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El arte de ignorar a las mujeres

Cecilia de la Serna

Foto: DAVID GRAY
Reuters

Cuando se habla del papel de la mujer en diferentes sectores de la sociedad, casi siempre sale perdiendo. Pero lo que una nunca imagina es que en un sector tan progresista y vanguardista como el del Arte, las mujeres se encuentran tan ignoradas o más que en otros tantos. La reciente inauguración de la primera retrospectiva dedicada a una mujer en el Museo del Prado en sus casi 200 años de historia ha traído a la primera línea informativa una circunstancia que muchos llevan décadas denunciando: las mujeres no tienen sitio en los museos si no es para posar desnudas.

El enigma de Clara Peeters

El Museo del Prado es una de las mayores pinacotecas del mundo, contiene una de las colecciones de arte europeo más importantes del viejo continente, y es incuestionablemente la casa de la mayor compilación de arte español de la historia. Sin embargo, esta maravilla que habita el Paseo del Prado madrileño tiene una tarea muy pendiente: rendirle el tributo merecido a las artistas féminas. Entre sus paredes se conservan obras de más de 5.000 artistas hombres frente a tan sólo 41 mujeres a las que habría que sumar otras 12 contemporáneas, de las que atesora unas 70 obras. Únicamente siete están actualmente expuestas. En este desolador contexto, no es de extrañar que el Prado haya esperado casi 200 años para rendirle un homenaje a una mujer. Y esa mujer es Clara Peeters, cuyo nombre ya quedará impregnado en la centenaria historia del Museo del Prado.

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Bodegón con gavilán, aves, porcelana y conchas, de Clara Peeters. (Foto: Museo del Prado)

Clara Peeters (1594 – 1657) fue una pintora barroca flamenca, pionera en la pintura de bodegones, y hasta hace poco era un nombre desconocido para el gran público, al menos en España. Su trabajo fue olvidado durante siglos, tal vez por el mero hecho de ser mujer. Peeters pintaba bodegones porque no podía pintar casi otra cosa. En la época, las pocas mujeres que querían hacer del arte su forma de vida debían conformarse con esto ya que no les estaba permitido el dibujo anatómico, considerado indecoroso porque implicaba el estudio a partir del desnudo de cuerpos masculinos. Hoy tan sólo se conservan y conocen 39 obras de sus obras, y cuatro pertenecen al Museo del Prado. Con esas cuatro obras, el Prado se convierte de facto en la pinacoteca con más cuadros en posesión de la artista flamenca, circunstancia que originó esta retrospectiva realizada en colaboración con el Museo Real de Bellas Artes de Amberes. Peeters merece esta retrospectiva porque no sólo pintó en un tiempo donde por hacerlo se cernía sobre sí un estigma, sino que a su manera estuvo a la vanguardia. Avanzada a su tiempo, fue una precursora a la hora de dotar de forma y significado a sus suntuosas naturalezas muertas. Fue la primera artista, por ejemplo, que pintó peces en los bodegones.

Bodegón con flores, copa de plata dorada, frutos secos, dulces, panecillos, vino y jarra de peltre, de Clara Peeters. (Foto: Museo del Prado)
Bodegón con flores, copa de plata dorada, frutos secos, dulces, panecillos, vino y jarra de peltre, de Clara Peeters. (Foto: Museo del Prado)

El enigma de Clara Peeters se consolida en los autorretratos que dejó, prácticamente escondidos, en algunos de sus cuadros. Concretamente, ocho son los autorretratos que dejó dibujados de forma casi imperceptible, a través de los cuales tal vez reivindicaba su condición de mujer artista, aunque tal vez simplemente se divertía viéndose reflejada. Sea como fuere, gracias a esta mujer, a su arte y a su vida -a pesar de que no sepamos demasiado de su biografía-, el mayor museo de España ha dejado un poquito de lado dos siglos de flagrante sexismo.

La exposición El arte de Clara Peeters está disponible en el Museo del Prado hasta el 19 de febrero de 2017.

Guerrilla Girls, tres décadas en las trincheras

Hay una máxima en la que todas las mujeres artistas, pertenecientes a cualquier época, coinciden: están ignoradas –si no menospreciadas o vilipendiadas. Si hay un colectivo que puede dar fe de ello son las Guerrilla Girls. Bajo la premisa de que que el mundo del arte fuera machista siglos atrás, pase, pero que no hay justificación para que lo siga siendo hoy día, las Guerrilla Girls han luchado durante los últimos 30 años para erradicar el sexismo en galerías y museos. Se trata de un grupo de artistas y activistas feministas que ha apoyado con datos cada una de sus reivindicaciones.

