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Chelsea Hotel, enjambre de leyendas

Clara Paolini

Si las paredes hablaran, las del Chelsea Hotel relatarían algunos de los capítulos más salvajes, extraordinarios y legendarios de la enciclopedia cultural del siglo XX. Los libros de registros del hotel son un interminable paseo de la fama: Leonard Cohen, Bob Dylan, Mark Twain, Marilyn Monroe, Tennessee Williams, Jonas Mekas, Warhol, Jackson Pollock, Los Ramones, Jonh Cale, Edith Piaf, Jimi Hendrix, Keith Richards, David Bowie… En el Chelsea escribían, componían, se drogaban, vivían y morían grandes leyendas de la literatura, la música, el cine y el arte, convirtiendo el edificio en una sinfonía compleja y estridente de biografías entremezcladas.

“Un caos espeluznante y optimista que predijo el futuro de las modas y al mismo tiempo ofrecía la sensación de ser un viejo refugio que protegía a su familia” Arthur Miller

Arthur Miller se mudó a la habitación 614 del Chelsea tras divorciarse de Marilyn Monroe en 1961, narrando su propia experiencia en el hotel en el ensayo El afecto Chelsea. En sus memorias, el que es considerado uno de los mejores dramaturgos del siglo XX, relata que el Chelsea “era la cima del surrealismo”, un lugar donde tomar el ascensor contenía la posibilidad de salir colocado por el humo de la marihuana que inundaba el ambiente.

Arthur Miller en la entrada del Chelsea fotografiado por Rita Barros en 1992. James Dylan y Marilyn Monroe en un balcón del hotel en 1952.
Arthur Miller en la entrada del Chelsea, fotografiado por Rita Barros en 1992. James Dean y Marilyn Monroe en un balcón del hotel en 1952.

“Este hotel no pertenece a América”, escribió Miller, “no hay aspiradoras, no hay reglas ni vergüenza”. Para el escritor, el Chelsea era “un caos espeluznante y optimista que predijo el futuro de las modas y al mismo tiempo ofrecía la sensación de ser un viejo refugio que protegía a su familia”.

Lugar idóneo para el desenfreno y la espontaneidad que caracterizó a los escritores de la generación beat, se dice que Jack Kerouac y Gore Vidal pasaron una noche en una de las habitaciones del Chelsea, y que en otro de los cuartos del hotel, William S. Burroughs escribió gran parte de El Almuerzo Desnudo. El que por aquel entonces era el manager del hotel, Stanley Bard, era extremadamente permisivo y respetaba el gusto por los narcóticos de sus huéspedes: “Conocí a Timothy Leary, Allen Ginsberg y toda esa generación beat. Pensé que todos tenían derecho a hacer lo que quisieran, siempre y cuando no fuera destructivo para el hotel”, declaró en entrevistas años más tarde.

William Burroughs y Andy Warhol. (Foto: Bobby Grossman vía Metropoli)
William Burroughs y Andy Warhol. (Foto: Bobby Grossman vía Metropoli)

Pero la biblioteca engendrada en el Chelsea no termina aquí. Arthur C. Clarke escribió en una habitación 2001: Odisea en el espacio, algunos dicen que con ayuda de Kubrick, quien dirigiría después la versión cinematográfica, y el artista Yves Klein, conocido por patentar su propio color azul y utilizar cuerpos de modelos como “pincel”, escribió allí The Chelsea Hotel Manifesto en 1961.

Dylan Thomas perdió allí la vida, según cuenta la leyenda, tras tomarse 18 whiskies y en la habitación número 100, Sid Vicious apuñaló a su novia Nancy Spungen en 1978.

Dylan Thomas perdió allí la vida, según cuenta la leyenda, tras tomarse 18 whiskies, y en la habitación número 100, Sid Vicious, líder de los Sex Pistols, apuñaló a su novia Nancy Spungen en 1978. La pareja se mudó al Chelsea tras la ruptura de la banda, regitrándose en el hotel como Mr. and Mrs. John Simon Ritchie, el verdadero apellido de Sid. Como resultado de la violencia, los abusos y la locura general que caracterizó a la pareja más famosa del punk, la cosa acabó en tragedia.

El cuerpo de Spungen fue encontrado debajo del fregadero en el cuarto de baño de su habitación, apuñalada en el abdomen. Vicious fue inmediatamente arrestado y acusado de asesinato en segundo grado, cargos sobre los que se declaró inocente. Fue puesto en libertad bajo fianza, pero cuatro meses después de la muerte de Nancy murió de una sobredosis de heroína, antes de que el juicio pudiera tener lugar.

