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Clases de 'ciudadanía digital': la tendencia educativa que arrasa en las escuelas de EEUU

Redacción TO

Foto: MUHAMMAD HAMED
Reuters

“Ser un buen ciudadano digital es más que saber cómo manejarte en la web. Se trata de conectar y colaborar de maneras que no creías posibles. Cuando le enseñas ‘ciudadanía digital’ a tus estudiantes, ayudarás a crear una cultura escolar positiva que lleva al uso adecuado, seguro y responsable de la tecnología”, señala Common Sense Education, una de las primeras organizaciones educativas en lanzar un plan de estudios de ‘ciudadanía digital’ (‘DigCit’) en Estados Unidos.

Los proveedores de este tipo de programas, como Common Sense Education, están aumentando debido a que la demanda por parte de las escuelas y profesores que están incluyendo a ‘DigCit’ -que incluye asignaturas sobre el mundo digital- dentro del curso, aumenta. Esto se debe a que la interacción con la sociedad se está estableciendo, cada vez más, a través de internet. Las materias escolares se centran, sobre todo, en la seguridad en Internet, la reputación digital, la privacidad y el ciberacoso.

Clases de 'ciudadanía digital': la tendencia educativa que arrasa en las escuelas de EEUU
Common Sense Education es una de las primeras organizaciones educativas en lanzar un plan de estudios de ‘ciudadanía digital’. | Foto: Common Sense / Pinterest

Considerados los fundadores del movimiento ‘DigCit’, los especialistas en educación digital Jason Ohler y Mike Ribble comenzaron a hablar y a escribir sobre ‘ciudadanía digital’ a principios del 2000. En sus discursos instaban a los jóvenes a usar Internet de manera responsable. Han tenido que pasar casi dos décadas para que esa advertencia cobrara fuerza en los programas escolares y la ‘ciudadanía digital’, por fin, ha perdido el estatus de ser algo para escuelas y educadores exclusivos. Es una formación por la que todos los niños deben pasar, consideran la mayoría de los educadores.

Common Sense Media, que en 2010 lanzó un plan de estudios de ‘DigCit’, logró en 2014 contar con poco más de 200.000 educadores estadounidenses registrados en el programa. Ahora, ese número ha aumentado a 560.000, que se traduce en el 60% de las llamadas escuelas K-12 -designación utilizada en algunos sistemas educativos para la escolarización primaria y secundaria-. Social Assurity, otra organización que crea programas educativos digitales, ya ha distribuido 5.300 licencias a escuelas secundarias desde su lanzamiento en 2015 y espera que el número se triplique este año. Por su parte, Schoology, un sistema de gestión de aprendizaje para escuelas K-12, que permite a los usuarios crear, administrar, compartir contenido y recursos ya cuenta con 20 millones de usuarios en 60.000 escuelas de EEUU. También es conocido como un sistema de gestión de cursos entorno al aprendizaje virtual.

Common Sense lanzó su plan de estudios después de haber hecho una investigación que reveló que los niños se enfrentaban a dudas ante los ordenadores. Preguntas de todo tipo saltaban a la vista, incluso sobre ética y valores. “Pueden saber cómo manejar una pantalla, pero no entienden las implicaciones de ello”, expresó Brisa Ayub, directora de programas educativos de Common Sense, a OZY. Muchas de las lecciones son interactivas. El programa se basa en sondeos y cuestionarios que pueden descargarse en formato PDF, ibooks o acceder a ellos a través de una plataforma llamada Nearpod. Varían según el nivel de grado, pero todos se centran en la seguridad en Internet, la reputación digital, la privacidad y el ciberacoso.

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¿Es el cine la asignatura pendiente de las escuelas?

Jorge Raya Pons

Foto: Á BAO A QU

El cine está en el espíritu de Francia desde que el inventor Louis Le Prince se filmó caminando en círculos por dos segundos en el jardín de su suegra. Estuvo ahí cuando siete años después, en 1895, los espectadores se llevaron las manos a la cabeza con aquello que proyectaba el cinematógrafo de los Lumière, esas fotografías de un tren llegando a la estación que se sucedían muy rápido y creaban un movimiento imposible. Este mismo espíritu permanece en Francia en el siglo XXI y se retroalimenta gracias al exministro de Educación Jack Lang, que introdujo el cine en las escuelas en el año 2000, asumiendo que una película no solo es un entretenimiento, sino que, en el mejor de los casos, también es una forma elevada de arte.

Fue esta idea la que empujó a Laia Colell y Núria Aidelman a crear Á Bao A Qu –se llama como la bestia imaginaria que describió Borges– en 2004, una asociación que trabaja por implantar un modelo educativo que integre el cine como herramienta pedagógica fundamental en España. Uno de sus proyectos, probablemente el más ambicioso, se llama Cine en Curso.

“El primer objetivo del proyecto es que los niños descubran el cine como arte”

A través de este programa, que nació en 2005, la asociación y una serie de colegios seleccionados en convocatorias anuales –actualmente son treinta– colaboran en talleres que son impartidos conjuntamente por un director de cine y un profesor de la escuela. “No es que los cineastas den la clase y los profesores se mantengan al margen”, me explica Laia. “Una sesión semanal la hacen juntos, habitualmente de dos o tres horas seguidas. Y luego, ya sin el cineasta, el profesor hace otro tipo de actividades vinculadas al cine”.

