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El único hombre de EEUU aparentemente "a salvo" de las denuncias de acoso sexual es el presidente Trump

Anna Carolina Maier

Foto: KEVIN LAMARQUE
Reuters

Las denuncias de acoso sexual en Estados Unidos arrecian. El caso del productor de Hollywood Harvey Weinstein destapó una caja de pandora que parece no tener fin. Algunos hombres poderosos que parecían invencibles han pasado a convertirse en personas non gratas ante la opinión pública. Desde comediantes como Louis C. K., actores como Kevin Spacey o cantantes como Nick Carter han sido mencionados por la prensa en medio de esta crisis del pánico sobre el acoso sexual. Entre los acusados también se encuentra el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien continúa desafiando la norma moral de EEUU y parece ser el único en estar “a salvo” de las incriminaciones a pesar de contar con 16 acusaciones en su contra.

La Casa Blanca afirmó el 28 de octubre que todas las mujeres que han acusado de acoso sexual al presidente “mienten y que esa es la posición oficial al respecto”, según respondió en una rueda de prensa la portavoz de Trump, Sarah Sanders. La declaración de Sanders ha ido de la mano de los alegatos que el primer mandatario publicó en Twitter durante su campaña presidencial en 2016.

El lunes 13 de noviembre el líder republicano del Senado de Estados Unidos, Mitch McConnell, al ser preguntado sobre las denuncias de mujeres que aseguran haber sido violadas por Roy Moore, un exjuez que aspira al Senado acusado de conducta sexual inapropiada con varias adolescentes a fines de la década de los años 70, respondió: “Creo a estas mujeres. Él debe hacerse a un lado”. Al día siguiente, el líder de la mayoría del Senado evadió la interrogante de un periodista sobre si cree a las mujeres que acusaron al presidente Trump de acoso sexual. “Mire, estamos hablando de la situación en Alabama”, respondió entonces McConnell.

De modo que a pesar de que parece que el panorama ha cambiado y que diariamente hay nuevas denuncias inundando los titulares, el poder todavía juega un rol importante y convierte en intocables a algunos hombres como Trump. Al presidente su partido lo necesita por lo que cargos como el líder del Senado han ignorado las acusaciones que podrían poner al mandatario de ‘patitas en la calle’ o en la cárcel.

De hecho, Trump ha dado su apoyo a Moore al decir que este “niega totalmente” las acusaciones. “También hay que escucharlo a él”, afirmó el presidente.

El único hombre de EEUU "a salvo" de las denuncias de acoso sexual es el presidente 1
Roy Moore, un exjuez que aspira al Senado ha sido acusado de conducta sexual inapropiada con varias adolescentes a fines de la década de los años 70. | Foto: Marvin Gentry / Reuters

La misma semana de la polémica sobre las respuestas de McConnell, el presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, informó que cada legislador y cada colaborador deberá seguir un curso anti-acoso y anti-discriminación. En el Senado, esos cursos son facultativos, explica AFP. Asimismo, se reveló que entre 1997 y 2017 el Congreso pagó nada menos que 17 millones de dólares de dineros públicos para resolver 264 casos de reclamos internos del personal, incluyendo quejas por acoso sexual.

Estas son algunas de las mujeres que han acusado a Trump

Una de las mujeres que ha levantado su voz en contra de Trump es Summer Zervos, una antigua concursante del programa The Apprentice quien aseguró, durante la campaña presidencial, que cuando ella trató de buscar empleo en las empresas del magnate, durante una reunión en un hotel, él “comenzó a besarla con la boca abierta”. Afirma que trató de apartarse, pero Trump continuó intentando besarla y que luego le pidió que se acostaran a ver televisión.

Kristin Anderson contó a The Washington Post que Trump le tocó sus partes íntimas por debajo de su minifalda. Ella se levantó del sofá en el que estaba para alejarse y antes de irse miró al hombre que acababa de manosearla: era Trump. “Sus cejas son inconfundibles”, afirmó Anderson al recordar ese momento.

