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'El vendido' de Paul Beatty: una sátira que explora las desigualdades y el racismo americano

Redacción TO

Foto: Malpaso
Malpaso

“Tal vez cueste creerlo viniendo de un negro, pero lo cierto es que nunca he robado nada. Nunca he hecho trampas, ni en la declaración de la renta ni a las cartas”. Con esta frase comienza El vendido de Paul Beatty, con la que el escritor se convirtió en el primer norteamericano en ganar un Booker Prize en 2016.

¿Por qué El vendido es una novela ganadora de un premio? Quizá porque Beatty ha sido impulsado por su ingenio afroamericano para publicar -en la era Obama- una sátira sobre el racismo, con un protagonista que no revela su nombre -su nombre es Me, “yo” en castellano- y lidia con personajes que hablan un patois entre el pop y la filosofía.

'El vendido' de Paul Beatty: una sátira que explora las desigualdades y el racismo americano 1
Portada de ‘El vendido’. | Imagen cortesía de Malpaso.

La novela editada en castellano por Malpaso, no solo narra los tópicos y lugares comunes de una raza que está predispuesta por su defensa, sino que también reflexiona desde supuestos que los blancos no reconocen, acerca de lo que es necesario hacer para poder vivir siendo una minoría en un país de doscientos millones de habitantes.

No es un lloriqueo, Beatty se habla desde el humor sin llegar a caer en los establecidos y conocidos tópicos de negros para que los blancos lo entienda. Beatty escribe un libro para los negros que los blancos quieran hojear, leer e intentar empatizar.

El vendido ya está en las librerías, sin embargo, aquí dejamos sus primeras páginas para hojear y lanzarse en un texto desde grandes alturas.

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Alain Badiou nos corrompe: ¿cuál es la verdadera vida?

Redacción TO

Considerado el heredero de Jean-Paul Sartre y Louis Althusser, la editorial Malpaso lanza La verdadera vida. Un mensaje a los jóvenes del filósofo francés Alain Badiou. En sus páginas, el autor reflexiona a sus ochenta años como si fuese un adolescente: ¿qué significa ser joven hoy?. A partir de esa pregunta se generan otras más interesantes que confrontan la cotidianidad para los millennials o la generación Z:  ¿en qué se diferencian los jóvenes de hoy de los de ayer? ¿A qué influencias están sujetos? ¿De qué manera los afecta la tecnología? ¿Qué opciones vitales y políticas tienen? ¿Por qué un filósofo de ochenta años debería ocuparse de estos asuntos y dirigirse directamente a los lectores más jóvenes?

Alain Badiou nos corrompe: ¿cuál es la verdadera vida? 1
La verdadera vida, un mensaje a los jóvenes | Imagen vía Malpaso.

Badiou no solo se hace esta pregunta, reflexiona hasta el cansancio en este breve ensayo crítico pensado no solo para intelectuales sino para los propios jóvenes. Este libro se divide en tres apartados: el primero contiene una reflexión general sobre la juventud en el mundo contemporáneo; el segundo está dirigido a los jóvenes, y el tercero, a las mujeres jóvenes.

Desde Platón a Nietzsche hasta llegar a los diálogos socráticos, Badiou los utiliza para argumentar su tesis.

No es un libro de filosofía para filósofos, es un libro para jóvenes, donde se retrata lo demoledor de la sociedad capitalista contemporánea para corromper a los jóvenes desde el pensamiento de los grandes filósofos clásicos para explicar cómo el éxito material y los placeres interminables pueden abrir un camino a la desilusión y a la infelicidad.

Badiou relata cómo los jóvenes hechizados por la tecnología, se han convertido en presas fáciles de tres alternativas que, de uno u otro modo, niegan la vida: el nihilismo o la autonegación, el radicalismo o el sacrificio y el conformismo o la abnegación.

La verdadera vida. Un mensaje a los jóvenes estará en las librerías a partir del 22 de junio. Aquí dejamos sus primeras páginas para hojear y abrir el apetito lector.

