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Castellano y catalán. La literatura como puente

Carlos Mayoral

Foto: Ana Laya

Más de cuarenta bandoleros vivos que de improviso les rodearon, diciéndoles en lengua catalana que estuviesen quedos y se detuviesen, hasta que llegase su capitán.

Segunda parte de El Quijote, CAPÍTULO LX.

 

De entre las numerosas heridas que el conflicto catalán dejará sobre la piel nacional, quizás la que más sangre provoque sea ésa que ocasiona el constante afán por dejar de reconocerse en el espejo contrario. Podrá doler más o menos, pero las culturas a uno y otro lado del Ebro (no sé qué metáfora elegir para glosar la frontera que alguno se empeña en diseñar) se solapan de tal manera que no habrá intención política que consiga separarlas. Dicho de otro modo, la cultura que se pasea a caballo entre Cataluña y el resto de España es absolutamente indivisible. En concreto, vamos ya con lo que ha venido a decir este párrafo, la cuestión lingüística es, de todos los hierros utilizados, el más candente. El castellano se ningunea y se hace pasar por ajeno desde cierta trinchera independentista, a la vez que desde la contraria se colocan los focos sobre una falsa inutilidad del idioma catalán. Pero la realidad es diferente, ambas hogueras lingüísticas siguen candentes a uno y otro lado, retroalimentándose sin descanso. ¿Hasta qué punto ambas lenguas se enriquecen mutuamente? Más allá de las pruebas puramente lingüísticas, verdadero testimonio de esta simbiosis, hay una prueba que resulta esclarecedora: las literaturas en uno y otro idioma también se benefician de esta relación. Y es que la literatura es la principal arma que una lengua tiene para defenderse, y esa arma (cargada de futuro, quizá) seguirá hiriendo por más que el politicucho de turno se empeñe en enterrarlas.

“El castellano se ningunea y se hace pasar por ajeno desde cierta trinchera independentista, a la vez que desde la contraria se colocan los focos sobre una falsa inutilidad del idioma catalán.”

No he conseguido apreciar hasta qué punto de la historia podemos retroceder para encontrar las huellas de esta relación literaria, pues esta se establece desde que las distintas lenguas romances se entremezclaban allá en los estertores del último latín vulgar. Por eso, me he tomado la licencia de retroceder hasta el Renacimiento, época de esplendor donde las haya, para comenzar hablando de la relación que une a Garcilaso, quizás el poeta renacentista más influyente en castellano, y a Juan Boscán, íntimo amigo del toledano y cumbre también de la poesía del XVI. Boscán, barcelonés de cuna, había conocido a Garcilaso en la época en la que ambos pisaron con delicadeza la corte italiana. Entre esa delicadeza se cuela la poesía transalpina del ‘Dolce Stil Novo’, Petrarca o Dante, sí; pero sobre todo encuentran ese nexo en Ausias March, poeta que trazó pocas décadas antes los primeros bosquejos renacentistas a este lado de los Pirineos, con el valenciano como gerente de su pluma. Es el primer puente claro entre el catalán y el español, pues sin Ausias no hubiéramos contemplado al mismo Garcilaso, prodigio castellano, ni al mismo Boscán, prodigio barcelonés.

La cronología avanza hasta el Siglo de Oro. En él, en ese Barroco inigualable, se dan cita las mentes más prodigiosas que jamás blandieron el castellano. Es difícil encontrar los signos del catalán en una literatura tan eclipsada por la lengua que a esas alturas de la historia colonizaba medio mundo (para contemplar con parsimonia cómo se derrumbaba). Pero, más allá de la figura omnipotente del inigualable Cervantes, si tuviera que poner el foco en dos aspectos que elevaran a los altares a esta generación inimitable, recalcaría dos: por un lado, la elegancia con la que Quevedo, Góngora o el propio Cervantes colocaron la sátira en el lugar preferente y elegante que merecía desde su cultivo en el lejano romance de la Edad Media; y por otro el puente construido por Lope para traspasar la escena teatral desde la aristocrática corte hasta el corral del pueblo. Pues bien, a medio camino entre la sátira y el teatro popular se encuentra la comedia burlesca catalana, que satiriza a clásicos como Lope o Calderón y que encuentra en el padre Francesc Mulet a su mejor representante.

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Detalle en el patio del CCCB | Foto: Ana Laya.

