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Cuando Naciones Unidas dividió Palestina en dos

Rodrigo Isasi Arce

Foto: Sebastian Scheiner
AP Photo, File

Hace 70 años, el 29 de noviembre de 1947, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó el Plan de Partición de Palestina, que establecía la división del territorio en dos partes, una para los judíos, a los que otorgó el 55% de la tierra y otra para los árabes, que se quedaron con el 45% restante. La resolución 181 de la ONU derivó en una guerra civil en el territorio del Mandato de Palestina que estalló al día siguiente de la votación del Plan, seguida de la guerra árabe-israelí de 1948 y los sucesivos enfrentamientos entre árabes y judíos que se mantienen hasta la actualidad. La resolución establecía que debían constituirse ambos estados, Israel lo hizo el 14 de mayo de 1948, Palestina, a día de hoy, sigue sin ser un Estado reconocido por muchos países. Los palestinos apenas controlan ya un 22% del territorio.

“La resolución 181 quería solucionar el problema de los judíos en Europa a costa de los palestinos”, asegura a The Objective el embajador de la delegación de Palestina en España, Musa Amer Odeh. “El plan supuso que más de la mitad de los palestinos se convirtieran en refugiados, una limpieza étnica contra el pueblo palestino”.

Desde 1977, la Asamblea General de las Naciones Unidas en la Resolución 32/40 pidió que se estableciera el 29 de noviembre como Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino. “Nosotros nunca hemos estado en contra de los judíos; el judaísmo, al igual que el islam o el cristianismo, goza de nuestro respeto, somos un pueblo que busca la libertad, la paz y la dignidad, remarca el diplomático palestino. “Nuestro problema no es con los judíos, es con la ocupación de nuestra tierra”.

El problema de los refugiados

Los palestinos guardan en su memoria un día histórico, el 15 de mayo de 1948, y lo han bautizado como el día de la ‘Nakba’ (la catástrofe), en referencia al éxodo palestino y a la declaración de independencia del Estado de Israel. No obstante, muchos de ellos consideran que la ‘Nakba’ se gestó mucho antes. A raíz de la partición del territorio, más de 700.000 palestinos tuvieron que abandonar sus casas y convertirse en refugiados dentro de su propio país o en naciones vecinas como Siria o Líbano. Hoy ya son más de cinco millones los refugiados palestinos que hay en el mundo. Este crecimiento exponencial se debe a que la ONU considera hereditario el estatus de refugiado palestino.

Son muchos los refugiados que conservan la llave y los papeles de su casa, con la esperanza de poder regresar algún día a su hogar. “El pueblo palestino fue expulsado injustamente de su tierra y conservamos nuestras llaves con la esperanza de regresar algún día”, comenta en árabe a The Objective Musa Amer Odeh, sentado en su despacho y bajo la atenta mirada de dos grandes retratos que cuelgan de la pared, uno de Mahmoud Abbas, presidente de Palestina desde 2014, y otro de Yasser Arafat, el primer presidente de la Autoridad Nacional Palestina.

Palestina, un territorio dividido por la ONU
Uno de los campamentos de refugiados árabes en el sector egipcio del sur de Palestina, el 18 de enero de 1949. | Foto: AP Photo

La llave se ha convertido en un símbolo palestino, tanto es así, que en el campo de refugiados de Aida, en Cisjordania y cerca de la ciudad de Belén, la puerta de acceso está adornada con una.

Cuando la ONU dividió Palestina en dos
Un grupo de palestinos se concentran delante de la puerta del campo de refugiados de Aida con motivo del 60 aniversario de la ‘Nakba’. | Foto: Nasser Shiyoukhi/AP Photo

La solución de los dos Estados

La solución de los dos Estados establecida por la ONU se configura como la más acertada para garantizar la paz y la estabilidad en la región, al menos así lo aseguran los expertos.”Tenemos la mano tendida para lograr una paz duradera, hemos aceptado establecer un Estado palestino en menos de una cuarta parte de la Palestina histórica, con una solución justa para los refugiados, basada en el derecho internacional y en las resoluciones de la ONU“, asegura el diplomático palestino residente en Madrid. “Nuestro ofrecimiento no ha encontrado una respuesta coherente en el Gobierno israelí, que sigue con su política de judaizar el territorio palestino, de construir más asentamientos y reprimir al pueblo palestino en su tierra”.

