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Cadenas de comida no tan rápida

Cecilia de la Serna

El concepto de cadena de restaurantes y de comida rápida han ido íntimamente relacionados desde hace décadas. Cuando Burger King se estableció en 1975 en la madrileña Plaza de los Cubos, España no imaginaba que asistiríamos a la expansión de un modo de vida más rápido pero menos saludable. Desde entonces, muchas son las cadenas de restauración que han llenado las calles de la capital infundiendo una filosofía de vida más rápida, una forma de comer menos sana, imponiendo en parte un modelo alejado de la típica dieta mediterránea. En los últimos años hemos asistido a un boom destacable: la slow food, que busca dar respuesta a la comida rápida desde la calidad gastronómica y la salud nutricional. En Madrid, muchos son los que se han atrevido a abrir franquicias de locales que ofrecen buena comida a buenos precios.

Éstas son las cadenas de comida no tan rápida de la capital que merecen mención:

Cocina española en cadena

El barril, más de 20 establecimientos de cocina tradicional

Los restaurantes El Barril son unos establecimientos especializados en cocina de mercado de corte tradicional español. El Grupo Oter está detrás de esta cadena desde 1972, y cuenta con 24 restaurantes, todos ellos repartidos por Madrid. Esta cadena de restauración ofrece una amplia variedad de locales. Sus restaurantes van desde marisquerías clásicas o modernas, arrocerías, restaurantes de cocina asturiana, andaluza, mediterránea e incluso (alguna) italiana.

El Barril de Goya ofrece principalmente mariscos y pescados todos cocinados tradicionalmente. (Foto: El Barril)
El Barril de Goya ofrece principalmente mariscos y pescados todos cocinados tradicionalmente. (Foto: El Barril)

Cualquiera de sus restaurantes es perfecto para grandes eventos, de empresa o en familia, para una comida de amigos o para tomar algo rápido después del trabajo. La calidad de sus platos e ingredientes, y la variedad de sus establecimientos, hacen de ésta una cadena de restaurantes fiable en el plano gastronómico. Cuando nadie había hablado aún de slow food, El Barril ya lo practicaba en medio Madrid.

José Luis, un clásico en cadena indispensable

Cuando José Luis Ruiz Solaguren abrió su primer restaurante en la calle Serrano allá por 1957, no podía imaginar que crearía un verdadero imperio de la gastronomía tradicional patria. Según reza su biografía, “José Luis ha sido un ascenso continuo fruto de la tenacidad y un compromiso total con su profesión, con su familia, con sus compañeros de trabajo y, por supuesto, con el cliente”. Y eso se demuestra con más de medio siglo de historia.

El pincho de tortilla de José Luis es un clásico en la capital. (Foto: José Luis)
El pincho de tortilla de José Luis es un clásico en la capital. (Foto: José Luis)

Actualmente,  podemos degustar sus pinchos en casi una decena de establecimientos. Indispensable es su pincho de tortilla, célebre por lo poco cuajada que está y por lo deliciosa que es siempre. José Luis es un clásico que en Madrid pocos desconocen, que nunca falla, y que no podía faltar en esta lista de cadenas de comida no tan rápida.

La Máquina (de llenar barrigas)

La cocina del Grupo La Máquina es, según éste mismo, “un homenaje a la sencillez dada la grandiosidad del producto”. Esta cadena de restauración cuenta con hasta 11 establecimientos repartidos por Madrid y alrededores, ofreciendo platos tradicionales -a veces atreviéndose a reinventarlos- e ingredientes de primera calidad traídos desde las principales lonjas españolas.

El jardín de La Máquina es la última incorporación de la familia. (Foto: La Máquina)
El jardín de La Máquina es la última incorporación de la familia. (Foto: La Máquina)

Abundan los pescados y mariscos, pero también ofrecen carnes, pinchos y tapas. La Máquina es también otro clásico -algo menos ‘viejo’- y otro seguro a la hora de degustar buena cocina tradicional española en un montón de locales.

