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El Festival de Cine de Cans da la bienvenida al 'agroglamour'

Marta Ruiz-Castillo

Entre el 24 y el 27 de mayo, la pequeña localidad gallega de Cans “enciende” sus focos, despliega la “alfombra roja” y pone a disposición de los invitados y visitantes los chimpines (tractores pequeños), el ‘vehículo oficial’ del festival de cine más ‘agroglamouroso‘ de todos.

Cans, el festival de cine más 'agroglamuroso' de todos 1
Los chimpines se convierten en el ‘vehículo oficial’ durante el festival | Foto: Festival de Cans
Cans, el festival de cine más 'agroglamuroso' de todos 3
Procesión de chimpines | Foto: Festival de Cans

El director de cine Montxo Armendáriz, la conmemoración del 15 aniversario del hundimiento del Prestige y la banda musical Corizonas, son los protagonistas de esta XIV edición en la que durante cuatro días se proyectan largometrajescortos de ficción, de animación, documentales, y se celebran concursos de videoclips o webseries. Coloquios, encuentros, pasacalles, además de otras disciplinas como la gastronomía, las artes plásticas y la literatura completan el festival. “La creación gallega más emergente pasa por Cans, que se convierte en la gran plataforma de visibilidad de los nuevos creadores”, aseguran sus responsables.

Cans no pretende emular a su primo, el Festival de Cannes que se celebra por estas fechas en la Costa Azul francesa, pero lo que empezó como una broma hace 14 años se ha convertido ya en todo un referente del séptimo arte dentro y fuera de Galicia.

Cans (perros, en gallego) es una pequeña aldea rural con 450 habitantes perteneciente a la parroquia del Ayuntamiento de O Porriño, en la provincia de Pontevedra. Situada en la comarca del Valle de la Louriña, está enclavada entre los montes Castelo y de A Risca. “Probablemente no es el mejor festival del mundo, pero sí el más diferente”, aseguran con razón sus creadores.

Este festival de cine ya consagrado comenzó como una broma entre amigos por la similitud fonética con la localidad francesa de Cannes. “¿Por qué no celebrar nuestro propio Cans?”, se preguntaron. Dicho y hecho, el festival ha ido creciendo hasta convertirse en una cita ineludible para los amantes del cine gallego con repercusión en todo el país. Un sábado por la tarde de 2004 se congregaron 500 personas en Cans; el año pasado, 13 años después, más de 13.000 espectadores asistieron a los cuatro días que dura este evento, en el que cine y música se reparten el protagonismo a partes iguales.

Las salas de proyección de los cortometrajes son galpones, bajos o bodegas de las casas de la aldea que durante el festival deja a un lado las labores agrícolas para recibir a miles de personas gracias, sobre todo, a la activa participación y colaboración de sus habitantes. Para los conciertos y las demás actividades se utilizan gallineros, fincas o camiones.

Cans, el festival de cine más 'agroglamuroso' de todos 5
Un bajo de una casa convertido en sala de proyecciones | Foto: Festival de Cans
El Festival de Cans da la bienvenida a una nueva edición llena de 'agroglamour'
El ‘Jaliñeiro-Unplugged’, un gallinero convertido en escenario para conciertos | Foto: Festival de Cans

No hay un sólo rincón de Cans que permanezca ajeno durante estos días a este acontecimiento sin igual y todo el pueblo participa en mayor o menor medida abriendo sus casas, bajos, bodegas, fincas, o prestando sus chimpines. La carretera central se corta al tráfico y pasa a ser el ‘Cans Voulevard’, mientras que el Parque del Río pasa a llamarse Minicans, dedicado a los niños.

El Cubierto de Chelo, el de Pato, el Bajo de Carlos o el de Alfonso, el de Carreira o el de Bugarín, la Casa de Pedreiro o la de Mari, el Galpón de Alicia…se convierten en salas de proyección con pantallas construidas en la propia aldea por los carpinteros Silvino y Juan Maceira. Y para el ‘patio de butacas‘, nada mejor que la hierba empacada o tablas a modo de asientos, además de sillas de plástico.

