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Del origen incierto de las Fortune Cookies a los Oscar

Marta Ruiz-Castillo

China celebra este sábado su Año Nuevo por todo lo alto. Como se merece todo inicio de etapa, los chinos disfrutan durante estas fechas de coloridos desfiles, símbolos, música, y comida típica.

Puede que entre esos manjares en esta fiesta haya quienes, con el postre, incluyan galletas de la fortuna o puede que no. Pero una cosa está clara: cuando pensamos en las Fortune Cookies – tan famosas que tienen su propio día, el 13 de septiembre – pensamos en China.

Estas pequeñas galletas en forma de media luna que, al abrirlas, contienen un diminuto trozo de papel con una frase escrita, desde el punto de vista culinario no son ninguna exquisitez, aunque para gustos, los colores. La esencia de estas pequeñas golosinas reside en realidad en los mensajes que esconden y que van, desde consejos prácticos hasta augurios de todo tipo o chascarrillos y frases sin sentido. A esas sentencias hay que sumar la presencia de unos misteriosos números.

Vayamos por partes porque esto tiene más miga de lo que parece. Pese a su fama, el origen de estas galletas es incierto y hay varias teorías, cada cual más curiosa. Según algunas versiones, se inventaron – como casi todo – en Estados Unidos. Aceptando esa premisa, hay quien asegura que las Fortune Cookies proceden de California pero existen intensos debates sobre a qué ciudad del Estado corresponde atribuir la paternidad.

'Ya era hora de abandonar esta galleta', es el mensaje.
‘Ya era hora de abandonar esta galleta’.

Una de las hipótesis que barajan los expertos en esta materia, si es que se puede hablar en esos términos, es que la idea original se le ocurrió en 1918 a un tal David Jung, un inmigrante chino que vivía en Los Ángeles y fundador de la compañía Hong Kong Noodle. Al parecer, al hombre le preocupaban los pobres que veía deambulando cerca de su tienda y decidió hacer unas galletitas para repartirlas por la calle. Cada galleta llevaba en su interior una fina tira de papel con una frase inspirada en la Biblia escrita para Jung por un ministro de la iglesias presbiteriana.

Otra teoría sobre el origen de las Fortune Cookies sostiene que fueron elaboradas por primera vez en San Francisco por un inmigrante japonés llamado Makoto Hagiwara, que fue el jardinero que diseñó el famoso Jardín de Té Japonés en el Golden Park de la ciudad. Su historia es también interesante, ya que un alcalde anti japonés le despidió a principios del siglo XX por lo que había hecho, dejándole en una situación bastante precaria. Con el paso del tiempo, ese alcalde fue sustituido por otro que volvió a contratar a Makoto. Como gesto de agradecimiento a las personas que le habían permitido seguir adelante durante ese duro periodo de su vida entre un trabajo y otro, al jardinero no se le ocurrió nada mejor que inventarse unas galletas en 1914 con notas de agradecimiento en su interior. Las llevó al Jardín de Té Japonés y comenzó a servirlas con regularidad y en el año 1915 eran ya tan conocidas que se exhibieron en la Exposición Panamá-Pacífico, en el marco de la feria mundial de San Francisco.

Una tercera teoría afirma que las modernas galletitas ya existían en China en el siglo XIV. Cuenta la leyenda que un sacerdote taoísta y sus seguidores mandaban mensajes secretos dentro de unos dulces con forma de media luna para informar a los rebeldes chinos sobre el mejor momento para atacar a los invasores.

La leyenda achaca a un sacerdote taoísta el origen de las galletas de la suerte al elaborar unas en forma de media luna donde escondía mensajes para avisar a los rebeldes chinos del mejor momentos para atacar a los invasores

Para otros, el origen hay que buscarlo en Japón. En los tradicionales tsujira senbei o pasteles de arroz que se elaboraban en el santuario Hyotanyama Inari durante el siglo XIX y que llevaban mensajes de la suerte en su interior.

Hay un grupo de entusiastas de estas galletas que cree que la idea comenzó en torno al siglo XIX también y que fueron los trabajadores chinos del ferrocarril en América los que hacían a mano pastelitos con buenos deseos en su interior, se supone que para sobrellevar mejor el duro trabajo al que eran sometidos.

