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De la Guerra de Irak a la lucha contra el cambio climático: la historia del dron que cambió su destino

Clara Paolini

Foto: Andy Mahoney
University of Alaska Fairbanks

De las bombas al deshielo; mismo dron, diferente cometido. La historia del ArcticShark comienza con las guerras de Estados Unidos en Oriente Medio, dando apoyo en combate en Irak y Afganistán, pero a día de hoy su renovada versión sobrevuela Alaska de la mano de científicos que investigan el cambio climático.

Antes era un dron que detectaba explosivos. Ahora recoge datos sobre las partículas de la atmósfera en el Ártico,  ¿cómo ha llegado esto a suceder? Ventajoso en ambos contextos, la particular trayectoria de este vehículo autopilotado demuestra la capacidad de transformación de los objetivos de una misma herramienta en diferentes manos.

Este aparato volador de mutante utilidad fue creado por la empresa Navmar Applied Sciences Corporation, contratista del Departamento de Defensa estadounidense. Fundada en 1977, en su origen Navmar se especializó en ofrecer al ejército de Estados Unidos soluciones anti-submarinos, pero entrando en el nuevo siglo, las batallas bajo el mar parecieron quedar relegadas a un segundo plano en la escala de preocupaciones bélicas. Defensa solicitó a la empresa la creación de aviones no tripulados: el arma del futuro.

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Así es el ArcticShark | Foto: Navmar Applied Science Corp.

El ejército estadounidense empezó a usar drones en el 2000, primero para la vigilancia y más tarde para ataques dirigidos, requiriendo modelos con diferentes cometidos. Necesitaban drones veloces, como el famoso Predator, capaz de asesinar rápida y silenciosamente (desde un punto de vista político) y a gran distancia. Necesitaban drones potentes, como el Reaper, capaces de transportar grandes cargas de armamento. Y, finalmente, necesitaban drones ágiles y precisos, ideales para llevar consigo un equipo de cámaras que consiguiera capturar imágenes del enemigo.

Con este fin nació Mako, el primer antecesor del ArcticShark. Dos años después, actualizaron ese primer dron creando un modelo conocido como TigerShark, que fue utilizado para localizar artefactos explosivos durante la Guerra de Afganistán: “La carga útil que volamos neutralizó estas amenaza”, declara Ken Lewko, Director de Operaciones Financieras de Navmar en una entrevista en Wired.

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Un soldado estadounidense frente a dron Reaper en Afganistán | Foto: Josh Smith / Reuters

¿Qué pasó cuando Obama comenzó a retirar tropas de Afganistán en 2011? Navmar necesitaba otros clientes a los que ofrecer sus drones para sobrevivir, y su campo de actuación se amplió desde lo bélico a lo científico. En esta nueva etapa, científicos del Laboratorio Nacional del Pacífico Noroeste perteneciente al Departamento de Energía encargaron a la empresa un dron que fuera capaz de volar sobre Alaska para tomar datos en la atmósfera ártica, y el antiguo TigerShark, rebautizado con el prefijo “Arctic” resultó perfecto para la tarea.

Entre otras cosas, el ArcticShark mide el tamaño de las partículas atmosféricas, los niveles de radiación infrarroja, la humedad y la dirección del viento, aportando datos que ayudarán a los científicos a entender los procesos atmosféricos relacionados con el cambio climático. Este dron es básicamente el mismo que el TigerShark, aunque sí que muestra algunas modificaciones.

Alaska no es Afganistán, por lo que los ingenieros de Navmar tuvieron que rediseñar ciertas partes para adaptar su funcionamiento a las bajas temperaturas de Alaska e impedir el congelamiento de las partes y otras modificaciones para hacerlo aún más útil en su cometido han perfeccionado el anterior modelo.

