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Cómo cocinar huevos nube, el último fenómeno de los 'foodies' de Instagram

Redacción TO

Foto: RRSS

Los cloud eggs -en castellano ‘huevos nube’- son la última gran sensación de los foodies de Instagram. Algunas tendencias gastronómicas son, con el debido respeto, una soberana chorrada. No obstante, esta última es una moda a tener en cuenta en este mundo de platos inmortalizados. Para que una receta triunfe en Instagram tiene que verse bien en fotos. Como muestra, un botón:

Y, si además está rica, mejor que mejor. Es el caso de los huevos nube, a medio camino entre el huevo escalfado y el merengue, y cuya fácil preparación ha animado a miles de cocineros principiantes a realizarla. A pesar de parecer algo súper cool y novedoso, esta es una receta tan antigua como otras tantas. Sus orígenes se remontan al año 1651, cuando a alguien se le ocurrió cocinar unos Oeufs à la Neige -en castellano, ‘huevos en nieve’-. A pesar de haber sido rebautizados con un nombre más trendy, se trata básicamente de la misma receta.

Modo de preparación

Para cocinar cloud eggs, sólo necesitaremos un huevo, un bol, un horno y -si fuera necesario- criterio estético para tener la foto con más likes de Instagram.

Tras estos 7 sencillos pasos, tendrás unos huevos nube de campeonato:

1. Romper los huevos y separar las yemas de las claras.

2. Batir las claras del huevo al punto de nieve hasta obtener una textura similar al merengue. Para conseguir este resultado, debemos añadir una pizca de sal, utilizar unas varillas y batir enérgicamente durante unos 5 minutos; también vale hacer uso de la batidora.

3. Añadir pimienta y/u otras especias. Añadir también, al gusto, un poco de queso parmesano, suizo o Gruyère para potenciar el sabor.

4. Hornear las claras a 230º durante 5 minutos sobre una bandeja cubierta por papel de horno.

5. Retirar las claras del horno cuando estén doradas.

6. Apagar el horno y añadir un poco más de sal y pimienta al gusto.

7. Añadir las claras en el centro de las yemas e introducirlas de nuevo en el horno hasta que cuajen un poco.

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Puedes acompañar los huevos como prefieras -en Instagram triunfan, cómo no, con aguacate-. No te pierdas esta receta, compártela y haz uso de ella en cualquier ocasión.

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Las elecciones de Alemania, en directo

Redacción TO

Foto: MICHAELA REHLE
Reuters

Alemania celebra hoy sus elecciones federales, en las que más de 61,5 millones de alemanes están llamados a votar para elegir canciller. Los colegios permanecerán abiertos entre las ocho de la mañana y las seis de la tarde y los resultados se conocerán poco después.

Las encuestas están de lado de la actual jefa del Ejecutivo, Angela Merkel, cuyo partido (CDU) podría obtener entre el 34 y el 36% de los votos, muy por delante del partido socialdemócrata (SPD), que lograría entre el 21 y el 22%. En tercer lugar estaría la derecha nacionalista, AfD, que se haría con entre el 11% y el 13% de los apoyos pero el último puesto del podio también podría ir para la izquierda radical (Die Linke) con entre 9,5 y 11% de las preferencias.

Las elecciones de Alemania, en directo

09:15. El presidente alemán llama a hacer uso del derecho a voto. Frank Walter Steinmeier ha llamado a sus conciudadanos a hacer uso del derecho de voto y ha advertido que quien no vota permite que otros decidan sobre el futuro del país. Según Steinmeier, nunca antes se había sentido tan claramente que unas elecciones tienen que ver “con el futuro de Europa y el futuro de la democracia”, probablemente en alusión al inminente acceso al Parlamento de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD).

08:00. Abren los colegios electorales en Alemania, que celebra este domingo unas elecciones federales en las que se esperan pocas sorpresas. 61,5 millones de alemanes decidirán la composición del nuevo Bundestag, y muy presumiblemente Angela Merkel será reelegida canciller, aunque en qué condiciones está todavía por determinar.

