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El Día Internacional de la Paz en un mundo en guerra

Marta Ruiz-Castillo

La Asamblea General de las Naciones Unidas estableció en 1981 el 21 de septiembre Día Internacional de la Paz y en 2001 acordó por unanimidad fijar esta misma fecha como la jornada de la no violencia y el alto el fuego.

Desde que el mundo es mundo la Historia de la humanidad está llena de guerras en las que pueblos enteros han sido aniquilados por otros, de luchas territoriales, batallas por el poder, sucesiones sangrientas, guerras civiles… El ser humano lleva tanto tiempo batallando como buscando la paz. En la época contemporánea, las dos grandes guerras del siglo XX fueron devastadoras y la paz se convirtió en una necesidad. La creación de la Sociedad de Naciones, que ahora conocemos como Organización de Naciones Unidas (ONU), no ha logrado aún cumplir con su mandato de un mundo en paz. Se han dado pasos, algunos simbólicos, como el de fijar el 21 de septiembre Día Internacional de la Paz, en el que se invita a todos los pueblos a respetar el cese de la violencia y el alto el fuego durante toda la jornada.

Cada año, el Día de la Paz incide en algún aspecto esencial que permita, si no cumplir, al menos sentar unas bases mínimas que ayuden a lograr el objetivo último de un mundo en paz. En esta ocasión se ha elegido el Desarrollo Sostenible recordando que “el fin de la pobreza, la protección del planeta y el logro de una prosperidad ampliamente compartida son factores que contribuyen a la armonía global”. El pasado año, los 193 Estados miembros de la ONU aprobaron por unanimidad 17 objetivos de desarrollo sostenible. “Son universales, se aplican en todos los países y son fundamentales para conseguir la paz”, dijo el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon en su intervención en junio, con motivo de la cuenta atrás para la celebración del Día de la Paz. “Los líderes del mundo nos han dado una hoja de ruta clara y, siguiéndola, podemos ayudar a construir un futuro de paz y prosperidad”, añadió.

El fin de la pobreza, la protección del planeta y el logro de una prosperidad ampliamente compartida son factores que contribuyen a la armonía global

La paz es el compromiso más importante de Naciones Unidas, recordó en 2015 Ban Ki-moon durante su discurso con motivo de la celebración del Día Internacional de la Paz. Y es cierto. Ese compromiso es el que define la misión de la ONU y su trabajo en el mundo “desde el mantenimiento de la paz y diplomacia preventiva hasta la promoción de los derechos humanos y el desarrollo”.  Los derechos humanos son inherentes a la consecución de la paz, como lo es también el desarme y la no proliferación de armas nucleares, o la democracia y la educación. Son sólo algunos de los factores esenciales que cualquier pueblo necesita para vivir en paz.

Ban Ki-moon toca la campana de la paz. (Foto: Rick Bajornas / ONU)
Ban Ki-moon toca la campana de la paz. (Foto: Rick Bajornas / ONU)

Cada año en este día señalado, el canal de youtube de la ONU se llena de mensajes de paz procedentes de los cinco continentes. Son mensajes de esperanza para el conjunto del planeta pero, sobre todo, para aquellos territorios donde la población civil convive a diario con la muerte provocada por las guerras que siguen causando estragos y desplazamientos masivos, cosechas arrasadas y falta de alimentos.

El incesante horror de las guerras

Sí, en el Día Internacional de la Paz hay que hablar de la guerra. De los enfrentamientos entre hermanos, de las batallas entre territorios, de combates en nombre de no se sabe bien quién o qué, de invasiones por intereses económicos no reconocidos. Guerras, en definitiva, que cada día dejan miles de muertos, decenas de miles de desplazados que buscan refugio, con desigual suerte, en otros países.

Afganistán, Pakistán, Somalia, México, Nigeria, Siria, Oriente Medio, Irak, Sudán del Sur. Son sólo algunos de los países donde las guerras causan más de 10.000 muertos cada año.

