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El fantasma del populismo marca las elecciones generales en Holanda

Redacción TO

Foto: DYLAN MARTINEZ
Reuters

Este miércoles los holandeses están llamados a las urnas. Nunca antes unas elecciones generales en este país con 17 millones de habitantes habían acaparado tanta atención fuera de sus fronteras. Pero el creciente apoyo ciudadano, según las encuestas, al líder de extrema derecha Geert Wilders y su Partido de la Libertad (PVV), mantienen al resto de la Unión Europea alerta ante la posible llegada del populismo más exacerbado basado en un discurso similar al que en Estado Unidos llevó al poder a Donald Trump.

Wilders el populista

“Espero repetir su mismo éxito y devolver Holanda a los holandeses”, ha declarado en varias ocasiones Geert Wilders, refiriéndose a la victoria de Donald Trump en EEUU el pasado mes de noviembre. Parece que su discurso basado en cerrar las fronteras a los ciudadanos musulmanes – se refirió a los marroquíes como “escoria” – y su deseo de emular al Reino Unido con un “Nexit”, han calado hondo en determinados sectores de la sociedad holandesa.

Conocido por sus declaraciones contra el islam, Wilders ha prometido cerrar las fronteras a los inmigrantes musulmanes, la venta del Corán en Holanda y acabar con las mezquitas, aunque esos cambios vayan en contra de la Constitución y de numerosas leyes locales. El programa de Wilders está recogido en un folio. No necesita más.

A sus 53 años considera su obligación mantener una cruzada contra “la islamización” de su país y compara el Corán con el ‘Mein Kampf’ de Adolf Hitler. Sus incendiarias declaraciones le han puesto en el punto de mira de grupos terroristas y ha recibido amenazas de muerte, lo que le ha obligado a llevar protección policial las 24 horas, además de renunciar a llevar a cabo mítines en lugares abiertos, en las últimas semanas.

Las elecciones en Holanda, marcadas por el fantasma del populismo 1
El ultraderechista Geert Wilders, del PVV, representa el populismo más exacerbado | Foto: Yves Herman /Reutes

Nacido en la localidad de Venlo, en el sureste del país, Wilders creció en una familia católica, junto a su hermano y a sus dos hermanas. Su interés por la política comenzó en los años 80, atraído por el poder, pero lo que de verdad le marcó fue, primero, el asesinato en 2002 del dirigente populista Pim Fortuyn, del que es heredero político directo, y dos años más tarde, el del cineasta Theo van Gogh. “Recuerdo que me temblaban las piernas, en estado de conmoción”, describió en un libro en 2012. “Puedo decir honestamente que sentí cólera, no miedo”.

Casado con una ciudadana húngara y sin hijos, su partido es oficialmente una asociación con un único miembro: él mismo. Diputado desde hace casi veinte años, si su partido es el segundo más votado, no será fácil ignorarle como líder de la oposición, desde donde ya ejerce después de una experiencia en el Gobierno del liberal Mark Rutten que acabó en un total desencuentro y con la convocatoria de nuevas elecciones en 2012.

Rutte frente al “populismo”

El primer ministro holandés y candidato a la reelección, Mark Rutte, aprovechó el debate electoral celebrado este lunes frente a su principal rival Geert Wilders, para hacer un llamamiento a los electores frente al “populismo” en Europa. “Quiero que Holanda sea el primer país en detener el populismo, en detener el efecto dominó” iniciado por el Brexit en Reino Unido, y representado en países como Francia – que celebra elecciones el próximo mes – por la líder del Frente Nacional, Marine Le Pen, que aparece como una de las favoritas en las encuestas.

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El primer ministro holandés, Mark Rutte, del partido liberal VVD, en un acto electoral | Foto: Dylan Martinez / Reuters

Los sondeos

El Partido de la Libertad (PVV) de Wilders llegó a situarse como la fuerza más votada, según las diferentes encuestas. Sin embargo, el último sondeo publicado el domingo por la web Peilingwijzer, que reúne seis encuestas distintas, apunta a que los liberales del actual primer ministro Mark Rutte y su Partido Popular para la Libertad y la Democracia (VVD) serán los más votados, eso sí, después de que en la última semana su candidato endureciera el discurso contra la inmigración, uno de los principales caballos de batalla de estos comicios.

