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Camino de Santiago, una leyenda al alcance de todos

Marta Ruiz-Castillo

Foto: Luis Álvarez Real

Hablar de Santiago de Compostela es hablar de turismo y peregrinaje. Dos conceptos que se unen en esta ancestral ciudad de calles empedradas donde se respira historia por los cuatro costados. La plaza del Obradoiro como punto de encuentro de peregrinos y turistas, el acceso a la catedral por las escalinatas medievales que dan al Pórtico de la Gloria, el rito de abrazar al Santo y la misa del peregrino no son sino actos de hermanamiento de los miles de ciudadanos de todas las nacionalidades que terminan en este templo el largo camino, unidos por una misma experiencia que va más allá del carácter puramente religioso. Y es que hacer el Camino de Santiago es mucho más que una cuestión de fe, es hacer turismo, es cultura, sentimiento, amistad, superación, diversión, compañerismo, deporte y, sí, es religión también. Pero, sobre todo, es una experiencia única.

Antes de llegar a Santiago para admirar la imponente catedral y recoger la Compostela, el preciado documento que nos convierte en peregrinos oficiales, hay que recorrer andando, a caballo, en bicicleta, en barco o en silla de ruedas y bicicletas adaptadas, unos caminos convertidos en leyenda viva. Es importante al iniciar este viaje recoger la Credencial para mostrarla en los albergues y sellarla en cada etapa para demostrar, al llegar a Santiago, que somos merecedores de la Compostela y que hemos recorrido los kilómetros necesarios para ello. En el caso de los caminantes, 100 kilómetros bastan para convertirse en peregrino oficial.

La leyenda del campo de estrellas

No importa qué nos lleve a hacer el Camino de Santiago, pero no está de más conocer la leyenda que rodea el origen de uno de los mayores lugares de peregrinación del planeta, junto con Jerusalén y Roma.

La tradición cuenta que el apóstol Santiago predicó el cristianismo por la península Ibérica y que tras morir en Jerusalén, sus discípulos decidieron que sus restos reposaran en el norte de España donde había hecho apostolado. Según parece, una barca de piedra los condujo hasta Galicia.

Tiempo después, en el siglo IX, un ermitaño llamado Pelayo descubrió su tumba en un paraje conocido como Campus Stellae (Campo de Estrellas), la actual ciudad de Compostela, donde se construyó la primitiva iglesia que, después se convirtió en la catedral actual. Las peregrinaciones comenzaron en los siglos X y XI.

Las botas desgastada en un lugar del Camino, símbolo del esfuerzo. (Foto: Luis Álvarez Real)
Las botas desgastadas como símbolo del esfuerzo del caminante. (Foto: Luis Álvarez Real)

Millones de personas han recorrido el Camino desde entonces, convirtiéndolo en encuentro e intercambio cultural y en un medio para propagar corrientes artísticas, económicas, culturales y arquitectónicas. El viaje permite admirar el románico o el gótico en todo su esplendor, como también conocer la rica y variada gastronomía de los lugares por donde transcurre esta vía única, por no hablar de los maravillosos paisajes por los que atraviesa el camino.

El creciente número de peregrinos llegados desde lejanos lugares llevó a las órdenes mendicantes y a las familias ricas emparentadas con los reyes a plantearse la necesidad de ayudar a quienes se dirigían a Santiago de Compostela y comenzaron a erigirse los primeros albergues y hospitales. En la actualidad, todos los caminos cuentan con numerosos albergues, públicos y privados. Instalaciones que permiten al peregrino el merecido descanso por un módico precio de entre 6 y 10 euros. Los hay parroquiales en los que sólo hay que pagar la voluntad.

Los peregrinos solían llevar una capa, sombrero de ala ancha y unos buenos zapatos. Portaban un pequeño cesto de mimbre donde llevaban la comida y se ayudaban de un palo largo, conocido como bordón, que les servía también para alejar a los animales salvajes. Para el agua llevaban una calabaza vacía y para identificarse, cosían en sus ropas una concha de vieira que pasó a llamarse concha de Santiago. Originariamente, la concha, dada su forma cóncava también se utilizaba para recoger agua de los arroyos y riachuelos. Símbolos todos ellos que han perdurado con el paso de los siglos como emblemas de este viaje único.