Torreiro de las Estrellas

Este espacio situado al lado de la iglesia rinde tributo a las estrellas del cine español que han pasado por el festival y es el lugar donde se realiza la entrega de premios. Al igual que el paseo de las estrellas de Hollywood, cada una de las losas de piedra con el dibujo de una estrella corresponde a un homenajeado, entre los que ya se encuentran actores como José Sacristán Luis Tosar, directores de cine como Isabel Coixet Fernando León de Aranoa, las actrices Emma Suárez, María PujalteMabel Ribera, entre otros destacados artistas y realizadores. En medio de la estrella hay dos agujeros donde las personalidades dejan plasmadas sus “pezuñas”.

Perro de Piedra

El símbolo del festival de Cans es un perro y su escultura en piedra, de más de tres metros de altura y colocada encima de una peña, está situada en la rotonda de entrada de la aldea por la N-120, visible desde la carretera. Visita obligada durante los días del festival, cada vez son más las personas que paran en la aldea durante el resto del año para hacerse una foto.

El Festival de Cans da la bienvenida a una nueva edición llena de 'agroglamour' 1
El Can de Pedra, símbolo del festival, es de visita obligada durante todo el año | Foto: Festival de Cans

Muro de los chimpines

Desde el 2015, el Muro de los Chimpines se convirtió en un espacio de homenaje a todos los vecinos que han sido agasajados con el Chimpín de Plata ‘Premio Pepe Puime’, el galardón que el festival concede a aquellos que destacan por su trabajo a favor del evento. Se ubica, además, en una de las rutas principales de los chimpines. Allí están ya los nombres de Alicia, Divina, Juan Maceira el carpintero o el más famoso conductor de chimpines ya fallecido Pepe Puime, que da nombre al galardón.

Costa Azul

Cada año, los vecinos del barrio de la Pedreira decoran la cuesta que sube al Cubierto de Chelo con las noticias y fotos más relevantes de los últimos años del festival. Así es como, frente al glamour y la sofisticación del Festival de Cannes en la Costa Azul francesa, el de Cans tiene su propia y peculiar Costa Azul: una alfombra de ese color que recorre una parte de la aldea.

El festival porriñés ofrece “altas dosis de autenticidad y diversión en medio de los campos”. Es lo que los organizadores llaman “agroglamour” y así es como “nació la Costa Azul, la de Cans, aunque no tenga mar”. Chelo, Constante, Paula y toda la familia trabajan para dejar impecable este espacio.

Cans, el festival de cine más 'agroglamuroso' de todos
El festival tiene su particular Costa Azul | Foto: Festival de Cans

Sección oficial a concurso 

Por primera vez, se han presentado a esta XIV edición el mismo número de obras realizadas por mujeres y hombres. En la sección de largometrajes, las Also Sisters, que ya participaron con anterioridad como cortometrajistas, estrenan su primer largo, ‘A historia dun satélite’, que será la que abrirá el festival.

Este año, Cans conmemora la tragedia del Prestige y para ello contará con el estreno absoluto de un especial documental titulado ‘Mar de fondo’, del actor y director de cine Dani Guzmán, que viajó hasta Galicia para filmarlo en el 2002. Estreno mundial también será el nuevo videoclip de Terbutalina, ‘Ninguén che quere’, avance de lo que será su nuevo disco ‘Sonido Esteiro’.

En las secciones habituales y específicas de esta edición, destaca el Coloquio en la Leira con el cineasta Montxo Armendáriz. 

Durante los cuatro días del festival hay previstas más de 25 actuaciones musicales entre las que se incluyen la de Corizonas, la superbanda que resultó de la fusión de Los Coronas y Arizona Baby.

