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Dejan una piña, le ponen una vitrina y la confunden con arte

Redacción TO

Foto: Ruairi Gray
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Diferenciar qué es arte de lo que no lo es puede ser una tarea complicada. O eso deben pensar en la Universidad Robert Gordon de Escocia, en la exposición Look Again, donde unos estudiantes del propio centro consiguieron pasar una piña y colocarla como parte de la exposición.

Pero estos estudiantes, Ruairi Gray y Lloyd Jack, no se esperaban lo que sucedió con esta ‘obra de arte’ que les costó un euro: al volver a visitar la muestra varios días después, descubrieron que la piña había sido cubierta con una vitrina, como si fuese un tesoro que proteger.

Según ha explicado Gray a varios medios: “Había un estand de arte vacío y decidimos ver cuánto tiempo permanecería allí o si la gente creería que la piña era arte. Cuando regresamos más tarde la habían metido en una vitrina. Creo que es lo más divertido que ha pasado en todo el año, de hecho mi supervisor lo vio y preguntó a un profesor de arte si era real porque no podía creerlo”.

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Los estudiantes lograron su objetivo. | Foto: Ruairi Gray

Por su parte, según ha afirmado a The Independent Natalie Kerr, asistente cultural en el festival que organizó la exposición en el centro, ella no pudo ser la que puso la piña en la vitrina porque es “alérgica a esa fruta“.

“Es un poco un misterio. El vidrio es bastante pesado y necesitaría dos o tres personas para moverlo, no tenemos idea de quién lo hizo pero sigue ahí; decidimos mantenerlo porque es acorde con el espíritu lúdico de esta comisión“.

No es la primera vez que sucede algo parecido: la imagen de un japonés haciéndole una foto a un par de gafas que estaban en el suelo del Museo de Arte Moderno en San Francisco dio la vuelta al mundo. Un joven de 17 años quiso poner a prueba el filtro, a la hora de valorar lo que es arte y lo que no, de aquellos que visitaban el museo. Al parecer, su objetivo era corroborar la teoría de que cualquier objeto puede ser interpretado como arte, en el entorno de una galería artística. Desde luego, el experimento dio resultado.

El Festival de Cine de Cans da la bienvenida al 'agroglamour'

Marta Ruiz-Castillo

Entre el 24 y el 27 de mayo, la pequeña localidad gallega de Cans “enciende” sus focos, despliega la “alfombra roja” y pone a disposición de los invitados y visitantes los chimpines (tractores pequeños), el ‘vehículo oficial’ del festival de cine más ‘agroglamouroso‘ de todos.

Cans, el festival de cine más 'agroglamuroso' de todos 1
Los chimpines se convierten en el ‘vehículo oficial’ durante el festival | Foto: Festival de Cans
Cans, el festival de cine más 'agroglamuroso' de todos 3
Procesión de chimpines | Foto: Festival de Cans

El director de cine Montxo Armendáriz, la conmemoración del 15 aniversario del hundimiento del Prestige y la banda musical Corizonas, son los protagonistas de esta XIV edición en la que durante cuatro días se proyectan largometrajescortos de ficción, de animación, documentales, y se celebran concursos de videoclips o webseries. Coloquios, encuentros, pasacalles, además de otras disciplinas como la gastronomía, las artes plásticas y la literatura completan el festival. “La creación gallega más emergente pasa por Cans, que se convierte en la gran plataforma de visibilidad de los nuevos creadores”, aseguran sus responsables.

Cans no pretende emular a su primo, el Festival de Cannes que se celebra por estas fechas en la Costa Azul francesa, pero lo que empezó como una broma hace 14 años se ha convertido ya en todo un referente del séptimo arte dentro y fuera de Galicia.

Cans (perros, en gallego) es una pequeña aldea rural con 450 habitantes perteneciente a la parroquia del Ayuntamiento de O Porriño, en la provincia de Pontevedra. Situada en la comarca del Valle de la Louriña, está enclavada entre los montes Castelo y de A Risca. “Probablemente no es el mejor festival del mundo, pero sí el más diferente”, aseguran con razón sus creadores.

