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El alquiler pisa fuerte en España, ¿necesidad o cambio de tendencia?

Lidia Ramírez

Foto: ALBERT GEA
Reuters

A pesar de que aún estamos lejos de acercarnos a nuestros vecinos europeos, como los alemanes, donde un 50% de sus ciudadanos prefieren ser inquilinos a propietarios, en España se está dando un cambio de tendencia y cada vez son más los españoles que han pasado de considerar que ‘alquilar es tirar el dinero’ a convertir ésta en su primera opción de vida. Según datos presentados por fotocasa.com en su estudio ‘Los españoles y su relación con la vivienda’, en 2015 un 23,5% de los españoles vivía en régimen de alquiler frente al 15% que lo hacía en 2011. Este porcentaje, representa un salto importante y nos acerca al 30% de la población de la Unión Europea que de media, según datos de Eurostat, vive en régimen de arrendamiento.

Sin embargo, a pesar de este cambio, el estudio también refleja que el 47% de los actuales inquilinos preferiría vivir en una casa de su propiedad. Entonces, ¿por qué cada vez más gente alquila? Para Fernando Encinar, jefe de estudios de idealista.com, hay que distinguir entre dos grupos diferenciados. Por un lado, aquellas personas que se han visto obligadas a acudir al mercado del alquiler por no poder hacer frente a una compra: “Muchos podrían permitirse el pago de una cuota hipotecaria pero no disponen de los ahorros necesarios para costear la entrada (alrededor del 30% del valor del piso)”, asegura; y por otro lado, está ese gran número de personas que elige voluntariamente vivir de alquiler aún pudiendo decantarse por la compra.

“La subida del precio del alquiler está provocando una segunda burbuja inmobiliaria”

-Portavoz del Sindicato de Inquilinos de Madrid

Este cambio de tendencia, obligada o voluntaria, está haciendo que muchos propietarios disparen la renta de sus viviendas en alquiler a precios “completamente desorbitados e inaccesibles para gran parte de la población”, denuncia José, portavoz del Sindicato de Inquilinos de Madrid, que insiste en que desde el Sindicato no sólo combatirán los precios sino que también defenderán los derechos de los inquilinos, la mejora de las condiciones habitacionales de los pisos, así como facilitarán los accesos al régimen del alquiler. En este sentido, propone un cambio de la Ley de Arrendamientos Urbanos ya que “está hecha unilateralmente, sin derechos para el inquilino”, asegura. “Hay una desigualdad de poder, las políticas se hacen siempre de cara a los propietarios y los inquilinos están totalmente desprotegidos”.

El alquiler se dispara en España

Definitivamente, el precio de las rentas de alquiler se ha acelerado subiendo en España un 8,8% en el primer trimestre. La mayor subida se ha dado en las Islas Baleares, donde el precio ha crecido un 15,9%, seguida de Madrid (5,1%), Canarias (5%) y Cataluña (4,9%) respecto al mismo periodo del año anterior. Para el jefe de estudios de idealista.com estas subidas “son consecuencia de un enorme aumento de la demanda de vivienda en alquiler que todavía no va acompañada de un crecimiento similar de la oferta, que aumenta a un ritmo mucho más suave”.  Traducidos estos porcentajes a euros, el precio medio mensual del metro cuadrado ha escalado en Cataluña hasta los 13,90 euros, a los 13,50 en Madrid y a 11,80 en Baleares.

El alquiler llega a España para quedarse
Cataluña y Madrid, las comunidades donde el metro cuadrado es más caro. |Fuente: Idealista.com

Tampoco podemos olvidarnos cuando hablamos de esta subida del precio del alquiler del fenómeno de la gentrificación, que para el portavoz del Sindicato de Inquilinos de Madrid es “causa fundamental” y lo argumenta con la siguiente cuestión: “¿Si un propietario gana 200 euros por alquilar su piso un fin de semana a turistas, desde luego no le interesa rentarlo por 600 un mes?”. En los últimos meses se han producido varias movilizaciones contra este fenómeno. La última, bajo el lema #MadridNoSeVende, congregó a gente preocupada por los efectos que tiene en su vida cotidiana, por la pérdida de identidad de su barrio, o que se ve obligada a dejar su casa porque suben los alquileres.