Este sondeo da al VVD el 16 por ciento de los votos y entre 23 y 27 escaños en un Parlamento de 150. Wilders sería el segundo más votado con una horquilla de 21 a 25 escaños y el 14 por ciento de los votos. En tercer lugar aparecen los democristianos de la CDA, con el 12 por ciento de los votos y entre 18 y 20 escaños, empatados con los liberales progresistas del D66.

Los verdes del GroenLinks obtendrían el 10 por ciento de los votos con 15 a 17 escaños y los socialistas del SP rozarían el 10 por ciento de los votos, logrado entre 14 y 16 asientos, por delante de los socialdemócratas de Lodewijk Frans Asscher y su PvdA que caen a la séptima posición con entre 11 y 13 escaños de los 38 que obtuvieron en anteriores elecciones. Los expertos consideran que haber gobernado en coalición con los neoliberales en esta última legislatura les ha pasado factura. También es verdad que los partidos socialdemócratas parecen estar perdiendo apoyo social en el conjunto de Europa, más allá de las coaliciones a las que lleguen con otros partidos.

Coaliciones

En Holanda, nunca un partido ha obtenido la mayoría absoluta necesaria de 76 escaños para poder gobernar en solitario y no parece que esto vaya a cambiar después del 15 de marzo. A las elecciones se presentan 28 partidos de los cuales, al menos 14 podrían obtengan representación parlamentaria, según las encuestas. Un parlamento fragmentado que obligará a alcanzar acuerdos entre más de dos partidos para formar gobierno en el que, en ningún caso, estará el partido de Wilders. Todos los candidatos han dejado claro que no llegarán a ningún tipo de acuerdo con el PVV.

Las elecciones en Holanda, marcadas por el fantasma del populismo
Más de 20 partidos se presentan a los comicios del 15 de marzo | Foto: Dylan Martinez / Reuters

Wilders, por su parte, ya ha advertido de las graves consecuencias que tendrá para el país que su partido – si resulta ser el segundo más votado – no está en el próximo gobierno holandés. Sus contrincantes, sin embargo, no parecen dispuestos a que Wilders tenga de nuevo capacidad para bloquear decisiones del Ejecutivo, como ocurrió en 2012 cuando formaba parte del gobierno y hubo que adelantar las elecciones. Los expertos creen que finalmente habrá un gobierno formado por cuatro o cinco partidos, liderado por los liberales del actual primer ministro Rutte, en poder desde 2012.

Europa, alerta

Las elecciones en Holanda se ven con inquietud en el resto de Europa porque la campaña ha estado marcada por los temas de inmigración y de identidad, y se consideran como barómetro del avance de la extrema derecha, en un año con múltiples citas electorales, entre ellas en Francia y Alemania. En este sentido, Rutte no ha podido ser más descriptivo.

“Podemos decir que estas elecciones son los cuartos de final para intentar impedir ganar al mal populismo. Las semifinales son en Francia en abril y mayo, y luego la final es en Alemania en septiembre”, ha dicho Rutte sobre los retos que esperan a Europa en las urnas durante el presente año.

Para la Unión Europea, el desafío del Brexit ocupa su principal preocupación. Necesita contrarrestar la salida del Reino Unido y la creciente desafección europea por parte de los ciudadanos con una imagen de unidad, como la que presentaron la semana pasada los líderes de Alemania, Francia, España e Italia en su reunión de Versalles. El mensaje es claro: el populismo excluyente, xenófobo y radical no tiene cabida en la UE y es necesario aunar políticas a favor de un mundo cada vez más globalizado que defienda los intereses generales frente a los de unos pocos.

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¿Cómo logró escapar Antonio Ledezma de Venezuela?

Anna Carolina Maier

Foto: Anna Carolina Maier
The Objective

Entre Caracas y Cúcuta hay 679,09 km en línea recta, según Google Maps. Para el dirigente político de la oposición venezolana, Antonio Ledezma, fueron “1.200 kilómetros de día y de noche en los que no solamente pensaba en mi pellejo” sino también en su país, el que dejaba atrás. Comenta que pensaba a menudo en que si el Gobierno de Nicolás Maduro lo agarraba en el trayecto de la fuga, lo exhibiría “como un trofeo para desmoralizar a la oposición”. Pero esta vez Maduro no lo logró. Ledezma aporta su relato.

