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Crean por primera vez proteínas humanas para combatir la gripe

Redacción TO

Foto: STEFAN WERMUTH
Reuters

El cuerpo humano produce al menos 20.000 proteínas, desde el colágeno (que está en cartílagos, tendones y ligamentos) hasta la hemoglobina de la sangre, que permite que el oxígeno sea llevado desde los órganos del sistema respiratorio hasta todas las regiones y tejidos.

Las proteínas cumplen un papel fundamental para la vida. Son imprescindibles para el crecimiento del organismo y sus funciones.

Por esta razón, David Baker director del Instituto de Diseño de Proteínas de la Universidad de Washington, ha estado investigando sobre ellas durante un cuarto de siglo.

De hecho, lo que más le ha llamado la atención son las diversas formas que toman las distintas proteínas al crearse. Destaca que algunas se convierten en láminas moleculares y otras están terminan esculpidas en formas de cajas, túneles e incluso aparentan ser tijeras, reseña The New York Times.

Baker se interesó en las formas ya que de eso depende que la proteína pueda ejercer algún trabajo particular, ya sea transportar oxígeno a través del cuerpo o digerir los alimentos.

En general, los científicos han estudiado las proteínas durante casi dos siglos, y han soñado durante mucho tiempo con reunir los elementos para lograr crear nuevas proteínas que no se encuentran en la naturaleza y pueden beneficiar a la salud.

Los resultados de los años de estudio han hecho que Baker y su equipo logren un importante avance científico: crear por primera vez proteínas celulares diseñadas por el hombre, no por naturaleza, señala el mismo medio estadounidense que reseñó el hecho.

“Ahora podemos construir proteínas desde cero a partir de principios básicos para hacer lo que queremos”, dijo el Dr. Baker.

Ya su equipo ha desarrollado proteínas para fines que van desde la lucha contra los virus de la gripe hasta la descomposición del gluten en los alimentos.

The New York Times sostiene que cada proteína en la naturaleza está codificada por un gen. Con ese tramo de ADN como guía, una célula ensambla una proteína correspondiente a partir de bloques de construcción conocidos como aminoácidos.

Seleccionando entre veinte o más tipos diferentes, la célula construye una cadena de aminoácidos. Esa cadena puede estirar decenas, cientos o incluso miles de unidades de largo. Una vez que la célula termina, la cadena se dobla sobre sí misma, típicamente en unas pocas centésimas de segundo.

Las proteínas se pliegan porque cada aminoácido tiene una carga eléctrica. Partes de la cadena de la proteína se atraen entre sí, mientras que otras partes son repelidas. Algunos enlaces entre los aminoácidos cederán fácilmente bajo estas fuerzas pero los enlaces rígidos resistirán.

La combinación de todas estas fuerzas atómicas hace que cada proteína sea un asombroso rompecabezas molecular. Cuando el Dr. Baker asistió a la escuela de posgrado en la Universidad de California, Berkeley, nadie sabía cómo mirar una cadena de aminoácidos y predecir la forma en que se doblaría. Los científicos de las proteínas se referían al enigma simplemente como “el problema del plegamiento”.

El problema del plegado dejó a los científicos en la Edad de Piedra cuando se trataba de manipular estos elementos biológicos importantes y hoy en día ya son capaces, con estos nuevos avances, de crear proteínas aptas para el ser humano.

Por ahora, el Baker y sus colegas solo pueden fabricar proteínas de cadenas cortas. Eso se debe en parte al costo que implica fabricar pedazos de ADN para codificar proteínas. Pero esa tecnología está mejorando tan rápidamente que el equipo ahora está probando proteínas más largas y más grandes que podrían hacer trabajos más complejos, entre ellos luchar contra el cáncer.

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Científicos investigan cómo ralentizar el envejecimiento a través de la sangre

Foto: MICHAELA REHLE

En la búsqueda de la eterna juventud, científicos de California están investigando cómo alterar la sangre para que el envejecimiento sea más lento y para prevenir enfermedades relacionadas con la edad. Estos investigadores quieren lanzar un estudio clínico de este experimental enfoque en los próximos seis meses, tras haber realizado un pequeño estudio en ratones.

