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El escrache: ¿un arma de doble filo?

Tal Levy

Foto: CHRISTIAN VERON
Reuters

“¡Mi pueblo se muere, los están matando! ¿Dónde están los derechos?”, increpó una mujer, mientras otra alzaba una bandera tricolor, al Defensor del Pueblo de Venezuela, Tarek William Saab, interrumpiéndole cuando ofrecía a inicios de mayo una conferencia sobre derechos humanos. El reclamo le alcanzaba a unos 10.500 kilómetros de distancia de Caracas, donde multitudinarias marchas habían sido reprimidas brutalmente al intentar en vano llegar hasta su oficina para solicitarle que interviniera ante la grave crisis que asola el país sudamericano. En medio de una muchedumbre apostada frente al hotel cinco estrellas donde se hospedaba en Beirut, también una libanesa venezolana provista de un altavoz le gritó: “Ustedes no se van a escapar. Vayan donde vayan, van a escuchar a los venezolanos en todas partes del mundo”.

De Beirut a Madrid, de Bondi Beach a Berna, de Barcelona a Miami, esta afirmación se ha convertido en un fantasma que persigue por doquier a dirigentes y exfuncionarios del gobierno que de la mano de Hugo Chávez se ha instaurado en Venezuela desde 1999.

Utilizado en la España de nuestros días contra la llamada casta por Podemos, el escrache es el instrumento del que hoy se sirven algunos de los casi 2 millones de venezolanos que han emigrado en los últimos 18 años como modo de sumarse a las manifestaciones contra el régimen de Nicolás Maduro, a quien tachan de dictador.

El escrache: ¿un arma de doble filo?
El Tramabus de Podemos vía tramabus.com

Nacido en los países del Cono Sur, el escrache se ha convertido en un fenómeno cada vez más extendido de la cultura política. Ya en 2013 la Fundación del Español Urgente lo eligió como palabra del año cuando este “término que alude a las manifestaciones convocadas frente a los domicilios de políticos y otros personajes públicos” ocupó las primeras planas de toda España debido a las singulares protestas llevadas a cabo por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca.

“Es una palabra con un origen no del todo cierto, pero muy interesante, que ha llegado al español de España desde el de Argentina y Uruguay, y que se convirtió en protagonista de la actualidad y en el centro de una polémica en la que se cruzaban los elementos lingüísticos y los políticos”, había explicado el director general de la Fundéu BBVA, Joaquín Muller.

Este acto de repudio surgió a mediados de la década de los noventa en Argentina para desenmascarar y sacar del anonimato a todos aquellos que participaron de la represión militar y que continuaron sus vidas como si nada, amparados en la figura del indulto.

“Si no hay justicia, hagamos que el país sea su cárcel”, era la consigna que repetía la asociación de derechos humanos Hijos, que agrupa a los descendientes de los desparecidos y demás víctimas de la férrea dictadura cívico-militar argentina de los años setenta y ochenta.

A la caza de ladrones

Bastó que un cliente de la panadería Don Pan, de la ciudad de Doral, reconociera a Eugenio Vásquez Orellana, un exministro del gobierno de Chávez y expresidente del Banco de Venezuela que reside en el estado de Florida (Estados Unidos), para que se multiplicaran los insultos tales como “ladrón” y “rata” hasta que, al reclamo de “fuera, fuera, fuera”, lograran se retirara del lugar al que fue a desayunar el pasado 14 de mayo.

Sintiéndose despojados de su patria, los venezolanos que realizan estos escraches intentan, quizá, marcar territorio y hacer que los ‘enchufados’ chavistas padezcan en carne propia, de alguna manera aunque a pequeña escala, esa suerte de desalojo que sufrieron ellos en su propio país.

Estos episodios son exhibidos por la diáspora en las redes como logros. Así, en la misma ciudad de Miami, la exdiputada Iroshima Jennifer Bravo acabó por cerrar tras su relanzamiento el lujoso Pure Med Spa, después de que la asociación de Venezolanos Perseguidos Políticos en el Exilio convocara una concentración a las puertas del centro de belleza.

De nada le valió que ocultara su primer nombre, escudándose en el segundo, en sus tarjetas de presentación. “Chavista montando spa con sangre derramada de venezolanos”, se leía en una de las pancartas en marzo pasado al coro de “Iroshima Bravo, vete pa’l carajo”. Una reacción airada frente a la contradicción que exhiben muchos exfuncionarios como ella, quienes hacían alarde de sus discursos anticapitalistas y en la actualidad se encuentran disfrutando de las bondades del supuesto denostado imperio.