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El deshielo provocado en Alaska por el cambio climático | Foto: Lucas Jackson / Reuters

Como militar retirado, el nuevo y renovado dron de casi 7 metros de envergadura y capaz de transportar más de 45 kilos de peso a 120 kilómetros por hora estará equipado con más de una docena de instrumentos diseñados para ayudar a los científicos a comprender una de las regiones más sensibles del planeta. Aún queda por conocer su valía en la lucha contra el cambio climático, pero su historia demuestra que la lucha más pertinente sea quizá la que batallamos los humanos para eliminar nuestros devastadores efectos en el medioambiente.

Salvar vidas y desaparecer: así es el dron que puede cambiar el mundo

Clara Paolini

Foto: Otherlab

Los drones que aparecen en titulares suelen ser protagonistas de noticias militares o de orgullosa innovación empresarial. Como consecuencia, las primeras imágenes que nos vienen a la mente al pensar en un dron son las de un avión de guerra autopilotado bombardeando objetivos en Oriente Próximo (como vienen haciendo desde hace algunos años los drones predator de Estados Unidos) o las de un robot volador capaz de entregar pizzas a domicilio (tal y como sucede desde noviembre en Nueva Zelanda).

Relucientes y futuristas, los androides con alas que hasta ahora conocíamos o imaginábamos poco tienen que ver, tanto en su forma como en su fin, con el que presentamos a continuación.

¿Existen proyectos que consigan exprimir de forma más justa y beneficiosa el amplísimo potencial de los drones? Por supuesto que sí, y buen ejemplo de ello es el trabajo del equipo de ingenieros de Otherlab, un laboratorio de I+D de San Francisco que está desarrollando drones que algún día podrían salvarte la vida.

Salvar vidas y desaparecer: Así es el dron que puede cambiar el mundo

¿Para qué sirven?

Creados desde una perspectiva y diseño sin precedentes, estos drones están hechos de cartón biodegradable y son capaces de hacer llegar suministros a lugares remotos donde el acceso a comida, medicinas y agua potable resulta tan complicado como urgente.

En palabras de sus creadores se trata del “avión de papel” más funcional del mundo, y se espera que organizaciones de ayuda humanitaria puedan empezar a utilizarlos en lugares donde la población sufre las consecuencias de conflictos armados y desastres naturales.

¿Cómo funcionan?

El sistema Otherlab ha sido bautizado como ‘Plataforma Aérea de Apoyo a Acciones de Reaprovisionamiento Autónomo’ (APSARA por sus siglas en inglés) y combina las técnicas más avanzadas de diseño computacional con métodos de fabricación de bajo coste.

En una explicación simple pero precisa “parece una caja de pizza con forma de ala”, comenta Star Simpson, una de las ingenieras de Otherlab, pero a pesar de lo austero de su aspecto, es capaz de aterrizar con precisión en los lugares más inaccesibles y además, no dejar rastro una vez finalizado su cometido.

El material elegido para su producción es el cartón porque tiene todas las características que requería el proyecto: es barato, ligero, manejable y puede descomponerse en cuestión de meses. ¿Cómo se monta? Tras una productiva sesión de origami, las diferentes láminas medidas al milímetro y cortadas con láser pueden doblarse y graparse teniendo el dron listo para volar en alrededor de una hora.

¿Qué pueden transportar los drones APSARA?

Prácticamente de todo. Biberones, mantas térmicas, medicamentos, sangre, vacunas… Los drones consiguen que lo más urgente y necesario llegue allá donde otros humanos no consiguen acceder.

Desde la comodidad del primer mundo resulta un reto llegar a comprender la importancia de esta herramienta, pero se trata de un invento que podría llegar aliviar de forma considerable los desafíos a los que se enfrentan día a día las organizaciones de ayuda humanitaria.

Parece perfecto, ¿puede ser aún mejor?

Aunque el prototipo de cartón de Otherlab supone ya un importante paso hacia el futuro, se prevé que el diseño final sea aún mejor: el material utilizado para la producción de los drones tendrá como base una especie de hongo cuya descomposición se lleva a cabo en cuestión de días y no de meses.

¿Y el siguiente paso? En un futuro quizá no muy lejano, hacer desaparecer del dron los componentes electrónicos.

