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Desmontar los espectros para reescribir el mañana: voces de jóvenes académicos sobre la Venezuela postchavista

Borja Bauzá

Foto: Carlos Garcia Rawlins
Reuters

El pasado viernes 3 de noviembre la Facultad de Letras de la Universidad de Lisboa acogió un congreso de académicos que se reunieron para analizar el periodo postchavista; el que comenzaría con la desaparición física de Hugo Chávez. Magdalena López, investigadora venezolana de la institución lusa, organizó el evento con la intención de hacer partícipe a Portugal del debate mundial que existe en torno al país latinoamericano. Al simposio acudieron investigadores afincados en Estados Unidos y Europa. Existía la intención de traer también a varios académicos radicados en Venezuela, pero el alto coste del traslado hizo imposible su presencia.

Corría el mediodía en una de las salas de la Facultad de Letras de la Universidad de Lisboa cuando el veterano periodista venezolano Tulio Hernández, sentado en una de las últimas filas del aula a medio llenar, levantó la mano para decir lo siguiente: “Estoy viendo un proceso de reflexión sosegado en lugar de opiniones cargadas de rabia”. Era su forma de aplaudir cómo se estaba desarrollando el seminario “Cultura, violencia y poder en la Venezuela (post)chavista”. Una rara avis en la que no se registraron interrupciones, cruces de acusaciones o la demonización del “otro”; la rutina habitual en los simposios que desde hace años se organizan en todo el mundo para tratar el caso venezolano.

Tulio escapó de Venezuela hace unos meses. Fue después de que el presidente Nicolás Maduro pidiera públicamente, en televisión, cárcel para él. Dice que lleva dos semanas sin escribir su columna dominical en El Nacional, uno de los diarios más críticos con el gobierno de Maduro. Es la primera vez en 20 años que se ausenta tanto tiempo. Se le percibe triste y cansado. O, como dicen allá, con el corazón arrugado. “En España estoy preparándome para vivir una vida nueva, pero no sé cuál va a ser”, explica. Tiene 61 años.

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Portada de “Una nación a la deriva” de Tulio Hernández | Imagen vía Libros El Nacional

Su intervención va a ser la última de la jornada. También va a ser la más melancólica. Sin embargo, las conferencias de Lisboa le dan motivos para la esperanza. Cuando le toca el turno de bajar al estrado a exponer, Tulio comienza repitiendo la felicitación lanzada al mediodía desde la última fila del aula; qué bien que todo esté discurriendo por cauces analíticos y serenos. Y añade: “Está apareciendo un nuevo tipo de venezolano, gente joven que se está formando fuera con la intención de regresar”.

En efecto. La mayoría de los ponentes invitados al seminario son académicos venezolanos que no llegan a los 40 años y desarrollan proyectos de investigación en universidades solventes de Estados Unidos y Europa. Aunque proceden de áreas de estudio distintas –la literatura, el arte, la ciencia política o la música– todos comparten denominador común: están especializados en su país.

No ahorran en críticas al gobierno de Nicolás Maduro, ni al chavismo en general, pero las exponen sin visceralidad. No parecen interesados en trazar estrategias para derrocar a nadie ni chapotean en la amargura típica de las comunidades exiliadas. El tono imperante está exento del afán de venganza. Se esfuerzan en pensar la Venezuela de mañana y en cómo integrar dentro del relato nacional las dos últimas décadas sin que eso suponga un nuevo desastre para las generaciones futuras.

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Poster promocional de las conferencias en Lisboa | Imagen vía Borja Bauzá/The Objective

Se habla de perdón, por ejemplo. “Los venezolanos van a tener que perdonar y tolerar a gente que no les gusta”, asegura Andrés Malamud, investigador en la propia Universidad de Lisboa y secretario general de la Asociación Portuguesa de Ciencia Política (APCP). Malamud se refiere principalmente a los actuales dirigentes del país. Los presentes asienten mientras el politólogo va citando precedentes: Alemania, Argentina, Sudáfrica, España, Chile. En algunos casos se condenó a los que daban las órdenes, en otros el perdón fue generalizado. El grado de misericordia en Venezuela dependerá –dice– de cuánto poder atesoren los que hoy mandan cuando abandonen las instituciones.