Una de las denuncias más fuertes la hizo su ex esposa Ivana Trump quien acusó al magnate en una declaración judicial de haberla violado durante una discusión, tal y como recogió en el libro Lost Tycoon el periodista Harry Hurt. En esta lista también está Lisa Boyne quien expresó a The Huffington Post: “Fue la escena más ofensiva de la que he sido parte en mi vida”, cuando contó cómo en el verano de 1996, supuestamente durante una cena en un restaurante en la que además estaban otras personas, Trump hizo que varias mujeres desfilaran frente a su mesa, miró bajo sus faldas, comentó sobre si estaban usando ropa interior o no y sobre cómo lucían sus genitales.

Una más de las 16 es Mindy McGillvray quien relató al Palm Beach Post que el presidente la tocó de manera inapropiada en contra de su voluntad en su hotel Mar-a-Lago en Palm Beach hace 13 años, cuando ella tenía 23 años. Tasha Dixon es otra de las mujeres que han denunciado al magnate. La modelo y concursante de Miss USA ha narrado cómo en el año 2001 Trump entró a los vestidores donde se cambiaban las modelos sin anunciarse, ni darles tiempo de cubrirse y señaló que nadie podía quejarse porque él era el dueño.

Si Harvey Weinstein contaba con un fuerte andamiaje de un total de 91 actores, publicistas, productores, financieros y otros que trabajan en la industria del cine a quienes mantenía cerca como parte de una estrategia para evitar posibles denuncias, como lo publicó The Observer, ¿qué se podría esperar de uno de los hombres más poderosos del mundo como el Presidente de Estados Unidos?

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La velocidad de la decadencia de Harvey Weinstein

Redacción TO

Foto: CARLO ALLEGRI
Reuters

Harvey Weinstein ha pasado de gigante del cine a persona non grata en Hollywood. Y en un tiempo récord. Recapitulemos.

El magnate es, junto con su hermano Bob -que también ha sido acusado de delitos similares-, el fundador de la productora Miramax en 1979, que en 1993 se convirtió en filial de Disney. En 2005, de nuevo con su hermano, fundó The Weinstein Company, que pronto se convirtió en una mini-major, una productora más pequeña que los grandes estudios de Hollywood, pero lo suficientemente voluminosa como para competir con ellos. Era uno de los mayores magnates de la industria del cine en el mundo. Entre las películas que llevan su firma en los créditos están Shakespeare in Love, Gangs of New York o My Week with Marilyn. Un nombre habitual en las retahílas de personas a los que las estrellas de cine daban gracias en sus discursos cuando recibían un Oscar. De ahí a perder su empresa, a su mujer, su posición académica, su renombre y a que la policía lo investigue. Sólo en una semana.

¿Cuándo cayó el magnate? El 5 de octubre, un reportaje del diario estadounidense The New York Times destapa décadas de abusos sexuales por parte del productor. El artículo cuenta con los testimonios de las actrices Rose McGowan y Ashley Judd, entre otras. Ese mismo día, el magnate emite un comunicado en el que dice: “Me doy cuenta de que la forma en que me he comportado con compañeras en el pasado ha causado mucho daño y me disculpo sinceramente por ello”. Dice también que ha decidido tomarse una baja y que está haciendo terapia. Al día siguiente, numerosas actrices reaccionan indignadas a la información destapada por el rotativo neoyorkino y, al siguiente, dimite una de las abogadas de Weinstein.

El 8 de octubre, la junta de The Weinstein Company decide despedir al cineasta. El 10, la revista The New Yorker publica un artículo que habla de más casos relacionados con el productor. Ese mismo día, el expresidente estadounidense Barack Obama se suma a la lista de personas que condenan públicamente la conducta del magnate y la mujer de este, Georgina Chapman, lo abandona. Un día después, la Academia Británica de Cine y Televisión, que entrega los premios Bafta, decide suspender a Weinstein, mientras que el Festival de Cine de Cannes emite un comunicado diciendo estar “consternado” por el comportamiento del magnate. Finalmente, el día 12, la policía de Nueva York dice que está investigando las acusaciones y la Academia Estadounidense de Cine, que entrega los Oscar, dice que se reunirá en dos días para decidir el futuro de Weinstein en la organización. Finalmente, votarán por expulsarlo el 14.