Las actuales guerras con más muertos. (Gráfico: Ana Laya / The Objective)
Guerras que, en la actualidad, provocan un mayor número de muertos. (Gráfico: Ana Laya / The Objective)

Guerras como las de Afganistán o Irak, en las que la participación de la comunidad internacional a través de grandes coaliciones lideradas por Estados Unidos, han dejado a la ONU en un lugar bastante poco honroso por su incapacidad para frenar las acciones bélicas de Occidente, unas invasiones que han desatado una guerra internacional que fue declarada el 11 de septiembre de 2001, cuando el grupo Al-Qaeda liderado por Osama Bin Laden atentó contra las Torres Gemelas de Nueva York causando más de 3.000 muertos. La paz no parece estar próxima en estos países. Como tampoco la guerra civil en Siria, donde la débil tregua aceptada por las partes en conflicto y acordada por Rusia y Estados Unidos, apenas ha durado unos días con una brutalidad que ha escandalizado a la comunidad internacional. La guerra entre el gobierno del presidente Bashar Al-Assad y los rebeldes comenzó en 2011. Cinco años que dejan un balance desolador: cerca de 300.000 muertos y más de 3.000.000 de refugiados.

Hablar de narcotráfico es hablar de guerra también. En un país como México, donde si uno pregunta le dirán que es un país que vive en paz, hay un conflicto armado que libran desde hace años los distintos gobiernos mexicanos contra los cárteles de la droga. Desde 2006  – cuando el gobierno anunció un operativo contra el crimen organizado en el estado de Michoacán, tras la muerte de 500 personas – y enero de 2012 se estima que han muerto alrededor de 60.000 personas mediante ejecuciones, enfrentamientos entre bandas rivales y acciones de las autoridades mexicanas. Entre las víctimas mortales hay narcotraficantes, miembros de los cuerpos de seguridad, autoridades y civiles.

Uno de los últimos ataques aéreos sobre Siria. (Foto: Ammar Abdullah / Reuters)
Uno de los últimos ataques aéreos sobre Siria. (Foto: Ammar Abdullah / Reuters)

La paz es el fin último de todos los pueblos, pero son muchos los intereses que impiden acabar con conflictos. Luchas por el poder, corrupción, dictaduras. Ante la evidente ausencia de conflictos, en el Día Internacional de la Paz, merecen un capítulo aparte quienes trabajan con la misión de lograr esa ansiada paz.

La Paz no es cosa de un día

Especial recuerdo merecen en esta fecha las miles de personas que trabajan a diario por el restablecimiento de la paz, de la democracia y de la convivencia a costa, en muchas ocasiones, de su propia vida en países en conflicto. Los cascos azules, los cascos blancos, voluntarios, personal de ONGs que se juegan la vida para salvar las de otras personas en situación de riesgo.

Llamamiento a todos los gobiernos, instituciones, organizaciones, así como a todas las personas, para que trabajen en la construcción de una verdadera Cultura de Paz.

Actualmente hay 16 operaciones de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz o para promover y proteger los derechos humanos en países inestables que no están en guerra pero que tampoco viven en paz como Haití o Sáhara Occidental. También las guerras civiles para ayudar a procesos de paz como en Liberia, Costa de Marfil, Malí, República Centroafricana, República Democrática del Congo, República de Sudán del Sur, República Centroafricana, Darfur, Sudán, República de Sudán del Sur, Kosovo, Chipre, Oriente Medio, Líbano, los Altos del Golán sirio, India y Paquistán.

Fuera de la organización de Naciones Unidas, la paz es la razón de ser de numerosas Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) que se nutren, sobre todo, de personal voluntario. En todas ellas coinciden la defensa de los Derechos Humanos, la prevención de la violencia, la educación para la paz, el apoyo a las personas migrantes y la sensibilización y la movilización social. Trabajan sobre el terreno, amparadas por misiones de paz de Naciones Unidas, aunque no siempre, por un mismo compromiso: la paz.  Son organizaciones muy críticas con los gobiernos, con la política de despachos, por considerar que la paz sería posible si no hubiera tantos intereses económicos relacionados con el petróleo o la industria armamentística, entre otros.

