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El futuro tendrá robots tan inteligentes emocionalmente como nosotros y no pasará nada

Rana Kaliouby

Foto: Murad Sezer
Reuters

Viajemos al futuro. Exactamente al año 2030. Una fecha en la que se espera que los humanos ya no seamos los únicos seres con inteligencia, sino que será la época de las máquinas inteligentes. La inteligencia artificial ya no se verá como una posible innovación, sino como una tendencia dominante. Ya no será solo aquello que tienen en una medida limitada nuestros teléfonos o algunos buscadores como los de Google o Netflix. La inteligencia artificial será ya cognitivamente inteligente, capaz de calcular tareas complejas e incluso de aprender por sí mismo. También será emocionalmente inteligente, consciente de nuestros estados mentales, sociales y emocionales más diversos, e íntimamente familiarizado con nuestros estados de ánimo y nuestras preferencias.

Estamos en 2030 y nuestros dispositivos, nuestros vehículos, nuestros aparatos domésticos conectados y ropa tecnológica inteligente tienen un chip emocional integrado que detecta nuestros estados de ánimo a través de nuestras voces y gestos. Actualmente interactuamos con la tecnología de la forma en que interactuamos unos con otros: a través de la conversación, la percepción y la emoción.

Contrariamente a lo que los escépticos de la inteligencia artificial (IA) pronosticaron alguna vez, toda esta IA con capacidad de emoción ha aumentado nuestra humanidad y empatía por los demás. Y no, no todos estamos sin trabajo. De hecho, han surgido nuevas industrias. Hoy hay más trabajo por hacer que nunca; más problemas para resolver.

El futuro tendrá robots tan inteligentes emocionalmente como nosotros y no pasará nada 1
Una fábrica de robots humanoides. | Foto: Stringer/Reuters

Por ejemplo, mi hija: Jana acaba de cumplir 30 años, es socia de Nemit, una empresa de impacto social que aprovecha el poder de la IA empática para brindar igualdad de acceso a la educación y la asistencia médica a personas de todo el mundo. Nemit emplea a 1500 personas en 58 países. La empresa aplica la IA emocional, al extraer perfiles de datos emocionales de las personas para personalizar las experiencias educativas y rastrear el bienestar mental y emocional de las personas, y evitar las crisis de salud antes de que ocurran.

Asistentes virtuales desde pequeños

Actualmente, Jana vive en Londres. De hecho, acaba de aterrizar en Heathrow con un ojo rojo. Mediante el seguimiento de una variedad de señales visuales y vocales, su asistente virtual Zee detecta que está agotada. Zee conoce a Jana desde que era una adolescente, y hoy sigue a Jana a todas partes, pasando por los diversos dispositivos de Jana con todo el contexto de sus actividades diarias, estados de ánimo y recuerdos. Zee sugiere que el programa de Jana para el día es demasiado agitado y ofrece eliminar algunas reuniones de su calendario. Zee también se contacta con mi asistente virtual para avisarme que mi hija aterrizó bien.

Además, Zee recuerda mantener esa cita con Liam, amigo de la escuela desde hace mucho tiempo de Jana y jefe de Operaciones Globales de Nemit. Al encontrarse en el espectro autista, Liam no siempre tuvo una vida fácil. La escuela secundaria fue un verdadero esfuerzo ya que descubrió que las interacciones sociales eran arduas. Era inteligente, solía estar solo, incluso era hostigado debido a su falta de aptitud social. Pero ahora usa anteojos sensibles a las emociones, que aumentan su destreza social y emocional, al traducir las expresiones faciales y vocales de las personas a números y puntajes de probabilidad.

El futuro tendrá robots tan inteligentes emocionalmente como nosotros y no pasará nada
Una niña observa un robot. | Foto: Andy Wong/AP

La empatía es la base de los negocios de Jana. La empresa aplica los últimos desarrollos en IA emocional para medir e impulsar la empatía en su equipo y socios en todo el mundo. Un tablero de control mantiene un registro del pulso emocional de su equipo, e indica que los niveles de ansiedad se elevan en el equipo de Jordan, muy por encima de su base de referencia. Zee está allí, programando un viaje a Amman lo antes posible.

Además de garantizar que las personas de todo el mundo tengan acceso a la salud mental, los asistentes digitales virtuales pueden actuar como compañeros de aprendizaje, utilizando su conocimiento de lo que lo motiva e inspira, para ayudarlo a estudiar y aprender. De esta manera, la IA podría usarse para crear condiciones equitativas en la educación y ayudar a reducir las brechas socioeconómicas en todo el mundo.