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Alguien vota en Berlín, la capital alemana. | Foto: Fabrizio Bensch / Reuters

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Ni agua

Ferrán Caballero

Foto: ALBERT GEA
Reuters

Pues claro que no hay que darles nada a los independentistas. Porque ni al independentista ni a nadie le contenta que le den lo que considera suyo. Y por eso todo lo que pretende ser una concesión se recibe como humillación. Por eso no se les puede contentar con una reforma Constitucional, ni con más competencias ni con un blindaje de cultura y educación ni con una mejora del sistema de financiación autonómica. Nada de eso es suficiente para los independentistas. Y uno de los grandes logros y de las grandes desgracias de este proceso es que esto ya es evidente para todo el mundo. Excepto para De Guindos, que ayer mismo se ofrecía a “hablar del sistema de financiación y otros asuntos si los planes para la independencia se retiran”.

Pero los planes para la independencia no se retiran. Y no se retiran porque los independentistas, como decía García Domínguez, “no se están jugando 15 años de cárcel para conseguir un apañito de la financiación autonómica”. Cree De Guindos y supongo que algunos con él que es posible volver al 2012. Como si nada hubiese pasado. Pero aunque fuese posible volver atrás, ya en el 2012 este apañito era insuficiente. Porque lo que pedía el Presidente Artur Mas no era el dinerito sino “las llaves de la caja”. Lo que pedía Artur Mas no era un nuevo pacto o una nueva cesión, provisional y condicionada por definición, del Estado. Lo que pedía Mas era soberanía fiscal. Y como hemos ido aprendiendo desde entonces, aunque lenta y dolorosamente, la soberanía ni se pide ni se discute sino que se ejerce. 

El problema no es qué puede darse a los independentistas para que retiren sus planes. No es a los dirigentes independentistas, a quienes hay que convencer, sino a la mayoría de los votantes catalanes. Y aquí el auténtico problema está en lo que escribía Cristina Losada: “la solución política es hacer, por una vez, lo que no se ha hecho nunca. Dejar meridianamente claro, desde ya, que no habrá trato de favor y no se dará nada, pero nada, que no corresponda. Como al niño mimado. Llega un día en que hay que decirle que no, que se ponga como se ponga se le va a tratar igual que a sus hermanos.” Pero el votante independentista no es un niño que llora porque se le diga que no, sino alguien que ha dejado de esperar permiso. Y el problema no es que se mime o se castigue a las instituciones catalanas, sino que se las trate como a niño. Dudo mucho que de este proceso se salga con nada parecido a una “solución política”, pero me parece evidente que esta no podría ser, de ningún modo, la perpetuación del paternalismo de Estado.

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Cuando fui un trozo de carne en un Congreso de columnismo

Lorena G. Maldonado

Foto: Lorena G. Maldonado

Estos días se ha formado el zafarrancho en redes con el cartelito del II Congreso ‘Capital del columnismo’ porque, qué extraño, quién iba a augurarlo, pero aquello es una siembra de bálanos. Precaución a los viandantes: lo mismo te das un paseo por León entre el 18 y el 20 de octubre y te acaba golpeando el cráneo un testiculario intelectual: nadie está a salvo de este granizo nuestro, de este cielo tapizado de escroto, de esta nube negra que derrama Axe. 

Me han venido a la cabeza tiernos recuerdos, claro, porque una es una sentimental -¿no ven que soy mujer?-. La primera vez que oí hablar de este congreso -al que, por cierto, asisten firmas que aprecio y de nada tienen la culpa- fue el año pasado, allá por abril, cuando un compañero me pasó una columna que había publicado en El Mundo Ricardo F. Colmenero, en la que relataba con sorna cómo sus compadres y él habían aprovechado la excursión columnística para sacudirse de una vez por todas “el malditismo”. En ese texto aparecía mi nombre. Cito: “Uno de ellos [alumnos de primero de carrera] soltó la frase más canalla de las jornadas, cuando confesó que tanto él como cuatro colegas se habían matriculado en periodismo solo por lo buena que estaba Lorena G. Maldonado. Traté de unirme a las nuevas generaciones confesando que me había enamorado de los pechos de una oyente, pero me escuchaban con tristeza (…)”. 

