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Clima Ficción: La literatura del Antropoceno

Beatriz García

Rascacielos sumergidos, huracanes azotando ciudades, plagas y extinciones masivas, mutaciones genéticas y bandadas de aves que queriendo llegar a África aterrizan en nuestros balcones. Niebla tóxica. Marte como el próximo planeta que convertir en vertedero…  Desde los años setenta, la ciencia ficción ha sido el agorero oráculo de los desastres ecológicos del planeta. Así surgió la novela de clima ficción o ‘cli-fi’, un género centrado en el cambio climático y sus efectos futuros que se ha popularizado en los últimos años y apunta a ser la literatura del Antropoceno. A saber: la era en la que el hombre ha pasado de inquilino del planeta a su verdugo.

No todo es esperar al Apocalipsis. Incluso en la más oscura de las distopías ambientales hay una oportunidad para el cambio a una nueva y urgente conciencia ecológica. Así lo creen escritores del género como Kim Stanley Robinson, quien en numerosas entrevistas ha defendido el poder de la ciencia ficción no sólo para desarrollar futuros posibles, sino como crítica metáfora de un presente que nos negamos a ver llevando la mirada a las estrellas. En una de sus obras más premiadas,  la Trilogía marciana (1992-1996), de la que este año se estrena adaptación televisiva, narra la colonización durante 35 años del planeta rojo por parte de un grupo de humanos, los Primeros Cien, y las disputas entre quienes quieren modificar las condiciones de vida en Marte para que se parezca a la Tierra –calentamiento global incluido- y quienes luchan para protegerlo. La ilusión de pretender reparar los problemas del mundo explorando el espacio es un tema que orbita en esta trilogía y en otras novelas, como ‘2312’ (2013) y ‘Aurora’ (2015), donde pasajeros de una nave que viaja a otro sistema solar llevan la devastación con ellos.

Trilogia-Marciana-Robinson

Las novelas de clima ficción crean puentes entre la ciencia y la cultura, exploran nuevas soluciones e inspiran a la acción

Considerado un novelista político, Robinson, que visitará Barcelona a finales de marzo para participar en Kosmopolis’17, aborda también cuestiones relativas al poder de las corporaciones, la necesidad de una ética social y la amenaza del capitalismo neoliberal. Coincidencia o no, su último libro, ‘New York 2040’, llega a las librerías norteamericanas este marzo, tres meses después de que el ahora presidente Trump convirtiera el cambio climático en leyenda urbana y a Estados Unidos en la protagonista de otra terrorífica anti-utopía.

En 'cuchillo de agua' el sur de Estados Unidos se convierte en el desértico escenario de una guerra por el agua.
En ‘cuchillo de agua’ el sur de Estados Unidos se convierte en el desértico escenario de una guerra por el agua.

La fuerza de la narrativa de clima ficción no reside sólo en sus aspectos críticos, sino que además crea puentes entre la ciencia y la cultura, acercándonos a complejas teorías científicas a la vez que explora posibles soluciones e inspira a la acción comunitaria, como asegura la bióloga y escritora Barbara Kingsolve, autora de la novela ‘Conducta Migratoria’ (2014). Prueba de ello es que en años recientes se ha empezado a introducir este tipo de literatura en las escuelas; aunque haya voces críticas que acusen al género de despojar de realismo y gravedad el problema del calentamiento global.

La autores de cli-fi emplean datos científicos para recrear un futuro que es suma de presentes y acciones humanas

“Las personas necesitan estas historias porque la oscuridad con voces en su interior es mejor que un vacío silencioso”, escribía Margaret Atwood en ‘MaddAddam’ (2013), novela que forma parte de una trilogía junto a ‘El año del diluvio’ (2009) y ‘Oryx y Crake’ (2003),  y en la que describe un futuro post-apocalíptico gobernado por grandes corporaciones donde la modificación genética es algo común. Fue la escritora y activista canadiense quien en 2012 popularizó en Twitter el término ‘clima ficción’, que había inventado unos años antes el activista Dan Bloom.

