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Cómo y por qué narrar tu propia historia

Clara Paolini

Foto: STEFAN WERMUTH
Reuters

Estamos biológicamente programados para aprender de los otros y sobre todo de nosotros mismos al moldear en palabras la experiencia. Lo hemos estado desde el principio de los tiempos, cuando los relatos se contaban a través de pinturas rupestres o las leyendas se narraban alrededor del fuego, y lo seguimos haciendo ahora, en un mundo donde la hipercomunicación sigue escondiendo bajo su enjambre historias que hablan de nuestra propia esencia.

Los humanos somos seres narradores y vivientes, y como tal, contar historias es para nosotros a la vez un arte y una necesidad. Lo hacemos a través de la literatura, de la publicidad, del cine, en discursos políticos y hasta en desenfadadas conversaciones de ascensor cada día, pero de entre todos los relatos imaginables hay uno de especial relevancia y utilidad: el de nuestras propias vidas.

Ya lo decía Gabriel García Márquez: “La vida no es la que uno vivió, sino la que recuerda y cómo la recuerda para contarla”, porque las cosas que no se narran, pareciera que no existen, se olvidan o se pierden y, pasando desapercibidas, desaparecen. Todos tenemos una vida y, por poco interesante que ésta pueda parecernos, cada uno de nosotros experimentamos capítulos llenos de humor, drama, emoción o ternura. En nuestra biografía no existe detalle insignificante.

Darle sentido a los fragmentos, saber cómo relatar lo que nos parece indescriptible o conseguir dar forma al relato para pasar de un simple anécdota a una verdadera historia es, sin embargo, otro cantar. Acoidán Méndez, guionista y fundador de El Volcán, la iniciativa que a través de su taller-espectáculo ha creado ya una “plataforma de personas que quieren contar historias”, nos da pistas para responder a las preguntas que dan título a este artículo:  ¿cómo contar nuestra propia historia?, ¿por qué es tan importante narrar nuestra propia biografía? Una entrevista que se convierte en clase magistral para todo aquel curioso por aprender más sobre el arte de “autonarrarnos”.

Buenos motivos para narrar tu historia

Aunque no lo creas, tienes algo que contar:  “Todos tenemos la capacidad de contar historias porque todos tenemos una vida única. No hace falta tener una biografía de película para contar un buen relato”, asegura Acoidán. El periodo universitario, una ruptura, la pérdida de un ser querido, recuerdos de la infancia, una mudanza, un viaje… Prácticamente todo vale y si se cuenta con sinceridad, puede provocar la catarsis. Además, al narrar parte de nuestras biografías “tomamos conciencia de nosotros mismos, algo que no solemos hacer en el día a día, donde no tenemos tiempo para pensar ni analizar nuestras decisiones. Generando el relato cada uno se descubre a sí mismo en múltiples facetas; nos conocemos mejor a través de nuestro propio personaje”.

Quitarse la máscara para volver a lo esencial: Narrar nuestra biografía nos recuerda “la necesidad de ser vulnerables, de no tener máscaras ni aparentar, de tener un espacio donde recordar nuestras historias y tomar conciencia de quiénes somos para ofrecer al mundo y a los demás algo auténtico y valioso en el sentido humano de la frase y no en términos productivos o parámetros de eficiencia”.

Acoidán explica que normalmente solemos contar historias con un fin, como por ejemplo, respondiendo las preguntas en una entrevista de trabajo, o cuando queremos convencer a alguien de algo con argumentos contundentes a base de ejemplos extraídos de la experiencia. Sin embargo, a veces resulta más útil centrarnos en los que nos ha pasado sin imposturas: “Nos hemos acostumbrado a contar historias de forma persuasiva, donde las máscaras y las apariencias ocupan una importante presencia, pero sin nos las quitamos de encima, todos son ventajas. Te sientes mejor contigo mismo y los demás lo notan, tu relato se torna más sincero y natural, y sin preocuparte por la parafernalia, éste será siempre más efectivo”.

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Foto: REUTERS / Toby Melville

Si eres un perdedor, puede que seas un héroe: “En muchas ocasiones lo que nos inspira y emociona es descubrir que hay una persona de carne y hueso detrás del personaje y que al igual que nosotros, hasta los empresarios, artistas o personalidades de éxito tienen debilidades. Es en la fragilidad donde reside gran parte de su crecimiento personal y esa es la base del éxito de las charlas TED, por ejemplo. Lo que pasa es que a veces no somos conscientes de que todos podríamos hacer una charla inspiradora; todos tenemos algo que contar”.

