Hola, ¿qué estás buscando?

de resultados

No se ha encontrado ningún resultado

Ver más

Del origen incierto de las Fortune Cookies a los Oscar

Marta Ruiz-Castillo

Sabido es que hay días para todo, efemérides que van más allá del recuerdo de momentos históricos, nacimientos o fallecimientos de personajes más o menos conocidos. Sí, está el Día del Gato, el Día del Número Pi, Día del Inodoro…El 13 de septiembre es el Día de las Fortune Cookies, las famosas galletas de fortuna vinculadas tradicionalmente a la cultura china,

Estas pequeñas galletas en forma de media luna que, al abrirlas, contienen un diminuto trozo de papel con una frase escrita, desde el punto de vista culinario no son ninguna exquisitez, aunque para gustos, los colores. La esencia de estas pequeñas golosinas reside en realidad en los mensajes que esconden y que van, desde consejos prácticos hasta augurios de todo tipo o chascarrillos y frases sin sentido. A esas sentencias hay que sumar la presencia de unos misteriosos números.

Vayamos por partes porque esto tiene más miga de lo que parece. Pese a su fama, el origen de estas galletas es incierto y hay varias teorías, cada cual más curiosa. Según algunas versiones, se inventaron – como casi todo – en Estados Unidos. Aceptando esa premisa, hay quien asegura que las Fortune Cookies proceden de California pero existen intensos debates sobre a qué ciudad del Estado corresponde atribuir la paternidad.

'Ya era hora de abandonar esta galleta', es el mensaje.
‘Ya era hora de abandonar esta galleta’.

Una de las hipótesis que barajan los expertos en esta materia, si es que se puede hablar en esos términos, es que la idea original se le ocurrió en 1918 a un tal David Jung, un inmigrante chino que vivía en Los Ángeles y fundador de la compañía Hong Kong Noodle. Al parecer, al hombre le preocupaban los pobres que veía deambulando cerca de su tienda y decidió hacer unas galletitas para repartirlas por la calle. Cada galleta llevaba en su interior una fina tira de papel con una frase inspirada en la Biblia escrita para Jung por un ministro de la iglesias presbiteriana.

Otra teoría sobre el origen de las Fortune Cookies sostiene que fueron elaboradas por primera vez en San Francisco por un inmigrante japonés llamado Makoto Hagiwara, que fue el jardinero que diseñó el famoso Jardín de Té Japonés en el Golden Park de la ciudad. Su historia es también interesante, ya que un alcalde anti japonés le despidió a principios del siglo XX por lo que había hecho, dejándole en una situación bastante precaria. Con el paso del tiempo, ese alcalde fue sustituido por otro que volvió a contratar a Makoto. Como gesto de agradecimiento a las personas que le habían permitido seguir adelante durante ese duro periodo de su vida entre un trabajo y otro, al jardinero no se le ocurrió nada mejor que inventarse unas galletas en 1914 con notas de agradecimiento en su interior. Las llevó al Jardín de Té Japonés y comenzó a servirlas con regularidad y en el año 1915 eran ya tan conocidas que se exhibieron en la Exposición Panamá-Pacífico, en el marco de la feria mundial de San Francisco.

Una tercera teoría afirma que las modernas galletitas ya existían en China en el siglo XIV. Cuenta la leyenda que un sacerdote taoísta y sus seguidores mandaban mensajes secretos dentro de unos dulces con forma de media luna para informar a los rebeldes chinos sobre el mejor momento para atacar a los invasores.

La leyenda achaca a un sacerdote taoísta el origen de las galletas de la suerte al elaborar unas en forma de media luna donde escondía mensajes para avisar a los rebeldes chinos del mejor momentos para atacar a los invasores

Para otros, el origen hay que buscarlo en Japón. En los tradicionales tsujira senbei o pasteles de arroz que se elaboraban en el santuario Hyotanyama Inari durante el siglo XIX y que llevaban mensajes de la suerte en su interior.

Hay un grupo de entusiastas de estas galletas que cree que la idea comenzó en torno al siglo XIX también y que fueron los trabajadores chinos del ferrocarril en América los que hacían a mano pastelitos con buenos deseos en su interior, se supone que para sobrellevar mejor el duro trabajo al que eran sometidos.

Sea como fuere y sin que haya sido posible aclarar el origen de las Fortune Cookies, lo cierto es que se convirtieron en algo típico en los restaurantes chinos de Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial. Los postres no eran parte de la cocina tradicional china y a los americanos les ofrecían algo que ellos conocían y les resultaba familiar, galletas, pero con un toque exótico.

Se avecinan cambios.
Se avecina un cambio, asegura este misterioso mensaje.

