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El Día Internacional de la Paz en un mundo en guerra

Marta Ruiz-Castillo

La Asamblea General de las Naciones Unidas estableció en 1981 el 21 de septiembre Día Internacional de la Paz y en 2001 acordó por unanimidad fijar esta misma fecha como la jornada de la no violencia y el alto el fuego.

Desde que el mundo es mundo la Historia de la humanidad está llena de guerras en las que pueblos enteros han sido aniquilados por otros, de luchas territoriales, batallas por el poder, sucesiones sangrientas, guerras civiles… El ser humano lleva tanto tiempo batallando como buscando la paz. En la época contemporánea, las dos grandes guerras del siglo XX fueron devastadoras y la paz se convirtió en una necesidad. La creación de la Sociedad de Naciones, que ahora conocemos como Organización de Naciones Unidas (ONU), no ha logrado aún cumplir con su mandato de un mundo en paz. Se han dado pasos, algunos simbólicos, como el de fijar el 21 de septiembre Día Internacional de la Paz, en el que se invita a todos los pueblos a respetar el cese de la violencia y el alto el fuego durante toda la jornada.

Cada año, el Día de la Paz incide en algún aspecto esencial que permita, si no cumplir, al menos sentar unas bases mínimas que ayuden a lograr el objetivo último de un mundo en paz. En esta ocasión se ha elegido el Desarrollo Sostenible recordando que “el fin de la pobreza, la protección del planeta y el logro de una prosperidad ampliamente compartida son factores que contribuyen a la armonía global”. El pasado año, los 193 Estados miembros de la ONU aprobaron por unanimidad 17 objetivos de desarrollo sostenible. “Son universales, se aplican en todos los países y son fundamentales para conseguir la paz”, dijo el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon en su intervención en junio, con motivo de la cuenta atrás para la celebración del Día de la Paz. “Los líderes del mundo nos han dado una hoja de ruta clara y, siguiéndola, podemos ayudar a construir un futuro de paz y prosperidad”, añadió.

El fin de la pobreza, la protección del planeta y el logro de una prosperidad ampliamente compartida son factores que contribuyen a la armonía global

La paz es el compromiso más importante de Naciones Unidas, recordó en 2015 Ban Ki-moon durante su discurso con motivo de la celebración del Día Internacional de la Paz. Y es cierto. Ese compromiso es el que define la misión de la ONU y su trabajo en el mundo “desde el mantenimiento de la paz y diplomacia preventiva hasta la promoción de los derechos humanos y el desarrollo”.  Los derechos humanos son inherentes a la consecución de la paz, como lo es también el desarme y la no proliferación de armas nucleares, o la democracia y la educación. Son sólo algunos de los factores esenciales que cualquier pueblo necesita para vivir en paz.

Ban Ki-moon toca la campana de la paz. (Foto: Rick Bajornas / ONU)
Ban Ki-moon toca la campana de la paz. (Foto: Rick Bajornas / ONU)

Cada año en este día señalado, el canal de youtube de la ONU se llena de mensajes de paz procedentes de los cinco continentes. Son mensajes de esperanza para el conjunto del planeta pero, sobre todo, para aquellos territorios donde la población civil convive a diario con la muerte provocada por las guerras que siguen causando estragos y desplazamientos masivos, cosechas arrasadas y falta de alimentos.

El incesante horror de las guerras

Sí, en el Día Internacional de la Paz hay que hablar de la guerra. De los enfrentamientos entre hermanos, de las batallas entre territorios, de combates en nombre de no se sabe bien quién o qué, de invasiones por intereses económicos no reconocidos. Guerras, en definitiva, que cada día dejan miles de muertos, decenas de miles de desplazados que buscan refugio, con desigual suerte, en otros países.

Afganistán, Pakistán, Somalia, México, Nigeria, Siria, Oriente Medio, Irak, Sudán del Sur. Son sólo algunos de los países donde las guerras causan más de 10.000 muertos cada año.

