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El amor después de Tinder: ¿Destiñen los príncipes azules?

Beatriz García

Foto: "Gas Mask Kiss" vía LIFE

En marzo cumpliré 35 años: No he plantado un árbol –no me acuerdo ni de regar las plantas-, ni tengo hijos, ni hipotecas, ni tampoco pareja. Pero sí un largo rosario de relaciones fallidas – una decena de ex novios, algunos amantes, dos psicópatas y un presunto amor de la vida… Mejor dicho, tres psicópatas-. Soy lo que se suele llamar una mujer moderna, neurótica, auto proclamada feminista, con una mochila bien cargada de fantasmas a la espera de que un príncipe azul venga a salvarme de mi solitaria y caótica existencia. Una contradicción andante, como la mayoría.

Así son las cosas, llevamos el amor romántico en la piel como los indígenas a sus ancestros y ni siquiera ellos, los hombres, son inmunes al mito. Y para no acabar enzarzándome en una de esas espirales autocompasivas a la que los Piscis, eso dicen, tenemos tanta tendencia, he decidido averiguar qué es eso que llamamos ‘amor’ y por qué demonios tuve relaciones más maduras a los 18 que ahora que casi empiezo a peinar canas. ¿Existe un amor para toda la vida? ¿Necesitamos a alguien que nos ame y nos haga la cucharilla en la cama, o nos basta con nuestros amigos?

‘Love is the Net’

Diana ha llegado a las oficinas de Zhazz con cara de cachondeo. Lleva toda la semana haciéndome bromas y prometiéndome que me pasaría un capítulo de ‘Black Mirror’ sobre citas a ciegas que todavía espero.

– ¿Hoy vamos a conocer a tu futuro marido? –me pregunta.
– No, vamos a entrevistar a un directivo.
– Mira que si es él… – continúa con el pitorreo.

Nos hemos citado con Benjamín Rodríguez, el director de una novedosa plataforma de búsqueda de pareja que emplea tests psicológicos, análisis morfopsicológicos (faciales) e incluso la astrología para encontrar a personas muy compatibles contigo. Benjamín llama a Zhazz el “after Tinder” o el “headhunter de parejas”, un híbrido entre las antiguas agencias matrimoniales y las modernas ‘apps’ nacida, como nos cuenta, del agotamiento de algunos amigos que ya rondaban los 40 y que estaban hartos de que sus ‘match’ fueran el juego de la ruleta rusa.

“Las relaciones son menos estables cada día. Queremos más libertad y, paradójicamente, nos sentimos cada vez más solos y algunos incluso han asumido que así va a ser el resto de su vida. No es que tenga nada de malo estar solo, pero la condición del ser humano es vivir en comunidad y la gente se ha atrincherado detrás de la pantalla del ordenador. Una de las luchas que tenemos en Zhazz es hacer que las personas no se limiten a chatear una vez les proponemos que se conozcan, sino que queden lo antes posible. Porque son los ojos, las facciones, los gestos, el olor del otro…”, dice Benjamín.

El amor después de Tinder: ¿Destiñen los príncipes azules? 1
Con Benjamín Rodríguez en las oficinas de Zhazz. Foto de Diana Rangel.

Cuando te registras en la plataforma debes completar tres test: uno sobre tus gustos y preferencias, que incluye categorías como “bisexual” o “asexual”, y dos más de carácter psicológico que cavan profundo en cuestiones personales como si son para ti importantes los preliminares en tus relaciones sexuales, cómo sueles reaccionar en una discusión de pareja o qué aspectos de la convivencia son los más importantes. De allí surge un porcentaje de compatibilidad con otros usuarios de Zhazz que se afina todavía más cuando unas astróloga realiza tu carta natal y la pone en relación con la de oros candidatos. Así que si no encuentras pareja, como mínimo te conoces al dedillo.

– ¿Pero es efectivo? –le pregunto-. Quiero decir… ¿puedes conocer así a tu persona ideal?

– El amor es un misterio, nosotros lo que hacemos es presentarte a gente que podría encajar contigo. Vivimos en una sociedad en que se tiende a tratar a las personas como productos distorsionando el cariño, de forma que aunque quedes un par de veces con alguien no te lanzas, porque… ¿y si hay otro candidato mejor? Y así se nos pasa la vida.

El amor después de Tinder: ¿Destiñen los príncipes azules?
¿Cuántas horas durará lo nuestro? Black Mirror, ‘Hang the DJ’.

