Hola, ¿qué estás buscando?

de resultados

No se ha encontrado ningún resultado

Ver más

Celtas Cortos: "Nos quedan muchas ganas de seguir haciendo música"

Rodrigo Isasi Arce

Foto: Rodrigo Isasi
The Objective

“20 de abril del 90, hola chata ¿cómo estás?, te sorprende que te escriba, tanto tiempo es normal…”. Así comienza una de las canciones más conocidas del mítico grupo de folk rock Celtas Cortos. Y es que somos muchos los integrantes de la generación Y, y parte de la Z los que hemos crecido escuchando esta y otras canciones como La senda del tiempo. Han pasado muchos años desde ese “20 de abril del 90”, pero no por ello Celtas Cortos ha dejado de tocar. El grupo, que cumple 30 años este 2017, sigue dando guerra sobre los escenarios y ha ofrecido este jueves por la noche un concierto en la Sala Joy Eslava de Madrid.

Allá por el año 87 sacaban su primer disco, Así es como suena: folk joven, que publicaban junto con los grupos de folk Ágora y Yedra. Han sido 30 años de cambios en los componentes de la banda, en la que se mantienen fieles el guitarra y vocalista Jesús Cifuentes, Cifu, y el encargado del saxo y los whistles, Goyo Yeves.  Uno de sus temas reza: “No. No nos podrán parar somos Celtas Cortos con ganas de luchar”. Y eso es precisamente lo que parece, en estos 30 años, nada les ha detenido y hoy es el día en el que nos reciben encima de un escenario para ofrecer un nuevo bolo a sus incondicionales fans y comenzar la gira de su nuevo disco In Crescendo, grabado en directo con la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias. Son ya casi dos millones de discos vendidos en toda su historia y más de 2.000 conciertos a sus espaldas.

30 años de Celtas Cortos 1
Alberto García en la prueba de sonido | Foto: Rodrigo Isasi/The Objective

Hablamos con Alberto García, que se incorporó al grupo en 1992 y que se encarga del violín y del trombón. Alberto lleva muchos años tocando el violín. Un cúmulo desafortunado de circunstancias en su vida no han sido suficientes para que abandonara la música; y es que con 31 años le diagnosticaron artritis psoriásica, una dolencia muy común que puede llegar a ser bastante invalidante dependiendo del grado de afección y del dolor que ésta provoque. Aún así, es el primero que se sube al escenario a dar lo mejor de sí mismo.

¿Qué ha cambiado en Celtas Cortos desde aquel 20 de abril del 90? 

Pues han cambiado muchas cosas. Los años te acaban abollando un poco la ingenuidad y la ilusión a borbotones que tienes cuando eres más joven, pero quedan muchas cosas de lo que era el grupo de entonces. Quedan muchas ganas de seguir haciendo música, canciones en común, que es el hilo conductor, es la esencia que nos mantiene juntos, aparte de una buena dosis de amistad. También han cambiado las vidas de todos, ya que la inmensa mayoría somos padres, y eso también va conformando la manera de estar en el grupo.

¿Cómo surgió el tema 20 de abril?

Bueno, eso fue una carta de amor que escribió Jesús (Cifuentes) a una destinataria y ahí se queda la cosa. Es algo anecdótico. Yo creo que la cuestión personal se puede obviar, es un desparramo de desamor hecho poesía y una manera de hacer música para nosotros, que es combinar una base más o menos rockera con una instrumentación más o menos folk. También fue una manera para nosotros de sentar las bases de como hacer música, aunque luego la hemos hecho de muchas otras maneras y mirando a muchos otros sitios.

30 años  sobre los escenarios ¿Tendremos Celtas para unos cuantos años más? 

Nosotros vamos a ir pasito a pasito y siempre hemos pensado que esto era una carrera de fondo y nos vamos planteando las etapas una a una. Ahora estamos pensando en la siguiente, que son unos ensayos en el mes de octubre, y no tardando demasiado hacer una grabación de eso. Hasta ese momento, cada uno va cocinando sus historias, grabando, proponiendo ideas que luego serán comunes. Eso es lo que tenemos ahora, aparte de acabar la gira enteros. La idea es tener un nuevo disco para el año que viene.

¿Qué hay de cierto en el origen de vuestro nombre?

Nuestro nombre tenía que ver con que muchos integrantes del grupo fumaban Celtas. Al haber Celtas largos y Celtas normales, la gente los llamaba ‘cortos’ y se aprovechó esa especie de complicidad con el público en general, ya que era un tabaco muy popular y tenía que ver mucho con lo que hacíamos musicalmente: usábamos la música celta, pero nos quedábamos cortos para hacer otro tipo de sonoridades, por lo que nos venía un poco como anillo al dedo.

 ¿Ya no se hace música como la de antes?

Yo creo que sí se hace música como la de antes, lo que pasa es que los canales para llegar al público han cambiado. Los mayoritarios se dedican algo más no se, es que la palabra “comercial” se queda corta; se dedican a lo básico, a llegar al público. Actualmente, por suerte, los canales de difusión de la música han cambiado y están prácticamente al alcance de cada uno de nosotros; otra cosa es saber cómo ofrecerte, ser un poco culebrilla para llegar a donde quieres llegar, dar mucho la tabarra y creértelo mucho.