Por ahora, APSARA utiliza una unidad GPS y dos motores entre las alas, pero la agencia DARPA está llevando a cabo otro proyecto dedicado a la electrónica efímera con el que podrían llegar a eliminar el 100% de los por pequeños que éstos sean.

¿Cuándo empezarán a utilizarse?

En colaboración con Otherlab, la empresa Everfly espera refinar el prototipo y que organizaciones como Cruz Roja o Médicos Sin Fronteras puedan empezar a utilizarlo cuanto antes.

Puede que el aspecto de este dron humanitario y desechable no sea tan atractivo como el que reparte las pizzas ni tan tecnológicamente impactante como los de uso militar, pero ante una situación de emergencia, donde reine el hambre, la sed y la enfermedad,  ¿qué preferirías ver en el cielo?

Macron, la basura y nosotros

Víctor de la Serna

Foto: PHILIPPE WOJAZER
Reuters

Los rumores tienen la piel dura. Por no entrar en los que siguen vivos, baste recordar un par de ellos de hace casi medio siglo: uno, que la guapa actriz Sonia Bruno, recién casada con uno de los astros del Real Madrid ye-yé, Pirri, había dado a luz un bebé… negro; otro, que Sol Quijano, la esposa del ministro de Asuntos Exteriores de aquella remota época, Fernando Castiella, se había fugado con el chófer de su coche oficial. Ambas historias eran palmariamente falsas y fáciles de desmentir, pero en los -bien llamados- mentideros madrileños circularon durante meses.

Era el tardofranquismo, la prensa apenas si había estrenado un poquito de libertad en 1966 gracias a Manuel Fraga, y esas cosas no se publicaban ni en El Caso. Pero radio macuto las propagaba a base de bien, reforzándolas con trolas de todo tipo: que si mi cuñado conoce a la comadrona que atendió a Sonia, que si a la mujer del ministro no se la ve desde hace un mes…

Han pasado los decenios y ahora hacemos como si acabásemos de descubrir la posverdad y las fake news, con gran escándalo y preocupación… pero haciéndoles el juego a sus propagadores, ahora como entonces.

Todo esto me venía estos días a la memoria porque, como a todo quisque con una relación frecuente y directa con Francia, con los franceses y con fuentes francesas, me llega sin cesar la historia de que Emmanuel Macron, el nuevo presidente de Francia, es en realidad homosexual y su matrimonio con su antigua profesora de literatura sería “una mera tapadera”.

Antes que nada debería saltar a la vista que, a estas alturas del siglo XXI y del desarrollo de las libertades, la supuesta noticia no encerraría en caso alguno ningún escándalo ni el menor problema para el primer mandatario de Francia: sea cual sea su orientación sexual, que es lícita en cualquier caso, no influirá para nada en el desempeño bueno o malo de su cargo, que no tiene nada que ver con ella y que depende de su capacitación y de su carácter.

Sin embargo, hoy en día estas cosas sí que ganan audiencia a través de los medios informativos, y lo de Macron está por todo internet. Eso sí, también ahí podemos leer sus propios desmentidos públicos, y bien explícitos, del último par de meses.

Así, lean en Le Parisien: “Se decía en las cenas parisienses que yo era homosexual. Es bastante desagradable cuando eso no es cierto, y es desestabilizante para uno mismo y para sus allegados. Dice mucho de la degradación de los usos políticos y mucho de la homofobia rampante, porque lo que se me reprochaba era ser homosexual como si fuese una tara”.

O estas otras declaraciones: “Dos cosas son odiosas tras las insinuaciones: equivalen a decir que un hombre que vive con una mujer mayor que él sólo puede ser un homosexual o un gigoló tapado. Es pura misoginia. Si yo fuese homosexual, lo diría y lo viviría”.

Lo más revelador y penoso de toda esta historia de insidias es que da igual lo que diga Macron: se sigue manteniendo el bulo, y de esa manera se asume que no se puede creer uno ni la literalidad de lo que afirma un político, porque la mentira es su medio habitual de expresión.

