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¿Cómo está afectando el proceso independentista al turismo en Barcelona?

Borja Bauzá

Foto: Borja Bauzá
The Objective

Estos días muchos se preguntan cómo está afectando el proceso independentista al turismo en lugares como Barcelona. Las informaciones publicadas hasta el momento recogen declaraciones contradictorias; grupos hoteleros hablan de una oleada de cancelaciones mientras los organismos catalanes desmienten el impacto. ¿Qué está sucediendo realmente? A falta de cifras oficiales, parece que todos llevan algo de razón. Hay cancelaciones y preocupación ante una posible escalada de las tensiones. Sin embargo, la ciudad continúa llena de visitantes que pasean sin grandes preocupaciones mientras los cruceros siguen llegando a puerto.

El día después del referéndum por la independencia de Cataluña fue un tanto estresante para la dueña del kiosco ubicado en Plaça Universitat, frente a la Universidad de Barcelona, a pocos metros de La Rambla. Muchos jóvenes –demasiados– se acercaban hasta el expositor de prensa internacional para ver si el mundo hablaba de ellos. El Financial Times lo hacía en portada y con él toda la prensa británica. También los principales diarios franceses e italianos, y algún alemán como el Frankfurter Allgemeine o el Die Welt. Los estudiantes repasaban los titulares avisándose los unos a los otros cuando detectaban alguno que hiciese mención al 1-O. Las informaciones aludían a las cargas policiales. Parecían satisfechos; ¡por fin el mundo se daba cuenta de la represión española en Cataluña! Ajena a la épica del momento, la kiosquera se quejaba de no poder atender bien a los clientes y bufaba a los chavales: “¡Esto no es una biblioteca!”

La dimensión internacional del 1-O generó innumerables muestras de solidaridad; desde la escritora J. K. Rowling, autora de la saga Harry Potter, hasta el primer ministro de Bélgica, Charles Michel. Pero también empezó a preocupar a uno de los sectores más rentables de Cataluña (y de España): el turístico. El independentismo catalán lleva tiempo considerando imperiosa la necesidad de aparecer en el mapa global de regiones conflictivas. Para las arcas de una ciudad como Barcelona, sin embargo, esta nueva fama puede tener consecuencias muy negativas.

¿Cómo está afectando el proceso independentista al turismo en Barcelona?
Un turista observa un puesto de souvenirs en La Rambla. Foto: Borja Bauzá / The Objective.

Uno de los primeros en advertir del riesgo que suponía para el turismo la celebración de un referéndum fue Álvaro Nadal, ministro de Energía, Turismo y Agenda Digital. El aviso se produjo cinco días antes del voto. El 26 de septiembre, en una entrevista concedida a Radio Nacional de España, Nadal aseguraba que “el impacto que está teniendo la situación política en Cataluña es mayor que el que han tenido los atentados”. El ministro se apoyó en datos de la Confederación Española de Agencias de Viajes (CEAV). La respuesta tardó dos días en llegar. Fue Martí Sarrate, presidente de la patronal de agencias de viajes ACAVE, quien contestó al ministro asegurando que Barcelona rozaba la plena ocupación hotelera. Entre las declaraciones de uno y otro los servicios diplomáticos de varios países –a saber: Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania e Irlanda– recomendaron a sus ciudadanos ir con cuidado.

Entonces llegó el 1-O, las cargas policiales, el cruce de amenazas entre líderes políticos, las declaraciones –tímidas en su mayoría– realizadas en las instituciones europeas, la solidaridad internacional y, el 3 de octubre, una huelga general en Cataluña que trajo consigo concentraciones multitudinarias en Barcelona.