Nuevos trabajos sobre ética

Pero donde hay ganancias, también hay trastornos: la IA ha automatizado muchas tareas, lo que ha provocado la eliminación de algunos trabajos. Pero también hay trabajos nuevos: ingenieros que entrenan, evalúan y operan estos sistemas de IA. Los conductores de camiones, que alguna vez temieron que la nueva tecnología los dejara sin empleo, en la actualidad operan cada uno 100 camiones autónomos desde la comodidad de sus salas de estar. Hoy existen nuevos tipos de empresas de consultoría, muchas de las cuales ofrecen cursos de capacitación sobre cómo trabajar junto a los robots. En una sociedad que se preocupa acerca de si la IA se implementa de manera ética, existen nuevas oportunidades para los expertos en ética de la IA y los defensores de la justicia social.

En 2030, la inteligencia artificial emocional ha transformado no solo la manera en que interactuamos con la tecnología, sino lo que es más importante, cómo nosotros, como humanos, interactuamos unos con otros. La empatía es nuevamente el centro de cómo nos conectamos y nos comunicamos. De hecho, son las empresas y las personas las que trabajan para construir un manto de empatía en sus interacciones con los demás, en lugar de centrarse en la eficiencia o el resultado final, que están dando forma al futuro.

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Artículo publicado originalmente en el World Economic Forum en español.

Continúa leyendo: Inteligencia artificial, o los robots que nos pueden quitar el trabajo

Inteligencia artificial, o los robots que nos pueden quitar el trabajo

María Hernández

Cada vez que aparece un avance tecnológico que parece ser capaz de hacer el trabajo de un humano, nos echamos las manos a la cabeza. En numerosas ocasiones a lo largo de la historia, el ser humano se ha sentido amenazado por el avance de la tecnología y por el miedo a que esta nos sustituya. Y esto es un poco lo que está pasando con la inteligencia artificial.
Poco a poco vamos viendo cómo hay trabajos que pueden ser llevados a cabo por robots, que ya han superado las transacciones simples y cada vez pueden desarrollar ocupaciones más complicadas. Pero, ¿cuáles son los trabajos que la inteligencia artificial puede hacer desaparecer? ¿Qué puestos están en peligro?

Robots oficinistas

Probablemente, los primeros puestos que realmente se verán afectados por esta nueva tecnología sean los llamados “trabajos de cuello blanco”, es decir, aquellas tareas semiprofesionales o profesionales de oficina, administración y ventas, que no requieren un trabajo manual.
En Japón, la empresa de seguros Fukoku Mutual Life Insurance ha querido probar los beneficios de esta tecnología, y para ello va a sustituir a 34 administrativos, cuya labor era escanear documentación de registros hospitalarios, por una plataforma de inteligencia artificial. A pesar del elevado coste que supone este cambio, la empresa espera recuperar la inversión en los próximos dos años. Además, están seguros de que esto aumentará la productividad alrededor de un 30%.

Así se podrán quedar muchas oficinas con la llegada de la inteligencia artificial. (Foto: Alpha/Flickr).
Así se podrán quedar muchas oficinas con la llegada de la inteligencia artificial. (Foto: Alpha/Flickr).

También se ha unido al uso de la inteligencia artificial el Centro Médico de la Universidad de California San Francisco, que utiliza un programa robótico para monitorear la medicación de los pacientes, y hasta ahora este sistema no ha cometido ningún error.

“Cada vez son más las empresas que quieren ahorrar en costes y mejorar la productividad empleando robots”

Cada vez son más las empresas que quieren ahorrar en costes y mejorar la productividad empleando robots y programas de inteligencia artificial, pero no tenemos por qué preocuparnos, porque muchos expertos creen que en un futuro cercano los cambios serán suaves. La revolución de los robots tardará aún en llegar.

¿A quién puede sustituir la inteligencia artificial?

