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Comienza la temporada del Zurracapote riojano

Rodrigo Isasi Arce

Foto: Regis Duvignau
Reuters/File

La llegada de la Semana Santa marca el inicio del consumo de una de las bebidas más típicas de estas fechas en La Rioja, el Zurracapote, que también se elabora en zonas próximas a esta región rica en viñedos. Su origen parece encontrarse en la localidad de Calahorra, gracias al impulso que dio a esta bebida la peña calagurritana Peña Philips: “Hasta que el cuerpo aguante”, fundada en 1954. Los integrantes de esta congregación aseguran que son los únicos que tienen a receta original del Zurracapote.

El Zurra, como se le conoce de forma coloquial, consiste en una bebida que tiene como base el vino tinto o claro, al que se le añaden diferentes frutas como naranjas, limones o melocotones, además de azúcar y canela. La mezcla se deja macerar varios días, aunque también es posible cocer la mezcla para acelerar el proceso. Si bien es cierto que es parecida a la sangría, la maceración que transforma el azúcar en alcohol, hace que tenga un sabor más fuerte y una graduación media, en torno a los 12 grados.

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Viñas en la localidad riojana de Sajazarra | Foto: Rodrigo Isasi

En La Rioja y en territorios colindantes, es típico consumir el Zurra desde Semana Santa, pasando por las fiestas de los pueblos en verano y hasta la época de la vendimia, que se realiza a finales de septiembre y comienzos de octubre.

Actualmente, en las fiestas patronales de Calahorra, que se celebran desde el 25 al 31 de agosto, la Peña Philips ofrece cerca de dos mil litros de Zurracapote de forma gratuita a todas las personas que se animen a pasar por su sede. Asimismo, es también posible participar en un concurso para elegir el mejor Zurracapote de las fiestas y en otro de bebedores de porrón.

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Uvas en una parra al final de la temporada de vendimia | Foto: Rodrigo Isasi

Pese a que cada familia lo elabora introduciendo algunas variantes en la receta, en la mía siempre se ha realizado de la siguiente manera:

Ingredientes: 16 litros de vino (tinto o claro), 2 kilogramos de naranjas, 1 Kg. de limones, 8 palos de canela y 4 Kg. de azúcar.

  • Cortar cada naranja y cada limón en cuatro trozos.
  • Mezclar todo en un recipiente grande.
  • Dejar macerar la mezcla durante una semana, dándole vueltas de vez en cuando.
  • Exprimir los limones y naranjas utilizadas, colar la mezcla y embotellar o beber directamente  del recipiente.

Es imprescindible refrigerar la bebida antes de consumirla.

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Elaboración de Zurracapote | Foto: Rodrigo Isasi

En caso de que su sabor te resulte muy fuerte, o los bebedores sean demasiado jóvenes, siempre es posible añadir agua a la mezcla para rebajarla.

Durante las fiestas de los pueblos en La Rioja, así como algunas zonas limítrofes del País Vasco y de Castilla y León, es habitual ver a las cuadrillas disfrutar de un trago de Zurra, y es que en origen, era una bebida propia de las cuadrillas, para tomar en sus bodegas o locales con motivo de las meriendas o reuniones que allí se hacían. Ahora es también posible encontrarla en algunos bares o supermercados.

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7 cervezas belgas imprescindibles

Rodrigo Isasi Arce

Foto: FRANCOIS LENOIR
Reuters/File

En 2016 se consumieron 184.834 millones de litros de cerveza en el mundo, según estima el Registro Internacional de Vinos y Espirituosos (IWSR). Bebida ya conocida por los romanos y cuyo origen parece incierto, es sin duda uno de los brebajes más típicos de Bélgica, uno de los países con mayor tradición cervecera del mundo que produce miles de tipos distintos de esta bebida.