Operarios trasladan el cuerpo de Nancy Spungen, apuñalada por Sid Vicious en el Chelsea Hotel en 1978. (Foto: Hal Goldenberg / AP)
Operarios trasladan el cuerpo de Nancy Spungen, apuñalada por Sid Vicious en el Chelsea Hotel en 1978. (Foto: Hal Goldenberg / AP)

Quizá sea la cantante y compositora Patti Smith, que vivió en el Chelsea con su ex pareja el fotógrafo Robert Mapplethorpe, la que explique mejor el efecto Chelsea: “No existe ningún artista que haya vivido en el Chelsea y que no fuera capturado de alguna manera por su encanto“.

En Just Kids, la autobiografía publicada por Patti Smith en 2010, la cantante relata su experiencia en la habitación 1017, conocida por ser la más pequeña del hotel: “Vivir en aquel hotel excéntrico y maldito nos dio sensación de seguridad y una educación excepcional. La buena voluntad que nos rodeaba demostraba que los Hados estaban conspirando para ayudar a sus entusiastas criaturas”.

Robert Mapplethorpe y Patti Smith, fotografiados en el Chelsea por Norman en 1969
Robert Mapplethorpe y Patti Smith, fotografiados en el Chelsea por Norman en 1969

El Chelsea fue testigo de incontables historias sobre noches de inspiración, borracheras descontroladas y encontronazos entre algunas de las leyendas más emblemáticas de la contracultura que merecen ser rescatados del olvido. Las anécdotas sobre escritores, músicos y artistas se pierden en el torbellino de una época cada vez más distante, pero algunas permanecen en la memoria gracias a la música.

“Staying up for day in the Chelsea Hotel Writing Sad-Eyed Lady of the Lowlands for you”. Letra de la canción Sara de Bob Dylan

El Nobel de la la literatura, Bob Dylan, habitó la habitación 211. Prueba irrefutable es la canción dedicada a la que sería su primera mujer, y también residente del Chelsea, Sara Lownds. Tal y como canta en la canción, Dylan escribió para ella Sad-Eyed Lady of the Lowlands en el Chelsea. Sin embargo no todo es tan romántico como pudiera parecer: Bob Dylan y Sara vivían en habitaciones separadas pero pegadas, porque al principio de su relación, por aquel entonces, el músico estaba a punto de terminar su relación con Joan Baez.

En este torbellino de cotilleos del que es escenario el Chelsea, algunos aseguran que fue en el mismo hotel donde el cantante tuvo un affair con Edie Sedgwick, musa de Warhol,  la chica ‘It’ de los 60’s. Cuando Edie se mudo al  Chelsea conoció a Leonard Cohen, se enamoró de Bob Dylan y una noche acabó en una bola de fuego en un incendio en su habitación provocado, muy probablemente, por una mezcla de velas y consumo de opiáceos.

Algunos dicen que canciones de Dylan como Like a Rolling Stone y otras del álbum Blonde on Blonde como Leopard-Skin Pill-BoxStuck Inside of Mobile with the Memphis Blues Again y Just Like a Woman estuvieron inspiradas en Sedgwick y la actriz fue una de las mujeres que apareció en el interior de la portada del álbum Blonde on Blonde. Las relaciones con Dylan terminaron cuando Sedgwick averiguó que éste se había casado con Sara Lownds en una ceremonia secreta. Murió a los 28 años por una probable sobredosis de barbitúricos.

“I remember you well in the Chelsea Hotel,
You were talking so brave and so sweet,
Giving me head on the unmade bed,
While the limousines wait in the street”
Letra de Chelsea Hotel #2 de Leonard Cohen

Cada vez que suena Chelsea Hotel #2  Leonard Cohen revive el fantasma de la  noche que conoció a Janis Joplin en un ascensor de Chelsea Hotel. Sin sacarina, la letra de la canción homenajea a Janis y a los encuentros entre segundos premios. Cohen cuenta que cogió uno de los ascensores esperando encontrarse con Briggitte Bardot. Otras veces, que buscaba a Lily Marlene. Ninguna de las dos le hubiera prestado atención, pero el canadiense tuvo la suerte de encontrarse con Joplin. Según cuenta la historia, mientras subían en el ascensor Cohen le preguntó:

-¿Estás buscando a alguien?

-Sí, a Kris Kristofferson- respondió ella.

-Hoy estás de suerte. Yo soy Kris Kristofferson.

Obviamente, Janis se echó a reír. Ni Cohen tenía los ojos de Kristofferson, ni ella el culo de la Bardot pero aquel par de patitos feos, que tanto han dado a la música, se conformaron el uno con el otro.

Janis Joplin in front of the Hotel Chelsea NYC 1969 photographed by David Gahr
Janis Joplin en la puerta del Hotel Chelsea fotografiada por David Gahr en 1969.

Janis hacía el amor con “25.000 personas en el escenario y luego volvía a casa sola”. Cohen aun no había empezado a componer y era todavía un novelista poco conocido. Ninguno estaba buscando al otro, pero el Chelsea Hotel tenía esas cosas y como no podía ser de otra manera, el recuerdo de aquel encuentro engendraría una canción años más tarde. Los 60 y Janis murieron a la par y aunque Cohen “no piensa en ella tan a menudo”, en el 71, en un bar polinesio en Miami escribió Chelsea Hotel #2 para ella.