Según la psicóloga Isabel Moreno, el problema es el gran abanico de posibilidades de nuestra sociedad actual: “Antes había matrimonios que se lo trabajaban y otros que estaban por estar, pero hoy hay tanto donde elegir que acabas no valorando y cambiando a la gente como si fueran cromos. Eso va unido a que la cultura está mucho más centrada en el ego y cuesta crear una identidad conjunta. Siempre digo que hay una diferencia entre tener una pareja, lo que implica posesión y necesidad, y ser pareja, que es construir una identidad compartida de ese nosotros”, resume.

Pero si el amor es un misterio, como dice el director de Zhazz, ¿puede estar escrito en los astros el nombre de nuestra futura pareja?

Ni de Marte ni de Venus

– ¿Ya conociste a tu marido? –insiste Diana.

Le pregunto si es Tauro, por lo empecinada. Y ella me dice que soy tan Piscis que ni se me ocurra casarme con un Escorpio. ¡Ni caso!

Isabel, la astróloga de Zhazz, me ha hecho la carta natal y me explica por teléfono en qué casa tengo el Sol, la Luna y qué planetas influyen en mi destino amoroso… Me describe tan minuciosamente como si me conociera y no me avergüenza admitir que he recobrado la fe en esa ciencia antigua, matemática, que es la astrología. Cree que deberíamos dejarnos guiar más por las estrellas y menos por las primeras impresiones. “Si solo te quedas en la química puede ser un chispazo, pero si buscas una persona para compartir tu vida necesitas más de una o dos citas. Me acuerdo de dos personas que tenían la sinastria de parejas más fuerte que he visto en mi vida, pero no se gustaron en la foto y no se dieron la oportunidad. Puedes tener un tesoro que si no quieres verlo no lo ves”, concluye.

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No es mi carta, sino la del Papa Francisco…

Para la investigadora en género y escritora Coral Herrera, creadora del Laboratorio del Amor, lo difícil hoy en día es cambiar nuestra manía de consumir relaciones por la virtud de disfrutar de y con ellas. “Hoy es complicado que alguien vaya al amor desnudo, se quite el casco y la coraza y deje ver las profundidades de su yo. Nos da miedo exponer nuestra vulnerabilidad, sobre todo a los hombres. La mayoría de las parejas están sumidas en luchas de poder porque todos queremos imponer nuestras necesidades y gustos a los demás, cuando el amor fluctúa. El amor es una energía viva que a veces crece o se desintegra, y hay que trabajar mucho los miedos, la comunicación y las diferencias culturales entre hombres y mujeres que ha creado el patriarcado y que  nos atraviesan”, explica. Y eso incluye dos creencias especialmente programadas en nosotras: Que amar equivale a sufrir y que necesitamos a un hombre para sobrevivir. El eterno mito del príncipe azul…

“Ahora la gente ya no aguanta la marea, enseguida se van a la cama y eso no es conocerse. ¡Eso es un apaño!” – Jacinta y José, 80 años. 

“Todas las princesas Disney están puteadas y a ninguna se le ocurre establecer estrategias para salir de la situación ni aliarse con otras mujeres, solo esperan que venga el hombre que las salve. Nos han hecho creer que en esta vida necesitamos a alguien que nos complete porque somos imperfectas. Penélope pasó 30 años esperando a Ulises y la Bella Durmiente un siglo a su príncipe. Y ese es el gran engaño, porque acabamos construyendo relaciones interesadas entre hombres y mujeres basadas en el intercambio político y económico que nos hacen perder mucho tiempo. Vivimos en permanente decepción”, explica la autora de ‘La construcción sociocultural del amor romántico’ (ed. Fundamentos).

¿Hasta que las muerte nos separe?

En su obra ‘Amor líquido. Acera de la fragilidad de los vínculos humanos’, el sociólogo polaco Zygmunt Bauman describía las relaciones interpersonales que se desarrollan en la postmodernidad como superficiales, carentes de solidez y con tendencia a ser cada vez más fugaces como consecuencia de un capitalismo que mercantiliza nuestras vidas y convierte los vínculos afectivos en una suerte de consumo mutuo. Con el auge de las nuevas tecnología y la prisas que nos atraviesan a todos, la palabra ‘relación’ se ha convertido en ‘conexión’. “Las relaciones virtuales están provistas de las teclas ‘suprimir’ y ‘spam’, que protegen de las pesadas consecuencias (sobre todo, la pérdida de tiempo) de la interacción en profundidad”, escribe.

No obstante, a la mayoría de nosotros se nos enternece el corazón cuando vemos a una pareja de ancianos paseando cogidos de la mano y los consideramos unos afortunados en el amor. Antes la relaciones eran un ‘hasta que la muerte nos separe’ y había quien las disfrutaba y quien las padecía –la primera ley de divorcio en España se aprobó en 1981-, pero todavía hoy, como entonces, existen parejas que resisten incluso pese a ellas mismas y otras, en cambio, que han sabido tejer un nosotros basado en la humildad, la generosidad y la capacidad de adaptación. Y así lo asegura mi amigo Ricardo, que lleva 17 años con su pareja y todavía presume de que fue un verdadero flechazo.