Las actuales guerras con más muertos. (Gráfico: Ana Laya / The Objective)
Guerras que, en la actualidad, provocan un mayor número de muertos. (Gráfico: Ana Laya / The Objective)

Guerras como las de Afganistán o Irak, en las que la participación de la comunidad internacional a través de grandes coaliciones lideradas por Estados Unidos, han dejado a la ONU en un lugar bastante poco honroso por su incapacidad para frenar las acciones bélicas de Occidente, unas invasiones que han desatado una guerra internacional que fue declarada el 11 de septiembre de 2001, cuando el grupo Al-Qaeda liderado por Osama Bin Laden atentó contra las Torres Gemelas de Nueva York causando más de 3.000 muertos. La paz no parece estar próxima en estos países. Como tampoco la guerra civil en Siria, donde la débil tregua aceptada por las partes en conflicto y acordada por Rusia y Estados Unidos, apenas ha durado unos días con una brutalidad que ha escandalizado a la comunidad internacional. La guerra entre el gobierno del presidente Bashar Al-Assad y los rebeldes comenzó en 2011. Cinco años que dejan un balance desolador: cerca de 300.000 muertos y más de 3.000.000 de refugiados.

Hablar de narcotráfico es hablar de guerra también. En un país como México, donde si uno pregunta le dirán que es un país que vive en paz, hay un conflicto armado que libran desde hace años los distintos gobiernos mexicanos contra los cárteles de la droga. Desde 2006  – cuando el gobierno anunció un operativo contra el crimen organizado en el estado de Michoacán, tras la muerte de 500 personas – y enero de 2012 se estima que han muerto alrededor de 60.000 personas mediante ejecuciones, enfrentamientos entre bandas rivales y acciones de las autoridades mexicanas. Entre las víctimas mortales hay narcotraficantes, miembros de los cuerpos de seguridad, autoridades y civiles.

Uno de los últimos ataques aéreos sobre Siria. (Foto: Ammar Abdullah / Reuters)
Uno de los últimos ataques aéreos sobre Siria. (Foto: Ammar Abdullah / Reuters)

La paz es el fin último de todos los pueblos, pero son muchos los intereses que impiden acabar con conflictos. Luchas por el poder, corrupción, dictaduras. Ante la evidente ausencia de conflictos, en el Día Internacional de la Paz, merecen un capítulo aparte quienes trabajan con la misión de lograr esa ansiada paz.

La Paz no es cosa de un día

Especial recuerdo merecen en esta fecha las miles de personas que trabajan a diario por el restablecimiento de la paz, de la democracia y de la convivencia a costa, en muchas ocasiones, de su propia vida en países en conflicto. Los cascos azules, los cascos blancos, voluntarios, personal de ONGs que se juegan la vida para salvar las de otras personas en situación de riesgo.

Llamamiento a todos los gobiernos, instituciones, organizaciones, así como a todas las personas, para que trabajen en la construcción de una verdadera Cultura de Paz.

Actualmente hay 16 operaciones de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz o para promover y proteger los derechos humanos en países inestables que no están en guerra pero que tampoco viven en paz como Haití o Sáhara Occidental. También las guerras civiles para ayudar a procesos de paz como en Liberia, Costa de Marfil, Malí, República Centroafricana, República Democrática del Congo, República de Sudán del Sur, República Centroafricana, Darfur, Sudán, República de Sudán del Sur, Kosovo, Chipre, Oriente Medio, Líbano, los Altos del Golán sirio, India y Paquistán.

Fuera de la organización de Naciones Unidas, la paz es la razón de ser de numerosas Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) que se nutren, sobre todo, de personal voluntario. En todas ellas coinciden la defensa de los Derechos Humanos, la prevención de la violencia, la educación para la paz, el apoyo a las personas migrantes y la sensibilización y la movilización social. Trabajan sobre el terreno, amparadas por misiones de paz de Naciones Unidas, aunque no siempre, por un mismo compromiso: la paz.  Son organizaciones muy críticas con los gobiernos, con la política de despachos, por considerar que la paz sería posible si no hubiera tantos intereses económicos relacionados con el petróleo o la industria armamentística, entre otros.

Pacificadores senegaleses de la Misión para la Estabilización (MINUSMA) en Malí. (Foto: Marco Domino / ONU)
Pacificadores senegaleses de la Misión para la Estabilización (MINUSMA) en Malí. (Foto: Marco Domino / ONU)

En España, varias ONGs (Amnistía Internacional, Greenpeace, FundiPau e Intermón Oxfam) denunciaron el pasado año que “la exportación de armas españolas durante el año 2014 ha favorecido la comisión de crímenes de guerra”. En un documento presentado de forma conjunta criticaban “la venta de bombas, misiles y otro tipo de armamento a países en conflicto como Yemen, República Centroafricana, Ucrania, Egipto o Irak”.