Si no se cree a Macron en esto, ¿se le puede creer en cualquier otra cosa? ¿Se ha extendido el oprobio de Trump y del resto de la patulea populista a todos los políticos democráticos? Si ya no damos crédito a ninguno de ellos, el sistema está más enfermo aún de lo que pensábamos.

Los 'millennials', la nueva e imprescindible cara de las protestas en Venezuela


Cecilia de la Serna

Foto: Carlos Garcia Rawlins
Reuters

Los jóvenes suelen ser protagonistas en los grandes movimientos sociales, como en los últimos años hemos podido presenciar en acontecimientos como la Primavera Árabe o el 15-M español. Ya en 2002, en Venezuela, muchos universitarios se levantaron contra el entonces presidente Hugo Chávez. No obstante, hace 15 años esos jóvenes aún formaban parte de una generación que había conocido la Venezuela pre chavista. Hoy, los rostros más frescos pertenecen a los millennials, que han crecido bajo la revolución que desde 1999 rige el país latinoamericano.

Los millennials y post-millennials, también denominados ‘Generación Z’, jóvenes nacidos durante la era del chavismo -y que por lo tanto no han conocido otra cosa-, adoptan un papel principal en esta nueva oleada de protestas, provocadas por una importante crisis política y socioeconómica, y que desde hace dos meses se han saldado con más de 60 víctimas mortales. Muchas de ellas eran personas de corta edad. Soñadores con un futuro mejor, o hastiados con la situación que vive su país, que luchaban por lo poco que les quedaba por perder.

Un cambio de parecer generalizado

Johan es un joven de 22 años que acude a las protestas que invaden Caracas desde hace semanas con su hijo de 2 años. Johan, como muchos otros, fue un fuerte defensor del presidente Chávez, e incluso luce un tatuaje en el brazo con la firma del mandatario chavista. A su juicio, “el camino se desvió”, por eso protesta. “Estoy aquí por mi derecho al voto, ya debería haber elecciones. Estoy aquí por mi derecho al trabajo, estoy aquí por mi país y por mi hijo”, puntualiza a la agencia EFE, indicando que ahora “hay guerreros del barrio, hay guerreros de clase media, hay guerreros de todo tipo” porque “la lucha es por un solo país”.

La fuerza opositora en Venezuela no entiende de edades. | Foto: Carlos Garcia Rawlins / Reuters
La fuerza opositora en Venezuela no entiende de edades. | Foto: Carlos Garcia Rawlins / Reuters

Johan no es el único decepcionado, sino que es uno de tantos a los que vendieron el sueño bolivariano como una ruta hacia la libertad y la cohesión social, como una utopía con visos a la igualdad entre todos los venezolanos. Forma parte de esa generación de hijos del chavismo, hijos de un movimiento que convenció rápidamente a una mayoría importante del pueblo de Venezuela. Ahora que ese movimiento se revela caduco y fallido, los que defendían las ideas del fallecido Hugo Chávez, apoyando sus esperanzas en él, cambian de parecer y se levantan ahora contra quien consideran un tirano, Nicolás Maduro.

Jóvenes con un porvenir incierto

Para el presidente del Comité de Alianza Social de la Cámara Venezolano Americana de Comercio e Industria, “los jóvenes son fundamentales para construir una sociedad sana, tanto en el entorno de hoy, como en el porvenir”. En un marco como el actual, con el drama de la muerte mezclado con el fervor de la lucha, que los jóvenes se pongan en cabeza es fundamental. Ellos deben construir un futuro incierto.

Los más jóvenes toman parte activa en las protestas en Venezuela. | Foto: Nelson Ovalles / El Estímulo
Los más jóvenes toman parte activa en las protestas en Venezuela. | Foto: Nelson Ovalles / El Estímulo

Según un estudio del Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos (Provea), en las protestas que vive el país hay “un protagonismo de una generación de activistas millennials, que tiene como referentes la cultura digital, los videojuegos, los cómics, las series de televisión y las películas, así como referentes sociales más recientes como la Primavera Árabe”. Además, estos jóvenes también se inspiran en la Euromaidán, la revolución en Ucrania que en su clímax derrocó al presidente electo Víktor Yanukóvich.