En esos siete días llenos de acontecimientos, cambia la imagen que tiene el mundo del cineasta. De triunfador a delincuente sexual. Entre los testimonios que han producido esta transformación están los de las mencionadas Rose McGowan, Ashley Judd, Gwyneth Paltrow y Angelina Jolie, pero también los de Cara Delevigne, Léa Seydoux, Lupita Nyong’o, Kate Beckinsale, Asia Argento, Heather Graham, Rosanna Arquette y Mira Sorvino.

Muchas otras personalidades del mundo del espectáculo han criticado la actitud del productor. Entre los nombres que lo han hecho están el de Lena Dunham, Brie Larson, Penélope Cruz, Judi Dench o la mismísima Meryl Streep. Entre los que han reconocido que sabían (al menos) algo de la situación están Emma Thomson o Quentin Tarantino.

La velocidad de la decadencia de Harvey Weinstein
Kate Winslet evitó “deliberadamente” dar las gracias a Weinstein cuando ganó el Oscar. | Foto: Lucas Jackson / Reuters

Quien dice no saber nada sobre los abusos sexuales pero sí sobre otras actividades es Kate Winslet, cuya primera película, Criaturas celestiales, estuvo distribuida por Miramax. “Durante toda mi carrera, Harvey Weinstein, dondequiera que me lo encontraba, me cogía del brazo y me decía: ‘No olvides quién te dio tu primera película’. Como si se lo debiera todo”, ha dicho recientemente la intérprete en una entrevista con Los Angeles Times. Los hechos a los que se refiere Winslet ocurrieron supuestamente durante la producción de The Reader. “No puedo ni empezar a describir el comportamiento tan deshonrado que tuvo lugar. Y de hecho no lo voy a hacer, porque es una caja de Pandora que no estoy preparada para abrir públicamente. Nada que ver con abusos sexuales, por suerte. Dios mío. De alguna forma esquivé esa bala”.

Según Scott Rudin, uno de los productores de The Reader, después de que el director, Stephen Daldry, le dijera a Weinstein que la película no iba a estar lista para la temporada de los Oscar de 2008, este importunó al también productor Sydney Pollack, entonces en el lecho de muerte, y también a la viuda de un tercer productor, Anthony Minghella. Rudin decidió quitar su nombre de los créditos de la película en señal de protesta. Winslet, por su parte, optó por no dar las gracias a Weinstein en su discurso cuando se llevó el Oscar. “Eso fue deliberado. Eso fue absolutamente deliberado”, dice ahora la actriz. “Recuerdo que me decían: ‘Asegúrate de darle las gracias a Harvey si ganas. Y recuerdo darme la vuelta y decir: “No, no lo haré. No, no lo haré”. Y no tiene nada que ver con no estar agradecida. Si la gente no se comporta bien, ¿por qué tengo que darle las gracias?”.

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El poder causa daños cerebrales

Redacción TO

Foto: KEVIN LAMARQUE
Reuters

¿Qué tienen en común Donald Trump, Kim Jong-un y Harvey Weinstein? No, no son unos kilos de más -que también-, sino el poder. Y esta característica tiene efectos secundarios que los mortales que viven bajo su yugo deben conocer. Dacher Keltner, profesor de Psicología de la Universidad de Berkeley, en Estados Unidos, ha estudiado el fenómeno a fondo y, después de realizar un estudio de dos décadas con experimentos de laboratorio y de campo -del que se ha hecho eco The Atlantic-, ha concluido que las personas poderosas actúan como si hubiesen sufrido un traumatismo cerebral. Es decir, se vuelven más impulsivas, menos conscientes de los riesgos y menos partidarias de asumir puntos de vista ajenos.