Los autores de cli-fi no profetizan, o al menos no al estilo de Nostradamus; emplean datos científicos para dibujar un futuro que es suma de presentes, acciones humanas y avances que hoy en día parecen tan de ciencia ficción como las novelas donde figuran. En sus libros encontraremos niños que nacen sin necesidad de vientre materno, máquinas que controlan el clima, ascensores que levitan, ciudades sumergidas y barrios de ricos en Marte, pero, sobre todo, una advertencia para quien esté dispuesto a leerlos. Nosotros te recomendamos tres:

Libros-Climate-Fiction-Cli-Fi

1. La sequía (1965)

Una de las novelas más extrañas e inspiradas de J.G Ballard que presenta un mundo donde ya no llueve a causa de la contaminación y se producen grandes migraciones de gente en busca de agua. ‘La sequía’ conforma junto a ‘El viento de la nada’, ‘El mundo sumergido’ y ‘El mundo de cristal’ una casi tetralogía que aborda catástrofes relacionadas con los cuatro elementos.

2. Solar (2010)

Si escribir comedia es difícil, lograr un carcajada con un tema tan crudo como el cambio climático es una proeza literaria. Y el novelista británico Ian McEwan lo consigue narrando las vicisitudes de un Nobel de la Física cínico, mujeriego y bebedor, que cree haber descubierto la solución al calentamiento global.

 3. Cuchillo de agua (2016)

¿Qué ocurriría si el río Colorado se secase? El escritor Paolo Bacigalupi, que ya había despuntado con la publicación de otra novela de clima ficción, La chica mecánica, dibuja un futuro no muy lejano donde los cárteles buscan acuíferos y el sur de los Estados Unidos se convierte en el desértico escenario de una guerra por el agua.

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El recuerdo eufórico y arrepentido de un periodista adicto al crack

Jorge Raya Pons

Foto: Reuters

David Carr vivió una larga cuesta abajo disparado y sin frenos cuando descubrió los senderos de la droga, que le transformaron en un hombre terrible. Muchos años después, siendo un periodista exitoso y reverenciado en The New York Times, quiso explorar aquella sala oscura que era su pasado y abordarla en un libro que se llamaría La noche de la pistola, editado ahora en España por esa caja de sorpresas que es Libros del K.O. Carr viajó a los lugares donde vivió, entrevistó a docenas de personas que conocieron al antiguo yo y le quitó el polvo a un buen puñado de documentos archivados que incluían fichas policiales y sentencias.

No es sencillo encontrar personas tan esforzadas por alcanzar un grado tan elevado de autoconsciencia. David Carr era –fue– un maltratador –golpeó a dos de sus exparejas– y un yonqui, un periodista extraordinario y un padre entregado. Tendemos a imaginar que hay todo un mundo entre los polos, y sin embargo está a un tiro de coca de distancia. En este libro, Carr rescata un puñado generoso de experiencias especialmente repugnantes. Como el día en que olvidó a sus hijas en el coche cuando hizo una visita nocturna a su camello, con quien pasó la noche entera. Cuando salió de la casa, las niñas continuaban allí, en sus sillitas, vestidas con sus monos de invierno.

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David Carr, junto a sus hijas, Erin y Meagan. | Fuente: Archivo de David Carr

En otro momento, el periodista cuenta la historia emotiva, reveladora y profundamente trágica de su amigo Dave, a quien conoció en desintoxicación y de quien escribe que “tenía hijos” y le enseñó “muchas cosas, no solo sobre ser padre, sino sobre ser un hombre de verdad”. Dave fue una mano tendida en su rehabilitación: cuidó de él, cuidó de las niñas, se aseguró de que asistiera a cada una de las reuniones. Los años pasaron, Carr logró recuperarse, y ambos tomaron distancia.

Algunos años después, Carr visitó a Dave; un amigo común le avisó de que era momento de hacerlo. Dave estaba en su cama, hinchado y sin fuerzas y terriblemente enfermo. Hablaron de las niñas, de deporte, y prometieron volver a verse otro día. Carr se despidió, y supo en ese momento que no volverían a verse. Así que le dijo: “Te debo todo lo que tengo en el mundo. Has hecho mucho. Ahora puedes descansar”. Y se marchó.