El 19 de febrero de 2015, el alcalde de Caracas, Ledezma, fue detenido por una comisión del Servicio Bolivariano de Inteligencia (SEBIN). Más de 100 agentes de la polícia política encapuchados, con las armas enfundadas y sin orden de detención, entraron en las oficinas privadas del dirigente y se lo llevaron. El pasado 17 de noviembre, 1.002 días más tarde, se dio a conocer a los medios que el dirigente opositor al Gobierno de Maduro estaba en Colombia tras haberse dado a la fuga.

Antonio Ledezma logró burlar los férreos controles a los que estuvo sometido durante su arresto domiciliario desde febrero de 2016, cuando le dictaron la medida de casa por cárcel, haciendo creer a sus vigilantes que se encontraba enfermo. Así consiguió que un día le dejaran de sacar la foto que diariamente le hacían como ‘fe de vida’ para los que él llama sus “secuestradores”: el Gobierno de Nicolás Maduro. Ese día, como él dice, “me la jugué”.

“Estudiamos los hábitos de los funcionarios y cuál era el momento más adecuado”. Confiesa que todo el tiempo que estuvo en su piso recluido, aplicó el “principio mandeliano” de: “No te líes con tus custodios”, lo que lo ayudó a establecer relaciones cordiales que luego facilitarían el análisis de las actitudes de los guardias. “A mi me hacían una fotografía todos los días en la que tenía que mostrar el periódico del día. Logramos, en estos últimos 15 días, que se bajara un poco la guardia diciéndoles que me sentía mal, que no podía dormir (…)”.

Relata que llevó adelante una estrategia evaluando cómo vestirse y lucir para hacer creer a la policía política que se encontraba muy enfermo. Dejó de arreglarse y de peinarse, hasta que logró evitar que le tomaran la fotografía correspondiente. El jueves a las 8:00am escapó. “Me la jugué para que no se repitiera la fotografía y fue cuando salimos a las primeras horas de la mañana”.

Añade que calcularon el tiempo que tardaba la unidad del SEBIN en hacer su cambio de guardia. A partir de allí, “lo que vivimos fueron 29 alcabalas (controles de la Guardia Nacional y de la Policía Nacional), además de otros puestos de vigilancia”.

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El dirigente de Ciudadanos, Albert Rivera y el expresidente de Colombia, Andrés Pastrana acompañaron a Ledezma en la rueda de prensa de este lunes en Madrid. | Foto: Paul Hannah | Reuters

Reconoce que hubo colaboración de un equipo militar que se arriesgó a ayudarlo en su huida, “que no tiene nada que ver con colaboradores cercanos de Caracas”.

“Nicolás Maduro sabe que para poder pasar 29 alcabalas tuvo que haber colaboración de efectivos militares que hoy en día sienten vergüenza de lo que ocurre con la Fuerza Armada Nacional”, explica.

Los últimos 14 metros para llegar a la frontera con Cúcuta (Colombia) fueron los más tensos. Una señora que estaba en la cola de inmigración lo reconoció a pesar de que él llevaba un suéter y una gorra para disimular su apariencia. Ella le gritó emocionada: “Ledezma”, justo frente al guardia del último control en la frontera donde revisan las maletas.

“El guardia me reconoció, me hizo un guiño con el ojo y me dijo: ‘Siga adelante’”. “Quedan 14 metros”, fue la última frase que escuchó Ledezma antes de cruzar. Para el político, esos 14 metros parecieron 14 kilómetros.

Como documentación, Ledezma llevaba un carnet falso de inmigración colombiano con la foto de un hombre con rasgos similares. Al presentarlo al funcionario de la aduana del país vecino, este le respondió: “No hace falta”. Le dio una bandera de Venezuela y le dijo: “Usted es hombre libre; está en territorio colombiano”.

La escapada de Ledezma ha traído algunas consecuencias. Entre ellas, el allanamiento de algunos pisos del edificio donde vivía, así como la detención de varias personas com Ignacio Benítez, presidente de la junta de la comunidad de su edificio, quien está retenido en el Helicoide (sede del SEBIN en Caracas) y permanece incomunicado. También están detenidos el vigilante externo de la residencia, Jairo Atencia; Nelson Teixera, dueño de la empresa que presta el servicio de cámaras de seguridad de las residencias; Elizabeth Cardenas, exjefa de protocolo de la Alcaldía Metropolitana de Caracas (AMC); Carlos Luna, exjefe de protocolo de la AMC; y Carmen Catalina Andarcia, directora de administración de la AMC.

El dirigente venezolano ha aprovechado la rueda de prensa que ha dado en Madrid este lunes para denunciar estos casos. También ha prometido que trabajará desde el exilio para sacar a Venezuela de la crisis en la que está inmersa.