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Edmundo Paz Soldán: "Siempre estoy buscando cómo forzar el cambio"

Jorge Raya Pons

Foto: Ana Laya
The Objective

La literatura es, en el mejor de los casos, todos los caminos, el único camino. La vida ha puesto a prueba al escritor boliviano Edmundo Paz Soldán (Cochabamba, 1967), que tiene los rasgos de la cara muy marcados, una sonrisa tímida, el pelo muy negro, y el modo en que siempre encontró el rumbo fue encorvado hacia el escritorio, escribiendo.

Su infancia en una ciudad tan lustrosa, tan genuina como Cochabamba estuvo marcada por una indefinición que puede parecer sorprendente; compartió vocación por el fútbol, donde llegó a jugar en las inferiores del equipo local siendo un adolescente, y por la literatura, que con el paso de los años acabó imponiéndose.

“Recuerdo una revistería (quiosco)”, dice, regresando a su niñez. “Mi padre me llevaba los sábados y hacíamos una cosa que se ha perdido: cambiábamos libros. Yo leía muchas novelas de Agatha Christie. Llevaba mis cuatro novelas policiales y luego allí tenían una caja llena de donde podía coger. Hacíamos el canje”.

Hay unos años fundamentales para descubrir las verdaderas pasiones; pasados esos años, resulta difícil emocionarse del mismo modo, sentir de nuevo el fuego de las primeras ocasiones. Edmundo habla con agradecimiento del profesor de Literatura que le descubrió unas lecturas más serias, más exigentes, que le hacían cada vez plantearse más preguntas. Aquel maestro de su colegio religioso, el Don Bosco, le descubrió a los autores del boom latinoamericano, también Borges, a Kafka, el Lazarillo de Tormes. “Tenía 14 años y lo recuerdo perfectamente”, dice con entusiasmo. “Ficciones, de Borges. Cuando lo leí pensé si eso era posible. Eran unos cuentos que combinaban cosas muy populares de los géneros de espías, del género policial, con mucho suspenso. Todo con esa erudición intelectual de Borges, con citas a filósofos, teólogos, citas apócrifas, con todo ese juego. Yo me decía: ‘Si esto es Literatura, yo también quiero jugar’. Ese año encontré otros libros que me ayudaron mucho, como La metamorfosis, de Kafka, y La ciudad y los perros, de Vargas Llosa. Esto es algo que me marcó”.

Edmundo Paz Soldán: "Siempre estoy buscando cómo forzar el cambio" 4
Las portadas de Ficciones, La metamorfosis y La ciudad y los perros. | Fuentes: Emecé, Alianza, Punto de Lectura

Fue entonces cuando Edmundo comenzó a escribir sus primeros cuentos, a maquinar sus primeras historias. El escritor de Cochabamba sentía cada vez más necesario ocupar su tiempo escribiendo y aborrecía los compromisos de ser un atleta; fue abandonando el fútbol cuando comenzó a ponerse serio, a exigir entrenamientos diarios. Sin embargo, fue a través del fútbol que consiguió una beca para estudiar Ciencias Políticas en Estados Unidos. Aquello le hizo saltar de emoción; corría el año 88 y en Estados Unidos empezaba a despertar un vago interés por un deporte que enloquecía a europeos e hispanos. Fue su oportunidad de cruzar el continente.

“Estados Unidos me causó un shock muy fuerte”, dice. “Cuando me fui allá me imaginaba California o Nueva York, pero fui a parar a un pueblecito del sur en Alabama. Era un mundo más cercano a Faulkner, marcado por la división racial, con universidades para blanquitos y universidades para negros. Teníamos como un partido de fútbol que se seguía mucho en el pueblo, ahí se marcaba mucho esa colisión”.

“Los primeros meses yo me quería volver”, continúa. “No dominaba el inglés, me sentía extraño en ese mundo; no era el Estados Unidos que mi imaginación se había creado”.

Edmundo cuenta lo difícil que fue esa adaptación, lo pronto que pensó en rendirse. Y, sin embargo, relata que fue su madre quien le convenció de no hacerlo de la forma más efectiva: pidiéndole que regresara. El escritor aprovechó así su oportunidad y conoció el país donde ahora reside. “Lo que más me impresionaba es que la beca del fútbol que yo tenía era muy completa”, dice, cruzando las manos. “Íbamos a un partido al Mississippi y el estadio era impresionante, pero allí había 30 personas. A mí me costaba entender que una universidad gastara tanto dinero en la beca por un deporte que no les interesaba y donde había poca gente que asistía a los partidos. Ahora ha crecido un poco, pero en aquel entonces pensaba que estaba en un país millonario que se permitía el lujo de despilfarrar dinero en nosotros”.