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Un colono judío sostiene una bandera israelí mientras mira a un joven palestino agitando una bandera palestina en la ciudad cisjordana de Hebrón. | Foto: Eyal Warshavsky/AP Photo

En este sentido, el representante de Palestina en España nos asegura que han negociado con la parte israelí desde la conferencia de Madrid de 1991 hasta hoy, pero que no han conseguido nada a cambio, solo “más asentamientos, más colonias, más destrucción de viviendas y miles de presos palestinos, entre ellos niños“.

El papel de la comunidad internacional

Organizaciones internacionales como Human Rights Watch o Amnistía Internacional –apoyadas por un sector de la sociedad civil israelí– han denunciado violaciones de los Derechos Humanos por parte de Israel. Según un estudio del Instituto de Investigaciones Aplicadas de Jerusalén, además, el Estado judío está impidiendo el desarrollo de los territorios ocupados.

“La Comunidad Internacional debe ver las injusticias que se se cometen en Israel y solucionar este conflicto de una vez por todas”, señala Amer Odeh. “Israel presume de ser la única nación democrática de Oriente Próximo, pero, ¿cómo puede ser  un país democrático si mantiene una política racista de apartheid con los palestinos?”.

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Una mujer palestina sostiene un letrero durante los enfrentamientos con las tropas israelíes, en la aldea cisjordana de Kofr Qadom, cerca de la ciudad cisjordana de Nablus el 3 de noviembre de 2017. | Foto: Mohamad Torokman/Reuters

“Hace más de 2.000 años Jesús ya predicó en esta tierra un mensaje de paz, justicia y amor, nosotros queremos la ayuda de la comunidad internacional para lograr estos tres principios nobles en Palestina, en los países vecinos y en todas las naciones. El mundo no necesita guerra, no necesita sangre; necesita paz y justicia“, sentencia el diplomático palestino en un correcto español con un marcado acento árabe.

Precisamente, el 6 de noviembre, el presidente de Israel, Reuvén Rivlin, visitó España y se reunió con el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y el rey de España, Felipe VI, que le recibieron con el protocolo que corresponde a cualquier visita de Estado. Apenas dos semanas después, el 20 de noviembre, el presidente de Palestina, Mahmoud Abbas, hizo lo propio y viajo a Madrid donde también mantuvo un encuentro con los mandatarios españoles, y aunque le recibieron con todos los honores posibles,  no se trató de una visita de Estado, ya que España es uno de los países que no reconoce oficialmente a Palestina como un estado independiente.

Fatah y Hamás, ¿un frente unido?

En la búsqueda de una solución pacífica y la creación de los dos Estados, los palestinos se enfrentan a otro gran problema interno, la histórica división entre Fatah, de corte laico y progresista, y Hamás, islamista y más conservador. “Nosotros trabajamos por la unidad de nuestro pueblo, pero eso no significa que haya discrepancias políticas entre nosotros y Hamás, es algo natural”, dice Musa Amer Odeh.

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Soldados israelíes pasan junto a neumáticos en llamas bajo un mural del difunto líder palestino Yasser Arafat, en el puesto de control de Qalandia entre Ramallah y Jerusalén. | Foto: Majdi Mohammed/AP Photo

Tanta es la discrepancia entre ambos partidos que en 2007 Hamás expulsó a las fuerzas leales a la Autoridad Nacional Palestina (ANP) de la Franja de Gaza. No obstante, representantes de ambas facciones se reunieron el 12 de octubre en El Cairo, y llegaron al acuerdo de celebrar elecciones en 2018. “Quien gane en los comicios tendrá la responsabilidad de llevar al pueblo palestino en su proyecto político, comprometido con la política de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), que es el único y legítimo representante del pueblo palestino”.

