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¿Cómo está afectando el proceso independentista al turismo en Barcelona?

Borja Bauzá

Foto: Borja Bauzá
The Objective

Estos días muchos se preguntan cómo está afectando el proceso independentista al turismo en lugares como Barcelona. Las informaciones publicadas hasta el momento recogen declaraciones contradictorias; grupos hoteleros hablan de una oleada de cancelaciones mientras los organismos catalanes desmienten el impacto. ¿Qué está sucediendo realmente? A falta de cifras oficiales, parece que todos llevan algo de razón. Hay cancelaciones y preocupación ante una posible escalada de las tensiones. Sin embargo, la ciudad continúa llena de visitantes que pasean sin grandes preocupaciones mientras los cruceros siguen llegando a puerto.

El día después del referéndum por la independencia de Cataluña fue un tanto estresante para la dueña del kiosco ubicado en Plaça Universitat, frente a la Universidad de Barcelona, a pocos metros de La Rambla. Muchos jóvenes –demasiados– se acercaban hasta el expositor de prensa internacional para ver si el mundo hablaba de ellos. El Financial Times lo hacía en portada y con él toda la prensa británica. También los principales diarios franceses e italianos, y algún alemán como el Frankfurter Allgemeine o el Die Welt. Los estudiantes repasaban los titulares avisándose los unos a los otros cuando detectaban alguno que hiciese mención al 1-O. Las informaciones aludían a las cargas policiales. Parecían satisfechos; ¡por fin el mundo se daba cuenta de la represión española en Cataluña! Ajena a la épica del momento, la kiosquera se quejaba de no poder atender bien a los clientes y bufaba a los chavales: “¡Esto no es una biblioteca!”

La dimensión internacional del 1-O generó innumerables muestras de solidaridad; desde la escritora J. K. Rowling, autora de la saga Harry Potter, hasta el primer ministro de Bélgica, Charles Michel. Pero también empezó a preocupar a uno de los sectores más rentables de Cataluña (y de España): el turístico. El independentismo catalán lleva tiempo considerando imperiosa la necesidad de aparecer en el mapa global de regiones conflictivas. Para las arcas de una ciudad como Barcelona, sin embargo, esta nueva fama puede tener consecuencias muy negativas.

¿Cómo está afectando el proceso independentista al turismo en Barcelona?
Un turista observa un puesto de souvenirs en La Rambla. Foto: Borja Bauzá / The Objective.

Uno de los primeros en advertir del riesgo que suponía para el turismo la celebración de un referéndum fue Álvaro Nadal, ministro de Energía, Turismo y Agenda Digital. El aviso se produjo cinco días antes del voto. El 26 de septiembre, en una entrevista concedida a Radio Nacional de España, Nadal aseguraba que “el impacto que está teniendo la situación política en Cataluña es mayor que el que han tenido los atentados”. El ministro se apoyó en datos de la Confederación Española de Agencias de Viajes (CEAV). La respuesta tardó dos días en llegar. Fue Martí Sarrate, presidente de la patronal de agencias de viajes ACAVE, quien contestó al ministro asegurando que Barcelona rozaba la plena ocupación hotelera. Entre las declaraciones de uno y otro los servicios diplomáticos de varios países –a saber: Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania e Irlanda– recomendaron a sus ciudadanos ir con cuidado.

Entonces llegó el 1-O, las cargas policiales, el cruce de amenazas entre líderes políticos, las declaraciones –tímidas en su mayoría– realizadas en las instituciones europeas, la solidaridad internacional y, el 3 de octubre, una huelga general en Cataluña que trajo consigo concentraciones multitudinarias en Barcelona.

A pie de calle

Óscar Manresa, conocido chef y empresario de hostelería, tiene varios restaurantes repartidos por Barcelona. En una conversación telefónica explica que el día de la huelga había decidido abrir el establecimiento que tiene en el Mercado de la Boquería, muy cerca de La Rambla. “A la hora del almuerzo se acercaron 300 tíos gritando y los clientes que estaban en la terraza se tuvieron que meter dentro como pudieron”, cuenta. Reconoce que ya ha sufrido unas cuantas cancelaciones de reservas. Grupos de trabajo que vienen de fuera, sobre todo. Sin embargo, y pese al incidente durante la huelga, Manresa cree que el problema tiene más que ver con la imagen que se traslada fuera que con un problema real de convivencia: “Los turistas no entienden muy bien el calado del conflicto y enseguida se creen que hay guerra civil cuando realmente no está pasando nada”.