 No es hasta el XIX cuando el idioma catalán explota y se establece ahora sí firmemente, gracias al detonante literario que supuso la ”Renaixença”, es decir, la pretensión surgida desde lo más profundo del sentimiento catalán para hacer de su idioma una lengua de cultura. Dentro de este movimiento, que digamos ya promueve cierto nacionalismo orientado a la región (nacionalismo en el sentido decimonónico, es decir, cercano al ‘Volksgeist’ alemán, reivindicando los rasgos propios de la nación), también tiene especial relevancia el papel que toman las letras castellanas y los escritores allende Cataluña. De hecho, en los dos mayores símbolos de este renacimiento catalán, en la ‘Oda a la patria’ de Aribau y en ‘Los juegos florales’ de Barcelona, la cultura hermana está presente en todo momento. En el mítico poema de Aribau, las referencias al castellano y al otro “lado de la frontera” son constantes. Mientras, en ‘Los juegos florales’, festividad instaurada en 1859 para reivindicar la lengua catalana, participaron algunos ilustres hispanistas como Menéndez Pelayo, uno de los encargados de ponerle nombre a la historia de España, que se refirió en estos términos al público catalán:

“El catalán, esa lengua, ese rebrote del tronco latino, que yacía hasta hace medio siglo en triste y vergonzosa postración […] Sólo un milagro podía salvar el habla catalana de su ruina […] Y este milagro Dios quiso que se cumpliera”.

Menéndez Pelayo, Juegos florales de 1887.

Ya en el siglo XX, el puente literario entre el idioma catalán y el idioma español es transitado en uno y otro sentido con la mayor normalidad. Ni siquiera cuarenta años de oscura dinamita sobre su base consiguieron echarlo abajo, sólido y robusto como descansaba entonces tras ese XIX que lo había remodelado, esculpido y abrillantado. Maestros como Josep Pla o Salvador Espriu deambulan entre uno y otro extremo, demostrando brillantez en cada verso o renglón que arrojan por la pluma. La poesía de la experiencia nace de la mano de dos catalanes insignes: Jaime Gil de Biedma en castellano, Gabriel Ferrater en catalán. Otro barcelonés, Carlos Barral, que ya había buceado en la escritura en lengua catalana, y la maravillosa Carmen Balcells reclutan a lo más granado de las letras hispanoamericanas y hacen de la capital catalana el cuartel general de la literatura castellanohablante. Precisamente allí, en Hispanoamérica, Antoni López i Llausàs, editor en su día del propio Pla y garante de la lengua catalana durante las primeras décadas del siglo XX en la península gracias a numerosas publicaciones en revistas, establece allí un templo editorial que descubre a escritores como Cortázar o García Márquez. Las escritoras catalanas se sobreponen al contexto aún machista del primer y último franquismo, y disparan desde las dos lenguas con notabilísimo éxito, da igual si se llama Maria Aurèlia Capmany o Ana María Matute, si Carmen Laforet o Teresa Pàmies. Algunos como Ana María Moix intercalan el catalán en la columna y el castellano en el texto formal. Su hermano, Terenci, directamente no diferencia entre lenguas y lo mismo tira de un idioma en columna que de otro en novela. Vázquez Montalbán y Lluís Llach publican ensayos normalizando la convivencia entre ambas lenguas, que literariamente se abrazan con la fuerza de innumerables bíceps.

Por todo ello, insisto, los constantes esfuerzos de uno y otro bando por destruir estos puentes se antojan inútiles. No habrá acción política que pueda deshacer esta relación, pues el arte se alimenta de cultura, y nada enriquece más culturalmente que el contacto entre dos lenguas. Y la onda que literariamente se expande entre ambas orillas da buena cuenta de este enriquecimiento.

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Jane Austen a destiempo

Romhy Cubas

Foto: Wikimedia
Wikimedia Commons

En el segundo centenario de su nacimiento la infalible estela de Jane Austen sigue residiendo en sus libros y anti/heroínas. A la fecha no se sabe con exactitud cuál era su apariencia física. El único retrato disponible fue elaborado en acuarela por su hermana Cassandra en una obra que no mereció ni siquiera la aprobación de su sobrina, y que repite junto con otros bosquejos los únicos rastros usuales de los que se hace eco su imagen: alta y esbelta, apariencia saludable y expresiva, complexión clara, mejillas redondas, nariz pequeña, ojos brillante color avellana, cabello marrón y ondulado.  

