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El resurgir del iberismo político: unir España y Portugal con el fin de controlar Bruselas

Borja Bauzá

Foto: Pedro Szekely
Flickr bajo Licencia Creative Commons

Hace cinco siglos que Covilhã dejó de aportar nombres a la lista de “personalidades ilustres” que elabora la Wikipedia. Los últimos covillanenses que aparecen en ella son los hermanos Faleiro, dos cosmógrafos del siglo XVI que colaboraron estrechamente con Fernando de Magallanes. Pero esto puede cambiar en los próximos años si Paulo Gonçalves, un vecino de este antiguo castro lusitano reconvertido en ciudad de provincias, consigue su objetivo: crear una suerte de confederación ibérica para que España, Andorra y Portugal vuelvan a tener peso en el mundo.

Gonçalves no está solo. A unos 515 kilómetros y una frontera de distancia se encuentra Casimiro Calderón, el antiguo alcalde socialista de Puertollano, provincia de Ciudad Real. Él también piensa que la creación de una Comunidad Ibérica de Naciones mejoraría la vida de todos los habitantes de la península. Gonçalves y Calderón se conocieron hace cinco años gracias a un bloguero de Málaga que gestionaba una bitácora sobre iberismo, que es como se conoce al movimiento que promueve algún tipo de unión entre España y Portugal. Se entendieron inmediatamente y tras meses de correspondencia el portugués pagó visita al español. “Hoy –dice Gonçalves– Casimiro es como parte de mi familia”.

Poco antes de saber de la existencia de Calderón, concretamente el 12 de febrero del 2012, Gonçalves dio un paso importante: fundó el Movimiento Partido Ibérico, una plataforma dedicada a defender las ventajas del macroestado ibérico en Portugal. Cuando se conocieron y le comentó su iniciativa a Calderón, el ex alcalde de Puertollano se entusiasmó y decidió montar una organización hermana al otro lado de la frontera. Así nació el Partido Íber.

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Paulo Gonçalves y un militante del Partido Íber en la Cumbre Luso-Española de 2017. Autor: Foto cedida por Paulo Gonçalves

Ambas formaciones se pusieron manos a la obra inmediatamente. El trabajo acabó dando sus frutos y en octubre del 2016, tras organizar una cumbre en Lisboa para presentarse ante el mundo, la prensa se hizo eco de sus intenciones. En ese encuentro también leyeron una carta –colgada en su página web en castellano, portugués y catalán– que ya se conoce como la Declaración de Lisboa. Es un documento que llama a “los ibéricos, como pioneros de la globalización y el mestizaje, a liderar un mundo de futuro incierto donde vuelven a levantarse fronteras y se profundiza la crisis de valores”. Los autores de la carta también se quejan de que el iberismo, una tradición política con varios siglos de existencia, ha sido borrado de los libros de historia con bastante alevosía.

*

Lo primero que conviene aclarar cuando toca hablar de iberismo es que nadie se pone de acuerdo a la hora de establecer cuándo y cómo surge el fenómeno.

Para Gonçalves el iberismo nació el 7 de junio de 1494, cuando los Reyes Católicos y Juan II de Portugal acordaron repartirse el mundo en el Tratado de Tordesillas. “Ese día ambos reinos apostaron por un futuro sin conflicto”, explica el fundador del MPI. Los académicos, sin embargo, manejan otras teorías. Gabriel Magalhães, escritor y catedrático especializado en el estudio de las identidades de España y Portugal, también apunta al siglo XV como el origen del iberismo, pero se desmarca del Tratado de Tordesillas y opina que la clave reside en la política matrimonial de la monarquía lusa, que pretendía conseguir por esa vía una unión peninsular de proyección mundial. Con capital en Lisboa, por supuesto. No está de acuerdo el historiador José Miguel Sardica, quien sostiene que hace nueve siglos ya existían acercamientos diplomáticos entre los reinos de la época. Estos serían, en su opinión, los primeros síntomas de iberismo. Una nueva voz discordante: la de Santiago Pérez Isasi, investigador en la Universidad de Lisboa. Este académico vasco argumenta que si se habla con propiedad entonces no se puede hablar de iberismo hasta el siglo XIX, pese a todas las relaciones políticas, comerciales y culturales que existieron antes.

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Portada de Ibéria. | Imagen: Aletheia Editores

Lo segundo que conviene aclarar cuando toca hablar de iberismo es que, tenga o no tenga su origen en el XIX, este siglo fue la época dorada del movimiento gracias al florecimiento de los nacionalismos unificadores. En un tiempo en el que se pensaba que sólo las naciones más grandes sobrevivirían, y teniendo en cuenta la pérdida de las colonias en Sudamérica, la idea de un Estado Ibérico, de una Iberia fuerte y unida que siguiese los pasos de las recientemente formadas Alemania e Italia, resultaba tentadora.

Durante las primeras décadas del siglo, el iberismo estuvo estrechamente ligado al liberalismo y, por lo tanto, se opuso frontalmente al absolutismo. Eran los tiempos de Fernando VII, del vivan las cadenas y del exilio de un número importante de liberales españoles, que escogieron Londres como refugio. En la capital británica coincidieron con un buen puñado de liberales portugueses que no se fiaban de los absolutistas lusos –Juan VI y Miguel I– y preferían mantener las distancias. Se habló largo y tendido de la posibilidad de unir ambos reinos bajo un monarca constitucional liberal que gobernase sobre toda la Península Ibérica. El nombre de Pedro I de Brasil, hijo de Juan VI y sobrino de Fernando VII, un rey liberal que se había enfrentado a las aspiraciones absolutistas de su padre, sonó con fuerza. Le enviaron cartas pidiéndole que aceptase el reto mientras el poeta Almeida Garrett se paseaba por Europa elogiando a aquellos ciudadanos de la Península Ibérica –a aquellos “hispanos”– dispuestos a luchar por las libertades individuales.

Sin embargo, esta primera ola de iberismo decimonónico se topó de bruces con las tensiones internas de ambos países; la guerra civil portuguesa y la primera guerra carlista silenciaron cualquier proyecto unificador.

La segunda ola de iberismo decimonónico, más fuerte que la primera, viene marcada por la publicación de un libro escrito por el diplomático español Sinibaldo de Mas en 1851: La Iberia. En su obra, el que fuera el primer embajador de España en China defendía las ventajas políticas y, sobre todo, las ventajas económicas de una unión ibérica. Tal fue su adherencia a la causa que hasta llegó a sugerir un nuevo escudo para la nueva nación.