El mismo día de la huelga, a poca distancia del restaurante de Óscar Manresa, Mario, un turista alemán que pasea por el barrio gótico acompañado de su mujer y la hija de ambos, saca fotos a una manifestación que recorre Via Laietana dando viscas a la terra. “Antes de llegar ya sabíamos lo que pasaba, pero llevábamos planeando este viaje ocho meses así que nunca pensamos en cancelarlo”, dice. Tampoco se arrepiente de haber venido: “No noto agresividad en la gente, todo parece muy festivo”, explica antes de volver a fijar el objetivo de la cámara. Para Mario los miles de manifestantes que pasan por delante ondeando esteladas no son más que una atracción añadida en una de las ciudades más visitadas de Europa.

Edmundo Ameneiro y María Elena Morales, un matrimonio de mediana edad procedente de México, se concede un respiro a la sombra de la catedral. También ellos lo ven todo muy tranquilo y dicen no haber tenido ningún tipo de problema durante su estancia. “El domingo vimos algunas colas aquí y allá pero nada más”, comenta ella.

Alexey y su novia han llegado desde Moscú. Pasean cerca del Arco del Triunfo sin tener muy claro el rumbo a seguir. Llegaron el día del referéndum y se marcharán la semana que viene. Son conscientes de la gravedad de la situación, pero se resignan a su suerte. Si pasa algo durante su visita, que pase. “Somos rusos; estamos acostumbrados a que todo se vaya a la mierda”, explican. Su encogimiento de hombros demuestra que la aclaración no busca ni drama ni chanza. Les han preguntado y ellos responden. Sin más.

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Harry y Claudine observan la Sagrada Familia. | Foto: Borja Bauzá / The Objective.

A un par de kilómetros de distancia, frente a la Sagrada Familia, Harry y Claudine se sientan en una terraza. Él, británico, pide cerveza. Ella, belga, un zumo de frutas. Están casados y discuten sobre qué parte de la iglesia se construyó con Gaudí vivo y qué partes corresponden a etapas posteriores. Viven en un pueblecito cerca de Bruselas y han llegado a Barcelona para coger un crucero. “El barco sale mañana, pero decidimos venir un día antes por si surgían contratiempos”, explica Harry. Claudine opina sobre la cuestión catalana: los referéndums –dice– no sirven para nada pero es que, en el caso del que se celebró el domingo, los resultados dictados por la Generalitat determinan que una mayoría de catalanes no quiere la independencia. (En efecto: los datos suministrados por el gobierno catalán dicen que participó menos del 50% del censo.) “Aunque ordenar a la policía pegar a gente que intenta votar está mal”, aclara. A Claudine los independentistas catalanes le caen un poco mal desde que comenzaron a recibir apoyo expreso de los independentistas flamencos. “En el pueblo en el que vivimos todos entienden el francés pero se niegan a interactuar en francés”, explica. Claudine es valona y Harry no sabe flamenco. “Muchas veces es ella la que tiene que traducir lo que quiero decir”, comenta. No se sienten intimidados por el proceso independentista ni por los acontecimientos de la última semana. “A mí quienes me preocupan son los yihadistas”, sentencia Claudine poniendo una mueca que oscila entre el disgusto, el miedo y el asco. “Bruselas está llena de ellos”, añade.

No lejos de la Sagrada Familia, en el barrio del Guinardó, una familia coreana llega por fin al piso que ha alquilado a través de la plataforma Airbnb. Van con retraso por culpa de la huelga. Lo primero que quiere saber Moriya nada más llegar es la clave del wifi. Lo segundo es si la ciudad es segura para él, su mujer y sus dos hijos. El dueño del piso, un catalán de mediana edad jovial y tranquilo, reconoce que en las últimas dos semanas ha sufrido más cancelaciones que en los últimos dos años.

