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Defender la Constitución Española a golpe de Shakira

Borja Bauzá

Foto: Borja Bauzá
The Objective

– Disculpe, ¿de qué organización son ustedes?

Una mujer de mediana edad con un peto amarillo fosforito que guarda una pancarta con el lema “Constitución Española: la ley de todos” me mira, se encoge de hombros y busca su acreditación. “Espanya i Catalans”, leemos a la vez.

– ¿No lo sabía?

– Es que ahora mismo hay tantos movimientos cívicos de éstos que una ya se pierde.

Me gustaría saber cómo ha llegado a calzarse el peto de una organización que desconoce. Sin embargo, cuando voy a formular la pregunta alguien que parece una suerte de coordinador pega una voz y todas las personas con petos amarillos fosforitos que pululan cerca del Bingo Layetana acuden a la llamada. Se reúnen en medio de la calzada porque la Guardia Urbana ya ha cortado el trecho de la Via Laietana por el que va a transcurrir la manifestación. Tienen pinta de cordón de seguridad y el presunto coordinador quiere repasar el camino a seguir hasta la plaza de Sant Jaume, donde están los edificios del Ayuntamiento y de la Generalitat.

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Manifestación 6D | Foto: Borja Bauzá / The Objective

A pocos metros, la plaza de Urquinaona empieza a llenarse con personas que portan banderas de España, alguna de Cataluña y alguna de la Unión Europea. Hacen piña alrededor de los dos puestos desplegados para la ocasión. Uno, con carpa roja, corresponde a Barcelona con la Selección, un “movimiento meramente deportivo” que recoge firmas para que la Selección Española de fútbol juegue un partido en Barcelona; algo que no sucede desde el 2004. El segundo puesto, situado prácticamente al lado, está cubierto por una carpa blanca. Lo ha montado Espanya i Catalans, el movimiento cívico catalán que defiende “la indisoluble soberanía y unidad nacional de España” y que parece estar al frente de todo el tinglado. Este segundo puesto lo gestionan dos señoras cuya misión parece ser la venta de merchandising. En cambio, pasan la mayor parte del tiempo contestando preguntas.

– ¿Lleváis mucho tiempo haciendo cosas? –pregunta un señor que va muy bien peinado.

– Desde el 2012 o por ahí. Somos los que organizamos esta manifestación y la del 12 de octubre todos los años –responde una de las señoras, con la voz algo ronca.

– Pues nunca he escuchado hablar de vosotros y eso que estoy en todos los grupos de WhatsApp –contesta él.

Entonces la señora le muestra una hoja con la dirección de Facebook, la de Twitter, la de Instagram y un teléfono de contacto. Se dispone a tomar nota cuando se acerca un segundo hombre y le advierte:

–Ese teléfono no existe. He llamado varias veces y no existe.

–Pues claro que existe –contesta la encargada del puesto.

–Bueno, igual es que hoy, al ser fiesta… –intenta mediar el hombre bien peinado.

–Que le digo que no existe, llevo llamando varios días y nada –insiste el que ha interrumpido la conversación.

–¡Cómo no va a existir si estamos nosotras aquí! –responde la mujer, ya un poco alterada.

–Venga, pruebe; llame y verá que tengo razón. Venga, llame aquí mismo –dice el otro.

El envite surte efecto: la señora se vuelve hacia el hombre muy bien peinado para decirle que mejor solicite la información que quiera por Facebook, que por Facebook “los jefes sí contestan”.

La hemeroteca de La Vanguardia da la razón a la encargada del puesto de Espanya i Catalans: la entidad lleva varios años organizando una marcha en el aniversario de la Constitución Española. Lo que sucede es que en las convocatorias anteriores apenas lograba reunir a medio millar de asistentes y, en consecuencia, la noticia rara vez trascendía. En esta ocasión, sin embargo, el Ayuntamiento de Barcelona ha contado 12.000 personas. Un salto cuantitativo que encuentra su razón de ser en el clima político actual; los catalanes contrarios a la independencia le han cogido el gusto a manifestarse por la unidad de España en las calles de Barcelona y este 6 de diciembre, día de la Constitución, a menos de dos semanas de las elecciones regionales que determinarán el futuro de Cataluña, no iba a ser menos.

