Hola, ¿qué estás buscando?

de resultados

No se ha encontrado ningún resultado

Ver más

El escrache: ¿un arma de doble filo?

Tal Levy

Foto: CHRISTIAN VERON
Reuters

“¡Mi pueblo se muere, los están matando! ¿Dónde están los derechos?”, increpó una mujer, mientras otra alzaba una bandera tricolor, al Defensor del Pueblo de Venezuela, Tarek William Saab, interrumpiéndole cuando ofrecía a inicios de mayo una conferencia sobre derechos humanos. El reclamo le alcanzaba a unos 10.500 kilómetros de distancia de Caracas, donde multitudinarias marchas habían sido reprimidas brutalmente al intentar en vano llegar hasta su oficina para solicitarle que interviniera ante la grave crisis que asola el país sudamericano. En medio de una muchedumbre apostada frente al hotel cinco estrellas donde se hospedaba en Beirut, también una libanesa venezolana provista de un altavoz le gritó: “Ustedes no se van a escapar. Vayan donde vayan, van a escuchar a los venezolanos en todas partes del mundo”.

De Beirut a Madrid, de Bondi Beach a Berna, de Barcelona a Miami, esta afirmación se ha convertido en un fantasma que persigue por doquier a dirigentes y exfuncionarios del gobierno que de la mano de Hugo Chávez se ha instaurado en Venezuela desde 1999.

Utilizado en la España de nuestros días contra la llamada casta por Podemos, el escrache es el instrumento del que hoy se sirven algunos de los casi 2 millones de venezolanos que han emigrado en los últimos 18 años como modo de sumarse a las manifestaciones contra el régimen de Nicolás Maduro, a quien tachan de dictador.

El escrache: ¿un arma de doble filo?
El Tramabus de Podemos vía tramabus.com

Nacido en los países del Cono Sur, el escrache se ha convertido en un fenómeno cada vez más extendido de la cultura política. Ya en 2013 la Fundación del Español Urgente lo eligió como palabra del año cuando este “término que alude a las manifestaciones convocadas frente a los domicilios de políticos y otros personajes públicos” ocupó las primeras planas de toda España debido a las singulares protestas llevadas a cabo por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca.

“Es una palabra con un origen no del todo cierto, pero muy interesante, que ha llegado al español de España desde el de Argentina y Uruguay, y que se convirtió en protagonista de la actualidad y en el centro de una polémica en la que se cruzaban los elementos lingüísticos y los políticos”, había explicado el director general de la Fundéu BBVA, Joaquín Muller.

Este acto de repudio surgió a mediados de la década de los noventa en Argentina para desenmascarar y sacar del anonimato a todos aquellos que participaron de la represión militar y que continuaron sus vidas como si nada, amparados en la figura del indulto.

“Si no hay justicia, hagamos que el país sea su cárcel”, era la consigna que repetía la asociación de derechos humanos Hijos, que agrupa a los descendientes de los desparecidos y demás víctimas de la férrea dictadura cívico-militar argentina de los años setenta y ochenta.

A la caza de ladrones

Bastó que un cliente de la panadería Don Pan, de la ciudad de Doral, reconociera a Eugenio Vásquez Orellana, un exministro del gobierno de Chávez y expresidente del Banco de Venezuela que reside en el estado de Florida (Estados Unidos), para que se multiplicaran los insultos tales como “ladrón” y “rata” hasta que, al reclamo de “fuera, fuera, fuera”, lograran se retirara del lugar al que fue a desayunar el pasado 14 de mayo.

Sintiéndose despojados de su patria, los venezolanos que realizan estos escraches intentan, quizá, marcar territorio y hacer que los ‘enchufados’ chavistas padezcan en carne propia, de alguna manera aunque a pequeña escala, esa suerte de desalojo que sufrieron ellos en su propio país.

Estos episodios son exhibidos por la diáspora en las redes como logros. Así, en la misma ciudad de Miami, la exdiputada Iroshima Jennifer Bravo acabó por cerrar tras su relanzamiento el lujoso Pure Med Spa, después de que la asociación de Venezolanos Perseguidos Políticos en el Exilio convocara una concentración a las puertas del centro de belleza.

De nada le valió que ocultara su primer nombre, escudándose en el segundo, en sus tarjetas de presentación. “Chavista montando spa con sangre derramada de venezolanos”, se leía en una de las pancartas en marzo pasado al coro de “Iroshima Bravo, vete pa’l carajo”. Una reacción airada frente a la contradicción que exhiben muchos exfuncionarios como ella, quienes hacían alarde de sus discursos anticapitalistas y en la actualidad se encuentran disfrutando de las bondades del supuesto denostado imperio.