Los descubrimientos de Keltner se suman a los de un investigador de la Universidad McMaster, en Canadá. Se trata de Sukhvinder Obhi, que, desde el campo de la neurociencia, ha descrito comportamientos similares con gente de este perfil. Al estudiar los cerebros de personas poderosas y menos poderosas con un aparato de estimulación magnética transcraneal, descubrió que el poder daña un proceso neurológico específico relacionado con la empatía.

Lejos de ser una excusa para exonerar a Trump, Kim y Weinstein -que no lo es en absoluto-, estos hallazgos sí sirven para entender cómo funcionan los mecanismos físicos y mentales de aquellos que tienen acceso a más control sobre otras personas. Y esta pérdida de capacidades está en consonancia con hallazgos anteriores. En 2006, por ejemplo, un estudio de la Universidad Nortwestern, en Estados Unidos, pidió a sus participantes que se dibujaran una E en la frente. Los que se sentían más poderosos tendían a dibujar la letra orientada hacia su derecha (es decir, quedaba del revés para cualquier otro observador), mientras que el resto hacía lo contrario, lo cual, según el estudio, demostraba una mayor capacidad empática.

Un curioso despiste confirmó extraoficialmente esta teoría dos años más tarde cuando el entonces presidente de Estados Unidos, George Bush, que ya llevaba siete años en el cargo, animó al equipo de natación de su país en los juegos de Pekín ondeando efusivamente una bandera estadounidense… del revés.

El poder causa daños cerebrales
George Bush dando ánimos con la bandera del revés. | Jerry Lampen / Reuters

Otros estudios enfocados a la misma investigación han mostrado que a las personas con más autoridad les resulta más difícil descifrar las emociones de una persona retratada en una fotografía y que también les cuesta más deducir cómo interpretará un comentario un compañero. Uno de los factores que agrava esta situación, y que quizá en mayor o menor medida la configura, es el hecho de que las personas suelen imitar a aquellos con más poder y autoridad que uno mismo. Estos últimos actúan como modelo a seguir para los primeros y, además, carecen de modelos propios a los que seguir, lo cual tiene un efecto directo sobre las funciones empáticas.

La imitación, en psicología, es un proceso inconsciente mediante el cual a una persona, cuando observa a otra realizando una actividad, se le activa la parte del cerebro que utilizaría para realizarla ella misma. Es lo que Sukhvinder Obhi y su equipo intentaban demostrar cuando pidieron a sus investigados que vieran un vídeo de alguien apretando una pelota de goma. Los procesos neurológicos que se pondrían en marcha si fueran ellos los sujetos se activaron en el caso de las personas con menos poder. Esto no ocurría en el caso de las personas con menos autoridad.

Esta pérdida de capacidades tiene un irónico efecto que Sukhvinder Obhi ha denominado “paradoja del poder”. Es decir, las personas utilizan una serie de habilidades para llegar a posiciones de poder que pierden en cuanto lo alcanzan. Y, si las han perdido, ya no podrán desempeñar con la misma eficacia el cargo para el que inicialmente habían demostrado estar preparadas.

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El sexo se acaba

Miguel Ángel Quintana Paz

No es fácil que una generación entienda a otra. Todavía recuerdo aquella ocasión en que acompañé a una amiga (andábamos ambos por poco más de la treintena) a cierta conferencia de Celia Amorós, matriarca del feminismo hispano, que por aquel entonces superaba la sesentena. Doña Celia disertó sobre un problema que ella reputaba crucial para las mujeres: que la mayoría de los hombres las contemplaran solo como posibles madres de su prole futura. Mi amiga se revolvía incómoda en su asiento. Me había contado a menudo que su dificultad era justo la contraria: encontrar un novio que no la abandonara en cuanto ella hablaba de ir formando familia. Aun así, supo permanecer en la sala durante toda aquella charla sobre “la mujer actual”; si bien como quien escucha una disertación sobre tribus perdidas a orillas del Orinoco.