María Teresa Vera-Rojas, doctora por la Universidad de Barcelona y la University of Houston, y especialista en el estudio de la literatura y cultura contemporáneas del Caribe hispano, también interpeló a los opositores. En su ponencia, Vera-Rojas criticó el enfoque de Siete sellos: Crónicas de la Venezuela revolucionaria (Kalathos), un libro que se ha publicado recientemente y en el que se denuncian los atropellos cometidos por el régimen de Maduro. La académica no cuestionó la validez de la denuncia, o sea la existencia de esos atropellos, pero sí se refirió a “los síntomas alarmantes de una sociedad en descomposición”. El principal: la falta de empatía hacia los “otros” –los chavistas– en algunas de las crónicas recopiladas y la consiguiente falta de acercamiento para intentar comprender por qué todavía hay millones de venezolanos defendiendo el legado de Hugo Chávez.

Este es un tema que también abordó Rebeca Pineda Burgos, investigadora en la City University of New York (CUNY), al diseccionar la novela Patria o Muerte (Tusquets). En ella el escritor Alberto Barrera Tyszka aborda la enfermedad y muerte de Hugo Chávez y representa el chavismo como una multitud, un cuerpo colectivo en el que la individualidad brilla por su ausencia. ¿Hasta qué punto se puede empatizar con un cuerpo sin ojos?

Pero la mirada hacia el futuro pasa irremediablemente por el análisis del pasado. Irina Troconis, de la New York University, quiso llamar la atención sobre un hecho curioso: la omnipresencia de Hugo Chávez en las calles de Venezuela casi cinco años después de su muerte. En carteles, murales, pósteres, camisetas y tiendas de suvenires; el Comandante sigue acechando en cada esquina. “Venezuela es un país que ha renunciado al orden temporal; ya no hay pasado, presente o futuro. Todo lo ocupa el espectro de Chávez”, explica Troconis. A Chávez se le compara con el Che Guevara y con Simón Bolívar. El revolucionario argentino murió en 1967 y El Libertador algo antes: en 1830. El país que susurra a los muertos, pensaría un observador sarcástico. Pero las consecuencias son graves: “Al estar en todas partes, Chávez se convierte en algo obvio, y su obviedad le convierte en algo incuestionable; así permea y condiciona la vida de los venezolanos”. Sería, en palabras de la propia Troconis, un espectro con vida política. Un culto cuasi religioso. Esta es una realidad que los opositores no deberían perder de vista cuando acabe el ciclo chavista en Venezuela.

Quizás el momento más emotivo de la jornada se dio al reproducirse el documental El ocaso del socialismo mágico, del cineasta romano Michele Calabresi, presente en la sala. El filme, de 78 minutos de duración, trata de explicar el porqué del chavismo; el porqué de su llegada y el porqué de su éxito en las urnas. La crisis del sistema político (y económico) de entonces explicaría lo primero y las políticas sociales destinadas a empoderar a las clases bajas venezolanas explicarían lo segundo. Ninguno de los entrevistados en el documental, y eso incluye al famoso opositor Leopoldo López, niega que Chávez quiso atacar, y atacó, problemas endémicos de la sociedad venezolana. Sin embargo, conforme avanza la película y se comprueba el descalabro de la estructura económica puesta en marcha por Hugo Chávez, el espectador también comprende el porqué de la situación actual. Calabresi cierra el documental con imágenes de gente rebuscando comida en la calle. Al encenderse las luces en el aula se hizo evidente que varios asistentes habían llorado. “Somos un país dinamitado y en el que nadie cree ya en nadie, un país que está a las puertas de una tragedia cuyas dimensiones todavía desconocemos”, sentenció Tulio Hernández tras el visionado.

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Poster de El ocaso del socialismo mágico | Imagen vía Borja Bauzá/The Objective

Sin duda. Pero no es menos cierto que, en ocasiones, las vanguardias surgen del peor contexto. Lo explicó Magdalena López, investigadora del Centro de Estudios Comparatistas de la Universidad de Lisboa y organizadora del simposio, en el discurso introductorio. Los efectos negativos de la crisis venezolana –dijo– son imponentes, pero, al mismo tiempo, esos efectos negativos han producido corrientes de pensamiento, obras y un ‘boom’ crítico y cultural sin precedentes en Venezuela. En opinión de esta investigadora, la convulsión intelectual generada por el chavismo al descubrirse como el falso heredero de la tradición guerrillera latinoamericana estaría dando paso a un renacimiento cultural de lo más prometedor.

