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Chris Pueyo se vuelve a abrir en canal

Saioa Camarzana

Foto: Editorial Planeta

Empezó a escribir en clase de Matemáticas, luego trasladó el bullicioso pupitre a la intimidad de su habitación. Mandó relatos a concursos y su primera obra publicada fue El chico de las Estrellas. Pero Chris Pueyo llevaba ya tiempo escribiendo porque, como para muchos, se trata de una manera de canalizar sus vivencias. Si en aquella primera novela, que tuvo una buena acogida entre el público, se abría en canal contando su primer desamor, lo que ahora presenta es el poemario Aquí dentro siempre llueve (Editorial Planeta), un volumen de más de 130 páginas en las que uno puede encontrarse “libertad, rabia, sexo, soledad, amor, odio…”, dice Pueyo. Este joven escritor y poeta estará, además, firmando ejemplares en la Feria del Libro de Madrid el 3 de junio en la caseta 136-137.

Pueyo fue uno de esos jóvenes que encontraron en las redes sociales una manera de dar salida a sus pensamientos y emociones. En ellas plasmaba aquello que le preocupaba y así consiguió convertirse en uno de los jóvenes más influyentes de las redes. No obstante, cuando el primer desamor llamó a su puerta su modo de superar el duelo fue la escritura. El chico de las Estrellas comenzó “en el momento en el que tenía cosas que contar. No esperaba en absoluto la acogida que tuvo”. Pero así fue y su nombre entró rápidamente en la lista de los nombres de literatura juvenil española que leer. No obstante, “lo difícil no era llegar, sino quedarse”, apunta.

Cuenta que no tiene un referente literario del que beber pero afirma que tiene “pequeñas listas de favoritos entre los que están Benedetti, Elvira Sastre, James Barrie, Albert Espinosa y Sabina”. La música, de hecho, tiene gran influencia en este joven escritor que escribe sobre lo que le atraviesa en cada momento. Aquí dentro siempre llueve “es un poemario dividido en seis capítulos donde me abro en canal para contaros lo que me ahoga”. Y lo que ahoga es la vida misma, claro. Para que la lectura se torne más dinámica y visual algunas de las páginas están ilustradas por Jota que, según dice Pueyo, “complementan a la perfección con lo que quiero decir. Somos como uña y carne y aunque no siempre sale lo que uno piensa a la primera, perseveramos. Creo que ahí está un poco el secreto”.

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Aquí dentro siempre llueve. | Foto: Editorial Planeta

Los temas que Pueyo trata en sus escritos son tan universales como el amor o el desamor, algo que no entiende de razas, de géneros, ni de condiciones. No obstante, el hecho de haber afirmado ser homosexual ha propiciado que muchos jóvenes homosexuales sigan al escritor y se sientan cercanos a él. Quizá se sientan próximos tanto por los temas como por la manera de acercarse a ellos. Aunque Pueyo no está seguro de si ese público en concreto se sentirá “más aprobado pero sí quizá amparados o reflejados en una sociedad a la que pertenecemos, nos merecemos y en la que seguiremos chillando mientras haya a quienes les moleste”.

Por esa misma razón está en contra de que se etiquete -sea en librerías, bibliotecas o tiendas- de literatura homosexual como si fuera un género más. Porque, se pregunta, “¿buscamos la igualdad o la diferenciación? Yo lo primero”, asegura. De todos modos, él quiere matizar que no escribe sus libros con ese público objetivo en mente sino que lo hace “para todo el que quiera leerlos”, haciendo entender que la literatura, por supuesto, es universal.

Pueyo, por otro lado, se muestra como una persona activa a la que no solo le gusta la literatura. La música, ha dicho en alguna ocasión, le gusta aún más que la escritura. Y también interviene en camisetas básicas que compra y, con pintura textil, escribe sobre ellas. “Sería algo así como pintar con letras”, señala. Sin duda lo suyo es la literatura.

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Las intimidades literarias de Gabriel García Márquez, al descubierto

Jorge Raya Pons

Foto: TOMAS BRAVO
Reuters

El archivo con todos los manuscritos que sobrevivieron de Gabriel García Márquez está en Estados Unidos. Él, que se rebeló contra todos sus gobiernos, nunca lo habría imaginado. Vendieron el fondo de documentos que había guardado durante años por más de dos millones de dólares a la Universidad de Texas –a través de la institución Harry Ransom Center–. Parece mucho dinero cuando Gabo –como le llamaron quienes le conocían– vivió con lo justo durante casi media vida. Aquella circunstancia cambió, sin embargo, cuando alguien quedó deslumbrado por Cien años de soledad.

