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El fantasma del populismo marca las elecciones generales en Holanda

Redacción TO

Foto: DYLAN MARTINEZ
Reuters

Este miércoles los holandeses están llamados a las urnas. Nunca antes unas elecciones generales en este país con 17 millones de habitantes habían acaparado tanta atención fuera de sus fronteras. Pero el creciente apoyo ciudadano, según las encuestas, al líder de extrema derecha Geert Wilders y su Partido de la Libertad (PVV), mantienen al resto de la Unión Europea alerta ante la posible llegada del populismo más exacerbado basado en un discurso similar al que en Estado Unidos llevó al poder a Donald Trump.

Wilders el populista

“Espero repetir su mismo éxito y devolver Holanda a los holandeses”, ha declarado en varias ocasiones Geert Wilders, refiriéndose a la victoria de Donald Trump en EEUU el pasado mes de noviembre. Parece que su discurso basado en cerrar las fronteras a los ciudadanos musulmanes – se refirió a los marroquíes como “escoria” – y su deseo de emular al Reino Unido con un “Nexit”, han calado hondo en determinados sectores de la sociedad holandesa.

Conocido por sus declaraciones contra el islam, Wilders ha prometido cerrar las fronteras a los inmigrantes musulmanes, la venta del Corán en Holanda y acabar con las mezquitas, aunque esos cambios vayan en contra de la Constitución y de numerosas leyes locales. El programa de Wilders está recogido en un folio. No necesita más.

A sus 53 años considera su obligación mantener una cruzada contra “la islamización” de su país y compara el Corán con el ‘Mein Kampf’ de Adolf Hitler. Sus incendiarias declaraciones le han puesto en el punto de mira de grupos terroristas y ha recibido amenazas de muerte, lo que le ha obligado a llevar protección policial las 24 horas, además de renunciar a llevar a cabo mítines en lugares abiertos, en las últimas semanas.

Las elecciones en Holanda, marcadas por el fantasma del populismo 1
El ultraderechista Geert Wilders, del PVV, representa el populismo más exacerbado | Foto: Yves Herman /Reutes

Nacido en la localidad de Venlo, en el sureste del país, Wilders creció en una familia católica, junto a su hermano y a sus dos hermanas. Su interés por la política comenzó en los años 80, atraído por el poder, pero lo que de verdad le marcó fue, primero, el asesinato en 2002 del dirigente populista Pim Fortuyn, del que es heredero político directo, y dos años más tarde, el del cineasta Theo van Gogh. “Recuerdo que me temblaban las piernas, en estado de conmoción”, describió en un libro en 2012. “Puedo decir honestamente que sentí cólera, no miedo”.

Casado con una ciudadana húngara y sin hijos, su partido es oficialmente una asociación con un único miembro: él mismo. Diputado desde hace casi veinte años, si su partido es el segundo más votado, no será fácil ignorarle como líder de la oposición, desde donde ya ejerce después de una experiencia en el Gobierno del liberal Mark Rutten que acabó en un total desencuentro y con la convocatoria de nuevas elecciones en 2012.

Rutte frente al “populismo”

El primer ministro holandés y candidato a la reelección, Mark Rutte, aprovechó el debate electoral celebrado este lunes frente a su principal rival Geert Wilders, para hacer un llamamiento a los electores frente al “populismo” en Europa. “Quiero que Holanda sea el primer país en detener el populismo, en detener el efecto dominó” iniciado por el Brexit en Reino Unido, y representado en países como Francia – que celebra elecciones el próximo mes – por la líder del Frente Nacional, Marine Le Pen, que aparece como una de las favoritas en las encuestas.

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El primer ministro holandés, Mark Rutte, del partido liberal VVD, en un acto electoral | Foto: Dylan Martinez / Reuters

Los sondeos

El Partido de la Libertad (PVV) de Wilders llegó a situarse como la fuerza más votada, según las diferentes encuestas. Sin embargo, el último sondeo publicado el domingo por la web Peilingwijzer, que reúne seis encuestas distintas, apunta a que los liberales del actual primer ministro Mark Rutte y su Partido Popular para la Libertad y la Democracia (VVD) serán los más votados, eso sí, después de que en la última semana su candidato endureciera el discurso contra la inmigración, uno de los principales caballos de batalla de estos comicios.

Este sondeo da al VVD el 16 por ciento de los votos y entre 23 y 27 escaños en un Parlamento de 150. Wilders sería el segundo más votado con una horquilla de 21 a 25 escaños y el 14 por ciento de los votos. En tercer lugar aparecen los democristianos de la CDA, con el 12 por ciento de los votos y entre 18 y 20 escaños, empatados con los liberales progresistas del D66.

