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Del origen incierto de las Fortune Cookies a los Oscar

Marta Ruiz-Castillo

China celebra este sábado su Año Nuevo por todo lo alto. Como se merece todo inicio de etapa, los chinos disfrutan durante estas fechas de coloridos desfiles, símbolos, música, y comida típica.

Puede que entre esos manjares en esta fiesta haya quienes, con el postre, incluyan galletas de la fortuna o puede que no. Pero una cosa está clara: cuando pensamos en las Fortune Cookies – tan famosas que tienen su propio día, el 13 de septiembre – pensamos en China.

Estas pequeñas galletas en forma de media luna que, al abrirlas, contienen un diminuto trozo de papel con una frase escrita, desde el punto de vista culinario no son ninguna exquisitez, aunque para gustos, los colores. La esencia de estas pequeñas golosinas reside en realidad en los mensajes que esconden y que van, desde consejos prácticos hasta augurios de todo tipo o chascarrillos y frases sin sentido. A esas sentencias hay que sumar la presencia de unos misteriosos números.

Vayamos por partes porque esto tiene más miga de lo que parece. Pese a su fama, el origen de estas galletas es incierto y hay varias teorías, cada cual más curiosa. Según algunas versiones, se inventaron – como casi todo – en Estados Unidos. Aceptando esa premisa, hay quien asegura que las Fortune Cookies proceden de California pero existen intensos debates sobre a qué ciudad del Estado corresponde atribuir la paternidad.

'Ya era hora de abandonar esta galleta', es el mensaje.
‘Ya era hora de abandonar esta galleta’.

Una de las hipótesis que barajan los expertos en esta materia, si es que se puede hablar en esos términos, es que la idea original se le ocurrió en 1918 a un tal David Jung, un inmigrante chino que vivía en Los Ángeles y fundador de la compañía Hong Kong Noodle. Al parecer, al hombre le preocupaban los pobres que veía deambulando cerca de su tienda y decidió hacer unas galletitas para repartirlas por la calle. Cada galleta llevaba en su interior una fina tira de papel con una frase inspirada en la Biblia escrita para Jung por un ministro de la iglesias presbiteriana.

Otra teoría sobre el origen de las Fortune Cookies sostiene que fueron elaboradas por primera vez en San Francisco por un inmigrante japonés llamado Makoto Hagiwara, que fue el jardinero que diseñó el famoso Jardín de Té Japonés en el Golden Park de la ciudad. Su historia es también interesante, ya que un alcalde anti japonés le despidió a principios del siglo XX por lo que había hecho, dejándole en una situación bastante precaria. Con el paso del tiempo, ese alcalde fue sustituido por otro que volvió a contratar a Makoto. Como gesto de agradecimiento a las personas que le habían permitido seguir adelante durante ese duro periodo de su vida entre un trabajo y otro, al jardinero no se le ocurrió nada mejor que inventarse unas galletas en 1914 con notas de agradecimiento en su interior. Las llevó al Jardín de Té Japonés y comenzó a servirlas con regularidad y en el año 1915 eran ya tan conocidas que se exhibieron en la Exposición Panamá-Pacífico, en el marco de la feria mundial de San Francisco.

Una tercera teoría afirma que las modernas galletitas ya existían en China en el siglo XIV. Cuenta la leyenda que un sacerdote taoísta y sus seguidores mandaban mensajes secretos dentro de unos dulces con forma de media luna para informar a los rebeldes chinos sobre el mejor momento para atacar a los invasores.

La leyenda achaca a un sacerdote taoísta el origen de las galletas de la suerte al elaborar unas en forma de media luna donde escondía mensajes para avisar a los rebeldes chinos del mejor momentos para atacar a los invasores

Para otros, el origen hay que buscarlo en Japón. En los tradicionales tsujira senbei o pasteles de arroz que se elaboraban en el santuario Hyotanyama Inari durante el siglo XIX y que llevaban mensajes de la suerte en su interior.