“Queremos acabar con esta división interna para poder afrontar la política de ocupación israelí que estamos sufriendo, y para lograr todos juntos un Estado palestino soberano, independiente y moderno“, culmina el embajador de Palestina en España.

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Cataluña para los catalanoparlantes

Ricardo Dudda

Foto: Bernat Armangue
AP

El debate lingüístico en Cataluña nunca ha tenido que ver con la lengua, sino con la cultura.
Un ejemplo es una frase como “Cataluña es el catalán”, que se ha usado en los debates
sobre la inmersión lingüística esta semana y que difícilmente puede defenderse como una
idea liberal (lo digo porque quien la ha usado es un liberal socialdemócrata, y porque un
partido progresista como el PSC es un gran defensor del monolingüismo en la escuela).

La defensa de una sola lengua en una sociedad plurilingüe va contra el pluralismo liberal, y
en cierto modo recoge el argumentario nacionalista, que considera la lengua uno de los
hechos diferenciales. Para los clásicos nacionalistas, como Herder, la lengua refleja un
modo de pensar y una forma de ser. La lengua es la esencia del nacionalismo: una nación
para cada lengua.

Uno puede usar argumentos pragmáticos para defender la inmersión lingüística, como la
idea de que es una manera de elevación social (los castellanoparlantes catalanes tienen
mayores cifras de fracaso escolar que los catalanoparlantes). También se suele decir que la
inmersión es el gran consenso de la sociedad catalana, pero un estudio de Roberto Gravia y
Andrés Santana muestra que es falso: “existe un alto nivel de consenso sobre el modelo
lingüístico de las escuelas, pero el rasgo definitorio de dicho consenso es la pluralidad
lingüística, no la posición hegemónica de ninguna de ellas: los votantes de todos los
partidos coinciden en que al menos un 28% de las clases deben ser en catalán, un 25 % en
inglés, y un 20 % en castellano; y difieren en cómo debe impartirse el 27% restante de
horas.” Gravia y Santana afirman que “la sociedad catalana está muy lejos del amplio
consenso a favor de la inmersión lingüística, que más parece ser un mantra que reflejo de
las preferencias de la sociedad catalana”.

Al defender el modelo monolingüe se defiende la idea nacionalista de que la lengua catalana
ha de preservarse per se, sin importar su número de hablantes (son más los
castellanoparlantes en Cataluña que los catalanoparlantes). La lengua se defiende porque es
un bien en sí mismo. De ahí a preservarla para que no se contamine de otras lenguas (que
es lo que hacen las lenguas y así es como se forman) hay muy poco.

Esto crea situaciones difícilmente explicables, como explica Félix Ovejero: “que la lengua
mayoritaria y común en Cataluña sea el castellano y que sin embargo no sea la que
proporciona identidad nos lleva a situaciones conceptualmente complicadas”. La lengua va
antes que la ciudadanía. Es un argumento nacionalista. Al defender la lengua se defiende
una especie de esencia y cultura inmutable. Es una lógica peligrosa, que los más radicales
han usado para defender su idea de “Cataluña para los catalanes”.

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Me llena de odio -y de satisfacción-

Gonzalo Gragera

Foto: Sipi
EFE

Estrategia de comunicación: irritar al contrario. Lo vimos hace unos años en la acción política de Podemos, partido cuyo ejercicio de propaganda aprovechaba el odio visceral –como todos, supongo- que despertaba en sectores más o menos conservadores y liberales para introducir y difundir sus ideas en el conjunto de la sociedad española. De ahí, claro, que acudieran a tertulias de cadenas con público de derechas, donde de sobra sabían, y de manera inteligente, que el precio de lo viral era más asequible. De esas ya antiguas luchas dialécticas sacarían mucho más provecho que de mesas redondas de cualquier facultad o de ponencias académicas y eruditas de pasillos universitarios, e incluso más que de su capacidad de convocatoria en las redes sociales. Y es que nada como el odio, su impulso, para transmitir un mensaje; nada como la crispación del enemigo para alimentar una idea.  Rufián es otro que supo de la lección en los meses –pasados, creo, espero- más complicados de la secesión orquestada en los partidos independentistas catalanes. Mientras todos compartían, en actitud de desprecio, sus desvaríos y ocurrencias, tales desvaríos y ocurrencias circulaban, con notable éxito y acogida, por todo el país. Un diputado de un partido de escueta representación parlamentaria en el Congreso, principal imagen –discurso- de buena parte de la política española.

