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El ocaso de Manuel Noriega, el último hombre fuerte de Panamá

Tal Levy

Foto: John Hopper
AP Images / Archivo

Desencadenó una de las más grandes movilizaciones militares estadounidenses desde la guerra de Vietnam. No en vano le llamaban “El hombre fuerte de Panamá”. Manuel Antonio Noriega pasó de ser aliado de la superpotencia a enemigo acérrimo, de colaborador habitual de la CIA a perseguido por la DEA, de general que detentó el poder entre 1983 y 1989 a un reo más, del último dictador que tuvo Centroamérica a condenado durante décadas por narcotráfico en Estados Unidos, por blanqueo de dinero en Francia y por violaciones de los derechos humanos en el país que lo vio nacer el 11 de febrero de 1934.

¿El malo de la película? No es quizá la mejor hora, aún tibio su lecho de muerte, de retomar este tipo de cuestionamientos, aunque lo cierto es que así aparecía en el videojuego que para el 2014 llegó a ser el más popular de todos los tiempos, con su sobredosis de sangre, de violencia.

El ocaso de Manuel Noriega, el último hombre fuerte de Panamá
Captura de pantalla de Call of Duty: Black Ops II.

En vida, alegando daño de imagen al ser presentado como un criminal, Noriega demandó a Activision, creador de Call of Duty: Black Ops II, con la ayuda de Girardi Keese, una de las firmas de abogados que ganó el caso Erin Brockovich (inspirador del filme protagonizado por Julia Roberts), aunque no corrió con igual suerte pues su acusación fue desestimada por la Corte Superior del condado de Los Angeles.

Ya 27 años han trascurrido desde el despliegue militar de Estados Unidos en Panamá que derrocó su gobierno de facto y todavía hoy se desconoce el número exacto de víctimas. Era 1989 y estaba próxima la Navidad. Meses atrás habían quedado las elecciones anuladas, que parecían darle la victoria al opositor Guillermo Endara, respaldado por Washington, pero no así la designación de Noriega como jefe de Gobierno con poderes extraordinarios y la declaración del país en estado de guerra con EEUU.

De pronto, el 20 de diciembre, unos 25.000 soldados fueron movilizados en una operación orquestada por el presidente estadounidense George Bush, a quien conoció hacia 1976, cuando el uno encabezaba la Agencia Central de Inteligencia o CIA y el otro, el Servicio de Inteligencia o G-2 panameño, lo que supondría el estar en contacto permanente.

Entre Washington y La Habana

Los lazos con Washington se forjaron en la década de los cincuenta, cuando Noriega ingresa gracias a una beca en la Escuela Militar de Chorrillos, en Perú, donde la CIA le reclutó como informante sobre las actividades de los grupos de izquierda. De origen humilde y enfrentado desde pequeño a la orfandad, tras el abandono de su padre y la temprana muerte de su madre, “Tony”, como era llamado, fue criado por una tía, su “mamá Luisa”.

Al volver a Panamá formó parte de la Guardia de Honor en una carrera militar en claro ascenso, tanto que fue pieza clave del general “todopoderoso” Omar Torrijos, tras cuya muerte en 1981 en un misterioso accidente aéreo Noriega llegaría a ser “el hombre fuerte de Panamá”.

De teniente coronel a general y a comandante en jefe de la Guardia Nacional. Ambicionaba llegar a lo más alto. Ya en los tiempos en que estudiaba bachillerato en Ciencias en el Instituto Nacional, conocido como Nido de Águilas, comentaba sobre sus aspiraciones presidenciales.

“Había sido impactado por las promesas del ideario socialista, y con otros compañeros formó parte del grupo que seguía las lecciones de sociología del profesor Demetrio A. Porras, secretario general y fundador del Partido Socialista de Panamá”, revela La Estrella de Panamá.

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Noriega junto a Manuel Solís Palma. Palma fue Presidente desde el 26 de febrero de 1988 hasta el 1 de septiembre de 1989 bajo el mando militar de Noriega. | Foto de archivo de Reuters.

Pues bien, logró detentar el poder con su mano dura, pero no por mucho tiempo porque el mismo año en que sería derribado el muro de Berlín bombas y cohetes cayeron sobre Panamá, sobre su cuartel general.

El objetivo declarado de Washington: capturar a Noriega, que ya un año antes había sido acusado de narcotráfico en un tribunal federal y de poner en peligro la seguridad nacional.

De este modo se sellaba la ruptura definitiva con quien había colaborado actuando como mediador ante el régimen de Fidel Castro para aliviar las tensiones derivadas por la invasión estadounidense de Grenada en 1983, pero también con quien, ante la ofensiva de Ronald Reagan contra las guerrillas izquierdistas de América Central, se había negado a apoyar los intentos por debilitar al gobierno sandinista de Nicaragua, a servir de escudo anticomunista en la región.

