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El fantasma del populismo marca las elecciones generales en Holanda

Redacción TO

Foto: DYLAN MARTINEZ
Reuters

Este miércoles los holandeses están llamados a las urnas. Nunca antes unas elecciones generales en este país con 17 millones de habitantes habían acaparado tanta atención fuera de sus fronteras. Pero el creciente apoyo ciudadano, según las encuestas, al líder de extrema derecha Geert Wilders y su Partido de la Libertad (PVV), mantienen al resto de la Unión Europea alerta ante la posible llegada del populismo más exacerbado basado en un discurso similar al que en Estado Unidos llevó al poder a Donald Trump.

Wilders el populista

“Espero repetir su mismo éxito y devolver Holanda a los holandeses”, ha declarado en varias ocasiones Geert Wilders, refiriéndose a la victoria de Donald Trump en EEUU el pasado mes de noviembre. Parece que su discurso basado en cerrar las fronteras a los ciudadanos musulmanes – se refirió a los marroquíes como “escoria” – y su deseo de emular al Reino Unido con un “Nexit”, han calado hondo en determinados sectores de la sociedad holandesa.

Conocido por sus declaraciones contra el islam, Wilders ha prometido cerrar las fronteras a los inmigrantes musulmanes, la venta del Corán en Holanda y acabar con las mezquitas, aunque esos cambios vayan en contra de la Constitución y de numerosas leyes locales. El programa de Wilders está recogido en un folio. No necesita más.

A sus 53 años considera su obligación mantener una cruzada contra “la islamización” de su país y compara el Corán con el ‘Mein Kampf’ de Adolf Hitler. Sus incendiarias declaraciones le han puesto en el punto de mira de grupos terroristas y ha recibido amenazas de muerte, lo que le ha obligado a llevar protección policial las 24 horas, además de renunciar a llevar a cabo mítines en lugares abiertos, en las últimas semanas.

Las elecciones en Holanda, marcadas por el fantasma del populismo 1
El ultraderechista Geert Wilders, del PVV, representa el populismo más exacerbado | Foto: Yves Herman /Reutes

Nacido en la localidad de Venlo, en el sureste del país, Wilders creció en una familia católica, junto a su hermano y a sus dos hermanas. Su interés por la política comenzó en los años 80, atraído por el poder, pero lo que de verdad le marcó fue, primero, el asesinato en 2002 del dirigente populista Pim Fortuyn, del que es heredero político directo, y dos años más tarde, el del cineasta Theo van Gogh. “Recuerdo que me temblaban las piernas, en estado de conmoción”, describió en un libro en 2012. “Puedo decir honestamente que sentí cólera, no miedo”.

Casado con una ciudadana húngara y sin hijos, su partido es oficialmente una asociación con un único miembro: él mismo. Diputado desde hace casi veinte años, si su partido es el segundo más votado, no será fácil ignorarle como líder de la oposición, desde donde ya ejerce después de una experiencia en el Gobierno del liberal Mark Rutten que acabó en un total desencuentro y con la convocatoria de nuevas elecciones en 2012.

Rutte frente al “populismo”

El primer ministro holandés y candidato a la reelección, Mark Rutte, aprovechó el debate electoral celebrado este lunes frente a su principal rival Geert Wilders, para hacer un llamamiento a los electores frente al “populismo” en Europa. “Quiero que Holanda sea el primer país en detener el populismo, en detener el efecto dominó” iniciado por el Brexit en Reino Unido, y representado en países como Francia – que celebra elecciones el próximo mes – por la líder del Frente Nacional, Marine Le Pen, que aparece como una de las favoritas en las encuestas.

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El primer ministro holandés, Mark Rutte, del partido liberal VVD, en un acto electoral | Foto: Dylan Martinez / Reuters

Los sondeos

El Partido de la Libertad (PVV) de Wilders llegó a situarse como la fuerza más votada, según las diferentes encuestas. Sin embargo, el último sondeo publicado el domingo por la web Peilingwijzer, que reúne seis encuestas distintas, apunta a que los liberales del actual primer ministro Mark Rutte y su Partido Popular para la Libertad y la Democracia (VVD) serán los más votados, eso sí, después de que en la última semana su candidato endureciera el discurso contra la inmigración, uno de los principales caballos de batalla de estos comicios.

