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Cristina Rivera Garza: "Todo conocimiento que podamos tener de alguien como Rulfo es una aproximación”

Ariana Basciani

Foto: Mariana Mata
The Objective

Durante el Hay Festival de Arequipa, la escritora mexicana Cristina Rivera Garza tenía pautados varios eventos. El primero era una entrevista performática con Ignasi Duarte, esa nueva moda de llevar a la teatralidad algo tan sencillo como lo es preguntar. Durante el encuentro Rivera Garza sería interpelada por Duarte a través de preguntas que ella misma le hace a sus personajes en sus novelas. A pesar del jetlag –según nos contó después-, el evento estuvo entretenido, pues la entrevistada hizo dudar hasta al propio entrevistador. Fue después de esa sesión que pude reunirme con una muy cansada escritora para realizar mi entrevista, un poco menos teatral.

Antes de comenzar Rivera Garza me comenta que cada año hace un ascenso a un volcán en Toluca y que la altura en Arequipa, no la afecta. Su agotamiento se debe a la cantidad de vuelos que tuvo que tomar para poder llegar al Hay Festival, ya que dirige un doctorado en escritura creativa en Houston, donde busca promover un espacio de intercambio de lecturas y perspectivas, con el objetivo de formar pensamiento crítico en los escritores noveles.

Rivera Garza está invitada al Hay Festival principalmente para hablar de Juan Rulfo, ya que su última novela Había mucha neblina o humo o no sé qué (Literatura Random House, 2016) hace un homenaje al mítico autor mexicano. Es a partir de Rulfo que también comienza esta entrevista.

Cristina Rivera Garza: “No te metes con un nombre como el de Rulfo pensando que vas a tener una tarde agradable en el parque” 1
Portada de “Había mucha neblina o humo o no sé qué” | Imagen vía Literatura Random House

¿Cómo te acercaste a Rulfo siendo su admiradora?

Para empezar era algo que yo ya estaba haciendo, leer continuamente a Rulfo. Cuando algo te interesa vas poniendo atención y te va dando respuestas y pistas para seguir haciéndote preguntas más complejas. Para mi el momento más decisivo fue cuando estuve en Oaxaca y conocí a algunas personas que habían tenido que lidiar con el proceso de desalojo e inmovilización de la presa Miguel Alemán. Se construyó esta gran presa que es un proyecto importantísimo de la modernización mexicana. El día que me quedó muy claro que Rulfo había trabajado allí, nuestro gran autor rural con una serie de intereses en común, y me dije: “¡Guao! esto es interesante, esto es un punto de vista que al menos a mí me da otra visión de quién es Rulfo y lo hace más complejo”. Y parte de querer a un autor es como enamorarse, alguna parte de ti está consiente de que tu ser amado no es tan perfecto como lo ves, pero has decidido aceptarlo así, porque para eso estás enamorado; si no, para qué. Entonces este constante rondar alrededor de su vida y la perspectiva de introducir la pregunta sobre su trabajo, sobre las condiciones materiales de las practicas de escritura, me condujo a un Rulfo mucho más oscuro, con muchas más capas y pensé que eso podía ser interesante incluso para aquellos que lo han estado estudiando como una especie de santo o mito.

Yo no tengo ningún problema con que mis autores sean complejos, para mí no es un either or o si digo esto es que no lo admiro; todo lo opuesto, es meterte en los recovecos cada vez más íntimos, porque afectan en términos sociales a la modernización mexicana. Entonces esta fue una pregunta lo suficientemente amplia sobre lo que se ha hecho sobre Rulfo para garantizar mi aprecio y admiración y aportar algo sobre el autor y las obras que se escriben en español.

Debido a este libro recibiste muchas críticas, a pesar de que tú hacías una acercamiento desde el homenaje y la complejidad. ¿Por qué crees que se tiene tanto miedo en México a desmitificar una figura como Rulfo? ¿Sería destruir la argamasa de la unidad mexicana?

Habría que matizar, porque las criticas vinieron de la fundación Juan Rulfo; otras fueron enriquecedoras y complejas. Yo sabía que estaba escribiendo un libro incómodo, siempre he estado escribiendo libros incómodos, pero nunca había incomodado a una fundación y ahora ya sé qué se siente.

La principal respuesta en contra fue de una fundación que se ha encargado en los últimos años de privatizar el nombre Juan Rulfo para que, desde su punto de vista, aquellos que vivieron con él y con su familia se beneficien del trabajo que él hizo. Que en cierta medida me parece bien, porque ellos tuvieron que pasar días y años con una persona genial y también difícil.

La otra cuestión es que el proceso de privatización del nombre de Rulfo choca con los lectores, porque los lectores, cuando los libros realmente nos enganchan, nos convertimos con gusto y pasión casi en coautores y nos apropiamos la materia de los libros porque dejamos nuestra vida también allí cuando estamos interpretando; y para una Fundación este tipo de trabajo más flexible y critico, simplemente, no le puede gustar.

Cuando tenemos fuerzas dedicadas a lo que podría ser el bien común, esas mismas fuerzas tienen que ofrecer alternativas muy cortas y controladas de cómo se debe leer la obra de alguien. Si hay algo que yo nunca he hecho es obedecer, mis padres te pueden contar muchas cosas al respecto

Claro, se lo dijiste a Ignasi, “¿qué es la ley?”

(Risas) Creo que la tensión con esa perspectiva es que yo, desde hace tiempo, he trabajado el concepto de desapropiación, que tiene que ver con escribir textos que muestren las conversaciones o los lazos con otro tipo de voces u otro tipo de autores en la misma construcción del texto. Entonces esta es una posición en el otro extremo de lo que hace la Fundación. Ellos están tratando de privatizar y de capitalizar un nombre, mientras que mi escritura está tratando de hacer lo contrario.

¿Es una escritura de resistencia?

Me gustaría pensar que sí.

¿Cuando terminaste de escribir el libro te diste cuenta que era un libro político? ¿Pensaste que te meterías en problemas?

