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El arte de ignorar a las mujeres

Cecilia de la Serna

Foto: DAVID GRAY
Reuters

Cuando se habla del papel de la mujer en diferentes sectores de la sociedad, casi siempre sale perdiendo. Pero lo que una nunca imagina es que en un sector tan progresista y vanguardista como el del Arte, las mujeres se encuentran tan ignoradas o más que en otros tantos. La reciente inauguración de la primera retrospectiva dedicada a una mujer en el Museo del Prado en sus casi 200 años de historia ha traído a la primera línea informativa una circunstancia que muchos llevan décadas denunciando: las mujeres no tienen sitio en los museos si no es para posar desnudas.

El enigma de Clara Peeters

El Museo del Prado es una de las mayores pinacotecas del mundo, contiene una de las colecciones de arte europeo más importantes del viejo continente, y es incuestionablemente la casa de la mayor compilación de arte español de la historia. Sin embargo, esta maravilla que habita el Paseo del Prado madrileño tiene una tarea muy pendiente: rendirle el tributo merecido a las artistas féminas. Entre sus paredes se conservan obras de más de 5.000 artistas hombres frente a tan sólo 41 mujeres a las que habría que sumar otras 12 contemporáneas, de las que atesora unas 70 obras. Únicamente siete están actualmente expuestas. En este desolador contexto, no es de extrañar que el Prado haya esperado casi 200 años para rendirle un homenaje a una mujer. Y esa mujer es Clara Peeters, cuyo nombre ya quedará impregnado en la centenaria historia del Museo del Prado.

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Bodegón con gavilán, aves, porcelana y conchas, de Clara Peeters. (Foto: Museo del Prado)

Clara Peeters (1594 – 1657) fue una pintora barroca flamenca, pionera en la pintura de bodegones, y hasta hace poco era un nombre desconocido para el gran público, al menos en España. Su trabajo fue olvidado durante siglos, tal vez por el mero hecho de ser mujer. Peeters pintaba bodegones porque no podía pintar casi otra cosa. En la época, las pocas mujeres que querían hacer del arte su forma de vida debían conformarse con esto ya que no les estaba permitido el dibujo anatómico, considerado indecoroso porque implicaba el estudio a partir del desnudo de cuerpos masculinos. Hoy tan sólo se conservan y conocen 39 obras de sus obras, y cuatro pertenecen al Museo del Prado. Con esas cuatro obras, el Prado se convierte de facto en la pinacoteca con más cuadros en posesión de la artista flamenca, circunstancia que originó esta retrospectiva realizada en colaboración con el Museo Real de Bellas Artes de Amberes. Peeters merece esta retrospectiva porque no sólo pintó en un tiempo donde por hacerlo se cernía sobre sí un estigma, sino que a su manera estuvo a la vanguardia. Avanzada a su tiempo, fue una precursora a la hora de dotar de forma y significado a sus suntuosas naturalezas muertas. Fue la primera artista, por ejemplo, que pintó peces en los bodegones.

Bodegón con flores, copa de plata dorada, frutos secos, dulces, panecillos, vino y jarra de peltre, de Clara Peeters. (Foto: Museo del Prado)
Bodegón con flores, copa de plata dorada, frutos secos, dulces, panecillos, vino y jarra de peltre, de Clara Peeters. (Foto: Museo del Prado)

El enigma de Clara Peeters se consolida en los autorretratos que dejó, prácticamente escondidos, en algunos de sus cuadros. Concretamente, ocho son los autorretratos que dejó dibujados de forma casi imperceptible, a través de los cuales tal vez reivindicaba su condición de mujer artista, aunque tal vez simplemente se divertía viéndose reflejada. Sea como fuere, gracias a esta mujer, a su arte y a su vida -a pesar de que no sepamos demasiado de su biografía-, el mayor museo de España ha dejado un poquito de lado dos siglos de flagrante sexismo.

La exposición El arte de Clara Peeters está disponible en el Museo del Prado hasta el 19 de febrero de 2017.

Guerrilla Girls, tres décadas en las trincheras

Hay una máxima en la que todas las mujeres artistas, pertenecientes a cualquier época, coinciden: están ignoradas –si no menospreciadas o vilipendiadas. Si hay un colectivo que puede dar fe de ello son las Guerrilla Girls. Bajo la premisa de que que el mundo del arte fuera machista siglos atrás, pase, pero que no hay justificación para que lo siga siendo hoy día, las Guerrilla Girls han luchado durante los últimos 30 años para erradicar el sexismo en galerías y museos. Se trata de un grupo de artistas y activistas feministas que ha apoyado con datos cada una de sus reivindicaciones.