Este festival de cine ya consagrado comenzó como una broma entre amigos por la similitud fonética con la localidad francesa de Cannes. “¿Por qué no celebrar nuestro propio Cans?”, se preguntaron. Dicho y hecho, el festival ha ido creciendo hasta convertirse en una cita ineludible para los amantes del cine gallego con repercusión en todo el país. Un sábado por la tarde de 2004 se congregaron 500 personas en Cans; el año pasado, 13 años después, más de 13.000 espectadores asistieron a los cuatro días que dura este evento, en el que cine y música se reparten el protagonismo a partes iguales.

Las salas de proyección de los cortometrajes son galpones, bajos o bodegas de las casas de la aldea que durante el festival deja a un lado las labores agrícolas para recibir a miles de personas gracias, sobre todo, a la activa participación y colaboración de sus habitantes. Para los conciertos y las demás actividades se utilizan gallineros, fincas o camiones.

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Un bajo de una casa convertido en sala de proyecciones | Foto: Festival de Cans
El Festival de Cans da la bienvenida a una nueva edición llena de 'agroglamour'
El ‘Jaliñeiro-Unplugged’, un gallinero convertido en escenario para conciertos | Foto: Festival de Cans

No hay un sólo rincón de Cans que permanezca ajeno durante estos días a este acontecimiento sin igual y todo el pueblo participa en mayor o menor medida abriendo sus casas, bajos, bodegas, fincas, o prestando sus chimpines. La carretera central se corta al tráfico y pasa a ser el ‘Cans Voulevard’, mientras que el Parque del Río pasa a llamarse Minicans, dedicado a los niños.

El Cubierto de Chelo, el de Pato, el Bajo de Carlos o el de Alfonso, el de Carreira o el de Bugarín, la Casa de Pedreiro o la de Mari, el Galpón de Alicia…se convierten en salas de proyección con pantallas construidas en la propia aldea por los carpinteros Silvino y Juan Maceira. Y para el ‘patio de butacas‘, nada mejor que la hierba empacada o tablas a modo de asientos, además de sillas de plástico.

Torreiro de las Estrellas

Este espacio situado al lado de la iglesia rinde tributo a las estrellas del cine español que han pasado por el festival y es el lugar donde se realiza la entrega de premios. Al igual que el paseo de las estrellas de Hollywood, cada una de las losas de piedra con el dibujo de una estrella corresponde a un homenajeado, entre los que ya se encuentran actores como José Sacristán Luis Tosar, directores de cine como Isabel Coixet Fernando León de Aranoa, las actrices Emma Suárez, María PujalteMabel Ribera, entre otros destacados artistas y realizadores. En medio de la estrella hay dos agujeros donde las personalidades dejan plasmadas sus “pezuñas”.

Perro de Piedra

El símbolo del festival de Cans es un perro y su escultura en piedra, de más de tres metros de altura y colocada encima de una peña, está situada en la rotonda de entrada de la aldea por la N-120, visible desde la carretera. Visita obligada durante los días del festival, cada vez son más las personas que paran en la aldea durante el resto del año para hacerse una foto.

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El Can de Pedra, símbolo del festival, es de visita obligada durante todo el año | Foto: Festival de Cans

Muro de los chimpines

Desde el 2015, el Muro de los Chimpines se convirtió en un espacio de homenaje a todos los vecinos que han sido agasajados con el Chimpín de Plata ‘Premio Pepe Puime’, el galardón que el festival concede a aquellos que destacan por su trabajo a favor del evento. Se ubica, además, en una de las rutas principales de los chimpines. Allí están ya los nombres de Alicia, Divina, Juan Maceira el carpintero o el más famoso conductor de chimpines ya fallecido Pepe Puime, que da nombre al galardón.