En estas sesiones se observan fragmentos de películas, se analizan, se discuten. Se anima a la clase a participar y luego se les desafía a poner en práctica lo aprendido, a trabajar juntos en la escritura de un guión y salir ahí fuera y rodarlo. El cine se transforma en una materia más de la escuela y en una revelación para los jóvenes, que se convierten en espectadores activos. Como reconoce Laia, “el primer objetivo de este proyecto es que los niños descubran el cine como arte, que descubran el cine de autor. Pero el otro objetivo es que éste sea también un motor de innovación pedagógica”.

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En Cine en Curso trabajan con niños de 9 a 18 años. | Fuente: Á Bao A Qu

Hacer cine, aprender con el cine

“Las películas que ruedan hablan sobre sus propias emociones”, me dice Fanny Figueras, que es profesora en el instituto Moisès Broggi, en Barcelona. “Escriben personajes que tienen su misma edad, sobre temas que les preocupan, como que sus padre no les permiten estudiar lo que ellos quieren. A veces son adolescentes que se sienten atrapados y encuentran en el cine una nueva forma de expresarse”.

En algunas escuelas, como en esta de Cataluña, el proyecto de Cine en Curso se establece como un eje que lo vertebra todo y no como un taller o una asignatura aislada. La Moisès Broggi es un caso de transversalidad. Fanny me explica que introducen el cine en Primero de ESO, con 12 años, y que lo siguen cursando hasta Primero de Bachiller, con 17: “El cine tiene mucha relación con el currículum porque los proyectos que vamos haciendo vinculan diferentes materias. En Primero de ESO entra en Catalán, Historia y Visual y plástica. Por ejemplo, en Catalán trabajamos en la descripción de fotografías. Con el cine enseñamos a mirar. Vamos vinculando los contenidos con el objetivo de acercar a los alumnos a estas disciplinas”.

“A veces son adolescentes que se sienten atrapados y encuentran en el cine una nueva forma de expresarse”

A Carla Simón, una de las cineastas que trabajan con Cine en Curso, le asombró del proyecto que los fragmentos que se proyectan a los alumnos, ya sean de 9 ó 18 años, son fragmentos de películas de autor, a veces muy complejas. “En el primer trimestre les ponemos fragmentos más experimentales, les ponemos a Akerman, le ponemos a Mekas. Y yo pensaba que se preguntarían que qué es eso”, me dice Carla, riendo. “Pero luego te das cuenta de que no, que no les aburre. Fue una sorpresa. De estos fragmentos salen mil comentarios y ahí es cuando te das cuenta del poder de la educación”.

Carla Simón, que ganó por Estiu 1993 el premio a Mejor Ópera Prima en el último Festival de Berlín, se incorporó al proyecto hace dos años y cuenta que lo hizo porque siempre le apasionó trabajar con los niños, transmitirles la ilusión por el cine. Este trabajo le ha reportado sorpresas porque uno no puede imaginar hasta qué punto el cine –o el fútbol, o la literatura, o la biología– pasa a convertirse en una gran pasión cuando eres un niño, incluso antes de adolescente: “Recuerdo a una profesora que me advertía sobre dos alumnos que eran complicados. No me lo explicaba. Conmigo estaban motivados, conmigo eran totalmente distintos. Era por el cine, ves lo que provoca. A veces son niños complicados, pero al mismo tiempo creativos. Al final, la base de todo es la motivación”.

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Los familiares disfrutan de una proyección de cine hecho en la escuela. | Fuente: Á Bao A Qu

No hay dinero

Laia me cuenta que su gran inspiración para poner en marcha el programa fue el intelectual francés Alain Bergala, a quien encomendó Lang el diseño de este modelo que hoy sobrevive como puede. Su ensayo La hipótesis del cine es algo así como un libro santo y en este se detallan las bases de su proyecto. En Francia, la introducción del cine en el sistema educativo fue un éxito porque fue apoyado y protegido por el Estado. Pero en España la realidad es bien distinta: Cine en Curso consigue financiación a duras penas y cada año parece que es el último: “Sostener este proyecto es muy, muy complicado. Lo hacemos desde una asociación sin ánimo de lucro (Á Bao A Qu) y buscamos dinero de fondos y subvenciones. Trabajamos con escuelas públicas que tampoco tienen recursos y las ayudas no son estables. Tenemos ayuda de la Generalitat (de Cataluña), del Ayuntamiento de Barcelona, de otros ayuntamientos, como el de Fuenlabrada. Y aunque las ayudas son fundamentales, nunca son suficientes. Normalmente cubren los honorarios del cineasta, el gasto directo, pero no hay nada articulado. Además, estos proyectos de arte y educación no tienen líneas de financiación pública. Donde mejor estructurado está es en Galicia, porque trabajamos directamente con la Filmografía gallega y nos destinan una parte de su presupuesto anual. Pero en Cataluña y Madrid…”.

