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Camino de Santiago, una leyenda al alcance de todos

Marta Ruiz-Castillo

Foto: Luis Álvarez Real

Hablar de Santiago de Compostela es hablar de turismo y peregrinaje. Dos conceptos que se unen en esta ancestral ciudad de calles empedradas donde se respira historia por los cuatro costados. La plaza del Obradoiro como punto de encuentro de peregrinos y turistas, el acceso a la catedral por las escalinatas medievales que dan al Pórtico de la Gloria, el rito de abrazar al Santo y la misa del peregrino no son sino actos de hermanamiento de los miles de ciudadanos de todas las nacionalidades que terminan en este templo el largo camino, unidos por una misma experiencia que va más allá del carácter puramente religioso. Y es que hacer el Camino de Santiago es mucho más que una cuestión de fe, es hacer turismo, es cultura, sentimiento, amistad, superación, diversión, compañerismo, deporte y, sí, es religión también. Pero, sobre todo, es una experiencia única.

Antes de llegar a Santiago para admirar la imponente catedral y recoger la Compostela, el preciado documento que nos convierte en peregrinos oficiales, hay que recorrer andando, a caballo, en bicicleta, en barco o en silla de ruedas y bicicletas adaptadas, unos caminos convertidos en leyenda viva. Es importante al iniciar este viaje recoger la Credencial para mostrarla en los albergues y sellarla en cada etapa para demostrar, al llegar a Santiago, que somos merecedores de la Compostela y que hemos recorrido los kilómetros necesarios para ello. En el caso de los caminantes, 100 kilómetros bastan para convertirse en peregrino oficial.

La leyenda del campo de estrellas

No importa qué nos lleve a hacer el Camino de Santiago, pero no está de más conocer la leyenda que rodea el origen de uno de los mayores lugares de peregrinación del planeta, junto con Jerusalén y Roma.

La tradición cuenta que el apóstol Santiago predicó el cristianismo por la península Ibérica y que tras morir en Jerusalén, sus discípulos decidieron que sus restos reposaran en el norte de España donde había hecho apostolado. Según parece, una barca de piedra los condujo hasta Galicia.

Tiempo después, en el siglo IX, un ermitaño llamado Pelayo descubrió su tumba en un paraje conocido como Campus Stellae (Campo de Estrellas), la actual ciudad de Compostela, donde se construyó la primitiva iglesia que, después se convirtió en la catedral actual. Las peregrinaciones comenzaron en los siglos X y XI.

Las botas desgastada en un lugar del Camino, símbolo del esfuerzo. (Foto: Luis Álvarez Real)
Las botas desgastadas como símbolo del esfuerzo del caminante. (Foto: Luis Álvarez Real)

Millones de personas han recorrido el Camino desde entonces, convirtiéndolo en encuentro e intercambio cultural y en un medio para propagar corrientes artísticas, económicas, culturales y arquitectónicas. El viaje permite admirar el románico o el gótico en todo su esplendor, como también conocer la rica y variada gastronomía de los lugares por donde transcurre esta vía única, por no hablar de los maravillosos paisajes por los que atraviesa el camino.

El creciente número de peregrinos llegados desde lejanos lugares llevó a las órdenes mendicantes y a las familias ricas emparentadas con los reyes a plantearse la necesidad de ayudar a quienes se dirigían a Santiago de Compostela y comenzaron a erigirse los primeros albergues y hospitales. En la actualidad, todos los caminos cuentan con numerosos albergues, públicos y privados. Instalaciones que permiten al peregrino el merecido descanso por un módico precio de entre 6 y 10 euros. Los hay parroquiales en los que sólo hay que pagar la voluntad.

Los peregrinos solían llevar una capa, sombrero de ala ancha y unos buenos zapatos. Portaban un pequeño cesto de mimbre donde llevaban la comida y se ayudaban de un palo largo, conocido como bordón, que les servía también para alejar a los animales salvajes. Para el agua llevaban una calabaza vacía y para identificarse, cosían en sus ropas una concha de vieira que pasó a llamarse concha de Santiago. Originariamente, la concha, dada su forma cóncava también se utilizaba para recoger agua de los arroyos y riachuelos. Símbolos todos ellos que han perdurado con el paso de los siglos como emblemas de este viaje único.