Yo sabía que tenía la posibilidad de meterme en grandes problemas. No te metes con un nombre como el de Rulfo pensando que vas a tener una tarde agradable en el parque. De hecho varios de mis amigos me dijeron: “¿no te da miedo la fundación?”. Y respondí: “¡Claro que sí! no soy idiota, claro que me da miedo, pero no puedo dejar de hacer este libro”. Me parece que hay dos o tres elementos de los cuales se pueden generar lecturas muy distintas al Rulfo que conocemos, y para eso están los libros. Si los libros fueran para gustar nada más, en el sentido que se acoplen sin ningún tipo de tensión, ¿qué tipo de libro sería ese? Entonces yo ya lo sabía, además estoy convencida de que todo acto de escritura es un acto político. Entonces sí lo sabía, y sabiéndolo seguí adelante.

La mirada de Cristina Rivera Garza como admiradora de Rulfo, después de los problemas y las críticas de la Fundación, ¿cambió de alguna manera?

Mi relación con el autor es una y va a durar mucho tiempo, tal vez es la relación más larga de mi vida (risas). La profundizó, la hizo más compleja, él me dio una dimensión más humana que no tenía antes. Una cosa es comentar sobre Rulfo en una mesa después de cenar y otra es discutir con los lectores de Rulfo que son legión y que, por supuesto, han invertido emocionalmente tanto o más que yo en el proceso. Eso existe y ese es el riesgo.

Lo que eso me dice es que el libro ha tocado fibras sensibles que no solo tienen que ver con el autor sino con la manera como vemos el país, porque su identidad está relacionada con ese lugar. Y eso es lo que uno quiere cuando está escribiendo un libro, que toque fibras sensibles, que sea parte de una conversación, si la gente no está de acuerdo con uno pues bueno, son los riesgos que se corren cuando se tienen ideas y yo estoy dispuesta a enfrentar esa situación. Allí está libro y allí están las cosas que se dijeron y que se pueden seguir diciendo.

Claro, es una conversación eterna…

Si tenemos suerte, porque la critica más terrible es la indiferencia. Lo que yo veía es la pasión entre los que atacaban y los que defendían; entonces pensé que esa era una conversación que me interesaba, es algo que los que participamos en ella, ponemos cosas que nos importan. Personalmente yo nunca entendí la crítica de la fundación, nunca hubo un statement, había tres cositas, cualquier cosa. En fin, pero he hablado con otras personas que leen el libro desde distintos puntos de vista y hemos desarrollado otro libro que no voy a escribir de cosas que han surgido.

¿Y dónde estarán esas cosas en tu blog? ¿Tendremos que hurgar?

Pues quién sabe dónde van a estar, quizás están subrepticiamente entre otras cosas.

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Cristina Rivera Garza conversa sobre Rulfo con Francesca Denegri durante el Hay Festival de Arequipa | Imagen vía Hay Festival

Lo bello de la literatura es que se está escribiendo algo nuevo y tu querías deconstruir e integrar. Ese tipo de investigación y de estructura en el caso de tu libro, ¿tiene que ver con la literatura digital?

Sí, estamos acostumbrados como lectores contemporáneos a muchas ventanitas y tenemos la capacidad, socialmente, de estar haciendo esa especie de sinapsis. Y de eso se hace mucho en libros de cross-genre, esos que están entre géneros y cuestionando los géneros que se tienen como legítimos. En el tratamiento de Rulfo, para mí eran muy importante los cuentos, que surgieron dentro del terreno de la ficción y que tienen que ver, sobre todo, con Rulfo y la sexualidad femenina. Y no sé porque esa sección es la de ficción del libro. Toda esa parte tiene que ver con su trabajo, luego están todos los recorridos del cuerpo como una especie de crónica. Cada aproximación fue requiriendo una serie de herramientas asociadas o no con géneros específicos y quería que las secciones estuvieran platicando unas con las otras desde sus perspectivas.

Tu libro es en papel, pero con esa estructura podía perfectamente hacerse en transmedia…

Lo que estás diciendo es muy cierto, porque el libro aparece en un medio que es el papel que es secuencial, pero su estructura pertenece a nuestra relación con lo que es tecnología digital.

Tienes mucha relación con la tecnología, te lo pregunto por la forma cómo construyes la estructura del libro…

Siempre que escribimos estamos rodeados de tecnologías, el lápiz y el papel, los lentes son tecnologías. No hay un momento en que la estructura no haya tenido que ver con la tecnologías, pero con el advenimiento de las tecnologías digitales, las redes sociales y demás nos hemos acostumbrados a una cierta velocidad, a esta sinapsis, a una estructura de yuxtaposiciones, y yo estado desde el inicio muy curiosa a qué se puede hacer en este medio. Tengo Twitter, tengo un Facebook, pero más que participar en eso me interesa cómo esto me permite estructurar una historia de otra manera. Este libro no lo pude haber escrito antes de la relación que he tenido con esos medios y el vínculo que ha suscitado.

Más allá de la estructura, ¿por qué escogiste ese Había mucha neblina o humo o no sé qué, esa frase de Pedro Páramo para el libro?

Es una frase literal que dice Miguel cuando ha muerto y se pierde en Contla. Pero la razón por la que escogí esa frase dentro de las muchas que pueden ser títulos sacados de la novela, es que incluso cuando te acercas más a alguien, cuando quieres conocer cómo es, en este caso, un autor, siempre va a ver ese humo, esa neblina o ese no sé qué que te separa. Todo conocimiento que podamos tener de alguien como Rulfo es una aproximación.

Entonces revisitando tu presentación con Ignasi Duarte: si dudar es reescribir para crear un lugar, ¿dudar es un placer?

Vivimos en un mundo que nos está bombardeando con certezas, son ideas concretas, vivimos en un mundo de certeza forzada y uno de los pocos campos que nos permiten caminar como los niños, es la escritura, la posibilidad de crear un campo para formular preguntas, abrir un campo desde el cual podamos interrogar lo que sucede alrededor; para mi eso es fundamental. Y eso viene con un riesgo, con un miedo, uno no sabe las consecuencias finales de lo que estás haciendo, en lo que te estás metiendo o de los límites que estás cruzando; al menos yo trato de tener todo esto en cuenta para protegerme. Entonces todo lo anterior viene mezclado con el placer, el básico de la travesura, de salirte con la tuya y con el gran placer de entretener y tener tiempo para seguir haciéndote preguntas. Recuerdo una cita que decía que nadie lee tan apasionadamente como un joven de 16 años, y a veces yo creo que es cierto. Cuando yo leí a Dostoievski, a Tolstoi, cuando leía sus obras monumentales con esas preguntas: quién soy, qué es el mundo, me apasionaba.