Los verdes del GroenLinks obtendrían el 10 por ciento de los votos con 15 a 17 escaños y los socialistas del SP rozarían el 10 por ciento de los votos, logrado entre 14 y 16 asientos, por delante de los socialdemócratas de Lodewijk Frans Asscher y su PvdA que caen a la séptima posición con entre 11 y 13 escaños de los 38 que obtuvieron en anteriores elecciones. Los expertos consideran que haber gobernado en coalición con los neoliberales en esta última legislatura les ha pasado factura. También es verdad que los partidos socialdemócratas parecen estar perdiendo apoyo social en el conjunto de Europa, más allá de las coaliciones a las que lleguen con otros partidos.

Coaliciones

En Holanda, nunca un partido ha obtenido la mayoría absoluta necesaria de 76 escaños para poder gobernar en solitario y no parece que esto vaya a cambiar después del 15 de marzo. A las elecciones se presentan 28 partidos de los cuales, al menos 14 podrían obtengan representación parlamentaria, según las encuestas. Un parlamento fragmentado que obligará a alcanzar acuerdos entre más de dos partidos para formar gobierno en el que, en ningún caso, estará el partido de Wilders. Todos los candidatos han dejado claro que no llegarán a ningún tipo de acuerdo con el PVV.

Las elecciones en Holanda, marcadas por el fantasma del populismo
Más de 20 partidos se presentan a los comicios del 15 de marzo | Foto: Dylan Martinez / Reuters

Wilders, por su parte, ya ha advertido de las graves consecuencias que tendrá para el país que su partido – si resulta ser el segundo más votado – no está en el próximo gobierno holandés. Sus contrincantes, sin embargo, no parecen dispuestos a que Wilders tenga de nuevo capacidad para bloquear decisiones del Ejecutivo, como ocurrió en 2012 cuando formaba parte del gobierno y hubo que adelantar las elecciones. Los expertos creen que finalmente habrá un gobierno formado por cuatro o cinco partidos, liderado por los liberales del actual primer ministro Rutte, en poder desde 2012.

Europa, alerta

Las elecciones en Holanda se ven con inquietud en el resto de Europa porque la campaña ha estado marcada por los temas de inmigración y de identidad, y se consideran como barómetro del avance de la extrema derecha, en un año con múltiples citas electorales, entre ellas en Francia y Alemania. En este sentido, Rutte no ha podido ser más descriptivo.

“Podemos decir que estas elecciones son los cuartos de final para intentar impedir ganar al mal populismo. Las semifinales son en Francia en abril y mayo, y luego la final es en Alemania en septiembre”, ha dicho Rutte sobre los retos que esperan a Europa en las urnas durante el presente año.

Para la Unión Europea, el desafío del Brexit ocupa su principal preocupación. Necesita contrarrestar la salida del Reino Unido y la creciente desafección europea por parte de los ciudadanos con una imagen de unidad, como la que presentaron la semana pasada los líderes de Alemania, Francia, España e Italia en su reunión de Versalles. El mensaje es claro: el populismo excluyente, xenófobo y radical no tiene cabida en la UE y es necesario aunar políticas a favor de un mundo cada vez más globalizado que defienda los intereses generales frente a los de unos pocos.

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Roger Torrent, de alcalde independentista a presidente del Parlament

Redacción TO

Foto: ALBERT GEA
Reuters

Tras las elecciones del 21 de diciembre, los independentistas se han vuelto a hacer con el control del Parlament de Cataluña. Con la incógnita de quien será el próximo presidente de la Generalitat debido a las dudas sobre la posibilidad de que Carles Puigdemont sea investido a distancia, el nuevo presidente del Parlament se enfrenta a un panorama político convulso y a una verdadera crisis institucional. En los últimos días, el nombre de Roger Torrent ha acaparado numerosos titulares en los medios de comunicación tras convertirse el 17 de enero en el presidente del Parlamento de Cataluña más joven de la historia.

Nacido el 19 de julio de 1979 en Sarrià de Ter, a sus 38 años Torrent puede decir que lleva media vida dedicado a la política. Licenciado en Ciencias Políticas y de la Administración y técnico urbanista, a los 20 años ya era concejal de su municipio, y en 2007 ocupó el puesto de alcalde de esta misma localidad.