Este sondeo da al VVD el 16 por ciento de los votos y entre 23 y 27 escaños en un Parlamento de 150. Wilders sería el segundo más votado con una horquilla de 21 a 25 escaños y el 14 por ciento de los votos. En tercer lugar aparecen los democristianos de la CDA, con el 12 por ciento de los votos y entre 18 y 20 escaños, empatados con los liberales progresistas del D66.

Los verdes del GroenLinks obtendrían el 10 por ciento de los votos con 15 a 17 escaños y los socialistas del SP rozarían el 10 por ciento de los votos, logrado entre 14 y 16 asientos, por delante de los socialdemócratas de Lodewijk Frans Asscher y su PvdA que caen a la séptima posición con entre 11 y 13 escaños de los 38 que obtuvieron en anteriores elecciones. Los expertos consideran que haber gobernado en coalición con los neoliberales en esta última legislatura les ha pasado factura. También es verdad que los partidos socialdemócratas parecen estar perdiendo apoyo social en el conjunto de Europa, más allá de las coaliciones a las que lleguen con otros partidos.

Coaliciones

En Holanda, nunca un partido ha obtenido la mayoría absoluta necesaria de 76 escaños para poder gobernar en solitario y no parece que esto vaya a cambiar después del 15 de marzo. A las elecciones se presentan 28 partidos de los cuales, al menos 14 podrían obtengan representación parlamentaria, según las encuestas. Un parlamento fragmentado que obligará a alcanzar acuerdos entre más de dos partidos para formar gobierno en el que, en ningún caso, estará el partido de Wilders. Todos los candidatos han dejado claro que no llegarán a ningún tipo de acuerdo con el PVV.

Las elecciones en Holanda, marcadas por el fantasma del populismo
Más de 20 partidos se presentan a los comicios del 15 de marzo | Foto: Dylan Martinez / Reuters

Wilders, por su parte, ya ha advertido de las graves consecuencias que tendrá para el país que su partido – si resulta ser el segundo más votado – no está en el próximo gobierno holandés. Sus contrincantes, sin embargo, no parecen dispuestos a que Wilders tenga de nuevo capacidad para bloquear decisiones del Ejecutivo, como ocurrió en 2012 cuando formaba parte del gobierno y hubo que adelantar las elecciones. Los expertos creen que finalmente habrá un gobierno formado por cuatro o cinco partidos, liderado por los liberales del actual primer ministro Rutte, en poder desde 2012.

Europa, alerta

Las elecciones en Holanda se ven con inquietud en el resto de Europa porque la campaña ha estado marcada por los temas de inmigración y de identidad, y se consideran como barómetro del avance de la extrema derecha, en un año con múltiples citas electorales, entre ellas en Francia y Alemania. En este sentido, Rutte no ha podido ser más descriptivo.

“Podemos decir que estas elecciones son los cuartos de final para intentar impedir ganar al mal populismo. Las semifinales son en Francia en abril y mayo, y luego la final es en Alemania en septiembre”, ha dicho Rutte sobre los retos que esperan a Europa en las urnas durante el presente año.

Para la Unión Europea, el desafío del Brexit ocupa su principal preocupación. Necesita contrarrestar la salida del Reino Unido y la creciente desafección europea por parte de los ciudadanos con una imagen de unidad, como la que presentaron la semana pasada los líderes de Alemania, Francia, España e Italia en su reunión de Versalles. El mensaje es claro: el populismo excluyente, xenófobo y radical no tiene cabida en la UE y es necesario aunar políticas a favor de un mundo cada vez más globalizado que defienda los intereses generales frente a los de unos pocos.

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Otro 18 de julio, qué hastío

Víctor de la Serna

Foto: SARIS
AP Photo/Archivo

Hemos pasado otro 18 de julio y de nuevo, como sucede sobre todo desde la Ley de Memoria Histórica, la explotación política del aniversario del alzamiento franquista ha vuelto a reinar, con toques siempre novedosos, como esos carteles separatistas con la cara del dictador que han poblado de repente Barcelona. La búsqueda de criminales y genocidas -ahora tienen a Rodolfo Martín Villa de inexplicable pim-pam-pum- prosigue 81 años después de aquel día y 42 desde la muerte de Franco. Cuando todos los demás protagonistas han muerto o están en la cuarta edad.

Sólo en un país desquiciado, en el que las fuerzas moderadas que hicieron la Transición prefirieron que se perdieran en el olvido los valores de aquella etapa que rescató a España de los horrores de su siglo XX, es comprensible la deriva penosa del último decenio. Penosa y sin sentido.