Costa Azul

Cada año, los vecinos del barrio de la Pedreira decoran la cuesta que sube al Cubierto de Chelo con las noticias y fotos más relevantes de los últimos años del festival. Así es como, frente al glamour y la sofisticación del Festival de Cannes en la Costa Azul francesa, el de Cans tiene su propia y peculiar Costa Azul: una alfombra de ese color que recorre una parte de la aldea.

El festival porriñés ofrece “altas dosis de autenticidad y diversión en medio de los campos”. Es lo que los organizadores llaman “agroglamour” y así es como “nació la Costa Azul, la de Cans, aunque no tenga mar”. Chelo, Constante, Paula y toda la familia trabajan para dejar impecable este espacio.

Cans, el festival de cine más 'agroglamuroso' de todos
El festival tiene su particular Costa Azul | Foto: Festival de Cans

Sección oficial a concurso 

Por primera vez, se han presentado a esta XIV edición el mismo número de obras realizadas por mujeres y hombres. En la sección de largometrajes, las Also Sisters, que ya participaron con anterioridad como cortometrajistas, estrenan su primer largo, ‘A historia dun satélite’, que será la que abrirá el festival.

Este año, Cans conmemora la tragedia del Prestige y para ello contará con el estreno absoluto de un especial documental titulado ‘Mar de fondo’, del actor y director de cine Dani Guzmán, que viajó hasta Galicia para filmarlo en el 2002. Estreno mundial también será el nuevo videoclip de Terbutalina, ‘Ninguén che quere’, avance de lo que será su nuevo disco ‘Sonido Esteiro’.

En las secciones habituales y específicas de esta edición, destaca el Coloquio en la Leira con el cineasta Montxo Armendáriz. 

Durante los cuatro días del festival hay previstas más de 25 actuaciones musicales entre las que se incluyen la de Corizonas, la superbanda que resultó de la fusión de Los Coronas y Arizona Baby.

Cans rinde homenaje en esta edición al actor Miguel de Lira, que recibirá el Premio Pedigree y colocará su estrella en el Torreiro. Y los Chimpíns de Plata ‘Premio Puime’ se entregarán a Jorge Coira y el vecino Feliciano Bernárdez Xano.

Uno de los momentos más emotivos previstos es la proyección de un corto documental creado, grabado, producido y editado por los vecinos de la aldea, a cargo de Juanma Lodo, en el que se rinde homenaje a la emigración en general y a los retornados de Venezuela en particular, fenómeno esencial para entender parte de la historia reciente de Galicia.

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El premio más preciado es el Can de Pedra | Foto: Festival de Cans

Más del 80% del programa del Festival de Cans es de acceso libre y gratuito hasta completar aforo. Cans “es una mezcla nada fácil de definir pero ante todo es una experiencia maravillosa que hay que vivir”, aseguran sus organizadores.

Roger Moore y los actores de nuestra vida

Roberto Herrscher

Uno no elige a su agente 007. Es el que le toca a su generación. La generación de mi padre creció con el James Bond del elegante y desacomplejado Sean Connery. La de mi hijo, con el complejo, traumatizado, posmoderno Daniel Craig.

A mí me tocó Roger Moore, quien murió ayer a los 89 años. Curiosamente, Moore fue el único de los Bonds que alcanzó la cifra de 007 películas. Aunque seguramente no figurará como primero en el ranking  de los fanáticos del personaje creado por Ian Fleming, para mi generación, la que se introdujo en el cine y en las preguntas sobre quiénes éramos y quiénes queríamos ser en la década de 1970, Sir Roger fue el agente secreto que se ajustaba a nuestras necesidades de espejo. En él veíamos reflejada la masculinidad, la seguridad, la ironía que nos marcaría de por vida, para bien y para mal.