Las ventajas de ser una mujer artista, según las Guerrilla Girls. (Foto: Guerrilla Girls)
Las ventajas de ser una mujer artista, según las Guerrilla Girls. (Foto: Guerrilla Girls)

A mediados de los ochenta, el MOMA de Nueva York presentaba An International Survey of Painting and Sculpture, una ‘mega exposición’ de arte contemporáneo integrada en teoría por los 200 “artistas más importantes del momento” y con la presencia de tan sólo 13 mujeres. El desequilibrio era tan notable que despertó la ira de un grupo de artistas anónimas neoyorquinas que decidieron pasar a la acción bajo el nombre de Guerrilla Girls. Ese fue el germen de todo un movimiento sociocultural que ha atravesado barreras hasta convertirse en un icono del arte. A esa primera protesta le siguieron muchas, a través de las cuales estas mujeres, ataviadas con máscaras de primates y que se presentaban bajo el nombre de Frida Kahlo, Eva Hesse o Lee Krasner, denunciaban la desigualdad de género: gracias a datos y estadísticas, lograron evidenciar que en el arte no había lugar ni para mujeres ni para negros.

“El arte no puede ser reducido a un pequeño número de artistas que han ganado un concurso de popularidad entre los grandes comerciantes, curadores y coleccionistas. A menos que los museos exhiban el arte de manera tan diversa como las culturas que dicen representar, no estarán mostrando la Historia del Arte sino que sólo estarán preservando la historia de la riqueza y el poder”

 Guerrilla Girls

Más allá de Estados Unidos, las Guerrilla Girls decidieron emprender acciones allende. Enviaron cuestionarios a 383 museos o espacios de exposición de arte moderno y contemporáneo de Europa con el fin de calibrar la proporción de género, raza, religión, orientación sexual y etnia de los artistas que formaban parte de sus colecciones permanentes y sus exposiciones temporales. De los 383 cuestionados, 282 no emitieron respuesta alguna. En ese sondeo, las activistas feministas concluyeron que los museos o galerías europeos contenían una media del 22 por ciento de arte producido por mujeres. Desde que comenzaron su particular guerrilla, estas artistas anónimas han logrado colarse de manera oficial –gracias en particular a sus originales carteles- en lugares de notable prestigio como la Tate Modern o la Whitechapel Gallery londinenses.

¿Tienen las mujeres que estar desnudas para entrar en el Met Museum? (Foto: Guerrilla Girls)
¿Tienen las mujeres que estar desnudas para entrar en el Met. Museum? (Foto: Guerrilla Girls)

Hoy en día, las Guerrilla Girls ya no existen en su formato original. En su lugar, actualmente coexisten tres grupos que se autoproclaman sus sucesoras, y siguen haciendo una labor feminista en torno al mundo del arte.

La exposición de las Guerrilla Girls -las originales- ¿Es peor en Europa? puede verse en la Whitechapel Gallery de Londres hasta el 5 de marzo del 2017.

Revolución desde la institución

Tan sólo uno de cada cuatro grandes museos ha estado comandado por una mujer, y las que alcanzan los puestos directivos de pequeños o medianos centros de arte ganan un 78% menos que los hombres que ejercen exactamente las mismas funciones. Por eso, cuando una llega a lo más alto, es tan noticiable como fundamental. La revolución al mando de las grandes galerías de arte contemporáneo ha sucedido este mismo año, con la llegada de la británica Frances Morris, que se ha “echado a las espaldas” todo un emblema como es la Tate Modern de Londres. Morris tenía en su haber un currículum consolidado antes de comenzar su labor en la dirección de la Tate: su papel en la pinacoteca -en la que ha trabajado desde 1987- fue clave en el desarrollo del alcance internacional del museo, así como en el impulso de la presencia de mujeres artistas. Estuvo detrás, por ejemplo, de grandes exposiciones como la retrospectiva dedicada a Louise Bourgeois en 2007 o la exposición de Agnes Martin en 2015.