A pie de calle

Óscar Manresa, conocido chef y empresario de hostelería, tiene varios restaurantes repartidos por Barcelona. En una conversación telefónica explica que el día de la huelga había decidido abrir el establecimiento que tiene en el Mercado de la Boquería, muy cerca de La Rambla. “A la hora del almuerzo se acercaron 300 tíos gritando y los clientes que estaban en la terraza se tuvieron que meter dentro como pudieron”, cuenta. Reconoce que ya ha sufrido unas cuantas cancelaciones de reservas. Grupos de trabajo que vienen de fuera, sobre todo. Sin embargo, y pese al incidente durante la huelga, Manresa cree que el problema tiene más que ver con la imagen que se traslada fuera que con un problema real de convivencia: “Los turistas no entienden muy bien el calado del conflicto y enseguida se creen que hay guerra civil cuando realmente no está pasando nada”.

El mismo día de la huelga, a poca distancia del restaurante de Óscar Manresa, Mario, un turista alemán que pasea por el barrio gótico acompañado de su mujer y la hija de ambos, saca fotos a una manifestación que recorre Via Laietana dando viscas a la terra. “Antes de llegar ya sabíamos lo que pasaba, pero llevábamos planeando este viaje ocho meses así que nunca pensamos en cancelarlo”, dice. Tampoco se arrepiente de haber venido: “No noto agresividad en la gente, todo parece muy festivo”, explica antes de volver a fijar el objetivo de la cámara. Para Mario los miles de manifestantes que pasan por delante ondeando esteladas no son más que una atracción añadida en una de las ciudades más visitadas de Europa.

Edmundo Ameneiro y María Elena Morales, un matrimonio de mediana edad procedente de México, se concede un respiro a la sombra de la catedral. También ellos lo ven todo muy tranquilo y dicen no haber tenido ningún tipo de problema durante su estancia. “El domingo vimos algunas colas aquí y allá pero nada más”, comenta ella.

Alexey y su novia han llegado desde Moscú. Pasean cerca del Arco del Triunfo sin tener muy claro el rumbo a seguir. Llegaron el día del referéndum y se marcharán la semana que viene. Son conscientes de la gravedad de la situación, pero se resignan a su suerte. Si pasa algo durante su visita, que pase. “Somos rusos; estamos acostumbrados a que todo se vaya a la mierda”, explican. Su encogimiento de hombros demuestra que la aclaración no busca ni drama ni chanza. Les han preguntado y ellos responden. Sin más.

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Harry y Claudine observan la Sagrada Familia. | Foto: Borja Bauzá / The Objective.

A un par de kilómetros de distancia, frente a la Sagrada Familia, Harry y Claudine se sientan en una terraza. Él, británico, pide cerveza. Ella, belga, un zumo de frutas. Están casados y discuten sobre qué parte de la iglesia se construyó con Gaudí vivo y qué partes corresponden a etapas posteriores. Viven en un pueblecito cerca de Bruselas y han llegado a Barcelona para coger un crucero. “El barco sale mañana, pero decidimos venir un día antes por si surgían contratiempos”, explica Harry. Claudine opina sobre la cuestión catalana: los referéndums –dice– no sirven para nada pero es que, en el caso del que se celebró el domingo, los resultados dictados por la Generalitat determinan que una mayoría de catalanes no quiere la independencia. (En efecto: los datos suministrados por el gobierno catalán dicen que participó menos del 50% del censo.) “Aunque ordenar a la policía pegar a gente que intenta votar está mal”, aclara. A Claudine los independentistas catalanes le caen un poco mal desde que comenzaron a recibir apoyo expreso de los independentistas flamencos. “En el pueblo en el que vivimos todos entienden el francés pero se niegan a interactuar en francés”, explica. Claudine es valona y Harry no sabe flamenco. “Muchas veces es ella la que tiene que traducir lo que quiero decir”, comenta. No se sienten intimidados por el proceso independentista ni por los acontecimientos de la última semana. “A mí quienes me preocupan son los yihadistas”, sentencia Claudine poniendo una mueca que oscila entre el disgusto, el miedo y el asco. “Bruselas está llena de ellos”, añade.