Además, la paz no sólo no es posible mientras haya conflictos armados, tampoco será posible si persisten el terrorismo, los delitos de odio, la persecución, la pobreza y la exclusión socioeconómica, que representan “formas de violencia que a diario sufren millones de personas en todo el mundo”, recuerda en este día el Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad (MPDL). Desde esta ONG, explican que en este Día “trabajamos por la construcción de una verdadera cultura de Paz y reivindicamos el respeto de los Derechos Humanos como herramientas para alcanzar la paz”. En especial, MPDL destaca la grave situación en la que viven 65 millones de personas que, según ACNUR, se han visto obligadas a abandonar sus hogares a causa de los conflictos, la persecución o las violaciones de derechos humanos, provocando la peor crisis de refugiados que se recuerda. Más de 5.000 personas murieron ahogadas en todo el mundo durante el año 2015, de las cuales, cerca de 3.000 perdieron sus vidas en el Mediterráneo, cuando sus sueños llegar a un lugar donde empezar de nuevo una vida mejor se quedaron en el camino.

El terrorismo, los delitos de odio, la persecución, la pobreza y la exclusión socioeconómica, representan también formas de violencia que a diario sufren millones de personas en todo el mundo

“Por todo ello, desde el Movimiento por la Paz hacemos un llamamiento a todos los gobiernos, instituciones, organizaciones, así como a todas las personas, para que trabajen en la construcción de una verdadera Cultura de Paz. Solo de esta manera podremos aspirar a vivir en un mundo donde se asegure el respeto de los Derechos Humanos, la justicia social y la igualdad de oportunidades”.

La paz es uno de los deseos que más personas comparten en el mundo y, sin embargo, sigue siendo una quimera.

SG Meeting
La suelta de palomas como símbolo de la paz. (Foto: Pasqual Gorriz / ONU)

Refugee Food Festival: cuando el chef es un refugiado

Jorge Raya Pons

Foto: Jorge Raya
The Objective

Pierre perdió a toda su familia y ahora está solo en Madrid, arrastra una mirada triste y su pelo es rubio en un tono intenso. “La vida es complicada”, dice, bajando la mirada. “Estoy aquí como refugiado político”. Tiene 27 años y salió de Camerún siendo muy joven; apenas 22 años y no tuvo más remedio que dejar atrás su vida en África. Después de un largo camino llegó en 2015 a España, vivió 10 meses en un centro de Ceuta hasta que le concedieron el asilo. Pierre se fue de Camerún acosado por ser homosexual.

“En mi país hay mucha tradición, no se acepta”, dice Pierre, en un castellano todavía pobre. “En África no tienes libertad si eres homosexual, transexual o lesbiana. Allí existe la mutilación genital. En África es complicado. En África matan por eso”. Pierre cuenta que su padre lo rechazó, que tiene un hermano en Francia con quien no se habla, que su madre fue la única que lo protegió. “Pero mi madre está muerta”, dice. “Yo estaba aquí cuando murió”.

Refugee Food Festival: cuando el chef es un refugiado 2
Pierre, refugiado camerunés, en el restaurante L’Artisan. | Foto: J.R./The Objective

Y aunque no pudo terminar la escuela, siempre se interesó por la cocina; ahora estudia en una escuela gastronómica en Alonso Cano y vive como puede en Madrid, en un piso compartido que le dispuso un amigo dominicano. Cuenta que le interesa la comida francesa, la americana, que va conociendo la española. “Hago cocido”, dice. Ahora participa en una iniciativa, Refugee Food Festival, que nació de la sinergia de la ONG Food Sweet Food y de Acnur, la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados. Pierre estará este fin de semana cocinando en el restaurante L’Artisan, en la calle Ventura de la Vega.

España solo ha acogido a 744 de los 17.000 refugiados a los que se comprometió en Bruselas

En esta campaña, puesta en marcha el año pasado en París y extendida en esta ocasión a ciudades como Madrid, Florencia o Ámsterdam, varios cocineros –todos ellos refugiados- comparten su cultura a través de la cocina en una serie de restaurantes que se prestan como voluntarios. El resultado en Madrid es nueve restaurantes que dan empleo a ocho refugiados de cuatro nacionalidades durante una semana –en días alternos-, ofreciéndoles la oportunidad de compartir sus inquietudes culinarias con sus comensales.