El rock como arma de tortura

¿Invasión o Causa Justa, como fue llamada la operación? La opinión pública mundial tenía tela que cortar. Por un lado, los panameños finalmente se libraban del último general del régimen militar instalado en 1968 por el golpe de Estado que lideró Torrijos; por el otro, movimientos de izquierda, tan proclives a contradicciones como las que décadas después reaparecían en apoyo al régimen de Hugo Chávez en Venezuela, le endilgaron a él, Noriega, que encabezó un gobierno dictatorial, el calificativo de “comandante de la dignidad latinoamericana”.

Sin duda, sectores de la izquierda latinoamericana se dejaron cautivar por ese militar que blandiendo en lo alto un machete lanzó a fines de los años ochenta arengas antiestadounidenses, antiintervencionistas, pero olvidando que era el mismo que creó los “batallones de dignidad”, milicias que hoy también recuerdan a los civiles armados por el gobierno chavista en Venezuela con el oficio de amedrentar y arremeter contra la oposición.

Estados Unidos consiguió que Noriega se entregara para comparecer ante la justicia, pero los métodos para convencerle fueron poco convencionales o, quizá más bien, demasiado ordinarios.

Largos días y sus consiguientes noches tuvo que enfrentar una insospechada guerra, ésta psicológica: obligado a oír incesantemente canciones de rock, género musical por el cual sentía una aversión más que conocida.  “Welcome to the jungle”, de Guns N’ Roses, se convertiría en el primero de esos inusuales tormentos, entre los que habría piezas desde un Jimmy Hendrix hasta una Linda Ronstadt, emitidas a todo volumen desde los altoparlantes desplegados por los centenares de soldados y vehículos de combate estadounidenses apostados en los alrededores de la Nunciatura Apostólica panameña, donde se atrincheró Noriega.

La prensa del momento reportaba que el gobierno español se había negado a darle asilo. Al anochecer del 3 de enero (2:50 hora peninsular del día siguiente) de 1990, después de escuchar una misa oficiada por el propio nuncio, el arzobispo español Sebastián Laboa, Noriega salió de esa misma sede vaticana a la que entró pidiendo una cerveza.

Fue despedido emotivamente por una “guardia de honor” conformada por sacerdotes, monjas e incluso etarras allí también refugiados, según se narra en Invasión, coproducción panameño-argentina realizada por Abner Benaim al cumplirse 25 años de la intervención militar.

Dos llamadas pudo hacer, la una a su amante Vicky Amado, la primera en darle refugio en su casa, y la otra a su esposa, Felicidad Siero, resguardada con sus tres hijas en la Embajada de Cuba.

El uniforme de general que llevaba puesto al entregarse fue el último resto de quien fuera “el hombre fuerte de Panamá”, al día siguiente trocado por un chándal verde oliva en cuya espalda podían leerse tres letras mayúsculas: DEA, la agencia antidroga de Estados Unidos que le acusaba de estar en conexión con el Cartel de Medellín.

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Foto del 4 de enero de 1990. / REUTERS/Handout/File Photo

De “El Man” a un prisionero más

Manuel Antonio Noriega, conocido por sus siglas como “El Man”, no sólo fue despojado de su uniforme, sino también de su nombre para ser el simple portador de un número, el 41586, un prisionero más de la cárcel de Miami, como el mundo entero lo vio circunspecto en la foto de frente y de perfil distribuida por las autoridades estadounidenses.

No era extraño, entonces, que el corresponsal Peter Eisner lo viera en 1995 más pequeño de lo que pensaba en la primera de una serie de entrevistas que mantendría durante un año en su celda y que en 1997 cobraría forma en America’s Prisoner: The Memoirs of Manuel Noriega. Promocionada cual “la historia de cómo hemos encarcelado a un hombre y una nación”, Noriega en esas páginas de las que es coautor se trajea más como víctima que como villano, destaca Richard L. Berke en The New York Times.

Poco dijo de cómo acumuló riquezas este hombre que fue condenado a 40 años de prisión en un juicio que atrajo los focos del mundo y que propició que mucho se especulara en torno a su figura, hasta rumorearse incluso que usaba calzoncillos de color rojo para ahuyentar el mal de ojo.

Al ser consultado en El Nuevo Nuevo Periodismo. Conversaciones sobre el oficio con los mejores escritores estadounidenses de no ficción, Lawrence Wright, autor de una obra sobre Noriega que fue llevada a la televisión por el canal Showtime, ha apuntado: “Escribí una novela sobre Manuel Noriega (God’s Favorite, 2000) y su búsqueda de amor y salvación. Lo que me atrajo de él fue el hecho de que fuera un dictador centroamericano budista, vegetariano y homosexual (…). El exotismo cultural de Noriega no era más que fachada. Lo realmente exótico era su vida interior”.