Sea como fuere y sin que haya sido posible aclarar el origen de las Fortune Cookies, lo cierto es que se convirtieron en algo típico en los restaurantes chinos de Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial. Los postres no eran parte de la cocina tradicional china y a los americanos les ofrecían algo que ellos conocían y les resultaba familiar, galletas, pero con un toque exótico.

Se avecinan cambios.
Se avecina un cambio, asegura este misterioso mensaje.

Lo que decida el tribunal

Con el paso de los años su popularidad creció tanto que en 1983 se celebró una especie de juicio en el seudo Tribunal de Revisión Histórica de San Francisco para determinar los orígenes de las Fortune Cookies. Hay que decir que este tribunal ya había decidido sobre cuestiones tales como la veracidad o no de la frase “El invierno más frío que he pasado en mi vida fue un verano en San Francisco”, del escritor estadounidense Mark Twain, o sobre los orígenes del martini, por poner algunos ejemplos de la seriedad y enjundia de los temas tratados por dicha corte.

Respecto a la galletas de la suerte, el juez – un auténtico magistrado de San Francisco – dictó sentencia, como no podía ser de otro modo, a favor de la ciudad en la que él vivía. Entre las pruebas en las que basó su decisión incluyó una galletita que llevaba el siguiente mensaje: “El juez que dictamine a favor de L.A (Los Ángeles) no es muy listo”. No fue tampoco ninguna sorpresa que la ciudad de Los Ángeles criticara la sentencia.

Mensajes para todos los gustos y ocasiones

Si bien hay algunos casos aislados de personas que aseguran que les gusta la textura y el sabor de las Fortune Cookies, a la mayoría lo que les atraen son los mensajes. Ahí está la clave de su éxito. Al principio procedían de la Biblia pero también se incluyeron aforismos de Confucio, frases del famoso fabulista Esopo o del gran Benjamin Franklin. En la actualidad, los mensajes incluyen un abanico inmenso de posibilidades pero abundan las frases crípticas, sin sentido, o consejos para sentirse bien; también las hay sosas o de difícil comprensión. Con posterioridad se incluyeron números para jugar a la lotería que mucha gente usa, y caras sonrientes, bromas e incluso consejos eruditos muy de andar por casa. Su popularidad es tal que los políticos americanos han usado estos mensajes en sus campañas electorales. También, con el tiempo, se han personalizado para bodas y fiestas de cumpleaños. Y aunque la forma se mantiene, también se venden de colores y dibujos de lo mas diversos. Pero las clásicas, las de toda la vida, siguen siendo las preferidas del público.

Elaboración de Fortune Cookies en el Jardín de Té Japonés de San Francisco.
Elaboración de Fortune Cookies en el Jardín de Té Japonés de San Francisco.

Los mensajes, al principio se escribían a mano con palillos chinos, pero en 1964, la Compañía Lotus Fortune Cookie de San Francisco automatizó el proceso creando una máquina que introducía el mensaje de la suerte en la masa desplegada recién horneada antes de doblarla. En 1989, Yong Lee creó la primera máquina totalmente automatizada para estas galletas, a la que llamó Fortuna IIIHoy, la mayor empresa del mundo de fabricación de estas galletas, Wonton Food Inc., situada en Long Island, Estados Unidos, comercializa 60 millones de galletas al mes. Un negocio redondo.

Estrellas en el cine y la televisión 

Dado que Estados Unidos considera como propias las galletas de la suerte, no es extraño que hayan dado el salto al estrellato. Se las ha visto en Springfield, sí en la ciudad de los Simpson en algún que otro episodio. En películas de serie B, incluso. Pero donde realmente adquirieron fama mundial fue en la ceremonia de los Oscar, los premios de cine por antonomasia, en 1967.

Billy Wilder, director de películas tan famosas como ‘Con faldas y a lo loco‘, ‘Sabrina‘, ‘Primera plana‘, ‘La tentación vive arriba‘ y tantas otras, dirigió en el año 1966 una cinta titulada, nada más y nada menos, que ‘The Fortune Cookie‘ y que en España tuvo el curioso título de ‘En bandeja de plata‘. Una historia ácida y divertida a partes iguales interpretada por Jack Lemmon y Walter Matthau como actores principales, que marcó el comienzo de numeroso trabajos juntos de gran éxito en la gran pantalla.