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Punto de recogida de firmas para que la Selección Española de fútbol juegue un partido en Barcelona  | Foto: Borja Bauzá / The Objective

Pero si bien la presencia de 12.000 personas puede considerarse un éxito si se compara con años anteriores, el número parece algo escaso si se compara con las dos marchas celebradas el pasado octubre y en las que participaron cientos de miles de personas. Claro que aquellas marchas fueron convocadas por Societat Civil Catalana, la plataforma más influyente de todas las que promueven la unidad de España en Cataluña, y respaldadas ampliamente por el PP, Ciudadanos y el PSC. En la concentración de este miércoles, sin embargo, Societat Civil Catalana ha estado desaparecida; aunque ha fomentado tímidamente la asistencia a través de las redes sociales, tenía su propio acto en Bruselas y es en eso en lo que ha estado centrada. Por su parte, los partidos políticos que participaron sin tapujos en las concentraciones de octubre han pasado de puntillas por esta. Tan sólo Xabier García Albiol, líder del PP catalán, se ha dejado caer por Via Laietana. Ciudadanos ha realizado un acto para conmemorar la Carta Magna en otro lugar de la ciudad y el candidato del PSC a la Generalitat, Miquel Iceta, ha preferido dedicar la jornada a protagonizar un acto con el alcalde de Canovelles. Hay quien dice que esta desbandada tiene que ver con la campaña electoral; en las últimas semanas el PSC se ha desmarcado de Ciudadanos y del PP. Repetir las fotos de octubre podría no ser del todo rentable a la hora de intentar convencer a los indecisos. O, en el peor de los casos, la foto podría salir movida. Conclusión: todas estas ausencias han reducido notablemente el número de participantes pero, al mismo tiempo, han conseguido que Espanya i Catalans, al erigirse como única entidad al mando, gane en hora y media la notoriedad que no ha conseguido en todos estos años.

Cuando los curiosos dan un respiro, las señoras del tenderete se ponen a otear el horizonte de la plaza en busca de vendedores ambulantes. Localizan a un chico asiático; de Paquistán, o quizás de Bangladesh. Una de ellas se acerca hasta él y le suelta un bufido para que se marche. El chico hace un gesto de desdén y se queda en el sitio. La mujer se acerca entonces a un hombre con peto fosforito y le pide que eche al chico. El hombre promete hacerlo pero no hace ni caso. De todas formas, tampoco hay de qué preocuparse; Espanya i Catalans vende las banderas a 3 euros mientras que el chico asiático las está intentando colocar por el doble de precio.

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Manifestación 6D | Foto: Borja Bauzá / The Objective

Faltan pocos minutos para el mediodía –la hora de comenzar a caminar hacia Sant Jaume– y la furgoneta alquilada por la organización se pone a pinchar música. Una de las primeras canciones en sonar es Waka Waka: Esto es África, de Shakira. Durante unos instantes pienso que la elección es un choteo, pero la gente no está para sutilezas y entre verso y verso hay quien corea el ya tradicional “¡Puigdemont a prisión!” y otras consignas parecidas. Terminada la balada pop de la pareja de Gerard Piqué, el disc jockey escoge música popular sevillana –Si los hombres han llegado hasta la luna, del grupo Siempre Así, surgido del coro de la hermandad del Rocío de Triana– antes de pasar al himno oficial de la Selección Española durante la Eurocopa del 2016, momento en el que dos docenas de asistentes deciden formar un corro al son de la música mientras el resto de la concurrencia avanza.

Un chaval que observa toda la performance a una distancia prudencial menea la cabeza con resignación. “Así que vamos a tener que elegir entre Alicia en el País de las Maravillas y Los Chunguitos”. Parece deprimido.

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ERE qué ERE

Enrique García-Máiquez

Foto: Raul Caro
EFE

El estribillo de moda de las tertulias radiofónicas es lamentar el poco caso que hacen (esas mismas tertulias) al caso de corrupción de los ERE. Comparado, sobre todo, con la polvareda irritada que levanta cualquier caso de corrupción en Madrid o en Barcelona. El hecho parece indudable.

Las explicaciones que se dan tampoco son disparates. Mientras en otros casos de corrupción, los beneficiados directos han sido los mangantes o sus partidos, en el caso andaluz la corrupción cayó muy repartida, como un premio de lotería. Eso rebaja los grados de la indignación popular, por razones morales muy de andar por caso. Aunque sería fácil explicar que el partido que, mediante el reparto del dinero público, ganaba votos también se beneficiaba a sí mismo (¡y cuánto!) y que el político que se llevaba sus elecciones de calle no fue una hermanita de la caridad. Sería fácil de entender.

