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El segundo debate francés: voz para los pequeños candidatos

Karem Pirela

Foto: LIONEL BONAVENTURE
Reuters

La noche del 4 abril se realizó el segundo gran debate de las elecciones presidenciales francesas, esta vez no eran solo los cinco “grandes candidatos” a ellos se unieron -por primera vez en la historia- los seis “pequeños candidatos”, dando así la oportunidad de presentar en un mismo lugar todas las propuestas a las que se enfrentarán los franceses el 23 de abril.

Los “seis pequeños candidatos” son Nicolas Dupont-Aignan del partido Debout la France; Jacques Cheminade representa a Solidarité et progrès; Jean Lassalle de Résistons; Nathalie Arthaud de Lutte ouvrière; François Assilineau con Union populaire républicaine; y Philippe Poutou de Nouveau parti anticapitaliste. Este grupo vivió su momento de gloria ya que aprovecharon el momento para denunciar las fallas del sistema y la corrupción de los políticos más conocidos, como Marine LePen.

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La prensa francesa destaca a los “pequeños candidatos” justo antes del debate. | Foto: Karem Pirela.

El debate de casi cuatro horas de duración fue organizado por el canal de noticias BFMTV y se realizó en los estudios de la Plaine-Saint-Denis al norte de París. La emisión inició a las 20h40, hora de Francia, con la presentación realizada por cada candidato, posteriormente las periodistas Laurence Ferrari y Ruth Elkrief se encargaron de la conducción. El primer tema abordado fue el desempleo; en algo coincide una gran parte de los candidatos y es en la inversión en nuevas tecnologías con la idea de crear nuevos empleos. Evidentemente la orientación política sale a relucir en el planteamiento de sus propuestas. Poutou y Arthaud, ambos de extrema izquierda, proponen prohibir los despidos; mientras que Marine Le Pen, de la extrema derecha, habla de crear imposiciones a las empresas que contraten extranjeros en lugar de ciudadanos franceses.

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Los candidatos se saludan al comienzo del debate. | Foto: Lionel Bonaventure / Reuters.

Un tema que está en el tapete y que logra enfrentar a todos los candidatos es la Unión Europea. Jean-Luc Mélenchon considera a Alemania como un buen socio y compañero, pero piensa que es necesario abandonar los tratados existentes y proponer nuevos acuerdos que favorezcan más a Francia, a lo que Asselineau respondió que es necesario realizar un Frexit amigable. François Fillon, pro UE, piensa que es necesario permanecer unidos para poder enfrentar a Estados Unidos, China y Asia en los mercados internacionales.

Otro de los temas que produjo momentos intensos fue la seguridad del país frente al terrorismo, las opiniones y propuestas se pasean entre los dos extremos: Le Pen afirmó que Francia es una universidad de yihadistas, mientras que Arthaud en la extrema izquierda en cambio opina que los obreros no están interesados en hacer la guerra en el medio oriente.

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Marine Le Pen mientras esperaba al comienzo del debate. | Foto: Lionel Bonaventure / Reuters

Al igual que en el primer debate, realizado hace dos semanas, no faltaron las discusiones entre los participantes, sobre todo con Marine Le Pen. Una de ellas fue protagonizada por Emmanuel Macron cuando la candidata le dijo que estaba cansada de escuchar las mismas mentiras y Macron respondió que las mentiras se escuchan hace 40 años en la boca de su padre, haciendo referencia a Jean-Marie Le Pen, cuatro veces candidato presidencial y fundador del partido de extrema derecha Front National. Otro momento que incluso generó una ronda de aplausos por parte del público fue el comentario de Philippe Poutou quien, refiriéndose a Le Pen, dijo: “para ser alguien que quiere salir de la UE no le molesta tomar el dinero de Europa”, esta vez refiriéndose al caso de 2014 en el que dos personas fueron contratadas para ejercer como asistentes de la candidata en el Parlamento Europeo, recibieron un sueldo por esto, pero realmente prestaron sus servicios al Front National.

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Emmanuel Macron a la salida del debate. 27% de los encuestados opina que él debería ser el próximo presidente de Francia. | Foto: Lionel Bonaventure / Reuters.