Fue durante esta segunda ola cuando el iberismo se dividió en dos corrientes bien diferenciadas: frente a la que promovía la unión bajo una forma monárquica y centralista surgió otra que defendía una unión republicana y federal. Este último modelo incluía desde posturas liberales, ergo burguesas, hasta otras influenciadas por el incipiente movimiento obrero y la doctrina socialista.

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Praça do Comércio de Lisboa y el Rey José I, estatua de Machado de Castro (1775) | Foto: Han van Hoof vía Flickr bajo licencia Creative Commons.

“El siglo XIX fue una especie de casino en el que se podían hacer todo tipo de apuestas”, apunta Gabriel Magalhães. “Se propuso un iberismo neocolonial y otro que se podría decir de izquierdas, y que pretendía renovar muchas cosas”, añade el catedrático antes de concluir, esbozando una tímida sonrisa, que el iberismo podría definirse “como uno de esos espejismos que surgen a lo largo de la historia”. Uno de esos proyectos quijotescos que no llegan a ningún puerto.

Desterrado el absolutismo, la recta final del siglo trajo otros adversarios. “Los pequeños avances del iberismo tenían como respuesta una defensa acérrima del nacionalismo portugués”, explica Pérez Isasi. Poco después surgiría el Integralismo Lusitano, un movimiento tradicionalista que se presentó como defensor de la monarquía portuguesa frente a injerencias extranjeras.

¿Y en España? “Exceptuando a un reducido grupo de intelectuales, escritores y políticos, la mayoría de los debates iban por otro lado y tenían más que ver con la idea de regeneración o la relación con Europa”, explica el investigador vasco. La única excepción sería Cataluña, donde sí hubo una tradición iberista fuerte encabezada por intelectuales vinculados a la Renaixença que vieron en el hipotético Estado Ibérico una forma de debilitar el poder de Castilla en beneficio de las demás “naciones ibéricas”. Francisco Pi i Maragall, que llegó a ser presidente de la (brevísima) primera república española, defendió en varios de sus escritos la creación de una federación autonomista.

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Fotografía del poeta Antero de Quental (1875) vía pedroteixeiradamota.blogspot.com

Resumiendo: el iberismo tuvo que enfrentarse al nacionalismo portugués y al desinterés español. Y perdió. Con la llegada del siglo XX las relaciones entre ambos países se enrarecieron; en Portugal se proclamó la república mientras en España unos Borbones cada vez más recelosos del país vecino lograban perpetuarse en el poder. Aunque el iberismo cultural, derivado del iberismo político, siguió contando con defensores, la unión política se volvió más utópica que nunca.

Lo tercero que conviene aclarar cuando toca hablar de iberismo es que era un proyecto promovido por las élites intelectuales y que, como tal, tuvo escaso calado social pese a la cantidad de revistas y periódicos –A Iberia, A Peninsula, Revista de Mediodía, Revista Peninsular o el diario barcelonés La Corona de Aragón– que defendieron la causa.

Uno de los principales referentes del iberismo decimonónico junto a Sinibaldo de Mas fue, según Pérez Isasi, el poeta Antero de Quental. En el marco de unas jornadas de debate celebradas en Lisboa en 1871, Quental pronunció una conferencia titulada Causas da decadência dos povos peninsulares. Poco después de su intervención, las autoridades prohibieron el evento alegando que iba demasiado lejos a la hora de cuestionar el statu quo. El intelectual y político Oliveira Martins, que escribió la Historia de la Civilización Ibérica, fue otro de los grandes defensores del iberismo en Portugal. Al otro lado de la frontera el diplomático y escritor Juan Valera, el novelista Clarín y la ensayista de noble cuna Emilia Pardo Bazán propusieron un acercamiento con la nación vecina. Aunque, en opinión de Pérez Isasi, “llamarles iberistas quizás sea exagerar”.

Pero quizás los dos representantes más famosos del iberismo sean Miguel de Unamuno y Fernando Pessoa. Paradójicamente, ambos se involucran en el fenómeno ya en el siglo XX. Y, curiosamente, nunca se trataron.

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Portada de Iberia. Introducción a un imperialismo futuro. | Iamagen: Editorial Pre-Textos

“Miguel de Unamuno fue una especie de fantasma para Pessoa”, explica Antonio Sáez Delgado, profesor de la Universidad de Évora especializado en las relaciones literarias entre España y Portugal a principios del siglo XX y autor de Pessoa y España (Pre-Textos).

En 1915, poco después de publicar Por tierras de Portugal y España, que de algún modo convirtió al filósofo vasco en el faro del iberismo cultural de la época, Unamuno recibió una carta de Pessoa en la que el entonces joven escritor portugués le invitaba a colaborar en la revista Orpheu. Sáez Delgado explica que Unamuno nunca se dignó a contestar, hecho que dejó bastante tocado a Pessoa. Pero la anécdota no acaba ahí. Años más tarde, en 1930, un amigo de Pessoa, António Ferro, consigue entrevistar a Unamuno en Salamanca. En esa entrevista, que apareció publicada en el Diário de Notícias, el de Bilbao declara que los escritores vascos, gallegos y catalanes deberían escribir en castellano para aspirar a un público mayor. “Tras la muerte de Pessoa se encontró entre sus papeles un recorte de la entrevista junto a un texto en el que refuta a Unamuno diciendo que, por esa máxima, los escritores deberían escribir todos en inglés”, explica el investigador de la Universidad Évora. El texto, por cierto, estaba escrito en inglés.

En España se ha discutido mucho en torno al proyecto ibérico que tenía Pessoa en la cabeza, sobre todo a raíz de la crisis territorial que surge en 2012 con el proceso soberanista catalán. No obstante, Sáez Delgado advierte que conviene aproximarse con prudencia a los textos que escribió reflexionando sobre su idea de Iberia entre 1910 y 1930 (las reflexiones del luso han sido publicadas en castellano por la editorial Pre-Textos con el título Iberia. Introducción a un imperialismo futuro).

“Pessoa no fue un gran conocedor de España”, empieza diciendo Sáez Delgado. Pero pese a no ser un experto, le interesaba mucho la pluralidad de la Península Ibérica. “Él habla del País Vasco, de Galicia y de Cataluña, incluso habla del problema catalán, pero lo hace desde un prisma cultural y desde el respeto que otorga la lejanía”. Y aunque es cierto que Pessoa tenía ciertas reservas con el centralismo español y el papel dominante de Castilla –“a quien veía como el gran enemigo secular de Portugal”–, Sáez Delgado opina que algunas interpretaciones políticas que se han hecho recientemente del Pessoa más iberista caen en el dramatismo y la exageración. “Él no pensó en términos de arquitectura política; lo que esbozó fue una especie de confederación espiritual marcada por la pluralidad cultural”.