Pero el trabajo de Morris ha ido más allá de la pura reivindicación feminista  -que ha confirmado en sus primeros meses en el cargo-, ya que ha llegado a revolucionar el concepto mismo de exposición de arte. Morris es la responsable de la ruptura del orden cronológico en la colección artística, algo que más tarde se imitó en todas partes. Su objetivo ha sido siempre contextualizar las obras más allá del tiempo y el espacio en que fueron concebidas, una idea totalmente rompedora. Por lo que, Morris es, en sí misma, toda una precursora en su campo.

Los pasitos que comenzaron a dar las Guerrilla Girls están tornándose en pasos agigantados

El ejemplo de Frances Morris sirve para ilustrar que hay algo que está cambiando. Si la Tate Modern pone al mando a una mujer que habla sin pudor de mujeres y trabaja sin reparos con arte producido por artistas féminas, es que los pasitos que comenzaron a dar las Guerrilla Girls están tornándose en pasos agigantados. Las grandes instituciones del arte, entre las que incuestionablemente se encuentran esta pinacoteca londinense y el museo madrileño que hoy expone su primera retrospectiva femenina, deben tomar ahora las riendas de una revolución ya imparable.

Nuevas formas de reivindicación

El arte siempre va más allá de grandes museos, porque el arte vive en la gente que lo disfruta, que lo comparte. Internet juega hoy un papel predominante en las nuevas formas artísticas, y también en la reivindicación que centra este artículo.

El espectador en el arte tiene mayoritariamente nombre de mujer

La iniciativa pionera en activismo feminista del arte en Internet es la cuenta en Instagram @Girlsinmuseums, creada hace poco más de un año, que tiene ya más de 11.000 seguidores y 12.000 fotografías etiquetadas por usuarios de la red. A través de este canal, las italianas Camilla Crescini y Francesca Malagoli logran mostrar al mundo la asistencia masiva de mujeres a museos y galerías. De esta forma, buscan evidenciar que la demanda femenina, una demanda que está siendo desatendida por parte del mundo del arte, tiene un impacto mayúsculo. Su iniciativa genera conversación y debate en torno a la brecha de género en el contexto cultural. Según datos de Crescini, el 87% del contenido difundido en redes sociales durante las visitas a los museos lo publican mujeres, frente al 13% de los hombres. Al fin y al cabo, el arte –y la cultura en general- es un diálogo entre el artista y el espectador, una conversación constante en la que ambos participan, y lo que queda demostrado gracias a @Girlsinmuseums es que el espectador tiene mayoritariamente nombre de mujer.

Hay grandes nombres de la pintura, la escultura o la fotografía que no pasan desapercibidos. Louise Bourgeois, Frida Kahlo, Yoko Ono, Cindy Sherman, Marina Abramovic o Annie Leibovitz compiten en fama, prestigio y caché en el mercado con sus colegas masculinos, pero no es suficiente. Desde las instituciones deben trabajar para recordar nombres olvidados, como el de Clara Peeters, y en la calle la implicación de las mujeres que aman -amamos- el Arte debe ser mayor para recordar que el arte de ignorar a las mujeres es cosa del pasado.

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La traición

Laura Fàbregas

Foto: YVES HERMAN
Reuters

¿Qué pasa en Cataluña? ¿Cómo hemos llegado hasta aquí, y por qué los que no somos independentistas hemos tardado tanto en hablar?

La respuesta tiene que ver con el factor humano. Hemos tardado tanto en alzar la voz porque por mucho tiempo hemos sentido que formábamos parte de ellos: del mismo pueblo, no sé si un sol poble, pero sí un pueblo cívicamente unido. Hemos abandonado progresivamente el espacio público por temor al ostracismo o la muerte civil. A que nuestros más allegados pensaran que no éramos dignos de su confianza. Porque, digan lo que digan, la libertad más difícil no se ejerce ni contra el poder –en democracia, siempre algo abstracto y lejano– ni tampoco contra la publicidad. La libertad más difícil se ejerce contra los amigos. Contra los tuyos.

El sociólogo Émile Durkheim habló de “efervescencia colectiva” para explicar este fenómeno donde una sociedad comparte prácticas, hábitos y creencias como, por ejemplo, las Diadas. Durkheim ha sustituido a Montesquieu quien, probablemente, hoy sería un facha para la mitad de catalanes.