No lejos de la Sagrada Familia, en el barrio del Guinardó, una familia coreana llega por fin al piso que ha alquilado a través de la plataforma Airbnb. Van con retraso por culpa de la huelga. Lo primero que quiere saber Moriya nada más llegar es la clave del wifi. Lo segundo es si la ciudad es segura para él, su mujer y sus dos hijos. El dueño del piso, un catalán de mediana edad jovial y tranquilo, reconoce que en las últimas dos semanas ha sufrido más cancelaciones que en los últimos dos años.

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Los turistas llenan las terrazas de la Plaza Real. | Foto: Borja Bauzá / The Objective.

Los organismos oficiales y las asociaciones hoteleras no se ponen de acuerdo

La curiosidad relajada que reina en las calles de Barcelona contrasta con las impresiones de Manuel Vegas, presidente de la Asociación Española de Directores de Hotel, cuando se le pregunta por cómo puede estar afectando al sector turístico la situación en Cataluña. “Todavía no hay datos concretos, pero se especula con una caída de reservas de entre el 30% y 35% en la primera semana de octubre”, dice. Si las aguas no vuelven a su cauce, Vegas sostiene que esa cifra podría aumentar en las próximas semanas. Y explica que “lo que más asusta a los asociados catalanes no es la política, sino la reacción española a lo que pueda suceder en Cataluña”. Es decir: que personas procedentes de otras partes de España dejen de visitar Cataluña bien por temor a la situación bien por no querer dejar dinero en la comunidad autónoma. Según la información que maneja Vegas, por el momento los hoteles más afectados son los de alta gama. Esto se debe, en parte, a la cantidad de empresas y organismos que han decidido trasladar foros y conferencias a otros lugares. En ese sentido, la cancelación más sonada ha sido la de la Asociación de Cámaras de Comercio e Industria de Europa (Eurochambers), que ha decidido aplazar la celebración de su asamblea anual. Estaba previsto que la cita se celebrase en Barcelona entre los días 25 y 27 de septiembre.

Según recoge La Vanguardia, Alfonso del Poyo, vicepresidente de Hoteles Meliá, aseguró esta semana que en los 11 establecimientos que tiene la cadena en Cataluña se ha detectado una “relevante caída de la demanda”. El directivo calificó la situación de “preocupante” y dijo que otras cadenas hoteleras estaban experimentando circunstancias parecidas. En el mismo artículo también se recogen las declaraciones del consejero delegado de B&B Hoteles, Jairo González, quien confirmó que en sus establecimientos “hay anulaciones y enfriamiento de reservas a futuro”.

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Turista observa la Plaza Cataluña desde su balcón | Foto: Ana Laya / The Objective.

El Gremio de Hoteleros Catalanes, asociado a la Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos (CEHAT), y la Federación de Apartamentos Turísticos de Cataluña (Federatur) han suscrito las declaraciones de Alfonso del Poyo y Jairo González, según recoge El Mundo.

Octavi Bono, director general de Turisme de la Generalitat, opina de forma distinta. En declaraciones a la prensa catalana, Bono negó que exista inquietud y descartó que la demanda turística se haya visto afectada por el 1-O y los acontecimientos posteriores. En la misma línea se expresó un portavoz del Gremio de Hoteles de Barcelona, según unas declaraciones recogidas por El Periódico. Esta persona explicó que la actividad turística de la ciudad se está desarrollando “con total normalidad” y que “las previsiones de ocupación son muy altas”. En cuanto a Turisme de Barcelona, un organismo que depende del Ayuntamiento de Barcelona, su portavoz no ha contestado a las preguntas de este medio.

Cruceros y aerolíneas

El turismo de crucero es harto polémico. Estos buques suelen transportan miles de turistas de una ciudad a otra y el beneficio económico para los lugares que los reciben es sustancial. Un reportaje publicado este verano en El País explicaba que los cruceros dejan en Barcelona un beneficio anual de 313 millones de euros. Sin embargo, hay muchos vecinos y autoridades en ciudades como Venecia, Dubrovnik o la propia Barcelona que argumentan contra su llegada; dicen que esas cantidades de dinero vienen acompañadas de masificación y el deterioro de la urbe.