Me quedé atónita, acojonada por ese exceso de confianza que no era más que una bravuconada. Pensé: coño, una toda la vida estudiando, escuchando con atención al que sabe, leyendo por las noches, escribiendo mucho y borrando más, siendo mi más implacable hater –en definitiva, peleando por la voz propia, que mira que cuesta parirla- para acabar en la columna de este majadero siendo tratada como anzuelito físico para que cuatro chavales se apliquen en el oficio. Cuatro niñatos que no tienen, ni por asomo, la responsabilidad del columnista que recoge la anécdota y que además les ríe las gracias con otro comentario maloliente -el de las mamas de la chica del público-, todo envuelto en ese aura de premeditado patetismo que buscaba Colmenero. Otra cosa no, pero ahí, bravo. Bien conseguido.

Hubiese sido elegante citar a una compañera de profesión -no sé, se me ocurre- para referirse a un texto suyo, qué más da si en tono de crítica o alabanza. Este columnista sólo tiene derecho a juzgar algo de mí, algo completamente expuesto, que es mi trabajo o, si quiere, mis opiniones. Lo demás es machismo. También dudé mucho sobre si se hubiese referido en esos términos a una compañera consolidada, madura, que llevase toda la vida escribiendo en prensa y tuviese ya edificada una firma. Supongo que no, porque el machismo es cuestión de poder y baraja también con quién medirse en público. Entiendo que es más fácil mofarse de una don nadie como yo, que entonces llevaba tres meses en El Español: ésta es la lógica de la cobardía.

Fue gracioso, porque el tipo -Colmenero- puso un tuit en el que citó a todas las personas mencionadas en el artículo excepto a mí, terminando de demostrar cuán pesados carga los dídimos, dando por redondeado el desbarre. Yo sentí una mezcla de rabia y de vergüenza, pero esta última me la arranqué rápido -ya sólo faltaba- y al final se me quedó no más que un hilillo de mala baba en la memoria. La impotencia que experimenté me la voy curando, porque gracias a la generosidad de este medio desde hace meses tengo un espacio libre donde sacudirme justicias poéticas. En general, me he puesto las pilas. Ya no paso ni una.

Si yo quisiera que se me mentase por algo relacionado con la carne, me habría dedicado a otra cosa -es probable que con poco éxito, porque ahí están la báscula y el espejo-, pero si mi faena es escribir, y tengo la fortuna de dedicarme a ello, es en esencia para desaparecer corporalmente del texto y que salga a flote sólo la idea y la mirada, que, oigan, tienen algo que ver con el género pero también lo trascienden.

Lo dice la magnífica Siri Hudsvet en La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres: “¿Quién tiene sexo, el escritor o la obra? ¿Pueden ser contrarios? Si el narrador de la letra impresa es un hombre, ¿eso convierte al libro en masculino?”. Hudsvet -a la que muchos tristemente conocen sólo por ser la esposa de Paul Auster, buena prueba de cómo está el percal- explica que es estúpido pensarnos monolíticos cuando escribimos y cuando leemos, porque una mujer como ella bien puede aguardar hombres dentro, personajes masculinos queriendo hablar. “Esto es posible porque no somos ratas, sino seres imaginativos capaces de salir de nosotros mismos y, durante un rato al menos, convertirnos en otra persona, joven o vieja, cuerda o loca, mujer u hombre”.

La universalidad. Qué deseo. A eso hay que aspirar, y no a convertirnos -las mujeres- en una sección de “literatura femenina” en las librerías ni en una puta revista dominical sobre cocina, hijos y belleza. Hay que guerrear por la universalidad. La vida es una y a todos nos incumbe por igual. Los estilos son libres, o eso pretendo, ahora que las niñas ya no tenemos que ponernos corsé ni dejar las subordinadas para los machos. También Virginia Woolf se despedía así en su ensayo Una habitación propia, buscando la androginia al redactar, la indistinción del género. Como ese Shakespeare que escribía más allá del sexo, rayano en lo absoluto. Sólo como ser humano. Pero bueno, ¿qué más hay?

