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El Orgullo Crítico busca recuperar el espíritu revolucionario de Stonewall

Cecilia de la Serna

Foto: Peter Hershey

El WorldPride es el evento del año en la capital española. Esta cita con la cultura, las ideas y la fiesta es de tamaña trascendencia mediática y social. Lo que no muchos saben es que hay otro Orgullo, menos festivo, más reivindicativo. Uno que busca recuperar el espíritu original del movimiento LGTB+: Stonewall. Para eso ha nacido el Orgullo Crítico, un ‘contra evento’ que busca contestar a la cita más mainstream, aquella que -según los organizadores del Orgullo Crítico- ha “mercantilizado” la protesta por los derechos del colectivo LGTB+.

La primera -y seguramente más simbólica- iniciativa que quiere llevar a cabo este Orgullo alternativo es recuperar el auténtico Día Internacional del Orgullo LGTB+. Según la convocatoria de la manifestación del colectivo Orgullo Crítico, “el 28J es nuestro día”. Por eso, convocan la marcha ‘Disidencia es resistencia’ en un barrio también muy simbólico de la capital, Lavapiés, que en los últimos años se ha convertido en un auténtico crisol de diversidades, desde la racial a la sexual, pasando por la social, a pesar del reciente fenómeno de gentrificación que allí acontece. Cabe recordar que el día oficial del Orgullo es el 28 de junio, ya que en un día como ese de 1969 tuvieron lugar los disturbios del Stonewall Inn, un pub frecuentado por una mayoría de personas trans, en Nueva York. Esta gran protesta contra la represión policial que entonces imperaba está considerada como el inicio del movimiento de liberación del colectivo. Su espíritu más reivindicativo es el que quiere recuperar ahora el Orgullo Crítico.

El Orgullo Crítico busca recuperar el espíritu revolucionario de Stonewall
Cartel de la marcha Orgullo Crítico 2017. | Foto: Orgullo Crítico

A esta gran cita acudirán diferentes colectivos o bloques de personas, entre los que caben todos. Según la convocatoria de la manifestación, todo el mundo está invitado excepto aquellos que “legitimen sistemas de opresión: clasistas, racistas, xenófobos, misóginos, sexistas, machistas, capacitistas, especistas, islamófobos, gitanófobos, putófobos, etnocentristas, androcentristas y gordófobos; así como todo discurso de odio hacia nuestras disidencias sexuales y/o de género”. Además, la Plataforma Orgullo Crítico propone todo tipo de charlas, talleres y eventos para completar esta oferta alternativa.

Principales reivindicaciones

Este Orgullo -que antes de “crítico” se denominó “indignado”– se erige como el verdadero, el auténtico, el único que vela por la reclamación de derechos real. De este modo, rechaza otras formas de reivindicación como la más popular, el WorldPride, organizado por AEGAL (Asociación de Empresas y Profesionales para Gays y Lesbianas de Madrid) con el apoyo de instituciones públicas como la Comunidad o el Ayuntamiento madrileños, y con el patrocinio de compañías privadas como Coca-Cola, Iberia, eBay, Philips o San Miguel.

El objetivo principal de este Orgullo “de la gente” es contraprogramar en forma de boicot la agenda del WorldPride, y que su voz sea escuchada al mismo nivel que el del evento organizado por AEGAL. Saben que no es fácil, que el poder y el altavoz que otorgan el dinero son difícilmente igualables, pero cuentan con las redes sociales y con un espíritu crítico que parece ir en aumento.

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Una de las manifestaciones de Orgullo Crítico en Madrid. | Foto: Orgullo Crítico

Entre lo que enfrentan los colectivos que conforman el Orgullo Crítico están conceptos como el “capitalismo rosa”, el rechazo al “binarismo de género” o a la “deriva neoliberal” del movimiento LGTB+, por citar algunos. Además, aseguran que las marcas que están detrás del patrocinio de eventos como el WorldPride sólo buscan lavar su imagen en un ejercicio de pinkwashing. En el marco madrileño, desde que AEGAL se creó en el año 2004, esta celebración de la diversidad ha perdido su identidad reivindicativa bajo la marca MADO, según defienden desde la Plataforma Orgullo Crítico, que se define como “anticapitalista, autogestionada, transfeminista, asamblearia, antirracista, horizontal, antiespecista, apartidista, anticolonialista, antifascista, anticlasista y anticapacitista”.