Y, como me confesó el día después Magdalena López, uno de los objetivos del simposio era precisamente ese: poner en contacto a esa suerte de renacentistas para empezar a tejer un entramado intelectual y cultural dispuesto a explicar a los venezolanos, y de paso también al resto del mundo, qué futuro le espera a un país que nunca se soñó en ruinas.

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Vídeo | Nahuel Pérez Biscayart, actor de '120 pulsaciones por minuto': "Los jóvenes tratan el sida como algo del pasado"

Néstor Villamor

Foto: The Objective
The Objective

“Conozco casos de gente joven a la que, de golpe, diagnostican [como seropositivos] y uno dice: ‘Guau, ¿cómo puede ser que después de tanto trabajo, después de tantas muertes, tanta lucha dada no haya disminuido?’”. Lo dice Nahuel Pérez Biscayart, protagonista de 120 pulsaciones por minuto, un drama sobre la lucha contra el VIH que ha triunfado en Cannes. Lee la historia completa aquí.

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"Sé quien tú quieras ser", el discurso de Javi Calvo en los Feroz que nos ha hecho llorar a todos

Redacción TO

Foto: Cero
Movistar+

“La llamada habla del valor de ser tú mismo, de encontrar tu camino, y pese a quien le pese, ser quien tú quieres ser“. Así empezaba Javier Calvo su discurso al recoger el galardón a Mejor Comedia en los Premios Feroz. El creador de La llamada dio un ejemplo de cómo se puede aprovechar el minuto de agradecimiento al recoger un premio para hacer un gran discurso.

Calvo y Javier Ambrossi, ya conocidos como Los Javis o Las Javas, son directores y creadores de La llamada, la peli y la obra de teatro que lleva más de cuatro años llenando el teatro Lara. Son profesores de la academia de Operación Triunfo, donde han enseñado a los 16 concursantes a explorar sus emociones, a aceptarlas y a utilizarlas para ser mejores artistas y mejores personas. Además, son pareja, son homosexuales y orgullosos. Y anoche en los Feroz quisieron demostrar todo esto.

Yo soy gay“, empezó Javi Calvo. Esta afirmación —después haber sido sido pregonero del World Pride en Madrid y paseado orgulloso su amor por Javier Ambrossi por todas las alfombras y plataformas— solo pudo hacer estallar en risas al público. “No me digas. Cariño, lo sabe todo el mundo“, contestó divertido Ambrossi.

Pero Calvo —a quien este martes en redes sociales le han llegado a espetar que no era necesario decirlo así, puesto que todos somos “personas”— tenía un propósito. Decirlo bien alto y bien fuerte para que otros pudieran hacer lo mismo.

“Yo tengo un novio que me quiere, una familia que me apoya, y estoy aquí cogiendo este premio. Si alguien, algún niño, alguna niña, alguna persona me está mirando y tiene miedo, siente que está perdido, siente…”. Ahí, Javi no pudo aguantar más la emoción y estalló en lágrimas. Pero siguió p’alante, siempre p’alante: “Si siente que no le van a querer, que sepa que le van a querer, que va a encontrar su sitio. Que tu familia te va a querer y que vas a cumplir tu sueño, y que yo y él [Javier Ambrossi] vamos a escribir historias para que tú te sientas inspirado. De verdad, siempre”.

GRACIAS. GRACIAS. GRACIAS. Vamos a estar aquí para todos vosotros siempre.

Una publicación compartida de Javier Ambrossi (@soyambrossi) el

El discurso ha sido compartido miles de veces en redes sociales, incluso por políticos como Íñigo Errejón y Pedro Sánchez.

Continúa leyendo: La muerte de Óscar Pérez narrada en directo a través de Instagram

La muerte de Óscar Pérez narrada en directo a través de Instagram

Anna Carolina Maier

Foto: Stringer
Reuters

“El lunes 15 de enero ocurrió algo en nuestro país que quedará inscrito en la memoria de todos. Una masacre pública con un desmesurado uso de armas letales. La brutal exterminación de un grupo de venezolanos que optaron por una vía de rebelión, discutible, sin duda, pero dictada por una genuina preocupación ante la bota horrida de la dictadura”. Así lo explicaba el escritor Leonardo Padrón en un texto en el que evidencia la incredulidad por parte de la mayoría de los venezolanos a la autenticidad de este grupo rebelde. Incredulidad que ha sembrado durante 20 años el chavismo y el Gobierno de Nicolás Maduro.

