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El gran debate francés: Elecciones presidenciales 2017

Karem Pirela

Foto: PATRICK KOVARIK
Reuters

En la noche del lunes 20 de marzo se produjo un evento histórico en Francia: por primera vez, antes de la primera vuelta, los cinco candidatos favoritos para la elección presidencial de 2017 se reunieron en un plató de televisión para discutir sus programas de gobierno.

Un debate que duró alrededor de tres horas y que dispuso a los cinco personajes en un círculo para que cada uno pudiera confrontar a sus adversarios a la hora de tomar la palabra. La ardua tarea de la conducción estuvo en manos de Gilles Bouleau y Anne-Claire Coudray, ambos periodistas de la cadena TF1, encargada de organizar el encuentro. El mismo estuvo dividido en tres grandes partes que cubrieron básicamente los programas de gobierno de cada candidato, haciendo énfasis en temas como: el modelo de sociedad, el modelo económico y el papel de Francia en el panorama mundial.

Los candidatos emplearon su tiempo de intervención no solo para presentar su plan de gobierno sino para responder las preguntas y atacar a sus contrincantes. Marine Le Pen, Jean-Luc Mélenchon y Emmanuel Macron más de una vez intercambiaron fuertes críticas. Quien tuvo la participación menos activa fue François Fillon, candidato que durante las últimas semanas se ha visto envuelto en investigaciones por presuntos problemas de corrupción, tema que obviamente salió a relucir durante el debate.

El gran debate francés: Elecciones presidenciales 2017
Los candidatos (de izquierda a derecha): François Fillon, Emmanuel Macron, Jean-Luc Mélenchon, Marine Le Pen and Benoît Hamon, antes del debate organizado por el canal privado de TV TF1 en Aubervilliers. | Foto: Patrick Kovarik / Reuters.

Entre los primeros puntos discutidos destacaron la educación y la seguridad, a estos siguió la inmigración, uno de los tópicos más álgidos de la noche, sobre todo del lado de la candidata del Front National, Marine Le Pen, pues ella propone terminar con la inmigración, tanto legal como ilegal; restablecer las fronteras de Francia y así evitar la llegada de extranjeros que según Le Pen ganan – sin trabajar – 4 y 5 veces más de lo que ganaban trabajando en sus países de origen. Por su parte Jean-Luc Mélenchon propone acabar con las guerras, luchar contra ellas en su propio territorio con el fin de acabar con las razones que generan la migración.

Si bien las propuestas respecto a la participación de Francia en el panorama geopolítico son diferentes, entre ellas guardan ciertas similitudes. Para el candidato del Partido Socialista, Benoît Hamon, Francia debe tomar las riendas en la defensa de Europa, pues ya no cuentan con el eterno aliado, Estados Unidos. Le Pen, quien tiene en su programa de gobierno la salida del país de la Unión Europea, plantea el desarrollo de la industria militar como elemento esencial para garantizar la independencia de Francia, mientras que Mélenchon habla de romper los lazos con Estados Unidos y no seguir a esta nación en sus guerras. El terrorismo, el cual mantiene a Francia en alerta máxima desde el 2015, logra hacer coincidir a los candidatos, quienes proponen desde tomar medidas más fuertes y responsables hasta terminar los convenios con países como Qatar o los Emiratos Árabes Unidos.

Durante y luego de la finalización del debate las redes se llenaron de comentarios de apoyo a Jean-Luc Mélenchon, quien al parecer fue el ganador de la noche, seguido muy de lejos por Emmanuel Macron y Marine Le Pen.

Los candidatos en frases:

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Jean-Luc Mélenchon. Foto de Patrick Kovarik / Reuters.

“Seré el presidente de la paz”.
“Yo asumo una misión: entregar Francia a los franceses liberándola de la oligarquía”.

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Emmanuel Macron | Foto de Patrick Kovarik / Reuters.

“Propongo nuevas caras, traigo la esperanza”.
“Que Francia sea una oportunidad, una oportunidad para cada uno”.

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Marine Le Pen | Foto de Patrick Kovarik / Reuters.

“Yo quiero ser la Presidenta de la República Francesa, no la vice canciller de Merkel”.
“Independencia no quiere decir someterse a los tecnócratas de Bruselas”.

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Benoît Hamon | Foto de Patrick Kovarik / Reuters.

“¿Qué pueblo queremos ser el 7 de mayo en la noche?.. ¿Qué mensaje queremos enviar al mundo? ¿Paz? ¿Nacionalismo?”