El 21 de julio, día nacional de este país europeo, miles de personas salen a la calle para brindar con una copa de cerveza. Quizá elegir tan solo 7 cervezas belgas sea un poco osado, pero para ello contamos con las recomendaciones de cuatro grandes referentes en el amplio sector del ‘zumo de cebada’: LabirratoriumLa Maison Belge, La Casa de la Cerveza y Cafeeke

Las cervezas belgas se dividen, en una clasificación amplia, en cuatro grandes grupos:

  • Lager/Pilsen: el 80% de las cervezas que se fabrican en el mundo son de fermentación a baja temperatura y durante poco tiempo.
  • ALE: el 20 % restante son de fermentación alta y durante mucho tiempo (a veces varios meses) y se las conoce también como cervezas especiales.
  • Trapenses: son cervezas fabricadas dentro de conventos, por los mismos monjes y con la misma receta que iniciaron hace varios siglos. Deben acatar reglas muy estrictas, entre otras la de destinar todos los beneficios a obras sociales. En Bélgica hay solo 7 cervezas trappist en la actualidad. Deben recibir una certificación para poder tener la denominación de origen.
  • Abadía: algunos conventos han acabado aceptando que fábricas de cervezas se instalen en sus espacios para elaborar y comercializar su cerveza. Mantienen las mismas recetas ancestrales de los monjes pero al ser empresas mercantiles han perdido la certificación de trapense y en la actualidad se las conoce como cervezas de abadía.

Rochefort Trappistes 10

Desde Labirratorium nos proponen esta clásica cerveza trapense de color marrón oscuro, con buena espuma y cuerpo denso y considerada una de las mejores del mundo. Tiene 11,3% de alcohol y aromas intensos dulces, a frutas tipo pasas o ciruelas, madera o vino.”Es una delicia, para tomar despacito y saboreándola”, nos aseguran. “También es perfecta para añejar unos años“, ya que estos estilos, si se conservan en lugares frescos y oscuros ganan con el tiempo, como los vinos. Es una excelente cerveza relación calidad-precio, ya que por 3,85 euros se puede adquirir una botella en Labirratorium.

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Las tres variedades de cerveza Rochefort que se fabrican | Foto: Adam Barhan / Flickr

Tripel Karmeliet

Un clásico entre los clásicos, pero no por ello menos especial, se trata de una ALE. La Tripel Karmeliet se caracteriza por ser la única en el mundo que está hecha con tres cereales -trigo, avena y cebada-, es de alta fermentación y tiene 8,4% de alcohol. “Perfectamente equilibrada en boca, destaca por su delicadeza”, comentan desde La Casa de la Cerveza. Su precio aproximado es de 2,75 euros la botella.

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La Tripel Karmeliet es única | Foto: Sam DeLong / Flickr

Chouffe

Hay varios tipos de esta cerveza, pero bajo el punto de vista de La Casa de la Cerveza, la más llamativa es la blond (rubia) ya que se puede tomar tanto de aperitivo, como de postre y “si se toma con chocolate realza el sabor a violetas”. “Es toda una experiencia”. La Chouffe es de alta fermentación y su contenido en alcohol es de 8%. “Nuestros clientes le han puesto el sobrenombre de la cerveza del enanito, por su característico logotipo”, comentan desde La Maison Belge. “Una rubia sabrosa, no muy fuerte y refrescante”. Su precio ronda los 2,60 euros.

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El característico logotipo del enanito | Foto: Marco Zanferrari / Flickr

Kwak

Su nombre hace honor a su creador Pawel Kwak, creador de la cerveza en 1791. Su característica principal es el vaso en el que se toma, en forma de probeta, que se creó para poder ir bebiendo mientras se conducía la carreta. Es una cerveza ámbar tostada rojiza de alta fermentación que tiene 8,4% de alcohol y “es ideal para tomar con carnes a la parrilla, cerdo, embutidos ibéricos, quesos y foie”, aseguran desde La Casa de la Cerveza. Su precio aproximado es de 2,60 euros la botella.