Y es que el público necesita –necesitamos- del odio para multitud de asuntos, pero quizá el principal es el hecho de afirmarse, el hecho de confirmarnos en nuestra propia personalidad. El odio nos aleja de aquello que no queremos ser, nos marca distancias respecto de aquello a lo que le tenemos fobia, lo que nos causa rechazo, aquello que consideramos malo incorrecto equivocado Un lector de tendencia izquierdosa necesitará compartir entre sus amigos virtuales las barbaridades que escriba un autor o periodista o columnista partidario de cualquier tesis histórica sobre –tema facilón- el franquismo y las cosas buenas que nos dejó. También al contrario, evidente: la autora de derechas se rasgará las vestiduras ante el párrafo de intención polémica de cualquier firma de izquierdas. Se intuye: en cuanto hay lucha de posiciones, o disparidad de criterios, además de argumentar el error ajeno, necesitamos, para quedar tranquilos con nuestra conciencia y con nuestro criterio, ridiculizarlo, denostarlo. Y es entonces cuando vamos a la búsqueda del odio, a ese interés por leer opiniones que consideramos irrisorias, infantiles, descabelladas; y también el interés en difundirlas, en hacer ver a los demás la estupidez en la que otros –siempre los otros- están inmersos. Un denunciar la estupidez del prójimo que es, más bien, un favor hacia este: lo vemos a diario en el periodismo sensacionalista, ahora llamado de clickbait.

Lo escribe Ricardo Dudda en Letras Libres: “Hay una parte de construcción del enemigo para justificar las propias acciones. Al elaborar un hombre de paja y luchar contra él, además, uno construye su identidad a medida. Uno puede moldear al enemigo para moldearse a sí mismo”. Necesitamos consumir el odio, y odiar, para convencernos de que no somos aquello que odiamos. El odio como bienestar narcisista de saberse distinto, seguro, cómodo –pleno convencimiento- en la idea propia. El odio como emoción para establecer la diferencia con el adversario. O con la actitud moralmente reprochable. El odio que nos llena de odio, y de satisfacción.

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¿Está amenazada la libertad de expresión en España?

Marta Ruiz-Castillo

Foto: J.J.Guillen
EFE

Por primera vez en su historia, ARCO retira una obra; una juez ordena el secuestro de un libro; un rapero es condenado a tres años de cárcel. Estas son noticias reales y ocurridas en España en apenas un par de días. La polémica está servida porque en todos los casos hay un denominador común: la defensa o vulneración de la libertad de expresión en democracia.

En medio del debate, Amnistía Internacional (AI) ha hecho público un informe en el que denuncia que 2017 ha sido un mal año para la libertad de expresión en España . “Alzar la voz, incluso en redes sociales, se ha vuelto cada vez más peligroso”, y recuerda que sólo el pasado año hubo 20 condenas dictadas por “enaltecimiento al terrorismo” y humillación a las víctimas. “Comentarios en redes sociales, letras de canciones controvertidas y bromas están siendo criminalizadas bajo esa categoría vaga de enaltecimiento del terrorismo y de humillación a las víctimas”, añade AI.

Una conclusión preocupante para un país donde los derechos de manifestación y de reunión, por ejemplo, también se han visto restringidos con sanciones desorbitadas recogidas en la polémica Ley de Seguridad Ciudadana del PP, más conocida como ley mordaza aprobada por el Congreso de los Diputados en 2015 con el voto en contra de la oposición. El PP tenía entonces mayoría absoluta. La reforma de la ley, que limita también el derecho a la información, fue impulsada por el Grupo Socialista en 2016 pero el texto permanece en el olvido a la espera de que se reanude el trámite para derogar una norma que partidos, como PSOE o Podemos, utilizaron como bandera del progresismo. Ahora, al hilo de la polémica ambos han vuelto a reivindicar la urgente necesidad de acabar con la ley mordaza.