Plumofobia: una forma de discriminación dentro del propio colectivo

Aunque no necesariamente dentro del Orgullo Crítico, pero sí crítico con el Orgullo, es el mensaje que últimamente diversos colectivos o individuos han lanzado en las redes: stop plumofobia. En los últimos tiempos, y dentro de la aceptación, tolerancia y respeto hacia lo LGTB+, ha ahondado la idea de que uno puede ser gay o lesbiana pero sin que se note demasiado. Palabras como “locas” o “marimachos” siguen vigentes en el vocabulario de la gente de a pie. Muchos que se dicen tolerantes, e incluso que están dentro del propio colectivo, mantienen una actitud distante con aquellos “con pluma”, o que muestran su sexualidad al mundo de una forma más abierta a la par que menos normativa.

La plumofobia es el desprecio hacia todos aquellos que se salen de los roles de género, por ejemplo hombres afeminados o mujeres masculinas. Este desprecio ha sido ciertamente promovido por parte del colectivo LGTB+ que ha buscado una forma de vida más tradicional y totalmente lícita, pero que ha creído que obviando aquello que más rechazo pueda generar en el conjunto de la sociedad ayudaba en la lucha. Por eso, la campaña #StopPlumofobia anima a la gente a realizar un acto tan sencillo como pintarse las uñas de rosa y concienciar a toda la comunidad LGTB+ y al resto de la gente de que los roles de género son algo voluble y de que no hay ningún problema con eso.

Lo que parece de manifiesto con iniciativas como el Orgullo Crítico o #StopPlumofobia es que, en un contexto donde las reivindicaciones originarias del colectivo LGTB+, como la igualdad de derechos o la lucha contra la homofobia, parecen aceptadas por una amplia mayoría social y política, algunos no se sienten parte de las celebraciones más multitudinarias. Grandes eventos como el WorldPride dan una visibilidad extraordinaria a esta comunidad, excepcionalmente diversa, y en él deberían poder caber todas las corrientes de pensamiento. Quizá esto no sea más que una quimera, pero el esfuerzo que han de hacer ambas partes para tolerar diferentes aspectos de su forma de entender la fiesta y reivindicación LGTB+ para ser capaces confluir no es banal. Hasta entonces, que distintas opciones se desplieguen por el mapa de una ciudad como Madrid no puede hacer más que enriquecer nuestra diversidad.

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Los millennials le están perdiendo el miedo al VIH

Lidia Ramírez

Foto: FELGTB

Hombres, entre 15 y 34 años y pertenecientes al colectivo HSH (hombres que tienen sexo con otros hombres). Ese es el perfil, según los últimos datos publicados por el Ministerio de Sanidad, de los nuevos diagnósticos de infección por el VIH. Las cifras hablan por sí solas: los varones suponen el 85,9% de los nuevos diagnósticos, siendo en el 53,6% de los casos HSH.

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Nuevos diagnósticos de infección por el VIH. Número de casos, porcentaje y tasas por sexo y edad. Año 2015. | Gráfico: Ministerio de Sanidad

En la tabla inferior podemos observar cómo el porcentaje de nuevos diagnósticos entre HSH ha ido ascendiendo del 47,5% en 2009 al 56% en 2015. Paradójicamente, según nos asegura Juan Ramón Barrios, presidente de la Coordinadora estatal de VIH y sida (CESIDA), es esta comunidad la más concienciada en cuanto a riesgos y prevención del VIH. “Es el grupo que más se hace la prueba”, apunta Barrios. Entonces, ¿cuál es el motivo de este repunte?

Para el presidente de CESIDA, “se han relajado en las medidas de prevención, ya no es la enfermedad mortal de los años 90. Se le ha perdido el miedo al VIH”, asegura. Y es que según un informe publicado por el Ministerio de Sanidad en 2010 que refleja el número de muertes por VIH desde 1981 hasta 2008,  2.033 personas (1.684 hombres y 349 mujeres) murieron a causa del SIDA en 1990. Sin embargo, el número de defunciones alcanzó su máximo en el año 1995, con 5.857 muertes (4.741 hombres y 1.116 mujeres).

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Distribución de nuevos diagnósticos de infección por el VIH por año de diagnóstico y modo de transmisión. Datos de 15 CCAA, Ceuta y Melilla. Período 2009-2015. | Gráfico: Ministerio de Sanidad

En general,  durante el 2015 se han diagnosticado 3.428 casos de VIH entre toda la población en España, lo que representa una tasa del 7,39% por 100.000 habitantes, y aunque ralentizada, como se puede ver en el gráfico de arriba, continúa la tendencia descendente de los nuevos casos infección. Si en 2009, el porcentaje en la comunidad heterosexual era del 33,6%, para 2015 fue del 27,3%. Igual ocurre entre el colectivo PID (personas que se inyectan drogas), donde el número de casos de infecciones ha disminuido en seis puntos.