Villoro en una entrevista también me decía lo mismo, que volver a los 18 años era leer a Dostoievski, quizás es una marca mexicana.

Para mi son de mis autores adolescentes. A Dostoievski no he regresado, pero el otro día me estaba preguntando: “qué sentiré si regreso ahora a esas lecturas que me conmovieron, sobre lo que creía del mundo”. En todo caso, todo ese miedo, todo ese riesgo también viene acompañado de placer. Si no hubiese placer en el asunto, sería difícil regresar a algo que te está torturando; hay tortura también, por supuesto.

Cristina Rivera Garza: “No te metes con un nombre como el Rulfo pensando que vas a tener una tarde agradable en el parque”
Cristina Rivera Garza durante el Hay Festival de Arequipa | Imagen vía: Mariana Mata Liendo

Entendiendo que das clases en una universidad americana y que estamos hablando sobre el placer, ¿cómo podemos hacer que la gente se acerque a la lectura?

Es una gran pregunta y ojalá yo tuviera la respuesta para algo así. En la universidad te topas con gente que ya está convencida. Lo interesante es cómo organizamos cosas como el Hay Festival u otras ferias de tal manera que puedas atraer o conservar la pasión por la lectura. Sinceramente no sé, lo que sí sé es cómo yo me leí un buen libro.

¿Cuál?

Hace poco descubrí que el primer libro que yo leí fue el de Humboldt. Y no me pregunto qué tenía ese libro, qué me hizo volver a leerlo y sentirlo también. La respuesta es que podía participar, eso es importante. Cunado tus primeros libros son libros abiertos, que te cuestionan directamente y te permiten entrar en ellos, que no son libros de muro, que están escritos desde una posición inalcanzable, se siembra el interés por la lectura. En mi caso yo tuve la suerte de irme topando con libros como el de Ana Frank, esos que te hacen sentir que todo el mundo puede ser un escritor. Si pudiéramos pasar por experiencias así, tendríamos como resultado más lectores. En mi experiencia dando clase en Estados Unidos, me encuentro que es Harry Potter el libro que ha formado generaciones enteras de lectores; empezaron leyendo esa historia, pero no se quedaron solo con esa, después pasaron a otras, y eso incluso es mejor a no haber pasado por él.

Entendiendo que hay libros buenos y malos ¿cómo podemos promover la lectura junto al pensamiento crítico?

No podemos promover la lectura si no promovemos al mismo tiempo la educación publica. No son cosas separadas. No puedes suplir una carencia fundamental como es la educación publica, que es responsabilidad del Estado, con una acción que no se hace o se hace cada vez menos, como los festivales de lectura. Ambas cosas tienen ir entrelazadas.

¿Entonces se tendría que señalar cuando una obra no es buena?

¿Cómo podemos hacer esa critica sin volvernos snob?

¿O tendríamos que crear literatura subestimando al lector? ¿Es eso realmente la educación?

Se empieza con eso. Pero, por otra parte, creo que tu pregunta tiene que ver con cómo hacer una critica jerárquica que conduzca al menosprecio porque finalmente los valores de calidad no son valores que sean universales, ni transhistóricos, ni son válidos para todos los momentos y lugares. No podemos criticar un libro con una estructura de venta, a un libro hecho con una estructura secuencial. Si utilizamos el mismos parámetros para medir o valorar a uno y a otro, uno de los dos va a salir perdiendo. Yo creo que tenemos que estar bien alerta a todo eso. Yo me he hecho esa misma pregunta muchas veces. Hay libros que yo personalmente no he leído, bestsellers, por ejemplo; sin embargo, veo que han producido lectores. Entonces me encantaría satanizarlos, porque no me gustan personalmente, pero puede ser que haya un cambio en cierto sector y que algunos lectores pueden dar un salto hacia otro tipo de lecturas.

“No somos nada”, termina diciéndome Cristina, y nos reímos porque sabemos que es cierto, pero seguimos de Festival: ella irá a dormir su jetlag y yo me iré a otra conferencia para seguir eliminando la neblina o el humo o el no se qué que aparezcan en mi quehacer diario.

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Juan Villoro: "Mi nuevo libro es un mecanismo para compartir entusiasmos literarios"

Ariana Basciani

Foto: Cristina Marcano
Anagrama

La forma como es recibida la literatura es muy azarosa, pero el nuevo libro de Juan Villoro, La utilidad del deseo (Anagrama, 2017), contribuye a mantener vivo el interés por los libros que valen la pena.

El libro es un volumen de ensayos literarios del escritor mexicano, un viaje por la erudición, la inteligencia y las lecturas apasionadas de su autor. Luego de dos ensayos como Efectos personales De eso se trata, Villoro nos demuestra su pasión por la lectura y la escritura desmenuzando la obra de autores tan disímiles como Daniel Defoe, Nikolái Gógol, Karl Kraus, Juan Carlos Onetti, Julio Cortázar o Carlos Monsiváis.

En su paso por Barcelona, Juan Villoro se sentó a “platicarme” sobre esta especie de autobiografía a través de las lecturas que lo han formado como autor. Además no dejamos de conversar sobre la actualidad: el referéndum catalán, las redes sociales o el terremoto en Ciudad de México.

Juan Villoro: 'La utilidad del deseo' es un mecanismo para compartir entusiasmos literarios 1
Portada de La utilidad del deseo | Imagen vía Anagrama

¿La utilidad del deseo es un libro sobre el amor a la literatura?

A mí me gustaría pensar que es un libro para compartir entusiasmos y pasiones literarias. Cuando yo leo a un escritor que me interesa de inmediato quiero saber cuáles son los libros que lo han formado, cuáles son sus pasiones como lector. Yo creo que a todo autor le antecede un lector y este libro, como otros que he hecho de ensayos, son mis pasiones de lector. Yo creo que mi nuevo libro –La utilidad del deseo- es un mecanismo para compartir entusiasmos literarios y para tratar de explicarlos, por principios de cuentas a mí mismo. Usualmente tú sueles escribir un libro y te cautiva, pero te cuesta trabajo decir por qué y en ocasiones es más difícil argumentar lo positivo que lo negativo. Cuando un libro te parece defectuoso fácilmente das con las causas y encuentras aquello que te repudia; en cambio cuando un libro te seduce, comienza a formar parte de ti, te cuesta mucho trabajo entender qué es lo que tú estás advirtiendo de singular en ese libro, y este tipo de ensayos es un ejercicio de autoconocimiento, del porqué estas obras, en un sentido epidérmico y emocional, me parecen estupendas. Es un proceso de autoconocimiento, de tratar de descifrar qué es lo que yo he visto en estos autores y eso también tiene algo de autobiografía indirecta. No hablo de mí mismo, pero al hablar de mis gustos hago un retrato de la persona que más o menos soy.