En Cataluña se han roto los valores de la ilustración. Los que hacen que un individuo pueda discrepar de los suyos a través de la razón independientemente de la compasión, el amor y las emociones que pueda sentir por ellos. Por eso tanta gente se sintió interpelada en la jornada del 1 de octubre al ver que una parte de los suyos recibía porrazos. Aunque pensara que eran ellos los que estaban equivocados. Como una madre que no quiere que metan a su hijo en la cárcel, aún sabiendo que es culpable. El valor está en decirle a su hijo que se ha equivocado, pero nadie discutiría el amor y lealtad de esa madre.

El nacionalismo destroza el terreno común que posibilita el debate, incluso entre familiares. Un liberal, un socialdemócrata e incluso un comunista pueden debatir sobre cuál es la mejor manera de generar riqueza y distribuirla. Un nacionalista no puede, porque aunque lo vista de racionalidad, el último eslabón de esta ideología apela a la parte emocional. Y si no estás con los tuyos, eres un traidor.

Continúa leyendo: Láinez, Lanza y los que le echan leña al fuego

Láinez, Lanza y los que le echan leña al fuego

Melchor Miralles

Foto: Youtube (CC)

Ha ingresado en prisión, como era de esperar, Rodrigo Lanza, ese canalla que se ha convertido en un homicida tras ejercer de mártir antisistema. Nieto de un almirante de Pinochet muy vinculado al dictador chileno, Lanza, de 33 años, dejó hace tiempo tetrapléjico a un policía autonómico catalán en el desalojo de una vivienda “okupada”, y fue condenado por ello a 5 años por el Supremo. El caso fue sonado y la investigación policial fue calamitosa, y dio pie al famoso documental Ciutat Morta, en el que participó activamente Lanza. Cuando fue encarcelado recibió el entusiasta apoyo de Pablo Iglesias, Ada Colau y otros líderes populistas, que ayudaron a convertirle en un icono de la extrema izquierda. Pero Lanza se ve que lo tenía claro. Ahora vuelve a la cárcel. Tras salir de la prisión por este caso, se instaló en Zaragoza, donde era muy conocido por su liderazgo radical antisistema. Lanza, apodado “El Rodri”, vaya usted a saber por qué, está acusado de la muerte a golpes de Víctor Laínez, que murió tras ser atacado el pasado viernes en un bar zaragozano por un grupo de radicales de extrema izquierda tan solo por llevar puestos unos tirantes CON los colores de la bandera de España.

Sorprenden las precauciones de Pablo Iglesias y otros líderes de la extrema izquierda al valorar el asesinato de Laínez. Iglesias dijo que “condenamos cualquier tipo de violencia”, que es una forma de no mojarse, de dejar a la libre interpretación de cada uno que quizá en función de quién sea la víctima y quién el verdugo Iglesias y otros ponen sordina a la condena del acto, lo cual me parece insólito y repugnante. Por no hablar de las bazofias que, como siempre, se han leído sobre el caso en las redes sociales. Es terrible que alguien pueda apalear hasta la muerte a otro ser humano por el color de los tirantes que lleva, por cualquier motivo ideológico. Resulta más contradictorio aún, y creo que debe llevar a una reflexión profunda de buena parte de la izquierda española, que pueda llegarse a ese límite el odio a quien piensa de modo diferente a uno. La violencia es inaceptable, se vista del traje que se vista, la ejerza quien la ejerza y sea quien sea la víctima.

Quienes han visto a Lanza como un héroe digno de elogio debieran censurar sin matices su comportamiento, y reflexionar sobre cómo es posible que haya legado a este límite. Porque es de esperar que jamás vuelva a suceder nada parecido, con nadie. Y algunos alimentan comportamientos violentos con su discurso político extremista. El único responsable del asesinato de Láinez es el autor material del mismo, pero cuando se le echa leña al fuego se sabe lo que sucede. Y hay demasiados que han echado leña a este fuego en muchos lugares de España. Ojala no vuelva a repetirse

Continúa leyendo: Mujer, periodista y directiva: cuando el techo de cristal llega a las redacciones

Mujer, periodista y directiva: cuando el techo de cristal llega a las redacciones

Lidia Ramírez

Foto: RRSS

La limitación velada del ascenso laboral de las mujeres en el interior de las empresas en este país es una realidad evidente.  La igualdad de género y, concretamente en el oficio de periodista, es una mentira. Una farsa. Así lo refleja el nuevo informe presentado por la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) titulado ‘Informe Anual de la Profesión Periodística 2017’, que este año hace ahínco en las mujeres periodistas y los profesionales autónomos. 