Roger Moore era el hombre que yo aspiraba a ser, desde la primera serie que le vi, Dos tipos audaces con el ambiguo, algo amanerado Tony Curtis. Moore era el hombre de sonrisa ladeada que las mujeres buscaban. Ellas lo perseguían, él se dejaba querer. Sólo debía sonreír. Y no lo perjudicaba para nada ese gusto horrendo para vestir y peinarse, que siempre vincularé con ese aire de fiesta pobre y pretenciosa de finales de los setenta. Esas corbatas anchas, esos trajes lustrosos, esos zapatos abrillantados. El mal gusto era parte integrante de ese ser macho sin esforzarse, la marca de El Santo, su segundo gran papel.

En sus películas de Bond, como Vive y deja morir, La espía que me amó y Moonraker, llevó hasta las cotas más altas su tercera gran virtud: la ironía. Roger Moore parecía burlarse de sus jefes, de sus enemigos, de la muerte, de la Corona, del amor y del odio. Pero lo hacía sin que se notara, levantando la ceja, como levemente hastiado de sus propios sentimientos.

Era suficientemente joven como para encandilar a las mujeres y aterrar a los malos y lo bastante viejo como para haber pasado por todo y saberse el libro de la vida de memoria. Con dominar esa ironía, que por supuesto nunca conseguiré, soñaba yo y sospecho que muchos de mis compañeros de generación.

Descansa en paz, Roger Moore. No fuiste el gran actor shakespereano que tal vez soñaste ser cuando te metiste a actor. Pero toda una generación de hombres en busca de una seguridad que se escapaba ante la revolución imparable de las mujeres te agradeceremos siempre que nos dieras esperanza. Fuiste nuestro James Bond. Tu sonrisa de aprobación nos acompañará desde allí donde estés.

Maullidos de autor: escritores y sus gatos

Clara Paolini

Foto: Pinterest

Existe un poderoso vínculo entre los felinos y la literatura, y buena prueba de ello son las cientos de fotografías que rescatan del olvido entrañables escenas de escritores en compañía de sus gatos.  ¿Por qué los autores sienten tal atracción por los mininos?, ¿de dónde proviene el magnetismo?

Tal y como señalaba David M. Barnett en un artículo publicado en The Guardian, muchos escritores justifican su obsesión por los gatos utilizando la cita del novelista, periodista y dramaturgo canadiense Robertson Davies, quien explicaba que “a los escritores les gustan los gatos porque son criaturas tranquilas, adorables y sabias, y a los gatos les gustan los escritores por las mismas razones”.

Cuenta la leyenda que Mr. Peter Wells fue el nombre del gato escritor H. G. Wells; Topaz, el de Tennessee Williams; Catarina, la gata de Edgar Allan Poe; Chopin, el de F. Scott Fitzgerald, y que a lo largo de su vida, Mark Twain disfrutó de la compañía de numerosos seres gatunos apodados Apollinaris, Beelzebub, Blatherskite, Buffalo Bill, Satan, Sin, Sour Mash, Tammany o Zoroaster. Los ejemplos son tan inabarcables como la propia historia de la literatura, pero entre el infinito elenco de maullidos y letras, rescatamos algunos de los casos más emblemáticos.

Jorge Luis Borges

Maullidos de autor: escritores y sus gatos
Borges y su gato Beppo | Foto: YouTube

Según sus biógrafos, Jorge Luis Borges tuvo dos gatos llamados Odín y Beppo. El primero, bautizado en honor al dios de la mitología nórdica, y el segundo, con el que posa en la fotografía, llamado Beppo, porque era el mismo nombre del gato que se cree que un día tuvo Lord Byron. En palabras de Borges, el gato “se llamaba Pepo, pero era un nombre horrible, entonces se lo cambié enseguida por Beppo, el gato de Byron. El gato no se dio cuenta y siguió su vida”.

A este felino le dedicó un poema en la obra La cifra, publicada en 1981.

El gato blanco y célibe se mira en la lúcida luna del espejo
y no puede saber que esa blancura y esos ojos de oro que no ha visto
nunca en la casa son su propia imagen.

¿Quién le dirá que el otro que lo observa
es apenas un sueño del espejo?