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Pueblos costeros como Sitges siguen recibiendo visitantes en octubre. | Foto: Borja Bauzá / The Objective.

En cualquier caso, y pese a las críticas, cuando hace unos días se conoció que dos cruceros alemanes –el Mein Schiff 3 y el Mein Schiff 5– con una capacidad total aproximada de 7.000 turistas optaron por desviarse de Barcelona y parar en Valencia, saltaron algunas alarmas. Sobre todo, porque el desvío de los buques estaba directamente relacionado con la situación política de Cataluña.

De momento parece ser un hecho aislado. En los departamentos de prensa de otras navieras de cruceros que operan en el Puerto de Barcelona no se tenía esta semana ninguna noticia de cambios de ruta en la presente temporada. De hecho, este domingo llega a Barcelona el crucero Norwegian Epic, con una capacidad similar a la de los dos cruceros alemanes juntos. Eso sí: desde Norwegian advierten que están “monitoreando la situación en Barcelona”. “En caso de problemas de seguridad, tenemos la flexibilidad de modificar nuestros itinerarios según sea necesario para evitar motivos de preocupación”, añade el e-mail remitido por la naviera.

También ha habido movimiento en el sector de las aerolíneas. Según ha trascendido a medios especializados, American Airlines y Air Canada están permitiendo a sus clientes cambiar las fechas de los billetes con destino al aeropuerto de Barcelona sin coste adicional. Se desconoce cuántos viajeros se han aprovechado de la medida.

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¿Está amenazada la libertad de expresión en España?

Marta Ruiz-Castillo

Foto: J.J.Guillen
EFE

Por primera vez en su historia, ARCO retira una obra; una juez ordena el secuestro de un libro; un rapero es condenado a tres años de cárcel. Estas son noticias reales y ocurridas en España en apenas un par de días. La polémica está servida porque en todos los casos hay un denominador común: la defensa o vulneración de la libertad de expresión en democracia.

En medio del debate, Amnistía Internacional (AI) ha hecho público un informe en el que denuncia que 2017 ha sido un mal año para la libertad de expresión en España . “Alzar la voz, incluso en redes sociales, se ha vuelto cada vez más peligroso”, y recuerda que sólo el pasado año hubo 20 condenas dictadas por “enaltecimiento al terrorismo” y humillación a las víctimas. “Comentarios en redes sociales, letras de canciones controvertidas y bromas están siendo criminalizadas bajo esa categoría vaga de enaltecimiento del terrorismo y de humillación a las víctimas”, añade AI.

Una conclusión preocupante para un país donde los derechos de manifestación y de reunión, por ejemplo, también se han visto restringidos con sanciones desorbitadas recogidas en la polémica Ley de Seguridad Ciudadana del PP, más conocida como ley mordaza aprobada por el Congreso de los Diputados en 2015 con el voto en contra de la oposición. El PP tenía entonces mayoría absoluta. La reforma de la ley, que limita también el derecho a la información, fue impulsada por el Grupo Socialista en 2016 pero el texto permanece en el olvido a la espera de que se reanude el trámite para derogar una norma que partidos, como PSOE o Podemos, utilizaron como bandera del progresismo. Ahora, al hilo de la polémica ambos han vuelto a reivindicar la urgente necesidad de acabar con la ley mordaza.

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El PP aprobó con el voto en contra de la oposición en 2015 la llamada ley mordaza. | Foto: Congreso de los Diputados

Para el magistrado y portavoz territorial de Juezas y Jueces para la Democracia, Joaquím Bosch, “todo empezó con la Ley de Seguridad Ciudadana” . En España “tenemos menos libertades ahora que en los años 80”, asegura.

Incluso el diario The New York Times se ha hecho eco de estas polémicas decisiones llegando a decir que “ya sea por ley o por intimidación, España se ha convertido en un país donde los riesgos para la libertad de expresión han aumentado en los últimos años”.

