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Cómo encontrar vuelos baratos para Semana Santa

Redacción TO

Foto: ATHIT PERAWONGMETHA
Reuters

La Semana Santa está a la vuelta de la esquina, así que no pierdas más el tiempo y ¡reserva ya un vuelo barato para una escapada! Sean domésticos, europeos o transoceánicos, los españoles desconocen el mejor momento para reservar sus vuelos. Un reciente estudio que el metabuscador Skyscanner ha realizado a 1.000 viajeros confirma que solamente el 28% de los encuestados gestiona sus vuelos en el momento oportuno. Pero, ¿cuál es el momento más idóneo? Depende del destino. Y aunque apenas faltan tres semanas aún estás a tiempo de encontrar vuelos económicos para viajar por Europa con descuentos del 12% respecto a los precios medios; aunque lo ideal es que para destinos europeos el vuelo se gestione con seis semanas de antelación, según el estudio. Los destinos más reservados a día de hoy para estos días festivos son Roma, París o Lisboa.

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Turistas en la cola de entrada del Coliseo de Roma. | Foto: Stefano Rellandini | Reuters

En lo que respecta a destinos nacionales, las ciudades que más turistas reciben por Semana Santa son Madrid, Barcelona y Palma. Sin embargo, para poder gestionar los vuelos domésticos al mejor precio, el buscador aconseja a los viajeros que reserven sus billetes de avión con 13 semanas de antelación, y así podrán disfrutar de descuentos de hasta el 9% de media. Aún así, todavía puedes encontrar tu viaje ideal por una media de unos 40 euros el vuelo ida y vuelta.

Vuelos Transoceánicos

En el caso de los vuelos transoceánicos los tiempos son más amplios. Para los que deseen volar a otros continentes es mejor adelantarse en la gestión una 25 semanas. De esta forma podrás encontrar vuelos un 8% más económicos que la media, aunque el tiempo de reserva varía dependiendo del destino. En el caso de Nueva York deberás hacer la reserva con unas 28 semanas de antelación, 27 serán las que tienes que tener en cuenta para Bangkok y 21 si quieres visitar Lima.

¿Cómo volar más barato?

¿Quieres encontrar vuelos baratos? ¿Siempre que quieres volar te parece demasiado caro? Hay infinidad de trucos que seguro no te habías parado a pensar. ¡Toma nota!

  • Suscríbete a los boletines de noticias de las compañías aéreas y configura alertas. Los precios fluctúan, especialmente cuando se acerca la fecha. Promociones puntuales como 2×1, Black Friday o nuevos destinos a precios de risa son algunas noticias de las que merece la pena estar bien informados. Por otro lado, varias webs y ‘apps’ de buscadores de vuelos disponen de un servicio de alertas que permiten hacer un seguimiento de los importes y, así, reservar los vuelos en el momento más barato.

“Sólo el 28% de los encuestados gestiona sus vuelos en el momento oportuno”

  • Hacer búsquedas sin destino, de esta forma descubrirás cuáles son los destino más baratos a los que volar.
  • Reserva los vuelos de ida y vuelta… por separado. La razón nos dice que un billete de ida y vuelta debería ser más barato, pero no siempre es así y a menudo si compras los dos itinerarios por separado te pueden salir los vuelos más económicos.
  • No tengas miedo a las escalas. Aunque pueden terminar con la calma del más tranquilo, hacer una escala de varias horas en algún otro destino puede suponer un ahorro considerable en el precio del vuelo. Además, los vuelos a primera hora de la mañana y a última hora de la noche suelen ser algo más baratos. Cualquier pasaje a Estados Unidos o Asia puede suponer un ahorro importante si paras durante unas cuantas horas en Ámsterdam, Londres, París o Dubai.
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Turista durmiendo en el aeropuerto de Montego Bay, Jamaica. | Foto: Carlos Barria | Reuters