¿El escrache es una forma de linchamiento moral frente a la impunidad, una acción que violenta la intimidad o un desahogo frente a la impotencia? Consultada por The Objective, Colette Capriles, profesora de teoría política en la Universidad Simón Bolívar, de Caracas, explica: “El propósito parece ser, en efecto, una especie de retaliación moral y de catarsis frente a años de supremacismo chavista, y de un régimen que ha construido un verdadero apartheid entre leales y ‘enemigos’. En mi opinión, se trata de actos extra-políticos, es decir, que no operan en el campo de la lucha política, sino en el de la retribución imaginaria, que más bien reproducen lo que quieren denunciar porque exhiben ese apartheid tan duramente construido”.

Capriles recuerda que los venezolanos, por primera vez en su historia moderna, se han enfrentado a la emigración masiva. “El emigrado no percibe que ha abandonado al país, sino que el país le fue arrebatado por una oligarquía política y económica. Hay un fondo emocional muy intenso que se expresa en estos fenómenos”.

Repudio a viva voz

“Este es el tipo de persona que le ha dicho al pueblo de Venezuela, que está pasando hambre, que no tiene medicinas, que está comiendo en la basura, que el socialismo es bueno, que los imperialistas están haciéndole daño al país y miren cómo vive. Es la antítesis de lo que ellos predican”, le espetaron al almirante y exedecán de Hugo Chávez, Carlos Máximo Aniasi Turchio, una veintena de venezolanos a mediados de mayo frente a la residencia de su propiedad en Winter Park, en Orlando, valorada en 347.800 dólares, la cual se suma a otra ubicada a 30 millas de distancia, en Kissimmee, comprada por 260.000 dólares, según ha reportado El Nuevo Herald.

No sólo grandes celebridades se han asentado en Florida huyendo de los paparazzi, apelando al dicho de “vive y deja vivir”. Muchos exfuncionarios y empresarios beneficiarios del chavismo han buscado allí refugio. “Las grandes distancias que separan a una ciudad de otra, y la posibilidad de vivir en residencias privadas y aisladas, permiten tener una vida casi clandestina, aunado a que las libertades económicas y las protecciones a la propiedad que ofrece Estados Unidos ofrecen condiciones ideales para la inversión”, ha señalado Tomás Páez, autor de La voz de la diáspora venezolana, a Deutsche Welle.

Tras desenfundar un móvil, los vídeos que recogen los escraches han sido difundidos en las redes sociales y han generado no poco revuelo y posiciones encontradas entre quienes los celebran y aquellos que los condenan por considerarlos un agravio o, por otro lado, perjudicial para la lucha por la libertad en Venezuela.

Como “un atropello para mi persona y mi familia, sin ni siquiera saber mi nombre ni conocer de mis actuaciones”, calificó vía Twitter la exjueza Dayva Soto la acción que escenificaron a las puertas de su casa en Weston (Florida), un grupo de inmigrantes venezolanos que le interpelaron a ella y a su esposo, Rafael Ricardo Jiménez: “¿Por qué no se van a Cuba los dos? Devuelve el dinero, te vas a tener que ir de Weston. Escucha bien: en esta vida se paga todo”.

Pese a que la identificaron como quien encarceló al excandidato presidencial Henrique Capriles y ordenó la detención de Leopoldo López, preso político que ya lleva más de tres años entre rejas, ella fue más bien quien en 2004 liberó a Capriles, según corroboró el propio líder en la red social el 13 de mayo: “En efecto, ella tuvo la valentía de darme la libertad cuando casi 40 jueces habían ruleteado el caso”. No obstante, los opositores que viven en el exilio han advertido que, en cualquier caso, su esposo fue viceministro de Seguridad Jurídica durante el mandato de Chávez.

Respeto también exigió Maripili Hernández, ex ministra de Juventud, en las calles de Barcelona el 11 de mayo, cuando un par de venezolanos le increparon: “Sin pañales, sin leche, sin comida, haciendo cola a las 3 de la mañana, ¿esa es la revolución bonita que tú pregonabas?”. El vídeo despertó suspicacias pues la dirigente del oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela se encontraba junto a miembros de la oposición. El panorama se despejó cuando se reveló que participaban todos en un encuentro organizado por la ONG internacional Instituto para las Transiciones Integrales.