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Lo que dice la prensa extranjera del referéndum de Cataluña

Néstor Villamor

Con el referéndum independentista de Cataluña del 1 de octubre a la vuelta de la esquina, muchos medios de comunicación de todo el mundo ya empiezan a hacerse eco de cómo evoluciona la situación en la región. Las elecciones han sido prohibidas por el Tribunal Constitucional y el Gobierno central insiste en que la consulta no se celebrará. Con todo, la Generalitat sigue adelante con el proceso. Así es como la prensa internacional habla de los comicios.

Financial Times (Reino Unido)

Uno de los diarios económicos más influyentes del mundo se muestra contundente en un editorial publicado recientemente sobre el problema catalán: “Cualquier proclamación de una Cataluña independiente carecería de legitimidad política“. El Financial Times apoya su tesis en dos argumentos: la violación de la Constitución Española y los procesos independentistas llevados a cabo por otras democracias en el mundo.

Además de recordar que el referéndum viola el artículo 2 de la Carta Magna, el rotativo londinense expone que “fuerzas proindependentistas que van desde nacionalistas de centro-derecha a izquierdistas radicales ganaron una estrecha mayoría de escaños, pero no alcanzaron la mayoría de los votos emitidos”, lo cual no las legitima, considera el diario, “para acelerar el programa secesionista”. Y continúa: “Aun así, el Gobierno y el Parlamento regionales han seguido adelante y de una manera que se salta los procedimientos democráticos apropiados para un asunto de tanta importancia”.

“Cuando Quebec votó sobre la separación con Canadá en 1995 y cuando Escocia votó sobre la secesión de Reino Unido en 2014, tuvieron el consentimiento del Gobierno central y lo hicieron de acuerdo a la ley. Cuando los tres Estados bálticos [Estonia, Letonia y Lituania] declararon la independencia de la Unión Soviética en 1990-91, tenían todo el derecho a hacerlo porque Josef Stalin les había robado su Estado y libertad en los 40. Ninguna de estas condiciones se aplica a Cataluña y España”.

E insiste en que la consulta “no establece un mínimo de votos para ser válida”, así que “una pequeña minoría del electorado podría activar la declaración de independencia”. Y sentencia: “En estas circunstancias, y teniendo en cuenta la pasión que ha levantado la legalidad del voto, cualquier proclamación de una Cataluña independiente carecería de legitimidad política”. El diario considera que el objetivo de la Generalitat “no es declarar la independencia, que sería un gesto retórico vacío, sino provocar unas elecciones anticipadas con el objetivo de aumentar el apoyo a la coalición proindependentista”. Según el diario, lo que pretenden los independentistas es que el Gobierno central “aplique una mano tan dura” que les haga “mostrarse como víctimas de la represión política”.

El Financial Times también guarda críticas para el Constitucional: “El paso esencial para ambas partes es abrir negociaciones” para actualizar el Estatut, “aprobado por las Cortes españolas y catalanas y por los votantes catalanes en un referéndum, pero paralizado de forma poco sabia por el Tribunal Constitucional”.

The National (Reino Unido)

En el lado opuesto se encuentra un periódico también británico, en este caso, escocés. The National, un diario de línea editorial independentista (de hecho, empezó a imprimirse el 24 de noviembre de 2014 para dar respuesta a la demanda de un diario de corte secesionista por parte de la población escocesa), sacó en su edición del jueves una página desplegable con una estelada para mostrar su apoyo al independentismo catalán. El titular, en primera página, del rotativo no deja lugar a dudas: “¡Muestre hoy su apoyo a Cataluña con su National! Hágase una foto sosteniendo nuestro póster de la página central y tuitéelo usando #ScotsForCatalonia [#EscocesesPorCataluña]”.