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Las conchas de vieiras siguen siendo el distintivo de los peregrinos. (Foto: Luis Álvarez Real)

Un viaje largo y duro, en el que las inclemencias del tiempo  – desde el sol abrasador hasta el frío, pasando por las lluvias y las nevadas – y la orografía de algunas partes del Camino hacían del mismo una experiencia penosa que tenía como recompensa la llegada a Santiago. Muchos no lograban acabarlo y morían o enfermaban sin poder continuar.

Designado por el Parlamento Europeo ‘Primer Itinerario Cultural Europeo’ y declarado ‘Patrimonio de la Humanidad’ por la UNESCO

Llegar a Santiago era la recompensa a meses e incluso años de esfuerzo, de calamidades, porque suponía ganar una indulgencia y ser perdonado de todos los pecados.

El clima no siempre acompaña al peregrino que, al final de la etapa, descansa en un albergue. (Foto: Luis Álvarez Real)
El clima no siempre acompaña al peregrino que, al final de la etapa, descansa en un albergue. (Foto: Luis Álvarez Real)

En la actualidad, son muchas las motivaciones que llevan a miles de personas a realizar cada año el Camino de Santiago. En verano, gentes procedentes de todas las partes del mundo coinciden en los bosques, las carreteras, las callejuelas o las ciudades, y los albergues se convierten en encuentros fortuitos y en intercambio de experiencias y de consejos para cuidar unos pies doloridos, llagados a veces. Se habla del esfuerzo realizado durante la etapa, se cuentan historias, anécdotas y experiencias únicas.

Encuentros que permanecen en el tiempo. Amigos del camino que quedan en la memoria de cada uno como el de un joven francés que hizo el Camino Primitivo desde Oviedo, en Asturias, junto con un par de amigos y se encontró con una gata pequeña, abandonada y medio moribunda. La cogió y se la llevó no sin antes ponerle de nombre Peregrina. Para cuando llegaron a Santiago, la nueva amiga del  joven francés había recuperado peso y estaba feliz junto a su nuevo compañero.

Hay historias solidarias también, como la que protagonizó el oso Roy hace un par de años. Un peluche enorme que recorrió el Camino, desde León, a hombros de dos alemanes y un canadiense que, tras encontrarse con un grupo de chicas australianas, conocieron el proyecto contra la prostitución infantil en Camboya y decidieron ayudar de esta original manera. Hay tantas historias como peregrinos recorriendo los caminos. Grupos de personas con discapacidades físicas o psíquicas, ejemplo de superación, o grupos escolares que junto con sus profesores aprovechan unos tramos del Camino para seguir aprendiendo historia y cultura del país.

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La gata Peregrina, salvada de una muerte segura, con su nuevo amigo francés, a su paso por Melide, Galicia. (Foto: Luis Álvarez Real)
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Es frecuente encontrar peregrinos que hacen el Camino con sus mascotas, como éstas en la etapa que une O Cebreiro con Samos, Galicia. (Foto: Luis Álvarez Real)

Los caminos del Camino

El Camino de Santiago son muchos caminos en uno. Todos, excepto el de Finisterre, acaban en la capital de Galicia. Cada uno tiene su propia historia, su orografía, su dificultad. Para seguir el camino, el peregrino encuentra a su paso flechas amarillas y mojones kilométricos, además de señales institucionales en las distintas regiones, como simbólicas conchas encrustadas en edificios emblemáticos o sobre la calzada de ciudades históricas.

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Para evitar perderse por las callejas de las ciudades y poblaciones, las señales están por todas partes. (Foto: Luis Álvarez Real)

Todos los caminos conducen a Santiago de Compostela. Por el Norte, por el Sur, por el Este y por el Oeste. El Camino Francés, el Portugués, el Primitivo, el del Norte o el Inglés. Son los más transitados, pero no los únicos, como se aprecia en este mapa.