Refugee Food Festival, que termina su segunda edición este domingo, es una ocasión para dar visibilidad a los desplazados. Hay historias trágicas detrás de cada uno de ellos; esta iniciativa nos empuja a esforzarnos por comprenderlos, por escucharlos. España es el país que más donativos privados aporta a Acnur. Sin embargo, es el mismo país que incumple los acuerdos de acogida de refugiados pactados en Bruselas: se comprometió a acoger a 17.000 personas y solo han llegado 744.

Refugee Food Festival: olvidando entre fogones la tragedia de ser refugiado
Mariana, ofreciendo uno de sus postres. | Foto: J.R./The Objective

Mariana también tuvo que abandonar Ucrania con su marido y con su hijo. Tiene 24 años y estudió Económicas en la universidad de su ciudad, Ternópil, a 200 kilómetros de Polonia. Llegó hace un año y medio y su gran barrera, confiesa, es el idioma. “Quiero vivir en España, quiero trabajar en la repostería”, dice Mariana, que prepara postres en el restaurante Keyaan’s (Blasco de Garay, 10). “Me gusta muchísimo la gente de aquí”. Mariana huye de un país en guerra, con todas sus consecuencias, y sigue en contacto con su madre, a la que escribe por WhatsApp. “España nos ha ayudado muchísimo”, dice, agradecida. “En un futuro me gustaría abrir una pequeña pastelería”. Mariana no piensa en regresar a Ucrania.

Tampoco lo hace Pierre, que remueve una tila que no ha probado. “No puedo volver a Camerún, no tengo familia allí”, dice, muy serio. “Yo sueño con estar en España, con tener mi propio negocio: un restaurante con comida de cuatro continentes –África, América, Asia, Europa-. Y ya está”.

AK-47, el arma que todos los combatientes quieren

Rodrigo Isasi Arce

Foto: ILYA NAYMUSHIN
Reuters/File

Mozambique es la única nación que lo tiene en su bandera, Zimbawe, Timor Oriental y la Guardia Revolucionaria de Irán, en sus escudos, Emir Kusturika le dedica una canción, Sadam Hussein tenía uno de oro. El Automat Kaláshnikova de 1947 es el arma más vendida del mundo, el más imitada, el más fabricada y el que todo combatiente desea poseer y disparar, al menos una vez en la vida. Tanto es así, que se dice que los soldados americanos que combatían en Vietnam, abandonaban su rifle M16 y recogían los AK-47 de los enemigos porque eran mucho más fiables y no se atascaban. En la actualidad los infantes de marina de EEUU llevan cargadores de AK-47 debido a lo común que es el arma.

Pero el AK-47 es también el arma más mortífera del mundo. Aproximadamente 250.000 personas mueren cada año, según Amnistía Internacional, por balas de los Kalashnikov. No obstante, el propio Mijaíl Kaláshnikov nunca se reprochó a sí mismo la sangre derramada como consecuencia de su invento, argumentando que él creó este rifle para proteger a su patria. “Duermo bien. Los políticos son los culpables de no haber llegado a un acuerdo y recurrir a la violencia”, dijo en 2007.

El AK-47, de 4,3 kilogramos de peso, sin contar la munición, es también una de las armas más extendidas por el mundo, y desde la propia compañía nos aseguran que se han producido más de 70 millones de rifles de asalto Kalashnikov de varias modificaciones.

Rifle de asalto AK-47 de oro de Sadam Hussein en la Agencia de Inteligencia de Defensa en Washington | Foto: Cliff Owen/AP Photo File

Mijaíl Kaláshnikov, quien era un comandante de carros de combate durante la Segunda Guerra Mundial, comenzó su carrera como diseñador de armas después de sufrir una lesión en el hombro durante la Batalla de Briansk, ciudad rusa situada a 380 km al suroeste de Moscú. Durante su estancia en el hospital en 1942 escuchó a los soldados heridos quejarse de los rifles soviéticos y decidió inventar un arma nueva.