Sin duda a Matthau le trajo suerte ‘The Fortune Cookie‘ porque se llevó el Oscar a mejor actor secundario por su papel de Willie Gingrich, un abogado sin escrúpulos y timador, que borda el papel.

Walter Matthau, junto al Oscar recibido por su papel en 'The Fortune Cookie' en 1967 (AP/ Foto:David Smith).
Walter Matthau, junto al Oscar recibido por su papel en ‘The Fortune Cookie’ en 1967 (AP/ Foto:David Smith).

Hay quien cree en las sentencias y mensajes que aparecen en las tiras de papel que esconden las famosas galletitas, mientras que para otros es solo un divertimento ver qué les ha tocado y especular en broma con las frases. Y hay quien usa los números que aparecen en esas mismas tiras para rellenar los boletos de la Bonoloto como un acto de fé. Y es que, como decía el famoso torero, ‘Hay gente pá tó’.

¡Feliz Año Nuevo Chino!

El factor O’Reilly

José Carlos Rodríguez

Fox News ha despedido a su periodista estrella, Bill O’Reilly, tras comprobar la acumulación de denuncias de acoso por parte de sus compañeras. Los detalles pueden satisfacer a cualquier devorador de debilidades ajenas. O’Reilly se había convertido en una mancha con la que no querían tiznarse decenas de anunciantes, que han retirado su presencia en la cadena. No hay ninguna gran cadena que quisiera contar con O’Reilly antes de salir a la luz estas denuncias, y mucho menos ahora. De modo que se puede decir que su carrera televisiva se ha terminado.

Es el periodista que más ha contribuido al éxito de la cadena. Un éxito cuya lógica implacable deja absortos a muchos. En los Estados Unidos hay más ciudadanos que se declaran conservadores que quienes se consideran de izquierdas o independientes. Sordas a esa realidad, y con el ánimo de cambiarla, las grandes cadenas de televisión asumían el relato de la izquierda como el canon, y trataban las posiciones conservadoras como una excentricidad o una peligrosa reliquia. Fox News es algo tan lógico como una empresa que cubre un hueco desatendido en un mercado libre, y una pieza que da contenido a la pluralidad en una democracia. Y sin embargo para muchos, que no creen ni en la libertad económica ni en la política, es una anomalía.

Tim Groseclose, profesor de la Universidad George Mason, es el autor de un libro titulado ‘Left turn: how liberal media bias distorts the american mind’. En él muestra cómo los medios de comunicación están a la izquierda de la sociedad estadounidense y le arrastran hacia su terreno. No creo que los medios deban ser un fiel reflejo de la sociedad, sino que deben ir hacia donde la libertad les lleve.

O’Reilly ni siquiera es muy conservador. No es como John Hannity, que parece darse un chute de conservadurina al despertarse. Ha combinado sus ideas con un cierto sentido común, y le ha dado voz a todos. Seguramente por eso ha tenido tanto éxito y ha generado enormes beneficios (446 millones de dólares en ingresos de 2014 a 2016) a su cadena. Pero el mismo sistema que le encumbró le lanza ahora a los pies de los caballos.

Juan Martín Guevara: "Si el Che hubiera triunfado, Rajoy no sería presidente"

Néstor Villamor

Foto: CBS-TV
AP Photo, File

“Las ideas de Ernesto siempre eran fantasiosas”. Juan Marín Guevara escribe sobre su hermano desde la distancia del tiempo. Cuarenta y siete años fue lo que tardó en enfrentarse a sus fantasmas y visitar el lugar en el que fue ejecutado en una “aldea perdida” de Bolivia, donde quería hacer triunfar una revolución como la cubana que se expandiera por el resto de Latinoamérica. Pero el destino de Ernesto Che Guevara era caer fusilado el 9 de octubre de 1967. “Dicen que murió dignamente y que sus últimas palabras fueron: ‘Póngase sereno y apunte bien. Va a matar a un hombre'”. Juan Martín narra la vida del guerrillero en Mi hermano el Che (Alianza), coescrito con la periodista francesa Armelle Vincent.