A la pregunta de si los precios del alquiler seguirán subiendo en los próximos meses, Encinar no se muestra muy optimista y asegura que “según vaya mejorando la economía y aumente la creación de empleo, los precios del alquiler podrían continuar subiendo“, aunque también apunta que “hay que permanecer atentos a ver qué es lo que pasa con las rentas en Barcelona y Madrid, punta de lanza del mercado del alquiler en España, cuyo crecimiento se ha frenado en el último trimestre”.

¿Nos dirigimos a una burbuja en los alquileres?

Para Fernando Encinar, no se trata de una burbuja. “Los precios de las casas en alquiler no están subiendo por motivos especulativos sino porque los precios han estado ‘hibernados’ durante toda la crisis y ahora están poniéndose al día en un escenario de mejora económica y aumento del empleo, sobre todo en las grandes capitales”. A esto añade que visto el “escaso interés” de muchos ayuntamiento por facilitar que haya nuevas viviendas que satisfagan la necesidad de tener más oferta de pisos en alquiler, “lo más probable es que los precios sigan subiendo”.

De opinión contraria es el portavoz del Sindicato de Inquilinos de Madrid, que asegura que este fenómeno “crea una segunda burbuja inmobiliaria, que es la burbuja de los alquileres“. En lo que sí coinciden los dos es en que si queremos que éste sea un mercado estable, es necesaria “una respuesta de diferentes administraciones que ofrezcan más ayuda y protección a las personas que se decanten por el alquiler”, así como más iniciativas para que éste “deje de ser residual”. 

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Gentrificación, el camino del aburguesamiento del barrio mestizo

Lidia Ramírez

Foto: Ana Laya
The Objective

A priori, que un barrio deteriorado y castigado por la violencia, la droga, etc, se regenere y revalorice es bueno. Regenerar es una palabra atractiva y revalorizar suena a progreso y prosperidad. Sin embargo, el problema surge cuando esa evolución produce la expulsión de sus residentes. En este punto es cuando hablamos de gentrificación, un proceso por el cual ciertas zonas pobres del centro de las ciudades se ponen de moda, el precio de la vivienda sube y los vecinos que tradicionalmente lo habitan –normalmente clase media/baja– se ven obligados a marcharse para dejar paso a otros de rentas más altas y generalmente más jóvenes.

Este fenómeno, cuyo término que más se ajusta en español sería elitizaciónelitización residencial, impera en barrios de grandes ciudades como Harlem en Manhattan, Hackney en Londres, El Raval en Barcelona o Chueca y Malasaña en Madrid. “El bajo precio de la vivienda o la cercanía al centro de la ciudad y al lugar de trabajo hacen de estos barrios su principal atractivo para los nuevos vecinos”, apunta el arquitecto Javier Clavero.

Barrio de Chueca, Madrid. | Foto: Juan Medina / Reuters
Barrio de Chueca, Madrid. | Foto: Juan Medina / Reuters

Chueca es el referente en España cuando se habla de gentrificación. Allá por los años 80 la convivencia en este barrio era complicada por la delincuencia y la población envejecía de manera constante. Esto cambió a comienzos de siglo. La aparición de nuevas estructuras sociales, al margen del sistema heteropatriarcal imperante en el siglo pasado, como jóvenes profesionales solteros, especialmente mujeres, o parejas homosexuales que buscan nuevos espacios en la ciudad donde establecerse hizo de Chueca un distrito de moda. La comunidad LGTB fue incorporándose poco a poco al barrio, primero a través de locales donde el colectivo podía relacionarse sin temor y posteriormente comprando o alquilando viviendas que rehabilitaban. Eran otros tiempos, cuando un gran ático de 200 metros cuadrados en 2001 costaba menos de 300.000 euros. Hoy, sin embargo, el precio de un piso con características similares ronda los 700.000 euros, según ha podido comprobar The Objective en varios portales de venta de vivienda.

La gentrificación amenaza a Lavapiés

Todo apunta a que Lavapiés está comenzando a sufrir este fenómeno. Masificación de bares con grandes mesas de madera envejecida, bombillas vintage, zumos ecológicos a precios desorbitados, nuevos residentes jóvenes de barbas prominentes… “Todavía no se palpa mucho, pero el proceso ya comienza a darse y es un problema latente desde 2016”, nos cuenta Javier Ruiz, presidente de la Asociación de Vecinos La Corrala-Lavapiés, quien asegura que el comercio tradicional ya ha desaparecido y los pisos turísticos “están haciendo mucho daño”.