Cans rinde homenaje en esta edición al actor Miguel de Lira, que recibirá el Premio Pedigree y colocará su estrella en el Torreiro. Y los Chimpíns de Plata ‘Premio Puime’ se entregarán a Jorge Coira y el vecino Feliciano Bernárdez Xano.

Uno de los momentos más emotivos previstos es la proyección de un corto documental creado, grabado, producido y editado por los vecinos de la aldea, a cargo de Juanma Lodo, en el que se rinde homenaje a la emigración en general y a los retornados de Venezuela en particular, fenómeno esencial para entender parte de la historia reciente de Galicia.

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El premio más preciado es el Can de Pedra | Foto: Festival de Cans

Más del 80% del programa del Festival de Cans es de acceso libre y gratuito hasta completar aforo. Cans “es una mezcla nada fácil de definir pero ante todo es una experiencia maravillosa que hay que vivir”, aseguran sus organizadores.

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Los perros y el sentido de la justicia

Carola Melguizo

Científicos de la Universidad de Kioto, Japón, han demostrado a través de una serie de pruebas que los perros tienen un sentido de la justicia, e incluso de la moralidad, que les lleva a sentirse más cómodos con un humano que actúa de forma justa que con uno que no lo hace. Así lo recoge el estudio publicado este año en el portal de referencia ScienceDirect, en el que se establece que tanto los perros como los monos tienen una clara percepción de lo que está bien y lo que está mal y, en consecuencia, juzgan a los humanos. Dicho en otras palabras, a los perros nos les gusta la injusticia.

Para poner a prueba a los animales, los científicos recrearon una escena en la que tres actores interactuaban: Uno de ellos pedía una lata de comida a otro, que a veces se la daba y a veces no. La tercera persona, aunque estaba presente, no intervenía en ningún momento. Los animales observaban la situación y utilizaban lo que estaban viendo para formarse una opinión sobre los humanos. Una vez terminada la escena, los actores se acercaban a los animales para ofrecerles algunas chuches. Todos mostraron una clara desconfianza hacia la persona que se había negado a dar la lata de comida. En cambio, aceptaban encantados las chuches que les ofrecían los otros actores, dejando claro que tanto los perros como los monos prefieren a las buenas personas.

Los perros y el sentido de la justicia
Un Collie sonriente viendo a su dueño | Imagen: Lottie

El papel de la domesticación

Hasta hace poco, la aversión a la injusticia sólo se había comprobado en especies de primates. Al demostrarse en perros, la domesticación parece la respuesta lógica. Sin embargo, estudios realizados con lobos apuntan en otra dirección, lo que lleva a pensar que el sentido de la justicia es innato y no fruto de la convivencia con humanos, como sostienen algunos autores. Uno de los estudios más relevantes se publicó el pasado mes de junio en Current Biology. En él, investigadores de la Universidad de Viena, Austria, concluyen que la justicia y la equidad juegan un papel importante en el comportamiento tanto de perros como de lobos.

Para el estudio, los científicos colocaron a dos animales de cada especie en jaulas adyacentes y entrenaron a uno para que tocara un timbre con una pata. En la primera prueba, cuando el animal tocaba el timbre sólo el compañero recibía un premio, mientras que el animal de prueba no recibía nada. En la segunda, ambos obtenían recompensa, pero la del otro animal era mejor. Los perros de prueba se dieron cuenta de la injusticia y poco a poco dejaron de reaccionar, hasta el punto de no querer tocar el timbre. Lo mismo ocurrió con los lobos, demostrando que la desigualdad de la recompensa era perfectamente entendida tanto por perros como por lobos. “Tiene mucho más sentido decir que esto sería algo compartido de un antepasado común que decir que evolucionó dos veces, o decir que vino de la domesticación,” asegura Jennifer Essler, coautora del estudio.

