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El mensaje a Trump de los anuncios de la Super Bowl

Cecilia de la Serna

Es uno de los eventos deportivos más importantes todos los años. En 2017, además, al no haber Mundial de fútbol ni Juegos Olímpicos, es el más relevante de toda la temporada. Por ello, las grandes marcas siempre pagan auténticas millonadas por tener un hueco en las pantallas durante la retransmisión de la Super Bowl, la final de la competición de la NFL de fútbol americano. Y este año, tras la toma de posesión de Donald Trump y sus polémicas medidas migratorias, estos anuncios se han convertido en un mensaje claramente político. Al menos algunos de ellos.

Es el caso de, por ejemplo, Coca-Cola, Airbnb o Budweiser, cuyos spots han sido interpretados como declaraciones políticas. A pesar de que la Fox, cadena que retransmite el evento en Estados Unidos, y la propia NFL han tratado de evitar anuncios abiertamente políticos, el actual clima que vive el país tras las medidas de Trump ha empujado a estos gigantes a significarse en favor de aspectos como la inmigración o la diversidad.

Airbnb: #WeAccept

La empresa líder en alquiler de alojamiento vacacional, Airbnb, fue una de las que se posicionó contra la orden ejecutiva del presidente Trump que establecía un veto a la entrada de inmigrantes y refugiados de siete países de mayoría musulmana. Ahora, esta compañía ha querido dejar claro con su anuncio de la Super Bowl que es una empresa que aboga por la diversidad, mostrando rostros de varias razas y procedencias y lanzando el hashtag #WeAccept (“Nosotros aceptamos”). Este hashtag ha logrado convertirse en tendencia global durante el descanso del partido.

Coca-Cola: America the Beautiful

La famosa compañía de refrescos norteamericana Coca-Cola aboga también por la diversidad, en esta ocasión tirando de patriotismo. La marca ha resucitado uno de sus anuncios de la Super Bowl de 2014, que contaba con gente cantando una versión multilingüe de la archiconocida ”America the Beautiful”, una especie de segundo himno estadounidense. Aunque el anuncio no sea nuevo, que Coca-Cola haya decidido retomarlo es toda una declaración de intenciones.

Budweiser, crítica a Trump y boicot

La famosa cerveza norteamericana Budweiser se ha apuntado a la crítica velada a las medidas de Trump. Con su spot, Budweiser quiere contar la historia de su fundador, Adolphus Busch, un alemán que emigró a Estados Unidos en 1857 y al cual señalaban: “Tú no pareces de por aquí”. Este anuncio le ha valido un boicot en las redes sociales por parte de los partidarios del presidente republicano.

84 Lumber y la controvertida censura de Fox

El vendedor de materiales de construcción 84 Lumber ha lanzado un anuncio que ha sido censurado y editado a petición de la Fox. En él, una madre y su hija -que hablan español durante todo el anuncio- realizan la travesía hasta la frontera de México con Estados Unidos, en la que se encuentran con un gigantesco muro. Al final, logran traspasar ese muro y la marca cierra el spot con el siguiente eslogan: “La voluntad de éxito siempre es bienvenida aquí”. El anuncio íntegro sin censura puede verse en YouTube y ha conseguido una magnífica acogida en las redes.

A pesar de que las grandes marcas no suelen significarse políticamente, las medidas de Trump en torno a la inmigración están empujándolas a hacerlo también en marcos tan mediáticos como la Super Bowl. Las compañías más americanas le recuerdan a Donald Trump que la identidad de Estados Unidos reside, precisamente, en la diversidad de su gente.

Los New England Patriots ganan la Super Bowl

Foto: phil sears
AP

“Nosotros mismos lo trajimos de vuelta, nunca dejamos de creer”. Así celebró el capitán Tom Brady la victoria de los New England Patriots ante los Atlanta Falcons en la final de la Super Bowl, el espectáculo deportivo más grande de Norteamérica. El resultado de 34-28 cerró un partido para la historia que convierte a los Patriots en el cuarto equipo en alcanzar los cinco títulos nacionales.

Con el paso del medio tiempo saltó la sorpresa en Houston: el partido marchaba 3-25 tras un segundo cuarto portentoso de los Falcons y todo tuvo que resolverse en los momentos finales. Tanto es así que los Patriots forzaron la prórroga -hecho en sí relevante: nunca antes se había producido- y se pusieron por delante en una última acción que eleva al corredor James White al grado de leyenda.

La carrera definitiva de White consolida a los New England Patriots como mejor equipo de todos los tiempos y eleva, de este modo, los ánimos del presidente Trump: amigo personal del propietario de la franquicia, Robert Kraft, y aficionado del equipo.