Gabriel Magalhães es algo más crítico en su análisis, y sostiene que el iberismo de Pessoa venía “con cargas de dinamita”. “El proyecto iberista de Pessoa busca destrozar Castilla”, asegura el catedrático.

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Portada de Los secretos de Portugal. | Imagen: RBA

En lo que ambos académicos están de acuerdo es en el carácter cambiante del literato portugués. En 1934, cuatro años después de sus últimos textos iberistas, salió a la calle el único libro que Pessoa publicó en vida: Mensagem, una colección de poemas en clave nacionalista. Lo curioso del caso es que algunos de los versos que incluía el volumen habían sido redactados en la misma época que los textos iberistas

Lo que se deduce de la vida y obra de Pessoa, según Pérez Isasi, es que el escritor mantuvo una reflexión constante sobre la cuestión ibérica, aunque enfocada siempre desde sus propios intereses y obsesiones particulares. “Es cierto que Pessoa habla de una unidad cultural ibérica, que uniría lo Mediterráneo con lo Atlántico, pero lo hace con la vista puesta en un imperialismo americano”, sostiene. Es decir: que para Pessoa el iberismo no sería un fin en sí mismo sino un proyecto que nace del deseo de volver a convertir a Portugal en el dominador del orbe. “Y en ese nuevo Portugal futuro –termina Pérez Isasi– Pessoa sería su gran poeta-profeta”.

El historiador José Miguel Sardica está de acuerdo con esta interpretación solo a medias: “Pessoa es un hispanófilo adicto al descubrimiento mutuo de pueblos que suscribía la visión de que la Península Ibérica es una suma de partes y que, por tanto, repudiaba cualquier absorción por parte de una sola de esas partes”. En su opinión, Pessoa creía que una unión ibérica podía volver a situar a los pueblos peninsulares en el centro del escenario global.

*

“El día en que España y Portugal se presenten juntos en Bruselas, a Europa le van a temblar las piernas”. Es Paulo Gonçalves, el fundador del MPI, quien hace esta afirmación. “Fíjate en una cosa: ¿cuántos europarlamentarios pueden tener, en conjunto, nuestros dos países?” La respuesta, según la distribución actual del Parlamento Europeo, es 75. Es decir: sería el segundo estado por número de escaños, solo siendo superado por Alemania (96) y quedando a uno de Francia (74).

A Gonçalves le gusta recurrir a un ejemplo concreto: cuando Mariano Rajoy y el entonces primer ministro portugués Pedro Passos-Coelho acudieron, en el año 2014, a un Consejo Europeo dispuestos a exigir, juntos, un mercado común de la energía beneficioso para la Península Ibérica. Ambos salieron de aquel encuentro satisfechos por haber conseguido lo que pedían. “Es un ejemplo claro de cooperación ibérica y el camino a seguir, por mucho que fastidie a franceses e ingleses”, añade el covillanense.

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Paulo Gonçalves con varios coordinadores regionales del MPI. Autor: | Foto cedida por Paulo Gonçalves

Pero, precisamente, si cuando hay un interés común ya existe una cooperación, ¿por qué unir a España y Portugal? ¿Quizás para plantear, a medio plazo, un macroestado ibérico que sirva como alternativa a la Unión Europea? “No, no, no –niega, con vehemencia, Gonçalves– no planteamos un futuro por fuera de la Unión Europea sino ganar peso dentro de la misma”. En opinión del fundador del MPI, la Europa actual ya no es la Europa idealista y solidaria de hace tres décadas, sino una organización comercial que se debate entre la tecnocracia de los países del norte y los populismos de derechas procedentes, sobre todo, del oriente continental. “El iberismo lo que busca es desplazar el centro de gravedad hacia Iberia, una región solidaria y que, además, serviría de enlace con Latinoamérica”.

José Miguel Sardica cree que, efectivamente, el resurgimiento que el iberismo está registrando de unos años a esta parte tiene como objeto hacer piña en una Europa cada vez más escorada hacia el Este.

Sin embargo, Gabriel Magalhães, que se define como alguien muy crítico con el iberismo hoy en día, no termina de entender la postura de Gonçalves. “Pero si el mejor iberismo que se ha inventado ya lo tenemos: se llama europeísmo”. El europeísmo, añade, permite una estrechísima colaboración entre los estados miembros, la libre circulación de personas, la posibilidad de cambiar el rumbo de las cosas dentro del marco establecido y toda una serie de alianzas estratégicas impensable hace apenas medio siglo. Las fronteras están, pero por estar. “Y sí, el iberismo cultural es bueno, es sano y es entrañable, pero hoy en día también existe un interés cultural mutuo importantísimo entre España y Portugal, así que… ¿iberismo para qué?”.

¿Quizás como posible salida a la crisis territorial de España si con el tiempo la situación empeora?

Gonçalves evita meterse en jardines. Dice que la posición de su organización es la de perseguir una unión ibérica esté quien esté. Si hay tres estados como ahora (el MPI cuenta Andorra, que es de hecho el territorio que justifica el uso del catalán en sus documentos) pues serán tres los actores que tengan que sentarse a hablar. Si hay cuatro estados, pues hablarán cuatro. Y si hay cinco, pues cinco. “Nosotros creemos que los españoles tienen inteligencia suficiente como para saber organizarse”, dice. Aclara, no obstante, que el proyecto sólo se plantea por vía democrática; si uno de los estados candidatos decidiese no entrar a formar parte del proyecto, su decisión se respetaría en todo momento. “El proyecto es para los que están y para los que quieren estar”.

Desde que el MPI y el Partido Íber comenzaron su andadura, las encuestas que se han realizado en ambos países respecto a una hipotética unión ibérica no han obtenido malos resultados. En todos los casos los encuestados han mostrado gran simpatía por el país vecino y han respondido positivamente a preguntas sobre una mayor cooperación entre España y Portugal. Esas son las expectativas que manejan las formaciones iberistas ahora mismo. “Aunque en el pasado se ha llegado a hablar de fusión, hoy no parece la mejor opción”, explica Gonçalves antes de exponer que lo idóneo sería empezar a caminar juntos fusionando solamente algunas competencias como Medio Ambiente, Economía o Transporte. Los aspectos más delicados –Defensa, Interior, Justicia– no se tocarían. De momento.

