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Donald Trump contra el planeta

Jorge Raya Pons

El presidente Johnny Gentle dio una orden clara y sin interpretaciones a todos sus funcionarios: las calles de América deben ser limpias porque en América los gérmenes no son bienvenidos. Gentle es un personaje real pero ficcionado por David Foster Wallace en La broma infinita y guarda una larga serie de atributos comunes con el presidente de piel rojiza, Donald J. Trump, enamorado de sí mismo y rehén de sus complejos, quien confesó sin tapujos y ante las cámaras que padece una fobia incontenible hacia las bacterias: un infierno en sí mismo para quien vive estrechando manos. Con Gentle comparte una fama construida en platós y escenarios, un carisma de hombre de fortuna que besa a las damas en los mercados y crea complicidad en el americano medio: yo soy quien tú querrías ser. Y si bien los dos viven aislados del polvo y los gérmenes, la sátira está servida, no les importa que la basura y los desechos se amontonen en el campo ajeno: para la historia –literaria– queda la Gran Concavidad, aquel vertedero del que nacieron leyendas y que Gentle terminó por entregar a la siempre complaciente Canadá.

La Torre Eiffel se iluminó de verde para celebrar el éxito del Acuerdo de París. (Jackie Naegelen/Reuters)
La Torre Eiffel se iluminó de verde para celebrar el éxito del Acuerdo de París. (Jackie Naegelen/Reuters)

Pero abandonando la ficción y sumergiéndonos en la realidad, tan decepcionante, encontramos que Trump es un quiste molar para el planeta: su escepticismo y arrogancia respecto al cambio climático pone en peligro el futuro del Acuerdo de París, el pacto históricamente más ambicioso en la lucha contra el calentamiento global. Lo firmaron 195 países –incluyendo Estados Unidos, China e India, los principales emisores de gases de efecto invernadero: todo un logro– y trata de limitar el aumento de la temperatura de la Tierra a 1,5 ó 2 grados centígrados de aquí a final de siglo –una locura irremediable, algo mejor que nada–.

Un acuerdo extraordinario salvo por la letra pequeña en el contrato: si el señor Trump decidiera archivar la transición hacia las energías renovables y descartar así toda posibilidad de recortar el ritmo actual de emisiones de dióxido de carbono, metano, etcétera, no tendría por qué abandonar el pacto –una actitud poco decorosa, a todas luces impopular–, le bastaría con incumplirlo: el Acuerdo no contempla sanciones.

[El incumplimiento sería posible, por ejemplo, mirando hacia otro lado mientras sus empresas sobrepasan todos los límites de emisiones establecidos en Francia. O recortando la financiación de proyectos de apoyo a las energías limpias en países tan contaminantes como India, altamente dependiente del carbón, que no cuentan con medios propios para renovar un sector energético que debe abastecer a una industria cada vez  más grande].

Así que Trump buscó un hombre dispuesto a ensuciarse las manos.

Caballo de Troya

Donald Trump es el presidente heterodoxo que defrauda a sus rivales: el magnate comete la extravagancia de cumplir cada una de sus promesas. Con la elección de Scott Pruitt, Trump no enseñó su mano sino la baraja: escoger a Pruitt para dirigir la Agencia para la Protección del Medio Ambiente es escoger al lobo feroz para cuidar de Caperucita.

Scott Pruitt, un negacionista climático, será el hombre de Trump para dirigir la oficina contra el cambio climático. (Nick Oxford/Reuters)
Scott Pruitt, un negacionista climático, será el hombre de Trump para dirigir la oficina contra el cambio climático. (Nick Oxford/Reuters)

Antes de regresar a la serenidad de una vida despreocupada, Obama dejó en herencia un programa llamado Clean Power Plan (Plan de Energías Limpias, en castellano), un rayo de luz en un país juzgado por su indiferencia. Se trata de un conjunto de medidas que persigue combatir el calentamiento global mediante la financiación de proyectos que impulsan el desarrollo de energías renovables en detrimento de las energías fósiles. Un planteamiento que lamentaron angustiosamente los sectores afectados, como el de Pruitt y sus amigos de Oklahoma, señores del petróleo, que apretaron los puños e iniciaron batallas judiciales –cuatro– que terminaron por fracasar en cada uno de sus intentos. Tuvieron que esperar meses, años, hasta encontrar un modo de hacerse valer: fue entonces cuando comenzaron a esculpir y dar forma a su caballo de Troya, que con el tiempo fue cobrando la silueta del senador Scott Pruitt.

