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Cultura Zef: Así lo parten los chonis sudafricanos

Clara Paolini

Foto: Die Antwoord
Die Antwoord

A Ninja y Yo-Landi les gustan los coches tuneados, los dientes de oro, la ropa de licra y fumar porros del tamaño de bates de béisbol. La palabra fuck y sus derivados aparecen en una de cada dos frases que sueltan por la boca. Sus gestos expresan una actitud que oscila entre la amenaza y lo puramente obsceno. Son chonis sudafricanos, pero también los músicos internacionalmente conocidos que conforman la banda Die Antwoord, estandarte de la cultura Zef.

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Ninja y Yo-Landi AKA Die Antwoord, los reyes Zef | Imagen vía: Paul Bange / Wikimedia Commons y Philip Nelson / Flickr

Puede no que sean exactamente lo que Desmond Tutu tenía en mente cuando describió Sudáfrica como la Nación del Arcoiris, pero su controvertido estilo pisa hoy tan fuerte que han llegado a convertirse en modelo de inspiración y orgullo para toda una generación de jóvenes canallas con aspiración a molar. Tampoco imaginaba Mandela que tras una gorra de medio metro se escondiera un tipo capaz de renovar la identidad de la sociedad blanca post-apartheid haciendo del rap un aglutinante más poderoso que el rugby. Pero, ahí está Jack Parow, el músico que puso los cimientos para convertir a los Zef en empoderada tribu urbana.

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Jack Parow, el rapero tras la gorra | Imagen vía: Marcel van Leeuwen / Flickr.

Renovando estereotipos a través de la apropiación, la música rap-rave y un “elegante” mal gusto, lo Zef traspasa fronteras para encajar como un guante en la cultura globalizada actual. Su habilidad para ofender es universal y triunfa hasta el extremo. La imagen de Sudáfrica ha pasado de limitarse a las exóticas fotografías de National Geographic a protagonizar las chirriantes portadas de Vice. De la segregación racial a la amalgama cultural. De la marginalización al estrellato. Lo barriobajero, si es sudafricano, es cool. Y la culpa de todo la tienen los chonis, que están de moda.

Imperio Zef: Del barrio a la estratosfera

La palabra Zef se asocia con jóvenes de extrarradio que suelen ir en chándal, llevan bisutería dorada, peinados cenicero, cejas cortadas y tatuajes de gánster. Petulancia cani, arrogancia antipijerías y soberbia de clase obrera, ahora envasadas en un producto original y bailable que mezcla hip hop con electrónica. Zef es, básicamente, tal y como se presentaron Die Antwoord con sus primeros vídeos Enter the Ninja y Zef Side, logrando millones de reproducciones en tan solo unos días.

¿Imaginas que unos chonis caricaturizándose a sí mismos acabaran codeándose con los ricos y famosos de Beverly Hills? Pues es justo lo que está ocurriendo. Ocho años después de aquellos vídeos Paris Hilton está obsesionada con Die Antwoord, David Lynch se declaró fan e invitó a la banda a tomar café, Ninja fue elegido para la campaña del diseñador Alexander Wang este año, y hasta el artista Damien Hirst ha hecho una escultura con el busto de Yo-Landi, presente en la última Bienal de Venecia.

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Aspect of Katie Ishtar Yo-landi, parte de Treasures from the Wreck of the Unbelievable, de Damien Hirst | Imagen vía: Fabio Omero / Flickr

Die Antwoord ejemplifican hasta tal punto lo que se considera “molón” que incluso el director de Suicide Squad, David Ayer, ha sido acusado de copiar su estilo sin miramientos para los personajes de su nefasta película, recibiendo por ello una contestación vía Instagram por parte del grupo.

Llegados a este punto, cabe preguntarse si quizá no sean acaso un par de pretenciosos con visión empresarial y eso del chonismo una impostura indudablemente rentable. Lo que está claro es que oponerse a lo mainstream vende y Die Antwoord han sabido cómo sacarle provecho. En 2012, Lady Gaga les propuso ser los teloneros de su gira sudafricana. La respuesta fue un ‘no’ tan rotundo que la banda llegó a reírse de ella públicamente, convirtiéndola en la protagonista del videoclip de Fatty Bum Bum. Una decisión de marketing e imagen de marca de primera calidad.