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Los turistas llenan las terrazas de la Plaza Real. | Foto: Borja Bauzá / The Objective.

Los organismos oficiales y las asociaciones hoteleras no se ponen de acuerdo

La curiosidad relajada que reina en las calles de Barcelona contrasta con las impresiones de Manuel Vegas, presidente de la Asociación Española de Directores de Hotel, cuando se le pregunta por cómo puede estar afectando al sector turístico la situación en Cataluña. “Todavía no hay datos concretos, pero se especula con una caída de reservas de entre el 30% y 35% en la primera semana de octubre”, dice. Si las aguas no vuelven a su cauce, Vegas sostiene que esa cifra podría aumentar en las próximas semanas. Y explica que “lo que más asusta a los asociados catalanes no es la política, sino la reacción española a lo que pueda suceder en Cataluña”. Es decir: que personas procedentes de otras partes de España dejen de visitar Cataluña bien por temor a la situación bien por no querer dejar dinero en la comunidad autónoma. Según la información que maneja Vegas, por el momento los hoteles más afectados son los de alta gama. Esto se debe, en parte, a la cantidad de empresas y organismos que han decidido trasladar foros y conferencias a otros lugares. En ese sentido, la cancelación más sonada ha sido la de la Asociación de Cámaras de Comercio e Industria de Europa (Eurochambers), que ha decidido aplazar la celebración de su asamblea anual. Estaba previsto que la cita se celebrase en Barcelona entre los días 25 y 27 de septiembre.

Según recoge La Vanguardia, Alfonso del Poyo, vicepresidente de Hoteles Meliá, aseguró esta semana que en los 11 establecimientos que tiene la cadena en Cataluña se ha detectado una “relevante caída de la demanda”. El directivo calificó la situación de “preocupante” y dijo que otras cadenas hoteleras estaban experimentando circunstancias parecidas. En el mismo artículo también se recogen las declaraciones del consejero delegado de B&B Hoteles, Jairo González, quien confirmó que en sus establecimientos “hay anulaciones y enfriamiento de reservas a futuro”.

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Turista observa la Plaza Cataluña desde su balcón | Foto: Ana Laya / The Objective.

El Gremio de Hoteleros Catalanes, asociado a la Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos (CEHAT), y la Federación de Apartamentos Turísticos de Cataluña (Federatur) han suscrito las declaraciones de Alfonso del Poyo y Jairo González, según recoge El Mundo.

Octavi Bono, director general de Turisme de la Generalitat, opina de forma distinta. En declaraciones a la prensa catalana, Bono negó que exista inquietud y descartó que la demanda turística se haya visto afectada por el 1-O y los acontecimientos posteriores. En la misma línea se expresó un portavoz del Gremio de Hoteles de Barcelona, según unas declaraciones recogidas por El Periódico. Esta persona explicó que la actividad turística de la ciudad se está desarrollando “con total normalidad” y que “las previsiones de ocupación son muy altas”. En cuanto a Turisme de Barcelona, un organismo que depende del Ayuntamiento de Barcelona, su portavoz no ha contestado a las preguntas de este medio.

Cruceros y aerolíneas

El turismo de crucero es harto polémico. Estos buques suelen transportan miles de turistas de una ciudad a otra y el beneficio económico para los lugares que los reciben es sustancial. Un reportaje publicado este verano en El País explicaba que los cruceros dejan en Barcelona un beneficio anual de 313 millones de euros. Sin embargo, hay muchos vecinos y autoridades en ciudades como Venecia, Dubrovnik o la propia Barcelona que argumentan contra su llegada; dicen que esas cantidades de dinero vienen acompañadas de masificación y el deterioro de la urbe.

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Pueblos costeros como Sitges siguen recibiendo visitantes en octubre. | Foto: Borja Bauzá / The Objective.

En cualquier caso, y pese a las críticas, cuando hace unos días se conoció que dos cruceros alemanes –el Mein Schiff 3 y el Mein Schiff 5– con una capacidad total aproximada de 7.000 turistas optaron por desviarse de Barcelona y parar en Valencia, saltaron algunas alarmas. Sobre todo, porque el desvío de los buques estaba directamente relacionado con la situación política de Cataluña.