Lo que decida el tribunal

Con el paso de los años, su popularidad creció tanto que en 1983 se celebró una especie de juicio en el seudo Tribunal de Revisión Histórica de San Francisco para determinar los orígenes de las Fortune Cookies. Hay que decir que este tribunal ya había decidido sobre cuestiones tales como la veracidad o no de la frase “El invierno más frío que he pasado en mi vida fue un verano en San Francisco”, del escritor estadounidense Mark Twain, o sobre los orígenes del martini, por poner algunos ejemplos de la seriedad y enjundia de los temas tratados por dicha corte.

Respecto a la galletas de la suerte, el juez – un auténtico magistrado de San Francisco – dictó sentencia, como no podía ser de otro modo, a favor de la ciudad en la que él vivía. Entre las pruebas en las que basó su decisión incluyó una galletita que llevaba el siguiente mensaje: “El juez que dictamine a favor de L.A (Los Ángeles) no es muy listo”. No fue tampoco ninguna sorpresa que la ciudad de Los Ángeles criticara la sentencia.

Mensajes para todos los gustos y ocasiones

Si bien hay algunos casos aislados de personas que aseguran que les gusta la textura y el sabor de las Fortune Cookies, a la mayoría lo que les atraen son los mensajes. Ahí está la clave de su éxito. Al principio procedían de la Biblia pero también se incluyeron aforismos de Confucio, frases del famoso fabulista Esopo o del gran Benjamin Franklin. En la actualidad, los mensajes incluyen un abanico inmenso de posibilidades pero abundan las frases crípticas, sin sentido, o consejos para sentirse bien; también las hay sosas o de difícil comprensión. Con posterioridad se incluyeron números para jugar a la lotería que mucha gente usa, y caras sonrientes, bromas e incluso consejos eruditos muy de andar por casa. Su popularidad es tal que los políticos americanos han usado estos mensajes en sus campañas electorales. También, con el tiempo, se han personalizado para bodas y fiestas de cumpleaños. Y aunque la forma se mantiene, también se venden de colores y dibujos de lo mas diversos. Pero las clásicas, las de toda la vida, siguen siendo las preferidas del público.

Elaboración de Fortune Cookies en el Jardín de Té Japonés de San Francisco.
Elaboración de Fortune Cookies en el Jardín de Té Japonés de San Francisco.

Los mensajes, al principio se escribían a mano con palillos chinos, pero en 1964, la Compañía Lotus Fortune Cookie de San Francisco automatizó el proceso creando una máquina que introducía el mensaje de la suerte en la masa desplegada recién horneada antes de doblarla. En 1989, Yong Lee creó la primera máquina totalmente automatizada para estas galletas, a la que llamó Fortuna IIIHoy, la mayor empresa del mundo de fabricación de estas galletas, Wonton Food Inc., situada en Long Island, Estados Unidos, comercializa 60 millones de galletas al mes. Un negocio redondo.

Estrellas en el cine y la televisión 

Dado que Estados Unidos considera como propias las galletas de la suerte, no es extraño que hayan dado el salto al estrellato. Se las ha visto en Springfield, sí en la ciudad de los Simpson en algún que otro episodio. En películas de serie B, incluso. Pero donde realmente adquirieron fama mundial fue en la ceremonia de los Oscar, los premios de cine por antonomasia, en 1967.

Billy Wilder, director de películas tan famosas como ‘Con faldas y a lo loco‘, ‘Sabrina‘, ‘Primera plana‘, ‘La tentación vive arriba‘ y tantas otras, dirigió en el año 1966 una cinta titulada, nada más y nada menos, que ‘The Fortune Cookie‘ y que en España tuvo el curioso título de ‘En bandeja de plata‘. Una historia ácida y divertida a partes iguales interpretada por Jack Lemmon y Walter Matthau como actores principales, que marcó el comienzo de numeroso trabajos juntos de gran éxito en la gran pantalla.

Sin duda a Matthau le trajo suerte ‘The Fortune Cookie‘ porque se llevó el Oscar a mejor actor secundario por su papel de Willie Gingrich, un abogado sin escrúpulos y timador, que borda el papel.

Walter Matthau, junto al Oscar recibido por su papel en 'The Fortune Cookie' en 1967 (AP/ Foto:David Smith).
Walter Matthau, junto al Oscar recibido por su papel en ‘The Fortune Cookie’ en 1967 (AP/ Foto:David Smith).

Hay quien cree en las sentencias y mensajes que aparecen en las tiras de papel que esconden las famosas galletitas, mientras que para otros es solo un divertimento ver qué les ha tocado y especular en broma con las frases. Y hay quien usa los números que aparecen en esas mismas tiras para rellenar los boletos de la Bonoloto como un acto de fe. Y es que, como decía el famoso torero, ‘Hay gente pá tó’.