13CAMINO las vieiras identifican a los peregrinos Villafranca del Bierzo-O Cebreiro (78)
Las conchas de vieiras siguen siendo el distintivo de los peregrinos. (Foto: Luis Álvarez Real)

Un viaje largo y duro, en el que las inclemencias del tiempo  – desde el sol abrasador hasta el frío, pasando por las lluvias y las nevadas – y la orografía de algunas partes del Camino hacían del mismo una experiencia penosa que tenía como recompensa la llegada a Santiago. Muchos no lograban acabarlo y morían o enfermaban sin poder continuar.

Designado por el Parlamento Europeo ‘Primer Itinerario Cultural Europeo’ y declarado ‘Patrimonio de la Humanidad’ por la UNESCO

Llegar a Santiago era la recompensa a meses e incluso años de esfuerzo, de calamidades, porque suponía ganar una indulgencia y ser perdonado de todos los pecados.

El clima no siempre acompaña al peregrino que, al final de la etapa, descansa en un albergue. (Foto: Luis Álvarez Real)
El clima no siempre acompaña al peregrino que, al final de la etapa, descansa en un albergue. (Foto: Luis Álvarez Real)

En la actualidad, son muchas las motivaciones que llevan a miles de personas a realizar cada año el Camino de Santiago. En verano, gentes procedentes de todas las partes del mundo coinciden en los bosques, las carreteras, las callejuelas o las ciudades, y los albergues se convierten en encuentros fortuitos y en intercambio de experiencias y de consejos para cuidar unos pies doloridos, llagados a veces. Se habla del esfuerzo realizado durante la etapa, se cuentan historias, anécdotas y experiencias únicas.

Encuentros que permanecen en el tiempo. Amigos del camino que quedan en la memoria de cada uno como el de un joven francés que hizo el Camino Primitivo desde Oviedo, en Asturias, junto con un par de amigos y se encontró con una gata pequeña, abandonada y medio moribunda. La cogió y se la llevó no sin antes ponerle de nombre Peregrina. Para cuando llegaron a Santiago, la nueva amiga del  joven francés había recuperado peso y estaba feliz junto a su nuevo compañero.

Hay historias solidarias también, como la que protagonizó el oso Roy hace un par de años. Un peluche enorme que recorrió el Camino, desde León, a hombros de dos alemanes y un canadiense que, tras encontrarse con un grupo de chicas australianas, conocieron el proyecto contra la prostitución infantil en Camboya y decidieron ayudar de esta original manera. Hay tantas historias como peregrinos recorriendo los caminos. Grupos de personas con discapacidades físicas o psíquicas, ejemplo de superación, o grupos escolares que junto con sus profesores aprovechan unos tramos del Camino para seguir aprendiendo historia y cultura del país.

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La gata Peregrina, salvada de una muerte segura, con su nuevo amigo francés, a su paso por Melide, Galicia. (Foto: Luis Álvarez Real)
Peregrinas con sus mascotas O Cebreiro-Samos (60)
Es frecuente encontrar peregrinos que hacen el Camino con sus mascotas, como éstas en la etapa que une O Cebreiro con Samos, Galicia. (Foto: Luis Álvarez Real)

Los caminos del Camino

El Camino de Santiago son muchos caminos en uno. Todos, excepto el de Finisterre, acaban en la capital de Galicia. Cada uno tiene su propia historia, su orografía, su dificultad. Para seguir el camino, el peregrino encuentra a su paso flechas amarillas y mojones kilométricos, además de señales institucionales en las distintas regiones, como simbólicas conchas encrustadas en edificios emblemáticos o sobre la calzada de ciudades históricas.

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Para evitar perderse por las callejas de las ciudades y poblaciones, las señales están por todas partes. (Foto: Luis Álvarez Real)

Todos los caminos conducen a Santiago de Compostela. Por el Norte, por el Sur, por el Este y por el Oeste. El Camino Francés, el Portugués, el Primitivo, el del Norte o el Inglés. Son los más transitados, pero no los únicos, como se aprecia en este mapa.

