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El segundo debate francés: voz para los pequeños candidatos

Karem Pirela

Foto: LIONEL BONAVENTURE
Reuters

La noche del 4 abril se realizó el segundo gran debate de las elecciones presidenciales francesas, esta vez no eran solo los cinco “grandes candidatos” a ellos se unieron -por primera vez en la historia- los seis “pequeños candidatos”, dando así la oportunidad de presentar en un mismo lugar todas las propuestas a las que se enfrentarán los franceses el 23 de abril.

Los “seis pequeños candidatos” son Nicolas Dupont-Aignan del partido Debout la France; Jacques Cheminade representa a Solidarité et progrès; Jean Lassalle de Résistons; Nathalie Arthaud de Lutte ouvrière; François Assilineau con Union populaire républicaine; y Philippe Poutou de Nouveau parti anticapitaliste. Este grupo vivió su momento de gloria ya que aprovecharon el momento para denunciar las fallas del sistema y la corrupción de los políticos más conocidos, como Marine LePen.

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La prensa francesa destaca a los “pequeños candidatos” justo antes del debate. | Foto: Karem Pirela.

El debate de casi cuatro horas de duración fue organizado por el canal de noticias BFMTV y se realizó en los estudios de la Plaine-Saint-Denis al norte de París. La emisión inició a las 20h40, hora de Francia, con la presentación realizada por cada candidato, posteriormente las periodistas Laurence Ferrari y Ruth Elkrief se encargaron de la conducción. El primer tema abordado fue el desempleo; en algo coincide una gran parte de los candidatos y es en la inversión en nuevas tecnologías con la idea de crear nuevos empleos. Evidentemente la orientación política sale a relucir en el planteamiento de sus propuestas. Poutou y Arthaud, ambos de extrema izquierda, proponen prohibir los despidos; mientras que Marine Le Pen, de la extrema derecha, habla de crear imposiciones a las empresas que contraten extranjeros en lugar de ciudadanos franceses.

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Los candidatos se saludan al comienzo del debate. | Foto: Lionel Bonaventure / Reuters.

Un tema que está en el tapete y que logra enfrentar a todos los candidatos es la Unión Europea. Jean-Luc Mélenchon considera a Alemania como un buen socio y compañero, pero piensa que es necesario abandonar los tratados existentes y proponer nuevos acuerdos que favorezcan más a Francia, a lo que Asselineau respondió que es necesario realizar un Frexit amigable. François Fillon, pro UE, piensa que es necesario permanecer unidos para poder enfrentar a Estados Unidos, China y Asia en los mercados internacionales.

Otro de los temas que produjo momentos intensos fue la seguridad del país frente al terrorismo, las opiniones y propuestas se pasean entre los dos extremos: Le Pen afirmó que Francia es una universidad de yihadistas, mientras que Arthaud en la extrema izquierda en cambio opina que los obreros no están interesados en hacer la guerra en el medio oriente.

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Marine Le Pen mientras esperaba al comienzo del debate. | Foto: Lionel Bonaventure / Reuters

Al igual que en el primer debate, realizado hace dos semanas, no faltaron las discusiones entre los participantes, sobre todo con Marine Le Pen. Una de ellas fue protagonizada por Emmanuel Macron cuando la candidata le dijo que estaba cansada de escuchar las mismas mentiras y Macron respondió que las mentiras se escuchan hace 40 años en la boca de su padre, haciendo referencia a Jean-Marie Le Pen, cuatro veces candidato presidencial y fundador del partido de extrema derecha Front National. Otro momento que incluso generó una ronda de aplausos por parte del público fue el comentario de Philippe Poutou quien, refiriéndose a Le Pen, dijo: “para ser alguien que quiere salir de la UE no le molesta tomar el dinero de Europa”, esta vez refiriéndose al caso de 2014 en el que dos personas fueron contratadas para ejercer como asistentes de la candidata en el Parlamento Europeo, recibieron un sueldo por esto, pero realmente prestaron sus servicios al Front National.