Continúa leyendo: La rebelión de Atlas, la novela de Ayn Rand que se convirtió en la biblia de los capitalistas y emprendedores del mundo

La rebelión de Atlas, la novela de Ayn Rand que se convirtió en la biblia de los capitalistas y emprendedores del mundo

Tal Levy

Foto: YouTube
Youtube

No sólo es la novela que el presidente del Congreso de Estados Unidos, Paul Ryan, suele obsequiar a los nuevos miembros de su equipo, sino también la que el banco Saxo de Dinamarca regala a clientes y empleados. De uno a otro confín, La rebelión de Atlas, obra máxima de Ayn Rand, ha marcado por igual a emprendedores de Silicon Valley que a estrellas de Bollywood.

Este libro de cabecera de conservadores y liberales de todo el mundo, de empresarios e inversores de riesgo, cumple 60 años de su publicación este octubre ratificando por qué en una encuesta que la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos realizó en 1991 fue considerado el más influyente en la vida de los estadounidenses, sólo superado por la Biblia.

De allí que no sorprenda que el director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), Mike Pompeo, haya confesado el gran impacto que le produjo leerla o que el secretario de Estado norteamericano, Rex Tillerson, la catalogue como favorita. Incluso fue uno de los libros que le sirvieron a Steve Jobs de guía para la vida y que le enseñaron cómo marcar una diferencia en el mundo, según ha revelado el cofundador de Apple Steve Wozniak.

Aunque La rebelión de Atlas fue desacreditada por los críticos, la huella dejada entre sus lectores ha sido duradera.

Novela, texto curricular, libro de negocios o de autoayuda, según se quiera, pasó de enseñarse en las aulas estadounidenses a incluirse recién en el plan de estudios de Ciencias Políticas de Reino Unido, donde 20.000 obras de Rand anualmente son vendidas. “Cada año se compran alrededor de 25.000 ejemplares en la Rusia natal de Rand, otros 13.000 al año en Brasil, 6.000 en España y 1.000 en Japón y Bulgaria. Incluso en China, unos 15.000 libros de Rand se compran cada año, un número que, dado el despertar económico e intelectual de ese país, sólo puede aumentar”, se lee en la web del Adam Smith Institute.

La rebelión de Atlas, la novela de Ayn Rand que se convirtió en la biblia de los capitalistas y emprendedores del mundo
Póster con todas las portadas de La rebelión de atlas | Imagen vía Pinterest

La virtud del egoísmo

¿Quién es John Galt?”. Esta pregunta da inicio y se repite en el transcurso de las casi 1.200 páginas de La rebelión de Atlas. Más allá de su papel clave en la trama, para Ayn Rand él vendría a ser el mejor representante de su ética Objetivista, asentada en tres valores: razón, propósito y autoestima, a los cuales corresponden las virtudes respectivas de la racionalidad, la productividad y el orgullo.

“La felicidad es un estado de alegría no contradictoria, una alegría sin pena ni culpa, una alegría que no choca con ninguno de tus valores y que no te lleva a tu propia destrucción”, afirma Galt en el emblemático discurso que condensa el sentido de la vida para Rand y que ella demoró dos años en perfeccionar de los doce que le tomó escribir el libro en su totalidad.

El motivo y propósito de mis escritos es la proyección de un hombre ideal”, señala Rand en El Manifiesto Romántico. “Ni la política ni la ética ni la filosofía son fines en sí mismos, ni en la vida ni en la literatura. Sólo el hombre es un fin en sí mismo”.

Pero ¿de qué trata la novela? En palabras de la autora fallecida en 1982, “el tema de La rebelión de Atlas es ‘El rol de la mente en la existencia del hombre’. El tema-trama es: ‘El hombre pensante rebelándose contra una sociedad altruista-colectivista”.

Describe cómo el Estado con su altruismo termina saqueando, arrasando y persiguiendo a los creadores e innovadores, que son quienes son los impulsores del progreso y del bienestar gracias a su individualismo, a que tienen al egoísmo por virtud. ¿Qué sucedería si los individuos emprendedores estuvieran en huelga? A esta interrogante el libro da respuesta.

Y es que para Rand, anticomunista hasta la médula, “la vida en una isla desierta es más segura e infinitamente preferible a la existencia en la Rusia soviética, la Alemania nazi o la Cuba de Castro”, como apuntó en los ensayos reunidos en La virtud del egoísmo, de 1961. Creía en lograr lo mejor de cada uno en contra de una sociedad de zombis, de hombres-masa, sometidos, manipulados.

“No me cabe la menor duda de que la novela ha desempeñado un papel importante en desacreditar al socialismo como un ideal y hacer que la discusión sobre el capitalismo sea intelectualmente legítima”, asegura en la web del Ayn Rand Institute, su presidente, Yaron Brook.