“Si tuviéramos que esperar a los calendarios de financiación, no podríamos hacer los talleres”

Ahora Laia crea una pausa, como haciendo cuentas. Laia trabaja todos los días de la semana, tantas horas como puede, porque Cine en Curso le entusiasma. Pero no pueden ampliar plantilla y no pueden extender su labor a más escuelas, y es frustrante. Siempre el problema del dinero.

“En Cataluña y Madrid tenemos 25 talleres, pero nunca sabemos de cuánto dinero disponemos. Porque si tuviéramos que esperar a los calendarios de financiación no podríamos hacerlos. Las ayudas se resuelven en mayo o junio, y para entonces se ha terminado el curso escolar. Nosotras asumimos el riesgo”.

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Así ven el mundo los millennials: 5 cosas que no sabías de ellos

Callum Brodie

Foto: Maxim Shemetov
Reuters/File

Más de la mitad de la población mundial tiene menos de 30 años. Cerca de 25.000 personas de entre 18 y 35 años de edad de 186 países y territorios han participado en la Encuesta Anual de Global Shapers 2017. Esta ha revelado que los millennials son una fuerza cada vez más poderosa y constituyen el futuro de la sociedad pero, el 55,9% de ellos considera que sus opiniones no se tienen en cuenta al tomar decisiones importantes. La influencia de los millennials solo se hará más fuerte a medida que ocupen un porcentaje cada vez mayor de la fuerza de trabajo mundial y la base de votantes, y su poder adquisitivo crezca.

La Comunidad de Impulsores Mundiales (Global Shapers) del Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), ha sido la encargada de recoger los datos de la encuesta, que ofrece una perspectiva interesante de cómo los millennials ven el mundo y sus desafíos. Estas son cinco cosas que no sabías de ellos:

El cambio climático, una prioridad

De todos los temas que afectan el mundo de hoy, los jóvenes están más preocupados por el impacto del cambio climático y la destrucción general de la naturaleza. Este es el tercer año consecutivo en que el cambio climático se vota como el problema mundial más importante, lo que indica que los jóvenes aún no están convencidos de los esfuerzos globales —como el Acuerdo de París— para enfrentar el problema.

Quizá no resulte sorprendente que el nivel actual de inestabilidad global, las guerras y la desigualdad se enumeran como la segunda y tercera preocupación más grande. La pobreza, los conflictos religiosos y la responsabilidad y transparencia de los gobiernos también ocupan un lugar destacado.

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El cambio climático es el problema mundial más importante para los millennials | Foto: encuesta Anual de Global Shapers 2017

No confían en los medios ni en los gobiernos

El crecimiento de la desconfianza hacia los medios de comunicación entre los millennials se puede explicar por el surgimiento de noticias falsas durante las recientes elecciones en todo el mundo. Poco más del 30% de los encuestados dijeron que confiaban en los medios de comunicación, en comparación con casi el 46% que dijo que no lo hacían.

Existen niveles similares de desconfianza hacia las grandes empresas, los bancos y los gobiernos. Esto refleja el hecho de que al 22,7% de los millennials les preocupa la corrupción. Las instituciones a las que los jóvenes consideran más dignas de confianza son las escuelas, las organizaciones internacionales, los empleadores y los tribunales de justicia.

Así ven el mundo los millennials: cinco cosas que no sabías de ellos
Instituciones en las que confían los millennials | Foto: encuesta Anual de Global Shapers 2017

Workaholics

En algunas ocasiones se ha tachado a los millennials de ser perezosos, sin embargo, los datos recogidos en la Encuesta Anual de Global Shapers 2017 demuestran que, en realidad, están muy enfocados en su carrera profesional.  Ante el reto de los jóvenes de enfrentarse a nuevas oportunidades de trabajo, el salario es una de sus principales preocupaciones, seguido por la identificación con una meta y el progreso profesional. Solo alrededor del 16% aseguró estar dispuesto a sacrificar la carrera y el salario para disfrutar de la vida.

Para confirmar el punto de que los jóvenes no son holgazanes, la encuesta reveló que el 81,1% de los encuestados estaría dispuesto a trasladarse al extranjero para avanzar en su carrera.

Estados Unidos, Canadá, el Reino Unido, Alemania y Australia se consideran los países más atractivos para trasladarse por una oportunidad de trabajo.

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Países a los que prefieren trabajar los millennials | Foto: encuesta Anual de Global Shapers 2017

¿La tecnología destruirá empleos?

Los avances tecnológicos de los últimos años han despertado la preocupación dentro de la sociedad en general de que los empleadores buscarán cambiar trabajadores humanos por robots. Sin embargo, el 78,6% de los jóvenes  cree que la tecnología generará empleos en lugar de destruirlos.

Cuando se les pidió que nombraran la próxima gran tendencia tecnológica, el 28% de los encuestados dijo que la inteligencia artificial tendrá el impacto más significativo. Consideran que la educación es el sector con más probabilidades de beneficiarse de la adopción de nuevas tecnologías.

Sin embargo, solo el 3,1% de los encuestados confiaría en los robots para tomar decisiones en su nombre. Ante la posibilidad de insertar un implante debajo de la piel, el 44,3% de los jóvenes encuestados rechazó la idea.