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Salvo el de Finisterre, todos los caminos terminan en Santiago de Compostela. (Gráfico: todoloscaminos.org)

El Camino Francés, que viene desde el país vecino, es el más transitado. Ya lo era en la Edad Media. Tiene dos variantes. Una, que llega a España por Roncesvalles desde Saint Jean Pied de Port, en Francia. Los peregrinos recorren en España 774 kilómetros atravesando las provincias de Navarra, La Rioja, Burgos, Palencia, León, Lugo y A Coruña. Es el recorrido por excelencia, con 37 etapas. Su señalización, con las famosas flechas amarillas que se dirigen a Santiago, comenzó en los años 80 gracias al esfuerzo del párroco de O Cebreiro, Elías Valiña, y de la Asociación de Amigos del Camino de Navarra. La otra variante entra por Somport, en Aragón, y continúa por las provincias de Huesca, Zaragoza y Navarra. Tras 167 kilómetros llega a Puente La Reina, donde se une al Camino Francés.

El Camino Portugués tiene varias rutas pero el itinerario más conocido empieza en Oporto y se entra a España por Tui, desde donde hay que recorrer 116 kilómetros hasta llegar a Santiago.

El Camino del Norte comenzó a ser frecuentado tras la Reconquista. En la actualidad, hasta hace unos pocos años, había quedado en el olvido pero parece haber recuperado el interés de muchos peregrinos que llegan a Santiago después de 32 etapas desde Hendaya o Irún, atravesando la cornisa cantábrica.

El Camino Primitivo, comienza en Oviedo y termina en Santiago, a través de 13 etapas y fue itinerario seguro y frecuentado hasta bien entrado el siglo X.

El Camino Inglés fue la vía elegida por peregrinos europeos que llegaban por mar hasta las costas del norte peninsular. Especialmente fue utilizado por ingleses, de ahí su nombre, que desembarcaban en A Coruña o Ferrol para dirigirse a Compostela.

La Vía de la Plata es la ruta más larga y recorre la calzada romana que cruzaba de Sur a Norte el Oeste peninsular para comunicar las ciudades de Mérida, en Extremadura, con la ciudad leonesa de Astorga.

El único recorrido que empieza en Santiago de Compostela es el Camino a Finisterre y a Muxía conocido antiguamente como el fin del mundo (Finis Terrae). Finisterre es el punto más occidental de Europa y en Muxía está el Santuario Da Virxe da Barca. Desde Santiago se va a Negreira. Olveiroa, Finisterre, o también de Olveiroa a Muxía y a Finisterre. Es, sin duda, uno de los caminos más impresionantes y con más leyendas de todos.

Hay otros caminos, pero éstos son los que todo peregrino que se precie recorre al menos una vez en su vida.

Peregrinos de camino a Santiago. (Foto: Luis Álvarez Real)

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Las cruces del Camino son una constante. (Foto: Luis Álvarez Real)

“El Camino tiene algo especial”, “no deja indiferente a nadie”, “es una experiencia única y cuando lo haces una vez quieres repetir”, “el camino es el camino de cada uno”. Estas son frases pronunciadas por quienes lo han hecho. Para saber qué es ese algo, para sentir esa sensación especial, lo mejor es coger una mochila, unos buenos zapatos y comenzar a recorrer alguno de los numerosos caminos que llevan a Santiago de Compostela. Merece la pena.

OTRA FORMA DE PEDIR LIMOSNAO Pedrouzo-Santiago (36)
En Santiago de Compostela, un hombre vestido de peregrino antiguo, vende recuerdos del Camino. (Foto: Luis Álvarez Real)

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Vídeo | 'Prestige': la mayor tragedia ecológica de España cumple 15 años

Redacción TO

Foto: MIGUEL VIDAL
Reuters

Han pasado ya 15 años de esa llamada por radio. Eran pasadas las tres de la tarde, cuando un barco con bandera de Bahamas pidió socorro frente a la Costa da Morte. Han pasado ya 15 años desde que un golpe le abriera una brecha en el casco a ese viejo armador. Un casco que custodiaba 77.000 toneladas de petróleo que se filtraban, sin descanso, a las costas gallegas. Era un miércoles 13 de noviembre del año 2002 cuando comenzó la mayor tragedia ecológica de la historia de España.