“Adoro los hoteles en los que, a las cuatro de la madrugada, puedes traer un enano, un oso y cuatro mujeres, arrastrarles a tu habitación y que a nadie le importe” Leonard Cohen

Leonard Cohen decía del Chelsea Hotel: “Es uno de esos hoteles que tiene todo lo que me gusta tanto de los hoteles. Adoro los hoteles en los que, a las cuatro de la madrugada, puedes traer un enano, un oso y cuatro mujeres, arrastrarles a tu habitación y que a nadie le importe 

Placa conmemorativa a Leonard Cohen en el Hotel Chelsea. (Foto: New York Times)
Placa conmemorativa a Leonard Cohen en el Hotel Chelsea. (Foto: New York Times)

En la misma época en la que Janis y Cohen tuvieron su encuentro, Warhol rodaba allí su película experimental Chelsea Girls (1966). Nico, una de las protagonistas del film, utilizaría este mismo nombre para su álbum en solitario un año después. Cohen se enamoró perdidamente de la diva rubia de The Velvet Underground y empezó a perseguirla por toda la ciudad, víctima de una obsesión insana. Nico le rechazó, pero a cambio le presentó a Lou Reed (quien años antes compartía habitación y chutes con Janis en el mismo hotel). En el Chelsea las historias se entremezclan y los personajes se cruzan como en ningún lugar.

Con el tiempo, Cohen se trasladó con Suzanne a Nashville, dejando este mundo un 11 de noviembre de 2016. Dylan se convirtiría la estrella ganadora de un Nobel, los cuadros se tranformaron en obras de arte, las películas en emblemas y los libros allí escritos en obras maestras. Muchos de los que vivieron la época dorada del hotel murieron, y con ellos, el encanto del Chelsea fue desvaneciéndose poco a poco. Tras su múltiples traspasos, hace unos días se anunciaba la noticia de su venta para ser reconvertido en apartamentos.

Los huéspedes de la época dorada del Chelsea que aún viven, recuerdan con nostalgia las historias que aquel edificio rojo encerró en un tiempo, como hacía Leonard Cohen cada vez que entonaba Chelsea Hotel #2.

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Ser un príncipe ‘moderno’ en Arabia Saudita

Redacción TO

Foto: Saudi Press Agency
Reuters

El pasado 4 de noviembre más de 200 personas fueron detenidas en Arabia Saudita sin acusaciones formales ni procedimientos jurídicos. Entre ellas, príncipes, ministros e importantes hombres de negocios cayeron en una operación anticorrupción lanzada por una comisión presidida por el príncipe heredero, Mohamed bin Salmán, que ha tomado ciertas medidas para introducir cambios inéditos en el país como llevarlo de una economía dependiente del petróleo a una diversificada.

Al joven de 32 años no le titubeó la mano. Entre los nombres de los arrestados destacan el de uno de los inversores más poderosos del mundo: el príncipe Alwalid Bin Talal, quien tiene intereses en compañías como Citigroup, 21st Century Fox y Twitter, y el del príncipe Mutaib bin Abdalá, el hijo favorito del difunto rey Abdalá.  Poco antes de las detenciones, Mutaib bin Abdalá había sido retirado de su puesto como jefe de la Guardia Nacional.

Según apuntan medios locales, con esta acción el príncipe heredero y principal asesor del rey Salmán, logró poner bajo su control a los tres servicios de seguridad del país: el Ejército, los servicios de seguridad interna y la Guardia Nacional. Por décadas estos poderes se habían distribuido entre las ramas del clan de la casa de Saúd para mantener un equilibrio de poder.

Con la ‘purga’, Bin Salmán supuestamente intenta combatir uno de los principales problemas que sufre el país: la corrupción. Sin embargo, esta acción ha preocupado a observadores internacionales y a los propios ciudadanos que la han considerado como una “apuesta muy arriesgada”. Incluso algunos lo acusan de buscar “desestabilizar la región” y de pretender deshacerse de personas que no apoyan sus reformas e ideas.

En cambio, otros como el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, le han dado su apoyo. Un día después de la operación, Trump escribió en su Twitter: “Tengo mucha confianza en el rey Salmán y en el príncipe heredero que saben perfectamente lo que están haciendo”. “¡Algunos de los que son tratados duramente han exprimido a su país durante años!”, añadió.

Quebrantamiento de la línea de sucesión 

En junio de este año, el rey Salmán bin Abdulaziz designó a su hijo “preferido” Mohamed bin Salmán como príncipe heredero, relevando en el cargo y en la línea sucesoria a su sobrino y príncipe Mohamed bin Nayef, según un decreto real. Con esta medida, el rey quebró por primera vez la línea de descendencia aunque contó con el apoyo de 31 de los 34 miembros del Consejo de Lealtad, órgano creado en 2006 por el entonces monarca Abdullah Bin Abdulaziz al Saud para dirimir sobre cuestiones sucesoriales.