Gentrificación, el camino del aburguesamiento del barrio mestizo 1
Chueca es el referente en España de gentrificación. | Foto: Juan Medina / Reuters

La gentrificación es un proceso prolongado en el tiempo, sus efectos no son inmediatos, pero los primeros síntomas pueden observarse en el “alza progresiva de los precios de las viviendas, la apertura de nuevos locales comerciales en detrimento de los establecimientos tradicionales o en el cambio en la vida social y los hábitos de ocio del barrio”, detalla Clavero. Indicios que según el presidente de la Asociación ya están teniendo lugar en Lavapiés, el barrio mestizo por excelencia: “la ‘turistificación’ de los centros urbanos se nos ha ido de las manos, hay una masificación de bares, discotecas y pubs que están transformando el barrio”. A esto hay que sumar, según Javier, la inseguridad y el desconcierto de los moradores al no conocer a sus nuevos vecinos, que además, cambian cada semana. “Hay una vecina cuyo bloque solo tiene cuatro viviendas y tres son de alquiler turístico, ya nos ha dicho que va a abandonar el barrio”.

Según datos publicados por el Ayuntamiento de Madrid, la capital cuenta con 8.000 pisos de este tipo, aunque sólo el 10% están registrados; y sus precios han subido un 26% entre el último trimestre de 2014, y el de 2016.

El destino de los ‘exiliados’

Los vecinos originarios de un barrio gentrificado no son esos afortunados que asisten jubilosos al florecimiento de su distrito, sino personas que primero han sufrido el estigma de vivir en un lugar marginado y después el drama de tener que abandonarlo porque no pueden permitirse el aumento de precios que tienen que pagar por el alquiler. 

“Madrid cuenta con 8.000 pisos turísticos, sólo el 10% está registrado”

En general, el desplazamiento de los vecinos con menores recursos económicos se produce hacia barrios periféricos donde el precio de la vivienda es menor, como es el caso de algunos distritos del sur de la ciudad (Carabanchel, Villaverde o Puente de Vallecas), aunque en algunos casos se ven obligados a volver a sus localidades de origen o incluso regresar a su país, en el caso de la población inmigrante. Es esta comunidad la más resistente a la gentrificación ya que pierden el apoyo de sus iguales con los que ya tienen confianza. Esto ocurre en Lavapiés, que cuenta con una gran población extranjera donde hay comunidades enteras de senegaleses o bangladesíes que son difíciles de desplazar precisamente por esos lazos que no quieren perder.

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Plaza de Lavapiés. | Foto: Susana Vera / Reuters

Las soluciones

Para Clavero, la grentrificación, que a priori, tiene efectos negativos inmediatos para el barrio, como puede ser la especulación y el encarecimiento de los alquileres, también tiene muchos efectos positivos, como “la renovación de su parque inmobiliario y la revitalización del comercio”, por lo que un proceso como este puede resultar una oportunidad de mejora si se desarrolla de una forma adecuada. Pero, ¿cuál es la forma más sana de hacerlo sin caer en la elitización? El arquitecto asegura que en este sentido es imprescindible la intervención de las administraciones públicas y la cooperación con las asociaciones vecinales para amortiguar este tipo de procesos urbanos, garantizando el acceso a la vivienda para todos los niveles de ingresos, de forma que se integre a la nueva población sin expulsar a la original. “En definitiva, promover un desarrollo urbanístico basado en los intereses de los ciudadanos y no en los estrictamente económicos”.

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El Gobierno ayudará a los jóvenes a comprar una vivienda con hasta 10.800 euros

Foto: ANDREA COMAS
Reuters

El Gobierno español ayudará con hasta 10.800 euros a los menores de 35 años para la adquisición de una vivienda, según el Plan Estatal 2018-2021 presentado por el ministro de Fomento, Íñigo de la Serna. Estas ayudas a la compra tendrán un límite del 20% del precio de adquisición, según el plan, que prevé también la incorporación en régimen de alquiler de viviendas desocupadas en manos de una entidad pública estatal y de entidades financieras.