La pena fue rebajada hasta llegar a una veintena de años, cumplida en esa celda en la que tenía por privilegio un televisor, ese mismo en el que su rostro marcado y por eso apodado como “carepiña” acaparó tanto las pantallas de fines del siglo XX.

Pero nuevos cargos, sobre todo por el homicidio político de su rival, el médico y guerrillero Hugo Spadafora, quien fue decapitado por las Fuerzas de Defensa panameñas en 1985, le aguardaban.

Después de ser llevado en 2010 a Francia, donde un tribunal le condenó a siete años de prisión por lavado de 2,3 millones de euros, en 2011 fue extraditado a su país para enfrentar más de 60 años de condena por violaciones de los derechos humanos.

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Una mujer muestra un recorte de periódico en una manifestación en Panamá pidiendo que el dictador Manuel Noriega sirviera sentencia en Panamá en diciembre de 2011. | Foto: Alberto Lowe / Reuters.

Creyente de última hora

Llegaría en vuelo de Iberia, pero una silla de ruedas se interpondría entre sus pies y el suelo patrio. Con gafas oscuras, los años de prisión aún no daban a luz a arrepentimiento alguno.

Sería en el penal de reclusión de nombre El Renacer, en Panamá, donde terminaría de afianzarse como creyente de Dios.

En junio de 2015, ya octogenario y después de poco más de 25 años desde que fue derrocado y apresado, Noriega rompió el silencio con una declaración pública realizada desde la cárcel y emitida por la televisión local Telemetro.

“Yo cierro el ciclo de la era militar como el último general de ese grupo pidiendo perdón como comandante en jefe, como jefe de gobierno. Reitero, bajo la inspiración del ‘Padre nuestro’, que fue la primera oración que aprendí en mi casa, que pido perdón a toda persona que se sienta ofendida, afectada, perjudicada o humillada por mis acciones o las de mis superiores en el cumplimiento de órdenes o la de mis subalternos en ese mismo estatus y en el tiempo de la responsabilidad de mi gobierno civil y militar. ¡Gracias!”, dijo sin más.

Sus problemas de salud, marcada por derrames cerebrales, hipertensión arterial, úlcera y hasta depresión, le convirtieron en asiduo del Hospital Santo Tomás, donde alguna vez había trabajado como ayudante de laboratorista cuando proyectaba ser médico psiquiatra antes que la carrera militar tocara su humilde puerta.

La presión familiar para que se le concediera arresto domiciliario vio frutos, provisionalmente, cuando Noriega estaba próximo a cumplir 83 años y en respuesta a un tumor cerebral que, aunque benigno, le afectaba la parte motora y por el que necesitaba ser operado.

El 7 de marzo de 2017, este le fue extirpado en un procedimiento al que le siguió otra cirugía, tras sufrir una hemorragia cerebral severa. Internado en la unidad de cuidados intensivos y tras un coma inducido, pasó los últimos de sus días sin evolución favorable hasta que el lunes 29 de mayo encontró la muerte.

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Continúa leyendo: Cambio climático: la mayor amenaza a la humanidad en números

Cambio climático: la mayor amenaza a la humanidad en números

Redacción TO

Foto: Fernando Bustamante
AP

Cada época tiene su gran mal, el de la nuestra es el cambio climático. Pese a que crece la conciencia sobre esta amenaza, no está entre las prioridades de la amplia mayoría. Muestra de ello no hay que buscarla muy lejos: el último barómetro del CIS perfiló las grandes preocupaciones de los españoles, y ninguna de ellas tenía que ver con el medio ambiente.

“Si no reducimos drásticamente la dependencia de los combustibles fósiles y las emisiones de gases de efecto invernadero, las consecuencias del cambio climático pueden ser devastadoras”, advierten desde Greenpeace, la organización que ecologista por excelencia que lleva luchando por el medio ambiente desde 1971.

A la lucha contra el cambio climático no ayudan decisiones como la del presidente norteamericano Donald Trump, que en 2017 retiró a Estados Unidos del Acuerdo de París, el pacto global contra el cambio climático más ambicioso hasta la fecha. Esta era de una de sus promesas electorales más polémicas, pues podría tener graves consecuencias diplomáticas y medio ambientales. Para los escépticos, como Donald Trump, hay una serie de datos de obligado conocimiento:

– La concentración atmosférica de dióxido de carbono, gas que atrapa más calor en las capas bajas de la atmósfera, ha aumentado en más de un 30% desde los tiempos anteriores a la revolución industrial, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), que apunta también que:

– El 95% de las muertes en desastres naturales relacionados con las condiciones meteorológicas fue en países subdesarrollados.

Más de la mitad de la población mundial vive en una franja costera de 60 kilómetros de ancho, un dato preocupante dada la elevación del nivel del mar, una de las principales consecuencias del cambio climático.