En aquel decreto, el rey también ordenó enmendar el segundo párrafo del régimen del Consejo de Lealtad, en el que se determina que el Gobierno debe ser ejercido por los hijos del fundador del reino, Abdelaziz bin Abdelrahman al Faisal al Saud, y agregó que pueden dirigir el país sus nietos.

Mohamed bin Salmán podría convertirse en una de las figuras más poderosas del mundo árabe. The New York Times destaca que, hasta el momento, ha bloqueado a la vecina Catar, ha acusado a Irán de actos de guerra y ha alentado la renuncia del primer ministro libanés. Y en Yemen, sus fuerzas armadas están luchando en el conflicto religioso de esa nación contra una facción de hutíes alineados con Irán. 

Al ser el principal asesor del rey, se dice que ha movido los hilos de sus drásticas decisiones, como la transformación de algunos ministerios, entre ellos el de Economía, y la destitución de algunos líderes de la vieja guardia. Como ejemplo, en mayo del año pasado, Alí al Naimi, que estuvo por dos década a la cabeza del Ministerio de Petróleo, fue relevado por el presidente de la petrolera estatal Aramco, Jalid al Falih, un estrecho aliado del príncipe.

¿Mayores posibilidades para las mujeres?

Mohamed bin Salmán antes de ser designado como heredero al trono,  ya contaba con el puesto de ministro de Defensa. Es el hombre más joven del mundo en ejercer ese cargo. Aunque pertenece a una de las corrientes musulmanas más conservadoras, el wahabismo, Bin Salmán ha elogiado un “islam moderado” en el que las mujeres tendrán mayores derechos.

De acuerdo a una medida que ya ha sido aprobada, las saudíes podrán conducir a partir de junio de 2018 en el único país en el mundo que todavía mantiene la prohibición. Otro de los cambios ‘aperturistas’ fue anunciado en octubre, cuando el Gobierno dijo que autorizará a las mujeres a asistir a estadios deportivos. De momento, el próximo año podrán ir a tres recintos pero solo junto a sus maridos.

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Arabia Saudita es el único país que aún prohibe a las mujeres conducir| Foto: Faisal Al Nasser / Reuters

¿Una ‘Visión 2030’?

En el programa de Gobierno del príncipe Bin Salamán presentado en abril de 2016, llamado ‘Visión 2030’, se menciona explícitamente la intención de “empoderar a las mujeres y hacer efectivo su potencial” con el objetivo de elevar su participación en la fuerza de trabajo y la productividad nacional.

Para el monarca esto se traduce en aumentar la participación femenina en el mercado laboral de 22% a 30%, como lo recoge el documento. Esta cifra forma parte de los índices que el Foro Económico Mundial ha usado para situar a Arabia Saudí en el puesto 138 de 145 países respecto a las oportunidades y participación económica de las mujeres, a pesar de que el 60% de los estudiantes que se gradúan de carreras universitarias son chicas, según la OECD.

A pesar de las promesas, Human Rights Watch ha denunciado que no ha sido concretada la orden real de abril de este año en la que se autorizó suavizar la tutoría del hombre a la que están sometidas las saudíes. En el reino del Golfo ellas todavía deben contar con la autorización de un tutor hombre, que generalmente es su padre, esposo o hermano, para poder viajar, estudiar, sacarse el pasaporte, contraer matrimonio o incluso salir de la cárcel tras haber cumplido alguna condena. De modo, que hasta que las cosas no cambien en la práctica, las ofertas del príncipe serán palabras al viento.

Transformaciones económicas

Otro de los principales giros que busca el príncipe y que también está plasmado en ‘Visión 2030’ es convertir a Arabia Saudita en una economía diversa, no dependiente del petróleo, como lo ha sido hasta ahora. Para ello pretende privatizar la petrolera Aramco.  “En Arabia Saudita hemos desarrollado una adicción al petróleo”, expresó Salmán en una entrevista con la televisora estatal Al Arabiya. Por su parte,  la BBC señala que lograr que el país se sobreponga a esa dependencia no será fácil ya que obtiene más de 70% de sus ingresos por la venta de crudo. Además, entre otro de sus objetivos económicos, está aumentar la aportación del sector privado al PIB a un 65% en 2030 (actualmente es de 40%).

Más novedades

El llamado ‘príncipe detrás del trono’ ha anunciado la restricción de facultades de la policía religiosa llamada ‘Comité de la propagación de la virtud y prevención del vicio’, cuerpo de encargado de aplicar la estricta versión saudí de la sharia. Además de las anteriores, otra muestra de ‘modernidad’ que llamó la atención de los medios fue cuando Mohamed visitó al fundador de Facebook, Marck Zuckerberg, con vaqueros en vez de su túnica blanca, y su reciente encuentro con el co-fundador de Microsoft, Bill Gates.