Pero eso es más o menos lo que sucede cuando escribes un libro…

Sí, sobre todo cuando escribes un libro sobre los demás, entonces te estás delatando pero con una máscara. Es como un striptease al revés, no te estás desnudando sino que te estás recubriendo de referencias ajenas, de citas de otros autores, de contextos que no son el tuyo, pero todo eso de alguna manera define lo que eres.

En el libro comentas sobre las máscaras desde otro punto de vista que no es el ordinario, hablas de su uso para decir la verdad.

Sí, muchas veces pensamos que la máscara es un encubrimiento para ser otra persona, pero lo más atrevido y lo más singular de la máscara es que te permite ser quien eres, pero no te atreves a asumirlo. Toda la idea del carnaval de Venecia no consiste en disfrazarte para convertirte en colombina o en arlequín; en realidad, se trata que te disfrazas para decir las cosas que tienes dentro pero te da vergüenza comunicar, entonces es cuando sacas lo más sincero de ti mismo escudado en una máscara, y la literatura es eso. Tú postulas un personaje cuando escribes ficción y, a través de ese personaje, puedes decir cosas muy íntimas que de pronto no se van a asociar contigo sino con él. Por ejemplo, Proust tiene que ver con el Barón de Charlus, pero no necesariamente, entonces eso te da un margen de libertad porque es una máscara.

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Portada del primer volumen de Por el camino de Swann de Marcel Proust. El barón de Charlus un de sus personajes principales de la novela |  Imagen vía Wikimedia Commons.

En la era digital las máscaras son distintas, la gente aparenta cosas que no son, el concepto de máscara ¿no es quizás diferente en la era digital a lo que afirmas?

Creo que ese es un sentido más profundo de la máscara, es decir, poder mostrar una intimidad con la salvaguarda de que no necesariamente se te atribuye, eso es muy significativo. A veces hay gente que en las redes sociales usa un alias con ese fin, pero otras veces es simplemente tener como un avatar de que es alguien diferente.

¿Lo ves significativo?

Yo creo que apenas estamos aprendiendo a comportarnos en el océano digital, somos los bárbaros en una nueva civilización entonces todavía no sabemos cómo asumir estos protocolos, cómo conducirnos y hay todo tipo de actitudes. Hay gente que en las redes ha encontrado una capacidad expresiva notable y también hay gente que ha volcado lo peor de sí misma. No podemos juzgar a la humanidad por las redes sociales. Sería injusto para la humanidad, esperemos un poco para ver cómo se comportan los humanos del futuro con las redes.

Volviendo al libro, La utilidad del deseo revela que eres un gran lector. ¿Cómo fue el proceso de escritura?

Este es un libro que es un viaje en el tiempo. Son lecturas a través de los años de distintos autores, tiene que ver con azares, con las exigencias de la profesión y la forma en que la vives. Yo pienso que podemos leer un libro en distintas velocidades y con distintas intenciones. Hay muchos libros que los he leído como un lector hedonista, buscando disfrutar en ellos y de pronto los he dejado en la paz. Con el tiempo he tenido la oportunidad de regresar a algunos de estos libros y su relectura con el fin de escribir un ensayo, y la experiencia es completamente diferente. García Márquez decía que él leía con el desarmador en la mano para ir viendo qué piezas podría extraer y aprovecharlas en sus propios libros. Entonces, esta segunda lectura muchas veces es muy diferente en función de interpretar el libro de otra manera, no solamente de disfrutarlo sino de explicar tu emoción. Decía Nabokov que la mejor prueba de la calidad literaria era sentir un escalofrío en el espinazo, es algo que no razonas, tu propio cuerpo está experimentando. Muchas veces estos escalofríos los has sentido y no los puedes explicar porque son muy intuitivos; entonces el ensayo es el arte de razonar escalofríos, de decir esto que sentí tiene una causa, tiene un origen y tiene una justificación. Muchas veces la relectura es una vocación por desmontar el libro y entenderlo. Muchos de los ensayos han surgido de esta manera. Yo había leído Robinson Crusoe y de pronto me surgió una nueva traducción que agregaba una nueva parte del libro y me ofrecieron hacer un prólogo muy extenso con un plazo de entrega enorme, y regresar a ese libro fue casi naufragar en él. Era estar yo mismo en la isla, reflexionando y pensando un libro que había leído de forma apasionada, pero sin la obligación ni la necesidad de explicarlo, entonces eso me resulta muy atractivo del ensayo.

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Primera edición de Robinson Crusoe (1719) de Daniel Defoe | Imagen vía Wikimedia Commons

Mencionas a Crusoe en uno de los ensayos y lo mencionas ahora. Pensando en la obra de Defoe ahora con la situación en Cataluña, ¿cómo te posicionas al respecto? ¿Qué crees? ¿Ves a la política española o catalana como un naufragio?

El escritor catalán Joan Fuster tiene una frase que me gusta mucho que dice “un fracaso no se improvisa”, en ocasiones se necesita mucho esfuerzo para fracasar, no es tan fácil hacerlo. Y yo creo que toda la situación catalana es una suma de grandes esfuerzos por lograr un fracaso. Es una sociedad bastante igualitaria, incluyente, que ha logrado que prácticamente se erradique la discriminación, con una política de salud pública espléndida, un lugar seguro donde muchos latinoamericanos hemos encontrado acogida y refugio. Entonces de esta sociedad uno pensaría que no tiene demasiada urgencia, que no tiene la necesidad de un cambio radical, pero se han sumado una serie de factores que aparentemente lo hacen inevitable; no necesariamente se llegará a la independencia, pero es difícil de zanjar lo que ha ocurrido. Yo creo que hay una responsabilidad fundamental del gobierno de Madrid que a través de la represión y la intolerancia ha impedido que la gente se sienta acogida en España, esto aunado al independentismo sentimental, irracional e irresponsable de Puigdemont.

