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El arte como herramienta para promover la adopción

Carola Melguizo

El abandono de animales de compañía, por desgracia, no es un problema sólo de España. De hecho, pocos son los países que aprueban en esta materia. Holanda es, quizás, el mejor ejemplo al ser el primer país sin perros callejeros. Al resto, nos queda mucho camino por recorrer. Considerando que en España, de los más de 100.000 perros recogidos por refugios y protectoras de animales durante el año 2016, sólo el 46,3% fue adoptado, es lógico pensar que para promover la adopción, hay que cambiar el enfoque.

Podemos tomar como referencia el Canismo, un movimiento artístico que nació en Brasil en el año 2015, con la idea de beneficiar a la comunidad a través del arte. En concreto, a los perros de los refugios. Las mentes detrás del proyecto son humanas: Gabriel Morais, Leandro Bordoni, Hugo Veiga, Diego Machado y Renato Zandoná. Cinco creativos brasileños con un alto compromiso social. Pero los artistas ejecutores son perros. Y no cualquier perro. Son perros que viven en refugios y que mientras esperan una segunda oportunidad, pintan.

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Otro ejemplo de un vídeo conceptual con un perro como artista | Imagen vía Canismo.com

En unas declaraciones publicadas en su momento por Creators, la plataforma de arte y cultura de VICE, Morais explica: “Comenzó con un vídeo conceptual en el que un perro se convertiría en un artista al sacudir la tinta de colores sobre un lienzo colocado alrededor de él. Entonces, nos dimos cuenta de que podría ser más grande si se trataba de un movimiento real de arte. Así que reunimos a más perros para crear el primer movimiento de arte hecho por perros.” Para lograr su objetivo, los creativos crearon una alianza con Procure 1 amigo, portal sin fines de lucro que trabaja con varios refugios en pro de la defensa y el bienestar de perros y gatos.

La técnica

El Canismo se encuentra dentro del universo de la pintura abstracta. Es como un primo hermano del Dripping, sólo que en vez de pinceles y palos, los artistas caninos usan su propio pelo y más que gotear, digamos que salpican. Vamos, Action Painting en toda regla. Sobel y Pollock estarían honrados. El procedimiento consiste en bañar a los perros con pintura no tóxica, elaborada con almidón de maíz y colorantes usados en la fabricación de alimentos caninos, y dejar que de forma natural se sacudan frente a una serie de lienzos colocados estratégicamente a su alrededor. Cada artista elige su propia combinación de colores.

El arte como herramienta para promover la adopción
Lo recaudado irá al fondo para la manutención de los refugios afiliados a Procure 1 Amigo | Imagen vía Canismo.com

Todo se graba en alta velocidad para no perder detalle del movimiento de los canes y se difunde en varios canales digitales. El principal objetivo es promover la adopción del artista – y de todos los perros en general – pero  también comercializar las obras para obtener fondos para la manutención de los refugios afiliados a Procure 1 Amigo. Todos los perros que participaron en el movimiento encontraron un hogar y seguro que muchos de sus colegas abandonados también.

Cada perro es un artista

No se trata de una campaña más. Es una manifestación artística real en la que la pintura, una vez más, se pone al servicio del hombre y le sirve como herramienta para denunciar. En el manifiesto del Canismo, los fundadores explican: “La sacudida de la pintura revela un notable ejercicio de libertad, donde cada gota de tinta lleva la mancha del prejuicio. La combinación de diferentes colores en las pinturas muestra la mezcla de razas, tan aleatoria y tan hermosa como cada perro mestizo.” ¡Chapó!

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Action painting en toda regla | Imagen vía Canismo.com

Por cierto, pinturas y fotografías se pueden comprar a través de: [email protected]

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Los perros conquistan la Berlinale y en breve, España

Carola Melguizo

Foto: 20th Century Fox

Wes Anderson inauguró el pasado jueves la 68 edición del Festival Internacional de Cine de Berlín, la famosa Berlinale, con ‘Isla de perros’, su noveno largometraje. Es la primera vez que una película de animación abre el festival y el resultado ha sido inmejorable. Tras el pase de prensa, todo han sido alabanzas para el director y su equipo, sobre todo para los guionistas. Sin duda, un buen arranque para el festival que este año cuenta con 19 películas en competición y 5 fuera de concurso.