Para Juan Ramón Barrios puede tener su lógica desde el punto de vista biológico y social que sea entre los HSH donde el número de infecciones es mayor por “el tipo de prácticas de riesgo”. Estas serían, entre otras, la penetración anal, ya que “la mucosa del recto es más fina que la de la vagina o la boca y cualquier lesión puede hacer que el VIH pueda entrar en el torrente sanguíneo”; el número de parejas sexuales y el uso de distintas sustancias como alcohol u otras drogas, así como la práctica de fenómenos como el chemsex, “que facilita el contacto con otras personas anónimas”.

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Manifestación de la Radical Gay para denunciar la inactividad el gobierno frente al VIH. Mediados de los 90. | Foto: FELGTB

Por otro lado, “el 30% de la población que tiene VIH no lo sabe”, asegura Barrios, quien hace hincapié en que “cualquier persona que haya tenido prácticas de riesgo debe hacerse la prueba lo más pronto posible”. Además, recomienda a todos los HSH la realización del test cada tres meses. La Fundación Triángulo es una de las entidades que realiza este tipo de exámenes de forma anónima, gratis y  en sólo 20 minutos. En su web puedes acceder a todo tipo de información al respecto, así como el lugar de sus sedes y horarios.

Escasas campañas de prevención contra el VIH

Mucho ha llovido ya desde aquel ‘Póntelo, pónselo’. Una arriesgada campaña publicitaria que hace 27 años luchó por convertir el preservativo en algo cotidiano y necesario como medida eficaz para la prevención de embarazos no deseados y enfermedades de transmisión sexual.

Casi tres décadas han pasado ya desde que el preservativo saliera del armario con la campaña más ruidosa que ha dado nuestra democracia, y hoy, lejos de esto, pocas son los anuncios de las instituciones públicas sobre prevención del VIH. En este sentido, analizando las campañas contra el virus de inmunodeficiencia humana realizadas por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad en el periodo 2005-2017, tan sólo encontramos cinco, en los años 2008, 2009, 2010, 2011 y 2014, dirigidas al público HSH.

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Campañas prevención del VIH. Años 2014, 2011 y 2009. | Fuente: Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.

Y aunque como señala el presidente de CESIDA, Juan Ramón Barrios, “la responsabilidad de hacer campañas de prevención de ITS es de las administraciones públicas”, desde grandes empresas de preservativos como Control o Durex este tipo de acciones también brillan por su ausencia. Así nos lo afirman desde la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (FELGTS): “las campañas publicitarias de preservativos generalmente van dirigidas a parejas de diferente sexo –no tienen por qué ser heterosexuales, aclara– dejando a un lado parejas del mismo género e invisibilizando mucho todo lo que tiene que ver ya no sólo con el VIH sino con las infecciones de transmisión sexual (ITS) particularmente y, en general, con la salud sexual”, apunta Loren González, portavoz de Salud y VIH de la organización.

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Publicidad de Durex en su página web. | Imagen: Durex.es

Este periódico se ha puesto en contacto con ambas compañías, y mientras que desde Durex, tras un primer contacto, posteriormente no hemos recibido respuesta alguna, desde Control nos aseguran: “Nosotros hacemos cosas a pequeña escala, con asociaciones y algún instituto, pero siempre a través de alguna asociación. Y el día mundial del Sida solemos hacer alguna acción con entrega de muestras”. Sin embargo, finalmente afirman: “la verdad es que últimamente no se hacen campañas específicas para la concienciación sobre las enfermedades de transmisión“.

Así, tanto desde CESIDA como desde FELGTS aseguran que tan importen son las campañas de prevención del VIH dirigidas al colectivo HSH, como el lenguaje y las formas empleadas, ya que “se podría caer en la estigmatización y en la discriminación como sucedía en los años 80 cuando se asociaba este virus a determinada población creando de esta manera un estigma que a día de hoy sigue vivo”.