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Las inundaciones son desastres naturales cada vez más frecuentes. | Foto: Doug Mills / AP

– El nivel del mar subió por término medio entre 10 y 20 centímetros durante el siglo XX.

– La escasez de agua afecta ya a un 40% de la población mundial.

– Entre 2007 y 2016 hubo 196 grandes incendios forestales en España, sólo el 37% sucedió en condiciones meteorológicas extremas de temperatura, viento y humedad.

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El cambio climático también incide sobre la virulencia de los incendios. | Foto: Keith D. Cullom / AP

– Las pérdidas por los desastres naturales alcanzan los 3,8 billones de dólares desde 1980, según el Banco Mundial.

– El promedio global en la superficie del planeta ganó cerca de 1°C entre 1880 y 2015.

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Una imagen de archivo del embalse de Entrepeñas, situado en la Alcarria Baja de Guadalajara, en el cauce del río Tajo, en 2006. | Foto: Bernat Armangue / AP

– El incremento de temperatura global es el mayor de los últimos 10.000 años.

– El aumento de temperatura podría llegar a los 4,8ºC para final de siglo, según Greenpeace.

– El Acuerdo de París de 2015 fija la meta de limitar el crecimiento de las temperaturas globales medias a 2ºC.

– El dióxido de carbono (CO2) es el principal gas de efecto invernadero de origen antrópico: supone el 76% de las emisiones.

– Las energías fósiles y la industria representaron el 78% de las emisiones entre 1970 y 2010.

– Los principales países emisores son China (alrededor de 24%), Estados Unidos (15,5%), el conjunto de la Unión Europea (11%), India (6,5%) y Rusia (5%).

– Todavía en 2016, el 85% de la energía usada en España provenía de combustibles fósiles o energía nuclear, según Greenpeace.

– Unas 90 empresas son responsables de casi las dos terceras partes de las emisiones mundiales, también según Greenpeace.

Estos datos son solo algunas de las evidencias que hay sobre la mesa en torno a la mayor amenaza a la que nos enfrentamos. De esto depende mantener nuestro planeta, donde vivimos, en pie y hacer habitable nuestro mundo.

El sector energético, debido a su uso de energías sucias —petróleo, carbón y gas—, es uno de los mayores contribuidores al calentamiento global, según apuntan desde Greenpeace. “En España, las grandes eléctricas —Endesa, Iberdrola y Gas Natural Fenosa— siguen apostando por una energía contaminante en la que no tienen cabida las renovables, por eso trabajamos para que este modelo insostenible cambie”, asegura la organización verde.

Los ecologistas defienden que “la revolución energética en manos de la ciudadanía es el camino” para luchar contra el cambio climático. Con las energías renovables se conseguirán paliar los efectos del cambio climático y lograr una eficiencia energética que “generará puestos de trabajo y reducirá los costes de electricidad”, afirman.

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Los archivos del Pentágono y los obstáculos familiares que enfrenta el periodismo

Romhy Cubas

Foto: Fox Searchlight Pictures

Publicar y difundir información nunca ha sido tarea ligera. Es cierto que el papel aguanta tinta y sudor, pero precisamente por esto el enlace causa/consecuencia que surge a raíz de transmitir noticias encarna mayores riesgos y recompensas. El periodista argentino Rodolfo Walsh tiene una excluyente para sopesar la importancia de la prensa: si el periodismo no es libre, es una farsa; en un presente en donde la lucha de los medios de comunicación por informar verídica y libremente es interceptada por autoritarismos y fuerzas externas, las farsas caen fácilmente en el ala de la información que le llega a las masas.

La desinformación es un riesgo atemporal, y a modo de recordatorio cinematográfico este año Steven Spielberg ha recreado la historia detrás de uno de los secretos mejor guardados del gobierno de los Estados Unidos de América: un estudio de 7.000 páginas, elaborado por el Departamento de Defensa sobre las acciones/omisiones políticas y militares cometidas durante la guerra de Vietman entre 1945 y 1967. Estos fueron filtrados a la prensa en 1971.

Conocidos como los Papeles del Pentágono su contenido fue entregado en primera instancia al diario New York Times, revelando explosivos documentos clasificados que probaban que la población y los medios de comunicación habían sido falsamente informados sobre las posibilidades del país de ganar una guerra anunciada.


La historia es verídica, y aunque con algunas licencias creativas, Los Papeles del Pentágono logra recuperar no solo elementos históricos del periodismo, sino pronunciarse sobre la discriminación de género, el poder y deber de las entidades gubernamentales y la mujer como cabecera institucional. Es además un recordatorio de la prensa como factor de supervivencia cuando la libertad de información se fragmenta entre intereses personales.