La historia de ‘Isla de perros’ se desarrolla en una ciudad japonesa ficticia llamada Megasaki, en la que una epidemia de gripe canina ha desatado una ola de odio hacia los perros. Por orden del alcalde, todos los canes sin excepción son evacuados y trasladados a una isla deshabitada que se usa como vertedero, en la que los animales luchan por sobrevivir entre montañas de basura. La aventura comienza el día que Atari Kobayashi, un niño de 12 años, decide ignorar la cuarentena establecida y va en busca de su perro Spots. De forma simultánea, nace en la ciudad Pro Dog, un movimiento en favor de los perros que lucha por acabar con el destierro.

El guión, escrito a ocho manos por Roman Coppola, Jason Schwartzman, Kunichi Nomura y el propio Anderson, sitúa la historia en el futuro, dentro de un contexto político creado, según el director, solo para el film. Sin embargo, llega en un momento histórico en el que es imposible no hacer paralelismos con políticos irresponsables que encuentran enemigos donde no los hay para justificar medidas extremas que responden a intereses personales y con una sociedad víctima del terrorismo de estado que no se atreve a luchar por quienes más lo necesitan.

En Estados Unidos, la película ha sido clasificada PG-13, no recomendada para menores de 13 años y los críticos aseguran que se trata de la obra más comprometida política y socialmente de Anderson hasta la fecha. En la versión original, las voces están interpretadas por Bryan Cranston, Edward Norton, Scarlett Johansson, Tilda Swinton, Yoko Ono y Bill Murray, entre otros. La banda sonora, como ya es costumbre en las películas de Anderson, es obra del compositor francés Alexandre Desplat.

Fotograma de ‘Isla de perros’. | Foto: 20th Century Fox

¿Cuándo podrá verse en España?

‘Isla de perros’ llegará a los cines españoles, de la mano de 20th Century Fox, el próximo 20 de abril. Pero si estás en Madrid, tienes la oportunidad de verla antes. El director, Wes Anderson, presentará la película en el Cine Doré, calle de Santa Isabel, número 3, el próximo martes 27 de febrero a las 20:00 h. Roman Coppola y Jason Schwartzman, dos de los guionistas, acompañarán a Anderson en un coloquio con el público que tendrá lugar después de la proyección.

Las entradas serán gratuita hasta completar aforo y se podrán conseguir en la taquilla del cine ese mismo día a partir de las 16:15 h, con un máximo de dos entradas por persona. El evento se realiza en el marco del programa de dinamización para Filmoteca que desarrolla el Instituto de la Cinematografía y las Artes Audiovisuales (ICAA)

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Democracia y entrañas

Andrea Mármol

Foto: SUSANA VERA
Reuters

Don Javier Pérez-Cepeda –aka Churruca-, quien nos dejó hace ya más de dos años y a quien siempre reservaremos el mejor de nuestros recuerdos, sentenció con su habitual ironía de bisturí el que, a su juicio, debiera ser el artículo primero de la Constitución si procediera su reforma: “Por especial que te sientas, eres igual que todos”. A priori, si la afirmación encabezara un manifiesto, la mayoría se declararía partidaria de suscribirlo. Sin embargo, el éxito de los postulados políticos que exaltan la diferencia frente a la noción de ciudadanía hace pensar que lo que aseveraba Pérez-Cepeda requiere de dispensar al ser humano algo con poco predicamento en nuestro tiempo: tratarlo como mayor de edad.

Se ha escrito mucho y conviene seguir haciéndolo sobre cómo el auge de las políticas de la identidad tiene efectos funestos para la convivencia o la tolerancia a la diversidad, por cuanto el sujeto que se dibuja y al que se alude expulsa a parte del corpus de ciudadanía. Pero no es un asunto menor poner de relieve que algunas de las causas del triunfo de esos discursos forman parte de la condición humana. Al cabo, a todos nos ha resultado tentador alguna vez creer que nuestro origen, nuestra lengua o nuestro sexo, más allá de presentarnos al mundo, constituían elementos que decididamente habían de señalar nuestras particulares reivindicaciones colectivas. Lo difícil, lo menos confortable, es asumir la arbitrariedad de los mismos y participar en la vida pública al margen de ellos, por más que sean fuente de alegría, placer o dolor en nuestra vida privada.