Efecto bumerán

Los incidentes se suceden casi en cadena, protagonizados curiosamente sobre todo por mujeres profundamente indignadas frente a la violenta represión que en más de dos meses de protesta continua se ha cobrado la vida de casi 70 personas, en su mayoría jóvenes ansiosos de un futuro mejor.

Muy bonito, vivir en Bondi mientras a todos los estudiantes los están matando”, le reclamaron el 7 de mayo en Australia a Lucía, hija del alcalde oficialista Jorge Rodríguez y sobrina de la ministra de Asuntos Exteriores, Delcy Rodríguez. Los familiares de los dirigentes tampoco están a salvo.

¿El escrache es un arma efectiva o, por el contrario, contraproducente en la lucha por el restablecimiento de la democracia en Venezuela? A juicio de Colette Capriles, no es un arma ni una táctica política. “Su efecto es contraproducente en la medida en que contribuye a aumentar el clima de confrontación sin que tenga resultado político ninguno. Sobre todo, no ayuda a que las comunidades de emigrados puedan organizarse de manera más política, al margen de toda retaliación o emocionalidad, para contribuir con el cambio. Habría que añadir el efecto propagandístico que el gobierno venezolano extrae de estos episodios para mostrar a sus amigos de la izquierda internacional, frente a la que está muy devaluado, el carácter ‘fascista’ de la oposición”.

“Los intolerantes y militantes del fascismo no podrán con nuestros diplomáticos dignos”, aseguró Delcy Rodríguez, quien exigió al gobierno español respetar la integridad de sus funcionarios después de que el 11 de mayo el embajador Mario Isea denunciara estar asediado por una turba violenta que impedía su salida y la de unas cien personas del Centro de Diversidad Cultural de Venezuela en Madrid, donde se realizaba un acto organizado por el Movimiento de Solidaridad con la Revolución Bolivariana y en el que participaba una representación de Podemos, de Izquierda Unida y del Partido Comunista de España.

El escrache: ¿un arma de doble filo? 2
Foto vía Embajada de Venezuela en Madrid.

Aludía a una manifestación autorizada de unas 200 personas  frente al lugar que gritaban “narcos”, “asesinos” y “Podemos es chavista”. El suceso devino en un incidente diplomático en el que Maduro llegó a tildar al presidente Mariano Rajoy de cobarde, declaración considerada inaceptable por parte del gobierno español. Ya Isea había sido abucheado en Oviedo y en Aranjuez, donde asistió a eventos organizados por el Partido Comunista español y Podemos.

Unos días antes a otro embajador venezolano, este de Suiza, César Osvelio Méndez, no le quedó más remedio que saludar a la cámara del móvil que le grababa y seguía sus pasos mientras recorría un supermercado en Berna. Se mostró imperturbable, por más que una mujer en alemán le tachaba insistentemente de corrupto y le criticaba que disfrutara de la buena vida cuando en Venezuela no hay qué comer.

Lo cierto es que nadie quiere ser blanco de un escrache. De allí que desde la Moncloa se pidiera a la Audiencia Nacional que le permitieran a Rajoy declarar por videoconferencia, y no presencialmente, en el caso Gürtel, macrojuicio por corrupción política que involucra al Partido Popular en una supuesta trama que se extendió de 1999 a 2005 y por la que 37 personas han sido acusadas. El temor: que “la izquierda radical y antisistema” lleve a cabo una protesta a las puertas del tribunal en San Fernando de Henares el 26 de julio.

Pero la solicitud fue denegada, por lo que el jefe de gobierno testificará en persona, aunque le concedieron la posibilidad de hacerlo en los estrados para, así, evitar la fotografía que mostraría sentado en el banquillo al primer presidente en ejercicio que comparecerá, aunque en calidad de ciudadano, en un proceso judicial.

Save

Save

Save

Continúa leyendo: Cambio climático: la mayor amenaza a la humanidad en números

Cambio climático: la mayor amenaza a la humanidad en números

Redacción TO

Foto: Fernando Bustamante
AP

Cada época tiene su gran mal, el de la nuestra es el cambio climático. Pese a que crece la conciencia sobre esta amenaza, no está entre las prioridades de la amplia mayoría. Muestra de ello no hay que buscarla muy lejos: el último barómetro del CIS perfiló las grandes preocupaciones de los españoles, y ninguna de ellas tenía que ver con el medio ambiente.

“Si no reducimos drásticamente la dependencia de los combustibles fósiles y las emisiones de gases de efecto invernadero, las consecuencias del cambio climático pueden ser devastadoras”, advierten desde Greenpeace, la organización que ecologista por excelencia que lleva luchando por el medio ambiente desde 1971.