Es posible que David Carr carezca del virtuosismo literario de Burroughs y de tantos otros que exploraron la mística y la ruina de la adicción a las drogas. Pero tampoco importa: Carr lo hace con una honestidad brutal, abriéndose en dos y exponiéndose sin reparos. Y aunque a menudo cae en la bravuconería y en un punto nada lejano a la autocomplacencia, el libro deja a las claras que su vocación principal es la expiación de sus pecados. Una confesión larga y documentada ante Dios y ante sus lectores.

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La noche de la pistola, de David Carr (Libros del K.O.) | Foto: The Objective

Carr, que tantos méritos hizo para morir en una sobredosis, o en una pelea entre colgados, o en un accidente de tráfico, que sobrevivió a un cáncer particularmente agresivo y que recayó en el alcoholismo, murió muchos años después, en 2015, tras desplomarse por un infarto frente a su mesa en el Times. Tenía 58 años.

Carr escribió un libro valiente. Detrás de sus gemelas, que crecieron felices y fueron a la universidad –he obviado que crecieron entre jeringuillas; su madre también era yonqui–, su gran legado es este libro que sirve como advertencia: hay épica y diversión con las drogas, pero solo antes de crear descontrol y una probabilidad muy alta de destrucción. Su amigo Ike se lo dijo en otras palabras: “¿Vas a ser leal a un jodido concepto como el de ser artista? ¿O vas a ser leal a unos seres humanos de los que eres responsable?”. Y Carr, casi en los últimos párrafos, escribe: “Siempre te dicen que tienes que curarte por tu bien, pero lo único que me permitió dejar de hacer el imbécil fue recordar que otras personas dependían de mí”. Este libro es la declaración de amor a sus hijas.

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7 imágenes de la NASA que muestran que el cambio climático es real

Redacción TO

Foto: NASA

La NASA ha lanzado una emocionante serie fotográfica que documenta el estado en el que se encuentra el planeta actualmente. La serie ‘Imágenes del Cambio‘ muestra los efectos del cambio climático, la urbanización, el daño causado por los incendios, las inundaciones y otros peligros naturales. Recopilamos las fotos más impactantes que muestran cómo la mano del hombre es la responsable de los principales cambios del planeta.

Derretimiento Glaciar de Imja, Himalaya

El lago Imja amenaza con inundar las comunidades cercanas debido a su presa natural inestable con motivo del derretimiento del glaciar Imja. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo ha emprendido un proyecto para reducir el nivel del lago y el potencial de inundación.

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Izquerda: imagen del lago Imja realiza en el otoño de 1956; a la derecha: el lago el 18 de octubre de 2007. | Foto: NASA

Incendio en un bosque boreal en la península de Kamchatka, Rusia

Un enorme incendio en la península de Kamchatka en el extremo oriental de Rusia ha consumido cerca de 600.000 hectáreas de bosque boreal desde finales de mayo de 2016. El humo se ve de color azul claro y el área grande, la marrón, es la cicatriz de la quemadura. El Siberian Times atribuyó el incendio de Kamchatka a un invierno inusualmente cálido y seco.

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A la izquierda, una imagen del bosque el 18 de julio de 2015, antes de los incendios; a la derecha se muestra una fotografía tomada el 10 de junio de 2016, tras los incendios. | Foto: NASA

El hielo marino del Ártico cae a mínimos históricos

El área del Océano Ártico cubierta de hielo aumenta durante el invierno y disminuye durante el verano, alcanzando normalmente el punto más bajo del año en septiembre. En 2012 se estableció un mínimo récord desde 1979, cuando comenzaron las primeras mediciones fiables por satélite. Estas imágenes comparan el mínimo de 1984, que fue aproximadamente igual al promedio mínimo de 1979-2000, con el de 2012, cuando el mínimo fue de aproximadamente la mitad. “A la velocidad que estamos observando este descenso”, señala el científico Joey Comiso de la NASA, “es muy probable que el hielo marino del verano del Ártico desaparezca por completo en este siglo”.