Pero también La rebelión de Atlas ha sido descalificada por quienes la consideran un canto panfletario al capitalismo, una exaltación de la avaricia, del egoísmo. No obstante, su interés renace, como en medio de la debacle financiera de Estados Unidos en 2009, con un Barack Obama recién presidente, cuando se vendieron más de 200 mil ejemplares.

Es la actualidad misma la que renueva su vigencia. Quizá el más cercano ejemplo, el de la Venezuela de hoy. “Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes no trafican bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos, sino que, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un inútil sacrificio, entonces podrá reconocer que esa sociedad está condenada”, se lee en el libro que está de aniversario y cuyo impacto es compartido en Twitter bajo el hashtag #atlasshrugged60, iniciativa del Instituto Ayn Rand.

Un manantial de éxito

Entre los discípulos de Rand se encuentra quien fuera presidente de la Reserva Federal estadounidense de 1987 a 2006, Alan Greenspan, quien llegó a formar parte de un selecto círculo que frecuentaba su casa neoyorquina todos los sábados.

También devoto se ha declarado el cofundador de Pay Pal y primer gran inversor de Facebook, Peter Thiel. Otros, como el eurodiputado conservador británico Daniel Hannan, uno de los máximos promotores del Brexit, exhiben una fotografía de la escritora en su despacho.

Por un tiempo, la portada de El manantial, novela que Rand tardó siete años en escribir y que fue rechazada por 12 editoriales hasta que Bobbs-Merrill Company la publicó en 1943, sirvió de avatar de Twitter del fundador y ex consejero delegado de Uber Travis Kalanick.

Incluso el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha afirmado sentirse identificado con el protagonista de esa obra de ficción, de las pocas que le gustan y que “tiene que ver con los negocios, la belleza, la vida y las emociones internas… con todo”, recogió USA Today.  

Eso sí, estudiosos consideran que el mandatario está muy lejos del prototipo de héroe de Ayn Rand.

Lo cierto es que el personaje de Howard Roark, inspirado en el legendario arquitecto Frank Lloyd Wright, ha ayudado a muchos lectores a la hora de tomar una decisión. ¿Qué haría Roark en esta situación?, se han preguntado quienes han debido hacer frente a un dilema moral, según ha contado Rand, y “esa es la función psico-epistemológica de un ideal humano personificado (concretizado)”.   

La autora no accedió a suprimir ni una sola palabra del parlamento final de Roark en la adaptación de su novela a la gran pantalla en 1949. Gary Cooper no sólo personificó al arquitecto capaz de dinamitar su obra antes de doblegarse a sí mismo, sino que protagonizó el discurso más largo en la historia de Hollywood: 6 minutos.

La rebelión de Atlas, la novela de Ayn Rand que se convirtió en la biblia de los capitalistas y emprendedores del mundo 2
Estatua de Atlas en el Rockefeller Center de Nueva York | Imagen vía Wikimedia Commons

A la gloria del hombre

Otra obra de ficción de Rand, Los que vivimos, publicada en 1936, es lo más parecido a una autobiografía suya al abordar la determinación de una mujer, Kira Argounova, enfrentada a un sistema totalitario.

De familia judía, Ayn Rand nació en San Petersburgo en 1905 bajo el nombre de Alissa Zinovievna Rosenbaum. A los 12 años vio cómo los bolcheviques le confiscaron la farmacia a su padre y también cuestionó a Dios, al punto de escribir en su diario: “Hoy he decidido ser atea”.

“En la sofocante y sórdida fealdad de la Rusia soviética” descubrió un año después la obra de Víctor Hugo, a quien consideraba el más grande novelista de la literatura mundial.

Igual admiración, en el campo de la filosofía, le despertaría Aristóteles, porque su Lógica “liberó al hombre al validar el poder de su mente”.

Graduada en Filosofía e Historia en la Universidad de San Petersburgo a los 19 años, esta apasionada del naciente cine se propuso ser guionista, por lo que se matriculó en el Instituto Estatal de las Artes Cinematográficas.

Dos años después, marchó en busca de la libertad hacia Estados Unidos gracias a un permiso de viaje que le permitió dejar atrás esa suerte de “cementerio soviético”, donde años más tarde sus padres y su hermana Natasha morirían sin haberlos podido llevar consigo a América pese a sus muchos esfuerzos.

Sólo en la década de los setenta lo lograría con su otra hermana, Nora, pero habían pasado muchos años y distaba de la que fue. Lo que es capaz de hacer el comunismo fue atestiguado por Ayn Rand en carne viva con su hermana, quien decidió volver a la Unión Soviética.

Fue el director y productor cinematográfico Cecil B. DeMille quien introdujo a Rand en Hollywood tras incorporarla como extra a Rey de Reyes, filme gracias al cual ella conoció al que sería su esposo, el actor Frank O’Connor.