 ¿Qué papel juega la tecnología?

La tecnología ha influido para mal y para bien, ha abaratado muchas cosas que tienen mucho valor, pero también ha abaratado, precisamente, la posibilidad de ser tu propio gestor y productor de tu música. Puedes ser un ente completamente autónomo.  Desde que la idea surge en tu cabeza, hasta que se estrella en el mejor de los sitios.  Esto es un arma de doble filo, hay que saber manejarla y no cortarse.

 ¿Qué decir del trabajo de Celtas Cortos?

Nosotros procuramos tener una coherencia con lo que a nosotros nos gusta, con lo que realmente hemos hecho, y con lo que consideramos que es digno para que el público lo escuche. No obstante, supongo que hay gente que en la música ve algo más aparte de lo puramente artístico y da más prioridad a la parte de mercadería de la música. Creo que en hacer girar todo al mismo tipo de música en todas las cadenas de radio, hay mucho de interés puramente comercial. Nosotros intentamos mantener por lo menos una buena dosis de interés por lo puramente artístico y lo que realmente a nosotros nos conmueve por dentro.

Aparte de Celtas Cortos, ¿Qué escucha Alberto? 

Pues escucho infinidad de cosas. Lo último que he escuchado con un poco de atención es un grupo que se llama Punch Brothers, que tienen violín, mandolina, banjo, contrabajo, guitarra y su vocalista canta muy bien el tío. También he escuchado una mandolinista que se llama Sierra Hull. No lo sé, la verdad es que estoy abierto a un montón de grupos. Es un espectro muy amplio el que me puede llegar a calar, necesito un poco de virtuosismo musical para que me llegue, pero estoy abierto a prácticamente cualquier tipo de música.

Continúa leyendo: Vídeo | 11 Preguntas Random con Kevin Johansen

Vídeo | 11 Preguntas Random con Kevin Johansen

Ana Laya

Foto: Cecilia de la Serna
The Objective

Con motivo de la gira europea de su último álbum llamado Mis Américas Vol. ½ que comienza en Madrid, conversamos con el músico argentino Kevin Johansen, quien en 11 preguntas nos desvela cosas que no sabíamos, que no necesariamente nos preguntábamos, pero que nos mola saber.

Lee la entrevista completa aquí.

Continúa leyendo: Manuel Martín Cuenca: “Un artista es un lúcido y un demente”

Manuel Martín Cuenca: “Un artista es un lúcido y un demente”

Daniel Fermín

Foto: Julio Vergner

Manuel Martín Cuenca (Almería, 1964) encontró en un viaje a República Dominicana una antigua edición de la primera novela de Javier Cercas y vio en ella el germen de una película. Tardó dos años en escribir el guión y siete semanas en rodarla. Se llama El autor y es una sátira del proceso creativo. Ganó el premio de la crítica en el Festival de Toronto, pasó por San Sebastián y Sevilla y llega a las salas españolas el 17 de noviembre. En ella se narra la historia de Álvaro, un aspirante a escritor que manipula la realidad para hacer literatura. Liga con la conserje, espía desde el baño a sus vecinos, se cuela en sus apartamentos. Escucha, graba y escribe. Protagonizada por Javier Gutiérrez, mezcla el thriller y la comedia para generar una reflexión sobre el afán de trascender de los artistas.

“Un artista es un lúcido y un demente”, dice, antes de presentar su película en el Festival de Cine Europeo de Sevilla, el autor andaluz. “Todo creador tiene sus pulsiones. Los límites, el determinar hasta dónde es capaz de llegar, los pone cada uno. Yo, obviamente, no hago las cosas que hace el personaje, pero también tengo algo de él”.

De Manuel Martín Cuenca se sabe que: se licenció en Ciencias de la Comunicación en la Universidad Complutense de Madrid, trabajó con Mariano Barroso e Icíar Bollaín, dio clases en la Escuela de San Antonio de los Baños en Cuba, hizo cortometrajes y videos comerciales, tiene cinco largos de ficción y tres documentales, ha obtenido cuatro nominaciones a los Premios Goya y ha sido reconocido en certámenes internacionales. Se sabe eso y que nació en Almería y no El Ejido, como suele aparecer en Internet. Eso y que antes de ser cineasta quiso ser arquitecto, escritor y filólogo.

Manuel Martín Cuenca, el fracaso como escuela 1
Javier Gutiérrez, Antonio de la Torre y María León protagonizan el filme (Julio Vergne)

“Recuerdo que tenía una agenda en la que anoté, a los siete u ocho años, que me gustaría ser arquitecto. Luego quise escribir hasta que me di cuenta de que quería hacer cine”.
Hijo de un agricultor y una ama de casa, “ambos hijos de la posguerra, sin estudios, no muy cultos pero sí muy sabios”, afirma, se desplazó con sus padres a los cinco años a la población de El Ejido. De esa época evoca la pobreza de la Almería de los 70 y los vasos de leche que le daban en el colegio para combatir la desnutrición.

“Sólo tengo dos recuerdos de cine: uno, de ver la historia de un barco que se daba la vuelta, que se llamaba Poseidón; y otro, de una película que me encantó en ese momento y que mucho más tarde descubrí que era La mujer pirata, de Jacques Tourneur”.