En conversación con The Objective en la Casa de América -adonde acude para presentar el libro-, conjetura que de no haber fallecido hace casi 50 años “habría triunfado en Latinoamérica y, si hubiera triunfado en Latinoamérica, Rajoy no sería presidente. Cambiarían mucho las cosas. En Europa y, ni que hablar, en Latinoamérica. En México no estaría Peña Nieto, eso seguro. Y a lo mejor Maduro tampoco sería presidente “.

A lo largo de la conversación, con disquisiciones continuas y una dicción inequívocamente argentina, Juan Martín nunca menciona su país natal. Tampoco Buenos Aires se ha dedicado demasiado a promocionar la figura del Che como sí ha patrocinado otros iconos autóctonos como Eva Perón, Borges o incluso Messi. Acaso porque la suya es una herencia que ha atravesado la Pampa para terminar por definir una identidad, sencillamente, latinoamericana.

Estados Unidos tiene “el presidente que merece”

Se explaya en profundidad, eso sí, sobre Estados Unidos: “Estoy convencido de que hoy tiene el presidente que merece. Se ha caído la careta. Hoy es el Estados Unidos profundo, el Estados Unidos midwest, el Estados Unidos WASP, hoy es El Estados Unidos, No embromemos más”. Y lanza un último dardo a Donald Trump: “Tira la madre de las bombas y se pone contento, es un éxito. Porque tiene la bomba no atómica más grande del mundo y es un éxito. O después tira el bombazo en Siria y dice: ‘Es buena la guerra y vamos a tener que hacer guerras’. Porque traen producción, elementos y herramientas de tanques y aviones y los obreros norteamericanos tendrán trabajo. Si para que los obreros norteamericanos trabajen tenemos que tirar bombas y ver a quién le podemos montar una guerrita, estamos mal”. También le preocupa la situación en Venezuela: “Hay una guerra civil en ciernes. Ya han comenzado los tiros. Hay una lucha de clases. La lucha de clases en América está presente de una u otra manera y en Venezuela se expresó de una manera agresiva”.

Mi hermano el Che, escrito con un tono naturalmente familiar, contiene datos sobre su madre (“era muy pedagoga: a nuestros amigos les aconsejaba lecturas y hablaba luego con ellos de política, de literatura, de historia, de filosofía, de religión…”) y su padre (“nunca dudaba en hacer trampas para ganar”) que ilustran por qué Ernestito se convirtió en el Che, un hombre de barba espesa e ímpetu rupturista que embarcó en un yate el 25 de noviembre de 1956 y, basado en “la doctrina de san Carlos” (Marx), terminó con la dictadura de Fulgencio Batista.

“En Venezuela hay una guerra civil en ciernes”

Pero la imagen que el mundo tiene del Che, explica Juan Martín a The Objective, sería distinta si hubiese muerto anciano, como Fidel Castro. “No tuvo todo el desgaste que ha podido tener la Revolución Cubana en todo este tiempo y los ladrillos siempre les van a caer a los que viven”. Así, la historia recuerda a Castro como un tirano y a su íntimo compañero como un héroe cuya impronta sigue siendo venerada como faro de la izquierda. Como semidios. Abanderado de la revolución. Adalid de la lucha. Líder de la resistencia. Mito.

Y el propio Che sería hoy el primero en repudiar semejantes alharacas. “Habría detestado el estatus de ídolo”, escribe su hermano. “Mi hermano no perseguía la gloria”, defiende Juan Martín después de contar una anécdota especialmente ilustrativa sobre su hermano. Ocurrió cuando, en 1961, los funcionarios del Ministerio de Industria cubano (del que entonces era titular) quisieron rendirle un homenaje. “Mira fijamente a los empleados y declara: ‘Ustedes no entienden lo que yo escribo y repito en mis conferencias. Aquí lo que hace falta no son homenajes sino trabajo’. Y añadía (sic): ‘¿Ustedes se consideran revolucionarios? Bueno, entonces yo les buscaré algún puesto de lucha… en alguna fábrica'”.

¿Por qué la desesperación de Trump es una incoherencia política ?