Zef vs chonis: La tribu urbana detrás del producto

“Zef es como que nada te importa una mierda y tienes tu propio estilo y estás a tu bola. Se asocia a la gente que que tunea sus coches y llevan oro y mierda. Zef es ser pobre pero elegante. Eres pobre pero sexy, tienes estilo”. Así definía Yo-Landi su propio reino en una entrevista publicada en The Guardian al poco de saltar al estrellato. La palabra en sí proviene del argot en afrikáans, uno de los 11 idiomas oficiales de Sudáfrica derivado de los colonos holandeses, y su según parece, le debe su origen al Ford Zephyr, un coche bastante popular y “tuneable” entre la clase media sudafricana.

¿Es Zef un insulto o un halago? Depende de cómo se mire. Lo que empezó como un insulto similar a white trash para menospreciar los gustos de los blancos de clase baja, es ahora una bandera que ondear con orgullo. Jack Parow, el rapero sudafricano que empezó a “limpiar” el término, antes de que Die Antwoord se adueñaran del mismo para comercializarlo, asegura que él es la mismísima encarnación de lo Zef porque, según explica, “es cómo crecí y cómo he sido clasificado durante toda mi vida. Así que sí, estoy haciendo un alegato cuando digo que no somos tan malos como todo el mundo nos pinta. Pero al mismo tiempo también estoy engañando a mis amigos y a mí mismo porque somos bastante disfuncionales y jodidamente duros”.

Aunque resulta fácil encontrar parecidos razonables, los Zef no son exactamente lo mismo que los chonis españoles ya que su diferencia más destacable es, por encima de todo, su origen y el remix cultural que su propia identidad conlleva. “Mira. Represento la cultura sudafricana. En este lugar, encuentras muchas cosas diferentes. Blancos, mestizos, ingleses, afrikáans, xhosa, zulu, watookal. Soy como todas estas cosas diferentes jodidas en una sola persona”. En la letra de la canción Enter the Ninja Die Antwoord hacen todo un alegato de intenciones que han seguido a pies juntillas.

En Sudáfrica, los chonis no se limitan a reproducir una herencia quinqui como ocurre en la sociedad española, sino que en su caso forman parte de un puzzle mucho más complejo que encajar. Ninja se esfuerza en insistir en ello en cada entrevista: “La cultura sudafricana es una jodida ensalada de frutas… una jodida Nación del Arcoíris. Sudáfrica está totalmente jodida…pero de una forma cool”. La generación millennial sudafricana nació en un lugar donde había playas, ascensores, tiendas y hasta bancos en las calles que sólo podían utilizar los blancos. Hasta 1994, los negros vivían en el contexto más jodido del planeta y los jóvenes de procedencia inglesa y afrikáans se han visto obligados a cargar con la culpa heredada de sus racistas antepasados.

Xander Ferreira, otro músico en busca de reforzar una identidad blanca conciliadora diferente a la de sus padres, pone de relieve la importancia de la música como agente de cambio: “La generación de jóvenes afrikáans es uno de los grupos más incomprendidos, extraviados y menospreciados del mundo, lo que les hace bastante interesantes. Por eso queremos crear algo para ellos; un himno con el que todos se puedan identificar”. ¿Es esta explosión de creatividad consecuencia de la resaca del apartheid?

Un nuevo estereotipo para derribar los anteriores

Leon Botha (aka DJ Solarize), polifacético artista sudafricano, estrecho colaborador de Die Antwoord y el que fue uno de los enfermos de progeria más longevos del mundo, explicaba que, por fin “el mundo no es sólo lo que ocurre en el extranjero”, sino que la cultura de Sudáfrica se ha hecho a sí misma hasta lograr expresar sus propios conflictos y contradicciones. “Creo que simplemente estábamos realmente hartos. Generalmente, en un contexto local, la gente trata de emular lo que está ocurriendo fuera (…) Pero eso que ves en televisión no es a realidad y no creo que exista eso de una identidad colectiva tangible. Nuestras ideas sobre el bien y el mal, sobre cómo se supone que tienen que ser las cosas, se están desmoronando. Las palabras son solo recipientes de un significado interior más amplio. Cuando ves Enter the Ninja, el vídeo te jode la cabeza completamente porque no sabes qué pensar y crea un conflicto en el espectador”.