Tuvieron que esperar meses, años, para esculpir y dar forma a su caballo de Troya, que con el tiempo fue cobrando la silueta de Scott Pruitt.

El pasado martes –7 de febrero de 2017– Donald Trump, en una reunión con empresarios del sector del automóvil, manifestó que “el ecologismo está fuera de control”–aludiendo a un ecologismo desbocado más que a un ecologismo fuera de su radio de influencia–.

Horas después del encuentro, el presidente firmó dos órdenes ejecutivas para reanudar dos proyectos controvertidos que Obama detuvo en su momento y que la justicia podría congelar nuevamente. El primero de ellos, el Dakota Access, pretende abrir un conducto que traslade petróleo desde los yacimientos de Dakota hasta la (casi) vecina Illinois –atravesando el río Misuri y varias hectáreas veneradas por los sioux, que alargaron los dientes y se rebelaron con fervor contra la medida del hombre blanco; hoy en día siguen en pie de guerra, literalmente–.

Los manifestantes de Filadelfia se solidarizaron en diciembre con la comunidad sioux de Dakota del Norte. (Matt Rourke/AP)
Los manifestantes de Filadelfia se solidarizaron en diciembre con la comunidad sioux de Dakota del Norte. (Matt Rourke/AP)

Los sioux, que con mucho esfuerzo y tras años de disputa sobre el terreno y en los tribunales consiguieron la paralización de las obras, tuvieron un éxito inesperado por la imprudencia del propietario del suelo, el Cuerpo de Ingenieros del Ejército, quien autorizó la construcción del Dakota Access sin atender a las leyes federales de protección histórica.

El segundo, el Keystone XL, es un mastodonte de casi 2.800 kilómetros –como de Madrid a Varsovia– que conduciría petróleo de Alberta, Canadá, al golfo de México a un ritmo de 830.000 contaminantes barriles diarios. Los ecologistas, que se llevaron las manos a la cabeza, trataron de impedir la continuación de las obras y finalmente lo lograron: el conducto está a medio hacer y solo ha cubierto el 30% del recorrido previsto.

Escribió DFW que Johnny Gentle –ficción– fue el primer presidente en dar su discurso de investidura tomando el micrófono por el cable. Donald Trump, producto –real– del show business, ha demostrado ser un riesgo: ignorando todas las conclusiones científicas sobre el calentamiento global, anulando toda transición hacia las energías limpias, apostando, “como en los viejos tiempos”, por el carbón y el petróleo. Y sin embargo hay motivos para la esperanza: las posturas ecologistas crecen con fuerza en Estados Unidos y China se ha propuesto liderar la revolución energética internacional.

Aunque seguimos hablando de Trump.

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Una teoría científica prevé que 2018 será el año de los grandes terremotos

Redacción TO

Foto: Navesh Chitrakar
Reuters

No prestamos demasiada atención a los movimientos de la rotación de la Tierra, pero son más relevantes de lo que el común de los mortales creemos. De vez en cuando, la rotación de la Tierra disminuye algunos milisegundos por día, y esto va a tener un enorme efecto en las vidas de millones de personas alrededor del globo. Según el Servicio Geológico de los Estados Unidos ha habido 7.574 a escala global en los últimos diez años. Una reciente teoría prevé que esta cifra pegará un importante repunte el próximo 2018.

En un estudio publicado en Geophysical Research Letters a mediados de este año, los científicos Roger Bilham, de la Universidad de Colorado, y Rebecca Bendick, de la Universidad de Montana predicen que, debido a la desaceleración de la rotación de la Tierra, el mundo sufrirá un aumento significativo de grandes terremotos en 2018.

Para llegar a esta conclusión, los investigadores estudiaron todos los terremotos desde 1900 que registraron una magnitud (según la escala del momento en que sucedieron) de 7,0 o mayor y descubrieron que aproximadamente cada 32 años hay un repunte en estos grandes sismos.