Me digo que esos gatos armoniosos
el de cristal y el de caliente sangre,
son simulacros que concede al tiempo
un arquetipo eterno. Así lo afirma,
sombra también, Plotino en las Ennéadas.

¿De qué Adán anterior al paraíso,
de qué divinidad indescifrable
somos los hombres un espejo roto?

Patricia Highsmith

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Patricia Highsmith y su gato Spider | Fotos: RRSS

La prolífica autora de El Talento de Mr. Ripley Extraños en un tren mostró una gran pasión por los gatos, y la leyenda cuenta que llegó a tener seis, en su mayoría siameses. Dormían con ella, la observaban y rondaban por su mesa mientras escribía.

Highsmith llegó incluso a incluir a estos animales como personajes en algunos de sus relatos, y según declaró una amiga de la autora “encontraba en los gatos el equilibrio emocional” que los humanos no conseguían aportarle.

Ernest Hemingway

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Hemingway ofreciéndole un bocado a Snowball | Foto: JFK Library 

“Un gato tiene absoluta honestidad emocional. Los seres humanos, por un motivo u otro, pueden esconder sus sentimientos, pero un gato no”, aseguraba Hemingway. Su pasión por los felinos es un hecho tan corroborado que su casa en Key West, Florida,  convertida hoy en museo y visitada por los devotos del famoso escritor estadounidense, cuenta como uno de su mayores atractivos los seis gatos descendientes de Snowball, el gato que originalmente pertenecía al escritor y le acompaña en la imagen que encabeza estas líneas.

Jean Cocteau

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Jean Cocteu y su felino | Foto: Johnny Times

El poeta, novelista, dramaturgo y cineasta francés Jean Cocteau fue un gran devoto de estos animales y se dice que describía a su gato Karoun como “el rey de los gatos”. Diferentes fuentes indican que Cocteau explicaba su predilección diciendo: “Si prefiero los gatos a los perros, es porque no hay gatos policía (…) Me gustan los gatos porque me gusta mi casa. Y porque, poco a poco, se convierten en su alma visible”.

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Gato y figura | Jean Cocteau (1962)

Ray Bradbury

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Ray Bradbury con su gato | Foto: Pinterest

El signo del gato fue el título elegido para la colección de 21 cuentos que resumen la trayectoria literaria de uno de los grandes genios de la literatura norteamericana del siglo XX, Ray Bradbury. Además, en su libro Zen in the Art of Writing, el autor comparte su sabiduría con un consejo válido en toda circunstancia artística o creadora: “Este es el gran secreto de la creatividad. Trata a las ideas como a los gatos: haz que te sigan”

Doris Lessing

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Doris Lessing, confirmada amante de los gatos | Foto: The Great Cat

La ganadora del Premio Nobel de Literatura en 2007, Doris Lessing, concibió todo un tratado sobre el amor humano hacia los gatos. En su libro de memorias  titulado On Cats, la escritora británica colecciona historias felinas que mercaron su trayectoria, desde su niñez en las granjas africanas pasando por los apartamentos londinenses de su juventud, hasta llegar a “El Magnífico”, el último gato con el que compartió hogar en la vejez. En otro de sus libros, Particulary Cats, la autora vuelve a aferrarse a los felinos para contar su propia vida demostrando que a veces, la compañía de estos animales resulta tan reveladora como la de cualquier humano.

Charles Bukowski

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Bukowski felino | Foto: Garuyo.com

El padre del “realismo sucio” declaró sobre los felinos impresiones con las que más de uno estará de acuerdo: “Caminan con una dignidad sorprendente, pueden dormir veinte horas al día, sin duda y sin remordimiento: estas criaturas son mis maestras”.