Las ventajas de ser una mujer artista, según las Guerrilla Girls. (Foto: Guerrilla Girls)
Las ventajas de ser una mujer artista, según las Guerrilla Girls. (Foto: Guerrilla Girls)

A mediados de los ochenta, el MOMA de Nueva York presentaba An International Survey of Painting and Sculpture, una ‘mega exposición’ de arte contemporáneo integrada en teoría por los 200 “artistas más importantes del momento” y con la presencia de tan sólo 13 mujeres. El desequilibrio era tan notable que despertó la ira de un grupo de artistas anónimas neoyorquinas que decidieron pasar a la acción bajo el nombre de Guerrilla Girls. Ese fue el germen de todo un movimiento sociocultural que ha atravesado barreras hasta convertirse en un icono del arte. A esa primera protesta le siguieron muchas, a través de las cuales estas mujeres, ataviadas con máscaras de primates y que se presentaban bajo el nombre de Frida Kahlo, Eva Hesse o Lee Krasner, denunciaban la desigualdad de género: gracias a datos y estadísticas, lograron evidenciar que en el arte no había lugar ni para mujeres ni para negros.

“El arte no puede ser reducido a un pequeño número de artistas que han ganado un concurso de popularidad entre los grandes comerciantes, curadores y coleccionistas. A menos que los museos exhiban el arte de manera tan diversa como las culturas que dicen representar, no estarán mostrando la Historia del Arte sino que sólo estarán preservando la historia de la riqueza y el poder”

 Guerrilla Girls

Más allá de Estados Unidos, las Guerrilla Girls decidieron emprender acciones allende. Enviaron cuestionarios a 383 museos o espacios de exposición de arte moderno y contemporáneo de Europa con el fin de calibrar la proporción de género, raza, religión, orientación sexual y etnia de los artistas que formaban parte de sus colecciones permanentes y sus exposiciones temporales. De los 383 cuestionados, 282 no emitieron respuesta alguna. En ese sondeo, las activistas feministas concluyeron que los museos o galerías europeos contenían una media del 22 por ciento de arte producido por mujeres. Desde que comenzaron su particular guerrilla, estas artistas anónimas han logrado colarse de manera oficial –gracias en particular a sus originales carteles- en lugares de notable prestigio como la Tate Modern o la Whitechapel Gallery londinenses.

¿Tienen las mujeres que estar desnudas para entrar en el Met Museum? (Foto: Guerrilla Girls)
¿Tienen las mujeres que estar desnudas para entrar en el Met. Museum? (Foto: Guerrilla Girls)

Hoy en día, las Guerrilla Girls ya no existen en su formato original. En su lugar, actualmente coexisten tres grupos que se autoproclaman sus sucesoras, y siguen haciendo una labor feminista en torno al mundo del arte.

La exposición de las Guerrilla Girls -las originales- ¿Es peor en Europa? puede verse en la Whitechapel Gallery de Londres hasta el 5 de marzo del 2017.

Revolución desde la institución

Tan sólo uno de cada cuatro grandes museos ha estado comandado por una mujer, y las que alcanzan los puestos directivos de pequeños o medianos centros de arte ganan un 78% menos que los hombres que ejercen exactamente las mismas funciones. Por eso, cuando una llega a lo más alto, es tan noticiable como fundamental. La revolución al mando de las grandes galerías de arte contemporáneo ha sucedido este mismo año, con la llegada de la británica Frances Morris, que se ha “echado a las espaldas” todo un emblema como es la Tate Modern de Londres. Morris tenía en su haber un currículum consolidado antes de comenzar su labor en la dirección de la Tate: su papel en la pinacoteca -en la que ha trabajado desde 1987- fue clave en el desarrollo del alcance internacional del museo, así como en el impulso de la presencia de mujeres artistas. Estuvo detrás, por ejemplo, de grandes exposiciones como la retrospectiva dedicada a Louise Bourgeois en 2007 o la exposición de Agnes Martin en 2015.

Pero el trabajo de Morris ha ido más allá de la pura reivindicación feminista  -que ha confirmado en sus primeros meses en el cargo-, ya que ha llegado a revolucionar el concepto mismo de exposición de arte. Morris es la responsable de la ruptura del orden cronológico en la colección artística, algo que más tarde se imitó en todas partes. Su objetivo ha sido siempre contextualizar las obras más allá del tiempo y el espacio en que fueron concebidas, una idea totalmente rompedora. Por lo que, Morris es, en sí misma, toda una precursora en su campo.