Si se consideran los puestos con carácter directivo en las redacciones, el porcentaje de hombres duplica al de mujeres. Así las cifras muestran que, del total de directivos contratados, las mujeres redactores jefas en los medios impresos suponen un 4,3% frente al 5,6% de los hombres; las directoras de programas son el 1,7% frente al 4% de hombres; y las directoras de webs el 0,9% frente al 2,4% de hombres directivos, por ejemplo.

“De 80 periódicos sólo 8 tenían una periodista al frente”

De esta forma, la lista de los diarios impresos que se agrupaban el año pasado en la Asociación De Editores De Diarios Españoles muestra que de 80 periódicos sólo 8 tenían una periodista al frente, y sólo en 3 el responsable de la gerencia era una mujer. Situación bastante parecida muestran también los organigramas de las televisiones y las radios: de unos 84 directivos de primer nivel, en compañías como Atresmedia, Mediaset, RTVE, Movistar TV, Cadena SER y Cope, sólo 13 son mujeres.

En palabras del periodista Luis Palacio, que ha dirigido el estudio, el “factor de discriminación hacia las mujeres” en las redacciones es evidente.

Por el contrario, en el ámbito de la comunicación empresarial e institucional la situación cambia radicalmente, puesto que de las personas con nivel de dirección el 52% son mujeres y el 48%, hombres.

Mujer, periodista y directiva: cuando el techo de cristal llega a las redacciones 1
Victoria Prego, presidenta APM, Luis Palacios, director del Informe y Nemesio Rodríguez, vicepresidente de la APM, durante la presentación del Informe Anual de la Profesión Periodística 2017. | Foto: Fernando Villar/EFE

Así, como consecuencia de que haya más mujeres que hombres en los tramos salariales más bajos (por debajo de los 1.500 euros) y menos en los más altos  (por encima de los 2.000 euros), por regla general, las mujeres cobran menos que los hombres. En este sentido, el Informe muestra como hay un 14,7% de las mujeres frente a un 6,3% de los hombres que cobran entre 600 y 1.000 euros; entre 1.000 y 1.500 el porcentaje es de 25,4% (hombres) frente al 18,7% (mujeres); y las diferencias aún son mayores cuando las cifras se disparan a ingresos medios de entre 2.000 y 3.000, donde sólo un 12% de las mujeres tienen este sueldo, frente al 19% de los hombres periodistas; situación aún más sesgada es cuando cuando hablamos de sueldos entre 3.000 y 4.000 (11,1% hombres – 1,3% mujeres).

Además, analizando las cifras oficiales de paro registrado de periodistas según el Servicio Público de Empleo (SPEE), se constata que el 64% de los parados registrados son mujeres, frente al 34% de hombres. Según Palacio esto, en parte, se debe a que las tituladas en periodismo representan en torno a dos tercios del total, por un tercio de sus compañeros varones; el 65% de mujeres por el 36% de hombres, según datos del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte (MECYD), en unas circunstancias en las que “hay muchos más periodistas que los que el mercado puede absorber”, señala durante la presentación del informe Victoria Prego, presidenta de la APM.

En relación a posibles casos de “machismo” o “acoso” a las mujeres en las redacciones, la Asociación ha dicho que no han recibido ninguna petición de amparo sobre este tema.

 Periodistas y comunicadores autónomos: una situación incómoda

Otro de los asuntos en los que se centra el Informe es en la situación de los periodistas autónomos de nuestro país. Una situación que aunque va disminuyendo –2015: 862; 2016: 661; 2017: 648– aún representan  la cuarta parte de los periodista que trabajan informando (25%) o haciendo comunicación empresarial o institucional (27,1%), la mayoría “forzados por las circunstancias (79%) y no por elección propia (21%)”, precisa Luis Palacio, quien destaca la figura del ‘falso autónomo’ que representa en torno al 18% de los autónomos que trabajan en periodismo, según las encuestas realizadas para este informe.

En cuanto a los medios en los que trabaja este sector de profesionales, la mayoría lo hacen en nativos digitales (37 %), seguidos de los que lo hacen para revistas en papel (31,5 %), colaboradores de digitales de medios convencionales (20,4 %) y prensa diaria en papel (19,1 %). Y por lo que se refiere a las retribuciones, si en 2016 los porcentajes que cobraban por encima de los 100 euros por reportaje, entrevista o artículo de opinión eran los más altos; en 2017, el mayor porcentaje por reportaje los reciben quienes cobran entre 50 y 100 euros, mientras que la mayor parte de las colaboraciones en forma de entrevista o de artículos de opinión se pagan a menos de 50 euros.

