Hola, ¿qué estás buscando?

de resultados

No se ha encontrado ningún resultado

Ver más

El futuro es la inclusión: una niña de 15 años lo dibuja en 'Doodle 4 Google'

Redacción TO

Foto: Google
Google

“Personas distintas unidas para crear una comunidad en armonía” es la descripción que uno de los jueces del concurso Doodle 4 Google hace sobre el dibujo ganador de la edición de este año, en Estados Unidos.

Sí, hay un concurso para el Doodle del buscador y una niña de 15 años llamada Sarah Harrison se ha llevado el premio. El pasado viernes el dibujo estaba en la portada de Google Search para transmitir paz y armonía entre las personas de distintas religiones, razas, géneros y orientación sexual. Bajo el título Un futuro en paz, en el dibujo de Sara se aprecian esas diferencias en la raza, el género, las creencias religiosas o las habilidades de cada uno.


“Sueño con un futuro en el que todos estemos a salvo”

Esta niña, natural del estado de Connecticut, en Estados Unidos, recibirá 30.000 dólares de beca y un viaje a la sede de Google en Mountain View, California, para conocer a los responsables del dibujo que aparece cada día en el buscador, y del que ella ha formado parte, al menos por un día. Además, su colegio recibirá 50.000 dólares por la participación en este concurso. El resto de finalistas también disfrutarán de una beca de 5.000 dólares y acompañarán a Sara en su viaje a las instalaciones de la compañía americana.

Una niña de 15 años gana el concurso 'Doodle 4 Google'
Uno de los dibujos finalistas que también ha sido premiado. | Imagen: Google

Una niña de 15 años gana el concurso 'Doodle 4 Google' 1
Sostenibilidad y energía limpia fueron otros temas tratados en los dibujos de los finalistas. | Imagen: Google

La convocatoria de esta edición se lanzó en septiembre de 2016 entre los jóvenes estudiantes de Estados Unidos, bajo el lema “lo que ves en el futuro…”. “Mi futuro es un mundo en el que todos podamos aprender a amarnos a pesar de nuestra religión, género, raza, etnia o sexualidad”, dijo la ganadora a Google sobre su diseño. “Sueño con un futuro en el que todos estemos a salvo y aceptados, dondequiera que vayamos y seamos quien seamos”.

Reacción en las redes

Y parece que Sara Harrison no está sola en ese sueño. Los usuarios de las redes sociales han mostrado todo su apoyo al mensaje inclusivo de la creadora de este doodle.

El concurso anual que comenzó hace nueve años, elige al ganador por voto popular después de las valoraciones de un conjunto de jueces. En esta edición, el jurado estuvo compuesto por la medallista olímpica Simone Biles, la cantante Sia, o el anfitrión Jimmy Kimmel.

Algunos de los dibujos finalistas hacían referencia también a la sostenibilidad, a la inclusión de todas las identidades o a la urgente protección de especies en peligro de extinción.

Continúa leyendo: La traición

La traición

Laura Fàbregas

Foto: YVES HERMAN
Reuters

¿Qué pasa en Cataluña? ¿Cómo hemos llegado hasta aquí, y por qué los que no somos independentistas hemos tardado tanto en hablar?

La respuesta tiene que ver con el factor humano. Hemos tardado tanto en alzar la voz porque por mucho tiempo hemos sentido que formábamos parte de ellos: del mismo pueblo, no sé si un sol poble, pero sí un pueblo cívicamente unido. Hemos abandonado progresivamente el espacio público por temor al ostracismo o la muerte civil. A que nuestros más allegados pensaran que no éramos dignos de su confianza. Porque, digan lo que digan, la libertad más difícil no se ejerce ni contra el poder –en democracia, siempre algo abstracto y lejano– ni tampoco contra la publicidad. La libertad más difícil se ejerce contra los amigos. Contra los tuyos.

El sociólogo Émile Durkheim habló de “efervescencia colectiva” para explicar este fenómeno donde una sociedad comparte prácticas, hábitos y creencias como, por ejemplo, las Diadas. Durkheim ha sustituido a Montesquieu quien, probablemente, hoy sería un facha para la mitad de catalanes.

En Cataluña se han roto los valores de la ilustración. Los que hacen que un individuo pueda discrepar de los suyos a través de la razón independientemente de la compasión, el amor y las emociones que pueda sentir por ellos. Por eso tanta gente se sintió interpelada en la jornada del 1 de octubre al ver que una parte de los suyos recibía porrazos. Aunque pensara que eran ellos los que estaban equivocados. Como una madre que no quiere que metan a su hijo en la cárcel, aún sabiendo que es culpable. El valor está en decirle a su hijo que se ha equivocado, pero nadie discutiría el amor y lealtad de esa madre.

