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Cuando el violador es tu propio novio

Redacción TO

¿Qué es una violación? Es la pregunta que plantea el cortometraje francés Je suis ordinaire (traducido como Soy ordinaria, ya que pretende denunciar que es una situación común en una pareja). En él se muestra, en menos de dos minutos, cómo un hombre abusa de su novia en un hecho que quizá ninguno califique como violación, por lo cotidiano y lo aparentemente inocente de la situación.

La pareja está en la habitación. Él le propone ver una película, también gala: Irreversible. El título elegido no es casual. La cinta de 2002 de Gaspar Noé fue polémica en su momento por mostrar, de forma explícita, una violación al personaje que interpreta Monica Bellucci.

—Ay, esa no. ¿Qué quieres, vomitar? —responde, con cara de asco.

—¿Vomitar, Monica Bellucci? Eres difícil de satisfacer.

Ya tumbados en la cama, tontean, se besan. Después de allanar ligeramente el terreno soltándole un “Qué guapa eres”, le propone sexo.

—No, no me apetece —dice entre risas.

Él ignora la primera negativa.

—Venga va, pon tu película.

Se monta encima de ella.

—Me estás chafando.

Después de varias negativas, el chico finalmente consuma la relación. Satisfecho, le da un beso y ella se queda quieta con la mirada perdida. El cortometraje, colgado en Vimeo, lleva ya más de 238.000 reproducciones en dos semanas, 789.000 desde hace un mes en su versión original francesa. Además, ha triunfado en las redes sociales, tanto en la versión española como la gala. Incluso la actriz y directora Leticia Dolera lo ha recomendado en Twitter.

El vídeo, dirigido por Victor Habchy, cuenta con guion de Chloé Fontaine, que también actúa como protagonista. El objetivo del cortometraje es mostrar una cara diferente de la violación. Sin callejones oscuros. Sin hombres siniestros con gabardina y navaja. En Je suis ordinaire la situación realmente es ordinaria: una pareja mantiene una relación sexual. Solo que uno de los dos miembros se ha negado repetidamente.

IT: el payaso más famoso de la literatura sonríe de nuevo para el cine

Rohmy Cubas

Foto: YouTube
Youtube

“El hogar es ese lugar en el que cuando llegas, tienes que enfrentar finalmente esa cosa en la oscuridad”

Stephen King

Hasta 1986, en el género de la literatura de terror, el payaso como figura mitológica y de horror se limitaba a relatos cortos y algunos libros de siglos pasados, nada muy concreto ni extenso; el hombre de sonrisa circense se mostraba en su máxima distorsión como un asesino, un borracho, un ser sumido en la depresión y sus sombras o todas a la vez. El principal elemento de terror se manipulaba con la tentación de atreverse a ver más allá del manojo de globos o el maquillaje derretido, aquello del hombre detrás de la máscara y el monstruo que se esconde en la casa de al lado. Pero cuando el escritor estadounidense Stephen King publicó It, Ronald McDonald fue desplazado de su trono de felicidad inquietante por Pennywise, el payaso asesino de Derry y uno de los personajes de terror mejor logrados en la literatura.

El próximo 8 de septiembre se estrena en cines el segundo remake cinematográfico basado en la novela de King . La primera versión cinematográfica del libro fue dirigida por Tommy Lee Wallace en 1990 en formato de teleserie y, aunque cualquier niño de diez años que haya visto la adaptación habría tenido pesadillas, la producción naufragó intentando plasmar la esencia de la ciudad y sus engendros. Empezando por las actuaciones y pasando por los pobres escenarios y efectos especiales, aún para la época, de no ser por la expectativa creada por King alrededor del payaso en sus relatos, muchos ni siquiera la recordarían.

Dejando de un lado las licencias artísticas-creativas, y aunque 120 minutos de película no se comparan con el minucioso relato plasmado en el libro que te mantienen en el sillón por días, la nueva adaptación proyecta –tal vez con demasiada certeza- una historia con todas las intenciones de asomarse en la oscuridad a la hora de dormir. El primer tráiler de esta versión del 2017 dirigida por el argentino Andrés Muschietti fue visto 200 millones de veces en 24 horas, convirtiéndolo en el tráiler más visto en la historia de Youtube.