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Emmanuel Macron a la salida del debate. 27% de los encuestados opina que él debería ser el próximo presidente de Francia. | Foto: Lionel Bonaventure / Reuters.

“Voy a acabar con la monarquía presidencial” -Jean-Luc Mélenchon

Al final de la emisión la empresa ELABE hizo públicos los datos obtenidos en una encuesta realizada durante el debate, en la misma participaron poco más de cuatro mil televidentes. El candidato más convincente resultó ser Jean-Luc Mélenchon con un 25%, seguido muy de cerca por Emmanuel Macron con un 21%.

Por otra parte un 27% de los encuestados opina que Macron es quien tiene las cualidades necesarias para ser el próximo Presidente de Francia. Por ahora, obviamente, son solo encuestas e intención de voto, será solo hasta el 23 de abril que se conozca quiénes fueron realmente los más convincentes durante su campaña y quiénes pasarán a a la segunda ronda el 7 de mayo.

LOS CANDIDATOS EN FRASES

Nicolas Dupont-Aignan: “Continúan con esos que han arruinado a Francia y les han mentido o deciden reconstruir conmigo una Francia libre, fuerte, justa y bella”.

Emmanuel Macron: “No creo en la fatalidad… Quiero reencontrar el optimismo”

Marine Le Pen: “Abrimos museos pero no abrimos fábricas”.

Jacques Cheminade: “Soy un hombre en cólera a causa de esos que han heredado el poder… Hace 40 años que lucho contra esta dictadura financiera”.

Jean Lassalle: “Propongo un futuro basado en la esperanza”.

François Fillon: “Es necesario que Francia participe en la creación de una alianza mundial contra el totalitarismo del Islam”.

Nathalie Arthaud: “Nuestros intereses [de los trabajadores] son más importantes que esos de la minoría capitalista”.

Jean-Luc Mélenchon: “Voy a acabar con la monarquía presidencial”

François Asselineau (citando a Charles De Gaulle): “El verdadero tema de las elecciones presidenciales es la independencia de Francia”.

Benoît Hamon: “¿Qué pasa si salimos de la Unión Europea? ¿Con los agricultores? ¿La inflación?”

Philippe Poutou: “Aparte de Nathalie Arthaud, creo que soy el único aquí que tiene un trabajo normal”.

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España, momento constitucional

Josu de Miguel

Foto: Chema Moya
EFE

Se nos viene apuntando los últimos meses que la Constitución española pasa por una profunda crisis que solo podrá ser superada mediante su urgente reforma. Reforma o ruptura, si se nos permite traer el dilema de la Transición.

Miren, yo no veo las cosas tan claras. Particularmente, durante el mes de octubre, comprobé con sorpresa la posibilidad de que la Constitución española de 1978 se hubiera convertido en la patria que Argüelles blandía en su famoso discurso al pueblo gaditano el día de San José de 1812. Resulta que frente al comportamiento desleal y rebelde de un poder autonómico, los ciudadanos salieron a la calle en España y Cataluña a protestar contra quienes les querían privar de sus derechos y de su modo de existencia política. Los españoles, en un movimiento casi contracultural, salieron del armario constitucional para defender su Estado y su soberanía.

¿Podría por ello permitirme el lujo de afirmar que la Constitución no requiere cambios? De ningún modo. Si me pusiera pretencioso diría que prácticamente no hay Capítulo o Título de la misma que no requiera modificaciones más o menos sustanciales.

