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Cinco documentales del 2016 que gritan por conciencia colectiva

Rohmy Cubas

Ante la paradoja de la sociedad de la información, que en realidad se muestra cada día más desinformada e impasible con lo que ocurre a su alrededor, los documentales se han convertido en una especie de testimonio esperanzador para, más que denunciar, penetrar en temas claves que los medios de comunicación no han logrado anclar en su “audiencia” –y no precisamente por falta de esfuerzo- . Este año sostenido en tribulaciones y guerras anunciadas, en migraciones forzosas, organizaciones terroristas indómitas, masacres y un fraccionamiento social medular, llega a sus últimos días con la apatía del desarraigo. Ante un inminente genocidio contra la población de Alepo en Siria, después de las elecciones estadounidenses más decepcionantes en décadas y en una Latinoamérica capitaneada por voces difuntas y corruptas, el contraste es decepcionante si nos apegamos a que “del pasado se aprende”.

Así llega otro año para tomar conciencia, otros 365 días para comenzar la dieta, otras 8.760 horas para contribuir a la paz mundial y otros 525.600 minutos para enseriarnos con aquello de que el mundo se nos está resbalando entre los dedos.

Estos cinco documentales no cambiarán el cosmos ni contribuirán a fenómenos inesperados, pero no está de más hacer un recorrido por el trabajo de quienes buscan desvelar una realidad con extremos tan difusos que apuntan a una sociedad si no bipolar, con serios problemas de personalidad. Desde la acostumbrada pero ineludible canción del cambio climático, las “víctimas de la tecnología” y el siniestro tráfico de marfil que ha llevado a los elefantes al borde de la extinción, hasta una historia tan utópica que da risa y en donde la “autonomía” de un país contribuye a que sus habitantes mueran de soledad.

Estos son algunos de los títulos para repasar si tienes ganas de que tu memoria y tu conciencia hagan sincronía en este plano temporal.

1. Before the Flood

El cambio climático nos observa desde hace décadas, lo que comenzó como una astilla en el zapato y que Al Gore recordó como una verdad incómoda en el 2006, hoy es casi tan inevitable como cierto. De la mano del oscarizado –ya era hora- Leonardo DiCaprio, con el sello de National Geographic Channel y la dirección del ganador del Oscar por The Cove -documental sobre la caza de delfines en Japón- Fisher Stevens, el actor/mensajero de paz de la ONU para el cambio climático es la voz narrativa de este documental en el cual visita esquinas distantes del mundo y entrevista a expertos y líderes mundiales de diferentes nacionalidades. La meta es mostrar cuánto de graves son los estragos causados por la desestabilización climática que ha provocado el calentamiento global en los ecosistemas naturales, y en las comunidades humanas que dependen de ellos. También se aproxima de forma práctica a las medidas que pueden mitigar o reducir el declive del planeta.

El diagnóstico se presenta en contraste con una fuerte negación de varias potencias mundiales y esferas políticas que prácticamente desconocen el término “calentamiento global”. No obstante, durante dos años el equipo de Before the Flood se embarcó en un viaje que demuestra que el tiempo para la acción es cada día más escaso.  El sentido de urgencia de la película contrasta con una nueva aproximación: el emocional acercamiento hollywoodense que si bien no es del gusto de todos, hace el intento de crear conciencia desde un nuevo ángulo amoldado a las masas.

2. The Swedish Theory of Love

En Suecia, uno de los países con menor nivel de pobreza en el mundo y con una distribución de riqueza más igualitaria, se creó un manifiesto en los años 70 que establecía que “todas las relaciones humanas tienen que estar basadas en la independencia entre personas”; el amor vendría a ser voluntario más no necesario. Desde entonces el país se ha cercado de una autonomía tan evolutiva que raya en la utopía. Hoy en día el 40% de los habitantes del país viven solos, la nación cuenta con uno de los bancos de esperma más grandes del mundo y un gran porcentaje de las mujeres deciden prescindir del contacto físico; encargan cajas con semen congelado e instrucciones metódicamente explicadas. Pero por lo menos la mitad de la población sueca afirma sentirse sola.

The Swedish Theory of Love o La teoría sueca del amor es un documental estrenado en el 2015 por el director Erick Gandini, quien esclarece con humor e ironía el núcleo de una sociedad donde el individualismo es llevado a extremos rigurosos. El documental recorre diferentes grupos e instituciones del Estado que tienen un elemento en común, todos se manejan en el retiro de la desconexión, en un aislamiento casi tortuoso en donde una de cada cuatro personas mueren solas, sin familia o conocidos a los que acudir, sin nadie que los encuentre de no ser por el olor de su cuerpo descompuesto (pueden pasar meses).