En una descripción física o una reproducción de su figura es absurdo percibir la “liberación cultural” que desencadenó -especialmente de manera póstuma- la autora de Orgullo y Prejuicio, Emma y Sentido y Sensibilidad. La elección de palabras no se aproxima a la realidad intimista con la cual Austen resumió en sus ficciones, clases, géneros y fórmulas de comportamiento ancladas a la época. Pero hay otra elección de palabras que sí puede dar una explicación aproximada al porqué Austen perdura en la selección literaria de lectores que se aferran a sus romances en generaciones tan distantes.

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Retrato de Jane Austen pintando por Ozias Humphry en 1788 | Imagen: Pinterest

Franco Moretti, fundador del Laboratorio Literario de Stanford –el cual aplica el análisis de data a estudios sobre literatura y ficción– revela cómo la elección y el proceso de las palabras utilizadas por la escritora son capaces de moldear una especie de supervivencia literaria. Esto explicaría por qué Austen resiste con tanta insistencia -doscientos años después de su muerte- en el colectivo lector precisamente cuando el elemento “revolucionario” que se recreaba en la época ya no representa una primicia.

La obra de Austen es naturalista, un arte que no improvisa con situaciones forzadas e improbables sino que presenta al lector un facsímil de la naturaleza común. El extenso de un escenario que no se esfuerza en salir hacia otros universos dentro de otros universos.

El laboratorio de Standford reunió y estudió un set de 125 novelas inglesas de ficción narrativa publicadas entre 1710 y 1920. Utilizando una técnica llamada análisis de componentes principales delinearon cada trabajo en una tabla bidimensional basada en el vocabulario de cada libro.

El estudio concluyó que las novelas de Jane Austen perfiladas junto con otras 125 obras británicas, tienen un vocabulario centrado en elementos y situaciones mucho más abstractas que físicas, y cotidianas que melodramáticas.

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Gráfico de estudio sobre Jane Austen del Laboratorio Literario de Standford | Imagen: The New York Times

En la dimensión horizontal las palabras hacia la izquierda tienden a ser más abstractas y relacionadas con estados mentales o relaciones sociales: conocimiento, afecto, conducta, dependencia, deseo, esfuerzo, favor, gratitud, indulgencia, mérito, ocasión, prevaleció, recibió, resentimiento, resolución, sufrimiento y virtud. En cambio las palabras que se ubican más hacia la derecha se conectan con el mundo físico y los sentidos: azul, cercano, oscuro, borde, vacío, dedos, hierba, caliente, afuera, redondo, hombro, lentamente, de pie, arriba, ver y blanco.

Austen usa comparativamente palabras que se refieren a las mujeres – “ella”, “señorita” – y a las relaciones familiares como “hermana”. Se destaca un factor en el uso pronunciado de palabras como “mucho”, el cual el estudio relacionó con un rasgo crucial de su escritura, la ironía. La escritora también empleaba con frecuencia palabra como “poder” y “deber”, las cuales indican probabilidad, capacidad, permiso y obligación. Esto refleja “el desafío al que se enfrentan los personajes de Austen, especialmente sus heroínas, al ver las cosas como realmente son”, explica el Laboratorio de Standford.

Las palabras distintivas de Austen, sus grupos y construcciones gramaticales son un esfuerzo para comprenderse a sí misma a través de sus personajes. La naturaleza humana que omite elementos fanáticos como médula de sus novelas creó un elemento crítico de retrato social determinante para su fama. Su narrativa podría ser un cliché de chismes, gente rica, dinero, vestidos y bodas de sociedad., sin embargo, es precisamente la ironía y sátira con la que se aproxima a estos lugares tan arraigados en la época que Austen logra crear una potente conexión entre sus personajes y el mundo real.

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Escena de la adaptación cinematográfica del libro de Jane Austen Orgullo y Prejuicio | Imagen: IMDB

Los textos de Austen también juegan con los roles de género tradicionales. En sus historias no suceden demasiadas cosas, estas son simplemente un ejemplo de la limitación que sufren sus propios protagonistas ante una mirada feminista que apenas germinaba semillas en la época. Irreverente y audaz, su escritura obliga a ver más allá del absurdo y el chisme del señor Knightley o el señor Collins, Fanny Price o Mary Crawford, Elizabeth Bennet o Lydia Bennet. Más allá de las historias de amor y los finales felices.  Lo de Austen es entender cómo los lugares comunes se hallan en un realismo social que sus lectores detectaron desde un principio como una posibilidad de escapar sin ignorancia.