A la lucha contra el cambio climático no ayudan decisiones como la del presidente norteamericano Donald Trump, que en 2017 retiró a Estados Unidos del Acuerdo de París, el pacto global contra el cambio climático más ambicioso hasta la fecha. Esta era de una de sus promesas electorales más polémicas, pues podría tener graves consecuencias diplomáticas y medio ambientales. Para los escépticos, como Donald Trump, hay una serie de datos de obligado conocimiento:

– La concentración atmosférica de dióxido de carbono, gas que atrapa más calor en las capas bajas de la atmósfera, ha aumentado en más de un 30% desde los tiempos anteriores a la revolución industrial, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), que apunta también que:

– El 95% de las muertes en desastres naturales relacionados con las condiciones meteorológicas fue en países subdesarrollados.

Más de la mitad de la población mundial vive en una franja costera de 60 kilómetros de ancho, un dato preocupante dada la elevación del nivel del mar, una de las principales consecuencias del cambio climático.

Cambio climático: la mayor amenaza a la humanidad en números 2
Las inundaciones son desastres naturales cada vez más frecuentes. | Foto: Doug Mills / AP

– El nivel del mar subió por término medio entre 10 y 20 centímetros durante el siglo XX.

– La escasez de agua afecta ya a un 40% de la población mundial.

– Entre 2007 y 2016 hubo 196 grandes incendios forestales en España, sólo el 37% sucedió en condiciones meteorológicas extremas de temperatura, viento y humedad.

Cambio climático: la mayor amenaza a la humanidad en números 3
El cambio climático también incide sobre la virulencia de los incendios. | Foto: Keith D. Cullom / AP

– Las pérdidas por los desastres naturales alcanzan los 3,8 billones de dólares desde 1980, según el Banco Mundial.

– El promedio global en la superficie del planeta ganó cerca de 1°C entre 1880 y 2015.

Cambio climático: la mayor amenaza a la humanidad en números 1
Una imagen de archivo del embalse de Entrepeñas, situado en la Alcarria Baja de Guadalajara, en el cauce del río Tajo, en 2006. | Foto: Bernat Armangue / AP

– El incremento de temperatura global es el mayor de los últimos 10.000 años.

– El aumento de temperatura podría llegar a los 4,8ºC para final de siglo, según Greenpeace.

– El Acuerdo de París de 2015 fija la meta de limitar el crecimiento de las temperaturas globales medias a 2ºC.

– El dióxido de carbono (CO2) es el principal gas de efecto invernadero de origen antrópico: supone el 76% de las emisiones.

– Las energías fósiles y la industria representaron el 78% de las emisiones entre 1970 y 2010.

– Los principales países emisores son China (alrededor de 24%), Estados Unidos (15,5%), el conjunto de la Unión Europea (11%), India (6,5%) y Rusia (5%).

– Todavía en 2016, el 85% de la energía usada en España provenía de combustibles fósiles o energía nuclear, según Greenpeace.

– Unas 90 empresas son responsables de casi las dos terceras partes de las emisiones mundiales, también según Greenpeace.

Estos datos son solo algunas de las evidencias que hay sobre la mesa en torno a la mayor amenaza a la que nos enfrentamos. De esto depende mantener nuestro planeta, donde vivimos, en pie y hacer habitable nuestro mundo.

El sector energético, debido a su uso de energías sucias —petróleo, carbón y gas—, es uno de los mayores contribuidores al calentamiento global, según apuntan desde Greenpeace. “En España, las grandes eléctricas —Endesa, Iberdrola y Gas Natural Fenosa— siguen apostando por una energía contaminante en la que no tienen cabida las renovables, por eso trabajamos para que este modelo insostenible cambie”, asegura la organización verde.

Los ecologistas defienden que “la revolución energética en manos de la ciudadanía es el camino” para luchar contra el cambio climático. Con las energías renovables se conseguirán paliar los efectos del cambio climático y lograr una eficiencia energética que “generará puestos de trabajo y reducirá los costes de electricidad”, afirman.

Continúa leyendo: Cataluña para los catalanoparlantes

Cataluña para los catalanoparlantes

Ricardo Dudda

Foto: Bernat Armangue
AP

El debate lingüístico en Cataluña nunca ha tenido que ver con la lengua, sino con la cultura.
Un ejemplo es una frase como “Cataluña es el catalán”, que se ha usado en los debates
sobre la inmersión lingüística esta semana y que difícilmente puede defenderse como una
idea liberal (lo digo porque quien la ha usado es un liberal socialdemócrata, y porque un
partido progresista como el PSC es un gran defensor del monolingüismo en la escuela).