Y lograría sus objetivos: convertirse en libretista, novelista, ensayista y filósofa, dedicándose hasta el último de sus días a divulgar en conferencias y entrevistas sus ideas.

Pero también sería blanco de ataques. “A la gente jamás le gusta un hombre que ha alcanzado el éxito por sí mismo. Cuando tienes una gran devoción hacia un objetivo, la gente te llama despiadado. Y cuando trabajas más duro que otros, cuando trabajas como una máquina mientras otros se lo toman con calma y tú los superas, la gente te llama inescrupuloso”, replicaría.

Aunque su marcado acento ruso a lo largo de sus 77 la delataba, ella siempre se sintió americana por convicción, por eso no extraña que el tap haya sido su danza favorita, más aún por ser de origen afroamericano, tan lejos de Europa e incapaz, como destacaría, de expresar tragedia, dolor, miedo o culpa, sino felicidad y emociones aledañas a la alegría de vivir.

“La impresión que uno se lleva es: control total; la mente humana controlando, sin esfuerzo, el impecable funcionamiento de su cuerpo. La clave es la precisión. Transmite una sensación de propósito, disciplina, claridad, combinada con una ilimitada libertad de movimiento y una inalcanzable creatividad que se atreve a lo repentino, lo inesperado y, sin embargo, nunca pierde la línea integradora central: el ritmo de la música”. Quizá esta descripción suya del tap es la mejor alegoría de lo que fue su vida.

Rand vivió sin buscar más aprobación que la propia, a contracorriente de la moda imperante. No tuvo reparo a la hora de lucir un prendedor con el símbolo del dólar, el mismo que le tributaron en forma de coronas de flores sus admiradores al morir. Tampoco en pensar en términos de blanco o negro, en contra del culto del que llamaba el amoral gris. De opiniones terminantes, contundente, audaz y visionaria, la determinación guio sus pasos.

Pero como afirmaba que “en el campo de la caracterización una acción vale mil adjetivos”, mejor apelar a un ensayo suyo fechado entre octubre y noviembre de 1963: “El motivo y propósitos de mis escritos puede ser resumido mejor diciendo que si la totalidad de mi obra fuera a estar precedida de una dedicatoria, se leería: A la gloria del hombre. Y si alguien me preguntara qué es lo que he dicho para la gloria del hombre, sólo contestaría parafraseando a Howard Roark. Sostendría en alto una copia de La rebelión de Atlas y diría: ‘La explicación está de más”.

Breve diccionario a lo Rand

Altruismo: mide la virtud de un hombre según el grado de su disposición a capitular, a renunciar o traicionar sus valores.

Amor: expresión y afirmación de la autoestima, una respuesta a los propios valores en la persona del otro.

Arte: espejo metafísico del hombre.

Capitalismo: único sistema que puede hacer posible en la práctica la libertad, la individualidad y la búsqueda de los valores. No es un sistema del pasado; es el sistema del futuro.

Felicidad: estado exitoso de la vida.

Historia de ficción: abstracción que reclama universalidad, es decir, su aplicación a cada vida humana incluida la de uno.

Hombre: única especie viviente que tiene el poder de actuar para destruirse a sí misma.

Inacción: antítesis de la vida.

Mente: herramienta fundamental para la supervivencia del hombre. La mente dirige, las emociones siguen.

Nación: cantidad de individuos, y no puede tener otros derechos que los de sus ciudadanos individuales.

Racismo: forma más baja y groseramente primitiva de colectivismo.

Razón: medio básico de supervivencia para el hombre.

Religión: forma primitiva de filosofía.

Sentido de vida: suma integrada de los valores básicos del hombre. Es la fuente del arte.

Continúa leyendo: La Maison du Livre: una librería en Berlín, un testimonio, un símbolo de la resistencia

La Maison du Livre: una librería en Berlín, un testimonio, un símbolo de la resistencia

Romhy Cubas

Foto: Wikimedia
Wikimedia

Con testimonios se reconstruye la historia, el descubrimiento de las pertenencias físicas y sobre todo escritas de personas que ya no están presentes tiene la habilidad de recomponer un pasado nublado como si se tratara de legos ensamblados. De eso también se tratan las librerías, de ausencias y olvidos que buscan reencontrarse. Jorge Carrión recuerda que cada librería condensa un mundo, “no es una ruta aérea, sino un pasillo entre anaqueles lo que une a tu país y sus idiomas”, escribe en su libro Librerías. Un centro de resistencia que se aferra a estantes y cubiertas de cartón.