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Izquierda: fotografía capturada en 1982; derecha: imagen tomada en 2012. | Foto: NASA

Nieve en el desierto del Sahara

Las imágenes muestran una nevada en el desierto del Sahara, en el noreste de África, a mediados de diciembre de 2016. El satélite Enhanced Thematic Mapper Plus (ETM +) capturó la imagen de la izquierda donde se puede ver un paisaje de la ciudad argelina Ain Sefra, conocida como la puerta de entrada al desierto. Toda la nieve desapareció excepto en las elevaciones más altas, como muestra la imagen de la derecha. La última nevada en Ain Sefra tuvo lugar en febrero de 1979.

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Imágenes del desierto del Sahara tras una nevada el 19 de diciembre de 2016 y el 27 de diciembre de 2016. | Foto: NASA

Avalancha de hielo en el Tíbet

El colapso de una lengua de glaciar el 17 de julio de 2016, provocó una enorme corriente de hielo y rocas que cayeron por un estrecho valle en la Cordillera de Aru de Tíbet. Nueve personas en el remoto pueblo de Dungru fallecieron junto a sus rebaños de 350 ovejas y 110 yaks. La avalancha de hielo, una de las más grandes jamás registradas, dejó escombros de hasta 30 metros de espesor en 10 kilómetros cuadrados.

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Izquierda: imagen tomada el 24 de junio 2016 antes de la avalancha; derecha: fotografía tomada el 17 de julio de 2016 tras la avalancha de hielo. | Foto: NASA

Impacto de la mineria

El paisaje de la provincia de Mangystau, en Kazajstán, cerca del mar Caspio, ha cambiado desde que los depósitos de petróleo y gas en la región comenzaron a ser explotados a principios de los años noventa. La imagen de 2011 muestra instalaciones de producción en el desierto con asentamientos construidos alrededor de ellos. El aumento de la producción de combustibles fósiles en esta área ha suscitado preocupaciones sobre la calidad y la disponibilidad de agua dulce necesaria para el desarrollo rural y la salud pública.

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Imágenes antes y después de la construcción de los depósitos de petróleo y gas. Imágenes tomadas el 6 de agosto de 1987 (izquierda) y el 23 de julio de 2011 (derecha). | Foto: NASA

Islas artificiales, Emiratos Árabes Unidos

La ciudad de Dubai está situada a lo largo del Golfo Pérsico en los Emiratos Árabes Unidos. En 2001, se comenzaron a crear archipiélagos artificiales a lo largo de la costa de Dubai. Los resultados son visibles en la imagen de 2012.

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Islas Artificiales, Emiratos Árabes. 27 de noviembre de 2001 – 12 de noviembre de 2012. | Foto: NASA

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Charles Bukowski entre mujeres

Romhy Cubas

Foto: Terraignota Ediciones
Terraignota Ediciones

“Las mujeres del pasado siguen llamándome
Ayer mismo llegó otra de afuera del estado
Quería verme
Le dije “no”
No las quiero ver
No las veré
Sería incómodo, terrible e inútil
Sé de gente que puede ver la misma película más de una vez
Yo no” (…)

Del poema Novias de Charles Bukowski

Antes de ser Charles fue Heinrich Karl Bukowski, nacido en Alemania un 16 de agosto de 1920. La crisis económica en el país europeo tras la Primera Guerra Mundial llevaría a su familia emigrante hacia América, y para que se acoplara al ritmo estadounidense los padres de Heinrich comenzaron a llamarlo Henry. El resto es historia, el mito de Bukowski y sus irreverencias poéticas en la ciudad de Los Ángeles.

A su alrededor: su trabajo, relaciones, carácter y hasta su predilección por la bebida conspiraron para formar esa leyenda de poeta veterano e indolente. No fue hasta los 40 años que sus versos obtuvieron reconocimiento, y aunque hizo el intento de estudiar periodismo y arte su principal profesión y sustento monetario durante más de una década residieron en la oficina de correos de la ciudad de Los Ángeles. Como una especie de agente encubierto Bukowski era cartero de día y poeta de noche.