¿El escrache es una forma de linchamiento moral frente a la impunidad, una acción que violenta la intimidad o un desahogo frente a la impotencia? Consultada por The Objective, Colette Capriles, profesora de teoría política en la Universidad Simón Bolívar, de Caracas, explica: “El propósito parece ser, en efecto, una especie de retaliación moral y de catarsis frente a años de supremacismo chavista, y de un régimen que ha construido un verdadero apartheid entre leales y ‘enemigos’. En mi opinión, se trata de actos extra-políticos, es decir, que no operan en el campo de la lucha política, sino en el de la retribución imaginaria, que más bien reproducen lo que quieren denunciar porque exhiben ese apartheid tan duramente construido”.

Capriles recuerda que los venezolanos, por primera vez en su historia moderna, se han enfrentado a la emigración masiva. “El emigrado no percibe que ha abandonado al país, sino que el país le fue arrebatado por una oligarquía política y económica. Hay un fondo emocional muy intenso que se expresa en estos fenómenos”.

Repudio a viva voz

“Este es el tipo de persona que le ha dicho al pueblo de Venezuela, que está pasando hambre, que no tiene medicinas, que está comiendo en la basura, que el socialismo es bueno, que los imperialistas están haciéndole daño al país y miren cómo vive. Es la antítesis de lo que ellos predican”, le espetaron al almirante y exedecán de Hugo Chávez, Carlos Máximo Aniasi Turchio, una veintena de venezolanos a mediados de mayo frente a la residencia de su propiedad en Winter Park, en Orlando, valorada en 347.800 dólares, la cual se suma a otra ubicada a 30 millas de distancia, en Kissimmee, comprada por 260.000 dólares, según ha reportado El Nuevo Herald.

No sólo grandes celebridades se han asentado en Florida huyendo de los paparazzi, apelando al dicho de “vive y deja vivir”. Muchos exfuncionarios y empresarios beneficiarios del chavismo han buscado allí refugio. “Las grandes distancias que separan a una ciudad de otra, y la posibilidad de vivir en residencias privadas y aisladas, permiten tener una vida casi clandestina, aunado a que las libertades económicas y las protecciones a la propiedad que ofrece Estados Unidos ofrecen condiciones ideales para la inversión”, ha señalado Tomás Páez, autor de La voz de la diáspora venezolana, a Deutsche Welle.

Tras desenfundar un móvil, los vídeos que recogen los escraches han sido difundidos en las redes sociales y han generado no poco revuelo y posiciones encontradas entre quienes los celebran y aquellos que los condenan por considerarlos un agravio o, por otro lado, perjudicial para la lucha por la libertad en Venezuela.

Como “un atropello para mi persona y mi familia, sin ni siquiera saber mi nombre ni conocer de mis actuaciones”, calificó vía Twitter la exjueza Dayva Soto la acción que escenificaron a las puertas de su casa en Weston (Florida), un grupo de inmigrantes venezolanos que le interpelaron a ella y a su esposo, Rafael Ricardo Jiménez: “¿Por qué no se van a Cuba los dos? Devuelve el dinero, te vas a tener que ir de Weston. Escucha bien: en esta vida se paga todo”.

Pese a que la identificaron como quien encarceló al excandidato presidencial Henrique Capriles y ordenó la detención de Leopoldo López, preso político que ya lleva más de tres años entre rejas, ella fue más bien quien en 2004 liberó a Capriles, según corroboró el propio líder en la red social el 13 de mayo: “En efecto, ella tuvo la valentía de darme la libertad cuando casi 40 jueces habían ruleteado el caso”. No obstante, los opositores que viven en el exilio han advertido que, en cualquier caso, su esposo fue viceministro de Seguridad Jurídica durante el mandato de Chávez.

Respeto también exigió Maripili Hernández, ex ministra de Juventud, en las calles de Barcelona el 11 de mayo, cuando un par de venezolanos le increparon: “Sin pañales, sin leche, sin comida, haciendo cola a las 3 de la mañana, ¿esa es la revolución bonita que tú pregonabas?”. El vídeo despertó suspicacias pues la dirigente del oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela se encontraba junto a miembros de la oposición. El panorama se despejó cuando se reveló que participaban todos en un encuentro organizado por la ONG internacional Instituto para las Transiciones Integrales.