– ¿Y cuál es el secreto del amor para toda la vida? –le pregunto sacando la libreta.

– Suerte.

– ¿Y?

– Pues eso, compartir unos principios y ser generosos.

– ¿Y?

– Suerte.

– ¡Bah!

Jacinta y José llevan 64 años juntos. Se conocieron en el baile a los 16 años y él la sacó a la pista, cuenta, por una apuesta. “Me tiré cuatro años picando piedra hasta que lo hicimos oficial, pero no nos casamos hasta los 25. Lo que yo he sufrido no lo ha pasado nadie…”, me explica. “Primero había que entrar en casa de los padres y pedirles permiso para salir con la hija y luego uno se iba tratando poco a poco. Claro que en aquel entonces en los pueblos era más fácil porque nos conocíamos todos. Ahora la gente ya no aguanta la marea, enseguida se van a la cama y eso no es conocerse. ¡Eso es un apaño!”. Y a Jacinta le da la risa, se muere de vergüenza de hablar de amor con una desconocida. “Uno no siempre es feliz, se pasa por cosas gordas también pero la gente de ahora no tiene paciencia. Lo quieren todo ya y si no te gusta, a otra cosa”.

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Jacinta y José, máster en relaciones duraderas. Foto de Stefanía Vara.

Eso me recuerda a mi amiga Mercedes, que dejó de esperar a Romeo en el balcón equivocado para acuñar una teoría sobre los amores serenos que a mi comadre Natalia le parece de lo más aburrida. A saber: Que los amores imposibles son los que más gustan y los que más rápido acaban contigo, y que todo el mundo tiene varios amores que enganchan pero sobre todo uno que es el tranquilo y ese es el amor de tu vida. Y es que mis dos amigas son muy diferentes, aunque ambas coincidan en una cosa: El amor no se encuentra, se busca.

– Pues me he dado de alta en una web de pareja –les confieso.

– No me parece mal –contesta Mercedes-. Es una herramienta más, como conocer a un vecino en la frutería y que os deis un golpe, y de repente…

– ¿Y por qué no? –responde Natalia -. Aunque es menos espontáneo que conocerlo en un picnic y entonces…

– ¡O que se tire de un cuarto y se te caiga encima! ¿Os dais cuenta de que esto sigue siendo AMOR ROMÁNTICO?

Y mientras me debato entre la búsqueda y la espera, y dudo si hacer ‘zhazz’ a algún que otro muchacho que aparece en mi perfil con una compatibilidad del 79% y afinidades y gustos del 55%, me voy de picnic y entro en las fruterías pensando en conjunciones planetarias y sinastria de parejas. Hasta que un buen día…

– ¿Qué pasó con tu marido, amiga? ¿Ya lo encontraste?

– … Quizás.

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Los mejores perfiles de Tinder para perder la esperanza en el amor (y en la inteligencia humana)

Redacción TO

Foto: Mike Blake
Reuters

Más de 10.000 millones de “matches” después de la aparición de Tinder, los tiempos en los que para ligar era necesario acudir a bailes de pueblo, aceptar citas a ciegas planeadas por conocidos o lanzar miradas en plena borrachera de sábado noche parecen anteriores al Pleistoceno. Para miles de personas, Tinder se ha convertido en la herramienta imprescindible para buscar el amor o la cópula, y como consecuencia también en una especie de cajón de sastre de la condición humana en estado de soltería.

Según reza la descripción de la app “Tinder ha cambiado la forma en que la gente se reúne en todo el mundo. Es mucho más que una aplicación de citas. Tinder es una poderosa herramienta para conocer gente, ampliar su grupo social, conocer a los lugareños cuando está de viaje y encontrar gente que de otra manera nunca hubiera conocido”, aunque en realidad todos sabemos que su principal cometido es pillar cacho. Desconocemos si las 100 millones de personas que han instalado alguna vez la app en su teléfono encontraron amor, amistad, sexo o absolutamente nada, pero de lo que sí estamos seguros es que más de uno se ha echado unas cuantas risas entre “swipe” y “swipe” al observar la fauna recogida entre los perfiles.

Para pasar de la incesante búsqueda de amor y conformarse con la risa,  la cuenta de Facebook Filósofos de Tinder recopila la cara más intensa, grotesca e hilarante de la aplicación de citas.