El fútbol ha crecido en Estados Unidos, y también se ha sofisticado. Edmundo recuerda, sin contener la risa, que allí lo más aplaudido, lo más celebrado, eran las entradas duras, cuando los defensores robaban la pelota tirando al suelo al atacante. La distancia cultural era enorme.

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‘Los días de la peste’, editado por Malpaso. | Foto: The Objective

Construyendo la Casona

Edmundo comenzó a gestionarse el tiempo en Estados Unidos, buscando los ratos que podía para escribir. Cuenta que comenzó a ponerse el despertador temprano para escribir, al menos, una hora al día; era la forma de no perder la práctica. “Recuerdo que dormía entre siete y ocho horas al día”, añade. “Comencé a dormir seis para que esa hora que ganaba fuera solo para escribir. Al principio me costó mucho, pero ahora duermo poco, entre cinco y seis horas”.

Sus primeras historias fueron relatos muy cortos; desde entonces, ha escrito y publicado multitud de novelas y cuentos, ha recibido numerosos galardones reputados –el Juan Rulfo de Cuento (1997) y el Nacional de Novela de Alfaguara (2003), entre otros– y su vocación permanece intacta. Esa pasión se desprende en Los días de la peste, que acaba de publicar con Malpaso, una novela donde el personaje principal es una cárcel, llamada la Casona, donde se concentra todo un mundo de violencia, corrupción y miseria.

La idea le vino, cuenta, de un viaje a casa de los padres de su exmujer; el padre era un abogado que decidió mudarse a un pueblecito de 8.000 habitantes en el norte de California. El abogado se fue allí en busca de clientes y terminó haciéndose un nombre. Aquel escenario le dio la idea de escribir una historia sobre la vida de dos hermanos que recuerdan su infancia como hijos de un alcaide de prisiones, conviviendo con aquel recinto pequeño, privado de libertad, sin espacio para la intimidad. Después de 70 páginas desechó la idea y apartó el proyecto. Fue muchos años después, leyendo un reportaje sobre una cárcel boliviana, la cárcel de San Pedro, cuando encontró la inspiración que entonces le faltaba; en aquella prisión los reclusos conviven con sus familias y todo tiene una apariencia más cercana a nuestra idea de suburbio que al concepto de prisión.

“Pienso que la religión es una invención humana y, como tal, debe reflejar nuestras miserias”

“Cuando pensaba en la cárcel, pensaba en el hacinamiento de las prisiones en Latinoamérica, que donde tendría que haber 800 presos hay 1.500”, dice Edmundo. Por este motivo la novela se compone de multitud de voces, una veintena, que se suceden entre los muros de la Casona; principalmente por eso, por esa sensación de asfixia, por esa anulación de la privacidad, se justifica ese caos de voces. En esta obra todas los estratos toman la palabra, pero como ocurre en la sociedad, la palabra de algunos tiene más valor que la de otros; lo único que los iguala es la muerte. “Para crear este microcosmos era necesario que al final se igualaran guardias y presos”, resume. “Pueden estar peleando, pueden estar enfrentados, pero parte de la novela se condensa en una frase: ‘Aquí las leyes se acatan, pero no se cumplen’. Yo quería ver cómo funcionaba la ley, la violencia, el orden, cuando todo está sujeto a negociación”.

Resulta interesante observar la colisión de dos mundos que se produce en Los días de la peste. Está ese mundo donde existe una devoción por una religión no institucionalizada, compuesta de mitos, de leyendas, que cohabita y se complementa con el cristianismo. Un escenario que tiene lugar en una sociedad donde hay tecnología, donde se produce ese choque entre lo místico y lo racional, lo mitológico y lo tangible. “Muchas veces se ha visto como una batalla, pero yo lo veo como la coexistencia de dos espacios”, explica Edmundo. “En la novela hay una religión pagana que está muy instituida y que es parte de una batalla política. Mi idea era mostrar cómo se instrumentaliza esa batalla. Puede ser que los presos tengan su fe personal en esta Virgen, pero no saben que hay una serie de niveles donde hay una lucha entre el prefecto y su competidor para utilizar esta Virgen en beneficio de su causa. Me interesan estos juegos políticos, el cómo se juntan la religión con la política y a su vez con la violencia”.