Pacificadores senegaleses de la Misión para la Estabilización (MINUSMA) en Malí. (Foto: Marco Domino / ONU)
Pacificadores senegaleses de la Misión para la Estabilización (MINUSMA) en Malí. (Foto: Marco Domino / ONU)

En España, varias ONGs (Amnistía Internacional, Greenpeace, FundiPau e Intermón Oxfam) denunciaron el pasado año que “la exportación de armas españolas durante el año 2014 ha favorecido la comisión de crímenes de guerra”. En un documento presentado de forma conjunta criticaban “la venta de bombas, misiles y otro tipo de armamento a países en conflicto como Yemen, República Centroafricana, Ucrania, Egipto o Irak”.

Además, la paz no sólo no es posible mientras haya conflictos armados, tampoco será posible si persisten el terrorismo, los delitos de odio, la persecución, la pobreza y la exclusión socioeconómica, que representan “formas de violencia que a diario sufren millones de personas en todo el mundo”, recuerda en este día el Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad (MPDL). Desde esta ONG, explican que en este Día “trabajamos por la construcción de una verdadera cultura de Paz y reivindicamos el respeto de los Derechos Humanos como herramientas para alcanzar la paz”. En especial, MPDL destaca la grave situación en la que viven 65 millones de personas que, según ACNUR, se han visto obligadas a abandonar sus hogares a causa de los conflictos, la persecución o las violaciones de derechos humanos, provocando la peor crisis de refugiados que se recuerda. Más de 5.000 personas murieron ahogadas en todo el mundo durante el año 2015, de las cuales, cerca de 3.000 perdieron sus vidas en el Mediterráneo, cuando sus sueños llegar a un lugar donde empezar de nuevo una vida mejor se quedaron en el camino.

El terrorismo, los delitos de odio, la persecución, la pobreza y la exclusión socioeconómica, representan también formas de violencia que a diario sufren millones de personas en todo el mundo

“Por todo ello, desde el Movimiento por la Paz hacemos un llamamiento a todos los gobiernos, instituciones, organizaciones, así como a todas las personas, para que trabajen en la construcción de una verdadera Cultura de Paz. Solo de esta manera podremos aspirar a vivir en un mundo donde se asegure el respeto de los Derechos Humanos, la justicia social y la igualdad de oportunidades”.

La paz es uno de los deseos que más personas comparten en el mundo y, sin embargo, sigue siendo una quimera.

SG Meeting
La suelta de palomas como símbolo de la paz. (Foto: Pasqual Gorriz / ONU)

Francia: una elección y 5 candidatos

Karem Pirela

Foto: CHRISTIAN HARTMANN
Reuters

Abril de 2017 se encuentra con una Francia convulsionada por el terrorismo que ha decidido instalar abiertamente sus amenazas desde enero del 2015 con el ataque al semanario Charlie Hebdo, y que luego del atentado de ayer demuestra que no tiene planes de acabar pronto. Con las elecciones presidenciales en ciernes, el panorama es un tanto incierto para la mayoría de los franceses, sobre todo cuando los candidatos son catalogados de extremistas o tibios, unos enfrentan investigaciones por posibles casos de desvío de fondos y otros desean crear alianzas con la revolución bolivariana en América Latina.

Las elecciones galas cuentan con dos vueltas: la primera se celebra este domingo 23 de abril con la participarán 11 candidatos distribuidos entre la izquierda, la derecha y el centro; la segunda vuelta, el 7 de mayo, enfrentará a los dos que hayan recibido más votos, ya que se descarta que alguno de los presidenciables logre la mayoría absoluta (más de la mitad) de los votos emitidos necesaria para evitar esa segunda vuelta. Durante semanas se han realizando encuestas que han situado como ganadores a casi todos los candidatos, pero hay una persona que siempre aparece entre los vencedores de la primera vuelta, la candidata del partido de extrema derecha, Frente Nacional (FN), Marine Le Pen, y una de las principales propulsoras de Frexit, la salida de Francia de la Unión Europea.