De nulo a chulo

Una de las mejores presentaciones de Tinder de todos los tiempos: “Soy Mario dejame conocerte no se porque pone maria”, así sin tildes, mayúsculas ni comas, tras su nombre de pila con una aparente y misteriosa equivocación de género. En el lado opuesto de esta vistosa falta de pericia en la escritura de perfiles,  un hombre que sabe de marketing amoroso. Mario-María debería aprender de su compañero, capaz de convencer a la más escéptica con promesas de futuro.

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Las fotos más “sexys”

¿Quién dijo que la cola vendada de un caballo no resulta una imagen sugerente?, ¿a quién no le gusta ver a un adulto en traje en una piscina de bolas?

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Peor imposible

Con la irrechazable oferta de una conversación rica e interesante sobre motos “sexo porno y demás temas” o declarando que “es jodidamente fácil ser una perra” pero “jodidamente difícil ser un semental”, estos elementos alardean de su machismo sin el mínimo miramiento. Más de una pensará que si las usuarias se preocupan por leer y alguno de los dos tiene un “match”, algo estaremos haciendo mal.

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El uno para el otro

A ella le gustan las cosas de verdad. A él, le gustan las cosas buenas. Puede que no se conozcan, pero en en sus obviedades, es probable que encontrarán el amor.

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Metáforas y antífrasis

Adelantándose a la posible decepción de la primera cita, dos ejemplos que demuestran que en Tinder lo importante es la esencia, el concepto. El primero muestra una “foto de perfil concebida como metáfora”, el segundo, su auténtico “amor por los animales”.

Los mejores perfiles de Tinder para perder la esperanza en el amor (y en la inteligencia humana)

La “modernidad líquida” de Bauman en Tinder

De toda la vida, culturetas, gafapastas y filosófos de poca monta han utilizado su intelecto como gancho, apoyados en aquella excusa que reza que “la inteligencia es sexy”. Sin embargo, Tinder les permite incluir la liquidez, incluso en sus descripciones. Bravo.

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Una imagen vale más que la palabrería

Sencillos, directos y efectivos. Uno busca deshacerse de su calentura; el otro llegar directo a tu corazón. No sabemos si lo conseguirán, pero al menos ingenio le echan.

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La forma del agua: una carta de amor al cine y al romance entre especies

Romhy Cubas

Foto: Fox Searchlight Pictures

En 1941 durante una exclusiva cena de la industria cinematográfica ofrecida por Orson Welles, el director sudamericano Gabriel Figueroa compartió la historia de una criatura anfibia mitad humana que emergía del río Amazonas una vez al año para raptar a una mujer y desaparecer sin rastro. En 1954 una de las personalidades presentes en aquella cena, William Allan, produjo La criatura del lago negro, un precedente elemental para la humanización de los monstruos y criaturas fantásticas en la pantalla grande.

Más de seis décadas después, el cineasta mexicano Guillermo del Toro ha logrado recuperar la esencia de una historia que se ancló en su imaginario desde que la vio a los siete años de edad. La forma del agua, la última película del director reconocido internacionalmente por el hermoso debut que fue El laberinto del fauno, es un etéreo homenaje al cine fantástico, los monstruos, la filmografía de los 60 y sobre todo un honorable final para La criatura del lago negro que raptó a Julie Adams a finales de los años 50.

Con trece nominaciones a la estatuilla de Oro de los Oscar este año y otras 150 nominaciones a premios y festivales alrededor del mundo, entre lo que se encuentran el recibimiento del León de Oro del Festival de Venecia y el Globo de Oro como mejor director, la película protagonizada por Sally Hawkins, Doug Jones, Michael Shannon y Octavia Spencer se enuncia como una carta de amor al cine. En ella el clima cultural, los derechos civiles y las dinámicas de poder recuerdan que en la “gran América” siempre han existido escenarios en donde la segregación busca establecerse como el denominador común de una sociedad.

Situada en los años 60 en Baltimore, previo al asesinato de John F. Kennedy, La forma del agua narra un romance único entre la conserje de una central de investigación del gobierno, Elisa -muda de nacimiento y con unas cicatrices extrañas en el cuello que evocan a las branquias de los anfibios-, y una criatura encerrada en las facilidades del lugar que es torturada en el nombre de la ciencia y la seguridad nacional.

Las referencias hacia La criatura del lago negro son evidentes, pero el film no se trata de un remake sino de una celebración al cine y la filmografía antigua, un homenaje a influencias cinematográficas como The Red Shoes ,The Harder They Come e inclusive la estética de  Andy Warhol.  Y es que para Del Toro el anfibio que sostiene a una aterrorizada Julie Adams en el póster de 1954 es una de los diseños más hermosos que ha visto. Desde que lo descubrió el esquema de un romance en donde la pareja de especies comparte helados y paseos en bicicleta ha sido clave para uno de sus proyectos más ambiciosos.  