Y continúa: “Pienso que la religión es una invención humana y, como tal, debe reflejar nuestras miserias. También nuestras grandezas. No está alejada de la política, no está alejada de la violencia, no es un espacio sagrado. Es un espacio totalmente contaminado”.

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Edmundo Paz Soldán, entrevistado en la redacción de The Objective. | Foto: A.P.L./The Objective

La razón de escribir

Hace 10 años, Edmundo sufrió una crisis personal “muy fuerte” que lo llevó al divorcio. Aquella situación lo despojó de todo, lo convirtió en un mar de dudas, le llevó a preguntarse qué sentido tenía su trabajo. “He tenido otras crisis, pero ninguna como aquella”, dice, adoptando un tono serio. “En ese momento me preguntaba qué era lo que me gustaba de la escritura”.

En ese momento de tocar fondo encontró la manera de recomponerse: volviendo a la adolescencia, regresando a aquello que lo llevó a la literatura. “Volví no solo a Borges, sino a Agatha Christie, a Sherlock Holmes, a la ciencia-ficción, a la novela de aventuras, a Salgari…”, dice Edmundo, con otro ánimo. “¡Volví con otra mirada! Fueron cinco años en los que me dediqué a la ciencia-ficción, al género fantástico, como una forma de reconectar con la literatura popular que me gustaba”. Ahora está de vuelta con el realismo, el género con el que comenzó. “Siento que he regresado, pero es un realismo de otra manera”, dice, sonriendo. “Y así será hasta la próxima crisis”.

“Quisiera hacer siempre cosas que fueran diferentes a todo lo anterior”

Mientras tanto, se muestra de nuevo ilusionado, nervioso tras su última novela, preguntando si gustó, si pareció lenta, si fluyó como esperaba, como un escritor que publica por primera vez. “Yo siempre me imagino escribiendo, pero siento pavor a repetirme”, dice efusivo. “Siempre estoy buscando cómo forzar el cambio. Ahora estoy comenzando un nuevo proyecto y quiero que sea diferente. Hablamos mucho del estilo del escritor, y puede ser que haya escritores a los que tú leas una página y lo reconozcas al instante. Yo busco algo más inestable. Quisiera tener una novela policial, otra de ciencia-ficción, otra de aventuras. Quisiera tener cuentos. Quisiera hacer siempre cosas que fueran diferentes a todo lo anterior”.

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Edmundo Paz Soldán, en la redacción de The Objective. | Foto: A.P.L./The Objective

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11 libros que inspiran a los tecnócratas de Davos

Risalat Khan

Foto: Evan Vucci
AP

Más allá de si en Davos se decide el destino de la humanidad, lo que sí queda patente es que líderes mundiales de todo el mundo aprovechan la cita para hacer negocios y cerrar tratos. Esos líderes tienen mucho que decir en cuanto a política, economía, industria… y sí, literatura.

Hubo una pregunta que formulé a muchas personas en la reunión: ¿cuál es el libro que realmente lo inspiró o conmovió y que tuvo un rol significativo en su viaje? Estas son algunas de las respuestas:

1. En un encuentro que se centró en los objetivos de desarrollo sostenible, me encontré con la primera ministra noruega, Erna Solberg, una de las siete copresidentes femeninas de Davos de este año. La novela de ciencia ficción feminista Shikasta, de Doris Lessing, la inspiró profundamente.

2. Sundar Pichai, el director ejecutivo de Google, tuvo dificultades para elegir solo uno, por lo que limitamos la pregunta a los libros que había leído en el último año. Su recomendación: The Gene (El gen), de Siddhartha Mukherjee, un libro de amplio alcance que explora en profundidad nuestros propios componentes básicos a medida que adquirimos las facultades para manejarlos.