Asiáticos que inundan deliciosamente nuestras calles

Sushita Café, sushi y bastante más

Sushita Café se ha convertido en poco más de un año en un referente de la cocina asiática fresca y saludable. Es slow food con precios asequibles, una fórmula que le ha valido el éxito y la expansión. Su oferta gastronómica es sushi y mucho más: fusión de cocina típicamente asiática y tradicionalmente mediterránea, como los usuzukuri de toro con pan tumaca y jamón ibérico, o con platos latinoamericanos como su ceviche de lubina. La variedad copa su carta, y los ingredientes son siempre de primera calidad.

Asiático de fusión a buenos precios en los tres locales de Sushita Café. (Foto: Sushita Café)
Asiático de fusión a buenos precios en los tres locales de Sushita Café. (Foto: Sushita Café)

Hasta el momento cuenta con tres locales: uno en Alberto Aguilera, otro en el Centro Comercial Parquesur y -su última incorporación- uno en la calle Miguel Ángel. También cuentan con take away en sus tres establecimientos.

Maki, japonés a precios regalados

Comer buena comida japonesa a precios asequibles es posible. Maki abrió su primer restaurante en 2011 y pronto se convirtió en una cadena de restaurantes japoneses propios que ofrece calidad a un precio apto para cualquier bolsillo. En su carta ofrecen menús muy informales, como los Bento boxes, a través de los cuales el comensal puede configurar su menú a través de nigiris, makis, sashimis, varias brochetas, arroces y fideos y otros platos asiáticos… y todo por un precio muy muy asequible (oscila entre los 7,99 euros y los 9,99 euros).

Maki: comida asiática casi casi regalada. (Foto: Maki)
Maki: comida asiática casi casi regalada. (Foto: Maki)

Los siete establecimientos de Maki están repartidos por todo el centro de Madrid, y alguno en las afueras. Son siempre una buena opción también para el take away y el pedido online.

Tuk Tuk, asian street food

La comida callejera está de moda en la capital, y Tuk Tuk tiene gran culpa de ello -sin menospreciar a maestros en la cuestión como David Muñoz-. Los orígenes de Tuk Tuk se remontan a las aventuras del empresario británico Ricardo Alexander en las calles del continente asiático. Los sabores que allí encontró, especialmente a pie de calle, le inspiraron para crear este concepto: comida como la que puedes probar en las aceras de las grandes ciudades asiáticas directamente importada a Madrid.

Tuk Tuk, cocina traída directamente de las calles del sudeste asiático. (Foto: Tuk Tuk)
Tuk Tuk, cocina traída directamente de las calles del sudeste asiático. (Foto: Tuk Tuk)

La cocina que ofrecen en Tuk Tuk es principalmente tailandesa, pero también está muy presente de resto del sudeste asiático. Actualmente, cuenta con cuatro locales repartidos por la geografía madrileña. Los precios son asequibles para cualquier bolsillo, una opción perfecta para sorprender en una cita.

Hamburguesas para no perderse

Alfredo’s Barbacoa, el decano de la hamburguesa en Madrid

En Madrid hay muchas hamburguesas, el fenómeno de hecho va en aumento. Pero la que nunca falla, la clásica, la que deleita a los amantes de la hamburguesa desde mucho antes de que se pusiera de moda es la de Alfredo. Alfredo’s Barbacoa abrió sus puertas por primera vez en el local de Lagasca allá por 1981, de la mano de Alfredo, un neoyorquino que tiene mucho de madrileño. Al poco tiempo, en el 86, abrieron el de Juan Hurtado por la sencilla razón de que necesitaban más espacio -el éxito era inigualable-. ¿La clave de ese éxito? Dar buenas hamburguesas -y otros tantos platos típicos de la cocina norteamericana- y responder al concepto de autenticidad como nadie. Transportarte a cualquiera de los 50 estados yankees entre sus paredes y sus platos es una experiencia irrepetible.

Alfredo's lleva ofreciendo hamburguesas a los madrileños desde 1981. (Fotos: Alfredo's Barbacoa)
Alfredo’s lleva ofreciendo hamburguesas a los madrileños desde 1981. (Fotos: Alfredo’s Barbacoa)

Si vas a Alfredo’s no esperes cocina fusión, ni grandes inventos gastronómicos. Es lo que es y siendo lo que es no necesita más. Las mejores materias primas y una forma tradicional de hacer las cosas son una fórmula de éxito asegurado -sus locales siguen llenándose hasta los topes más de 30 años después-. También tienen take away. Además de los dos establecimientos mencionados, hay otro Alfredo’s en la calle Conde de Aranda. Opciones no te faltan.