La forma del agua: una carta de amor al cine y al romance entre especies
Tras cámaras de La forma del agua | Foto: Kerry Hayes/Fox Searchlight Pictures

La forma del agua relata una historia de amor con tintes de fábula en donde la transformación no es necesaria para la comprensión de dos individuos. La película hace justicia a uno de los temas más comunes de los filmes del director, que no solo se expresa mediante monstruos y criaturas sino mediante la idea de que en este mundo solo nos tenemos los unos a los otros.

Doug Jones, quien ha aparecido en varias películas de Del Todo como Mimic, Crimson Peak y Hellboy, en donde también interpreta a un hombre anfibio, es el cuerpo y movimiento detrás  de la noble criatura de La forma del agua.  Junto con la ayuda de la escritora Vanessa Taylor y el escultor Mike Hill, -quien ya ha diseñado un Frankenstein de tamaño real para la colección privada de horror de Del Toro- el alma del anfibio tomó vuelo con una simple instrucción del director: “Quiero que canalices dos cosas: el Silver Surfer [héroe de Marvel Comics], con su fuerza heroica y su sensualidad discreta, y a un matador. Cuando los observas, tienen mucha confianza y lideran con las caderas y la pelvis”, le indicó el director al actor según The Hollywood Reporter.

Por otro lado el, apego de Del Toro por su último proyecto, que originalmente iba a ser filmado en blanco y negro, lo llevó a desembolsar $200,000 de sus propios fondos para presentar a Fox Searchlight un guión que según el director los hizo llorar a todos al final de la primera propuesta.

La forma del agua: una carta de amor al cine y al romance entre especies 1
Escena de La forma del agua | Foto: Fox Searchlight Pictures

Más que criaturas y monstruos

La humanización de los monstruos, que siempre han fascinado al director, y el romance silente entre dos especies distintas es de hecho una persiana para contextualizar polémicas pasadas que siguen teniendo vigencia hoy en día como: la discriminación racial, la intolerancia y un particular complejo de hombre blanco, poderoso y privilegiado.

“Lo configuré en 1962 específicamente, porque cuando la gente dice: ‘Hagamos que Estados Unidos vuelva a ser grandioso’, están soñando con esa era”, explica Del Toro a la revista estadounidense Deadline. “Es una época donde los autos tenían aletas de chorro, las cocinas eran automáticas. Todo era genial si eras blanco, anglosajón y protestante, pero si eras otra cosa, estabas jodido. No ha cambiado tanto”.

Esta elección tanto -personal como política- de escenarios y geografías temporales hacen que la película se conjugue en reversa a los roles desempeñados en filmes de época. “Quería convertir en malo al personaje con un buen traje y una mandíbula cuadrada (que suele ser el tipo bueno en las películas de ciencia ficción de los años 50)”, agrega Del Toro.

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Escena de La forma del agua con Sally Hawkins y Doug Jones | Foto: Fox Searchlights Pictures

Palabras innecesarias y miles de tonos verdes

Sally Hawkins hace que las palabras sean innecesarias con una actuación sutil y serena que se conjuga con todos los colores de la película. La actriz también contribuyó con el guión de su personaje; Del Toro se inspiró en una historia escrita por esta sobre una mujer que desconoce que es una sirena. El detalle de los rasguños con forma de branquias en el cuello de su personaje fue tomado de dicha historia.

El silencio de la película es sustituido con un soundtrack y una musicalización que riman con los pasos y el mutismo de sus personajes. La cinematografía etérea de Dan Laustsen se aferra a miles de tonos verdes para crear la atmósfera de ensueño de un cuento de hadas para adultos. Esa paleta infinita crea un juego de tonos que pasan por la aguamarina, los ásperos verdes oxidados de edificios antiguos e institucionales, el brillo de neón de una gelatina hasta el verde cerceta metálica de un nuevo Cadillac.

Por otro lado, no solo la crítica coincide en que La forma del agua es una de las mejores piezas de Del Toro desde El laberinto del fauno, el propio director reconoce un particular orgullo por la película.

“Para mí no se vuelve más personal que con La forma del agua. Estoy orgulloso de ella. Es la película favorita que he realizado“, dijo Del Toro a Collider. “Me encanta. Lo llamo ‘un cuento de hadas para tiempos difíciles’ porque es una pomada contra el mundo, donde nos levantamos todas las mañanas con peores noticias”.

La fidelidad de Guillermo Del Toro por los monstruos crea un homenaje moderno y un cuento de hadas gestado décadas atrás que por fin encuentra su final perfecto.