Asumir que somos iguales a nuestros conciudadanos sobre el papel choca con nuestras entrañas, más satisfechas con el halago permanente que les proporcionan otras consignas de corte identitario. Lo humano es considerarse distinto del mismo modo que lo humano es amar a los tuyos por encima de la paz mundial. La esencia de una democracia pasa por comprender que, del fuero interno a la ley existe una línea divisoria muy clara que nos hace transitable y soportable la vida en común. Es ese bien mayor lo que nos lleva a aceptar nuestro compromiso como ciudadanos con unas normas que de mal grado aceptaríamos en nuestra vida privada.

Es un asunto que apuntó con lucidez María Zambrano en su siempre revisitable librito Persona y democracia. En él, la autora concluye que es el sistema democrático el que permite conciliar, a través de la igualdad y la libertad, la condición humana con la historia que escribimos de forma colectiva. La igualdad para evitar el endiosamiento –así se refiere ella al ‘sentirse especial’ de Pérez-Cepeda-, y la libertad para gestionar nuestros comprensibles anhelos de diferencia sin ocasionar daños a terceros. La lección es para nota, pero los tiempos exigen aprenderla.

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Remedios Zafra: "Creo que la gran revolución de Internet para el feminismo no es la apariencia, está siendo la alianza"

Ariana Basciani

Foto: Editorial Anagrama

La profesora y ensayista Remedios Zafra (Zuheros, 1973), suma a su trayectoria profesional el premio Anagrama de ensayo 2017, con su libro El Entusiasmo. Precariedad y trabajo creativo en la era digital. Después de años de investigación sobre la era digital e Internet, Zafra ha profundizado en temas espinosos como la identidad digital o el ciberfeminismo a lo largo de la primera década del siglo XXI, lo que la ha convertido en una representante crítica del mundo tecnológico y sus implicaciones en el futuro inmediato de la humanidad.

Este nuevo ensayo visibiliza la precariedad a las generaciones que se educaron a finales del pasado siglo (pre millennial y millennial) y cómo les ha tocado vivir una cotidianidad post crisis donde lo digital entusiasma a los menos privilegiados y a quienes se relacionan y trabajan en áreas vinculadas a la pasión creativa, en un mundo marcado por la hiperproducción y la competitividad.

Remedios Zafra: "Creo que la gran revolución de Internet para el feminismo no es la apariencia, está siendo la alianza"
Portada de El entusiasmo | Imagen: Anagrama

¿Por qué escribir un libro sobre el entusiasmo en la era digital?

Escribir es como situar sobre la mesa de operaciones lo que nos duele o nos daña. Había que situar la precariedad contemporánea en esa mesa, su normalización. Que el punto de entrada sea el entusiasmo y la era digital delimitan un enfoque de los muchos posibles que suscita el asunto. A mí me parece singular por muchas razones, alguna tan personal como haber escuchado alguna vez eso de: “eres tan entusiasta que es imposible no abusar de ti”. Esta sentencia que parece legitimar el abuso de quien hace explícita su pasión por una práctica es algo sumamente perverso que palpita en este libro. Habla de pasión y habla de poder. Llevo tiempo queriendo escribir sobre esa herida, especialmente al advertir que no es personal sino compartida y que adquiere nuevos matices en un mundo conectado. Era para mí importante enfrentar el asunto desde “lo pequeño”, primando la observación profunda de vidas reales y no desde el manejo de estudios documentales tal como incita hoy  la hegemonía de los datos. Esta necesidad de contrastar la precariedad en cifras con la precariedad narrada me parece una motivación importante.

Me parece que la relación entre motivación, trabajo creativo y precariedad, no sólo la económica sino también la vinculada con la gestión de información y tiempos, opera como seña de época, y que el marco capitalista y de cultura red en que acontece no son un mero fondo de la escena. Poner estos términos en relación es para mí necesario si busco profundizar en sus dependencias, contradicciones y conflictos, enfrentarlos no como quien aísla un asunto sino como quien lo ve en escena con sus suciedades y contextos.