Hay un grupo de entusiastas de estas galletas que cree que la idea comenzó en torno al siglo XIX también y que fueron los trabajadores chinos del ferrocarril en América los que hacían a mano pastelitos con buenos deseos en su interior, se supone que para sobrellevar mejor el duro trabajo al que eran sometidos.

Sea como fuere y sin que haya sido posible aclarar el origen de las Fortune Cookies, lo cierto es que se convirtieron en algo típico en los restaurantes chinos de Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial. Los postres no eran parte de la cocina tradicional china y a los americanos les ofrecían algo que ellos conocían y les resultaba familiar, galletas, pero con un toque exótico.

Se avecinan cambios.
Se avecina un cambio, asegura este misterioso mensaje.

Lo que decida el tribunal

Con el paso de los años su popularidad creció tanto que en 1983 se celebró una especie de juicio en el seudo Tribunal de Revisión Histórica de San Francisco para determinar los orígenes de las Fortune Cookies. Hay que decir que este tribunal ya había decidido sobre cuestiones tales como la veracidad o no de la frase “El invierno más frío que he pasado en mi vida fue un verano en San Francisco”, del escritor estadounidense Mark Twain, o sobre los orígenes del martini, por poner algunos ejemplos de la seriedad y enjundia de los temas tratados por dicha corte.

Respecto a la galletas de la suerte, el juez – un auténtico magistrado de San Francisco – dictó sentencia, como no podía ser de otro modo, a favor de la ciudad en la que él vivía. Entre las pruebas en las que basó su decisión incluyó una galletita que llevaba el siguiente mensaje: “El juez que dictamine a favor de L.A (Los Ángeles) no es muy listo”. No fue tampoco ninguna sorpresa que la ciudad de Los Ángeles criticara la sentencia.

Mensajes para todos los gustos y ocasiones

Si bien hay algunos casos aislados de personas que aseguran que les gusta la textura y el sabor de las Fortune Cookies, a la mayoría lo que les atraen son los mensajes. Ahí está la clave de su éxito. Al principio procedían de la Biblia pero también se incluyeron aforismos de Confucio, frases del famoso fabulista Esopo o del gran Benjamin Franklin. En la actualidad, los mensajes incluyen un abanico inmenso de posibilidades pero abundan las frases crípticas, sin sentido, o consejos para sentirse bien; también las hay sosas o de difícil comprensión. Con posterioridad se incluyeron números para jugar a la lotería que mucha gente usa, y caras sonrientes, bromas e incluso consejos eruditos muy de andar por casa. Su popularidad es tal que los políticos americanos han usado estos mensajes en sus campañas electorales. También, con el tiempo, se han personalizado para bodas y fiestas de cumpleaños. Y aunque la forma se mantiene, también se venden de colores y dibujos de lo mas diversos. Pero las clásicas, las de toda la vida, siguen siendo las preferidas del público.

Elaboración de Fortune Cookies en el Jardín de Té Japonés de San Francisco.
Elaboración de Fortune Cookies en el Jardín de Té Japonés de San Francisco.

Los mensajes, al principio se escribían a mano con palillos chinos, pero en 1964, la Compañía Lotus Fortune Cookie de San Francisco automatizó el proceso creando una máquina que introducía el mensaje de la suerte en la masa desplegada recién horneada antes de doblarla. En 1989, Yong Lee creó la primera máquina totalmente automatizada para estas galletas, a la que llamó Fortuna IIIHoy, la mayor empresa del mundo de fabricación de estas galletas, Wonton Food Inc., situada en Long Island, Estados Unidos, comercializa 60 millones de galletas al mes. Un negocio redondo.

Estrellas en el cine y la televisión 

Dado que Estados Unidos considera como propias las galletas de la suerte, no es extraño que hayan dado el salto al estrellato. Se las ha visto en Springfield, sí en la ciudad de los Simpson en algún que otro episodio. En películas de serie B, incluso. Pero donde realmente adquirieron fama mundial fue en la ceremonia de los Oscar, los premios de cine por antonomasia, en 1967.