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El PP aprobó con el voto en contra de la oposición en 2015 la llamada ley mordaza. | Foto: Congreso de los Diputados

Para el magistrado y portavoz territorial de Juezas y Jueces para la Democracia, Joaquím Bosch, “todo empezó con la Ley de Seguridad Ciudadana” . En España “tenemos menos libertades ahora que en los años 80”, asegura.

Incluso el diario The New York Times se ha hecho eco de estas polémicas decisiones llegando a decir que “ya sea por ley o por intimidación, España se ha convertido en un país donde los riesgos para la libertad de expresión han aumentado en los últimos años”.

ARCO no quiere ‘presos políticos’

Santiago Sierra seguramente no imaginó que su obra ‘Presos políticos en la España contemporánea‘, con la que había acudido a la 37 edición de la Feria de Arte Contemporáneo de España (ARCO) iba a sentar un precedente; un polémico procedente porque las 24 fotografías con retratos pixelados de personajes en prisión preventiva, entre las que están el exvicepresidente de la Generalitat catalana, Oriol Junqueras, los presidentes de las organizaciones independentistas ANC y Òmnium Cultural, encarcelados en relación con la investigación judicial en marcha sobre el procés, fueron retiradas.

En una entrevista concedida a Ctxt , Serrano lamentaba lo ocurrido y se declaraba perplejo. En su opinión, “vivimos una histeria colectiva con el tema del procés”, y a la pregunta de si cree que España está viviendo un proceso de involución democrático, su respuesta fue contundente: “El Estado está penetrado por el crimen organizado”.

Los responsables de IFEMA, donde se desarrolla ARCO, fueron los que pidieron a la galería de Helga de Alvear, que llevó la obra en discordia, que la retirara. El argumento fue que podía molestar y crear una controversia que perjudicara al resto de las obras. En cuanto se conoció la noticia, las redes sociales se llenaron de comentarios, la mayoría críticos con la decisión, calificándola de “censura”.  La obra fue retirada, sí, pero antes fue fotografiada y reproducida hasta la saciedad en Twitter, en los medios de comunicación…Y lo que es más, la obra fue adquirida por 90.000 euros. Probablemente, lo que IFEMA no quería que ocurriera.

Ante la avalancha de críticas, llegaron las disculpas al día siguiente de retirar la obra. La dirección del recinto ferial aseguraba que sentía lo ocurrido, que no volverá a ocurrir y que, en ningún caso, hubo “mala fe”. Pero la obra no retornó a ARCO cuyo director, Carlos Urroz, dejó claro desde el primer momento que no compartía la decisión.

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La obra Presos Políticos de Santiago Sierra antes de ser retirada de ARCO. | Foto: FERNANDO VILLAR / EFE

Los políticos no han permanecido ajenos a la polémica. “La libertad de expresión en cualquier ámbito es una pieza fundamental del Estado de Derecho, y desgraciadamente, desde que tenemos un gobierno del PP la libertad de expresión en España está muy restringida”, declaraba la portavoz del Grupo Socialista en el Congreso, Margarita Robles. En este sentido, aseguraba que el PSOE quiere sacar adelante más pronto que tarde la derogación de la ‘ley mordaza’. Una declaración genérica de Robles cuyo partido, sin embargo, no se opuso a la retirada de la obra cuando el órgano directo tomó la decisión.

“Bienvenidos a Turquía”, decía, por su parte, el portavoz en el Congreso de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), Joan Tardá, partido del que es líder Oriol Junqueras. “Bienvenidos al régimen de Erdogan ¡Cuánta hipocresía! Es una vergüenza que tengamos que presenciar un ejercicio de hipocresía tan superlativo, porque…como que no tienen la honradez, la honestidad de decir que se trata de un ejercicio de censura”.