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Salvo el de Finisterre, todos los caminos terminan en Santiago de Compostela. (Gráfico: todoloscaminos.org)

El Camino Francés, que viene desde el país vecino, es el más transitado. Ya lo era en la Edad Media. Tiene dos variantes. Una, que llega a España por Roncesvalles desde Saint Jean Pied de Port, en Francia. Los peregrinos recorren en España 774 kilómetros atravesando las provincias de Navarra, La Rioja, Burgos, Palencia, León, Lugo y A Coruña. Es el recorrido por excelencia, con 37 etapas. Su señalización, con las famosas flechas amarillas que se dirigen a Santiago, comenzó en los años 80 gracias al esfuerzo del párroco de O Cebreiro, Elías Valiña, y de la Asociación de Amigos del Camino de Navarra. La otra variante entra por Somport, en Aragón, y continúa por las provincias de Huesca, Zaragoza y Navarra. Tras 167 kilómetros llega a Puente La Reina, donde se une al Camino Francés.

El Camino Portugués tiene varias rutas pero el itinerario más conocido empieza en Oporto y se entra a España por Tui, desde donde hay que recorrer 116 kilómetros hasta llegar a Santiago.

El Camino del Norte comenzó a ser frecuentado tras la Reconquista. En la actualidad, hasta hace unos pocos años, había quedado en el olvido pero parece haber recuperado el interés de muchos peregrinos que llegan a Santiago después de 32 etapas desde Hendaya o Irún, atravesando la cornisa cantábrica.

El Camino Primitivo, comienza en Oviedo y termina en Santiago, a través de 13 etapas y fue itinerario seguro y frecuentado hasta bien entrado el siglo X.

El Camino Inglés fue la vía elegida por peregrinos europeos que llegaban por mar hasta las costas del norte peninsular. Especialmente fue utilizado por ingleses, de ahí su nombre, que desembarcaban en A Coruña o Ferrol para dirigirse a Compostela.

La Vía de la Plata es la ruta más larga y recorre la calzada romana que cruzaba de Sur a Norte el Oeste peninsular para comunicar las ciudades de Mérida, en Extremadura, con la ciudad leonesa de Astorga.

El único recorrido que empieza en Santiago de Compostela es el Camino a Finisterre y a Muxía conocido antiguamente como el fin del mundo (Finis Terrae). Finisterre es el punto más occidental de Europa y en Muxía está el Santuario Da Virxe da Barca. Desde Santiago se va a Negreira. Olveiroa, Finisterre, o también de Olveiroa a Muxía y a Finisterre. Es, sin duda, uno de los caminos más impresionantes y con más leyendas de todos.

Hay otros caminos, pero éstos son los que todo peregrino que se precie recorre al menos una vez en su vida.

Peregrinos de camino a Santiago. (Foto: Luis Álvarez Real)

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Las cruces del Camino son una constante. (Foto: Luis Álvarez Real)

“El Camino tiene algo especial”, “no deja indiferente a nadie”, “es una experiencia única y cuando lo haces una vez quieres repetir”, “el camino es el camino de cada uno”. Estas son frases pronunciadas por quienes lo han hecho. Para saber qué es ese algo, para sentir esa sensación especial, lo mejor es coger una mochila, unos buenos zapatos y comenzar a recorrer alguno de los numerosos caminos que llevan a Santiago de Compostela. Merece la pena.

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En Santiago de Compostela, un hombre vestido de peregrino antiguo, vende recuerdos del Camino. (Foto: Luis Álvarez Real)

10 alimentos para combatir el frío

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Con la llegada del invierno llegan también nuevos sabores que añadir a los platos para hacerlos más apetitosos y más sanos. La salud es fundamental para afrontar el fuerte frío que está azotando a España. Ingredientes como las legumbres, las hojas verdes, los frutos secos o las naranjas y la miel son la mejor apuesta en esta época del año. Con el ánimo de facilitarnos la tarea en la cocina, el restaurante madrileño Montes de Galicia -experto contrastado en la cocina ‘anti frío’-, nos presentan 10 alimentos con los que combatir el frío, como su deliciosa Pluma ibérica con tomate especiado, caviar de berenjena y queso de cabra caramelizado con salsa Teriyaki.

1. Naranjas

Una buena naranja te protegerá del frío. (Foto: Scott Audette / Reuters)
Una buena naranja te protegerá del frío. (Foto: Scott Audette / Reuters)

En el primer puesto deben estar las naranjas, que son una fuente muy importante de vitamina C y ácido fólico, que nos ayudan a combatir los resfriados y también a mantener nuestras defensas.

2. Zanahorias

Estas verduras son muy ricas en antioxidantes, como por ejemplo la vitamina A, muy necesaria para nuestro cuerpo. Se puede consumir en una tarta o una ensalada, aunque va bien con cualquier tipo de receta y saben deliciosas.