Sobre su situación legal ha dicho a los medios que no ha pedido asilo y que está estudiando con el Gobierno español la figura que le permitirá “actuar desde España y moverse por todo el mundo para denunciar la narcodictadura” y la situación de los 380 presos políticos que hay según el Foro Penal venezolano.

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Vox Dei

Aurora Nacarino-Brabo

Foto: JUAN MEDINA
Reuters/File

Pedro Sánchez ha asegurado que “Ciudadanos es el Vox de la política”. Palabra de Dios. Es verdad que la frase no podría estar peor construida: ¿Qué otra cosa es Vox si no un partido político? Pero atendamos a la comparación. Las encuestas señalan que el procés ha espoleado el ascenso de Ciudadanos en el conjunto de España, mientras en Cataluña la candidatura de Inés Arrimadas se ha consolidado como primera fuerza del constitucionalismo.

Entonces a Pedro Sánchez se le ocurre establecer esa equivalencia, Ciudadanos es Vox. Situar a la formación naranja a la derecha del PP no se compadece con la realidad programática ni parlamentaria, pero además sugiere una estrategia inquietante: la de equiparar la crítica al independentismo con el extremismo ideológico. Ciudadanos es el partido que más ha combatido el nacionalismo y, por tanto, según el líder del PSOE, solo cabe concluir que es un partido de extrema derecha. Sin embargo, me inclino a pensar que el líder del PSOE no se cree lo que dice.

¿O acaso hemos de pensar que el PSOE firmó un acuerdo de gobierno “reformista y de progreso” con Vox? Un pacto que incluía medidas tan reaccionarias como “reformar la Constitución para asegurar eficazmente los derechos sociales y completar el funcionamiento federal de la organización territorial de nuestro Estado”. Un pacto por una Europa “más social y más solidaria”, que diera respuesta a la emergencia que viven los refugiados. Un pacto por la igualdad efectiva entre hombres y mujeres. Un pacto contra la pobreza. Un pacto por la ciencia.

¿Firmó un acuerdo de gobierno Sánchez con un partido de extrema derecha? Y, en Andalucía, ¿gobierna el PSOE gracias al apoyo del Vox de la política? ¿Compartirá Susana Díaz las palabras de su secretario general?

En realidad, atendiendo a su posición sobre derechos civiles y libertades individuales, Vox se parece mucho más a Uniò, el partido que se integrará en las listas del PSC de cara a las elecciones del 21 de diciembre, contrario al aborto y que presentó un veto en el Senado contra el matrimonio gay.

Las encuestas coinciden en señalar una tendencia: la subida de los partidos más próximos al centro político, PSOE y Cs, y el retroceso de PP y, sobre todo, Podemos. Aunque sin elecciones generales a la vista es pronto para lanzar vaticinios, no es descabellado pensar que, de cara a un adelanto electoral, PSOE y Cs sumarían más escaños de los que tenían cuando pactaron, tras los comicios de diciembre de 2015.

Eso plantea una posibilidad real de articular una alternativa progresista a Mariano Rajoy. De confirmarse el declive de Podemos, Pedro Sánchez necesitará contar con Ciudadanos si aspira a gobernar algún día, razón por la que haría bien en ser más prudente en sus comparaciones. Le ha dicho a sus votantes que Rivera es el líder de una formación de extrema derecha y, aunque sabemos que en los días de la política líquida las palabras se las lleva el viento, eso dificulta la capacidad de maniobra de cara a una eventual negociación. Así que mejor dejemos que sean los ciudadanos quienes decidan en qué lugar ponen a cada partido. Vox populi, vox Dei.

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Un hombre sin hogar consigue una plaza para estudiar en la Universidad de Cambridge

Redacción TO

Geoff Edwards tiene 52 años y lleva los últimos que recuerda viviendo en las calles de Cambridge. Después de años de aislamiento, ansiedad, depresión y falta de autoestima, ha logrado cambiar de vida. Edwards ha conseguido una plaza para estudiar Literatura Inglesa en la Universidad de Cambridge, una de las más prestigiosas del mundo. Lo hará en la escuela de Hughes Hall, la más antigua de Cambridge, destinada para adultos. “Ir a la Universidad de Cambridge era mi sueño. Estudiar algo que realmente amo. Todavía estoy haciéndome a la idea”, dijo Edwards a la publicación de su futura universidad, Cambridge News.