El Leitmotiv aferrado a la “calidad de vida” como check mark para la felicidad es desmitificado en este documental que recuerda que “la soledad es muy hermosa… cuando se tiene alguien a quien decírselo”, como escribió Gustavo Adolfo Bécquer.

3. The Ivory Game

El Exterminio del Marfil (The Ivory Game) es un documental dirigido por Kief Davidson y Richard Ladkani en el cual Leonardo DiCaprio tiene crédito como Productor Ejecutivo. Este descubre el oscuro y avaro mundo del tráfico ilegal del marfil obtenido de los colmillos de los elefantes. Los involucrados trabajaron durante 16 meses en China y África para exponer una red corrupta y mundial que se alimenta de cazadores furtivos en su búsqueda por el “oro blanco”. La urgencia aquí es el hecho de que en cuestión de pocos años estos animales pueden desvanecerse, y el tiempo apremia.

Mozambique y Tanzania han perdido la mitad de su población de elefantes en los últimos seis años a causa del tráfico ilegal de marfil, según informa la agencia de noticias Efe, y este comercio ilegal se extiende hasta Asia en donde tanto los colmillos de elefantes como los cuernos de rinocerontes se utilizan en la medicina tradicional o para crear objetos de lujo.

Ante la necesidad del mercado de satisfacer a unos consumidores ávidos de brillo, se abre la ventana para otra raza en peligro de extinción.

4. Lo and Behold: Reveries of the Connected World

El alemán Werner Herzog, director de clásicos como Aguirre, la cólera de Dios  y Grizzly Man presenta un largometraje que indaga en los orígenes de Internet desde el 29 de octubre de 1969. El recorrido camina hacia el avance imparable de una tecnología que cambia comportamientos y condiciona vidas. Lo and Behold, Reveries of the Connected World recurre a unas 30 entrevistas para presentar una especie de Apocalipsis tecnológico en donde la posibilidad de que la ausencia definitiva de Internet ponga en riesgo la supervivencia del ser humano es más tangible de lo que se podría creer.

El alemán explora la red, sus vulnerabilidades y fortalezas, sus visionarios y detractores, así como los cambios morales, las diferencias generacionales y los riesgos de la inteligencia artificial. Muestra la vida de las “víctimas de la tecnología” -adictos que pierden el contacto con el mundo real por el virtual- y la de los habitantes de una comunidad de Green Bank -West Virginia- afectados por las emisiones electromagnéticas.

5. Cameraperson

De la mano de la directora Kisrten Johnson –cuyos trabajos incluyen Citizenfour (2014) y The Oath (2010) Cameraperson se presenta como una memoria única y cinética en donde Johnson compila material filmado para una gran variedad de documentales ya rodados, así como grabaciones personales. El documental expone una amplia mirada del siglo XXI, en donde el retrato internacional marcha de la mano de guerras, genocidios y violaciones de los derechos humanos. Sin embargo, Cameraperson también representa una mirada sublime de historias que se exhiben para reflexionar y recapacitar en silencio.

Esta es una memoria visual y radical que muestra lo que significa filmar a otra persona y cómo esta se ve afectada en lentes ajenos, que dibuja momentos y experiencias universales cuyo viaje termina donde comienza: en la acción, interacción y conexión de los individuos de una sociedad.

Las 7 mejores cabeceras de serie de la historia

Redacción TO

Foto: Adam Arkapaw
HBO

Aunque puede que muchas personas pasen por alto estas cabeceras, consumidos por la impaciencia, hambrientos de más episodios, algunas de ellas son obras maestras en sí mismas. La mayor parte de la selección corresponde a series de la última década, salvo por una honrosa excepción. Y aunque otras grandes cabeceras han quedado fuera, esta es sin duda una muestra representativa de la deslumbrante creatividad de las series televisivas norteamericanas, con las productoras Netflix y HBO a la cabeza.

A continuación, la lista:

True Detective (Temporada 1):

La serie de un macabro crimen por resolver es absorbente desde los títulos de crédito. Esta superposición de capas con vistas a escenas de vicio y paisajes de Lousiana sugiere un clima oscuro que luego se reafirma en este guión extraordinario de Nic Pizzolatto. La melodía de Far from any road, de The Handsome Family, hace el resto.