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Los millennials no confían en los robots para tomar decisiones en su nombre.| Foto: encuesta Anual de Global Shapers 2017

Se preocupan por los refugiados

Según la encuesta de este año, esta es una generación empática. Esto quizá se refleje mejor con el hecho de que casi tres cuartas partes, el 73,6 %, aseguraron que recibirían refugiados en su país.

Ante la pregunta de cómo deberían responder los gobiernos a la crisis mundial de refugiados, más de la mitad, el 55,4 %, sostuvo que sería necesario hacer más para incluir a los refugiados en la mano de obra nacional. Solo el 3,5% dijo que se debería deportar a los refugiados.

En tiempos de incertidumbre global y de tendencia al aislacionismo, la gran mayoría de los jóvenes, el 86,5%, se considera simplemente “humano”, en lugar de identificarse con un país, una religión o un grupo étnico determinado.

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Los millennials se muestran dispuestos a acoger refugiados. | Foto: encuesta Anual de Global Shapers 2017

Artículo publicado originalmente en el World Economic Forum en español.

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Art Thinking: ¿La nueva fórmula para reformar la educación española?

Ariana Basciani

Foto: MIKE SEGAR
Reuters

La cantidad de tópicos que existen alrededor del sistema educativo español y en algunos casos, a nivel mundial es lo que María Acaso y Clara Megías intentan revertir con su nuevo libro Art Thinking: Cómo el arte puede transformar la educación (Paidós, 2017). Pensar en las flores como algo únicamente decorativo o que el primer concepto que se trabaje en Educación Infantil sean los opuestos, es uno de los tantos ejemplos que se deben revisitar para orientar la educación hacia un pensamiento más crítico y menos repetitivo, afirman estas dos especialistas.

El libro de Acaso y Megías, diseñado y editado por Cristian Fernández y Pía Paraja, respectivamente, intenta desafiar la burocracia académica española a partir de una metodología de creación de conocimiento basado en el lenguaje audiovisual y artístico. Las autoras pasaron por Barcelona para su promoción y esto fue lo que no se callaron.

Art Thinking: ¿La nueva fórmula para reformar la educación española?
Ilustraciones de los autores dentro del libro

¿Cómo se escribe un libro a cuatro manos?

María Acaso: A base de diálogo y de allí al montaje. Yo escribía, daba la forma al texto, se lo pasaba a Clara y Pía lo iba montando. Empezamos con un PowerPoint. El libro tiene mucho tiempo y es una genealogía de todo lo que hemos ido construyendo; pues lo primero que hago es utilizarlo en clase y hacer un PowerPoint. Luego esos PowerPoint se convierten en un libro que, a su vez, da lugar a otro PowerPoint que nace de este proceso.

Clara Megías: Una cosa que reivindicamos en este libro y yo no podría vivir sin ella es la inteligencia colectiva. No podría hacer un libro sin lo que aporta la gente o una clase o una presentación, cada vez lo necesito más… los conceptos no son solo nuestros son de varias personas que conocemos, han sido creados de manera rizomática . María es buena dándole un nombre, pero hay muchas cosas que están en el aire, que surgen de conversaciones, pedagogías invisibles, intercambios con gente del ámbito que lleva tiempo luchando por lo mismo que nosotras.

A pesar de que sois críticas con la Academia Española, el libro tiene una estructura muy académica y tradicional.

María Acaso: Hacer el PowerPoint, tiene que ver con el discurso oral de cómo presentas el problema y llegas a una solución… nosotras venimos de la universidad y tenemos un chip académico con el que luchamos, pero nos sale.

Clara Megías: Hay un punto en el libro en el que se ha invertido mucho. Mientras María iba desarrollando el texto, yo iba desarrollando la metodología de la parte final que es muy experimental, porque primero se desarrolló la metodología y luego María le fue dando contenido; así que se ha invertido. No es que yo he trabajado a partir del texto que es lo que ha pasado en otros libros, aquí es al revés, a partir de esa idea se va desarrollando el resto. Lo ordenas de una manera que se entienda, pero el proceso no ha surgido en ese orden, se da de manera paralela, todo se va desarrollando a la vez. Pues como afirma el art thinking, la metodología no lleva un orden, son claves para que una persona pueda ordenar como quiera, pero esto es un libro y es lineal y le tienes que dar un orden. Eso para nosotros fue un momento de crisis, de cómo intentar que fuera fácil su uso, que no fuera solo texto, sino que tuviera elementos que Cristian ha aportado a través del diseño y la maquetación, que es clave dentro del proyecto.

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Portada del libro “Art Thinking” | Imagen vía Paidós

¿Es el libro un proyecto de art thinking en sí mismo?

María Acaso: Ese era nuestro objetivo. Era nuestra obsesión en lo metodológico y en las clases. Todo esto surge de que un día me doy cuenta de que estoy diciendo unas cosas en el contenido que no estoy reproduciendo en la metodología. Esto no puede ser. Entonces cómo lo dices y con qué lo dices es una de mis obsesiones generales. Romper la estructura vertical en las clases, en las presentaciones de libros. ¿Por qué un libro de educación tiene que ser tan feo, tan soso y tan poco atractivo? Entonces es cuando surge la idea de que Cristian incorpore su creatividad en la producción del libro.