“Voy a acabar con la monarquía presidencial” -Jean-Luc Mélenchon

Al final de la emisión la empresa ELABE hizo públicos los datos obtenidos en una encuesta realizada durante el debate, en la misma participaron poco más de cuatro mil televidentes. El candidato más convincente resultó ser Jean-Luc Mélenchon con un 25%, seguido muy de cerca por Emmanuel Macron con un 21%.

Por otra parte un 27% de los encuestados opina que Macron es quien tiene las cualidades necesarias para ser el próximo Presidente de Francia. Por ahora, obviamente, son solo encuestas e intención de voto, será solo hasta el 23 de abril que se conozca quiénes fueron realmente los más convincentes durante su campaña y quiénes pasarán a a la segunda ronda el 7 de mayo.

LOS CANDIDATOS EN FRASES

Nicolas Dupont-Aignan: “Continúan con esos que han arruinado a Francia y les han mentido o deciden reconstruir conmigo una Francia libre, fuerte, justa y bella”.

Emmanuel Macron: “No creo en la fatalidad… Quiero reencontrar el optimismo”

Marine Le Pen: “Abrimos museos pero no abrimos fábricas”.

Jacques Cheminade: “Soy un hombre en cólera a causa de esos que han heredado el poder… Hace 40 años que lucho contra esta dictadura financiera”.

Jean Lassalle: “Propongo un futuro basado en la esperanza”.

François Fillon: “Es necesario que Francia participe en la creación de una alianza mundial contra el totalitarismo del Islam”.

Nathalie Arthaud: “Nuestros intereses [de los trabajadores] son más importantes que esos de la minoría capitalista”.

Jean-Luc Mélenchon: “Voy a acabar con la monarquía presidencial”

François Asselineau (citando a Charles De Gaulle): “El verdadero tema de las elecciones presidenciales es la independencia de Francia”.

Benoît Hamon: “¿Qué pasa si salimos de la Unión Europea? ¿Con los agricultores? ¿La inflación?”

Philippe Poutou: “Aparte de Nathalie Arthaud, creo que soy el único aquí que tiene un trabajo normal”.

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¿Por qué no sale la ‘mayoría silenciosa’ de casa?

Borja Bauzá

Foto: Borja Bauzá
The Objective

Xavier se ha ido alterando cada vez más durante el transcurso de la conversación. “El Partido Popular es el Partido Popular; no espero nada de ellos”. Tras la afirmación suelta un resoplido mezcla de enfado y desesperación; quiere aparentar lo primero aunque suena más a lo segundo.

La entrevista se realiza por teléfono. Su contacto me ha llegado a través de un conocido que aseguraba que este joven barcelonés de 29 años y clase media acomodada era contrario a la independencia. Y lo es. Xavier no quiere la independencia. Pero es mentarle a Mariano Rajoy y encenderse: “Nos está poniendo entre la espada y la pared; te obliga a elegir bando y ya no es cuestión de si se quiere o se deja de querer la independencia, es cuestión de que van a ir a por la gente de tu entorno que sí quiere votar”.

Xavier no es una rara avis. Carla, Javier, Adriana, Ernesto y Montse piensan de un modo parecido. Todos ellos son catalanes de clase media alta contrarios a la independencia pero, al mismo tiempo, muy críticos con las formas (mejor dicho: las no formas) de Rajoy. “Se necesita más inteligencia política y más empatía”, asegura Montse. “Lo que no se puede hacer es no hacer nada durante años y luego, llegados a este extremo tan absurdo, aplicar un manual de instrucciones que se remonta a 1978”, dice refiriéndose a la Constitución. “No se puede tratar a Cataluña como si fuese una tostadora que deja de funcionar”.

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Un edificio barcelonés decorado con banderas de España y ‘esteladas’ de Cataluña. | Foto: Borja Bauzá/The Objective

Aunque un artículo del diario El País publicado esta semana demostraba, utilizando datos del Centre d’Estudis d’Opinió (CEO) de la Generalitat de Catalunya, que entre los catalanes que perciben rentas altas la independencia es la opción mayoritaria, en el marco general estos jóvenes no están en minoría. Pertenecen a lo que se conoce como ‘la mayoría silenciosa’, compuesta por todos aquellos catalanes contrarios al proyecto independentista que no están manifestando públicamente sus opiniones.