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El director ejecutivo de Google, Sundar Pichai, eligió El Gen. | Foto: Denis Balibouse / Reuters vía World Economic Forum en Español

3. Karuna Rana es una formadora de opinión global de Mauricio, que lidera una coalición de jóvenes de pequeños estados insulares que crean conciencia y toman medidas en relación con el cambio climático. Destacó los efectos de Conversations with God (Conversaciones con Dios), de Neale Donald Walsch. Según dijo, le ayudó a desarrollar una mentalidad crítica para cuestionar todo y siempre profundizar más.

4. Christiana Figueres —la optimista del clima a quien se le atribuye en gran parte el mérito de reunir a los líderes mundiales para cooperar en el cambio climático— se encontraba en un evento en el que los científicos compartieron la situación actual con empresarios que prometieron su compromiso con la causa. Afirmó que cree profundamente en el poder del amor y está inspirada en la filosofía budista; recomendó Love Letter to the Earth (Carta de amor a la tierra), de Thich Nhat Hanh.

5. En una conversación sobre el estado del mundo con varios economistas galardonados con el Premio Nobel, Angus Deaton subrayó la tragedia de la crisis de los opioides en los Estados Unidos. Propuso el libro The Moral Economists (Los economistas morales), de Tim Rogan, como una obra que no se debe pasar por alto.

6. La socióloga Arlie Hochschild, que formó parte de un panel sobre tecnología y confianza (sobre las fuerzas económicas ocultas a la vista que impulsan muchas de las tendencias tecnológicas que vemos hoy) citó un libro que consideró visionario: Saving Capitalism (Salvar al capitalismo), de Robert Reich.

7. Christie Peacock es una emprendedora social que ha trabajado con agricultores de toda África durante muchas décadas. Mientras dirigía un debate sobre el futuro de los alimentos, manifestó las preocupaciones de los agricultores rurales. Según contó, Being Mortal (Ser mortal), de Atul Gawande, la ayudó a encontrar su camino ante una experiencia de profunda pérdida personal.

8. Winnie Byanyima, que había arrojado luz sobre la desigualdad justo antes de la reunión de Davos al anunciar que el 1% superior de la población obtuvo el 82% de la riqueza mundial el año pasado, debió pensarlo un poco antes de encontrar una respuesta que considerara satisfactoria. Al principio, mencionó las descripciones de la lucha racial de la autora Zora Neale Hurston, pero se decidió por The Second Sex (El segundo sexo), de Simone de Beauvoir.

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Winnie Byanyima eligió ‘El segundo sexo’, de Simone de Beauvoir. Foto: Sunday Alamba / AP

9. Al reunirse con la comunidad de jóvenes Global Shapers en Davos para un franco debate, el fundador de Wikipedia, Jimmy Wales, señaló que el libro Your Money or Your Life (La Bolsa o la vida), de Vicki Robin, arrojó luz sobre las cosas importantes de la vida.

10. Kate Raworth es autora del libro Doughnut Economics (Economía rosquilla), que trata una cuestión similar pero a una escala más grande y paradigmática. Según afirma, el libro The Divide (La división), de Jason Hickel, la había marcado.

11. Al hablar sobre las interfaces cerebro-computadora y los roles que podrían desempeñar en el futuro, el psicólogo Steven Pinker destacó el libro The Beginning of Infinity (El principio del infinito), de David Deutsch, como uno que para él se destacó de manera especial.

Artículo publicado originalmente en el World Economic Forum en español.

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Los españoles perdonan los escándalos sexuales de las ONG

Lidia Ramírez

Foto: Petros Giannakouris
AP

Primero fue Oxfam, con 120 trabajadores acusados de abusos sexuales en Haití; después Save The Children, que registró 31 casos relacionados con acoso a mujeres en 2017. Médicos Sin Fronteras (MSF) comunicó la semana pasada que registró en el seno de su organización 24 casos de abusos a lo largo de 2017. Cruz Roja de Reino Unido ha admitido “una pequeña cantidad de casos”; y ayer el número dos de Unicef, Justin Forsyth, renunció a su cargo tras ser acusado de tener conductas inapropiadas hacia mujeres cuando ocupaba el cargo de director en la organización británica de protección a la infancia Save The Children. Y es que lo que parecía un escándalo puntual y fuera del control de una ONG ha resultado ser un continuo de informaciones sobre casos de violencia machista que no solo afectan a Oxfam.