IT: el payaso más famoso de la literatura sonríe de nuevo para el cine 1
Poster de la versión de It 2017 Foto: IMDB

Y aunque seis niños rodando en bicicleta en los años 80 entre árboles y casas pueblerinas recuerdan fácilmente a Stranger Things, la casualidad no es tal ya que precisamente los relatos del escritor norteamericano  -especialmente la historia de It– fueron influencias importantes para escenificar ese sentimiento atemporal al que se aferran los creadores de la serie. En el nuevo tráiler de It se repite esa escena familiar, la calma antes de la tormenta y la inocencia interrumpida sobre ruedas, porque las mejores historias de terror comienzan cuando todavía tienes tiempo para creer en ellas.

El libro:

“Todos flotan. Ellos flotan, Georgie, y cuando estés acá abajo conmigo, tú también flotarás” It. Stephen King

La receta es la siguiente: un pequeño pueblo Americano, un grupo de pre-adolescentes incómodos y solitarios, un verano aburrido, una serie de crímenes sin explicación y un hombre vestido de payaso. Si un globo rojo aparece en tu mente y crees recordar que en algún lugar todos flotan es porque lo has leído, visto, o alguien te ha contado sobre él. Si les tienes fobia a los payasos es muy probable que él haya sido el culpable.

Si unes todo lo anterior en un concepto solo obtendrás un resultado, o una novela, o una pesadilla: It (Eso), el libro de terror de más de 1000 páginas de Stephen King que moldeó como solo los escritores pueden hacerlo un monstruo tan inquietante y espeluznante como adictivo.

El estado de Maine en Estados Unidos, donde King nació en la vida real, se representa en muchos de sus relatos. En este, particularmente uno de sus pueblos –Derry- protagoniza una entidad aparte tan importante para el relato como sus personajes, mero reflejo de una ciudad “maldita” en donde los niños desaparecen y hay toque de queda a las 7pm. La historia es la del Club de los Perdedores, siete niños de 11 años atrapados un verano en un pueblo en apariencia tedioso y ordinario hasta que Georgie, de 6 años de edad, es encontrado un día lluvioso entre las cloacas de Derry descuartizado.

It es también el espejo de la costumbre y la memoria a corto plazo de los pueblos, lejos de política o cuestiones sociológicas y teóricas, es fácil identificarse con el síntoma de ver para creer, creer para ignorar. Los habitantes de Derry saben que algo no está bien con la naturaleza de aquél pueblo, pero sobreviven a las tragedias y asesinatos que cada dos décadas se presentan con características similares gracias a su capacidad para olvidar y evitar ser parte de lo que no pueden controlar.

Y es así hasta que Ben, Richie, Stanley, Beverly, Bill, Mike y Eddie se juntan un verano y descubren que, además de la incomodidad que viene con la adolescencia, todos han visto algo que no puede ser real, porque lo fantasmas y los monstruos no existen, pero de algún modo cada uno ha tenido una experiencia directamente ligada al pueblo que excluye el sentido común del mundo real; y sin embargo, la cordura que existe cuando se es niño y la luz del día borra las preocupaciones de la noche anterior, les ayuda a enfrentarse a It, a Pennywise, el payaso que todos han visto en sus pesadillas.

En It el relato alterna dos espacios temporales, el pasado de 1957-58 cuando el Club de los Perdedores hace frente a Pennywise, y el presente en 1985 cuando aquel verano lleva 27 años en el olvido de la adultez y con treinta años se ven obligados a regresar a Derry. It ha vuelto y los niños desaparecidos se esconden en las cloacas de siempre. La adultez, ese lugar en el que protocolarmente una persona debe tener un sentido de responsabilidad que va más allá del parque de juegos, que exige tácitamente una profesión y un nivel de propiedad y producción creciente se refuta ante la realidad de que inclusive a los treinta años, es válido mirar debajo de la cama.

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El Club de los Perdedores. Fotograma: Youtube

La premisa de King va más allá de las historias que no se deben contar antes de dormir, Pennywise es una sombra sin forma que desde el establecimiento de Derry recorre las tuberías del pueblo y se despierta cada cierto tiempo hambriento de miedos. Tiene cientos de caras que cambian ante los ojos y fobias de quien se tropieza con él: un vampiro, un borracho leproso y sádico, un águila gigante, niños muertos en el agua, una anciana vieja y amarillenta o un manantial de sangre en el lavamanos. La única forma identificada unánimemente en algún momento es su disfraz frecuente, la cara del prólogo, un payaso que ronda invariablemente las calles del pueblo desde que el mundo se creó.