El valor de la distancia: “Cuando intentas relatarte puedes verte a ti mismo como un personaje y si se hace bien, lejos de ser un ejercicio egocéntrico, contar una biografía resulta casi terapéutico. Curiosamente, a veces llega a surgir el humor a partir del drama”. Acoidán pone un ejemplo:  “Yo soy bastante hipocondriaco pero cuando empiezo contarlo mi reacción al verme un lunar en la piel y me escucho diciendo las bobadas que me pasan por la cabeza en ese momento, me entra la risa. En la realidad, si eres una persona con hipocondría lo pasas fatal, sufres, pero gracias al relato eres capaz de desligarte y tomar otras perspectivas”.

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Foto: REUTERS / Stefan Wermuth

Puedes aplicar lo aprendido narrando en múltiples facetas de tu vida:  “El storytelling no es una forma complicada o novedosa de narración, sino una vía de comunicación que podemos utilizar en nuestro día a día. Es válida tanto para un entorno profesional como para sentirnos más seguros a la hora de comunicar algo de vital importancia para nosotros”. Desde ofrecer un pitch a un inversor a superar el reto de compartir un episodio de tu vida en público deshaciéndote del miedo a ser juzgado, se mire por donde se mire, narrar es mejorar nuestra capacidad de comunicación y aprendizaje.

Es un reto gratificante pero también divertido. Convirtiéndonos, al menos por un momento, en los verdaderos protagonistas de nuestra historia surgen momentos que de otra forma no viviríamos. La vida se alarga al compartirla y en ocasiones, la tragedia se convierte en un relato cargado de humor.

Cómo narrar tu biografía

Empezar desde cero: “El primer paso es rescatar del olvido diferentes historias que te hayan pasado hasta que aparezca la que sintamos que merece más la pena compartir. Una vez elegida la historia, profundizamos definiendo qué queremos contar y por qué, cuál es el objetivo, qué personajes intervienen en la historia, la estructura y el tono”.

Poner una meta: “Descubrir qué es lo que se quiere provocar es parte imprescindible de la misma. Una misma historia puede pulirse y ser moldeada hasta conseguir resultados divergentes; podemos provocar con una misma anécdota desde la risa hasta el llanto dependiendo del fragmento que escojamos y haciendo hincapié en determinados elementos podemos hacerla la historia emotiva, emocionante o triste. Elegir es un ejercicio creativo con el que conseguiremos sentar las bases del resultado”.

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Foto: REUTERS / Stefano Rellandini

Estructura y conflicto: La estructura distribuye el peso del contenido en el relato creando diferentes efectos, mientras que el conflicto incide en la parte emocional. “La verdad nace del conflicto. Donde hay conflicto nos volvemos vulnerables y nos mostramos frágiles, humanos, capaces de despertar empatía porque es la parte de la verosimilitud”. Acoidán señala que esta parte revelará grandes secretos ya que “si quieres conocer a un personaje en profundidad, ponle en un apuro, en un dilema donde la decisión que tome reflejará quién es”.

Partir de la verdad: “Cuando nuestro relato se sustenta en la verosimilitud, lo que conseguimos es una acción por parte de nuestro interlocutor. No solemos recordar datos pero sí las historias que nos emocionan y que son verdad”.

Si quieres aprender más

La próxima edición de El Volcán: Historias desde el Interior empezará en Madrid el jueves 1 de junio.

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Arantxa Unda: "Es muchísimo más barato prevenir una enfermedad que curarla"

Fátima Elidrissi

Foto: Carola Melguizo
The Objective

Arantxa Unda es CEO de Sigesa, una empresa española de analítica avanzada de datos que ayuda a los gestores sanitarios a identificar grupos en riesgo de contraer una enfermedad o problemas en los propios centros.

Un año después de ser distinguida por la revista Forbes como una de las menores de 30 años más influyentes en el campo de la ciencia y la salud, Arantxa Unda (Madrid, 1987) reconoce que su vida no ha cambiado tanto. “Fue una experiencia muy positiva no solamente para mí sino para todo el equipo. También supuso mucho trabajo, pero después de unos meses volvimos un poco a la normalidad”, cuenta la CEO de Sigesa, empresa española dedicada al desarrollo e implantación de software especializado en gestión sanitaria. «Sirvió para darnos a conocer, pero al final una cosa es que te incluyan en una lista de jóvenes con potencial y otra cosa es demostrar ese potencial con el trabajo del día a día», añade.