Pero a diferencia de la visión dominante, creo que es fundamentalmente en la relación entre lo público y lo privado donde debe pensarse qué hacer como consecuencia del impacto recibido del derecho procedente de la Unión Europea y la globalización: tal derecho establece muchas limitaciones sobre cláusulas del Estado social que antes eran habilitaciones para que el poder público actuara sobre la economía y la sociedad. Como consecuencia de dichas limitaciones, la Constitución hoy ha devenido más en una norma de estabilidad que de transformación, y alguna consecuencia habrá que extraer de ello para la mejora de la garantía de los derechos y el sostenimiento racional no solo de los servicios públicos, sino de España como un espacio medioambiental en franco declive.

Reformas de este tipo deben realizarse con las luces largas, escuchando a expertos y labrando consensos. La fragmentación no es un problema, de hecho no lo fue en un periodo constituyente con mayor pluralidad partidista que la actual. La fórmula machadiana es perfectamente aplicable al método de la reforma constitucional. Ahora bien, reconozcamos que hoy tenemos un contexto de estridencia y populismo que dificulta la acción reformadora. Los que quieren ruptura buscan transformar el poder de reforma en un poder constituyente que haga una nueva Constitución para satisfacer el agón político que todos parecemos llevar dentro. Pero se mire por donde se mire, lo revolucionario hoy es una Ley Fundamental que cumple 39 años y que ha resistido la inclinación histórica y muy española de hacer Constituciones de partido, como ocurrió hasta 1931.

Creo que desde que la deslealtad institucional se precipitó en forma de golpe al Estado de Derecho en Cataluña los ciudadanos se han manifestado claramente contra esa inclinación. En el mes de octubre España quizá sufrió un momento constitucional de los teorizados por Bruce Ackerman. Momento de gran trascendencia que los partidos deberían ser capaces de detectar y que se cifra en la idea de que la patria no es un mito, sino una un entidad concreta que busca garantizar justicia intergeneracional a través de la propia Constitución. Sugiero entonces que el marco de la realización de la reforma ha cambiado: se pretendía un apaño para salir del paso en la cuestión territorial y lo que se entrevé, sin embargo, es un cambio en los objetivos que pretendían guiarla y en el sujeto que debe legitimarla. En definitiva, Dylan y su The Times They Are A-Changin’ también deberían sonar hoy en las celebraciones.

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La automatización llega al campo: este es el vino francés cultivado con la ayuda de un robot

Redacción TO

Foto: BENOIT TESSIER
Reuters

La automatización se ha ido extendiendo a más y más sectores y desde hace unos años han ido surgiendo opiniones enfrentadas, especialmente en aquellos ámbitos donde el empleo se vería más afectado. No obstante, hay marcas que guardan la pretensión de hacer las dos cosas compatibles. Así, la voluntad de Château Mouton Rothschild es avanzar en la implantación de tecnología en el campo y están empleando un robot dotado de inteligencia artificial y llamado Ted para participar en el mantenimiento de la tierra y el cultivo en sus viñedos situados en Pauillac, al norte de Burdeos, donde nacen los vinos que embotellan bajo la marca Château Clerc Millon. Entre las funciones de Ted se encuentra, por ejemplo, arrancar las malezas o labrar la tierra.

Philipe Dhalluin, portavoz de la compañía Baron Philipe de Rothschild, manifiesta que ven la robótica “como una solución efectiva para el futuro”. De esta manera, llevan varios meses ensayando con Ted en sus cultivos con la colaboración de la empresa Naïo Technologies, tal y como informa la revista Decanter.

Con todo, Philipe augura que la llegada de la automatización del campo no será absoluta y que la mano del hombre, al menos en sus campos, seguirá estando presente. Así, anticipa que los robots nunca ejercerán labores como la recogida y selección de la uva. “Cuando se trata del trabajo en el campo, los más importante para nosotros es el bienestar de nuestros empleados”, manifiesta el portavoz. “Lo que Ted permite es librarles del trabajo más monótono. Pero un robot jamás sustituirá al hombre en el trabajo de la cosecha, que es la garantía para tener un producto de alta calidad”.