Un hombre alto e inflado con la cara pintada de blanco, labios carmesí sonrientes, traje de colores y formas geométricas abombado, zapatos risibles que apuntan hacia el cielo a través de un manojo de globos rojos, un rostro eufórico y grotesco que se distorsiona con el viento. King recurre al miedo como sentimiento universal, y vuelve a una edad que es constante en sus libros, una en donde parece que las preocupaciones no van más allá del colegio y las vacaciones, pero que demuestra ser más afectiva cuando se trata de pelear con monstruos.

La película:

Entre 2009 y 2015 las expectativas de la nueva adaptación se elevaron cuando se supo que Cary Fukunaga, director de la impecable primera temporada de True Detective, sería el encargado de moldearla; sin embargo, semanas antes de comenzar la filmación este dejó la producción debido a diferencias creativas con el estudio. Originalmente planeaba dividir el film en dos partes, como en el libro, la de los niños y la de su retorno a Derry 27 años después.

Luego de la partida de Fukunaga, Andrés Muschietti, director de Mama, tomó su lugar. El tráiler, que comienza con una escena clave del libro mientras Georgie corre hacia las cloacas de Derry en busca de su barco de papel, muestra que por ahora el Club de los Perdedores será el único espacio temporal ejecutado en la película, lo adultos quedaron por fuera. Ante las críticas e inquietudes de quienes conocen el libro como la palma de su mano el propio King aclaró por Twitter que esta era solo la primera parte, y que el remake de Muschietti superaba sus expectativas. “Relájense, esperen y disfruten”, escribió en la red social.

El reparto de It incluye a Finn Horward (actor de Stranger Things) como Richie Tozier, el actor de Midnight Special  Jaeden Lieberher como Bill Denbrough, Jeremy Ray Taylor como Ben Hanscombe, Sophia Lillis como Beverley Marsh, Wyatt Olef como Stan Uris, Chosen Jacobs como Mike Hanlon y Jack Dylan Grazer como Eddie Kasbrak.

King es uno de los escritores más versionados en la televisión y el cine. Sus relatos, que suman un modesto número de más de cien novelas (publicadas), llegan constantemente a la pantalla. Carrie, La Milla Verde, The Shawshank Redemption y The Shinning no son ni una cuarta parte de esta lista; sin embargo, es usual aunque no definitivo que los directores no entiendan que el libro y la película son entes y experiencias separadas, tal vez ahí el error y el fracaso de la mayoría de estas adaptaciones que fallan ante el espejo de las palabras y terminan en productos confusos y poco memorables.

Un ejemplo que puede jugar con esto es The Shining, dirigida por Stanley Kubrick y protagonizada por Jack Nicholson en 1980. La cara deformada de Nicholson incrustada en el marco de una puerta astillada, mientras grita ¡Here’s Johnny¡ con ojos delirantes y sonrisa frenética es una épica y asombrosa escena de cine, y su popularidad reside precisamente en que Kubrick logró separar las palabras de las imágenes. La película dista mucho de la historia escrita por King, omite y cambia cientos de detalles esenciales para el libro y la convierte en una historia parecida pero diferente, con ritmos y sombras particulares que la evangelizaron en un clásico cinematográfico.

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Jack Nicholson como Jack Torrance en la adaptación de Stanley Kubrick de The Shining. Fotograma: Youtube

Por este camino parece ir la nueva adaptación de It, cuyo tráiler precisa esa nostalgia ochentosa que tan bien practica el escritor, además de dejar claro que esta vez el payaso es mucho más terrorífico que la anterior. No obstante, para entender la historia completa de It hay que ir directo a la fuente, a un verano de 1957 en donde todos flotan y los niños pequeños desaparecen.

Póngame un consolador y la última de Stieg Larsson

Néstor Villamor

Foto: Ana Laya
The Objective

Con el sector librero español desangrándose (aunque ahora remonta, la crisis cercenó unos 2.400 puntos de venta, según datos comparados del INE y de CEGAL), la creatividad es materia troncal para la nueva hornada de vendedores de literatura. Así, estos han transformado sus negocios en empresas con amplitud de miras que no solo venden novelas, sino arte, alta cocina y hasta bolas chinas. Sin salir de Madrid, son varias las librerías híbridas. Por ejemplo, las siguientes.