Ya con 31 años, Unda recuerda el salto mortal profesional que, en cierto modo, le valió el reconocimiento y por el que hoy sigue pagando. Es decir: por qué abandonó una prometedora carrera en el mundo de las finanzas –después de trabajar en los bancos de inversión Goldman Sachs en Nueva York y Morgan Stanley en Londres– para regresar a la pyme que su padre fundó hace 25 años. “La verdad es que estaba muy contenta, la curva de aprendizaje es muy alta, pero había una parte que no me terminaba de encajar. Siempre tuve el gusanillo de la gestión sanitaria: estuve un año trabajando en la empresa y vi que me gustaba mucho”, cuenta Unda. Cursando un MBA en la Universidad de Harvard, un profesor la empujó a apostar por su sueño, y entonces decidió buscar financiación y comprar el 41% de Sigesa. “No me gustaba nada la idea de ser la nueva jefa por imposición divina, por ser la hija de. Necesitaba sentirlo mi proyecto”, tanto si iba bien como si iba mal. “Tengo un crédito para las acciones y un riesgo real”, confiesa.

Arantxa Unda: El futuro de la medicina pasa por el análisis de datos 1
“No me gustaba nada la idea de ser la nueva jefa por imposición divina”. | Foto: Carola Melguizo / The Objective.

Aunque Unda insiste a menudo en lo abstracto de su trabajo, Sigesa es básicamente una empresa de analítica avanzada de datos para el sector de la salud. Su plantilla está integrada por 24 trabajadores y actualmente tienen más de 400 clientes –hospitales, ministerios de sanidad, compañías aseguradoras y gobiernos regionales– en ocho países, siendo España, Portugal, Chile y Colombia sus principales mercados. En sus palabras: “Ayudamos a las instituciones a recoger, normalizar y estructurar la información clínica gracias a algoritmos para poder analizar, por un lado, si los centros están siendo eficaces en su atención y, por otro lado, el estado de salud global de una población e implementar políticas que ayuden a mejorar su salud”. Y aclara: “Nuestro fin es ayudar a los profesionales a que hagan mejor su trabajo, no decirles cómo hacer su trabajo. No somos una consultora, somos una empresa de tecnologías de la información”.

Dicho de otro modo, cada vez que un paciente entra a un hospital se generan miles de datos que, convenientemente analizados, pueden ayudar a identificar grupos en riesgo de contraer una enfermedad o problemas en la gestión de un centro médico. Por ejemplo, examinando el número de reingresos que se producen en un centro, en un determinado número de días y por la misma patología se pueden observar anomalías, “igual se ha dado de alta al paciente demasiado pronto o no se le ha dado la atención adecuada porque ha tenido que regresar”, señala Unda.

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La innovación y la interoperabilidad de los sistemas para llegar más lejos con los mismos recursos son clave para el futuro. | Foto: Carola Melguizo / The Objective.

El futuro de la medicina: la prevención

Los grandes desafíos sanitarios de los países desarrollados en el siglo XXI son el cambio demográfico provocado por el descenso de la natalidad y el envejecimiento de la población y el incremento de la tasa de prevalencia de las enfermedades crónicas, “que son con mucha diferencia las que más recursos se llevan del sistema”, afirma Unda. Para asegurar su sostenibilidad, “el foco en el futuro estará en la medicina preventiva: no tanto en curar al paciente, que también, sino en analizar y tratar la salud global del ciudadano”. Y en este sentido añade: “Es muchísimo más barato prevenir una enfermedad que curarla».

A este respecto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) calculó que en 2005 el 61% de todas las muertes (35 millones) y el 49% de la carga mundial de morbilidad eran atribuibles a enfermedades crónicas. Se estima que en 2030 la proporción del total mundial de defunciones debidas a enfermedades crónicas llegará al 70% y la carga mundial de morbilidad al 56%. La combinación de cuatro factores de un estilo de vida saludable -mantener un peso saludable, hacer ejercicio regularmente, seguir una dieta saludable y no fumar- parece estar asociada a una reducción de hasta un 80% en el riesgo de desarrollar las enfermedades crónicas más comunes y mortíferas.