Goiko Grill, fusión vasco-venezolana

Goiko Grill no lleva tantos años ofreciendo hamburguesas en la capital, pero ya ha conseguido conquistar muchos corazones madrileños. Goiko nace en casa de los Goicoechea, una familia venezolana de origen vasco. Este conjunto de factores define muy bien la filosofía detrás de Goiko Grill, que en definitiva no hace una hamburguesa igual que la otra. En poco más de dos años ya cuentan con 9 locales repartidos por la capital. ¿Su secreto? Cocinar con cariño -no deja de ser una empresa familiar-, a buenos precios, y con una gran variedad de productos innovadores.

Hamburguesas para todos los gustos. (Foto: Goiko Grill)
Hamburguesas para todos los gustos. (Foto: Goiko Grill)

Además de la cadena de restaurantes Goiko Grill, puedes visitar su versión informal: Goikito. Allí mantienen la misma calidad y recetas pero con una versión algo más rápida: es directamente un take away. También podrás pedir las hamburguesas de Goiko Grill a domicilio.

New York Burger, el rincón neoyorquino de Madrid

Desde el 2009, Madrid también tiene el honor de degustar los platos de New York Burger. Tienen fundamentalmente hamburguesas, pero también ofrecen otros clásicos como las costillas de cerdo, los fingers -de pollo y de mozzarella- y otros muchos entrantes típicamente americanos.

That’s a proper burger. (Foto: New York Burger)
That’s a proper burger. (Foto: New York Burger)

Cuentan con cuatro locales: uno en General Yagüe, otro en Recoletos, otro en Castellana y otro en Miguel Ángel. La altísima calidad en un entorno neyoroquino les definen. Por supuesto, cuentan también con sus respectivos take away y delivery.

Sandwiches y más

Viena Capellanes, las meriendas de siempre

Durante los años sesenta, los de Viena Capellanes empezaron a hacer sándwiches. Ya eran una tahona, por lo que sólo tenían que poner cosas entre pan y pan. Y les quedó delicioso. Viena Capellanes es sin duda un gran clásico de las meriendas madrileñas. Ellos mismos definen en su página web que son un concepto distinto del actual fast food: comida rápida de calidad.

Hay sándwiches que no pasan de moda. (Foto: Viena Capellanes)
Hay sándwiches que no pasan de moda. (Foto: Viena Capellanes)

Destaca también su pastelería con los productos estacionales más típicos de Madrid: Roscón de Reyes, Rosquillas del Santo, Buñuelos de Viento, Coronas de la Almudena, torrijas… ¿Se te hace la boca agua? Puedes visitar alguno de sus cinco establecimientos. Es como viajar en el tiempo, pero con un mejor sabor de boca. También ofrecen un servicio de catering que puede sacarte de más de un apuro.

Magasand: incredible sandwiches, impossible magazines

Sólo a los de Magasand se les puede ocurrir tal cosa: unir sándwiches y revistas. Desde 2008 ofrecen comida sana y productos ecológicos, y todo a precios asequibles. Es el must definitivo para los amantes de los buenos sándwiches en Madrid. En su web aclaran que “Magasand no son franquicias, es un negocio familiar y el concepto ha sido elaborado por nosotros desde cero”. Es alta cocina rápida, pero sobre todo deliciosa comida sana.

Al rico sándwich hipster. (Foto: Magasand)
Al rico sándwich hipster. (Foto: Magasand)

Aparte de sándwiches, ofrecen desayunos, cremas, ensaladas, pizzas, tostas, piadinas, perritos calientes… Cuentan por ahora con tres locales: en el Retiro, en las Salesas y en Delicias. Y si además te quedas con ganas de una buena lectura, en Magasand puedes leer las mejores revistas especializadas en moda, diseño, arte y arquitectura.