Lorca y el sexo

En la balda superior de la estantería sur de A different life, dos superventas de Stieg Larsson coronan la estancia. Medio metro más abajo, las Cartas a Nelson Algren de Simone de Beauvoir se apoyan lascivamente sobre un ensayo de Foucault, atentamente observado a su vez por un poemario de García Lorca. Esta colección, fundamentalmente de literatura LGTB, está convenientemente custodiada por un nutrido ejército de consoladores, dilatadores anales, bolas chinas y demás enseres pensados para el uso y disfrute (sobre todo disfrute) de las artes amatorias. Lo que podría parecer mezclar el culo con las témporas, literalmente, es para Manuel Pérez, trabajador de esta combinación de librería y sex shop, una “idea obligada” ya que “la gente ha dejado de consumir libros”.
En… Pelayo, 30 (Chueca)
El librero recomienda… El viaje de Marcos, de Óscar Hernández (Egales)

Literatura a fuego lento

Recetarios. Ensayo gastronómico. Ficción narrativa en la que la cocina juega un papel central. A punto, una librería con “alrededor de unas 3.500 referencias” según su copropietaria Sara Cucala, marida este menú con talleres de cocina y eventos gastronómicos. “Tenemos un espacio dedicado al mundo de la docencia y de catas de vino y destilados”, presume Cucala, que define A punto como “una experiencia 360º”, porque las actividades culinarias no se limitan a la enseñanza. Para el Día del Libro, por ejemplo, han invitado a Pomi Ramírez, autor de El chef canino: Cocina para perros, a que haga un showcooking que posteriormente degustarán los canes de todo el que quiera apuntarse.
En… Hortaleza, 64 (Chueca)

La librera recomienda… Dalí: Les dîners de Gala (Taschen)

Hemingway amaba el Rioja

Y después del postre se puede ir uno a rematar la jornada a Tipos Infames, un híbrido ente librería y tienda de vinos. Un lugar para mezclar literatura y bebercio en el que no mirarán mal a nadie por catar un Chianti mientras devora una novela de Robert Walser o por devorar un Chardonnay mientras cata un poema de William Blake. “Cuando uno lee un gran libro, si lo acompaña de un buen vino, el resultado entre ambos será mejor que la suma de los dos”, receta uno de sus socios, Gonzalo Queipo, que explica que la razón de ser de Tipos Infames es “convertir el tiempo de ir a la librería en un momento de ocio”.
En… San Joaquín, 3 (Malasaña)

El librero recomienda… Kanada, de Juan Gómez Bárcena (Sexto piso)

Rock de fondo

Música y literatura. Vinilos nuevos y de segunda mano se funden en Bajo el Volcán con literatura “de calidad”, “sin best sellers“, resume el propietario, Fernando Velasco. El librero aunó los que define como sus dos mayores intereses para crear un espacio en el que el jazz convive con el ensayo y Thomas Pynchon mira de cerca a Led Zeppelin.
En… Ave María, 42 (Lavapiés)

El librero recomienda… Nog, de Rudolph Wurlitzer (Underwood)

Póngame un consolador y el último de Stieg Larsson 1
Librería Bajo el volcán. | Foto: Verónica F. Reguillo / The Objective

Playa o montaña

Madrid tiene muchas librerías con cafetería, pero solo una como La ciudad invisible, en la que se mezclan la cultura literaria y la turística. “Vendemos únicamente literatura de viajes” y, entre otras actividades, “estamos abiertos a cualquiera que quiera dar una charla relacionada con ese mundo”, cuenta el copropietario Alfonso González, que también desliza un consejo para futuros libreros: “Tienes que ofrecer algo diferente si no quieres que lo grandes te coman”.
En… Costanilla de los ángeles, 5 (Palacio)

El librero recomienda… Las ciudades invisibles, de Italo Calvino (Siruela)