Clara Megías: Lo que hemos querido es que la parte visual sea tan generadora de contenido como la parte escrita. Por ejemplo, los proyectos. María hace alusión a algunos en el texto, pero la gran mayoría de ellos no son referencia, están complementando, lo que genera una narrativa paralela en la que se muestran cosas, que no se están citando en el texto.

María Acaso: A partir de esas ideas, he jugado y he creado otras referencias, otras citas. Esto es a lo que aspiramos y esperamos lograr más, quizás en el siguiente libro. Lo que queremos hacer a partir del libro es un curso online, animando y dándole vida a los mapas del libro.

¿Cuáles son los pro y los contras de la academia española en la actualidad?

María Acaso: La academia ahora mismo es un simulacro. Muchas veces los profesores están investigando por engordar su currículum, por tener un puesto determinado y no están investigando porque quieran descubrir algo. También es que los profesores de magisterio nunca han dado clases a un niño, todo eso tiene que ver con ese simulacro. Nosotras tenemos un perfil distinto, yo tengo mis proyectos en educación artística y luego doy unas clases en la universidad. La mitad de mi tiempo lo desarrollo fuera de la universidad y luego en la universidad aporto ese conocimiento de fuera.

Clara Megías: María está todo el tiempo haciendo proyectos fuera de la universidad, así que nuestro perfil es raro porque somos personas muy activas y estamos en contacto con los contextos reales.

¿Es una crítica hacia los profesores? Se convierten en mediocres, ¿te quedas en tu puesto y no haces más nada?

María Acaso: Cuántas personas leen un paper académico y cuántas personas leen un blog. Simplemente hagamos esa comparativa de números. Vemos que el concepto de paper académico no sirve para cambiar la realidad, sirve para otras cosas para que esa persona tenga un mejor sueldo, para que sea catedrático, etc. Creo que eso es lo hay que reflexionar si eres parte de la academia. Tu quieres seguir endogámicamente alimentando el concepto de academia o quieres cambiar la realidad. Si quieres cambiar la realidad, tienes que hacer un libro como art thinking.

Clara Megías: Otro ejemplo son las tesis doctorales, que se hacen de manera individual cuando en tu vida jamás investigas solo. Entonces en la academia se empeñan -porque es una meritocracia- que tienes que acumular un currículum que te diferencie del otro, se empeñan en que sigamos trabajando individualmente, cuando hacer una tesis doctoral tú solo es una especie de suplicio. Es una carrera de resistencia antes de acabar la tesis… si la pasas tienes la llavecita para entrar al club. Entonces eso está bastante obsoleto. Yo creo que en Estados Unidos la academia es distinta pero en España … En una universidad en la que trabajé, en las encuestas los alumnos dijeron que soy la única profesora que hace lo que dice. Entonces digo yo: el resto de profesores está diciendo cómo enseñar de manera cooperativa dando una clase magistral, no usan lo cooperativo en la clase y a mi me parece preocupante, aunque creo que cada vez va cambiando.

María Acaso: La metáfora para explicar esto es, le enseñas a alguien a montar un mueble de IKEA sin mueble de IKEA y le haces un examen de un mueble de IKEA y te tienes que memorizar las instrucciones y ponerlas.

¿Intentan romper con una elite o unos prejuicios académicos?

María Acaso: Esta diferencia entre lo teórico y lo practico, entre lo académico y lo popular, creo que son categorías que se han disuelto en la postmodernidad y la Academia como institución sigue intentando que esas etiquetas persistan y no tiene sentido.

Se habla de la importancia de la creación de las imágenes pero sin sentido crítico, ¿como podemos introducir la hiperrealidad y el carácter performativo desde un punto de vista crítico? ¿Cómo el art thinking puede ayudar?

Clara Megías: Todo tiene que ver con cómo introduces las imágenes en clase. A mis alumnos por ejemplo en la ESO, si tú llevas Juego de Tronos y lo deconstruyes con ellos, flipan. Empezar a deconstruir con ellos es motivar, porque a todos nos gusta desvelar algo que estaba oculto, como un misterio. Ese espíritu de sospecha es súper estimulante para los alumnos y tiene mucho que ver con una ciudadanía responsable. Las imágenes y la desconstrucción es un buen ejercicio para empezar a producir el pensamiento crítico. Analizar la textura, el color, qué te produce. Eso a una persona le puede resultar atractivo y, además, nosotras pensamos que es súper necesario, es empezar a tener un papel activo, crítico para construir tus propias imágenes desde otro punto de vista, y al final tiene que ver con ser capaz de mirar el mundo en que vivimos y revelarse contra los mecanismos de consumo. También es importante entender cómo es el papel del arte contemporáneo, porque este lo hace al revés: el arte contemporáneo no es una imagen placentera que entra sin que te des cuenta, es el placer de lo extraño, de lo abyecto. ¿Por qué nos gusta ver una película extraña de terror, pero cuando vamos al museo de arte contemporáneo y es algo raro, no lo queremos?

Eso tiene que ver con el miedo hacia el otro, hacia lo desconocido. ¿Si nos quitásemos el miedo quizás tuviésemos más conocimiento?