El Prestige tardó seis días en hundirse. Lo hizo a más de 200 kilómetros del litoral por decisión del Gobierno —en manos del PP—, que prefirió esa opción a tratar de evacuar el fuel en un puerto seguro. La Fiscalía ha cifrado en más de 4.300 millones de euros las pérdidas. Se espera que esta semana la Audiencia Provincial de A Coruña presente el balance definitivo de los daños provocados por la marea negra.

Han pasado ya 15 años y nadie ha pagado, ni judicialmente ni económicamente, las consecuencias de ese desastre. Nadie ha cobrado indemnizaciones. Se contaminaron 2.000 kilómetros de costa gallega, se prohibió la pesca durante meses, se guardaron los barcos. Pero se soltaron amarras para ayudar a recoger con cubos, bolsas y palas, con las manos el chapapote que se pegaba en las playas y mareas. Miles de voluntarios trataban de quitar el fuel que se incrustaba en rocas, arenas y animales. Iban vestidos de blanco para luchar contra el negro. Y gritaban, a veces sin gritar, que Nunca Máis.

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Las revoluciones de los ricos

Ignacio Vidal-Folch

Foto: JAVIER BARBANCHO
Reuters

Mientras nos entretenemos en nuestras bagatelas, pasa de largo la vida de verdad. Luego con el correr de los años volvemos la vista atrás y nos decimos “¡cómo pudimos ser tan inconscientes, cómo pudimos estar tan ciegos!” Ahora, mientras arden en llamas Galicia y Portugal, como cada año, ahondando en la catástrofe ecológica y la desertización del territorio, según una dinámica que deberíamos haber afrontado hace décadas con un debate público serio, con una verdadera política de Estado… andamos ocupadísimos manejando el juguete del secesionismo en el otro extremo de la periferia nacional.

La juventud francesa de los años sesenta, seguramente la generación más inquieta, la mejor informada, la más intelectualizada de la historia, la que tendía las antenas de su interés hacia los fenómenos políticos más lejanos… sentía que la formidable prosperidad en la que vivía –desconocida hasta entonces, y que seguramente ya nunca volveremos a alcanzar—era una cárcel, y abrazaba el ideal, nada menos, que del maoísmo. No a De Gaulle, sí a la Revolución cultural del comunismo chino. Aquellos chicos tan leídos y cultivados, aquellos chicos tan libertarios, leían, en serio, el pequeño libro rojo de Mao y meditaban en sus estúpidas sentencias.

Pues si una generación tan cultivada derrapó tanto, si tuvo lemas tan pueriles, y tan inaceptables para un sujeto político como “Seamos realistas, pidamos lo imposible”, ¿por qué debería extrañarnos, por qué sorprendernos de que en una comunidad autónoma española, una de las regiones más prósperas y libres del mundo, unas masas de pánfilos se alcen clamorosamente para reclamar, para exigir, embutidos en camisetas amarillas, la democracia de la que ya disfrutan y la libertad de la que ya van sobrados?

Las revoluciones de los ricos tienen ese punto caprichoso del narcisismo delirante. Luego pasan los años pero no pasa la vergüenza, como pasan las llamas por el bosque y dejan el paisaje carbonizado.

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Arden los montes

José Carlos Rodríguez

Foto: Brais Lorenzo
EFE

Arde Galicia, arde Asturias, y como cualquier otro fenómeno sobre el que se pose el ojo de mordor de la actualidad mediática, arde hasta consumirse la verdad sobre lo que ocurre. No es que la conozcamos con plenitud, sino que no importa en realidad cuál sea. Lo que cuenta no es lo que acaece, sino cómo recombinamos los elementos que nutren las noticias para trabar un relato que nos convenga.

Los incendios son todos provocados. Y parece que la práctica totalidad, de forma intencionada. La treintena de incendios que hay en Asturias más la gran mayoría del centenar que asolan Galicia responden, a lo que parece a estas horas, a los que se producen habitualmente en otoño e invierno en las zonas altas. Los ganaderos los queman para renovar los pastos. Esto se conoce de antiguo. El mal tiempo ha querido que el verano se extienda más allá del Pilar, la tierra está seca, los vientos juegan con los pobres esfuerzos humanos por acallar las llamas, y éstas encienden la noche y oscurecen el día, amenazantes, tiñen de rojo la luna y de negro el paisaje. El fuego ha bajado a pueblos y ciudades, amenaza las viviendas esparcidas en las cercanías de las poblaciones, y devora lo que encuentra a su paso.