Mientras el cuerpo de Óscar Pérez  descansa bajo tierra en El Cementerio del Este de Caracas, su imagen se ha revitalizado y ha tomado forma en una especie de ídolo post-mortem. Abundan sus fotos en las redes, así como los textos en los grupos de discusión, que tras su asesinato, lo han llegado a comparar con personajes históricos como “El Cid, que muerto, se hizo más vivo que nunca”, como dice el artículo de opinión del columnista Alfredo Salgado, que se volvió viral. 

Los venezolanos siguieron los detalles de la muerte de Óscar Pérez a través de las redes sociales y los medios digitales por donde se informan, en un país marcado por la censura a la prensa. El preludio a su ejecución -transmitida por él mismo en vivo mediante Instagram– conmocionó al país.

Pérez era piloto e inspector del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc), lo que correspondería en España a la Policía Científica. Fue por primera vez noticia cuando sobrevoló el 27 de junio de 2017 con un helicóptero robado el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y, supuestamente, disparó granadas sonoras contra esa sede de Gobierno y otra del Ministerio del Interior mostrando una pancarta en la que se leía el número 350 en grande. Hacía referencia al artículo constitucional que llama a la desobediencia civil, en medio de las protestas contra Maduro -las manifestaciones masivas más constantes registradas en América– que el año pasado dejaron al menos 150 muertos, la mayoría jóvenes entre 17 y 30 años.

Óscar tenía 36 años de edad y estaba casado con Danahis Vivas​, con quien tuvo tres hijos: Sebastián, Santiago y Dereck, que residen con su abuela desde 2017 en México por razones de seguridad. Hace poco tiempo se dio a conocer que perteneció a la filosofía masónica. Uno de sus hermanos, Edgar Alexander Velásquez Pérez, fue asesinado en un asalto en Venezuela, una de las razones que impulsó al joven policía rebelarse en contra de las injusticias de su país. En sus primeros discursos difundidos por Youtube, insistía en que lucharía por sacar al país de la crisis, donde se registra la inflación más alta del mundo -que cerró el año pasado en un 2.000%-; la violencia ciudadana anualmente se cobra la vida de más de 27 mil personas; y la escasez de medicinas y el hambre mata a cientos de personas, muchos de ellos niños.

La muerte narrada en redes sociales

La escena del 15 de enero recordaría una película de acción como la que transmite la televisión en horario estelar. Como en cualquier filme, hay tomas de interiores y exteriores.  A través de un vídeo filtrado por los agentes policiales, se pudo ver cómo los funcionarios que participaron en el operativo dispararon un lanza cohetes contra el pequeño chalet -que parecía abandonado- en donde se encontraba Pérez junto a otros seis compañeros, protagonistas de su rebelión.

La muerte narrada en directo de Óscar Pérez a través de Instagram

El grupo se escondía en El Junquito -una zona popular y montañosa al Noroeste del Municipio Libertador en la capital-. El Gobierno llevaba siete meses buscándolos. Como en otros momentos de su fama mediática en las redes, Pérez usó su teléfono para documentar lo que ocurría. Narró -entre disparos- lo que sucedía e hizo un llamamiento a los venezolanos a “tomar las calles”. Se trataba, además, de la primera inminente ejecución política narrada en vídeo por la persona sitiada. La última transmisión la publicó a las 11:00am. El silencio después de esto dio a entender que los habían matado.

En los vídeos de las horas previas a su muerte, Óscar Pérez explicaba: “Aquí nos encontramos en la carretera nueva de El Junquito… Estamos negociando, no queremos hacer frente a funcionarios… Somos patriotas, nacionalistas, venimos con toda nuestra convicción. Para los que tuvieron dudas, aquí estamos peleando. Estamos agazapados pero ya estamos negociando. Venezuela vamos a seguir, en nombre de Dios, de Jesucristo”.

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El grupo se escondía en El Junquito, una zona popular y montañosa al Noroeste del Municipio Libertador en la capital. | Foto: Marco Bello / Reuters

Pérez insistía en que el grupo había bajado las armas e estaba intentando llegar a un acuerdo, pero las fuerzas del Estado continuaron con la arremetida. En otro de los vídeos se escuchó a uno de los agentes del Gobierno responderle a Pérez con tono amenazante: “Usted va ha hacer historia con este procedimiento ¿oyó?”.