Yo ya estoy muy cascado y cansado de todo esto, pero al menos seguiré repitiendo a los -incrédulos- jóvenes que me quieran oír que todo eso es manipulación, que el primer régimen legítimo y democráticamente refrendado que hemos conocido en este país desde el golpe de Estado del general Primo de Rivera en 1923 es el actual, construido por hombres y mujeres de buena voluntad a partir de las Cortes Constituyentes, y que lo que se necesita frente a lo anterior son enseñanza, análisis, historiadores y reflexión nacional para evitar recaídas. Como la que se está ya confirmando en el nordeste.

Que quede bien claro: por fraude electoral generalizado en 1931 y 1936 y por golpes de Estado exitosos o fallidos en 1923, 1934, 1936 y 1981, los demás episodios de cambio no democrático y legal en el poder deben ser condenados por igual y, sobre todo, deben ser conocidos por el conjunto de la ciudadanía en toda su dimensión. Y deben ser estudiados, de verdad, en los institutos y las universidades. El resto sobra.

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¿Qué es lo que no funciona con la globalización?

Leticia Martínez

Foto: FABIAN BIMMER
Reuters

La globalización nos afecta a todos, se percibe en los productos que compramos en el súper, en el número de turistas e inmigrantes que pasean por las calles, en las tendencias sociales, las empresas para las que trabajamos, los idiomas que hablamos e incluso en las series que vemos. Sin embargo, la opinión de que la apertura a otros países y mercados solo traería prosperidad y riqueza ha quedado eclipsada por la desigualdad salarial, el desempleo, el daño medioambiental de una sociedad consumista y la deslocalización de la mano de obra, como manifestaron los alemanes durante el G20. La globalización, al igual que el desarrollo, es inevitable, por eso, cabe preguntarse: ¿ Es posible el equilibrio entre las demandas del mercado y el Estado de bienestar, puede realmente la globalización deshacerse de su cara más oscura?

¿Qué es lo que no funciona con la globalización?

“Un mundo más conectado trae consigo nuevas oportunidades. La gente viaja, trabaja, aprende y vive en diferentes lugares del mundo. Interactúan entre sí a través de Internet, comparten sus ideas, culturas y experiencias. La capacidad de colaborar en causas contra el cambio climático es más amplia, la cooperación científica y el intercambio de ideas estimulan la creatividad y aceleran la innovación a nivel internacional. Todo ello sería imposible sin el fenómeno de la globalización”, escriben los dos vicepresidentes de la Comisión Europea, Frans Timmermans y Jyrki Katainen, en su reflexión sobre este movimiento.

Sin embargo, la crisis económica global demostró que no solo estamos interconectados para bien. Como dijo el expresidente estadounidense Barack Obama durante la cumbre del G8 de 2012, “si una compañía quiebra en París o en Madrid, eso significa menos negocio en Pittsburgh o en Milwaukee”. Por eso, la globalización está más que nunca en el punto de mira.

– Competencia interna

En la calle principal del municipio madrileño de Getafe los comercios locales han desaparecido. Ahora, exceptuando un Pull & Bear y algún restaurante, todo parece sacado de una fábrica Made In China. Las tiendas de ropa, de reparación electrónica y sastrerías e incluso bares, en donde te sirven unas bravas, son ahora propiedad de familias chinas. Aunque esto ya no es impactante para la mayoría de los residentes, que aceptan el cambio, algunos vecinos tienen la sensación de estar perdiendo algo.

La protección de los negocios locales está a la orden del día, como defiende Donald Trump en EEUU con su America First. “El proteccionismo, en general, nunca ha llevado a riqueza y prosperidad. Muchas nuevas tendencias y movimientos políticos abogan por ello, como Macron. Sin embargo, si se protege a los locales porque no pueden competir, pero siguen manteniendo sus mismos precios y la gente no compra porque al final compran por Amazon o en las tiendas con precios más bajos, pues todo eso no sirve de nada“, cuenta Miguel Otero, investigación principal para la Economía Política Internacional en el Real Instituto Elcano.