El primer fusil Kaláshnikov fue producido en 1947, y rápidamente se convirtió en el fusil de asalto estándar del Ejército de la Unión Soviética (URSS) y luego del Ejército ruso desde 1949, por lo que su creador fue galardonado con el Premio Stalin y la Orden de la Estrella Roja. Mijaíl Kaláshnikov escribió en sus memorias que “con un arma no se puede arar la tierra ni cultivar cereales, pero sin ella uno no podrá defender su tierra natal, ni proteger la patria y a su pueblo”.

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Mikhail Kalashnikov muestra un modelo de su rifle de asalto AK-47 | Foto: Vladimir Vyatkin/AP Archivo

Pero el AK-47 no solo se fabrica en Rusia, son más de 30 los países que tienen los derechos de reproducción de este arma, entre ellos China, Israel, India, Egipto, Bulgaria y Nigeria, y más de 100 en los que sus Fuerzas Armadas, o al menos una parte de ellas, los utilizan.

Ni aun cubierta de arena o barro, sumergida bajo el agua o a 30 grados centígrados bajo cero, deja de disparar en torno a 600 balas por minuto. Esto la convierte en el arma más fiable del mundo. Su bajo costo de fabricación y de adquisición ha hecho que se convierta en el arma preferida de algunos ejércitos y de muchos grupos insurgentes y terroristas. Osama Ben Laden no podía separarse de su AK-47, al menos en sus comparecencias televisivas. Según algunos informes, fue EEUU el que le entregó al fundador de Al Qaeda su primer AK-47 para luchar contra los soviéticos en Afganistán.

Según Michael Hodges, autor del libro AK-47: La historia del arma del pueblo, el número de kalashnikovs en el mundo podría ascender a 200 millones. Un kalashnikov cada 35 personas. Se siguen fabricando de forma legítima en más de 30 países, con China como principal fabricante y el mercado internacional como destino. Pero las armas fabricadas legalmente pueden transformarse rápidamente en contrabando ilegal. El principal mercado de exportación de China son los estados africanos, donde muchas veces terminan en el mercado negro porque los soldados mal pagados las venden, o porque algunos estados las emplean para armar con ellas a fuerzas rebeldes de otros países.

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Copia estadounidense de un AK-47 en Idex 2017 | Foto: Rodrigo Isasi

El AK-47 entró en el Libro Guinness de los Récords como el arma más extendida en el mundo, con más de 100 millones de rifles en uso.

Tan demandada es el arma, y tan bien se conserva con el paso de los años, que a día de hoy sigue estando presente en los mostradores de las principales ferias de Defensa del mundo, como Idex, la más importante del sector en Oriente Próximo. Kalashnikov Corporation no duda en presentarla en sociedad allá donde va, acompañada de sus “hermanas” más modernas o incluso de otras armas de la compañía con fines deportivos y no militares. Y es que no en vano hay que recordar que son muchas las Fuerzas Armadas de esta región las que utilizan el AK-47, como el ejército sirio, el jordano o el iraquí, entre otros.

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Balas de AK-47 en Idex 2017 | Foto: Rodrigo Isasi

La corporación Kalashnikov ha comunicado que ha lanzado un plan de contrataciones para aumentar un 30% su fuerza laboral debido al creciente aumento de pedidos de exportación. En concreto, este plan contempla contratar 1.700 personas que se incorporarán a la actual plantilla de 6.500 trabajadores.

Es tan fácil disparar este rifle que hasta los niños podrían hacerlo, y de hecho, por desgracia, lo hacen. No es difícil ver imágenes de niños en Siria, Yemen, Palestina o Somalia, por citar solo algunos, empuñando un AK-47. En Rusia, todavía se siguen realizando campamentos militares de verano en los que los niños son instruidos en el manejo de este arma, y en Estados Unidos, muchos padres llevan a sus hijos a campos de tiro para practicar con este u otros rifles similares. Según un reciente estudio de los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC), publicado por Pediatrics el 19 de junio de 2017, en EEUU, cada día mueren o resultan heridos cerca de 19 menores por armas de fuego.