Sin embargo, la domesticación se aprecia en otro aspecto del estudio y hace una marcada diferencia entre perros y lobos, incluso entre los perros mascota y los perros de vida en manada. Aquellos que habían compartido largos períodos con humanos, se mostraron más receptivos a participar en el estudio por el mero hecho de complacer a su dueño. Lo otros, aunque socializados con los humanos durante sus primeras semanas de vida, no habían tenido una relación mascota-cuidador y, sin embargo, mostraban más interés por complacer al humano que los lobos. “Parece que tener una experiencia de vida con los seres humanos los hace más tolerantes a la desigualdad que proviene de los seres humanos”, concluye Essler.

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¿Cómo nos juzgan los perros? | Imagen Alan Levine

¿Qué pasa cuando la inequidad los beneficia?

Un tercer estudio abre una puerta interesante. Cuando los perros son víctimas de la injusticia o son sólo testigos, claramente muestran rechazo y se inclinan por los humanos que actúan correctamente. Pero qué pasa cuando esa misma injusticia los beneficia. La científica Alexandra Horowitz del Departamento de Psicología del Barnard College, EEUU, se propuso averiguarlo con un estudio en el que participaron 38 canes domésticos de distintas razas y edades.

Los perros fueron colocados en parejas, uno en estudio y otro en control. Luego, interactuaron con varios entrenadores que les daban comida como premio. Algunos entrenadores recompensaron excesivamente a los perros de control, otros los recompensaron muy poco y otros recompensaron de forma justa a ambos perros. Una vez que los perros llegaron a conocer bien a los entrenadores, se les permitió elegir a cuál querían aproximarse en ausencia de otros perros. Los perros mostraron una clara preferencia por los entrenadores que habían premiado en exceso al perro de control, pero no mostraron ninguna preferencia por los entrenadores que habían recompensado poco o por los que se habían mostrado justos y equitativos.

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Felix conoce a Chester | Imagen: Alan Levine

Tomando como referencia estudios anteriores podemos asegurar que los perros prefieren entrenadores justos a entrenadores que premian muy poco. Pero, como concluye Horowitz en su publicación, ahora sabemos que para los perros “lo justo es bueno, pero obtener más es aún mejor.” Sin embargo, es muy importante destacar que los perros de mayor edad prefirieron a los entrenadores más justos, revirtiendo así la tendencia. A ojos de los científicos, esto sugiere que los perros pueden desarrollar una preferencia por la justicia y la equidad como consecuencia de la relación a largo plazo con los seres humanos.

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Un 40% de los estadounidenses piensa como Trump sobre la violencia en Charlottesville

Redacción TO

Foto: JOSHUA ROBERTS
Reuters

Las concentraciones de supremacistas blancos en Charlottesville el pasado 12 de agosto, que causaron la muerte de tres personas y dejaron numerosos heridos, han provocado protestas contra el racismo y la extrema derecha. Pero también han generado una gran polémica, pues parece que no todo el mundo tiene claro quiénes fueron los responsables de los terribles actos de violencia que tuvieron lugar en dichas manifestaciones.

Las declaraciones del presidente estadounidense, Donald Trump, que culpó a ambas partes de los actos violentos antes de condenar públicamente al simpatizante nazi que embistió contra la multitud, han sido el principal foco de polémica y controversia durante los últimos días.

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Un grupo de personas celebra una vigilia por la mujer fallecida durante las protestas en Charlottesville. | Foto: Handout/ Reuters

Sin embargo, parece que Trump no está solo. El presidente estadounidense no es el único que no pone toda la culpa sobre los supremacistas blancos, racistas y neonazis. Una reciente encuesta llevada a cabo por SurveyMonkey y publicada por Axios, muestra que menos de la mitad de los encuestados culpan a los grupos de extrema derecha de la violencia y que un 40% considera que la responsabilidad es de ambas partes. Incluso hay un 9% de ellos que opina que los manifestantes que protestaban contra la extrema derecha son los responsables de los enfrentamientos violentos.

Diferencias entre republicanos y demócratas

Estos datos son aún más extremos cuando la encuesta se divide entre republicanos, demócratas e independientes.