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El príncipe se reunió recientemente con el co-fundador de Microsoft, Bill Gates. | FOTO: Reuters Handout

Estas reuniones con los ‘reyes de la tecnología’ posiblemente forman parte de sus planes de modernizar la nación. El más ambicioso hasta el momento es el de construir una nueva metrópolis que se extenderá por tres países y costará 500.000 millones de dólares. El proyecto, llamado NEOM, fue anunciado en una conferencia de inversiones. 

De modo que ser un príncipe moderno en Arabia Saudita está lleno de matices. El joven abogado deberá enfrentar a algunos clérigos que no concuerdan con sus ideas ‘vanguardistas’, a una élite empresarial acostumbrada a subsidios estatales y tendrá que crear planes más concretos para la materialización de sus objetivos. Además, sus decisiones en cuanto a mejorar los derechos de la mujer aún están muy lejos de parámetros dispuestos por las organizaciones defensoras.

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7 elementos de cultura pop para conocer a Charlie Manson

Nerea Dolara

El asesino y líder de un culto se convirtió en icono pop y ha sido el sujeto de muchas creaciones culturales. Ahora que ha muerto te recomendamos desde libros hasta podcasts sobre este tenebroso personaje que tanta obsesión ha generado desde los sesenta.

No es un secreto que los asesinos despiertan una oscura curiosidad en la gente “normal” (véase Seven o más recientemente Mindhunter, por ejemplo). Tampoco lo es que gracias a esa pulsión la cultura les ha dedicado muchas horas y páginas a sabiendas de que siempre habrá personas interesadas en saber más. Uno de los asesinos que se ha mantenido como una enorme figura influyente, incluso tras años de cárcel, es Charles Manson. El hippie que quería ser músico y que terminó liderando varios sangrientos asesinatos murió esta semana, pero su presencia sigue siendo amplia y poderosa en la cultura. Manson y sus crímenes están en todos los géneros y aquí revisamos su presencia en la cultura y qué puedes mirar, leer o escuchar si quieres descubrir su larga influencia en la cultura.

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Un libro

Las chicas tuvo un éxito inusitado el año pasado. No es de extrañar. La primera novela de Emma Cline relata, con nombres cambiados, la experiencia de una chica de clase media que deja su casa para unirse a un grupo de casi adolescentes que viven con un gurú, una clara referencia a Manson y La Familia. La novela retrata con maestría el momento histórico y la capacidad de Manson de atraer, seducir y someter. Su cariño y su violencia, su volátil personalidad. Y retrata a las chicas, todas amantes, todas jóvenes, todas perdidas. Una novela que no romantiza un tiempo que muchas veces se ha visto como idílico, que relata una historia dura y a la vez capaz de enganchar.

7 elementos de cultura pop para conocer a Charlie Manson

Un disco

The Downward Spiral, de Nine Inch Nails (1994), no sólo recicla letras de Mechanical Man, una canción de Charles Manson, e incluye una colaboración con Marilyn Manson (cuyo apellido falso proviene claramente del nombre del asesino), sino que se grabó en 10025 Cielo Drive, la casa en que Sharon Tate y sus amigos fueron brutalmente asesinados y donde Trent Reznor construyó un estudio al que llamó Pig (en referencia a las pintadas que los asesinos dejaron en las paredes). Reznor luego reconoció que tal vez esto fue un error. The Guardian lo cita explicando que poco después se encontró con la hermana de Tate que le reclamó por explotar la muerte de Sharon. “Por primera vez pensé: ¿Y si fuese mi hermana?. Pensé: Que se joda Charlie Manson. No quiero que me vean como alguien que apoya a un asesino en serie”.

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Un ensayo

The White Album es un extenso ensayo en que Joan Didion analiza -posteriormente, se publicó en los setenta pero habla de su vida en la California de los sesenta- el fenómeno hippie y de la contracultura en California y su vida en ese tiempo. Los asesinatos perpetrados por La Familia aparecen en el libro y Didion los identifica como los responsables de la muerte de un momento, de un espíritu libre y despreocupado. California se llenó de paranoia y miedo. Y cuando Manson, el perfecto ejemplo del hippie descarrilado (el discurso dominante en los medios) fue detenido, el flower-power recibió su última estocada. Didion entrevistó a Linda Kasabian, una de las asesinas y amantes de Manson, más de una vez, de hecho le compró el vestido que llevó a su juicio. Y en el libro relata estas conversaciones.

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Una serie

Aquarius no tuvo demasiado éxito, pero claramente cuenta la historia de los comienzos de Manson y lo que va a venir después. Un policía, completamente conservador y que rechaza a los hippies, interpretado por David Duchovny, sigue la pista de una adolescente desaparecida que se une al grupo de un gurú. La serie se toma libertades, pero resulta un ejercicio interesante.