Algunos días, García Márquez compartía con quienes le acompañaban la historia de cómo la idea del libro le alcanzó como un rayo, de cómo quedó prendido e incapacitado para hacer otra cosa que escribir. “A mis 38 años y ya con cuatro libros publicados desde mis 20 años, me senté ante la máquina de escribir y empecé: ‘Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo’. No tenía la menor idea del significado ni del origen de esa frase ni hacia dónde debía conducirme”, dijo en una ceremonia en Cartagena de Indias en 2007. “Lo que hoy sé es que no dejé de escribir ni un solo día durante 18 meses, hasta que terminé el libro”.

Gabo, que nació en el Caribe colombiano y siempre se reconoció periodista, escribió otras obras que son infinitas –como El coronel no tiene quien le escriba y El amor en los tiempos del cólera– y dejó miles de páginas que ahora pueden consultarse gratuitamente y en línea. Son folios y folios –unos 27.000– y artículos y fotografías y ficciones a medias que revelan sobre García Márquez tanto como sus memorias: en ellos están sus métodos de trabajo, sus anotaciones, sus vicios de escritura. La universidad tejana ha comenzado un laborioso y encomiable esfuerzo para digitalizar todo cuanto llegó a sus manos, y los resultados son verdaderamente estimulantes si uno es lector devoto del maestro de Aracataca.

Cómo consultar en línea todo el catálogo de Gabriel García Márquez
Gabriel García Márquez, en Monterrey en 2007. | Foto: Tomás Bravo/Reuters

La página tiene habilitados unos buscadores que permiten, incluso, filtrar por palabras clave, y también un mecanismo sorprendente con el que se pueden comparar simultáneamente borradores distintos de una misma obra. Entre los documentos hay pasaportes de sus abuelos, de él mismo, fotografías de su infancia, todo un torrente de información que desvela las facetas misteriosas de su vida, sobre las que tanto mintió a sus biógrafos.

Toda esta hazaña no habría sido posible –quién sabe– si García Márquez no hubiera publicado Cien años de soledad. Aquello fue una posibilidad real al menos en dos ocasiones, según sus recuerdos. La primera, cuando la mecanógrafa Esperanza Araiza (Pera) resbaló saliendo de un autobús, bajo la lluvia, y provocó que los papeles de su borrador final se empaparan todos en un charco. Luego tuvo que secarlos pacientemente y uno a uno para rescatar los 18 meses de trabajo de su amigo.

La segunda, cuando el escritor y su esposa, Mercedes, se dispusieron a enviar a la editorial Suramericana por correo las 590 cuartillas que entonces eran la novela. El trabajador de la oficina pesó las hojas y les dijo: “Son 82 pesos”. Pero ellos eran pobres y solo tenían 53. Tuvieron que enviar la mitad de la novela, con el escaso atino de escoger la segunda mitad y no la primera. Unos días después, les escribió el editor y les dio el dinero restante a cambio de que le hicieran llegar la primera parte. La historia de García Márquez –quizá distorsionada– viene a demostrar que la fortuna, a veces, es caprichosa. Ahora sus intimidades literarias y familiares quedan abiertas para los curiosos y los investigadores.

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Moderna de Pueblo: “Somos machistas pero estamos despertando de los lenguajes machistas que hemos recibido”

Ariana Basciani

Foto: Clara Asanza

La fama de Raquel Córcoles, mejor conocida por su alter ego, Moderna de Pueblo, ha crecido en los últimos años. Con más de 600 mil seguidores en Facebook o en Instagram, mayoritariamente mujeres, sabe lo que ellas quieren: hablar de feminismo.

Córcoles acaba de publicar Idiotizadas, un cuento de empoderhadas (Zenith, 2017) el nuevo cómic en donde critica los mensajes “idiotizadores” que las mujeres han escuchado desde el inicio de los tiempos. Córcoles nos comenta que no se ve como se imaginaba que se vería a los 30, porque sigue llevando converse:¿Soy muy mayor para ir con pitillos y chupa de cuero?”, se cuestiona entre risas. Afirma: “Me encanta ponerme cremas como una bruja piruja”, pero que eso no la hace superficial; cree en la complejidad del feminismo, ya que considera el movimiento social como un viaje del que todos, tanto mujeres como hombres, debemos aprender y desaprender cosas para poder vivir en igualdad.