El nacionalismo destroza el terreno común que posibilita el debate, incluso entre familiares. Un liberal, un socialdemócrata e incluso un comunista pueden debatir sobre cuál es la mejor manera de generar riqueza y distribuirla. Un nacionalista no puede, porque aunque lo vista de racionalidad, el último eslabón de esta ideología apela a la parte emocional. Y si no estás con los tuyos, eres un traidor.

Continúa leyendo: Láinez, Lanza y los que le echan leña al fuego

Láinez, Lanza y los que le echan leña al fuego

Melchor Miralles

Foto: Youtube (CC)

Ha ingresado en prisión, como era de esperar, Rodrigo Lanza, ese canalla que se ha convertido en un homicida tras ejercer de mártir antisistema. Nieto de un almirante de Pinochet muy vinculado al dictador chileno, Lanza, de 33 años, dejó hace tiempo tetrapléjico a un policía autonómico catalán en el desalojo de una vivienda “okupada”, y fue condenado por ello a 5 años por el Supremo. El caso fue sonado y la investigación policial fue calamitosa, y dio pie al famoso documental Ciutat Morta, en el que participó activamente Lanza. Cuando fue encarcelado recibió el entusiasta apoyo de Pablo Iglesias, Ada Colau y otros líderes populistas, que ayudaron a convertirle en un icono de la extrema izquierda. Pero Lanza se ve que lo tenía claro. Ahora vuelve a la cárcel. Tras salir de la prisión por este caso, se instaló en Zaragoza, donde era muy conocido por su liderazgo radical antisistema. Lanza, apodado “El Rodri”, vaya usted a saber por qué, está acusado de la muerte a golpes de Víctor Laínez, que murió tras ser atacado el pasado viernes en un bar zaragozano por un grupo de radicales de extrema izquierda tan solo por llevar puestos unos tirantes CON los colores de la bandera de España.

Sorprenden las precauciones de Pablo Iglesias y otros líderes de la extrema izquierda al valorar el asesinato de Laínez. Iglesias dijo que “condenamos cualquier tipo de violencia”, que es una forma de no mojarse, de dejar a la libre interpretación de cada uno que quizá en función de quién sea la víctima y quién el verdugo Iglesias y otros ponen sordina a la condena del acto, lo cual me parece insólito y repugnante. Por no hablar de las bazofias que, como siempre, se han leído sobre el caso en las redes sociales. Es terrible que alguien pueda apalear hasta la muerte a otro ser humano por el color de los tirantes que lleva, por cualquier motivo ideológico. Resulta más contradictorio aún, y creo que debe llevar a una reflexión profunda de buena parte de la izquierda española, que pueda llegarse a ese límite el odio a quien piensa de modo diferente a uno. La violencia es inaceptable, se vista del traje que se vista, la ejerza quien la ejerza y sea quien sea la víctima.

Quienes han visto a Lanza como un héroe digno de elogio debieran censurar sin matices su comportamiento, y reflexionar sobre cómo es posible que haya legado a este límite. Porque es de esperar que jamás vuelva a suceder nada parecido, con nadie. Y algunos alimentan comportamientos violentos con su discurso político extremista. El único responsable del asesinato de Láinez es el autor material del mismo, pero cuando se le echa leña al fuego se sabe lo que sucede. Y hay demasiados que han echado leña a este fuego en muchos lugares de España. Ojala no vuelva a repetirse

Continúa leyendo: El gran poder de China pasa por su nueva Ruta de la Seda

El gran poder de China pasa por su nueva Ruta de la Seda

Luís Torras

Foto: JASON LEE
Reuters

Desde 2012, China ha avanzado con paso firme convertirse en una Gran Potencia con influencia real sobre la comunidad internacional, capaz de controlar sus intereses domésticos y los regionales.Uno de los grandes ejes de esta política exterior es el llamado One Road, One Belt: una ambiciosa empresa de colaboración internacional para impulsar infraestructuras y el desarrollo económico a lo largo de la amplísima región euroasiática. Un proyecto que alumbra una China más abierta, colaborativa e integrada en la economía global con las nuevas oportunidades y amenazas que esto supone.