Amor al arte

Las dos plantas de local de Swinton and Grant sirven a un propósito doble: la de arriba es una librería-cafetería, la de abajo es una galería de arte. “Somos una librería especializada en arte, novela gráfica y cómic”, explica Sergio Bang, copropietario del negocio. Y la galería también tiene personalidad propia: “Tenemos dos líneas”, detalla Bang: “Una dedicada a artistas que utilizan la inspiración urbana y otra dedicada a artistas que tienen un trabajo más político y social”. Siempre hay una exposición de ambas corrientes en sendas salas. Ahora mismo, cuelgan de las paredes del sótano de Swinton and Grant obras del japonés Naoki Fuku y del barcelonés Spogo.
En… Miguel Servet, 21 (Lavapiés)

El librero recomienda… Disparen al humorista, de Darío Adanti (Astiberri)

Ser un villano es divertido (en el cine)

Nerea Dolara

Foto: Warner Bros
Warner Bros

Cate Blanchett es la última en unirse a las filas de los villanos del cine fantástico. ¿Por qué quieren los actores estos roles?

El villano más conocido del cine no tiene rostro. Darth Vader -disculpas a David Prowse pero casi nadie recuerda que es él tras esa máscara y de hecho la conocida voz pertenece a otro actor, James Earl Jones- puede ser esa figura que hace sombra sobre todo malo cinematográfico que intente ganar la carrera por los peores actos en el cine, pero ciertamente no produjo un gran avance para la carrera del actor tras la máscara. Esto no tiende a ser así en general con los villanos, los actores y actrices disfrutan interpretarlos y, en ocasiones, se convierten en papeles que marcan sus carreras (en otras son papeles que preferirían que nadie viese). En fin, hacer de malo parece ser muy divertido.

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Cate Blanchett como Hela, la primera villana del universo Thor | Imagen vía Walt Disney Studios Motion Pictures

La última en optar a convertirse en villana – y en la categoría que todo actor, al parecer, desea: la de malo de una película de superhéroes- es Cate Blanchett, que hace su debut como Hela, la diosa de la muerte, en el trailer de Thor: Ragnarok. Blanchett es la primera villana del universo de Thor y, sobre el tema y cómo es aún un “tema” del que se habla le dijo lo siguiente a Entertainment Weekly: “Afrontémoslo: como mujer estas oportunidades no han estado disponibles en el pasado y creo que hay una revolución sucediendo en Marvel. He visto muchas de las franquicias de Marvel, soy madre de cuatro. Tienden a ser el único tipo de película que vemos, porque son cuatro niños. Para mí como actriz esto está separado de mi deseo de trabajar con Taika Waititi (el director). ¿Pueden creer que aún tengamos esta conversación? ¿Que sea 2017 y hablemos de primera villana? Es ridículo. Hay tanto potencial por explorar en la villanía femenina. Es emocionante. Creo que por fin se está reconociendo que hombres y mujeres quieren ver personajes diversos y eso implica raza y géneros en todo el espectro sexual”.

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Ralph Fiennes como Voldemort en la saga Harry Potter | Imagen vía Warner Bros.

Lo cierto es que ser un malote en el cine ofrece oportunidades que hacer de bueno no. Se pueden explorar los extremos, se puede jugar mucho más. Porque no se trata de hacer de villano en una película realista, hablamos de ser el peor en un universo con magia, poderes o elfos. Y en el caso de las películas fantásticas o de acción la teatralidad (bien encauzada y siempre divertida) puede generar clásicos. Uno de los actores que mejor sabe esto es Ralph Fiennes. Cuando el actor, que ya había interpretado villanos terribles -nadie olvida La lista de Schindler-, aceptó ser la encarnación de Voldemort, un villano de cine que puede competir con Darth Vader sin problema. El que no debe ser nombrado tomó su forma corpórea al final de la cuarta película de la saga de Harry Potter y su encarnación en manos de un exagerado pero terrorífico Fiennes es lo que podría señalarse como ejemplo perfecto de: divertirse trabajando.

En el universo Potter –que reclutó a casi todos los mejores actores británicos del momento– está lleno de malos histriónicos y temibles como Dolores Umbridge, Bellatrix Lestrange o Lucius Malfoy, personajes en los límites de la parodia del estereotipo – la profesora tiránica, la bruja loca y el mago millonario y despreciable – pero llevados al terreno real por los tres actores a cargo de su interpretación: Imelda Staunton, que consigue convertir a Umbridge en una terrorífica y posible versión del burócrata fanático; Helena Bonham Carter, especialista en explorar los límites de la malvada psicópata, y Jason Isaacs, capaz de proyectar una superioridad y desprecio que se mezclan con características mucho menos villanas y más humanas como la cobardía o el miedo.