En el epílogo de la ejecución, algunos abogados penalistas analizaron las circunstancias del operativo oficial y afirmaron que de terminar en muerte, se trataría de un crimen de guerra. Según el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, se establece este delito, entre otras cosas, como “causar la muerte o lesiones a un combatiente que haya depuesto las armas o que, al no tener medios para defenderse, se haya rendido a discreción”.

Las ejecuciones extrajudiciales son una práctica constante y permanente de las fuerzas de seguridad del Estado para combatir a sospechosos delincuentes en operativos policiales, conocidos como OLP ( siglas de Operación de Liberación del Pueblo). La fiscal general de la República en el exilio, Luisa Ortega Díaz, denunció ante la Corte Penal Internacional (CPI) de La Haya a Maduro por los crímenes de lesa humanidad cometidos por funcionarios del Gobierno en estas operaciones. En noviembre del año pasado, ya contaba más de 500 acciones de este tipo. Pérez logró que un procedimiento de estos quedará documentado y registrado. 

“Nos están disparando con RPG (granada propulsada por un cohete), granadas, lanza granadas, dijimos que nos queremos entregar pero no dejan que nos entreguen, nos quieren asesinar”; “No disparen, aquí hay civiles, hay mujeres y niños”, son algunas de las frases que se escucharon en vivo por parte de Pérez. Había civiles y niños, como lo advirtió. Lisbeth Andreina Ramírez Mantilla, de 30 años, resultó abatida. Estaba embarazada. Se encontraba con el grupo subversivo porque se había sumado a la causa de su novio que pertenecía al equipo del inspector rebelado.

“Alfredo, soy yo, Andreína… aquí nos agarraron con Jairo… Los amo, los amo mucho; dile a mami que me perdone y a mi papá que me perdone por todo. Los amo, perdónenme por favor”, dijo en un mensaje de 13 segundos que envió a su hermano por Whatsapp poco antes de morir, que también se volvió viral.

Licencia para matar 

La confirmación oficial de la muerte de Pérez y de sus compañeros por parte del Gobierno tardó más de 24 horas. Lo que sí se supo casi de inmediato fue que en el operativo habían caído dos funcionarios al servicio del Estado. El presidente Nicolás Maduro dió su Memoria y Cuenta -ante la Asamblea Nacional Constituyente– el mismo día de los acontecimientos.

El mandatario venezolano felicitó a los agentes de seguridad del Estado por cumplir la orden que había dado tan solo 17 días antes y desmantelar lo que calificó como un “grupo terrorista que había amenazado al país”.  El 17 de enero, había dicho que cuando encontraran a Pérez, “plomo con él”. También acotó que, durante el operativo, dos hombres pertenecientes a la Policía Nacional Bolivariana (PNB) murieron con “tiros en la cabeza”.

Para añadir a esta trágica realidad un nuevo elemento más propio de Hollywood, es que entre los policías del Gobierno había delincuentes de renombre. De hecho, uno de los muertos mencionados por Maduro pertenecía a una de las bandas paramilitares más peligrosas del país.

Se trataba de Heyker Leobaldo Vásquez Ferrera, miembro del colectivo Tres Raíces de la parroquia 23 de enero de Caracas, que fue enterrado el martes 16 por un grupo de efectivos de Fuerzas Especiales (FAES) de la PNB, con armas largas, pasamontañas y uniformados de negro en el mismo cementerio donde está enterrado el cuerpo de Pérez.

La muerte anunciada de Óscar Pérez por Instagram 2
Entierro del colectivo Heyker Leobaldo Vásquez Ferrera. | Foto: redes sociales

Desde hace tiempo que los colectivos armados forman parte del escenario político. Son militantes del partido gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). En tiempos del presidente fallecido Hugo Chávez, fueron fundados como organizaciones comunitarias a favor del Gobierno. Según los expertos que estudian su conformación, son civiles con entrenamiento policial, armados por las autoridades para amedrentar a los opositores y evitar alzamientos populares. Controlan varios territorios del país y, en muchas ocasiones, se financian con actos delictivos como la extorsión, el secuestro, el contrabando en el mercado negro de alimentos regulados y el narcotráfico. El Gobierno permite sus actividades a cambio de lealtad y defensa.