Tras mudarse a Granada, a los 11 años, comenzó a ir al cine solo. Veía lo que un chico de entonces solía ver: Indiana Jones y La guerra de las galaxias. Se hizo asiduo a las salas de arte y ensayo y vio filmes de Bernardo Bertolucci, de Pier Paolo Pasolini y de Pedro Almodóvar y se matriculó en Filología en la Universidad de Granada.

“Un día, en un cineclub al que solía ir, vino un cineasta a dar una charla y me di cuenta de que era una persona normal, de carne y hueso, real, que había hecho una película y que estaba ahí, al frente, y supe que yo también quería hacer eso”.

¿Y por qué no estudió cine?

Porque en esa época no había escuelas oficiales de cine y las pocas privadas que existían no podía permitírmelas. No tenía dinero y mi padre se había enfadado conmigo porque dejé mi carrera al tercer año para irme a Madrid y empezar de nuevo.

Manuel Martín Cuenca hizo en Madrid sus primeros cortometrajes y comenzó a trabajar como asistente de dirección, primer ayudante, script o director de casting en filmes de Felipe Vega, Mariano Barroso, José Luis Boreu, Alain Tanner o Icíar Bollaín. Fue en esos puestos que aprendió el oficio del cine, en los que se preparó para dar el salto a la dirección. Cansado de hacer de auxiliar, decidió que ya era hora de rodar sus propias películas. Dijo que no a toda llamada que recibía con alguna oferta de trabajo. Así estuvo dos años hasta que nadie más lo llamó y comenzó a hacer vídeos industriales.

En ese período también escribió una novela: El ángel de la prisa (1995), la historia de una chica que tiene la fantasía de conocer el mundo marinero y hace un viaje por la costa de Granada para darse cuenta de que la realidad del mar no era como la imaginaba.

Manuel Martín Cuenca, el fracaso como escuela 4
“El autor” se estrena el 17 de noviembre en las salas españolas.

¿Y la leyó alguien?

La leyeron mi madre, mis hermanos y mis amigos. Se editaron 500 ejemplares y se venderían como 50 o 100. El resto todavía debe estar por ahí.

¿Dio por finalizada su etapa de escritor?

Tengo mi gusanillo. Lo que pasa es que le tengo mucho respeto a la literatura por el esfuerzo que me costó escribir esa novela. Ya luego empecé a dirigir y lo dejé.

Lo primero que dirigió Martín Cuenca fue un documental en Cuba. Mariano Barroso le propuso irse como coordinador de dirección de la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños. Estuvo allá un año, entre idas y vueltas. Daba clases y regresaba a España a hacer vídeos. En la isla, se le ocurrió la idea de hacer una película de no ficción que narrara la historia del país caribeño a través de su deporte nacional, el béisbol. Se llamó El juego de Cuba y ganó el premio al Mejor Documental en el Festival de Málaga 2001.

¿Y le gustaba el béisbol?

No tenía ni idea, pero ahora sí me encanta.

Su siguiente película fue La flaqueza del Bolchevique (2003), una suerte de Lolita española, adaptación de la novela de Lorenzo Silva, protagonizada por Luis Tosar y una jovencísima María Valverde que obtuvo un Goya a la Mejor Actriz Revelación. Luego vendrían Malas temporadas (2005), un melodrama de historias cruzadas con Javier Cámara; La mitad de Óscar (2010), un filme sobre un guardia de seguridad que tiene dos años sin saber nada de su hermana; y Caníbal (2013), un thriller protagonizado por Antonio de la Torre que obtuvo ocho nominaciones a los Goya. En el medio, hizo documentales a varias manos y en solitario. Su filmografía ha recibido el visto bueno de la crítica y de los festivales.

“Eso me motiva a nivel personal y, sobre todo, me permite sobrevivir en la industria. Que La flaqueza del Bolchevique haya ido a San Sebastián me mantuvo vivo. Si eso no ocurre, si no hubiese ido a ningún festival, quizás no habría hecho ninguna otra película”.

Manuel Martín Cuenca, el fracaso como escuela 2
Manuel Martín Cuenca ha dirigido cinco largometrajes de ficción (Julio Vergne)

Manuel Martín Cuenca escribió en el diario de rodaje de El autor que el fracaso es su mejor escuela. Él ha tenido sus desilusiones: tras terminar su primer cortometraje, El día blanco (1990), decidió exhibirlo en sala junto con otros tres cortos. El suyo, seis minutos de primeros planos y planos generales sin diálogos, era el único que no era comedia.

“Yo pensaba que había hecho la enésima potencia de la poesía, que iba a cambiar la historia del cine. Había 600 personas. Se proyectó de primero y fue una cosa gélida. Sentí la energía ‘de qué mierda es esto’ y estuve nueve años sin dirigir”.

¿Y qué le hizo volver?

La obsesión. Al corto tampoco le fue bien en festivales. Eso me hizo más fuerte. Me enseñó que, hagas lo que hagas, nunca va a ser tan bueno como sueñas y que te tienes que saber enfrentar al fracaso, a la posibilidad de que no gustes.

¿Sueña con Hollywood?