El plan contempla que el Estado y las regiones asuman el pago de entre 150 y 400 euros de alquiler a personas desahuciadas o colectivos vulnerables, con una aportación del 80% del Ministerio y del 20% de las administraciones regionales. El plazo de estas ayudas será de tres años, que son “perfectamente” prorrogables a otros dos más si así lo determinan los criterios de los servicios sociales de la región o del ayuntamiento, según el ministro. El precio medio de la vivienda en España se situó a final de 2016 en 1.512 euros por metro cuadrado, según datos de Fomento. Para optar a la ayuda, será requisito no disponer de otro inmueble en España y no ganar más del triple del Indicador Público de Renta de Efectos Múltiples (532,51 euros), es decir, no ganar más de 1.597,53 euros mensuales.

Otra de las novedades del plan es el incremento de 600 a 900 euros (en casos justificados) del importe máximo de las ayudas para alquileres o la introducción de mecanismos que faciliten la concesión de préstamos por las entidades financieras a la rehabilitación, regeneración y renovación urbana o rural, entre otras medidas. El programa de Fomento del parque de viviendas plantea que España pueda acercarse a la media europea del 30% de la población que reside en viviendas alquiladas frente al 21,8% actual, informa Efe.

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Desencantos digitales: el problema de la vivienda

Manuel Arias Maldonado

El columnista Manuel Arias Maldonado analiza en #elSubjetivo en vídeo sobre el incremento histórico del precio del alquiler en España en la era digital.

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Sitges, la joya del Mediterráneo catalán brilla menos de lo que acostumbra

Borja Bauzá

Foto: Borja Bauzá
The Objective

Los titulares de prensa se suceden a buen ritmo. Más de 3.000 empresas han llevado su sede fuera de Cataluña desde el referéndum; Frenazo industrial en Cataluña mientras Madrid se dispara; Salou, el ‘kilómetro 0’ de la ruina soberanista; o –este último de hace apenas cinco días– Catalunya, a la cola de España en el aumento de venta de vivienda. Industria, turismo, vivienda. Todo parece encontrarse en caída libre desde el referéndum por la independencia celebrado el pasado mes de octubre. Todo menos un pueblecito de la comarca del Garraf que parece estar aguantando el tirón. Más o menos.

Sitges comenzó a destacar como población sui géneris hace un par de siglos, cuando varios de sus habitantes decidieron marcharse a las Américas con la intención de hacer fortuna. Tal ánimo emprendedor no era raro en la época; otra cosa diferente era triunfar en el proceso. Por lo general a los sitgetanos les fue bien. Y aunque algunos, como Facundo Bacardí, que años más tarde fundaría en Cuba la empresa que todavía hoy lleva su nombre, decidiesen quedarse allende los mares, muchos optaron por regresar al pueblecito de su infancia.

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Sitges según el pintor Morés. | Imagen: Pintura cedida por Garazi Tamayo

Los indianos que regresaron se dedicaron a construir pequeñas mansiones a la vera del pueblo. La mayoría escogió ubicarse cerca del mar, en lo que ahora es el Paseo Marítimo. Son precisamente esas villas las que hoy hacen de la localidad una de las poblaciones más caras de la costa española. En Sitges no es difícil encontrar propiedades en venta por seis, diez o incluso catorce millones de euros. Lo que sí empieza a ser más complicado es encontrar tantos compradores como antes.

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Joan Buti dirige Finques Buti, la inmobiliaria más antigua del lugar. Buti tiene 60 años, la voz grave y una paciencia digna de santoral. Es la voz de la experiencia en uno de los mercados inmobiliarios más exclusivos y peculiares de España. Responde a las preguntas acompañado de una calculadora que utiliza para llenar de cifras sus argumentos.

Buti explica que muchas propiedades en Sitges pertenecen a familias de Barcelona de clase alta o muy acomodada que o bien viven todo el año en la localidad –sita a tan sólo media hora de la Ciudad Condal– o bien acuden a ella los fines de semana, puentes y vacaciones. Estas familias son las más comunes. En un segundo escalón, a bastante distancia de la burguesía barcelonesa, se encuentra una colonia de maños y madrileños también pertenecientes a la clase media alta de sus respectivas ciudades. Suelen utilizar Sitges como retiro vacacional. Por último, aunque casi a la par, está lo que Buti llama “el mercado internacional”; familias procedentes de Francia, Inglaterra e Irlanda que viven o veranean en el pueblo. Es este último perfil el que peor lleva lo del proceso independentista catalán.