3. Verduras de hoja verde

Espinacas, alcachofas, lechugas… además de ser deliciosas favorecen al sistema inmunológico, son ricas en antioxidantes y se pueden consumir crudas o cocidas. Son perfectas para combinar en dietas que combatan el sobrepeso por su escaso aporte calórico y su alto poder saciante.

4. Tomates

El poder antioxidante del tomate será tu mayor aliado en este invierno. (Foto: Leonhard Foeger / Reuters)
El poder antioxidante del tomate será tu mayor aliado en este invierno. (Foto: Leonhard Foeger / Reuters)

Son antioxidantes y tienen mucha fibra y vitaminas C y E. Es conveniente quitarles la piel antes de consumirlos, ya que allí están la mayor cantidad de químicos nocivos.

5. Frutos secos

No conviene abusar pero sin duda son algo que no debe faltar en la dieta de invierno, por la cantidad de hierro, fósforo, vitaminas y nutrientes que añaden a una dieta. Un puñado al día es suficiente para notar el efecto que pueden hacer si los consumimos habitualmente.

6. Pollo y carnes blancas

Está científicamente comprobado que el pollo es un alimento hecho para el calentamiento del cuerpo y ayudará a evitar el frío y la fiebre. Al parecer inhibe la inflamación, que es probablemente el factor decisivo a la hora de contraer infecciones del tracto respiratorio superior.

7. Jengibre y ajo

Por un lado, con el jengibre no sufrirás dolor de garganta o un catarro durante estos meses debido a sus propiedades expectorantes; por otro, el ajo actúa como un antibiótico natural al contener alicina.

8. Pescados

El buen pescado, si fresco, dos veces bueno. (Foto: Maxim Zemeyev / Reuters)
El buen pescado, si fresco, dos veces bueno. (Foto: Maxim Zemeyev / Reuters)

Las grasas saludables, especialmente el Omega3, ayudan a combatir el frío. También son muy recomendables para mantener los huesos fuertes y contienen multitud de antioxidantes y vitamina B y C, buenas para el sistema nervioso.

9. Carnes rojas

Las proteínas deben estar presentes en la dieta habitual del adulto ya que ejercen funciones importantes, como el buen funcionamiento del sistema inmunitario. Las carnes rojas son además ricas en hierro, ácido fólico y vitaminas B12, B1, B2 y B5.

10. Legumbres

Estos deliciosos alimentos brindan al organismo la energía necesaria para combatir un duro día de invierno. Además, añaden proteínas, fibra y numerosas vitaminas.

Chelsea Hotel, enjambre de leyendas

Clara Paolini

Si las paredes hablaran, las del Chelsea Hotel relatarían algunos de los capítulos más salvajes, extraordinarios y legendarios de la enciclopedia cultural del siglo XX. Los libros de registros del hotel son un interminable paseo de la fama: Leonard Cohen, Bob Dylan, Mark Twain, Marilyn Monroe, Tennessee Williams, Jonas Mekas, Warhol, Jackson Pollock, Los Ramones, Jonh Cale, Edith Piaf, Jimi Hendrix, Keith Richards, David Bowie… En el Chelsea escribían, componían, se drogaban, vivían y morían grandes leyendas de la literatura, la música, el cine y el arte, convirtiendo el edificio en una sinfonía compleja y estridente de biografías entremezcladas.

“Un caos espeluznante y optimista que predijo el futuro de las modas y al mismo tiempo ofrecía la sensación de ser un viejo refugio que protegía a su familia” Arthur Miller

Arthur Miller se mudó a la habitación 614 del Chelsea tras divorciarse de Marilyn Monroe en 1961, narrando su propia experiencia en el hotel en el ensayo El afecto Chelsea. En sus memorias, el que es considerado uno de los mejores dramaturgos del siglo XX, relata que el Chelsea “era la cima del surrealismo”, un lugar donde tomar el ascensor contenía la posibilidad de salir colocado por el humo de la marihuana que inundaba el ambiente.

Arthur Miller en la entrada del Chelsea fotografiado por Rita Barros en 1992. James Dylan y Marilyn Monroe en un balcón del hotel en 1952.
Arthur Miller en la entrada del Chelsea, fotografiado por Rita Barros en 1992. James Dean y Marilyn Monroe en un balcón del hotel en 1952.