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Manifestaciones en contra de la campaña de Marine LePen este 19 de abril en las calles de Paris. | Foto: Philippe Laurenson / Reuters.

Desde los años 80 el Frente Nacional ha sido parte de la vida política del país y ha intentado ubicarse como el favorito de las clases media y alta; con la caída del muro de Berlín y la desaparición de los regímenes comunistas en Europa el discurso cambió, el partido dio un giro para orientar su búsqueda de adeptos entre la clase obrera y los desempleados, un objetivo que han logrado alcanzar con un esfuerzo constante que en los últimos 40 años le ha ganado un 40% de apoyo entre los electores, según explica el sociólogo y profesor de la Universidad Sorbonne París 3, Frederic Farah.

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Foto: Karem Pirela / The Objective.

En el lado contrario está el candidato de la extrema izquierda, Jean-Luc Mélenchon, quien no solo propone abandonar los tratados realizados con Europa conducidos por lo que él denomina en su programa de gobierno “obsesiones ideológicas” de la UE y Alemania, sino que a través de su programa “la Francia insumisa” llama a recuperar la soberanía del país y a crear la sexta república, gracias a un cambio de Constitución que aboliría la monarquía presidencial y otorgaría nuevamente el poder al pueblo; propone también realizar la transición ecológica, cambiar los métodos de producción y acabar con el uso de la energía nuclear, todo esto de la mano de una revolución ciudadana, donde todos y cada uno de los franceses y extranjeros que habitan en el país deberán trabajar en pro de este cambio.

Un poco menos a la izquierda, pero sin acercarse al centro está Benoît Hamon, candidato del partido socialista, a quien la suerte no lo acompaña en las encuestas, incluso en la región de Bretaña – de donde es oriundo – no cuenta con una gran popularidad. El diario francés de izquierda, Libération, afirma que Hamon se convirtió en el candidato de los socialistas gracias al apoyo que le prestaron las zonas aledañas a París (banlieu), pero durante su campaña los dejó un poco de lado, lo que consideran ha impactado negativamente en su popularidad, colocándolo en el quinto lugar. Quizá Hamon no sea quien logre hacer latir el corazón de Francia.

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Foto: Karem Pirela / The Objective.

Uno de los candidatos más polémicos ha sido el representante de Los Republicanos (derecha), François Fillon, quien desde el 24 de febrero se enfrenta al sistema judicial por la investigación de puestos de trabajo ficticios en los que se supone estaban contratados su esposa, Penélope, y sus dos hijos. En cuanto se hizo pública esta información en el 2016 el candidato expresó que se retiraría de la contienda electoral si era formalmente investigado, pues no se consideraría moralmente capaz de dirigir al país; llegado el momento en el que la imputación se formalizó, Fillon no se retiró, lo mismo ocurrió con el apoyo de los adeptos de la derecha.

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Macron: “el heredero”. | Foto: Karem Pirela / The Objective.

El candidato más joven es Emmanuel Macron (39), ex ministro de Economía de François Hollande entre el 2014 y el 2016; creó su propio movimiento En marcha! y su programa de gobierno mezcla ideas consideradas de izquierda y otras de derecha, pero él prefiere no ser llamado “centrista”; por eso sus contendientes con frecuencia afirman que Macron siempre está de acuerdo con todo. Su programa está a favor de la apertura de Francia y la implantación de nuevas ideas a través de una nueva generación. Sus detractores comparan sus promesas electorales con las realizadas por Hollande para las elecciones del 2012.

En los últimos días los sondeos están aún más cerrados, Ipsos coloca en los primeros puestos a Marine Le Pen, Emmanuel Macron y Jean-Luc Mélenchon.  A pocas horas de que comiencen las elecciones son muchas las dudas por parte de los ciudadanos, mientras los candidatos que han suspendido las campañas en vista del atentado del jueves 20 de abril, verán si las últimas estrategias que les habrán permitido captar la atención de ese 44% que aún no está convencido de ir a votar este 23 de abril. Las principales ciudades de Francia han sido protagonistas de grandes encuentros con los electores y se han sumado recorridos más íntimos para estar en contacto directo con la gente, pero no será sino hasta este domingo cuando los franceses se encuentren frente a las papeletas y el destino de Francia – y quizá el de la Unión Europea – empiece a ser redefinido.