De momento parece ser un hecho aislado. En los departamentos de prensa de otras navieras de cruceros que operan en el Puerto de Barcelona no se tenía esta semana ninguna noticia de cambios de ruta en la presente temporada. De hecho, este domingo llega a Barcelona el crucero Norwegian Epic, con una capacidad similar a la de los dos cruceros alemanes juntos. Eso sí: desde Norwegian advierten que están “monitoreando la situación en Barcelona”. “En caso de problemas de seguridad, tenemos la flexibilidad de modificar nuestros itinerarios según sea necesario para evitar motivos de preocupación”, añade el e-mail remitido por la naviera.

También ha habido movimiento en el sector de las aerolíneas. Según ha trascendido a medios especializados, American Airlines y Air Canada están permitiendo a sus clientes cambiar las fechas de los billetes con destino al aeropuerto de Barcelona sin coste adicional. Se desconoce cuántos viajeros se han aprovechado de la medida.

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Los 'Jordis', primeros presos del proceso soberanista

Redacción TO

Foto: JAVIER BARBANCHO
Reuters

Jordi Cuixart y Jordi Sánchez. Dos personas a las que la justicia ha unido en el marco de los acontecimientos relacionados con el referéndum de autodeterminación celebrado en Cataluña el 1 de octubre, previamente anulado por el Tribunal Constitucional. Los ‘Jordis’, como ya se les conoce, se encuentran desde el lunes en la madrileña cárcel de Soto del Real acusados de un presunto delito de sedición por los acontecimientos ocurridos en Barcelona los días 20 y 21 de septiembre.

Los ‘Jordis’ se han convertido en bandera del independentismo catalán, no sólo porque ambos presiden sendas organizaciones soberanistas, la Asamblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium Cultural, sino por ser las primeras “víctimas” del “estado opresor” encarnado por el Gobierno central, según los independentistas y el Gobierno de la Generalitat.

Desde su entrada en prisión provisional sin fianza se han celebrado manifestaciones multitudinarias pidiendo la libertad de los ‘Jordis’. Incluso Amnistía Internacional ha exigido su liberación. Aunque no cuestiona el fallo del Tribunal Constitucional sobre la Ley de referéndum, ni su aplicación, considera que, “si bien convocar a manifestantes con el fin de impedir una operación policial lícita puede ser perseguido por considerarse una alteración de orden público, la presentación de cargos contra Jordi Sánchez y Jordi Cuixart por un delito grave como es la sedición y su prisión provisional constituyen restricciones excesivas de su derecho a la libertad de expresión y de reunión pacífica”.

Los 'Jordis' primeros presos del proceso soberanista

Desde la entrada en prisión de los ‘Jordis’ se han sucedido las protestas pacíficas. | Foto: Gonzalo Fuentes / Reuters

Cuixart, empresario

Jordi Cuixart, de 42 años y nacido en Santa Perpetua de Modoga en Barcelona, figura en la página web de Òmnium Cultural como presidente de la organización catalanista. Hijo de una carnicera murciana y un obrero badalonés, no terminó el BUP. Aunque esto no le impidió fundar su propia empresa: Aranow Packaging Machinery S.L., dedicada al diseño y fabricación de equipos para envasar alimentos y productos farmacéuticos.

Es miembro del Centro Metalúrgico de Cataluña -asociación patronal de las empresas de ese sector- y patrón fundador de la organización privada de empresarios FemCAT, que desde 2004 “trabaja en la elaboración de propuestas y en la generación de iniciativas que ayuden al desarrollo económico y social de Cataluña”, según su web.

Es socio de Òmnium Cultural desde 1996 y ocupó los cargos de tesorero​ y vicepresidente hasta que el 19 de diciembre de 2015, fue puesto al frente en sustitución de Quim Torra.

La organización trabaja desde hace más de 50 años como entidad de la sociedad civil “para promover la lengua y la cultura catalanas así como para difundir la voluntad de libertad de Cataluña”, según señala su portal digital.