“Heyker ha caído en combate, como caen los revolucionarios de todos los días, los revolucionarios de siempre, los que son capaces más allá del discurso de arriesgar la vida por las ideas, y en esta oportunidad por el legado del comandante Hugo Chávez (…) Así es la guerra, compatriotas. En la guerra o se triunfa o se muere”. Fueron las palabras del ministro de Agricultura Urbana, Freddy Bernal, el lunes 15 de enero en otro audio difundido por Whatsapp.

El caso del miembro del colectivo, quien tiene un expediente en la Fiscalía por cinco homicidios y una extorsión, fue confuso debido a que el hombre tenía dos identidades. Mientras los miembros del colectivo en el entierro despedían a “Heyker”, los agentes de seguridad hablaban de él como el supervisor jefe de la Policía Nacional Bolivariana, Adriun Domingo Ugarte Ferrera, como también era identificado el difunto paramilitar.

Además, en la lista de heridos y muertos del parte policial sobre la actuación de las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES), que partició en el operativo de El Junquito -difundido la noche del 15 de enero-, se menciona a dos agentes muertos en el “enfrentamiento con grupo subversivo”: Domingo Ugarte (sin cédula de identidad) y Nelson Antonio Chirino Cruz. No aparece el nombre de Heyker Vásquez.

Una impactante foto filtrada por trabajadores de la morgue del cuerpo de Heyker muerto tiene valor noticioso. Muestra una herida que, según los expertos, es producto de un impacto a larga distancia por la espalda, muy probablemente por un francotirador, justo en el punto vulnerable dejado por el chaleco antibalas. Un impacto difícil de lograr desde la casa donde estaban los sitiados.

Pérez y el cine

Óscar Pérez, además de ser técnico aeronáutico y segundo a cargo de la División de Apoyo Aéreo de la policía científica, no limitó su vida a combatir la delincuencia o a intentar buscar la justicia. Llegó a incursionar en el cine. Protagonizó en 2015 el filme Muerte Suspendida, del cual también fue co-productor. En aquel año, explicaba al diario Panorama: “Soy piloto de helicóptero, buzo de combate y paracaidista libre. También soy padre, compañero y actor porque Oscar Rivas me lo propuso… Soy un hombre que sale a la calle sin saber si va a volver a la casa… porque la muerte forma parte de la evolución”. Pérez parecía ser consciente de su destino.

En aquél momento, decía que la cinta buscaba “demostrar la capacidad que tiene la institución a la hora de emprender una investigación que termine con la desarticulación de grupos criminales. Somos la institución policial del país con más detenidos y procedimientos, también queremos decirles que contamos con las herramientas y el conocimiento para evitar el delito. Los caminos de los delincuentes son muy marcados: la cárcel y morir en un enfrentamiento”. La película de bajo presupuesto contó con el apoyo del cuerpo policial Cicipc.

De hecho, su pasado como actor fue una de las cosas que sembró dudas sobre la autenticidad de su rebelión. Cuando Pérez hizo su primera aparición en contra del Gobierno y de la indolencia de los dirigentes, muchos justificaron su incredulidad en el interés que podía tener Pérez en ser un personaje famoso. También, en su momento, estos comentarios invadieron las redes sociales. Lo llamaron incluso farsante. Otros, consideraban que se trataba de una ‘bomba de humo’ para desviar la atención de las protestas opositoras o un doble agente para hacer quedar mal a la oposición por mostrarse armado. 

“Ni siquiera con el rostro salpicado de sangre por las esquirlas de una granada la gente le creía. Ni siquiera a minutos de ser asesinado grabando un mensaje de despedida para sus hijos. Se hacían chistes sobre su pelo decolorado. Se ironizaba sobre la satisfactoria señal de internet que tenía para colgar sus mensajes en las redes. Se hablaba de show, de circo, de trapo rojo y pote de humo. Ni siquiera muerto se le creía muerto. Se necesitaba ver el cadáver. Incluso ya con la siniestra estampa de su cuerpo derrumbado sobre su propia muerte y la de sus compañeros de faena, también se especulaba, se tejían hipótesis rocambolescas. Porque todo parecía rocambolesco. Pero ya, con su cadáver en la morgue, finalmente todos le creen a Oscar Pérez”, diría Leonardo Padrón en la misma reflexión citada al comienzo del artículo.