Billy Wilder, director de películas tan famosas como ‘Con faldas y a lo loco‘, ‘Sabrina‘, ‘Primera plana‘, ‘La tentación vive arriba‘ y tantas otras, dirigió en el año 1966 una cinta titulada, nada más y nada menos, que ‘The Fortune Cookie‘ y que en España tuvo el curioso título de ‘En bandeja de plata‘. Una historia ácida y divertida a partes iguales interpretada por Jack Lemmon y Walter Matthau como actores principales, que marcó el comienzo de numeroso trabajos juntos de gran éxito en la gran pantalla.

Sin duda a Matthau le trajo suerte ‘The Fortune Cookie‘ porque se llevó el Oscar a mejor actor secundario por su papel de Willie Gingrich, un abogado sin escrúpulos y timador, que borda el papel.

Walter Matthau, junto al Oscar recibido por su papel en 'The Fortune Cookie' en 1967 (AP/ Foto:David Smith).
Walter Matthau, junto al Oscar recibido por su papel en ‘The Fortune Cookie’ en 1967 (AP/ Foto:David Smith).

Hay quien cree en las sentencias y mensajes que aparecen en las tiras de papel que esconden las famosas galletitas, mientras que para otros es solo un divertimento ver qué les ha tocado y especular en broma con las frases. Y hay quien usa los números que aparecen en esas mismas tiras para rellenar los boletos de la Bonoloto como un acto de fé. Y es que, como decía el famoso torero, ‘Hay gente pá tó’.

¡Feliz Año Nuevo Chino!

Viajar sin cámara es posible… si sabes dibujar. Cuatro artistas españoles te lo demuestran

Álvaro R. de la Rubia

Foto: Aleix Gordo
Aleix Gordo

Fotografiamos nuestras experiencias, elegimos el motivo, el encuadre, la luz y nos llevamos un trocito de los lugares por los que pasamos. Es la forma que la mayoría tenemos de conservar el recuerdo de nuestras vivencias, pero no es la única. Algunos artistas en lugar de tomar fotografías (o además) durante sus viajes, aventuras o paseos hacen dibujos para conservarlos filtrándose a través una de las cosas más personales que se puede poseer: un estilo propio. No hacen fotos para descubrir en casa aquello que se perdieron durante su viaje sino que analizan los detalles de lo que les rodea para plasmarlos allí mismo sobre el papel. Desde urban sketchers a observadores de nubes, el dibujo puede ser una forma única de recordar y probablemente una manera más fiel de mostrar lo que se ha vivido. Estos artistas españoles lo demuestran.

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Ilustraciones de Aleix Gordo en Hong Kong

Aleix Gordo

Aleix Gordo, ilustrador, diseñador y muralista de Barcelona, conserva tras algunos de sus viajes libretas en las que, a modo de diario gráfico personal, se entremezclan personas con las que se cruzó, escenarios a medio camino entre la realidad y su imaginación y acontecimientos que es difícil determinar si sucedieron de aquella forma o no más allá de sus páginas. “En Japón empecé a hacer una cosa diferente”, cuenta Aleix. “Dibujaba a la gente que veía por las calles, los interpretaba a mi manera e incluía bocadillos sin texto. Luego a mis amigos japoneses les pedía que rellenasen esos bocadillos. Es un ejercicio muy divertido y es muy curioso ver sus reacciones. Yo los dibujaba y ellos les daban vida con sus textos”.

Desde 2001 llena libretas en las que refleja sus vivencias tanto exteriores como interiores (siempre el mismo modelo, de la misma marca con el mismo papel) aprovechando los trayectos y momentos de soledad durante sus viajes para dibujar: aviones, trenes, madrugadas de hotel…  “En Hong Kong es difícil encontrar un sitio tranquilo donde pararse, así que aprovechaba en el metro, se veían personajes muy curiosos que era un placer dibujar. En Tokio, sin embargo, tuve la suerte de vivir en una casa antigua en un barrio tranquilo y dedicaba las mañanas a dibujar”.