*

Es evidente que a Paulo Gonçalves no le falta idealismo, pero es prudente. Sabe que la recuperación del iberismo como planteamiento político va a llevar mucho tiempo. También es consciente de que, incluso si se consigue extender el fenómeno, puede volver a repetirse la performance del XIX, cuando todo quedó en agua de borrajas. Puede, como dice Gabriel Magalhães, que el iberismo sea un espejismo quijotesco condenado a estrellarse una y otra vez. En definitiva: puede que lo que está haciendo con su vida no sirva para nada.

Con todo, Gonçalves, un huérfano de padre que se costeó la vida vendiendo pescado de puerta en puerta en su Covilhã natal, sigue empeñado en poner este proyecto a velocidad de crucero cueste lo que cueste. Luego, dice, podrá morirse en paz.

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Mapa de los principales nacionalismos sin estado en Europa

Néstor Villamor

Foto: Andreina Restrepo
The Objective

Si bien el separatismo catalán ocupa actualmente la atención tanto en España como en Europa y el resto del mundo, Cataluña es solo una de las muchas regiones sin estado con un movimiento nacionalista. Las viejas tensiones territoriales del continente nunca habían estado tan presentes desde el inicio del proceso de unificación europea. Los recientes referéndums tanto en Cataluña como en Escocia o incluso el Brexit, la salida del Reino Unido de la Unión Europea, son tres de los ejemplos más claros. Desde movimientos independentistas que buscan la secesión o la reanexión con otros países hasta otros regionalistas que solo buscan tener más competencias, estos son algunos de los territorios europeos donde el nacionalismo tiene una representación parlamentaria sólida.

Flandes, Bélgica

Población: 6.477.804 (57,3% de Bélgica)

Extensión: 13.522 km² (44,2% de Bélgica)

PIB per cápita: 39.643 dólares internacionales (41.212 en Bélgica)*

Idioma propio: No

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Un grupo de independentistas flamencos despliega una pancarta que reza “Flandes independiente” frente a la casa del rey Alberto II, en Bruselas, en 2007. | Foto: Francois Lenoir / Reuters

La Nueva Alianza Flamenca (Nieuw-Vlaamse Alliantie o N-VA) no solo es el partido con más representación en el Parlamento regional (con 42 de los 124 escaños) sino también del Parlamento Federal Belga. La coalición con la que el N-VA gobierna en Flandes desde 2014, con otras dos fuerzas no independentistas, ha hecho que modere sus posturas, pero el partido propugna la independencia total de esta región, en la que se habla neerlandés principalmente. Precisamente fue un miembro de N-VA, Theo Francken, el que dijo que ofrecer asilo político a Carles Puigdemont en Bélgica tras la declaración de independencia era “una posibilidad”. Además de N-VA, otras dos fuerzas buscan en el Parlamento Flamenco más autonomía con respecto a Bruselas: Vlaams Belang (con seis escaños) y Union des Francophones (con uno). Los primeros abogan por una independencia completa, mientras que los segundos buscan ciertos privilegios y exenciones para las áreas francófonas de Flandes. Tanto N-VA como Union des Francophones son de derechas. Vlaams Belang, por su parte, pertenece a la derecha populista.

*El PIB per cápita, tanto de Flandes y Bélgica como del resto de territorios de este reportaje, está presentado en dólares internacionales, una divisa ficticia empleada habitualmente a la hora de comparar distintas regiones.

Islas Feroe, Dinamarca

Población: 49.884 habitantes (0,86% de Dinamarca, sin contar Groenlandia)

Extensión: 1.393 km² (24,4% de Dinamarca, sin contar Groenlandia)

PIB per cápita: 36.600 dólares internacionales (46.600 en Dinamarca)

Idioma propio: Feroés

De los 33 asientos de la Asamblea de las Islas Feroe -el Løgting-, una mayoría muy ajustada de los asientos, 17 de ellos, está ocupada por partidos que abogan por el independentismo. Dos de las tres fuerzas que ahora mismo gobiernan el archipiélago, República y Progreso, son independentistas. Otras dos formaciones, Partido del Autogobierno y Partido Popular, también defienden la separación desde posturas que oscilan entre la izquierda y el centroderecha. El nacionalismo feroés, derivado de las diferencias lingüísticas y culturales y de los 900 kilómetros que separan a las islas de la Dinamarca continental, ha tenido mucho auge desde el final de la Segunda Guerra Mundial. De hecho, en 1946 se realizó un referéndum consultivo sobre la independencia en el que ganó el sí a la separación. Aunque finalmente los resultados no se aplicaron, el plebiscito logró que las Feroe gocen actualmente de un gran nivel de autonomía con respecto a Copenhague. Actualmente, diversas encuestas sitúan a los habitantes de las islas divididos a la mitad sobre el independentismo.

Cataluña, España

Población: 7.408.853 habitantes (15,9% de España)

Extensión: 32106,5 km² (6,3% de España)

PIB per cápita: 36.565 dólares internacionales (32.765 en España)

Idioma propio: Catalán

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Una multitud de independentistas catalanes celebra la declaración unilateral de independencia el pasado octubre. | Foto: Juan Medina / Reuters

Aunque las raíces históricas del nacionalismo catalán hay que buscarlas en la Edad Media, es en el siglo XIX cuando aparece el nacionalismo moderno en Cataluña. Desde la independencia total con respecto a España hasta la defensa de una Cataluña encajada dentro de España en forma de Estado federado o confederado, el nacionalismo catalán escribe en estos momentos uno de los capítulos más importantes de su historia. Después de las elecciones del 21 de diciembre, convocadas en el marco de la aplicación del artículo 155 de la Constitución Española como respuesta a la declaración unilateral de independencia, el Parlament catalán cuenta con 70 asientos (de un total de 135) ocupados por independentistas (Junts per Catalunya, Esquerra Republicana de Catalunya-Catalunya Sí y la Candidatura d’Unitat Popular). El nacionalismo catalán está representado en la Cámara por formaciones que van desde el centroderecha hasta la izquierda radical.

Galicia, España

Población: 2.720.544 habitantes (5,8% de España)

Extensión: 29.574,4 km² (5,8% de España)

PIB per cápita: 27.444 dólares internacionales (32.765 en España)

Idioma propio: Gallego

El mapa del nacionalismo en Europa 1
Un grupo de manifestantes despliega en Santiago la bandera independentista gallega, la estreleira, en 2016. | Foto: Óscar Corral / Efe

Galicia ha tenido un movimiento nacionalista desde el siglo XIX bajo distintas formas (provincialismo, federalismo, rexionalismo), un proceso que coincidió en el tiempo con el Rexurdimento o resurgimiento de la literatura y la cultura de la región de la mano de distintos intelectuales, principalmente Rosalía de Castro. Actualmente, 11 de los 75 escaños del Parlamento Gallego están ocupados por partidos que buscan mayor autonomía. Las demandas del nacionalismo gallego van desde la defensa de la lengua y la cultura galaicas, el reconocimiento de Galicia como nación o la soberanía energética hasta la independencia total con respecto a Madrid. Todas las formaciones galleguistas con representación parlamentaria (Bloque Nacionalista Galego, Esquerda Unida y Anova-Irmandade Nacionalista, estos dos últimos integrados dentro de En Marea) son de izquierdas.