¿Antes no estaban igual de mal pagados ciertos oficios y trabajos que también eran realizados por entusiastas? ¿Crees que es un hecho único de la era digital?

Cierto que la precariedad económica es algo tradicionalmente vinculado a la práctica artística -“esos poetas pobres”-, sin embargo la precariedad relacionada con la extrema caducidad de las cosas digitales y la neutralización de los tiempos, esa sensación de estar siempre sobrepasados y ansiosos, es algo incrementado en la era digital que aborda este ensayo. También me parecen diferenciadoras las condiciones que marca la cultura-red. Enfatizar el enfoque desde el trabajo y la economía no excluye una visión más integradora sobre cómo nos transforma la red y de qué maneras y grados nos liberamos o precarizamos con, o a pesar, de ella.

Claro que en el pasado encontramos trabajos mal pagados soportados por entusiastas, pero no creo que eso caracterice esos tiempos como sí ocurre ahora. Por un lado, antes los creadores eran una minoría, pero ahora a la incorporación al mercado laboral de una  gran masa de personas formadas en (lo que aún llamamos) Arte, Humanidades y Ciencias Sociales, orientada a trabajos creativos y culturales, se une un entorno transgresor como el de la red. Entorno que nos permite a todas las personas conectadas crear y hacer circular obra. En España además, esta transformación acontece sin que haya habido un cambio estructural en el mercado laboral, incapaz de dar respuesta a esta masa de productores formados y frustrados.

¿Qué te llevó a incluir dentro de la estructura del libro al personaje Sibila?

Para mi trabajo ensayístico fijar la posición del “sujeto que habla” es parte esencial de la obra. Si en Netianas y (h)adas apostaba por una entidad mítica que funcionaba  como “figuración política” colectiva, y en Un cuarto propio conectado y en Ojos y Capital, el sujeto era de manera diáfana “yo”, Remedios Zafra, en El entusiasmo necesitaba poder combinar mi voz con la narración de un personaje que siendo ficticio fuera capaz de asumir la realidad y la libertad de las historias propias y cercanas que quería compartir. Sibila es un personaje que ya introduje en algún artículo hace años y ahora recupero y amplío.  En la mitología griega las Sibilas eran aquellas capaces de predecir el futuro a través del entusiasmo que las llevaba a un estado de arrobamiento. Me parecía que este juego de tiempos y de estados aportaba un valor añadido a Sibila. No sólo permitía dar realidad a muchas voces sino que hablando de vidas reales del ahora, podía servir para hacernos preguntas sobre los posibles futuros que augura.

“El entusiasmo trata sobre la vida cotidiana de muchas personas en la actualidad, observando las historias reales de quienes cada vez más igualan vidas a trabajos, porque a ellos y a la red dedican la mayor parte de sus tiempos.”

Con respecto a tu relación con la Academia y las críticas que haces desde el libro, ¿Podríamos considerar que el libro es autobiográfico?

El libro tiene muchos elementos autobiográficos pero convive con historias de otras personas. Sí lo es concretamente el capítulo dedicado a la academia al que te refieres. Mi experiencia, visión, conflictos y preguntas sobre cómo la universidad está cediendo al mercado están esbozados en esas reflexiones, incluso en la historia que narra la señora Spring cuando alega jurídicamente, poetizando. Ese personaje es una parodia de mi propia historia con varias revistas académicas. Como feminista siempre me ha chirriado el tono logocentrista que en la academia busca imponer un estilo como modelo de validez y una objetividad construida camuflada como imparcial, como si fuéramos incapaces de ver el texto dentro de cada texto, como si las formas de decir no implicaran ya formas diferenciadas de pensar.

Un paper vale más que un post divulgativo en un blog. ¿Hay posibilidad de que Internet ayude a cambiar esta percepción en la burocracia académica?