La defensa de una sola lengua en una sociedad plurilingüe va contra el pluralismo liberal, y
en cierto modo recoge el argumentario nacionalista, que considera la lengua uno de los
hechos diferenciales. Para los clásicos nacionalistas, como Herder, la lengua refleja un
modo de pensar y una forma de ser. La lengua es la esencia del nacionalismo: una nación
para cada lengua.

Uno puede usar argumentos pragmáticos para defender la inmersión lingüística, como la
idea de que es una manera de elevación social (los castellanoparlantes catalanes tienen
mayores cifras de fracaso escolar que los catalanoparlantes). También se suele decir que la
inmersión es el gran consenso de la sociedad catalana, pero un estudio de Roberto Gravia y
Andrés Santana muestra que es falso: “existe un alto nivel de consenso sobre el modelo
lingüístico de las escuelas, pero el rasgo definitorio de dicho consenso es la pluralidad
lingüística, no la posición hegemónica de ninguna de ellas: los votantes de todos los
partidos coinciden en que al menos un 28% de las clases deben ser en catalán, un 25 % en
inglés, y un 20 % en castellano; y difieren en cómo debe impartirse el 27% restante de
horas.” Gravia y Santana afirman que “la sociedad catalana está muy lejos del amplio
consenso a favor de la inmersión lingüística, que más parece ser un mantra que reflejo de
las preferencias de la sociedad catalana”.

Al defender el modelo monolingüe se defiende la idea nacionalista de que la lengua catalana
ha de preservarse per se, sin importar su número de hablantes (son más los
castellanoparlantes en Cataluña que los catalanoparlantes). La lengua se defiende porque es
un bien en sí mismo. De ahí a preservarla para que no se contamine de otras lenguas (que
es lo que hacen las lenguas y así es como se forman) hay muy poco.

Esto crea situaciones difícilmente explicables, como explica Félix Ovejero: “que la lengua
mayoritaria y común en Cataluña sea el castellano y que sin embargo no sea la que
proporciona identidad nos lleva a situaciones conceptualmente complicadas”. La lengua va
antes que la ciudadanía. Es un argumento nacionalista. Al defender la lengua se defiende
una especie de esencia y cultura inmutable. Es una lógica peligrosa, que los más radicales
han usado para defender su idea de “Cataluña para los catalanes”.

Continúa leyendo: Las miserables condiciones con las que los agentes combaten el narcotráfico en Cádiz

Las miserables condiciones con las que los agentes combaten el narcotráfico en Cádiz

Jorge Raya Pons

Foto: Ministerio de Interior

El pasado 18 de febrero saltó una noticia en los periódicos y las redes: la Policía intervino cuatro toneladas de hachís en el Campo de Gibraltar, comarca gaditana ubicada a 15 kilómetros de suelo africano en su punto más estrecho, y detuvo a 16 personas. La operación se celebró como un éxito y el ministro de Interior, Juan Ignacio Zoido, visitó la zona un día después del anuncio para estrechar la mano de los agentes y convocar a los medios.

Allí, en la costa de Cádiz y con el mar a sus espaldas, informó a los periodistas sobre los recursos incautados –una estación de radar para controlar los movimientos físicos de los agentes, varios equipos de transmisiones, unos 100.000 euros en efectivo, tres escopetas, una pistola, dos embarcaciones neumáticas, dos tractores, 11 coches y dos motos– y celebró que en 2017 las intervenciones de cocaína aumentaron un 300%; las de hachís, un 40%. “Están desarrollando una gran labor”, felicitó a los agentes. “Debe quedar claro que esta no es una zona que va a estar dominada por los narcotraficantes. Esta es una zona donde el Estado de Derecho se impone y se va a combatir todo tipo de delincuencia. Van a tener la respuesta del Estado de Derecho”. Los sindicatos policiales recibieron el mensaje sin entusiasmo.

Las miserables condiciones con que los agentes combaten el narcotráfico en Cádiz 1
Zoido, en su visita el 19 de febrero a La Línea. | Foto: Ministerio de Interior

El narcotráfico se apodera de la costa gaditana. Las mafias ganan lentamente terreno, poder e influencia en el Campo de Gibraltar, particularmente en ciudades como la Línea de la Concepción –con algo más de 60.000 habitantes–, y lo hacen porque la Guardia Civil y la Policía Nacional no cuentan con los medios necesarios para combatirlos. La situación es particularmente alarmante si atendemos a que el 70% del hachís que entra en Europa lo hace por España y que Cádiz, por su proximidad con Marruecos –principal productor mundial de esta sustancia–, es el puerto de desembarco. Desde enero de 2017, se han incautado más de 183 toneladas de hachís y se ha detenido a 518 personas, según las cifras aportadas por Interior.