Do Eat! (and eat well)

En Do Eat! están especializados en ensaladas, cremas, platos del día, sandwiches, zumos, repostería casera, y desayunos. Quieren hacer de la comida ligera algo delicioso a degustar.

En Do Eat! tienen wraps fríos y calientes. ¡Intenta no comértelos de un bocado! (Foto: Do Eat!)
En Do Eat! tienen wraps fríos y calientes. ¡Intenta no comértelos de un bocado! (Foto: Do Eat!)

Cuentan con ocho locales repartidos por Madrid, y tienen el honor de dar de comer en el mismísimo Google Campus de la capital. Como en Magasand, ofrecen un entorno agradable en el que pasar el rato comiendo o bebiendo un delicioso smoothie, y cuentan también con su propio servicio de catering. Comer rápido y bien también es posible.

Madrid es una de las capitales mundiales más vibrantes gastronómicamente hablando. Entre los Burger King y los estrellas Michelin hay cientos de opciones, muchas de ellas son cadenas de restauración que quieren aportar un extra de calidad en sus creaciones. Ésta no es la lista definitiva, porque ya se sabe: en Madrid casi todos los días abre un restaurante que -quién sabe- puede ser el germen de la próxima cadena de comida no tan rápida.

Desatinos de Bruselas

Valenti Puig

Foto: FRANCOIS LENOIR
Reuters

La aberrante escenificación de la troika de la Comisión Europea aterrizando en Grecia, en plena convulsión económica para revisar las cuentas, es uno de esos errores de cálculo que el europeísmo oficialista perpetra demasiado a menudo. Si las normas –como es el caso- la capacitan para revisar las contabilidades nacionales en razón de riesgo o préstamo, la Comisión tiene el derecho y el deber de hacerlo pero, ¿no había otro modo que enviar a tres tecnócratas vestidos de negro y con samsonite? Tal vez eso generaba más aversión al proceso de integración entre la ciudadanía afectada por la crisis y, todo sea dicho, arruinada por la gestión del gobierno griego, un clásico en el incumplimiento de las normas comunitarias.

Un desatino más reciente ha sido la felicitación de Jean-Claude Juncker a Macron por su victoria en la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas. El rol de Juncker consiste en felicitar a quien acabe siendo elegido definitivamente en la segunda vuelta. Si como hipótesis improbable imaginamos la llegada de Marine Le Pen al Elíseo, ¿cómo saludarle cuando has manifestado ostensiblemente y de modo institucional tu preferencia por Macron? Incluso con esta salvedad, un desatino similar es llamar antieuropeos a quienes han votado por Le Pen. En otra circunstancia, la consumación del Brexit dejaría Gran Bretaña fuera de las instituciones europeas pero no significa que los euroescépticos no sean ciudadanos de Europa.

Esta decantación de Bruselas es tan asombrosa como cuando, dados los postulados derechistas de Haider en Austria, se dijo de modo reiterado que eso requería expulsar a los austríacos de la Unión Europea. No era así. En realidad, Haider sigue en Austria y Austria sigue en la Unión Europea. Si Le Pen llegase al Elíseo el efecto sería catastrófico entre otras cosas por su negación del euro, pero no le corresponde a Juncker felicitar a Macron y sus votantes antes de saber los resultados del ballottage. Es más: esos parabienes pueden favorecer a Le Pen porque a casi nadie le gusta que desde Bruselas le digan cómo votar.  Todo eso corresponde a un europeísmo institucionalizado que no está a la altura de los tiempos, a diferencia de cuando -hace ahora sesenta años- Schumann impulsó el Tratado de Roma dando paso a un proceso de integración europeo que hoy tiene desencantados a sectores de la ciudadanía europea. Gran parte de la crisis europea corresponde ciertamente a la aparatosa distanciación entre la clase política –especialmente el microcosmos de Bruselas- y los que todos los días intentan sobrevivir pisando la calle y con el sueldo devaluado.