Un 23% de los millennials venezolanos no trabaja ni estudia, y un 44% no termina siquiera bachillerato

El propio porvenir de los millennials es el que está en juego, y tomar las riendas de su futuro se revela imprescindible. Según la ONG venezolana RedSoc, un 23% de los millennials del país latinoamericano no trabaja ni estudia, y un 44% no termina siquiera bachillerato. Otros tantos han huido de Venezuela, buscando allende un futuro más prometedor. Los que están fuera son conscientes también de la desesperación que vive estos días su país, cuyas noticias copan portadas e informativos en el extranjero.

Los adolescentes también alzan su voz en las protestas en Caracas. | Foto: EMILY AVENDAÑO / El Estímulo
Los adolescentes también alzan su voz en las protestas en Caracas. | Foto: EMILY AVENDAÑO / El Estímulo

Cabe destacar que gran parte de la masa de multinacionales que operaban antaño en Venezuela, como Microsoft, el grupo Ford, la petrolera Royal Dutch/Shell o Coca-Cola, entre otras, ha abandonado el país, dejando huérfanas las esperanzas de trabajo para miles de jóvenes.

Internet como agente del cambio

El acceso a Internet en Venezuela es pésimo. Lo denuncian diversas ONGs, entre ellas las 15 que a mediados del pasado año pusieron énfasis en la “grave crisis” del sector de las tecnologías de información y comunicación en el país latinoamericano, y lo viven a diario los venezolanos para los que conectarse supone un auténtico calvario. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), un organismo dependiente de Naciones Unidas, remarcó ya en 2015 que Venezuela estaba entre los últimos países en velocidad de descarga del continente, junto con Bolivia y Perú. La situación no ha hecho más que empeorar, y no parece una casualidad. Los medios de comunicación digitales, así como las redes sociales, se han convertido en el único canal fiable para entender lo que ocurre en el país, donde los medios oficiales no informan de las protestas.

La red es la última oportunidad en Venezuela para no perderse en un mar de desinformación

Los medios digitales venezolanos los encabezan hoy en día reputados periodistas, como es el caso de La Patilla, El Estímulo, Runrunes y Efecto Cocuyo, entre otros, mientras que los medios oficialistas han caído en el descrédito para la mayoría de la población. El gobierno de Maduro, en su afán de controlar la información, ha cerrado y comprado medios, ha encarcelado y amenazado a periodistas, y ahora -según denuncian los opositores- quiere bloquear el acceso a otras formas de información, aquellas que residen en la red. A pesar de las dificultades de conexión a las que se enfrentan los venezolanos, día tras día acuden a la red para conocer el estado de las manifestaciones, las detenciones, o las víctimas de las protestas. Es su última oportunidad para no perderse en un mar de desinformación.

Las redes sociales se han inundado de imágenes de las protestas en Venezuela. | Foto: Marco Bello / Reuters
Las redes sociales se han inundado de imágenes de las protestas en Venezuela. | Foto: Marco Bello / Reuters

A través de redes como Twitter, los opositores convocan las marchas, y además difunden las imágenes más crudas de la represión. En algunas ocasiones, los internautas venezolanos tienen que acudir a la imaginación y a la trampa para eludir los métodos represores y censores del gobierno de Maduro. En la oleada de protestas de 2014, los usuarios recurrieron a TunnelBear, una VPN, para evitar el bloqueo del gobierno sobre algunas webs y servicios -como las fotos de Twitter-. Las aplicaciones VPN (red privada virtual) permiten a sus usuarios conectarse a Internet como si estuvieran en otro país, de manera que pueden acceder a contenidos que están bloqueados en su propio país. Finalmente, el gobierno bloqueó también TunnelBear para evitar que los internautas lo utilizaran para librar la censura.