No obstante, una vez su editor y publicista John Martin le prometió 100$ mensuales por el resto de su vida para que se dedicara a escribir y dejara el oficio diurno de las cartas a los profesionales, la carrera de Bukowski se aferró a su prosa sentimental e irreverente, toda ella contradicciones, para presentarse como uno de los grandes poetas del siglo XX, sin mencionar que se le ha asociado a la Generación de los Poetas Beat y de los escritores “malditos”. Pero la voz de Bukowski realmente nunca vino acompañada de grupos viscerales, él siempre fue un solitario.

Aunque en su marca personal no podía faltar el tabaco y la botella de whisky, las groserías y esa imagen desaliñada de viejo indecente, como su alter ego Henry Chinaski, hay varios mitos sobre Bukowski además de su ineludible talento como escritor que se tambalean entre la ficción y la realidad.

A menudo tildado de borracho y misógino, no hay que buscar demasiado para encontrar archivos y fotografías de ese Bukowski alcoholizado por el cual suenan las campanas. Tampoco hay que leer demasiado entre líneas para encontrar entre sus poemas y relatos de “amor” una prosa peyorativa y contradictoria hacia las mujeres como objeto-sujeto. Su relación con estas fue igual de contradictoria, por un lado se podría decir que Bukowski respetaba y amaba a las mujeres, sus más allegados así lo respaldaban, y sin embargo, trabajos como La Máquina de Follar, Se busca Mujer o tal vez el más evidente Mujeres, exponen versos en donde es fácil cruzar la línea entre la sinceridad y la desfachatez, la irreverencia y la misoginia.

Está el detalle que expone el mismo Bukowski cuando se burla de sí mismo en sus textos, o cuando crea una imagen comercial que su ex novias y su publicista John Martin suavizan, pero fueron precisamente esos detalles, mitos o no, los que hicieron a Bukowski “el escritor”, el mujeriego, el poeta no tan romántico, el cartero más famoso de Los Ángeles.

“Hay en mí algo descontrolado, pienso demasiado en el sexo. Cuando veo a una mujer la imagino siempre en la cama conmigo. Es una manera interesante de matar el tiempo en los aeropuertos.” Charles B en Mujeres.

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Jane Cooney Baker y Charles Bukowski | Imagen vía: Alternative Reel

La prostituta de 300 kilos

Bukowski a menudo se refería a su iniciación en el plano sexual con una anécdota que reiteró en numerosas ocasiones y sazonó en sus historias. De entrada el escritor adopta una actitud usual en sus poemas y relatos y recuerda cómo con 24 años de edad conoció en un bar a “la primera mujer” que gustó de él.

La narración está grabada en video y Bukowski, Whisky en mano, recuerda a la “prostituta de 300 kilos” que al igual que él buscaba compañía aquella noche. La pareja subió al hotel y a la mañana siguiente, al no encontrar su billetera, el escritor echó a la mujer de la habitación creyendo que esta era la responsable de su desaparición. La billetera apareció minutos después al lado de su cama, y en vano Bukowski persiguió arrepentido y con resaca a la mujer con la cual perdió su virginidad en un motel de Los Ángeles.

Jane Cooney Baker

Fue su mayor musa y tal vez su romance más definitivo. Sus relatos y poemas están repletos de versiones de esta mujer diez años mayor que él a quien conoció –de nuevo- en un bar de Los Ángeles. Entre botellas y humo de cigarrillos se sucedió esta relación tumultuosa y reveladora. Esa misma adicción por el alcohol llevó a Jane a su muerte en 1962.

El escritor luego reconocería que de todas sus compañeras Jane sería la única por la cual regresaría.

“…hace 28 años / que estás muerta / y sin embargo te recuerdo / mejor que a cualquiera de las otras / vaya un trago / por tus huesos / con los que este viejo perro sueña / todavía”.

Linda King

A esta poeta y escultora la conoció porque la primera esculpía rostros de poetas famosos, y cuando oyó que uno de los mejores prosistas de Los Ángeles estaba en la ciudad solicitó tallarlo.