“Este hotel no pertenece a América”, escribió Miller, “no hay aspiradoras, no hay reglas ni vergüenza”. Para el escritor, el Chelsea era “un caos espeluznante y optimista que predijo el futuro de las modas y al mismo tiempo ofrecía la sensación de ser un viejo refugio que protegía a su familia”.

Lugar idóneo para el desenfreno y la espontaneidad que caracterizó a los escritores de la generación beat, se dice que Jack Kerouac y Gore Vidal pasaron una noche en una de las habitaciones del Chelsea, y que en otro de los cuartos del hotel, William S. Burroughs escribió gran parte de El Almuerzo Desnudo. El que por aquel entonces era el manager del hotel, Stanley Bard, era extremadamente permisivo y respetaba el gusto por los narcóticos de sus huéspedes: “Conocí a Timothy Leary, Allen Ginsberg y toda esa generación beat. Pensé que todos tenían derecho a hacer lo que quisieran, siempre y cuando no fuera destructivo para el hotel”, declaró en entrevistas años más tarde.

William Burroughs y Andy Warhol. (Foto: Bobby Grossman vía Metropoli)
William Burroughs y Andy Warhol. (Foto: Bobby Grossman vía Metropoli)

Pero la biblioteca engendrada en el Chelsea no termina aquí. Arthur C. Clarke escribió en una habitación 2001: Odisea en el espacio, algunos dicen que con ayuda de Kubrick, quien dirigiría después la versión cinematográfica, y el artista Yves Klein, conocido por patentar su propio color azul y utilizar cuerpos de modelos como “pincel”, escribió allí The Chelsea Hotel Manifesto en 1961.

Dylan Thomas perdió allí la vida, según cuenta la leyenda, tras tomarse 18 whiskies y en la habitación número 100, Sid Vicious apuñaló a su novia Nancy Spungen en 1978.

Dylan Thomas perdió allí la vida, según cuenta la leyenda, tras tomarse 18 whiskies, y en la habitación número 100, Sid Vicious, líder de los Sex Pistols, apuñaló a su novia Nancy Spungen en 1978. La pareja se mudó al Chelsea tras la ruptura de la banda, regitrándose en el hotel como Mr. and Mrs. John Simon Ritchie, el verdadero apellido de Sid. Como resultado de la violencia, los abusos y la locura general que caracterizó a la pareja más famosa del punk, la cosa acabó en tragedia.

El cuerpo de Spungen fue encontrado debajo del fregadero en el cuarto de baño de su habitación, apuñalada en el abdomen. Vicious fue inmediatamente arrestado y acusado de asesinato en segundo grado, cargos sobre los que se declaró inocente. Fue puesto en libertad bajo fianza, pero cuatro meses después de la muerte de Nancy murió de una sobredosis de heroína, antes de que el juicio pudiera tener lugar.

Operarios trasladan el cuerpo de Nancy Spungen, apuñalada por Sid Vicious en el Chelsea Hotel en 1978. (Foto: Hal Goldenberg / AP)
Operarios trasladan el cuerpo de Nancy Spungen, apuñalada por Sid Vicious en el Chelsea Hotel en 1978. (Foto: Hal Goldenberg / AP)

Quizá sea la cantante y compositora Patti Smith, que vivió en el Chelsea con su ex pareja el fotógrafo Robert Mapplethorpe, la que explique mejor el efecto Chelsea: “No existe ningún artista que haya vivido en el Chelsea y que no fuera capturado de alguna manera por su encanto“.

En Just Kids, la autobiografía publicada por Patti Smith en 2010, la cantante relata su experiencia en la habitación 1017, conocida por ser la más pequeña del hotel: “Vivir en aquel hotel excéntrico y maldito nos dio sensación de seguridad y una educación excepcional. La buena voluntad que nos rodeaba demostraba que los Hados estaban conspirando para ayudar a sus entusiastas criaturas”.