En nuestro país, “el sistema sanitario, tanto en el lado público como el privado, por supuesto que puede mejorar en muchos aspectos, pero si nos vamos a otros países nos damos cuenta de que es envidiable en cuanto a cobertura, calidad de la asistencia y eficiencia”. No obstante, “en la demografía España está en una situación muy mala con una de las poblaciones más envejecidas de Europa y el mundo. Somos uno de los países más vulnerables de cara al futuro para afrontar estos retos”.

Arantxa Unda: El futuro de la medicina pasa por el análisis de datos 4
El sistema sanitario español “es envidiable en cuanto a cobertura, calidad de la asistencia y eficiencia”. | Foto: Carola Melguizo / The Objective.

Entre las soluciones, Unda propone apostar por la innovación y la interoperabilidad de los sistemas para llegar más lejos con los mismos recursos. Y destaca: “Nosotros siempre intentamos utilizar la información que ya existe, que ya se está recogiendo y no aumentar la carga burocrática. La tecnología no debe hacer que los médicos estén más tiempo picando información en un ordenador sino al revés: que los médicos, o en nuestro caso los gestores, utilicen la tecnología para hacer más eficiente su trabajo y no estar rellenando fichas”.

A modo de conclusión, y hablando de Facebook y el uso indebido de datos personales, Unda sentencia: “En este tipo de tecnologías se utiliza información anonimizada y agregada. No se utiliza realmente el informe clínico sino inteligencia que se extrae de ese informe y se pone a disposición de los profesionales o los gestores”. Y recuerda, además, la nueva ley de protección de datos que se aprobará el próximo 25 de mayo.

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La última batalla del Gabo

Carlos Mayoral

Foto: Rogelio A. Galaviz C.
Flickr bajo Licencia Creative Commons

El Gabo dijo adiós un abril hace ahora cuatro años. Había muerto haciendo con la batalla lo que hacía el coronel de su obra: presentarla, que es mucho más importante que haberla ganado. García Márquez no coincide con Aureliano en eso de promover treinta y dos levantamientos y perderlos todos. Sabía muy bien que hay algo de paradoja en ese juego: la primera victoria consiste en haberlo intentado. El Gabo peleó, como ese mismo coronel que llevaba quince años esperando la carta con la pensión de veterano de guerra, silenciosamente, consciente de que serían los idealismos de una tierra y no el hambre asociado a ella los encargados de juzgar al hombre latinoamericano. No dejó de intentarlo el de Aracataca, presentó esa batalla en un mundo de las letras anquilosado, decimonónico y que desde el punto de vista hispánico se deshacía: olvidado a un lado del océano, ahogado bajo las aguas turbias de la dictadura al otro.

¿Y cómo peleó contra él? Hasta la llegada del colombiano, los pocos puentes establecidos entre Europa y Sudamérica, véanse los Rubén Darío o los César Vallejo, adoptaban el talento iberoamericano bajo el aspecto ajado con maquillaje gris y tacones de aguja de la vieja Europa. Dicho de otro modo, hasta su llegada, el escritor hispanohablante no podía ser conocido sin el rigor formal europeo. El Gabo cambia las normas. Con un estilo heredado de maestros como Carpentier u Onetti, decide que la literatura hispanoamericana colocará el corazón allí, en el centro del continente que más magia y más hechizo desprende de todo el globo. Llamen a ese corazón Macondo, Comala, Xurandó, Leoncio Prado o Santa María, me importa un carajo. Lo realmente sustancial es que de una vez por todas el párrafo o la estrofa habita allí, en el único lugar donde un coronel, por volver al principio del texto, puede ser derrotado en treinta dos levantamientos y pasar por el gran héroe que todos quisimos ser. Aparece un nuevo léxico, un nuevo escalón gramatical. Aparecen nuevos escenarios, nuevas personalidades. Aparece una nueva forma de entender la realidad. Todo desemboca en un estallido de cuya onomatopeya surgió la etiqueta del grupo literario más talentoso del siglo XX. Es el legado del Gabo más allá de la batalla, lo que quedará cuando el ruido y el polvo hayan desaparecido.