Sin embargo, Defoe tiene muchas hipótesis para el naufragio…

Defoe tiene unas hipótesis morales para el naufragio, entonces se embarca en contra de la voluntad de sus padres y de alguna manera los traiciona. El propio Daniel Defoe se sentía muy en falta de lo que su padre esperaba de él. Entonces el naufragio es una especie de castigo moral por el atrevimiento de evadirse del destino familiar, pero al mismo tiempo es una especie de bautizo, cae al agua y se convierte en otra persona.

Es una aprendizaje para Defoe…

Es un aprendizaje y toda la novela es esa supervivencia. Es difícil extrapolarlo a una situación como la catalana.

Lo que aprecié de la lectura de La utilidad del deseo pensando en la situación actual fue esta reflexión, te cito: “en su aislamiento Crusoe llega a la conclusión de que todas las naciones son iguales y de que solo Dios puede dirimir entre ellas”. ¿Quién nos salva?

La misma idea de nación es una idea bastante obsoleta, la idea de patria con aduanas, fronteras que define a la gente como diferente de nosotros y, por lo tanto, niega a los demás o asume que el patriotismo es una declaración de superioridad con respecto a los otros. La gente apoya a un colectivo en la medida en que piensa que es más importante que otro y todo eso me parece una idea conservadora, retrograda y absurda. Yo lo preferirá al revés, como Crusoe, estar en la puesta en blanco que significa la isla desierta, empezar de cero en un país que no sabes si es tuyo o no es, pero que tú tienes que conquistar con tu trabajo y ser inmigrante. Eso no lo pensó Defoe como una categoría moral, porque no era un tema que estuviese presente en su época ni en su bagaje intelectual. Pensar en Crusoe como un inmigrante es una interpretación que podemos hacer desde la modernidad, pensar en alguien que está buscando una patria de acogida que no es la suya. Defoe más bien lo veía como un héroe de la supervivencia, como un gran héroe del capitalismo que administra la isla y cuando encuentra a otro es un subordinado porque es un aborigen, porque quizás aunque conoce mejor esa realidad y al que le tiene simpatía, tiene que tener esa oposición subordinada con respecto a él. Una visión muy colonial.

Llevamos días intentando explicar el conflicto catalán aquí y afuera…

Cuando el conflicto está tan polarizado se atiende a los dos polos del conflicto y lo significativo está en medio que no se cubre ni nada, y eso que está en medio es la sensatez del futuro. En el futuro todo se explicará por lo que estaba en medio de la manera más racional, pero hoy en día eso no tiene mayor validez.

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La Galaxia Gutenberg de Marshall Mcluhan | Imagen vía Editorial Aguilar

Ya que hablas del relato y la sensatez del futuro, en el libro comentas sobre los comerciantes mexicanos que venden los separadores de libros en Ciudad de México, ¿cómo ves la literatura y a los lectores en el futuro? ¿Quedarán lectores? ¿Los libros serán tradición?

En el prólogo hablo de algo que es muy conmovedor, que es la venta de separadores de libros artesanales en el barrio donde yo vivo, que es un barrio que se ha vuelto turístico con el tiempo, es el barrio de Coyoacán. Como mucha gente va allí de visita, hay muchos vendedores de artesanía y venden estos separadores hechos con una madera de un árbol que se llama guayacán y vienen de muy lejos, de zonas donde no hay muchos libros. Pero me conmueve la idea que ellos tienen de la ciudad, de que es un sitio donde la gente lee y donde la gente lee lo suficiente para que los campesinos lleguen a ofrecerles tablitas de madera para separar las páginas de sus libros y esa utopía yo la comparto, porque a mi me gustaría pensar que toda ciudad es un sitio para que se lean libros. Pero también sé que es una utopía intangible e irrealizable, porque hay mucha gente que no lee, pero me sorprende la tenacidad e incluso la terquedad con que estos artesanos a través de los años siguen vendiendo separadores de libros. Parecería que en algún momento deberían cambiar de registro y ofrecer otro tipo de productos, porque no parece haber tantos lectores en la ciudad, pero surge entonces otro tema, si ellos insisten con sus mercancías ¿acaso no es tan inútil que lo hagan?, ¿acaso son necesarios y la gente lo requiere? Un separador de libros es un objeto especializado, pero tú puedes ser un gran lector y nunca utilizar un separador de libros. Es para una especie de lector de viejo cuño. Yo los veo y yo digo: ¿encontrarán personas así? Llevan años haciendo eso, es una prueba de resistencia no solo de las esperanzas de los vendedores de estos objetos, sino de la existencia misma de los libros en papel. Creo que con frecuencia pensamos en términos apocalípticos respecto al objeto libro y decimos que está agotado. Incluso se dan fenómenos tan interesantes como el de Marshall McLuhan en el siglo pasado, que escribió un libro maravilloso para anunciar el fin de los libros. Su libro La Galaxia Gutenberg es un libro genialmente escrito, lleno de ideas originales y que profetiza la extinción de un objeto que de forma inadvertida está contribuyendo a preservar, porque si tú escribes un libro tan maravilloso para decir que el libro no tiene sentido estás ayudando a preservar aquello que niegas. Esta paradoja es fascinante y explica en buena medida la perdurabilidad de los libros en papel. Hace 10 años los apocalípticos decían “se acabaron los libros impresos, todo serán tabletas electrónicas, ebooks”. Han pasado 10 años y no solamente no se extinguieron los libros en papel sino que aficionados al ebook están volviendo al formato papel. El futuro del libro me parece que está garantizado; para hacer un juego de palabras fácil, su papel garantizado.

Al final del libro hablas de la literatura infantil y juvenil, ¿por qué la gente no le da la importancia que debe tener?

Tienes toda la razón, es un género al que no le dan la valoración social equivalente a las dificultades para escribirlo. Los grandes clásicos contemporáneos son libros para niños, desde las fábulas de Esopo hasta nuestros días; las mayores formaciones culturales han surgido de la literatura infantil. Hay grandes libros que originalmente no fueron escritos para niños, pero perduraron en el tiempo gracias a la lectura infantil, como por ejemplo Robinson Crusoe o bien otros, que son clásicos indiscutibles como Alicia en el país de las maravillas o Alicia frente al espejo, libros destinados para niños, así que es muy injusto no entender que la literatura infantil es una forma de arte muy compleja. Ha costado mucho entender que el niño no es una antesala del adulto sino que el niño tiene un fin cultural en sí mismo, entonces a partir de la Ilustración fue posible entender la importancia cultural de la infancia. Lo hemos comprendido desde el punto de vista psicológico y, sin embargo, quienes escriben literatura infantil suelen ser relegados a una especie de apartheid de una sub especialidad que no es gran literatura y he ahí un grave problema porque yo pienso que El Principito es una de las grandes obras del siglo XX. Así podríamos clasificar la literatura de Roald Dahl, Gianni Rodari y de muchos otros.