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Un hombre recogiendo uva en un cultivo situado en la región de Champagne. | Foto: Benoit Tessier/Reuters

La reducción del esfuerzo humano y el aumento de la productividad no serían las únicas ventajas que encuentra Dhalluin, quien sostiene que la entrada de esta tecnología también se adscribe a la voluntad global de reducir la emisión de gases de efecto invernadero. “Al tiempo que ayudamos a que el trabajo sea menos arduo y se respete más la tierra, cae nuestra dependencia a la energías fósiles y el daño causado por la maquinaría agrícola tradicional”, defiende el portavoz.

De hecho, agrega en declaraciones a la misma revista que este compromiso con el medioambiente viene de lejos y que desde 2008 han reducido un 30% el uso de químicos en sus cultivos, a la vez que han apostado por métodos orgánicos y biodinámicos.

Por otra parte, la empresa Symington Family Estates también ha comunicado la entrada de robots en sus campos, a los que llama ‘vine scouts’ (exploradores de la viña, en castellano), que monitorizan la salud del viñedo y alertan sobre cualquier problema que pueda empeorar la calidad final del producto. Para orientarse de manera autónoma dentro de los cultivos, los robots se sirven de tecnología GPS. En este caso concreto, el proyecto, que cuenta con fondos de investigación europeos, comenzó en 2016 y se enmarca en un plan a tres años que nos ayudará a dilucidar cómo la tecnología puede mejorar la calidad de los productos agrícolas.

Continúa leyendo: Por qué Islandia es la supercampeona en igualdad de género

Por qué Islandia es la supercampeona en igualdad de género

Magnea Marinósdóttir y Rósa Erlingsdóttir

Foto: Ross Hughes
Unsplash

El Índice Global de Brecha de Género del Foro Económico Mundial no tiene dudas: Islandia es, por noveno año consecutivo, el mejor país para la igualdad de género. Varios factores son determinantes, como la acción colectiva y la solidaridad de los activistas pro los derechos humanos de las mujeres, la voluntad política y las herramientas como la legislación, el presupuesto y los cupos femeninos.

Nos proponemos comprender mejor por qué un país tan pequeño Islandia ocupa el primer lugar en igualdad de género en el mundo.

Una isla abierta al progreso

Islandia, a pesar de ser una isla, no está aislada del progreso hacia la igualdad de género. Al igual que en el resto del mundo, este progreso gradual puede atribuirse en primer lugar a la solidaridad de los defensores de los derechos humanos de las mujeres que desafían y protestan contra el monopolio del poder en manos de los hombres y el poder de los hombres sobre las mujeres.

En segundo lugar, su éxito se puede atribuir a que las mujeres asumen el poder y crean alternativas a las “verdades” dominantes masculinas y hacen visibles las realidades invisibles de las mujeres, sobre todo las prácticas discriminatorias, incluidos el acoso y el abuso sexuales. Por último, el progreso de Islandia se puede atribuir a que las mujeres y los hombres comparten el poder como responsables de la toma de decisiones, y cada vez hay más hombres que apoyan las concesiones mutuas que requiere la igualdad de género.

En la cultura islandesa existe el concepto de “mujeres fuertes”

Como tal, el caso islandés no es nada excepcional. Ha recibido la influencia de las corrientes culturales, políticas, religiosas, sociales, académicas y económicas que han llegado a sus costas, y de las que se han desarrollado y creado dentro del país. En su cultura existe el concepto de “mujeres fuertes”. A pesar de ser mítico, tiene sus raíces en la realidad, ya que las mujeres han disfrutado de ciertas libertades, y tenían autoridad cultural y religiosa durante el período de la Comunidad Islandesa, la que persistió a lo largo del tiempo. Desde un punto de vista religioso, la diversidad fue adoptada en la sociedad pagana “premoderna”. Había dioses y diosas, así como mujeres y hombres que servían como autoridades culturales y religiosas. Las mujeres eran sacerdotisas y oráculos, poetas y maestras de runas, comerciantes y médicas, que disfrutaban de respeto en la sociedad.