Libró su última batalla contra la memoria. Y ganó, claro. Había dejado en las nuestras, por suerte, la sensación constante de que hay un tipo de narración que permite una sorpresa en el siguiente renglón, que encuentra magia en lo cotidiano. Durante su última batalla demostró que su pluma sobreviviría al olvido y a la soledad. Es decir, permitan que acabe este texto como lo empecé, quiero decir, con una paradoja: Gabriel García Márquez sabía muy bien que hay olvidos que permanecen en la memoria. Millones de lectores siguen olvidándole hojeando sus páginas cada día. Ese hojeo seguirá vivo. Pasen cuatro o, como ocurrió con aquellas estirpes condenadas, cien años más de sufrimiento.

Continúa leyendo: 11 preguntas random con El Kanka, el cantautor del 'buen rollo'

11 preguntas random con El Kanka, el cantautor del 'buen rollo'

Bea Guillén Torres

¿Qué canción no se cansa de escuchar El Kanka? ¿Qué le da mucho miedo? ¿De qué se queja en exceso? ¿Cuál es su refrán favorito? ¿A quién prefiere a Iglesias o a Rajoy? Le hemos hecho a El Kanka 11 preguntas random y, spoiler, se ríe en todas.

Aquí puedes leer la entrevista completa.

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Liv Strömquist: “Toda la historia del cristianismo afirma que la mujer hizo algo malo y por eso se le castiga”

Ariana Basciani

La historietista sueca Liv Strömquist está sentada en la sala de prensa del Salón del Cómic de Barcelona conversando con alguna radio española mientras espero entrevistarla. Al llegar mi turno, se levanta y se dirige hacia un cochecito de bebé junto a un hombre que lo pasea. Strömquist vuelve, se sienta a mi lado y me dice: “es mi hijo de tres meses y tengo que chequear porque debo darle pecho cada hora”.

La estampa es reivindicativa: una autora de renombre visita Barcelona mientras su pareja cuida de su hijo cuando ella concede entrevistas. Es un concepto cerrado si pensamos que Strömquist  se encuentra en la ciudad condal promocionando su libro El Fruto Prohibido (Reservoir Books, 2018), un cómic de gran volumen, con mucha información, que refleja cómo a las mujeres se les ha censurado su sexualidad y su cuerpo desde el comienzo de la era cristiana hasta nuestros días.

Strömquist revela que siempre le decimos vagina a nuestro órgano sexual, cuando es vulva el verdadero término; así de confundidas nos ha tenido la historia o así se han creado los sesgos perceptivos con respeto a nuestro propio cuerpo. El Fruto Prohibido, relata cómo la censura masculina nos negó el placer sexual y nos metió en un cajón de experimentos para probar que no éramos aptas para muchas cosas en un mundo de hombres, especialmente si se tenía un órgano sexual diferente al de ellos.

Liv Strömquist: “Toda la historia de la cristianismo afirma que la mujer hizo algo malo y por eso se le castiga”
Liv Strömquist firmando ejemplares de “El Fruto Prohibido” en el Salón del Cómic de Barcelona | Imagen: Reservoir Books

¿Por qué escogiste a la vulva como tema principal e hilo conductor del libro?

Normalmente en el feminismo se habla de la igualdad salarial y otros temas importantes, pero yo estaba interesada en hablar de los sentimientos que genera el patriarcado sobre las mujeres y uno de esos sentimientos es la vergüenza. Esto es algo que nos afecta a nivel psicológico de una manera muy profunda. Las mujeres tienen una relación de vergüenza con su órgano sexual. Si la comparas con cómo los hombres se sienten con respeto al pene, es totalmente lo opuesto. Para ellos, su miembro es un símbolo de poder; para nosotras,  la vagina o la vulva es totalmente lo contrario, es de vergüenza y, en algunos casos, sentimos asco.

¿Crees que esta relación de vergüenza con nuestros cuerpos viene fundamentada por la historia y la construcción del lenguaje, en muchos casos escrito por hombres?

No, creo que ahora eso se ha resuelto, pero en la actualidad existe la idea de que todo tiene una explicación psicológica y si sientes vergüenza de tu cuerpo, es un problema psicológico individual. Por ejemplo, el tabú del síndrome premenstrual, todas tenemos algún recuerdo donde te sientes avergonzada por comprar unos Tampax o por pedir permiso para salir de clases porque sientes mucho dolor menstrual, que fue mi caso. Recuerdo ese miedo de pedir permiso para salir de clase. Hoy día pienso: ¿cómo esto es posible?, ¿cómo uno no puede decir “necesito ir a enfermería”? Estas construcciones sociales son muy poderosas y crean muchos sentimientos sobre nosotras. Para mi es súper interesante explorar de dónde viene esta vergüenza, porque es muy fácil no estar avergonzado.

