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El Aylan español que ha pasado desapercibido

Creen que se llama Samuel y que venía con su madre desde el Congo, huyendo de los horrores del conflicto armado que sufre el país africano. Su historia se parece a la de Aylan Kurdi, el niño sirio de tres años que murió ahogado en septiembre de 2015. La diferencia entre estos dos casos es que la imagen de Aylan, tendido en la playa con su camiseta roja y el pantalón azul mientras las olas acariciaban su pequeño cuerpo inerte, protagonizó las portadas de medio mundo, removiendo las conciencias de los políticos y poniendo de manifiesto las peligrosas condiciones a los que los refugiados se enfrentan al huir de las guerras en sus países de origen, y con el caso de Samuel ha ocurrido todo lo contrario. Su cuerpo en una playa del sur de España no ha sido fotografiado. Apenas se habla de él.
Activistas y organizaciones defensoras de los derechos humanos han denunciado las políticas de seguridad que la Unión Europea impone en las fronteras y aseguran que hay muchos más casos como el de Aylan. Además, acusan a las autoridades de intentar ocultar el caso de este niño congoleño, cuya identidad aún no ha podido ser confirmada por las autoridades. Algunas asociaciones, como Andalucía Acoge, están llevando a cabo tareas de identificación para intentar contactar con los familiares.

Aylan Kurdi, un niño sirio de tres años, fue encontrado muerto en 2015. (Foto: Nilufer Demir/AP)

Aylan Kurdi, un niño sirio de tres años, fue encontrado muerto en 2015. (Foto: Nilufer Demir/AP)

Muestras de solidaridad escondidas

Otra organización, la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA), llevó a cabo el 31 de enero una concentración en la playa de Barbate (Cádiz), lugar donde apareció el cuerpo del niño, para mostrar su repulsa hacia las numerosas muertes que ocurren en nuestras fronteras. Sin embargo, la manifestación no tuvo toda la repercusión que ellos hubieran querido. Y es que es más fácil encontrar información sobre ella en los medios internacionales que en la propia prensa española. No se habló de ella cuando se convocó, pero tampoco cuando tuvo lugar.

“A veces hay que ponerle nombre y apellido a estas víctimas para darnos cuenta de que estamos hablando de vidas humanas”

El alcalde de Barbate, Miguel Molina, ha dicho que “a veces hay que ponerle nombre y apellido a estas víctimas para darnos cuenta de que estamos hablando de vidas humanas. Tenemos que poner fin a esto”. Pueblos como el suyo, y otros de la costa gaditana, viven en “primera línea” el drama de la inmigración. Para acabar con esta situación, el alcalde cree que es realmente necesario construir nuevas políticas internacionales.

Las playas de Barbate viven en primera línea el drama de la inmigración. (Foto: Anton Meres/Reuters)

Las playas de Barbate viven en primera línea el drama de la inmigración. (Foto: Anton Meres/Reuters)

“Hombres y mujeres debemos recordar a nuestros dirigentes la necesidad y obligatoriedad de poner a disposición de quienes más lo necesitan las herramientas oportunas para favorecer la igualdad de oportunidades y el adecuado desarrollo de cada vida». Así explicaba Miguel Molina la necesidad de estas concentraciones y manifestaciones solidarias, añadiendo que “queremos decir basta a los políticos retrógrados que impiden la libertad de desplazamiento a cualquier país, basta a los políticos retrógrados que impiden el acogimiento de personas en cualquier país, basta a las diferencias de origen, raza, sexo, religión, condición social, basta a la pobreza de unos para proporcionar riquezas a otros, basta, basta, basta».
Así, el Ayuntamiento de Barbate fue el escenario de una concentración solidaria en la que la población de la localidad se sumó a la lucha contra las condiciones que llevan a la muerte de tantos inmigrantes, que se juegan la vida por el simple hecho de querer una vida mejor. Los vecinos fueron convocados por el propio Consistorio y a ella acudieron también miembros de su gobierno y de la oposición.

Vidas perdidas

El pequeño, al que algunas organizaciones llaman Samuel, fue encontrado sin vida en la playa de Barbate por un viandante, y todo apunta a que viajaba en una de las dos pateras que el pasado día 13 de enero intentaron cruzar el Estrecho desde Tánger. En ellas viajaban 21 personas. Una de las pateras apareció el mismo día, con siete supervivientes y tres fallecidos. La otra, en la que viajaban 11 personas, nunca llegó a aparecer. Samuel y su madre, que también falleció, viajaban en esta patera.

Un grupo de inmigrantes espera a ser rescatado en el Mar Mediterráneo. (Foto: Emilio Morenatti/AP)

Un grupo de inmigrantes espera a ser rescatado en el Mar Mediterráneo. (Foto: Emilio Morenatti/AP)

“No sabemos cuántos Aylans, cuántos Samueles, cuántos hombres y mujeres hay en el fondo del mar sin que su familia sepa nada de ellos. Todos tienen una vida y una historia que Europa no puede ningunear”, lamenta la APDHA. “Están huyendo de guerras, de situaciones de miseria, de hambre, de explotación y Europa sigue cerrada como una fortaleza ante ellos”, afirman.

“No sabemos cuántos Aylans, cuántos Samueles, cuántos hombres y mujeres hay en el fondo del mar sin que su familia sepa nada de ellos»

Como bien dicen, son muchas las personas que pierden la vida al tratar de huir de situaciones extremas, de guerras, del hambre. Concretamente, 246 personas han muerto en lo que llevamos de año en esta situación, según la Organización Internacional de las Migraciones. Estas muertes se suman a las más de 5.000 personas que fallecieron el año pasado en las mismas circunstancias en el Mediterráneo. Por esta razón, la asociación cree que un cambio en las políticas migratorias es muy necesario. “Como se ha demostrado, el enfoque securitario no funciona; es más, es una auténtica aberración. Son necesarias unas nuevas políticas migratorias.”

Un grupo de inmigrantes es rescatado en las aguas del Mediterráneo. (Foto: Emilio Morenatti/AP)

Un grupo de inmigrantes es rescatado en las aguas del Mediterráneo. (Foto: Emilio Morenatti/AP)

También son muchas las personas que luchan para que esto deje de ocurrir, aunque a veces su labor no consiga una gran difusión. Pero cuando el protagonista de uno de estos tristes sucesos es un niño, como Samuel, que tenía entre 5 y 7 años, se disparan todas las alarma y aumentan las voces que se se suman a las críticas contra las políticas fronterizas.
Por tanto, quizá tenga razón el alcalde de Barbate. Quizá, a veces, es necesario poner nombre a estas tragedias humanas para concienciar a la sociedad, para recordarles que las vidas perdidas en nuestras costas pertenecen a seres humanos con historias propias, con ilusiones, con aspiraciones de conseguir lo que muchos de los que viven en el llamado primer mundo dan por hecho: una vida en paz.

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