ARCO no quiere ‘presos políticos’

Santiago Sierra seguramente no imaginó que su obra ‘Presos políticos en la España contemporánea‘, con la que había acudido a la 37 edición de la Feria de Arte Contemporáneo de España (ARCO) iba a sentar un precedente; un polémico procedente porque las 24 fotografías con retratos pixelados de personajes en prisión preventiva, entre las que están el exvicepresidente de la Generalitat catalana, Oriol Junqueras, los presidentes de las organizaciones independentistas ANC y Òmnium Cultural, encarcelados en relación con la investigación judicial en marcha sobre el procés, fueron retiradas.

En una entrevista concedida a Ctxt , Serrano lamentaba lo ocurrido y se declaraba perplejo. En su opinión, “vivimos una histeria colectiva con el tema del procés”, y a la pregunta de si cree que España está viviendo un proceso de involución democrático, su respuesta fue contundente: “El Estado está penetrado por el crimen organizado”.

Los responsables de IFEMA, donde se desarrolla ARCO, fueron los que pidieron a la galería de Helga de Alvear, que llevó la obra en discordia, que la retirara. El argumento fue que podía molestar y crear una controversia que perjudicara al resto de las obras. En cuanto se conoció la noticia, las redes sociales se llenaron de comentarios, la mayoría críticos con la decisión, calificándola de “censura”.  La obra fue retirada, sí, pero antes fue fotografiada y reproducida hasta la saciedad en Twitter, en los medios de comunicación…Y lo que es más, la obra fue adquirida por 90.000 euros. Probablemente, lo que IFEMA no quería que ocurriera.

Ante la avalancha de críticas, llegaron las disculpas al día siguiente de retirar la obra. La dirección del recinto ferial aseguraba que sentía lo ocurrido, que no volverá a ocurrir y que, en ningún caso, hubo “mala fe”. Pero la obra no retornó a ARCO cuyo director, Carlos Urroz, dejó claro desde el primer momento que no compartía la decisión.

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La obra Presos Políticos de Santiago Sierra antes de ser retirada de ARCO. | Foto: FERNANDO VILLAR / EFE

Los políticos no han permanecido ajenos a la polémica. “La libertad de expresión en cualquier ámbito es una pieza fundamental del Estado de Derecho, y desgraciadamente, desde que tenemos un gobierno del PP la libertad de expresión en España está muy restringida”, declaraba la portavoz del Grupo Socialista en el Congreso, Margarita Robles. En este sentido, aseguraba que el PSOE quiere sacar adelante más pronto que tarde la derogación de la ‘ley mordaza’. Una declaración genérica de Robles cuyo partido, sin embargo, no se opuso a la retirada de la obra cuando el órgano directo tomó la decisión.

“Bienvenidos a Turquía”, decía, por su parte, el portavoz en el Congreso de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), Joan Tardá, partido del que es líder Oriol Junqueras. “Bienvenidos al régimen de Erdogan ¡Cuánta hipocresía! Es una vergüenza que tengamos que presenciar un ejercicio de hipocresía tan superlativo, porque…como que no tienen la honradez, la honestidad de decir que se trata de un ejercicio de censura”.

El Gobierno, sintiéndose aludido por esta y otras acusaciones similares, salió al paso asegurando que “nosotros no censuramos a nadie“, en palabras del portavoz y ministro de Educación y Cultura, Íñigo Méndez de Vigo. En el lado opuesto, Podemos, y como expresión del rechazo a esta retirada insólita de una obra de arte en ARCO, la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, decidió no acudir a la inauguración presidida por los Reyes, al día siguiente de que estallara la polémica.