Los pasitos que comenzaron a dar las Guerrilla Girls están tornándose en pasos agigantados

El ejemplo de Frances Morris sirve para ilustrar que hay algo que está cambiando. Si la Tate Modern pone al mando a una mujer que habla sin pudor de mujeres y trabaja sin reparos con arte producido por artistas féminas, es que los pasitos que comenzaron a dar las Guerrilla Girls están tornándose en pasos agigantados. Las grandes instituciones del arte, entre las que incuestionablemente se encuentran esta pinacoteca londinense y el museo madrileño que hoy expone su primera retrospectiva femenina, deben tomar ahora las riendas de una revolución ya imparable.

Nuevas formas de reivindicación

El arte siempre va más allá de grandes museos, porque el arte vive en la gente que lo disfruta, que lo comparte. Internet juega hoy un papel predominante en las nuevas formas artísticas, y también en la reivindicación que centra este artículo.

El espectador en el arte tiene mayoritariamente nombre de mujer

La iniciativa pionera en activismo feminista del arte en Internet es la cuenta en Instagram @Girlsinmuseums, creada hace poco más de un año, que tiene ya más de 11.000 seguidores y 12.000 fotografías etiquetadas por usuarios de la red. A través de este canal, las italianas Camilla Crescini y Francesca Malagoli logran mostrar al mundo la asistencia masiva de mujeres a museos y galerías. De esta forma, buscan evidenciar que la demanda femenina, una demanda que está siendo desatendida por parte del mundo del arte, tiene un impacto mayúsculo. Su iniciativa genera conversación y debate en torno a la brecha de género en el contexto cultural. Según datos de Crescini, el 87% del contenido difundido en redes sociales durante las visitas a los museos lo publican mujeres, frente al 13% de los hombres. Al fin y al cabo, el arte –y la cultura en general- es un diálogo entre el artista y el espectador, una conversación constante en la que ambos participan, y lo que queda demostrado gracias a @Girlsinmuseums es que el espectador tiene mayoritariamente nombre de mujer.

Hay grandes nombres de la pintura, la escultura o la fotografía que no pasan desapercibidos. Louise Bourgeois, Frida Kahlo, Yoko Ono, Cindy Sherman, Marina Abramovic o Annie Leibovitz compiten en fama, prestigio y caché en el mercado con sus colegas masculinos, pero no es suficiente. Desde las instituciones deben trabajar para recordar nombres olvidados, como el de Clara Peeters, y en la calle la implicación de las mujeres que aman -amamos- el Arte debe ser mayor para recordar que el arte de ignorar a las mujeres es cosa del pasado.

Desatinos de Bruselas

Valenti Puig

Foto: FRANCOIS LENOIR
Reuters

La aberrante escenificación de la troika de la Comisión Europea aterrizando en Grecia, en plena convulsión económica para revisar las cuentas, es uno de esos errores de cálculo que el europeísmo oficialista perpetra demasiado a menudo. Si las normas –como es el caso- la capacitan para revisar las contabilidades nacionales en razón de riesgo o préstamo, la Comisión tiene el derecho y el deber de hacerlo pero, ¿no había otro modo que enviar a tres tecnócratas vestidos de negro y con samsonite? Tal vez eso generaba más aversión al proceso de integración entre la ciudadanía afectada por la crisis y, todo sea dicho, arruinada por la gestión del gobierno griego, un clásico en el incumplimiento de las normas comunitarias.

Un desatino más reciente ha sido la felicitación de Jean-Claude Juncker a Macron por su victoria en la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas. El rol de Juncker consiste en felicitar a quien acabe siendo elegido definitivamente en la segunda vuelta. Si como hipótesis improbable imaginamos la llegada de Marine Le Pen al Elíseo, ¿cómo saludarle cuando has manifestado ostensiblemente y de modo institucional tu preferencia por Macron? Incluso con esta salvedad, un desatino similar es llamar antieuropeos a quienes han votado por Le Pen. En otra circunstancia, la consumación del Brexit dejaría Gran Bretaña fuera de las instituciones europeas pero no significa que los euroescépticos no sean ciudadanos de Europa.