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Fábricas abandonadas. | Foto: Jason Lee/ REUTERS

Deslocalización

Cada vez son más empresas las que se apuntan a producir en países en vías de desarrollo porque la manufacturación es más barata. “Los obreros de poca cualificación, que en su momento tenían buenos salarios y contaban con ciertos derechos, pues ahora mismo, por la competencia de muchos otros países y por la deslocalización de las empresas, han perdido sus puestos de trabajo. Y además ven que sus hijos que han estudiado más, ganan mucho menos proporcionalmente que ellos en los años 70 y 80”, explica Otero.

“El proteccionismo, en general, nunca ha llevado a riqueza y prosperidad” 

“Desde la política y el empresariado nos hemos dedicado durante 30 años en cuerpo y alma a desmantelar toda la industria nacional. Todo empezó desde que cayó el muro de Berlín y comenzó la globalización. Las grandes industrias se marcharon fuera para encontrar mano de obra con salarios más bajos“, aseguraba Ramón Muñoz, autor de España, Destino Tercer Mundo, al periodista Jordi Évole en una entrevista para Salvados, el programa de La Sexta.

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Trabajadores de la provincia de Bac Giang province, Hanoi, Vietnam. La fábrica produce para marcas como Nike, Adidas, H&M, Gap, Zara, Armani yLacoste. | Foto: Nguyen Huy Kham / REUTERS

En este punto, Ecologistas en Acción se hace eco del fomento del consumismo exacerbado y la producción sin límite en países de desarrollo en los que las normas medioambientales no son tan estrictas. “Vivimos inmersos en un mundo de crecientes desigualdades que se encamina hacia una crisis ecológica sin precedentes. La causa es la actual fase del capitalismo: la globalización, en la cual el principal valor por el que se rigen el mundo es el del beneficio económico a corto plazo”, explican en su plataforma.

– Desigualdad

Existe un consenso en la teoría económica sobre el resultado de la globalización y ese es la desigualdad. “La apertura y el libre comercio suele beneficiar a las sociedades en su conjunto, pero crea perdedores y ganadores. Se entiende que el 1% de la población mundial se ha beneficiado enormemente, al igual que muchas clases medias bajas de países emergentes, sobre todo China, que ha sacado de la pobreza a 600 millones de personas en los últimos 30 años. Los perdedores se han quedado en Europa y EEUU“, aclara Miguel Otero.

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Los productores chinos han sido los más beneficiados. | Foto: Stringer/REUTERS HANDOUT

Entonces, ¿dónde está el equilibrio?

“La historia demuestra que encontrar un equilibrio entre el mercado y el Estado no es fácil. Si se le da demasiado poder al Estado impera el proteccionismo y el autoritarismo, y si se le da demasiada cancha al mercado hay inestabilidad económica y contestación social”, cuenta Otero en un artículo de El País. “La evolución, la tecnología y el desarrollo son imparables, por eso necesitamos empoderar más que proteger, los países nórdicos lo han demostrado. Es necesario empezar por la educación, un sistema que llegue a gran parte de la sociedad y que sea más práctico y menos teórico, que eleve las competencias que se necesitan hoy en día”, agrega.

“La clave para el empoderamiento es el aprendizaje permanente”

La Comisión Europea, consciente de los problemas de la globalización, publicó el pasado mes de mayo algunas medidas a tomar en los próximos años para impedir el avance de las consecuencias de este movimiento. Entre las propuestas destaca la conciliación de los objetivos, es decir, la apertura de los mercados con la proyección de derechos y el aumento del bienestar humano a través de normas más estrictas, la creación de un plan de desarrollo sostenible y en especial, en la necesidad de un sistema social y educativo robusto, pues tal y como Timmermans y Katainen dicen, “la clave para el empoderamiento es el aprendizaje permanente. El igual acceso a una educación y a una formación de alta calidad es la más poderosa herramienta de redistribución de la riqueza en una sociedad”.