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El típico vaso con forma de probeta de Kwak | Foto: Darren Sweeney / Flickr

St. Bernardus 12

Una muy buena cerveza de abadía oscura, fuerte en sabor y en grado de alcohol, un 10%. Con aromas marcados a levadura, caramelo, tostados y ligeramente a frutos rojos y ciruelas. “Su sabor es alcohólico y dulce”, dicen desde La Maison Belge. El precio de la botella es de 3,05 euros.

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St. Bernardus, una cerveza de abadía con un sabor fuerte | Foto: Bernt Rostad / Flickr

Westvleteren

Considerada por muchos la mejor cerveza belga, es fuerte, con un 10,20% de alcohol y sabor intenso. Adquirir esta cerveza es complicado, y apenas se la ve en el mercado, ya que para conseguirla se debe ir al convento que la fabrica. De los 26 monjes cistercienses que residen en la abadía, cinco llevan las riendas de la fábrica de cerveza, y cinco más ayudan durante el embotellado. La Maison Belge sí ofrece esta exclusiva cerveza a un precio de 12,90 euros la botella.

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La westvleteren no es fácil de conseguir | Foto: Reuben Gray / Flickr

Kasteel

Para finalizar, desde Cafeeke nos proponen una cerveza belga negra. “Combina la calidad sin precedentes del pasado y un sabor decididamente moderno”, nos aseguran. Kasteel es una cerveza marrón y sabrosa, con cuerpo y cremosa, con una graduación alcohólica de 11%. Para su consumo óptimo nos recomiendan servirla a una temperatura de 12º. Es una cerveza con una segunda fermentación en botella y un reposo prolongado en las bodegas del Castillo de Ingelmunster.

“Su aroma a malta tostada nos recuerda el pan recién hecho y frutas en almíbar, sugiriendo que se trata de algo para comer, más que para beber. Los azucares transformados en alcohol, es decir, no fermentados, dan como resultado un sabor dulce, ligeramente caramelizado y confitado, y nos hace pensar en un vino de Oporto”.

La Kasteel Donker es una cerveza para guardar y envejecer, de ahí la costumbre de etiquetar la cerveza con el año de producción, los catadores de cerveza suelen comparar la misma cerveza de diferentes añadas. Acompaña bien al buey asado, quesos fuertes y azules. EL precio de una botella de esta exquisita cerveza ronda los 2,75 euros.

I went with one of my favs: Kasteel Rouge.

  • Labirratorium: calle de Blasco de Garay, 21. Horario: martes a sábado de 11:00 a 14:30 y de 17:00 a 21:00, lunes de 17:00 a 21:00 y domingo cerrado.
  • La Maison Belge: Paseo de Santa María de la Cabeza, 42. Horario: lunes a sábado de 10:00 a 14:00 y de 16:00 y domingo cerrado.
  • La Casa de la Cerveza: calle luchana 15. Horario: lunes a jueves de 17:00 a 01:30, viernes, sábado y domingo de 14:30 a 02:30.
  • Cafeeke: calleCuchilleros, 3. Horario: lunes, miércoles, jueves, viernes, sábado y domingo de 12:00 a 02:00 y martes cerrado.

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Post-turismo, pre-estupidez

Teodoro León Gross

Foto: Costas Baltas
Reuters

Estos días de verano, ya en plena canícula, se está elevando el post-turismo a los altares de las tendencias. Según cuentan, consiste en hacer viajes sin el estrés de cumplir un programa implacable para completar todo-lo-que-hay-que-ver, y por supuesto fotografiarlo, sino viajar para disfrutar de la experiencia, ya sea sentarse en una terraza a probar un vino de la tierra o asistir a un espectáculo. Bien, sí, ¿pero esto es nuevo? Está bien que vaya cundiendo el gusto de viajar no por consumismo sino por placer, pero es algo tan viejo como el mundo. Ya lo predicaba Ibn Battuta. Suele suceder que descubrir nuevas tendencias sólo sea una coartada para inventar nuevas etiquetas.