Una teoría científica prevé que 2018 será el año de los grandes terremotos 2
Aproximadamente cada 32 años hay un repunte en grandes sismos en el mundo. | Foto: Kim Hong-Ji / Reuters

El factor común

El estudio revela, asimismo, que el único factor que se correlaciona fuertemente en esta repetición de grandes terremotos es una ligera desaceleración de la rotación de la Tierra en un período de cinco años antes del repunte, algo que ha ocurrido en el último lustro.

En el ecuador, la Tierra gira 460 metros por segundo. Dada esta alta velocidad, no es absurdo pensar que un ligero desajuste en la velocidad entre la corteza sólida y el manto y el núcleo líquido podría traducirse en una fuerza que, de alguna manera, empujaría los temblores a la sincronía.

La mayoría de los sismólogos coinciden en que la predicción de un terremoto es un terreno pantanoso. Y hasta ahora, Bilham y Bendick tan solo tienen ideas difusas y difíciles de probar sobre lo que podría causar el patrón que encontraron. No obstante, el hallazgo es demasiado provocador para ignorarlo, dicen otros investigadores. “La correlación que encontraron es notable y merece una investigación“, dijo Peter Molnar, reconocido geólogo norteamericano, a la revista Science.

La importancia de prevenir

Entonces, ¿es posible predecir los terremotos? Es una pregunta que molesta a los sismólogos, no porque no sea razonable, sino porque los científicos lo han intentado muchas veces y siempre han terminado en fracaso. Incluso después de muchos avances en sismología, como lo expresa Richard Luckett del British Geological Survey, “cuando ocurre un terremoto es esencialmente un evento aleatorio“.

Una teoría científica prevé que 2018 será el año de los grandes terremotos 1
Los devastadores terremotos de México en este 2017 dejaron centenares de víctimas mortales. | Foto: Nacho Doce / Reuters

Ante la aparente imprevisibilidad de la actividad sísmica, la única solución para evitar grandes desastres como los que sacudieron México hace unos meses es una previsión efectiva. España es un ejemplo claro de la falta de preparación a la hora de afrontar grandes terremotos. La evidencia está en el ocurrido en Lorca en 2011, que tuvo una magnitud de 5,1, y dejó nueve víctimas mortales e innumerables daños materiales. El 75% de las viviendas en España cumple con “poco rigor” la normativa de construcción sismorresistente, y es necesario con “urgencia” rehabilitar edificios para soportar terremotos, según el expresidente de la Asociación Española de Ingeniería Sísmica, Ricardo García Arribas. Por ello, y teniendo en cuenta esta nueva teoría científica, la inversión en una preparación mejor de nuestras infraestructuras y protocolos de actuación puede ser clave ante cualquier catástrofe.

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Estados Unidos acaba con la neutralidad de la red: ¿Es el fin de Internet como lo conocemos?

Ana Laya

Foto: Kyle Grillot
Reuters

Desde el jueves 14 de diciembre Internet ha dejado de ser un servicio público de libre acceso. La norma, aprobada por la mayoría republicana de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) de Estados Unidos, le ha otorgado a las compañías proveedoras de Internet el poder de modificar las experiencias online de millones de ciudadanos estadounidenses, ya que ahora éstas podrán bloquear páginas o cobrar extra por una mayor calidad del servicio o por el acceso a ciertos contenidos (¿bajo qué criterio? Buena pregunta, la respuesta es tristemente obvia). Esta medida no solo afecta directamente a Estados Unidos sino que además sienta un precedente peligroso para el resto del mundo.

Como explica la web Save the Internet, la neutralidad es el principio básico que siempre ha regido a Internet. Es Internet, tal y como lo conocemos hasta ahora, sin que compañías como AT&T, Comcast y Verizon, en el caso de Estados Unidos, o en un futuro en España: Movistar, Orange y Vodafone, tengan el derecho a decidir a qué contenidos puedes acceder y cómo acceder a ellos. La neutralidad es lo que garantiza que no haya exclusión, que todos, independientemente de que nos conectemos a la red desde un locutorio o desde un iPhone X, tengamos acceso a los mismos contenidos.

La propuesta de revertir las reglas que la misma FCC aprobara en 2015 fue liderada por Ajit Pai, actual Presidente de la FCC nombrado por Donald Trump y ex-abogado corporativo de Verizon. Pai ignoró la presión no sólo de la opinión pública sino también de una gran parte de abogados, legisladores, corporaciones y organizaciones sin fines de lucro. Mientras que parte de los apoyos que logró la polémica discusión online de la propuesta, aparentemente fueron dejados por… ¿zombies?.