Donald Trump contra el planeta

El presidente Johnny Gentle dio una orden clara y sin interpretaciones a todos sus funcionarios: las calles de América deben ser limpias porque en América los gérmenes no son bienvenidos. Gentle es un personaje real pero ficcionado por David Foster Wallace en La broma infinita y guarda una larga serie de atributos comunes con el presidente de piel rojiza, Donald J. Trump, enamorado de sí mismo y rehén de sus complejos, quien confesó sin tapujos y ante las cámaras que padece una fobia incontenible hacia las bacterias: un infierno en sí mismo para quien vive estrechando manos. Con Gentle comparte una fama construida en platós y escenarios, un carisma de hombre de fortuna que besa a las damas en los mercados y crea complicidad en el americano medio: yo soy quien tú querrías ser. Y si bien los dos viven aislados del polvo y los gérmenes, la sátira está servida, no les importa que la basura y los desechos se amontonen en el campo ajeno: para la historia –literaria– queda la Gran Concavidad, aquel vertedero del que nacieron leyendas y que Gentle terminó por entregar a la siempre complaciente Canadá.

La Torre Eiffel se iluminó de verde para celebrar el éxito del Acuerdo de París. (Jackie Naegelen/Reuters)
La Torre Eiffel se iluminó de verde para celebrar el éxito del Acuerdo de París. (Jackie Naegelen/Reuters)

Pero abandonando la ficción y sumergiéndonos en la realidad, tan decepcionante, encontramos que Trump es un quiste molar para el planeta: su escepticismo y arrogancia respecto al cambio climático pone en peligro el futuro del Acuerdo de París, el pacto históricamente más ambicioso en la lucha contra el calentamiento global. Lo firmaron 195 países –incluyendo Estados Unidos, China e India, los principales emisores de gases de efecto invernadero: todo un logro– y trata de limitar el aumento de la temperatura de la Tierra a 1,5 ó 2 grados centígrados de aquí a final de siglo –una locura irremediable, algo mejor que nada–.

Un acuerdo extraordinario salvo por la letra pequeña en el contrato: si el señor Trump decidiera archivar la transición hacia las energías renovables y descartar así toda posibilidad de recortar el ritmo actual de emisiones de dióxido de carbono, metano, etcétera, no tendría por qué abandonar el pacto –una actitud poco decorosa, a todas luces impopular–, le bastaría con incumplirlo: el Acuerdo no contempla sanciones.

[El incumplimiento sería posible, por ejemplo, mirando hacia otro lado mientras sus empresas sobrepasan todos los límites de emisiones establecidos en Francia. O recortando la financiación de proyectos de apoyo a las energías limpias en países tan contaminantes como India, altamente dependiente del carbón, que no cuentan con medios propios para renovar un sector energético que debe abastecer a una industria cada vez  más grande].

Así que Trump buscó un hombre dispuesto a ensuciarse las manos.

Caballo de Troya

Donald Trump es el presidente heterodoxo que defrauda a sus rivales: el magnate comete la extravagancia de cumplir cada una de sus promesas. Con la elección de Scott Pruitt, Trump no enseñó su mano sino la baraja: escoger a Pruitt para dirigir la Agencia para la Protección del Medio Ambiente es escoger al lobo feroz para cuidar de Caperucita.

Scott Pruitt, un negacionista climático, será el hombre de Trump para dirigir la oficina contra el cambio climático. (Nick Oxford/Reuters)
Scott Pruitt, un negacionista climático, será el hombre de Trump para dirigir la oficina contra el cambio climático. (Nick Oxford/Reuters)

Antes de regresar a la serenidad de una vida despreocupada, Obama dejó en herencia un programa llamado Clean Power Plan (Plan de Energías Limpias, en castellano), un rayo de luz en un país juzgado por su indiferencia. Se trata de un conjunto de medidas que persigue combatir el calentamiento global mediante la financiación de proyectos que impulsan el desarrollo de energías renovables en detrimento de las energías fósiles. Un planteamiento que lamentaron angustiosamente los sectores afectados, como el de Pruitt y sus amigos de Oklahoma, señores del petróleo, que apretaron los puños e iniciaron batallas judiciales –cuatro– que terminaron por fracasar en cada uno de sus intentos. Tuvieron que esperar meses, años, hasta encontrar un modo de hacerse valer: fue entonces cuando comenzaron a esculpir y dar forma a su caballo de Troya, que con el tiempo fue cobrando la silueta del senador Scott Pruitt.