Fuera de Cataluña su silencio se suele atribuir al miedo. Miedo al enfrentamiento, miedo a la etiqueta, miedo al aislamiento y la marginación. Algunos también hablan de comodidad. Escuchando las opiniones de muchos catalanes contrarios a la independencia, quizás sería más acertado hablar de desánimo; un desánimo que cunde al ver que el Gobierno central, defensor de sus intereses, se comporta como si Cataluña diese igual… hasta que es demasiado tarde.

“No se puede ir con una actitud que lo único que ofrece es muro y amenazas”, opina Carla. “Que se sienten a hablar y que la gente vea que hablan”, añade. “Ha sido una gestión nefasta –dice Ernesto– porque en los últimos cuatro años han bloqueado totalmente la comunicación”. “En España no se hace política, se compran votos, y según los votos que se obtengan en tal o cual sitio la actitud del partido será una u otra”, explica Xavier. En Cataluña, en las últimas elecciones autonómicas, el PP consiguió menos de 350.000 votos. Fue la quinta fuerza más votada con apenas 12.000 papeletas más que los antisistema de la CUP. Xavier piensa que el PP, como partido gobernante, no se ha sentado a escuchar las demandas de una parte de los catalanes porque, de hacerlo, en partes de España donde los ‘populares’ sí ganan mayorías absolutas dejarían de votarles. No sale a cuenta.

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La división entre los catalanes, reflejada en las pegatinas de propaganda. | Foto: Borja Bauzá/The Objective

En resumen: no pocos catalanes contrarios a la independencia creen que con más cintura política por parte del PP se hubiese conseguido evitar la celebración de un referéndum. Contemplando una reforma de la Constitución, por ejemplo. O, como apunta Carla, accediendo al Pacto Fiscal que planteó Artur Mas en 2012 (y que buscaba la creación de una Hacienda propia por parte de Cataluña dotada de plena capacidad normativa y recaudatoria). Incluso si nada de esto se hubiese llevado a cabo, están seguros de que en un referéndum celebrado hace tres o cuatro años hubiese salido el NO con mayoría apabullante (una opinión muy extendida también entre los independentistas). “Es más, si el referéndum se llega a celebrar hace unos meses, yo creo que lo pierden los independentistas”, dice Adriana. Ahora, tras un mes de septiembre gobernado por detenciones, movilizaciones y los actos patrióticos de uno y otro lado, ya no lo tiene tan claro. En ocasiones –dice– le parece estar viviendo un Madrid – Barça.

Los viejos cuadros de CiU tampoco se libran. En la zona alta de Barcelona muchos los consideran, con el PP, principales responsables de la situación. Lo que más duele entre estos jóvenes de clase acomodada y contrarios a la independencia es cómo un partido que creían moderado ha podido asociarse con ERC y la CUP, plegándose a sus exigencias secesionistas con tal de poder seguir gobernando.

El viernes miles de independentistas se reunieron en Montjuïc para el cierre de la campaña del referéndum. El sábado varias organizaciones convocaron una manifestación a favor de la unidad de España en el centro de Barcelona. Acudieron entre 5.500 (según la Guardia Urbana) y 15.000 (según el Gobierno central) personas. La ‘mayoría silenciosa’ volvió a quedarse en casa.

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La vía Macron hacia el lepenismo

Antonio García Maldonado

Foto: Ludovic Marin/Pool
Reuters

El presidente francés Emmanuel Macron pronunció hace unos días un vibrante y ambicioso discurso sobre Europa ante estudiantes en La Sorbona. Propuso, en resumen, dar un impulso a la unión política y económica con un ministro de la zona euro, presupuesto común o mayor coordinación fiscal para acabar con la competencia desleal de algunos estados miembros como Irlanda. Música para los oídos de cualquier europeísta en esta época de ensimismamiento con el terruño. El día de su victoria, tan llena de gestos simbólicos hacia la UE, lo llamé aquí “primer presidente europeo”.