A lo largo de la historia, China ha tenido una actitud ambivalente con respecto al comercio exterior. Dinastías como la Yuan (Mongoles), que dominó el destino de China durante los siglos XIII y XIV (1279-1368), fue relativamente plana, abierta y permeable para con el intercambio cultural. Estos serán los tiempos de Marco Polo, donde los dominios del entonces emperador Kublai Kan se extendían desde el norte de Manchuria hasta la orilla misma del Danubio. Tiempos de comercio e impulso tecnológico que culminará con los viajes por el Índico del marino Zheng He iniciados en 1371 e interrumpidos de forma repentina en 1433 por motivos políticos. Durante estos años de apertura, China parecía olvidarse de su Gran Muralla, que durante tanto tiempo había sido barrera de protección y muro de aislamiento, como recuerda la historiadora Julia Lovell.

Esta visión aperturista no será la tónica general. Con la llegada de la dinastía Ming, China alcanzará su zénit, pero también iniciará su declive. Poco antes de la interrupción de los viajes de ultramar del marino Zheng He, el gran Emperador Yongle trasladará la capital del imperio de la comercial Nankín a Pekín, más al norte, y mandará construir la Ciudad Prohibida (1401), que durante los siglos sucesivos aislará tremendamente al emperador de su pueblo. Se iniciaba así un largo proceso de anquilosamiento institucional que irremediablemente conducirá de forma irremediablemente al retraso económico. China se cerraba en sí misma favoreciendo un modelo vertical, jerarquizado, condenando al ulterior potente Imperio celeste a merced de potencias extranjeras hasta bien entrado el siglo XX.

Mapa de la influencia Mongol en los s. XIII y XIV. | Fuente: World Economic Forum

La historia volverá a tener un importante punto de inflexión en 1949, cuando los comunistas liderados por Mao Zedong recuperaron la soberanía y la unidad de China de nuevo. El Partido Comunista se convertía de facto en una nueva dinastía, marxista, no feudal, en la que, como en el pasado, coexistían elementos más reformistas y aperturistas con elementos más autoritarios. En 1978, con el advenimiento de Deng Xiaoping, China iniciaba (por fin) un nuevo ciclo de prosperidad, el más importante de su historia, iniciando una importante reforma pro-mercado y una decidida apertura al exterior. Unos cambios fundamentales que se sitúan en la base del crecimiento económico de los últimos años, y catalizador de los anhelos de China de influir en los asuntos del mundo. 

China no tiene la ambición de ser una potencia global; sí de afianzar su posición como potencia regional y recuperar su antigua área de influencia. La Nueva Ruta de la Seda es una pieza estratégica central para cumplir esta visión y por la que China busca asegurar, por mar y tierra, el acceso a mercados claves tanto para el abastecimiento de materias primas como para dar salida a sus mercancías. Para comprender la importancia estratégica que tiene para China “connecting the dots”, en feliz expresión de Steve Jobs, es importante aproximar (aunque sea de manera somera), la muy diferente y desigual situación geoestratégica de partida del gigante asiático en comparación a Estados Unidos.

Estados Unidos tiene dos salidas estratégicas al mar, cuenca Atlántica y Pacífica, además de ejercer una gran influencia en el mar del Caribe. Únicamente tiene fronteras con dos países, Canadá y México, sobre los que, además, ejerce una gran capacidad de influencia, y cuenta con suficientes recursos hídricos y superficie disponible para la agricultura para garantizar su seguridad alimentaria y, también, de forma creciente, el suministro de energías primarias. China, por su parte, concentra una quinta parte de la población mundial y sólo tiene un 6% de la tierra cultivable (una parte muy importante del país es desierto), con amplías zonas con un importante estrés hídrico. Estos condicionantes hacen que el país sea crecientemente dependiente del exterior en el crítico capítulo alimentario y también en el energético. China tiene una sola salida al mar y unas complejísimas fronteras con hasta 14 países diferentes, donde se incluyen potencias nucleares como Corea del Norte, India, Pakistán o Rusia, además de tener cerca de sus costas a dos importantes aliados de EE UU, Corea del Sur o Japón, lo que da lugar a frecuentes conflictos territoriales. Una situación muy compleja para un gigante en edad de crecimiento. 

Al margen de asegurar el acceso a mercados estratégicos, la nueva Ruta de la Seda quiere ser un elemento para la cooperación internacional y la estabilidad en el área de influencia china. Uno de los factores clave de éxito de las reformas en los últimos años ha sido la gran habilidad de Pekín para forjarse un entorno relativamente favorable. Xi Jinping, el líder más destacable del panorama político actual (con diferencia), es buen conocedor de las lecciones de la historia y ha intensificado como ningún otro líder chino una intensa agenda internacional que le ha llevado a establecer relaciones con prácticamente todos los países de la región. La diplomacia china ha sabido tejer alianzas y complicidades con potencias regionales menores pero también con la Rusia de Putin, la Turquía de Tayyip Erdogan, o, recientemente, también con los Estados Unidos del siempre polémico Trump.