¿Proporcionan Die Antwoord y sus compinches Zef la respuesta definitiva para la nueva sociedad sudafricana? Aunque el nombre de la banda signifique justamente eso, “la respuesta” en afrikáans, son muchos los que dudan sobre que sea la mejor forma de dar contestación al conflictivo batiburrillo cultural e identitario de la futura Sudáfrica. Tanto Die Antwoord como Jack Parow han sido acusados de haberse apropiado de elementos de la cultura negra y mestiza para comercializarlos, lo que no hace ningún favor al resto de componentes de la Nación del Arcoíris.

Tal y como reflexiona el rapero Hemel Besem sobre el éxito Zef, “puedes verlo como alguien que está robando elementos de una cultura, como un buitre cultural, o como algo que representa la belleza y versatilidad del arte de nuestra gente”. Los estereotipos, estéticas y estilos musicales no tienen copyright y si algo tienen en común los artistas de éxito del siglo XXI es su habilidad para imitar las buenas ideas de otros. ¿Falta de respeto?, ¿injusta comercialización de tradiciones?, ¿globalización cultural en estado puro? Bienvenidos al 2017. Los chonis sudafricanos se han convertido en inspirador ejemplo, y se mire por donde se mire, lo parten.

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19 canciones para comer a cualquier hora

Redacción TO

Foto: Club del río

Volvemos con la Playlist semanal de Further, el espacio de música de The Objective. En esta ocasión lo hacemos con una deliciosa selección de temas para comer a cualquier hora que los chicos de Club del río han preparado especialmente para nosotros.

Esta banda madrileña, formada íntegramente por siete jóvenes músicos que se conocieron en los famosos colegios Estudio y Retamar de la capital, llevan en activo nada más y nada menos que diez años, lo que dice mucho de su constancia en una industria difícil de manejar. Tras un EP y mucho entusiasmo, los de Club del río han sacado dos discos bajo el sello discográfico El Volcán: Monzón (2014) y su más reciente álbum, Un sol dentro (2016).

Esteban de Bergia, Álvaro Ayuso, Adriano Pezzi (Pichi), Juan Feo, Jacobo de la Viña, Juan Serra y Alvaro Baños son los nombres y apellidos propios que componen Club del río, que traslada su sonido folk en español a muchas partes del mundo y que acoge a cada vez más seguidores. Su buen manejo de un importante número de instrumentos musicales les han asegurado el respeto de la industria, y ya han contado con la colaboración de enormes como son Xoel López, El Canijo de Jerez, Tomasito o Soleá Morente. Mucho flamenco, que al fin y al cabo es el folk español.

Dentro de nada, como quien dice, tienen programados conciertos en Segovia, Toledo, Madrid, Zamora, Burgos, Vigo, A Coruña o Pontevedra. Esto solo en 2017, porque en 2018 darán mucho de qué hablar. Síguelos en redes y no dejes de escucharles en directo, una delicia como la lista que nos traen hoy.

La petición que les trasladamos desde The Objective era clara: montadnos una lista, la que os dé la gana. Entonces imaginaron que nos entraría apetito pronto, por lo que una playlist para acompañar cualquiera de las comidas nos vendría de lujo. Aquí tenemos temas de grupos y artistas tan dispares como Ella Fitzgerald, Damien Rice, Santana o Pony Bravo. Una diversidad para comérsela.

Escucha la Playlist completa aquí y no dudes en seguirnos en Spotify para estar al tanto de todas y cada una de nuestras listas semanales.

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15 canciones para hacer las paces con Corea del Norte

Redacción TO

Foto: Jack Bisonte

Con el inicio del nuevo curso, en The Objective queremos recuperar viejas y buenas costumbres. Por ello, volvemos a presentar nuestra Playlist de viernes, una excusa perfecta para descubrir nueva música para el fin de semana. En esta ocasión lo hacemos de la mano del dúo madrileño Jack Bisonte.

Para los desafortunados que no los conozcan -tranquilos, esto se arregla en un plis-plas-, los Jack Bisonte son dos chicos de Madrid que hacen música folk -y otras cosas-. A la voz y a la guitarra está Carlos Amelivia, que imprime en las canciones (casi) todo lo que tiene, y a la batería está su compañero Miguel Llaguno. Después de presentar en 2015 Wood Crown, su bautismo musical en forma de EP, este mes de septiembre nos traen la confirmación de un estilo y previsión de un éxito: The Playground. Parecen estar llenos de amor -hoy presentan el primer single de The Playground,  de nombre Love You Good-, y esto es lo que han querido transmitirnos en la lista que presentan a continuación.