Sin embargo, he leído con preocupación los planes presupuestarios que su Gobierno presentó hace dos días. Bajadas de impuestos y recorte del gasto por 16 mil millones de euros con objeto de impulsar el crecimiento y bajar déficit y deuda. Nada hay que objetar a los recortes en gasto superfluo con un cuadro macroeconómico tan desequilibrado, pero gran parte de la tajada se lo llevan programas de vivienda, complementos salariales y empleo. No suena a gasto superfluo, sino a necesidades básicas. La respuesta del ministro de Economía ante las críticas fue muy representativa del momento que vivimos y del esquema ideológico predominante: “Más gasto público no lleva a menos paro”. ¿El gasto público tiene solo esa finalidad? ¿Ha de revertir como si fuera siempre una inversión?

El gasto público es, en muchas ocasiones, pura supervivencia, una dosis extra de certidumbre en un momento político crítico, en Francia y en el resto de Europa. La promesa de un crecimiento futuro para el que ahora nos sacrificamos y repartir después, la hemos visto y escuchado muchas veces estos años, pero aumentó la desigualdad, el capital se concentró y creció el malestar. Los trabajadores y los jóvenes votan hoy a Le Pen. ¿Volverán al redil de la racionalidad política a cambio de reformas que les proveerán trabajos precarios y menos protección social?  Soy muy escéptico.

Aunque esta no es la única propuesta preocupante y elocuente de Macron. Hace unas semanas se conoció que se flexibilizaba la negociación colectiva a favor de la empresa y que, desde ahora, las grandes compañías globales que operan en Francia podrán acordar expedientes de regulación de empleo acogiéndose exclusivamente a sus cifras de negocio locales, no globales. Más allá de las razones más o menos comprensibles con las que se defiende la medida, hay aquí una contradicción que ilustra bien hasta qué punto se impone el factor capital frente al trabajo: apelando a su carácter multinacional, una compañía hace ingeniería fiscal por todo el planeta para pagar menos impuestos en los países que gravan más su actividad (para repartir riqueza), y establece su esquema financiero, quizá con presencia en paraísos fiscales; pero se podrá olvidar de ese carácter multinacional y apelar al nacional cuando se trate de despedir con menos indemnización, así se tengan beneficios estratosféricos como compañía en su conjunto. Globalización selectiva y siempre viciada a favor de los mismos. Después nos preguntaremos alarmados por las razones del desencanto y nos angustiaremos al ver a Le Pen o a Mélenchon otra vez con opciones en una segunda vuelta.

Empiezo a pensar que hay una vía macronista al Frente Nacional, y ningún discurso brillante sobre Europa y su futuro me quita la preocupación.

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¿Por qué no ha acogido España a todos los refugiados que debía?

María Hernández

Foto: ALVARO BARRIENTOS
AP

Este martes se acaba el plazo para que España cumpla la cuota de acogida de refugiados establecida por la Unión Europea. Sin embargo, España solo ha recibido al 11% de los refugiados que debía acoger obligatoriamente. La Unión Europea estableció que debía acoger a 17.337 personas, 9.323 de las cuales eran de obligado cumplimiento.

La media de cumplimiento con el cupo de acogida obligatoria en Europa se sitúa en torno al 50%, lo que demuestra que a España aún le queda mucho por hacer en este aspecto, aunque no es la única. El 86% de las personas refugiadas en todo el mundo son acogidas en algunos de los países más empobrecidos, como Pakistán, Irán, Etiopía o Jordania, por lo que Europa solo recibe un pequeño porcentaje de los más de 65 millones de personas que se han visto obligadas a huir de su país, explica la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR).

Los motivos del incumplimiento

Las organizaciones de defensa de los refugiados denuncian a menudo los diferentes motivos por los que la Unión Europea en general, y España en concreto, no cumplen con las cuotas establecidas de acogida de refugiados.