Una canción

Death Valley 69, de Sonic Youth, hace referencia directa a Manson, La Familia y los asesinatos. La canción fue llamada por Rolling Stone “la mejor fusión de punk y estética de película de terror que ha hecho la banda”.

Un podcast

You Must Remember This es un excelente podcast sobre historia de Hollywood que hace Karina Longsworth, antigua jefa de cultura del L.A. Times. ¿Qué hace la historia de Charles Manson en su podcast? La serie de 10 episodios sobre el asesino existe en sus archivos porque, como sabrá casi todo el mundo, los discípulos de Manson mataron, entre otras personas, a la actriz Sharon Tate, esposa de Roman Polanski. Las muertes afectaron no sólo al país y al verano del amor, que mucha gente considera que murió en ese instante, sino al mundo del cine. Profundamente investigada, la serie relata la completa historia de Manson y cómo pasó de ser un extraño y violento aspirante a músico a líder de un culto con tendencias asesinas. Una joya del periodismo y un excelente retrato de ese tiempo y este personaje.

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Una película

Manson (1973) es un documental nominado al Oscar en que el cineasta, Robert Hendrickson, tuvo total acceso al rancho que era hogar de La Familia y entrevistó a sus miembros antes, durante y tras los juicios por los asesinatos Tate-LaBianca. También habla con ex miembros de la familia y muestra segmentos de noticias y análisis del momento en televisión. El documental presenta la visión que tienen los seguidores de su líder y de lo que defiende. Interesante y aterrador.

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Benedict Wells: "Nada puede protegernos del fracaso"

Jorge Raya Pons

Foto: Jorge Raya
The Objective

Benedict está acostumbrado a firmar sus libros con el apellido Wells, pero lo que la verdad oculta es que se apellida von Schirach y que Wells, más que un alias artístico, es un homenaje al personaje de John Irving en Las normas de la casa de la sidra. Lo escogió con un motivo poderoso: “Él es la razón por la que escribo”.

Benedict Wells (Múnich, 1984) –uno de los autores más reconocidos en Alemania– ha estado en España por la publicación en castellano de su última novela, El fin de la soledad, a cargo de la editorial Malpaso, y es un hombre de rostro tranquilo, alto y delgado, con el pelo frondoso y castaño, que esconde tras de sí una historia fascinante. En el libro queda mucho de esa esencia y desde bien pronto, apenas en el segundo capítulo, viene a decirnos cómo se rompe una familia en mil pedazos después de que tres hermanos preadolescentes –Marty, Liz y Jules– pierdan a sus padres en un accidente de tráfico, sin otra salida que continuar con sus vidas en un internado público.

Cuando Benedict escribe sobre la soledad, lo hace desde el corazón y desde el estómago. Benedict supo desde joven que quería ser escritor y con 19 años se fue de Múnich a Berlín, que en 2003 era “una ciudad barata”, “perfecta para la gente que, como yo, no tenía dinero”, tomando un camino que nadie le aconsejó. “Mi vida era miserable”, recuerda. “No fui a la universidad. Los primeros años tras el instituto los viví muy solo, en un apartamento horrible, con la ducha en la cocina. Trabajé en varios empleos temporales, y escribía por las noches. Trabajé de camarero, en la taquilla de un cine, de recepcionista en un hotel, más tarde en un show televisivo que estaba bien, pero al que tuve que renunciar porque no me dejaba tiempo para escribir. No tenía otra vida. Sentía que debía invertir todo mi tiempo en escribir”.

Y continúa: “Hay mucha gente con talento. Pero, para mí, el talento no era el campo en el que podía marcar la diferencia. Lo único que estaba dentro de mi área de control era mi voluntad y mi esfuerzo. Pensaba que nadie estaba tan loco con 19 años como para tener esa vida solitaria y extraña de escribir todo el tiempo. Pensaba que muy pocas personas podían mantener ese ritmo después de dos años. Dediqué todo lo que tenía a la escritura y, después de un par de años, vi que era mejor que cuando comencé. Aun así, seguía pensando que necesitaba dos o tres años más, quizá cuatro. Mi vida era muy solitaria. Tan solitaria que podía pasar cinco semanas sin hablar absolutamente con nadie. Allí estaba yo, solo y escribiendo”.

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Portada de ‘El fin de la soledad’, de Benedict Wells. | Imagen: Malpaso

Lo más difícil de todo aquello, cuenta, más incluso que la reclusión y el olvido, era el modo amargo en que sus amigos y familiares renegaban de su esfuerzo. “Nadie me entendía”, dice, con gesto serio. “No podía demostrar que tenía el talento necesario. Habían pasado cuatro o cinco años y seguía sin publicar. Tenía 23 y algunos amigos veían mi apartamento, veían que no estudiaba, que no tenía una red de seguridad, y me decían: ‘Vamos, tienes que buscarte algo más estable’. La presión estaba ahí y era tal que estuve pensando en salir de Alemania. En cada conversación había un recordatorio de mi fracaso. Mi gran ventaja, de algún modo, era que mis padres no tenían dinero, así que podían apoyarme emocionalmente, pero no económicamente. Era totalmente libre. Aunque me pesaba la presión de que no pudieran entenderlo. Yo mismo… estaba esperando a que alguien me animara a intentarlo”.