Pero aunque la inteligencia artificial aún vaya a tardar un poco en formar parte de nuestra vida diaria, parece que esta revolución ya está empezando a tomar forma. Porque no son solo los trabajos de oficina los que la inteligencia artificial podrá desarrollar en un futuro. Otras profesiones, que muchos pensamos que necesitan la inteligencia humana para existir, también pueden ser llevadas a cabo por robots. Quizá en un futuro no muy lejano, los robots sean tan comunes que no nos sorprenda verlos en casa, en un restaurante o incluso haciendo la compra en un supermercado.
Un buen ejemplo de ello es el primer robot de cocina completamente automatizado que la compañía británica Moley lanzará en 2018. Este robot será como un cocinero personalizado, porque no solo podrá cocinar más de 100 recetas, sino que además limpiará una vez haya acabado. Además, este “chef” será capaz de preparar platos realmente elaborados para los que se necesita mucho más que mezclar o cortar los ingredientes.

Los robots de cocina avanzan hasta convertirse casi en chefs. (Foto: Moley Robotics).
Los robots de cocina avanzan hasta convertirse casi en chefs. (Foto: Moley Robotics).

De momento solo será posible utilizar este invento en las cocinas de nuestras casas (al menos, el que se lo pueda permitir) pero, ¿quién sabe si algo así llegará algún día a los restaurantes del mundo? Al ritmo que van estos avances, nadie nos asegura que en un futuro no sea un robot el que cocine todo lo que comemos.
Y la inteligencia artificial va todavía más allá: ¿subirías a un avión sin piloto? Debido al hecho de que alrededor de la mitad de los accidentes aéreos se producen a causa de errores humanos, cada vez es más común el pensamiento de que los aviones pilotados automáticamente serían una buena solución para evitar muchos problemas y, además, abaratar costes.

“El avión, a pesar de volar solo de un lugar a otro, estaría supervisado por un piloto en alguna oficina a miles de kilómetros de distancia”

El avión, a pesar de volar solo de un lugar a otro, estaría supervisado por un piloto en alguna oficina a miles de kilómetros de distancia. Así, las compañías se ahorrarían una gran cantidad de dinero en salarios, entrenamientos, seguridad social, hoteles y un largo etcétera.
Otro motivo que los defensores de esta idea apuntan es que los ordenadores han avanzado tanto que actualmente los pilotos rara vez tienen que tomar el control del avión. Por tanto, el uso de inteligencia artificial para manejarlos solo sería nuevo para los momentos del despegue y el aterrizaje, además de en situaciones extraordinarias o no planeadas.

La cabina de un avión podría no necesitar un piloto gracias a la inteligencia artificial (Foto:  Paulo Whitaker/Reuters).
La cabina de un avión podría no necesitar un piloto gracias a la inteligencia artificial (Foto: Paulo Whitaker/Reuters).

Además, como reconoce la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos, los humanos y los ordenadores no son la combinación más segura. Los pilotos pueden a veces sentirse abrumados por el gran número de alarmas sonoras y visuales que suelen emitir los controles del avión durante una situación crítica, por lo que el resultado puede ser fatal.
No sabemos si llegaremos a ser pasajeros de esos vuelos sin piloto, pero lo que está claro es que la inteligencia artificial avanza a pasos agigantados y acabará llevando a cabo más trabajos de los que esperamos.

“Quizá el trabajo más sorprendente que están comenzando a desarrollar los robots es el de acompañantes”

Pero quizá el trabajo más sorprendente que están comenzando a desarrollar los robots es el de acompañantes. Sí, las compañías están empezando a crear robots cuya única función es hacerle compañía a todo aquel que, por cualquier motivo, se sienta solo. Por ejemplo, la compañía Intuition Robotics ha lanzado Elli.Q, un robot que está diseñado para usar diferentes tonos en una conversación, luces y lenguaje corporal para poder transmitir emociones. El objetivo principal de este especial acompañante es que todas aquellas personas mayores que se sienten solas dejen de estarlo.

No todo es sustituir, también hay que crear

Pero no todo es eliminar puestos de trabajo. La inteligencia artificial también necesita gente que la cree, la controle y la maneje. Por tanto, este avance tecnológico no solo sustituirá puestos de trabajo, sino que creará nuevos puestos a raíz de necesidades que hasta ahora no existían.
Por ejemplo, para que la inteligencia artificial funcione es necesario que exista gente que entienda sus algoritmos y sepa aplicarlos a otros campos. O personal que entienda sobre cómo “enseñar” a las máquinas para que puedan desarrollar esta tecnología.

También se necesita gente que cree y enseñe a estos robots (Foto: Peter Nicholls/Reuters).
También se necesita gente que cree y enseñe a estos robots (Foto: Peter Nicholls/Reuters).