En Idiotizadas, un cuento para empoderhadas, Moderna de Pueblo se vale de historias de Disney que todos conocemos para destruir paradigmas. Personajes como Zorricienta, Gordinieves o La Sirenita Pescada, son fácilmente detectables en la sociedad actual y Córcoles los recrea con magistral humor y crítica.

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Portada de Idiotizadas, un cuento de empoderhadas | Foto: Clara Asanza

¿Por qué decidiste escribir este libro? ¿Crisis de los 30?

Quería explicar un poco ese punto en el que ya te tienes que empezar a plantear qué tipo de vida quieres llevar, si te quieres quedar igual que a los 20 sin demasiadas obligaciones, responsabilidades, preocupándote solo de ti misma o si ya te metes en ese berenjenal de comprarte una casa, tener hijos, etc. A mi personaje le encaja perfectamente el nombre de Moderna de Pueblo, porque siempre está entre esos dos mundos, entre la modernidad y lo tradicional, pero no se ve en el camino tradicional que es lo que ha visto en su casa, con familia y con hijos, viviendo en las afueras con un trabajo muy estable; pero tampoco se ve como los modernos y sus amigos que llevan una vida tan distroyer de salir de fiesta, de estar de evento en evento, de no preocuparse mucho por si van a cobrar o no, vivir al límite. Moderna está en el medio y ella se pregunta qué camino hay en medio. Ni mi personaje ni nuestra generación tienen referentes de parejas sin hijos que puedan contar su experiencia o de mujeres que vivan de su trabajo, que no hayan querido ser madres, pero que lleven una vida bastante estable. Entonces nos faltan esos referentes para preguntarles si les ha ido bien y así hacernos una idea de todas las posibilidades.

 ¿Idiotizadas está dirigido a una generación más joven que la tuya?

Creo que no hay muchísima diferencia. Si llevas la vida de Zorricienta y Gordinieves probablemente te sientas más cercana a la generación de los 20 que de los 30; hay personas que, al contrario, tienen 25 y se sienten más cercanos a los de 40 por el estilo de vida que llevan. Ahora priva más la personalidad y lo que quieres en la vida que la presión social del entorno. Tú dices: “todos mis amigos se están casando”, pero siempre te quedan algunos que no, ya no eres la loca, la rara, la sola. Sí creo que es un libro que se puede leer a los 15 años y, aunque no vas a empatizar tanto con la trama, sí lo vas hacer con las idiotizaciones de las que se habla, porque hablo del proceso y algunas historias se remontan a cuando eres niña, otras a cuando eres adolescente y otras más ubicadas en los 30 años.

¿Por qué seleccionaste el verbo “idiotizar” para titular del libro?

Creo que la palabra feminista está un poco asociada a connotaciones negativas. Yo me hecho abanderada al intentar hacerle una operación estética, para que la gente vea que no tiene nada de malo la palabra y que es súper bueno lo que fomenta el feminismo. Pero una manera de expresar lo que el feminismo te aporta como herramienta, es des-idiotizarte de mensajes que ya tienes tan aprehendidos, cosas que te han ido contando tantas veces y que casi te las crees por las veces en que las has oído. Hay tantas películas en las que las mujeres quieren ser madres y si ves que todas las mujeres que aparecen son así, tú también puedes pensar que debes ser así, sin analizarlo. El feminismo te dice: “hay otras opciones”, “tu género no tiene que encajar en ese estereotipo”, “si te sientes diferente, sigue tu instinto y no hagas las cosas por presión social”. Entonces Idiotizadas, un cuento para empoderhadas en resumen, es afirmar que somos machistas, pero estamos despertando de los lenguajes machistas que hemos recibido.

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Una de las páginas de Idiotizadas, un cuento para empoderhadas | Imagen: Zenith

En los créditos del libro veo que el guion lo haces junto a Carlos Carrero, ¿qué tanto aportaste tú y qué tanto aportó él?

