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EEUU consigue corregir una enfermedad hereditaria en embriones humanos por primera vez

Bea Guillén Torres

Este miércoles se han hecho públicos los detalles del hito científico del año. Un equipo internacional de científicos ha conseguido por primera vez, con éxito, corregir una enfermedad hereditaria en embriones humanos. El grupo ha utilizado una nueva técnica de edición genética, llamada CRISPR, para modificar una mutación en un gen que causa miocardiopatía hipertrófica, una dolencia del corazón que provoca la muerte súbita en deportistas y personas jóvenes. Los científicos han encontrado la forma de evitar que esta mutación pase a las siguientes generaciones.

Ha sido la primera vez que se consigue corregir una enfermedad hereditaria en un número elevado de embriones humanos sin introducir errores adicionales en su genoma. Este hallazgo, publicado en la prestigiosa revista científica Nature, supone un avance importantísimo hacia nuevos tratamientos para los tipos de cáncer con origen genético y para las 10.000 enfermedades raras que surgen por un error genético. Pero también, y de forma mucho más polémica, abre la puerta a la creación genética de humanos a la carta.

EEUU consigue corregir una enfermedad hereditaria en embriones humanos por primera vez
Embriones humanos a los que se les aplicó la edición genética con CRISPR. | Foto: OHSU

El estudio aporta la primera prueba de cómo esta técnica podría aplicarse para eliminar enfermedades genéticas hereditarias de millones de personas en todo el mundo. “Todas las generaciones siguientes incluirán esta reparación, porque hemos eliminado la variante del gen que causaba la enfermedad de todo el linaje familiar”, ha explicado Shoukhrat Mitalipov, director del Centro de Terapia Celular y Genética Embrionaria de la Universidad de Ciencia y Salud de Oregón (EEUU). “Usando esta técnica, es posible reducir la carga de la enfermedad genética en la familia y, con el tiempo, en toda la población humana”.

Se ha abierto la posibilidad de eliminar determinadas enfermedades genéticas para siempre creando solo embriones humanos sanos. El futuro de la genética vuelve a empezar aquí.

¿Qué es CRISPR?

La revolucionaria técnica con la que se ha logrado este éxito es conocida como el cortapega genético. Esta tecnología es equiparable a un editor de textos que se aplica sobre el genoma y permite cortar y pegar varios genes a la vez. Por ejemplo, en genes que predisponen a sufrir algunas enfermedades.

El procedimiento es sencillo: el CRISPR usa una proteína (la nucleasa), para cortar el fragmento de ADN que se ha elegido. Posteriormente las células ponen en marcha su proceso de reparación natural y vuelven a pegar los dos extremos de la secuencia genética. En todas las ocasiones anteriores que se había intentado utilizar esta técnica se comprobó que este proceso de cortado y pegado daba lugar a un fenómeno conocido como mosaicismo. Esto implicaba que en los embriones se creaba un mosaico: algunas células estaban reparadas de la mutación, pero otras no lo estaban. Esta mezcla de células podía crear variaciones genéticas no deseadas en el genoma que podrían resultar peligrosas.

EEUU modifica por primera vez embriones humanos para corregir una enfermedad hereditaria
La doble hélice de ADN (morado y azul) está formada por el ADN del padre y de la madre. Se localiza la mutación que causa la enfermedad (rojo) y se corta con la enzima de CRISPR (verde). Después ambas partes volverán a unirse, ya sin la secuencia que causa la enfermedad. Ilustración: KC Roeyer/Janelia Research Campus

En el caso publicado en Nature, una de las dos copias del gen MYBPC3 era errónea. Es decir, o la copia del padre o la de la madre tenía la mutación que provocaba que la persona sufriera la enfermedad. Una vez localizada la mutación, se dirigían a ella con CRISPR para repararla. Y aquí llega la revolución: en esta ocasión todas las células de casi todos los embriones incluían el gen reparado. De los 58 embriones resultantes, 42 se desarrollaron sin la mutación que causa la enfermedad, una tasa de éxito del 72%. No había mosaicismo, no había miedo de incluir variaciones genéticas peligrosas.