El Gobierno, sintiéndose aludido por esta y otras acusaciones similares, salió al paso asegurando que “nosotros no censuramos a nadie“, en palabras del portavoz y ministro de Educación y Cultura, Íñigo Méndez de Vigo. En el lado opuesto, Podemos, y como expresión del rechazo a esta retirada insólita de una obra de arte en ARCO, la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, decidió no acudir a la inauguración presidida por los Reyes, al día siguiente de que estallara la polémica.

El escándalo de ARCO se produjo coincidiendo con otra polémica no menos intensa. La jueza de Collado Villalba (Madrid) Alejandra Fontana ordenó el secuestro cautelar del libro ‘Fariña’, obra del periodista Nacho Carretero publicada en 2015 en la que narra con datos contrastados y reales la historia del narcotráfico gallego. La jueza adoptó la medida a petición del exalcalde de O Grove (Pontevedra), José Alfredo Bea Gondar, quien demandó en enero a Carretero y a la editorial Libros del KO por supuesta vulneración de su derecho al honor.

“Creo desproporcionado secuestrar Fariña por plasmar unos hechos probados judicialmente en 3 líneas del libro”, dijo Carretero.

La reacción en las redes sociales contra lo que, de forma mayoritaria se calificó de “censura”, no fue nada comparada con las ventas del libro en Amazon. ‘Fariña’ se convirtió en el libro más vendido en unas horas, mientras numerosas personas publicaron el párrafo de la discordia en Twitter.

El Gremio Libreros de Madrid publicó un comunicado en el que expresó su “rotundo desacuerdo y unánime disconformidad con esta medida” y anunciaba que “Fariña se queda en las librerías”.

Para Pablo Iglesias, líder de Podemos, “la libertad de expresión está sufriendo el mayor ataque desde la dictadura y no podemos quedarnos callados”. Se refería al secuestro de Fariña y a la sentencia condenatoria contra el rapero Valtonic.

Y es que antes del secuestro de Fariña, los medios de comunicación se hicieron eco de la decisión del Tribunal Supremo de confirmar la condena a tres años de prisión contra el rapero Valtonyc por delitos de “enaltecimiento del terrorismo, calumnias e injurias graves a la Corona, y amenazas no condicionales”.

El rapero reaccionaba con este tuit a la sentencia

Una decisión calificada por muchos de “desproporcionada”. La Plataforma en Defensa de la Libertad de Información (PDLI) calificó la condena al rapero de “inaudita” e “impropia de una democracia” que vulnera los principios internacionales sobre libertad de expresión. “Valtonyc va a ser el primer cantante que entre en prisión en España acusado de enaltecimiento del terrorismo. Lo que estamos viendo es inaudito e impropio de una democracia plural: la persecución de la canción protesta”, dijo en un comunicado la presidenta de la PDLI, Virginia Pérez Alonso.

Una valoración no compartida por el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, para quien las expresiones de odio y los extremismos deben ser perseguidos con las armas legales que ofrece el Estado de derecho; más contundente, el presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, dijo que “una amenaza de muerte es una amenaza de muerte independientemente de que el soporte en el que se haga sea digital o analógico”. El líder de la formación es uno de los políticos que ha recibido amenazas de muerte a través de las redes.

El caso del Valtonic no es único. Antes que él, la justicia condenó en 2014 a Pablo Hasel por enaltecimiento del terrorismo, aunque no entró en prisión porque la pena no superaba los dos años. El rapero catalán tiene varias causas abiertas por tuits publicados en su cuenta.  También la justicia española ha condenado a ciudadanos por opiniones ofensivas constitutivas de delito. El primero en entrar en prisión fue Alfredo Remírez, arrestado en 2015, el mismo día que el cantante de Def con Dos, Cesar Strawberry, por comentaros en tuiter contra las víctimas del terrorismo. En todos los casos, aseguran que son sólo opiniones y se defienden apelando a la libertad de expresión. La cuestión es que la justicia, en todos estos casos, entiende que la libertad de expresión tiene unos límites que terminan donde empieza el Código Penal.