Yo creo que hay un 75% mío, lo que vendría a ser el alma del libro, la idea original y las tramas en las que está inspirado. Siempre necesito ser yo la que diga “esto lo he vivido”, “esto tengo ganas de contarlo”, y es lo que prima en el libro. Carlos le da un sentido a todo, porque yo tengo tantas cosas que contar que a veces las quiero meter todas a la vez. Cuando no comentas con nadie tus ideas, puedes dar un mensaje que se puede malinterpretar; Carlos siempre lo lee todo, hace un esquema, un orden de las tramas, te cuestiona. Tenemos reuniones creativas. A mí él me da mucho juego porque tenemos los roles de género cambiados en casa. Lo que se ha vendido como lo que quiere una mujer es con lo que él sueña y la actitud que tienen los hombres en las películas de “ay qué marrón mi novia quiere casarse y tener hijos”, soy yo quien lo aporto. Creo que hay que visibilizar que no siempre somos nosotras las que estamos persiguiendo a nuestros novios para casarnos o tener hijos, es una imagen muy anticuada, pero no hay suficientes obras que lo muestren.

Entonces es un libro autobiográfico, ¿inclusive la historia de tu madre y tus hermanas?

Sí, mi madre se divorció súper tarde. Por eso me importan tanto estos temas, porque la generación de mi madre ha tenido unas posibilidades tan limitadas comparadas a las que he tenido yo, que he pensado “suerte que no nací en su época”, siempre quieres pensar “yo lo hubiese hecho mejor, yo no hubiese caído en esas idiotizaciones”, pero marca mucho cómo es tu familia, qué te inculcan. Mi madre, sin ella saber que era feminista, siempre me ha dado mensajes que son des-idiotizadores: “no creas que un hombre va a venir a rescatarte, tú tienes que valerte por ti misma”. Son una serie de mensajes muy básicos, pero hay que expresarlos porque el entorno dice lo contrario.

Veo mucha crítica a ciertos valores, ¿qué crees que te dirían mujeres que sí han decidido ser amas de casa o que han querido casarse y dedicar su vida a ser madres? ¿Crees que se sentirían juzgadas al leer el libro?

Obviamente si haces un libro súper personal, vas a poner allí tu opinión y yo no quiero juzgar a nadie. Pero si mi hermana que tiene 25 años me dice: “voy a dejarlo todo porque me apetece ser ama de casa”, le diría: “eres súper joven, no te puedes permitir depender de alguien, porque he visto lo que pasa cuando dependes de alguien, luego te quedas sin posibilidades y cada año que pasa sin que seas tú quien llevas las riendas del dinero, menos puedes reclamar. Se produce una relación de desigualdad en la pareja. Es una situación de riesgo, yo entiendo que te parezca un estilo de vida bonito, yo solo digo que seas consciente del riesgo que estas asumiendo. Tienes que confiar muchísimo en esa persona y, ahora mismo, ¿quién cree en el amor para toda la vida?”. Yo creo que es un sentimiento hermoso que seguirá existiendo y día a día lucho porque mi relación dure para toda la vida, pero estando consciente de que puede ser que no, y que puedo “rescatarme” si pasa cualquier cosa.

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Las solteras en Idiotizadas, un cuento para empoderhadas | Imagen: Zenith

¿Tu enfoque tiene que ver con una independencia económica?

Sí. No significa que no me parezca importante la tarea de una ama de casa, es que si eso estuviera valorado por la sociedad, si tuviera un sueldo esa persona, quizás sería diferente el enfoque. Imagina que el sueldo de él tiene por contrato que si la mujer se queda en casa haciendo todas las tareas del hogar, tiene por derecho a un porcentaje de su sueldo porque está haciendo que el hombre pueda trabajar sin que se preocupe de nada más, haciendo que su carrera despegue. En cambio, en la actualidad ese trabajo nadie lo reconoce. Mi madre había aprendido a cocinar, a coser, a ser una buena madre, todo lo de la casa, y por ello me decía: “sal de aquí, porque no quiero que aprendas esto, quiero que aprendas otras cosas, porque esto no está valorado”. Mi madre fue una perfecta ama de casa y se puede ser feliz con esa vida, si se agradece el trabajo que estás haciendo; pero si el mensaje es “viven como reinas, no trabajan”, eso va a calar en tu autoestima, te vas a valorar menos. Entonces hasta que no esté valorado, no puedes sacrificarte y ser solo eso.

Claro, pero también sería una generalización pensar que solo existen parejas en las que el hombre no valore que la mujer se quede en casa.