Dice, con la memoria puesta en sus años en Berlín, que tuvo que luchar contra la soledad y el rechazo, pero también contra sus momentos de ansiedad y vacilación. “Me pasaba el día entero pensando que era un fracasado, que no valía lo suficiente”, dice. “Pero me sentaba frente al escritorio y pensaba que no había nada mejor que pudiera hacer. Vivía todo el tiempo entre dos extremos: excitado por escribir y contar una historia o deprimido porque pensaba que no tenía talento. Lo que me hizo seguir es la voluntad de contar historias. Pensaba que quizá no fuera tan bueno, pero quería terminar lo que había comenzado”.

Conforme Benedict se expresa, los recuerdos se van haciendo sólidos. Casi dibuja imágenes. Dice: “Recuerdo el día que descubrí a Michael Chabon. Simplemente leyendo Chicos prodigiosos y Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay, viendo cómo escribía, cómo jugaba con el lenguaje, sentía que tenía que volver a escribir. Sabía que la literatura era mi vida y estaba dispuesto a fracasar. Prefería fracasar que arrepentirme por no haberlo intentado. Temía más al arrepentimiento que al fracaso”.

Dice que fue en el último instante que apareció un agente, justo cuando tenía planeado su viaje a Escocia. Después de tantos años, la editorial en alemán Diogenes –muy prestigiosa y conocida por publicar un único libro al año– se interesó por él y terminó por publicarle su primera novela, El último verano de Beck. Su nombre fue, definitivamente, cobrando más y más fuerza. Publicó tres novelas más con este sello.

“Uno tiene que encontrar el equilibrio. Cada segundo que estás en la historia, dejas de estarlo en la vida real”

Probablemente su entereza y vocación exclusiva, su capacidad para no torcer el brazo, habrían sido imposibles de no haber soportado un duro entrenamiento previo –vivió de los 6 a los 19 años en un internado público por una grave situación familiar, como Marty, Liz y Jules–. Le pregunto por esta circunstancia, y habla de ello con naturalidad y sin resignación. “Creo que la independencia fue lo primero que aprendí en el internado”, dice, con la mirada puesta en una taza de café que apenas ha probado. “Pero entre los niños que estábamos allí, yo era un afortunado. Allí había niños que habían sufrido abusos, había refugiados… Al menos yo tenía unos padres que me querían. Los otros niños de mi clase iban con padres adoptivos, y yo me iba con los míos. Era extraño. Quizá para mis amigos, que han sido amados y han tenido una infancia protegida, habría sido más difícil”.

La vida de Benedict Wells es fascinante, decía, y en parte lo es por todo a lo que tuvo que renunciar. Le pregunto por las cosas que quedaron en el camino, si las echa de menos. Benedict responde que sí, sin reservas, y explica que es la razón por la que se mudó a Barcelona. “Tenía 26 años, había publicado mi primer libro y sentía que me había perdido muchas cosas”, dice. “Me di cuenta de que uno tiene que encontrar el equilibrio. Cada segundo que estás en la historia, dejas de estarlo en la vida real. Echo cosas de menos, sí. Pero todo tenía un propósito. Me habría gustado disfrutar de lo que llaman la vida del estudiante, pero luego estuve tres años y medio en Barcelona, y más tarde traté de imitar la vida del Erasmus en Montpellier. Me esforcé por hacer lo que no había hecho, y claro que no era lo mismo. Pero nunca dudé del camino que había tomado: amo la escritura y volvería a hacer lo mismo”.

Ahora Benedict es un autor respetado en Europa, sus libros se venden por cientos de miles, y en su país concede raramente entrevistas: es, la mayor parte del tiempo, un hombre solitario. Con todo, más allá de las ventas y de los premios y de ese reconocimiento intangible que es la admiración de sus lectores, todavía experimenta, de vez en cuando, la amargura del rechazo. “Recientemente escribí un artículo sobre el tren transiberiano y traté de venderlo a los periódicos”, cuenta, divertido. “Una vez más: rechazado-rechazado-rechazado. Me di cuenta de que todavía era posible. No hay garantías. Todavía puede ocurrirme”.

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Benedict Wells, fotografiado en Madrid. | Foto: Jorge Raya Pons/The Objective

“Después de todos estos años”, le pregunto, “¿qué significa para ti el fracaso?”.