Asimismo, destaca que cuenta con 54.000 socios y 31 sedes territoriales, “desarrolla campañas, acciones y también grandes acontecimientos reivindicativos”. Surgió en 1961 y dos años más tarde, las autoridades franquistas la clausuraron.

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Jordi Cuixart saluda antes de declarar ante la juez Lamela. | Foto: Javier Barbancho / Reuters

Desde entonces, continuaría su trabajo en la clandestinidad hasta 1967 cuando fue legalizada. El principal objetivo de la asociación era lograr que el catalán este estuviera al mismo nivel que el español. De modo que se aplicara también en el ámbito científico, los juzgados o la literatura. Hoy en día, es una de las principales promotoras del proceso independentista en Cataluña.

Intensa trayectoria de Sánchez

Jordi Sánchez fue la persona elegida para sustituir en mayo de 2015 a la actual presidenta del Parlament, Carme Forcadell, al frente de la Asamblea Nacional Catalana (ANC), página que permanece cerrada por la Guardia Civil a raíz de los acontecimientos ocurridos en el marco de la celebración del referéndum de autodeterminación ilegal del 1 de octubre, del que la ANC ha sido una de sus impulsoras.

Nacido en Barcelona en 1964, es licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), donde ha sido profesor asociado. Fue también profesor de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

Antes de convertirse en presidente de la ANC, Sánchez ha tenido una intensa actividad profesional. Fue director de la Fundación Jaume Boffil, donde impulsó “diversos estudios y propuestas de mejora en las políticas públicas de educación, igualdad social y del hecho migratorio, así como diversas experiencias innovadoras en el campo de la participación ciudadana y el refuerzo de los valores democráticos”.

Los 'Jordis' primeros presos del proceso soberanista 1

Jordi Sánchez, a su llegada a la Audiencia Nacional el 16 de octubre. | Foto: Javier Barbancho / Reuters

Entre 2004 y 2006, fue coordinador y redactor de uno de los cinco ámbitos del Pacto Nacional para la Educación, concretamente el que fijó las bases del servicio público educativo. En el año 2008 fue coordinador de uno de los cuatro ámbitos del Pacto Nacional para la Inmigración.

Desde 1996 hasta 2004 fue consejero de la antigua Corporación Catalana de Radio y Televisión.

Pero su puesto más relevante fue el de adjunto del Síndic de Greuges, Rafael Ribó, desde 2010 hasta 2015.

Su participación en movimiento sociales y culturales de Cataluña se remonta a los años 80, destacando su actividad en la Crida a la Solidaritat, de la que fue dirigente y portavoz desde 1983 hasta su disolución en junio de 1993; la organización fue tachada por determinados sectores conservadores de “radical” y próxima a la ilegalizada Herri Batasuna.

Sin ser militante, estuvo vinculado durante años a Iniciativa per Catalunya Verds.

Desde mediados de los 90, Sánchez ha colaborado periódicamente como analista de temas sociales y políticos en diversos medios de comunicación del país. En los últimos años ha impartido centenares de conferencias, tanto en actos organizados por instituciones públicas como por asociaciones culturales y cívicas.

En su cuenta de Twitter cuenta con más de 51.000 seguidores.

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La fe política

Gregorio Luri

Foto: Gonzalo Fuentes
Reuters

Cuando la fe religiosa impregnaba el ambiente, depositábamos pocas esperanzas en la política. Teníamos por evidente que las cosas humanas son sui generis y que el futuro siempre llega con sorpresas. Así que confiábamos en el más allá para culminar la aspiración a la perfección que de vez en cuando nos tienta.

La fe política fue creciendo a expensas de la fe religiosa. La fe, cuando parece ausente, es que se ha ido a vivir a otro sitio, a las ideologías supuestamente laicas, por ejemplo. ¿Qué era Marx, sino un predicador que se dirigía al mundo desde un púlpito de creencias? “Esto es así”, clamaba. Pero cuando alguien de otra fe acudía a ver lo que es así, se encontraba con una jaculatoria.