Esta decantación de Bruselas es tan asombrosa como cuando, dados los postulados derechistas de Haider en Austria, se dijo de modo reiterado que eso requería expulsar a los austríacos de la Unión Europea. No era así. En realidad, Haider sigue en Austria y Austria sigue en la Unión Europea. Si Le Pen llegase al Elíseo el efecto sería catastrófico entre otras cosas por su negación del euro, pero no le corresponde a Juncker felicitar a Macron y sus votantes antes de saber los resultados del ballottage. Es más: esos parabienes pueden favorecer a Le Pen porque a casi nadie le gusta que desde Bruselas le digan cómo votar.  Todo eso corresponde a un europeísmo institucionalizado que no está a la altura de los tiempos, a diferencia de cuando -hace ahora sesenta años- Schumann impulsó el Tratado de Roma dando paso a un proceso de integración europeo que hoy tiene desencantados a sectores de la ciudadanía europea. Gran parte de la crisis europea corresponde ciertamente a la aparatosa distanciación entre la clase política –especialmente el microcosmos de Bruselas- y los que todos los días intentan sobrevivir pisando la calle y con el sueldo devaluado.

Flatulencia política

Daniel Capó

Foto: Ballesteros
EFE/Archivo

Leo en la Wikipedia que las ventosidades se componen en su mayor parte de nitrógeno, hidrógeno, dióxido de carbono, metano y oxígeno, y que su característico mal olor se debe a una proporción muy reducida de ese conjunto de gases –inferior al 1 %–, formada por distintos compuestos del azufre y del ácido butírico. Diríamos que las flatulencias no matan, pero sí incomodan e importunan, e incluso, en raras ocasiones, pueden ser el síntoma de alguna afección más grave. Como metáfora –Dante hablaba del culo como trompeta– sirve para ilustrar el estado político de nuestro país mejor que otras ocurrencias de brocha gorda con las que topamos a menudo. Me temo que, sin un barniz de humor, el uso de la escatología conduce a alguna que otra modalidad de mesianismo mal entendido.

Los continuos casos de corrupción que nos asedian desde hace años –el último, el que afecta al PP madrileño con la operación Lezo– vendrían a ser algo parecido a una digestión difícil. Y su pestilencia invita a creer que nos hallamos ante una especie de enfermedad terminal del sistema para la que no hay solución viable. Así, los profetas del apocalipsis definen España como un Estado fracasado y hablan de la corrupción endémica de los partidos y de la necesidad de superar el “régimen del 78”. Sin embargo –y a las pruebas me remito–, también cabe hacer la lectura contraria: las instituciones funcionan, la economía se recupera, hay debate parlamentario, los partidos buscan lentamente  adaptar y modernizar sus discursos y, por supuesto, se consolida el relevo generacional. En realidad, y a pesar del potente hedor de los gases de la corrupción, la historia de éxito de la España democrática –con todas sus imperfecciones– no es, ni mucho menos, desdeñable.

El lado desconocido de Amancio Ortega

Redacción TO

Foto: Iago Lopez
AP

Amancio Ortega es el segundo hombre más rico del mundo. Pero el dato es susceptible de cambiar en cualquier momento, porque la lista de millonarios que históricamente elaboraba solo de forma anual la revista Forbes se ha convertido ahora en una moderna clasificación en tiempo real y, como ya titulaba la propia publicación hace unos meses, “lo que fácil viene, fácil se va. Amancio Ortega y Bill Gates se turnan la posición de hombre más rico del mundo”. Porque el pasado septiembre, ambos intercambiaron el título en al menos cuatro ocasiones. Un mano a mano que hizo que durante las horas que duraron los dos sorpassos de Inditex, el gallego se convirtiera en la persona más acaudalada del planeta.

La mediática economía del padre de Zara contrasta con una vida discreta en La Coruña, donde vive con su segunda esposa, Flora Pérez Marcote. No concede entrevistas. No se ha escondido nunca pero tampoco se ha expuesto más de lo esctrictamente necesario. Así, nunca ha publicitado personalmente su lado filantrópico, plasmado en la fundación que lleva su nombre, cuyo objeto social es favorecer “el desarrollo de las personas”, según la propia web de la entidad.

Este reto se concreta en el trabajo en cuatro áreas: Cultura educativa (“Impulsando el cambio con el uso de nuevos instrumentos educativos y favoreciendo el acceso al conocimiento”), Infancia y juventud (“Situando a los estudiantes en el núcleo del proceso del aprendizaje potenciando sus habilidades”), Apoyo social (“Contribuyendo a encaminar las iniciativas de instituciones dedicadas a los sectores menos favorecidos”) y Sociedad/Personas (“Mejorando la calidad de vida de los beneficiarios, y facilitando soluciones, desde la igualdad de oportunidades”). O lo que es lo mismo: dar cantidades millonarias a la Seguridad Social.

Lucha contra el cáncer

Fue lo que hizo el pasado 29 de marzo, cuando anunció la donación de 320 millones de euros a la sanidad pública “para la adquisición de 290 equipos de última generación” para luchar contra el cáncer. El programa se había iniciado en Galicia y Andalucía y se extendió el mes pasado al resto de las Comunidades Autónomas.