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Detalles de un paisaje de Pau Rodríguez

Pau Rodríguez

El caso de Pau es diferente. El dibujante mallorquín, autor de las aventuras de la saga de Atlas y Axis, es un gran aficionado a la montaña y aprovecha sus salidas para encontrar los paisajes en los que se desarrollarán sus cómics. Sus dibujos son apuntes al natural que sirven más tarde como base para elaborar la ambientación de sus viñetas.  “A veces yendo de excursión me topo con composiciones, ambientes o colores que me gustaría reproducir en alguna viñeta. Si llevo la cámara no me fijo tanto: saco la foto para verla más tarde y después en casa ya no es lo mismo” explica Pau.

Cuando el dibujante mallorquín quiere retener algunos de los detalles de un paisaje toma notas a papel y boli pero, en otras ocasiones, cuando quiere recoger un efecto que ha visto cuenta con material extra para plasmarlo.

“Aquí, por ejemplo, quería hacer una primera página para La Saga de Atlas & Axis y me fui a un rincón desde donde pudiera ver ponerse el sol sobre alguna peña. Me llevé la libreta y una caja de lápices de colores. No se trata de hacer un dibujo bonito, sino informativo, al que añado notas para reforzar lo que no soy capaz de plasmar con los lápices. Después, en casa, entre lo que recuerdo y lo que apunto, hago el dibujo final”.

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Sketch de Paco Lobón

Paco Lobón

Este artista gaditano no sale de viaje sin su libreta en la que, como cuaderno de bitácora, vuelca sus vivencias, ya sea en forma de tiques de tren, anotaciones del momento o ideas para nuevos proyectos.

Cuando viajo intento encontrar un momento en el que me vengan las ganas de dibujar, no intento forzar esas sensaciones. A veces es ese momento en el que te vuelves observador, algo más contemplativo que de costumbre. Dibujar un lugar requiere una implicación con el entorno. Analizas las formas, las siluetas, la luz, la sombra… vas reconociendo el espacio. En Chiclana, de donde yo soy, siempre me siento en el mismo punto del paseo marítimo a dibujar cada vez que vuelvo de visita”.

Paco Lobón encuentra motivos interesantes que dibujar en casi todo lo que se le pone por delante. Pero, si no los encuentra, solo tiene que observar un poco más arriba, ya que entre los dibujos de este artista también pueden verse representadas infinidad de nubes cuyas formas inspiran a Paco Lobón algunos de sus personajes: “Además de los sketch de paisajes que colecciono en mi libreta, me gusta dibujar las siluetas de las nubes  de los sitios que visito. Tengo nubes de Cádiz, Granada, Sevilla, Madrid, Bilbao… Siempre me he sentido atraído por las formas de las nubes, ellas sí que son unas auténticas viajeras”.

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Ilustración de Jonatan Alcina

Jonatan Alcina

Jonatan Alcina es un “urban sketcher” que encuentra en el dibujo uno de los mayores alicientes para viajar. En su colección de lugares retratados podemos encontrar desde la elegancia de las ciudades de la vieja Europa hasta la luz de varias localidades andaluzas. Friburgo, Praga, Venecia y, por supuesto, su Cádiz natal son solo algunos de los escenarios que aparecen en sus cuadernos de dibujo.

Aunque pueda parecer una actividad solitaria, Jonatan cuenta que no siempre es así: “Al dibujar en la calle te encuentras con todo tipo de personas que se acercan para interactuar contigo independientemente de que les interese el dibujo o no. Me he encontrado con una persona que se puso a hacerme trucos de magia cuando estaba sentado haciendo un dibujo, una vez me hicieron una entrevista para un reportaje sobre cultura andaluza para la televisión turca mientras dibujaba por las calles de Ronda, hay gente que me ha traído zumos y refrescos, pero sobre todo se conoce a muchas personas interesantes de todo tipo y de las que se aprenden muchas cosas”.