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“Mujeres fuertes”, un concepto muy islandés. | Foto: Bob Strong / Reuters

Una lucha histórica

Esta diversidad religiosa terminó con el advenimiento del cristianismo en el año 1000 cuando los diferentes Dioses y Diosas fueron reemplazados por un Dios monolítico. Al mismo tiempo, las mujeres ya no eran lo suficientemente buenas para representar públicamente a Dios y, a pesar de tener un estatus relativamente igualitario, las mujeres no tenían derecho a votar ni a estar representadas en el parlamento islandés, el más antiguo del mundo, establecido en el año 930.

Posteriormente, las mujeres comenzaron a luchar por el derecho a ser “suficientemente buenas”. En parte tuvieron éxito en 1914 y 1915 cuando a las mujeres se les otorgó el derecho legal de ser sacerdotisas protestantes, y el derecho de votar y de presentarse como candidatas políticas, respectivamente. Sin embargo, había una gran brecha entre el progresivo desarrollo de leyes basado en los derechos y las normas culturales predominantes y la realidad social, que mantenía a los hombres en un lugar de poder disfrutando de su “ventaja competitiva” y continuaba conteniendo a las mujeres.

Esta situación permaneció hasta que un grupo importante de mujeres instruidas penetró en las fortalezas que rodeaban los palacios del conocimiento y las universidades, y el feminismo se convirtió en un movimiento de masas en las décadas de 1960 y 1970 uniendo a las mujeres en su lucha por la igualdad de derechos e influencia política. Durante estas décadas, las mujeres comenzaron a tomar el poder para definir y redefinir el mundo en el que vivimos e incluso inventar nuevas “verdades” sobre dónde estaban paradas. El feminismo incluso comenzó a infiltrarse en la teología, ya que la primera mujer que se convirtió en sacerdotisa en Islandia en 1974, o 974 años después de que Islandia se convirtiera al cristianismo y 60 años después de que se legalizara que las mujeres sirvieran como sacerdotisas, se refirió a Dios como Ella. 38 años después, en 2012, se invistió a la primera mujer obispo de Islandia. Había llevado un siglo.

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Agnes M. Sigurðardóttir (centro) se convirtió en 2012 en la primera mujer obispo en la historia de Islandia. | Foto: Iglesia de Islandia

En el frente político, la solidaridad de las mujeres mediante la organización política ha sido fundamental para promover la igualdad de género en Islandia. Durante el período de 1915 a 1983, solo entre el 2% y el 5% de los miembros del Parlamento eran mujeres.

También es importante señalar que las primeras mujeres islandesas elegidas para un gobierno municipal en 1908 y para el parlamento en 1922 estaban representadas por listas de mujeres, no por los partidos políticos tradicionales. Cuando este experimento político se repitió varias décadas más tarde con el establecimiento de la Alianza de Mujeres en 1982, produjo importantes cambios y un gran avance en la participación de las mujeres en la política. La plataforma política de la Alianza de Mujeres, que contaba con el apoyo de mujeres constituyentes, consistía en “demandas de las mujeres”, como guarderías para niños, que les permitiera a las mujeres participar en el mercado laboral en pie de igualdad con los hombres.

Posteriormente, en 1983, por primera vez en la historia de Islandia, hubo un fuerte aumento en la cantidad de mujeres en el parlamento que pasó de cinco a 15 miembros de un total de 60 en una sola elección. Un científico político islandés, el Dr. Auður Styrkársdóttir, ha comparado las oleadas de concesiones democráticas a las mujeres con desastres naturales, como terremotos o erupciones volcánicas. A diferencia del aumento constante de la representación de las mujeres en los otros países nórdicos, el dominio masculino en Islandia solo se vio interrumpido por la acción colectiva y la solidaridad de las mujeres.