Los adolescentes vinculan su felicidad a la conexión a internet

Redacción TO

Foto: STEFAN WERMUTH
Reuters/Archivo

Los jóvenes españoles hacen un uso de los ordenadores y las redes sociales que está muy por encima de la media de otros países desarrollados del mundo. En términos generales, pasan cerca de tres horas diarias conectados durante la semana, y más de tres y media los sábados y los domingos. El 22% puede alcanzar, en un día las seis horas de navegación en la red, y son denominados como “usuarios extremos”. Todo esto afecta a su felicidad, tanto es así, que siete de cada diez jóvenes declaran sentirse “realmente mal” si no tienen conexión a internet. Todos estos datos son los que ha presentado la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), recogidos en el informe PISA 2015, que analiza los índices de felicidad de más de medio millón de jóvenes de 15 años de 72 países distintos.

Seis horas diarias navegando por la red: nuevos hábitos de los "usuarios extremos" 3
el 22% de los adolescentes españoles pasan seis horas diarias navegando por la red. | Foto: Carlos Garcia Rawlins / Reuters Archivo

La media mundial de estos usuarios “extremos”, aunque inferior a la española, también es alta y se sitúa en el 16%. Estos datos son “preocupantes” dado que los abusos digitales tienen repercusión en las notas, según el informe. “Los estudiantes más aislados en la escuela son los que más usan internet y eso es bueno que lo sepan los profesores y los padres. “Hay una correlación entre el uso extremo de internet y el aislamiento social”, subrayó este miércoles el director de Educación de la OCDE, Andreas Schleicher, en la presentación del informe PISA 2015.

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La media de acoso escolar en los países de la OCDE es más alta que en España. | Foto: Sara D. Davis / AP

Las partes positivas

Por primera vez el informe PISA analiza, junto a las competencias académicas de los alumnos, el bienestar de los jóvenes y también hay datos positivos para España. La media de alumnos adolescentes que admite sufrir acoso escolar es menor que en otros países desarrollados: alcanza el 6% frente al 8,9% de media en la OCDE. Además, el 74% de quienes estudian en España se sienten satisfechos o muy satisfechos con su vida personal, por encima de la media del 71% del resto de la organización.

España es uno de los países donde padres e hijos conviven más estrechamente y los datos de PISA muestran que la implicación de las familias en las actividades diarias de sus hijos tiene efectos positivos no solo en el rendimiento, sino también en la satisfacción de los alumnos con su vida. Más del 90% de los padres y madres dijo compartir una comida diaria con sus hijos y al menos un 74% habla con ellos sobre cómo les va en clase y en el instituto, porcentajes superiores al promedio de la OCDE.

Seis horas diarias navegando por la red: nuevos hábitos de los "usuarios extremos" 2
El 74% de los alumnos que estudian en España están satisfechos o muy satisfechos con su vida personal. | Foto: Daniel Ochoa de Olza / AP

Sin embargo, según el informe los estudiantes españoles también se estresan más ante los trabajos y exámenes escolares. En este punto, Andreas Schleicher afirma que “sería recomendable que los alumnos no tengan la sensación de no saber para qué están aprendiendo”, y señala que “si supieran que lo que aprenden es para algo, se reduciría su ansiedad”. Asimismo destaca que en España falta un enfoque más personalizado de la educación porque “no todos los alumnos aprenden igual”.

De profundis

Gregorio Luri

Foto: File Photo
Reuters

Aquel mayo de 1984 mi hermana y mi cuñado vinieron a pasar unos días a nuestra casa, cerca de Barcelona. La tarde del 27 dimos un largo paseo por la sierra litoral y regresamos a casa al atardecer satisfechos, agotados y hambrientos. Conectamos la televisión mecánicamente mientras poníamos la mesa y nos explotó de lleno la noticia: acababan de asesinar en Pamplona al hermano de mi cuñado. A las ocho y cuarto de la tarde, al poner en marcha su coche, estalló una bomba de cuatro o cinco quilos de Goma 2 colocada en los bajos de su vehículo. Tenía 54 años. Había nacido en Ochagavía y todos sus apellidos eran vascos.