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François Fillon | Foto de Patrick Kovarik / Reuters.

“Seré el presidente que colocará a Francia en el camino que la llevará a ser la primera potencia europea”.
“Vivimos en un mundo peligroso, con un presidente americano impredecible y una amenaza mortal: el yihadismo islámico”.

Save

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La vía Macron hacia el lepenismo

Antonio García Maldonado

Foto: Ludovic Marin/Pool
Reuters

El presidente francés Emmanuel Macron pronunció hace unos días un vibrante y ambicioso discurso sobre Europa ante estudiantes en La Sorbona. Propuso, en resumen, dar un impulso a la unión política y económica con un ministro de la zona euro, presupuesto común o mayor coordinación fiscal para acabar con la competencia desleal de algunos estados miembros como Irlanda. Música para los oídos de cualquier europeísta en esta época de ensimismamiento con el terruño. El día de su victoria, tan llena de gestos simbólicos hacia la UE, lo llamé aquí “primer presidente europeo”.

Sin embargo, he leído con preocupación los planes presupuestarios que su Gobierno presentó hace dos días. Bajadas de impuestos y recorte del gasto por 16 mil millones de euros con objeto de impulsar el crecimiento y bajar déficit y deuda. Nada hay que objetar a los recortes en gasto superfluo con un cuadro macroeconómico tan desequilibrado, pero gran parte de la tajada se lo llevan programas de vivienda, complementos salariales y empleo. No suena a gasto superfluo, sino a necesidades básicas. La respuesta del ministro de Economía ante las críticas fue muy representativa del momento que vivimos y del esquema ideológico predominante: “Más gasto público no lleva a menos paro”. ¿El gasto público tiene solo esa finalidad? ¿Ha de revertir como si fuera siempre una inversión?

El gasto público es, en muchas ocasiones, pura supervivencia, una dosis extra de certidumbre en un momento político crítico, en Francia y en el resto de Europa. La promesa de un crecimiento futuro para el que ahora nos sacrificamos y repartir después, la hemos visto y escuchado muchas veces estos años, pero aumentó la desigualdad, el capital se concentró y creció el malestar. Los trabajadores y los jóvenes votan hoy a Le Pen. ¿Volverán al redil de la racionalidad política a cambio de reformas que les proveerán trabajos precarios y menos protección social?  Soy muy escéptico.

Aunque esta no es la única propuesta preocupante y elocuente de Macron. Hace unas semanas se conoció que se flexibilizaba la negociación colectiva a favor de la empresa y que, desde ahora, las grandes compañías globales que operan en Francia podrán acordar expedientes de regulación de empleo acogiéndose exclusivamente a sus cifras de negocio locales, no globales. Más allá de las razones más o menos comprensibles con las que se defiende la medida, hay aquí una contradicción que ilustra bien hasta qué punto se impone el factor capital frente al trabajo: apelando a su carácter multinacional, una compañía hace ingeniería fiscal por todo el planeta para pagar menos impuestos en los países que gravan más su actividad (para repartir riqueza), y establece su esquema financiero, quizá con presencia en paraísos fiscales; pero se podrá olvidar de ese carácter multinacional y apelar al nacional cuando se trate de despedir con menos indemnización, así se tengan beneficios estratosféricos como compañía en su conjunto. Globalización selectiva y siempre viciada a favor de los mismos. Después nos preguntaremos alarmados por las razones del desencanto y nos angustiaremos al ver a Le Pen o a Mélenchon otra vez con opciones en una segunda vuelta.

Empiezo a pensar que hay una vía macronista al Frente Nacional, y ningún discurso brillante sobre Europa y su futuro me quita la preocupación.

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Por qué deben importarnos (y mucho) las elecciones en Alemania

Jorge Raya Pons

Foto: Stefanie Loos
Reuters

Las elecciones alemanas se celebran este domingo 24 de septiembre y es una de las citas electorales del año. La atención mediática es tímida en España y es difícil encontrar el motivo. Lo es si comparamos la cobertura que recibe en comparación con la carrera presidencial en Estados Unidos, el referéndum para salir de la Unión Europea en Reino Unido o la batalla entre el europeísta Emmanuel Macron y la euroescéptica Marine Le Pen en Francia.

Por esta razón, en The Objective lanzamos cinco preguntas y cinco respuestas para resolver no solo las claves sobre qué está en juego en Alemania, sino también para comprender por qué debe importarnos.