Con el triunfo de la fe política se impuso la convicción de que para todo problema político hay en algún lugar una solución. Por eso el político que elevamos al poder es el que nos ofrece de manera verosímil las soluciones que no sabe que no tiene y lo bajamos en cuanto intuimos que ha descubierto que en las cuestiones políticas –digan lo que digan los profetas a posteriori- nunca sabemos muy bien ni cómo hemos ido a parar en un atolladero ni, cómo, en el caso en que lo consigamos, hemos logrado salir de él. Sabemos cómo hacerlo mal, pero no sabemos garantizar que nuestras buenas intenciones garanticen buenos resultados.

Para desesperación de los que asistían con una vela encendida al entierro de la historia, el predicador político sigue vivo y coleando. Esto del fin de la historia, dicho sea de paso, era la fe en que las categorías políticas ya no tenían nada que ver con las teológicas, pero estamos asistiendo a la entrega de la credibilidad colectiva a políticos que nos aseguran que están en condiciones de conseguir que todo lo que nos va mal nos vaya no ya bien, sino estupendamente y que, además, se muestran dispuestos a cualquier sacrificio por nuestro bien (¿no es esto, exactamente, el populismo?).

La fe, lejos de ser una muleta en la conciencia de los débiles, es la confianza ciega que los fuertes depositan en lo que admiran, sin darse cuenta de que lo admiran porque lo ilumina su fe. La fe precede al ver. De hecho, eso que vemos como mundo no es sino lo que nuestros dioses nos entregan a cambio de la fe que depositamos como ofrenda en sus altares.

Hoy por hoy, a los que vivimos en Cataluña nos separa el mundo que vemos: nos separan los hechos, lo obvio, las evidencias, las perogrulladas. Nos separa, radicalmente, nuestra manera de pensar sintiendo.

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Estas son las 41 mujeres asesinadas por sus parejas en España en 2017

Redacción TO

Foto: Marcos Brindicci
Reuters

Se confirma la muerte de otra mujer en España. No conocemos su nombre, pero tenía 66 años y vivía en Rubí, muy cerca de Barcelona. La asesinó presuntamente su expareja, que fue detenida horas más tarde.

Su nombre se suma a una larga lista de víctimas que, ya en el último trimestre del año, alcanza las 41 mujeres asesinadas. En 2016 fueron 44. Desde 2003, 912. Los datos pertenecen al Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. Los números podrían ser más alarmantes, según el portal Feminicidio.net, que aporta información sobre sus identidades y circunstancias.

Estas son las mujeres asesinadas por sus parejas desde el pasado 1 de enero en España:

1 de enero:

Matilde Teresa de Castro. 40 años. En Rivas Vaciamadrid (Comunidad de Madrid). Había denunciado y tenía una orden de protección activa; su pareja la quebrantó por consentimiento mutuo.

Identidad desconocida. 25 años. En Madrid (Comunidad de Madrid). Deja un hijo huérfano.

14 de enero:

Blanca Esther Marqués Andrés. 48 años. En Burlada (Navarra).

15 de enero:

Antonia García Abad. 33 años. En Huércal de Almería (Almería, Andalucía).

27 de enero:

J.D.L.M. 40 años. En Seseña (Toledo, Castilla-La Mancha). Había denunciado. Deja un hijo huérfano.

29 de enero:

Virginia Ferradás Varela. 55 años. En O Carbaliño (Orense, Galicia).

5 de febrero:

Cristina Martín Tesorero. 38 años. En Mora (Toledo, Castilla-La Mancha).

7 de febrero:

Carmen González Ropero. 79 años. En Suria (Barcelona, Cataluña).

11 de febrero:

Laura Nieto Navajas. 26 años. En Seseña (Toledo, Castilla-La Mancha).

13 de febrero:

Ana Belén Ledesma. 46 años. En Daimiel (Ciudad Real, Castilla-La Mancha).

19 de febrero:

Margaret Stenning. 79 años. El Campello (Comunidad Valenciana).

21 de febrero:

Gloria Amparo Vásquez. 48 años. En Valencia (Comunidad Valenciana). Deja una hija huérfana.

Dolores Correa. 47 años. En Gandía (Valencia, Comunidad Valenciana). Había denunciado y tenía una orden de alejamiento activa.