La fiabilidad de las organizaciones no gubernamentales se ha puesto en entredicho en las últimas semanas. Por lo pronto, Oxfam Intermón, la filial de esta ONG en España, ha registrado más de 1.200 bajas desde que se conoció el escándalo. Y Acnur España, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, ha contabilizado entre 500 y 1.000 bajas. “Es injusto que por unos pocos casos se ponga en entre dicho el sector humanitario”, apunta a The Objective Amaia Celorrio, responsable de comunicación de esta asociación.

El corazón solidario de los españoles
Un refugiado sirio da de comer a su hijo en el campamento de refugiados de Ritsona, al norte de Atenas. | Foto: Petros Giannakouris/AP

En este sentido, este periódico se ha puesto en contacto con responsables de organizaciones no gubernamentales implantadas en España para conocer el impacto que los escándalos sexuales de las grandes ONG han tenido sobre sus bases asociativas y la respuesta, excluyendo a Oxfam y Acnur cuyas bajas han sido masivas, ha sido coincidente: “No estamos sufriendo bajas reseñables”.

Si desde Acción Contra el Hambre (ACH) nos informan que en los últimos diez días han registrado ocho bajas de personas “desencantadas con el sector” –sobre un censo de 70.000 socios–, Cruz Roja ha contabilizado 12 –con una base de 1.3 millones de asociados– y desde Save The Children y Médicos Sin Fronteras aseguran que las bajas “no son reseñables”. Desde la Fundación Vicente Ferrer, comprometida con el proceso de transformación de una de las zonas más pobres de la India, Anantapur, nos informan que “no han tenido bajas de colaboraciones que puedan ser atribuidas al tema en cuestión”.

Preocupación de los socios 

Ahora bien, todas las ONG consultadas por este periódico coinciden en que lo sucedido sí que ha tenido un impacto negativo sobre la credibilidad del sector con un repunte de llamadas de preocupación de los socios ante un asunto de tanta gravedad. “Algunos de nuestros socios y socias han llamado para compartir su preocupación. Hemos informado sobre nuestro protocolo de actuación y nos han dado su apoyo para contribuir entre todos y todas a reducir las desigualdades y luchar contra la pobreza”, apunta Ana Belén Cañaveras, de la Fundación Vicente Ferrer. En la misma línea se pronuncia María Alcázar, directora de Cooperación Internacional de Cruz Roja Española, que asegura que esta entidad “aplica rigurosamente las reglas y códigos de conducta y tiene tolerancia cero con cualquier forma de acoso sexual y mala conducta”.

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La actriz Jennifer Garner, embajadora de la ONG Save the Children, visita la escuela Hilliard en Houston, Texas, tras el paso del huracán Harvey. | Foto: Anthony Rathbun/AP

Por su parte, desde Save The Children consideran que la conducta “repugnante e indigna” de unos pocos trabajadores “no puede manchar la labor heroica” de los miles de cooperantes que se juegan su vida en países con conflictos armados o emergencias humanitarias. En este sentido, Susana Hidalgo, responsable de comunicación de Save The Children, destaca la labor de los más de 25.000 trabajadores que esta organización tiene en 120 países,  “jugándose la vida por defender los derechos de la infancia”.  “A finales de enero, por ejemplo, cuatro de nuestros compañeros murieron en un atentado terrorista”, apunta Hidalgo.

Y desde Médicos Sin Fronteras aseguran que aunque “conscientes de que esta rendición de cuentas puede tener un coste en términos de imagen” deben ponerla en valor incluso en unos momentos tan convulsos como estos. En este sentido, hacen un llamamiento a la sociedad para que sigan confiando en la labor de los cooperantes: “No podemos asegurarles los casos “cero”, porque también somos reflejo de una sociedad donde eso no existe, pero sí podemos asegurarles que ponemos todos los medios para que si estos se dan sean castigados y se proteja a la víctima”, informa Ivan Muñoz, del equipo de comunicación de MSF España.

En esta situación, la transparencia de estas entidades es vital para que la sociedad pueda seguir confiando en ellas en una tesitura en la que los que pierden realmente son los destinatarios de la ayuda.

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