El primero de estos motivos es la limitación de reubicación a personas que tengan una nacionalidad que supere el 75% de reconocimiento de protección internacional por parte de los estados miembro. CEAR critica que este criterio de nacionalidad está dejando fuera a refugiados de países como Afganistán, Sudán o Nigeria.

Además, los criterios de reconocimiento no son iguales en todos los países, por lo que existe una falta de coordinación, especialmente entre la Oficina Europea de Apoyo al Refugiado (EASO) y países como Italia o Grecia.

Otro aspecto de gran importancia respecto a la acogida de refugiados es el acuerdo al que llegaron la Unión Europea y Turquía en marzo de 2016, tras el cual los estados miembros decidieron que las personas que llegaran a Grecia desde ese momento no podrían solicitar su reubicación a otro país europeo.

Esta decisión está estrechamente relacionada con la última comunicación la Unidad de Reubicación Griega, en la que afirmaba que no hay en Grecia más personas con un perfil adecuado para la reubicación. CEAR asegura que esto no es cierto, pues la Comisión Europea cifra en 4.700 las personas “potencialmente elegibles” para ser reubicadas desde Grecia, sumadas a las más de 7.200 personas que han llegado este año a Italia.

Además, CEAR destaca que existe una gran falta de voluntad política en los países de la Unión Europea, cuyos gobiernos han utilizado el discurso del miedo para justificar el incumplimiento de las cuotas de acogida de refugiados que ha establecido la Comisión Europea.

Las peticiones de CEAR

El hecho de que no exista un mecanismo efectivo de sanciones a los países que incumplen las cuotas establecidas por la Comisión Europea ha sido uno de los principales motivos por el que ningún país de la Unión Europea ha cumplido con el 100% de las acogidas obligatorias.

Por esta razón, desde CEAR piden que se impongan sanciones al Gobierno español y al resto de incumplidores para “que no queden impunes”, explica la secretaria general de la organización, Estrella Galán.

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Un grupo de manifestantes pide que España acoja más refugiados. | Foto: Emilio Morenatti/ AP

Además, Galán ha recordado que España cuenta con una ley de asilo que no se está aplicando, así como con una directiva de protección temporal que le permitiría trasladar a personas con necesidades concretas durante un tiempo determinado, por lo que “no hay excusas, España debe seguir con su cumplimiento”, dice Galán.

Desde CEAR también piden a las autoridades que eliminen la discriminación por nacionalidad en el proceso de aceptación de solicitudes de asilo, así como que se deje de discriminar a las personas con vulnerabilidad, especialmente a los menores no acompañados, un grupo a menudo más rechazado por los países europeos debido a que necesitan más recursos que el resto.

El cumplimiento del acuerdo no acaba ahora

La directora de Políticas y Campañas de CEAR, Paloma Favieres, recuerda que, aunque el plazo fue establecido para el 26 de septiembre, el cumplimiento de la cuota de acogida de refugiados no debe finalizar.

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Un grupo de manifestantes protestan contra el acuerdo de la Unión Europea con Turquía. | Foto: Jon Nazca/ Reuters

La Comisión Europea habla de un plazo “razonable” para seguir acogiendo refugiados hasta cumplir con la cuota establecida, explica Favieres, que insiste en que España debe seguir recibiendo a los solicitantes de asilo hasta cumplir con el número fijado a pesar de que se haya cumplido el plazo.

Además, señala que “la carta de Grecia no puede ser la excusa” para dejar de recibir refugiados, sino que todos aquellos que llegaron tras el acuerdo con Turquía también deben ser reubicados, así como los que lleguen hasta el día 26 de septiembre a las costas griegas.

El proceso de acogida en primera persona

Las cifras nos muestran que España se queda muy atrás en lo que respecta a acoger e integrar refugiados, pero son los propios refugiados los que mejor transmiten cómo es el proceso de reubicación a España.

Nedal, un refugiado sirio que llegó a España tras más de dos años de espera, explica que “mucha gente en España no acepta a los refugiados”, por lo que la integración en la sociedad es difícil en algunos casos.