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De uno en uno

Ferrán Caballero

Foto: PIERRE-PHILIPPE MARCOU
AFP

Dice Carmena que un homenaje a Miguel Ángel Blanco menosprecia a otras víctimas y me parece muy normal. Porque ella y su izquierda no se conforman con recordar a un solo hombre; quieren acabar con el mal. A Carmena y a los suyos les sabe a poco un homenaje a Miguel Ángel Blanco, porque Miguel Ángel Blanco no son todas las víctimas de Eta. Y por eso le sabría a poco un homenaje a todas las víctimas de Eta, porque no son todas las víctimas del conflicto, que tampoco son todas las víctimas del terrorismo, que no son tampoco todas las buenas gentes que sufren y han sufrido y sufrirán en este mundo lleno de injusticia y de dolor.
Si el amor a la humanidad se vuelve indistinguible del desprecio al hombre es porque la teoría según la cual lo que le damos a uno se lo quitamos a otro es tan equivocada cuando se aplica a la economía como cuando se aplica a la moral. Porque no hace falta ser premio Nobel para entender que el enriquecimiento de África no nos hace más pobres a nosotros, ni es necesario ser madre de familia numerosa para entender que la llegada de un nuevo hijo no hace menos querido al anterior. Que del mismo modo que no hay en la tierra una única bolsa de monedas a repartir entre todo el mundo, el amor, el afecto y el respeto y todos los sentimientos nobles no son una constante a ir gastando a lo largo de la vida.
De hecho, y si no me fallan los números, diría que para recordar a todas las víctimas habrá que recordar a cada una de ellas. Que los afectos concretos no son sino la condición de posibilidad de los afectos universales, que deben consistir en algo parecido a ver en la humanidad entera el rostro del hombre concreto. Homenajear a Miguel Ángel no es faltar al respeto a los demás, sino recordarnos que también ellos merecerán nuestro homenaje cuando proceda. Homenajear “a todas las víctimas del conflicto” sí es en cambio negarse a homenajear a una de ellas. Y así, faltándole el respeto a una, se le falta el respeto a todas.

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Sus pioneras señorías: hablan los primeros diputados de la Transición

José Ignacio Wert Moreno

Foto: EFE
EFE Fototeca

“Treinta y tantos millones de españoles y yo soy de estos 350… ¡asombroso!”. El pensamiento forma parte del recuerdo de José Ramón Pin Arboledas –número cuatro de UCD por Valencia-, pero no sería raro pensar que pasara por la cabeza de otros tantos de aquellos primeros “padres de la patria” que el 13 de julio de 1977 iniciaron la andadura de las cámaras legislativas elegidas menos de un mes antes por los ciudadanos con su voto después de casi 40 años de dictadura.

Algunos de ellos afrontaron la noche electoral con la práctica seguridad de que serían elegidos diputados. Es el caso de Francisco Vázquez –número uno del PSOE por A Coruña-, que ya había desplegado una intensa actividad en los últimos tiempos de la clandestinidad coordinando huelgas desde su posición de inspector de trabajo, y que contaba con un cargo orgánico de la importancia de la Secretaría General del partido en Galicia. Otros, sin embargo, no las tuvieron todas consigo hasta muy avanzado el escrutinio. “Pensábamos salir uno o dos”, recuerda Pin Arboledas, que no tuvo la certeza de que entraría en el Congreso hasta la mañana siguiente. Eran otros tiempos. O no creían demasiado en convertirse en diputados después de una inclusión en las listas algo precipitada, como Luis del Val, número tres de UCD por Zaragoza. José Ramón Lasuén, cabeza de lista por Teruel e importante representante del sector socialdemócrata de esa formación, se lo dejó claro: “O dentro de UCD o desaparecemos”.

Ni históricos de sus propios partidos se libraron de la incertidumbre. Ramón Tamames concurría como número cuatro del PCE por Madrid, y ni un escaño más obtuvieron los comunistas por esa provincia. El economista vio el peligro de quedar fuera. “La verdad es que fue una espera bastante agónica, y al final, cuando se confirmó mi acta de diputado, tuve una de las grandes alegrías de mi vida”. Diferente es el recuerdo de Ignacio Camuñas –número siete de UCD por Madrid- que rememora seguir los resultados desde el Hotel Eurobuilding de la capital, haciéndose fotos junto a Garrigues “con todas las chicas que nos acompañaban, así como con un puñado de artistas encabezados por Bárbara Rey que habían hecho campaña por UCD”.

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Un 600 con los carteles electorales de los partidos que se presentaron a las elecciones del 77 | Foto: Congreso de los Diputados

Conseguida el acta, quedaba recogerla –primero en la Audiencia Provincial correspondiente- y pasar por los oportunos trámites. Hoy es un proceso seguido casi en directo por las cámaras de televisión. Entonces, sus señorías lo cumplimentaron sin albergar ningún recuerdo especial. Francisco Vázquez, que fue diputado hasta el 2000, hizo entonces un gesto que luego se convertiría en obligatorio: aportar una declaración de bienes avalada por notario.