¿Por qué crees que es tan vergonzoso?

Quizás porque uno rara vez ve sangre menstrual. Yo tengo una exhibición actualmente en el metro de Estocolmo con una imagen del libro que refiere a la menstruación y ha creado una gran discusión alrededor de la imagen, mucha gente se ha molestado.

¿Se han molestado las mujeres o los hombres?

Ambos. Por ejemplo, una abuela dijo que estaba con su nieta en el metro y al preguntarle sobre el poster no sabia qué responderle. Y creo que es interesante que podamos decir, esto es la menstruación, esto le pasa a todas, no es porque tengas SIDA. Y no solo el caso de una abuela, los jóvenes también estaban en contra y destrozaban las imágenes, he tenido que remplazarla dos veces.  Así que el tabú sigue siendo poderoso.

¿Por qué este ensañamiento, esta censura contra el cuerpo femenino?

No estoy segura del porqué, creo que las estructuras patriarcales tratan de controlar a la gente diciéndole que algo en su cuerpo no está bien. El libro se llama El Fruto Prohibido porque toda la historia del cristianismo afirma que la mujer hizo algo malo y por eso se la castiga: la mujer debe tener hijos de forma dolorosa, por ejemplo, y todo el sufrimiento de la mujer es un castigo de dios. La religión tiene mucho que ver, el cristianismo ha sido muy negativo en su lucha contra el sexo libre, sobre todo, en contra del cuerpo femenino, la sexualidad y la reproducción femenina. Si lo comparamos con el hinduismo, en el que la sexualidad es algo sagrado y parte de lo divino, el cristianismo ha sido lo contrario, desde la idea de la virgen María. Estas referencias nos afectan profundamente.

¿Qué piensas del feminismo de hoy en día? ¿Crees que movimientos como el #MeToo generarán un cambio? ¿El feminismo tendrá las mismas estructuras o realmente removerá algo?

Yo creo que se está moviendo hacia delante, el #MeToo es un movimiento positivo, eso espero, creo que tendrá un efecto a largo plazo que afecta a la prevención del acoso sexual, especialmente porque esto sucede cuando tienes un jefe hombre y mujeres empleadas. El caso de Harvey Weinstein es usual en la industria del cine, donde el poder lo tiene un director frente a una joven actriz. Mientras haya más hombres directores, que son jefes, mucho más notas el acoso sexual. Por ejemplo, en el caso del libro, vemos que hay muchas más mujeres científicas que están cambiando los hechos en la investigación médica, a diferencia de hace 150 años cuando solo se hacia investigación desde el punto de vista de los hombres; en el libro explico los problemas y censuras que ha conllevado para las mujeres.

Liv Strömquist: “Toda la historia de la cristianismo afirma que la mujer hizo algo malo y por eso se le castiga” 3
Algunas de las viñetas de “El Fruto Prohibido” | Imagen: Reservoir Books

El Fruto Prohibido es un cómic feminista. ¿Crees que la etiqueta “feminista” hará que lo lea público masculino? ¿Es una etiqueta positiva o negativa?

Hay un pequeño debate en Suecia con la palabra feminista, que está asociada a un sentimiento político; pero no, este libro soy yo tratando de decir algo que no es realmente político. Si mi libro se interpreta como feminista me siento muy orgullosa, porque como feminista la lucha es muy importante y para mi escribir este libro fue un proceso de curación, me hubiese encantado poder leer algo así cuando era una adolescente. No creo que sea una etiqueta negativa, espero que no lo sea.

 * * *

El Fruto Prohibido es un texto idóneo, desde una narrativa que incluye mucho humor, para entender cómo el discurso masculino ha invisibilizado al femenino; ese reír para no llorar. Además de un cómic, tiene algo de ensayo porque informa cómo ha evolucionado la sociedad y, al mismo tiempo, cómo ciertos tabús se afirman en prejuicios que no terminamos de borrar de nuestras mentes. Como dice el eslogan promocional del libro: “un libro que toda madre debería regalar a su hija y toda hija a su pareja”.  Evidenciar los errores del pasado para comprender el presente y cambiar el futuro en la percepción de la sexualidad femenina.

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