Más que nunca se percibe la ansiedad por inaugurar ciclos de la historia, con un adanismo algo pueril. Desde los grandes rótulos –de la post-modernidad al post-humanismo de Sloterdijk, del post-capitalismo a la post-democracia formulada por Colin Crouch– hasta las naderías trending, como la moda post-apocalíptica o la música post-metal. La reinvención del capitalismo o la democracia es un fetiche retórico; y sobre la entidad de lo post-humano basta leer a Rosi Braidotti, autora de un ensayo con ese título a partir de “el monismo como ontología política, lo cual implica una visión autoorganizadora, pero sin embargo no naturalista, de la materia viva, porque en nuestro mundo no podemos separar la forma naturaleza de la mediación tecnológica”. Este monismo neospinozista es encantador, por más que la filósofa feminista italoaustraliana es “consciente de la coincidencia esquizoide de diversos efectos sociales diametralmente opuestos”. Después de leerla, quedan dos cosas claras: 1) lo humano sigue vigente; y 2) quizá no en el caso de la autora.

Claro que no sólo se trata de inventar tiempos, sino inventarse como sujetos protagonistas de esos tiempos.  De ahí que sea necesaria también la invención de generaciones. Después de consagrar a los Millennials o Generación Y, sucesores de la Generación X, básicamente quienes tenían menos de 18 ante el nuevo milenio –el milenarismo es propicio para la superchería– ahora se suman los Xennials, para los nacidos entre 1977 y 1983, minigeneración post-analógica pero pre-digital. Apuesten a que no tardarán los post-millennials, pre-generación Z.

Todo este baile de etiquetas no descubre nuevas realidades, claro, sólo nuevas etiquetas. Es la respuesta del marketing a la falta de ideas.Si no hay nada nuevo que decir, al menos que haya nuevos rótulos para tapar el vacío. Se trata de una tómbola inagotable, cuya obra cumbre es la posverdad, como si antes hubiera sido el tiempo de la verdad, último sucedáneo de la mentira. En cualquier caso, preventivamente, la mejor opción ante cada nueva etiqueta post-algo es sospechar que es una pre-estupidez. O sea, simple y llanamente una estupidez.

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7 quesos y vinos para sentirte más cerca de Francia

Rodrigo Isasi Arce

Foto: .
Mantequerías Bravo

El 14 de julio las calles Francia se llenan de gente y de color, la enseña nacional tricolor adorna los balcones, los militares desfilan en los Campos Elíseos de París y los ciudadanos salen a celebrar su fiesta Nacional. En este día se conmemora la toma de la Bastilla en 1789 que marcó el inicio de la Revolución francesa, y el día de unión nacional en el Campo de Marte durante la Fiesta de la Federación en 1790. No hay mejor manera de festejar este acontecimiento que acercándose un poco más a su gastronomía. Desde The Objective te ofrecemos 7 quesos y vinos del país para disfrutar de la Fête nationale por todo lo alto, con recomendaciones de tres referentes gastronómicos madrileños, como son Poncelet, La Boulette y Mantequerías Bravo.

Brie

Desde La Boulette, una de las queserías más completas de Madrid, con más de 300 variedades de queso tanto nacional como internacional, nos llega una propuesta un poco diferente de este queso, un Brie de Meaux Trufado. De una selección de los mejores Brie, este queso de pasta blanda es elaborado de manera artesanal con leche cruda de vaca  y en su interior contiene crema de trufa, que le aporta al queso un sabor potente y atrayente.

El precio aproximado de un kilogramo de este queso es de 27 euros.