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Resfriado en perros: la importancia de tratarlo a tiempo

Carola Melguizo

Foto: Ketaki Upasani
Flickr bajo Licencia Creative Commons

El resfriado es la enfermedad leve más extendida en el mundo y por desgracia, no es solo cosa de humanos. Los perros también pueden verse afectados y la sintomatología es bastante similar: tos, fiebre, estornudos, pérdida de apetito, cansancio extremo, secreciones oculares, dificultades respiratorias, etc. Con los cuidados adecuados, en pocos días el perro se recupera completamente, pero si no recibe atención veterinaria a tiempo, las complicaciones pueden ser muy graves, llegando incluso a poner su vida en riesgo.

Un perro, igual que un humano, puede resfriarse en cualquier época del año. Sin embargo, la exposición al frío, las corrientes de aire y los cambios bruscos de temperatura debilitan el sistema inmunitario, lo que hace que durante el invierno aumenten las posibilidades de contagio. Sobre todo, en el caso de los cachorros y los perros mayores. Ahora bien, aunque presente los mismos síntomas y la evolución sea similar, no se trata de una enfermedad zoonótica, es decir, no puede transmitirse entre animales y seres humanos.

A pesar de tratarse de una enfermedad infecciosas de tipo viral que, por lo general, se resuelve en dos o tres días sin necesidad de administrar ningún tipo de medicamento, es recomendable acudir al veterinario ante el primer síntoma que nos haga sospechar que nuestro perro está enfermo. En pocos días, un resfriado común puede empeorar y convertirse en una bronconeumonía, que es una afección respiratoria grave que si no se trata a tiempo puede resultar mortal. El tratamiento depende de cada caso, por eso es importante controlar la evolución de los pulmones a través de radiografías durante todo el proceso.

Es importante destacar que acudir al veterinario en una fase temprana, además de prevenir complicaciones y garantizar que el perro se recupere lo antes posible, permite descartar otras enfermedades que presentan síntomas parecidos. Por ejemplo, la tos de las perreras y el moquillo. La primera es básicamente una tos seca, muy fuerte, que puede incluso llegar a provocar vómitos, pero que por lo general se autolimita en pocos días y la segunda, es una enfermedad vírica que afecta tanto a las vías respiratorias como al sistema digestivo y al sistema nervioso y que con frecuencia resulta mortal. Ambas son altamente contagiosas.

El frío favorece la transmisión del virus | Freestocks en Flickr

5 consejos para combatir el resfriado en perros

Una vez diagnosticado por el veterinario, si no hay complicaciones, el perro puede volver a casa para comenzar su recuperación. El tiempo que tarde en curarse dependerá de su sistema inmunitario y, por supuesto, de los cuidados que reciba. Estos cinco consejos, basados en las recomendaciones del Consell de Col•legis Veterinaris de Catalunya, lo ayudarán a recuperarse más rápidamente y a hacer más llevadero el proceso:

Hidratación

El perro debe tener siempre agua limpia y fresca a su alcance. Es muy importante controlar que reponga líquidos. Si no lo hiciera, habría que ayudarlo a beber con una jeringuilla para evitar la deshidratación. También se le puede dar comida húmeda durante unos días, ya que tiene una mayor proporción de agua en su composición.

Reposo

El descanso es fundamental para que el cuerpo pueda luchar contra la enfermedad. Intenta que el perro esté calmado y no insistas en jugar con él. Deja que duerma todo lo que quiera y si hace frío, procura salir lo menos posible de casa.

Abrigo

Proteger al perro del frío es clave para su recuperación. Mantas y abrigos ayudan a mantener la temperatura corporal, aislando al can de la humedad y las bajas temperaturas, algo especialmente importante para las razas pequeñas.

Humidificación

Para mantener las vías respiratorias del perro hidratadas y disminuir así la irritación, es recomendable que respire aire húmedo. Esto se puede conseguir conectando un humidificador en la habitación en la que duerme o dejando correr el agua caliente en el baño durante unos minutos

Amor

Nada como el cariño de la manada para ayudar al can a subir las defensas. Está científicamente demostrado que las endorfinas mejoran el funcionamiento del sistema inmunitario, que es justo lo que un perro resfriado necesita.

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12 parejas literarias que entendieron (o no) lo que es el amor

Romhy Cubas

Foto: JASON LEE
Reuters

Del recuerdo de que “ningún hombre es una isla” se puede cocinar una olla narrativa de amor y desamor. El sentimiento romántico puede ser incluso inverosímil cuando se intenta comprender desde barreras del pasado en donde los casamientos obligados o la exclusividad de clases, razas y matices de piel al unir a dos personas se consideraban escenarios rutinarios. En teoría aquellas tradiciones están prácticamente descontinuadas en el siglo XXI, en la práctica todo es siempre un poco más escabroso y burocrático. No obstante, el amor sigue siendo complicado, accidentado pero sobre todo necesario; lo decía el existencialista Jean Paul Sartre: “Trata de amar al prójimo. Ya me dirás el resultado”.