Un vía crucis para llegar a camposanto

Seis de los siete muertos en el operativo contra Óscar Pérez y su grupo fallecieron por disparos en la cabeza, según las actas de defunción publicadas por la prensa, filtradas desde la morgue. Las organizaciones de derechos humanos alertan de posibles “ejecuciones extrajudiciales”, aunque el Gobierno sostiene que militares y policías respondieron a fuego enemigo.

Las familias de Óscar Pérez y de los otros seis rebeldes, llevaban toda la semana en las puertas de la morgue reclamando que les entregaran los cuerpos de los fallecidos. Por un momento, esta exigencia pareció una utopía -como la de Óscar de “librar al país de la dictadura”- cuando trascendió que los iban a incinerar sin consentimiento para ocultar posibles pruebas judiciales. Llevar los cuerpos al cementerio también fue un vía crucis. La Guardia Nacional bloqueó la entrada de los camposantos para los siete entierros.

Los restos de Abraham Agostini y José Díaz Pimentel fueron sepultados el sábado en el mismo lugar donde un día después iría a parar Pérez, en un entierro que las familias no habían autorizado y con la única presencia permitida de sus parientes más próximos. Las fotos en las que se ve la  llegada de más ciudadanos son de horas más tarde cuando ya los restos estaban bajo tierra y sellados, según periodistas en el lugar.

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La Policía Nacional Bolivariana impide el acceso a la morgue de Bello Monte en Caracas. | Foto: Marco Bello /Reuters
La muerte anunciada de Óscar Pérez por Instagram
Civiles visitan la tumba de Óscar Pérez. | Foto: Marco Bello / Reuters

En el caso de Díaz Pimentel, la historia tiene además otra arista. Su mujer, Dayana Santana de Pimentel, se enteró de la muerte de su esposo desde la sede la prisión de la policía política (Helicoide) donde lleva recluida más de seis meses. El Estado la mantuvo como rehén -ya que no ha habido procedimiento judicial- para fozar la entrega de su marido y compañeros. Según algunos periodistas, las autoridades han sostenido que no la liberarían hasta que él apareciera “vivo o muerto”. Y muerto está. Dayana sigue presa.

Los cadáveres de las otras cuatro personas asesinadas -el periodista Daniel Soto, los militares hermanos Abraham y Jairo Lugo y la novia de este último, la enfermera Lisbeth Ramírez-, fueron trasladados a sus estados de origen en un avión militar para ser allí sepultados . Los parientes de Ramírez esperaron durante horas en un cementerio para descubrir finalmente que el cuerpo de la enfermera embarazada había llegado a otro camposanto en el que fue enterrada de noche. 

“Dios con nosotros y Jesucristo me acompaña. Dereck, Santiago, Sebastián, los amo con todo mi corazón, hijos. Espero volverlos a ver”, dijo Óscar Pérez en uno de sus últimos mensajes antes de que dejara de transmitir su muerte en directo a través de Instagram.

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Tumba de Óscar Pérez en el Cementerio del Este. | Foto: Marco Bello / Reuters

Continúa leyendo: 5 claves para ganar tu quiniela: aprovecha los premios SAG para predecir el Oscar

5 claves para ganar tu quiniela: aprovecha los premios SAG para predecir el Oscar

Nerea Dolara

¿Quieres adivinar quién ganará el Oscar? Te damos claves (muchas en plan de freak de la estadística) para lograrlo utilizando los resultados de los SAG Awards.

Anoche el sindicato de actores de Hollywood entregó sus galardones de televisión y cine. Y aunque la televisión es hoy una fuente intensa de noticias y satisfacciones narrativas, vamos a mirar qué significa para los actores de cine que en unos pocos meses estarán sentados en el teatro Kodak esperando saber si ganaron un Óscar.

Los SAG Awards, más que los premios de los Writers Guild, Directors Guild y Producers Guild, son un buen referente a tomar en cuenta si estos meses quieres meterte en una quiniela de los Óscar. ¿Por qué?

La mayoría de los miembros de la Academia son actores

Más de 2000 miembros de los más de 6000 trabajadores de la industria del cine que pertenecen a la Academia son actores. Y el proceso de voto para los premios implica que sólo los miembros de cada gremio nominan a sus iguales, pero que el total de miembros votan por quién ganará. En los SAG Awards están muchos de los miembros actores de la Academia… ya que para trabajar en la industria se tiene que pertenecer al sindicato.