Tuvieron que esperar meses, años, para esculpir y dar forma a su caballo de Troya, que con el tiempo fue cobrando la silueta de Scott Pruitt.

El pasado martes –7 de febrero de 2017– Donald Trump, en una reunión con empresarios del sector del automóvil, manifestó que “el ecologismo está fuera de control”–aludiendo a un ecologismo desbocado más que a un ecologismo fuera de su radio de influencia–.

Horas después del encuentro, el presidente firmó dos órdenes ejecutivas para reanudar dos proyectos controvertidos que Obama detuvo en su momento y que la justicia podría congelar nuevamente. El primero de ellos, el Dakota Access, pretende abrir un conducto que traslade petróleo desde los yacimientos de Dakota hasta la (casi) vecina Illinois –atravesando el río Misuri y varias hectáreas veneradas por los sioux, que alargaron los dientes y se rebelaron con fervor contra la medida del hombre blanco; hoy en día siguen en pie de guerra, literalmente–.

Los manifestantes de Filadelfia se solidarizaron en diciembre con la comunidad sioux de Dakota del Norte. (Matt Rourke/AP)
Los manifestantes de Filadelfia se solidarizaron en diciembre con la comunidad sioux de Dakota del Norte. (Matt Rourke/AP)

Los sioux, que con mucho esfuerzo y tras años de disputa sobre el terreno y en los tribunales consiguieron la paralización de las obras, tuvieron un éxito inesperado por la imprudencia del propietario del suelo, el Cuerpo de Ingenieros del Ejército, quien autorizó la construcción del Dakota Access sin atender a las leyes federales de protección histórica.

El segundo, el Keystone XL, es un mastodonte de casi 2.800 kilómetros –como de Madrid a Varsovia– que conduciría petróleo de Alberta, Canadá, al golfo de México a un ritmo de 830.000 contaminantes barriles diarios. Los ecologistas, que se llevaron las manos a la cabeza, trataron de impedir la continuación de las obras y finalmente lo lograron: el conducto está a medio hacer y solo ha cubierto el 30% del recorrido previsto.

Escribió DFW que Johnny Gentle –ficción– fue el primer presidente en dar su discurso de investidura tomando el micrófono por el cable. Donald Trump, producto –real– del show business, ha demostrado ser un riesgo: ignorando todas las conclusiones científicas sobre el calentamiento global, anulando toda transición hacia las energías limpias, apostando, “como en los viejos tiempos”, por el carbón y el petróleo. Y sin embargo hay motivos para la esperanza: las posturas ecologistas crecen con fuerza en Estados Unidos y China se ha propuesto liderar la revolución energética internacional.

Aunque seguimos hablando de Trump.

Dos vidas después de Guantánamo

Dos amigos afganos estuvieron encarcelados juntos en Guantánamo, pero siguieron caminos opuestos tras su liberación: uno se convirtió en yihadista del Estado Islámico y otro se unió a la coalición liderada por Estados Unidos. Haji Ghalib y Abdul Rahim Muslim Dost, cuya amistad nació por una pasión compartida por la poesía, se conocieron tras una redada posterior a los atentados del 11-S en Estados Unidos, cuando fueron enviados a la prisión de Guantánamo, en Cuba.

Su caso es un ejemplo del legado de Guantánamo en la lucha contra el terrorismo. “Guantánamo es el peor lugar de la Tierra“, dice Ghalib, con su cara llena de arrugas, demasiadas para sus 49 años. “Cada día me hago las mismas preguntas: ¿Por qué me detuvieron? ¿Por qué arruinaron cinco años de mi vida? ¿Por qué no hay justicia ni compensación?”.

Porque Ghalib servía en la policía afgana en 2003 cuando fue sorprendentemente acusado de tener vínculos con grupos insurgentes. Lo enviaron a Guantánamo y tuvo que esperar hasta 2007 para que el ejército estadounidense concluyera que no era “miembro de Al Qaeda o de los talibanes”. Al ser puesto en libertad, Ghalib canalizó su resentimiento luchando no contra los estadounidenses sino contra aquellos a quienes llama los “enemigos reales de Afganistán”: los talibanes y el autoproclamado Estado Islámico.

Esto incluye a su antiguo amigo Muslim Dost, que salió de Guantánamo dos años antes que Ghalib y que ahora oficiales afganos y occidentales describen como uno alto comandante del Daesh en la provincia de Nagarhar.