Claro, yo lo que quiero es que se iguale. Por ejemplo, yo tengo una carrera a la que me costaría muchísimo renunciar y si mi pareja me dijera: “yo quiero tener hijos, pero me voy a encargar de ellos porque tú no puedes renunciar a tu trabajo”, eso sería estar en igualados. A mi no me parece mal, hay que sopesar las posibilidades y que no sea siempre la mujer quien deba renunciar a su profesión. También es importante que el hombre no se sienta desvalorizado o avergonzado porque sea ella la que vaya a trabajar y sea él quien se quede en casa. Ellos también se sienten juzgados si apuestan por ese estilo de vida o si apoyan a la mujer en su carrera.

En el libro más allá de las críticas a las viejas películas de Disney, das ejemplos de referentes feministas como Lena Dunham o el libro de Kate Bolick, Solterona. ¿Crees que en España faltan referentes o sí existen y no se han visibilizado?

 Faltan referentes, pero creo que las mujeres se están visibilizando ellas solas. Las mujeres lo hemos demostrado gracias a las redes sociales, porque interesa lo que decimos, lo que hacemos, que somos la mitad de la población y que nuestros contenidos importan. Gracias a eso, mis seguidoras me han apoyado y me han puesto ellas en esta posición; sin ese aval detrás, no me habrían dado la oportunidad de publicar. Estamos demostrando que tenemos algo que decir, lo que pasa es que los hombres no se interesan por lo que decimos y ese es el gran problema. Y me preguntan cómo podemos hacer que este mensaje llegue a los hombres y yo les digo: “leyéndose el libro”, aunque sepa lo difícil que es que ellos lo vayan a leer. En cambio nosotras, ¡a cuántos autores leemos!

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Promoción para la presentación de Idiotizadas, un cuento para empoderhadas en Barcelona | Imagen: Moderna de Pueblo

¿Qué mujeres en España y cercanas a ti están enviado un mensaje feminista?

Isa Calderón con ‘Reviews Fuertecitas’, que hace unas criticas de cine desde la visión de genero con mucho sentido del humor. Lyona, quien presentó mi libro en Barcelona y es una crack, una creativa 360. Paula Bonet, una artista de los pies a la cabeza, que se ha sentido infravalorada y juzgada, es otra crack y la admiro muchísimo, aunque yo no entienda sobre arte. También está la youtuber ‘Soy una pringada’, que representa a la nueva generación que empezó hablando de cine y luego pasó a expresar su manera de ver las cosas; se hizo muy viral con el vídeo ‘Odio a los heteros’ en el que ridiculizaba los comportamientos de los heteros, siempre tan alabados en las películas. Ella es una chica mucho más joven, que está por encima del género y es lo que me da esperanzas, porque también falta visibilizar eso. Está Ana Morgade que ha presentado mi libro en Madrid, que siempre la dejan relegada a ser la co-presentadora, la co-laboradora y es que la conoces y tiene mucho ingenio, aptitudes perfectas para que le den un late night. Y por su puesto, Eva Hache que es una crack. Quizás en ficción me faltan referentes, pero me faltan en todo.

Más allá de destruir al sistema patriarcal, Raquel Córcoles propone revisitarnos, llegar a un pensamiento más crítico, donde podamos romper moldes, estereotipos de cómo ser hombre o ser mujer. Flexibilidad es la consigna.

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Lorca en presente

Carlos Mayoral

Foto: Fundación García Lorca
Fundación García Lorca

Federico es un poeta que todavía no ha conocido su verso. Apenas se ha dejado llevar por la marea académica en la que le ha sumergido su madre, y nadie excepto los chopos del patio de su casa, que le susurran con cariño su nombre (…Fe-de-ri-co…), sospecha que estamos delante del bardo más universal del siglo XX hispánico. Todo cambia durante un viaje a Castilla, la misma Castilla a la que le cantaba entonces Machado, cuando se fija en las cigüeñas que coronan los campanarios de la meseta. Ese día le escribe a un amigo residente en Suiza los primeros versos conscientes de Federico García Lorca: Cigüeñas musicales/ amantes de campanas/ oh, qué pena tan grande/ que no podéis cantar. Ha visto la luz el poeta.