¿Cómo se ha conseguido eliminar el mosaicismo? Inyectando en el óvulo sano, juntos los espermatozoides y la secuencia CRISPR con la versión correcta del gen. Hasta el momento, todos los intentos realizados por China habían incluido CRISPR en el embrión ya formado.

EEUU consigue corregir una enfermedad hereditaria en embriones humanos por primera vez 2
En la parte superior, los intentos realizados hasta ahora de edición genética con CRISPR en embriones humanos. En la inferior, la investigación publicada en Nature. | Gráfico: Nature.

El equipo creó los embriones in vitro con los que probar esta técnica. Como no estaban destinados a implantarse, todos fueron destruidos unos días después de la investigación. Por esa razón, esta investigación no habría sido posible en España. La ley prohíbe expresamente crear embriones para investigación. Solo se pueden usar aquellos que sean descartados en las clínicas de reproducción asistida.

Pese al futuro que abre por delante, la técnica aún no está lista para usarse en personas. El próximo paso será mejorar su eficiencia.

En febrero de este año, un panel internacional de expertos reunido por la Academia Nacional de Ciencias de EEUU concluyó que el uso de CRISPR en embriones humanos es aceptable, pero no sin antes realizar mucha más investigación previa sobre los riesgos que pueda entrañar. La edición del genoma debería aplicarse exclusivamente en casos en los que sea el último recurso, añadían los responsables del informe.

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La furgoneta asesina

Valenti Puig

La respuesta vital del pueblo de Barcelona al atentado yihadista ha sido ejemplar, desde la recuperación inmediata del pulso de la ciudad a los héroes anónimos o al “No tinc por” de la Plaza de Cataluña, nucleado por la figura de Felipe VI. Imparable, la vida prosigue sin amedrentarse pero el problema seguirá siendo, como en otras ciudades atacadas por el terror islamista, la gestión racional del día después. Es decir: tras el paradigma emocional de humanidad unida en el pesar, al volver a lo cotidiano seguimos sin reconocer que alguien nos ha declarado la guerra y que hay que responderle en su condición de enemigo, mirarle cara a cara como lo que ha decidido ser atacando a una sociedad que vive en el respeto a la ley, la separación de Iglesia y Estado, los plenos derechos de la mujer, la libertad de expresión y la resolución del conflicto por el Derecho.
Aun siendo las circunstancias políticas de Cataluña las que son, es evidente que las tramas yihadista llevan largo tiempo asentándose en el Levante español al margen de las vicisitudes políticas. Barcelona era un objetivo yihadista con o sin independentismo. De todos modos, no puede soslayarse que la incertidumbre institucional y el enfrentamiento del secesionismo con el Estado, con un referéndum ilegal a meses vista, no contribuyen a la respuesta más efectiva cuando una furgoneta asesina zigzaguea por la Rambla. Uno puede preguntarse si los mossos d’esquadra, modélicos en su operativo pronto y eficaz, hubiesen tenido una mejor y más clara capacidad de gestión de no haberse producido –y cómo- los cambios recientes en la consejería de interior. La prioridad era y sigue siendo garantizar la seguridad de la ciudadanía y no hacer apuestas sobre a quién deben obediencia los mossos sino es a la ley.