Son de hecho las cuestiones sexuales aquellas en las que me temo que con mayor frecuencia prosperan los malentendidos entre generaciones. Hoy, por ejemplo, los adultos suponemos con naturalidad que vivimos tiempos fáciles para que cualquier joven goce del sexo. ¿No está acaso omnipresente este en nuestras televisiones, en nuestra publicidad, en internet, en las conversaciones de toda índole? ¿No vivimos una época ajena a los tabúes sexuales? Los anticonceptivos, la pérdida de fe religiosa, la volatilidad de las relaciones, ¿no allana todo ello el camino a cierta promiscuidad?

Por pasmoso que resulte, parece lejos de ser así. La reciente investigación de tres psicólogos estadounidenses (J. M. Twenge, R. A. Sherman y B. E. Wells) exhibe la tendencia contraria. Los jóvenes actuales, también llamados “generación milénica” o millennials (nacidos después de 1982), son los que menor actividad sexual tienen desde nada menos que los felices años 20; su número de parejas sexuales también ha descendido hasta volver a niveles de la posguerra. El dato cuadra con otros ya sabidos, como que un tercio de los japoneses menores de 30 años es virgen; o que la tasa de embarazos adolescentes se ha llegado a reducir a la mitad desde que las redes sociales (Facebook, Twitter, Snapchat) comenzaron su expansión. Nuestros jóvenes tienen más relaciones ahora, sí, pero a través de la pantalla, no bajo un edredón.

Como ocurre a menudo, estas son cosas que los filósofos ya ha tiempo que vieron venir. Pienso en lo que vienen escribiendo desde hace lustros pensadores como Mario Perniola, Slavoj Žižek, cierto Michel Foucault, junto con literatos como Michel Houellebecq. Quizá el más iluminador de todos ellos sea el recientemente fallecido Perniola: en su libro de 1994 El sex appeal de lo inorgánico este italiano ya captaba ese rasgo en nuestra época. Época en que nuestro placer cada vez tendrá menos que ver con el deseo y el encuentro sexual, pues tendrá que ver más con otras cosas.

Al hablar así muchos pensemos seguramente en la pornografía, que sin duda ha prosperado de la mano de internet (el 14 % de sus búsquedas así lo avalan) y es una alternativa rápida, fácil y barata a las siempre intrincadas lides del cortejo.

El citado Slavoj Žižek añadiría que, si una parte esencial del goce sexual ha sido siempre la transgresión que acarreaba, no resulta extraño que, en una época tan sexualizada como la nuestra, los placeres ya no prohibidos hayan perdido encanto.

Un millennial, Antonio Ruiz Capilla, me proporcionaba hace poco otra explicación a esta dejadez sexual: hoy la oferta de entretenimiento casi gratuito es tan abundante, que tener relaciones sexuales resulta una alternativa relativamente costosa (aunque solo sea en tiempo); solo a aquellos deseosos de mantener cierto prestigio como animales sexuales en su generación les compensarían, pues, los esfuerzos por disfrutarlas.

Ahora bien, consumir porno, chequear los nudes que te envía alguien por mensaje privado o practicar cibersexo se quedarán pronto en versiones ridículamente primitivas de goce asexual en comparación con lo que se avecina. Mientras que ahora constatamos el declinar del sexo real, el futuro que nos aguarda puede acercarnos a su extinción. Basta con que pensemos, verbigracia, en los robots sexuales: 2017 nos proporcionó las primeras robots con inteligencia artificial que se adaptan a los gustos de su usuario por el módico precio de 15.000 dólares, mientras que en este 2018 está prevista la llegada de los primeros robots-chaperos con penes biónicos. Todo el debate sobre si legalizar o no la prostitución humana podría quedar, en cuestión de pocos años, desfasado: frente a los riesgos de una prostituta o prostituto (enfermedades de transmisión sexual, embarazos no deseados, que te robe la cartera según sale de tu dormitorio), un robot bien desarrollado podría aprender a proporcionarte tanto o más placer, con prácticamente ningún peligro anejo.