Haji Ghalib estuvo cinco años encerrado en Guantánamo. (Foto: Noorullah Shirzada/AFP)
Haji Ghalib es un hombre de confianza para la alianza liderada por Estados Unidos. (Foto: Noorullah Shirzada/AFP)

El motor del sentimiento antiestadounidense

“Guantánamo es un semillero de terrorismo”, afirma Kako, de 35 años, que estuvo encarcelado junto a su primo Ghalib. “Guantánamo dio legitimidad a fanáticos como Muslim Dost”. Esta prisión tan señalada fue abierta en 2002 y desde entonces se ha convertido en uno de los principales motores del sentimiento antiestadounidense en los países musulmanes. Más si cabe si atendemos a que cerca de un cuarto del total de los detenidos son afganos, de los cuales la mayoría fueron reconocidos posteriormente como no combatientes arrestados por error o acusados injustamente por rivales locales o cazarrecompensas.

“La detención arbitraria es un factor decisivo en la conversión de muchos afganos a la insurgencia”, documenta el informe Kafka en Cuba, redactado por la Red de Analistas de Afganistán. Barack Obama, que prometió cerrar Guantánamo tras su elección como presidente en 2008, no fue capaz de hacer cumplir su promesa. Sin embargo, liberó a detenidos hasta los últimos días de su mandato. Esta situación podría cambiar con la llegada de Donald Trump, que amenaza con dar continuidad a la política de detenciones.

“Guantánamo es un semillero de terrorismo”

“Estados Unidos debería considerar Guantánamo como una necesidad, pero necesitan diferenciar entre los fundamentalistas y los patriotas”, dice Ghalib, que ahora es el jefe de distrito de Bati Kot, en Nangarhar, un mosaico de colinas y campos de naranjas y melones rodeado por bastiones de los talibanes y del Estado Islámico. Su lealtad a Estados Unidos está asegurada, pero le ha costado cara. Los talibanes mataron a su hermano hace tres años. Unas semanas después, colocaron explosivos alrededor de su tumba, donde solía acudir la familia de Ghalib para rezar, matando a 18 personas, incluyendo las dos esposas de Ghalib y varios de sus nietos.

Mientras Ghalib recibe a la agencia AFP en su fortificado cuartel, aparece su hijo mayor con malas noticias: han matado a otro familiar en una emboscada, a solo unos metros de la base. El hombre acababa de servir el te justo antes de salir. Ghalib hunde su cara entre las manos. “La gente como Muslim Dost quizá combata a los extranjeros, pero mata sobre todo a afganos”, lamenta. “Si algún día me lo cruzo en el frente, no saldrá vivo”.

Las falsas alarmas mediáticas más sonadas

Foto: Nicky Loh
Reuters

No es ninguna novedad: las malas noticias venden. Y, por ende, el alarmismo se impone en el panorama mediático. Hay momentos candentes en los que la prensa se centra de manera especial en un tema, que lo expone ante la opinión pública y lo viste de un pesimismo particular. A veces, los asuntos que copan la actualidad responden precisamente a eso, a la actualidad, y mantienen un tono verídico y sosegado -por muy malas que sean las noticias-. En otras ocasiones, esos asuntos son deliberadamente exagerados, y en ocasiones falsos.

La firma de finanzas GBS, principal entidad independiente de Investment Banking en la Península Ibérica, ha lanzado el libro Another Point Of View con ocasión de su 25 aniversario. En él, repasa los casos más sonados de alarmismo mediático de los últimos años. En palabras de Pedro Gómez de Baeza, socio fundador de la firma, “lo peor es que a día de hoy no se hace nadie responsable ni cunde el mea culpa cuando se prueba, después de un tiempo, que la noticia inicial fue falsa o exagerada”. Por ello, desde The Objective recogemos algunos de los casos citados en Another Point Of View para recordar a nuestros lectores, y recordarnos a nosotros mismos, qué fue de aquello que causó alarma en la opinión pública.

La gripe aviar

A principios del presente siglo, las palabras “gripe aviar” comenzaron a correr como la pólvora en el vocabulario global. A pesar de que esta enfermedad vírica que afecta principalmente a las aves se identificó en 1878, no fue hasta los 2000 cuando los medios empezaron a hablar de ella. En 1997 fue infectado el primer ser humano con este virus (H5N1), y poco tiempo después -cuando el contagio comenzó a expandirse- los medios empezaron a hablar de “pandemia mundial”.

Portada de la revista Time sobre la gripe aviar de febrero de 2004.
Portada de la revista Time sobre la gripe aviar de febrero de 2004.

En un artículo en la agencia AFP, publicado el 27 de enero de 2004, Richard Ingham aseguraba que la gripe aviar era “extremadamente peligrosa, con una tasa de mortalidad del 33%” e incluso la comparaba con el SIDA. En el lado opuesto, El País publicaba un artículo firmado por José Reinoso que recordaba que la OMS había concluido que la transmisión del virus de la gripe aviar no era fácil entre dos seres humanos.