El interés de un paper o de un post divulgativo puede ser grande o pequeño en ambos casos y contextos, pero lo inquietante es que hoy en la institución académica “un paper vale más que un libro”. Cuando, por ejemplo, se evalúa mi trabajo investigador me encuentro con la paradoja de que modestos artículos concebidos como borrador de capítulos de futuros libros tienen más valor que el libro final, meramente porque están publicados en “una revista indexada”. Me parece irracional esta deriva que posiciona la producción intelectual en función del “dónde publicas” y no de “qué publicas”. Los libros que habitualmente implican un ejercicio de investigación, reflexión y profundidad de años son infravalorados frente a esos papers, como si fuera el linaje de la “familia indexada” que acoge, el que da fe de lo que allí se publica. Lo que veo es un riesgo de domesticación de los investigadores, especialmente en Humanidades y Ciencias Sociales, derivando a la impostura de esas revistas y esos sistemas de valor que esconden sospechosas y crecientes formas de poder. Sobre tu segunda pregunta, creo que en Internet conviven mundos distintos, pero me parece que en su uso por parte de la academia predomina la creación de espacios de posicionamiento y valor.

El entusiasmo es un ensayo profundamente feminista. Sin embargo, a pesar del entusiasmo y la precariedad, ¿no ha sido la ayuda de la era digital lo que ha visibilizado los problemas de las mujeres? ¿Acaso es un espejismo?

Son realidades que conviven, el riesgo y la repetición en las formas de opresión que acercan precariedad y feminización, y por otro la potencia de Internet para la alianza feminista. De hecho, coincido contigo en que si Internet ha sido valioso para un tipo de colectividad, ha sido para nosotras. Es curioso como frente a la revolución que desde el ciberfeminismo se vislumbraba en la Internet de los noventa apuntando a la liberación de los estereotipos del cuerpo en un mundo mediado por pantallas, esto ni mucho menos ha pasado, pero otra revolución está ocurriendo, maravillosamente grande, y es la alianza de mujeres (invisibilizadas antes entre los muros de lo privado) visibilizando injusticia y violencia y reivindicando igualdad en todo el planeta. Creo que la gran revolución de Internet para el feminismo no era la apariencia, está siendo la alianza.

¿Es El entusiasmo un ensayo sobre economía y la desigualdad, más que sobre las desventajas de la vida en la era digital?

Hay algo que me moviliza positivamente cuando advierto que hay dificultad para acotar mi obra y sufro cuando se reduce un libro a una frase o a un tema. Si por mí fuera cada libro tendría varios títulos. Este más si cabe, pues siendo los que comentas temas centrales alrededor de los que orbita el ensayo (especialmente economía y desigualdad), pretenden ayudar a desgranar una realidad cargada de complejidad y aristas. El entusiasmo trata sobre la vida cotidiana de muchas personas en la actualidad, observando las historias reales de quienes cada vez más igualan vidas a trabajos, porque a ellos y a la red dedican la mayor parte de sus tiempos. Frente a la economía como disciplina me interesa esa otra visión antropológica que indaga en la economía como algo “incrustado” en las vidas de las personas. Por ello me parecía necesario que horadar este contexto permitiera hablar de “economía y desigualdad” hablando de las habitaciones donde vivimos y trabajamos, de nuestros deseos y frustraciones, de cómo nos relacionamos con los otros en un mundo en red. El énfasis no es premeditado hacia las desventajas, aunque predomine un tono crítico.

Remedios Zafra: "Creo que la gran revolución de Internet para el feminismo no es la apariencia, está siendo la alianza" 2
Remedios Zafra | Imagen: Anagrama

Comentas que el entusiasmo en la era digital es movido por la visibilidad y la aceptación, ¿es un reflejo de una sociedad superficial y narcisista? ¿Hacía dónde vamos?

Inevitablemente un mundo donde nos presentamos y representamos a través de las pantallas es un mundo donde lo “superficial” (imagen e interfaz) adquiere un gran protagonismo. Si a ello unimos que la forma en la que se está territorializando la red promueve que cada cuál actúe desde su perfil, acumulando y presentando contenido (que le visibilice y posicione) podemos intuir que la tendencia es hacia una sociedad más superficial y narcisista. Sin embargo, yo creo que hay una cuestión que comenzó siendo coyuntural (en la forma de articularse las redes sociales) y se está haciendo estructural. Me refiero a cómo las redes empezaron a “promover este escenario”, a articularse demandando imágenes del yo real que buscan dar veracidad. Frente a otro tipo de construcción “no visual”, la promovida por las redes tiende a revalorizar la presentación a través de “la imagen”, y a que las imágenes sigan apoyadas en modelos muy estereotipados y en el valor que da “lo más visto”. Si a eso unimos la celeridad con la que afectan y crean imaginario, esa deriva hacia una sociedad más superficial es algo previsible.