Cristian Fernández: Está basado en una desconfianza universal, una sociedad que se basa en el futuro en lo que pueda pasar, frente al extranjero, frente al cambio. Es una receta para tener una sociedad sumisa, conformista.

Clara Megías: El arte contemporáneo es lo más anti conformista que existe. Es muy importante que te atraiga y que te sientas cómodo, eso es un cambio de chip.

Al final, ¿la educación debe acabar con los prejuicios y con las formas convencionales de enseñanza?

María Acaso: Exactamente, los prejuicios macro y micros.

¿Debemos quitar el prejuicio con respecto a la discusión sobre las fotografías que debían ser mostradas o no después de los atentados de Barcelona? ¿Es deber del art thinking revisitar esas imágenes?

Clara Megías: Lo que nos propone el art thinking es que debatamos, que realmente haya un debate, y que detrás de una imagen siempre hay una intención y una construcción de la realidad. La imagen del atentado no es el atentado, es una versión del atentado. Lo bueno de introducir el art thinking es que el profesor no tiene una verdad sino que detrás de una imagen existen miles de verdades como personas las están interpretando. Lo interesante es hablar de las imágenes, hacerlas visibles. ¿Por qué de eso no se habla? ¿O cómo que les afecta que haya imágenes o no del atentado?

En vuestro libro también se revisita el concepto de los nuevos tipos de autorías.

María Acaso: Es una reflexión muy importante para saber qué ocurre cuando las producciones son pedagógicas o educativas y por qué no hay autoría reconocida. ¿Por qué sabemos quién es el autor de una novela pero no sabemos quién es el autor de una clase? Hay una parte en la que entendemos las producciones pedagógicas como producciones culturales, pero queremos empoderar a los profesores como creadores y que de alguna manera firmen sus clases. No es esa autoría relacionada con lo económico sino con una apuesta al modelo.

¿Sería una nueva forma de hacer tu currículum como profesor?

María Acaso: Sí. Esto tiene que ver con que en el paper si está reconocida la autoría por el sistema que lo cobija y como se enmarca, pero en las producciones pedagógicas no es importante la autoría. Y eso tiene que ver con cuestiones de género, o que las cuestiones educativas están muy feminizadas, especialmente en primaria y en infantil, entonces se piensa que como lo hace una señora ahí, entonces no es importante.

¿Es el art thinking político?

María Acaso: Hay muchas reivindicaciones debajo del art thinking, de autoría, de cuestiones de género, cuestiones de visibilización de lo que no es mainstream. Toda esa parte nos interesa mucho.

¿Cómo se puede vincular lo popular en el art thinking dejando atrás superficialidad?

María Acaso: Sí, en una clase tiene que haber dos grandes grupos de imágenes por un lado los microrrelatos y los microrrelatos. Los macrorrelatos tenemos que utilizarlos para analizar y los microrrelatos para interpretar todas las maneras posibles que existen.

Clara Megías: Eso es muy importante matizarlo porque están utilizando la cultura visual, pero no están utilizando art thinking. Están usando Disney para decorar, no Disney para reflexionar sobre Disney. Entonces, poner a Bob Esponja por todos lados no es hacer art thinking. La cultura visual es una excusa para pensar sobre el mundo, sobre lo que nos afecta. Hay gente que piensa que nosotros estamos haciendo un libro sobre manualidades o cómo hacer marionetas para que se queden como bobos mirando. Se trata de otra cosa.

¿Es el art thinking el aliado del pensamiento crítico?

María Acaso: El art thinking quiere generar conocimiento propio, no siempre estar apropiándose del conocimiento ajeno que ha producido otra persona, sino que tú tienes que tener tu propio cuerpo de conocimiento sobre las cosas y tus propias opiniones.

Clara Megías: Es increíble la cantidad de personas que viven su vida con frases hechas.

El art thinking es como los Simpson, que el propio producto televisivo hace reflexionar sobre la sociedad en la que habitamos.

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Las 10 extraordinarias misiones espaciales que te esperan este 2018

Rodrigo Isasi Arce

Foto: NASA

La Luna, Marte, Mercurio o el Sol son sólo cuatro de los destinos del sistema solar de los que vamos a oír hablar mucho en 2018. La Agencia Espacial Europea (ESA) y  su homóloga estadounidense, la NASA, ya han presentado sus misiones espaciales para este año; pero no son las únicas. Compañías privadas como SpaceX, Blue Origin o Virgin Galactic, llevarán turistas al espacio más profundo. Si el año pasado despedíamos a una de las misiones más importantes de las dos últimas décadas, Cassini, este 2018 daremos la bienvenida a nuevos grandes retos espaciales, como la búsqueda de vida extraterrestre o acercarnos al Sol como nunca antes lo habíamos hecho.  Pero 2018 no solo se compone de espectaculares misiones, también trae lanzamientos de lo más curiosos, como la puesta en órbita de un coche deportivo Tesla, propiedad de Elon Musk, o de un satélite español, de nombre PAZ, dedicado a tareas de Defensa y seguridad.  Estas son las 10 misiones espaciales de 2018 que no puedes perderte:

SpaceX pone en órbita el Tesla Roadster – Enero

El 29 de enero, SpaceX, la compañía del multimillonaro Elon Musk, lanzará a Marte el primer cohete Falcon Heavy de SpaceX con una carga útil de lo más curiosa, un coche deportivo. Concretamente se trata del Tesla Roadster midnight cherry, uno de los primeros coches que fabricó Tesla, y que Musk se quedó para sí mismo.  “Un coche rojo para un planeta rojo”, bromeó en su cuenta de twitter el empresario estadounidense.