Por ejemplo, el conseller anterior dejó su cargo por implícitas discrepancias con el proceso independentista y por idénticas razones dimitió el director de los mossos. Tanto el nuevo conseller como el nuevo director de la policía autonómica –quien decía que los españoles le dan pena- no ocuparon sus despachos en virtud de su conspicua experiencia en cuestiones de seguridad sino dada su fidelidad al proceso y a la necesidad secesionista de controlar el aparato funcionarial y concretamente policial para el caso de una declaración unilateral de independencia, precisamente cuando la CUP iniciaba sus ataques contra la industria hotelera de Barcelona y las huelgas en el aeropuerto del Prat dañaban ostensiblemente la marca Barcelona, con evidente beneficio de otras ciudades y destinos turísticos en un sector tan competitivo. La guinda la puso el cantante Lluís Llach, diputado autonómico, amenazando a los funcionarios que no aceptasen la ruptura ilegal con España. En este caso, todo restaba, mientras que el pueblo de Barcelona hubiese deseado que todo sumase.

Esa es una guerra global y las estrategias de interconexión son capitales, en controles de aeropuertos, en el pool” de los servicios secretos europeos, en vigilancia costera, en prevención y vigilancia. Por ejemplo, de las mezquitas e imanes salafistas que tanto ha favorecido el buenismo multiculturalista en Cataluña. Conviene tener en cuenta que las primeras candidaturas municipales anti-inmigración aparecieron en Vic. Ahora la cuestión en si seguir con el buenismo y dar pie a una nueva derecha anti-inmigración o insistir infatigablemente en la razón política y no negar la brutal evidencia del enemigo.

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Armagedon

Daniel Capó

Foto: PASCAL GUYOT
AFP

Desconozco la biografía de Younes Abouyaaqoub, principal sospechoso de la matanza de Barcelona, pero puedo imaginármela: el hijo de una ideología del resentimiento, a la que se le superpone el fracaso social y educativo. Lo que en otra época se hubiera denominado “lumpen”. Nada lo distingue de tantos otros asesinos islamistas, ni del fanatismo de sus compañeros de grupo. Joven y falto de un futuro, el odio –porque sólo se mata por odio– prende en ese fuel del resentimiento, mezclado con un complejo de inferioridad que se asume de forma dolorosa. La ideología del radicalismo islámico ofrece, en definitiva, un marco de redención que canaliza esa rabia y justifica el asesinato: un sentido que resulta, además, claramente apocalíptico. Para empezar, un Armagedón en cualquier esquina de cualquier país libre.

Las ideas tienen implicaciones, al igual que los sentimientos. Y nosotros debemos sabernos guiar por el realismo. En primer lugar, reconociendo que se trata de una guerra, aunque no en un formato tradicional, que se dirige contra nuestras creencias. En segundo lugar, siendo conscientes de que la cooperación internacional es fundamental para contener el yihadismo. En tercero, contando con la necesidad de asfixiar las distintas fuentes de financiación del terrorismo. En cuarto, acompañando la contundente actuación policial de un proceso, a medio y largo plazo, de integración cultural, profesional y humana que permita desacreditar el Apocalipsis. Por varios motivos también, esto último será lo más complicado.

Primero, porque la propia dinámica tecnológica y económica de la globalización acelera la quiebra de clases sociales en Occidente (pero no en los países en vías de desarrollo). Segundo, porque sin éxito académico apenas habrá trabajo de calidad en el futuro y es cosa sabida la influencia del entorno social en la excelencia académica. Tercero, y quizás el más importante, porque –por decirlo a la manera de Rémi Brague– se trata del difícil intento de integrar no sólo una cultura o una religión distintas, sino toda una civilización que engloba desde la superstición al derecho, desde la fe al funcionamiento de la economía. Y no entenderlo, me temo, resulta sencillamente suicida.  

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Apoteosis de la gente

Manuel Arias Maldonado

Foto: HEINO KALIS
Reuters

Tiene el verano muchos detractores y no es difícil comprender por qué. En este mismo periódico, Antonio García Maldonado ha descrito con agudeza los horrores estéticos de las localidades turísticas españolas; por su parte, Alfredo Taján ha calificado el verano como una estación humillante para el ser humano. Se trata de espíritus aristocráticos a los que se les echa encima la estación democrática por excelencia y les arranca de las manos el libro que andaban leyendo. Qué lejos parecen estar los elegantes veranos del cine de Rohmer o aquella promesa la que cantaba Radio Futura: “Es el fin del invierno, iré cerca del mar, / vestiré como un dandy, daré largos paseos, / pensaré en los detalles de mi próximo plan”. Pruebe usted a dar un paseo en la playa de Gandía: hay tan poco espacio que Mersault no habría podido sacar la pistola del bolsillo.