La novela que no habla de amor aún no ha sido escrita, y en la gran mayoría de los libros la primera aproximación es la de esa inevitable compatibilidad entre mente y cuerpo. Paris, Tokio, Praga, Estocolmo o Bogotá, no existen barreras geográficas para relatar romances de época, distopías de cortejo u pasiones autobiográficas.

Es evidente que Romeo y Julieta o Hamlet y Ofelia tienen una casilla honoraria en la inevitable lista del romanticismo en la literatura, pero los siglos han escrito mucho más que dioses y dramaturgos enamorados en su paleta de novelas. Por eso en esta lista los clásicos se enfrentan a los contemporáneos para demostrar que cuando se trata de amor y desamor, el paso del tiempo se mide en la espera de compañía más que en “pasiones”. Confirmado con la claridad del poeta por Jorge Luis Borges: “Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo”.

12 parejas literarias que entendieron o no lo que es el amor
Portada Anna Karénina | Imagen: Debolsillo / Penguin Clásicos

Anna Karenina y Vronsky en Anna Karenina de León Tolstoi

Lo de Vronsky y  Anna Karenina es destino y capricho y en este clásico consumado se crea una de las primeras protagonistas femeninas en rebelión.

En la Moscú de la alta sociedad las apariencias tienen un alto precio y el divorcio es impensable. Anna Karenina y Vronsky son esa pareja emocionante que se subleva a una sociedad atrapada en chismes y convenciones superficiales. Es además una carta abierta, romántica y escandalosa contra la aristocracia rusa de la época.

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Portada de la edición aniversario | Imagen: Alfaguara

La Maga y Horacio Oliveira en Rayuela de Julio Cortázar

En Rayuela el amor se decide en pequeños instantes y contracciones, discusiones frívolas y paseos bajo la lluvia.  El amor de Oliveira y La Maga puede ser tan romántico como bochornoso, todo depende del orden en que leas la anti novela de Cortázar. No obstante, Paris siempre será propenso a los idilios y entre las orillas del río Sena y los puentes de la ciudad del amor caminan una uruguaya etérea y un argentino melancólico que se encuentran entre librerías, poetas, conversaciones de bar y habitaciones sombrías.

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Portada Tokyo Blues | Imagen: Tusquets Editores

Toru y Naoko en Tokio Blues Norwegian Wood de Haruki Murakami

En Tokio hay un eco de nostalgia y soledad que se formula en plena adolescencia. Los protagonistas de Tokio Blues: Toru y Naoko, son dos jóvenes que se adentran en una relación de compañía y dependencia luego de un suicidio inesperado. Este podría ser el verdadero romance del siglo XXI: distanciamientos, sanatorios, sexualidad o la pérdida de esta, y una canción de Los Beatles. El ritmo lo marcan los recuerdos y distancias entre dos con el pasar de los años.

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Portada de Lo que el viento se llevó | Imagen: Zeta Bolsillo

Scarlett O’Hara y Rhett Butler en Lo que el viento se llevó de Margaret Mitchell

Narrada en el contexto de la Guerra de Secesión en EEUU y sus consecuencias, este clásico acude al mejor estilo dramático y sentimental de los romances de época para contar un extenso cortejo entre Scarlett, la hija de un hacendado adinerado, y Red Butler, un original seductor que se niega a combatir en la guerra. Este es uno de esos romances extensos e insistentes en donde el capricho de sus protagonistas y las circunstancias del destino lo hacen todo mucho más calamitoso y solemne. Scarlett y Rhett son el núcleo de esas parejas perfectas en sus desigualdades cuyo romance es tan intenso como sus temperamentos.

12 parejas literarias que entendieron o no lo que es el amor 4
Portada de Orgullo y Prejuicio | Imagen: DeBolsillo / Penguin Clásicos

Elizabeth Bennet y Mr. Darcy en Orgullo y Prejuicio de Jane Austen

La terquedad también puede hacer al romanticismo. Aquí no hacen falta erotismo en exceso ni descripciones gráficas para sentirse al borde de un precipicio con la indecisión de Elizabeth y Mr Darcy. Basta con los afilados e inteligentes diálogos entre ambos y la incertidumbre de un destino juntos para caer a los pies de la pareja más orgullosa de la literatura.