Los esfuerzos censores del gobierno, o la pésima calidad de la conexión, no son obstáculos insalvables. La generación más joven es consciente de ello y participa incansablemente de la conversación en redes. Incluso se convierte en el reportero de campo, en el periodista inesperado. Es el caso de decenas de jóvenes que convierten sus redes personales en agencias improvisadas de noticias. Por ejemplo, Salvador Benasayag H, un joven periodista de 22 años que desde su cuenta personal de Twitter mantiene una cobertura muy ágil que ha logrado el seguimiento de más de 4.000 personas.

Las redes también tienen su lado oscuro. En este caso, las noticias falsas y la desinformación corren con facilidad en un clima de caos informativo. Por eso es importante saber a quién seguir y qué leer para no perder el hilo.

12.000 jóvenes perdieron la vida en 2016, y el 77% quiere emigrar

Ante los obstáculos que presentan esta desinformación y la manipulación -las autoridades siguen afirmando que la violencia la provocan los manifestantes-, los jóvenes no cesan en su empeño de emprender una lucha que se adivina imparable si la represión del gobierno no logra lo que desea, que es acallar las voces a base de balazos y bombas lacrimógenas.

Los opositores más jóvenes se enfrentan con constancia a la represión de las marchas. | Foto: Marco Bello / Reuters
Los opositores más jóvenes se enfrentan con constancia a la represión de las marchas. | Foto: Marco Bello / Reuters

La disyuntiva de una generación

El drama en Venezuela trasciende la actual oleada de protestas. 21.752 personas fallecieron en 2016, según cifras ofrecidas por la Fiscalía General, de las cuales más de 12.000 eran jóvenes. Por otro lado, según resultados de una encuesta de la firma Datos, el 77% de los jóvenes de entre 18 y 21 años quiere emigrar. Otros muchos se han marchado ya. El hambre, la falta de medicamentos, la delincuencia generalizada o la violencia extrema hacen que el país sea insufrible. Ahora los millennials y post-millennials venezolanos están ante la disyuntiva de ser una generación perdida o seguir luchando hasta encabezar una nueva era. Save

Los peligrosos mitos sobre las vacunas que ponen en riesgo la salud de todos

Jorge Raya Pons

Foto: Bryan Snyder
Reuters

En Italia se han encontrado con un problema: en menos de cinco meses han registrado 2.935 casos de sarampión y la causa de fondo parece llamativa. El 89% de ellos no fue vacunado y todo responde a un movimiento antivacuna cada vez más ruidoso, extendido e influyente. El gobierno decidió atajar la crisis adoptando un decreto por el que impone la vacunación obligatoria de los niños menores de seis años si quieren ser escolarizados. A edades superiores, podrán hacerlo siempre que estén dispuestos a pagar multas de hasta 7.500 euros.

“Con esta decisión enviamos un mensaje fuerte a la población”, advirtió la ministra de Salud, Beatrice Lorenzin, que se encontró con la oposición del Movimiento Cinco Estrellas, que insinuó que su decisión no responde tanto a argumentos sanitarios como a intereses de la industria farmacéutica.

Los peligrosos mitos sobre las vacunas que ponen en riesgo la salud de todos 1
Beatrice Lorenzin, ministra de Sanidad italiana. | Foto: Remo Casilli/Reuters

En 2015 se diagnosticaron 250 casos de sarampión en Italia; el año pasado fueron 840. El aumento ha sido del 1.174% en año y medio. El 48% de los casos de sarampión en la Unión Europea se produce en Italia y Rumanía, según la Organización Mundial de Salud (OMS). “Y aquí el sarampión es que te salgan granitos y mucho picor, pero en África causa la muerte a 150.000 niños cada año”, recuerda José Antonio Forcada, coordinador del Grupo de Trabajo en Vacunaciones del Consejo de Enfermería de la Comunidad Valenciana (CECOVA) y miembro de la Asociación Española de Vacunología (AEV).