Algunos ya conocían la casa. Era el caso de José Pedro Pérez-Llorca –número 11 de UCD por Madrid- que era, por oposición, letrado en Cortes y, por tanto, testigo privilegiado de la peculiar transición que la Carrera de San Jerónimo hizo desde los procuradores franquistas a los diputados democráticos. Aquellas últimas promociones de letrados, subraya hoy Pérez-Llorca, representaban un pluralismo político mucho mayor que la de los procuradores. Se conocía de memoria todos los reglamentos y normas presentes y pasados, gracias a su aplicación como opositor, pero la mayor ventaja sobre el resto de diputados era más bien topográfica, recuerda, al saber dónde estaban lugares estratégicos como el cuarto de baño.

Al contrario de lo que pasaría después, una vez aprobada la Constitución de 1978, aquella legislatura echó a andar con el gobierno ya formado. El rey Juan Carlos ratificó a Adolfo Suárez dos días después de los comicios del 15 de junio, y éste compuso un nuevo gabinete el 5 de julio. En él, ocupaba la cartera de Relaciones con las Cortes un joven Ignacio Camuñas de 36 años. Eso le obligó a trabajar intensamente en los preparativos de las primeras sesiones, que hizo con el presidente de las Cortes, todavía elegido por el monarca, Antonio Hernández Gil, uno de los senadores por designación real que existieron en esa etapa ya democrática pero todavía no constitucional. Hernández Gil pudo, de ese modo, reencontrarse con Tamames, que había sido alumno suyo en la universidad. “No había Reglamento del Congreso y hubo que improvisar y pactar una multitud de detalles de carácter protocolario pero de gran repercusión política que me dieron algún que otro quebradero de cabeza”, recuerda hoy Camuñas.

Lejos de la vanguardia tecnológica

En la actualidad, los kits que reciben los diputados electos –dispositivos electrónicos de última generación o conexiones a Internet en condiciones ventajosas- despiertan recelo en la sociedad. No fue el caso hace 40 años. Y es que no hubo prebendas, más allá de unos vales para Iberia y RENFE. Ni siquiera fueron dados de alta en la Seguridad Social durante los primeros meses, recuerda Pin Arboledas. Las dietas eran pequeñas, heredadas de los procuradores franquistas, y los despachos no eran individuales. “Encima, los procuradores habían vaciado el presupuesto (…) nos obligaban a pernoctar en hostales y pensiones del entorno de las Cortes. Pero nadie se quejó”, apunta Francisco Vázquez. José Ramón Pin Arboledas, para ahorrar, dormía en casa de su padrino, que vivía en Madrid. “(…) así obviaba la soledad del hotel y me relacionaba con otras personas de fuera de la política para evitar desenfocar mi visión de la realidad, que siempre es pluriforme.”
La austeridad tecnológica continuó cuando empezaron los trabajos de redacción de la Constitución. “Lápiz, papel, el Aranzadi y gomas de borrar” por todo equipamiento, afirma Pérez-Llorca, que destaca el papel de Celia, la funcionaria que se encargaba de pasar a máquina sus escritos y de corregir los errores con Tipp-Ex.

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José Pedro Pérez-Llorca en el acto conmemorativo de los 40 años de las elecciones de 1977 en el Congreso de los Diputados, el 28 de junio de 2017 | Foto: Congreso de los Diputados

Pérez-Llorca es, junto a Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón y Miquel Roca, la terna superviviente de los llamados “Padres de la Constitución.

La imagen de la Pasionaria

“No se oía ni un carraspeo” en el hemiciclo del Congreso de los Diputados cuando, en la sesión inaugural de la legislatura constituyente, Dolores Ibárruri se levantó de su escaño provisional y, del brazo de Rafael Alberti, bajó la escalera para formar parte de la mesa de edad. La foto se ha reproducido hasta la saciedad. Y queda en el firmante el temor a que su evocación sea un terrible cliché, una de esas imágenes que adquieren mucha más importancia cuando se ven después que la que le dieron en su momento los protagonistas que se hallaban sobre el terreno. Pero el testimonio de Luis del Val no deja lugar a dudas. Para Tamames era la mejor ilustración del concepto de “reconciliación nacional” que el PCE propugnaba desde 1956. “El momento fue emocionante, pero no creo que fuéramos totalmente conscientes de la trascendencia del mismo”, apunta Pin Arboledas, al que le viene a la cabeza otro recuerdo cuando echa la vista atrás hacia aquel 13 de julio de 1977. 39 años antes de que el bebé de Carolina Bescansa acaparara todos los focos en la sesión constitutiva de la fallida XI legislatura, Carmen, la hija de tres años del flamante diputado, “se revolcaba por las alfombras del Congreso”.