El dueño de Finques Buti comenta el caso reciente de un cliente francés que visitó varios apartamentos. “Se marchó bastante convencido de querer comprar uno que le había gustado mucho, pero unos días más tarde me llamó desde Francia para informarme de que sus asesores financieros le habían recomendado esperar hasta que se calme la situación”. Por lo visto estos plantones son habituales desde agosto.

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Iglesia de San Bartolomé y Santa Tecla. | Foto: Borja Bauzá / The Objective

Damián Peña, director de la oficina sitgetana del grupo inmobiliario Engels & Völkers, coindice con Buti. Dice que este otoño se han registrado menos solicitudes de compra de lo normal y también que hay bastante miedo fuera de España. Peña aclara que sus afirmaciones se basan en la intuición de alguien que está al pie del cañón. Las estadísticas oficiales –o, al menos, las que se elaboran siguiendo una metodología y datos contrastados– no saldrán hasta el verano. “De todos modos, el número de visitas a pisos y propiedades ha caído entre un 20% y un 30%, lo que hace suponer una caída de las ventas en los próximos meses. A menos visitantes, menos compradores potenciales”, explica.

Otra inmobiliaria histórica de Sitges es Fincas Maricel. Sus oficinas, que llevan gestionando transacciones inmobiliarias desde hace cuatro décadas, se encuentran en el Cap de la Vila, el centro neurálgico de Sitges. Allí atiende Carlos Solá, que ese día no parece estar del mejor humor del mundo, quizás porque a dos metros de la puerta los de Esquerra Republicana de Catalunya han montado un puesto informativo de cara a las elecciones del próximo 21 de diciembre que casi no deja ver el negocio.

“Claro que se ha notado”, asegura Solá al preguntarle por el proceso independentista. La percepción en Maricel es muy parecida a la de Engels & Volkërs: desde agosto las visitas a propiedades han caído un 20%. Por eso Solá estima que cuando lleguen las estadísticas oficiales se constatará una caída de las ventas del 15%.

Pese a que las tres inmobiliarias coinciden al apuntar que las familias extranjeras han dejado de buscar propiedades en Sitges, o por lo menos de buscar con las mismas ganas de antes, también dejan claro que, con todo, ni los precios se han visto afectados ni tampoco hay una avalancha de gente queriendo salir del pueblo cuanto antes.

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Todas las reseñas lo confirman, y cualquiera que haya pagado visita estará de acuerdo: Sitges es un pueblecito bonito, tranquilo, y divertido que no se apaga ni en los meses más ásperos del año. Un microcosmos único gracias al Festival de Cine de Sitges que se celebra en octubre, a la semana del carnaval de febrero y a las conferencias multitudinarias –muchas veces de carácter internacional– que se suceden cada dos por tres en el Meliá situado junto al puerto. También gracias al puñado de colegios internacionales que hay repartidos por la zona para satisfacer la demanda de esas familias, tanto extranjeras como barcelonesas, que viven todo el año allí, y al Institute of the Arts Barcelona, el centro superior de estudios artísticos que abrió sus puertas en 2013 y acoge a docenas de estudiantes procedentes de todo el mundo. Tampoco escasean las reseñas culturales; las que hablan de los museos agrupados en torno a la iglesia de Santa Tecla, las que hablan de Santiago Rusiñol y su influencia modernista sobre Sitges, las que hablan –como esta de Francisco Umbral o esta otra de Sergi Doria– de los cuatro años que pasó allí, escribiendo en el primer chiringuito de España, el controvertido escritor y columnista César González-Ruano, y las que hablan del novelista Ildefonso Falcones, a quien le gusta frecuentar los clubes más selectos de la localidad. También hay quien dice haber coincidido con el último Premio Cervantes, Eduardo Mendoza, tomando paella en una de las villas que están pegadas al Hotel Terramar. Sitges no es, en resumidas cuentas, un pueblo playero más.