Porque la pregunta que nos hacemos al ver unas cifras tan altas en un país tan similar, tan cercano como España, consiste en si esto podría ocurrirnos a nosotros, en si estamos en una condición de vulnerabilidad equiparable a Italia. Forcada, tajantemente, responde que no. “Nadie en su sano juicio se ha atrevido a abrir un debate sobre si sería necesario poner las vacunas obligatorias o no”, dice el experto. “En España estamos trabajando con una cobertura en los dos primeros años superiores al 95%, somos una excepción en el mundo. Yo creo que tiene mucho que ver con que los padres creen que son obligatorias”. Y claro, bromea Forcada, “nosotros tenemos una cultura en la que basta con que nos digan una cosa para hacer la contraria”.

Una familia de Olot denunció a una asociación antivacuna por aconsejar que su hijo, que murió de difteria, no se inmunizara

Este escenario de tasas de cobertura tan altas garantiza lo que en términos médicos se conoce como inmunidad de grupo: cuantas más personas estén vacunadas, más difícil será la circulación de estos microorganismos. Sin embargo, siempre existen casos aislados.

El 27 junio de 2015, en la localidad gerundense de Olot, un niño de seis años murió por difteria después de un mes hospitalizado. Los padres no lo habían vacunado y denunciaron a la asociación que les recomendó no hacerlo. Después de la muerte del niño, las autoridades descubrieron que otros 47 chicos del colegio permanecían vulnerables al no estar inmunizados a la bacteria que provoca esta enfermedad grave, que afecta a las funciones respiratorias, cardíacas y renales del cuerpo. “Es muy triste que en un país donde nadie tiene problemas para acceder a la vacunación se produzca un caso como este”, declaró el entonces conseller de Sanidad, Boi Ruiz.

También en Estados Unidos, en diciembre de 2014, un brote de sarampión en el parque temático de Disneyland, California, se extendió por todo el país y provocó 102 casos de infección en 14 estados. La circunstancia despertó la alerta sobre una enfermedad que las autoridades sanitarias creían erradicada; los niños afectados no habían sido vacunados y se volvió a poner el foco sobre la influencia de los lobbies antivacuna, tan influyentes en el país, que se han alimentado de una infinidad de mitos para crecer como la espuma.

Los peligrosos mitos sobre las vacunas que ponen en riesgo la salud de todos 2
La gran arma de los movimientos antivacuna reside en su capacidad para sacar a relucir los casos en que se han producido reacciones adversas, que son excepcionales. | Foto: Pascal Lauener/Reuters

“En España hay grupos antivacuna que piensan que es mejor que un niño pase una enfermedad a que lo vacunes”, explica Forcada. “Es gente que actúa de buena fe, siguiendo sus creencias, por tu naturismo. Pero luego está quien se aprovecha de las circunstancias, quien busca a las personas que han tenido alguna reacción para tener notoriedad, para ganar dinero, para vender libros”.

Forcada cree que estos movimientos exprimen los casos residuales para convencer a los sectores más escépticos: “Es verdad que a veces la noticia no es que el perro haya mordido a un hombre, sino que el hombre haya mordido al perro. Si de 200.000 niños vacunados hay cuatro que tienen una reacción adversa, no vemos que hay casi 200.000 a los que estamos librando de una enfermedad que puede matarles”.

“Si se dejara de vacunar, podrían rebrotar enfermedades y tener consecuencias muy graves”

Con todo, aboga por mantener el régimen actual, ahora que la información funciona, que no existen grandes campañas y se confía en el trabajo de concienciación diaria de los sanitarios, que explican a los padres la importancia de vacunarse y prevenir causas mayores. En cuanto a los antivacunas, cree que la clave consiste en ignorarlos: “Una lucha encarnizada contra ellos sería amplificar el ruido”.

Las vacunas, recuerda, han permitido que enfermedades como la polio, que hace medio siglo persistía en España provocando muertes y parálisis, hayan desaparecido. Esta enfermedad permanece únicamente en Nigeria, Pakistán y Afganistán. Por este y otros motivos, incide en la importancia de vacunar contra enfermedades como la meningitis C, la tos ferina o la difteria. “Si se dejara de vacunar”, concluye, “cualquiera de estas enfermedades podría rebrotar y tener consecuencias muy graves”.

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