Mi cuñado, paralizado por la emoción, no estaba en condiciones de conducir y los llevé yo a Pamplona.

Recuerdo bien aquel viaje: la noche escandalosamente estrellada, tristemente espectacular, y el silencio, profundo, intenso, que nos empequeñecía por la carretera desierta bajo la inmensidad de la bóveda celeste cuando atravesábamos los Monegros. Mi cuñado no dijo ni una palabra en todo el trayecto. Simplemente rezaba en silencio un rosario tras otro. Yo no podía acompañarlo porque tenía mi propia y contradictoria letanía rondándome en la cabeza: “nous cherchons notre passage / dans le ciel où rien ne luit”. El cielo que nos cubría estaba iluminado por mil señales, pero sólo daban forma a mi perplejidad.

No había ninguna cólera en mi cuñado o, al menos, yo no se la veía. Rezaba y en el silencio compacto de la noche a veces se insinuaba su siseo como un lamento.

Esos días pasados he vuelto a recordar aquel silencio que, para mí, es la voz de los familiares de las víctimas. Es el silencio de un mundo radicalmente opuesto al de la  desolación de la goma 2. Es un silencio que, ahora lo sé, anunciaba su olvido, que es la derrota inapelable.

La sangre narrada de las víctimas ni huele ni mancha. Es una sangre literaria y remota, como es matemática su muerte: un mero dato en una estadística. No trocea nuestra vida ni deja astillada nuestra biografía. Sólo es sangre auténtica en los muñones de los supervivientes y en las memorias abiertas de las viudas y de los huérfanos. Pensando en ellos doy, sinceramente, la bienvenida al silencio de las pistolas. Pero me parece que a los pistoleros desarmados les falta un gesto elemental de sinceridad: el reconocimiento de que el precio pagado por esta locura ha sido absurda y trágicamente excesivo. Los que arrastran de por vida el lastre de la ausencia de sus seres queridos se lo merecen. Pero se lo merecen, sobre todo, las generaciones futuras, precisamente porque, ya que no recordarán el nombre ni de las víctimas ni de los verdugos, deberían aprender de este desastre qué es el fanatismo.

Girls se despide cerrando el viaje de sus personajes

Nerea Dolara

Foto: HBO
HBO

SPOILER ALERT. El último episodio de Girls concluye la historia de Hannah y la de Marnie. Dos amigas que comenzaron juntas y así terminan.

Los seis años de existencia de Girls han estado llenos de críticas, alabanzas y escándalos. Desde su inicio la historia de Hannah y sus amigas, cuatro chicas blancas con dinero -y mucho amor propio- fue comentada hasta la saciedad. En parte la conversación fue dirigida a su creadora y protagonista, Lena Dunham, su juventud, sus conexiones, su peso, su género… y en parte a la complejidad, a veces insoportable, por lo egoísta y desconectada de sus personajes. El primer factor, Dunham y las opiniones sobre ella, tiene más que ver con la sociedad en que vivimos y los prejuicios que conlleva y poco que ver con la calidad de la serie o su desarrollo. Pero el segundo, la incesante e interesante discusión sobre los personajes y sus vidas egocéntricas, siempre habló del punto central de Girls. Esta serie comenzó como la exploración de un camino a la madurez que tal vez no llegue porque quienes lo buscan no están dispuestos a afrontarlo. Sus personajes, llenos de imperfecciones, estaban comenzando su vida adulta, afrontando por primera vez su vida sin las muletas de la época estudiantil. Y sus herramientas para hacerlo eran escasas.