O pensemos en el desarrollo de la realidad virtual: hoy ya existen “trajes sexuales” que envían impulsos a diversas partes de tu piel para que sientas lo mismo que si alguien te estuviera acariciando. ¿Qué mujer o qué hombre real podría competir con ese traje si a la vez lanzara a tus ojos imágenes en tres dimensiones de aquella persona con quien tienes los sueños más eróticos? ¿Quién perdería el tiempo con un ligue al que, con suerte, podrías calificar con un 7 sobre 10, y al que previamente debes invitar a copas mientras conversas sobre su familia de Vitigudino, cuando puedes gozar con un hombre o mujer de 10 sin tan engorrosos prolegómenos? Los 400 dólares que ahora cuesta este invento parecen una inversión razonable. Especialmente si tenemos en cuenta que un traje nunca te demandará por haberte propasado, ni te llamará egoísta por preocuparte solo de tu propio regocijo.

Si a todo esto le añadimos el próximo perfeccionamiento de úteros artificiales, que permitirán prescindir de los cuerpos humanos incluso cuando alguien desee concebir un hijo, el porvenir resulta predecible: poco a poco, habrá cada vez menos cuerpos y cada vez más máquinas que nos ahorrarán todas las molestias, todas las enfermedades, todas las muertes que hoy ocasionan los siempre embarazosos embarazos.

Bien es cierto que unos pocos perseverarán en la vieja costumbre de juntarse con cuerpos reales, pese a sus amenazas, de modo similar a como ahora algunos prefieren escribir a máquina en vez de ordenador, o comer soja sin modificación genética, o vivir sin calefacción. Y no es menos verdad que observar cómo se practica sexo con una máquina resulta todavía una experiencia un tanto perturbadora (pero ¿no le es también impactante a un niño contemplar la primera relación sexual de su vida?). Probablemente veremos a esas feministas que hoy consideran que cualquier relación sexual con penetración es una violación cambiar de estrategia, ante la competencia de las robots y la realidad virtual, y exigir cierta redistribución de contacto mínimo entre humanos para todos y para todas. No es imposible que, al igual que hoy los gobiernos nos incitan a practicar más deporte, o subvencionan las tradiciones que están a punto de desaparecer, pronto nos inviten a salir más de casa para conocer otros cuerpos sexuados y nos otorguen ayudas para financiar los gastos del flirteo.

Pero todo ello constatará solo que el sexo se está acabando.

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Siria se presenta en Fitur como destino turístico "seguro" en plena guerra

Lidia Ramírez

Foto: L.R.
The Objective

Después de siete años de guerra civil, muchos son los lugares de Siria que han quedado reducidos a escombros y hoy permanecen casi abandonados. Si hace apenas una década este país se presentaba como un lugar donde había que ir, al menos, una vez en la vida, actualmente es un lugar hostil al que pocos se atreven a visitar

En un momento en el que la situación parece haberse calmado tras la recuperación por parte del Gobierno sirio del último bastión en manos del Estado Islámico, Siria, por primera vez, se presenta en esta nueva edición de Fitur como un destino más al que todo turista tiene que visitar.  Sin embargo, esta calma aparente es solo la capa más superficial de un conflicto que ya ha diezmado al país y que ha dejado, sólo en 2017, más de 10.000 civiles asesinados.

De esta forma, en uno de los folletos informativos que el stand habilitado para Siria facilita a los visitantes del mismo y que vende a Siria como “La cuna de la civilización”, se puede leer: “El turista puede moverse con toda libertad y viajar por todo el país de forma segura“. Esto puede parecer algo incrédulo en un momento en el que el Estado Islámico todavía conserva el control de algunas áreas del desierto y aldeas cercanas y unas 2.500 familias permanecen aún cercadas por el grupo terrorista, según el Alto Comisionado Iraquí para los Derechos Humanos.