Por qué debe importarnos (y mucho) las elecciones en Alemania 1
Un cartel electoral en Berlín que pide el voto para Angela Merkel. | Foto:
Hannibal Hanschke/Reuters

¿Por qué estas elecciones merecen la atención de las estadounidenses o las francesas?

La respuesta a esta pregunta se puede solventar rápido: porque es la primera potencia europea y una de las economías más fuertes del mundo. Además, Pablo Simón, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Carlos III de Madrid y miembro fundador de la revista Politikon, añade: “Es importante porque es un elemento fundamental del método de integración europea”. Simón resalta que estas elecciones son particularmente decisivas en un contexto turbulento por motivo del Brexit, tras el cual “se está reconfigurando el poder dentro de Europa”.

En este sentido, la fuerza del eje franco-alemán es clave y la sintonía entre la canciller actual y candidata Angela Merkel y su homólogo francés parece evidente. La unidad de las dos grandes fuerzas europeas es fundamental para el futuro de la Unión. “Estas elecciones llegan en un año electoral que se presentaba negro para la Unión Europea tras el éxito del Brexit e incluso de Trump”, explica Pilar Requena, corresponsal de TVE en Alemania, antigua profesora asociada de Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid y autora del libro La potencia reticente. La nueva Alemania vista de cerca (Debate). “La extrema derecha tanto de Francia como de Holanda e incluso de Austria se sintió envalentonada. Hubo peligro de que ganase en Holanda y de que ganase en Francia, pero al final no se ha producido. Nos encontramos ante un panorama nuevo en Europa con un posible impulso de la Unión Europea y también de la Eurozona, y tienen que celebrarse las elecciones alemanas para que eso ya sea efectivo”.

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Un manifestante sostiene un cartel donde se lee ‘Angie no, gracias’, durante un meeting del CDU en Fritzlar. | Foto: Kai Pfaffenbach/Reuters

¿Qué partido es el favorito en las encuestas?

Los últimos sondeos dan como clara vencedora a Angela Merkel, líder de la Unión Cristianodemócrata (CDU) y su ala en Bavaria, la Unión Socialcristiana (CSU). “Merkel va a ganar por goleada”, anticipa Requena. De acuerdo con la encuesta publicada el pasado domingo por el diario Bild, Merkel lograría el 36% de los votos, por lo que se posicionaría 14 puntos por delante del Partido Socialdemócrata (SPD), encabezado por el ex presidente del Parlamento Europeo Martin Schulz, que obtendría el 22% de los votos.

La alarma llega con el que sería el tercer partido, según las encuestas: la extrema derecha de Alternativa por Alemania conseguiría el 11% de los votos. También obtendrían participación parlamentaria la izquierda de Die Linke (10%), los liberales del FDP (9%) y el ecologismo de Los Verdes (8%).

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Mariano Rajoy y Angela Merkel, en rueda de prensa. | Foto: Markus Schreiber/AP

¿Cómo afectaría a España y la UE la continuidad de Merkel?

Dado que la mayoría absoluta del CDU se da por descartada, la respuesta a esta pregunta tendría más que ver con las formaciones con las que decida aliarse Merkel. Simón cree que de repetirse una gran coalición –esto es, la unión de los democristianos y los socialdemócratas–, una hipotética vicepresidencia de Schulz permitiría una política menos restrictiva en materia económica a nivel europeo. En cambio, si el CDU se alía con los liberales –su socio natural– podrían endurecerse algunas exigencias, como el cumplimiento del déficit por parte de los Estados miembros. Requena agrega que, de la mano de Francia, Merkel empujaría hacia una gobernanza del euro y la unidad fiscal.

En cualquier caso, los dos expertos consultados coinciden en que España es vista con buenos ojos por parte de Merkel. “La sintonía entre Madrid y Berlín es total”, dice Simón. “Y lo es hasta cierto punto porque, pese a las pocas reformas estructurales que ha hecho el Gobierno de España, a Angela Merkel le conviene exhibir que hay un país del sur que cumple. Nos utilizan un poco –pese a que no hemos hecho gran cosa– para decir: ‘Veis cómo se pueden hacer cosas y volver a crecer y recuperarse’. Un poco para demostrar sus tesis. Nos beneficiamos de esa posición”.

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Una valla publicitaria del candidato socialdemócrata Martin Schulz. | Foto: Fabrizio Bensch/Reuters

¿Cómo afectaría a España y la UE una victoria sorpresiva de los socialdemócratas?