País Vasco, España

Población: 2.164.144 habitantes (4,6% de España)

Extensión: 7.234 km² (1,4% de España)

PIB per cápita: 40.425 dólares internacionales (32.765 en España)

Idioma propio: Vasco

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Un grupo de nacionalistas vascos se manifiesta en Bilbao, en 2016. | Foto: Alvaro Barrientos / Efe

Si bien históricamente el País Vasco incluye también Navarra y una parte del suroeste de Francia (lo que se conoce como Euskal Herria), es en la comunidad autónoma del mismo nombre donde el nacionalismo ha tenido mayor presencia. Comparada con otras comunidades, Euskadi ya cuenta con mayor autonomía financiera con respecto a España. Actualmente, 46 de los 75 escaños del Parlamento vasco están ocupados por formaciones nacionalistas. El nacionalismo vasco comprende un espectro ideológico que abarca desde el centroderecha del Partido Nacionalista Vasco (PNV) hasta la izquierda abertzale de Bildu, vinculado a la banda terrorista ETA. El independentismo vasco ha dejado atrás la violencia desde que en 2011 ETA anunciara el alto al fuego, poniendo fin a cerca de medio siglo de violencia tanto en Euskadi como en el resto de España y en Francia, que dejó más de 800 muertos.

Córcega, Francia

Población: 330.000 habitantes (0,5% de Francia)

Extensión: 8.680 km² (1,5% de Francia, sin contar sus territorios de ultramar)

PIB per cápita: 30.346 dólares internacionales (42.314 en Francia)

Idioma propio: Corso

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Miembros del Frente de Liberación Nacional Corso, la facción violenta del nacionalismo de Córcega, en una imagen de 2006. | Foto: Pierre Murati / Reuters

Al contrario de lo que ocurre con las regiones de la Francia continental, la isla de Córcega cuenta con una Asamblea con poder ejecutivo propio y con instituciones también propias gracias a una ley de 1982. Esto le garantiza, por tanto, un mayor nivel de autogobierno. Desde 1976, el grupo terrorista Frente de Liberación Nacional Corso (FLNC) ha empleado la violencia para lograr la independencia de la isla. De hecho, el grupo asesinó en 1998 a Claude Érignac, prefecto para la isla. En 2014 y, de nuevo, en 2016, el grupo anunció el cese de la violencia, pero diversas facciones del FLNC continúan activas. Actualmente, el nacionalista Pé a Corsica es la formación con más representación en la Asamblea, con 24 de los 51 escaños desde 2015. Pé a Corsica es una coalición de dos partidos: Femu a Corsica (que busca una mayor autonomía con respecto a París) y Corsica Libera (que busca la independencia), ambos de izquierdas.

Lombardía, Italia

Población: 10.023.876 habitantes (16,5% de Italia)

Extensión: 23.844 km² (7,9% de Italia)

PIB per cápita: 44.547 dólares internacionales (36.833 en Italia)

Idioma propio: Lombardo

El actual presidente de Lombardía, Roberto Maroni, es el líder de la Liga Norte, un partido italiano que ocupa 27 de los 80 asientos del Consiglio Regionale della Lombardia (es el partido más representado) y que aglutina a distintas fuerzas del norte de Italia para promover mayor independencia con respecto a Roma o incluso la independencia completa y la creación de un nuevo país, Padania. Fundamentalmente, el objetivo más inmediato es la creación en Italia de un Estado federal que logre mayor independencia fiscal para cada región, lo que haría que el norte de Italia, económicamente más rico, tuviera mayor control sobre sus impuestos, que muchos nacionalistas del norte consideran que van a parar al sur, más pobre.

Tirol del Sur, Italia

Población: 511.750 habitantes (0,8% de Italia)

Extensión: 7.400 km² (2,4% de Italia)

PIB per cápita: 49.264 dólares internacionales (36.833 en Italia)

Idioma propio: No

Para entender el nacionalismo de Tirol del Sur, la región más rica de Italia y una de las más adineradas de la Unión Europea, hay que remontarse a la Primera Guerra Mundial. Finalizada la contienda, Tirol del Sur dejó de ser austrohúngara para pasar a ser italiana. Esta anexión fue consecuencia del Tratado de Londres, en el que el Imperio Ruso, el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda y Francia -la Triple Entente- le prometieron Tirol del Sur a Roma para que se uniera a ellos en el conflicto bélico. Hoy, más del 60% de los habitantes de esta “provincia autónoma”, también conocida como Bolzano o Alto Adigio, hablan alemán como primera lengua. Es una cifra que duplica holgadamente el casi 25% de hablantes de italiano como primer idioma. Con todo, el uso del alemán ha ido cediendo terreno al italiano de manera progresiva en los últimos 100 años. El actual partido gobernante (el centrista Partido Popular Surtirolés, con 17 de los 35 escaños del Consiglio della Provincia autonoma di Bolzano) no es independentista, pero sí regionalista. Los que defienden abiertamente la reunificación con Austria son Die FreiheitlichenSüd-Tiroler FreiheitBürgerUnion für Südtirol (todos de derechas), que juntos suman 10 escaños en el Consiglio. Es decir, 27 de los 35 escaños de la cámara buscan mayor autonomía. El movimiento tuvo un capítulo violento en los años 50 y 60, cuando la organización BAS realizó una serie de ataques con bombas para lograr la reanexión.

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Banderas de varios movimientos nacionalistas durante una manifestación independentista en Escocia en 2014. De izquierda a derecha, las banderas de Véneto, Tirol del Sur, Escocia y Flandes. | Foto: Virginia Mayo / AP

Véneto, Italia

Población: 4.865.380 habitantes (8% de Italia)

Extensión: 18.399 km² (6,1% de Italia)

PIB per cápita: 36.740 dólares internacionales (36.833 en Italia)

Idioma propio: Véneto

El partido con más representación en el Consiglio Regionale del Veneto, con 24 de los 51 escaños, es Liga Veneta, una formación de derechas. En la misma línea que Lombardía, la Liga busca mayor independencia económica con respecto a Roma. Otras dos fuerzas también defienden una mayor distancia con Roma. Siamo Veneto (que, con un escaño, forma parte de la coalición que actualmente gobierna la región) propugna la independencia del resto del país y, en la misma línea de la Liga, Lista Tosi per il Veneto (que ocupa tres asientos del Consiglio y que ya no existe como partido) se muestra a favor de un federalismo fiscal. Tanto Véneto como Lombardía celebraron el pasado octubre un referéndum para obtener mayor autonomía con respecto a Roma en el que ganó el .