La Nueva Ruta de la Seda incorpora un mensaje de compromiso con la colaboración internacional y el comercio –un mensaje especialmente claro en los últimos encuentros en Davos–, lo que, paradojas de la vida, ha convertido a China en uno de los principales y más estables pilares de defensa de la globalización en un momento caracterizado por el auge del populismo en Occidente y el cuestionamiento de los pilares sobre los que se asienta el progreso de las últimas décadas. Un compromiso que incorpora un vector educacional y para con el bienestar social en una concepción holística del crecimiento económico, muy propia del pensamiento chino. Un enfoque diplomático amplio, que rara vez se circunscribe a un aspecto específico, sino que busca el equilibrio largo plazo en el conjunto de las relaciones internacionales.

Fuente: World Economic Forum
Fuente: MacKinder, The Geographical Journal (1904).

A cambio, China gana influencia regional, y afianza su posición de potencia global (ahí están los mapas de MacKinder), lo que puede conllevar importantes dividendos en clave doméstica. China necesita diversificar sus mercados para la exportación, algo fundamental para favorecer un soft landing que resuelva los problemas de sobrecapacidad que arrastra el país en muchos sectores, al tiempo que garantizar el suministro de fuentes de energía primaria y comida. El esquema de estos proyectos es siempre el mismo: China, a través de sus instituciones estatales de crédito, financia proyectos en países menos desarrollados para impulsar carreteras, trenes, puertos y otras infraestructuras básicas. A cambio, estos proyectos son desarrollados por contratistas chinos; que, luego, pasan a estar controlados (de una manera u otra) por la propia China. Un proyecto global con marcado liderazgo chino y características chinas (también por lo que hace a los estándares de contratación y transparencia). El gran reto de todo lo anterior: la financiación. Esta por ver hasta que punto las finanzas chinas serán capaces de impulsar todos estos macro proyectos sin dañar la solvencia de sus finanzas públicas.

Sin infraestructuras, difícilmente es posible el desarrollo económico. China necesita asegurar el progreso económico en los países de su entorno y área de influencia como piezas esenciales para su propio crecimiento (de nuevo, esta visión de gran angular tan propia de la manera de pensar china). La nueva Ruta de la Seda lanza un potente balón de oxigeno al eje euroasiático, lo que alumbra un escenario global con poderes globales más diluidos, más heterogéneo, más equitativo en términos geopolíticos, y con un cada vez mayor regusto chino. China lanza así una visión más organicista del mundo que buscar reforzar el eje comercial más importante del mundo durante siglos como señala el historiador Peter Frankopan en su imprescindible The Silk Roads, retornando, también, a una china más horizontal y abierta al mundo. Habrá que estar atentos.

Artículo publicado originalmente en el World Economic Forum en español.

Continúa leyendo: El futuro tendrá robots tan inteligentes emocionalmente como nosotros y no pasará nada

El futuro tendrá robots tan inteligentes emocionalmente como nosotros y no pasará nada

Rana Kaliouby

Foto: Murad Sezer
Reuters

Viajemos al futuro. Exactamente al año 2030. Una fecha en la que se espera que los humanos ya no seamos los únicos seres con inteligencia, sino que será la época de las máquinas inteligentes. La inteligencia artificial ya no se verá como una posible innovación, sino como una tendencia dominante. Ya no será solo aquello que tienen en una medida limitada nuestros teléfonos o algunos buscadores como los de Google o Netflix. La inteligencia artificial será ya cognitivamente inteligente, capaz de calcular tareas complejas e incluso de aprender por sí mismo. También será emocionalmente inteligente, consciente de nuestros estados mentales, sociales y emocionales más diversos, e íntimamente familiarizado con nuestros estados de ánimo y nuestras preferencias.

Estamos en 2030 y nuestros dispositivos, nuestros vehículos, nuestros aparatos domésticos conectados y ropa tecnológica inteligente tienen un chip emocional integrado que detecta nuestros estados de ánimo a través de nuestras voces y gestos. Actualmente interactuamos con la tecnología de la forma en que interactuamos unos con otros: a través de la conversación, la percepción y la emoción.