Flatulencia política

Daniel Capó

Foto: Ballesteros
EFE/Archivo

Leo en la Wikipedia que las ventosidades se componen en su mayor parte de nitrógeno, hidrógeno, dióxido de carbono, metano y oxígeno, y que su característico mal olor se debe a una proporción muy reducida de ese conjunto de gases –inferior al 1 %–, formada por distintos compuestos del azufre y del ácido butírico. Diríamos que las flatulencias no matan, pero sí incomodan e importunan, e incluso, en raras ocasiones, pueden ser el síntoma de alguna afección más grave. Como metáfora –Dante hablaba del culo como trompeta– sirve para ilustrar el estado político de nuestro país mejor que otras ocurrencias de brocha gorda con las que topamos a menudo. Me temo que, sin un barniz de humor, el uso de la escatología conduce a alguna que otra modalidad de mesianismo mal entendido.

Los continuos casos de corrupción que nos asedian desde hace años –el último, el que afecta al PP madrileño con la operación Lezo– vendrían a ser algo parecido a una digestión difícil. Y su pestilencia invita a creer que nos hallamos ante una especie de enfermedad terminal del sistema para la que no hay solución viable. Así, los profetas del apocalipsis definen España como un Estado fracasado y hablan de la corrupción endémica de los partidos y de la necesidad de superar el “régimen del 78”. Sin embargo –y a las pruebas me remito–, también cabe hacer la lectura contraria: las instituciones funcionan, la economía se recupera, hay debate parlamentario, los partidos buscan lentamente  adaptar y modernizar sus discursos y, por supuesto, se consolida el relevo generacional. En realidad, y a pesar del potente hedor de los gases de la corrupción, la historia de éxito de la España democrática –con todas sus imperfecciones– no es, ni mucho menos, desdeñable.

El lado desconocido de Amancio Ortega

Redacción TO

Foto: Iago Lopez
AP

Amancio Ortega es el segundo hombre más rico del mundo. Pero el dato es susceptible de cambiar en cualquier momento, porque la lista de millonarios que históricamente elaboraba solo de forma anual la revista Forbes se ha convertido ahora en una moderna clasificación en tiempo real y, como ya titulaba la propia publicación hace unos meses, “lo que fácil viene, fácil se va. Amancio Ortega y Bill Gates se turnan la posición de hombre más rico del mundo”. Porque el pasado septiembre, ambos intercambiaron el título en al menos cuatro ocasiones. Un mano a mano que hizo que durante las horas que duraron los dos sorpassos de Inditex, el gallego se convirtiera en la persona más acaudalada del planeta.

La mediática economía del padre de Zara contrasta con una vida discreta en La Coruña, donde vive con su segunda esposa, Flora Pérez Marcote. No concede entrevistas. No se ha escondido nunca pero tampoco se ha expuesto más de lo esctrictamente necesario. Así, nunca ha publicitado personalmente su lado filantrópico, plasmado en la fundación que lleva su nombre, cuyo objeto social es favorecer “el desarrollo de las personas”, según la propia web de la entidad.

Este reto se concreta en el trabajo en cuatro áreas: Cultura educativa (“Impulsando el cambio con el uso de nuevos instrumentos educativos y favoreciendo el acceso al conocimiento”), Infancia y juventud (“Situando a los estudiantes en el núcleo del proceso del aprendizaje potenciando sus habilidades”), Apoyo social (“Contribuyendo a encaminar las iniciativas de instituciones dedicadas a los sectores menos favorecidos”) y Sociedad/Personas (“Mejorando la calidad de vida de los beneficiarios, y facilitando soluciones, desde la igualdad de oportunidades”). O lo que es lo mismo: dar cantidades millonarias a la Seguridad Social.

Lucha contra el cáncer

Fue lo que hizo el pasado 29 de marzo, cuando anunció la donación de 320 millones de euros a la sanidad pública “para la adquisición de 290 equipos de última generación” para luchar contra el cáncer. El programa se había iniciado en Galicia y Andalucía y se extendió el mes pasado al resto de las Comunidades Autónomas.

Y la salud no es el único tema en el que trabaja la fundación del multimillonario. Cada año concede 80 becas a estudiantes gallegos y otras 420 a alumnos del resto de España para estudiar 1º de Bachillerato en Estados Unidos y Canadá. Los requisitos son estudiar 4º de ES0, tener una media igual o superior a 7 y una nota mínima de 8 en inglés en 3º de ESO, y no haber estudiado un curso en el extranjero previamente.