¿Hacia donde vamos? Un mundo gestionado por el mercado busca crear nuevas necesidades y avivar el consumo, subordinar política a economía y no al contrario.  Mi impresión es que la inercia tiende a favorecer la desigualdad y el poder de los que más tienen y más mandan… Romper esa inercia es un reto que debiera movilizarnos.

¿Vivimos en una parodia digital?

Si lo miramos con distancia y desde una perspectiva crítica puede haber algo de parodia en las formas en que nos representamos y relacionamos online, pero desde la intimidad de cada cual creo que pocas veces la intención es esa. Al contrario, las formas en las que construimos nuestras identidades en Internet no son vividas como algo paródico, sino como algo que nos importa porque nos permite socializarnos, algo que busca crear identidad, edulcorar realidad, estetizarla…

Si el molde vacío o la página en blanco es lo que activa la imaginación y enciende el deseo, ¿ tendríamos que vivir en conflicto constante con los sistemas establecidos?

Desde una perspectiva política que busque transformar y mejorar mundo, el conflicto es constante y forma parte de nuestra vida diaria, aprendemos a integrarlo como lo que nos permite crear una subjetividad posicionada en el mundo. No debiera asustarnos.  Me parece que forma parte del compromiso con lo social, y que es necesario incluir un “grado de conflicto” con los sistemas establecidos que buscan normalizarse y tienden a asentar formas de poder y a mantener “formas de desigualdad”.

Sin embargo, considero que lo que predomina hoy es justo lo opuesto, la inercia de no implicarnos demasiado en lo social ni dejarnos afectar por ese “conflicto” que perturba. La saturación de tiempos y espacios que nos permitan pensar ante un mundo agotador en sus demandas (pequeñas pero repetidas de posicionamientos banales) y sobre el que resulta difícil creer que podemos tomar partido más allá de un like (activismo de salón), es algo cotidiano. La deriva hacia el uno mismo y la vida en las pantallas puede parecer para muchos una alternativa tranquilizadora, ante el bloqueo de intervenir en un mundo que se nos vuelve excesivo, especialmente en la visualización de injusticias. Creo que esto tiene que ver con que el individualismo termine siendo lo que más se alimenta.

¿Crees que es un  libro pesimista? ¿Hacia dónde van los entusiastas que valoran la aceptación y al mismo tiempo un pago justo?

Hay un poso triste en mi escritura pero siento que pesimismo no es una palabra que me identifique ni a mí ni a mi obra. Y si predomina un despliegue de un mundo en grises y oscuros es desde una visión crítica que busca zarandear y en algo perturbarnos para movilizar. El pesimismo, sin embargo, puede operar como forma de inmovilismo y resignación, como excusa que culmine en “poco podemos hacer”,  y este libro no busca eso. Creo con pasión que nuestra implicación como agentes activos en el mundo que habitamos es una potencia a despertar. En tanto la cultura se sustenta en pactos convenidos y artificiales es transformable y mejorable.

¿Hacia dónde vamos? Me parece que los entusiastas vivimos un momento de toma de conciencia y de replanteamiento de formas de alianza y vínculos con los otros. Los trabajadores culturales no tenemos mucha tradición de sindicación ni de asociación, sin embargo los debates en torno a la precariedad que estamos viviendo los están promoviendo. Pienso que esta movilización debiera ayudarnos a idear nuevas colectividades que no nos aprieten como las viejas identidades dogmáticas, pero que sí nos permitan transformar desigualdades.

¿En qué consiste ser libre en la era digital?

Percibo una estrecha relación entre la falta de libertad y el miedo, el miedo de quienes no tienen trabajo o viven vidas precarias. Es difícil sentirse libre sin un suelo que proporcione cierta estabilidad o con tiempos precarios caracterizados por la saturación y la caducidad. Difícilmente hay libertad con miedo o sin tiempo para ejercerla. Esto, entre otras cosas, sería “no ser libre”, quizá sea más fácil definirla a partir de “lo que no es”.