Un 64% de los republicanos opina que ambas partes tienen la culpa de lo ocurrido en Charlottesville, un 18% culpa a los supremacistas blancos y un 9% a los opositores. Además, un 87% de los republicanos encuestados estaban de acuerdo con la frase “tenías un grupo en un lado que era mano, y tenías un grupo del otro lado que era también muy violento”, que dijo Donald Trump el pasado martes.

Un 40% de los estadounidenses piensa como Trump sobre la violencia en Charlottesville
La encuesta muestra una gran diferencia entre republicanos y demócratas. | Foto: Axios

Sin embargo, en el total de adultos encuestados, esta cifra baja, y solo un 43% está de acuerdo con esta frase del presidente de Estados Unidos, mientras que el 53% está en desacuerdo con ella.

Tanto los demócratas como los independientes muestran un gran rechazo a esta frase. Los primeros están en desacuerdo en un 87%, mientras que los independientes rechazan esta postura en un 59%.

En este último grupo parece haber una postura intermedia entre las que caracterizan a los republicanos y a los demócratas. Un 51% culpan a los grupos de extrema derecha de la violencia en Charlottesville, mientras que un 38% señala a ambos grupos y un 8% a los que protestaban en su contra.

Una cuestión política

La gran diferencia entre las respuestas de personas con diferentes ideas políticas muestra una gran división en la población estadounidense, que cuenta con opiniones totalmente opuestas en temas fundamentales y básicos de la sociedad.

Aunque la encuesta solo cuenta con las respuestas de 2.181 estadounidenses adultos, el periodista político de Axios, donde se ha publicado la encuesta, Mike Allen, cree que “estos descubrimientos reflejan el hecho de que, porque las partes de la nación dividen y fracturan los medios, ya no estamos de acuerdo en hechos básicos, y esto hace el debate civil imposible”.

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Numerosas personas se han manifestado contra la reacción de Trump ante los hechos ocurridos en Charlottesville. | Foto: Joe Penney/ Reuters

Por tanto, esta encuesta muestra que lo que muchos piensan, como han manifestado a través de las redes sociales, que debería ser una cuestión moral y una condena a lo que ocurrió en Charlottesville se ha convertido en una cuestión política. Además, demuestra que a pesar de las numerosas críticas que ha recibido Trump por su forma de tratar las muertes y las peleas en Charlottesville, que más tarde denunció y condenó, no son una representación de la opinión de la mayoría de la población, al menos en Estados Unidos.

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AirHelp, la app que te hace la vida fácil si te cancelan o retrasan un vuelo

Redacción TO

Foto: Antonio Calanni
AP

Hay pocas circunstancias más frustrantes en la vida de un viajero que la cancelación o retraso de un vuelo, y sobre todo si ese viaje se hace por placer. En The Objective ya publicamos una breve guía de cómo proceder ante la cancelación de vuelo, que puede servir de ayuda a cualquier pasajero en apuros. Ahora presentamos AirHelp, la aplicación que te hace la vida más fácil si sufres alguna de las circunstancias citadas.

Según esta empresa especializada en la defensa de los derechos de los pasajeros, más de 110.000 personas en España sufrieron en julio retrasos, cancelaciones y sobreventa en aproximadamente unos 800 vuelos. Además, concreta que sólo un 1% de los afectados reclamaron una compensación, lo que se traduce en que las compañías aéreas deberían haber abonado 30 millones de euros tan sólo en ese mes por los retrasos, cancelaciones y casos de overbooking.

Para muchos, el proceso de reclamación se revela arduo y largo, por lo que no se plantean siquiera el ejercer su derecho como pasajero. Por suerte, la tecnología nos abre un mundo de posibilidades también en el fatigoso mundo de las solicitudes burocráticas.