Benedict se toma ocho, nueve segundos, busca una respuesta: “A veces es difícil asimilar que es inherente al ser humano, simplemente inevitable”. Hace una nueva pausa: “Vamos a fracasar y vamos a tener que lidiar con ello. Nada puede protegernos del fracaso. Lo único que puede cambiar es tu actitud. Por supuesto que existe aquella teoría de que el fracaso te hace más fuerte, y de que puedes aprender de ello. Pero hay fracasos de los que no puedes extraer nada. Probablemente ni siquiera puedas cambiar de actitud, pero tienes que esforzarte por hacerlo. Intentar aprender de tus fracasos, intentar hacer las paces con ellos. Es la única manera: intentarlo”.

Benedict, en su camino hacia el fin de la soledad, siempre encontró la literatura. “Es, definitivamente, una parte muy importante en mi vida. En ambas direcciones. Hacia fuera, mi pasión y mi profesión. Hacia dentro, el sentimiento de que no estás solo, de que puedes encontrarte a ti mismo en muchos libros, de que puedes sentirte a salvo”. Entonces habla de Harry Mulisch y de Kazuo Ishiguro, al que admira profundamente y llama profesor, y menciona Los restos del día y Nunca me abandones. Dice: “Hay pocos libros que me hayan cambiado de verdad, y estos son dos de ellos. Los leo y me pregunto: ‘¿Por quéee? ¿Cómo logró manipularme así? ¿Por qué me siento así?’. No es algo que esté entre las páginas. Trato de estudiar estos libros. Los libros que amo son mis profesores“.

Luego Benedict regresa a la idea de que la literatura, en el mejor de los casos, nos ayuda a sentirnos menos solos. “Es la primera experiencia cuando lees”, continúa. “No estás tan solo. Lo que realmente amo de la literatura es que es completamente distinta al resto de artes. En un cuadro, en una fotografía o en una película, todo está acabado. Puedes consumirlo. Pero un libro es simplemente blanco y negro. Todo viene de dentro. Tienes una página y todo depende de ti”.

Y concluye: “Hay algo que me fascina de la literatura: te deja a solas con la historia que tú has construido dentro de ti“.

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AllVoices, la plataforma digital que pretende terminar con el acoso sexual en el trabajo

Cecilia de la Serna

Foto: Unsplash
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Claire Schmidt, que hasta hace poco trabajaba como vicepresidenta de tecnología e innovación en Fox, ha lanzado AllVoices, una herramienta digital que permitirá que los usuarios denuncien anónimamente sus experiencias de acoso sexual en el trabajo y, a su vez, juntará esos datos para brindar a las empresas información sobre la verdadera magnitud del problema.

Tras el escándalo generado por los casos de abusos cometidos por el productor de Hollywood, Harvey Weinstein, y la ola de denuncias de acoso que se ha dado tanto en las redes sociales como en los medios convencionales, esta problemática se ha hecho más visible que nunca. El movimiento #MeToo se ha viralizado de tal manera que las mujeres víctimas de abusos sexuales han salido a relatar sus experiencias y han dado una lección de valentía al mundo. El problema es que cuando el acosador no es un hombre famoso, o de poder, la cobertura mediática no es una opción para la víctima. Para esos casos, una herramienta como AllVoices puede ser fundamental.

El escándalo de Harvey Weinstein ha abierto el debate del acoso sexual en el trabajo. | Foto: Lucy Nicholson / Reuters

A menudo, las víctimas de acoso tienen miedo de denunciar a sus acosadores, por lo que permanecen en silencio. Un silencio doloroso, largo y que no protege a los más vulnerables. Ese miedo puede responder al temor a perder el puesto de trabajo, en numerosos casos, y en otros a la vergüenza infundada que la víctima pueda sentir por lo sucedido.

Romper el silencio desde el anonimato

La plataforma web no es una aplicación con el objetivo de maximizar la seguridad y el anonimato. AllVoices formula preguntas específicas para que los datos se puedan enviar a los empleadores de la forma más completa posible. Los usuarios tienen la posibilidad de contar la naturaleza de su experiencia, ya sean avances sexuales, bromas o comentarios obscenos o incómodos, ofensas físicas o verbales, o si creen que el acoso se basa en alguna parte de su identidad, incluidos el género, la raza, la edad y la discapacidad.

Además, los empleados completan su perfil diciendo si trabajan a tiempo completo o a tiempo parcial, si están en nómina o son autónomos, etc. Los testigos de situaciones de acoso pueden denunciar lo que han visto.

Y todo de manera totalmente anónima.

Evaluar la dimensión del problema

AllVoices, la plataforma digital que pretende terminar con el acoso sexual en el trabajo
Captura de pantalla de la web de AllVoices. | Imagen: The Objective

Las empresas podrán así, gracias a las denuncias anónimas, evaluar la dimensión del problema con el presunto acosador. Pero, para que todo el sistema funcione correctamente, los filtros deben ser exactos. La compañía fundada por Schmidt todavía está trabajando en la fiabilidad total de la herramienta, por lo que aún no hay fecha confirmada para su lanzamiento definitivo.

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