Nadie estaba alarmado por las 500.000 muertes anuales por gripe común mientras que las 377 muertes causadas por la gripe aviar causaron verdadera alarma

Como recuerda Another Point Of View, nadie estaba alarmado por las 500.000 muertes anuales por gripe común mientras que las 377 muertes causadas por la gripe aviar causaron verdadera alarma dada la cobertura que le dieron los medios de comunicación. El alarmismo fue tal que The Times llegó a publicar el 26 de mayo de 2005 que “el mundo no está preparado para una gripe capaz de matar a diez millones de personas”. Como apunta bien apunta Another Point Of View citando a la OMS, “a fecha de hoy podemos decir que el potencial pandémico del virus es inexistente, ya que por ahora no hay pruebas de que se esté produciendo una transmisión sostenida de persona a persona”. Está claro que, en este caso, el miedo fue más contagioso que el propio virus.

Las vacas locas

El de las vacas locas es otro ‘superhit’ del alarmismo mediático. A finales de la década de 1990 se detectó una nueva enfermedad en los humanos relacionada con la epidemia de la Encefalopatía Espongiforme Bovina (EEB) en el ganado vacuno, que en las personas causaba la muerte segura en los contagiados.

En el caso de las vacas locas, los gobiernos contribuyeron fuertemente a la alarma que se presentó en la sociedad. Como recuerda Another Point Of View, “el entonces presidente del Gobierno llegó a afirmar que esta era la crisis más grave que amenazaba España”. De hecho, Aznar tuvo que afrontar numerosas críticas por su gestión de esta crisis, una gestión que para muchos valió la petición de las destituciones de los ministros Celia Villalobos y Miguel Arias Cañete.

Llegaron a vaticinar hasta 500.000 muertes por la crisis de las vacas locas, pero la OMS sólo ha constatado 229 casos de infectados

En cuanto a los medios, éstos también respondieron con dureza a este problema sanitario. Llegaron a vaticinar hasta 500.000 muertes por la crisis de las vacas locas. Algunos llegaron a asegurar, como el diario El Mundo, que esta enfermedad podía transmitirse por el agua del grifo o que las comidas escolares estaban relacionadas con la transmisión de la enfermedad. La realidad es que, desde octubre de 1996 hasta mayo de 2015, la OMS sólo ha constatado 229 casos de infectados, de los cuales 5 se han dado en España. Parece que la alarma no era tal.

El fin del euro

Uno de los vaticinios más recurrentes por parte de los analistas más sensacionalistas es el fin del euro. Una idea que ha sido sin duda aupada por la crisis económica que desde 2008 ha azotado gravemente la zona Euro, especialmente al sur de Europa. Grecia, en concreto, disparó todas las alarmas. Como apunta Another Point Of View, “muchos vaticinaron el comienzo del fin de la moneda única cuando vieron que el país heleno era incapaz de financiar su deuda soberana”.

Portada de The Economist de noviembre de 2010.
Portada de The Economist de noviembre de 2010.

Muchos empezaron a ver un futuro muy negro, hasta todo un Nobel de Economía lo hizo. El estadounidense Paul Krugman no sólo llegó a prever el final del euro, sino que vio llegar también un corralito a la argentina en España e Italia. Los medios no tardaron en replicar las palabras de aquellos pesimistas. No obstante, la Eurozona sigue intacta –a pesar del Brexit y otras amenazas-, y lo cierto es que las voces que vaticinaban el fin de la moneda única se han ido apagando a medida que la crisis económica en la Unión Europea se ha ido paliando.

El mundo se enfrenta, sin duda, a grandes retos. Muchos de ellos son extremadamente complejos, cuyas consecuencias son todavía desconocidas. Por ello, el periodismo ha de enfrentarse a esos mismos retos con la entereza, el rigor y la responsabilidad que le corresponden. Caer en el sensacionalismo era la manera más fácil de agotar ediciones en los quioscos, y hoy lo es a la hora de lograr el ansiado ‘clic’. Presuponemos a nuestra sociedad madura, sin embargo no debemos olvidar la influencia que desde el cuarto poder ejercemos en ella. A toro pasado es fácil hacer balance del trabajo realizado, y entonar el mea culpa nunca está de más. En la era de la posverdad, de las noticias falsas, de los hechos alternativos y del gabinete de prensa de Donald Trump, el sosiego y el periodismo de calidad se hacen más necesarios que nunca, y los alarmismos sobran como siempre.

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