La película de Spielberg protagonizada por Meryl Streep y Tom Hanks se centra en la cobertura de los documentos que realizó el periódico The Washington Post, en ese entonces a cargo de Katharine Graham; Graham fue además la primera mujer en frente de la directiva de un periódico en el país. No obstante en la realidad la mayor esfera de acoso y persecución la recibieron el New York Times –quien obtuvo el Premio Pulitzer por su cobertura del caso- y el responsable de filtrar los documentos, Daniel Ellsberg. Este es fácilmente uno de los “espías” terminantes para la historia contemporánea junto con Edward Snowden.

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Katharine Graham y Ben Bradlee saliendo de la Corte de Estados Unidos en Washington, D.C., el 21 de junio de 1971 | Foto vía: AP Fotos

El trabajo de Ellsberg (Matthew Rhys en la película) en  el Departamento de Estado de América le daba acceso a información privilegiada. Eventualmente las dudas y la desconfianza ante las relaciones entre América y Vietnam durante la guerra hicieron que fotocopiara miles de documentos militares clasificados, en violación con el acta de espionaje de 1917 y arriesgándose a una condena de 115 años en prisión. Ellsberg experimentó el asedio del FBI y fue sujeto de escuchas telefónicas ilegales. Mientras tanto, el Times trabajó durante tres meses para verificar y publicar el contenido de los papeles desafiando a la administración de turno. Esa administración encabezada por Richard Nixon emitió una orden preliminar contra el periódico para evitar que continuaran publicando sus secretos.

Es aquí cuando entra el Washington Post en juego, para entonces un periódico local y mucho más pequeño que el que conocemos hoy en día. Al continuar con la investigación iniciada por el Times, el Post se enfrentó a las mismas consecuencias judiciales y a un gobierno que interfería entre la prensa y la libertad de información garantizada por la Primera Enmienda.

Durante la película el Washington Post es excluido de coberturas en la Casa Blanca producto de su rol en la publicación de los documentos. Sin embargo, esto  es algo que no sucedió hasta 1972 cuando el escándalo Watergate puso fin a la administración de Nixon.

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Escena de Los papeles del Pentágono | Foto vía: Fox Searchlights

Hay un sentido de urgencia y relevancia en todo esto que va más allá de escándalos pasados: el rol auxiliar de los medios de comunicación como informantes al servicio de la población y no del gobierno de turno.

Más allá de los fallos y tinos históricos, es el análisis de las relaciones entre prensa y gobierno durante el periodo administrativo de un jefe de Estado lo que crea similitudes con el presente. Bien podríamos estar hablando de la década de los 70 como del año pasado, cuando el presidente Donald Trump asumió la jefatura de Estado entre insultos hacia la prensa y embarazosas escenas para con los medios de comunicación.  

La familiaridad con la que los hombres en el poder obstaculizan y escoden calendarios enteros de sucesos también sirve como recordatorio de que la información en manos equivocadas se convierte en un riesgo colectivo. Ese coctel entre poder, secretos y excesiva confianza explota en escenarios que tientan la veracidad y la realidad.

Spielberg ha dicho en diferentes entrevistas que la película fue una forma de responder a través de la historia a los asaltos de Trump hacia la libertad de prensa. Una respuesta que viene de la mano de una de las actrices más sobrevaloradas de Hollywood, como se refirió el mismo Donald Trump a la actriz Meryl Street en la red social de Twitter. `

La réplica ha vuelto a enfocar la atención del público en el caso de los papeles del Pentágono por servir como recordatorio de un escenario cíclico de amenazas que se producen en las administraciones presidenciales, especialmente cuando la información no es favorecedora.  Por otro lado, la más clara advertencia expone cómo la retórica de los gobiernos y su relación con los medios de comunicación son el perfecto indicio para revelar a las gerencias autoritarias.

Los documentos del Pentágono fueron desclasificados en 2011 y están disponibles para leer en línea.

Continúa leyendo: Las miserables condiciones con las que los agentes combaten el narcotráfico en Cádiz

Las miserables condiciones con las que los agentes combaten el narcotráfico en Cádiz

Jorge Raya Pons

Foto: Ministerio de Interior

El pasado 18 de febrero saltó una noticia en los periódicos y las redes: la Policía intervino cuatro toneladas de hachís en el Campo de Gibraltar, comarca gaditana ubicada a 15 kilómetros de suelo africano en su punto más estrecho, y detuvo a 16 personas. La operación se celebró como un éxito y el ministro de Interior, Juan Ignacio Zoido, visitó la zona un día después del anuncio para estrechar la mano de los agentes y convocar a los medios.

Allí, en la costa de Cádiz y con el mar a sus espaldas, informó a los periodistas sobre los recursos incautados –una estación de radar para controlar los movimientos físicos de los agentes, varios equipos de transmisiones, unos 100.000 euros en efectivo, tres escopetas, una pistola, dos embarcaciones neumáticas, dos tractores, 11 coches y dos motos– y celebró que en 2017 las intervenciones de cocaína aumentaron un 300%; las de hachís, un 40%. “Están desarrollando una gran labor”, felicitó a los agentes. “Debe quedar claro que esta no es una zona que va a estar dominada por los narcotraficantes. Esta es una zona donde el Estado de Derecho se impone y se va a combatir todo tipo de delincuencia. Van a tener la respuesta del Estado de Derecho”. Los sindicatos policiales recibieron el mensaje sin entusiasmo.