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Portada de La mecánica del corazón de Mathiass Malzieu | Imagen: Resevoir Books

Jack y Madeleine en La mecánica del corazón de Mathiass Malzieu

En La mecánica del corazón Jack es un niño que nace el día más frío que ha tenido la Tierra, por lo que su corazón congelado es reemplazado por un reloj de madera. La fragilidad de su condición hace que deba evitar a toda costa emociones fuertes e intensas como enamorarse. Y sin embargo, Jack se enamora de una pequeña cantante andaluza llamada Miss Acacia que pone a prueba el funcionamiento de su corazón.

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Imagen: Standaard Boekhandel

Jimmy y Oryk en Oryx y Crake de Margaret Atwood

Esta es la primera parte de una trilogía distópica narrada por Margaret Atwood en donde la manipulación genética y sus consecuencias son el argumento principal. Pero inclusive cuando existen criaturas mutantes y hombres-cerdos el amor se aferra a la supervivencia del más fuerte. Jimmy es el último hombre en la Tierra y los recuerdos de su interés hacia Oryx, maestra de un grupo de niños con aspecto de humanos pero elaborados por mutación genética, son una de las pocas cosas que lo ayudan a seguir adelante.

12 parejas literarias que entendieron o no lo que es el amor 7
Portada de Hermosos y Malditos de Francis Scott Fitzgerald | Imagen: DeBolsillo

Anthony y Gloria en Hermosos y malditos de Scott Fitzgerald

Aunque Daisy y Jay Gatsby son por excelencia una de las parejas más dramáticas y románticas de la literatura, Fitzgerald ha creado parejas incluso más calamitosas y similares a su propia vida. En este caso el retrato ácido de la sociedad americana y de la época del Jazz lo interpretan Anthony y Gloria, una pareja decadente y acelerada, muy similar a la relación del propio Fitzgerald con su esposa Zelda Fitzgerald. En Hermosos y malditos el matrimonio, la rebeldía y los vicios de una sociedad reflejan el amor y desamor de una pareja inquieta y soñadora.

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La insoportable levedad del ser | Imagen: Tusquets Editores

Tomás, Sabina y Teresa en La insoportable levedad del ser de Milan Kundera

Aunque más un monologo filosófico que una historia de amor, en la novela de Kundera las dudas existenciales de un hombre se vierten en sus parejas y amores rutinarios. Los amantes e infidelidades se exponen para atajar reflexiones certeras sobre la convivencia mutua y los vínculos pasionales que hacen de una pareja algo más que dos cuerpos en una cama.

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Portada El Amor en los tiempos del cólera | Imagen: Literatura Random House

Florentino Ariza y Fermina Daza en El amor en los tiempos del cólera de Gabriel García Márquez

Esperar a alguien durante cincuenta y un años, nueve meses y cuatro días parece extremo, pero eso es lo que hace Florentino Ariza desde que en su adolescencia conoce al amor de su vida. Por diferencias sociales de la época el tiempo de estar juntos se alarga durante décadas. Este es uno de esos amores de generaciones y descendencias en donde el romance se afinca con la experiencia de los años.

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Imagen: Penguin Books

Giovanni y Davis en El cuarto de Giovanni  de James Baldwin

Un clásico de la literatura homosexual. Giovanni y Davis se establecen como una pareja en búsqueda de una identidad y un espacio donde ser libres. La historia situada en la bohemia Paris relata la llegada del norteamericano Davis a la ciudad y sus experiencias con el barman italiano Giovanni, quien se enamora perdidamente de él y con quien comienza una relación en donde la libertad y la moral se interponen en la convivencia diaria.

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Imagen vía Editorial Destino.

Lisbeth Salander y Michael Blomkvist en Los hombres que no amaban a las mujeres de Stieg Larsson 

Michael y Lisbeth como pareja podrían ser otro de los nuevos clásicos del siglo XXI. Ya no se trata de clases sociales ni de escándalos matrimoniales, sino de entender la soledad y la individualidad de una persona con el pasado montado a sus espaldas. No es la historia común de amor y romance, pero es una de esas parejas que trascienden entre las páginas cada vez que se rescatan mutuamente.  

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A la lista es fácil añadirle clásicos de las hermanas Brontë como el dúo de Cathy y Heathcliff en Cumbres Borrascosas de Emily Brontë, o Jane Eyre y Mr. Rochester en Jane Eyre de Charlotte Brontë, así como parejas mas pícaras y controversiales como la de Ricardo Somocurcio y Lily en Travesuras de una niña mala de Mario Vargas Llosa o si nos ponemos menos pudorosos Humbert Humbert y Lolita en Lolita de Vladimir Nabokov, e incluso Lady Chatterley y Oliver Mellos en El amante de Lady Chatterley de D. H Lawrence. Pero por ahora nos quedamos con estas doce parejas que nadan entre clásicos y contemporáneos para recordar la universalidad del amor.

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