Posteriormente, en 2011, fue portavoz de Esquerra Republicana (ERC), partido del que es militante desde el año 2000, en la Diputación de Girona y en 2012 se convirtió en diputado del Parlament. Ahora ya es el séptimo representante de ERC en Cataluña que preside el Parlament (Carme Forcadell lo hizo en nombre de Junts pel Sí).

Mientras cumplía con sus obligaciones políticas, Torrent no dejó de lado su vida personal y ahora se presenta como un orgulloso padre de dos niñas, que lo acompañaron a votar el día de las elecciones autonómicas de Cataluña.

Apoyando la declaración de independencia de Cataluña antes del referéndum y pidiendo la libertad de todos los diputados que fueron encarcelados, Torrent ha mostrado siempre con claridad su convicción de que es necesario crear una república independiente catalana. Su apoyo a los políticos presos ha sido visible en sus apariciones públicas pero también en su vida personal, tanto que Torrent decoró su árbol de Navidad con lazos amarillos. 

La nueva legislatura

Con un lazo amarillo acompañando permanentemente a su traje y a su barba hipster, el nuevo presidente del Parlament ocupó un puesto que llega cargado de retos y responsabilidades.

Torrent comenzó de manera inmediata la ronda de contactos con los diferentes partidos políticos para enfrentar la complicada tarea de “recuperar las instituciones lo antes posible y ponerlas al servicio de los ciudadanos”, como dijo en su discurso inaugural. “Hay que recuperar la normalidad institucional para servir al país de la manera más adecuada”.

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Carme Forcadell y Roger Torrent tras la elección de este como presidente del Parlament. | Foto: Albert Gea/ Reuters

Aunque hay quien considera que Torrent será el encargado de mantener el poder de ERC en el Parlament y evitar la investidura de Puigdemont, el recientemente elegido presidente de esta institución ha evitado posicionarse sobre este tema durante toda la ronda de contactos y ha dejado a los más impacientes con la duda sobre sus futuras actuaciones. Asegura en todo momento que decidir si se aprueba la investidura a distancia de Puigdemont “es una decisión que depende de la Mesa del Parlamento y será una decisión política del conjunto de la mesa”.

Cómo llegó al Parlament

El nombre de Roger Torrent comenzó a tomar relevancia durante la campaña electoral, cuando sustituyó a Marta Rovira en algunos debates. Ser considerado como alguien de total confianza por ERC y estar libre de procesos judiciales fueron los motivos que empujaron su nombre hasta lo más alto de la lista de candidatos y acabó imponiéndose para el cargo.

Quizá también ayudó su faceta más mediática. Su facilidad ante las cámaras ha hecho que en los últimos meses Torrent se haya convertido en un rostro habitual de las tertulias televisivas, siendo además colaborador del programa La Sexta Noche, donde desarrollaba sin titubeos un discurso de la línea dura del independentismo.

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Roger Torrent, a su llegada a la primera reunión de la Mesa del Parlament. | Foto: Alberto Estévez/ EFE

Ahora tendrá que enfrentarse a una legislatura realmente dura, envuelto en un contexto político convulso y con numerosas incógnitas, como ya hizo su antecesora Carme Forcadell. Antes de ser elegido, prometió “materializar el mandato democrático surgido de las urnas el pasado 21 de diciembre”. Queda ver ahora si cumplirá esta promesa y, lo más importante, cómo.

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Miedo vintage en Hawai

Pablo Mediavilla Costa

Foto: Lee Jin-man
AP Foto

Aunque vivamos en el futuro, lo viejo es obstinado. El botón como imagen del cataclismo nuclear ha regresado con fuerza. Trump ha advertido a Kim Jong-un que el suyo es más grande y que se ande con ojo. En realidad es un código que el presidente debe llevar siempre a cuestas -Mónica G. Prieto contaba ayer en El Mundo que Clinton lo extravió durante unos meses-, pero lo del botón, una antigualla en este mundo táctil, es más gráfico y se ajusta a lo azaroso del asunto. ¿Quién no ha encendido sin querer alguna vez la luz del pasillo?

El pasado sábado, los habitantes de Hawai vivieron media hora de agonía por culpa de un funcionario que apretó por error otro botón -de nuevo, inaudita y solvente explicación- que envió la siguiente alerta a móviles, televisiones y radios del archipiélago: “Amenaza de misil balístico en dirección a Hawai. Busque refugio de inmediato. Esto no es un simulacro”. Mientras algunas familias metían a sus hijos en el sistema de alcantarillado, un turista se alegraba en Twitter de lo despejado que había quedado el buffet libre de su hotel.