Estamos pidiendo al menos 500 agentes más de Guardia Civil [actualmente son 2.600, repartidos entre las comandancias de Cádiz y Algeciras; en la Policía Nacional, 2.200] para toda la provincia”, explica José Encinas, secretario general provincial de la AUGC (Asociación Unificada de Guardias Civiles) en Cádiz. “Y no se trata únicamente de agentes uniformados. Necesitamos grupos de investigación, es donde se debe hacer el mayor esfuerzo: solo así se puede descabezar a las mafias y bandas de narcotráfico. Pedimos que se refuerce y que se implante un aumento en la plantilla y que haya una renovación de nuestro medios materiales. Tenemos medios muy obsoletos”.

“No puede ser que tengamos siete embarcaciones cargadas de droga y una sola patrullera para intentar interceptarlas”

Encinas explica que los cuerpos están desbordados, que el trabajo es inmenso: “Hay veces que solo llega una embarcación en todo el día. Hay días que tenemos 7 ú 8 embarcaciones –hasta 15– en una sola tarde, todas ellas pendientes de paralizar en costa. Por ejemplo, el otro día había siete embarcaciones pendientes de alijar y cada una tenía 3.000 kilos. Esto quiere decir que había 21.000 kilos pendientes de llegar a costa”. Para detectarlas, la Guardia Civil utiliza el sistema SIVE, que emplea una tecnología de cámaras, antenas y radares monitorizados desde tierra. El primer lugar donde se instauró fue en Cádiz y el portavoz argumenta que su tecnología se ha quedado antigua, que necesita una renovación: los narcotraficantes van varios pasos por delante.

“Y por otro lado”, continúa Encinas, “si los operarios del SIVE detectan embarcaciones en las cuales transportan droga, necesitan personal en tierra para su interceptación. En tierra y en mar. No puede ser que tengamos siete embarcaciones cargadas de droga y una sola patrullera en alta mar para intentar interceptarlas. Esa patrulla es insuficiente. Más si tenemos en cuenta que la potencia de los motores que llevan las patrulleras de la Guardia Civil es totalmente inoperativa respecto a la potencia de los motores con las que están dotados las embarcaciones de los traficantes. Puede haber hasta una diferencia de 10 nudos de velocidad máxima (18 kilómetros por hora)”.

Las miserables condiciones con que los agentes combaten el narcotráfico en Cádiz 2
La distancia entre la costa gaditana y el continente africano es de 14 kilómetros en sus puntos más cercanos. | Fuente: Google Maps

El agente Javier López Morales conoce bien estas limitaciones. El portavoz del SUP (Sindicato Unificado de Policía) en la Línea de la Concepción recorre todos los días su ciudad con el coche patrulla. Las historias del narcotráfico parecen lejanas, pensamos en México y Colombia y quizá Bolivia, pero están en nuestras costas. “Aquí hay una escalada de violencia”, dice López Morales, con un tono preocupado. “Cada vez hay que estar más atentos, cada vez hay que ir más prevenido. Ya no se limitan a huir cuando los interceptamos: se defienden, se enfrentan a nosotros. Nos sentimos en desventaja porque ellos son más y porque no tenemos medios”.

El 6 de febrero, una veintena de hombres encapuchados irrumpió en el hospital de la Línea para liberar a un narcotraficante detenido por la Policía Nacional tras una larga persecución de la que salió herido. Los encapuchados llegaron en varios todoterrenos, los aparcaron en la puerta del hospital, se abrieron paso en los corredores, buscaron al narco y finalmente lo encontraron en una sala de espera, escoltado por dos agentes. Los encapuchados lograron liberarlo, montarlo en uno de los todoterrenos y esconderlo en un lugar que se desconoce. Los agentes apenas lograron retener a uno de los colaboradores.

El 19 de febrero, a escasas horas de la visita de Zoido, tres encapuchados asaltaron a punta de pistola el depósito judicial de Conil de la Frontera para recuperar una lancha de tres motores y 12 metros de eslora embargada a otro narcotraficante de la zona. Ninguno de ellos fue detenido y siguen en paradero desconocido, igual que la lancha. El ministro sostuvo públicamente que la Policía Nacional y la Guardia Civil cuentan con los recursos para abordar el escenario, más allá de los casos recientes.