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Un manifestante protesta por los largos procesos que viven los refugiados para entrar en España. | Foto: Francisco Seco/AP

Nedal fue a la universidad en Siria, pero la guerra le impidió llevar una vida normal y tuvo que huir a Líbano, desde donde comenzó el proceso para venir a España. Aquí estudia español, alemán y un curso de Administración y Asistencia a la Dirección.

Todo suena muy bien, pero acabar sus estudios en España tampoco está siendo fácil para Nedal. “No todo el mundo acepta a los refugiados aquí”, explica, motivo por el que le está resultando muy complicado encontrar una empresa donde llevar a cabo las prácticas necesarias para acabar su curso.

También son difíciles otras situaciones cotidianas como la búsqueda de piso. Nedal asegura que en numerosas ocasiones le han denegado el alquiler de un piso por el simple hecho de ser un refugiado árabe. A pesar de todo, asegura que hay mucha gente que le ha ayudado en España y que “claro está, no todos son iguales”.

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Por qué deben importarnos (y mucho) las elecciones en Alemania

Jorge Raya Pons

Foto: Stefanie Loos
Reuters

Las elecciones alemanas se celebran este domingo 24 de septiembre y es una de las citas electorales del año. La atención mediática es tímida en España y es difícil encontrar el motivo. Lo es si comparamos la cobertura que recibe en comparación con la carrera presidencial en Estados Unidos, el referéndum para salir de la Unión Europea en Reino Unido o la batalla entre el europeísta Emmanuel Macron y la euroescéptica Marine Le Pen en Francia.

Por esta razón, en The Objective lanzamos cinco preguntas y cinco respuestas para resolver no solo las claves sobre qué está en juego en Alemania, sino también para comprender por qué debe importarnos.

Por qué debe importarnos (y mucho) las elecciones en Alemania 1
Un cartel electoral en Berlín que pide el voto para Angela Merkel. | Foto:
Hannibal Hanschke/Reuters

¿Por qué estas elecciones merecen la atención de las estadounidenses o las francesas?

La respuesta a esta pregunta se puede solventar rápido: porque es la primera potencia europea y una de las economías más fuertes del mundo. Además, Pablo Simón, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Carlos III de Madrid y miembro fundador de la revista Politikon, añade: “Es importante porque es un elemento fundamental del método de integración europea”. Simón resalta que estas elecciones son particularmente decisivas en un contexto turbulento por motivo del Brexit, tras el cual “se está reconfigurando el poder dentro de Europa”.

En este sentido, la fuerza del eje franco-alemán es clave y la sintonía entre la canciller actual y candidata Angela Merkel y su homólogo francés parece evidente. La unidad de las dos grandes fuerzas europeas es fundamental para el futuro de la Unión. “Estas elecciones llegan en un año electoral que se presentaba negro para la Unión Europea tras el éxito del Brexit e incluso de Trump”, explica Pilar Requena, corresponsal de TVE en Alemania, antigua profesora asociada de Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid y autora del libro La potencia reticente. La nueva Alemania vista de cerca (Debate). “La extrema derecha tanto de Francia como de Holanda e incluso de Austria se sintió envalentonada. Hubo peligro de que ganase en Holanda y de que ganase en Francia, pero al final no se ha producido. Nos encontramos ante un panorama nuevo en Europa con un posible impulso de la Unión Europea y también de la Eurozona, y tienen que celebrarse las elecciones alemanas para que eso ya sea efectivo”.

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Un manifestante sostiene un cartel donde se lee ‘Angie no, gracias’, durante un meeting del CDU en Fritzlar. | Foto: Kai Pfaffenbach/Reuters

¿Qué partido es el favorito en las encuestas?

Los últimos sondeos dan como clara vencedora a Angela Merkel, líder de la Unión Cristianodemócrata (CDU) y su ala en Bavaria, la Unión Socialcristiana (CSU). “Merkel va a ganar por goleada”, anticipa Requena. De acuerdo con la encuesta publicada el pasado domingo por el diario Bild, Merkel lograría el 36% de los votos, por lo que se posicionaría 14 puntos por delante del Partido Socialdemócrata (SPD), encabezado por el ex presidente del Parlamento Europeo Martin Schulz, que obtendría el 22% de los votos.