22 de febrero:

Identidad desconocida. 91 años. En Villanueva del Fresno (Badajoz, Extremadura).

Leydi Yuliana Díaz Alvarado. 34 años. En Santa Perpetua de Mogoda (Barcelona, Cataluña). Había denunciado y tenía orden de alejamiento activa. Deja a cinco hijos huérfanos.

1 de marzo:

Erika Lorena Bonilla Almendárez. 32 años. En Madrid (Comunidad de Madrid).

29 de marzo:

Ana María Rosado. 42 años. En Campo de Criptana (Ciudad Real, Castilla-La Mancha).

31 de marzo:

Yurena López Henríquez. 23 años. En Telde (Las Palmas, Canarias).

1 de abril:

María Victoria Zanardi Maffiotte. 44 años. En La Laguna (Tenerife, Canarias).

10 de abril:

Andra Violeta Nitu. 24 años. En El Alquián (Almería, Andalucía).

16 de abril:

María Rosario Luna Barrera. 39 años. En Alcolea del Río (Sevilla, Andalucía). Deja una hija huérfana.

21 de abril:

Rosa. 45 años. En Barcelona (Cataluña).

2 de mayo:

Raquel López Airas. 45 años. En Alcobendas (Madrid, Comunidad de Madrid).

12 de mayo:

Eliana González Ortiz. 27 años. En Madrid (Comunidad de Madrid).

27 de mayo:

Susana Galindo Morena. 55 años. En Madrid (Comunidad de Madrid).

Valentina Chirac. 37 años. En Collado Villalba (Comunidad de Madrid). Deja una hija huérfana.

28 de mayo:

Beatriz Ros. 31 años. En Molina de Segura (Región de Murcia).

13 de junio:

Encarnación García Machado. 55 años. En Las Gabias (Granada, Andalucía).

24 de junio:

Encarnación Barrero Marín. 39 años. En Sevilla (Andalucía). Había denunciado y tenía una orden de alejamiento activa. Deja varios hijos huérfanos.

25 de junio:

Fadwa Talssi. 29 años. En Salou (Tarragona, Cataluña).

15 de julio:

Mari Carmen Carricondo Reche. 66 años. En Huéscar (Granada, Andalucía).

16 de julio:

Irina G. 38 años. En Valencia (Comunidad Valenciana).

2 de agosto:

María Raquel Castaño Fenoll. 63 años. En Getafe (Comunidad de Madrid).

5 de agosto:

Ana Belén García Pérez. 38 años. En Santa Cruz de Tenerife (Canarias).

16 de agosto:

Catalina Méndez García. 48 años. En Totana (Región de Murcia).

24 de agosto:

María Sofía Tato Pajares. 42 años. En Arroyo de la Luz (Cáceres, Extremadura). No solicitó orden de alojamiento. Deja dos hijas huérfanas.

25 de septiembre:

Rosa María Sánchez Pagán. 20 años. En Canteras (Cartagena, Región de Murcia). Había denunciado.

28 de septiembre:

Noelia Noemí Godoy Martínez. 32 años. En Sestao (Vizcaya, País Vasco).

1 de octubre:

Felicidad Bruhn. 25 años. En Barcelona (Cataluña). Deja una hija menor huérfana.

3 de octubre:

Ana Belén Jiménez. 44 años. En Miranda de Ebro (Burgos, Castilla y León). Deja un hijo menor huérfano.

14 de octubre:

Identidad desconocida. 66 años. En Rubí (Barcelona, Cataluña).

Estas son las 40 mujeres asesinadas por sus parejas en España en 2017 1
MAPA ELABORADO POR THE OBJECTIVE. | FUENTE: MINISTERIO DE SANIDAD, SERVICIO SOCIALES E IGUALDAD

Este mapa de 2017 evidencia aquellas regiones donde se han producido más casos. Así, la Comunidad de Madrid lidera la lista con 8 feminicidios, y le siguen Cataluña y Andalucía (6),  Castilla La-Mancha (5), Comunidad Valenciana (4), Canarias y Región de Murcia (3), Extremadura (2) y País Vasco, Navarra, Castilla y León y Galicia (1).