A mí me encantaría dirigir en inglés, no en Hollywood. Si vuelvo al chaval de 20 años que era, nunca pensé que hubiera podido hacer cinco películas y tres documentales. A todos nos interesa llegar al mayor público posible, pero tampoco voy a renunciar a mi cine para ser más comercial. Voy día a día. Todo esto es un camino para darte cuenta si vales o no para hacer algo. Si me lo ofrecen, lo intento. Igual fracaso o igual no.

¿Ha dejado algún guión a medias por un bloqueo creativo?

Nunca. Una vez que empiezo a escribir siempre llego hasta al final.

Continúa leyendo: Kevin Johansen: "El humor es como un velo detrás del cual uno puede decir las verdades más tremendas"

Kevin Johansen: "El humor es como un velo detrás del cual uno puede decir las verdades más tremendas"

Ana Laya

Foto: Sony Music España

Estamos todos trasnochados. Kevin se aferra a sus gafas de sol. Viene casi directo desde Buenos Aires para comenzar su gira europea en España (esta noche en la Sala But de Madrid y mañana en la Sala Barts de Barcelona). Lleva encima cuatro horas de jetlag que se insertan en sus ojos y se sugieren en una voz un poco más profunda de lo normal. Afortunadamente su ánimo está intacto, nos recibe con un café con leche, una sonrisa y con ganas de que tengamos una charla interesante, de que valga la pena no estar durmiendo en el hotel.

El último álbum de Kevin Johansen que le da nombre a la gira se llama Mis Américas Vol. ½ y se pronuncia volumen medio. “Un guiño para los atentos”, apunta Kevin al tiempo que enfatiza que las Américas son tan enormes que abarcarlas en un solo disco es imposible. Así que atenti que por ahí se viene un volumen 3/4 o uno 6/7… o ambos.

En Mis Américas Volumen ½ hubo más músicos invitados. Grabaron en Río, en Nueva York, en Buenos Aires, con diferentes productores… ¿fue por una razón estratégica, simbólica o solo pasó?

Pasó, sí. Fue completamente fortuito. Marías Cella, amigo productor del disco, sugirió ir a grabar con Leo Sidran en Nueva York ya que él también ha trabajado mucho con Drexler (al igual que Cella).  Yo tengo amigos ahí y la idea era grabar con alguno de ellos, y yo encantado. Así que fuimos al estudio en Brooklyn de Leo Sidran. Luego él tenía ganas de trabajar con Kassin, un gran productor brasilero, en Río de Janeiro  y se dio la posibilidad de ir una semanita y trabajar con él. Poco a poco, fueron tomando forma algunas canciones en alguna ciudad y finalmente, desembocamos en Buenos Aires donde los The Nada, con los que ya nos conocemos desde hace 15 años y fue como ponerle el moño al disco.

¿Es la primera vez que trabajas con Matías?

No, en realidad con Matías ya habíamos trabajado en Logo, en parte del disco Bi y en algunos tracks de City Zen, así que ya éramos amigos. Aparte, él también había trabajado un par de veces como nuestro sonidista. De tanto trabajar detrás de escena, ya era una persona de confianza. En cambio, nunca había trabajado con Cachorro López y Sebastián Schonn, pero eran otros socios con los que teníamos pendiente la cuenta de hacer algo e hicimos tres tracks con ellos.

Siempre he producido o co-producido discos con amigos… me acuerdo de encontrarme con Tweety González en el DF y que él me dijera: “¡Vamos a hacer algo!”. Cuando se da la oportunidad de trabajar con alguien que tiene ganas de trabajar contigo y además es alguien que sabe mucho, es súper cómodo.

También me ha pasado con Mario Broier que es un famoso masterizador que ha trabajado con los grandes, con Charly y con todos, que cada tanto me lo encontraba y él es medio parecido a Santaolalla, el look y la voz, y decía, “¿Y nosotros para cuando?”. Es lindo coincidir con gente del medio que tienen ganas de hacer algo contigo y bueno… yo tengo el sí fácil.

Yendo del living al estudio

A sugerencia también un poco de Matías, entra en Miranda, la hija mayor de Kevin a escena. Ella, así como Kim y Tom, sus hermanos menores, ya habían hecho coros y cantado fragmentos en otros discos, “es una extensión lógica es como pasar del living al estudio”. En Mis Américas, sin embargo, la participación de Miranda es diferente, más formal. Ella y Kevin cantan juntos el tema Es como el día.

¿Cómo fue la experiencia de trabajar con Miranda?

Los hijos son una extensión lógica. Son testigos en el living de casa de que papi está ingeniando una canción. A veces son tus peores críticos y te dicen: “Pá, no hagas eso, qué horrible”, pero otras te dicen: “Ah, qué linda esa melodía, se me pegó… ¿es tuya?”. Y ahí entonces se te infla el pecho y dices: “Sí, es mía”. Por eso con Miranda fue muy bonito. Kim, la de 13, también cantó en Folky, hizo coros en Es como el día, y Tom, el de 10, cantó en el tema de Antunes, de Tribalistas, Torcer a favor.

