ello. Nada puede protegernos del fracaso. Lo único que puede cambiar es tu actitud. Por supuesto que existe aquella teoría de que el fracaso te hace más fuerte, y de que puedes aprender de ello. Pero hay fracasos de los que no puedes extraer nada. Probablemente ni siquiera puedas cambiar de actitud, pero tienes que esforzarte por hacerlo. Intentar aprender de tus fracasos, intentar hacer las paces con ellos. Es la única manera: intentarlo”.

Benedict, en su camino hacia el fin de la soledad, siempre encontró la literatura. “Es, definitivamente, una parte muy importante en mi vida. En ambas direcciones. Hacia fuera, mi pasión y mi profesión. Hacia dentro, el sentimiento de que no estás solo, de que puedes encontrarte a ti mismo en muchos libros, de que puedes sentirte a salvo”. Entonces habla de Harry Mulisch y de Kazuo Ishiguro, al que admira profundamente y llama profesor, y menciona Los restos del día y Nunca me abandones. Dice: “Hay pocos libros que me hayan cambiado de verdad, y estos son dos de ellos. Los leo y me pregunto: ‘¿Por quéee? ¿Cómo logró manipularme así? ¿Por qué me siento así?’. No es algo que esté entre las páginas. Trato de estudiar estos libros. Los libros que amo son mis profesores“.

Luego Benedict regresa a la idea de que la literatura, en el mejor de los casos, nos ayuda a sentirnos menos solos. “Es la primera experiencia cuando lees”, continúa. “No estás tan solo. Lo que realmente amo de la literatura es que es completamente distinta al resto de artes. En un cuadro, en una fotografía o en una película, todo está acabado. Puedes consumirlo. Pero un libro es simplemente blanco y negro. Todo viene de dentro. Tienes una página y todo depende de ti”.

Y concluye: “Hay algo que me fascina de la literatura: te deja a solas con la historia que tú has construido dentro de ti“.

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El más viejo fantasma

Pablo Mediavilla

Foto: Jean-Marc Bouju
AP

Diría que es un sueño, si no estuviera seguro de haberlo vivido. Eran dos o tres mansiones blancas en lo alto de una colina de tierra roja. No tenían puertas, ventanas o muebles; eran carcasas de otro tiempo habitadas por familias enteras; la lumbre al pie de la escalinata y las miradas desconfiadas -quizás solo cansadas- hacia los recién llegados. Los niños, que no tienen miedo, se acercaron, y rieron a carcajadas con la crema solar que les aclaraba las mejillas. Estábamos en una antigua hacienda belga en la región de Bunia, al noreste de la República Democrática del Congo, y los descendientes de los esclavos ocupaban las residencias de los amos.

Cada brazo amputado, cada castigo bíblico que los belgas infligieron a los congoleños para que sacaran más caucho y maderas y oro, engrosó la fortuna del rey Leopoldo II y de Bélgica. Con ella pagó la construcción de la estación de tren de Amberes, una de las más fastuosas del mundo, en la que, como describe W.G. Sebald en su novela Austerlitz: “resultaba apropiado que en los lugares elevados, desde los que, en el Panteón romano, los dioses miraban a los visitantes, en la estación de Amberes se mostraran, en orden jerárquico, las divinidades del s. XIX: la Minería, la Industria, el Transporte, el Comercio y el Capital”. Es una historia vieja y, como todas, ilumina el presente.

Llegan ahora imágenes de ventas de esclavos en Libia. Se sabía ya, pero la CNN ha conseguido las primeras imágenes, grabadas con un teléfono móvil, vehículo del horror contemporáneo. Son jóvenes negros, fuertes, aterrados, y, como antaño, sus cualidades tienen precio. Dice el periodista que el negocio se solventa en minutos. En París, otros jóvenes negros se manifestaron contra la ignominia, y futbolistas negros, como Kondogbia, del Valencia, o Pogba, del Manchester United, han expresado su indignación por el asunto. Desde que Italia -la Italia sobrepasada y abandonada por el resto de Europa en el rescate de refugiados en el mar- paga a los señores de la guerra libios para frenar los envíos a sus costas, el tráfico se ha reducido en un 85%. Los tratantes han virado el negocio, sin más.

La esclavitud no desapareció, solo dejó de practicarse a la luz del día. Es probable que, por cuestiones demográficas, haya más esclavos ahora que en el siglo XIX. Está presente en todos los continentes, en los burdeles de nuestras nacionales y en los campos de cultivo de medio mundo; en los talleres de costura y en las fábricas que, por no saber, no sabemos ni que existen. En la soltura de la transacción libia está la costumbre de lo que nunca se ha abandonado. La imagen digital nos devuelve la incredulidad y el terror ante el más viejo fantasma. Querríamos olvidarlo, devolverlo a la oscuridad, pero una vez visto, ya no es posible.

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