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Tener pene

Aurora Nacarino-Brabo

Foto: Erol Ahmed
Unsplash

Para esa mitad aproximada de la población que dispone de uno, tener pene puede parecer algo más o menos trivial. En realidad no lo es. Tener pene es importante. O, mejor dicho, no tenerlo lo es. Cuando empecé a relacionarme con politólogos e intelectuales en seguida noté algo extraño: era como si no existiera. Los corros siempre se cerraban ante mis narices, casi nadie prestaba atención si me atrevía a decir algo y con frecuencia no llegaba a terminar mi excurso porque alguien me interrumpía antes.

Era una situación desconcertante por nueva. Nunca me había pasado en un aula, donde uno sabe que se sienta entre semejantes y donde la brillantez de las ideas y la cuantía de los conocimientos las examina un evaluador externo al grupo: un profesor.

Al principio achaqué estas reticencias a mi edad. Era un poco más joven que la mayoría de ellos, así que pensé que quizá se tratara de eso. Y, claro que tenía que ver, pero pronto noté que había otros chavales a los que se integraba y se dispensaba el trato considerado que a mí me negaban. Aquel entorno era muy masculino, pero imagino que muchas mujeres habrán vivido experiencias similares en ámbitos distintos.

Yo decía algo y nadie se dignaba mirarme. Un rato después, algún tenedor de pene repetía el mismo argumento y era recibido con asentimiento y celebración. Así asumí que mi problema era no tener pene. La otra opción era aceptar que era más tonta que el resto, y yo, que me tengo por una persona segura, alguna vez dudé de mí, y me avergoncé de mis opiniones y pensé que quizá no estuviera a la altura.

Escribir se convirtió en la única forma de poder expresarme sin interrupciones, sin sonrisas paternalistas ni gestos de desdén. Después, claro, mis artículos no se leían como los de ellos y mucho menos se compartían. Todavía es así. Cuando eres mujer es duro labrarte un espacio propio. Tienes que ganarte el respeto de todos: de los desconocidos, de los amigos y hasta de tu novio. Aprendí que, a veces, para obtener la bendición de los cercanos tienes que conquistar primero el favor de los extraños. También, que es más fácil conseguir el aplauso de los próceres que de quienes creen competir contigo. Pero sería injusto generalizar y no admitir que me he cruzado con hombres estupendos que me han tratado como a una igual y que hoy me son muy queridos.

Como soy muy cabezota, no dejé de escribir. Me dije: “Te va a costar un poco más que a ellos, pero, al final, llegarás tan lejos como te propongas”. Sigo convencida de ello. No me malinterpreten: no creo en esas frases de autoayuda barata que lo conminan a uno a perseguir sus sueños, como si la intención forjara el éxito. Pero creo tener algún talento, aunque publicarlo sea probablemente pretencioso y poco femenino. No escribo esto buscando explotar el victimismo con el que tontea algún feminismo. No soy débil. Me gustan las personas fuertes. Me gustan las mujeres fuertes.

Una vez, cuando era pequeña, una mujer (una amiga de mi familia, además) me preguntó, casi retóricamente, si yo quería ser un chico. Supongo que lo decía porque me pasaba el día saltando, trepando, corriendo, jugando al fútbol. No me gustaban las muñecas ni esos vestidos incómodos. Me identificaba con personajes como Peter Pan, Tintín, Basil, aquel ratón émulo de Sherlock Holmes, o Arturo, en la película que Disney dedicó al mago Merlín. Me aburrían los cuentos de princesas, pobres muchachas pasivas a la espera de un señor guapo, y me daban miedo las brujas. Nunca respondí a aquella pregunta, “¿A que te gustaría ser un chico?”, porque me quedé sin palabras. El mensaje era aterrador: todo lo que me hacía feliz era impropio de una chica. Estaba íntimamente escandalizada y furiosa, aunque fui incapaz de manifestar escándalo o furia.

La contestaré hoy, cuando han pasado más de veinte años y tengo, por fin, algún público que me lea: no quiero ser un chico. No queremos ser hombres. Solo queremos ser iguales.

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