Hace unos días cayó en mis manos “Palabra de Lorca”, extraordinario libro, que guarda en su interior anécdotas como ésta que acabo de redactar. El título centra su sinopsis precisamente en eso, en una recopilación de entrevistas y artículos sobre la figura del granaíno engarzada por Rafael Inglada, Víctor Fernández y la editorial Malpaso. Más allá de la edición, tan hermosa como todas las de este sello, se abría ante mí una duda: ¿Sería tan seductora esta cara del poliedro lorquiano como lo fueron las otras? Sólo me bastaron dos giros de página para darme cuenta de que, efectivamente, estábamos antes un nuevo prodigio que mantiene viva su llama: Federico lo había vuelto a hacer.

Poliedro lorquiano, sí. Porque Federico muestra a menudo tantas caras y tan ricas en matices cada una de ellas que sería absurdo volverle la vista a alguna. “Palabra de Lorca” se recrea en estas caras, pero lo hace en presente, tiempo verbal que parecía esfumarse sepultado en algún lugar entre Víznar y Alfacar. Podemos fijar la atención en el Federico dramático, capaz de convertir en discurso la sangre del teatro; en el Federico más surrealista, el que hace de Nueva York verso y espina; en el Federico más popular, el que a golpe de romance cincela la tradición moderna andaluza. Todos ellos pasan en este libro por la túrmix de la opinión del propio poeta, que le da vida a su obra.

“Palabra de Lorca” nos telegrafía su cara más íntima, la que bebe de sus confesiones. Secretos, interioridades, esquinas de alcoba. El libro se regodea en la impresión que a Federico le produce tal o cual estreno dramático, en el discurso que el de Fuentevaqueros le da a los obreros catalanes sobre la URSS, en la grieta en la mejilla que Nueva York le dejó para siempre, en la infancia que guardó en su memoria el recuerdo del campesino que escuchaba a Chopin mientras hojeaba a Bakunin. Nótese cómo esparzo las anécdotas del libro sin control temático ni cronológico, porque así era el Lorca que se aleja del mito, un individuo que siente y vive sin control, un ser íntimo que supo hacer de su intimidad figura retórica, verso y obra maestra. “Palabra de Lorca” habla del Federico infinito, lo desnuda y lo coloca frente a nosotros. Y, recuerden, lo hace en presente. La poesía y sus lectores estamos de enhorabuena.

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Ekaitz Ortega: "La literatura es un refugio y un arma de rebelión"

Jorge Raya Pons

Foto: Jorge Raya
The Objective
“Mi madre murió cuando cumplí seis años. Guardo pocos recuerdos de ella, contados. En la mayoría la veo discutiendo con mi padre. No logro recordar los motivos que los llevaban a aquellos violentos enfrentamientos pero, conociendo lo que conocí a mi padre, estoy seguro de que era su culpa”.
–’Mañana cruzaremos el Ganges’, Ekaitz Ortega

***

Ekaitz Ortega tiene 34 años, nació en Bilbao y vive en Madrid, pero este es un hecho circunstancial: pasó varios años en Granada –“cinco o seis”– y asegura que no le teme al cambio, que quizá mañana viva en Cádiz, Gijón o el D.F. Ekaitz es escritor por vocación, si es que no es esta la única manera posible de serlo, y se gana la vida mientras tanto con otro tipo de empleos: en una empresa de marketing digital, corrigiendo y maquetando textos en editoriales, escribiendo como articulista freelance. “Hace seis o siete años, cuando me independicé y me planteé qué quería hacer con mi vida, supe que quería escribir, aun sabiendo que nunca iba a vivir de ello”, dice. “Escribo solo porque me resulta satisfactorio escribir. Desde hace unos años, siempre reservo tiempo para la escritura y lo disfruto. Bastante”.

“¿Y escribes con disciplina?”, le pregunto.

“Por épocas”, responde. “Hay épocas en que la vida se impone. Pero la sensación de estar pensando continuamente en una historia sí que es algo que me ha acompañado siempre”.

Ekaitz explica que escribe una o dos horas al día, y que tampoco se imagina encerrado en una habitación y aporreando el teclado durante 12 horas. “Yo creo que no sería feliz así”, admite. “Con el tiempo he asumido una idea más modesta. Le dedico mis horas, hago lo que me gusta y tengo una vida aparte. Es una afición-trabajo. Si estás encerrado contigo mismo en una historia durante 12 horas, es difícil que no acabes odiándote”.