Otros sostienen que la diferencia la marca el partido involucrado, que contra la derecha se crea más ruido mediático inexorablemente. Yo eso no lo tengo tan claro, pero si los escándalos del PP indignaran más que los de otros habría que sopesar si es o porque todavía la gente se extraña más de que en el PP haya corrupción que en otros partidos, lo que, a estas alturas, no creo; o porque el PP ha exigido sacrificios a los españoles y ha hecho sus recortes y entonces molesta más que se lo lleven calentito, encima.

Yo vengo a añadir otra razón de Perogrullo, pero que nadie dice. La política andaluza, a pesar del tamaño de la región y de su fuerza demográfica, tiene muy poco peso en la política nacional, fuera de alguna condescendencia ocasional. Ojalá tuviésemos un instrumento para medir lo que el gobierno de España ha pensado en Cataluña en los últimos meses y compararlo con lo que habrá pensado, si acaso, en Andalucía. O un gráfico de los tratamientos mediáticos de la comunidad de Madrid y de Andalucía. A ojo de buen cubero, hay una buena brecha.

Si ahora los ERE no producen revuelo mediático, es natural. Los escándalos son directamente proporcionales a la atención previa. Quejarse de que los ERE no despiertan indignación en el conjunto de España, cuando uno se ha puesto de perfil o por encima del hombro con todo aquello que venía de Andalucía, no será hipócrita —porque es indudable la sinceridad del lamento—, pero casi y poco consistente.

Conste que yo, como andaluz, no vengo a quejarme, aunque lo de los ERE me parezca, en efecto, gravísimo. Estoy, quizá por un efecto rebote, viviendo unas semanas de deliciosa desintoxicación política, después de la vorágine de los últimos meses. Sí me permito arrimarme la moraleja a mi sordina. A veces no estar en el candelero, cuando vienen las horas oscuras, es una magnífica oportunidad para pasar de puntillas. Cierto esquinamiento puede resultar, sin duda, bastante confortable.

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Romanticismo ciudadano

Antonio García Maldonado

Foto: Francisco Seco
AP

Hace años que oímos hablar de la muerte del eje izquierda-derecha como marco interpretativo de las posiciones ideológicas y políticas. Si no de su muerte, al menos sí de su pérdida de peso relativo frente a nuevos clivajes, especialmente el que enfrenta a los supuestos partidarios de un mundo abierto y cosmopolita frente a los también supuestos nostálgicos de un mundo cerrado y proteccionista. Nadie duda de la influencia determinante que ahora juegan en nuestro modo de pensar prioridades distintas a las de clase, pero, a la luz de las últimas declaraciones y propuestas políticas de los partidos españoles, cabe preguntarse si no estamos presenciando una vuelta acelerada al eje clásico.

Si la competición en la izquierda entre PSOE y Podemos se hizo larga y hasta cierto punto deprimente, la que se produce ahora en la derecha entre Ciudadanos y PP no parece que vaya a ser menos intensa y sobreactuada. En apenas dos semanas hemos visto a Mariano Rajoy utilizando impúdicamente a padres y madres de jóvenes asesinados que (¡cómo reprochárselo!) buscan un endurecimiento de las penas para los delitos que les arrebataron a sus hijos, y también un vídeo truculento (impagable el hilo musical), reaccionario y xenófobo de Ciudadanos en el que, frente a las mafias y los okupas que aterrorizan determinados barrios, se proponen “proteger a los españoles”, o “vecinos” tras la oxigenante indignación en redes. A esto se suma su titubeante posición respecto a una prisión permanente revisable cuya idoneidad se defiende (quién iba a decirlo tras tantos años tachando de populista a todo aquel que se parapetara tras la opinión pública) aduciendo que “lo pide la gente” o “está en la calle”.

Se dirá que no hay de qué sorprenderse ante mensajes políticos diseñados para influir en su electorado natural, tal y como hacen los demás partidos, pero lo cierto es que se hace extraño ver a Ciudadanos, siempre en guardia ante irresponsabilidades de Estado ajenas, dejándose arrastrar por el fango de la demagogia derechista más burda, siendo como ha sido el partido que más ha criticado el trazo grueso. Si retóricamente explicitó en sus estatutos que ya no se definía como un partido socialdemócrata, por la vía de los hechos nos saca de dudas, pero además pone en duda su proclamado liberalismo y su progresismo.