Stranger Things:

Los sintetizadores del opening consiguen ponernos los pelos de punta. Las aventuras de estos niños de Hawking, que habitan el pueblo remoto de Hawkins (y, según parece, otros territorios más hostiles), cohabitan a la perfección con la música de Survive, pero también con canciones que trasladan a otra época: Jefferson Airplane, The Clash, Echo & Bunnymen, Joy Division…

BoJack Horseman:

Esta no será probablemente una elección justa; se trata de la única serie de animación de la lista. Pero BoJack Horseman tiene un espíritu que la hace especial, con esa nostalgia de actor deprimido y venido a menos que se recluye en el alcohol y las drogas y las fiestas salvajes en una mansión que preside una colina de Hollywoo (así, sin la D). La música es obra de Patrick Carney. Ajá, el batería de los Black Keys.

Los Soprano:

El recorrido de Tony Soprano, puro en mano, hasta las calles de Nueva Jersey, bordeando la grandilocuente Nueva York, como diciendo ‘Estas son mis calles, aquí mando yo’. Una serie que marcó a una época y a una generación y que imprime su esencia en esta cabecera, donde resulta imposible no reconocer la canción Woke up this morning, de Alabama 3.

“…and mama always said
you’d be the chosen one”.

Mad Men:

Apenas supera el medio minuto y parece revelar un final anticipado, con Don Draper, el protagonista, descendiendo a los infiernos o, simplemente, lanzándose por la ventana. En cualquier caso, es una de las cabeceras más evocadoras que se haya visto y la canción A beautiful mine, de RJD2, acompaña en la travesía.

Vinyl:

El polvo del vinilo y la cocaína y los escenarios locos del rock and roll de los setenta visitados desde las entrañas en esta serie que no llegó muy lejos a pesar de tanta creatividad desbordante. Mick Jagger, Martin Scorsese, Terence Winter y Rich Cohe apostaron bien fuerte por ella, pero no fue suficiente. La canción Sugar Daddy, de Sturgill Simpson, es la dignísima antesala de lo que está por venir.

Breaking Bad:

Si algo puede decirse de esta cabecera es que va al grano, sin florituras. Es ingeniosa y creativa, un viaje breve por la tabla periódica que reúne la vida y muerte de esta serie que ha convertido la Química (y la metanfetamina) en temas casi ordinarios. La música, aunque simple, se instala en tu cabeza y no te abandona y, tras el episodio final, se convierte en algo más que una sintonía. La compuso, por cierto, Dave Porter.

Ojos en el corazón

Lea Vélez

Foto: DENIS BALIBOUSE
Reuters

Año 2004. Viajábamos de Inglaterra a Madrid en coche, sin paradas. El viaje había sido incómodo, largo, cansado. Dejábamos Francia atrás. En cuando cruzamos la frontera de Irún y cogimos esa cuesta de pura curva y contra curva a 120 por hora, vimos los primeros coches quemados. Los restos de un horrible accidente. Cien metros más abajo, un camión volcado en la cuneta. Un kilómetro después, dos coches con los hierros entrelazados en un abrazo mortal, cristales rotos, esqueletos oxidados, restos de coches volcados, frenazos frescos sobre el asfalto, vehículos empujados de cualquier forma hacia el arcén. Durante las siguientes cuatro horas de viaje hasta Madrid, mi marido y yo nos encontramos con cada accidente, tragedia, despiste, con cada sueño agotado en los arcenes de aquel verano. Eran los restos de la guerra.
Alucinados ante aquel paisaje apocalíptico buscábamos explicación. ¿Hubo lluvias torrenciales? ¿Bancos densos de niebla? ¿Un loco al volante? Al fin, adivinamos la causa. No era cosa del clima, ni de que hubiera habido más despistes de la cuenta, ni más borrachos o chiflados o atentados terroristas. Es que existen las guerras constantes e invisibles. Esas que se barren cada día porque da miedo mirar. Las guerras que nadie sabe que existen hasta que el tipo al que le toca siempre barrer, recoger, ordenar y esconder los restos de todo lo malo, se planta. En el verano de 2004 hubo una huelga de conductores de grúa. Comenzó en el País Vasco y se extendió al resto de España. Nadie retiró los coches siniestrados durante más de un mes y en ese mes, las carreteras se llenaron de fantasmas. Aquel viaje me marcó para siempre, y el corazón, ese que si no ve no siente, aprendió a mirar lo que no está.
A veces hago ese ejercicio mental con otras cosas terribles, como el cáncer. Imagino todos los cuerpos graves, enfermos, asustados, los muertos que causa la enfermedad. Pienso en lo que no se ve y le doy la imagen metafórica de aquel cementerio de coches del verano del 2004.