La FCC acaba con la neutralidad de la red: ¿Es el fin de la internet como la conocemos? 1
Sí, el hombre que bebe (siempre) de una taza de Reese’s gigante y le parece una broma graciosísima es el que de momento ha logrado acabar con la neutralidad de la red. | Foto: Aaron P. Bernstein / Reuters.

El argumento de esta mayoría nada silenciosa, entre la que se encuentran los representantes de gigantes como Facebook, Twitter y Amazon, es que esta ley pretende solucionar un problema que no existe y sus consecuencias, en cambio, son peligrosas. “La decisión adoptada por la FCC hoy es decepcionante y dañina”, comentó Sheryl Sandberg, COO de Facebook, “un Internet abierto es clave para nuevas ideas y oportunidades económicas”, agregó.

Werner Vogels, CTO de Amazon, Brad Smith CLO de Microsoft, Alexis Ohanian, cofundador de Reddit, y plataformas como Netflix y Vimeo también expresaron a través de Twitter su rechazo a la decisión de la FCC augurando que este es solo el comienzo de una larga batalla legal.

La FCC acaba con la neutralidad de la red: ¿Es el fin de la internet como la conocemos? 2
Manifestantes congregados frente a la FCC durante las deliberaciones. | Foto: Yuri Gripas / Reuters.

Sí, la neutralidad en la red no es simplemente importante, la neutralidad ES la red. Aquí algunas claves para entender lo que la decisión de la FCC simboliza, implica, permite, prohibe y cómo puede ser revertida:

¿En qué consiste la decisión de la FCC?

Después de una batalla de 10 años sobre el futuro de Internet, en 2015 la FCC adoptó medidas para asegurar la neutralidad de la red basándose en el Título II del Acta de Comunicaciones.

Específicamente, en febrero las compañías proveedoras de Internet fueron recalificadas como “teleoperadores comunes” bajo el Título II, dándole así a la FCC la autoridad de asegurar que compañías como Verizon, AT&T y Comcast no pudieran bloquear, ralentizar o interferir de ninguna manera con el tráfico web (AT&T fue condenada en el pasado por bloquear FaceTime, y en general, los teleoperadores no son empresas que gocen particularmente de buena fama en cuanto a transparencia), preservando así un terreno de juego neutral para todos los involucrados. Estas reglas acompañaron un pico histórico de innovación e inversión online especialmente en Estados Unidos.

Ahora, de acuerdo con la nueva decisión de la FCC, los teleoperadores han dejado de estar calificados bajo ese “Título II”. Esto deja con las manos atadas a la FCC porque retira su capacidad de imponer sanciones a las compañías que decidan, por ejemplo, discriminar la velocidad de transmisión de datos de algunos servicios a su favor. La única regla real que tienen que seguir los proveedores de Internet es anunciar que están haciendo lo que están haciendo. Por ejemplo, si un servicio de streaming pertenece o tiene algún acuerdo con un proveedor, este podría funcionar mejor que otro sin dicho acuerdo. Sin ir muy lejos, HBO, Netflix, Amazon Prime, se verían afectadas a menos que se decidan a pagar un fee, una cuota, o a asociarse (¿a qué costo?) a un teleoperador.

Y si esto afecta a los gigantes del streaming y a los de la redes sociales, está demás decir cómo afectará a los potenciales nuevos emprendedores que quieran triunfar o busquen sencillamente tener algo de presencia online.

La FCC acaba con la neutralidad de la red: ¿Es el fin de la internet como la conocemos? 3
Manifestantes en California a favor de la Net Neutrality. Photo: Kyle Grillot / Reuters.

¿Cómo rechazar la decisión?

El Congreso tiene la potestad de revertir la decisión de la FCC, por eso numerosas entidades como Save the Internet están llamando a los ciudadanos a escribirle a sus representantes en el Congreso para que implementen una ‘moción de desaprobación’. Medida permitida por una ley conocida como Revisión de Acta del Congreso (Congressional Review Act, CRA).