Requena responde con contundencia: “Esa posibilidad no existe”. Y continúa: “Se tendrían que equivocar de cabo a rabo las encuestas para que eso ocurriera. Es cierto que hay un número de indecisos mayor que en otras elecciones, pero no creo que lo estén tanto por los grandes partidos como por los pequeños. Remontar los 12, 13 ó 14 puntos que hay entre el CDU y el SPD es inviable”.

Además, incluye un factor profundamente cultural para que la hipótesis de un gobierno presidido por Schulz no se convierta en realidad: “No sería aceptable para los votantes alemanes que el que ha perdido con una diferencia de más de 10 puntos forme gobierno, aun si fuera posible matemáticamente”.

Simón cree que un gobierno de Schulz sería positivo: conllevaría una “suavización de las políticas en términos como los objetivos presupuestarios”. No obstante, recuerda que “las probabilidades de que se diera son tan bajas que no deberíamos preocuparnos demasiado”.

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Frauke Petry (derecha), candidata del partido ultraderechista Alternativa para Alemania, junto al excandidato Joerg Meuthen durante un acto de la formación en Stuttgart. | Foto: Wolfgang Rattay/Reuters

¿Hay un riesgo real de que la extrema derecha entre en el gobierno?

Todos los sondeos muestran que el partido ultraderechista Alternativa para Alemania entrará en el Parlamento, y –como destaca Requena– esto no ocurre desde la II Guerra Mundial. De producirse la gran coalición, este partido quedaría como líder de la oposición. En cualquier caso, sostiene que Merkel nunca formaría gobierno con los radicales.

Simón, por su parte, argumenta que esta opción es “harto improbable”, recordando que la propia Merkel lo ha comunicado públicamente. “Es un partido importante que en algunos länder han sido segundo partido, pero en el ámbito estatal no se plantea como un socio viable”, dice Simón. “Si no hubiera un abanico de alternativas, pues a lo mejor podríamos plantearnos si Merkel es sincera o no cuando lo dice. Pero habiendo tantas alternativas…”.

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El fin de los coches de gasolina y diésel, cada vez más cerca

Redacción TO

Foto: Mike Blake
Reuters

Los coches de gasolina y diésel tienen los días contados. Los elevados niveles de contaminación junto con la reducción de los costes de producción de los vehículos eléctricos está haciendo que cada vez más gobiernos se planteen eliminar del mercado los coches de gasolina y diésel.

Además, los coches eléctricos supondrán el mismo coste para el usuario que los vehículos de gasolina o diésel alrededor del 2020, según explicó el vicepresidente senior de vehículos eléctricos de Renault, Gilles Normand, en una entrevista. Por tanto, puede que llegue un momento en el que sean los propios clientes quienes se inclinen por este tipo de vehículos.

Francia

El 6 de julio de este año, el Gobierno de Francia anunció que quiere acabar con la comercialización de coches de diésel y gasolina para el año 2040, informó el ministro de la Transición Ecológica, Nicolas Hulot.

Aunque el gobierno admite que será una meta difícil de cumplir, especialmente para los fabricantes, considera que estos están preparados para asumir este cambio.

Un claro ejemplo de esto es cómo las empresas automovilísticas francesas Peugeot, Citroen y Renault se colocaron en 2016 a la cabeza de la lista de la Agencia Europea de Medioambiente de grandes fabricantes que generan menos cantidad de contaminantes.

Reino Unido

La contaminación se ha convertido en un grave problema en Reino Unido, donde ha causado una epidemia de enfermedades respiratorias, especialmente en niños. Por este motivo, el Gobierno británico también quiere unirse a la lucha contra la contaminación y el cambio climático eliminando los coches de gasolina de su mercado.

A finales del mes de julio, el ministro de Medio Ambiente, Michael Gove, anunció que la venta de automóviles con motores diésel y gasolina acabará en el año 2040.

¿Es el fin de los coches de gasolina y diésel? 2
Las gasolineras podrán desaparecer con la prohibición de la venta de coches de gasolina y diésel. | Foto: Caroline Spiezio/AP

El objetivo de esta medida es reducir la contaminación provocada por el dióxido de nitrógeno producido por este tipo de vehículos, ya que Reino Unido es uno de los países que recibió una advertencia de la Unión Europea por la mala calidad de su aire.