Leticia Martínez

Foto: MIKE SEGAR
Reuters/File

La desesperación de Donald Trump ha conseguido revertir sus promesas electorales. Los recientes ataques en Siria, el lanzamiento de “la madre de todas las bombas” en Afganistán y las amenazas a Corea del Norte, con todos sus matices, ponen de manifiesto la incoherencia de un estado que favorece políticas nacionalistas, pero es incapaz de concebir su razón de ser sin las armas. La administración de Barack Obama intentó romper con tal premisa a través de la reducción militar en el exterior. Ahora, Donald Trump vuelve a acercase de manera inevitable al convencionalismo de Washington del que tanto ha renegado. Desde TheObjective contamos por qué.

Del pretendido cambio al convencionalismo

La elección de Trump como presidente de EEUU se hacía eco del sentimiento más nacionalista de muchos estadounidenses. Trump prometió a sus votantes un país independiente, desligado de compromisos con aliados y países en desarrollo, victorioso frente a sus enemigos ideológicos y digno de respeto, bajo la premisa de “America First” (América Primero). Es decir, Trump pretendía hacer más y menos. Quería apartarse de la responsabilidad del liderazgo global, pero sin perder el sentimiento de reivindicación nacionalista, aclara Stephen Sestanovich en un artículo para The Atlantic. Recordemos, por ejemplo, cómo increpaba a Obama por tan siquiera pensar en bombardear Siria.


Sin embargo, los reveses domésticos han conducido a Trump a romper sus promesas electorales para buscar el favor de la maquinaria más conservadora y belicista de Washington. “Los republicanos siguen anclados a un mundo pasado, decimonónico. Un mundo en el que EEUU se aísla en su maravilloso país y se enfrenta un mundo hostil en el que debe actuar de manera unilateral”, explica el catedrático en Derecho Internacional de la Universidad Carlos III, Félix Vacas. “Trump, por mucho que los medios quieran considerarle como algo único, continúa con las mismas tradiciones republicanas”.

La desesperación de Donald Trump revierte sus promesas electorales 2
Donald Trump y Barack Obama en la Casa Blanca | Foto: REUTERS/Kevin Lamarque

Hasta ahora, tan solo Obama ha desobedecido esas reglas no escritas favoreciendo, con mayor o menor éxito, el diálogo y las sanciones por encima de las armas. Como concluye la analista en Oriente Próximo, Beatriz Yubero, “si con Barack Obama asistimos durante dos legislaturas a ‘la diplomacia por el todo’, con Trump esta dinámica no se cumple; ejemplo de ello es la relación con Irán. Trump necesita reposicionarse en Oriente Próximo”. Esa “nueva” vuelta a las viejas costumbres pasará de forma indudable por la restitución de la agresividad americana hacia ese mundo hostil.

Los intereses de Trump por encima de todo

Cuando Obama decidió contribuir al derrocamiento del régimen libio de Muamar Gadafi, Trump le acusó de estar desesperado. Ahora, la historia se repite, esta vez Trump es el que vuelve sobre sus pasos y sus motivos, por mucho que trate de maquillarlos detrás de la retórica de los derechos humanos, son de interés personal.

1.Las políticas domésticas se derrumban

Que EEUU domina el marketing político está más que asumido. Usar a las víctimas del pasado ataque químico en Siria, cuya autoría se desconoce, para sacar beneficios políticos es una verdad fea, pero no es una verdad a medias. Trump apela a la dificultad de no responder ante las imágenes de niños cubiertos de polvo y sangre, y, sin embargo, cabe preguntarse ¿por qué EEUU actúa ahora?, ¿qué diferencia hay entre la muerte de un niño por gas sarín de la de uno asesinado por una bomba o un disparo hace dos meses? Ninguna.

La desesperación de Donald Trump revierte sus promesas electorales
Nikki Haley, embajadora de EEUU ante la ONU muestra las fotografías de las vícitmas del ataque químico en Siria ante el Consejo de Seguridad | Foto: AP /Bebeto Matthews

“La impresión que dan los estados occidentales es que las víctimas civiles producidas por ataques químicos son víctimas de una calidad o cualidad superior a aquellas que se producen por el ataque de armas convencionales. Según parece se nos quiere hacer ver que hay diferentes tipos de víctimas”, explica Vacas. Esta premisa es, sin embargo, una estrategia por la que justificar un acto ilegal cuyo fin último es reforzar la posición de Trump en Washington después de las consecutivas derrotas políticas sufridas en sus primeros meses de gobierno y entre las que se encuentra precisamente la prohibición de acoger refugiados sirios.