Todos somos músicos en el fondo, la música nos toca. Ellos siempre han vivido en un entorno un poco más proclive a agarrar una guitarra, un piano, un instrumento. Ahora Miranda, sobre todo, está grabando cosas suyas. Agarró poemas de mi mamá que era poeta y está poniéndoles música y agregando líneas. Es muy emocionante ver ese proceso. Kim, está aprendiendo a tocar la guitarra, el ukelele… Tom toca la batería. Después el tiempo dirá si van hacia lo profesional o simplemente conectan con la música.

De la bossanova al foxtrot, pasando por el blues, las cumbias, los boleros y otros tantos ritmos… ¿qué le falta por explorar a Kevin Johansen?

Podría ser una cueca chilena, un joropo venezolano que es parecido en un punto a nuestra chacarera o a otros ritmos folklóricos más complejos y que son similares desde México hasta Chile o Argentina. Hay miles de ritmos y sub-ritmos, que son parecidos entre sí. Me interesan también los sonidos brasileros o los ritmos afro-peruanos.

En este disco en Dios de la marea participa Miss Bolivia y hay un tinte un poco afro-peruano de algún modo; hay un bolero que es bien de Centroamérica; hay un ritmo caribeño en homenaje a Barranquilla en Oh What a Waist (¡pero qué cintura!), hay varios guiños latinos y trabajo con bandas como Chico Trujillo de Chile, o Kanaku y El Tigre de Perú, pero esto es un aprendizaje constante, una combinación de ser permeable, empaparse cual esponja de un ritmo, aprender los arreglos, cómo lo hacen los que saben, y después ponerle tu impronta, ponerle tu personalidad, romper con eso.

Hay una frase muy linda de Samuel Beckett que dijo cuando una joven coreógrafa franco-española Maguy Marin trabajó con él. Ella estaba muy tímida y él ya era una leyenda y le dijo: “No mijita, con respeto no se crean cosas bellas”. Me gustó mucho esa frase porque a veces para ponerle tu impronta a las cosas hay que faltarles al respeto.

Kevin Johansen: "El humor es como un velo detrás del cual uno puede decir las verdades más tremendas" 1
Portada de Mis Américas Vol. 1/2.

Instrucciones para usar la ironía en español

Musicalmente Kevin Johansen es un poco Zelig, adopta personalidades, voces, ritmos, instrumentos, sonidos… pero a nivel de líricas tal vez hay dos elementos inconfundibles en su estilo: el bilingüismo y el humor. Lo primero se explica fácilmente geo y biográficamente: Kevin nació en Alaska, de padre noruego “con algo de inglés” y de madre argentina, y ha vivido entre Argentina y Estados Unidos, con varias ciudades in-between. Lo segundo me intriga un poco más. Indago.

Tal vez es mi impresión pero me parece que te resulta más sencillo hacer humor en español.

No realmente. Es cierto que Cortázar decía que la ironía era más aceptada en el mundo anglosajón como hasta algo ponderado, respetable, tal vez justamente por eso me gusta más hacerlo en castellano. La ironía con las palabras y el conjugar sonoridad con sentido es un poco la labor del compositor de canciones pero a la vez también hay que ser un poco arqueólogo de la palabra y buscar en la etimología el significado. Es un trabajo arduo jugar con las palabras.

Él (Cortázar) decía que los novelistas en habla hispana tenían mucho miedo de la ironía porque tenían temor a no ser tomados en serio y en cambio, yo creo que el único problema con el humor es, como decía Mark Twain, que nadie lo toma en serio. Y lo es, el humor es muy serio, desde Les Luthiers a Frank Zappa, siempre hay una cosa muy crítica, y hay una profundidad seria detrás. Es un poco como un velo detrás del cual uno puede decir las verdades más tremendas y parece una cosa risueña y por abajo te tiran la zancadilla. A mí me gusta mucho ese uso del humor. Por ejemplo, la Bach Chata en donde participa Marcos Mundstock de Les Luthiers cuyo título es Habladurías, trata de algo que los Les Luthiers hacen muy bien que es machacar el humor sobre nuestras pequeñeces humanas, sobre nuestras faltas, sobre nuestras miserias.

¿En el caso particular de Habladurías, esta cosa tan individual y humana no te parece que resulta una lectura social de los tiempos en los que estamos entre posverdades y “calumnias vertebrales”?

El tema es eterno, es un poco “pinta tu tiempo y serás atemporal”, para bien o para mal. El tema de las habladurías viene desde siempre y seguirá existiendo, el ensuciar a otro, la “calumnia vertebral”, como bien lo dijo el gran Marcos Mundstock, tiene mucho que ver con nuestra esencia. Tiene que ver también con lo que menciono en el tema que está Arnaldo Antunes que es Torcer a favor, que refleja esa ansia de dejar de festejar un gol de tu equipo solo para poder decirle a otro “¡Toma!”.

Estamos en un mundo ahora en el que en vez de celebrar las diferencias estamos padeciéndolas, estamos hinchando en contra en lugar de hinchar a favor, torciendo en contra en lugar de torcer a favor como dirían en portugués, y lamentándolo mucho es algo que sigue vigente. La plaga somos nosotros, dije en algún momento en Apocalipso, un tema que está en Bi.