No obstante, ha sido la explicación de su posición respecto al impuesto de sucesiones la que ha certificado el final de la etapa ilustrada de Ciudadanos y su tránsito hacia un romanticismo político adolescente en el que era difícil imaginárselo tan desinhibidamente. No tanto por sus propuestas de fondo como por las formas con las que las han explicado. Referirse al impuesto de sucesiones como “pagar dos veces por lo que es tuyo” es una falsedad demagógica que deslegitima cualquier tasa (¿no es mi salario mío, fruto de mi esfuerzo y aun así pago IRPF?).

Referirse a la recaudación que sostiene el Estado del bienestar y la cohesión social como “meter la mano en el bolsillo de los españoles” es lo más parecido que hemos conocido en España al elogio del fraude fiscal que hizo Berlusconi cuando dijo que “evadir impuestos es un derecho natural”, porque ambos pintan la falsa figura de un Estado cleptómano que quita a ciudadanos productivos lo que en derecho les pertenece.

En algunos de sus libros, el filósofo Javier Gomá habla de la necesidad de recuperar “el prestigio de los límites”. Su obra es una crítica a ese romanticismo que ve un freno a la realización plena en cualquier norma que no se avenga a las pulsiones primarias del deseo. El centro-derecha ha entrado en España en una absurda carrera de fondo por ver quién es más romántico penal y fiscalmente. Sólo cabe alegrarse de que el eje izquierda-derecha haya perdido relevancia, porque, de ser no ser así, estremece pensar por dónde irían ya algunos.

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'Irena Montera' y otros políticos que patearon el diccionario

Redacción TO

Foto: JUAN MEDINA
Reuters

La portavoz de Podemos en el Congreso de los Diputados, Irene Montero, se suma a la lista de políticos que han desafiado –más involuntaria que voluntariamente– las normas fundamentales del castellano. Esta vez, Irena Montera –como la han bautizado en Twitter– lo hizo aludiendo a las “portavozas” de los otros grupos parlamentarios, y las redes sociales no han perdido la ocasión de recordárselo.

La cuestión se ha convertido casi en una causa de Estado e incluso la RAE ha intervenido para aclarar que la palabra “protavoz” es “común en cuanto al género”, por lo que se usa la misma forma tanto para el masculino como para el femenino.

Con todo, no es la única que ha pasado por este trance. Antes que ella fueron otros políticos, como los socialistas Pedro Sánchez, Bibiana Aído y Soraya Rodríguez o el popular Cristóbal Montoro, quienes protagonizaron algunas de las patadas al diccionario más notorias.

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Corruptos y corruptores

Melchor Miralles

Llevamos años con la cruz de la corrupción, dándole cera a los corruptos, como debe ser, pues son muchos, pero siempre nos olvidamos de que no existirían si no hubiera corruptores. Y se ha sido muy benévolo con los que corrompen con su pasta gansa y su poder. Por eso me parece atinada la decisión del juez del Caso Púnica de citar como investigado a Juan Miguel Villar Mir, perejil de casi todas las salsas corruptas, capo de OHL, una de las constructoras de postín que se jartó de corromper para conseguir obra pública, y ganó millones y millones. En este caso el juez ve materia en la adjudicación de unas obras en el Metro de Madrid y del metro ligero de Boadilla del Monte. Villar Mir era uno de los que frecuentaba la sede del PP de Génova con la pasta por delante.

El juez García Castellón cita también como investigados a su yerno y ex consejero de OHL Javier López Madrid, íntimo de la reina y el rey, el famoso compi-yogui de Doña Letizia y también a Jesús Trabada, ex consejero delegado De la empresa pública Mintra (Madrid Infraestructuras del Transporte). Los tres están siendo investigados también en el caso Lezo, otra de las causas duras de corrupción, por la adjudicación a OHL de la construcción de un tren en Navalcarnero y Móstoles que no se llegó finalmente a realizar.

Los que van con la pasta por delante para conseguir curro generan una competencia en desigualdad de condiciones. Y aunque en España pasen por ser hombres potentes de negocio, gestores de éxito por los resultados de sus empresas, y hayan sido respetados e incluso adulados por ocupar escaparate social y mediático, han hecho mucho daño a España, a la moral pública, y sin ellos no habríamos tenido tanto político corrupto y por lo tanto no se habría robado tanto dinero público como se ha robado. Por eso creo que la Justicia ha de ser igual de implacable con unos y con otros, y los medios debieran poner más de su parte en la denuncia de sus comportamientos. Representan lo peor de lo peor de nuestra sociedad.

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