Su relación se prolongó intermitentemente por cinco años a principios de los 70. Volátil, agresiva y turbulenta fue de una de sus relaciones más inestables y temperamentales; sin embargo, llama la atención que en entrevistas posteriores al referirse a Bukowski Linda King rara vez es despectiva o insiste en los momentos violentos, más bien hace énfasis en la particular personalidad del escritor, en sus inseguridades y manías.

“Siempre pensé que le faltaba confianza en sí mismo. Si hubiera sido un hombre físicamente bien parecido y hubiera tenido éxito con las mujeres, creo que nunca hubiera pensado en aquello”, recuerda King en una entrevista para Vice.

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Linda Lee Bukowski y Charles Bukowski | Imagen vía: Taringa

Linda Lee Beighle

Fue la segunda esposa de Bukowski, la primera fue Bárbara Bukowski, quien murió bajo misteriosas circunstancias en un viaje a la India. A Linda la conoció en un puesto de comida, con ella compró una casa en San Pedro y fue esta quien estuvo a su lado en el hospital cuando el escritor murió de leucemia el 9 de marzo 1994.

Como la mayoría de sus compañeras, Lee recalca la timidez y falta de confianza de Bukowski, sus habilidades sociales, o más bien la falta de ésta, y su preferencia por la máquina de escribir ante la posibilidad de tener que entablar conversaciones con otras personas.

“Jamás hablaba de su trabajo, pensaba que le traería mala suerte”, explica Lee. “A veces escribía poemas en plena noche. Bebía un vaso y me lo leía. Pero esto pasaba sólo una vez al año. Por lo general no mostraba sus trabajos a nadie, los enviaba todos directamente a su editor”.

Ellas no fueron las únicas mujeres en la vida del poeta, hubo novias, amigas, amantes y romances de una noche. La mayoría de estas relaciones llegaron con la mediana edad y su alza como escritor. Todas ejercieron un papel básico en su manera de escribir y de relatar el “amor”. De todos los mitos sobre Bukowski tal vez el más claro está en sus contradicciones, ya que su imagen de bebedor empedernido fluctuaba con sus testimonios, y el de su misoginia con la voluntad de conversar de aquellas mujeres.

“Mujeres: me gustaban los colores de sus ropas, su manera de andar, la crueldad de algunos rostros, de vez en cuando la belleza casi pura de una cara, total y encantadoramente femenina. Estaban por encima de nosotros, planeaban mejor y se organizaban mejor. Mientras los hombres veían el fútbol o bebían cerveza o jugaban a los bolos, ellas, las mujeres, pensaban en nosotros, concentrándose, estudiando, decidiendo, si aceptarnos, descartarnos, cambiarnos, matarnos o simplemente abandonarnos. Al final no importaba, hicieran lo que hicieran, acabábamos locos y solos”.
Del libro Mujeres de Charles Bukowski

Es ineludible que como personaje literario, estereotipado o no, fue y sigue siendo referencial. A su muerte dejó una obra compuesta por más de 1.000 poemas, cinco novelas y seis libros de relatos. Ahora, en cuanto al mito, la manera más sensata de aclararlo está en sus propias ficciones, que han demostrado después de todo ser la adicción más sana y fiel de Bukowski, el “viejo indecente”.

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Lo que representó el muro de Berlín para la literatura de posguerra

Romhy Cubas

Hace 56 años, específicamente la mañana de un domingo 13 de agosto de 1961, Alemania amaneció separada con una alambrada de 155 kilómetros entre dos cielos berlineses ubicados en la misma geografía pero bajo distintas ideologías. En la frontera del sector soviético hacia Berlín Oeste aquellas “barreras temporales” se mantendrían durante 28 años aislando a su capital.

La noche anterior a la construcción el consejo de Ministros de la RDA –República Democrática de Alemania- habría anunciado el objetivo de tal instalación: “poner fin a las actividades hostiles de revanchismo y militarismo de Alemania Occidental y Berlín Oriental”. Eventualmente los rollos de alambres y púas fueron reemplazados por paneles de hormigón y cemento. Las calles, plazas y casas quedaron divididas entre dos horizontes. A pesar de que la Segunda Guerra Mundial había terminado y con ella la Alemania nazi, en Europa la victoria todavía era amarga.