El escándalo de ARCO se produjo coincidiendo con otra polémica no menos intensa. La jueza de Collado Villalba (Madrid) Alejandra Fontana ordenó el secuestro cautelar del libro ‘Fariña’, obra del periodista Nacho Carretero publicada en 2015 en la que narra con datos contrastados y reales la historia del narcotráfico gallego. La jueza adoptó la medida a petición del exalcalde de O Grove (Pontevedra), José Alfredo Bea Gondar, quien demandó en enero a Carretero y a la editorial Libros del KO por supuesta vulneración de su derecho al honor.

“Creo desproporcionado secuestrar Fariña por plasmar unos hechos probados judicialmente en 3 líneas del libro”, dijo Carretero.

La reacción en las redes sociales contra lo que, de forma mayoritaria se calificó de “censura”, no fue nada comparada con las ventas del libro en Amazon. ‘Fariña’ se convirtió en el libro más vendido en unas horas, mientras numerosas personas publicaron el párrafo de la discordia en Twitter.

El Gremio Libreros de Madrid publicó un comunicado en el que expresó su “rotundo desacuerdo y unánime disconformidad con esta medida” y anunciaba que “Fariña se queda en las librerías”.

Para Pablo Iglesias, líder de Podemos, “la libertad de expresión está sufriendo el mayor ataque desde la dictadura y no podemos quedarnos callados”. Se refería al secuestro de Fariña y a la sentencia condenatoria contra el rapero Valtonic.

Y es que antes del secuestro de Fariña, los medios de comunicación se hicieron eco de la decisión del Tribunal Supremo de confirmar la condena a tres años de prisión contra el rapero Valtonyc por delitos de “enaltecimiento del terrorismo, calumnias e injurias graves a la Corona, y amenazas no condicionales”.

El rapero reaccionaba con este tuit a la sentencia

Una decisión calificada por muchos de “desproporcionada”. La Plataforma en Defensa de la Libertad de Información (PDLI) calificó la condena al rapero de “inaudita” e “impropia de una democracia” que vulnera los principios internacionales sobre libertad de expresión. “Valtonyc va a ser el primer cantante que entre en prisión en España acusado de enaltecimiento del terrorismo. Lo que estamos viendo es inaudito e impropio de una democracia plural: la persecución de la canción protesta”, dijo en un comunicado la presidenta de la PDLI, Virginia Pérez Alonso.

Una valoración no compartida por el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, para quien las expresiones de odio y los extremismos deben ser perseguidos con las armas legales que ofrece el Estado de derecho; más contundente, el presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, dijo que “una amenaza de muerte es una amenaza de muerte independientemente de que el soporte en el que se haga sea digital o analógico”. El líder de la formación es uno de los políticos que ha recibido amenazas de muerte a través de las redes.

El caso del Valtonic no es único. Antes que él, la justicia condenó en 2014 a Pablo Hasel por enaltecimiento del terrorismo, aunque no entró en prisión porque la pena no superaba los dos años. El rapero catalán tiene varias causas abiertas por tuits publicados en su cuenta.  También la justicia española ha condenado a ciudadanos por opiniones ofensivas constitutivas de delito. El primero en entrar en prisión fue Alfredo Remírez, arrestado en 2015, el mismo día que el cantante de Def con Dos, Cesar Strawberry, por comentaros en tuiter contra las víctimas del terrorismo. En todos los casos, aseguran que son sólo opiniones y se defienden apelando a la libertad de expresión. La cuestión es que la justicia, en todos estos casos, entiende que la libertad de expresión tiene unos límites que terminan donde empieza el Código Penal.

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¿Por qué el metro de Madrid circula por la izquierda?

Redacción TO

Foto: Victor R. Caivano
AP

La sorpresa es común en el turista o en el recién llegado a Madrid. ¿Por qué el metro circula por la izquierda? Existen dos teorías principales.