Lo que dice la prensa extranjera del referéndum de Cataluña

El hashtag no llegó a convertirse en trending topic (tema del momento), pero sí logró que el ex ministro principal de Escocia Alex Salmond se uniera a la iniciativa. “Apoyo el derecho a decidir de Cataluña”, defiende Salmond.

Una diputada independentista del Parlamento escocés, Carolyn Leckie, lamentaba la situación en un artículo de opinión publicado el pasado 18 de septiembre. Después de criticar la poca cantidad de información que encontraba en la prensa internacional sobre los acontecimientos, mostraba su sorpresa por la respuesta del Gobierno central para frenar la consulta. “Policía armada en las calles. Políticos acusados de pervertir el curso de la justicia. Más de 700 alcaldes electos -tres cuartos del total- amenazados con ir a la cárcel. Redadas en imprentas. Editores amenazados con cargos criminales. Amplísimas cantidades de material impreso incautado. Páginas web oficiales cerradas. Y una declaración de intentar terminar con la autonomía catalana”, protestaba.

“Todo esto para detener al gobierno electo de Barcelona de celebrar un referéndum –una iniciativa apoyada por el 70% de la gente en Cataluña-“, continuaba. “Puede que Francisco Franco haya muerto hace tiempo pero parece que su fantasma continúa acosando los pasillos del poder en Madrid”, opinaba, antes de comparar los esfuerzos separatistas vascos y catalanes. “En contraste con el País Vasco, el movimiento por la independencia en Cataluña siempre ha evitado la violencia. Pasé allí un tiempo hace unos años, invitada por unos activistas proindependencia para hablar en una serie de encuentros”, relataba.

“La gente me dijo entonces que el Gobierno español no se detendría por nada para bloquear cualquier paso hacia la independencia catalana. Me pareció difícil creer que un país de la Unión Europea en el siglo XXI pudiera bloquear el derecho de una nación constituyente a la autodeterminación”, explicaba, antes de criticar al Ejecutivo central. “El Gobierno español invoca la Constitución de 1978 para defender su hostilidad a la democracia. Pero el mundo ha seguido girando en estos últimos 40 años. Nadie de menos de 60 años ha votado esa constitución“.

The Times (Reino Unido)

Una postura intermedia es la que ha mostrado el británico The Times en un editorial publicado el pasado miércoles. Por una parte, entiende la postura del Gobierno central: “Rajoy insiste, de manera correcta, en que un voto por la independencia choca frontalmente con la Constitución, que alude a la ‘indisoluble unidad de la Nación española'”. Por otra parte, acusa al presidente de utilizar “tácticas de mano dura” y considera que Rajoy “podría explicarse mejor si pareciera menos abusón”. En un tono moderado, el diario londinense aboga por una solución intermedia: “El Gobierno español debería permitir que el referéndum siga adelante aunque rompa la Constitución pero tratarlo de la misma manera que el voto simbólico por la independencia de 2014. Es decir: declararlo legalmente no vinculante“.

The Independent (Reino Unido)

Ya fuera del ámbito de la opinión y centrados en enfoques puramente informativos, muchos otros diarios del mundo han cubierto la información. El británico The Independent, por ejemplo, habla de una “crisis de identidad catalana”.

Lo que dice la prensa extranjera del referéndum de Cataluña 1

La Repubblica (Italia)

El italiano La Reppublica va un paso más allá y habla abiertamente de “guerra catalana”.

Lo que dice la prensa extranjera del referéndum de Cataluña 2

Jornal de Notícias (Portugal)

El Jornal de Notícias portugués, por su parte, destaca que “Madrid usa la fuerza contra los independentistas”.

Frankfurter Allgemeine (Alemania)

“La policía española arresta a doce separatistas”, destaca el diario alemán Frankfurter Alllgemeine en su edición digital. Informa también de que, según “se dice en Madrid”, “el Gobierno español nunca permitirá una separación de Cataluña”.

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