Para trabajar en este campo, la mayoría de las veces es necesario contar con un nivel de estudios elevado, incluso con un doctorado. Sin embargo, para algunas ocupaciones, sobre todo en las relacionadas con las máquinas, un nivel de estudios inferior pero una gran cantidad de tiempo dedicado a la práctica puede ser suficiente.
Así que si eres una de esas mentes privilegiadas capaz de entender el complicado funcionamiento de esta tecnología, estás de suerte.

Quizá la inteligencia artificial tarde años en hacer todas estas funciones con las que muchos sueñan, quizá tarde muy poco, o quizá nunca llegue a ocurrir. No podemos predecir el futuro pero, desde luego, en la actualidad, esta tecnología está creando una pequeña revolución. Pero no hay que tenerle miedo al cambio, porque si hemos conseguido adaptarnos durante siglos, ¿por qué no lo vamos a hacer ahora también?

Continúa leyendo: Inteligencia artificial: el mito de las máquinas autoconscientes

Inteligencia artificial: el mito de las máquinas autoconscientes

Jorge Raya Pons

Foto: KIM KYUNG-HOON
Reuters

Garry Kasparov era un joven entusiasta y soberbio que no podía imaginar que enfrentándose a una máquina podía salir derrotado. Pusieron frente al tablero del ajedrecista ruso, en febrero de 1996, un ordenador IBM que prometía una tecnología nunca vista; aquella supercomputadora se permitía analizar hasta 100 millones de movimientos por segundo y había recibido el nombre de Deep Blue. Cuentan los cronistas que Kasparov se llevaba las manos a la cabeza, que su gesto altivo inicial se fue transformando en un gesto preocupado y que finalmente ganó la partida por un margen muy estrecho.

Los informáticos de la compañía estadounidense decidieron desafiarlo una vez más en junio de 1997 advirtiéndole de que el oponente, en esta ocasión, sería más poderoso; habían fabricado una versión más sofisticada, más inteligente, que doblaba la capacidad de su versión anterior. A este ordenador lo llamaron Deeper Blue y acabó venciendo al campeón ruso, instalando la tristeza en su oponente y la duda en los expertos del ajedrez, que no podían imaginar que un escenario como aquél fuera posible. ¿Y si una máquina se había convertido en el mejor ajedrecista del mundo?

Esta historia refleja esa competencia casi literaria que existe entre la inteligencia humana y la inteligencia artificial a través uno de los casos más sonados en los que el cerebro humano se ha visto derrotado por el procesador de una computadora. Han pasado 20 años desde entonces y la inquietud ha ido en aumento; la tecnología no ha dejado de avanzar, de agregar mejoras, y cada vez está más presente en nuestros trabajos y hogares. Una gran parte de esta tecnología funciona, sin nosotros saberlo, gracias a mecanismos de inteligencia artificial.

¿Y si la inteligencia artificial superase a la inteligencia humana?
La partida de 1997 entre Garry Kasparov y una computadora de IBM, televisada. | Foto: Kathy Willens/AP Photo

Cuando un GPS nos sugiere una ruta o un restaurante, estamos interactuando con inteligencia artificial. Cuando una página web nos ofrece una noticia, cuando nos enfrentamos al usuario automático en un videojuego, estamos beneficiándonos de ella. “Desde el momento en que una máquina tiene unos sensores o una cámara, algo que recibe información y que puede procesarla y tomar una decisión simulando o haciéndolo muy parecido a como lo hace una persona, se conoce como inteligencia artificial”, explica Sergio Escalera, profesor del máster de Inteligencia Artificial de la Universidad de Barcelona.

“Estamos progresando en simular la conciencia, pero lejos de conseguir que una máquina sea consciente de sí misma”

Existe una sensación alimentada por las ficciones de que la inteligencia artificial es un elemento distante, a veces peligroso, que avanza un futuro distópico donde los hombres se someten a las máquinas. Esta hipótesis, claro está, es un gran nutriente de novelas y películas, pero la actualidad desvela una realidad bien distinta, como asegura Escalera: “Estamos muy lejos de que las propias máquinas tomen decisiones para hacer cosas diferentes para las cuales han sido programadas”.