La primera apunta a los látigos como causa fundamental de esta característica del suburbano de la capital. En el momento de la inauguración de la primera línea del metro, el 17 de octubre de 1919, los coches en Madrid circulaban por la izquierda, ya que los conductores de los carruajes llevaban las riendas de los caballos con la mano izquierda y los látigos para fustigarlos con la derecha. Por eso, para no darle un latigazo accidental a un peatón en la cara, se estableció que estos vehículos viajaran por el carril izquierdo. En consecuencia, el metro imitó esta característica y se decidió que el suburbano circulara por la izquierda. Posteriormente, cuando se estableció legalmente que el sentido de la circulación de los coches en la superficie sería el derecho, resultaba demasiado caro volver a señalizar toda la red del metro, así que la cosa se quedó como estaba.

Otra teoría tiene su epicentro en el Reino Unido. Según esta hipótesis, las infraestructuras del suburbano de la capital se compraron y se diseñaron imitando las inglesas, donde ya estaba establecido el carril izquierdo como norma de circulación, así que este sistema se importó a Madrid.

En la superficie, Madrid también circuló inicialmente por la izquierda. Pero no era así en otras ciudades españolas, como Barcelona, que siempre ha circulado por la derecha. En 1924, Madrid cambió su normativa y la circulación pasó a tener lugar por el carril derecho. No obstante, no fue hasta los años 30 del siglo pasado cuando se adoptaron normas nacionales que equipararan la circulación del tráfico en todo el territorio español.

Y el caso de los trenes no es el único en el metro de Madrid. Muchas de las escaleras mecánicas del suburbano de la capital circulan por la izquierda, pero en este punto el caos es mayor, ya que no todas lo hacen. Es decir, si uno ve un par de escaleras mecánicas en el metro, ha de prestar atención al sentido en el que circulan antes de subirse a ellas. E incluso una vez dentro de la escaleras, la dicotomía entre la izquierda y la derecha continúa: un viajero que desee quedarse parado y bajar o subir sin moverse, al ritmo de las propias escaleras mecánicas, debe arrimarse al lado derecho de las escaleras. Por contra, un viajero que tenga prisa y prefiera caminar por las escaleras mecánicas, debe hacerlo por el lado izquierdo.

Y la curiosidad del sentido de la circulación no es la única. La famosa estación fantasma de Chamberí también alimenta conversaciones entre los usuarios del metro, que diariamente cruzan una estación en la que nunca para el metro entre Iglesia y Bilbao. El motivo de que ya no esté operativa es la cantidad de usuarios que tiene el metro. Ante el aumento del uso del suburbano en los años 70, se decidió aumentar la capacidad de los trenes añadiéndoles más vagones. En consecuencia, hubo que ampliar todas las estaciones para que cupieran los nuevos trenes. La ampliación de la estación de Chamberí resultó imposible y Metro de Madrid decidió clausurarla. Eso sí, hoy sigue operativa como museo y como curiosidad histórica de la ciudad.

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Estas son los lugares que más turistas reciben del mundo

Whitney Leach

Foto: Kin Cheung
AP

Asia lidera de nuevo la recepción de turistas a lo largo del año con ciudades como Hong Kong, Bangkok o Singapur entre las más visitadas del mundo. Hong Kong mantiene por noveno año consecutivo el título de ciudad más visitada del mundo según el Top 100 City Destinations Ranking, seguido de Bangkok, que en 2017 superó a Londres.

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Estas son las ciudades más visitadas del mundo. | Foto: Euromonitor International

Asia lidera la lista 

Las ciudades asiáticas dominan el ranking: hay 41 ciudades de la región de Asia y el Pacífico en la lista de 2017, en comparación con las 34 que había en 2010. Y se espera que esta cifra aumente a 47 en el año 2025.

Un factor importante del boom de turistas en esta región es el “aumento inexorable” del mercado de turismo emisor de China, que es el más grande del mundo, dice el informe.

Se predice que el número de visitantes internacionales de Hong Kong caerá a 25,7 millones durante 2018, debido al aumento de las tensiones con China continental. Pero se espera que la ciudad se recupere, y las visitas llegarán a los 45 millones en 2025.