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La palabra 'queer', del insulto a la bandera

Cecilia de la Serna

Foto: Adnan Abidi
Reuters

Marica, sarasa, bollera, tortillera, bujarra, trucha… un sinfín de términos que se utilizaban de manera despectiva -y hoy aún algunos los siguen utilizando- y que más tarde fueron adoptados por el propio colectivo LGTBIQ. Esta es una forma ya clásica de romper con los insultos y la homofobia transformando palabras despectivas e hirientes en banderas propias del movimiento. Ahora muchos hispanohablantes se preguntan por la ‘Q’ de la LGTBIQ, que se refiere al término anglosajón queer.

Queer es fundamentalmente raro o excéntrico. Al menos ese es su significado original que, con el tiempo, ha ido mutando hasta convertirse en el término que hoy manejamos. Aunque no se conoce con seguridad el origen exacto de la palabra, no se empezó a utilizar para referirse despectivamente a una persona homosexual hasta finales del siglo XVIII y principios del XIX. El escritor escocés Walter Scott describió en 1826 en su novela Woodstock a un personaje cuyo aspecto era “what is vulgarly called queer” (“lo que vulgarmente se llama raro”), refiriéndose a un hombre con aspecto femenino. Otra referencia del uso de este término se remonta a 1894, cuando un noble escocés llamado John Douglas, que no estaba demasiado contento al descubrir que su hijo tenía una relación íntima con el escritor Oscar Wilde, llamó a hombres como Wilde “snob queers” y el escritor fue finalmente procesado por sodomía.

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Una mujer porta una pancarta que reza “queer, musulmana y orgullosa” en el desfile del Orgullo Gay en Toronto, Canadá. | Foto: Mark Blinch / Reuters

En el ensayo Queer: historia de una palabra, la filósofa española Paul B. Preciado señala que “desde su aparición en el siglo XVIII en lengua inglesa, queer servía para referirse al tramposo, al ladrón, al borracho y a la oveja negra, pero también a todo aquel que no pudiera ser inmediatamente reconocido como hombre o mujer”. Era, en definitiva, una manera de calificar despectivamente a los hombres afeminados y a las mujeres masculinas. Asimismo servía para referirse a las personas trans.

Desde aquella época, en la que la forma de describir a un hombre homosexual nunca era positiva, hasta los años 90, queer fue un insulto más de tantos hacia este colectivo. No obstante, en la última década del siglo XX algo cambió. De hecho lo hizo un poco antes, como bien apunta Paul B. Preciado en su libro. Fueron los 80, con la crisis del sida, los que propiciaron que “un conjunto de microgrupos decidiera apropiarse de la injuria queer para hacer de ella un lugar de acción política”, afirma Preciado.

La teoría queer cuestiona lo que se encasilla en una categoría

A partir de los 90, lo queer se fue expandiendo hasta convertirse en una teoría. Esta corriente representa a las sexualidades que traspasan las fronteras de lo aceptado socialmente: la vida heterosexual, mo­nógama y entre personas de la misma edad y clase social, entre otros condicionantes. Todo lo que está fuera de la norma social es lo que engloba la teoría queer. Así, una pareja heterosexual e interracial, por ejemplo, podría considerarse queer.

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La teoría queer rechaza lo socialmente establecido. | Foto: Andrew Kelly / Reuters

Además, grosso modo, aparte de retar la heterosexualidad “obligatoria” (también llamada “heteronormatividad”), la teoría queer rechaza clasificar a las personas por su orientación sexual o identidad de género. Teniendo en cuenta que la teoría queer cuestiona lo que se encasilla en una categoría, para muchos resulta contradictorio hablar de personas LGTBIQ. Ser queer, al final, es estar en contra de definiciones, vivir en una fluidez constante y cuestionar siempre lo socialmente establecido, incluidas las etiquetas “lesbiana”, “gay”, “bisexual”, “trans” e “intersexual”.

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#MarkYourPride: la iniciativa viral para protestar por los derechos LGTB en Rusia

Redacción TO

Foto: Ben Nelms
Reuters

Ser gay, lesbiana, transexual, bisexual o intersexual en Rusia no es un trago fácil. Allí, tanto la ley sobre propaganda gay como la homofobia que impera en la sociedad rusa les complican las cosas a los que viven la vida con una sexualidad o identidad de género no normativas. La indignación de la comunidad internacional por esta situación es de carácter general. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos acaba de poner en evidencia el carácter homófobo de la “ley sobre propaganda gay” rusa. Ahora tú también puedes poner tu granito de arena.

Si vas a acudir este año al gran evento mundial del Orgullo Gay en Madrid, o a cualquier otra fiesta LGTB alrededor del planeta, tienes una forma muy sencilla de dar visibilidad a los derechos de la comunidad LGTB en el país, de dar voz a los silenciados. Con esta meta ha nacido #MarkYourPride, una iniciativa de la Federación Estatal LGTB (FELGTB) que se propone llenar de banderas arcoiris la plaza Roja de Moscú.