Michael J. Coren afirma en Quartz que el uso de la CRA es probablemente el único camino que podría seguir el Congreso y que, en efecto, en 2017 los republicanos ya se han valido de la misma para rechazar 15 regulaciones impuestas por la Administración Obama, y esta vez por primera vez podría ser usada para salvar una.

El senador de Massachussetts Ed Markey y el representante de Pensilvania, Mike Doyle, ambos demócratas, ya han comunicado sus planes de aplicar la CRA para que se discuta la decisión de la FCC en el Congreso. Si la moción pasa y recibe la firma del presidente, la decisión de la FCC sería rechazada, el orden abierto de Internet de la era Obama sería reinstaurado y cualquier decisión similar de la FCC tendría que tener aprobación previa del Congreso.

La Administración Trump está haciendo todo lo posible para acallar a las voces disidentes, señala Save the Internet. “Si perdemos la neutralidad de la red, lo habrá logrado”, sentencia.

¿Afectará esta medida a Europa?

Michael McLoughlin señala en El Confidencial que por aquí Internet seguirá siendo igual, por lo menos hasta nuevo aviso, y que “el pasado año la UE dio luz verde a una serie de directrices emitidas por el Berec, la máxima autoridad comunitaria a la hora de regular las telecomunicaciones en el Viejo Continente”. Las regulaciones publicadas por Berec el 16 de agosto para proteger Internet son hasta la fecha, según el grupo Save the Internet Europe, fuertes y representan una victoria avasallante de la neutralidad.

Sin embargo, añade McLoughlin, las consecuencias de la votación de la FCC pueden sentirse en Europa, ya que plataformas como Netflix o HBO son globales, y “si una de estas plataformas se ve afectada en un mercado tan importante como EEUU esto podría conllevar, por ejemplo, una subida de precios o la restricción de algunos servicios debido a menores capacidades de transmisión”.

Por otra parte, Saurabh Singh, en India Today señala que aunque técnicamente la medida aplicada en Estados Unidos no debería tener demasiado impacto, considerando que Internet es una entidad con menos fronteras que los mercados financieros o de bienes, los expertos de la industria creen que sus efectos se harán sentir en muchos otros países, incluida, en este caso, India. No será inmediatamente, señala, pero será pronto (¿y será para siempre?).

La FCC acaba con la neutralidad de la red: ¿Es el fin de la internet como la conocemos? 4
Trabajar en un café con internet gratis (de manera medianamente eficiente) puede convertirse en un recuerdo lejano. | Foto: Brendan McDermid / Reuters.

¿Cómo te puede afectar a ti?

Un buen ejemplo de los cambios que podrían suceder ahora que las compañías teleoperadoras se ven empoderadas frente a los individuos es que Internet empiece a funcionar como lo hace la televisión por cable. Los teleoperadores podrían empezar a vender Internet por paquetes, uno básico sin costes adicionales, que incluya Wikipedia y Google, por decir algo, y otro premium que incluya acceso a redes sociales, y así.

Ro Khanna, representante del Congreso por el Distrito 17 de California (donde está Silicon Valley) ha mostrado el modelo portugués como ejemplo de lo que podría y no debería suceder.

Otra gran preocupación es que sin reglas que prohiban el acceso prioritario prepago a grandes compañías a Internet de alta velocidad, los pequeños negocios, las startups innovadoras pero sin un mecenas millonario, los estudiantes, las bibliotecas públicas y cualquier usuario con menor poder adquisitivo, serán relegados al “canal lento” de Internet.

Si bien, como argumentaba Farhad Manjoo en el New York Times el pasado noviembre, internet como lo conocemos está agonizando, ya que las grandes compañías como Apple, Facebook, Google, Microsoft y Amazon ya controlan “gran parte de la infraestructura online, desde las app stores hasta los sistemas operativos y la nube para almacenar contenidos”, la desaparición de lo que queda de neutralidad, no ayuda para nada. En todo caso introduce un nuevo gigante en la ecuación: los teleoperadores.

Si las reglas de juego ya no eran particularmente justas, en este escenario son directamente absurdas. Este, por suerte, parece no ser el capítulo final de esta historia.

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Donald Trump señala el camino hacia la paz

José Carlos Rodríguez

José Carlos Rodríguez reflexiona acerca de la polémica y el conflicto desatados por Trump luego de que reconociera a Jerusalem como capital de Israel y ordenará trasladar allí la embajada, que ahora está en Tel Aviv.