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Las fábulas de Esopo | Imagen vía Ministerio de Cultura de España

Afirmas el hecho de que “algunas historias contemporáneas en el futuro serán leídas como ensoñaciones o inocentadas” ¿Crees que los lectores del futuro serán más cultos e inteligentes para comprender obras más complejas?

Hay libros, por ejemplo, Los Detectives Salvajes de Roberto Bolaño que es leído actualmente por lectores jóvenes; quizás en el futuro sea leído por preadolescentes, porque justamente es un libro de formación de gente que está tratando de vivir la vida de otra manera o de entender que la vida es una forma poética y eso tiene que ver con el impulso juvenil de transformación. Entonces en el futuro posiblemente se adelanten a leerlo.

¿Crees que seremos mejores?

Bueno yo creo que hay ciertos libros que van encontrando con el tiempo lectores de distintas edades, libros que a lo mejor en su origen se postulan como obras muy complejas para los adultos de esa generación y en el futuro serán para lectores más juveniles, ya sea el texto original o la adaptación. Por ejemplo, en La utilidad del deseo hablo de la literatura rusa, que es la permanente juventud de toda la literatura, los temas juveniles por excelencia, desde elegir la vocación hasta tomar ciertas posturas básicas de la vida están en las obras de Dostoievski, de Tolstoi, de Chejov, de Gógol. Digamos que hay un atractivo muy especial en estos escritores para la gente que está tomando decisiones básicas en momentos cruciales de su vida. Entonces no es una literatura juvenil como hoy se entiende Harry Potter, encaminado determinadamente a un lector joven. Los temas que postula la literatura rusa son extraordinarios porque son el rito de paso para la gente joven y eso es tan extraordinario que siempre que lees a Dostoievski, de cierta forma tienes 18 años, porque estás ante esos temas esenciales. Entonces, tengas la edad que tengas en el mundo real, regresas a ese momento extraordinario en el que tienes que decidir ciertas cosas básicas en la vida y eso es muy interesante en la literatura, que la edad que tienes como lector se modifique en función del texto que estás leyendo. Ya que hablamos de literatura infantil, la dedicatoria de El Principito “todos los adultos han sido niños pero muchos de ellos lo han olvidado” y él le dedica ese libro a su mejor amigo, no el que es en ese momento sino el que fue de niño para que no olvide esa etapa. Muchos de nosotros cancelamos edades y la literatura te ayuda a recuperarlas.

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Primera edición de Los hermanos Karamazov de Fiodor Dostoievski | Imagen vía Wikimedia

Comentas que Monsiváis en sus libros deja una puerta abierta para que el lector los complemente. ¿Con tus libros pasa lo mismo?

Sí, todos los libros están abiertos a distintas lecturas y a ser completados y prolongados por otras obras. Me parece que no hay literaturas plenamente individuales, son producto de lecturas e influencias que las han hecho, que también se abren a respuestas posteriores. Es lo que a mi me parece muy interesante de la escritura, no necesariamente es una percepción individual del mundo, eres tú el que escribes pero estás hecho de una familia muy amplia de lectores.

Por último, después del terremoto del 85 tuviste la idea de inventar tu propia muerte y desaparecer. ¿Quisiste desaparecer este 2017?

Esa fue una gran tentación. En el terremoto del 85 se produjeron muchas víctimas, no sabemos cuántas, fueron muchas y destruyó buena parte de la ciudad, más que el terremoto actual. Era plenamente verosímil, en ese momento, que alguien desapareciera en los escombros y es una gran tentación decir “que me den por muerto”, tener una muerte cívica y a partir de eso inventarme la posteridad. La tentación de reinventarnos está en nosotros y además es un motivo legítimo. Este año no lo pensé, fueron 32 años de diferencia, aunque hay muchos momentos en los que me gustaría cambiar por completo, siempre estoy fantaseando con vivir en otro lado, con hacer otro tipo de vida, no se extingue esa sensación; a mí por lo menos no deja de inquietarme eso.

¿Esa sensación nace y la dejas morir por lo que puedes dejar como legado?

No, nace de la insatisfacción de tu propia vida, yo nunca he estado plenamente satisfecho con mi vida y creo que nunca lo estaré. Hay gente que no se plantea una alternativa, pero a mí me parece muy aburrido pensar que solo puedo ser quien soy. Por eso me dedico a la literatura, porque ella te permite suplantar otras personas y asumir otras vidas, es una manera de llevar vidas paralelas, todas ellas conjeturales; sin embargo, un terremoto te permite la posibilidad de cambiar tu propia vida. El terremoto del 85 fue un borrón y cuenta nueva, la ciudad quedó arrasada y era más verosímil desaparecer allí. No por falta de verosimilitud, esta vez no tuve esa tentación; me he resignado a ser quien soy, pero de manera crítica. Me resigno, pero me quejo.

La utilidad del deseo nos hace entender la creación literaria y el mundo desde sus engranajes. Villoro se convierte en traductor del deseo literario y en embajador que nos muestra la belleza de sus lecturas para emocionarnos y revivir con él nuestras pasiones literarias por esas obras.

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¿Cuál es el potencial del periodismo y cuál es su futuro?

Cristina Casabon

Foto: YVES HERMAN
Reuters

Crear interés global es uno de los principales potenciales del periodismo, pero debemos distinguir entre lo que podríamos hacer con internet y para lo que se usa la mayoría de veces. “Hay asuntos que afectan nuestras vidas, y estos asuntos son, cada vez más, globales. Existen fuera de nuestro propio interés inmediato o personal” dice Eli Pariser en El filtro burbuja (Ed. Taurus).

Debemos, como periodistas, ser conscientes de que el periodismo puede resquebrajarse desde dentro por el fenómeno de las fake news. Este tipo de noticias generan una reacción en cadena en redes sociales, una espiral negativa que se retroalimenta.