Cuando la polaca Françoise Frenkel decidió concretar su amor por la cultura francesa en 1921 nació La Maison du Livre, la primera librería francesa de Berlín. Junto a su esposo Simon Raichenstein esta librera de vocación, graduada de Letras en la universidad de la Sorbona en París, fundó un espacio para los libros franceses al darse cuenta, paseando por los escaparates de Berlín, que aquellos eran casi inexistentes en estos establecimientos. “Una librería en Berlín, es casi una misión”, afirma Françoise en la más reciente edición de su libro testimonial reeditado por Seix Barral y prologado por el Nobel de Literatura Patrick Modiano. Este testifica en sus primeras páginas:

“Ese testimonio de la vida de una mujer acorralada entre el sur de Francia y la Alta Saboya durante el periodo de la Ocupación es más impresionante cuanto más anónimo nos parece”.

La vida de esta librera polaca durante la ocupación alemana, junto a sus huidas y exilios, fue publicada en forma de libro en 1945 por Éditions Jeheber (Ginebra). El título de “Una librería en Berlín” es el intento de una sobreviviente por rendir cuentas a los muertos y recordar tantos sacrificios hechos para intentar navegar en medio de esa pesadilla que fue la guerra.

“Una librería en Berlín”, resistencia literaria de guerra
Una librería en Berlín de Francoise Frenkel | Imagen vía: Seix Barral

El rastro de Frenkel desaparece poco después de la publicación de la que fue su única obra. En el 2010 en un tenderete de la comunidad de Emaús –Niza- el literato Michel Francesconi redescubre el texto. Luego de darlo a conocer, su reedición en Francia fue un fenómeno de ventas y uno de los protagonistas de la rentrée literaria del 2015. Este año Seix Barral publicó su edición en español.

Huidas y exilios

Françoise Frenkel falleció en 1975 en Niza. Sus múltiples intentos por huir de la ocupación nazi -especialmente en el territorio francés- constituyen la esencia de este libro que no solo narra memorias y recuerdos de una mujer más entre las millones que sufrieron la deportación y el horror de los campos de concentración para judíos, sino que también evoca la resistencia de la cultura en medio del caos.

La Maison du Livre regentó hasta el año 1939, cuando Frenkel huyó desde Alemania hacia Francia entre las crecientes tensiones y hostilidades hacia los judíos, además de la censura y el control que comenzaron a imposibilitar la llegada de inventario a su establecimiento. A raíz de esta primera huída la escritora se convierte en fugitiva, apoyándose en la caridad y coraje de unos pocos que la ayudaron a cruzar la frontera hacia Suiza en 1943. En el intermedio, de pueblo en pueblo, y de secreto en secreto, la escritora recuenta el deterioro de un país y su economía, la falsificación de pasaportes y documentos de identidad, la desesperación de sus habitantes por una cartilla de racionamiento para comer, las nuevas profesiones que surgen inevitablemente de las desgracias ajenas, el tráfico de personas, la amenaza constante de la deportación.

Lo especial de este testimonio es que con sencillez y humildad, esta lectora implacable elige contar su exilio de una manera diferente. No hacen falta descripciones gráficas ni páginas enteras detallando las torturas en los campos de concentración. Su relato sobre la muerte y el miedo es intuitivo, casi a deducción del lector, quien entenderá sin necesidad de demasiada sangre ni gritos el sufrimiento silencioso de aquellos desplazados por una guerra que nunca entendieron completamente.

“Una librería en Berlín”, resistencia literaria de guerra 2
Passauerstrasse Berlín en 1935 | Imagen vía: Wikimedia

La primera sede de La Mansion du Livre fue en el número 13 de Kleiststrase. La librería se muda enseguida a Passauerstrasse, 39; entre el barrio de Schöneberg y el de Charlottenburg. Para los escritores franceses y apasionados de la literatura el lugar se convirtió en una parada casi obligatoria, la clientela forjada por Frenkel y los amigos que allí conoció fueron los que luego le darían cobijo durante la guerra e intentarían que dejara el país por medio de contactos y “pasadores” de personas. Hoy en día en este lugar se ubican los grandes almacenes KaDeWe, bombardeados en 1943 y reconstruidos y ampliados en 1950.

El último rastro de Françoise Frenkel es un expediente de indemnización a su nombre fechado en 1958. En este declara sobre  un baúl consignado en mayo de 1940 en el guardamuebles del Colisée que fue embargado el 14 de noviembre de 1942 como “posesión judía”. En 1960 fue indemnizada con 3.500 marcos por la incautación del baúl. Este es uno de los objetos más emblemáticos del libro, tal vez porque se presenta como su única herencia permanente luego de perder su librería y su hogar. Una caja con un abrigo de piel de nutria y otro con cuello de zarigüeya. Dos vestidos de punto. Una gabardina negra. Una bata de Grünfeld. Un paraguas. Una sombrilla. Dos pares de zapatos. Un bolso de mano. Una almohadilla eléctrica. Una máquina de escribir portátil Erika. Una máquina de escribir portátil Universal. Guantes, zapatillas y pañuelos.