Durante la guerra se sobreviviría –con suerte- a base de fe y migajas. De los testigos, además de viejas fotografías, resistieron diarios y cartas escritas a la sombra de refugios antibombas y campos de concentración. Dedicarse a leer era un acto revolucionario, como el ejército con el que soñaba Hitler, si algo se aprendió de la Acción contra el espíritu anti-alemán el 10 de mayo de 1933 con la quema voluntaria de miles de libros es que la literatura no era comunal, mucho menos necesaria. Sin embargo, por terquedad o simple naturaleza se sobrevivió, se escribió y se leyó, y de aquella rutina surgió todo un nuevo género literario de posguerra en el cual los narradores del este y del oeste se afincaron para relatar sus inquietudes. Aunque con un espíritu menos festivo que el de la Generación Perdida en París, su ímpetu para cuestionar y debatir ante la sociedad y el Estado se mantuvo.

El Grupo 47 construyó con los escombros de la guerra una carrera literaria de la cual emergería plumas como las de Günther Grass, Heinrich Böll, Thomas Hettche, Julia Franck, Judith Hermann e Igno Schulze.

“Dedicarse a leer era un acto revolucionario.”

Lo que representó el muro de Berlín para la literatura de Posguerra
Diario de Ana Frank escrito entre 1941 y 1944 | Imagen vía: AFF Basel/AFS Amsterdam

Antecedentes: Entre diarios y manuscritos escondidos

Durante la Alemania nazi, de los refugios y campos de concentración no solo emergieron sobrevivientes, sino que se forjaron un puñado de escritores que nunca llegó a saber el destino de su fama.

Ana Frank: luego de que Alemania invadiera Polonia Ana Frank huiría a los 13 años con su familia de ascendencia judía hacia los países bajos. Durante dos años se escondería junto a otras 7 personas en La casa de atrás, refugio ubicado en el canal Prinsengracht n° 263 en Ámsterdam. Además de entender el poder de la intolerancia, por esas fechas Ana Frank también recibió de regalo de cumpleaños un cuaderno empastado con una pequeña cerradura en el frente. Sus páginas se convertirían en el diario más versionado del futuro. Historias, frases de sus autores favoritos y apuntes de aquella rutina forzada salieron a la luz con el peso de la guerra en los ojos de una adolescente de 13 años. Antes de ser llevada a los campos de concentración, en 1944, Ana reescribía su diario para convertirlo en un libro que no pudo terminar. Aunque nunca lo supo, la guerra la convirtió en una reconocida y precoz escritora.

Irène Némirovsky: esta novelista de origen ucraniano pasó gran parte de su vida huyendo, primero de la Revolución rusa, luego de la leyes antisemitas que le impidieron trabajar y divulgar sus novelas en Francia; sin embargo, ya antes de la guerra había logrado establecerse con una decena de escritos publicados en francés. En 1942 es arrestada e internada en el campo de Pithiviers, para luego ser deportada a Auschwitz en donde murió de tifus el 17 de agosto del mismo año. De sus pertenencias sobrevivieron dos manuscritos inéditos que le dieron nombre a una de las grandes crónicas sobre el éxodo durante la guerra y la ocupación alemana en Francia. Suite francesa, publicada de manera póstuma en el 2004, es una crónica incisiva del ejercicio de las relaciones humanas asediadas bajo fuego en el frente.

Milena Jesenská: su nombre estuvo particularmente ligado al del escritor Franz Kafka, con quien comienza una larga correspondencia luego de leer algunos de sus cuentos y pedirle autorización para traducirlos al checo. Pero Jesenská fue mucho más que la “amiga de Kafka”, como se titula el libro de Buber Neumann dedicado a sus experiencias en los campos de concentración. Corresponsal y periodista para diversos semanarios y periódicos políticos en Viena, sus trabajos lograron captar una valiosa mirada femenina en el periodismo checoslovaco de preguerra antes de su muerte en el campo de Ravensbrück, Alemania.