Es tan sencillo como hacer una foto de tu celebración del Orgullo, con mucho color y llena de amor, subirla a Instagram y geolocalizarla en Red Square, Moscow, o lo que es lo mismo, en la Plaza Roja de Moscú. Una forma ingeniosa y fácil de que el mundo le diga a Putin que está al lado de los perseguidos por su condición sexual o identidad de género.

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La historia en imágenes de la lucha LGTB tras el franquismo

Jorge Raya Pons

Foto: FELGTB

Los años oscuros no quedan tan lejos. En marzo de 1976, el valenciano Antonio Ruiz, de 18 años, fue detenido y encarcelado durante 94 días después de que un juez aplicara contra él la Ley de Peligrosidad Social. Se trataba de una legislación aprobada en 1970 por las Cortes franquistas para castigar aquellas conductas que se consideraban antisociales, y ser homosexual era una de ellas. Esta ley, que vino a sustituir la famosa Ley de Vagos y Maleantes ­–puesta en vigor en 1933 y reformada en 1954 para incluir a los homosexuales, igualándolos, por ejemplo, a los pederastas– contemplaba penas como el internamiento en prisión –unos 5.000 en ocho años– o el sometimiento a terapias de conversión, las cuales, para sorpresa general, siguen existiendo.

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Una máquina de electroshock empleada en los años 60. | Fuente: FELGTB

Antonio Ruiz es un símbolo de la persecución contra los homosexuales que se desató durante el franquismo y que dio sus últimos coletazos en los primeros años de la democracia; la ley sufrió varias reformas en los años siguientes –eliminando los artículos relativos a los actos de homosexualidad en 1979– y fue abolida definitivamente en 1995. En 2009, Antonio fue el primer indemnizado en España por haber entrado en prisión por ser homosexual. Le compensaron con 4.000 euros.

Tras salir de los tribunales, celebró enérgicamente la resolución del Gobierno español, entonces presidido por Rodríguez Zapatero. “Por fin somos ciudadanos de primera”, dijo. “España se ha convertido en el primer Estado del mundo que reconoce la represión a la que se vieron sometidos los homosexuales y les indemniza. Hemos empezado a recuperar la memoria histórica”. Queda para las próximas generaciones su ficha policial de 1976; en ella se puede leer con claridad que el motivo de su detención fue su condición sexual. No han pasado más que cuatro décadas desde entonces.

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Ficha policial de Antonio Ruiz, detenido por ser homosexual en 1976. | Fuente: FELGTB

Este viraje tan extraordinario que ha vivido España en menos de medio siglo solo se comprende desde la lucha que ejercieron activistas como Armand de Fluviá o Francesc Francino, quienes decidieron enfrentarse a la Ley de Peligrosidad Social aun a riesgo de sufrir la represión de la dictadura. “En aquella época, los gais éramos un peligro social, unos corruptores de menores, unos enfermos mentales, los peores pecadores y la escoria de la sociedad”, recuerda Armand, a sus 85 años, quien más adelante se convertiría en la primer homosexual en manifestarlo públicamente en televisión: fue en 1978, en el programa Vosté pregunta.

“Yo fundé el movimiento gay en 1970 con el MELH (Movimiento Español de Liberación Homosexual). Lo hacíamos todo en la clandestinidad, incluso un fanzine que enviábamos desde París. Lo hacía con mi amigo Francesc (Francino), que murió hace muchos años por el sida. El primer número salió en 1972 y se llamaba Aghoix, sacamos 18 números. Pasábamos la frontera con mucho pánico, con miedo a que nos viera la Policía o la Guardia Civil. Lo hacíamos de uno en uno y por la noche. Este fue el juego sagrado que se mantuvo hasta que Franco murió. Entonces ya salimos con una cosa más potente que es el FAGC (Frente de Liberación Gai de Cataluña)”.

Durante el franquismo apenas eran “unos 20” quienes luchaban desde la clandestinidad; en cuanto se fundó el FAGC, sostiene Armand, llegaron a ser cerca de 500.