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Queso Brie y Champagne Bouché | Foto: Mantequerías Bravo

Mantequerías Bravo, una referencia clásica en España como enoteca, nos propone maridar el Brie con el vino Bouché Père & Fils, de la región de Champagne. Nicholas Bouché elabora con su familia en un pequeño château este champán poco conocido que es un placer descubrir. Bravo oferta un millessime – un tipo de vino de excelente calidad – de una inmejorable añada y con un precio de 35,90 euros la botella. Sólo se puede encontrar en esta tienda de Madrid, o al menos, esos nos comentan.

Bravo ofrece miles de vinos y licores nacionales e internacionales en formatos que abarcan desde las miniaturas hasta las botellas de 27 litros de conocidas bodegas, así como varios productos gastronómicos gourmet.

Roquefort

En diciembre de 2004 se abrió en Madrid la primera tienda Poncelet, un establecimiento especializado en quesos nacionales y europeos, “tradición, modernidad, innovación y vanguardia son nuestras señas de identidad”, asegura la empresa, que nos oferta un clásico de los quesos franceses.

La historia de este gran queso azul se remonta más allá de la Alta Edad Media. Ya conocido por los romanos en el siglo I d.C., ha sido alabado por emperadores, reyes y poetas. En 1411, un fuero real de Carlos VI otorgaba a los habitantes de Roquefort el monopolio de la maduración del queso en las cuevas de Combalou. Dicho fuero sigue en vigor.

7 quesos y vinos franceses para celebrar el 14 de julio
Una fábrica de quesos Roquefort |Foto: Bob Edme / AP Photo File

Producido con leche cruda de oveja, y en tambores de 2,5 kilogramos, el Roquefort casi no posee corteza y se distribuye envuelto en aluminio. La pasta es de color muy blanco, con un entramado de vetas azul verdoso. Su textura es firme y lisa y puede untarse con cierta facilidad. Su aroma es lechoso, a nueces y pasas. Su sabor es salado, complejo, con un regusto ácido.

Un kilogramo de este queso ronda los 40 euros, y combina perfectamente con algún vino blanco muy dulce, como un Sauternes o un Borgoña. Mantequerías Bravo recomienda el vino Climens de la región de Sauternes. Una botella de este vino, de la añada de 2014, puede costar aproximadamente 65 euros, mientras que la de 2005, alcanza los 150 euros.

Époisses

Cuenta la leyenda que este queso de la zona de Borgoña fue creado por monjes cistercienses instalados en el pueblo de Epoisses en el siglo XV, y fue muy popular en el siglo XX hasta la II Guerra Mundial, donde estuvo a punto de desaparecer, cosa que no ocurrió gracias a M.Berthaut, de la localidad de Epoisses, que logró recuperarlo en el año 1956.

Este pequeño queso borgoñón era el favorito de Porthos en los Tres Mosqueteros y también de Napoleón, que lo degustaba con un vino de Chambertin (un viñedo de la región de la Côte de Nuits). Es uno de los candidatos a los 10 quesos más ásperos de Francia.

El precio medio por un kilogramo de este queso es de 50 euros, y combina muy bien con vinos tintos de la región de Borgoña. 

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Cientos de quesos en una fábrica francesa | Foto: Eric Risberg / AP Photo

Comté

El queso de pasta dura más popular de Francia se elabora en los Alpes franceses, con leche de vaca autóctonas de la zona y su peso oscila entre los 35 y los 55 kilogramos. Es del estilo gruyere y se elabora solo en verano, en las montañas. Su producción es de aproximadamente 48.000 toneladas.

Se necesitan unos 530 litros de leche para preparar una sola rueda de Comté de 35 kilogramos, es decir, la producción diaria de 30 vacas. Se elabora en las abruptas montañas y las extensas mesetas del Macizo de Jura, una región que abarca el Jura, los Doubs (ambos incluidos en Franco-Condado) y el Ain (en la región de Ródano-Alpes).