5 claves para ganar tu quiniela: aprovecha los premios SAG para predecir el Oscar 2
Gary Oldman como WInston Churchill en “El instante más oscuro” (Darkest Hour).

La película que gana Mejor Reparto coincide regularmente con el Óscar a Mejor Película

En 11 años, de los 23 años en que se ha entregado el Óscar (en 1994 no se entregó), el ganador del mayor premio de los SAG ha recibido el galardón a la Mejor Película. En los premios del Producers Guild la película de Guillermo del Toro, The Shaper of Water, se ganó el mayor galardón. Pero no estuvo ni nominada en los SAG y eso es una mala señal. Por su parte, Tres anuncios en las afueras parece estar asumiendo el rol de favorita (también ganó el Globo de Oro). Sin embargo, si se toma el año pasado como ejemplo puede que el premio a mejor reparto no sea tan trascendente. En 2017, Figuras ocultas se llevó el honor, y, como sabemos, el Óscar (en un momento de caos como pocos) galardonó a Moonlight… la favorita de la Academia, La La Land, ni siquiera fue postulada al mayor premio de los SAG.

5 claves para ganar tu quiniela: aprovecha los premios SAG para predecir el Oscar 1
Sam Rockwell y Frances McDormand, la combinación ganadora de Tres anuncios en las afueras (Three Billboards Outside Ebbing, Missouri).

Y la coincidencia es aún mayor cuando se trata de las estatuillas de Mejor Actriz y Actor

Durante los últimos cinco años la ganadora a Mejor Actriz ha recibido el mismo honor por parte de los SAG (y en total ha coincidido 17 veces en 23 años) y en el caso del Mejor Actor ha tenido el mismo resultado 18 veces en 23 años (de hecho Casey Affleck rompió una racha de 12 años consecutivos de coincidencia cuando ganó el Óscar; Denzel Washington ganó el SAG). Frances McDormand (Tres anuncios a las afueras) también ganó el Globo de Oro y tiene la ventaja de ser muy querida en la industria… la desventaja es que el Óscar pide dedicar mucho tiempo a hacer campaña y McDormand no juega con las normas de Hollywood. Por su parte, Gary Oldman ha sido de los favoritos desde el estreno de El instante más oscuro (aunque le compite de cerca Timothée Chalamet por Call Me By Yor Name). En el caso de los actores de reparto, que también coinciden este año con quienes ganaron el Globo de Oro (Allison Janney por I, Tonya, y Sam Rockwell por Tres anuncios en las afueras), tanto en la categoría masculina como femenina supera las 10 ocasiones de repetición el ganador del Óscar.

Tonya Harding: la infalible anti heroína americana 2
Alisson Janney como LaVona en I, Tonya | Imagen: IMDB

El número general de coincidencia es realmente alto

Según Bustle, en promedio los ganadores del Óscar que ese mismo año se llevaron un SAG a casa sin los mismo en 2,9 de 4 ocasiones. Y ya ni hablar de la necesidad de por lo menos competir por un SAG a Mejor Reparto para poder estar nominado al Óscar a Mejor Película: La única película que ha ganado una estatuilla de la Academia sin estar nominada a los SAG fue Braveheart, en 1995.

5 claves para ganar tu quiniela: aprovecha los premios SAG para predecir el Oscar 3

La Academia ha hecho un esfuerzo por diversificarse… y eso la hace menos predecible

O eso se asume. La verdad es que los más de 100 mil miembros del sindicato de actores ya son diversos (no tanto, pero más que la Academia que hasta hace unos años tenía un 93% de integrantes que eran hombres blancos mayores), pero la Academia ha dedicado dos años a abrir sus puertas a más mujeres, personas de color y de diversas preferencias sexuales. No es casual que Moonlight haya ganado en 2017. Y es posible que, si las crítica al manejo de la raza y el racismo se mantienen contra Tres anuncios en las afueras, que sus actores puedan llevarse algún galardón, pero que la película se quede por el camino. También lo es que justo por el mayor alcance de los SAG, su mayor galardón sea exactamente lo que prefiere el mayor cuerpo votante de la Academia (que es ahora un poco más diverso).

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