“No podemos seguir utilizando automóviles diésel y de gasolina, no solo por los problemas de salud que plantean sino que también porque sus emisiones significan una aceleración del cambio climático, dañan nuestro planeta y a las generaciones futuras”, dijo el ministro.

China

El mayor mercado del mundo del automóvil también puede sufrir un gran cambio en los próximos años. China prohibirá “en un futuro cercano” la venta de coches de diésel y gasolina, informó a principios de septiembre el viceministro de Industria y Tecnología de la Información, Xin Guobin.

En China ya se vende una gran cantidad de vehículos híbridos y eléctricos. Solo en 2016 se vendieron 507.000 unidades de este tipo de coches.

El ministro considera que las empresas “deberían esforzarse para mejorar el nivel de ahorro de energía de los coches tradicionales y desarrollar vigorosamente nuevos vehículos energéticos” pues asegura que estas medidas darán un “empuje a la industria automovilística de China”.

Tras varios meses de alianzas estratégicas en el sector automovilístico chino, sumadas a estas nuevas medidas, el país asiático pretende convertirse en el líder mundial del sector de los vehículos eléctricos.

Noruega

El país nórdico fue uno de los más adelantados en cuanto a la eliminación de los coches de diésel y gasolina del mercado.

Aunque la medida aún no ha sido aprobada definitivamente, la previsión es que la venta de estos vehículos esté prohibida en Noruega en 2025, según anunciaron en 2016 algunos representantes de la derecha del país.

Elon Musk celebró este anuncio a través de su cuenta de Twitter. “Acabo de oír que Noruega prohibirá la venta de coches de gasolina en 2025. Qué país más impresionante”, dijo el magnate americano, fundador de SpaceX y cofundador de Tesla.

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Casi un 25% de los coches de Noruega son eléctricos. | Foto: Rodrigo Garrido/ Reuters

Sin embargo, todavía existe controversia en torno a esta medida, ya que una parte importante de la economía noruega se basa en el petróleo, aunque casi un cuarto de los coches en este país ya son eléctricos.

Países Bajos

Igual que Noruega, los Países Bajos quieren prohibir la venta de coches de diésel y gasolina para el año 2025. En abril de 2016, el Partido del Trabajo impulsó una medida que fue apoyada por la mayoría de de diputados de la Cámara baja.

Aunque lejos del alto porcentaje de coches eléctricos que circulan por Noruega, los Países Bajos también cuentan con un elevado número de este tipo de vehículos, ya que casi un 10% de los coches que circulan por este país son eléctricos.

La implementación de esta medida supondrá que los coches de gasolina que aún estén circulando podrán seguir haciéndolo hasta su completa avería, pero no se podrán fabricar ni vender más vehículos con este tipo de motores.

India

Los alarmantes niveles de contaminación en uno de los países más poblados del mundo han llevado al Gobierno de India a tomar medidas. En el año 2030, este país no venderá coches movidos por gasolina o diésel, anunció el ministro de Energía, Piyush Goyal, en el mes de mayo.

“Vamos a introducir vehículos eléctricos a gran escala. Vamos a fabricar vehículos autosuficientes. La idea es que para 2030 no se venda ni un solo coche diésel ni de gasolina en el país”, dijo el ministro.

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India tiene un grave problema con la contaminación producida por la gran cantidad de coches que circulan en sus carreteras. | Foto: Stringer/ Reuters

Sin embargo, la contaminación no ha sido el único motivo de India para prohibir la venta de estos vehículos, sino que los costes que implican la importación de combustible han tenido también una gran influencia en esta decisión.

España

El Gobierno de España no ha anunciado ninguna medida similar a la de países como Francia o Reino Unido respecto a los coches de diésel y gasolina, pero sí lo ha hecho el Ayuntamiento de Madrid, aunque con medidas mucho menos ambiciosas.

En diciembre de 2016, la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, anunció que en el año 2025 los coches con motores diésel desaparecerán de la capital.

La medida se incluye dentro de un pacto alcanzado con París y Ciudad de México durante la Cumbre de Alcaldes y también cuenta con medidas para incentivar el uso de vehículos alternativos, mejorar las infraestructuras para las bicicletas e incentivar los desplazamientos a pie.

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Haréis de mí un extranjero

Juan Claudio de Ramón

Foto: SUSANA VERA
Reuters

La secesión en democracia es el mayor de los pecados.