Y eso pese a que los investigadores y desarrolladores se esfuerzan para que una máquina se asemeje cada vez más a los humanos: en los movimientos que hacen, en las acciones que ejecutan, en la forma que tienen de tomar decisiones. Sin embargo, como recuerda el profesor, nos encontramos a años luz de conseguir que un ordenador tenga emociones, sea capaz de sentir y de sentirse, de cobrar una conciencia sobre su propio existencia, y este es un factor clave. “Todo está avanzando, pero la conciencia es un mito”, dice Escalera. “Estamos igual que hace 50 años. Estamos progresando mucho en simular la conciencia, pero muy lejos de conseguir que una máquina sea consciente de sí misma”.

“Cuando una máquina lee novelas, puede aprender de la semántica y generar conocimientos”

Con todo, la incapacidad de las máquinas para empatizar y emocionarse, como se encarga de recordar el experto, no guarda relación con una inutilidad para crear belleza o provocar emociones. Una de las funciones más interesantes de la inteligencia artificial es que dota a sus ordenadores de la capacidad de aprender; a partir de determinadas técnicas, las máquinas aprenden de sus propios errores, son capaces de rectificar y perfeccionar sus aptitudes. Pese a todo, los resultados son todavía pobres y nos encontramos en un estadio primigenio. En cualquier caso, esta circunstancia alimenta una pregunta: ¿Podría aprender una máquina los elementos esenciales de la belleza, pintar un cuadro, escribir un poema?

¿Y si la inteligencia artificial superase a la inteligencia humana? 1
Commerce Bot, una máquina de servicio al consumidor, funciona con inteligencia artificial. | Foto: Paul Hanna/Reuters

Escalera sostiene que sí, que un robot puede que no tenga conciencia de sí mismo, que no sea capaz de sentir emociones, pero sí de provocarlas; la falta de conciencia no equivale, pues, a una falta de creatividad. “Yo creo que esto es distinto”, continúa el profesor. “Una cosa son las emociones y la conciencia, que están muy ligadas a los humanos y los seres vivos, y otra la creatividad y la capacidad de decidir. Cuando una máquina lee muchas novelas, puede aprender de la semántica y generar nuevos conocimientos, y a eso se le puede llamar arte. De esto no estamos tan lejos. Pero eso lo habrá creado sin emociones y sin conciencia, de forma mecánica. Una máquina puede crear emocionar en los humanos”.

En último término, persiste la duda de si un ordenador puede superar en inteligencia a un ser humano. “Sin duda, la inteligencia artificial es más rápida”, dice Escalera. Sin embargo, esta parece todavía una comparación difícilmente sostenible; los parámetros a determinar no están claros y el cerebro sigue siendo un misterio insondable. Aunque esta circunstancia no impidió que Ray Kurzweilun, director del departamento de ingeniería de Google, situara en 2029 la fecha en que este adelantamiento se producirá.

Continúa leyendo: Japón robotiza los funerales y permite la asistencia sin bajar del coche

Japón robotiza los funerales y permite la asistencia sin bajar del coche

Foto: KIM KYUNG-HOONODO
Reuters

Una la empresa japonesa llamada Kankon Sosai Aichi Group ofrece a las personas la posibilidad de ir a un funeral sin bajarse de sus coches. Esta es una de las opciones que el mercado funerario pone sobre la mesa junto a los robots semiandroides, que sustituyen a sacerdotes budistas, y las tumbas virtuales.

La idea surgió debido a que la población japonesa envejece rápidamente y el número de fallecimientos anuales supera a los nacimientos. Cerca del 28% de los habitantes de Japón tiene más de 65 años y esta proporción pasará al 37,7% en 2050.

De modo que aquellas personas mayores o con discapacidades físicas que deseen ir a dar un último adiós a sus seres queridos pueden hacerlo gracias a la opción que da esta compañía funeraria que además les permite rezar a los difuntos y seguir la ceremonia.

¿Cómo se hace? Un trabajador de la funeraria llevará al puesto del estacionamiento una caja de incienso que se presenta a la persona que haya solicitado el servicio. Esta puede quedarse en su auto y realizar los gestos habituales de estas ceremonias, como tomar un poco de incienso y llevárselo a la frente antes de volverlo a dejar en la caja. Estos movimientos son filmados y retransmitidos en la sala del funeral.

“Las personas ancianas a veces dudan en asistir a las obsequias porque tienen que pedir ayuda para salir del coche”, justifica el presidente de Kankon Sosai Aichi Group, Masao Ogiwara, a AFP.