Efecto bumerán

Los incidentes se suceden casi en cadena, protagonizados curiosamente sobre todo por mujeres profundamente indignadas frente a la violenta represión que en más de dos meses de protesta continua se ha cobrado la vida de casi 70 personas, en su mayoría jóvenes ansiosos de un futuro mejor.

Muy bonito, vivir en Bondi mientras a todos los estudiantes los están matando”, le reclamaron el 7 de mayo en Australia a Lucía, hija del alcalde oficialista Jorge Rodríguez y sobrina de la ministra de Asuntos Exteriores, Delcy Rodríguez. Los familiares de los dirigentes tampoco están a salvo.

¿El escrache es un arma efectiva o, por el contrario, contraproducente en la lucha por el restablecimiento de la democracia en Venezuela? A juicio de Colette Capriles, no es un arma ni una táctica política. “Su efecto es contraproducente en la medida en que contribuye a aumentar el clima de confrontación sin que tenga resultado político ninguno. Sobre todo, no ayuda a que las comunidades de emigrados puedan organizarse de manera más política, al margen de toda retaliación o emocionalidad, para contribuir con el cambio. Habría que añadir el efecto propagandístico que el gobierno venezolano extrae de estos episodios para mostrar a sus amigos de la izquierda internacional, frente a la que está muy devaluado, el carácter ‘fascista’ de la oposición”.

“Los intolerantes y militantes del fascismo no podrán con nuestros diplomáticos dignos”, aseguró Delcy Rodríguez, quien exigió al gobierno español respetar la integridad de sus funcionarios después de que el 11 de mayo el embajador Mario Isea denunciara estar asediado por una turba violenta que impedía su salida y la de unas cien personas del Centro de Diversidad Cultural de Venezuela en Madrid, donde se realizaba un acto organizado por el Movimiento de Solidaridad con la Revolución Bolivariana y en el que participaba una representación de Podemos, de Izquierda Unida y del Partido Comunista de España.

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Foto vía Embajada de Venezuela en Madrid.

Aludía a una manifestación autorizada de unas 200 personas  frente al lugar que gritaban “narcos”, “asesinos” y “Podemos es chavista”. El suceso devino en un incidente diplomático en el que Maduro llegó a tildar al presidente Mariano Rajoy de cobarde, declaración considerada inaceptable por parte del gobierno español. Ya Isea había sido abucheado en Oviedo y en Aranjuez, donde asistió a eventos organizados por el Partido Comunista español y Podemos.

Unos días antes a otro embajador venezolano, este de Suiza, César Osvelio Méndez, no le quedó más remedio que saludar a la cámara del móvil que le grababa y seguía sus pasos mientras recorría un supermercado en Berna. Se mostró imperturbable, por más que una mujer en alemán le tachaba insistentemente de corrupto y le criticaba que disfrutara de la buena vida cuando en Venezuela no hay qué comer.

Lo cierto es que nadie quiere ser blanco de un escrache. De allí que desde la Moncloa se pidiera a la Audiencia Nacional que le permitieran a Rajoy declarar por videoconferencia, y no presencialmente, en el caso Gürtel, macrojuicio por corrupción política que involucra al Partido Popular en una supuesta trama que se extendió de 1999 a 2005 y por la que 37 personas han sido acusadas. El temor: que “la izquierda radical y antisistema” lleve a cabo una protesta a las puertas del tribunal en San Fernando de Henares el 26 de julio.

Pero la solicitud fue denegada, por lo que el jefe de gobierno testificará en persona, aunque le concedieron la posibilidad de hacerlo en los estrados para, así, evitar la fotografía que mostraría sentado en el banquillo al primer presidente en ejercicio que comparecerá, aunque en calidad de ciudadano, en un proceso judicial.

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De los trastornos y las drogas

Melchor Miralles

Foto: STEVE DIPAOLA
Reuters

Las estadísticas tienen lo suyo, y siempre muchas lecturas. Hoy sabemos que en 2015 250 millones de personas consumieron algún tipo de droga en el mundo, y al menos 190.000 murieron por causas directas relacionadas con los estupefacientes, según el Informe Mundial sobre Drogas de la ONU, que asegura también que casi 30 millones de personas padecen trastornos graves por esta causa. La más consumida es el cannabis, pero la heroína figura como la más nociva y la que más muerte causa. Los números, qué duda cabe asustan.