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Un niño ruso apunta un rifle Kalashnikov en un campamento de verano de estilo militar para los delincuentes juveniles | Foto: Sergei Karpukhin/Reuters File

El comercio de armas

En España están prohibidas este tipo de armas, que se consideran de guerra. En nuestro país existen a día de hoy 10,4 armas de fuego por cada 100 personas, según los datos de la Oficina de Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito, en un ranking mundial que lideran Estados Unidos (88,8) y Suiza (45,7). Pero no se puede adquirir ningún tipo de arma automática, de esas que, como establece la ley desde 1993, se recargan “automáticamente después de cada disparo y con las que es posible efectuar varios disparos sucesivos mientras permanezca accionado el disparador”. El AK-47 no solo se considera arma de guerra por su automatismo, sino también por el calibre de munición que utiliza: 7,62 milímetros. Y la ley establece también que están prohibidas las “armas de fuego o sistemas de armas de fuego de calibre inferior a 20 milímetros cuyos calibres sean considerados por el Ministerio de Defensa como de guerra”.

El principal flujo de AK-47 de contrabando hacia Europa central proviene de los países balcánicos que formaban la antigua Yugoslavia y Albania. Otro de los principales campos de adquisición de armamento es la Darknet, donde los usuarios comparten información y contenidos digitales de manera privada y es posible adquirir de manera ilegal drogas, armas y pornografía infantil.

El bajo coste de fabricación siempre ha sido una de las ventajas más importantes del AK-47. El precio promedio global del rifle de asalto se estimó en 534 dólares en 2005, según el economista de la Universidad de Oxford Phillip Killicoat. Aunque en los países africanos el precio del AK-47 es, en promedio, unos 200 dólares más barato.

Refugiados climáticos, desarraigados medioambientales

Lidia Ramírez

Foto: FEISAL OMAR
Reuters

El mundo se muere. Huracanes cada vez más potentes, sequías e inundaciones más intensas, la temperatura media y el nivel del mar en aumento, desiertos más áridos, tierras incultivables…. Estas son las consecuencias directas del cambio climático, a las que hay que sumar los millones de “personas que se ven obligadas a abandonar sus hogares porque la degradación medioambiental experimentada en su tierra de origen, por razones naturales o por la acción humana, ha minado sus sistemas de sustento”. Así define el Diccionario de Acción Humanitaria el concepto de refugiados medioambientales, más de 26 millones de personas –una persona cada segundo, según ACNUR- que cada año se ven obligadas a emigrar por cuestiones climatológicas y que se enfrentan a un limbo legal, político y humano. ¿La razón? La definición de refugiado, según se determinó en la Convención de 1951, no incluye a aquellos desplazados por razones ambientales, algo que podría resultar comprensible pues en aquella época el problema ni siquiera se planteaba o existía.

Como consecuencia, estos desplazados carecen de un marco jurídico internacional que los saque del limbo legislativo en el que se encuentran; “esto significa que no reciben ayudas económicas de ningún tipo ni pueden acceder a alimentos, vivienda, hospitales, escuelas… lo que les convierte en desarraigados medioambientales”, recoge el escritor y catedrático de Ciencias Políticas francés Sami Naïr, en el libro Refugiados. Frente a la catástrofe humanitaria, una solución real (Crítica, 2016).

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La sequía en Kenia acaba con el ganado. | Goran Tomasevic/Reuters

Sin embargo, llegados a este punto, con 26,4 millones de personas en un limbo legal, el imperativo moral de resignificar el concepto de refugiado ya no tiene excusas de dilación, más aún si tenemos en cuenta las previsiones nada halagüeñas de ACNUR, que asegura que en los próximos 50 años podrían migrar por razones climáticas hasta 1.000 millones de personas, principalmente de países empobrecidos de África, Asia y América Latina, augurando una gran crisis humanitaria. En este sentido, cabe preguntarse, ¿estamos preparados para acoger una nueva oleada de refugiados, en esta ocasión, medioambientales?  Según Tatiana Nuño, responsable de la campaña de cambio climático de Greenpeace, los mensajes que nos llegan “son muy preocupantes. Europa debería dar ejemplo y demostrar esa unión de países donde deberíamos estar preparados para acoger a los desplazados de la mejor forma”. Pero cualquier pronóstico queda lejos de esto.