Edwards llegó a Cambridge desde Liverpool, su ciudad de origen, para trabajar como jornalero en el campo. Cuando se quedó sin empleo, se encontró en una ciudad que no era la suya, sin techo ni trabajo, y tuvo que comenzar a vivir en las calles de Cambridge. Allí pasó gran parte de su vida adulta. “Fui una persona sin hogar durante mucho tiempo. Después de eso, estaba aislado y con cuadros de ansiedad”, confiesa Edwards a Cambridge News.

Encontró consuelo en los libros

En sus momentos más oscuros, encontró consuelo en los libros, desde Jack Kerouac hasta William Burroughs. “Es una manera brillante de escapar”, dijo. Después comenzó a colaborar vendiendo la revista Big Issue, una publicación gestionada por personas sin hogar, en las calles de la ciudad inglesa. “Eso fue lo que me ayudó y me devolvió un poco de respeto por mí mismo”, explica.

“Ahí me di cuenta de que estaba atrapado y decidí que quería hacer algo distinto con mi vida. Pensé en cuál era la manera para conseguirlo y pensé que seguir estudiando era el camino correcto”.

Edwards quería conseguir las notas necesarias para estudiar Literatura en la Universidad, lo que siempre había sido su sueño. “Esto es lo que siempre quise hacer, pero nadie en mi familia había ido a la Universidad por lo que ni siquiera lo consideré en su momento”, dice. Dejó de estudiar muy pronto, por lo que tenía que hacer un curso de preparación de acceso.

“Estudiar me hizo sentir joven”

Por esa razón, decidió acudir a la jornada de puertas abiertas del Cambridge Regional College —un curso diseñado para adultos que quieren volver a estudiar y que prepara la entrada a la universidad—para averiguar si podía conseguir las calificaciones para entrar a estudiar en la universidad. “Me ayudó muchísimo. Siempre tenía alguien con hablar. Estaba muy preocupado por mi edad, pero estudiar me hizo sentir joven, además disfruté mucho mezclándome con gente joven”.

Y Edwards no solo consiguió terminar su curso de preparación, sino que lo hizo con tan altas calificaciones que ha sido premiado con un galardón al Mérito Académico, otorgado por el tribunal de acceso a la universidad y que recibirá en una ceremonia el próximo mes.

“No pensé en solicitar la entrada a Cambridge porque no pensé que la Universidad de Cambridge pudiera a admitir a alguien como yo. Pero mi tutor me animó a hacerlo. No me puedo creer lo que he conseguido. Es la primera cosa de la que estoy orgulloso en mi vida”.

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La reincidencia de la ceguera y lucidez de José Saramago

Romhy Cubas

Reflexionar en pasado, presente y futuro tiene un eco de responsabilidad innegable en la literatura. La ficción es solo otra forma de contar la realidad, sobre todo cuando esta se tambalea en su propia deshumanización. Uno de los escritores que en vida siempre insistió en presentar esta crítica en formato de ensayos ficticios e utópicos fue José Saramago, Premio Nobel de Literatura en 1998 y autor de novelas como El Evangelio según Jesucristo (1991), Ensayo sobre la ceguera (1995), Todos los nombres (1997), La caverna (2000), El hombre duplicado (2002), Ensayo sobre la lucidez (2004) y El viaje del elefante (2009).

El escritor portugués se afincó en la imaginación y las ironías de esa ficción tan parecida a la realidad para crear ensayos literarios con un mensaje universal que advierte contra los status quo y la contradicción del poder político.

Recordar a Saramago es entender que entre la lucidez y la ceguera hay una línea tan delicada como los fracasos políticos y sociales que cada día se afincan más en el periódico de las mañanas.

Las hipótesis de Saramago son más que conjeturas. Cuando creó aquél país en el cual más del 80% del electorado de su capital decidió votar en blanco en los comicios municipales, abrió la grieta para entrever una crisis institucional que en el presente no necesita de votos en blanco para desarrollarse. Ensayos sobre la lucidez es una crítica a la “democracia” y sus instituciones, el cuestionamiento de un sistema mediante el silencio y una papeleta en blanco. Un ensayo que luego de su publicación en el 2004 provocó molestar, sobre todo entre ciertas posiciones políticas, por el hecho de satirizar una democracia mucho más endeble de lo que quisiera aparentar.

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Portada de Ensayo sobre la lucidez de José Saramago editado por Alfaguara.