Entre luthiers y cumbieras

Ganadores del Premio Princesa Asturias de Comunicación y Humanidades de 2017, es imposible no divagar un poco cuando Les Luthiers entra en escena. Creadores, músicos, artesanos, poetas y maestros cuando se trata de formas sutiles y sublimes del humor. Le pregunto a Kevin si tiene algo en común con Johan Sebastian Mastropiero, me dice que no entre risas, pero sí confiesa que le genera demasiada emoción escuchar su nombre mencionado por Marcos Mundstock, “es como escuchar a un Rolling Stone”.

Trabajar con Marcos Mundstock…

Es un genio. Cuando llegué a la Argentina con casi 12 años escuchaba a los chicos en el recreo cantando canciones de Spinetta o de Charly García, el rock argentino estaba muy fuerte en ese momento a nivel local y luego explotando más con Charly o con Soda Stereo y otras bandas en los 80’s, pero a la vez mi madre me debe haber llevado a escuchar a Les Luthiers a los 13-14 años y por eso también suelo mencionarlos a ellos como una gran influencia y unos grandes “desgenerados” a nivel de género musical, al igual que yo, porque amo aprender de la música. Eso de empaparse y aprender a tocar bien un bossanova, una chacarera, un sonido de banda mexicana, un tema country, una cueca chilena… ese proceso, creo que bandas como Les Luthiers me lo contagiaron. Ellos saben bien cómo mezclar un foxtrot con Bach con una cumbia…

Con epistemología…

¡Con epistemología! Es una anécdota muy hermosa. Los conozco gracias a Daniel Rabinovich con quien coincidí una vez y me tomó del brazo y me dijo: “Gracias por la dedicatoir”, yo les había dedicado el bolero Oops que está en City Zen que tiene mucho del espíritu de Les Luthiers. Daniel me dice: “Vente que te voy a presentar a Les Luthiers que les encanta lo que haces”.

Ahí conocí a Marcos, a López Puccio, a Núñez Cortés y a Maronna. Entonces, López Puccio me dijo: “Sabes que ese tema la Cumbiera intelectual, yo casi termino una canción hace muchos años que tiene mucho que ver porque habla de filósofos y de escritores en son de cumbia, pero bueno todavía no la terminé y me hizo acordar”.

López Pucho me llamó unos meses después y me dijo: “Terminé la Cumbia epistemológica, es parecido en esencia a tu Cumbiera intelectual pero te muestro la letra -muy profesional- fíjate si te molesta”… y obviamente sin escucharla le dije que sí, “al final la influencia de la Cumbiera intelectual, son ustedes.”

Identidad(es)

Tal vez en sus inicios el estilo ecléctico de Kevin Johansen podía verse como el resultado de la curiosidad y la geografía -que sería una variante de “la casualidad y la diplomacia” con las que Cortázar explicaba haber nacido en Bélgica- pero de un tiempo para acá, la realidad impone otra lectura más profunda y esa peculiar manera de mezcla de ritmos, acentos, historias e identidades de una forma armónica luce casi como un manifiesto.

Decía Mark Twain que viajar es fatal para los prejuicios, el fanatismo y la estrechez mental. ¿Es tu propuesta musical tan mestiza una variante de esta máxima, una manera de viajar?

Totalmente, es un disco que habla mucho de eso. Sin caer en una demagogia innecesaria pero sí, celebrar la diversidad en un continente tan vasto como las Américas. Se extiende hacia el mundo obviamente, pero sí era la intención hacerlo con lo que uno conoce, con lo que uno maneja, celebrar esa diversidad. El advenimiento de la tan defenestrada globalización nos ha acercado y nos ha enseñado a apreciar esas diferencias, nos ha hecho vernos y vernos reflejados en el otro, riéndonos de los acentos y de la forma que tienen de decir las cosas en un país y otra. Creo que hemos crecido mucho a nivel local y a nivel global… pero falta un montón.

Es curioso que de alguna manera está muy en boga la necesidad de tener tu libertad pero también tus límites bien definidos. Torcer a favor también habla de eso, porque si no el nacionalismo con Z, el nazionalismo, es tremendo, porque es poner en la cara del otro tu bandera clamando de alguna manera “yo soy de esto y tú no”. Y eso es tremendo. Lo más lindo es el nacionalismo del cariño, de querer tu comida, tu país, tu geografía, tu música, tu gente, y reconocerte en ellos pero sin que eso signifique una barrera, un muro “Trumpiano” para el otro.

Recuerdo haber leído hace poco que ya la lucha no es derecha vs izquierda, capitalismo vs comunismo, sino propaganda vs educación…

Y sí, es el signo de nuestros tiempos y es realmente increíble, hay una suerte de guerra civil solapada donde el 50% de la población piensa una cosa y el otro 50% piensa diametralmente lo opuesto, y hay un quilombo también con la prensa… y en todos los países están igual. Viajando por el continente te das cuenta, Macri, Temer, Colombia votando en contra de La Paz, Trump… ha ido subiendo una ola conservadora hecha de muros… y cruzó el océano. Esa ola de división, extraña y contradictoria, ese mecanismo de defensa de hacer ver que el mal está en el otro. Esa fue la gran estrategia de Trump, el mal son los mexicanos, nosotros estamos perfectos, el problema son los de afuera. Tremendo. Divide y conquista.