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Muro de Berlín en 1961. | Imagen vía: Wikicommons

Literatura de posguerra

La reflexión sobre el pasado, sobre la responsabilidad individual y colectiva de una nación y la insatisfacción ante una sociedad distante y angustiosamente absurda fueron algunos de los puntos claves para la creación de esta literatura de posguerra que buscó recuperar de entre los escombros el sentido común de la humanidad. Los jóvenes que vivían entre el trauma del nazismo y la derrota bélica, en una crisis de identidad que le daba un nuevo formato a su compromiso político y social, lograron frustrar en el papel su propia e utópica reunificación.

Relataba el escritor español Fernando Aramburu para El Cultural en el 2014: “La caída del muro desató una especie de movida literaria en Alemania. Sobre todo los jóvenes escritores de la antigua RDA estaban deseosos de ejercitarse en la recién estrenada libertad, tenían un sinfín de historias que contar, podían despacharse a su antojo, sin cortapisas censorias, buscaban una nueva identidad y un público multitudinario esperaba con ansia sus relatos y testimonios. No defraudaron. El cine, el teatro, la arquitectura, se apuntaron de buena gana al nuevo empuje creativo”.

El Grupo 47

También conocidos como la generación “escéptica”, directamente afectada por las acciones del nazismo pero en aquél entonces sin la edad suficiente para tomar acciones concretas ante este, su crítica hacia Alemania residió en recordarle al Estado las consecuencias de lo que consideraban una actitud excesivamente despreocupada hacia el pasado.

El grupo se remonta a 1946 cuando Alfred Andersch y Hans Werner Richter fundaron en Múnich la revista literaria Der Ruf -La llamada-. Con la idea de instruir al público alemán sobre la democracia tras el nazismo, eventualmente les revocaron la licencia y surgieron de nuevo en septiembre de 1947 para crear una nueva revista, Der Skorpion -El escorpión-, la revista tampoco tuvo éxito pero dio paso a la fundación oficial del Grupo 47.

Su espíritu transgresor no residió en el grupo per se, de sus reuniones se observaba lo usual en un grupo joven y letrado: lecturas, manuscritos, críticas y conversaciones. Pero la gran mayoría consiguió aquí el impulso para hacerse un nombre en la renovación de la literatura alemana tras la guerra.

Günther Grass, Premio Nobel de Literatura en 1999, escribiría Es cuento largo como una respuesta ante la caída del Muro de Berlín, Julia Franck relataría en Zona de tránsito su experiencia al cruzar Berlín Occidental a los 8 años con su madre y sus hermanas. Heinrich Böll comenzaría su carrera en los años 50 con pequeñas narraciones sobre la insensatez de la guerra y del heroísmo nazi, entre sus obras destacan Y no dijo ni una palabra, Opiniones de un payaso y Retrato de un grupo con señora; en 1972 recibió el Premio Nobel de Literatura por haber contribuido a la renovación de la literatura alemana. Paul Celan, de raíces judías y nacido en Rumania, fue recluido en un campo de trabajo de Moldavia y gracias a sus experiencias produce una obra poética de unos 800 poemas que se afincan en la paradoja de expresar el sufrimiento de los judíos en alemán.

Ilse Aichinger, Alfred Andersch, Ingeborg Bachmann, Günther Eich, Hans Magnus Enzensberger y Erich Fried son otros de los nombres destacados que se han ido sumando a este grupo.

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Muro de Berlín en 1961. | Imagen vía: Wikicommons

El Muro de Berlín se comenzó a construir un 13 de agosto de 1961 y pronto se convirtió en una pared de hormigón de 3,6 metros de altura, con un interior de cables de acero y una “franja de la muerte” impuesta como una especie de foso colectivo. Entre 1961 y 1989 más de 100.000 personas trataron de cruzar el muro, entre 5.000 y 10.000 lo lograron y más de 200 murieron en el intento.

Hoy Berlín es ícono de escritores y artistas. Ciudad multicultural, bohemia y política en donde hace 56 años se levantaba un muro que, en un acto de equilibrio, también erigió un archivo inmenso de narrativa testimonial y literaria única.

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