Las redes sociales resuenan cada vez que la Fundación Amancio Ortega anuncia una nueva donación. Por un lado, hay quienes aplauden al empresario por actuar como un filántropo y destinar millones de euros a causas sociales. Por otro, nunca faltan los críticos que opinan que se trata de una fachada para tapar las supuestas irregularidades fiscales del grupo que dirige.

La loción de censura de Pablo Iglesias

Gorka Maneiro

A pesar de todo el ruido mediático que acompaña cada representación teatral de Pablo Iglesias, esta vez le ha vuelto a salir el tiro por la culata. Algunas de sus decisiones son tan torpes, que he llegado a pensar que el actual líder supremo de la formación morada tiene como firme propósito perjudicar gravemente a Podemos, desprestigiarlo y que, con el pasar del tiempo, termine perdiendo su fuerza inicial y toda la credibilidad de la que gozaba. A veces ocurre: a veces los líderes, rodeados de una cohorte de palmeros y libres de todo aquel que ose llevarle la contraria, toman decisiones incomprensibles que solo entienden o los muy despistados o los de su propia secta.

Ya sabemos que en política todo es discutible y que hay o puede haber distintas fórmulas para desplegar una determinada estrategia comunicativa y lograr un objetivo político. Y ya sabemos también que el marketing y la propaganda son consustanciales a la actividad política… salvo que uno pretenda lograr el apoyo ciudadano y cambiar el país a base de proposición no de ley registrada en el parlamento que corresponda. Pero es que resulta que, en este caso, y en algunos otros bastantes casos anteriores, Pablo Iglesias vuelve a errar en aquello en lo que más ha destacado: la propaganda para llamar la atención de los medios y de los ciudadanos… y salir fortalecido. Y en lugar de salir fortalecido como consecuencia de una jugada que ponga en un brete al gobierno de turno o a sus rivales políticos, sale profundamente tocado. Porque se está equivocando en las formas… y en el fondo.

En el caso de la moción de censura presentada por Pablo Iglesias, se condensan todos los atributos del líder carismático venido a menos: obviando por completo a parte de los diputados de su propio grupo, presenta ante la opinión pública una supuesta moción de censura contra Rajoy y su gobierno sin disponer de candidato alternativo que haya sido pactado con aquellos a los que necesita para sacarla adelante, sin mayoría absoluta y sin programa de gobierno que sustente la iniciativa. De tanto querer salir en los medios para, seguramente, tapar sus problemas internos y el último ridículo protagonizado por Irene Montero, se olvida que si sales a los medios sin contenido y solo con continente (o ni eso), es decir, desnudo políticamente, el ridículo puede ser de órdago… por mucho que goces del trato condescendiente de muchos de ellos.

Una moción de censura es una cosa seria pero es que una cosa seria lo es la propia actividad política, hoy convertida en un instrumento para el postureo y el espectáculo circense por muchos de nuestros representantes políticos. Hoy Pablo Iglesias y Podemos vienen a convertirse en uno de los actores principales que la desprestigian… en lugar de regenerarla con todos sus 71 diputados presentes en el Congreso de los Diputados, nada menos. Quién los tuviera. Y, consecuencia de su efectista pero ineficaz acción política y propagandística, en lugar de fortalecer una posible alternativa al Gobierno de Rajoy… lo que logra es fortalecer al propio gobierno. Y lo hace justo ahora en el que se acumulan las razones de todo tipo para sustituirlo. Por cierto, la moción de censura contra Mariano Rajoy y el PP se presentó hace un año… y Pablo Iglesias y Podemos votaron en contra.

La alternativa a un gobierno conservador o conservador-liberal cuando llegue no son laslociones de censura, los selfies o los tuits más o menos ingeniosos pero en el fondo inofensivos sino una propuesta política progresista que sepa emplear, claro que sí, las nuevas formas de comunicación política, sea cercana a los ciudadanos y despliegue un amplio abanico de propuestas políticas progresistas en las instituciones.

Antes o después, esa alternativa llegará.

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