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La banalidad de Trump

Ferrán Caballero

Entrevistaban en La Vanguardia a Timothy Snyder para hablar de su último libro, “Sobre la tiranía. Veinte lecciones que aprender del siglo XX” y no tardó en salir la comparación entre Trump y Hitler que ya asomaba en el titular: “Trump destruye la verdad para acabar con la democracia”. Una comparación que no es sólo recurso periodístico, sino el ánimo mismo del libro, pensado y planteado para advertirnos de los peligros que acechan a la democracia y se encarnan en Trump y sus semejantes. La comparación no es sólo legítima sino necesaria, viene a decir Snyder, y lo explica diciendo que criticarla por exagerada es “una maniobra diseñada para soslayar la reflexión histórica y la experiencia”.

Yo mismo la critico, claro. No porque sea un error intelectual o un error moral. Sino porque es un error a secas. No es que no describa bien el asunto, porque ya sabemos que toda comparación es limitada y que “una semejanza de relaciones no es una relación de semejanza”. Ni que sea cosa poco ética o de mala educación. No es que esté mal, es que es un error. Cuando uno reduce todo lo malo a Hitler lo que hace no es banalizar el nazismo sino banalizar la crítica. Porque, en realidad, ni siquiera hace falta querer cargarse la democracia para cargarse la democracia. No hace falta un plan ni una intencionalidad. Es mucho peor, porque basta con la incompetencia o la frivolidad.

Cuando criticamos a nuestros propios populistas y extremistas por sus oscuras intenciones, por sus simpatías chavistas y sus pretensiones totalitarias, les estamos haciendo más un favor que una crítica. Les estamos dando la oportunidad de refugiarse en la bondad de sus intenciones, hasta de volver a la matraca de que el comunismo era una noble idea pero fue mal aplicada o que el chavismo pretendía liberar al pueblo mientras que los del Íbex sólo pretenden llenar sus bolsillos. Pero es que sus intenciones son irrelevantes. De lo que se trata aquí no es si Trump, Le Pen o Iglesias pretenden o no pretenden en realidad acabar con la democracia liberal y los derechos individuales. De lo que se trata es de que en cada una de sus acciones y en cada una de sus declaraciones debilitan este orden y nos acercan un poquito más a la jungla y al totalitarismo.

Dijo Burke que para que el mal triunfe basta con que los hombres de bien no hagan nada. Ni siquiera es necesario que los malvados traten de imponerlo. El mal se impone por si mismo porque la corrupción es la naturaleza misma de las cosas. De ahí que quien no trabaje para su preservación y mejora trabaje, lo quiera o no, lo pretenda o no, para su destrucción. De ahí que quien no trabaje en la defensa de la verdad y las instituciones trabaje, queriéndolo o no, en contra de la libertad y de la democracia. De ahí que cuando centramos la crítica en el juicio de intenciones no sólo estamos limitando la crítica sino dificultando la defensa. De ahí que cuanto más insistimos en llamar nazis a los adversarios menos les acompleja la crítica y con más facilidad se defienden de ella apelando a los nobles sentimientos de las buenas gentes que sólo quieren salud, dignidad y trabajo. Centrar la crítica en los actos y los discursos y no en las oscuras intenciones debería hacernos más comprensivos con los demás y más exigentes con los propios. Es muy probable que Trump no sepa lo que hace cuando presenta “hechos alternativos”. Pero eso lo hace más peligroso, y no menos.

¿Llegaremos a una guerra nuclear? Los satélites nos dan pistas

Redacción TO

Foto: KCNA KCNA
Reuters/Archivo

Cuando Kim Jong-un lanzó el 14 de mayo un misil a unos 2.000 kilómetros de altitud, logró demostrar que el país más aislado del mundo sigue trabajando, y parece que con éxito, en el desarrollo de armamento nuclear cuyo objetivo son las bases estadounidenses.