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Zoido, en su visita el 19 de febrero a La Línea. | Foto: Ministerio de Interior

El narcotráfico se apodera de la costa gaditana. Las mafias ganan lentamente terreno, poder e influencia en el Campo de Gibraltar, particularmente en ciudades como la Línea de la Concepción –con algo más de 60.000 habitantes–, y lo hacen porque la Guardia Civil y la Policía Nacional no cuentan con los medios necesarios para combatirlos. La situación es particularmente alarmante si atendemos a que el 70% del hachís que entra en Europa lo hace por España y que Cádiz, por su proximidad con Marruecos –principal productor mundial de esta sustancia–, es el puerto de desembarco. Desde enero de 2017, se han incautado más de 183 toneladas de hachís y se ha detenido a 518 personas, según las cifras aportadas por Interior.

Estamos pidiendo al menos 500 agentes más de Guardia Civil [actualmente son 2.600, repartidos entre las comandancias de Cádiz y Algeciras; en la Policía Nacional, 2.200] para toda la provincia”, explica José Encinas, secretario general provincial de la AUGC (Asociación Unificada de Guardias Civiles) en Cádiz. “Y no se trata únicamente de agentes uniformados. Necesitamos grupos de investigación, es donde se debe hacer el mayor esfuerzo: solo así se puede descabezar a las mafias y bandas de narcotráfico. Pedimos que se refuerce y que se implante un aumento en la plantilla y que haya una renovación de nuestro medios materiales. Tenemos medios muy obsoletos”.

“No puede ser que tengamos siete embarcaciones cargadas de droga y una sola patrullera para intentar interceptarlas”

Encinas explica que los cuerpos están desbordados, que el trabajo es inmenso: “Hay veces que solo llega una embarcación en todo el día. Hay días que tenemos 7 ú 8 embarcaciones –hasta 15– en una sola tarde, todas ellas pendientes de paralizar en costa. Por ejemplo, el otro día había siete embarcaciones pendientes de alijar y cada una tenía 3.000 kilos. Esto quiere decir que había 21.000 kilos pendientes de llegar a costa”. Para detectarlas, la Guardia Civil utiliza el sistema SIVE, que emplea una tecnología de cámaras, antenas y radares monitorizados desde tierra. El primer lugar donde se instauró fue en Cádiz y el portavoz argumenta que su tecnología se ha quedado antigua, que necesita una renovación: los narcotraficantes van varios pasos por delante.

“Y por otro lado”, continúa Encinas, “si los operarios del SIVE detectan embarcaciones en las cuales transportan droga, necesitan personal en tierra para su interceptación. En tierra y en mar. No puede ser que tengamos siete embarcaciones cargadas de droga y una sola patrullera en alta mar para intentar interceptarlas. Esa patrulla es insuficiente. Más si tenemos en cuenta que la potencia de los motores que llevan las patrulleras de la Guardia Civil es totalmente inoperativa respecto a la potencia de los motores con las que están dotados las embarcaciones de los traficantes. Puede haber hasta una diferencia de 10 nudos de velocidad máxima (18 kilómetros por hora)”.

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La distancia entre la costa gaditana y el continente africano es de 14 kilómetros en sus puntos más cercanos. | Fuente: Google Maps

El agente Javier López Morales conoce bien estas limitaciones. El portavoz del SUP (Sindicato Unificado de Policía) en la Línea de la Concepción recorre todos los días su ciudad con el coche patrulla. Las historias del narcotráfico parecen lejanas, pensamos en México y Colombia y quizá Bolivia, pero están en nuestras costas. “Aquí hay una escalada de violencia”, dice López Morales, con un tono preocupado. “Cada vez hay que estar más atentos, cada vez hay que ir más prevenido. Ya no se limitan a huir cuando los interceptamos: se defienden, se enfrentan a nosotros. Nos sentimos en desventaja porque ellos son más y porque no tenemos medios”.

El 6 de febrero, una veintena de hombres encapuchados irrumpió en el hospital de la Línea para liberar a un narcotraficante detenido por la Policía Nacional tras una larga persecución de la que salió herido. Los encapuchados llegaron en varios todoterrenos, los aparcaron en la puerta del hospital, se abrieron paso en los corredores, buscaron al narco y finalmente lo encontraron en una sala de espera, escoltado por dos agentes. Los encapuchados lograron liberarlo, montarlo en uno de los todoterrenos y esconderlo en un lugar que se desconoce. Los agentes apenas lograron retener a uno de los colaboradores.