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El gran poder de China pasa por su nueva Ruta de la Seda

Luís Torras

Foto: JASON LEE
Reuters

Desde 2012, China ha avanzado con paso firme convertirse en una Gran Potencia con influencia real sobre la comunidad internacional, capaz de controlar sus intereses domésticos y los regionales.Uno de los grandes ejes de esta política exterior es el llamado One Road, One Belt: una ambiciosa empresa de colaboración internacional para impulsar infraestructuras y el desarrollo económico a lo largo de la amplísima región euroasiática. Un proyecto que alumbra una China más abierta, colaborativa e integrada en la economía global con las nuevas oportunidades y amenazas que esto supone.

A lo largo de la historia, China ha tenido una actitud ambivalente con respecto al comercio exterior. Dinastías como la Yuan (Mongoles), que dominó el destino de China durante los siglos XIII y XIV (1279-1368), fue relativamente plana, abierta y permeable para con el intercambio cultural. Estos serán los tiempos de Marco Polo, donde los dominios del entonces emperador Kublai Kan se extendían desde el norte de Manchuria hasta la orilla misma del Danubio. Tiempos de comercio e impulso tecnológico que culminará con los viajes por el Índico del marino Zheng He iniciados en 1371 e interrumpidos de forma repentina en 1433 por motivos políticos. Durante estos años de apertura, China parecía olvidarse de su Gran Muralla, que durante tanto tiempo había sido barrera de protección y muro de aislamiento, como recuerda la historiadora Julia Lovell.

Esta visión aperturista no será la tónica general. Con la llegada de la dinastía Ming, China alcanzará su zénit, pero también iniciará su declive. Poco antes de la interrupción de los viajes de ultramar del marino Zheng He, el gran Emperador Yongle trasladará la capital del imperio de la comercial Nankín a Pekín, más al norte, y mandará construir la Ciudad Prohibida (1401), que durante los siglos sucesivos aislará tremendamente al emperador de su pueblo. Se iniciaba así un largo proceso de anquilosamiento institucional que irremediablemente conducirá de forma irremediablemente al retraso económico. China se cerraba en sí misma favoreciendo un modelo vertical, jerarquizado, condenando al ulterior potente Imperio celeste a merced de potencias extranjeras hasta bien entrado el siglo XX.

Mapa de la influencia Mongol en los s. XIII y XIV. | Fuente: World Economic Forum

La historia volverá a tener un importante punto de inflexión en 1949, cuando los comunistas liderados por Mao Zedong recuperaron la soberanía y la unidad de China de nuevo. El Partido Comunista se convertía de facto en una nueva dinastía, marxista, no feudal, en la que, como en el pasado, coexistían elementos más reformistas y aperturistas con elementos más autoritarios. En 1978, con el advenimiento de Deng Xiaoping, China iniciaba (por fin) un nuevo ciclo de prosperidad, el más importante de su historia, iniciando una importante reforma pro-mercado y una decidida apertura al exterior. Unos cambios fundamentales que se sitúan en la base del crecimiento económico de los últimos años, y catalizador de los anhelos de China de influir en los asuntos del mundo. 

China no tiene la ambición de ser una potencia global; sí de afianzar su posición como potencia regional y recuperar su antigua área de influencia. La Nueva Ruta de la Seda es una pieza estratégica central para cumplir esta visión y por la que China busca asegurar, por mar y tierra, el acceso a mercados claves tanto para el abastecimiento de materias primas como para dar salida a sus mercancías. Para comprender la importancia estratégica que tiene para China “connecting the dots”, en feliz expresión de Steve Jobs, es importante aproximar (aunque sea de manera somera), la muy diferente y desigual situación geoestratégica de partida del gigante asiático en comparación a Estados Unidos.