Robert Mapplethorpe y Patti Smith, fotografiados en el Chelsea por Norman en 1969
Robert Mapplethorpe y Patti Smith, fotografiados en el Chelsea por Norman en 1969

El Chelsea fue testigo de incontables historias sobre noches de inspiración, borracheras descontroladas y encontronazos entre algunas de las leyendas más emblemáticas de la contracultura que merecen ser rescatados del olvido. Las anécdotas sobre escritores, músicos y artistas se pierden en el torbellino de una época cada vez más distante, pero algunas permanecen en la memoria gracias a la música.

“Staying up for day in the Chelsea Hotel Writing Sad-Eyed Lady of the Lowlands for you”. Letra de la canción Sara de Bob Dylan

El Nobel de la la literatura, Bob Dylan, habitó la habitación 211. Prueba irrefutable es la canción dedicada a la que sería su primera mujer, y también residente del Chelsea, Sara Lownds. Tal y como canta en la canción, Dylan escribió para ella Sad-Eyed Lady of the Lowlands en el Chelsea. Sin embargo no todo es tan romántico como pudiera parecer: Bob Dylan y Sara vivían en habitaciones separadas pero pegadas, porque al principio de su relación, por aquel entonces, el músico estaba a punto de terminar su relación con Joan Baez.

En este torbellino de cotilleos del que es escenario el Chelsea, algunos aseguran que fue en el mismo hotel donde el cantante tuvo un affair con Edie Sedgwick, musa de Warhol,  la chica ‘It’ de los 60’s. Cuando Edie se mudo al  Chelsea conoció a Leonard Cohen, se enamoró de Bob Dylan y una noche acabó en una bola de fuego en un incendio en su habitación provocado, muy probablemente, por una mezcla de velas y consumo de opiáceos.

Algunos dicen que canciones de Dylan como Like a Rolling Stone y otras del álbum Blonde on Blonde como Leopard-Skin Pill-BoxStuck Inside of Mobile with the Memphis Blues Again y Just Like a Woman estuvieron inspiradas en Sedgwick y la actriz fue una de las mujeres que apareció en el interior de la portada del álbum Blonde on Blonde. Las relaciones con Dylan terminaron cuando Sedgwick averiguó que éste se había casado con Sara Lownds en una ceremonia secreta. Murió a los 28 años por una probable sobredosis de barbitúricos.

“I remember you well in the Chelsea Hotel,
You were talking so brave and so sweet,
Giving me head on the unmade bed,
While the limousines wait in the street”
Letra de Chelsea Hotel #2 de Leonard Cohen

Cada vez que suena Chelsea Hotel #2  Leonard Cohen revive el fantasma de la  noche que conoció a Janis Joplin en un ascensor de Chelsea Hotel. Sin sacarina, la letra de la canción homenajea a Janis y a los encuentros entre segundos premios. Cohen cuenta que cogió uno de los ascensores esperando encontrarse con Briggitte Bardot. Otras veces, que buscaba a Lily Marlene. Ninguna de las dos le hubiera prestado atención, pero el canadiense tuvo la suerte de encontrarse con Joplin. Según cuenta la historia, mientras subían en el ascensor Cohen le preguntó:

-¿Estás buscando a alguien?

-Sí, a Kris Kristofferson- respondió ella.

-Hoy estás de suerte. Yo soy Kris Kristofferson.

Obviamente, Janis se echó a reír. Ni Cohen tenía los ojos de Kristofferson, ni ella el culo de la Bardot pero aquel par de patitos feos, que tanto han dado a la música, se conformaron el uno con el otro.

Janis Joplin in front of the Hotel Chelsea NYC 1969 photographed by David Gahr
Janis Joplin en la puerta del Hotel Chelsea fotografiada por David Gahr en 1969.

Janis hacía el amor con “25.000 personas en el escenario y luego volvía a casa sola”. Cohen aun no había empezado a componer y era todavía un novelista poco conocido. Ninguno estaba buscando al otro, pero el Chelsea Hotel tenía esas cosas y como no podía ser de otra manera, el recuerdo de aquel encuentro engendraría una canción años más tarde. Los 60 y Janis murieron a la par y aunque Cohen “no piensa en ella tan a menudo”, en el 71, en un bar polinesio en Miami escribió Chelsea Hotel #2 para ella.