El 19 de febrero, a escasas horas de la visita de Zoido, tres encapuchados asaltaron a punta de pistola el depósito judicial de Conil de la Frontera para recuperar una lancha de tres motores y 12 metros de eslora embargada a otro narcotraficante de la zona. Ninguno de ellos fue detenido y siguen en paradero desconocido, igual que la lancha. El ministro sostuvo públicamente que la Policía Nacional y la Guardia Civil cuentan con los recursos para abordar el escenario, más allá de los casos recientes.

“El siguiente paso es que se lleven a un detenido de los calabozos de la comisaría”

“Es que estamos en total desventaja”, reitera López Morales. “La sensación es de abandono total. Cada vez que pedimos algo, nos dicen que tenemos los medios adecuados. Luego ocurren cosas como lo del hospital o apedreamientos a compañeros o embestidas a nuestros coches. Nos embisten y los vehículos que tenemos no son todoterreno. Cuando nos quejamos nos dicen que son casos aislados, cosas puntuales. No hacen nada. Nosotros nos vemos abandonados porque les estamos avisando y esto está yendo a más. El siguiente paso es que se lleven a un detenido de los calabozos de la comisaría…”.

Encinas comparte su preocupación con López Morales y dice que los narcotraficantes “están subiendo un escalón” en la violencia de sus actuaciones. “Hace unos años el trato que teníamos con los narcotraficantes era relativamente correcto: ellos hacían su trabajo y nosotros el nuestro”, añade el portavoz. “Pero hoy en día eso se ha superado. Por un lado, porque ahora las mercancías son 10 veces más grandes que antes y, por tanto, la cantidad que pueden perder es mayor. Y, por otro, porque ha cambiado la generación y esta es más violenta”.

“Hay que declarar esta comarca como una zona con singularidad, con un juzgado específico contra el narcotráfico”

La Línea de la Concepción es una de las ciudades más deprimidas de España y el paro supera el 33%. El tráfico de drogas y el contrabando de tabaco están profundamente arraigados en la economía local: es difícil cuantificar el número de familias que subsisten –directa o indirectamente– por este negocio y la aceptación es notoria: se comprueba, en muchas ocasiones, en la propia forma en que reciben a los policías. “Es mucha gente la que come de esto”, cuenta López Morales. “Está bastante integrado en la sociedad. Te das cuenta incluso cuando pones en internet la noticia de la detención de un traficante. Ves un montón de comentarios en contra. La gente lo defiende. Le dan una justificación. Hay más gente en esto de lo que creíamos. Hay un sector importante de la Línea que lo defiende y que lo apoya. Es un peligro”.

Hay razones, entonces, para comprender que el desaliento se extienda en las filas. “Hay una falta de motivación…”, lamenta López Morales. “En esta comisaría no tenemos un complemento territorial que compense estas condiciones de trabajo. Todos los compañeros se quieren ir de aquí. La gente que viene es porque vive cerca, porque es natural de Sevilla o Jerez. Es una comisaría de paso y salen volando en cuanto pueden. Tenemos un problema de fuga de funcionarios; siempre hay plazas descubiertas en el catálogo. Y es normal: se gana lo mismo en la Línea que en Estepona, y te digo que Estepona no tiene nada que ver con esto”.

Las particularidades del escenario provocan que muchos funcionarios soliciten el traslado. Sin embargo, no impiden que los entrevistados conserven la esperanza de revertir la situación. López Morales tiene soluciones muy asequibles, como conseguir un furgón policial con rejas y protecciones para los días de registros en las calles más peligrosas, y otras más ambiciosas, únicamente posibles con “mucha ayuda y atención” del Gobierno central. “Si se implicasen de verdad, crearían un juzgado especial para los casos de narcotráfico”, dice. “Así agilizarían estos temas. Ahora mismo, los juzgados no dan abasto con todo lo que hay: narcotráfico, malos tratos, delincuencia común… Aquí hay muchísimo trabajo. No se iban a aburrir. Un juzgado especial despejaría mucho”.

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La Línea de la Concepción, vista desde el Peñón de Gibraltar. | Foto: Jon Nazca/Reuters

Encinas sostiene que esta medida sería decisiva. “Hay que declarar esta comarca como una zona con singularidad, con un juzgado específico contra el narcotráfico para que no haya estas dilaciones por la carga de trabajo”, dice el portavoz. “Es que por estas dilaciones, a menudo, el narcotraficante queda absuelto o con penas muy bajas”.

Hace unas semanas, en el mes de diciembre, se produjo uno de los hechos más llamativos: la defensa del narcotraficante Abdellah El Haj Sadek –conocido con el apodo de Messi– negoció su libertad provisional con el fiscal jefe de Algeciras y llegó a un acuerdo ventajoso: con el pago de 80.000 euros esquivaría temporalmente la celda. Unos días más tarde, como relata ABC, cenaba en una marisquería de Palomares junto a su familia.