La Alianza de Mujeres dejó de existir en 1999 después de trabajar incesantemente desde dentro del parlamento, influyendo en el debate político y en las agendas políticas de los partidos políticos tradicionales. Poco a poco, los “asuntos de la mujer” fueron incorporados en las agendas políticas de otros partidos y las mujeres en esos partidos comenzaron a desempeñar un papel más importante que antes, cuando se consideraban solo la guinda del pastel, una flor decorativa dentro de los partidos políticos y las listas de candidatos dominados por hombres.

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Jóhanna Sigurðardóttir, primera ministra de Islandia entre 2009 y 2013, se convirtió en la primera jefa de gobierno reconocida como LGTB del mundo. | Foto: Ints Kalnins / Reuters

Durante el siglo transcurrido desde que las mujeres obtuvieron el derecho a voto en las elecciones nacionales ha habido un aumento en la cantidad de mujeres que se postulan como candidatas. La misma proporción de ambos sexos todavía no es suficiente si el objetivo es alcanzar la igualdad de género en la representación política. Para alcanzar ese objetivo, las mujeres deben estar en una posición alta o más alta en la lista de candidatos para tener las mismas oportunidades de ser elegidas. Una de las historias de éxito en Islandia es que, entre los partidos políticos establecidos desde hace mucho tiempo, solo uno no aplica algún tipo de normas de cupos de género, como un “sistema de cremallera” cuando seleccionan hombres y mujeres en sus listas de candidatos.

Desde 2016, las mujeres conforman el 48% de los representantes electos en el parlamento. También es un gran logro en esta larga lucha que la cantidad de mujeres en el gabinete, en los últimos años, haya comenzado a reflejar la participación de las mujeres en el parlamento. El poder ejecutivo se considera el nivel más alto en la política. Y después de más de 100 años, casi se ha llegado a la igualdad política de ambos géneros.

Empoderamiento político y económico para no estar a merced de nadie

En conclusión, la situación de la mujer en Islandia fue, históricamente, relativamente igual a la de los hombres, aunque la igualdad jurídica no estuvo asegurada hasta 1976. Pero las mujeres se vuelven vulnerables si no tienen o están excluidas del poder verdadero por un sistema que no protege por ley ni de facto los derechos de las mujeres frente a los hombres en los casos de conflicto. Esto se aplica en particular a situaciones de violencia contra mujeres y niñas perpetradas por miembros de la familia o desconocidos dentro o fuera de sus hogares.

La vida de una mujer en un sistema que no protege sus derechos humanos y su seguridad es como la ruleta rusa: las mujeres están a merced de “sus amos”, hombres buenos o malos, porque el sistema protege los intereses de los perpetradores (potenciales) de violencia. En un sistema así, algunas mujeres tienen suerte, mientras que otras sacan o les entregan el palito más corto.

En consecuencia, históricamente y aún hoy, la lucha de los defensores de los derechos humanos de las mujeres no se trata de hombres buenos o malos en sí misma. En cambio, se trata del uso y abuso del poder y la autoridad, a saber, la conversión de un sistema donde prevalece una cultura de impunidad sobre una cultura de responsabilidad por la violencia contra las mujeres (y los hombres). La lucha tiene como objetivo cambiar el sistema, las normativas y regulaciones legales que gobiernan nuestras vidas, que ha sido moldeado por personas con y en el poder. Esta es también la razón por la que las mujeres necesitan tener el mismo poder y ser parte del poder. Tan simple como eso.