Escribir sin sacrificar  

La autora británica vivió en un momento en que la lectura de novelas se había convertido en una de las principales formas de entretenimiento para las clases medias. Sin embargo, el status de la novela no era precisamente elevado. Austen escribe en 1816:

“No podía sentarme seriamente a escribir un romance bajo ningún otro motivo que el de salvar mi vida, y si fuera indispensable para mí mantenerme así y nunca relajarme para reírme de mí misma y de otras personas, estoy segura de que me ahorcarían antes de que hubiese terminado el primer capítulo. No. Debo mantener mi propio estilo y continuar con mi propio camino, y aunque pudiera no volver a tener éxito en él, estoy convencida de que fracasaría totalmente en cualquier otro.”  (1 de abril de 1816 a James Stanier Clarke).

Austen usó la ficción para describir tramas que no eran más que las propias experiencias de sus lectores. Al hacerlo fue capaz de introducir morales cercanas al rango de las relaciones humanas ordinarias con un realismo que comprendió las limitaciones que tenían las mujeres a principios del siglo XIX, especialmente la dependencia marital al intentar establecerse social y  económicamente. Pero esencialmente Austen explota el poder de las palabras y los rumores. Son sus diálogos y conversaciones los que se desenvuelven con fluidez como piezas totalmente ajenas a las de la gran mayoría de los escritores con los que convivió y a los que precedió.

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Una teoría científica prevé que 2018 será el año de los grandes terremotos

Redacción TO

Foto: Navesh Chitrakar
Reuters

No prestamos demasiada atención a los movimientos de la rotación de la Tierra, pero son más relevantes de lo que el común de los mortales creemos. De vez en cuando, la rotación de la Tierra disminuye algunos milisegundos por día, y esto va a tener un enorme efecto en las vidas de millones de personas alrededor del globo. Según el Servicio Geológico de los Estados Unidos ha habido 7.574 a escala global en los últimos diez años. Una reciente teoría prevé que esta cifra pegará un importante repunte el próximo 2018.

En un estudio publicado en Geophysical Research Letters a mediados de este año, los científicos Roger Bilham, de la Universidad de Colorado, y Rebecca Bendick, de la Universidad de Montana predicen que, debido a la desaceleración de la rotación de la Tierra, el mundo sufrirá un aumento significativo de grandes terremotos en 2018.

Para llegar a esta conclusión, los investigadores estudiaron todos los terremotos desde 1900 que registraron una magnitud (según la escala del momento en que sucedieron) de 7,0 o mayor y descubrieron que aproximadamente cada 32 años hay un repunte en estos grandes sismos.

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Aproximadamente cada 32 años hay un repunte en grandes sismos en el mundo. | Foto: Kim Hong-Ji / Reuters

El factor común

El estudio revela, asimismo, que el único factor que se correlaciona fuertemente en esta repetición de grandes terremotos es una ligera desaceleración de la rotación de la Tierra en un período de cinco años antes del repunte, algo que ha ocurrido en el último lustro.

En el ecuador, la Tierra gira 460 metros por segundo. Dada esta alta velocidad, no es absurdo pensar que un ligero desajuste en la velocidad entre la corteza sólida y el manto y el núcleo líquido podría traducirse en una fuerza que, de alguna manera, empujaría los temblores a la sincronía.

La mayoría de los sismólogos coinciden en que la predicción de un terremoto es un terreno pantanoso. Y hasta ahora, Bilham y Bendick tan solo tienen ideas difusas y difíciles de probar sobre lo que podría causar el patrón que encontraron. No obstante, el hallazgo es demasiado provocador para ignorarlo, dicen otros investigadores. “La correlación que encontraron es notable y merece una investigación“, dijo Peter Molnar, reconocido geólogo norteamericano, a la revista Science.

La importancia de prevenir

Entonces, ¿es posible predecir los terremotos? Es una pregunta que molesta a los sismólogos, no porque no sea razonable, sino porque los científicos lo han intentado muchas veces y siempre han terminado en fracaso. Incluso después de muchos avances en sismología, como lo expresa Richard Luckett del British Geological Survey, “cuando ocurre un terremoto es esencialmente un evento aleatorio“.