Con todo, Encinas recuerda que en la lucha contra el narcotráfico, es decisivo conseguir un cambio social verdadero, que con la acción policial no basta: hay que lograr que el tráfico de drogas no sea únicamente reprobable desde un punto de vista ético, sino innecesario en términos económicos. “Hay que implantar unas medidas sociales en las que se impliquen todas las administraciones, locales y estatales”, concluye. “Hay que fortalecer los puestos de trabajo en la comarca”. Sus palabras cobran sentido si atendemos al contexto socioecónomico de la zona: con una tasa de desempleo por encima del 30%, los salarios que las mafias del narcotráfico ofrecen a los peones –tal y como informa el diario malagueño Sur– son tentadores: un aguador [informador para la organización] puede cobrar mensualmente entre 1.000 y 2.000 euros y un paquetero [colaborador en el desembarco en costa], entre 2.000 y 3.000 euros.

A tenor de las denuncias, The Objective contactó con el Ministerio de Interior para conocer su postura. No obtuvo respuesta.

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Los vídeos caseros que han convertido a Will Smith en el nuevo rey de Instagram

Redacción TO

Foto: Jordan Strauss
AP

Will Smith se ha hecho youtuber e instagramer. Así, todo junto. El actor se creó la cuenta en Instagram el 14 de diciembre. En ese tiempo ha conseguido más de 10 millones de seguidores. Es decir, cada día 147.000 personas nuevas empiezan a seguir a Smith. Además, se ha abierto un canal de Youtube que publicita en casi todas sus publicaciones. La clave de su éxito es —además de ser uno de los actores más famosos del mundo, claro— la increíble cantidad de vídeos que sube. No son vídeos profesionales, ni de photocalls o entrevistas. Son vídeos caseros. Grabados, locutados y editados por Smith. En ellos se ve al actor de Soy leyenda haciendo todo tipo de cosas: cantando, dando vueltas en el salón de su casa, hablando con animales, abrazando a animales, dando sustos a sus amigos, animando a los Eagles en la SuperBowl, resolviendo cubos de rubik, cantando, cantando y sí, otra vez cantando.

10 Million – THANK YOUS to my New Instagram Fam! . Obrigado | Gracias | धन्यवाद् | Grazie | شكرا | Merci | Danke Sehr | 谢谢 | Спасибо | ありがとうございました | ‎תודה | Ευχαριστώ | Mahalo | Gràcies | 감사합니다 | ขอบคุณครับ | Tak | Hvala | Děkuji | շնորհակալություն | Dankie | Faleminderit | Takk | Dank je | Tänan | Kiitos | Köszönöm | Ngiyabonga | Terima Kasih | Paldies | Ačiū | Благодарам | Grazzi | Баярлалаа | Dziękuję | Mulţumesc | Ďakujem | Tack | நன்றி | teşekkür ederim | Дякую | Diolch | Murakoze | ممنون | გმადლობ | Asante | Sag boluň . (Extra special thanx to you @roger.avary)

Una publicación compartida de Will Smith (@willsmith) el

Las primeras publicaciones del actor en Instagram fueron cuatro imágenes sin título. Pero rápidamente empezó a colgar los vídeos que le han convertido en el nuevo rey de instagram y por el que ya ha recibido las felicitaciones de varios compañeros de profesión. Uno de ellos es el actor de Altered Carbon, una de las últimas series de Netflix, Joel Kinnaman: “¿Qué cojones era Instagram antes de que llegara el gran Will Smith? Me hace muy feliz que hayas encontrado la manera de compartir tu alegría y sabiduría sobre la vida con las masas. Él es LA persona, además de mi mujer, que más ha cambiado mi forma de ver la vida. Ver a alguien de su influencia gastando tanto tiempo y esfuerzo en hacer que la gente que tiene alrededor se sienta bien me inspira de verdad para alimentar mis mejores instintos. Su energía desbordante y su generosidad, su humor y amabilidad, es lo que el mundo necesita más ahora que nunca. También es un hombre viejo y tonto. Te quiero, hermano mayor”.

Su amigo y cantante Justin Timberlake también le dio la bienvenida a esta red social con una masterclass irónica sobre cuándo debía publicar fotos y vídeos pasados.

Smith no ha defraudado ni a sus compañeros ni a sus fans que celebran cada día el contenido tan propio que sube el actor. Mientras otros artistas utilizan las redes sociales como una plataforma donde mostrar nuevos proyectos o imágenes de premiers. Smith sale en chandal, pijama, con barba y sin afeitar para mostrarnos muestra la otra cara de las grabaciones, el día a día de su familia o lo increíblemente mal que canta.

A pesar de que desafines, gracias por alegrarnos el timeline, Will Smith.

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