  • No factures y viaja ligero de equipaje. Sabemos que es complicado si tienes pensado pasar las próximas cuatro semanas recorriendo Malasia, pero de esta manera puedes ahorrar bastante. Haz una lista de la ropa y objetos de aseo personal que verdaderamente vas a necesitar y recuerda que en algunos países puede incluso resultar más económico comprar allí todo lo que necesites, incluidas prendas de vestir.
  • Descubre cuál es el aeropuerto más barato. No siempre el aeropuerto más cercano, más grande o más pequeño es el más barato. Hay muchísimos factores que entran en juego. Por ejemplo, no siempre volar desde aeropuertos como Girona o Reus es más barato que hacerlo desde Barcelona, en especial si tienes que añadirle el coste del traslado. Así que lo más inteligente es comparar, comparar y comparar.
  • Elige bien la tarjeta de crédito. Cuando vayas a pagar un vuelo ten en cuenta que las comisiones por usar una tarjeta de crédito son más altas que por una de débito. Aun así, hay algunos trucos para pagar menos tasas de gestión. Una buena manera es sacarte la tarjeta de crédito de alguna aerolínea. Ryanair, por ejemplo, tiene una tarjeta propia con la que te ahorras este tipo de comisiones. Al fin y al cabo, aunque sea poco dinero, nunca está de más ahorrar un poco en tus vuelos.
  • En martes no te cases, pero sí te embarques. Una teoría poco científica pero muy extendida asegura que el martes es el mejor día para cazar ofertas en la web. Al parecer, la mayoría de compañías sacan sus vuelos baratos de último minuto para el fin de semana los lunes antes de medianoche y, estadísticamente, los precios, debido a la puja que tiene lugar, se desploman por la tarde el día siguiente a partir de las 15.00. Así que ya sabes, el martes después de comer a surfear por internet…

Continúa leyendo: El poder del perro, que no cesa

El poder del perro, que no cesa

Melchor Miralles

Es un poder que parece si no eterno, al menos infinito. Y desespera. E Indigna. Y no es una novela, aunque la que escribió Don Winslow lo pareciera, es la puta realidad de buena parte del territorio de Méjico. En las afueras de Tijuana han encontrado, por una confesión de unos detenidos, una fosa clandestina con cerca de 700 cadáveres. En esa zona operaba hace años Santiago Meza, “El pozolero”, acreditado y siniestro especialista en deshacer en ácido cadáveres por encargo de cualquiera, aunque su principal clientela eran los cárteles. Su apodo venía de cuando disolvía los cuerpos en ácido, creándose una sustancia espumosa y blanca semejante al pozole que cocinan con maíz.

Las cifras de la delincuencia organizada en Méjico son un escalofrío que no deja de impactarme por más que la rutina diaria para muchos lo haga normal. Cuando lo has vivido, cuando has sentido cerca el horror y el peligro de que te trinquen los cárteles, te niegas a aceptar que esto sea normal. El número de muertos cada año es insoportable, pero las cifras oficiales hablan además de más de 30.000 desaparecidos.

Es el poder del perro que no termina nunca, porque las raíces del problema están tan hundidas en el corazón del sistema, en la espina dorsal del Estado, tienen tanta capacidad de influencia en las instituciones, que resulta difícil pensar que vaya a tener solución algún día. Están acostumbrados a la muerte, la vida no vale nada, más de la mitad de la población nace condenada a morir la vida. Parece increíble que los seres humanos seamos capaces de admitir tanto horror. A muchos les pilla lejos y se la bufa. A las víctimas les destroza, pero no disponen de medios para acabar con el mal, y quienes pueden, no quieren, porque son ellos, el mal, el poder del perro que no cesa.