Por otra parte, la libertad tiene también que ver con las posibilidades de elección real y no las que vienen como espejismos. Hace tiempo una estudiante refiriéndose a un trabajo grupal que sus compañeras habían decidido gestionar a través de una red social, me dijo: “¿acaso puedo no estar?” Lo preguntó después de intentar realizar el trabajo por otras vías pero advirtió que lo que ella vivía como una elección, ese elijo estar o no, era ya vivido por su contexto como algo incuestionable, algo que se le “imponía” como necesario.  A mí me parece que la libertad es un gradiente que nunca se da en un sentido pleno, pero sí podemos lograr condiciones para aumentar nuestros grados de libertad. Vivir en un mundo conectado, con la posibilidad de estar o no en determinadas redes que se han apropiado del espacio público es un ejemplo inquietante de hasta que punto hoy existe una tendencia vivida como obligatoriedad.

*

Aunque el libro de Remedios Zafra nos desvela infinidad de problemas acerca de cómo hemos elaborado esta nueva forma de ver el mundo desde lo digital y los usos que ha ido adquiriendo, también nos plantea caminos de ruta por donde realizar los cambios políticos no solo como usuarios de la tecnologías sino como promotores de la transformación social.

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España no es país para galgos

Carola Melguizo

Foto: Rocío Ávila
Flickr bajo Licencia Creative Commons

Febrero es el mes de los galgos, pero no por buenas razones. Cuando termina la temporada de caza de la liebre, aumentan de forma significativa los casos de abandono. Eso, en el mejor de los casos, porque la realidad es que muchos son torturados y cruelmente asesinados. Por desgracia, está claro que España no es país para galgos. Actualmente, es el único país de la Unión Europea que permite la caza con perros, lo que tiene como consecuencia que cada año nazcan miles de galgos criados sólo para cazar.

Uno de los factores más preocupantes es lo corta que es la vida útil de los animales en este sector, tres o cuatro temporadas de caza como mucho. Algunos galgueros incluso renuevan a sus perros cada año y los antiguos son simplemente desechados. Organizaciones especializadas calculan que cada año son abandonados en España más de 50.000 galgos. Algunos aparecen deambulando por los pueblos en busca de comida, otros, con menos suerte, aparecen ahorcados y con el microchip arrancado, y otros ni siquiera aparecen.

Por suerte, son muchas las asociaciones que luchan día a día por cambiar la realidad de estos perros. Asociaciones como SOS Galgos, Galgo Leku o Galgos 112, que en esta época se ven desbordadas por el número de abandonos, pero que trabajan todo el año para conseguir que los galgos sean perros de casa y no de caza. Trabajadores y voluntarios que curan las heridas físicas y emocionales de quienes tienen la suerte de ser rescatados y no descansan hasta conseguir el hogar ideal que les garantice el amor y la estabilidad que tanto merecen, muchas veces fuera de España. Alemania, Bélgica y Francia son los países que más perros españoles adoptan.

¿Qué pasa el resto del año?

Aunque cueste imaginarlo, el terrible final no es siempre la peor parte de la vida de un perro de caza. Muchos viven encerrados, en condiciones deplorables y son entrenados con técnicas que incluyen, por ejemplo, obligarlos a trotar cada día más de 15 kilómetros atados a la parte trasera de un coche en marcha. El documental ‘Febrero, el miedo de los galgos’, dirigido por Irene Blánquez Ballester, muestra a la perfección lo dramática que es la situación que viven estos perros. No contiene imágenes explícitas. No las necesita.

Febrero, el miedo de los galgos de Waggingtale Films en Vimeo.

Siglos y siglos de sufrimiento pueden terminar con una legislación que proteja al animal y prohiba, de una vez por todas, la caza con perros. Porque los galgos son los más perjudicados, sí, pero no son los únicos. Podencos y otras razas corren la misma suerte. Las estadísticas de los casos atendidos por el Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil (Seprona) entre 2012 y 2016 muestran que alrededor del 40% de los perros afectados por algún tipo de maltrato eran perros de caza. Y el último estudio de la Fundación Affinity sobre abandono y adopción establece que el 13% del total de abandonos de 2016 se produjo justo al final de la temporada de caza.

La tradición no puede ser una excusa para mirar hacia otro lado, mucho menos una forma de relativizar el maltrato. #FreeTheGalgo

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