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Stand de Siria en Firtur 2018. | Foto: L.R./The Objective

Por su parte, Ziad Bakhi, funcionario del ministerio de Turismo sirio, asegura a The Objective que: “La mayor parte de Siria es segura, muy pocas zonas permanecen en conflicto”,  y agrega: “Nuestras zonas de turismo están a más de 100 kilómetros de las zonas hostiles“. “Las zonas en conflicto están muy lejos de las zonas turísticas”, termina insistiendo.

Como destinos imperdibles, nos aconseja visitar Palmira, “un oasis del que brotan las fuentes de la historia de Siria” y la cual el Estado Islámico casi redujo a escombros llevándose así más de 2.000 años de historia. Para muchos, esta hermosa perla del desierto, tiene –o tenía– una riqueza cultural solo comparable a la de Pompeya (Italia) y Éfeso (Turquía). En marzo de 2017, el Gobierno consiguió expulsara definitivamente a los terroristas de esta zona, pero el daño ya era demoledor y la destrucción irreversible.

Inmersa en una guerra, Siria se presenta en Fitur como destino turístico
RESTOS DEL ARCO DEL TRIUNFO DESTRUIDO POR EL ESTADO ISLÁMICO. (AFP/MAHER-AL-MOUNES)

Alepo es otro de los destinos que nos aconsejan visitar desde el stand de Fitur este 2018. “Esta gran ciudad puede presumir de un próspero presente, de cuidados barrios residenciales con edificios de los estilos arquitectónicos más variados y del verde de los parques y jardines que en ellos abundan”, se lee en el folleto informativo. Sin embargo, la realidad dista mucho de esta afirmación. Y es que después de siete años de conflictos y bombardeos, muchas son las zonas totalmente destruidas, haciendo de esta ciudad prácticamente una urbe fantasma.

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Varios niños juegan entre los escombros en un barrio de Alepo. | Foto: Max Black/AP

Damasco o Homs también son otros destinos “totalmente seguros”, según nos informan desde el punto promocional de Siria en Fitur, situado en el pabellón 4 de Ifema; al igual que la histórica Resafa, que abandonada por sus habitantes a principios del siglo XII tras la llegada de los mongoles primero y de los turcos después, es hoy día un sitio arqueológico de gran valor histórico localizado al sudoeste de la ciudad de Al Raqa y el Éufrates. Tras tres años de ocupación yihadista, el 19 de junio de 2019, el Gobierno de Al Assad recuperó a la ciudad de manos del Estado Islámico. Aunque los terroristas colocaron minas en algunos monumentos históricos, gran parte de las ruinas parecen estar en buenas condiciones.

Para Ziad Bakhi visitar estas zonas, “cunas de la civilización”, es una forma de “apoyar al pueblo que ha sufrido terrorismo”. Además, asegura que están haciendo “todo lo posible por restaurar los lugares destruidos y recuperarlos de una forma rápida”.

Algunos datos…

Justo antes de la guerra civil, en 2010, 8,5 millones de turistas habían visitado Siria ese año. Un 40% más que en 2009, según el entonces ministro de turismo, Saadallah Agha Al Qala. En 2015, la afluencia de turistas había caído un 98%. Y para este 2018, desde International SOS advierten: “Siria, junto a Irak, Afganistán, Pakistán, Yemen, Somalia, Sudán, Yemen y Libia, sigue siendo uno de los países más peligroso para visitar este año”.

Y es que promocionar el turismo en un país desgarrado por una guerra que ha acabado con la vida de más de 450.000 personas y ha obligado a abandonar sus hogares a otros cinco millones se antoja, para varios visitantes que han pasado por el stand, “falto de cordura”. Hoy, según la OCHA, más de 13 millones de sirios necesitan ayuda básica y protección en el séptimo invierno desde el inicio del conflicto en marzo de 2011. Además, se calcula que el 69% de la población del país vive en una pobreza extrema.

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