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Los devastadores terremotos de México en este 2017 dejaron centenares de víctimas mortales. | Foto: Nacho Doce / Reuters

Ante la aparente imprevisibilidad de la actividad sísmica, la única solución para evitar grandes desastres como los que sacudieron México hace unos meses es una previsión efectiva. España es un ejemplo claro de la falta de preparación a la hora de afrontar grandes terremotos. La evidencia está en el ocurrido en Lorca en 2011, que tuvo una magnitud de 5,1, y dejó nueve víctimas mortales e innumerables daños materiales. El 75% de las viviendas en España cumple con “poco rigor” la normativa de construcción sismorresistente, y es necesario con “urgencia” rehabilitar edificios para soportar terremotos, según el expresidente de la Asociación Española de Ingeniería Sísmica, Ricardo García Arribas. Por ello, y teniendo en cuenta esta nueva teoría científica, la inversión en una preparación mejor de nuestras infraestructuras y protocolos de actuación puede ser clave ante cualquier catástrofe.

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Toast Ale, la cerveza a base de pan que se rebela contra el despilfarro

Redacción TO

Foto: Lindsey Parnaby
AFP

Cada año terminan en la basura toneladas de pan y una asociación británica ha tomado la determinación de poner fin al derroche con una solución sorprendente: son capaces de transformar el pan en cerveza.

En el condado de Yorkshire, al norte de Inglaterra, una fábrica está acostumbrada a ver cómo llegan kilos de pan duro procedentes de bares y establecimientos de la ciudad. Estos pasan a convertirse en ingredientes de una cerveza que han bautizado como Toast Ale, y que desde 2016 reduce el porcentaje de malta para sustituirlo por pan, todo por encargo de una asociación que lucha contra el despilfarro de alimentos y que se llama Feedback.

La idea nació de Tristram Stuart, fundador de esta asociación, quien se inspiró en los cerveceros belgas que lanzaron la cerveza llamada Babylon. Aquel nombre no fue una coincidencia.

“Me explicaron que los antiguos babilonios inventaron la cerveza para usar panes y granos que de otro modo se habrían perdido. Era el objetivo inicial de la cerveza”, explicó Stuart en una entrevista con la agencia AFP. “Hoy se tiran cantidades industriales de pan en todo el mundo, y las asociaciones de ayuda alimentaria no pueden repartir todo el pan que les ofrecen. Al mismo tiempo, hay esta fiebre en todo el mundo por las cervecerías artesanales”.

Esta circunstancia empujó a Stuart a crear una empresa que uniera a los suministradores con los cerveceros locales, y a su vez con organizaciones caritativas. Desde el primer momento dio una visión internacional al negocio, y el primer paso consistió en hacer de ‘Toast Ale’ un producto de calidad. La primera cerveza que se hizo nació en el programa de televisión del famoso chef británico Jamie Oliver, que se rindió en elogios. Ahora existen cuatro variantes, en función de los gustos de los consumidores. Tienen dos lagers, una Pale Ale y una India Pale Ale, y varios premios a sus espaldas.

Un trabajador de la fábrica, volcando el pan durante el proceso. | Foto: LINDSEY PARNABY/AFP

Su ejemplo ha servido para que otras cervecerías se hayan sumado a su iniciativa. Es el caso de Wiper and True, situada en Bristol, que creó la Bread Pudding, una cerveza fabricada con los mismos métodos y con un sabor que recuerda al famoso postre británico.

En el Reino Unido se han usado ya 9,75 toneladas de pan para producir más de 300.000 botellas de cerveza, vendidas a entre 2,5 y 3 libras la unidad –entre 2,80 y 3,40 euros–, un precio habitual en cervezas artesanales. Es un pequeño paso, pero queda mucho por hacer para reducir el problema del derroche: cerca de la mitad –el 44%– del pan que se produce en el Reino Unido anualmente acaba en la basura. El pan es el alimento que más se tira en ese país.

“Ver lo que ocurre en el mundo es verdaderamente deprimente”, estimó Tristram Stuart. Para ello ha encontrado una solución “deliciosa”. Tan deliciosa que su método se extiende con velocidad y ya se aplica en ciudades como Nueva York, Río y Ciudad del Cabo.

La receta para transformar fue publicada en Internet para que todos puedan iniciarse en la elaboración de cerveza con pan y contribuir a su manera a reducir el problema. “La han descargado ya 16.000 veces, mucha gente la usa”, dijo Tristram Stuart, entusiasmado. Pero ¿qué ocurrirá si se deja de derrochar pan? El fundador de Feedback responde tajante: “Entonces, no tendrá razón de existir”.

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Donald Trump señala el camino hacia la paz

José Carlos Rodríguez

José Carlos Rodríguez reflexiona acerca de la polémica y el conflicto desatados por Trump luego de que reconociera a Jerusalem como capital de Israel y ordenará trasladar allí la embajada, que ahora está en Tel Aviv.

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