Me parece un trabajo relevante de la ONU. Los científicos que lo han hecho merecen mi respeto. Pero si se quiere entrar a fondo en la materia hay que ir al fondo. Las drogas lo que son es un gran negocio que enriquece a muchos. Su combate es imposible a nivel nacional, un solo país no puede acabar con la causa del problema. Y como genera ríos de millones de beneficios, quienes se enriquecen a su costa tienen la capacidad de neutralizar con dinero a gobiernos, jueces y policías. Y el problema crece cada año. Y seguimos manejando estadísticas, y escandalizándonos, y lo que nos queda por ver.

Esos treinta millones de personas que padecen los trastornos a que se refiere este informe quizá hayan empezado a trastornarse antes, y por ello han acabado en la droga, donde han encontrado un refugio y un cobijo que no tenían, puede que incluso sabiendo el daño que iba a causarles. Hemos construido una sociedad que cada día genera motivos para el disgusto, el hartazgo, el desasosiego y el dolor. Crecen el hedonismo y el egoísmo, aumenta el culto al dinero y cada vez importan menos los seres humanos, que tenemos sentimientos, sufrimientos, dolores y penas que nos afligen.

Bien por Naciones Unidas, el doctor ya ha diagnosticado la enfermedad. Ahora me gustaría que nos dijeran estos expertos de la cosa cual es la solución. Para acabar con los trastornos, y para que las drogas solo se utilicen para aquellos casos en los que son útiles. Me temo que tardará en llegar.

Contra el mito del auge asiático y el declive europeo

Antonio García Maldonado

Uno de los lugares comunes del análisis internacional dice que el poder se ha desplazado a Asia y que Trump o el Brexit no dejan de ser pataletas ante ese hecho inevitable. Los flujos económicos van hacia esa región, las actividades se deslocalizan en China o Bangladesh, sus economías crecen y emergen grandes clases medias con un poder de consumo que hace las delicias de las grandes compañías internacionales. A este diagnóstico suele seguir el que dice que, en este contexto, Europa estaría llamada a convertirse en un museo para turistas ricos, en una Venecia gigante que sirve de testimonio kitsch del pasado ante su irrelevancia en el presente y el futuro.

Como todo lugar común, tiene algo de cierto pero también mucha adiposidad interesada. Asumir sin matices que el poder reside allí donde está el peso económico es desconocer las nuevas formas de poder, influencia y gestión que las nuevas tecnologías de la comunicación han favorecido. El análisis de la decadencia de Europa y el auge asiático tiene mucho de capitalismo industrial decimonónico, con la fábrica humeante como símbolo del progreso. Tengo para mí que el auge de Asia se debe, en parte, a que se puede gestionar desde Occidente. Sus ciudades están muy contaminadas, los servicios básicos son caros y de peor calidad, la desigualdad hiere, no hay derechos laborales efectivos –y cuando los hay, es fácil eludirlos– y las megaurbes en las que ese “progreso” se estaría manifestando son impersonales y en muchos casos peligrosas. La estratificación es la norma, y los precios son escandalosos.

Es en Europa –o como en Europa– donde desea vivir la mayoría, trabajadores o ejecutivos. Conozco a pocos residentes en Pekín, Yakarta o Singapur que no hayan terminado su etapa asiática con alivio por irse y alegría por llegar a Madrid, Bruselas o Berlín. Muchos de ellos vuelven para formar aquí una familia, ante la imposibilidad o el nulo atractivo de hacerlo en países y ciudades hostiles para ello. En muchas carreras profesionales, la “temporada asiática” es más una mili o un sacrificio en pos de un mejor puesto en Europa en el futuro que un deseo genuino. Incluso en sociedades con una personalidad tan fuerte como la china o la vietnamita, la creciente clase media exige estándares “europeos”.

Si Asia es una opción profesional, Europa sigue siendo una opción vital, que mal que bien conjuga la creación de riqueza con el ocio, la creatividad, el descanso y el bienestar. Si Asia es el auge, contento me quedo entre las ruinas del museo europeo (como hacen muchísimos gestores a distancia de ese teórico esplendor).