2.El nuevo John Wayne de la sociedad internacional

“La Carta de Naciones Unidas prohíbe el uso de la fuerza en las relaciones internacionales. Se permite sólo en caso de legítima defensa y mediante la autorización del Consejo de Seguridad. Como esto no ha sucedido, el bombardeo en Siria es ilegal. No es de recibo que un solo estado se arrogue la posibilidad de determinar cuándo está en interés de todos usar la fuerza”, explica Vacas. Beatriz Yubero también matiza que lanzar un ataque sobre bases del Ejército sirio cuando se desconoce la autoría del ataque “no solo es inapropiado, es imprudente e insensato. Viola la soberanía sobre las fronteras del estado de Siria, que nos guste o no, sigue en manos del gobierno de Assad”. Vacas también advierte que, frente a la posición firme de Francia y Alemania contra la agresión de Bush en Irak en marzo del 2003, “hoy es muy lamentable ver cómo en Europa, en parte por nuestro ensimismamiento y crisis de autoestima, no tenemos la fuerza de levantar la voz”.

“Quería apartarse de la responsabilidad del liderazgo global, pero sin perder el sentimiento de reivindicación nacionalista”

Que EEUU se salte las leyes internacionales es también un hecho. Usar las armas para proteger los intereses del país es la política más nacionalista y más antigua de todas. Y Trump necesita congraciarse con la cúspide republicana, por eso “se pretende volver hacia finales de la Guerra Fría en la que EEUU es el sheriff y se encarga de establecer la paz porque es un país bueno por naturaleza. Internacionalmente, se vuelve a la posición ya vivida con otros presidentes, que pretende situarse por encima de la ley”, explica Vacas.

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Los autobuses que evacuaban a miles de personas ardiendo tras un atentado bomba | Foto: Reuters/ Sana Sana

3. No nos olvidemos de los rusos

Cabe pensar entonces que Trump solo quería bombardear la base siria para demostrar que podía. “La acción fue como un tuit light porque desde el punto de vista puramente militar Trump se decantó por la opción claramente menos dañina”, puntualiza Vacas. Cuando The Objective pregunta a Yubero si los ataques han servido para algo, la respuesta es un tajante “realmente, no”. Entonces ¿qué se perseguía? ¿tan solo mostrar músculo? Sí y no.

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El presidente ruso Vladirmir Putin estrecha la mano con el presidente sirio Bashar al-Assad | Foto: Reuters / Mia Novosta

La comisión de investigación sobre posible injerencia rusa en la campaña electoral de Estados Unidos es una complicación con la que el gobierno de Trump no contaba. El mensaje que lanza el ataque es claro. “Quiere demostrar que es capaz de atacar y tomar acciones contra Al Assad, que es íntimo aliado de Putin y que no le tiembla el pulso. Así, los servicios de inteligencia y la comisión toman nota”, apunta el catedrático. De nuevo, es necesario recalcar que Trump escogió la acción menos dañina, no vaya a ser que Putin se enfade de verdad.

La incertidumbre del futuro

Es muy probable que Trump no vuelva a atacar de la forma que lo hizo en Siria, más que nada porque como aclara Yubero “aunque el avance es lento, los acuerdos de reconciliación nacional están funcionando. Sin embargo, una transición es un proceso complejo y largo. Además, los actores involucrados empiezan a estar cansados del escenario sirio. Prestemos atención a Yemen, y su repentina ‘entrada’ en los mass media”. Por el momento, Trump se limitará a “afianzar su nuevo eje en Oriente Próximo: Erdogan, Al Sisi en Egipto -con quien ha retomado las buenas relaciones- y Netanyanhu en Israel, por no olvidar a Arabia Saudí”.

Si esto implica mostrar los dientes, Trump no puede mostrarse débil, por el simple hecho de que su posición en la Casa Blanca no estaría asegurada. Por eso la bravuconería de la política de Corea del Norte, por ejemplo. Ser impredecible es parte de su política y él lo sabe, la exprimirá y la recubrirá de valores que para él no significan nada. A Trump no hay que tomarlo por lo que no es.