“El siguiente paso es que se lleven a un detenido de los calabozos de la comisaría”

“Es que estamos en total desventaja”, reitera López Morales. “La sensación es de abandono total. Cada vez que pedimos algo, nos dicen que tenemos los medios adecuados. Luego ocurren cosas como lo del hospital o apedreamientos a compañeros o embestidas a nuestros coches. Nos embisten y los vehículos que tenemos no son todoterreno. Cuando nos quejamos nos dicen que son casos aislados, cosas puntuales. No hacen nada. Nosotros nos vemos abandonados porque les estamos avisando y esto está yendo a más. El siguiente paso es que se lleven a un detenido de los calabozos de la comisaría…”.

Encinas comparte su preocupación con López Morales y dice que los narcotraficantes “están subiendo un escalón” en la violencia de sus actuaciones. “Hace unos años el trato que teníamos con los narcotraficantes era relativamente correcto: ellos hacían su trabajo y nosotros el nuestro”, añade el portavoz. “Pero hoy en día eso se ha superado. Por un lado, porque ahora las mercancías son 10 veces más grandes que antes y, por tanto, la cantidad que pueden perder es mayor. Y, por otro, porque ha cambiado la generación y esta es más violenta”.

“Hay que declarar esta comarca como una zona con singularidad, con un juzgado específico contra el narcotráfico”

La Línea de la Concepción es una de las ciudades más deprimidas de España y el paro supera el 33%. El tráfico de drogas y el contrabando de tabaco están profundamente arraigados en la economía local: es difícil cuantificar el número de familias que subsisten –directa o indirectamente– por este negocio y la aceptación es notoria: se comprueba, en muchas ocasiones, en la propia forma en que reciben a los policías. “Es mucha gente la que come de esto”, cuenta López Morales. “Está bastante integrado en la sociedad. Te das cuenta incluso cuando pones en internet la noticia de la detención de un traficante. Ves un montón de comentarios en contra. La gente lo defiende. Le dan una justificación. Hay más gente en esto de lo que creíamos. Hay un sector importante de la Línea que lo defiende y que lo apoya. Es un peligro”.

Hay razones, entonces, para comprender que el desaliento se extienda en las filas. “Hay una falta de motivación…”, lamenta López Morales. “En esta comisaría no tenemos un complemento territorial que compense estas condiciones de trabajo. Todos los compañeros se quieren ir de aquí. La gente que viene es porque vive cerca, porque es natural de Sevilla o Jerez. Es una comisaría de paso y salen volando en cuanto pueden. Tenemos un problema de fuga de funcionarios; siempre hay plazas descubiertas en el catálogo. Y es normal: se gana lo mismo en la Línea que en Estepona, y te digo que Estepona no tiene nada que ver con esto”.

Las particularidades del escenario provocan que muchos funcionarios soliciten el traslado. Sin embargo, no impiden que los entrevistados conserven la esperanza de revertir la situación. López Morales tiene soluciones muy asequibles, como conseguir un furgón policial con rejas y protecciones para los días de registros en las calles más peligrosas, y otras más ambiciosas, únicamente posibles con “mucha ayuda y atención” del Gobierno central. “Si se implicasen de verdad, crearían un juzgado especial para los casos de narcotráfico”, dice. “Así agilizarían estos temas. Ahora mismo, los juzgados no dan abasto con todo lo que hay: narcotráfico, malos tratos, delincuencia común… Aquí hay muchísimo trabajo. No se iban a aburrir. Un juzgado especial despejaría mucho”.

Las miserables condiciones con que los agentes combaten el narcotráfico en Cádiz 3
La Línea de la Concepción, vista desde el Peñón de Gibraltar. | Foto: Jon Nazca/Reuters

Encinas sostiene que esta medida sería decisiva. “Hay que declarar esta comarca como una zona con singularidad, con un juzgado específico contra el narcotráfico para que no haya estas dilaciones por la carga de trabajo”, dice el portavoz. “Es que por estas dilaciones, a menudo, el narcotraficante queda absuelto o con penas muy bajas”.

Hace unas semanas, en el mes de diciembre, se produjo uno de los hechos más llamativos: la defensa del narcotraficante Abdellah El Haj Sadek –conocido con el apodo de Messi– negoció su libertad provisional con el fiscal jefe de Algeciras y llegó a un acuerdo ventajoso: con el pago de 80.000 euros esquivaría temporalmente la celda. Unos días más tarde, como relata ABC, cenaba en una marisquería de Palomares junto a su familia.