Luis del Val añade otra imagen; la de Simón Sánchez Montero, dirigente comunista con muchos años de cárcel a su espalda, saludando al ex ministro franquista y entonces líder de Alianza Popular, Manuel Fraga, en el salón de los pasos perdidos. “Hubo un titubeo, Simón extendió la mano y Manuel la apretó. Para mí fue la confirmación de que aquello podía salir bien”. Francisco Vázquez se recuerda impresionado por el escenario, que él conocía por las descripciones de Galdós, Azaña, Prieto o Fernández Flórez. “A mis 31 años formaba parte del lugar donde los últimos 200 años había sucedido todo lo que había leído y estudiado, donde habían sido protagonistas los personajes que admiraba”.

Aquel día hubo alguna otra incidencia. El reglamento indicaba que los distintos procesos constitutivos de la cámara se debían ir haciendo uno “acto seguido” del otro. Dieron las dos y cuarto de la tarde y sus señorías no habían almorzado. Pérez-Llorca decidió intervenir desde el escaño -toda una novedad ya que los procuradores sólo lo hacían desde la tribuna- para decir que la expresión “acto seguido” indicaba sólo que no se debían hacer otros trabajos parlamentarios entre medias y que, por lo tanto, podían parar a comer. Hoy reconoce que improvisó tal interpretación para conseguir el parón.

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Dolores Ibárruri y Rafael Alberti presidieron la constitución de las primeras Cortes salidas de las elecciones del 77 | Foto: Efe archivo

El día a día en la Carrera de San Jerónimo

Allí convivían diputados que llevaban años de trabajo conjuntamente en la clandestinidad con otros que compartían siglas sin apenas conocerse. “No es que no nos conociéramos entre los de distintas provincias, es que incluso los de la misma candidatura nos acabábamos de conocer un poco antes de las elecciones”, apunta Luis del Val. También coincidieron distintas personalidades que, pese a las diferencias políticas, se admiraban en la distancia. Así le sucedió a Pin Arboledas con Tamames. Y es que aquellos primeros próceres trabajaron en una sintonía que estuvo por encima de las siglas. “El ambiente inicial fue extraordinario. Todos los que habíamos convivido en la oposición democrática nos conocíamos perfectamente porque llevamos muchos años de trabajo en común y entre muchos de nosotros existía una verdadera amistad de antiguo, fundamentalmente entre los hombres de la UCD y el PSOE incluyendo a la mayoría de los nuevos diputados comunistas”, recuerda Ignacio Camuñas. “Trabajamos mucho, eso sí, y negociábamos todo. Estábamos convencidos que el consenso era la clave de la nueva España y había un respeto mutuo entre todos”, señala hoy José Ramón Pin Arboledas. “La relación personal fue siempre buena. No los veía como enemigos, sino como compañeros con los que discrepaba pero con los que estábamos dispuestos a llegar a soluciones comunes, cediendo cada uno de sus planteamientos iniciales”, añade.

“Estábamos convencidos que el consenso era la clave de la nueva España y había un respeto mutuo entre todos”, recuerda José Ramón Pin Arboledas

Francisco Vázquez cree que en las afinidades entre diputados de distintos partidos jugaba un papel muy importante la edad o la profesión. Eran más difíciles, a su entender, entre los mayores y pertenecientes a los extremos ideológicos, que en aquel parlamento se situaban en el PCE y AP. Tamames apunta más bien al nivel cultural y capacidad oratoria, “dos facetas muy desigualmente distribuidas entre los oradores parlamentarios”. En ese clima de entendimiento, reconoce Ignacio Camuñas, jugó un papel clave un lugar estratégico pero pocas veces retratado por los medios: la cafetería. Allí, o en almuerzos en restaurantes aledaños, podía uno, en palabras de Luis del Val, conversar “sin corsés ideológicos”.