Otro ejemplo de malvado histriónico memorable proviene de la nueva saga de Batman. En The Dark Knight, Heath Ledger se ganó alabanzas múltiples y se robó el show como el Joker. Su interpretación del mítico villano de Gotham es extrema, intensa, explosiva. La discreción no forma parte de la personalidad del Joker y su amor por el caos lo hace especialmente temible. En otras versiones de Batman, las dirigidas por Tim Burton en los noventa, una villana que conquista a la cámara (y al héroe) es la Catwoman de Michelle Pfeiffer. Primero una tímida secretaria, luego una gata sarcástica y traviesa, Catwoman llega a maullar antes de una explosión y arreglárselas para que no se vea cliché.

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Eddie Redmayne en Jupiter Ascending | Imagen vía Warner Bros.

Un mal ejemplo de la teatralidad es Eddie Redmayne en Jupiter Ascending (esa anodina película que estrenaron las Wachoswki en 2015). Sus decisiones para interpretar al villano de la historia son tan erradas (la crítica lo destruyó, y las burlas no se hicieron esperar) que se pensó que este papel podía hacerle perder el Oscar que tenía casi garantizado por La teoría del todo. Antes que él ya hubo villanos deplorables (y no por sus acciones) como el Dr. Frío de Arnold Schwarzenegger en Batman y Robin o el doble cara de Tommy Lee Jones en Batman Forever.

Y es que el equilibrio es clave, también lo es ser buen actor (y contar con un buen director). Javier Bardem, tal vez uno de los malos más temibles y excesivos existe fuera del cine fantástico, es un ejemplo. Su Anton Chigurh, corte de pelo ridículo y extraña elección de arma incluidos, es uno de los personajes más terroríficos del cine contemporáneo en No es país para viejos de los hermanos Coen. Mujeres que aún generan pesadillas con sus papeles que tocan la frontera de lo excesivo, pero que siguen con el pie en lo realista son, por ejemplo, la enfermera Ratchet en Alguien voló sobre el nido del cuco o Kathy Bates en Misery.

Malvados memorables hay muchísimos, no es casual. El cine al final es entretenimiento y espacio en el que vivir aventuras y emociones que no se quieren vivir en la vida real. Y para los actores hacer de villano implica tocar partes y pensamientos humanos con los que normalmente no tienen contacto, y a la vez tomar decisiones interpretativas arriesgadas y divertidas.

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Stefan Zweig y la resistencia tibia contra el nazismo

Jorge Raya Pons

Foto: X CREATIVE POOL

La vida de Stefan Zweig (Viena, 1881- Persépolis, 1942) estuvo marcada por las guerras. No era fácil ser judío en los tiempos en que serlo suponía morir sin dignidad y gaseado en los campos de concentración de los nazis. Zweig fue como “un gitano curioso” que viaja sin fronteras, como él mismo se describió, y sintió como propio el espíritu de Europa, que comprendió como una manera de explicarse el mundo.

El joven Zweig siempre estuvo bien relacionado, y esto fue posible gracias a que creció en una familia de comerciantes y banqueros. Poseía una inteligencia que desbordaba y un hambre de conocimiento que lo llevó a conocer, siendo un adolescente, todos los versos de Rilke, la elocuencia de los clásicos griegos y latinos, la poesía de Verhaeren. Fue Theodor Herzl quien le dio la oportunidad de escribir con apenas 19 años en el Neue Freie Presse, uno de los grandes periódicos de Viena. Este hecho resulta especialmente elogioso si atendemos a que Herzl, además de uno de los periodistas más bravos de su tiempo, ha sido recordado por la Historia como el padre del sionismo.

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La casa de Zweig en Petrópolis, Brasil. | Fuente: Wikimedia

Todas las esperanzas depositadas en el joven Zweig fueron confirmándose. En la década de los veinte, Zweig se convirtió en el autor más conocido en lengua alemana, aunque no el más hábil, y su carrera en apariencia imparable únicamente se vio frenada por el auge del fascismo en Europa.