Se trata de 15 temas para hacer las paces con Corea del Norte, una empresa sin duda ambiciosa. Suponemos que los Jack Bisonte han imaginado al norcoreano -él preferirá que lo llamemos líder supremo Kim Jong-Un– y al estadounidense -él preferirá que lo llamemos líder supremo Donald Trump– tomando unas cervezas y escuchando estos temas de Bon Iver, los Beatles, José González y los Jack Bisonte -entre otros- y arreglando un conflicto internacional que ha sufrido una importante escalada en los últimos días.

La esperanza de una paz mundial puede que no esté tan cerca como imaginaron Carlos y Miguel al aglutinar estos temas, pero queremos subirnos a la ola del entusiasmo y estas 15 canciones nos ayudarán en dicho cometido. Puedes escuchar toda la lista de Jack Bisonte para The Objective en este enlace. Por cierto, tienen fechas de concierto muy próximas, sígueles en redes y no te los pierdas -las buenas lenguas dicen que son aún mejores en directo-.

Continúa leyendo: Si la música te eriza la piel, quizá sea porque tienes un don especial

Si la música te eriza la piel, quizá sea porque tienes un don especial

Redacción TO

Foto: Huyen Do
Unsplash

Si amas la música, si ciertas canciones hacen que un escalofrío recorra tu cuerpo, significa que tienes una sensibilidad genuina. Hay canciones con las que ocurre. Digamos, por ejemplo, la versión que hizo Jeff Buckley de la canción Hallelujah, de Leonard Cohen.

Probablemente creas y des por hecho que todo el mundo puede sentirse de esta manera, pero la ciencia lo desmiente. El científico Matthew Sachs, antiguo alumno de Harvard, empleó un año en el estudio de los efectos de la música en nuestro cuerpo y del origen y punto de partida del escalofrío. Lo que descubrió tras examinar minuciosamente –en un sentido cerebral– a 20 personas es que solo 10 de ellas, la mitad, reconocían esta sensación con alguna canción en concreto. Las conclusiones se publicaron en la revista especializada Neuroscience.

Unas de las entrevistadas se llama Alissa Der Sarkissian, a quien analizan mientras escucha la canción Nude, de Radiohead. “Puedo sentir cómo mi respiración sigue el ritmo de la canción”, dice. “Mi corazón late más despacio y me siento como dentro de la melodía”. Der Sarkissian es investigadora en el Instituto de Cerebro y Creatividad de la Universidad de California del Sur, y detalla todo lo que la música le lleva a experimentar.

El estudio prueba que la otra mitad de los entrevistados fue incapaz de sentir emociones con tanta intensidad. Sachs continuó investigando y determinó que las personas de un grupo y la de otro presentaban estructuras cerebrales bien distintas. Sachs pudo advertir que aquellas que tenían un volumen mayor de fibras conectando la corteza auditiva con las áreas que procesan las emociones tenían una mejor conexión, lo cual derivaba en una mayor sensibilidad.

Ahora bien, este experimento científico tiene un margen de error significativo: el científico es incapaz de asegurar si los escalofríos proceden de la propia música o de algún recuerdo concreto que la música evoca. Sachs aspira a ir más allá en sus investigaciones, como cuenta la revista Quartz, y espera llegar a concluir cuál es la casilla de salida de esta sensación. Él mismo reconoce que 20 personas suponen, todavía, una muestra poco representativa.

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La música tiene propiedades terapéuticas. | Foto: Mike Wilson/Unsplash

Si has escuchado la canción de Jeff Buckley, quizá hayas experimentado algo parecido. El poder de la música es evocador. En gran medida, es por este tipo de reacciones que Sachs vive convencido de la capacidad terapéutica de la música. La música puede ser el camino hacia la relajación, y hacer música en grupo mejora las cualidades sociales y de trabajo en equipo. “Uno de las razones principales por las que la gente se pone música y la escucha es que necesita poner en orden sus emociones”, señala Sachs en una entrevista a The Guardian.