“Adoro los hoteles en los que, a las cuatro de la madrugada, puedes traer un enano, un oso y cuatro mujeres, arrastrarles a tu habitación y que a nadie le importe” Leonard Cohen

Leonard Cohen decía del Chelsea Hotel: “Es uno de esos hoteles que tiene todo lo que me gusta tanto de los hoteles. Adoro los hoteles en los que, a las cuatro de la madrugada, puedes traer un enano, un oso y cuatro mujeres, arrastrarles a tu habitación y que a nadie le importe 

Placa conmemorativa a Leonard Cohen en el Hotel Chelsea. (Foto: New York Times)
Placa conmemorativa a Leonard Cohen en el Hotel Chelsea. (Foto: New York Times)

En la misma época en la que Janis y Cohen tuvieron su encuentro, Warhol rodaba allí su película experimental Chelsea Girls (1966). Nico, una de las protagonistas del film, utilizaría este mismo nombre para su álbum en solitario un año después. Cohen se enamoró perdidamente de la diva rubia de The Velvet Underground y empezó a perseguirla por toda la ciudad, víctima de una obsesión insana. Nico le rechazó, pero a cambio le presentó a Lou Reed (quien años antes compartía habitación y chutes con Janis en el mismo hotel). En el Chelsea las historias se entremezclan y los personajes se cruzan como en ningún lugar.

Con el tiempo, Cohen se trasladó con Suzanne a Nashville, dejando este mundo un 11 de noviembre de 2016. Dylan se convirtiría la estrella ganadora de un Nobel, los cuadros se tranformaron en obras de arte, las películas en emblemas y los libros allí escritos en obras maestras. Muchos de los que vivieron la época dorada del hotel murieron, y con ellos, el encanto del Chelsea fue desvaneciéndose poco a poco. Tras su múltiples traspasos, hace unos días se anunciaba la noticia de su venta para ser reconvertido en apartamentos.

Los huéspedes de la época dorada del Chelsea que aún viven, recuerdan con nostalgia las historias que aquel edificio rojo encerró en un tiempo, como hacía Leonard Cohen cada vez que entonaba Chelsea Hotel #2.

Sánchez: expectativas e incentivos

Pilar Marcos

Vivimos descontando expectativas. Sabemos que los incentivos son imprescindibles en la motivación de las personas, que hay incentivos favorables y también los hay perversos. Son incontables los análisis que explican crisis causadas no tanto por malas condiciones objetivas como por el desplome de mejores expectativas. Y, a la inversa, es bien conocida la felicidad que causa saber que un mal es menor al que se daba por seguro. Si esto es tan obvio, y lo es, ¿por qué no aplicamos este sencillo análisis de expectativas e incentivos al personaje más escrutado hoy en España? Sí, me refiero al ciudadano don Pedro Sánchez y a sus posibilidades de actuación en el Comité Federal que él mismo ha convocado el próximo 1 de octubre.

Primero, las expectativas: que 85 diputados es un pésimo resultado es un dato objetivo. Pero es que la expectativa dejaba al PSOE por detrás de Podemos, y no hubo tal. Don Pedro venció a la expectativa y exhibió los 85 de su derrota como un éxito.

Más expectativas: tanto se han cacareado las pésimas previsiones electorales para los candidatos de Pedro Sánchez en Galicia y en el País Vasco que bastará con que los resultados finales sean algo menos malos para que el secretario general del PSOE respire aliviado. El descuento de expectativas juega a favor de la permanencia de Sánchez con cualquier resultado que permita exclamar un infantil: ¡ni tan mal!

Sí, las expectativas le han ayudado, y los incentivos lo hacen aún más. El principal incentivo de cualquier ser humano (en realidad, de cualquier ser vivo) es mantener la vida. Si ese ser vivo es secretario general del PSOE, su principal objetivo vital será (es) seguir siéndolo: ¡que no le maten! (en sentido político, claro). El segundo, una vez garantizada la vida, es tener éxito en su propósito vital. Y el propósito vital de don Pedro como secretario general del PSOE no parece ser la mejora de resultados electorales de su partido sino una eficaz administración de las derrotas que permita presentarlas como victorias. ¿Es insensato? Presentar una derrota como victoria puede ser un engaño, pero insensato no es.

En eso está, y estará también el 1 de octubre en el Comité Federal de su partido: en que no le maten y en mostrar sus derrotas como victorias. ¿Cómo? De momento ha convocado él antes de conocerse los resultados electorales de Galicia y País Vasco. Si son algo menos malos de lo pronosticado, el juego empieza bien. Peores es difícil que sean porque las expectativas son muy negativas para el PSOE. Y si, contra pronóstico, se diera la fatídica carambola de que Feijoo quedara en 37 diputados ¡aún le montan un homenaje!