Mi nombre es Nina Simone

Jorge Raya Pons

Foto: Ron Kroon
Wikimedia

Un periodista le preguntó a Nina Simone qué significaba para ella la idea de libertad. Nina, que tenía unos gestos muy dramáticos, en un sentido teatral, dijo que solo es una “sensación”. Luego mantuvo el silencio por unos instantes y respondió con otra pregunta: “¿Cómo le dices a alguien lo que es estar enamorado? ¿Cómo le explicas a alguien que nunca se enamoró qué sientes al estar enamorado?”.

Nunca entendimos a Nina, que arrastraba consigo la tristeza. Nina fue la reina del jazz, del blues, del soul. Pero mucho antes de aquello, antes incluso de llamarse Nina Simone, fue una niña que creció en Tryon, un pueblo pequeñito de Carolina del Norte donde la vía del tren separaba las casitas de los negros de la ciudad de los blancos. Eunice Waymon, así se llamaba, tenía tres años cuando comenzó a tocar el piano en la iglesia del pueblo, con todos esos hombres y mujeres cantando a Dios con los brazos en alto, y fue allí donde la descubrió una mujer anciana y blanca que pidió permiso a sus padres para darle clases de piano, convencida de su potencial. Fue esta señora quien le abrió un mundo con Bach, con Debussy, con Brahms. Le dijo y le repitió, para que no tuviera dudas, que algún día sería la mejor pianista de todas, y estuvo cerca de serlo.

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Nina Simone, 1969. | Foto: Gerrit De Bruin/Wikimedia

Porque Eunice, además de ser mujer, era negra, y no eran los mejores tiempos para serlo. El racismo estaba profundamente arraigado en el alma de los sureños blancos, tan recelosos. Eunice nunca pudo desprenderse de todo aquello, y la única etapa en la que se apartó ligeramente de la música no tuvo otro motivo que su implicación en la lucha por los derechos civiles de los negros. Era tal el grado de racismo, tan crudo, tan repugnante, que Eunice se lo recordó a su hija durante toda su infancia. Y esta, a su vez, repitió las palabras de su madre varios años después en una entrevista: “Me contó muchas veces que le decían que su nariz era demasiado grande, sus labios demasiado carnosos y su piel demasiado oscura”.

Eunice siguió intentando cumplir el sueño de ser la primera pianista clásica negra, y tantas veces como lo intentó encontró el fracaso. Ella siempre lo atribuyó al racismo, y esta es una circunstancia que nunca podrá demostrarse. Sin embargo, siguió con sus estudios de música y se mudó a Filadelfia junto a su familia en busca de un futuro mejor. Eran pobres y Eunice solo tenía sus manos para tocar el piano. Trabajó durante meses en un bar de noche y allí le ofrecieron poner la música, pero para ello no solo tenía que estar dispuesta a cantar, sino a hacerlo con cualquier género: jazz, soul, pop. Eunice no confiaba en ser una buena cantante, pero necesitaba el dinero y aceptó la oferta. En ese tiempo se esforzó por ocultar el origen del dinero a su madre, que jamás hubiera tolerado que procediera de esa música pagana, y Eunice Waymon no encontró otra solución que buscar un sobrenombre; así se convirtió en Nina Simone, y conservó esta identidad hasta su muerte.

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Nina Simone, junto a su hija Lisa, en 1965. | Foto: AP Photo

La vida de Nina fue miserable en cada una de sus etapas y la nostalgia fue consumiéndola lentamente con el tiempo, algo que se hizo cada vez más evidente. Si uno se dedica a pasar sus vídeos, a organizarlos cronológicamente, puede observar cómo esa sonrisa que iluminaba en los primeros años se fue apagando, acompañada por una mirada cada vez más perdida, al borde del derrumbe. Nina, en los 70 años que vivió, sufrió desengaños, rechazos, odio, violencia machista, depresiones; nunca le permitieron ser feliz y ella castigó del mismo modo a su hija, que solo conoció una madre angustiada y en guerra con el mundo.

Cuando a Nina le preguntaron aquel día por la libertad, reconoció finalmente haberla sentido por breves lapsos: “Un par de veces”, añadió, concentrando en una respuesta todo su espíritu. “Para mí la libertad es no tener miedo. Ojalá pudiera vivir así la mitad de mi vida”.

Nina murió un día como hoy de 2003, sola y en el olvido, mientras dormía en una ciudad balnearia en el sur de Francia.

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