Sachs cree que infravaloramos los efectos potenciales de la música. El científico sostiene que la depresión nos quita la capacidad de “experimentar placer” con las cuestiones cotidianas, pero cree tener una solución a estos males: “Podrías utilizar la música con un terapeuta para explorar tus sentimientos”. Sachs cree profundamente que la música puede ir más allá y curar incluso desórdenes maniático-depresivos. Sachs está seguro de que el poder de la música no tiene límites.

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Las 6 canciones que emocionaban a Freddie Mercury

Redacción TO

Foto: Gill Allen
AP Images / Archivo

Era la voz. El 5 de septiembre de 1946 nacía en un hospital de la isla de Zanzíbar, actualmente parte de Tanzania, el hombre que habría de cambiar la historia de la música. Freddie Mercury hubiera cumplido este miércoles 71 años. El líder de Queen dejó decenas de esas difíciles canciones por las que los años solo sientan bien. Su legado es inmenso. Hoy le recordamos con aquellas que no solo emocionaban a sus millones de seguidores, sino que le marcaron a él, el rey.

1. Barcelona

No hay duda, es la primera. Mercury adoraba a Montserrat Caballé. Montsy era su cantante favorita, según declaró en muchas ocasiones. Desde que la vio cantar en 1983, cuando la española interpretaba Un Ballo In Maschera (Un Baile De Máscaras) de Verdi en la Royal Opera House de Londres, quiso de inmediato colaborar con ella. Barcelona les unió y su letra es su historia. La interpretaron en múltiples ocasiones. La intención era que ambos la cantaran en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992, donde era el himno oficial. La muerte del británico unos meses antes a causa del sida frustró el acontecimiento. La canción era tan especial para el cantante que pidió expresamente que fuera una de las que sonaran en su funeral. Siempre nos quedará su actuación cuatro años antes en el festival de La Nit en Barcelona.

2. These are the days of our lives

Se lanzó un día como hoy hace 26 años. Como un regalo para su último cumpleaños. Aunque el verdadero regalo era para sus fans. Freddie Mercury se moría y quiso despedirse. Lo hizo en blanco y negro, por el estado en el que ya se encontraba. En su final, sonríe y canta I still love you. Sonríe y repite, pausado: I still love you. Todavía te quiero.

3. Bohemian rhapsody

Seis minutos de Mercury. Mercury a capela, Mercury en la balada, Mercury en la ópera, Mercury en el rock, Mercury en la coda. Escrita por él, forma parte de las mejores canciones de la historia.Como gran apasionado por el género lírico, incluye una parte operística dentro la canción que más tarde se consideraría un guiño precedente a Barcelona.  La canción incluye un vídeo promocional que ha sido considerado en mucha ocasiones como el primer videoclip de la historia. La revista Rolling Stone sentenció: “Su influencia no puede ser exagerada, prácticamente inventan el videoclip siete años antes de que la MTV saliera al aire”.

4. Radio Ga Ga

No fue Mercury quien escribió este temazo. Sino que se la debemos a Roger Taylor, el baterista de Queen, y un poco, si podemos decirlo, al hijo del músico. El pequeño estaba escuchando una canción en la radio —que no debió de gustarle mucho— y dijo: “Radio ca-ca“. Taylor quiso llamar así en un primer momento a la canción, pero después pensó que era demasiado escatológico, así que lo cambio por “Ga Ga”. Aunque siguió conservando su intención original como crítica a la pérdida de variedad de programas musicales y tipos de música que salían en la radio. Era también una de las preferidas de la banda.

5.  Another one bites the dust

Fue escrita por el bajista John Deacon. Supuso un revulsivo para la banda, ya que se convirtió rápidamente en el mayor éxito de Queen con ventas internacionales de siete millones de copias. Fue número 1 en decenas de países. El grupo no iba a incluirla en el álbum porque pensaba que no era suficientemente buena. Solo Michael Jackson pudo hacerles cambiar de opinión, después de decirles que estarían locos si no la lanzaban como sencillo. Así lo hicieron. Gracias también por esto, Michael.

6. Innuendo

Se puede considerar la reminiscencia de Bohemian Rhapsody. Supera a esta última por 35 segundos, lo que la convierte en la canción más larga de Queen, y una de sus más épicas. Aunque no esté entre sus canciones más famosas, este rompecabezas le gustaba mucho a Mercury.

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