Las preguntas que podríamos hacernos son muchas, ya que está en juego la paz mundial y la estabilidad del planeta, pero concretamente, estaría bien saber cuándo podrían llegar estos misiles de largo alcance a Estados Unidos, y si realmente es posible que Corea del Norte pueda llevar a cabo este ataque como respuesta, según justifica Pyongyang, a las amenazas estadounidenses.

Bien, vayamos por partes. El país que gobierna Kim Jong-Un está desarrollando un misil que transportaría una cabeza nuclear para alcanzar la parte continental de Estados Unidos. Para lograr que el ataque tenga éxito, este misil necesitaría llegar a los 8.000 kilómetros de altitud o más, y contar también con la tecnología necesaria para asegurar la estabilidad de reingreso en la atmósfera de la cabeza nuclear.

Esta prueba “representa un nivel de desempeño nunca visto antes en un misil norcoreano”, asegura el experto en aeroespacio John Schilling en un análisis en el sitio web estadounidense 38 North, según cita Reuters. “Parece que no sólo ha demostrado que tiene un misil balístico de alcance intermedio (IRBM) que podría permitirle atacar de forma fiable la base estadounidense situada en Guam, una la isla del Pacífico; sino que también, y esto es lo más importante, puede representar un avance sustancial en el desarrollo de un misil balístico intercontinental (ICBM)”. La agencia oficial de noticias norcoreana, KCNA, resalto la precisión en la detonación y cómo el misil logró sobrevivir “bajo la peor situación de reingreso” en la atmósfera.

¿Llegaremos a una guerra nuclear? Los satélites nos dan pistas
Kim Jong-un asiste a todos los ensayos nucleares. | Foto: KCNA

Con todo ello, podríamos decir que Corea del Norte sí avanza en lo que se refiere a armas nucleares y, por supuesto, Estados Unidos ya las tiene, así que si alguno de los dos países en discordia decidiera atacar ¿podríamos saberlo con antelación? Los satélites nos podrían dar pistas, según se explica en Quartz.

Durante los últimos años, compañías satelitales como DigitalGlobe y Planet han ofrecido una gran cantidad de datos a analistas de seguridad o grupos de pensadores para analizar los programas de ingeniería a gran escala, utilizados en la construcción de armas de destrucción masiva. El director del programa ‘East Asia Non-proliferation’ en el Instituto de Estudios Internacionales Middlebury, Jeffrey Lewis, asegura que “los analistas tienen más información hoy de la que podían tener en los años 60 y 70, incluso aquellas personas que tenían acceso a la información clasificada”.

Así, durante la Guerra Fría, los analistas independientes basaban su información, esencialmente, en lo que podían obtener de los amigos que tenían el los gobiernos, en los periódicos o en los documentos desclasificados, y hoy la situación es distinta. Aunque aún se cree que los satélites gubernamentales sobrepasan el poder de la tecnología de aquellos que son comerciales, gracias a los datos que ofrecen y gracias también a Internet, analistas como Lewis pueden rastrear la construcción de estas armas, e incluso rebatir la información que dan las fuentes oficiales.

Por ejemplo, el año pasado, Corea del Norte llevó a cabo un intento de prueba de misiles de alcance medio que resultó fallido y no pudo llegar a Estados Unidos, según analistas de la inteligencia norteamericana. Como las pruebas fallaron, el radar militar no pudo identificar la capacidad de los misiles norcoreanos, sin embargo, gracias a las fotografías de la compañía de satélites Planet, Lewis y sus colegas pudieron comparar los daños causados por los misiles y estimar que eran más grandes de lo que pensaban y que, por tanto, la capacidad de recorrido de dichos misiles era mayor de lo que afirmaban las estimaciones oficiales.

El arsenal de misiles de Corea del Norte está diseñado para que se pueda dar la orden de despegue desde un teléfono móvil, y así ocultar mejor la información a todos los adversarios. Todo esto hace que reunir pistas desde el espacio sobre las pruebas que realiza el país sea aún más complicado. Sin embargo, los analistas pueden combinar las visiones que puedan obtener desde el espacio, con el análisis minucioso de las fotos de propaganda que ofrece Corea del Norte y así lograr una comprensión técnica de cómo se están desarrollando los misiles y las armas nucleares. Lewis compartió en las redes que el misil más reciente que lanzó el régimen de Pyongyang fue el que se presentó en un desfile militar el mes pasado.