Y la salud no es el único tema en el que trabaja la fundación del multimillonario. Cada año concede 80 becas a estudiantes gallegos y otras 420 a alumnos del resto de España para estudiar 1º de Bachillerato en Estados Unidos y Canadá. Los requisitos son estudiar 4º de ES0, tener una media igual o superior a 7 y una nota mínima de 8 en inglés en 3º de ESO, y no haber estudiado un curso en el extranjero previamente.

Las redes sociales resuenan cada vez que la Fundación Amancio Ortega anuncia una nueva donación. Por un lado, hay quienes aplauden al empresario por actuar como un filántropo y destinar millones de euros a causas sociales. Por otro, nunca faltan los críticos que opinan que se trata de una fachada para tapar las supuestas irregularidades fiscales del grupo que dirige.

La loción de censura de Pablo Iglesias

Gorka Maneiro

A pesar de todo el ruido mediático que acompaña cada representación teatral de Pablo Iglesias, esta vez le ha vuelto a salir el tiro por la culata. Algunas de sus decisiones son tan torpes, que he llegado a pensar que el actual líder supremo de la formación morada tiene como firme propósito perjudicar gravemente a Podemos, desprestigiarlo y que, con el pasar del tiempo, termine perdiendo su fuerza inicial y toda la credibilidad de la que gozaba. A veces ocurre: a veces los líderes, rodeados de una cohorte de palmeros y libres de todo aquel que ose llevarle la contraria, toman decisiones incomprensibles que solo entienden o los muy despistados o los de su propia secta.

Ya sabemos que en política todo es discutible y que hay o puede haber distintas fórmulas para desplegar una determinada estrategia comunicativa y lograr un objetivo político. Y ya sabemos también que el marketing y la propaganda son consustanciales a la actividad política… salvo que uno pretenda lograr el apoyo ciudadano y cambiar el país a base de proposición no de ley registrada en el parlamento que corresponda. Pero es que resulta que, en este caso, y en algunos otros bastantes casos anteriores, Pablo Iglesias vuelve a errar en aquello en lo que más ha destacado: la propaganda para llamar la atención de los medios y de los ciudadanos… y salir fortalecido. Y en lugar de salir fortalecido como consecuencia de una jugada que ponga en un brete al gobierno de turno o a sus rivales políticos, sale profundamente tocado. Porque se está equivocando en las formas… y en el fondo.

En el caso de la moción de censura presentada por Pablo Iglesias, se condensan todos los atributos del líder carismático venido a menos: obviando por completo a parte de los diputados de su propio grupo, presenta ante la opinión pública una supuesta moción de censura contra Rajoy y su gobierno sin disponer de candidato alternativo que haya sido pactado con aquellos a los que necesita para sacarla adelante, sin mayoría absoluta y sin programa de gobierno que sustente la iniciativa. De tanto querer salir en los medios para, seguramente, tapar sus problemas internos y el último ridículo protagonizado por Irene Montero, se olvida que si sales a los medios sin contenido y solo con continente (o ni eso), es decir, desnudo políticamente, el ridículo puede ser de órdago… por mucho que goces del trato condescendiente de muchos de ellos.

Una moción de censura es una cosa seria pero es que una cosa seria lo es la propia actividad política, hoy convertida en un instrumento para el postureo y el espectáculo circense por muchos de nuestros representantes políticos. Hoy Pablo Iglesias y Podemos vienen a convertirse en uno de los actores principales que la desprestigian… en lugar de regenerarla con todos sus 71 diputados presentes en el Congreso de los Diputados, nada menos. Quién los tuviera. Y, consecuencia de su efectista pero ineficaz acción política y propagandística, en lugar de fortalecer una posible alternativa al Gobierno de Rajoy… lo que logra es fortalecer al propio gobierno. Y lo hace justo ahora en el que se acumulan las razones de todo tipo para sustituirlo. Por cierto, la moción de censura contra Mariano Rajoy y el PP se presentó hace un año… y Pablo Iglesias y Podemos votaron en contra.

La alternativa a un gobierno conservador o conservador-liberal cuando llegue no son laslociones de censura, los selfies o los tuits más o menos ingeniosos pero en el fondo inofensivos sino una propuesta política progresista que sepa emplear, claro que sí, las nuevas formas de comunicación política, sea cercana a los ciudadanos y despliegue un amplio abanico de propuestas políticas progresistas en las instituciones.

Antes o después, esa alternativa llegará.

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