Una librería en Berlín, resistencia literaria de guerra
El barrio de Kreuzberg fotografiado por Joan vía Flickr bajo Creative Commons License.

En el presente Berlín tiene tantas librerías alternativas como nacionalidades conviviendo en sus calles. Libros en francés, en español, en inglés, en alemán. Libros de todos los colores, formas y olores. Atrás quedó esa censura asfixiante que hizo que Françoise dejara la ciudad junto y a su proyecto de vida para embarcarse en el vacío de la guerra.

Y aunque es un testimonio del pasado, precisamente este año vuelve a los estantes con la pertinencia de las letras para recordar que el pretérito de los verbos no está tan lejos como nos gusta creer, e inmortalizar el alcance de la memoria para sobrevivir tanto a lo que conocemos como a lo que ignoramos.

“Ojalá estas páginas puedan inspirar un pensamiento piadoso para aquellos que fueron silenciados para siempre, exhaustos por el camino o asesinados. Dedico este libro a los HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD que, generosamente, con una valentía inagotable, opusieron la voluntad a la violencia y resistieron hasta el final”

Francoise Frenkel en Suiza, a orillas del lago de los Cuatro Cantone, entre 1943-1944 .

Save

Continúa leyendo: Por qué aumenta la venta de armas después de un tiroteo masivo

Por qué aumenta la venta de armas después de un tiroteo masivo

Redacción TO

Foto: JIM YOUNG
Reuters

Hay un patrón que se repite cada vez que se produce una matanza con armas de fuego en Estados Unidos: las ventas de estos productos experimentan picos de aumento. Y este fenómeno también los registran, en consecuencia, las acciones de las empresas que las fabrican. Ocurrió después de la masacre de San Bernardino, en la que un matrimonio musulmán radicalizado mató a 14 personas en 2015. Ocurrió después del ataque a la discoteca gay Pulse, en Orlando, que el año pasado terminó con la vida de 49 personas. Y ha vuelto a ocurrir después del tiroteo de Las Vegas, en el que un pistolero disparó de forma indiscriminada a los asistentes de un concierto al aire libre de música country desde un hotel y asesinó a 59 personas. Este último suceso se ha convertido ya en el peor tiroteo masivo en la historia reciente del país.

Y, sin embargo, las ventas continúan. ¿Por qué? Para entenderlo, hay que mirar primero a la cultura estadounidense y su relación con las armas, muy imbricadas en lo cotidiano. Un ejemplo: “El número de pistolas de propiedad privada en los Estados Unidos está en su máximo histórico, más de 300 millones, y ahora aumenta en unos 10 millones al año”. Lo dijo, en el año 2013, el Instituto para la Acción Legislativa de la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés), el lobby de las armas en Estados Unidos. Es decir, hay más de 300 millones de armas en un país de 325 millones de personas. Teniendo en cuenta que, según la NRA, la cifra crecía unos 10 millones cada doce meses, no es descabellado pensar que ya haya más armas que personas. De hecho, una estimación del diario The Washington Post de 2015 calculaba que el adelanto ya se había producido.

Por qué aumenta la venta de armas después de un tiroteo masivo 2
Un hombre elige entre varias armas en una tienda estadounidense. | Foto: Rick Wilking / Reuters

La relación de cercanía que tienen los estadounidenses con las pistolas hace que les tengan menos miedo que, por ejemplo, los europeos. Es decir, ya hay una primera barrera que está superada y que infla las ventas de armas. En el caso de los días posteriores a una masacre ocurren, además, dos cosas, según el diario estadounidense The Atlantic. En primer lugar, es entones cuando a los estadounidenses les entra el miedo a un posible ataque y sienten la necesidad de estar protegidos. ¿Su solución? Comprar más armas. En segundo lugar, muchos temen también que una gran matanza lleve a las autoridades a restringir o incluso prohibir definitivamente el uso de armas. Estos factores hacen que las ventas se disparen y que las acciones de las empresas manufactureras aumenten después de un tiroteo masivo.

Más ventas con Obama, menos con Trump

Lo de limitar o directamente vetar el uso de armas se ha tanteado bastantes veces y es un debate recurrente cada vez que ocurre alguna matanza. De hecho, el expresidente Barack Obama incrementó de manera directa la venta de armas al proponer frenar el acceso de la población a las armas de fuego. Con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, en cambio, las acciones de las empresas fabricantes han empezado a caer. El autodeclarado como “amigo” de los activistas proarmas ha creado un clima de estabilidad en el sector armamentístico que hace que no aumente la preocupación por una eventual prohibición de pistolas y rifles.