Aún así, y pese a los datos negativos del Informe, Prego ha recalcado como dato positivo que “hay un poco menos de paro”: 7.137 personas, frente a las 7.890 de 2016.

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Las intimidades literarias de Gabriel García Márquez, al descubierto

Jorge Raya Pons

Foto: TOMAS BRAVO
Reuters

El archivo con todos los manuscritos que sobrevivieron de Gabriel García Márquez está en Estados Unidos. Él, que se rebeló contra todos sus gobiernos, nunca lo habría imaginado. Vendieron el fondo de documentos que había guardado durante años por más de dos millones de dólares a la Universidad de Texas –a través de la institución Harry Ransom Center–. Parece mucho dinero cuando Gabo –como le llamaron quienes le conocían– vivió con lo justo durante casi media vida. Aquella circunstancia cambió, sin embargo, cuando alguien quedó deslumbrado por Cien años de soledad.

Algunos días, García Márquez compartía con quienes le acompañaban la historia de cómo la idea del libro le alcanzó como un rayo, de cómo quedó prendido e incapacitado para hacer otra cosa que escribir. “A mis 38 años y ya con cuatro libros publicados desde mis 20 años, me senté ante la máquina de escribir y empecé: ‘Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo’. No tenía la menor idea del significado ni del origen de esa frase ni hacia dónde debía conducirme”, dijo en una ceremonia en Cartagena de Indias en 2007. “Lo que hoy sé es que no dejé de escribir ni un solo día durante 18 meses, hasta que terminé el libro”.

Gabo, que nació en el Caribe colombiano y siempre se reconoció periodista, escribió otras obras que son infinitas –como El coronel no tiene quien le escriba y El amor en los tiempos del cólera– y dejó miles de páginas que ahora pueden consultarse gratuitamente y en línea. Son folios y folios –unos 27.000– y artículos y fotografías y ficciones a medias que revelan sobre García Márquez tanto como sus memorias: en ellos están sus métodos de trabajo, sus anotaciones, sus vicios de escritura. La universidad tejana ha comenzado un laborioso y encomiable esfuerzo para digitalizar todo cuanto llegó a sus manos, y los resultados son verdaderamente estimulantes si uno es lector devoto del maestro de Aracataca.

Cómo consultar en línea todo el catálogo de Gabriel García Márquez
Gabriel García Márquez, en Monterrey en 2007. | Foto: Tomás Bravo/Reuters

La página tiene habilitados unos buscadores que permiten, incluso, filtrar por palabras clave, y también un mecanismo sorprendente con el que se pueden comparar simultáneamente borradores distintos de una misma obra. Entre los documentos hay pasaportes de sus abuelos, de él mismo, fotografías de su infancia, todo un torrente de información que desvela las facetas misteriosas de su vida, sobre las que tanto mintió a sus biógrafos.

Toda esta hazaña no habría sido posible –quién sabe– si García Márquez no hubiera publicado Cien años de soledad. Aquello fue una posibilidad real al menos en dos ocasiones, según sus recuerdos. La primera, cuando la mecanógrafa Esperanza Araiza (Pera) resbaló saliendo de un autobús, bajo la lluvia, y provocó que los papeles de su borrador final se empaparan todos en un charco. Luego tuvo que secarlos pacientemente y uno a uno para rescatar los 18 meses de trabajo de su amigo.

La segunda, cuando el escritor y su esposa, Mercedes, se dispusieron a enviar a la editorial Suramericana por correo las 590 cuartillas que entonces eran la novela. El trabajador de la oficina pesó las hojas y les dijo: “Son 82 pesos”. Pero ellos eran pobres y solo tenían 53. Tuvieron que enviar la mitad de la novela, con el escaso atino de escoger la segunda mitad y no la primera. Unos días después, les escribió el editor y les dio el dinero restante a cambio de que le hicieran llegar la primera parte. La historia de García Márquez –quizá distorsionada– viene a demostrar que la fortuna, a veces, es caprichosa. Ahora sus intimidades literarias y familiares quedan abiertas para los curiosos y los investigadores.

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