Michael Ignatieff

Tengo –tenemos– dificultades para hacer entender a mucha gente la gravedad de cuanto sucede en Cataluña. La dificultad es considerable con el español del resto del Estado, que no sospecha que hay en marcha un golpe para sustraerle una amplia porción del ámbito geográfico donde se despliegan sus derechos de ciudadanía. La dificultad, en cambio, es máxima cuando se intenta hacer ver a los independentistas, que en muchos casos son conocidos, amigos o familiares nuestros, el verdadero sentido de la empresa que apoyan. Este no es otro que el de hacernos extranjeros al resto de los españoles. Ciertamente, si nosotros, sus amigos, sus familiares, sus conocidos, fuéramos esa fuerza de ocupación o colonizadora de la que a veces se habla, echarnos del territorio podría estar justificado. Pero no lo somos, ninguna mente sana puede sostener que lo seamos. Somos conciudadanos, iguales en obligaciones y derechos. Y quien pide el referéndum de independencia no pide ni más ni menos que esto: el derecho a decidir qué ciudadanos de tu comunidad se desea conservar y cuales pasarán a ser extranjeros. Es decir, una votación para quitar derechos a terceros, lo que no parece muy democrático.

Lo hemos dicho más veces. La democracia no es el acto de votar. La democracia es la extensión universal del estatuto pleno de la ciudadanía, y perdón por la autocita: «El programa democrático a lo largo de la historia ha sido este: el de anular situaciones de subalternidad —mujeres, pobres y esclavos— ampliando así el grupo de los ciudadanos revestidos de plenos derechos políticos y civiles. La abolición de la esclavitud, el sufragio universal masculino y femenino y la creación de los mecanismos de provisión de bienestar son hitos de ese programa. Democracia, insisto, es decir: en nuestra ciudad no hay ciudadanos de primera y de segunda; la lengua, el género, la raza o el nivel de ingresos no justifican diferencias en el catálogo de los derechos. Que este ideal se vea a menudo incumplido en la práctica no lo ha derribado como el ideal al que nos hemos atado».

Creo que esto se verá mejor si ponemos algunos ejemplos. En democracia, los ricos no tienen derecho a autodeterminarse de los pobres. Los hombres no tienen derecho a autodeterminarse de las mujeres. Los blancos no tienen derecho a autodeterminarse de los negros. Los heteros no tienen derecho a autodeterminarse de los gays. Los católicos o los musulmanes no tienen derecho a autodeterminarse de los ateos. Cualquier intento de estos grupos de segregarse políticamente sería acogido con estupor e indignación. Que tantas cabezas pensantes sean incapaces de aplicar la misma lógica a la posibilidad de que catalanes o vascos se autodeterminaran del resto de los españoles se debe a que mientras ya nadie cree que se deba discriminar por raza, renta, sexo, color de la piel o fe, todavía hoy es habitual pensar que se puede dividir a la población por razones de pertenencia nacional o etnolingüística. Porque se es “un pueblo”, se tiene derecho a la autodeterminación. Pero no. No está nada claro qué pueda significar en el siglo xxi el ectoplasmático concepto de “pueblo”, pero sea lo que sea, si vivimos en democracia, por encima ha de estar la ciudadanía común, que nadie tiene derecho a destruir.

Naturalmente, no aceptará mi razonamiento quien crea que tal ciudadanía común no existe, que catalanes y españoles pertenecemos a ciudadanías disjuntas. No es así: la ciudadanía es la misma. Elegimos representantes a los mismos órganos, y yo podría votar en Cataluña con tal de empadronarme allí, igual que un catalán podría votar en Madrid, como un madrileño más, trasladándose a Madrid. A ninguno nos pedirían el pasaporte para hacerlo, como ocurriría en Francia o en Estados Unidos. Esta ciudadanía compartida también se extiende al ámbito de los deberes. Parte de mi riqueza, que el Estado ha redistribuido en mi nombre al recaudar impuestos, también ha servido para financiar poderosas infraestructuras en Cataluña y me alegro de que así haya sido. La riqueza también se ha transferido en sentido opuesto, y así España se ha convertido, con los años, en un país más justo y próspero para un mayor número de personas. Porque esto va de personas y de relaciones entre personas. El “Estado” es eso: personas. Quien crea que se puede arrasar la institucionalidad de una soberanía compartida sin provocar también el derrumbe de la espesa trama de relaciones personales que ha crecido a lo largo del tiempo en ese suelo común se equivoca. Se equivoca a lo grande.

Os lo ruego. No nos hagáis extranjeros. No nos echéis del nosotros.

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