Sin embargo, el verano es también una estación instructiva: nos ofrece un cursillo acelerado sobre la naturaleza política de la especie. Sus enseñanzas son muchas, pero quedémonos con tres. Primero: las playas desbordantes nos muestran que somos multitud y cualquier orden social tiene que apañárselas para ordenar una convivencia que no puede ser sino conflictiva. No hay armonía posible entre quienes se ven obligados a compartir espacio. Segundo: el impacto de un veraneante sobre el medio ambiente es insignificante; el impacto de 50 millones de veraneantes, destructivo. De modo que para pensar en el cambio climático y demás fenómenos socionaturales, no podemos fijarnos en el individuo, sino en la suma total de individuos. Tercero: la intensa carnalidad del verano, que oscila entre la sensualidad juvenil y la decadencia senil, nos recuerda la importancia creciente del cuerpo en la vida política contemporánea. Expresión de identidad, instrumento de lucha política, estación fenomenológica desde la que percibimos el mundo: no podemos escapar de nuestro cuerpo y no puede hacerse política sin los cuerpos. Difícilmente podrá extrañarnos que la historia política esté llena de acontecimientos estivales: desde la toma de la Bastilla a los saqueos de Londres.

Por suerte para sus detractores, la estación también nos recuerda que la democracia liberal sigue siendo el mejor régimen político que conocemos: aquel donde uno puede elegir entre distintas ofertas morales y estéticas. Hay así quien pasa agosto en una calurosa región del interior, quien recorre la capital vacía como si fuera un extranjero, quien no sale de su casa hasta septiembre. Es el verano inglés del disidente o el esnob: la contrafigura democrática sin que la que no hay democracia posible.

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El poder del perro, que no cesa

Melchor Miralles

Es un poder que parece si no eterno, al menos infinito. Y desespera. E Indigna. Y no es una novela, aunque la que escribió Don Winslow lo pareciera, es la puta realidad de buena parte del territorio de Méjico. En las afueras de Tijuana han encontrado, por una confesión de unos detenidos, una fosa clandestina con cerca de 700 cadáveres. En esa zona operaba hace años Santiago Meza, “El pozolero”, acreditado y siniestro especialista en deshacer en ácido cadáveres por encargo de cualquiera, aunque su principal clientela eran los cárteles. Su apodo venía de cuando disolvía los cuerpos en ácido, creándose una sustancia espumosa y blanca semejante al pozole que cocinan con maíz.

Las cifras de la delincuencia organizada en Méjico son un escalofrío que no deja de impactarme por más que la rutina diaria para muchos lo haga normal. Cuando lo has vivido, cuando has sentido cerca el horror y el peligro de que te trinquen los cárteles, te niegas a aceptar que esto sea normal. El número de muertos cada año es insoportable, pero las cifras oficiales hablan además de más de 30.000 desaparecidos.

Es el poder del perro que no termina nunca, porque las raíces del problema están tan hundidas en el corazón del sistema, en la espina dorsal del Estado, tienen tanta capacidad de influencia en las instituciones, que resulta difícil pensar que vaya a tener solución algún día. Están acostumbrados a la muerte, la vida no vale nada, más de la mitad de la población nace condenada a morir la vida. Parece increíble que los seres humanos seamos capaces de admitir tanto horror. A muchos les pilla lejos y se la bufa. A las víctimas les destroza, pero no disponen de medios para acabar con el mal, y quienes pueden, no quieren, porque son ellos, el mal, el poder del perro que no cesa.

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