Para entender los ensayos nucleares subterráneos realizados por el régimen norcoreano se utilizan mediciones de satélite que permiten construir un mapa tridimensional de la montaña donde se realizan, en un esfuerzo por comprender mejor el rendimiento de las explosiones.

Desde Estados Unidos se ha intentado localizar los movimientos del dictador norcoreano, ya que asiste personalmente a cada ensayo nuclear. El equipo de Kim Jong-un podría sospechar que están intentando traquear al líder, ya que Lewis y sus colegas han notado un esfuerzo mayor por parte de los norcoreanos para camuflar la ubicación de Jong-un. Sin embargo, otro analista de Middlebury, David Schmerler, logró frustrar un intento de ocultar la ubicación de Kim, mediante la comparación cuidadosa de señales de tráfico en fotos de propaganda, con las películas subidas a YouTube por turistas chinos.

¿Llegaremos a una guerra nuclear? Los satélites nos dan pistas 1
Cada vez son mayores los esfuerzos para intentar ubicar al líder norcoreano. | Imagen: Planet

Sin duda, la información (llegada desde el espacio o no) es poder y puede servir para prepararse, para prevenir sobre situaciones límites, pero también para generar más guerra. Lewis cita en Quartz la ocasión en la que la administración de Barack Obama utilizó las imágenes obtenidas desde el cielo, para pedir apoyo al bombardeo sobre Siria, después de que el régimen utilizara armas químicas. “Creo que los sirios lo hicieron, pero una cosa que noté fue que los expedientes publicados por los Estados Unidos, Reino Unido y Francia con el fin de hacer público el caso, se parecieron mucho a los expedientes de guerra pre-Irak”.

Inteligencia artificial: el mito de las máquinas autoconscientes

Jorge Raya Pons

Foto: KIM KYUNG-HOON
Reuters

Garry Kasparov era un joven entusiasta y soberbio que no podía imaginar que enfrentándose a una máquina podía salir derrotado. Pusieron frente al tablero del ajedrecista ruso, en febrero de 1996, un ordenador IBM que prometía una tecnología nunca vista; aquella supercomputadora se permitía analizar hasta 100 millones de movimientos por segundo y había recibido el nombre de Deep Blue. Cuentan los cronistas que Kasparov se llevaba las manos a la cabeza, que su gesto altivo inicial se fue transformando en un gesto preocupado y que finalmente ganó la partida por un margen muy estrecho.

Los informáticos de la compañía estadounidense decidieron desafiarlo una vez más en junio de 1997 advirtiéndole de que el oponente, en esta ocasión, sería más poderoso; habían fabricado una versión más sofisticada, más inteligente, que doblaba la capacidad de su versión anterior. A este ordenador lo llamaron Deeper Blue y acabó venciendo al campeón ruso, instalando la tristeza en su oponente y la duda en los expertos del ajedrez, que no podían imaginar que un escenario como aquél fuera posible. ¿Y si una máquina se había convertido en el mejor ajedrecista del mundo?

Esta historia refleja esa competencia casi literaria que existe entre la inteligencia humana y la inteligencia artificial a través uno de los casos más sonados en los que el cerebro humano se ha visto derrotado por el procesador de una computadora. Han pasado 20 años desde entonces y la inquietud ha ido en aumento; la tecnología no ha dejado de avanzar, de agregar mejoras, y cada vez está más presente en nuestros trabajos y hogares. Una gran parte de esta tecnología funciona, sin nosotros saberlo, gracias a mecanismos de inteligencia artificial.