La riqueza y la diversidad de los pastos de la montaña y la marcada diferencia de las estaciones aportan al Comté un sabor único, además de la leche de las dos únicas razas nativas de vaca que deben utilizarse: la Montbéliarde, conocida por el dulzor de su leche, constituye aproximadamente el 95% del ganado, y la parte restante procede de las vacas Simmental francesas.

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Queso Comte y vino Château Bertineau | Foto: Mantequerías Bravo

Los precios de este queso varían en función de los meses de maduración: el precio de un kilogramo de un Comté de 9 meses es de 23 euros; de 21 meses cuesta 31 euros y el de 36 meses 50 euros.

Su textura cremosa y sabor afrutado combinan muy bien con el pescado y la carne blanca, así como con vinos Jura de la región, por ejemplo, Chardonnay, Chenin Blanc o Viognier. Mantequerías Bravo, sin embargo, nos recomienda comer este queso con el vino Château Bertineau de Lalande de Pomerol, de la región vinícola de Burdeos, cuyo precio ronda los 27 a 30 euros la botella.

Reblochon Fermier

A partir del siglo XIV en la Alta Saboya, los agricultores alquilaban el pasto de montaña a los terratenientes y les tenían que proporcionar un porcentaje de la cantidad total que ordeñaban de leche, así que para no tener que pagar en exceso, los granjeros decidieron ordeñar dos veces al día a sus vacas. El queso se elaboraba con la leche de los dos ordeños, esto se denominaba re-blochaient-blochaient, por eso el queso fue nombrado Reblochon.

El Reblochon fue el primer queso de la región de Savoie en conseguir la Denominación de Origen, y por 20 euros se puede adquirir un kilogramo de este queso. Combina muy bien con vinos de la misma región, como un Roussette o un Crépy.

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Queso Reblochon francés | Foto: Pierpeter / Flickr

Mimolette

Este queso también se conoce bajo el nombre de Boule de Lille (Bola de Lille). La razón de este nombre es que  los quesos fueron madurados originalmente en bodegas situadas en la ciudad de Lille. En cuanto al término Mimolette, proviene de una derivación de la palabra mi-mou (medio-blando). El método de producción del  Mimolette es el mismo que el queso Edam holandés. Algunos dicen que el queso se originó en Holanda, otros afirman que fue en Francia.

Este queso tiene dos características peculiares: una es que la pasta tiene un color naranja debido a la coloración natural de la semilla del achiote, y otra es el aspecto exterior de la corteza que es de color grisácea.

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Queso Mimolette y vino Château Rocheyron | Foto: Mantequerías Bravo

El queso Mimolette se puede encontrar en varios estados de maduración pero como mínimo tiene que tener seis semanas. “Durante la maduración, se golpea el queso con un martillo de Mimolette y dependiendo de la resonancia obtenida sirve como un indicador de su calidad. Si suena hueco, es una mala señal”, comentan desde Poncelet.

El precio medio por un kilogramo de este queso es de 35 euros y Bravo asegura que puede ser un buen acompañamiento del vino Rocheyron de la región de Saint Emilion. Este vino tiene un precio de 190 euros la botella y es elaborado por Peter Siesseck, uno de los enólogos más reconocidos en el sector, responsable en España del famoso Dominio de Pingus, en la Ribera del Duero.

Camembert de Normandie

Este queso de origen francés se caracteriza por su pasta blanda, untuosa y suave. Camembert es una denominación genérica para este queso, que actualmente se elabora en todo el mundo. Francia no ha solicitado la protección del término genérico ‘Camembert’, pero sí de uno en particular, que es el Camembert de Normandie.

Durante la Revolución Francesa, un sacerdote de Ile de France, huyendo del terror, se refugio en la casa de Marie Harel y le explico la fabricación del Brie, aplicando a su manera el proceso e intentando mejorar la calidad del queso dio como resultado el Camembert, en 1791. En 1850 se empezó a vender en París, lo que provoco su desarrollo y expansión.