La alarma llega con el que sería el tercer partido, según las encuestas: la extrema derecha de Alternativa por Alemania conseguiría el 11% de los votos. También obtendrían participación parlamentaria la izquierda de Die Linke (10%), los liberales del FDP (9%) y el ecologismo de Los Verdes (8%).

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Mariano Rajoy y Angela Merkel, en rueda de prensa. | Foto: Markus Schreiber/AP

¿Cómo afectaría a España y la UE la continuidad de Merkel?

Dado que la mayoría absoluta del CDU se da por descartada, la respuesta a esta pregunta tendría más que ver con las formaciones con las que decida aliarse Merkel. Simón cree que de repetirse una gran coalición –esto es, la unión de los democristianos y los socialdemócratas–, una hipotética vicepresidencia de Schulz permitiría una política menos restrictiva en materia económica a nivel europeo. En cambio, si el CDU se alía con los liberales –su socio natural– podrían endurecerse algunas exigencias, como el cumplimiento del déficit por parte de los Estados miembros. Requena agrega que, de la mano de Francia, Merkel empujaría hacia una gobernanza del euro y la unidad fiscal.

En cualquier caso, los dos expertos consultados coinciden en que España es vista con buenos ojos por parte de Merkel. “La sintonía entre Madrid y Berlín es total”, dice Simón. “Y lo es hasta cierto punto porque, pese a las pocas reformas estructurales que ha hecho el Gobierno de España, a Angela Merkel le conviene exhibir que hay un país del sur que cumple. Nos utilizan un poco –pese a que no hemos hecho gran cosa– para decir: ‘Veis cómo se pueden hacer cosas y volver a crecer y recuperarse’. Un poco para demostrar sus tesis. Nos beneficiamos de esa posición”.

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Una valla publicitaria del candidato socialdemócrata Martin Schulz. | Foto: Fabrizio Bensch/Reuters

¿Cómo afectaría a España y la UE una victoria sorpresiva de los socialdemócratas?

Requena responde con contundencia: “Esa posibilidad no existe”. Y continúa: “Se tendrían que equivocar de cabo a rabo las encuestas para que eso ocurriera. Es cierto que hay un número de indecisos mayor que en otras elecciones, pero no creo que lo estén tanto por los grandes partidos como por los pequeños. Remontar los 12, 13 ó 14 puntos que hay entre el CDU y el SPD es inviable”.

Además, incluye un factor profundamente cultural para que la hipótesis de un gobierno presidido por Schulz no se convierta en realidad: “No sería aceptable para los votantes alemanes que el que ha perdido con una diferencia de más de 10 puntos forme gobierno, aun si fuera posible matemáticamente”.

Simón cree que un gobierno de Schulz sería positivo: conllevaría una “suavización de las políticas en términos como los objetivos presupuestarios”. No obstante, recuerda que “las probabilidades de que se diera son tan bajas que no deberíamos preocuparnos demasiado”.

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Frauke Petry (derecha), candidata del partido ultraderechista Alternativa para Alemania, junto al excandidato Joerg Meuthen durante un acto de la formación en Stuttgart. | Foto: Wolfgang Rattay/Reuters

¿Hay un riesgo real de que la extrema derecha entre en el gobierno?

Todos los sondeos muestran que el partido ultraderechista Alternativa para Alemania entrará en el Parlamento, y –como destaca Requena– esto no ocurre desde la II Guerra Mundial. De producirse la gran coalición, este partido quedaría como líder de la oposición. En cualquier caso, sostiene que Merkel nunca formaría gobierno con los radicales.

Simón, por su parte, argumenta que esta opción es “harto improbable”, recordando que la propia Merkel lo ha comunicado públicamente. “Es un partido importante que en algunos länder han sido segundo partido, pero en el ámbito estatal no se plantea como un socio viable”, dice Simón. “Si no hubiera un abanico de alternativas, pues a lo mejor podríamos plantearnos si Merkel es sincera o no cuando lo dice. Pero habiendo tantas alternativas…”.

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