Con todo, Encinas recuerda que en la lucha contra el narcotráfico, es decisivo conseguir un cambio social verdadero, que con la acción policial no basta: hay que lograr que el tráfico de drogas no sea únicamente reprobable desde un punto de vista ético, sino innecesario en términos económicos. “Hay que implantar unas medidas sociales en las que se impliquen todas las administraciones, locales y estatales”, concluye. “Hay que fortalecer los puestos de trabajo en la comarca”. Sus palabras cobran sentido si atendemos al contexto socioecónomico de la zona: con una tasa de desempleo por encima del 30%, los salarios que las mafias del narcotráfico ofrecen a los peones –tal y como informa el diario malagueño Sur– son tentadores: un aguador [informador para la organización] puede cobrar mensualmente entre 1.000 y 2.000 euros y un paquetero [colaborador en el desembarco en costa], entre 2.000 y 3.000 euros.

A tenor de las denuncias, The Objective contactó con el Ministerio de Interior para conocer su postura. No obtuvo respuesta.

Continúa leyendo: Me llena de odio -y de satisfacción-

Me llena de odio -y de satisfacción-

Gonzalo Gragera

Foto: Sipi
EFE

Estrategia de comunicación: irritar al contrario. Lo vimos hace unos años en la acción política de Podemos, partido cuyo ejercicio de propaganda aprovechaba el odio visceral –como todos, supongo- que despertaba en sectores más o menos conservadores y liberales para introducir y difundir sus ideas en el conjunto de la sociedad española. De ahí, claro, que acudieran a tertulias de cadenas con público de derechas, donde de sobra sabían, y de manera inteligente, que el precio de lo viral era más asequible. De esas ya antiguas luchas dialécticas sacarían mucho más provecho que de mesas redondas de cualquier facultad o de ponencias académicas y eruditas de pasillos universitarios, e incluso más que de su capacidad de convocatoria en las redes sociales. Y es que nada como el odio, su impulso, para transmitir un mensaje; nada como la crispación del enemigo para alimentar una idea.  Rufián es otro que supo de la lección en los meses –pasados, creo, espero- más complicados de la secesión orquestada en los partidos independentistas catalanes. Mientras todos compartían, en actitud de desprecio, sus desvaríos y ocurrencias, tales desvaríos y ocurrencias circulaban, con notable éxito y acogida, por todo el país. Un diputado de un partido de escueta representación parlamentaria en el Congreso, principal imagen –discurso- de buena parte de la política española.

Y es que el público necesita –necesitamos- del odio para multitud de asuntos, pero quizá el principal es el hecho de afirmarse, el hecho de confirmarnos en nuestra propia personalidad. El odio nos aleja de aquello que no queremos ser, nos marca distancias respecto de aquello a lo que le tenemos fobia, lo que nos causa rechazo, aquello que consideramos malo incorrecto equivocado Un lector de tendencia izquierdosa necesitará compartir entre sus amigos virtuales las barbaridades que escriba un autor o periodista o columnista partidario de cualquier tesis histórica sobre –tema facilón- el franquismo y las cosas buenas que nos dejó. También al contrario, evidente: la autora de derechas se rasgará las vestiduras ante el párrafo de intención polémica de cualquier firma de izquierdas. Se intuye: en cuanto hay lucha de posiciones, o disparidad de criterios, además de argumentar el error ajeno, necesitamos, para quedar tranquilos con nuestra conciencia y con nuestro criterio, ridiculizarlo, denostarlo. Y es entonces cuando vamos a la búsqueda del odio, a ese interés por leer opiniones que consideramos irrisorias, infantiles, descabelladas; y también el interés en difundirlas, en hacer ver a los demás la estupidez en la que otros –siempre los otros- están inmersos. Un denunciar la estupidez del prójimo que es, más bien, un favor hacia este: lo vemos a diario en el periodismo sensacionalista, ahora llamado de clickbait.

Lo escribe Ricardo Dudda en Letras Libres: “Hay una parte de construcción del enemigo para justificar las propias acciones. Al elaborar un hombre de paja y luchar contra él, además, uno construye su identidad a medida. Uno puede moldear al enemigo para moldearse a sí mismo”. Necesitamos consumir el odio, y odiar, para convencernos de que no somos aquello que odiamos. El odio como bienestar narcisista de saberse distinto, seguro, cómodo –pleno convencimiento- en la idea propia. El odio como emoción para establecer la diferencia con el adversario. O con la actitud moralmente reprochable. El odio que nos llena de odio, y de satisfacción.

TOP