Pero a su vez, y como indica el Digital News Report de Reuters, se ha demostrado que, en promedio, la digitalización expone a más diversidad que a la que se exponen los lectores de papel. Gracias a Internet y a las redes sociales, el periodismo – bien hecho – puede ser un poderoso ingrediente en el antídoto contra los problemas a los que nos enfrentaremos en las próximas décadas: escasez de energía, terrorismo, cambio climático, superpoblación, conflictos bélicos… Éstos requieren de una red global, una comunidad global informada e identificada con problemas a escala global.

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Los periodistas se tienen que adaptar a una era digital. | Foto: Yuri Gripas/ Reuters

Para ello debemos seguir apostando por temas interesantes pero complicados. Es una cuestión ética priorizar la importancia por encima de la popularidad o la relevancia personal de un tema, de una noticia. ¿Puede seguir un medio competitivo apostando por estos temas y crear una mayor conciencia ciudadana?

En tiempos de la cultura digital, de la información en tiempo real, de los blogs y las redes sociales, se lee a veces, equivocadamente, que hay tantos periodistas como internautas.

En un momento en el que cualquiera puede “ser periodista”, un profesional de la información debe preguntarse cuál es el valor añadido que puede proporcionar. Y este valor se encuentra en la capacidad de introspección y de análisis. El periodismo consiste en investigar, verificar datos, situar en un contexto, jerarquizar, dar forma, comentar y publicar una información, en sacar a la luz historias que tienen relevancia global.

Si miramos al futuro, es ser más digitales, tener mejores equipos y especialistas, mejor acceso a datos y mejor capacidad analítica. Esta información digital cada vez más procede de informes, de fuentes de datos, y ésta es una parte muy interesante de la labor del periodista hoy en día; cómo procesamos esta información y la ofrecemos de forma amena al público, y cómo abarcar con datos actuales información a escala global, presentarla de forma atractiva, con infografías, con vídeos, mapas interactivos y otras muchas herramientas.

¿Cuál es el potencial del periodismo y cuál es su futuro?
El trabajo de los periodistas es cada vez más digital y está más ligado a las redes sociales. | Foto: Francois Mori/ AP

El mencionado informe de Reuters se basa en una encuesta de más de 70.000 personas en 36 mercados para revelar el futuro del consumo de noticias digitales. Algunos de sus resultados clave para ver por dónde se dirige el periodismo muestran que aunque las perspectivas económicas de la mayoría de las empresas de medios siguen siendo extremadamente difíciles, no todos los indicadores empeoran. Algunos muestran que en el futuro más personas estarán preparadas para pagar si el contenido es lo suficientemente valioso, conveniente y relevante, y es por ello que los medios no debemos de dejar de apostar por información de calidad.

Al mismo tiempo, las redes sociales están cambiando la forma en que interactuamos con las noticias, las conversaciones en redes sociales y los debates, que estimulan al lector a abrirse a nuevos puntos de vista y realidades. El futuro del periodismo es la interconectividad y la interactividad.

La crisis de las noticias falsas podría ser lo peor, o lo mejor que le ha pasado al periodismo. Ciertamente, es una historia fascinante para seguir como periodistas y como lectores, y si no acaba por destruir esta profesión, la hará más fuerte. Google y Facebook están respondiendo de diversas maneras. Las noticias falsas ahora son examinadas por fact checkers y el algoritmo News Feed o el filtro de búsquedas de Google están mejorando los resultados de búsqueda y el muro de Facebook, la red social que envía más tráfico a los medios (alrededor de un 80% de los usuarios de redes sociales se informan a través de Facebook).

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Las redes sociales han empezado a luchar contra las ‘fake news’. | Foto: Elise Amendola/ AP

Solo queda apostar por un nuevo enfoque de los grandes medios hacia un compromiso con sus audiencias, hacia lo que se denomina “alcance de calidad” en lugar del contenido “quick bite”, aquel que busca más visitas sin tener en cuenta el valor de la información.

Más sensacionalismo, más bombo, o la opinión por encima de los hechos son los valores transmitidos del pasado que necesitan ser desaprendidos por los periodistas y medios. Si los profesionales de la información se aplican estos estándares, podremos hacer del periodismo una herramienta de influencia positiva, y podremos hacer que nuestra audiencia tenga mejor criterio en la selección de información e incluso que se suscriba a aquellos medios que ofrecen contenidos de calidad.

Artículo publicado originalmente en el World Economic Forum en español.

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Esalen Institute, el sitio que buscan los ejecutivos de Sillicon Valley para "reconectar con sus almas"

Redacción TO

Foto: Esalen Institute
Pinterest

Los grandes techies que se reúnen en Sillicon Valley (Califronia) están buscando crear otros tipos de conexiones distintas a las que han logrado con sus importantes empresas de tecnología. No se trata de conseguir más amigos en Facebook, ni seguidores en Instagram o Twitter. Hay un boom entre los ejecutivos de “reconectar con sus almas” que, según han confesado algunos, se encuentran algo extraviadas por el exceso de trabajo e incluso de éxito.

Muchos se preguntan si sus compañías, que han revolucionado al planeta, están realmente “haciendo un mundo mejor”. Para encontrar una respuesta al respecto,  han identificado un lugar. Se trata de Esalen Institute que tiene como misión ser un sitio de introspección y de reflexión para estas personas. Se ubica a tres horas en coche desde San Francisco en Big Sur, una región muy poco poblada donde las montañas de Santa Lucia emergen del Pacífico.

Su director que ha estrenado recientemente el cargo, es un exgerente de Google y ex coach ejecutivo de start ups, Ben Tauber, y asegura que existe cierta frustración entre los CEO’s de las empresas tecnológicas exitosas. “Ellos, en su interior, están dolidos. No pueden dormir de noche. Se preguntan si están haciendo lo correcto para la humanidad y esa incógnita solo se puede responder puertas adentro”, ha dicho Tauber a The New York Times.  

¿Qué ofrece el centro? Hay hasta 600 tipos de talleres con clases de “integración con la vida”, de yoga, de mindfulness (meditación de conciencia plena), de arte y pintura, así como prácticas de compasión e incluso un curso sobre “adicción al internet”. Este último, fue dirigido por Tristán Harris, especialista en ética de Google. Dave Morin, empleado fundador de Facebook, estará encargado de un programa sobre “depresión y tecnología”.