El empoderamiento político y económico sistémico de las mujeres fue de la mano con la “invasión” de mujeres feministas en la esfera académica

El empoderamiento político y económico sistémico de las mujeres fue de la mano con la “invasión” de mujeres feministas en la esfera académica en la cuna del conocimiento en los años sesenta y setenta, lo que resultó en el surgimiento de una nueva realidad de la que antes no se hablaba o no podía verse. El término “acoso sexual” es un ejemplo. Este se acuñó en la década de 1960, y su significado deriva de la experiencia de las víctimas hasta el momento impotentes y sin voz, las supervivientes, que pudieron hacerse oír usando esta nueva terminología feminista. La legislación que prohíbe el acoso sexual se introdujo en Islandia y en otros países predominantemente occidentales en ese momento. Pero la cultura generalizada del poder y el privilegio masculino resultó en que los depredadores sexuales siguieran protegidos a pesar de la prohibición legal, tanto por los hombres como las mujeres que estaban implicados en sus crímenes, ya que silenciaban a las víctimas, o las nombraban, culpaban y avergonzaban.

Justo antes de que salieran a la luz los alegatos contra Harvey Weinstein en los Estados Unidos, el gobierno de Islandia había colapsado después de que a seis agresores sexuales se les restableció su ‘posición social elevada’ bajo la legislación del siglo XIX utilizando la terminología “restauración del honor”. La información sobre los casos, originalmente retenidos y luego liberados, constituyó un abuso de confianza en la mente de uno de los socios más pequeños de la coalición, lo que resultó en la disolución del gobierno. En septiembre, la cláusula respectiva en la ley fue derogada.

En general, es impresionante ver cómo las redes sociales están creando una ola de protestas en la que las mujeres hablan, dicen “yo también”, y le hacen saber al mundo que ya han tenido suficiente. Esto sucede tanto en Islandia como en otros lugares. El elemento “es normal que esto suceda” de los “casos de restauración del honor” movilizó a las víctimas, sus padres, las feministas y el público en general en una fuerte protesta representada por el hashtag #höfumhátt, que significa “¡hagámonos escuchar!”

Desafíos por cumplir

¿Qué otros desafíos quedan? En Islandia, como en los otros países nórdicos, el estado de bienestar apoya la igualdad de género al otorgar licencia por paternidad tanto al padre como a la madre, lo que resulta en que ambos comparten no solo más poder sino también la responsabilidad de llevar adelante el hogar y la familia.

Las ideas sobre la masculinidad están cambiando entre los jóvenes, lo que probablemente contribuirá a la eliminación de la segregación de género en el mercado laboral en el futuro cercano. Aún así, hay desafíos que quedan por resolver, en particular la realidad con roles masculinos y femeninos en la que vivimos, donde se asumen ciertas cosas sobre los individuos o los grupos en función de su sexo. Tales suposiciones y nociones basadas en el género continúan causando problemas; por ejemplo, la forma en que las ocupaciones predominantemente femeninas, como la enfermería, se valoran menos que las ocupaciones de los hombres, como la construcción. Existe una brecha salarial de género para un trabajo de igual valor a pesar de la existencia de la ley sobre la igualdad salarial de 1961. Las mujeres islandesas han protestado haciendo huelgas generales desde 1975.

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Islandia será el primer país del mundo en hacer que los empleadores demuestren que ofrecen un salario igualitario independientemente de su sexo, etnia, sexualidad o nacionalidad. | Foto: Frank Augstein / AP

Ahora, más de 40 años después, las mujeres cuentan con el apoyo de la voluntad política, como se evidencia en la implementación de la ley sobre la certificación de igualdad salarial. Esta legislación se basa en una herramienta llamada Equal Pay Standard que tiene como objetivo eliminar la brecha salarial entre los géneros. La norma se aplicará a todas las empresas e instituciones con 25 puestos de trabajo de tiempo completo. La implementación de la norma facultará y permitirá a los empleadores incorporar un sistema de gestión de igualdad salarial de acuerdo con el principio de igual remuneración por igual tarea y trabajo de igual valor. De este modo, cumplirán con la ley de igualdad de los hombres y las mujeres, y con las exigencias de los tratados internacionales, como los Convenios de la Organización Internacional del Trabajo, la Plataforma de Acción de Pekín y la Convención para Eliminar Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer o CETFDCM (también conocida por sus siglas en inglés, CEDAW).