Cuando conocimos a Hannah en el primer episodio de Girls soltó una frase que se convertiría en la más citada de la serie: “Creo que soy la voz de mi generación, de una generación”. Y puede que Dunham haya escrito esa frase con deje cómico –la veinteañera que se cree la representante de sus pares y que les dará voz cuando ni siquiera sabe vivir por sí misma– pero en la realidad Hannah y sus amigas se convirtieron, de alguna forma, en la voz de una generación. Parodias de las características del millenial y a la vez personas que podrían ser reales, las chicas -y los chicos- representaron un terrible, convulso y complicado viaje a la madurez, el que vive mucha gente sin saber cómo su vida cómoda ha pasado a ser esta suma de responsabilidades que nadie les advirtió que serían tan difíciles -aunque sí lo hicieran, muchas veces- y de las que, sin importar cuánto lo deseen, no pueden huir.

Girls se despide cerrando el viaje de sus personajes 1
Marnie y Hannah | Fotografía cortesía HBO

Que Hannah haya decidido ser mamá en esta última temporada habla de esto. Quiere crecer, dejar atrás a la chica inmadura y egoísta, ser una adulta por fin. Y al mismo tiempo no parece tener idea de la responsabilidad que está asumiendo. Obviamente, porque conocemos a Hannah, es esperable que la maternidad -con su falta de sueño, su incertidumbre, su eternidad- la hunda en una crisis. Como bien dice en el último episodio “es una persona que no termina las cosas, que abandona”. Pero en este caso no quiere hacerlo, aunque eso no quiere decir que no sienta las ganas.

El último episodio de Girls comienza con una imagen familiar: Marnie y Hannah durmiendo abrazadas (como en el primer episodio). Pero en este caso Hannah vive en el campo, está embarazada y Marnie está pidiéndole que la deje vivir con ella y ayudarla a criar a su bebé. Hannah accede sin muchas ganas.

La convivencia de Hannah y Marnie, tras la llegada de Grover, es espinosa pero familiar. Hannah no logra que su bebé lacte y sus miedos y sus pocas herramientas para manejarlos se acumulan mientras una Marnie que está haciendo un esfuerzo real por no ser la persona más centrada en sí misma en cada habitación, logra justo lo contrario.

Obviamente la metáfora de la leche materna y el apego están ahí. Esto no sólo se trata de Hannah no pudiendo amamantar a su bebé, se trata de que aún no se siente una madre o no sabe cómo, de que la adultez y la madurez no llegan por arte de magia cuando un bebé sale de la vagina.

Girls se despide cerrando el viaje de sus personajes 2
Lena Dunham, interpretando a Hannah. | Fotografía cortesía de HBO

Tras unos días complicados en que Hannah siente que su bebé no se está amamantando, es una repetición de todos los rechazos masculinos que ha vivido y está cada vez más tensa, Marnie llama a Loreen, la madre de Hannah, para que venga a ayudar. Y es con ella con quien Hannah tiene una conversación que bien podría haber sucedido hace años por lo desconectada e infantil que suena. Hannah se queja a su madre de que nadie le contó que esto sería tan difícil y su madre responde que esto no le pasó, que ella eligió y que de esta decisión no puede retractarse. Suelta que su bebé la odia, y Loreen no puede creer lo mezquino y tonto que suena eso. “Tu bebé no te odia, no odia a nadie, es un bebé”. Hannah se va molesta a caminar sin rumbo y en casa se quedan Marnie y Loreen, que hablan.

Marnie se da cuenta de que no puede seguir viviendo una vida prestada, que tiene que comenzar a tomar decisiones y establecer un rumbo. Por su parte, Hannah se encuentra con una adolescente y le da un largo y adulto discurso sobre su madre y su responsabilidad. Puede que la madre de esta chica quiera hacer cosas con su vida, experimentar… pero no lo hace, se queda en casa diciéndole que tiene que hacer la tarea porque ese es su lugar, aunque lo odie a veces, para siempre. Hannah vuelve a casa más tranquila, sube a amamantar a Grover y el bebé lo acepta. Y los dos viven su momento y la vida no parece tan desesperada, pero tampoco está resuelta. Y Hannah ve, por un momento, la simplicidad de todo. Y aprecia ese momento, y lo disfruta. Es para siempre, ese momento y todos los demás, lo quiera o no.

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