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Un manifestante durante la primera marcha del Orgullo celebrada en Madrid, en 1978. | Fuente: FELGTB

Un nuevo país

El emerger del FAGC en la sociedad española fue decisivo; no se puede comprender la lucha LGTB en España sin atender a sus logros. El FAGC fue el punto de partida de todo un movimiento que había guardado silencio por demasiado tiempo y que fue una inspiración para otros territorios que encontraron en Cataluña un ejemplo. Sus principales exigencias fueron la abolición de la Ley de Peligrosidad y la legalización de las organizaciones activistas; la propia FAGC fue inscrita y legalizada en 1980.

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Durante el primer Orgullo celebrado en Madrid se reclamó la abolición de la Ley de Peligrosidad Social.

“Todos los partidos y sindicatos que salieron de la clandestinidad como nosotros nos apoyaron”, relata Armand. “Se fueron formando grupos en distintos sitios de España y empezó la lucha. Yo recuerdo que en 1976 vino a visitarme el iniciador del movimiento gay en Euskadi para ver cómo lo habíamos hecho aquí, en Cataluña. Luego vinieron desde Sevilla. Recuerdo que en 1977 publicamos el manifiesto del FAGC; aquello sirvió para el resto de grupos que fueron formándose en España”.

El resultado de este ímpetu se hizo visible en Barcelona con la primera marcha LGTB permitida por las autoridades en España; fue el 26 de junio de 1977 y recorrió las Ramblas al grito de “¡Amnistía!”. De acuerdo con las crónicas de la época, se congregaron en la emblemática vía cerca de 4.000 personas. La primera celebración del Orgullo en Madrid se convocó un año después.

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Dos hombres en el Orgullo madrileño de 1978. | Fuente: FELGTB
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El movimiento feminista tuvo protagonismo en el primer Orgullo de Madrid. | Fuente: FELGTB

“Del 75 al 80 fue un quinquenio de maravilla”, dice Armand, con entusiasmo. “Muerto Franco, se acabó la rabia. Tras tantos años de dictadura se levantó esa losa que había, la gente perdió el miedo. Todo era fantástico”.

Desde entonces las marchas se han sucedido en todo el país, especialmente en las grandes ciudades, y el fortalecimiento del movimiento desde los años 90 ha permitido dar voz también a los transexuales y a las lesbianas, que comenzaron a agruparse en colectivos feministas para reivindicar que se les diera la misma visibilidad que a los hombres homosexuales.

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Una niña, con la bandera del Orgullo pintada. | Fuente: FELGTB

La evolución de las reivindicaciones

La historia reciente del movimiento homosexual, tal y como se puede descubrir en la exposición Subversivas: 40 años de activismo LGTB en España –organizada por la Federación Española de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales–, es la muestra tangible de la evolución de la sociedad española desde la Transición hasta hoy, con todas sus etapas.

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Los activistas se movilizaron para concienciar a las autoridades sobre la gravedad del sida, que afectaba con dureza a la comunidad gay. | Fuente: FELGTB

Desde la lucha por la concienciación contra el sida, la principal preocupación de los colectivos LGTB en los 80, hasta la Ley de Matrimonio Homosexual (2005) o la Ley de Identidad de Género (2007), que permitió a cualquier persona a cambiar su nombre y sexo en el registro  sin necesidad de pasar por una operación.

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Pedro Zerolo, uno de los grandes activistas LGTB contemporáneos, junto a Toni Poveda y Bibiana Aído en 2008. | Fuente: FELGTB

Es una realidad que la transformación del país ha sido absoluta; en cuatro décadas, España se ha convertido en un referente mundial en la defensa de los derechos de la comunidad LGTB. Tanto es así que este año es Madrid la ciudad que acoge la fiesta internacional del Orgullo; durante dos semanas se espera recibir hasta tres millones de personas en la ciudad.

“Hemos alcanzado lo que muchos otros no han logrado”, sentencia Armand. “Realmente, ahora no tenemos ninguna discriminación. La lucha de los colectivos es ahora contra la homofobia. Tenemos leyes para ello y contemplan sanciones. Es cierto que hay gente medio loca que nos odia, pero no creo que sean demasiados”.

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Celebración del Europride en Madrid en 2007. | Fuente: FELGTB

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Foto de la manifestación del Orgullo en 2009. | Fuente: FELGTB

En cualquier caso, el activista barcelonés sostiene que todavía quedan algunas victorias pendientes: “Ahora hay que incidir en la enseñanza y en los medios de comunicación. Lo que tenemos que conseguir es que se hable desde la guardería hasta la universidad, que la televisión vaya dando ejemplos positivos desde la homosexualidad. Y detalles como el alquiler de vientres, algo que aquí en España todavía no se permite, pero que parece que está al caer”.

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