La intención del gobierno de implementar el Estándar de Igualdad Salarial a través de una legislación que fue ampliamente debatida en Islandia, al igual que todas las demás medidas legislativas sobre el tema. A su vez, ha llevado al debate sobre la igualdad de género a la política en general y a la formulación de políticas, lejos de los márgenes donde a menudo reside.

Se cree que el Estándar de Igualdad Salarial será el instrumento que elimine la brecha salarial entre géneros. ¿Cuál es el secreto? Predicar con el ejemplo.

Artículo publicado originalmente en el World Economic Forum en español.

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La tasa que quiere aplicar Reino Unido a las tecnológicas que tributan en paraísos fiscales

Redacción TO

Foto: ROBERT GALBRAITH
Reuters

Las últimas semanas han venido cargadas de polémica. Si hace un año las revelaciones de los Papeles de Panamá alertaron del dinero que estaba volando de las arcas de países como el nuestro para esquivar la fiscalidad local y trasladarse a paraísos fiscales, este año la bomba ha estallado con los Paradise Papers. Un ejemplo más de cómo miembros de las élites económicas mundiales mueven su dinero hacia lugares de fiscalidad nula o minúscula para no pagar los impuestos que les corresponde.

Por este motivo, algunos países están trabajando para castigar a las empresas que se ha demostrado que protagonizan estos entramados. Así, el parlamentario británico Philip Hammond ha desvelado que están desarrollando un plan para cobrar una nueva tasa a las compañías que eluden impuestos en su país. En este caso, la tasa va dirigida hacia las tecnológicas, con gigantes como Apple, Amazon o Google como objetivo.

Las compañías tecnológicas, que últimamente están en el ojo del huracán, tendrían que enfrentarse a nuevos impuestos por el dinero que generan y que luego declaran, principalmente, en países como Irlanda. El nuevo impuesto entraría en vigor en abril de 2019 y reportaría, de acuerdo con sus cálculos, cerca de 200 millones de libras esterlinas anuales –225 millones de euros–.

La tasa que quiere aplicar Reino Unido a las tecnológicas que tributan en paraísos fiscales
Hammond, a la espalda de Theresa May. | Foto: Andrew Yates/Reuters

La medida, aunque llamativa, apenas recaudaría una pequeña cantidad de la que ahora se les escapa, según algunos expertos. Por ejemplo, el economista Gabriel Zucman escribió en The Guardian que Reino Unido pierde el equivalente a 15.000 millones de dólares anuales simplemente por con lo que evaden las sociedades. Asimismo, la cantidad que estaría perdiendo la Unión Europea sería equivalente a una quinta parte del total de lo que recauda en impuestos corporativos.

En Reino Unido, en el año 2015, Apple pagó 12,9 millones de libras –14,5 millones de euros– en impuestos. En España, pagó 6,5 millones de euros. Hammond no niega, en cualquier caso, esta realidad y asume que la nueva medida “no resuelve el problema”. Con todo, sostiene que es una “señal” de su “determinación” para acabar con una situación que afecta notablemente a la riqueza del país.

La iniciativa no termina de convencer, por su laxitud, a los defensores de la equidad tributaria, tal y como ilustra la revista Quartz. “Se trata de una gota en el océano y no creo que a los gigantes tecnológicos les afecte mucho”, declara al medio Alex Cobham, director ejecutivo Tax Justice Network. “La cantidad potencialmente recaudable es tan pequeña en comparación a las ganancias de las compañías tecnológicas que no creo que nadie vaya a ver esto como una solución“.

De este modo, Cobham sugiere que si Hammond tuviera un interés genuino en combatir la evasión fiscal, se esforzaría –a través del Tesoro– en obligar a las grandes compañías a publicar los ingresos que tienen anualmente en cada país. Actualmente, matiza, es opcional.

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