Todo estaba por hacer. Incluida la asunción de conceptos tales como la disciplina de voto. Luis del Val evoca la figura de Juan de Dios Ramírez Heredia, activista de los derechos de los gitanos que fue elegido diputado en las listas de UCD por Barcelona. Adolfo Suárez hubo de reconvenirle en una larga entrevista mantenida en La Moncloa cuando se levantó de una votación en desacuerdo con la postura mantenida por su grupo. Había hábitos difíciles de sacarse de encima. Francisco Vázquez señala la “rechifla” que en la izquierda provocó una intervención que se inició con un “señores procuradores…”. Tamames recuerda las “pollas en vinagre” (sic) que pronunció en un discurso un diputado asturiano minero de profesión. “Afortunadamente, repasé el Diario de Sesiones al día siguiente y tales palabras habían sido retiradas, con toda la razón”. La labor de los taquígrafos da poco pie a la creatividad. Pero, cuenta el entonces diputado comunista, “(…) cité en una cierta ocasión las palabras de Dante “lasciate ogni speranza…”, y al día siguiente, en el Diario de Sesiones, vi que el taquígrafo había agregado “voi ch’entrate”. Eso es cultura”.

Diputados y periodistas

La nueva generación política nació en paralelo a una flamante hornada de periodistas que dieron sus primeros pasos en el tardofranquismo y, muy jóvenes, entraron en la primera línea de la información política con la Transición. También ellos eran novatos a la hora de relatar lo que sucedía en unas Cortes democráticas. “Los considerábamos dentro del mismo proyecto. Por supuesto que a veces no coincidía lo que queríamos expresar cada uno con lo que ellos publicaban. Ese fue un aprendizaje importante, conocer cuál es la dinámica de unos medios de comunicación en un país libre y democrático. Supongo que a ellos también les costó aprenderlo”, apunta Pin Arboledas. Ignacio Camuñas recuerda que de ese trato se derivaron indiscreciones que ocasionaron no pocos problemas políticos en aquel momento. A su juicio, había “excesiva francachela no exenta a veces de alguna que otra falta de respeto y consideración por parte de algunos profesionales de los medios, que se olvidaban muchas veces que los amigos de antaño hoy eran miembros del gobierno incluyendo al propio presidente del mismo”.

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José María Gil Robles, dirigentes de la Federación Democracia Cristiana, conversa con periodistas tras emitir su voto en junio de 1977 | Foto: EFE Archivo

“Los primeros días, se te acercaba un desconocido, te hacía un comentario, y luego te enterabas de que era periodista”, afirma Pérez-Llorca. Vázquez describe aquello como un “totum revolutum” en el que hubo “un exceso de confianza y de relaciones”. En parecida línea se expresa Luis del Val: “el trato era confianzudo, pero se fue alejando, a medida que aumentaban las responsabilidades políticas. Por ejemplo, José Luis Martín Prieto y Felipe González vieron juntos las elecciones del 82, pero cuando éste fue investido presidente de gobierno, esa relación se distanció. Los periodistas creyeron que la camaradería iba a seguir, aunque el político fuera nombrado ministro, pero no fue así. Y hubo desilusión y pena por ambos lados.” El periodista aragonés reconoce que le pudo su condición en aquella etapa en que se desempeñó como diputado. “Yo mismo actué un poco de periodista. Por ejemplo, me apunté a la Comisión de Defensa, no porque me interesara mucho entonces por la defensa, sino porque me constaba que allí estarían los primeros espadas: Santiago Carrillo, Felipe González, Alfonso Guerra, como así fue. Eso me permitió conocer de cerca al general Manuel Gutiérrez Mellado”.

Tamames no percibió esos excesos. “Los periodistas fueron muy importantes, aunque no tanto como ellos pensaban que lo eran”. Sí recuerda, en cambio, un partido de fútbol en que sus señorías perdieron ante los representantes del ‘cuarto poder’. Capítulo aparte merecen los gráficos, “capaces de sacarte una foto saliendo del servicio”, en palabras de Pérez-Llorca.

Más allá de los grandes líderes, aquella primera tanda de representantes del pueblo sacrificó sus vidas profesionales para cambiar la España en la que crecieron. “Yo, en dos meses, dejé mi trabajo en un banco valenciano y me lancé a la aventura política sin paracaídas”, dice Pin Arboledas. Pero, como señala Francisco Vázquez, “fue un momento impactante e irrepetible, muy cargado de idealismo. Nadie esperaba nada a nivel personal, porque además había cierta incertidumbre y te jugabas tu carrera, pero ser Constituyente es un honor imperecedero.”

Nunca está de más recordarlo.

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