Reclamación a golpe de clic

Desde AirHelp aseguran que el trámite con ellos pasa de durar horas a tan sólo 3 minutos, por lo que reclamar con este servicio, que cuenta con aplicación para smartphones, puede ser tan sencillo como hacer clic.

AirHelp, la app que te hace la vida fácil si te cancelan o retrasan un vuelo 1
Una app que te quita dolores de cabeza. Literal. | Imagen: AirHelp

Para los retrasos de vuelo en los viajes hacia y desde los países de la Unión Europea, la compensación puede llegar hasta los 600 euros, y desde AirHelp aseguran que con su servicio los viajeros obtienen una compensación media de 400 euros por vuelo. Las cosas son más complicadas si tu vuelo se retrasa en suelo estadounidense: según Scott Ginsberg, gerente de AirHelp, las aerolíneas en Estados Unidos sólo están obligadas a compensar los retrasos prolongados en la pista, con lo que los derechos de los pasajeros se ven más limitados.

Para poder luchar correctamente por la debida compensación, y a pesar de la ayuda de AirHelp, el pasajero debe proceder a tenerlo todo muy bien acotado. Desde conservar la tarjeta de embarque, a preguntar por el motivo del retraso al personal o anotar la hora real de llegada al destino final, todos los datos que tengamos harán más fácil todo el proceso. Desde AirHelp resaltan además la importancia de no firmar ningún documento ni aceptar ninguna oferta o vale que pueden acarrear la pérdida de los derechos de reclamación.

Vuelos de hasta 5 años de antigüedad

AirHelp te permite comprobar tus vuelos de los últimos 5 años para conocer si tienes derecho a compensación, un servicio completamente gratuito, y reclamar cuando uno de tus vuelo esté afectado. Siempre sale más barato hacerlo uno mismo, ya que AirHelp se reserva una comisión del 25% por el servicio en el caso de ganar el caso, pero si la reclamación no llega a buen puerto, el usuario no debe pagar nada.

Continúa leyendo: Ni Sofia Coppola, ni Tinder: la seducción era otra cosa

Ni Sofia Coppola, ni Tinder: la seducción era otra cosa

Lorena G. Maldonado

La frigidez no es un pecado, pero sí una lástima. Ayer salí de ver La seducción, de Sofia Coppola, cargando con una anorgasmia militante -en mi barrio se dice revenía’- y corrí al Burger King a meterme entre pecho y espalda una vulgar pero sincera tendercrisp que me devolviese a la tierra, que me conectase de nuevo con la carne, la saliva y la culpa, con la lascivia del queso americano y la grosera humanidad de dos labios abriéndose. La parte de la vida que me interesa suele alojarse al otro lado de la boca que se desprende, que se ensancha como una flor carnívora llena de fascinaciones, admiración, estupor o apetitos. La película fue como el antónimo: más o menos un rictus.

Claro que no todo el mundo va a ser folclórico emocional, pero una cosa es la sobriedad -esa que nos angustió en la exquisita Shame– y otra la abulia: ahí Coppola en su filme protagonizado por un corrillo de hembras psicópatas y un macho castrado -qué iracundo, el cabo, cuando tiró la tortuga-. Casi extrañé la testosterona trumpista de Eastwood, que fue El Seductor en la de Don Siegel (¡1971!). Qué sangre tan acuosa aquí, qué raza tan pocha, qué poco cachondos estamos en este banquete de la revolución sexual.

La seducción: madre mía. A los que quiero les deseo que nunca les tonteen así. Una hora y media asistiendo a un cortejo de amebas. En los lavacabezas de la peluquería he vivido más tensión sexual. Al terminar, sentí por fin una trémula excitación mientras hundía mi patata gajo en la salsa, y recordé que no sé nada de cine -algunos amigos han montado un cinefórum y se esfuerzan, con mucha paciencia, en corregirme esta anemia cultural-, pero oye, me dije a mí misma, en el relato del deseo te defiendes, como todos los veleidosos. En el relato, por lo menos, que los engranajes ya son otra cosa -y sólo marchan si no se comete la torpeza de desmontarlos para entenderlos-.