Escocia, Reino Unido

Población: 5.404.700 habitantes (8,2% del Reino Unido)

Extensión: 77.933 km² (32,1% del Reino Unido)

PIB per cápita: 43.651 dólares internacionales (39.016 en Reino Unido)

Idioma propio: Escocés y gaélico escocés

El mapa de los nacionalismos en Europa
Manifestación por la independencia de Escocia en Glasgow el pasado junio. | Foto: Russell Cheyne / Reuters

El origen del independentismo escocés está en la Edad Media. Ya en el siglo XIII la región disputaba las Guerras de Independencia contra Inglaterra. Actualmente, 69 de los 129 escaños del Parlamento escocés están ocupados por independentistas. El Partido Nacional Escocés, de centroizquierda, es el partido más representado, con 63 asientos y actualmente en el Gobierno. El Partido Verde Escocés, también nacionalista, cuenta con seis escaños. Escocia celebró en 2014 un referéndum por la independencia, en el que un 55,3% de los votantes se decantó por la permanencia en el Reino Unido. Uno de los mayores temores de los independentistas escoceses era la amenaza de que una Escocia independiente se quedaría automáticamente fuera de la Unión Europea. Después de que, en 2016, el Reino Unido votara a favor de abandonar la UE, el gobierno de Escocia (región que votó mayoritariamente por la permanencia en la Unión en el referéndum del Brexit) está tramitando unas segundas elecciones, pero el Gobierno central ha anunciado que no las aceptará.

Gales, Reino Unido

Población: 3.063.456 habitantes (4,6% del Reino Unido)

Extensión: 20.779 km² (8,5% del Reino Unido)

PIB per cápita: 31.043 dólares internacionales (39.016 en Reino Unido)

Idioma propio: Galés

Al igual que lo que ocurre en Escocia, el nacionalismo de Gales tiene siglos de antigüedad. Sin embargo, el inicio del nacionalismo moderno hay que buscarlo en el siglo XIX. Actualmente, el tercer partido más representado en la Asamblea Nacional de Gales, con 10 de los 60 escaños, es el separatista Plaid Cymru, que está en la oposición. Desde una postura de izquierdas, Plaid Cymru busca la independencia de Gales pero manteniéndose en la Unión Europa y defiende la utilización del idioma galés como medio para fomentar la cultura de la región. Encuestas recientes citadas por el diario británico The Guardian señalan que más de un 40% de los votantes galeses está a favor de otorgar más competencias a la Asamblea Nacional y que cerca de un 25% está a favor de la independencia.

Irlanda del Norte, Reino Unido

Población: 1.876.695 habitantes (2,8% del Reino Unido)

Extensión: 14.130 km² (5,8% del Reino Unido)

PIB per cápita: 34.654 dólares internacionales (39.016 en Reino Unido)

Idioma propio: Irlandés y escocés del Úlster

Más de un tercio de los 90 asientos de la Asamblea de Irlanda del Norte está ocupado por partidos que promueven la reunificación de Irlanda. El Sinn Féin y el Partido Laborista Socialdemócrata, ambos de izquierdas, tienen 27 y 12 escaños, respectivamente. El Sinn Féin fue además el brazo político del IRA, un grupo terrorista que desató un conflicto que dejó más de 3.500 muertos desde la división de Irlanda a principios de siglo XX hasta la firma del Acuerdo del Viernes Santo en 1998. La Constitución de la República de Irlanda establece la voluntad de la reunificación de la isla: “Es la firme voluntad de la Nación Irlandesa, en armonía y amistad, unir a todas las personas que comparten el territorio de la isla de Irlanda, en toda la diversidad de sus identidades y tradiciones, reconociendo que una Irlanda unida solo se buscará por medios pacíficos con el consentimiento de la mayoría del pueblo, democráticamente expresado, en ambas jurisdicciones de la isla” (artículo 3.1). Por su parte, la Northern Ireland Act (una figura similar a los Estatutos de Autonomía de España) establece que el secretario de Estado de Irlanda del Norte puede convocar un referéndum secesionista “si en cualquier momento le parece probable que una mayoría de los votantes expresarían un deseo de que Irlanda del Norte dejase de ser parte del Reino Unido y formase parte de una Irlanda unida” (párrafo 2). Eso sí, en el caso de que se celebre un referéndum independentista, no puede volver a convocarse otro en siete años como mínimo. Al igual que lo que ocurre con Tirol del Sur, este movimiento nacionalista es más complejo, porque no solo implica que tanto la propia región como el país al que pertenece acepten la separación, sino que el país al que pretende anexionarse esté de acuerdo con esa integración.

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13 canciones para empeorar tu depresión, por C. Tangana

Redacción TO

Foto: Javier Ruiz
Sony Music Spain

C. Tangana no necesita presentación, a menos, claro, que hayas desembarcado en la Tierra no hace muchas horas y en tu planeta no exista Internet.  Si ese fuera el caso, para que no te quedes fuera, te aclaramos que estamos hablando del artista urbano con más proyección en España en 2017.

Su primer álbum para Sony Music, Ídolo, no solo logró acaparar la atención de todos en 2017, sino que destruyó etiquetas y tabúes en la música española al poder mezclar con desenfado calidad y éxito de masas en la escena musical patria. Ídolo es un disco conceptual, descarado, provocador pero sobre todo honesto y auténtico.

Gracias a una Mala Mujer que dejó cicatrices por todo su cuerpo con sus uñas de gel ganó un doble disco de platino en 2017 y ganó reconocimiento internacional. Pero como en Ídolo lo eléctico manda, no hay reglas, solo impulsos, y por eso junto al beat latino hay sencillos que son ejemplo de rap sin concesiones como Caballo ganador y Tiempo.

Ídolo, que fue lanzado únicamente en formato digital, ocupó el primer puesto en las listas de streaming durante tres semanas y se mantuvo en el Top 10 durante muchas más.

13 canciones para empeorar tu depresión por C. Tangana 1
Fragmento letra No te pega. Presentación en Madrid. | Foto: The Objective.