       “Cada segundo, una personas se ve obligada a abandonar su hogar por el clima”

       -ACNUR

Lo que es cierto, sin embargo, es que el cambio climático no sólo está alterando el planeta, está cambiando las vidas humanas. Y en este punto, de nuevo las cuestiones florecen:  ¿es posible ofrecer a los refugiados ambientales asilo temporal o permanente?,  ¿estos refugiados tienen derechos colectivos en las nuevas zonas que habitan?,  ¿quién pagará los costes de todos los países afectados durante el proceso de reasentamiento? Demasiadas preguntas que resolver en una época de violencia sectaria, guerras civiles, recesiones económicas que hacen de estos desarraigados medioambientales un tema secundario para políticos.

Ejemplo de ello es el tan sonado y polémico Acuerdo de París para luchar contra el cambio climático, un ambicioso proyecto que, según el propio texto del instrumento internacional, tiene como objetivo “reforzar la respuesta mundial a la amenaza del cambio climático, en el contexto del desarrollo sostenible y de los esfuerzos por erradicar la pobreza“, pero que, sin embargo, obvió el término refugiado climático delimitándose a hablar de Derechos Humanos. “La cumbre fue deficiente en cuanto a principios de igualdad, solidaridad y reconocimientos de las personas más vulnerables”, reconoce la portavoz de Greenpeace, aunque destaca “el compromiso de los estados a hacer todas las políticas necesarias para permanecer por debajo del grado y medio, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y reducir a cero el balance neto de gases efecto invernadero para la segunda mitad de siglo”. Si todo esto se cumple, el cambio climático y el efecto invernadero se frenarían, y las persona no tendrían que emigrar. “De alguna manera, aún estamos a tiempo de actuar”, señala Nuño.

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François Hollande junto a varios participantes de una de las conferencias de la Cumbre del Clima en el Palacio del Elíseo, París. | Foto: Philippe Wojazer/Reuters

No es solo cuestión de países subdesarrollados

Camerún, Chad, Níger, Nigeria… El lago Chad se ha reducido en más de un 90% desde 1963, una catástrofe ecológica que ha provocado el desplazamiento de 3,5 millones de personas. En 2007 la sequía en Siria oriental dio lugar a pérdidas de cosechas y muertes de ganado que hizo que 1,5 millones de personas se desplazaran de áreas rurales a ciudades, dejando a miles de personas en una situación terriblemente vulnerable al estallar la guerra. Y en Filipinas, desde 2013, casi 15 millones de personas se han visto obligadas a desplazarse debido a los tifones y tormentas. Son sólo algunos ejemplos de regiones aún más empobrecidas como consecuencia del clima.

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Un coche de policía sumergido en Nueva Orleans tras el paso del huracán Katrina. 31 de agosto de 2005. | Foto: Rick Wilking/Reuters

Sin embargo, esto no es sólo cuestión de países subdesarrollados, que en palabras de la portavoz de Greenpeace, son “los menos responsables de las consecuencias del efecto invernadero y del cambio climático”, naciones occidentales como Estados Unidos ya han comenzado a sentir el impacto de las tensiones ambientales. Hace una década el huracán Katrina causó la muerte de 1.833 personas;  en 2012 el huracán Sandy diezmó a la costa del Atlántico medio e inundó la ciudad de Nueva York, dejando a su paso 219 fallecidos; y hoy en día, el suroeste languidece en una de las peores sequías de los últimos tiempos mientras ciudades como Washington DC y Filadelfia se cubren de un manto asfixiante de polvo y suciedad.

Y ante este preocupante panorama nos encontramos cuando el presidente de Estados Unidos ha decido darle la espalda al Acuerdo de Paris velando más por los intereses “económicos, empresariales y de mercado de grandes empresas petroleras, del carbón y del gas” en detrimento de “12 millones de personas que para 2030 se verán obligadas a desplazarse por el aumento del nivel del mar en cuatro grandes zonas de los Estados Unidos”, apunta Tatiana Nuño.

Y España, ¿cómo se ve afectada?

Desde Greenpeace advierten rotundamente: “somos uno de los países más vulnerables dentro de la Union Europea”. La aparición de enfermedades infecciosas, el aumento de incendios en la zona norte y centro de la península, los temporales cada vez más extremos en el norte de España y Andalucía que obligan a agricultores a invertir en nuevas prácticas, la subida del nivel del mar que convierte a las zonas costeras y a las llanuras aluviales en puntos críticos… España necesita un plan contra el cambio climático. Antes esta situación, la Oficina Española de Cambio Climático pone de “manifiesto que son necesarias nuevas políticas y medidas para cumplir” con los objetivos que tiene el país como miembro de la UE y firmante del Acuerdo de París.