Las pruebas realizadas en ratones muestran que las transfusiones de sangre vieja reducen el crecimiento de las células del hígado y el cerebro. Además, las transfusiones de sangre joven aceleraban la reparación muscular en animales mayores. Sin embargo, Irina Conboy, la directora de este proyecto de la Universidad de California, Berkeley, cree que la mejora podría deberse a la disolución de sangre vieja en los animales y no a que la joven tenga propiedades rejuvenecedoras.

La sangre de los participantes en esta prueba clínica pasará por una máquina que reajusta todos los niveles anormales de proteínas. Los científicos creen que estos altos niveles de proteínas pueden dificultar el crecimiento y mantenimiento de tejido sano, por lo que contribuyen a su deterioro en edades avanzadas. “El enfoque racional no es darle a la gente sangre joven, sino normalizar los niveles de estas moléculas clave”, ha explicado Irina Conboy.

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Vídeo | Dylan Farrow habla sobre el presunto abuso sexual por parte de su padre adoptivo, Woody Allen

Redacción TO

Dylan Farrow, ha hablado por primera vez en la televisión sobre el presunto abuso sexual por parte de su padre adoptivo cuando ella tenía apenas 7 años. En un avance de la entrevista, que será emitida este viernes en el programa ‘CBS This morning’, la mujer, que ahora tiene 32 años, ha dicho que considera importante que “la gente se dé cuenta de que una sola víctima, un acusador, importa y es suficiente para cambiar las cosas”. Por su parte, el cineasta ha insistido -a través de un comunicado- que las denuncias son falsas.

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Continúa leyendo: El queso manchego enfrenta a la UE y México y pone en peligro el tratado de libre comercio

El queso manchego enfrenta a la UE y México y pone en peligro el tratado de libre comercio

Lidia Ramírez

Foto: John Riley
EFE

¿Qué tienen en común el queso manchego –el de La Mancha– y el ‘tipo manchego’ elaborado en México? Casi tanto como una tortilla de patatas y un burrito mexicano. Nada. 

Uno, el original, es un queso de leche de oveja, tan español como el jamón serrano o un bar de tapas, y elaborado exclusivamente con leche de oveja de raza manchega adaptada a la explotación del pastoreo en zonas áridas. Además, requiere un mínimo de dos meses de elaboración hasta alcanzar las características específicas que lo han convertido en uno de los mejores quesos del mundo.

El otro, el ‘tipo manchego’, es de leche de vaca suave, a veces enriquecido con aceite vegetal, que se vende a bajo precio en los supermercados mexicanos pero con la marca del español confundiendo al consumidor.

“Se han aprovechado de la reputación del queso manchego para plagiarlo. Su producto es un queso pichulero, ni mejor ni mejor, pero que no usen nuestra denominación para un producto que nada tiene que ver con el nuestro”, apunta a The Objective Santiago Altares, Director de Certificación del CRDOP Queso Manchego.

Para México no se trata de un plagio, ya que, aseguran, ‘manchego’ es un término genérico que los mexicanos no asocian a una zona geográfica sino a un tipo de queso.

Y es que para el país americano, ferozmente protector de sus propias denominaciones de origen como la tequila y el licor de mezcal, no expresa la misma preocupación ante la protección de quesos regionales. “No nos preocupamos por proteger los nombres genéricos”, apunta René Fonseca, directora general de la Cámara Nacional de Industrias Lecheras mexicana, al diario británico The Guardian. “Si alguien tiene la culpa de la confusión son los conquistadores españoles que trajeron el nombre manchego a México”, argumenta.  “Los propios europeos le dieron este nombre. Aquí no hay ningún intento de engañar a nadie”.

Una afirmación que para Altares es totalmente “falsa” y, de esta forma, se pregunta: “Si su queso es tan bueno, ¿por qué no lo llaman ‘Queso Mexicano de Vaca’?“. Claro está que vender este queso con el etiquetado ‘manchego’ puede llamar perfectamente a la confusión además de dar una categoría al producto que no la tiene. El consumidor puede adquirir un ‘tipo manchego’ pensando que está adquiriendo un D.O. Queso Manchego. Además, para el director de Certificación de CRDOP  “es una competencia directa y desleal en toda regla” y pone el siguiente ejemplo: “Si este queso se puede adquirir por siete dólares en, por ejemplo, Miami, el consumidor extranjero que no conozca el producto original no se va a gastar los 15 dólares que puede costar el D.O. La Mancha”.