Japón robotiza los funerales y permite la asistencia sin bajar del coche 1
Foto: Kankon Sosai Aichi Group | AFP

El mercado funerario en Japón se evalúa en más de 1,7 billones de yenes por año (13.500 millones de euros).

En este sector, es posible encontrar otros originales servicios, como un robot semiandroide que sustituye a un sacerdote budista o una “tumba virtual”, una imagen del monumento funerario real que puede visitarse tantas veces como se quiera en la pantalla del ordenador o del teléfono móvil.

Además, ante la falta de espacio en los cementerios de la ciudad, se han habilitado unos edificios para albergar las cenizas de los difuntos. Después las personas que quieran honrar a sus allegados, se presentan en el edificio con una tarjeta magnética con los datos del difunto y la urna es trasladada de forma automática hasta un altar donde se puede rezar.

Continúa leyendo: Los robots están creando su propio lenguaje

Los robots están creando su propio lenguaje

Redacción TO

Foto: Paul Hanna
Reuters

El joven Igor Mordatch trabaja para que una máquina pueda mantener conversaciones. No es una idea extraña en Silicon Valley, donde esto es tendencia. Sin embargo, Igor Mordatch, que nació en Ucrania pero creció en Toronto, Canadá, no trabaja para que los robots interactúen únicamente con los hombres, sino para que puedan hacerlo también entre sí.

El ingenioso Mordatch no es tanto un lingüista como un experto en robótica y sus primeros pasos los dio en la animación digital trabajando en la producción de Toy Story 3, de Pixar, y en las universidades de Washington y Stanford. Pero ahora, a sus 31 años, desarrolla un proyecto en OpenAI —un laboratorio lanzado por seis emprendedores de la categoría de Elon Musk (cofundador de PayPal y creador de Tesla y SpaceX) o Sam Altman (inversor de riesgo de empresas como AirBnB) para impulsar investigaciones sobre inteligencia artificial— que construye un mundo virtual donde los robots aprenden a crear sus propios códigos, su propia lengua, para comprenderse, conversar y colaborar entre sí en labores particulares o colectivas.

Los robots están creando su propio lenguaje
Un grupo de robots en una feria navideña de Las Vegas. | Fuente: Jack Dempsey / AP

En este lugar, como explican en su último informe, los desarrolladores ensayan con pequeños juegos para que los robots aprendan a cumplir con determinados cometidos y que lo hagan participando en conjunto. Y si determinada tarea la realizan con éxito, son capaces de recordar el proceso que lo permitió. Pero si, por el contrario, fracasan en el esfuerzo, reconocen el error y no vuelven a repetirlo, una ventaja respecto al ser humano.

Por ejemplo, uno de los experimentos consiste en introducir a unos robots —representados por bolitas verdes, rojas y azules— en un cuadrado bidimensional y forzarlos a entenderse para trasladarse conjuntamente de un punto a otro del cuadrado. De este modo, un robot puede ordenarle a otro que se mueva de un punto A a un punto B sin que los investigadores intervengan, fomentando la comunicación directa entre ellos.

Los robots están creando su propio lenguaje 1
Un robot alemán preparando una pizza. | Fuente: Ingo Wagner / AFP

Con este proyecto, el objetivo ambicionado es que los robots comiencen con una comunicación muy sencilla, que se limite a explicarse dónde ir o a qué prestar atención, para poco a poco construir un idioma más sofisticado. Esta sofisticación, de hecho, requerirá de un diccionario para traducir la nueva lengua a un idioma humano, como el inglés o el castellano. Este escenario aparentemente imposible es una realidad, y muestra de ello es que un equipo de OpenAI ya trabaja en la elaboración de este diccionario que descifrará el vocabulario robot.

Las máquinas, con proyectos como éste, vivirán un cambio exponencial: llegados a este punto, pasarán a comprender, a interiorizar. Se trata de un paso previo al razonamiento de la información. La idea de Mordatch es innovadora y no sigue la línea de otras investigaciones que imitan el lenguaje humano. Porque aun sin ser lingüista, Mordatch sabe bien que el ser humano aprendió a comunicarse por necesidad, por supervivencia, y que con el paso de los siglos desarrolló por sí mismo lenguajes más o menos complejos. Es el camino que OpenAI persigue para los robots: que aprendan gestos y palabras con las que ayudarse y facilitar el trabajo a los humanos.

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