       “España es uno de los países más vulnerables de la Unión Europea”.

       -Tatiana Nuño, Greenpeace

En este sentido, no hay duda de que el cambio climático es uno de los mayores peligros que afronta nuestro planeta. Ahora tenemos la posibilidad de cambiar el futuro, de cambiar el rumbo de millones de personas desarraigadas medioambientales que no son más que víctimas silenciosas de una indiferencia respecto al ambiente natural, aseguran los expertos.

¿Macron, populista?

Manuel Arias Maldonado

Foto: Pool
Reuters

Tras asegurarse una formidable mayoría parlamentaria -afeada por la fatiga participativa de los franceses- que parecía impensable hace apenas seis meses, la pregunta sobre el populismo de Macron presenta un interés que va más allá de la teoría y apunta hacia las lecciones que puedan extraerse de su vertiginosa conquista del poder. Lecciones, huelga decirlo, a las que atenderán con especial atención líderes o partidos con idénticas aspiraciones en otros países. Y aunque el contexto cuenta, porque Francia no es España ni España es Gran Bretaña, las semejanzas cuentan también. Si The Economist acaba de explicar el resurgimiento de los laboristas de Jeremy Corbyn aplicando al terreno político la teoría de la innovación disruptiva del economista Clayton Christensen, conforme a la cual los verdaderos innovadores empiezan en los márgenes identificando demandas desatendidas por las grandes empresas hasta hacerse con el mercado, no se ve por qué la tesis no puede aplicarse asimismo a Macron o nuestros Iglesias, Rivera y Sánchez. ¡Ancha es Europa!

Recordemos que el populismo es al mismo tiempo una ideología “delgada” (el populista puede ser de izquierda o derecha) y un estilo político que, empleando medios verbales y no verbales, crea el pueblo al que se dirige mediante una argumentación basada en una idea central (antagonismo pueblo/élite) por lo general acompañada de otras anejas (crisis de la democracia, desatención maliciosa de la voluntad popular, idealización de una patria perdida, repudio del intelectualismo). Pero un líder o movimiento puede adoptar algunos elementos del populismo: es posible ser más o menos populista según lo que se diga y se haga, sin perder de vista que aquí lo que se haga es tan importante como lo que se dice: vestirse de outsider ya es un “hacer”. Ahora bien, para ser populista -aunque sea solo un poco- es imprescindible sostener que existe un antagonismo entre el pueblo virtuoso y la élite corrupta. Ahí reside el sine qua non del populismo: su núcleo duro.

¿Y qué hay de Macron? También él habla de una élite, en este caso la clase política francesa, cuyo fracaso reformista condena a una Francia que ya no es digna de su grandeur. Y llama a una revuelta pacífica contra ella que, en el caso de su movimiento político, adopta la forma de una nueva inclusividad: ciudadanos ordinarios convertidos en diputados. Algo que, en España, también han hecho los nuevos partidos. A cambio, Macron no es precisamente anti-intelectual, ni polarizador, ni reclama que la voluntad general se convierta en el centro de la vida política. Más al contrario, ha hablado con franqueza del vacío simbólico que dejó la muerte del Rey durante el Terror revolucionario y del deseo subyacente del pueblo francés de tener ahí arriba a la vez poderoso y distante. En cuanto a la figura del outsider, Macron es una paradoja andante: un miembro de la élite que ha logrado separarse simbólicamente de ella sin dejar de encarnarla.

Podríamos decir que Macron es como Obama: un populista bueno que emplea algunos elementos del estilo político dominante para conquistar el poder derrotando al populismo malo. O sea, aquel que se aleja de los postulados de la democracia representativa y los principios de la ilustración. La risa va por barrios: habrá quien alegue que lo malo es la sociedad abierta y lo bueno la nación étnicamente homogénea. En cualquier caso, tanto unos como otros demuestran que no hay democracia sin apelación -retórica, hiperbólica, afectiva- al pueblo. Sin embargo, Macron denuncia el fracaso del establishment sin deducir de ahí que exista un antagonismo moral entre la élite corrupta y el pueblo engañado. Así que no será, finalmente, un populista.

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