El acuerdo de libre comercio entre México y UE en peligro

El 23 de marzo del año 2000 se firmó en Lisboa el  Tratado de Libre Comercio entre México y la Unión Europea. Un acuerdo comercial multilateral entre México y la Unión Europea que tiene como uno de sus principales objetivos la liberalización progresiva y recíproca de bienes industriales, agrícolas y servicios entre México y los Estados miembros de la Comunidad Europea.

Sin embargo, esta disputa está llevando ahora a una revisión y una ampliación de este texto, que de momento permanece bloqueado, ya que las indicaciones geográficas son celosamente guardadas por los estados miembros de la UE. Hace una década, el gobierno español hizo llamamientos estridentes para que la comisión europea tomara medidas contra Bélgica después de que surgiera que un fabricante de quesos estaba vendiendo un producto de “imitación” como queso manchego.

“Si la UE respeta la D.O. de México dando cobertura legal al tequila, por ejemplo, exigimos que ellos también nos den cobertura legal a nuestras Denominaciones de Origen”, sentencia Santiago Altares.

El principal país importador de D.O. Queso Manchego es Estados Unidos, donde en 2016 se exportó 4.000 toneladas de este alimento. A México, en el mismo año, fueron a parar 80 toneladas.

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El escepticismo de Pinker sobre la ingeniería genética

Ignacio Vidal-Folch

Foto: Luca Bruno
Reuters

¿Cuánto se tardará en programar seres humanos más inteligentes, o geniales, mediante la selección y manipulación genética? Esa es una de las revoluciones del futuro inmediato llamadas a cambiar la naturaleza del ser humano. Yo creo que todo lo que se puede hacer, se hace, y por consiguiente también aquí se trabajará y se obtendrán, a no mucho tardar, resultados extremados y polémicos.

Pero en torno a esta cuestión he escuchado una lección de Steven Pinker (el famoso autor de “Los ángeles que llevamos dentro”, donde postula, contra el pesimismo cultural tan extendido, que la violencia disminuye y que el mundo se va convirtiendo en un lugar mejor, más sano y democrático). Contra la idea de que “todo lo que se puede hacer, se hace”, Pinker sostiene que determinados progresos de la tecnología son factibles, pero hemos decidido abstenernos de ellos. Pone tres ejemplos. El primero, los vuelos comerciales supersónicos, que hace medio siglo parecían inevitables, pero ha resultado que a la gente no le gusta la idea y que el gasto de combustible es excesivo.

El segundo, los viajes a la Luna, que en  1972 —año en que unos seres humanos, los tripulantes de la Apolo XVII, pisaron la superficie lunar por última vez— parecía que iban a menudear, “pero se acabó la Guerra Fría, la gente perdió interés…”

El tercer ejemplo es la clonación humana, que en 1997, cuando nació la oveja Dolly, el primer mamífero clonado a partir de una célula, dio pie a tantos debates morales y parecía imposible frenar.

Muchos factores sociales y económicos hacen que el futuro tecnológico sea impredecible, concluye Pinker. Por eso, nadie sabe a ciencia cierta si se aplicará la ingeniería genética sobre la inteligencia humana, pero el psicólogo y lingüista canadiense apuesta a que no. Su primer argumento –el tabú legal y moral, las disuasorias resonancias nazis de la idea de la eugenesia genéticamente programada— no parece muy sólido, pues los pruritos morales tienen una fuerza muy relativa para frenar el progreso tecnológico. El segundo argumento es más plausible: “mejorar el coeficiente de inteligencia resulta más complicado de lo que pensábamos”: pues en potencialidades o talentos, como por ejemplo la excelencia musical o atlética, la herencia genética tiene una responsabilidad proporcionalmente minúscula, y además esta mínima parte no depende de un solo gen sino de docenas, cientos o incluso miles de ellos.

Esto ya complica mucho el asunto, pero además “cuando modificas el genoma siempre hay la posibilidad de que algo se estropee, y desconocemos los efectos negativos, los costes potenciales de la combinación de esos genes. ¿Quién te garantiza que uno de esos genes que muy ligeramente aumenta tu coeficiente de inteligencia no provoca también epilepsia o esquizofrenia? ¿Qué autoridad, paterna o política va a querer correr ese riesgo?”

Así que la aparición de superhombres mediante ingeniería genética, que tanta ilusión me hacía, y que tantas soluciones podrían aportar a los retos abismales del porvenir inmediato, no es para mañana ni para pasado mañana. Una lástima.

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