Julio Cortázar

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Cortázar y Teodoro W. Adorno | Foto: República Kafkiana

Un libro cuenta que el gato de Julio Cortázar se llamaba nada más y nada menos que Teodoro W. Adorno. Era un gato callejero, “negro y canalla”, que un día aterrizó en su vida en Saignon en el sur de Francia y que se materializaba cada vez que él y su mujer volvían a la localidad provenzal. Un día, Teodoro W. Adorno no sólo no volvió a la casa del escritor argentino, sino que al cruzárselo en el pueblo ignoró por completo al autor que le había dado un nombre tan bonito como rimbombante.

Truman Capote

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Capote en buena compañía | Foto: signosenrotacion.

El periodista y escritor estadounidense Truman Capote es el maestro detrás de joyas literarias como A sangre fría y Desayuno con diamantes, novela donde la aparición del gato es un símbolo clave y además sirve como herramienta para proporcionar el desenlace: “Somos un par de seres que no se pertenecen, un par de infelices sin nombre, porque soy como este gato, no pertenecemos a nadie. Nadie nos pertenece, ni siquiera el uno al otro”.

Colette

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Colette, la reina de los gatos | Foto: The Great Cat

La polémica novelista francesa autora de Gigi, cuya adaptación lanzaría al estrellato a Audrey Hepburn, fue descrita como la auténtica “mujer de los gatos”. En su novela The Cat, retrata el compromiso y la luna de miel de una pareja dividida por la exagerada devoción del hombre a su gato Saha: “No era sólo un pequeño gato”, pensó Alain. “Era la nobleza encarnada de toda la raza del gato, su indiferencia ilimitada, su tacto, su vínculo de unión con el aristócrata humano”. Palabras las de Collete que muestran una fascinación sin límites compartida por el resto de escritores que ocupan estas líneas.

Viajar sin cámara es posible… si sabes dibujar. Cuatro artistas españoles te lo demuestran

Álvaro R. de la Rubia

Foto: Aleix Gordo
Aleix Gordo

Fotografiamos nuestras experiencias, elegimos el motivo, el encuadre, la luz y nos llevamos un trocito de los lugares por los que pasamos. Es la forma que la mayoría tenemos de conservar el recuerdo de nuestras vivencias, pero no es la única. Algunos artistas en lugar de tomar fotografías (o además) durante sus viajes, aventuras o paseos hacen dibujos para conservarlos filtrándose a través una de las cosas más personales que se puede poseer: un estilo propio. No hacen fotos para descubrir en casa aquello que se perdieron durante su viaje sino que analizan los detalles de lo que les rodea para plasmarlos allí mismo sobre el papel. Desde urban sketchers a observadores de nubes, el dibujo puede ser una forma única de recordar y probablemente una manera más fiel de mostrar lo que se ha vivido. Estos artistas españoles lo demuestran.

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Ilustraciones de Aleix Gordo en Hong Kong

Aleix Gordo

Aleix Gordo, ilustrador, diseñador y muralista de Barcelona, conserva tras algunos de sus viajes libretas en las que, a modo de diario gráfico personal, se entremezclan personas con las que se cruzó, escenarios a medio camino entre la realidad y su imaginación y acontecimientos que es difícil determinar si sucedieron de aquella forma o no más allá de sus páginas. “En Japón empecé a hacer una cosa diferente”, cuenta Aleix. “Dibujaba a la gente que veía por las calles, los interpretaba a mi manera e incluía bocadillos sin texto. Luego a mis amigos japoneses les pedía que rellenasen esos bocadillos. Es un ejercicio muy divertido y es muy curioso ver sus reacciones. Yo los dibujaba y ellos les daban vida con sus textos”.

Desde 2001 llena libretas en las que refleja sus vivencias tanto exteriores como interiores (siempre el mismo modelo, de la misma marca con el mismo papel) aprovechando los trayectos y momentos de soledad durante sus viajes para dibujar: aviones, trenes, madrugadas de hotel…  “En Hong Kong es difícil encontrar un sitio tranquilo donde pararse, así que aprovechaba en el metro, se veían personajes muy curiosos que era un placer dibujar. En Tokio, sin embargo, tuve la suerte de vivir en una casa antigua en un barrio tranquilo y dedicaba las mañanas a dibujar”.