Se vive tan bien que no se acaba de tomar en serio esta nueva Guerra Fría, aunque haya instalado su decorado y su léxico; sus maniobras de la OTAN, el espionaje de gabardina y bigote, el agitprop y el miedo. Rusia tiene sometida a media Europa con su psicodrama de hombrecillos agazapados en los bosques nevados y Estados Unidos parece tentado a volver a Asia, donde tanta piel ha cobrado y se ha dejado. China observa, como acostumbra; Irán y Arabia Saudí se enzarzan en Siria y Yemen, Europa enredada en sus fantasmas… El sueño erótico del pesimista profesional.

Si es cierto el dicho popular sobre lo que cada presidente norteamericano trae bajo el brazo; nadie quiere ni pensar en el turno de Trump. Corea del Sur ha dejado claro que cualquier acción contra sus hermanos descarriados del norte debe pasar por sus manos, pues son las que pagarían todas las facturas: la de la Bomba, la de la reconstrucción y los millones de refugiados que debería acoger y la de lo que tanto le gusta apuntar a nuestro hombre en Pyongyang, Alejandro Cao de Benós, cuando pasea a los periodistas por la Zona Desmilitarizada: los campos del norte están sembrados de piezas de artillería que destruirían Seúl en minutos, a solo 56 kilómetros de la frontera. La evaporación del norte está asegurada en cualquiera de los escenarios agresivos.

Los números dicen que el mundo está mejor que nunca, pero hay una nostalgia del desastre; una pulsión aguafiestas por creer que estamos a un loco y un botón del abismo. Prefiero pensar que, al menos, seguiremos en la paz del buffet libre hawaiano y no volveremos al blanco y negro de Sterling Hayden atrincherado en su base y mascullando que los comunistas han fluorizado el agua.

Continúa leyendo: El mundo solo tiene dos palabras para el té (y hay una explicación)

El mundo solo tiene dos palabras para el té (y hay una explicación)

Redacción TO

Foto: Kira auf der Heide
Unsplash

Es curioso: en el mundo solo existen dos palabras para definir lo que nosotros, en castellano, denominamos . Una es esta primera ––, como también la conocen en inglés, afrikáans o malayo, con sus respectivas variantes, y otra es cha, como lo pronuncian los árabes (shay), los rusos (chay) o los japoneses (ocha). Las raíces comunes de las dos palabras, además, tienen un mismo punto de origen, y éste no es otro que China.

El modo en que se extendieron es una de las muestras de que la globalización, aunque así lo creamos, no es un término exclusivo del siglo XXI, sino que forma parte de la historia de la humanidad. En este sentido, el término cha se extendió con más éxito en los lugares que atravesaba la Ruta de la Seda, donde esta infusión se comercializa desde hace más de dos milenios. El término , en cambio, tuvo mayor fortuna en zonas portuarias por la influencia de los marinos holandeses, tal y como cuenta el periodista Nikhil Sonnad en la revista Quartz.

El origen de cha se encuentra en las lenguas siníticas, procedentes de la China Oriental, que fue abriéndose paso hacia el interior de Asia hasta Persia, primero, y después en todas direcciones: incluso en el África subsahariana hay lenguas –como el swahili– que la incorporan en su variante chai.

El mundo solo tiene dos palabras para el té (y hay una explicación) 1
Un grupo de trabajadores recoge hojas de té en un cultivo de Changsha, China. | Foto: Sheng Li/Reuters

Con todo, en algunas regiones del gigante asiático donde se habla la variante china minnan, especialmente en la provincia de Fujian –con una población superior a 35 millones de habitantes–, emplean la palabra te. Desde aquí y desde Taiwán se extendió gracias a los holandeses en otras zonas de Asia y particularmente en Europa, donde desarrollaron un gran comercio en el siglo XVII.

Esto explica que en alemán se diga tee, en francés thé, en inglés tea y en español e italiano . Pero no es el caso de Portugal: allí emplean la palabra chá. Se debe a que la ruta de comercio marítimo de los portugueses era distinta; en islas como Macao empleaban el término cha.

Es cierto, también, que hay lugares en el mundo donde se puede reconocer al té con otras palabras. Tal y como explica Sonnad, la explicación reside en que son tierras fértiles donde el cultivo es ancestral. Es el caso de Birmania, donde reconocen a las hojas de té como lakphak. Lo cual no quita brillo a la fotografía de un mundo donde los europeos no somos el epicentro de la globalización, sino un enclave más.

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