Una de las medidas que Obama definía como un posible camino a seguir para Estados Unidos fue la de Australia, que cambió sus leyes después de un tiroteo masivo que dejó 35 muertos en Tasmania en 1996 y que escandalizó a la sociedad australiana. A partir de ese momento, se prohibió la venta de rifles automáticos y semiautomáticos y se inició un programa mediante el cual el Gobierno compraba a los ciudadanos armas prohibidas que hubiesen adquirido antes del veto. A partir de entonces, el país no ha vuelto a vivir un tiroteo masivo desde entonces. “Fue muy impactante que el país entero dijera: ‘Bueno, vamos a cambiar completamente nuestras leyes de armas’, y lo hicieran. Y no ha vuelto a pasar desde entonces”, dijo Obama durante una entrevista en 2015, hablando sobre cuál podría ser la solución al problema de las armas en Estados Unidos.

Un problema que ya no tiene que ver solo con los homicidas, sino que ha hecho saltar también las alarmas incluso por el suicidio infantil.

Continúa leyendo: Kazuo Ishiguro, el lento camino a la cumbre

Kazuo Ishiguro, el lento camino a la cumbre

Jorge Raya Pons

Foto: TOBY MELVILLE
Reuters

Kazuo Ishiguro nació nueve años después de que un avión norteamericano bombardeara su ciudad, Nagasaki. Aquel acontecimiento cambió su vida, pero eso no lo supo hasta más adelante. “Mi madre estaba allí cuando cayó la bomba atómica”, dijo Ishiguro en una entrevista para The Paris Review. “Su casa tembló, y solo cuando llovió se dieron cuenta de la magnitud del daño. El techo comenzó a caer en pedazos, como si un tornado lo hubiera golpeado. Mi madre fue la única herida de su familia, con dos padres y cuatro hermanos, que resultó herida. Un pedazo de las malezas le alcanzó. Ella cuenta que la bomba no era lo que más le asustaba. Lo que realmente le asustaba era un refugio subterráneo situado en la fábrica donde trabajaba. Todos estaban hacinados en la oscuridad y las bombas caían sobre ellos. Pensaban que iban a morir”.

La familia Ishiguro abandonó Japón cuando el pequeño Kazuo tenía cinco años, y el escritor no regresó a sus orígenes hasta 29 años más tarde. Su japonés, como él mismo reconoce, es terrible. Su infancia comenzó a construirse en un pequeño pueblo al sur de Inglaterra, llamado Guilford, y descubrió su vocación literaria tras un curso de escritura creativa cuando era universitario. En aquel entonces su verdadera pasión era la música, y algo de aquello permanecía cuando se llevó las manos a la cabeza y saltó de alegría por la concesión del Nobel en 2016 a la leyenda Bob Dylan.

Ahora es él, que anteponía la guitarra a la pluma, quien recibe el honor y los nueve millones de coronas suecas. “Ha revelado, en novelas de una poderosa fuerza emocional, el abismo que hay bajo nuestro ilusorio sentimiento de confort en el mundo”, ha argumentado la secretaria vitalicia de la Academia Sueca, Sara Daniu, tras anunciar la decisión de los académicos. “Si mezclamos a Jane Austen con Kafka, tenemos como resultado a Kazuo Ishiguro”.

Las obras que marcan su lento camino a la cumbre tienen un punto de soledad y de amargura y de cierto alivio en la distopía. Los académicos señalan Los restos del día como su “obra maestra”, pero es improbable que hayan olvidado Nunca me abandones. Kazuo recuerda que cuando escribió Los restos del día su vida se convirtió en la ficción de la novela. “No hacía otra cosa que escribir desde las 9 de la mañana hasta las 10 y media de la noche, de lunes a sábado”, dijo en una entrevista. “Me tomaba una hora para comer y dos horas para cenar. No se trataba solamente de trabajar más, sino también de alcanzar un estado mental en el cual mi mundo ficcional se volviera para mí más real que el mundo actual“.

Quien confió en editarlo en España fue Jorge Herralde, editor de Anagrama, que conoce bien su obra y que apunta sin dudar a los compañeros de EFE que este reconocimiento es “tan inesperado como merecido”. “Es un autor magnífico, de trabajo lento”, dice. “Desde el anterior libro hasta El gigante enterrado (2015) han pasado siete años. Me recuerda al caso de Patrick Modiano, que siempre había publicado como en sordina libros excelentes y cuando le dieron el Nobel la secretaria que leyó el fallo dijo que ‘era el triunfo de la gran literatura’. En el caso de Ishiguro eso se redobla”.

Cuenta Herralde que el autor británico está “como al margen de la sociedad literaria”. “Me ha contado su agente que, cuando le han dicho que había ganado el Nobel, ha contestado: ‘¿Qué premio?’”. Su nombre estaba muy lejos de los primeros puestos de las casas de apuestas. “Ishiguro ni se lo imaginaba”. Entonces uno vuelve atrás y piensa en aquel curso de escritura: qué le enseñarían y cuánto existiría.

TOP