Susana Díaz: vivir es decidir

David Martínez

Foto: GERARD JULIEN
AFP PHOTO
“Se vive durante 20 años; luego, se sobrevive”, escuché defender una vez a Felipe González. Las preocupaciones de la vida adulta, la toma de conciencia sobre los aspectos más dolientes de la existencia -“envejecer, morir es el único argumento de la obra”, enseñó Gil de Biedma- nos estrechan el camino y lo condicionan todo una vez doblada la esquina de la madurez. Es entonces cuando acaba el prólogo alegre de la infancia y primera juventud para dar paso a lo serio: concatenar golpes, decepcionar, ser decepcionado y embarcarse en el frenesí imparable de la toma de decisiones, que no otra cosa es vivir. Casi siempre, por cierto, dejando con cada una de ellas un notable parte de daños colaterales. Esto es lo sustancial y por eso la psicología nos dice que la felicidad se manifiesta por momentos, nunca como un estado duradero; Cervantes escribió que esta se halla en el camino y no en la posada; o el catolicismo justifica el “valle de lágrimas” con el argumento de que precede a la vida eterna. Y también por eso nos esforzamos en buscar evasiones que nos distraigan de lo mollar, así sea circunstancialmente -excusas para no pensar-.

Decidir, decidir y decidir. No paramos de tomar una alternativa u otra en el laberinto de la vida, sabiendo además que el final será el mismo en cualquier caso, dotando así de una trascendencia a nuestros movimientos que por supuesto no tienen. (¿O sí la tienen?) Esta columna iba a versar sobre la decisión política más importante en la carrera de Susana Díaz, que es la de lanzarse a una batalla que en el mejor de los casos le otorgará el mando de un partido roto y reducido a la mitad de lo que era hace pocos años, con la seguridad de que perderá las próximas elecciones generales. Porque ni ella ni nadie puede remontar 14 puntos en menos de un ciclo electoral.

Iba a ir de eso, pero qué pequeña se queda la contienda política patria cuando se amplia el foco para conseguir una panorámica más completa. Díaz ha tomado una decisión que marcará toda su trayectoria y también -al menos durante un tiempo- la del PSOE y la de la política nacional, pero ninguna decisión de ninguna otra persona te afectará tanto como la menor de las que tomes tú mismo hoy. Será difícil, quizá, probablemente dañes a alguien, y después de ella tampoco te librarás del acoso de la memoria, pertinaz en esa misión de recordarnos que nos estamos muriendo, como supo ver Michi Panero. O que vamos sobreviviendo, que diría el más optimista González. Sí, vivir es decidir y autoengañarse, pero todo vale la pena cuando la elección de turno te lleva a empezar de nuevo. Porque Pavese tenía razón: La mayor alegría del mundo es comenzar.

Sí, habrá un robot al volante

José Carlos Rodríguez

Foto: HANDOUT
Reuters

Un conductor toma la decisión de saltarse un ‘ceda el paso’, y el Volvo que intentaba cambiar el sentido choca contra él. La noticia no habría aparecido siquiera en la prensa local si el segundo vehículo hubiese estado conducido. Pero es uno de esos drones sobre ruedas que constituyen la promesa de un mejor transporte; un coche que se gobierna de forma autónoma, sin conductor. Como la tecnología no está madura, circulan con un piloto que, llegado el momento, retoma el control. En esta ocasión, la precaución no ha sido suficiente.

El coche forma parte de la flota de coches autónomos de Uber en la ciudad de Tempe, Arizona. La compañía ha suspendido su programa de pruebas con coches autopilotados, como primera providencia. Pero volverá a retomarlo. Uber ve un futuro de coches que funcionan sin horario, y en los que todos los ingresos van para la compañía.

En nuestra ciudad habrá decenas, centenares de coches fantasma, que reaccionarán como autómatas a un par de toques en la pantalla de nuestro teléfono móvil. Alquilaremos el uso de los coches para la ciudad. Nos recogerán, y por un módico precio nos dejarán donde queramos. Más adelante, sólo habrá vehículos autónomos, que se comunicarán entre ellos. Los atascos serán menos frecuentes. Y no habrá multas, porque los vehículos no se saltarán el código. Los ayuntamientos, como venganza, nos prohibirán conducir por el centro de las ciudades. Leeremos camino del trabajo, si es que entonces todavía se estila esta milenaria costumbre. Los metros de las ciudades se cerrarán y se convertirán en museos o centros de ocio.

Es un futuro que casi podemos tocar con la punta de los dedos, pero que aún se nos hace lejano. Es normal que la transición cause accidentes. En la I Guerra Mundial, el índice de mortalidad de los aviones, en sus primeros vuelos, era de más del 70 por ciento a los tres meses. Los pasos que vamos a dar a esta nueva forma de transporte no van a ser tan traumáticos.

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