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Forges, medio siglo de historia a través de sus viñetas

Redacción TO

Foto: Juan Carlos Hidalgo
EFE

La muerte del humorista gráfico Antonio Fraguas ‘Forges’ ha conmocionado a España. Durante 50 años, Forges, que ha fallecido a los 76 años, llegó a varias generaciones a través de sus viñetas. En ellas, sus peculiares personajes de gran nariz y ojos saltones protagonizan escenas de la vida política y cotidiana, mostrando un retrato verdaderamente original de la sociedad española.

Las redes se han llenado tras su muerte de sus famosas viñetas, con las que consiguió, siguiendo el consejo de su padre, “ser un dibujante original”. “Que se reconozca un dibujo tuyo a quince metros”, le dijo su padre, y así lo hizo Forges.

Desde los episodios políticos más relevantes de la historia de España hasta situaciones cotidianas, que también evolucionaron con la sociedad, Forges retrató durante gran parte de su vida el país a través del humor y la crítica. En los últimos meses, Cataluña ocupó, como en la mayoría de medios de comunicación, una gran cantidad de viñetas del dibujante.

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Una de las viñetas de Forges, dedicada a Marta Rovira, la número dos de ERC. | Foto: Forges/ Twitter
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La situación de Puigdemont en Bruselas, retratada por Forges. | Foto: Forges/ Twitter
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El 155, otro de los protagonistas de las viñetas. | Foto: Forges/ Twitter

Pero tampoco se olvidó de retratar en sus viñetas, con un toque de denuncia social, otras situaciones políticas que preocupan a los ciudadanos.

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Forges critica la ley hipotecaria, como siempre, a través del humor. | Foto: Forges/ Twitter
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El dibujante recuerda que no todo es Cataluña. | Foto: Forges/ Twitter

Pero, sobre todo, Forges fue capaz de hacer que numerosos españoles se sintieran identificados con sus personajes, las situaciones que describían y las preocupaciones que mostraban. A través del humor, el original dibujante logró retratar los pensamientos de un gran número de personas.

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Los modales y la educación son uno de los temas recurrentes en sus viñetas. | Foto: Forges/ Twitter
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Forges critica el ‘cuñadismo’ en sus viñetas. | Foto: Twitter
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La economía también era uno de los temas retratados por Forges. | Foto: Forges/ Twitter
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Forges muestra la situación de muchas mujeres en España. | Foto: Twitter

La sociedad ha avanzado mucho a lo largo de los años en numerosos aspectos, pero las viñetas de Forges demuestran que hay cosas que no cambian y que los ciudadanos siguen teniendo las mismas preocupaciones y carencias a pesar del paso del tiempo.

Ya en los años 80, Forges mostraba la preocupación social por la integración de España en Europa y, principalmente, por las consecuencias económicas que esto tendría.

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La situación económica de España tras su integración en Europa fue una gran preocupación. | Foto: Twitter

En 1995, publicaba su primera viñeta en El País, y retrataba una situación que bien podría referirse al año 2018.

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Forges, en 1995, retrataba situaciones que bien podrían ocurrir en 2018. | Foto: Twitter

Además, Forges también retrató los problemas internacionales que a menudo olvidamos y trató de recordar a través de sus viñetas que hay una parte del mundo que sobrevive a guerras, hambrunas y una gran pobreza.

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Las guerras y los refugiados aparecen retratados en muchas viñetas del dibujante. | Foto: Twitter
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Durante años, Forges recordó también los problemas que sufren otros países, especialmente en África. | Foto: Twitter
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El hambre, otra de las grandes retratadas en sus viñetas. | Foto: Twitter

Ahora la sociedad se despide de Forges, un gran dibujante que durante años logró sacar una sonrisa a los lectores de los diferentes diarios en los que publicó sus viñetas. Sus personajes y su humor quedarán en el recuerdo durante mucho tiempo y, con ellos, las sonrisas y reflexiones que provocaron en el momento de su publicación.

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