Cuando huyó definitivamente de Austria, con el inicio de la II Guerra Mundial, Zweig era toda una eminencia y no tuvo problemas para iniciar una vida alejada, en términos físicos, de la Solución Final, que amenazaba con acabar con judíos y gitanos. Zweig siempre sintió cierto grado de culpabilidad, de responsabilidad con el prójimo y, por supuesto, de nostalgia por servir como espectador del hundimiento de Europa. En Brasil, donde llegó tras breves estancias en París y Londres, mantuvo la convicción de que el éxito del nazismo se iba a extender a todo el planeta.

Zweig fue señalado como tibio en la crítica, un elemento pobre de la resistencia; algunos de sus contemporáneos lo acusaron de cobarde. Si bien su postura contraria a Hitler era evidente, no solo por su origen sino también por sus ensayos, sus compatriotas ansiaban de él actos mayores.

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Retrato de Stefan Zweig. | Foto: AP Photo

En El mundo de ayer, su autobiografía y última obra, que vio la luz de manera póstuma, Zweig parece justificarse por momentos. El autor vienés reconoce que fue ingenuo y que nunca imaginó que la barbarie fuera a llegar tan lejos:

Puesto que trato de ser lo más sincero posible, debo confesar que en el año 1933, y aún en 1934, creíamos imposible en Alemania y en Austria incluso la milésima parte de lo que sucedería semanas después. Cierto que contábamos de antemano con que los autores libres e independientes sufriríamos entorpecimientos, inconvenientes y animosidades. Inmediatamente después del incendio del Reichtag en 1933, advertí a mi editor que pronto se acabarían mis libros en Alemania. Nunca olvidaré su estupor.

–¿Por qué se han de prohibir sus libros? –inquirió, perplejo–. Usted nunca ha escrito una palabra contraria a Alemania, ni intervenido en política.

Sin embargo, como cabía esperar, Zweig fue acosado por el III Reich, que no permitió la lectura de otros libros que no fueran los doctrinarios y la defensa de otras ideas que no fueran las impuestas. Resulta muy interesante su biografía para tomar el pulso de una época que ahora parece remota, pero que no lo es tanto. Con el ascenso constante de los populismos y la ultraderecha en nuestros días, este fragmento parece revelador:

El nacionalsocialismo […] desarrollaba su método con precaución: una dosis pequeña, y, después de una dosis, una pausa. Cada vez, sólo una píldora, y luego, un momento de espera para comprobar si la conciencia universal había asimilado la dosis. Y en vista de que la conciencia europea –para mal y vergüenza de nuestra civilización– demostraba un absoluto desinterés, ya que aquellas brutalidades se realizaban fuera de sus fronteras, las dosis fueron cada vez mayores, y, al fin, Europa entera sucumbió a ellas.

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Fotograma de ‘Stefan Zweig. Adiós a Europa’. | Fuente: X Creative Pool

La cineasta Maria Schrader presenta en Stefan Zweig. Adiós a Europa un retrato elogioso del autor de Novela de ajedrez, centrando sus 106 minutos de película en los años que vivió a un océano de distancia de su patria. En una entrevista para El Español, Schrader defiende a Zweig como un hombre comprometido políticamente que, a su modo, supo enfrentarse a la injusticia que gobernaba el continente: “Era una persona que seguía sus propias reglas, y en esas reglas estaba que nunca atacaba a nadie, nunca atacaba con sus palabras. Lo que los periodistas le pedían era un veredicto sobre Alemania, y creo que Stefan Zweig lo que quería era pintar un cuadro del conflicto más complejo y se encontró con un mundo en el que las únicas posibilidades eran sí o no, blanco o negro, y eso era demasiado simplista […] No creo que exista solo una forma de actuar para los artistas”.

La película, que se estrena el próximo viernes, ayuda a dibujar un perfil del afamado escritor judío, que decidió quitarse la vida en la cama junto a su mujer tras reconocerse incapaz de soportar la imagen de una Europa que se destruía a sí misma. En su carta de suicidio, Zweig parece abandonar este mundo con cierta humildad, derrotado. No encuentra otra salida ante la caída del sueño que causándose la muerte. “Dejo saludos para todos mis amigos”, dejó escrito en su despedida. “Quizá ellos vivan para ver el amanecer después de esta larga noche. Yo, más impaciente, me voy antes que ellos”.

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