Continúa leyendo: Fenomenología de Levy

Fenomenología de Levy

Jesús Nieto Jurado

Foto: SERGIO PEREZ
Reuters

Andrea Levy mira a cámara. Se muerde los labios. Es nerviosa y le dirán que inexperta en esas lides del “hijoputismo” parlamentario. No se le pone el gesto caballuno de la Lola Cospedal cuando la llaman a comentar o desfacer el último entuerto de la CUP, no, sino una media sonrisa entre sefardita y catalana. Es resultona. Ha pasado del ensayo a la novela y habla sus verdades como si comiera chicle. Afuera todo un mundo se nos cae, pero ella lee lo que le recomiendan @lavozdelarra y Karina Sáinz. Levy le da Mediterráneo a la cosa pepera, y juventud al tuiter, y belleza a un oficio de notarios ociosos. Le brillan algunas pecas, cerca del óvalo facial, pecas que aparecen o desaparecen según sonría o le conteste a Ferreras o a su segunda del flequillo. Se muerde el labio cuando piensa España y piensa Cataluña, porque Levy, guapa nerviosa, es un poco la musa de la Constitución del 78 en la sardana que nos lleva al 1-0. De ideologías anda más bien pez, pero ella, tan moderna, es hija de esa disyuntiva catalana que va entre la Constitución o el caos. Dice el Gobierno que lo del 155 es improbable, que lo disfrazarán de noviembre (su Lorca) u octubre por no levantar sospechas. Entretanto, la Guardia Civil va a El Prat con caballerosidad y con la verdad última de lo único que funciona en España. Levy, musa de estos tiempos, lee algo de Murakami y le mete el rollo guay a un PP en Cataluña que ha oscilado entre Piqué y ese Loquillo/García Albiol que no sabemos por dónde puede salir. Pero Levy se muerde los labios, mueve nerviosa las manos por los librobares de Malasaña: y se piensa en Cataluña. Y sabemos que en Cataluña el PP son los padres. Y Levy puede molar. Ay.

Continúa leyendo: Justicia para los topónimos

Justicia para los topónimos

Víctor de la Serna

Foto: ELOY ALONSO
Reuters

Habrá que hacer algo contra la desigualdad en la vocal final. Asturias debe preocuparse por ello. En cualquier cartel indicador de las carreteras del Oriente podemos ver que los pueblos durante tiempo sojuzgados por la dictadura de la forastera y castellana ‘o’ final ya han sido liberados: Niembro y Barro ya son, orgullosamente, Niembru y Barru. Su asturianidad es incuestionable.

El problema es para las localidades con nombre terminado en ‘a’, cuya nacionalidad podría ser palentina. O montañesa. Así, en un mismo cruce podemos ver cuatro nombres: los susodichos Niembru y Barru, y también Posada y Bricia.

¡Cuánta injusticia! ¡Unos tanto y otras tan poco! Si tiene incluso un tufillo machista. Claro, me dirán, es que en bable (o asturianu, como prefieran llamarlo, que uno es poco ducho porque sus ancestros son de Cabuérniga, que es otro país) la terminación femenina es en a, como en español o en italiano, y nada tiene de particular.

Todo eso es cierto, sin duda, pero el agravio comparativo no nos parece resuelto. Habrá que consultar a los expertos académicos, a quienes saben de verdad. ¿No habría una forma de satisfacer las ansias autóctonas de los honrados vecinos de las poblaciones con ‘a’ final, de deshacer ambigüedades? Quizá una solución venga del plural. Sí, se podrían pluralizar esos nombres, y aprovechar así que el plural del femenino en tierra asturiana es -como saben todos los aficionados a las fabes-, en ‘es’. ¿Posades, Bricies, podrían quedar bien, y bien reivindicadas?

Perdonen la inanidad de estas líneas. Es que en el Norte está lloviendo mucho este verano, y se le empapa a uno el magín…

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Y pasó en Barcelona

Andrea Mármol

Foto: SERGIO PEREZ
Reuters

Ha pasado. Ha sido Barcelona. Antes fueron París, Londres, Bruselas o Niza. También Nueva York. Y Jerusalén. Una suerte de hermanas mayores para los barceloneses, cuyas semblanzas con nuestra morada nos habían activado falsos anticuerpos frente a la más inexplicable sangre abrupta, la estampida inmediata o el socorro improvisado. Las imágenes de las antes golpeadas urbes, las haya o no pisado, obligan a uno a repetirse para sí que el terror es algo con lo que hay que acostumbrarse a vivir. Arrastrados todos a asumir que al odio menos sofisticado le basta nuestra mera existencia para convertir a los nuestros en víctimas.