El lanzamiento se llevará a cabo desde el Centro Espacial Kennedy, Florida.

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El Tesla Roadster de Musk a punto de ser embarcado en el cohete Falcon Heavy. | Foto: SpaceX

Lanzamiento del satélite español PAZ – Febrero

España lanzará en febrero, por fin, el satélite PAZ, con tecnología radar y que se enfoca fundamentalmente en atender las necesidades de seguridad y defensa. Su puesta en órbita no ha estado exenta de dificultades, y es que ha sufrido importantes retrasos debido, entre otros motivos, a los problemas surgidos con el lanzador ruso contratado inicialmente, que tuvo que ser anulado como consecuencia de la guerra con Ucrania. Finalmente, la compañía propietaria, Hisdesat, decidió lanzarlo con un cohete Falcon 9 de SpaceX desde la Base de la Fuerza Aérea de Vandenberg en California. Pese a que no se ha fijado una fecha concreta para el lanzamiento, se baraja como probable el 10 de febrero. 

Una vez que el satélite ya esté sobrevolando la Tierra, permitirá a España contar con imágenes de todos los puntos del planeta. Gracias a  su tecnología radar, será capaz de tomar más de cien imágenes diarias de hasta un metro de resolución, tanto diurnas como nocturnas, y con independencia de las condiciones meteorológicas.

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El satélite paz antes de su envío a EEUU | Foto: Hisdesat

El PAZ cuenta con algoritmos programados que ayudarán en aplicaciones relacionadas con la Defensa y seguridad o con tareas civiles de vigilancia. El satélite será operado durante un mes desde Alemania y posteriormente desde la Base del INTA en Torrejón de Ardoz, perteneciente al Ministerio de Defensa. El PAZ, de 1400 Kilogramos de peso y 5 metros de largo, tiene una vida útil de aproximadamente cinco años y medio prorrogable a siete.

Este satélite se desplazará a una velocidad de siete kilómetros por segundo y dará 15 vueltas a la Tierra en 24 horas; en cada órbita empleará una hora y media y necesitará de siete minutos para ejecutar una orden.

TESS (NASA) – Marzo

La NASA y SpaceX volverán a trabajar conjuntamente en marzo de 2018, cuando el satélite TESS (Transiting Exoplanet Survey Satellite) despegará a bordo de un Falcon 9. El objetivo de esta misión es descubrir nuevos mundos que se localicen fuera del sistema solar, denominados exoplanetas.

Los científicos de TESS esperan que la misión catalogará más de 2.000 candidatos planetarios y aumentará enormemente el número actual de exoplanetas conocidos. De estos, se espera que aproximadamente 300 sean exoplanetas del tamaño de la Tierra y super-Tierras.

El lanzamiento del TESS se llevará a cabo el 20 de marzo desde Cabo Cañaveral, Florida, EEUU.

Las 10 extraordinarias misiones espaciales que te esperan este 2018
El satélite ‘cazaplanetas’ TESS. | Foto: NASA

Google Lunar X Prize – Marzo

La competición espacial organizada por la Fundación X Prize, y patrocinada por Google, comenzó en 2017 y la fecha límite para ganar el premio es el 31 de marzo de 2018.  Google Lunar X Prize otorgará 20 millones de dólares (unos 17 millones de euros) al primer equipo que consiga hacer aterrizar un vehículo en la Luna, recorrer 500 metros y transmitir vídeos y fotos a la Tierra.

Los cinco equipos finalistas son: el japonés Hakuto, el indio IndoTeam, el Moon Express de EEUU, el Team Space IL de Israel y el equipo internacional Synergy Moon.

Además de los 20 millones de dólares que recibirá el ganador, se otorgarán otros cinco millones al segundo clasificado y cinco millones más en premios adicionales hasta un total de 30 millones de dólares (unos 25 millones de euros).

Con esta competición,  2018 podría ser el año con más actividad en el satélite en la historia de la exploración espacial.

Aeolus (ESA) – Mayo

Aeolus es la primera misión espacial en adquirir perfiles del viento a escala global. Estas observaciones casi en tiempo real mejorarán la precisión de la predicción meteorológica y climática numérica y avanzarán nuestra comprensión de la dinámica y los procesos tropicales relevantes para la variabilidad climática.

Aeolus lleva uno de los instrumentos más sofisticados jamás puestos en órbita: la sonda Aladin, que incluye dos potentes láseres, un gran telescopio y receptores muy sensibles.

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Simulación del satélite Aeolus de la Agencia Espacial Europea. | Foto: ESA

El láser genera luz ultravioleta que se proyecta a la atmósfera para obtener un perfil de los vientos de nuestro planeta: un método completamente nuevo de medir el viento desde el espacio. Además de avanzar en la ciencia, Aeolus desempeñará un papel importante en la mejora de las predicciones meteorológicas.