¿Por qué me entusiasman Roberto Álamo, Bardem, Luis Tosar, Paul Dano o Alan Rickman y me quedo gélida con el mismísimo Brad Pitt? Miren: no lo sé. La vida tiene estas cosas. También el bueno de Colin Farrell me dejó en La seducción mortalmente aburrida, con las papilas gustativas de vacaciones, con una tristeza muy rara, parecida a la que uno siente cuando ve a una pareja besarse mal.

Sí. En el deseo llevamos años auscultándonos; pero en la seducción todos somos un poco bisoños, porque cada cuadrilátero es una historia. Entre los breves apuntes: uno, lo importante no es follar, lo importante es el contexto -o, si quieren, como decía Pessoa, lo fundamental del amor es lo que lo rodea-. En la película el contexto es delicioso, pero Coppola se pone muy esteta e ignora nuestro mejor secreto como civilización: debajo de tantas capas de diplomacia, seguimos debiéndonos a la suciedad.

Dos, el capricho físico no tiene nada que ver con la belleza del otro, sino con algo menos canónico y más oscuro: algo que está, quizá, en el sonido de una risa, en el olor, en el tacto, en el ping-pong dialéctico, en el látigo imperceptible de la pestaña. No sé ustedes, pero yo me he quedado noqueada alguna vez con una carcajada perfectamente ejecutada, libre, limpísima, y se me han contraído las piernas. Colgarse de una risa -de sus ojos guiñados y su barbilla oscilante, redimida- es muy parecido al amor: inexplicable, sombrío. Ya quisiera esa autoridad ese Colin Farrell de rasgos preceptivos que arrastra la perversión de un chupete.

Tres. Hay un aviso, siempre. El deseo tiene ese decoro: el del golpe primero, el de “huye o juega, pero no balbucees”. Y después todo eso tan hermoso que ha muerto a manos de Tinder: el ser conscientes de que cuando se enseñan las cartas, se acaba la partida. Todos empezamos de cero en cada conquista, todos hemos entendido que nadie, por suerte, es infalible, todos nos hemos puesto alhajas -como las cursis de la peli- y hemos comprobado, no sin cierto patetismo, que no sirven para nada, todos hemos experimentado celos verdosos y todos nos hemos vengado de forma más o menos poética -esto ya según la elegancia-. Pero ninguna de estas similitudes entre la sentimentalidad humana y La seducción me conectó en ningún momento con la historia: por poco reveladoras, por superficiales.

Me niego a creer -repito, desde mi corta educación cinematográfica, pero con mi derecho al desencanto a nivel usuario- que la de Coppola trascienda a reflejar ni un milímetro del alma de la mujer: no albergamos en el pecho esa casa de locas. No sacia mis ansias feministas que Colin Farrell sea un animal pánfilo, sin maldades: el sexo y la violencia requieren de un contrario a la altura. No, menoscabar la virilidad de un hombre no te subrayará como mujer. La poderosa Nicole Kidman no asume que el despecho no sólo es antierótico, sino que practicarlo jamás hizo a una ganadora.

Es irónico: tal vez en los setenta, cuando se estrenó El seductor, el espectador aún pudiese encontrar en el cine el morbo que no rascaba en su vida. Hoy, en medio del neoliberalismo rústico y su espesa oferta sexual, nos estamos volviendo unos reprimidos culturales. O peor: hemos dejado de reinventar las posibilidades del cuerpo. En seducción hemos desaprendido, es obvio -miren ahí a la gente en sus aplicaciones, llamando “tomar un café” al “echar un polvo”- y el sexo lo hemos cursado tanto que nos hastía. Quizá algún día, de nuevo, una risa. Quizá algún día, otra vez, la tensión dialéctica y las cartas boca abajo, en partida tirante y lenta. Mientras, contra la oquedad existencial, nos quedan las hamburguesas.

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