¿Y si la inteligencia artificial superase a la inteligencia humana?
La partida de 1997 entre Garry Kasparov y una computadora de IBM, televisada. | Foto: Kathy Willens/AP Photo

Cuando un GPS nos sugiere una ruta o un restaurante, estamos interactuando con inteligencia artificial. Cuando una página web nos ofrece una noticia, cuando nos enfrentamos al usuario automático en un videojuego, estamos beneficiándonos de ella. “Desde el momento en que una máquina tiene unos sensores o una cámara, algo que recibe información y que puede procesarla y tomar una decisión simulando o haciéndolo muy parecido a como lo hace una persona, se conoce como inteligencia artificial”, explica Sergio Escalera, profesor del máster de Inteligencia Artificial de la Universidad de Barcelona.

“Estamos progresando en simular la conciencia, pero lejos de conseguir que una máquina sea consciente de sí misma”

Existe una sensación alimentada por las ficciones de que la inteligencia artificial es un elemento distante, a veces peligroso, que avanza un futuro distópico donde los hombres se someten a las máquinas. Esta hipótesis, claro está, es un gran nutriente de novelas y películas, pero la actualidad desvela una realidad bien distinta, como asegura Escalera: “Estamos muy lejos de que las propias máquinas tomen decisiones para hacer cosas diferentes para las cuales han sido programadas”.

Y eso pese a que los investigadores y desarrolladores se esfuerzan para que una máquina se asemeje cada vez más a los humanos: en los movimientos que hacen, en las acciones que ejecutan, en la forma que tienen de tomar decisiones. Sin embargo, como recuerda el profesor, nos encontramos a años luz de conseguir que un ordenador tenga emociones, sea capaz de sentir y de sentirse, de cobrar una conciencia sobre su propio existencia, y este es un factor clave. “Todo está avanzando, pero la conciencia es un mito”, dice Escalera. “Estamos igual que hace 50 años. Estamos progresando mucho en simular la conciencia, pero muy lejos de conseguir que una máquina sea consciente de sí misma”.

“Cuando una máquina lee novelas, puede aprender de la semántica y generar conocimientos”

Con todo, la incapacidad de las máquinas para empatizar y emocionarse, como se encarga de recordar el experto, no guarda relación con una inutilidad para crear belleza o provocar emociones. Una de las funciones más interesantes de la inteligencia artificial es que dota a sus ordenadores de la capacidad de aprender; a partir de determinadas técnicas, las máquinas aprenden de sus propios errores, son capaces de rectificar y perfeccionar sus aptitudes. Pese a todo, los resultados son todavía pobres y nos encontramos en un estadio primigenio. En cualquier caso, esta circunstancia alimenta una pregunta: ¿Podría aprender una máquina los elementos esenciales de la belleza, pintar un cuadro, escribir un poema?

¿Y si la inteligencia artificial superase a la inteligencia humana? 1
Commerce Bot, una máquina de servicio al consumidor, funciona con inteligencia artificial. | Foto: Paul Hanna/Reuters

Escalera sostiene que sí, que un robot puede que no tenga conciencia de sí mismo, que no sea capaz de sentir emociones, pero sí de provocarlas; la falta de conciencia no equivale, pues, a una falta de creatividad. “Yo creo que esto es distinto”, continúa el profesor. “Una cosa son las emociones y la conciencia, que están muy ligadas a los humanos y los seres vivos, y otra la creatividad y la capacidad de decidir. Cuando una máquina lee muchas novelas, puede aprender de la semántica y generar nuevos conocimientos, y a eso se le puede llamar arte. De esto no estamos tan lejos. Pero eso lo habrá creado sin emociones y sin conciencia, de forma mecánica. Una máquina puede crear emocionar en los humanos”.

En último término, persiste la duda de si un ordenador puede superar en inteligencia a un ser humano. “Sin duda, la inteligencia artificial es más rápida”, dice Escalera. Sin embargo, esta parece todavía una comparación difícilmente sostenible; los parámetros a determinar no están claros y el cerebro sigue siendo un misterio insondable. Aunque esta circunstancia no impidió que Ray Kurzweilun, director del departamento de ingeniería de Google, situara en 2029 la fecha en que este adelantamiento se producirá.

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