Calderiana intempestiva

José María Albert de Paco

Foto: Andreu Dalmau
EFE

En la sección de librería del Corte Inglés no hay libreros, sino empleados que tratan de compensar sus lagunas con una actitud más o menos servicial. Para cualquier letraherido, la experiencia de consumo en estos establecimientos carece del embrujo que envuelve a esas librerías en las que todo está dispuesto para que el comprador se crea poco menos que Harold Bloom, desde la altivez de los dependientes hasta el crujido de las lamas del parqué. Tanto es así que sus propietarios no se consideran exactamente libreros, sino prescriptores del buen gusto, comisarios culturales que, imbuidos de redentorismo, determinan qué obras merecen un lugar de privilegio y cuáles, en cambio, un nicho mortuorio en el más recóndito anaquel.

La librería Calders, de Barcelona, ha declarado en Twitter persona non grata al escritor Gregorio Morán, haciendo así honor a la catalanísima costumbre del señalamiento (ni siquiera la librería Europa llevó tan lejos su bravuconería). Desconozco en qué consiste que una librería te declare persona non grata, ni si los declarantes exhibirán un cartel del tipo ‘prohibida la entrada a perros y mexicanos’. Lo desconozco, digo, porque hasta ahora, por una cuestión de cercanía, era cliente de la Calders, y me consta que no hacía falta que declarasen a nadie non grato para vetar sus libros. Empezando, por cierto, por el libro sobre Ciudadanos que Iñaki Ellakuría y yo escribimos hace año y medio, y que fue la única novedad del sello Debate que, por aquel entonces, no encontró acomodo en el apartado de ensayos políticos. Obviamente, la censurita del tendero no se ciñe a obras menores; en ocasiones, también apunta alto: véase el caso de María Elvira Roca Barea y su Imperiofobia, de cuyo lanzamiento no hubo noticia en la Calders, como no suele haber noticia de nada que huela a disidencia. Puede parecer paradójico, pero el progreso de la humanidad no se debe al sensiblero ingeniero social que pretende salvarte de ti mismo, sino al jefe de planta poco instruido que por cada Roca Barea se lleva un 0,2%. Y en esa evidencia, en fin, radica el gran triunfo de Antonio Escohotado.

Con faldas y a lo loco: la divertida protesta de unos alumnos británicos

Redacción TO

Foto: RRSS

La ola de calor que ha invadido España, pero también el conjunto de Europa, puede ser un fuerte inconveniente en según qué sectores laborales o educativos. Si en España los centros educativos han tenido que soportar temperaturas que han llegado a superar los 35 grados, y a construcciones low cost que han empeorado la situación, más al norte el problema del calor también se ha intensificado.

Las altas temperaturas han obligado a unos jovencísimos alumnos británicos a tomar medidas inusuales. Se trata de unos 30 estudiantes de entre 11 y 16 años de la Academia ISCA en Exeter, en Inglaterra, que han decidido ponerse falda para protestar contra las normas de vestimenta del centro. Dichas normas establecen que, en caso de clima cálido, los estudiantes masculinos pueden llevar pantalones largos, mientras que las estudiantes femeninas pueden usar pantalones largos o falda, según prefieran. A los chicos se les permite que se quiten sus corbatas y desatar sus camisas en clase, pero deben llevar la corbata en el exterior, y mantener las camisas abrochadas cuando salen del aula.

La reivindicación de los chicos de la Academia ISCA es sencilla: quieren poder llevar pantalones cortos cuando hace mucho calor, así como a sus compañeras les permite llevar falda. De esta forma tan divertida y travestida han logrado una visibilidad mayúscula para su protesta.

Según declaraciones de los chavales a la BBC, esta curiosa reivindicación nació tras la sarcástica respuesta de Aimee Mitchell, directora del centro, ante su petición. Ésta les dijo que si querían estar más frescos podían ponerse una falda. Al día siguiente, cinco de los alumnos aparecieron con faldas, y la tendencia se fue expandiendo.

Gracias a este peculiar y divertido movimiento de los alumnos, la escuela parece ahora dispuesta a cambiar su política de vestimenta. “Los pantalones cortos no forman parte de nuestro uniforme para los niños, y yo no querría hacer ningún cambio sin consultar tanto a los estudiantes como a sus familias. Sin embargo, con un clima cálido cada vez más normal, estaría encantada de considerar un cambio para el futuro”, ha declarado la directora a la BBC. Los chicos de ISCA ya pueden decir que con faldas y a lo loco un gran cambio es posible.

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