Los economistas saben que cuando la acción de una persona, o grupo de personas, desborda su ámbito más inmediato, puede haber problemas. Externalidades, llaman a esas acciones desbordadas. Y han observado que lo que hay que hacer es vincular la acción a la responsabilidad por medio de una institución antigua como el neolítico, que es la propiedad privada. Esa institución no está ausente en Galicia, pero no está tan clara por lo que se refiere a los pastos. Y el resultado es que unos cuantos hacen con lo que no es de nadie, y con lo que sí es de alguien, lo que sólo les interesa a ellos.

Pero da igual. Lo importante del caso es crear un lema que sirva de ariete político, como NuncaMais y QuemanGaliza,que las redes también arden.

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Los incendios de Galicia y Asturias, en imágenes

Redacción TO

Foto: Miguel Riopa
AFP

Los fuegos arrasan Galicia y Asturias. La comunidad gallega registraba sobre el medio día del lunes unos 50 focos activos, 18 de ellos cercanos a núcleos de población. Más de 4.000 hectáreas han sido devoradas por las llamas y cuatro personas han fallecido como consecuencia de estos incendios que calcinan el noroeste de España desde el sábado de madrugada. El presidente de la Xunta, Alberto Nuñez Feijoo, ha calificado los hechos de “homicidas” y de “actos terroristas”  y ha asegurado que “los criminales pagarán por lo que han hecho”.

Por su parte, en estos momentos hay 31 incendios activos en el Principado de Asturias y con las actuales condiciones meteorológicas los servicios de extinción no descartan que puedan producirse nuevos focos. La zona más afectada es la localidad de Gillón en Cangas del Narcea, donde 35 personas fueron desalojadas durante la noche.

Los bomberos y vecinos llevan desde la tarde de ayer luchando por controlar las llamas. Estas son algunas de las impactantes imágenes que dejó la lucha contra el fuego en Galicia y Asturias:

Los incendios de Galicia y Asturias, en imágenes 1
Un hombre camina entre el humo mientras va a ayudar a combatir uno de los incendios forestales desencadenados en Vigo. | Foto: MIGUEL RIOPA / AFP

Los incendios de Galicia y Asturias, en imágenes 2
Varias personas forman una cadena humana para transportar cubos de agua para ayudar a apagar los incendios de Vigo. | Foto: MIGUEL RIOPA / AFP

Los incendios de Galicia y Asturias, en imágenes 3
Varias personas forman una cadena humana para transportar cubos de agua para ayudar a apagar los incendios de Vigo. | Foto: MIGUEL RIOPA / AFP

Los incendios de Galicia y Asturias, en imágenes 4
Los bomberos de la Unidad de Emergencias Militares (UME) trabajan para apagar un incendio forestal cerca de Nieves, Pontevedra, Galicia. | Foto: Luismi Ortiz/Reuters

Los incendios de Galicia y Asturias, en imágenes 5
Varias personas caminan frente a un autobús quemado en Chandebrito, Pontevedra, Galicia. | Foto: Alba Sotelo/ AP

Los incendios de Galicia y Asturias, en imágenes 6
Durante la noche varios efectivos del BIE realizan ataques directos al fuego en defensa de la población en Asturias. | Foto: UME

Los incendios de Galicia y Asturias, en imágenes 7
Un efectivo de la Unidad Militar de Emergencias (UME) intentado controlar un incendio cercano a un establo en la población de San Salvador, Asturias. | Foto: UME

Los incendios de Galicia y Asturias, en imágenes 8
Un vehículo se da la vuelta cuando se ve sorprendido por uno de los incendios en una carretera de Vigo, Galicia. | Foto: Miguel Vidal/ Reuters

Los incendios de Galicia y Asturias, en imágenes 9
Los residentes intentan proteger a sus mascotas mientras las llamas avanzan hacia la localidad de Nieves, Pontevedra, Galicia. | Foto: Alba Sotelo/ AP

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