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Detalles de un paisaje de Pau Rodríguez

Pau Rodríguez

El caso de Pau es diferente. El dibujante mallorquín, autor de las aventuras de la saga de Atlas y Axis, es un gran aficionado a la montaña y aprovecha sus salidas para encontrar los paisajes en los que se desarrollarán sus cómics. Sus dibujos son apuntes al natural que sirven más tarde como base para elaborar la ambientación de sus viñetas.  “A veces yendo de excursión me topo con composiciones, ambientes o colores que me gustaría reproducir en alguna viñeta. Si llevo la cámara no me fijo tanto: saco la foto para verla más tarde y después en casa ya no es lo mismo” explica Pau.

Cuando el dibujante mallorquín quiere retener algunos de los detalles de un paisaje toma notas a papel y boli pero, en otras ocasiones, cuando quiere recoger un efecto que ha visto cuenta con material extra para plasmarlo.

“Aquí, por ejemplo, quería hacer una primera página para La Saga de Atlas & Axis y me fui a un rincón desde donde pudiera ver ponerse el sol sobre alguna peña. Me llevé la libreta y una caja de lápices de colores. No se trata de hacer un dibujo bonito, sino informativo, al que añado notas para reforzar lo que no soy capaz de plasmar con los lápices. Después, en casa, entre lo que recuerdo y lo que apunto, hago el dibujo final”.

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Sketch de Paco Lobón

Paco Lobón

Este artista gaditano no sale de viaje sin su libreta en la que, como cuaderno de bitácora, vuelca sus vivencias, ya sea en forma de tiques de tren, anotaciones del momento o ideas para nuevos proyectos.

Cuando viajo intento encontrar un momento en el que me vengan las ganas de dibujar, no intento forzar esas sensaciones. A veces es ese momento en el que te vuelves observador, algo más contemplativo que de costumbre. Dibujar un lugar requiere una implicación con el entorno. Analizas las formas, las siluetas, la luz, la sombra… vas reconociendo el espacio. En Chiclana, de donde yo soy, siempre me siento en el mismo punto del paseo marítimo a dibujar cada vez que vuelvo de visita”.

Paco Lobón encuentra motivos interesantes que dibujar en casi todo lo que se le pone por delante. Pero, si no los encuentra, solo tiene que observar un poco más arriba, ya que entre los dibujos de este artista también pueden verse representadas infinidad de nubes cuyas formas inspiran a Paco Lobón algunos de sus personajes: “Además de los sketch de paisajes que colecciono en mi libreta, me gusta dibujar las siluetas de las nubes  de los sitios que visito. Tengo nubes de Cádiz, Granada, Sevilla, Madrid, Bilbao… Siempre me he sentido atraído por las formas de las nubes, ellas sí que son unas auténticas viajeras”.

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Ilustración de Jonatan Alcina

Jonatan Alcina

Jonatan Alcina es un “urban sketcher” que encuentra en el dibujo uno de los mayores alicientes para viajar. En su colección de lugares retratados podemos encontrar desde la elegancia de las ciudades de la vieja Europa hasta la luz de varias localidades andaluzas. Friburgo, Praga, Venecia y, por supuesto, su Cádiz natal son solo algunos de los escenarios que aparecen en sus cuadernos de dibujo.

Aunque pueda parecer una actividad solitaria, Jonatan cuenta que no siempre es así: “Al dibujar en la calle te encuentras con todo tipo de personas que se acercan para interactuar contigo independientemente de que les interese el dibujo o no. Me he encontrado con una persona que se puso a hacerme trucos de magia cuando estaba sentado haciendo un dibujo, una vez me hicieron una entrevista para un reportaje sobre cultura andaluza para la televisión turca mientras dibujaba por las calles de Ronda, hay gente que me ha traído zumos y refrescos, pero sobre todo se conoce a muchas personas interesantes de todo tipo y de las que se aprenden muchas cosas”.

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