La portada de The Economist de hace un par de semanas decía que las redes sociales eran una amenaza para la democracia…

Yo la llamo la era del ego. Fíjate que ganó en Estados Unidos un gran ególatra como Trump y en general las figuras están teniendo esa impronta. Putín en Rusia, Merkel en Alemania, las figuras vuelven a ser “facistoides” en su presencia… en su omnipresencia, y las redes sociales exacerban fácilmente el ego. Mira lo bien que me va, miren lo exitoso que soy, miren lo bello que soy, con mi familia, miren los premios que me he ganado. Todo ese ego exacerbado provoca una cosa que va en detrimento de lo que se supondría que es una cosa democratizada, mancomunada y socialista si se quiere, va en contra de nivelar la cancha. No se nivela para nada. Siguen siendo pocos los poderosos, pocos lo que tienen mucho y parece que va a seguir siendo así porque siguen acumulando, ahora los social media guys son tres adolescentes que manejan el mundo. Se ha pervertido un poco esa ilusión que teníamos de que Internet y las redes nivelaran la cancha un poco… hay que ver cómo se desenvuelve. No sé si se puede afirmar directamente eso -que sean una amenaza a la democracia- pero definitivamente es una buena observación.

Es un poco como el chiste del músico brasilero que venía de ganar premios y saluda un amigo que es músico también y le cuenta:”Vengo de ganar unos premios, estoy rebien, ahora ando en unas vacaciones divinas con mi familia, y pronto iré a que me den otro premio, pero ya no hablo más de mí… ahora habla tú un poco de mi”.

Como no podía ser de otra manera, la entrevista termina así, con un chiste.

* * *

¿Más Kevin Johansen? Aquí 11 Preguntas Random.

Continúa leyendo: Las 7 barberías más hipster de Madrid que no te puedes perder

Las 7 barberías más hipster de Madrid que no te puedes perder

Rodrigo Isasi Arce

Foto: Cecilia de la Serna
The Objective

Nuestros abuelos ya se cortaban la barba y se hacían la raya del pelo con navaja, pero tener una barba arreglada o completamente rasurada, no es tan fácil. Ahí es donde entran en juego los barberos, esos especialistas que con sus movimientos pausados de navaja, como si de un baile se tratara, consiguen que tu barba luzca perfecta. Durante un tiempo pareció haberse perdido este oficio, pero regresó con fuerza. La nostalgia de cortarte el pelo o la barba mientras de fondo suenan grandes clásicos como Johnny Cash, Chuck Berry, Little Richard o Elvis Presley, y mientras el barbero que te atiende te ofrece un Bourbon o una cerveza, es posible en Madrid. En una sociedad que cada vez va más rápido, es difícil encontrar un momento para nosotros mismos. Por ello, The Objective te propone las 7 barberías más hipster de la capital española que no te puedes perder:

Chamberí 5

Esta barbería, que lleva el nombre del barrio castizo donde se encuentra, está regentada por Daniel Perales, curtido barbero con más de 20 años de experiencia y una importante tradición familiar en el mundo de la peluquería a sus espaldas. Los difusores de agua y aftershave hechos con viejas botellas de whisky conviven con las navajas y tijeras que se acumulan sobre los muebles de estilo vintage.

Siete barberías hipster imprescindibles de Madrid 7
La barbería se encuentra en uno de los barrios más castizos de Madrid | Foto: Cecilia de la Serna/The Objective

Pero su secreto mejor guardado es su sala de la planta inferior, reservada a un servicio más exclusivo. Los clientes pueden solicitar este servicio ‘premium’ e ir con sus amigos. Mientras uno de ellos disfruta del afeitado, los demás le pueden acompañar tomando algo en el minibar.

Siete barberías hipster imprescindibles de Madrid 8
El secreto mejor guardado de la barbería está en la planta de abajo | Foto: Cecilia de la Serna/The Objective
  • Plaza de Chamberí 5. Horario: lunes a sábado de 10:00 a 20:00 y domingo cerrado.

Malditos Bastardos

Una cabeza de ciervo adorna la pared y se convierte en el logotipo de esta barbería de la vieja escuela, apta “sólo para hombres con un toque bastardo”, aseguran en su web. “Un concepto diferente, una forma de ser que huele a gasolina, whisky y motor, a concierto, guitarra, velocidad y mucha seguridad. Hay pocos ya así, y por eso aparece esta barbería distinta para el hombre de siempre”.

Siete barberías hipster imprescindibles de Madrid
La cabeza de ciervo preside la la barbería. | Foto: Malditos Bastardos /Facebook

En pleno barrio de Malasaña, muy cerca del metro de Tribunal, se ubica su principal barbería, aunque también tiene otro local en el hotel OnlyYOU de Atocha. Una barbería donde “ser tú mismo mientras te tomas una birra, un bourbon y escuchas la banda sonora de una época que distingue a los canallas que merecen la pena de los que no”. De fondo, siempre suenan grandes vinilos de los 50 y 60.

  • Calle Barceló, 1. Horario: lunes a viernes de 10:00 a 21:00, sábados de 10:00 a 15:00 y domingo cerrado.
  • Paseo de la Infanta Isabel, 13. Horario: lunes a viernes de 11:00 a 14:30 y de 16:30 a 20:00, sábados de 10:00 a 15:00 y domingo cerrado.