Con la ola de atentados terroristas recorriendo aeropuertos, avenidas y salas de concierto, he especulado en infinidad de ocasiones -durante un paseo por el barrio Gótico, tomando un café en la Plaza Real, dejándome la voz en Sala B o caminando rumbo el Camp Nou- con las posibilidades de ser víctima del próximo ataque. Mortal o no, poco importa, porque la imaginación es caprichosa, rápida y no escatima en torturas. Uno intuye de manera difusa el momento del estallido, el tiroteo, -ahora cabe añadir una furgoneta- pero la angustia, incluso la angustia imaginada que busca amortiguar la real, siempre es nítida: uno imagina a su madre esperando una llamada o una última conexión, a sus amigos que se quedaron en el bar tratando de huir o a ese abuelo lento, afectado por el ataque, quedando atrás de la muchedumbre.

No andaba demasiado alejada del lugar de los hechos, pero el jueves, como tantos otros, hube de hacer llamadas. Alguna para tranquilizar de inmediato, otras para recibir esa misma anestesia. Lejos de lo especulado, unas llamadas tan esperadas por quien las ha de recibir entrañaban una sobriedad algo anómala. Mientras intentaba abrirme paso por Vía Laietana, sin saber todavía dónde ni cuándo habían perpetrado el atentado, cientos de personas a las que nos había sorprendido cerca -pero mucho más lejos que cerca- no compartíamos ya solo una calle: de pronto todos los desconocidos allí presentes éramos parte de un trazado espontáneo que llegaba hasta los familiares y amigos de cada uno, todos cómplices y, por esta sola vez, del mismo bando.

El gélido dato confirma lo inusitado de esa situación en el corazón de Barcelona. De los trece muertos ahora confirmados, dos son españoles -ambos granadinos-, un ejemplo que da cuenta de una de las muchas disparidades que se respiran a diario entre viandantes en la ciudad. Es así, claro, en todas las ciudades que han sido sacudidas para siempre por los bárbaros, cuya elección no es azarosa, y así con su golpe a Barcelona hacen añicos el espejismo de eternidad de cualquiera que pudiera dejarse envolver en esta urbe de “gentes de cien mil raleas”, que cantaba Serrat. ¿No es, acaso, el de barcelonés, uno de esos gentilicios nada estridentes?

Tampoco es casualidad lo que ha venido después. La respetada solemnidad en la conmemoración en una Plaza Cataluña que cerró el grito unánime y espontáneo ‘no tenim por’, así como los ayuntamientos de toda España unidos en respuesta a la barbarie han sido sólo la culminación de mensajes de apoyo que llegaban desde cualquier rincón del mundo. Todos encontraban sus más sinceras palabras para la ciudad y para el horror y la angustia que les produjo imaginarla con la sangrienta mácula del terror. Podría decirse que a Barcelona, en pocas horas, le fue devuelto en justa correspondencia todo el calor con que supo arropar en su día a cuantos pudieron siquiera asomarse por aquí por primera vez.

Como todos, yo me asomé un día también a la ciudad. Recuerdo el primer día que paseé de noche por el Gótico, las primeras escaleras mecánicas en el metro de Las Glorias. Cómo me enamoró el retrato que de ella hacía Zafón en los libros primeros, luego sustituidos por las narraciones de Martínez de Pisón en la estantería. Mis primeras veces de casi todo fueron en Barcelona, pero esta ciudad permite esas primeras veces para casi cualquiera: lo fue para que Picasso pintara a sus señoritas de Aviñón, para que Lorca se emocionara con el extrañísimo topónimo ‘Urquinaona’ o para que, mucho antes, en la obra magna en lengua castellana, alguien la introdujera tal que así: “Tendieron don Quijote y Sancho la vista por todas partes: vieron el mar, hasta entonces dellos no visto”.

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