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El turismo gay ha salvado Sitges. | Foto: Borja Bauzá / The Objective

Pero en lo que atañe a las inmobiliarias, lo que realmente marca la diferencia entre Sitges y otros pueblos costeros de España es ser desde hace décadas uno de los destinos preferidos de eso que la Wikipedia llama “turismo homosexual”.

Fue en la década de los 80 cuando Sitges se erigió como destino turístico gay para personas de todo el mundo, un estatus que sigue manteniendo en la actualidad y gracias al cual el pueblo ha conseguido capear bien las crisis de la última década; primero la económica y ahora la crisis política que se deriva del proceso independentista.

“El cliente gay es un cliente importantísimo para Sitges”, señala Buti. Son personas –explica– normalmente extranjeras, con gran poder adquisitivo y que se comportan de forma diferente a las familias. “El cliente gay suele tener inquietudes diferentes a las que pueda tener la típica familia con niños, y es mucho más tolerante con la inestabilidad siempre y cuando vea que ésta no afecta a su seguridad personal”. Por eso –sigue explicando Buti– durante la crisis financiera, cuando el mercado nacional estaba en plena retirada, el pueblo tuvo que apoyarse en la comunidad gay y en las familias de origen extranjero para poder capear el temporal. Y por eso ahora, con las familias de origen extranjero pensándoselo dos veces antes de invertir en Sitges, vuelve a ser de nuevo la comunidad gay la que ayuda a mantener el pueblo sin un stock de viviendas acumuladas. Ese stock –termina Buti– es el que pesa tanto en algunas poblaciones vecinas que, tras casi diez años de crisis económica, se topan ahora con el procés y la incertidumbre que éste genera sin haber podido desprenderse de toda la oferta que arrastraban. En pocas palabras: el cliente gay es el gran comodín de Sitges.

*

Sitges, pues, es una realidad al margen de Cataluña pese a ser el pueblo más independentista del Garraf (según el recuento de votos de las últimas elecciones autonómicas) y estar a 40 kilómetros de Barcelona. Hay política en sus calles en clave de carteles, pancartas, banderas e incluso placas que hablan de la Guerra de los Segadores y de las tropelías que allí cometieron “las bombas castellanas”, pero uno debe esforzarse si quiere darse por aludido. No salta a la vista, ni es algo que se encuentre hasta en la sopa. No es, ni por asomo, un pueblo con la militancia de Arenys de Munt. Por encima de todo sigue siendo, como se ha dicho antes, un lugar tremendamente bonito y divertido que sirve a la burguesía barcelonesa de exilio vacacional dorado; un lugar en el que desconectar del clima político y en el que todavía se puede dormir con la buena conciencia de haber hecho una inversión inmobiliaria inteligente. Vender puede ser un poco más difícil que antes, pero el suelo sigue encontrándose entre los más exclusivos de España.

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Paseo Marítimo de Sitges con el Hotel Terramar al fondo. | Foto: Borja Bauzá / The Objective

¿Y después de las elecciones del próximo jueves?

Carlos Solá es pesimista: “Esto va a ir a más y será entonces cuando la gente, también los catalanes, empiece a marcharse a otras partes de España”. Joan Buti es todo lo contrario, optimista, y dice que pase lo que pase –gane quien gane– el proceso independentista tiene los meses contados. Sostiene que cualquier persona mínimamente inteligente actuará con la tranquilidad y el sosiego del que sabe que las revoluciones, si se hacen, han de hacerse de otra manera. Damián Peña es el más escéptico de los tres y opina que todo mejorará cuando “en Europa se deje de hablar de nosotros”. O sea, que si el asunto se prolonga serán malas noticias.

De forma parecida opina Borja Mateo, experto inmobiliario y autor de varios libros sobre el sector, al afirmar que los precios bajarán “incluso en un lugar como Sitges” si el procés se dilata en el tiempo. En cualquier caso, ve complicado asistir a un éxodo burgués por culpa de la política: “Cataluña ni es ni va a ser como Euskadi en los años 80, donde se cargaban a gente por la calle”. Mientras eso no pase –dice– no hay de qué preocuparse. Es más, si el procés se dilata en el tiempo y sus predicciones se convierten en realidad, Mateo cree que la bajada de precios tampoco será demasiado pronunciada. Durará el tiempo que tarde la gente en comprender que hay pueblos que nunca tocan fondo.

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