Blackstone

Encanto “british” en pleno barrio de Salamanca. BlackStone es un salón “solo para hombres, enfocado exclusivamente al cuidado y bienestar masculino”, aseguran sus dueños. Está inspirado en las barberías tradicionales de estética victoriana, pero incorpora las comodidades y los nuevos avances de hoy.

BlackStone mantiene el encanto y esencia de aquellos “clubs masculinos” de décadas pasadas, donde ir a arreglarse la barba o cortarse el cabello eran todo un ritual. Un local que recupera servicios como el auténtico afeitado a navaja, pero sin olvidarse de los estilos y técnicas de la peluquería más actual.

Siete barberías hipster imprescindibles de Madrid 1
Un local con un marcado estilo british. | Foto: Blackstone /Facebook

“En cuanto entras a BlackStone entiendes por qué tantos famosos acuden con frecuencia a nuestro salón de barbería en Madrid. Es la experiencia de bienestar y lujo que todos merecemos,” aseguran sus dueños.

  • Calle de Velázquez, 76. Horario: lunes a viernes de 10:30 a 21:00, sábados de 10:00 a 14:00 y domingo cerrado.

Bearbero

La experiencia Bearbero comienza en el momento en el que entras por la puerta, el olor, la música, la decoración, te llevan de vuelta a un tiempo que recuerda a las generaciones pasadas, donde era un ritual cotidiano del hombre. “Nuestros barberos son hábiles tanto en las técnicas tradicionales de corte y barbería como el uso de toallas calientes en el afeitado”, aseguran.

Siete barberías hipster imprescindibles de Madrid 6

  • Calle de Embajadores, 10. Horario: lunes a viernes de 10:30 a 14:30 y de 16:30 a 21:00, sábados y domingo cerrado.

La barbería de Iván

A la cabeza de esta barbería se encuentra Iván Rodríguez, un barbero que quería rescatar “la esencia de las antiguas Barberías, con la ilusión de crear un espacio de reunión, de confidencias y de largas tertulias como sucedían en las antiguas y fascinantes Barberías de la Old School”.

Un lugar sin dudas donde el hombre tenga su propio espacio y protagonismo, creando verdaderas experiencias con un buen ritual del afeitado tradicional, y es que “el sabor de lo antiguo es muchas veces intenso y magnifico”, asegura Rodríguez.

Siete barberías hipster imprescindibles de Madrid 5
Los típicos colores azul, rojo y blanco que identifican a las barberías de antaño. | Foto: La Barbería de Iván /Facebook
  • Calle de José Abascal, 35. Horario: lunes a viernes de 10:00 a 20:00, sábado de 09:30 a 13:30 y domingo cerrado.

Malayerba

En Los Episodios Nacionales, Benito Perez Galdós narra la Guerra de la Independencia Española, que culminó con la expulsión de los franceses del territorio español. Y es en el capítulo dedicado al levantamiento popular del 2 de Mayo de 1808, donde aparece la figura de un tabernero, el tío Malayerba. “Ese es el germen del nombre Malayerba: un homenaje a la historia de la Plaza Dos de Mayo, corazón del barrio de Malasaña y donde se ubica la barbería, y un guiño al pelo que crece deprisa como la mala hierba y que hay que cortar”, dicen sus dueños.

Siete barberías hipster imprescindibles de Madrid 2
Guantes de boxeo y viejas botellas de whisky decoran las paredes de esta barbería | Foto: Malayerba /Facebook

De la mano de Olivia Soaps, Malayerba ha desarrollado una línea propia de productos artesanales para el cuidado del cabello y de la barba con materias primas de origen 100% ecológico. Los primeros en comercializarse han sido la Cera para Bigote y Barba Monteleón, y el Elixir para Barba Daoíz.

  • Plaza de Dos de Mayo, 3. Horario: martes a sábado de 11:00 a 20:00 y domingo y lunes cerrado.

The Barber’s Shop

El concepto The Barber’s Shop ha ido moldeándose a lo largo de los años en la cabeza de Isma Barber. Hijo de peluquero-barbero y madre artista, fue criado entre bambalinas de una peluquería-barbería y con inquietudes hacia el mundo del arte. Isma lleva toda su vida en el oficio, cuando le preguntan, él dice que “desde los 11 años”, que es cuando hizo su primer corte sin supervisión.

En 2016 abre sus puertas The Barber’s Shop (2016), “un espacio dedicado exclusivamente al hombre, donde el espectáculo y el arte se combinan para tener una experiencia inolvidable“, y es que esta barbería organiza exposiciones, conciertos, monólogos y microteatros que permite a los artistas emergentes dar a conocer su obra en un escaparate diferente y original. “Un nuevo concepto que hace vivir a sus clientes una experiencia múltiple y mucho más profunda”.

Siete barberías hipster imprescindibles de Madrid 3
La barbería con más “arte” de todo Madrid. | Foto: The Barber’s Shop/Facebook
  • Avenida de América, 6. Horario: lunes a viernes de 09:30 a 20:30, sábados de 10:00 a 14:30 y domingo cerrado.

TOP