También hay numerosos talleres coordinados por psicólogos como el de “autocompasión” que se realizará del 10 al 15 de diciembre. Entre sus objetivos está “entender la ciencia de la autocompasión”, dice la web del sitio que lo describe como “más que un centro de retiros o un instituto educativo. Esalen es una red mundial de personas que van más allá de los dogmas comunes y buscan explorar las posibilidades espirituales más profundas”. En el bar hay kombucha, cerveza y vino, entre otras cosas. Y en las mañanas hay dance awake o ‘baile para despertar’.  

El Esalen Institute fue creado en 1962 pero entonces era un hotel hippie donde se hacían terapias nudistas en grupo. De hecho, en 1968 ir desnudo en el sitio era la norma. Además, fue uno de los primeros lugares de Estados Unidos donde se impartió yoga y se ofreció comida orgánica. Ahora pasar allí un fin de semana puede costar entre $420 y $2.890. Caben hasta 120 huéspedes que se alojan en cómodas cabañas.

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En 1968 ir desnudo en el sitio era la norma. | Foto: Ralph Crane – LIFE Picture Collection / Getty Images

El instituto permaneció cerrado hasta octubre de este año porque había sido devastado por unos derrumbes producto de unas torrenciales lluvias en la primavera pasada. Los caminos fueron cerrados y sus dueños perdieron $1 millón. El centro salió en el episodio final de la serie Mad Men, cuando Don Draper acudió a meditar. Ahora espera recibir a aquellos atormentados que en Sillicon Valley sienten que la tecnología los aleja de sus centros espirituales.

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Se ubica a tres horas en coche desde San Francisco en Big Sur, una región muy poco poblada donde las montañas de Santa Lucia emergen del Pacífico. | Foto: Esalen Institute / Pinterest

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Menores y redes sociales: cómo resolver el dilema

Cecilia de la Serna

Foto: Tim Gouw
Unsplash

Las redes sociales forman parte de nuestro día a día e, irremediablemente, también del de los más pequeños. Hace unos días Facebook anunciaba la creación de una versión para niños de su aplicación de mensajes Messenger en Estados Unidos, Messenger Kids. En esta novedosa aplicación, los menores podrán comunicarse tanto por mensaje como por videollamada con familiares y amigos y siempre bajo la atenta mirada de los padres, que podrán acceder a la lista de contactos de sus hijos. Para la compañía de Mark Zuckerberg, esta es una forma segura y divertida para que los niños usen las redes sociales.

No obstante, esta es también una respuesta a una problemática cada vez más extendida: el uso de las redes por parte de los menores, y cómo asegurarnos de que su privacidad y su integridad están a buen recaudo. La iniciativa de Facebook responde también a una estrategia comercial -es, a fin de cuentas, una compañía-, ya que lo que está intentando el gigante tecnológico es atraer al público más joven a la vez que asegura ofrecer a los padres un mayor control sobre el uso de las redes por parte de sus hijos.

Los datos arrojan un poco de luz en este tema: según la Asociación de Usuarios de Internet, en España el 32% de los menores pasa más de 3 horas diarias conectado a la red, casi 50.000 adolescentes padecen adicción a Internet, y más del 60% ha contactado alguna vez por Internet con alguien que no conoce.

Más del 60% de los menores españoles ha contactado alguna vez por Internet con alguien que no conoce

La Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria asegura que los menores de 14 años no deben tener redes sociales, algo que sin duda dista mucho de la realidad, ya que los niños y preadolescentes están cada vez más conectados a la red. Grooming, sexting, o ciberbullying son sólo tres de los muchos anglicismos que dan nombre a amenazas reales a las que se enfrentan los niños y adolescentes en Internet. La conciencia sobre este conflicto es cada vez mayor entre educadores, padres y los propios menores. No obstante, a menudo es difícil identificar los problemas y el debate sobre la privacidad de los menores, frente al control de los padres, es cada vez más frecuente.

A la recomendación de los pediatras se ha unido la legislación: en España, el Reglamento de Desarrollo de la Ley Orgánica de Protección de Datos (RLOPD) establece que será necesario obtener el consentimiento de los padres o tutores para el tratamiento de los datos de carácter personal de los menores de 14 años. Por ello, y según la Ley, los menores de 14 años no pueden crearse perfiles en las redes sociales sin el consentimiento de sus padres.

En Estados Unidos, la mayoría de redes -como Facebook, por ejemplo- se rige por la legislación de California, cuyo límite de edad para acceder a ellas se establece en los 13 años. Sin embargo, como estas herramientas no exigen ningún tipo de identificación que verifique que la edad real del menor, este límite carece de efectividad.

Menores y redes sociales: cómo resolver el dilema
La relación entre niños y tecnología es innegable. | Foto: Maxim Shemetov / Reuters

Ley y realidad están, en este caso, muy alejadas. La alarma social es prácticamente nula, ya que esta distancia entre lo legal y lo tangible es algo muy común en el entorno digital.

Espiar a los hijos: ¿es legal?

Ya que los menores sí están presentes en la red, una práctica que está cada vez más extendida consiste en espiar a los hijos. Lo hacen muchos progenitores que, preocupados por la seguridad de los más pequeños, e impotentes ante el inevitable uso de las redes sociales por parte de ellos, deciden ejercer un control férreo sobre éste, aunque pueda significar incurrir en delito.

Como recuerdan desde el blog especializado en la materia Menores en Red, según el artículo 4 de la Ley Orgánica 1/1996 el menor “tiene derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen. Y este derecho comprende también la inviolabilidad del domicilio familiar y de la correspondencia, así como del secreto de las comunicaciones”. Por ello, espiar a los hijos no es ningún caso una opción.

Esto deja indefensos a algunos padres, que ven en sus hijos un comportamiento preocupante relacionado con su vida digital y no saben cómo actuar. Los expertos coinciden en que una buena comunicación, con una sólida base de confianza, puede ser el mejor de los mecanismos de control. Por otro lado, con aplicaciones como la que ha lanzado Facebook -que permite a los progenitores acceder a la lista de contactos de los pequeños pero no a los mensajes que reciben- atisban una solución al problema.

La única certeza sobre el uso de las redes sociales por parte de los menores es que éste existe, y que autoridades, compañías tecnológicas, docentes, padres y niños deben establecer de una vez por todas las bases para que sea viable y seguro. A fin de cuentas, Internet es sólo un reflejo virtual de la realidad, y no habría que ponerle más límites que los que ponemos a la vida palpable.

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