Entonces cuenta que conoce a mucha gente que se exprime así durante años y que fracasa, sin excepción: “Los casos de éxito en España son cinco. Se tienen que conjurar muchas cosas, es muy complicado. El esfuerzo solamente no te lleva a vivir de esto“. Pero ese fracaso es más romántico en el arte, le digo, medio en broma, defendiendo que vale la pena intentarlo. “Yo lo veo de una forma muy modesta”, responde. “Sé lo que va a haber, y lo asumo. Es una resignación. La imagen del cine de El gran Gatsby, con su mansión, no va a ocurrir en España, donde el mundo cultural está masacrado. De hecho, mi ambición con esta novela era escribirla y sentir la satisfacción de publicarla”.

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Portada de ‘Mañana cruzaremos el Ganges’, de Ekaitz Ortega. | Foto: Ediciones El Transbordador

Ekaitz empezó a escribir con 17 años, pero los libros siempre le acompañaron: de pequeño le leían cuentos y de adolescente convivió con los cómics, un paso previo a nuevas ficciones. Ekaitz puede decir, más de 15 años después, que ha escrito decenas de relatos, que algunos de ellos se han publicado, y que –ahora sí– una de sus novelas sale al mercado. Se llama Mañana cruzaremos el Ganges y la edita El Transbordador, una joven editorial de ciencia ficción con sede en Málaga.

La novela describe un paisaje distópico con la historia vehicular de Eva Warren, una periodista asfixiada por un matrimonio que se descompone, una hermana alcohólica y una Europa autoritaria. Le dedicó más de dos años a escribirla, corregirla, volverla a escribir y volverla a corregir, y por momentos tuvo que contenerse para no dejarse vencer por la frustración. “Llegó un momento, cuando llevaba un tercio de la novela, que dejé de escribir. Me di cuenta de que me hacía falta un par de meses de reflexión sobre cómo quería llevar la historia hasta el final. No tenía prisa por terminarla. Hay afortunados que pueden escribir El jugador en un mes, pero yo no soy así”, dice, entre risas y recordando a Fiodor Dostoyevski, que tuvo que escribir esta obra en tan breve tiempo para pagar una deuda contraída como jugador de apuestas.

“Me costó tanto escribirla, sobre todo, por el tema de la voz”, dice, regresando a la complejidad de crear la conciencia de un personaje femenino. “Me preocupaba mucho escribir el personaje de una mujer, y de hacerlo desde un punto de vista mucho más reflexivo del que puedo actuar yo a diario. Escribí 20 ó 30 páginas y se las enseñé a un grupo de personas para que me diesen su opinión. Entre ellas incluí a un par de mujeres de entre 50 y 60 años para que me dijesen si aquellos pensamientos seguían una lógica o no, si resultaba creíble. Me dieron una serie de matices y, a partir de ahí, seguí avanzando”.

“La literatura me ayuda a entender el mundo”

La novela ya está publicada, y Ekaitz confiesa que es un alivio: durante meses la llevó de una editorial a otra, y por rechazos y desacuerdos con editores no llegaba el momento de enviarla a imprenta. Aquello no le impidió seguir intentándolo. “Cuando acabé la novela, me di cuenta de que debía ser la de mi debut”, cuenta, relajado. “No desistí a seguir moviéndola durante un tiempo, hasta encontrar un sitio donde me entendiera el editor y tuviera un feedback para sacar lo mejor posible. No he vuelto a escribir nada de esta extensión porque estaba muy obsesionado con publicarla. Yo veía una calidad que no encontraba en mis trabajos anteriores. Creo en la novela. Creo firmemente en haber logrado lo que intentaba“.

Lo que está en manos de los lectores, decíamos, es una distopía clásica, donde la crítica asoma en cada página. “No entiendo una novela contemporánea en España sin un factor analítico sobre la sociedad, y creo que la falta de posicionamiento político es, en sí, un posicionamiento político“, dice, afirmando con la cabeza. “El componente político influye bastante en esta novela. Me interesa porque junta tres perspectivas interesantes. Una es el factor denuncia, que es inherente al género distópico. Las otras son el factor introspectivo y -como lector de Bertolt Brecht- la visión del arte no como reflejo, sino como martillo para deformar la realidad. La política está muy metida en la historia. Por eso la protagonista es periodista. Me parece que vive entre dos mundos, entre el ciudadano y el poder, y me parecía interesante cómo manejarla en esa dicotomía de a quién obedecer. La literatura es un refugio y un arma de rebelión. Salta cualquier educación reglada. La literatura me ayuda a entender el mundo”.

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