El lanzamiento se realizará el 1 de mayo desde el puerto espacial de Kourou, en la Guayana Francesa.

Insight (NASA) – Mayo

El 5 de mayo de 2018, la agencia espacial norteamericana enviará al espacio la misión Insight (Interior Exploration using Seismic Investigations, Geodesy and Heat Transport), que alcanzará el próximo 26 de noviembre el planeta rojo, donde permanecerá durante 728 días. Se trata de la primera misión enfocada en examinar el interior profundo de Marte, con el objetivo de comprender mejor los mundos rocosos del sistema solar. La sonda tiene previsto aterrizar a finales de noviembre.

El lanzamiento de la sonda marciana de la NASA InSight, el 5 de mayo, se realizará desde la Base de la Fuerza Aérea Vandenberg, California, EEUU. Es la primera vez que se manda una sonda a Marte desde Vandenberg.

Parker Solar Probe (NASA) – Julio-Agosto

La NASA lanzará una de sus misiones más peligrosas entre julio y agosto de 2018. La sonda Parker Solar Probe se situará a solo 6,4 millones de kilómetros de la superficie del Sol, soportando dosis de radiación y temperaturas muy elevadas (de más de 1.370ºC), nunca vistas anteriormente.

El objetivo de la misión es estudiar el origen del viento solar y de las tormentas que pueden afectar a la Tierra, además de analizar por qué la corona del Sol está mucho más caliente que la fotosfera. Parker Solar Probe usará la gravedad de Venus durante siete sobrevuelos durante casi siete años para acercar gradualmente su órbita al Sol.

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Simulación de la sonda en su llegada al Sol | Foto: NASA/Johns Hopkins University Applied Physics Laboratory

BepiColombo (ESA) – Octubre

La Agencia Espacial Europea (ESA) y su homóloga nipona (JAXA) enviarán al espacio su primera misión a Mercurio en octubre de 2018. Las dos sondas forman parte del programa BepiColombo, que tendrá el objetivo de estudiar el planeta más pequeño y menos estudiado del sistema solar.

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Ilustración de la BepiColombo durante un sobrevuelo de Venus. | Foto: Airbus Defence and Space

La sonda viajará por el espacio durante más de siete años antes de alcanzar Mercurio. Cuando llegue, se separará en dos partes. La primera es la sonda Mercury Planetary Orbiter (MPO), que estudiará la superficie del planeta y utilizará instrumentos de alta tecnología para investigar el interior de Mercurio. La segunda, Mercury Magnetospheric Orbiter (MMO), perteneciente a la JAXA, estudiará el campo magnético de Mercurio.

La misión debe su nombre a Giuseppe (apodado familiarmente como Bepi) Colombo, un científico que estudió la órbita de Mercurio y contribuyó decisivamente a desarrollar la tecnología para realizar viajes interplanetarios.

El lanzamiento se realizará el 5 de octubre desde el puerto espacial de Kourou, en la Guayana Francesa.

Cheops – Finales de año

Además del instrumento TESS de la NASA, la Agencia Espacial Europea quiere lanzar la misión Cheops a finales de 2018. Este proyecto tendrá como objetivo descubrir nuevos exoplanetas. La misión, una colaboración entre la ESA y Suiza, tiene como objetivo estudiar los planetas extrasolares de menores dimensiones, los que se sitúan entre el radio de la Tierra y el de Neptuno.

Para llevar a cabo su misión, la sonda utilizará una técnica llamada fotometría de tránsito: “Cheops monitorizará la luz óptica e infrarroja de estrellas individuales y medirá con precisión el descenso en la señal durante el tránsito de un planeta, al atravesar por delante de la estrella, utilizando un fotómetro de ultra alta precisión”, explica  Kate Isaak, científica de proyecto de CHEOPS.

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Cheops entrando a la cámara acústica. | Foto: ESA-C. Carreau

Otras misiones sin fecha: transporte de ‘turistas espaciales’

La apuesta espacial más fuerte de 2018 es la de la empresa SpaceX, que planea llevar este año dos turistas a un viaje alrededor de la Luna. En abril realizará una misión robótica no tripulada hasta la Estación Espacial y en agosto la primera misión tripulada. En esta carrera entre empresas privadas  también está Boeing, con un vuelo tripulado previsto para noviembre. Ambas compañías tienen un contrato firmado con la Nasa.

Por su parte, el dueño de Virgin Galactic, Richard Branson, ha confirmado sus planes de enviar pasajeros al espacio en 2018 con su nave SpaceShipTwo. Ya son 500 clientes potenciales los que han reservado un lugar en uno de sus viajes a un coste de 250.000 dólares estadounidenses cada uno. Branson también ha invitado al profesor Stephen Hawking a ir al espacio a bordo de un vuelo de Virgin Galactic. El físico y cosmólogo, de 75 años, ha aceptado.

Asimismo, Blue Origin, la empresa de vuelos espaciales privados del multimillonario Jeff Bezos, prevé llevar a cabo su primer viaje tripulado en 2018 con su nave New Shepard. Bezos, fundador de Amazon, espera construir seis vehículos New Shepard, diseñados para volar de forma autónoma con seis pasajeros a más de 100 kilómetros por encima de la Tierra.

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