El primer requisito para presentar una derrota como victoria es no asumir la derrota. El “no es no” de don Pedro a don Mariano le ha servido para escabullirse de esa asunción desde el 20 de diciembre. Por eso es su “no” favorito y el “no” que, posiblemente, el Comité Federal no se atreva a hacerle cambiar. Hay otros dos noes a debatir: no a pactar con los independentistas y no a terceras elecciones. ¡Ojo!, nadie dice no a pactar con Podemos, porque con Podemos el PSOE ya ha pactado en todas partes. Claro que sin pacto del PSOE con los secesionistas -pero sí con Podemos- iremos a terceras elecciones. Ahí volvemos al incentivo principal: para mantenerse vivo hay que llegar vivo a esas terceras y responsabilizar a otro de la convocatoria. ¿Cómo? Pues entreteniendo el tiempo con negociaciones imposibles y culpando de todos los males a Rajoy, por esa manía que le ha dado de ganar las elecciones sin mayoría absoluta.

¿Y después de las terceras elecciones? Pues las cuartas, y luego las quintas… porque la probabilidad de que las urnas vuelvan a arrojar otro “Parlamento colgado” siguen siendo muy altas, y después de una campaña de total enfrentamiento entre PSOE y PP será aún más difícil que hoy algún acuerdo entre ambos. Además, si esas elecciones arrojan una (probable) mejora del resultado de los grandes partidos, será aún más difícil un golpe palaciego dentro del PSOE para sustituir a un Sánchez que suba en algo sus 85 diputados actuales.

Existe una posibilidad, remota, de que los incentivos y las expectativas no lo muevan todo, y que -a cambio- prime la vocación de servicio público y la voluntad de trabajar a favor del interés general de los españoles. De momento, esa posibilidad remota no ha encontrado forma de abrirse paso. Los optimistas esperan que pueda encontrar una portezuela el 25 de septiembre… o en el célebre Comité Federal del 1 de octubre… y dicen que el optimismo (como la fe) mueve montañas.

Al salir de Roncesvalles

Daniel Capó

La noche que llegué a Roncesvalles llovía sin cesar. Yo tenía 19 años y el mundo era todavía un lugar intacto, enigmático y apetecible. Sin embargo, la vieja Colegiata representaba el pasado y la tradición con una especial intensidad: los bosques y el Pirineo navarro, Francia y España, la arquitectura monástica, Carlomagno y la Chanson de Roland, el euskera y el latín. A un joven embebido en literatura, todo aquello le tenía que causar un impacto: la aventura, la soledad, el misterio, lo viejo y lo nuevo. En A Moveable Feast, Hemingway escribe sobre la alegría íntima que permanece en nosotros si alguna vez hemos tenido la suerte de experimentarla. Hemingway encontró esa fuente de gozo en el París de su juventud, antes de que la guerra destruyera todos los sueños. Quiero creer que otros la hallamos vagabundeando a pie por media Europa. Como el diplomático holandés que conocí en Logroño y que llevaba meses caminando desde Ámsterdam; o Brian, el escritor de San Francisco que nos acompañó hasta Foncebadón; o Steffan, el hospitalero alemán de León que pensaba en hacerse Cartujo; o Sofia, una brasileña que decía ser hermana de Paulo Coelho y que desapareció en Castrojeriz. Me pregunto qué habrá sido de ellos.

Aquella noche llovía en Roncesvalles. El día siguiente en cambio fue radiante, una vez despejada la neblina matinal. Falto de experiencia, olvidé protegerme las orejas con crema solar. Al llegar al albergue, el sol ya las había quemado. Así aprendí que los errores nos perfeccionan. Y que la gran lección del Camino de Santiago consiste en ir descubriendo el valor de los gestos cotidianos: dormir y comer, avanzar despacio pero con constancia, perderte y orientarte de nuevo, dejar atrás la ingenuidad pero no la ilusión ni la esperanza, buscar aunque no se sepa muy bien qué se va a encontrar ni si se va a llegar a algún sitio ni si ese lugar será el definitivo.

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