“Esperamos que la región continúe creciendo en la próxima década, con Singapur superando a Londres como la tercera ciudad más visitada del mundo para 2025, otorgando el podio por completo a Asia”, dijo en un comunicado de prensa un analista senior de viajes de Euromonitor International.

El futuro de Europa 

Euromonitor dice que las recepción de turistas de las ciudades europeas se ha visto afectada por acontecimientos recientes como la crisis de la zona euro, la afluencia de refugiados, el brexit y los ataques terroristas.

Sin embargo, los imanes turísticos como Londres y París siguen siendo resistentes. Y algunos destinos en Grecia, Italia y España experimentaron un crecimiento durante 2016 como resultado de los disturbios en Medio Oriente y norte de África.

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Ciudades como París siguen atrayendo a un gran número de turistas. | Foto: Kamil Zihnioglu/ AP

A pesar de sufrir ataques terroristas y la turbulencia política provocada por el Brexit, Londres fue la ciudad más visitada de Europa en 2016 con 19,2 millones de visitantes. De hecho, una libra más débil como resultado del Brexit ha ayudado a atraer más visitantes al Reino Unido.

A largo plazo, sin embargo, las perspectivas para Londres son más sombrías, con Euromonitor prediciendo una caída hasta el sexto lugar para el año 2025 a medida que el turismo se eleve más rápido en las ciudades asiáticas.

La ciudad mejor posicionada de Estados Unidos en el ranking es Nueva York, que se mantiene en la octava posición con 12.7 millones de visitantes, justo por delante de Shenzhen con 12.6 millones.

Artículo publicado originalmente en el World Economic Forum en español.

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Aguantocracia

Guillermo Garabito

Foto: Manu Fernandez
AP

Los enemigos de Mariano Rajoy, que no han sido siempre los de España, terminan cayendo uno tras de otro como los frailecillos de los documentales de La 2. Los enemigos de Rajoy fueron amigos en el PP antes de que el presidente se revelara inmortal. Todos caen menos Mariano. El marianismo equivale a una doctrina, una escuela de fijeza. La escuela de Moncloa marca una era y Arriola quedará retratado como alguno de los personajes secundarios del cuadro entre picassiano y olvidado. El marianismo es una forma de ser español, como el ‘cojonudismo’ intuido por Unamuno o el ‘cipotudismo’ que recopila Jorge Bustos ahora.

Mariano Rajoy, como el español a lo largo de la historia, sólo sabe resistir ante la adversidad. Únicamente sabe estar contra viento y marea en los momentos álgidos y ha condensado y refinado esa cualidad inherente del españolito histórico. Porque lo de este país casi siempre han sido victorias por desgaste, largas y al final: como en el Mundial de Sudáfrica.

Aguantar es español, pero el ‘marianismo’ bebe de muchas otras culturas y tradiciones. De la árabe y la paciencia de sentarse a esperar a ver pasar el cadáver del enemigo. Aunque es probablemente que indagando descubrieran que los árabes copiaron el proverbio a un señor de Pontevedra. El ‘marianismo’ es la resistencia pasiva de Gandhi pero a la española y sin huelgas de hambre.

Más ahora, que entre los independentistas hay discordia Y los independentistas huyen o mienten o reniegan. “Si utilizas al enemigo para derrotar al enemigo…” La huida nada menos que a Suiza de Anna Gabriel es cuanto menos irónica. A base de aguantar, Mariano Rajoy ha conseguido que Anna Gabriel se peine. Sólo ha tenido que perseguirla la justicia para cambiar el ‘look’.

“La mejor victoria es vencer sin combatir.” Para algo se inventó la democracia. Y el 155. Puigdemont sigue en Bruselas, Junqueras y compaña en Estremera y poco a poco van desertando de obra y cuerpo presente los llamados por la justicia. Aunque Rajoy probablemente no haya leído ‘El arte de la guerra’. Mariano Rajoy es el último de Filipinas, un soldado de los Tercios españoles. O quizá únicamente sea un señor de Galicia con paciencia y mucho tiempo que perder.

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