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Queso Camambert y vino Château Clarke | Foto: Mantequerías Bravo

Este queso se popularizó cuando se inauguró la línea ferroviaria París-Granville (1855). Marie Paynel, hija de Marie Harel, entregó a Napoleón III un queso Camembert. Al emperador de Francia le gustó que hizo que se lo llevaran con asiduidad al Palacio de las Tullerías. Desde 1880 se envasa en pequeñas cajas de madera.

Un kilogramo de Camembert suele costar entre los 20 y los 30 euros, dependiendo de su calidad, y marida muy bien con el vino Château Clarke de Listrac-Medoc, en la región vinícola de Burdeos, según Bravo. El precio de la botella es de 27,90 euros. Chateau Clarke es elaborado por la bodega Edmond de Rothshild. Esta familia se ha asociado con Vega-Sicilia para elaborar Macán en La Rioja.

  • Poncelet: calle Argensola, 27. Horario: lunes a viernes de 10:30 a 14:30 y de 17:00 a 20:30, sábados de 10:30 a 20:30 y domingo cerrado.

  • La Boulette: Mercado de La Paz Puestos 63-68,  calle Ayala, 28. Horario: lunes a viernes de 09:00 a 14:30 y de 17:00 a 20:00, sábados de 09:00 a 14:30 y domingo cerrado.

  • Mantequerías Bravo: calle Ayala, 24. Horario: lunes a viernes de 09:30 a 14:30 y de 17:30 a 20:30, sábados de 09:30 a 14:30 y domingo cerrado.

Continua leyendo: Cómo cocinar huevos nube, el último fenómeno de los 'foodies' de Instagram

Cómo cocinar huevos nube, el último fenómeno de los 'foodies' de Instagram

Redacción TO

Foto: RRSS

Los cloud eggs -en castellano ‘huevos nube’- son la última gran sensación de los foodies de Instagram. Algunas tendencias gastronómicas son, con el debido respeto, una soberana chorrada. No obstante, esta última es una moda a tener en cuenta en este mundo de platos inmortalizados. Para que una receta triunfe en Instagram tiene que verse bien en fotos. Como muestra, un botón:

Y, si además está rica, mejor que mejor. Es el caso de los huevos nube, a medio camino entre el huevo escalfado y el merengue, y cuya fácil preparación ha animado a miles de cocineros principiantes a realizarla. A pesar de parecer algo súper cool y novedoso, esta es una receta tan antigua como otras tantas. Sus orígenes se remontan al año 1651, cuando a alguien se le ocurrió cocinar unos Oeufs à la Neige -en castellano, ‘huevos en nieve’-. A pesar de haber sido rebautizados con un nombre más trendy, se trata básicamente de la misma receta.

Modo de preparación

Para cocinar cloud eggs, sólo necesitaremos un huevo, un bol, un horno y -si fuera necesario- criterio estético para tener la foto con más likes de Instagram.

Tras estos 7 sencillos pasos, tendrás unos huevos nube de campeonato:

1. Romper los huevos y separar las yemas de las claras.

2. Batir las claras del huevo al punto de nieve hasta obtener una textura similar al merengue. Para conseguir este resultado, debemos añadir una pizca de sal, utilizar unas varillas y batir enérgicamente durante unos 5 minutos; también vale hacer uso de la batidora.

3. Añadir pimienta y/u otras especias. Añadir también, al gusto, un poco de queso parmesano, suizo o Gruyère para potenciar el sabor.

4. Hornear las claras a 230º durante 5 minutos sobre una bandeja cubierta por papel de horno.

5. Retirar las claras del horno cuando estén doradas.

6. Apagar el horno y añadir un poco más de sal y pimienta al gusto.

7. Añadir las claras en el centro de las yemas e introducirlas de nuevo en el horno hasta que cuajen un poco.

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Puedes acompañar los huevos como prefieras -en Instagram triunfan, cómo no, con aguacate-. No te pierdas esta receta, compártela y haz uso de ella en cualquier ocasión.

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