Esa conjetura del voto en blanco no permanece enclaustrada en las páginas de la literatura. En Argentina en las elecciones de 1957 la proscripción y prohibición del peronismo en los comicios electorales por parte de La Revolución Libertadora provocó que desde el exilio Perón utilizara el recurso del voto en blanco como una forma de protesta entre sus acólitos. Más que un recurso fue una exigencia a distancia. Una demanda que tuvo éxito cuando el voto en blanco fue mayoría en las urnas de aquél año con 2.115.861 votantes. Sin embargo, en este escenario el voto en blanco seguía siendo un voto para un representante, y en Ensayo sobre la lucidez Saramago plantea una población totalmente insatisfecha con todos los nombres y partidos políticos; personas de todas las edades, ideologías y condiciones sociales se manifiestan contra la política como un género.

En la realidad, los votos en blanco son considerados por la ley de muchos países como votos válidos que se tienen en cuenta en la primera fase del escrutinio, cuando se procede a la barrera del 3% de los votos en cada circunscripción.

“Mal tiempo para votar” apunta Saramago en este ensayo que hace demasiados guiños al presente y sus disyuntivas. Uno en donde el voto ha perdido esa fuerza democrática por la que se libraron batallas. En la historia del Nobel los votos válidos no llegan al 25% del escrutinio, los políticos inquietos intentan hallarse en el resultado inesperado, el gesto capaz de mover montañas para evitar conjeturas internacionales y desastres nacionales. Los miembros del Gobierno implantan entonces un estado de sitio para protegerse a sí mismos, la máquina política se pone en marcha y entran factores tan desafortunadamente comunes como la corrupción, la manipulación de los medios de comunicación, las falsas promesas y los discursos de intimidación.

Esta opción del voto en blanco no fue respaldada por el escritor en la vida real, sin embargo Saramago siempre dejó clara su posición ante la historia y sus contadores. “La historia se escribe desde el punto de vista de los vencedores, los vencidos nunca han escrito la historia. Y se escribe, fatalmente, desde un punto de vista masculino”.

Una ceguera anunciada

La reincidencia de la ceguera y lucidez de José Saramago 2
Adaptación cinematográfica de “Ensayo sobre la ceguera” dirigida por Fernando Meirelles en el 2008.

Luego está el Ensayo sobre la ceguera, o antes, si se considera que la novela fue publicada una década previa al Ensayo sobre la lucidez, en 1995, y que es de hecho la precuela de un mismo país propenso a las pandemias sociales.

“Pienso que todos estamos ciegos. Somos ciegos que pueden ver, pero que no miran”, escribe Saramago en este ensayo en donde utiliza la deshumanización y el egoísmo de una especie que intenta sobrevivir a una ceguera que traspasa los límites físicos y se establece como una epidemia moral. Sus personajes experimentan la falta de luz desde un semáforo, un cine, una caminata por el parque. Entonces la capacidad para ver se vuelve una parábola que se deshace en la naturaleza humana. “Lo que quería era no tener que abrir los ojos”.

La incertidumbre de la civilización y la inestabilidad de  sus acciones se asemejan  a un entorno que se repite como la historia, intentando aprender de sus errores pero sin conseguirlo por completo. Y es que esta ceguera no es una simple ausencia de luz, al contrario es una  “blancura insondable como el sol dentro de la niebla” que se expande cual gripe de invierno.

La reincidencia de la ceguera y lucidez de José Saramago
Portada de Ensayo sobre la ceguera de José Saramago editado por Alfaguara.

La vigencia de las novelas de Saramago permanece en esa especie de experimentos sociológicos que reflexionan disfrazados de ficción sobre el presente. El voto en blanco como crisis institucional, la sátira crítica de la democracia, la ambivalencia del color blanco como instrumento de ceguera y lucidez. El debate necesario e imperativo a través de una literatura que a propósito, carece de signos de puntuación.

Saramago murió de leucemia en junio del 2010, hace ya un poco más de siete años, pero de sus ensayos quedaron debates e hipótesis vigentes que aunque se expresan entre los extremos de la literatura, es necesario releer para evitar esa ceguera de luz y de lucidez que reincide con una confianza peligrosa en la actualidad.

“Hoy es hoy, mañana será mañana, y es hoy cuando tengo la responsabilidad, no mañana si ya estoy ciega. Responsabilidad de qué. La responsabilidad de tener ojos cuando otros los han perdido” 

Ensayo sobre la ceguera. José Saramago.

  

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