Estados Unidos tiene dos salidas estratégicas al mar, cuenca Atlántica y Pacífica, además de ejercer una gran influencia en el mar del Caribe. Únicamente tiene fronteras con dos países, Canadá y México, sobre los que, además, ejerce una gran capacidad de influencia, y cuenta con suficientes recursos hídricos y superficie disponible para la agricultura para garantizar su seguridad alimentaria y, también, de forma creciente, el suministro de energías primarias. China, por su parte, concentra una quinta parte de la población mundial y sólo tiene un 6% de la tierra cultivable (una parte muy importante del país es desierto), con amplías zonas con un importante estrés hídrico. Estos condicionantes hacen que el país sea crecientemente dependiente del exterior en el crítico capítulo alimentario y también en el energético. China tiene una sola salida al mar y unas complejísimas fronteras con hasta 14 países diferentes, donde se incluyen potencias nucleares como Corea del Norte, India, Pakistán o Rusia, además de tener cerca de sus costas a dos importantes aliados de EE UU, Corea del Sur o Japón, lo que da lugar a frecuentes conflictos territoriales. Una situación muy compleja para un gigante en edad de crecimiento. 

Al margen de asegurar el acceso a mercados estratégicos, la nueva Ruta de la Seda quiere ser un elemento para la cooperación internacional y la estabilidad en el área de influencia china. Uno de los factores clave de éxito de las reformas en los últimos años ha sido la gran habilidad de Pekín para forjarse un entorno relativamente favorable. Xi Jinping, el líder más destacable del panorama político actual (con diferencia), es buen conocedor de las lecciones de la historia y ha intensificado como ningún otro líder chino una intensa agenda internacional que le ha llevado a establecer relaciones con prácticamente todos los países de la región. La diplomacia china ha sabido tejer alianzas y complicidades con potencias regionales menores pero también con la Rusia de Putin, la Turquía de Tayyip Erdogan, o, recientemente, también con los Estados Unidos del siempre polémico Trump.

La Nueva Ruta de la Seda incorpora un mensaje de compromiso con la colaboración internacional y el comercio –un mensaje especialmente claro en los últimos encuentros en Davos–, lo que, paradojas de la vida, ha convertido a China en uno de los principales y más estables pilares de defensa de la globalización en un momento caracterizado por el auge del populismo en Occidente y el cuestionamiento de los pilares sobre los que se asienta el progreso de las últimas décadas. Un compromiso que incorpora un vector educacional y para con el bienestar social en una concepción holística del crecimiento económico, muy propia del pensamiento chino. Un enfoque diplomático amplio, que rara vez se circunscribe a un aspecto específico, sino que busca el equilibrio largo plazo en el conjunto de las relaciones internacionales.

Fuente: World Economic Forum
Fuente: MacKinder, The Geographical Journal (1904).

A cambio, China gana influencia regional, y afianza su posición de potencia global (ahí están los mapas de MacKinder), lo que puede conllevar importantes dividendos en clave doméstica. China necesita diversificar sus mercados para la exportación, algo fundamental para favorecer un soft landing que resuelva los problemas de sobrecapacidad que arrastra el país en muchos sectores, al tiempo que garantizar el suministro de fuentes de energía primaria y comida. El esquema de estos proyectos es siempre el mismo: China, a través de sus instituciones estatales de crédito, financia proyectos en países menos desarrollados para impulsar carreteras, trenes, puertos y otras infraestructuras básicas. A cambio, estos proyectos son desarrollados por contratistas chinos; que, luego, pasan a estar controlados (de una manera u otra) por la propia China. Un proyecto global con marcado liderazgo chino y características chinas (también por lo que hace a los estándares de contratación y transparencia). El gran reto de todo lo anterior: la financiación. Esta por ver hasta que punto las finanzas chinas serán capaces de impulsar todos estos macro proyectos sin dañar la solvencia de sus finanzas públicas.

Sin infraestructuras, difícilmente es posible el desarrollo económico. China necesita asegurar el progreso económico en los países de su entorno y área de influencia como piezas esenciales para su propio crecimiento (de nuevo, esta visión de gran angular tan propia de la manera de pensar china). La nueva Ruta de la Seda lanza un potente balón de oxigeno al eje euroasiático, lo que alumbra un escenario global con poderes globales más diluidos, más heterogéneo, más equitativo en términos geopolíticos, y con un cada vez mayor regusto chino. China lanza así una visión más organicista del mundo que buscar reforzar el eje comercial más importante del mundo durante siglos como señala el historiador Peter Frankopan en su imprescindible The Silk Roads, retornando, también, a una china más horizontal y abierta al mundo. Habrá que estar atentos.

Artículo publicado originalmente en el World Economic Forum en español.

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