Contrariamente a lo que los escépticos de la inteligencia artificial (IA) pronosticaron alguna vez, toda esta IA con capacidad de emoción ha aumentado nuestra humanidad y empatía por los demás. Y no, no todos estamos sin trabajo. De hecho, han surgido nuevas industrias. Hoy hay más trabajo por hacer que nunca; más problemas para resolver.

El futuro tendrá robots tan inteligentes emocionalmente como nosotros y no pasará nada 1
Una fábrica de robots humanoides. | Foto: Stringer/Reuters

Por ejemplo, mi hija: Jana acaba de cumplir 30 años, es socia de Nemit, una empresa de impacto social que aprovecha el poder de la IA empática para brindar igualdad de acceso a la educación y la asistencia médica a personas de todo el mundo. Nemit emplea a 1500 personas en 58 países. La empresa aplica la IA emocional, al extraer perfiles de datos emocionales de las personas para personalizar las experiencias educativas y rastrear el bienestar mental y emocional de las personas, y evitar las crisis de salud antes de que ocurran.

Asistentes virtuales desde pequeños

Actualmente, Jana vive en Londres. De hecho, acaba de aterrizar en Heathrow con un ojo rojo. Mediante el seguimiento de una variedad de señales visuales y vocales, su asistente virtual Zee detecta que está agotada. Zee conoce a Jana desde que era una adolescente, y hoy sigue a Jana a todas partes, pasando por los diversos dispositivos de Jana con todo el contexto de sus actividades diarias, estados de ánimo y recuerdos. Zee sugiere que el programa de Jana para el día es demasiado agitado y ofrece eliminar algunas reuniones de su calendario. Zee también se contacta con mi asistente virtual para avisarme que mi hija aterrizó bien.

Además, Zee recuerda mantener esa cita con Liam, amigo de la escuela desde hace mucho tiempo de Jana y jefe de Operaciones Globales de Nemit. Al encontrarse en el espectro autista, Liam no siempre tuvo una vida fácil. La escuela secundaria fue un verdadero esfuerzo ya que descubrió que las interacciones sociales eran arduas. Era inteligente, solía estar solo, incluso era hostigado debido a su falta de aptitud social. Pero ahora usa anteojos sensibles a las emociones, que aumentan su destreza social y emocional, al traducir las expresiones faciales y vocales de las personas a números y puntajes de probabilidad.

El futuro tendrá robots tan inteligentes emocionalmente como nosotros y no pasará nada
Una niña observa un robot. | Foto: Andy Wong/AP

La empatía es la base de los negocios de Jana. La empresa aplica los últimos desarrollos en IA emocional para medir e impulsar la empatía en su equipo y socios en todo el mundo. Un tablero de control mantiene un registro del pulso emocional de su equipo, e indica que los niveles de ansiedad se elevan en el equipo de Jordan, muy por encima de su base de referencia. Zee está allí, programando un viaje a Amman lo antes posible.

Además de garantizar que las personas de todo el mundo tengan acceso a la salud mental, los asistentes digitales virtuales pueden actuar como compañeros de aprendizaje, utilizando su conocimiento de lo que lo motiva e inspira, para ayudarlo a estudiar y aprender. De esta manera, la IA podría usarse para crear condiciones equitativas en la educación y ayudar a reducir las brechas socioeconómicas en todo el mundo.

Nuevos trabajos sobre ética

Pero donde hay ganancias, también hay trastornos: la IA ha automatizado muchas tareas, lo que ha provocado la eliminación de algunos trabajos. Pero también hay trabajos nuevos: ingenieros que entrenan, evalúan y operan estos sistemas de IA. Los conductores de camiones, que alguna vez temieron que la nueva tecnología los dejara sin empleo, en la actualidad operan cada uno 100 camiones autónomos desde la comodidad de sus salas de estar. Hoy existen nuevos tipos de empresas de consultoría, muchas de las cuales ofrecen cursos de capacitación sobre cómo trabajar junto a los robots. En una sociedad que se preocupa acerca de si la IA se implementa de manera ética, existen nuevas oportunidades para los expertos en ética de la IA y los defensores de la justicia social.

En 2030, la inteligencia artificial emocional ha transformado no solo la manera en que interactuamos con la tecnología, sino lo que es más importante, cómo nosotros, como humanos, interactuamos unos con otros. La empatía es nuevamente el centro de cómo nos conectamos y nos comunicamos. De hecho, son las empresas y las personas las que trabajan para construir un manto de empatía en sus interacciones con los demás, en lugar de centrarse en la eficiencia o el resultado final, que están dando forma al futuro.

_

Artículo publicado originalmente en el World Economic Forum en español.

TOP