Pero ojo, que para disfrutar de C. Tangana antes de los festivales de verano hay dos fechas, solo dos: el 2 de marzo en Razzmatazz (Barcelona) y 27 de abril en la tropical La Riviera (Madrid).  Abriendo la noche estará Sticky M.A. y cerrándola estaréis todos vosotros porque a cada concierto le seguirá un after con DJs y artistas del entorno de Agorazein, además de otros invitados especiales.

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Foto: Javier Ruiz. / Cedida por: Sony Music Spain

¿Que te deprime que no haya más presentaciones en vivo de C. Tangana desde abril hasta el verano? Perfecto, él mismo nos ha preparado esta playlist con 13 temas para empeorar tu depresión. Desde Joy Division y NIN hasta Los Punsetes y Notorious B.I.G. Eclecticismo y lágrimas. Úsala a discreción y, para cualquier duda, consulta a tu médico.

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La historia que no conocías detrás de El Rastro

Redacción TO

Foto: Ana Laya
The Objective

El Rastro forma parte de los llamados “barrios bajos” de Madrid en el sentido geográfico, ya que está situado en un terreno que desciende hacia el río Manzanares. El origen de su nombre ha sido ampliamente estudiado por historiadores y cronistas.

Está documentado, desde 1740, como un lugar de encuentro para la venta, cambio y trapicheo de objetos de segunda mano que se formaba alrededor de los mataderos que se ubicaban en la actual plaza General Vara de Rey y los curtidores que se instalaron en Ribera de Curtidores durante sus orígenes.

“Rastro” era en el siglo XVI sinónimo de carnicería o desolladero y cuenta la tradición popular que los restos de los animales degollados eran arrastrados desde el matadero, dejando a su paso un “rastro” de sangre. De allí el nombre del famoso mercado dominical.

¿Por qué El Rastro se llama El Rastro? 1
Una venta de libros en El Rastro. | Foto: Ana Laya / The Objective

Esta teoría también la sostiene el libro El origen del Rastro y los mataderos de Madrid por Antonio López Gómez (1976) que señala que en la plaza del General Vara del Rey estaba “el matadero y carnicería real” en el siglo XVIII. También habla de la coexistencia del rastro con otros mataderos, uno “viejo”, en el siglo XVI, y otro “nuevo”, a partir del siglo XVII en la Puerta de Toledo.

Según el diccionario de Covarrubias, el “rastro”, en una de sus acepciones, se refiere al “lugar donde se matan los carneros (…) porque los llevan arrastrando, desde el corral hasta el sitio donde los desuellan, y por el rastro que deja se le dio este nombre al lugar (mercado)”. Por su parte, el Diccionario de la Academia mantiene -en cuanto a “rastro”- la acepción de “matadero o sitio de venta de carnes al por mayor en determinados días y aún se utiliza en algún lugar”.

¿Por qué El Rastro se llama El Rastro? 2
Este año, cumple 267 de como mercado dominical. | Foto: Ana Laya / The Objective

Aunque esta es la teoría más famosa, hay autores que la califican de “tópico y equívoco”, Tal es el caso de José A. Nieto Sánchez quien en Historia del Rastro: Los orígenes del mercado popular de Madrid, afirma que, aunque había venta de carne, esta es solo una arista más de su historia pero no la única razón del nombre. Este año, se cumplen 267 años de El Rastro como mercado dominical y ya en 1914 Ramón Gómez de la Serna escribió sobre el mercadillo: “Solo en medio del libertinaje y la soltura del Rastro las cosas se enseñan a sí mismas, y personalmente se encaran y expresan”.

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¿Está amenazada la libertad de expresión en España?

Marta Ruiz-Castillo

Foto: J.J.Guillen
EFE

Por primera vez en su historia, ARCO retira una obra; una juez ordena el secuestro de un libro; un rapero es condenado a tres años de cárcel. Estas son noticias reales y ocurridas en España en apenas un par de días. La polémica está servida porque en todos los casos hay un denominador común: la defensa o vulneración de la libertad de expresión en democracia.

En medio del debate, Amnistía Internacional (AI) ha hecho público un informe en el que denuncia que 2017 ha sido un mal año para la libertad de expresión en España . “Alzar la voz, incluso en redes sociales, se ha vuelto cada vez más peligroso”, y recuerda que sólo el pasado año hubo 20 condenas dictadas por “enaltecimiento al terrorismo” y humillación a las víctimas. “Comentarios en redes sociales, letras de canciones controvertidas y bromas están siendo criminalizadas bajo esa categoría vaga de enaltecimiento del terrorismo y de humillación a las víctimas”, añade AI.

Una conclusión preocupante para un país donde los derechos de manifestación y de reunión, por ejemplo, también se han visto restringidos con sanciones desorbitadas recogidas en la polémica Ley de Seguridad Ciudadana del PP, más conocida como ‘ley mordaza’, aprobada por el Congreso de los Diputados en 2015 con el voto en contra de la oposición. El PP tenía entonces mayoría absoluta. La reforma de la ley, que limita también el derecho a la información, fue impulsada por el Grupo Socialista en 2016, pero el texto permanece en el olvido a la espera de que se reanude el trámite para derogar una norma que partidos, como PSOE o Podemos, utilizaron como bandera del progresismo. Ahora, al hilo de la polémica, ambos han vuelto a reivindicar la urgente necesidad de acabar con la ‘ley mordaza’.

¿Está amenazada la libertad de expresión en España? 2
El PP aprobó con el voto en contra de la oposición en 2015 la llamada ley mordaza. | Foto: Congreso de los Diputados

Para el magistrado y portavoz territorial de Juezas y Jueces para la Democracia, Joaquím Bosch, “todo empezó con la Ley de Seguridad Ciudadana”. En España “tenemos menos libertades ahora que en los años 80”, asegura.

Incluso el diario The New York Times se ha hecho eco de estas polémicas decisiones, llegando a decir que “ya sea por ley o por intimidación, España se ha convertido en un país donde los riesgos para la libertad de expresión han aumentado en los últimos años”.

ARCO no quiere ‘presos políticos’

Santiago Sierra seguramente no imaginó que su obra ‘Presos políticos en la España contemporánea‘, con la que había acudido a la 37 edición de la Feria de Arte Contemporáneo de España (ARCO) iba a sentar un precedente; un polémico procedente, porque las 24 fotografías con retratos pixelados de personajes en prisión preventiva, entre las que están el exvicepresidente de la Generalitat catalana, Oriol Junqueras, y los presidentes de las organizaciones independentistas ANC y Òmnium Cultural, encarcelados en relación con la investigación judicial en marcha sobre el procés, fueron retiradas.

En una entrevista concedida a Ctxt , Serrano lamentaba lo ocurrido y se declaraba perplejo. En su opinión, “vivimos una histeria colectiva con el tema del procés”, y a la pregunta de si cree que España está viviendo un proceso de involución democrático, su respuesta fue contundente: “el Estado está penetrado por el crimen organizado”.

Los responsables de IFEMA, donde se desarrolla ARCO, fueron los que pidieron a la galería de Helga de Alvear, que llevó la obra en discordia, que la retirara. El argumento fue que podía molestar y crear una controversia que perjudicara al resto de las obras. En cuanto se conoció la noticia, las redes sociales se llenaron de comentarios, la mayoría críticos con la decisión, calificándola de “censura”.  La obra fue retirada, sí, pero antes fue fotografiada y reproducida hasta la saciedad en Twitter, en los medios de comunicación…Y lo que es más, la obra fue adquirida por 90.000 euros. Probablemente, lo que IFEMA no quería que ocurriera.

Ante la avalancha de críticas, llegaron las disculpas al día siguiente de retirar la obra. La dirección del recinto ferial aseguraba que sentía lo ocurrido, que no volverá a pasar y que, en ningún caso, hubo “mala fe”. Pero la obra no retornó a ARCO cuyo director, Carlos Urroz, dejó claro desde el primer momento que no compartía la decisión.

Borrador automático 306
La obra Presos Políticos de Santiago Sierra antes de ser retirada de ARCO. | Foto: FERNANDO VILLAR / EFE

Los políticos no han permanecido ajenos a la polémica.

“La libertad de expresión en cualquier ámbito es una pieza fundamental del Estado de Derecho, y desgraciadamente, desde que tenemos un gobierno del PP, la libertad de expresión en España está muy restringida”, declaraba la portavoz del Grupo Socialista en el Congreso, Margarita Robles. En este sentido, aseguraba que el PSOE quiere sacar adelante más pronto que tarde la derogación de la ‘ley mordaza’. Una declaración genérica de Robles cuyo partido, sin embargo, no se opuso a la retirada de la obra cuando el órgano director de IFEMA, en el que tienen representación, tomó la decisión.

“Bienvenidos a Turquía”, decía, por su parte, el portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) en el Congreso, Joan Tardá, partido del que es líder Oriol Junqueras. “Bienvenidos al régimen de Erdogan ¡Cuánta hipocresía! Es una vergüenza que tengamos que presenciar un ejercicio de hipocresía tan superlativo, porque…como que no tienen la honradez, la honestidad de decir que se trata de un ejercicio de censura”.

El Gobierno, sintiéndose aludido por esta y otras acusaciones similares, salió al paso asegurando que “nosotros no censuramos a nadie“, en palabras del portavoz y ministro de Educación y Cultura, Íñigo Méndez de Vigo. En el lado opuesto, Podemos, y como expresión del rechazo a esta retirada insólita de una obra de arte en ARCO, la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, decidió no acudir a la inauguración presidida por los Reyes, al día siguiente de que estallara el caso.

El escándalo de ARCO se produjo coincidiendo con otra polémica no menos intensa. La juez de Collado Villalba (Madrid), Alejandra Fontana, ordenó el secuestro cautelar del libro ‘Fariña’, obra del periodista Nacho Carretero publicada en 2015 en la que narra con datos contrastados y reales cuenta la historia del narcotráfico gallego. La juez adoptó la medida a petición del exalcalde de O Grove (Pontevedra), José Alfredo Bea Gondar, quien demandó en enero a Carretero y a la editorial Libros del KO por supuesta vulneración de su derecho al honor.

“Creo desproporcionado secuestrar Fariña por plasmar unos hechos probados judicialmente en tres líneas del libro”, dijo Carretero.

La reacción en las redes sociales contra lo que, de forma mayoritaria se calificó de “censura”, no fue nada comparada con las ventas del libro en Amazon. ‘Fariña’ se convirtió en el libro más vendido en unas horas, mientras numerosas personas publicaron el párrafo de la discordia en Twitter.

El Gremio Libreros de Madrid publicó también un comunicado en el que expresó su “rotundo desacuerdo y unánime disconformidad con esta medida” y anunció que “Fariña se queda en las librerías”.

Para Pablo Iglesias, líder de Podemos, “la libertad de expresión está sufriendo el mayor ataque desde la dictadura y no podemos quedarnos callados”. Se refería al secuestro de Fariña y a la sentencia condenatoria contra el rapero Valtonic.

Y es que antes del secuestro de Fariña, los medios de comunicación se hicieron eco de la decisión del Tribunal Supremo de confirmar la condena a tres años de prisión contra el rapero Valtonyc por delitos de “enaltecimiento del terrorismo, calumnias e injurias graves a la Corona, y amenazas no condicionales”.

El rapero reaccionaba con este tuit a la sentencia

Una decisión calificada por muchos de “desproporcionada”. La Plataforma en Defensa de la Libertad de Información (PDLI) calificó la condena al rapero de “inaudita” e “impropia de una democracia” que vulnera los principios internacionales sobre libertad de expresión. “Valtonyc va a ser el primer cantante que entre en prisión en España acusado de enaltecimiento del terrorismo. Lo que estamos viendo es inaudito e impropio de una democracia plural: la persecución de la canción protesta”, dijo en un comunicado la presidenta de la PDLI, Virginia Pérez Alonso.

Una valoración no compartida por el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, para quien las expresiones de odio y los extremismos deben ser perseguidos con las armas legales que ofrece el Estado de derecho; más contundente, el presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, dijo que “una amenaza de muerte es una amenaza de muerte independientemente de que el soporte en el que se haga sea digital o analógico”. El líder de la formación es uno de los políticos que ha recibido amenazas de muerte a través de las redes.

El caso del Valtonic no es único. Antes que él, la justicia condenó en 2014 a Pablo Hasel por enaltecimiento del terrorismo, aunque no entró en prisión porque la pena no superaba los dos años. El rapero catalán tiene varias causas abiertas por tuits publicados en su cuenta. También la justicia española ha condenado a ciudadanos por opiniones “ofensivas constitutivas de delito”. El primero en entrar en prisión fue Alfredo Remírez, arrestado en 2015, el mismo día que el cantante de Def con Dos, Cesar Strawberry, por comentaros en Twitter contra las víctimas del terrorismo. Ellos aseguran que son sólo opiniones y se defienden apelando a la libertad de expresión. La cuestión es que la justicia, en todos estos casos, entiende que la libertad de expresión tiene unos límites que terminan donde empieza el Código Penal.

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